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Un jugoso Botín en Rasg Port

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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Necross Belmont el Lun Mayo 09, 2016 5:54 pm

Dos hombres tenían al tuerto agarrado de los brazos mientras un tercero le golpeaba el estómago, por suerte para el hombre del parche la protección en su torso disminuía el daño. Necross no podía ver que hacia Khiryn, pues estaba ocupado contra sus contrincantes, y con varios movimientos de brazos, y haciendo uso de la fuerza, se logró sacar a los ebrios que lo tenían atrapado. Con un puñetazo de la mano diestra se quitó al ebrio que estaba a su  izquierda, con un golpe de su brazo izquierdo dejo fuera de combate al tipo que tenía a la derecha, y con una patada hizo retroceder al borracho que tenía enfrente. Los tipos por el nivel del alcohol que tenían en la sangre reaccionaban con lentitud.

Y aunque no veía a su compañera todavía podía sentir su espalda, lo que significaba que aún no se veía sobrepasada por los enemigos.  Y por no estar atento se comió un puñetazo en la mejilla derecha, haciendo que perdiera el parche en el proceso. El golpe fue fuerte, tan fuerte que causo que el rostro de Necross se girara, haciendo que sangrara de paso. El hombre sin parche estuvo a punto de lanzarse nuevamente a la pelea, sus ojos grises daban a entender que estaba furioso. Pero sus enojos se esfumaron inmediatamente, ya que el comentario de una dama de edad lo desconcertó; la sonrisa de la mujer, un tanto tétrica, causo nerviosismo dentro de Necross. Y es que la anciana con su actitud suicida, el piso lleno de licor, y un cerillo en la mano, le hizo pensar al hombre sin parche que todo saldría mal. -Esta vieja nos va a matar a todos…- Comento con sorpresa y la boca abierta ante la amenaza de Margaret.  

Pero el inminente incendio se vio interrumpido por la que parecía ser la guardia local, el hombre sin parche pensó en dejar a la anciana quemar el local, pues prefería luchar contra las llamas que contra los soldados. El primer instinto de Necross al ver a los soldados apresar y llevarse a la gente fue poner su mano sobre el mango del mandoble, pero al notar que no se llevaban a los “extranjeros”, desistió de su actuar, para pasar a solo observar; aunque claro, aún estaba atento a cualquier amenaza o intento de captura.

Al ver que el capitán ordeno la captura de la prostituta Mary, Necross  pensó en atacarlo, pero la dama de la noche lo detuvo con un gesto, y termino yendo con el resto de la chusma. Después de que la taberna se encontraba casi vacía, y los soldados se habían retirado, el capitán pidió ser ignorado, y que el resto de la gente que aún quedaba retornara a sus actividades. Como la taberna se vio vacía, y solo quedaba el variopinto grupo de forasteros, el hombre sin parche se calmó un poco, pues el capitán de aquellos soldados comenzó a beber. “Una persona así no debería llamarse a si mismo líder”, pensó para sus adentros. Necross de un momento a otro se dio cuenta que tenía más clara la visión, lo que significaba que había perdido el parche, por ende, mientras el resto de la gente se acomodaba, y Khiryn levantaba una mesa, él se dedicó a buscar su protección ocular.

Pero el parche parecía haber desaparecido del lugar, el de ojos desiguales levanto varias sillas y busco bajo casi todas las mesas, pero el endemoniado parche no parecía estar en ningún lugar. Hasta que su búsqueda se vio interrumpida por un Divium, un pelirrojo con una mujer a cada lado, el que se fue tan rápido como llego. El disimular entre el tabernero y el alado era mínimo, pero aun así el de ojos desiguales decidió ignorarlos y continuar con su búsqueda.  Aun cuando Necross hacia ruido levantando y moviendo sillas, estuvo atento en todo momento al monologo del capitán, que para ese momento parecía estar ebrio. -¿Qué clase de persona se emborracha con unas pocas copas?- Dijo en un susurro, antes de rendirse y acercarse a la barra, pues la cerveza que el tabernero sirvió hace unos minutos atrás se veía perfecta para quitar la sed de la pelea anterior. Necross se arregló el cabello con una mano antes de sentarse, dejando oculto su ojo gris en el proceso, solo las miradas meticulosas podrían darse cuenta que tenía los ojos de distinto color.

Ya sentado sobre un banquillo que apestaba a ron, Necross se quedó bebiendo en silencio, de a poco, pues no quiera emborracharse, aunque el gusto a cerveza le dejaba la garganta pidiendo más. El ver que Khiryn se iba del lugar dejo pensativo al hombre sin parche, este comenzó a repasar en su mente lo que la Hörige podría hacer durante la noche, aunque no se tomó la molestia de voltear o despedirse. El único gesto que hizo fue mover la cabeza cuando Khiryn cruzó la puerta, ya que  por medio segundo se le movió la capa, y Necross aprovecho de mirarle el trasero, cuando las puertas se cerraron, el hombre sin parche sonrió y volvió a su cerveza.

Pero un comentario causo que el de ojos desiguales se atorara con su cerveza, y aunque intento disimularlo no lo logro totalmente. El capitán, ahora mucho más borracho que antes, acaba de confirmar la existencia del oro, y con ello las sospechas de Necross se convertían en una realidad. Sin necesitar más información, o la utilidad del resto de los clientes, el hombre sin parche se puso de pie, dejo unas monedas en la barra y salió de la taberna, quizás para buscar un lugar donde dormir, o quizás para seguir al Divium que hace poco había entrado en escena, quizás él tenga información sobre dónde encontrar un buen lugar para pasar la noche, quizás.



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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Katarina el Lun Mayo 09, 2016 9:14 pm

Había pocas habilidades que pudieran considerarse útiles para absolutamente todo el mundo, al menos que cualquiera pudiese aprender, puesto que consideraba la magia de rayo útil tanto como para defenderse como para pescar peces, pero sin duda saber lanzar una buena mirada homicida era de las habilidades más útiles que podía aprender alguien, sobretodo si habías apalizado a alguien previamente, como acababa de pasar. El borracho al que llamo Timmy altero la mirada entre su acompañante, la pelea y la mirada homicida de la peliblanca que solo parecía decir “Solo estas vivo porque matarte es cansado” y decidió ir a por alguien menos peligroso  –Buen chico-[/b fue todo lo que dijo cuándo su rival no noqueado decidió ir a por otro. La bardo apuro su bebida y se sentó en su mesa, abriendo el estuche de su laúd para asegurarse de que estaba bien, porque si no… en fin, no respondía de sus actos.

Entonces tuvo una extraña mezcla de emociones al ver que estaba intacto y en peligro por culpa de una vieja borracha con una cerilla. Alzo la mano en el aire, haciendo una pistola. ¿Podía disparar sangre con suficiente fuerza y precisión como para no ser horriblemente calcinada? Estaba bastante lejos, y la verdad era que nunca lo había intentado, ¿la sangre apagaba el fuego siquiera? Para su alivio, vinieron los profesionales a encargarse de todo, pidiéndole a esa señora que no incendiara el local con la misma voz que ella habría usado con un niño revoltoso. Así que con borrachos también funcionaba, interesante… Y luego empezaron a arrestar a todo el mundo, para sorpresa de Kat. No es que no creyera que no se merecieran dormir la mona en una celda, simplemente se encontraba anonadada al pensar que en ese pueblucho había celdas para tantas personas. Por suerte para ella, era solo la chica que tocaba música, así que no consideraron necesario detenerla, aunque sí que se llevaron a su acompañante. –Eh, no ha hecho nada malo, no ha tenido tiempo aún- La verdad era que le daba un poco igual, y su voz neutra lo dejaba bien claro, pero tenía que intentarlo al menos. Así que se quedó sola sin su acompañante, y en la taberna solo quedaron el tipo que parecía el jefe de la guardia y unos cuantos tipos que no tenían precisamente pinta de locales.

Dejando de lado lo poco profesional que le parecía emborracharse en horas de trabajo, Katarina se acercó a la barra en cuando escucho hablar de ese misterioso botín, al fin y al cabo, la información tenía un precio si sabias encontrar compradores, y ella sabía hacerlo, muy bien además. Tomó un sorbo de su bebida, que para su desgracia, no era agua y dejo casualmente unas monedas sobre la barra. Usualmente… habría vendido la ruta de transporte a alguien de dudosas intenciones, o habría delatado a los ladrones a la guardia, pero esa última parte… pico su curiosidad. ¿Acaso iban a teletransportar el dinero o algo así? Ella no era una ladrona, no de profesión, podría considerarse más bien una… ¿oportunista? Pero no podía dejar pasar esa frase, ese desafío, ahora tenía una mezcla de curiosidad y orgullo herido. Seguro que podía averiguarlo, incluso robarlo, en todas sus narices. Seguramente seguiría a ese tipo por la mañana, para ver que hacía, ganaría unos pocos contactos, no podía dejar indemne esa afrenta a su orgullo.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Khiryn el Miér Mayo 11, 2016 5:32 pm

IV


Me limite casi por completo a defenderme y responder. Si bien eran mucho, eran desorganizados y el alcohol hacía de sus movimientos algo lento y torpe. Predecible. Y aunque le número jugaba en su favor, las peleas a corta distancia eran por decirlo de una manera, mi especialidad. Sin embargo, eso no evitó que me llevara buenos golpes, en las piernas, estómago y costados sobre todo.

Debo decir con honestidad que, a pesar de mi aversión al nuevo e insensible miembro con el que contaba, me resultaba bastante útil a la hora de interponerlo entre los puñetazos y patadas de mis enemigos, pues aunque me resultaba molesto y confuso no sentir nada en el sitio justo donde éste hacía impacto, el rostro aun más confundido y adolorido de aquel que se encontraba a su paso con él me bastaba para saber que esa cosa servía y cumplía su propósito.

En los recuerdos de intricados laberintos con densos cuartos oscuros, revolvía mis recuerdos con los sueños para hacerme una idea, tratando de disipar la realidad de la imaginación, pues toda la escena parecía sacada de alguna intrincada trama con la que pudiera haber soñado alguna vez. ¿Es que acaso una no puede entrar a una taberna y esperar que las cosas no salgan mal? Y es que todo, hasta la anciana sobre la barra con la cerilla parecían más sacadas un cuadro surreal que de la realidad misma. Pero muchas veces la realidad supera el arte y la imaginación, y luego todo se hizo aun más extraño.

De la nada, una fracción de soldados guiados por un capitán entraron a la taberna. Y con movimientos ensayados se llevaron a todo aquel conocido del lugar, dejando a todos los que obviamente no conocían sin tocarlos; como si fuéramos invisibles. Ahí parados, en posición de defensa, confundidos. ¿Soldados? Pensé que no habría ninguno, dada la situación que se ve a simple en el puerto.-Pensé.

La situación rayaba la comedia bizarra. Con un humor muy extraño, casi negro culpando de todo a los borrachines comunes del lugar, sacándolos del Kitty´s kid como si se tratara de ganado. La misma Mary, como actriz de aquella comedia hizo un pequeño número para Necross para luego de forma sumisa salir por la puerta. -Sumisión.-

Ahora resultaba que aquellos malvivientes se mostraban sumisos ante la guardia, como si todo fuera parte de un plan, mientras que los extranjeros; al menos yo y lo que pude ver de Necross haríamos cualquier cosa para no pisar una cárcel extranjera.

Cuando todo acabó, no pude –animada por la trama- sino seguir con lo que ciertamente parecía una farsa, un sueño. Levanté del suelo la mesa que antes había tirado y junto a ésta puse una silla. Destapé un botella de Whiskey del suelo que por algún motivo no había sufrido daños y me serví un vaso. El hombre que mostraba las insignias de capitán ya se encontraba bebiendo en la barra. Un licor mucho más fino que el que yo acababa de recoger. Sólo caminar lentamente detrás del capitán una sola vez me basto para registrar su olor, así como el olor de la bebida que lastimeramente bebía con prontitud.

Me senté en la silla y llevé el vaso con whiskey a mi boca, sin beberlo. En realidad, no quería beber, lo había servido para registrar el olor de este alcohol y diferenciarlo del resto, pues el capitán bebía uno parecido, pero con un aroma distinto. Dejé la botella destapada en el centro de la mesa, esperando que alguien siguiera con la charada, y me senté comodamente, subiendo las piernas a la mesa.

No pasó mucho para que el gigantesco hombre cornudo llegara a la mesa. Lo saludé como quien saluda a un desconocido que sin querer a terminado peleando del mismo lado que uno. El hombre respondió de la misma manera. Luego solté la pregunta obligada. Así, sin rodeos. Ya a estas alturas era obvio que hacíamos todos ahí. Lo raro era que no parecía obvio para el capitán, que entre amarguras y quejidos comenzaba a hablar del asunto que nos apetecía.

-¿Qué acaso no era para él obvio que la presencia de tan variado grupo estuviera ligada de alguna manera a los rumores del dinero?-pensé. Luego el hombre de los cuernos respondió con un plan que yo ya tejía en la mente. Seguir al capitán.

Sin mucho o ningún protocolo me acerqué a la barra y dejé unas monedas para pagar mis trago y la botella que había abierto, luego salí de la taberna.

El aire de la noche en el puerto era tan denso como en el interior de la taberna. Una sucia mezcla de alcohol, sudor, orina, sangre, pescado y brisa marina. Casi extrañe el familiar olor de la taberna detrás de mí pues era casi más difícil respirar en el exterior. Di unos pasos por la calle empedrada buscando un rincón donde esconderme apropiadamente sin encontrarlo. Estaba distraída; en la mente, me rebanaba los sesos en pensar el por qué aquel hombre de rango no nos había llevado a todos. Ni siquiera lo había intentado. Quizás, el hecho de que apareciéramos ahí era más que esperado, sino planeado, y que de alguna manera retorcida e inteligente, ese hombre ya hubiera planeado la manera de usarnos en su favor.

Pero… …¿Cómo?...

Por ahora, ya le habíamos dado el pretexto perfecto para meter en sus celdas a los borrachos y peleoneros locales, incluyendo al hombre que parecía mandar a la banda más numerosa, al menos dentro del bar. Un obstáculo menos para él. Sin duda, no necesitaba pretextos para meternos en sus celdas a los demás; pues ya se los habíamos dado, y el hecho de estar ahí en esta época era suficientemente sospechoso para que nos echaran de la ciudad, al menos. No… quizás él necesite que estemos aquí…

…el ruido de la puerta de la taberna me sorprendió a descubierto. El capitán había aparecido en la calle tambaleante, borracho y distraído. Me confundí como pude entre las gentes que pasaban a mi lado y di vuelta en una esquina. Espaldas contra la pared esperé y a los pocos segundos un capitán que parecía más ir bailando o marchando que caminado apareció. Su pesado olor al inconfundible whiskey lo delataron ante mí. Yo no me delaté ante él. Dejé que avanzara por la calle varios metros, hasta casi perderlo de vista entre la gente que se cerraba tras él. Eché un vistazo por sobre mis hombres para cerciorarme que nadie me siguiera a mí, o a él también. Nadie había salido de la taberna aun.

Entonces comencé a seguirlo, en la noche.

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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Margaret Orgaafia el Jue Mayo 12, 2016 12:56 pm

La entrada de los guardias en un bar, en plena pelea y con gente de reputación dudosa en medio, normalmente, resultaba en un aumento del caos y el número de mutilaciones. Además, normalmente, los guardias tenían mas ganas de pelearse que los propios parroquianos y, además, jugaban con la ventaja táctica de una armadura, o en el caso de los más pobres, una cota de cuero.  Esto se debía a que los guardias de ciudades así, inundadas por la anarquía y con apariencia de haber sido edificada en terreno ilegal, eran los verdaderos rufianes. En una posición de poder uno gana más dinero que en una ilegal. Si, uno podía hacer un gran golpe e inundarse de riquezas, pero no había comparación en tener un sueldo mensual con sus bonus de chantajes, sobornos y trafico de influencias.

Y a Margarett no le hacía gracia el capitan. Lo miro con mal humor, haciendo una mueca con su cara. Sin embargo, hizo lo que le mando.- No dejan a una divertirse...-gruñia mientras se agarraba de la cabeza de uno de los que iban a sentarse de nuevo a la barra y lo utilizaba como una escalera para bajar, posando su mano en su cara y en su hombro, deslizándose hacia el suelo.- Le quitan a una pobre señora de mi edad el único entretenimiento que tiene...Villanos, eso es lo que son....-seguía farfullando, mientras continuaba deslizandose por el cuerpo del otro, quien se había quedado quieto por no poder computar los sucesos. Finalmente, Margarett se poso en el suelo, con esa pesada sutileza que tiene ella, haciendo que objetos pequeños temblasen cuando puso los pies en el suelo.

Ya en el suelo, se dedico a arreglarse los ropajes, colando varias botellas de whisky entre estos mientras el tabernero no miraba.- Otra bebida autoctona, buen señor...-dice, mientras se sienta en un banco, con una enorme sonrisa. El tabernero la miró, entre el terror y el asombro, y le sirvió una nueva copa de vino. Margarett se pusó a beber el delicioso alcohol y suspiró, relajada. Esa actividad física repentina le había sentado genial, despertando el espíritu de aventura que el viaje a la ciudad le había apagado. Varias horas de solo ver el mar, con su respectivo descanso con traseros y demás partes anatómicas de los marineros, podían apagar el espíritu de cualquiera. Asi pues, con Margarett ya bailando al son de los sucesos del día, se dedicó a realizar la segunda actividad que más placer le daba, ajeno a la aventura, el marujeo. Se relajó con interés y se puso a escuchar las conversaciones que se iban sucediendo en el bar. Era fácil. Tras una tormenta como había sido la de antes, cualquier suceso resaltaba.

Primero, la aparición del pajarraco en el barra, con dos pobres e inocentes chicas de las que se estaba aprovechando con alcohol extranjero y su labia...-Vale, puede que fueran pobres, pero a este punto de su carrera dudo que inocentes. Perdonad a una pobre anciana un poco de antagonismo.- Sin embargo, le llamo la atención lo siguiente. El capitán lo conocía. Y, tras ese momento de reconocimiento mutuo, el mismo capitán que había parado una batalla tabernaria con solo su voz y unos pocos hombres se emborrachó y se dedicó a hablar de un dinero que ya había salido en varias conversaciones. ¿Se podía ser más obvio? Ese bicho alado tenía algo que ver en como iba a colar el dinero y lo que decía el capitán era una pantalla de humo. Solamente en novelas malas, el capitán de la guardia desvelaba secretos de la ciudad, al menos, con unas pocas copas y sin usar encantos femeninos. Olía a problemas, situaciones peligrosas y una oportunidad de causar problemas. La sonrisa de Margarett hizo que varios hombres se alejaran de ella en la barra.

Al poco, Margarett dio un buen sorbió y se lanzó a escuchar otras conversaciones. Nada era tan interesante como para despertar las suspicacias de la señora, por lo que se levanto y se marcho, habiendo pagado la cuenta hace mucho, con el dinero robado a los idiotas que la habían intentado chantajear. Sus pasos eran inestables, por el mero placer de ver si había alguien interesado en intentar atracarla luego. Nadie se levanto ni golpeo de manera suspicaz a un compañero, señalándola como objetivo. Que aburrido.

Como un torbellino, la señora marchó en la noche, con pasos pequeños, pero rápido. Se torno en una sombra, recorriendo las callejuelas con sus faldones moviéndose a la par. Varias prostitutas la saludaron mientras hacían sus turnos, a lo que la señora las saludó con animo. Estaba en el barrio rojo, o al menos el intento de la ciudad de uno. Era un lugar estecho y sombrío, iluminado con una tenue luz, preparada especialmente para ocultar arrugas, marcas del tiempo o de enfermedad y aumentar el número de clientes entre las señoras de mayor edad. Las prostitutas puede que tuvieran que abrirse de piernas para sobrevivir, pero no eran tontas.

Finalmente, llego a su residencia por el momento. Era un edificio grande para lo que era la ciudad, ocupando su fachada gran parte de la calle. Luces rojas adornaban la piedra de esta, mostrando un aspecto de infierno libertino, al que los hombres no se podían resistir, junto con telas de colores vivos. Si Margarett hubiera ido horas antes, habría visto la multitud de hombre con capas en la puerta y las chicas saludándolos desde las ventanas, al son de la música, pero como ya era tarde lo único que se veía eran las ventanas cerradas y el sonido leve que indicaba la descarga del deseo y del dinero sobre las prostitutas. La señora entró con tranquilidad por la puerta, haciendo frente a la recepcionista.

- ¡Señora,  le hemos dicho que esto no es una posada! -dijo, poniendo el grito en el cielo. No era una belleza prostituible, más bien una belleza clásica. La única persona capaz de pagar dinero por pasar una noche con ella sería un pintor renacentista y lo único que se descargaría era una cantidad masiva de color piel.

- Y yo respondí que me daba igual...¿las cosas siguen en mi cuarto? -pregunta con una ceja levantada, mirándola de mala manera. La chica refunfuño como método de defensa y afirmo con un movimiento de cabeza.- Entonces todo bien...¿esta la madame en casa?

La chica resopló y de nuevo afirmó. Cuando había llegado, había jugado la carta de anciana inocente que busca una habitación y al no poder convencerme, las chicas la habian llamado. Solo basto una mirada. Era una señora. No de esas nobles que se pasan la vida en un sillón, si no de esas mujeres que se lanzarían a la batalla con un mondadientes y al final acaban coronándose reinas. Al final, yo tuve prometer no meter en problemas al burdel y ellas me dieron una habitación.

Empece a subir las escaleras en dirección a su cuarto, pasando por los pasillos. Algunos hombres se rieron al verla pasar, pero, por mero divertimento, le lanzó una mirada. Era la mirada de una madre que había tenido que ir a allí a recoger a un hijo completamente perdido en la vida, pero que podía permitirse repartir varias collejas extra.

Al final, llegó al despacho de la señora. Dio un par de golpes y entró. La estancia era completamente seria, como si en vez de estar en un burdel estuviese en una compañía de contables. Ese lugar no era para el placer de los hombres, si no para los negocios. La madame vestía un traje similar al mio, pero en un negro profundo y sin abertura alguna. Estaba escribiendo en un enorme tomo, mientras contaba unas monedas.

-¿Si, señora Orgaffia? -pregunta, si levantar la mirada del libro. Sus dedos llenos de venas continuaron moviendo la pluma con velocidad.

- Me preguntaba ¿Sabe usted algo de un muchacho con alas? -pregunto la anciana, sentandose delante del enorme escritorio. Nada más decir eso, los dedos se la señora estrujaron con fuerza la pluma, casi rompiéndola. Tras ese momento suspiró.

- ¿Pelirrojo, con aspecto de ser un gañan y, probablemente, con dos de mis chicas bajo sus brazos? -pregunta la señora, apretándose los dedos sobre frente, intentando controlar su mal humor. Ante esa descripción tan detallada, Margarett solo pudo asentír.- Si, es un golfo... ¿Que quiere saber de él? Y no me diga que ha caido bajo sus encantos...-dijo con una media sonrisa, mientras elevaba una ceja con suspicacia.

Margarett solo elevo una ceja y con una mirada dijo todo lo que tenía que decir. “Si tuviese cuarenta años menos, probablemente, pero tengo sesenta y, además de que no tengo el cuerpo para fiestas, veo a hombres como él venir a tres ciudades de distancia”.- Meramente busco información para no ir a ciegas en cierto asunto...-dijo, sin titubear. La sutileza de cierto asunto dio en el clavo. Ambas sabiamos que lo menos que supieramos de los asuntos de la otra mejor, por lo que pedír información específica, en ambos casos, era lo único que se podía hacer.

- Es un sinverguenza...un don juan que se aprovecha de mis chicas...-Sacó de uno de sus cajones otro libro, algo más delgado.- ¿Las chicas con las que estaban eran una rubia y otra pelirroja? -Margarett asintio y la mujer gruño por lo bajo- Marisa y Terezzi...-Tras esa interrupción continuo- Meramente se dos cosas; que no me paga lo que me tiene que paga por que las chicas van de propia voluntad a su cama y que se la pasa en el mar...quizás sea un bucanero o marinero...

- Pero en un buen chico...un poco idiota, pero un buen chico...-dijo, cerrando ese nuevo volumen y sentándose en su silla.- ¿Algo más?- Margarett negó, agradecida, y se marchó de la habitación, deseándole buenas noches a la mujer y pensando que ella y la madame harían un dúo de aventuras genial.

Ya en su habitación, un pequeño cuarto en el ático, dejo que su gato se bajase de sus hombros, mientras ella rebuscaba entre sus cosas. Entre los calcetines, saco dos pequeños viales, conectados a un cadenilla. Uno azul y otro naranja. Los ingredientes para hacerlos no eran difíciles de conseguir, pero tenerlos a mano a la vez era un trabajo bastante difícil. Miro a ambos lados, como si estuviera acompañada, y se metió los viales entre sus pechos, ocultándolos y colocándose la cadena alrededor del cuello, como un collar. Al poco, salió del recinto hacia la noche. Iba a llegar al fondo del asunto.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Gerarld Amattore el Vie Mayo 13, 2016 1:45 pm

La noche estaba ya avanzada, aun había gente en las calles, en este pueblo es difícil saber si la gente duerme. Aunque hay que decirlo, poco a poco había menos gente por los alrededores.

El capitán, mareado, dejando atrás su orgulloso porte que suele tener por el día, se aguantaba sobre la pared de alguna casa mientras intentaba reunir fuerzas, y equilibrio, para poder proseguir su marcha. El hombre era consciente de que no debía beber. Era consciente de su mala dependencia del alcohol, pero no podía evitarlo. Estar al cargo de tanta mierda durante tantos años. Ninguno podría mantenerse estoico ante las cosas que él tuvo que soportar durante tanto tiempo. Por eso siempre al acabar el turno, una copa o dos caían.

La hórigue encapuchada, fue lista, se adelantó a si objetivo, y en las sombras lo seguía sin dificultades algunas. Cuidando de por dónde pisaba y por donde se movía, sigilosamente su presencia era nula, siempre que cuidara no pisar ninguno de los números papeles de propaganda religiosa, o propaganda militar.

En la taberna, el propietario pensativo, con la jarra en la mano, miraba al grupo como decidiendo que hacer. La anciana mujer, se adelantó, y salió por la puerta. Iba decidida, tenía algo en mente y se le notaba. El resto aún estaba pensando en que hacer. El tabernero decidió dejar la jarra a un lado y después de un tiempo razonándolo y cobrando a los que les pagaban decidió abrir la boca.

-Creo que me voy a unir a ustedes, los veo un poco perdidos y me gustaría parte del botín… normalmente se me recompensa solo por la información, pero no conozco a ninguno de ustedes, no sé si fiarme de que me den algo en cuanto consigan el botín.. así que les parece bien que vaya con ustedes.. ¿no?- El hombre metió la mano por debajo de la barra y saco una especie de lanza.
Una lanza corta, era un arma curioso, no era tan grande como una lanza normal, pero claramente tenía la forma, aunque con algo más de filo que las lanzas, Seguramente era el indicado para poder enfrentarse a enemigos desde una cierta ventaja en cuanto a distancia.

Si bien les parecía buena idea o no a ese grupo de viajeros, estaba por ver. Lo que estaba claro es que estaban desorganizados, y no demasiado bien informados. El tabernero veía una oportunidad de llevarse parte de las ganancias, y de ayudarlos también.
Sea como fuere, aceptaban ir acompañados, o no, la taberna estaba cerrada, así que amablemente los saco de la misma.

Una vez fuera, la horigue estaba desaparecida, no se veía a simple vista. Tampoco se veía al capitán, habían tardado demasiado quizás? Tal vez no, tenía que estar cerca. Estaba claro que en la calle esa donde estaba, su objetivo no se encontraba. Había tráfico de gente, algunos ebrios algunos no. Pero no parecía haber un borracho capitán a la vista.

Sin embargo a lo lejos en un callejón se escuchaba ruido, unos gritos quizás, insultos. Para el oído fino podría sobreentenderse fácilmente que era una pequeña pelea, un pobre diablo en un callejón contra algún pequeño número reducido de personas.
Esa era una de las opciones. Otra de las opciones era un callejón desierto, que se veía al otro lado. Pero no se veía nada, ni se escuchaba nada.
La mujer con mano de acero y olfato agudo siguió sin problemas al capitán, este, anduvo varios metros manteniéndose en la calle principal, pero a lo lejos había entrado en un callejón. Khiryn, demostrando cierta habilidad en cuanto a la acción de seguir, mantuvo la distancia aún más en cuanto el capitán entro al callejón.

El capitán tambaleaba, se apoyaba en las paredes y maldecía su suerte, suerte que no hizo sino empeorar. Un grupo de jóvenes vándalos lo encontraron y se rieron de él, ante un comentario mordaz del borracho, estos jóvenes le metieron el pie al pobre ebrio que perdió el poco equilibrio que tenía y cayó al piso.
Demostrando claramente su falta de respeto por lo ajeno. Los jóvenes lo insultaban, dieron un par de golpes y seguían riéndose de él.

La mujer veía toda la escena de lejos, sin embargo no la veían a ella. No habían percibido que eran vigilados.

////////

En aquella noche ajetreada. Todo el mundo tenía algo que hacer. Por un lado un grupo de guardias seleccionaban entre sus presos a los más importantes, a quienes encarcelaban, y soltaban a los que importaban menos. La culpa final recayó en Jack, nadie creía el cuento de que la anciana fue también la culpable, y los que lo afirmaban fueron liberados y tratados como locos.

La prostituta, hábil, y coqueta, fue la primera en ser puesta en libertad. Sabia manejar a los chicos, incluso aunque no se tratara para vender su cuerpo su nivel de manipulación era bastante alto. Mary pronto se puso en marcha para volver a la taberna, que lamentablemente conseguiría vacía, no llegaría a tiempo de encontrar a su nuevo camarada del parche, al menos por ahora.

Algunos borrachos liberados, se fueron a casa, otros siguieron deambulando por ahí, quejándose de la maldita vieja que les había hecho la jugarreta. Vieja, que estaba ahora en su sitio de alojo, uno nada ordinario. Se había propuesto seguir la pista de aquel misterioso hombre alado. Pero por dónde empezar? Cuando volvió a salir a la noche. Las calles tenían menos gente que antes.

Un par de borrachos quejándose sobre un evento desconocido sobre cierta deidad. Un hombre intentando ligarse a una prostituta diciendo que él era guardia del pueblo y que tenía cierta influencia. Y unos marineros que volvían al barco cantando ebrios.

En el puerto el ambiente seguía siendo un poco de fiesta. Muchos barcos aún tenían velas encendidas, en algunos incluso se escuchaban canticos.

Había otra taberna en ese lado de la ciudad. Pero la taberna era más grande y estaba llena de pescadores algún que otro guardia pasando el rato dentro de su hora de patrullaje. Y gente muy distinta entre sí. También había una plaza, que por el día se llenaba de puestos ambulantes, por la noche tenía solo jóvenes pasando el rato, o borrachos descansando.
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Gerarld Amattore

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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Medielvoulder el Lun Mayo 16, 2016 9:21 pm

La taberna se vaciaba poco a poco, primero la hörige, luego el capitán borracho y por último la anciana, quien por cierto, ni siquiera se había disculpado por reventarle una botella en el cuerno al mestizo. Él por su parte ya iba por su segundo vaso de whisky, llenó un tercero contemplando el líquido amarillento y tostado, era un vasito pequeño y él era enorme, así que seguro necesitaría el doble de la dosis recomendada para que surtiera efecto. Tenía una de sus tantas dagas en la mano y se pasaba el filo bajo las uñas para limpiarlas, esperando. Pensó en los segundos que perdía, la mujer con sus patas y cola gatuna se había perdido en la noche, tras aquel capitán de pacotilla rumbo al norte, o al menos habían salido en esa dirección. Poniendo el arma sobre la mesa, le dio un golpecito y esta giró, «No te voy a pedir por favor que te vengas a sentar, tuerto.»
Cuando se tomó el cuarto vaso supo que había llegado a un punto en el cual significaría que el siguiente lo llevaría a vaciar la botella, así que se detuvo.

Su cuerpo estaba tibio, las lenguas de fuego del whisky le produjeron un escozor agradable. Dejó el vaso volteado y esperó unos segundos más, pero nadie vino, nadie más se había sentado en la mesa. El silencio se alargaba como una sombra en la tarde. El dolor de la paliza remitía poco a poco gracias al licor, se volvió a secar la sangre de la ceja y aprovechó de estirarse para mover los músculos de la espalda entumecidos por el golpe de la silla. Recogió su daga y la guardó. Se giró en la mesa para ver a los que quedaban, la bardo con su estilizada figura y su estuche a un lado, el hombre que le había ofrecido una cerveza y que al parecer pasó de ello. Ocultando su molestia se puso de pie metiendo algo de ruido. «Ya pasó el tiempo de esperar a que alguien más me acompañe. Quizá sea el único que piensa que es mucho más sencillo obtener el botín si se actúa en conjunto. Supongo que aquí a todos les gusta trabajar solos. Deben estar acostumbrados a ser traicionados. En fin, será para mejor. Más dinero para mí.»

Se recompuso y metió la silla dentro de la mesa, una acción tan deliberadamente ajena a aquel sitio destrozado que le entraron ganas de reír. El tabernero lo miraba al otro lado de su barra brillante de madera pulida. Cuando el mestizo se acercó para pagar el obeso individuo de barba y calva incipiente le habló:
Creo que me voy a unir a ustedes, los veo un poco perdidos y me gustaría parte del botín… normalmente se me recompensa solo por la información, pero no conozco a ninguno de ustedes, no sé si fiarme de que me den algo en cuanto consigan el botín.. así que les parece bien que vaya con ustedes.. ¿no? —de bajo de la barra sacó lo que parecía ser el palo de la escoba con una punta de lanza amarrado a un extremo.
Por mí esta bien. Podemos ir juntos si quieres. —Aquel hombre no parecía gran cosa, pero era un local y conocía el puerto y su gente, quizá podría ayudarle en algo al mestizo, y si no, por último serviría para detener un par de flechas.
Por cierto, mi nombre es Rickard Belmont. De los Belmont del sur de Thargund.
Belmont, aja.
Sí, Provengo de una estirpe antigua. Mi apellido es uno de mis grandes tesoros, proviene de condes.
Un gusto maese Rickard. Mi nombre es Mediel Voulder, de los Voulder del norte se Auberdine. —Se dieron un apretón de manos cual caballeros, el tabernero se sacó el delantal y salió tras la barra.
¿Usted de dónde es? Yo soy del reino, nací allá. Mi esposa me dijo que sería buena idea proveer de alcohol a los marinos, pero últimamente destruyen mi local casi dos veces por semana. No sabe la cantidad de dinero que me gasto en comprar  nuevos muebles.
Al menos se nota que son de buena calidad —dijo el mestizo sobando su espalda.
El tabernero Rickard sacó un manojo de llaves de su bolsillo y miró inquisitivamente a los dos extranjeros restantes.
Siento pedirles que se marchen, no hay nada más que hacer aquí —soltó un hondo suspiro y miró la ausencia total de botellas tras la barra y luego el suelo esparcido de vidrios—: Ya ni me queda algo que vender.

Una vez fuera se dispusieron a encontrar a la hörige, ella de seguro estaría tras el capitán. Se pasearon como dos almas perdidas, el puerto aún bullía de actividad aunque no tanto como en el día. Los beodos reposaban en las puertas de las tabernas y en las calles, desparramados como cera derretida, varios otros que aún aguantaban se les podía ver deambular abrazados y hasta cantando canciones subidas sobre mujeres y alcohol.
El tabernero guió al mestizo por la avenida con destino a la casa del capitán. La iluminación era pésima y dos de cada tres miradas de la gente en la calle iba dirigida al mestizo, con sus retorcidos cuernos  y rostro tallados en sombras.
Quieto —dijo Medie, y puso una mano en el hombro a Rick—. Creo que logro ver a la mujer.
A unos veinte metros de distancia y entre los ciudadanos nocturnos halló a una pequeña figura envuelta en una capa que al abrigo de la noche parecía similar al de la hörige.
Al menos tiene la misma complexión.
Hay que ir.
No, está quieta. Debe estar observando algo, pero no sé que es.
Pues vamos a averiguarlo.
El tabernero avanzó a paso lento. El mestizo lo siguió. Cuando ambos estuvieron a la altura de la hörige fueron testigos de lo que ocurría al fondo de un callejón: el capitán estaba recibiendo una golpiza por parte de tres mocosos, unos jovenzuelos que ni siquiera parecía que buscaban robarle, sino que simplemente causar daño.
¿Intervenimos? —preguntó el mestizo—. A mi parecer se defiende bien —Rickard sujetó bien su extraña lanza y miró al cornudo como si no entendiera lo que decía.
No deberías esperar a que lo apuñalen. En una taberna existen reglas implícitas que siempre se respetan, las peleas en los callejones son una cosa muy diferente.
El mestizo entró en el callejón, olía a meados y cosas peores, pero debía evitar que le pasara algo a su fuente de información, así avanzó, Rickard saltó hacia el callejón tras él, enarbolando su arma.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Khiryn el Mar Mayo 17, 2016 4:52 pm

V

Ya que habían jodido mi cautela, me hubiera gustado que al menos me saludaran, o quizás que me hubieran invitado al baile. Exhalé un leve gruñido molesta. Me hubiera gustado que esperaran un poco más; el capitán no lo hacía tan mal, y uno es más agradecido siempre que sabe que no había manera de haber ganado. Ahora, quizás salvemos a un molesto capitán que piense que podría haber ganado, y lo dejemos frustrado.

También me hubiera gustado que el cornudo viniera sólo, o con Necross, pero en cambio, trajo a un maldito panzón que por su olor, ropa y complexión no resultaba ser otro que el tabernero. A simple vista no encontré motivos para que ellos estuvieran juntos; ¿es que acaso se conocían? Claro, esa era una opción. La otra es que ese hombre, conocido del capitán también quisiera una parte del botín.

Por último, me molestó que se lanzaran a atacar dejándome atrás. Como si yo no estuviera ahí, como si no valiera. Como si nada, y como si nada, se lanzaron. Tampoco me encantaba la idea de verme a los golpes otra vez, en una ciudad desconocida, contra tres tipos que quizás después de un silbido o un grito se multipliquen, tal y como pasó en la taberna. Pero el cornudo ni cuenta se dio de eso; aun así, ya no podía hacerse nada; así que por el momento, era mejor proteger a quien quizás me podría proteger después, y no hablaba únicamente del capitán.

Aproveche mi velocidad, mi capa y la enorme silueta del cornudo y del panzón delante de mí para caminar furtivamente sin ser notada. Al cerrar la distancia, Medie se paró detrás del tipo que golpeaba al capitán, de frente a los otros, incluyendo el mismo capitán; dibujó una sonrisa diabólica que se veía acentuada en la escaza luz de las velas bailarinas de las candelas. Aterrador. Extendió su largo brazo hacia el que golpeaba al marino, hinchando los músculos y con la calma de quien sabe que no tiene nada que perder, lleno de esa seguridad malsana que hace orinarse a los miedosos.

Aproveché esta aterradora y desconcertante visión para atacar con rapidez al tipo que sujetaba al capitán y que se encontraba más lejos de la entrada del callejón, dejándole al tabernero el último de los hombres. No pretendía gran cosa, era en realidad, a simple vista un ataque sencillo. El tipo tenía las manos ocupadas peleando por soltar el brazo del capitán; tenía la pared justo detrás, así que su movimiento estaba limitado al igual que sus posibles reacciones. Aunque no hacía por la estatura de mi pareja, salté para tener un poco más de empuje, llevando el brazo metálico por delante; trataría de sujetarle la frente y estrellarle la cabeza contra la pared tras; si no lo lograba, al menos el golpe del metal sería suficiente para causarle un buen dolor…

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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Necross Belmont el Miér Mayo 18, 2016 7:29 pm

Quizás, y solo quizás, trabajar con un nuevo equipo no sería tan terrible, después de todo el cornudo parecía acéptalo, incluso Khiryn. Después de las palabras del carnero, el hombre sin parche asintió para sí mismo, pues aunque aún tenía la intención de irse de la taberna y buscar por sí mismo alguna información sobre el dinero misterioso, lo mejor sería aliarse con los demás. Además, no podía dejar que el inmenso sujeto se llevara todo el dinero.  

Incluso el dueño del local se animó a ayudar, y mientras escuchaba la conversación  entre el tabernero y el cornudo, Necross no pudo evitar soltar una gran carcajada. Y continuaba riendo, pues el rechoncho sujeto tenía su mismo apellido. -Estirpe antigua, ese esta bueno.- Como aun no saldría del lugar, el hombre del parche decidió que lo mejor sería beberse la cerveza a medias que antes había dejado. Pero lamentablemente su estadía bajo techo no duraría mucho, por ende tendría que seguir al hombre inmenso y al calvo barrigón.

Una vez fuera el par de la taberna termino alejándose, pero Necross no pudo ponerse en movimiento de inmediato, pues se cruzó con un ebrio el cual lanzo todo su aliento alcoholizado sobre él, aquel sujeto llevaba un puro apagado entre las manos, e intentando mantener el equilibrio le pidió al hombre sin parche unas monedas para seguir bebiendo. Pero Necross de un empujón lo alejo, causando que el sujeto botara el puro de las manos, y antes de que pudiera recogerlo, el hombre sin parche ya lo tenía entre los dedos.  -Gracias.- Le comento Necross al sujeto, el cual termino alejándose, mientras el hombre sin parche encendía el tabaco usando la electricidad en su dedos.

Entonces ahora si podría volver a lo que estaba haciendo, a la distancia el hombre sin parche aun podía ver al carnero, pues gracias a su altura era difícil perderlo de vista. Caminaron mucho, demasiado, y Necross no sabía realmente que era lo que seguían. Quizás seguían al capitán ebrio, quizás el tabernero sabia más de lo que dijo en la taberna, el recordar que Rickard tenía una  lanza de juguete, causo que el hombre sin parche comenzara a reír. Necross no se molestó en alcanzar al resto del grupo, a paso calmado, pero aun manteniendo su vista sobre ellos, disfrutaba del frio y de la briza marina, de las calles pegajosas, y de los cantos desafinados de los ebrios a la distancia.

El hombre sin parche vio al carnero detener al tabernero, había algo más allá que los hacia detener. Y cuando se pusieron en movimiento, esta vez con una actitud hostil, Necross reanudo su paso, soltando una gran bocanada de humo. Al entrar en el callejo el hombre sin parche se dio cuenta por fin de todo lo que sucedía, estaban golpeando al capitán borracho de la taberna, lo que le hizo llegar a la misma conclusión que el resto de los extranjeros, no podía dejar que le pasara algo a la fuente de información. Pero Khiryn estaba allí también, con un gran suspiro y una idea en su cabeza, Necross dejo salir el humo del tabaco que fumaba. La idea era que si Khiryn estaba allí, bien podía deshacerse de los enemigos sin armar tanto escándalo.

El hombre sin parche no entraría en la pelea, estaban muy desorganizados y podría llegarle un golpe malintencionado. Necross se quedaría atrás, protegiendo al trio de cualquier ataque que no pudieran ver, después de todo nunca falta aquel ser que despierta de la inconciencia para seguir luchando,  incluso buscaría una abertura en la pelea para aleja el cuerpo del capitán. Mantener en buen estado la fuente de información era primordial.



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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Katarina el Miér Mayo 18, 2016 8:06 pm

Cuando finalmente acabo su bebida, al fin, la peliblanca subió a su habitación a dejar todo lo que no fuera imprescindible, principalmente su laúd, no iba a arriesgar a cargarlo en una carrera nocturna y que se rompiera, esa cosa valía más para ella que ese pueblucho entero. Una vez la puerta de su habitación estuvo cerrada, venia la parte divertida, no quería despertar a medio barrio al entrar por la puerta principal de la taberna a las tantas de la madrugada. La elfa cerró la ventana desde fuera, pero ese local era demasiado cutre, cualquier tipejo avispado podía pasar una daga por la ventana y hacer saltar el pestillo, así que se vio obligada a usar unas pocas gotas de sangre para sellar la ventana, buena suerte pasando una daga medio oxidada a través de eso, ojala se les rompiera y les sacara un ojo. Ando grácilmente por el techo y bajo con cuidado hasta el suelo antes de que se le subiera el alcohol y se partiera el cuello, llegando justo a tiempo para ver como los echaban. LOS echaban, ella dormía allí, ¿desde cuando una taberna de mala muerte tenia toque de queda? Daba igual, podía entrar igualmente, así que se dejó empujar hacia fuera, momento en el que se dio cuenta de que había perdido el capitán de alguna forma.

Soltó un reniego en elfico nada propio de una señorita y miro a su alrededor, pero alguien le ahorro el trabajo, los ruidos de pelea que podía oír claramente y el tipo cornudo junto al tabernero, ahora armado, estaban enfocados en la misma dirección, así que decidir fe fácil. Pero ir por las calles a esas horas era peligroso, por no hablar de que quedaba muy feo que los seguidos lo notaran de manera tan descarada, así que imitó sin saberlo a cierta gatita y se subió al tejado, tomando mucho cuidado de no abrirse la cabeza mientras saltaba de tejado en tejado.

Efectivamente, no se había equivocado, ahora que estaba más cerca, podía ver lo que sospechaba que era el capitán entre un amasijo de golpes. Suspiró, cierto era que se encontraba en un nido de ratas y que ese tipo no era la mejor figura de autoridad posible, ni siquiera lo consideraría digno de vigilar una panadería, pero asaltar a un guardia estaba muy feo. Eso mismo debieron pensar la figura encapuchada a la que se estaba acercando, puesto que salió disparada a ayudarlo, junto a ese cornudo de antes que estaba en el suelo. Podía bajar a ayudar, de verdad que sí, se habría acabado todo en un santiamén, pero no le hacía demasiada ilusión ser vista de manera tan descarada, quería quedarse el botín de manera discreta, no ser buscada por los siete rincones de… donde fuese que se encontraba ahora, así que fue buena chica y se quedó en el tejado, vigilando como una gárgola excepcionalmente bonita, hasta que se aburrió al cabo de unos cinco segundos y decidió intervenir, pero con sutileza. Se agarró del extremo del tejado, saco su daga y arranco una teja haciendo palanca. Y la tiro contra la cabeza del tipo que aún no estaba enzarzado con el cornudo o Capíta. Simple, eficaz y fácilmente negable, solo tenía que apartarse un poco para que no al viesen desde abajo.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Margaret Orgaafia el Jue Mayo 19, 2016 3:52 pm

Margarett se movía entre las sombras, cosa fácil pues la mayoría las proyectaba ella. Los callejones los recorría con velocidad, hasta que el aire choco contra su cara, cargado de sal y del olor de marineros borrachos, aromas inconfundibles de un puerto. Si quería encontrar a un pirata libertino y pervertido, que probablemente tendría una serie de bastardos y enfermedades crónicas, lo primero era buscar su barco.

El puerto estaba sumamente destrozado y horriblemente construido, según la opinión experta de Margaret, catedrática de casas, puentes y puertos en claro estado decadente y/o en ruinas. Los caminos de madera que llevaban a los barcos llevaban años podridos e inestables, mientras que la piedra que bordeaba contra el oceáno se había torcido en dirección a estae por lo que varios borrachos rodaban lentamente hacia una sobriedad acelerada.

Margarett no tenía tiempo que perder, por lo que mientras saltaba por encima de los borrachos -pues el terreno libre de borrachos, vomiteras y otros elementos era sumamente escaso-, iba buscando con la mirada un par de alas. Sin mucha suerte, colo la cabeza en un bar, echando para atrás a varios marineros que planeaban salir, infartando a otros e instaurando un tenso silencio en el local.- ¿Perdona? ¿Conoce alguien a un hombre alado, golfo y, probablemente, con alguna prostituta bajo el brazo? - EL silencio se mantuvo y nadie respondió a la pregunta, todavía en shock por la aparición de la cabeza de la anciana tan repentinamente, por lo que la señora se despidió con una deje de mano y cabeza.- Disculpen las molestias...-dice, sacando la cabeza del local, no sin antes escuchar como se iniciaba la leyenda de una bruja del mar en el local, y volviendo a buscar por las sombras del puerto a tal infame personaje. De nuevo, saltando de borracho en borracho, se encontró mirando por los callejones por donde había venido.

Las prostitutas seguían trabajando, pues la hora de cierre aun no había llegado y los silenciosos guardianes de estas se mantenían en las esquinas aun, vigilando que no hubiese gente que se marchase sin pagar o dañase a las chicas. Había que reconocer que Madame sabía como sacarle jugo a un negocio. Tras varias horas y unas interrupciones en otros locales, lo cual, a la larga, supondría una nueva leyenda marítima, se encontró sin más pistas.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

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