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Un jugoso Botín en Rasg Port

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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Hemmi Chinaski el Jue Mayo 19, 2016 4:50 pm

La mesa reposaba en silencio, el mazo de cartas, con sus dibujos desgastados, me observaba guasón, la botella de ron se había dormido, los vasos estaban a punto de estallar, mis contertulios aún no llegaban, y yo ahí, en medio de todo ello. Con las manos extendidas en la mesa, mirando mis uñas limpias y mi piel tostada, pensando en lo pringosas de sangre que se iban a poner cuando le reventase la nariz a esos hijo de puta por dejarme plantada. Siempre me ocurría lo mismo, Rasg Port siempre hallaba la manera de sacar lo peor de mí. 

Salí a la calle, no podía soportar la idea de irme a dormir con el orgullo herido, encontraría a esa tropa aunque me tomase toda la jodida noche. El puerto sólo tenía un atajo de calles en las que me podría encontrar gente divirtiéndose, en las otras, donde ni tabernas ni prostíbulos existían, reinaba una calma que sólo era rota por los locos, los violadores, los ladrones y cosas peores. Mis pies descalzos rompían el silencio y mis cejas se iban uniendo cada vez más por culpa de las calles estrechas y la mugrosa gente que las recorría. Los perros flacos me rehuían, los ancianos olvidados en sus porches me seguían con la mirada a través de sus ventanas sucias. Los beodos creían que era una demonio de ojos brillantes y alma flameante, pero solo era una pequeña ninfa con demasiado odio en el interior.
De las tres diosas, era Meistic la que reinaba en el cielo nocturno, un llamado al conocimiento y a la sabiduría, pero mi luna era la roja, que menguante me guiñaba su redondo ojo y me susurraba deseos prohibidos.
Estaba a unas cuadras de Kittys's Kid, allí donde Fergus y los demás estibadores se juntaban a beber unos tragos cada atardecer luego del trabajo, porque ahí el ron era barato y su cerveza negra la más fuerte. La calle estaba a medio vaciar, algo había espantado la mayoría de la gente ahí, por eso noté a simple vista a un alto fauno que venía en mi dirección, a medida que se acercaba noté que no tenía patas de cabra, solo los cuernos y las largas orejas.
Extraño espécimen —susurré.
Los höriges, todos, solían temer mi presencia como un reflejo a su temor primigenio del fuego, pero aquellos dos metros de testosterona me miraba con su par de ojos de caprino bobalicón. Por un segundo le sostuve la mirada, mis ojos dispares sabían expresar mis emociones y sus ojos furiosos me parecieron desafiar, yo solía ganar siempre esas competiciones, pero tuve que desviar la mirada cuando lo tuve encima porque su acompañante me pareció terriblemente parecido al dueño del local. Me giré para verlos por sobre el hombro, casi todos los Belmont que he conocido solían tener la coronilla calva, igual que aquel tipo.

Terminé de recorrer la calle hasta la taberna con esa duda atravesada en el pecho y cuando atisbé las ventanas apagadas solo pude soltar maldiciones contra Rickard. «¡Ese Belmont de mierdainútil!, ¿cómo no me di cuenta que era él?»
Miré a través de una ventana rota y gracias a la luz de las farolas que se proyectaban dentro descubrí que el sitio entero había sido reducido a astillas y vidrio molido. La fiesta había estado fenomenal y yo me la había perdido. El olor de los licores mezclados empapaba la calle. Molesta y con mi pequeña llama de venganza encendida, se me ocurrió lanzar una tímida flama hacia dentro. La calle estaba despejada. ¿Quién lo sabría? Me sentí algo poderosa ante la expectativa. «Los Dioses bien saben que le haría un favor a este puerto.» Fijé mi mirada en una pata de madera seca y le di un Toque de Fuego. La llama surgió fácil, graciosa y diminuta como una hormiga brillante, ahora sería cosa del azar si el fuego se extendía, abrazaba el licor y la taberna se volvía cenizas.

Mi siguiente parada fue el cuartel del  puerto. El edificio de piedra se podía ver desde lejos, así que vi claramente cuando soltaban a varias personas, la mayoría caminando en zigzag. Me acerqué hasta una de esas personas, era Finn. Cuando el estibador me vio abrió los brazos y gritó:
¡Hemmi! Cuánto hiciste falta esta noche —llegué hasta él y le di una cachetada que fue más sonido que golpe. Varios borrachos nos miraron pero siguieron su camino.
¡¿Por qué mierda me han dejado tirada?!
Finn se masajeó la mejilla, triste, mi mano había quedado marcada en su mejilla de barba incipiente, debía dar las gracias que era una mano pequeña.
Aaaugh. Eso ha dolido… No fuimos porque nos cogieron los guardias. en Kitty’s se armó una grande, y pescaron a Fergus y a los demás.
Y a ti te soltaron, ¿por qué?
Pues, yo me escondí bajo la mesa, no tuve nada que ver con la pelea.
Maldito cobarde —bramé, levanté la mano para darle otro golpe, pero aquel hombre hediondo a moscatel, medio dormido y medio ebrio me ofreció un espectáculo de mediocridad de tal espanto, que mi enojo remitió lo suficiente para no querer golpearlo—. Bueno Finn —me encogí de hombros, algo resignada por mis amistades—Qué más da.
Nos encaminamos por las horrendas calles del puerto, mis contertulios saldrían a más tardar junto con el sol.
Y bien, ¿cómo fue la pelea? cuéntame.
No me lo vas a creer. Una anciana lo comenzó todo. La vieja entró buscando pelea, tiró a alguien de su silla y se clavó en la barra a beber vino como si nada, y su compañero, un enorme rinoceronte de dos cuernos comenzó a molestarnos. Fergus y Josh fueron a plantarle cara, los muy bravos, pero el tipo era fuerte como una quilla y le dio un puñetazo a Josh que fue casi como ver un espolonazo.
Una moneda por favor, ¿Señorita. Señor? —un pordiosero estiró su mano y ambos lo ignoramos. No sé porqué si aún pueden robar se largan a pedir. Qué inútiles pueden llegar a ser los humanos.
Aja, ¿Y qué rayos pasó? —pregunté. En mi cabeza apareció el fauno y Rickard.
¡La vieja esa, lanzó un conjuro que hizo que Fergus lo golpeara otro tipo en la taberna! Y luego de eso, luego —hizo una pausa para hacer énfasis mientras sacó una pequeña petaca de su chaqueta sucia y le dio un sorbo, me la tendió y probé, era vino—... luego todo fue caos.
»Yo solo atiné a esconderme bajo la mesa, no estaba tan borracho como para pelear. Todo era gritos y golpes, alguien levantó la mesa en donde me escondía y me tuve que envolver en la lucha. Oh, tú me conoces Hemmi, cuando peleo soy una furia. En un acto heroico le lancé una silla al enorme tipo de los cuernos —los ojos de Finn brillaban—, le di un par de puñetazos, un gancho con la izquierda y, oh, si me hubieras visto Hemmi, casi mato al pobre tipo, si no hubiera sido por aquella botella de vino que me estalló en la espalda. Esa vieja cara de cuero sin curtir lanzó todas las botellas de Rickard en nuestras cabezas. Amenazó con encendernos, pero por suerte llegaron los guardias, y no sé cómo, pero, ¡esa señora y el cabrito quedaron libres de polvo y paja!
Yo me detuve, entre impresionada y asqueada.
O sea qué, ¿Me estás diciendo que una anciana fue la artífice de tanta destrucción en Kitty’s. Y que los guardias no la tomaron?
S-sí.
¡Por las cenizas de mi madre! ¡Finn, por personas como tú es que opino que el harakiri debería ser una práctica conocida en todo Noreth!
¡No es mi culpa. Esa vieja es un demonio, estoy seguro! ¡Si hasta tiene un gato de bufanda, un gato negro vil que rezumaba terror!
Un demonio… —dije furiosa—. Yo puedo oler a los demonios a dos kilómetros a la redonda. Ya buscaré a esa vetusta y arreglaremos cuentas.

Comencé a buscar a la señora con la vaga descripción que me había dado Finn. La luna azul comenzaba su lento ir al oeste, y por su posición deduje que era la hora en que la muerte se ponía a jugar ajedrez. Los asesinos merodeaban por el puerto, solos o en pandillas, y yo caminaba entre ellos. Hablaba con las prostitutas y entraba a otras tabernas. No fue difícil dar con pistas de una señora media loca de extraño ver y con un gato apaleado por única compañía.
Eso era lo que me gustaba de Rasg Port, era sencillo ganar el respeto de aquellas almas roídas, lo que tienes que hacer era demostrar que eras fuerte, que valías el aire que respirabas. Y yo lo demostré el primer día, me trencé a golpes con una mujer en el mismo Kitty’s Kid. Aquella fue una pelea infernal. Duró casi una hora, pero tenía que acabarse alguna vez. Ella era mayor que yo, más grande y más pesada, pero yo era más rabiosa. Nos detuvimos de común acuerdo. No puedo explicar como funcionan esas cosas, tienes que vivírlo para comprenderlo, pero cuando dos personas llevan dándose de hostias alrededor de cincuenta o sesenta minutos, aparece una extraña especie de hermandad entre ellas. Nuestra comunicación fue muy intensa. Al final terminó siendo mi amiga.
Divisé a la mujer a lo lejos, era inconfundible. Apreté los puños, sería la primera vez que golpeaba a una mujer de más de sesenta.
¡Oye —Se movía como una serpiente rodando por los callejones, la seguí caminando rápido para darle alcance—. ¿Eres la vieja bruja que estaba en Kitty's, verdad? —Era ella sin duda, nunca la había visto en Rasg, al llegar a su altura reparé el puño. Nadie llegaba al puerto, causaba problemas y salía indemne.


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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Gerarld Amattore el Mar Mayo 24, 2016 11:56 am

La pelea fue más rápido de lo que planeaban los pobres chicos. Mientras los jovenzuelos se tomaban su tiempo, un peligro enorme se abalanzaba sobre ellos. Dos chicos agarraban al capitán, el tercero cogió carrerilla para darle un buen rodillazo al mismo. Pero se encontró de frente con la suela del zapato del capitán, que había levantado hábilmente su pierna en el último momento para romperle la nariz al chico.

Súbitamente el chico desapareció de la vista borrosa del capitán. AL parecer, algo cayó del techo, ¿una piedra? E inmediatamente un ser enorme y con la cabeza adornada por unos cuernos lo había interceptado. Y alejado del mismo. Sin embargo el capitán no se quedó quieto pensando en que había ocurrido. Pues acto seguido le dio un cabezazo al que le sujetaba su mano derecha para que aflojara su mano. Con esta relativamente libre agarro con fuerza de las partes del chico que no pudo evitar dar un grito ahogado de dolor.
Grito que fue silenciado por otro cabezazo más, en el tabique, rompiendo la nariz. Y un empujón con el hombro para quitárselo de encima al tiempo que el chico por inercia había soltado del todo al hombre. Y dándose la vuelta al tercer sujeto. Encontró con que este, ya no estaba sujetándole. Tenía la cara estallada contra la pared, los ojos desorientados. Y el capitán acabo la trifulca con un puñetazo rápido, directo al tabique también, y unas campanadas de la iglesia cercana anunciaban el KO y el fin del combate.

De pronto solo hubo silencio. El capitán aun en guardia estuvo a punto de dar un segundo puñetazo destino la cara de la hörigue que tenía a su lado. Pero paro en el último momento, no era su contrincante, o eso parecía. El silencio era sepulcral. O lo seria si no fuera porque aun la iglesia dio un par de campanadas más. Campanadas que irrumpían en la noche. Invadían las calles y le daban un aire de suspense a dicha escena.
-Quien carajo son ustedes? Qué coño hacen aquí?- fue lo primero que salio, intento ser contundente, y serio, pero el alcohol lo traicionaba y salioa una voz rítmica y desentonada. El capitán miraba incrédulo, aun tambaleándose un poco observaba a la mujer, y luego al cornudo…

-Ahhh tu si me suenas, eres el del bar… qué coño buscas, quieres pasar la noche en el calabozo?-

El tabernero estaba disimuladamente parado algo más lejos, para intentar no ser reconocido por el capitán. Este, había entrado en combate con valor, y dispuesto a llevarse por en medio a quien sea. Pero justo antes de llegar su objetivo había sido derrotado por el borracho aquel. Así que viéndose inútil mantuvo la distancia.

Distancia que de poco sirvió pues el capitán lo vio. -Rickard, que significa esto!?-
El hombre lamento haber sido reconocido, pero actuó con naturalidad y salió al frente como si  no hubiera tenido intención de ocultarse.

-Disculpe capitán, había cerrado ya, y justo escuchamos un revuelo y nos asomamos para ver que ocurría- Dijo el tabernero.

-Aunque claro, tratándose de usted, bien podríamos habernos quedado al margen, sin embargo pensé que igual había bebido demasiado y necesitaba ayuda-

-Que me fusilen si me ganan 3 niñatos del tres al cuarto- rugió el capitán. Pero tras un segundo de silencio, roto por el hipo del borracho –Pero agradezco su buena intención, pero debo irme-
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Margaret Orgaafia el Mar Mayo 24, 2016 3:22 pm

Margaret llevaba tiempo escuchando unos pasos tras ella. Alguien le seguía y, desgraciadamente, sabía que no era un atractivo joven para regalarle servicios sexuales. De nuevo, el tener una mente preparada soluciona mucho más de lo que uno podía esperar. Las opciones se mostraron con rapidez en la mente de la anciana. Claramente, no podía girarse de golpe e increpar al perseguidor, pues desconocí la fuerza, el tamaño o si tenía refuerzos detrás de él. Ante eso, también estaba el hecho de que no podía permitir de que la pillasen o le llamasen la atención, pues eso implicaba un enfrentamiento directo. Necesitaba ganar tiempo. Por ello, las piernas de la anciana aumentaron de la velocidad, saltando entre los borrachos y prostitutas, girando por las calles, aumentando la distancia con su perseguidor.

Bien, había ganado tiempo, ahora necesitaba un plan. Solo había dos opciones; enfrentarse o escapar. La última la veía difícil, ya que si el perseguidor no se había rendido tras pasar por la callejuela llena de vómito de vagabundo, entonces nada la detendría. Si el conflicto era la solución, necesitaba poner todo de su parte. Margarett sabía moverse por las calles de una ciudad y, tras un día de turismo intensivo, conocía bien la distribución de las calles. Los ojos de la anciana se iluminaron como la misma luna, mientras la misma sonrisa que se había extendido en el bar conquistaba su cara.

Finalmente, llegó a su destino. No era una calle transitada, por lo que no habría victimas civiles, y estaba lejos de la avenida principal, por lo que guardias y curiosos no aparecerían de improviso y acabarían con la diversión. Además, era una calle en dirección cuesta arriba, lo que me daría al ventaja táctica, y con múltiples callejones en los laterales, por lo que podría realizar un escape en caso de emergencia. Además, la luz era perfecta. Las antorchas iluminaban algunos espacios, pero la mayoría de ellas estaban a punto de apagarse o claramente debilitadas, siendo la única fuente de luz la luna, que se alzaba al final de la cuesta arriba. Al poco, Margarett continuo andando, llegando a la posición más elevada de la calle, donde escucho finalmente la voz de la perseguidora.

Margaret se giró, con una lentitud elegante y calculada, en el que el movimiento continuaba durante toda la acción, fluido, pero lo suficientemente pausado como para extremar la tensión en la otra. Una brisa suave baño a ambas en ese momento, moviendo los ropajes y apagando las últimas antorchas, inundando el espacio, que antes había estado ocupado por el crepitar de las llamas, con un silencio turbo. La figura de Margarett se alzaba entre las sombras, como una aparición, que podía o no ser real. Su enorme sombrero tapaba el rostro de la anciana de una manera detallista, del mismo modo en el que los artesanos al hacer sus obras mostraban ciertas características a contra luz. La sombra del ala ocultaba su cara, pero no sus labios, que estaban torcidos en una sonrisa burlona y suave, ni sus ojos, dos enormes llamas en la oscuridad de la noche, brillando con fuerza en un tono violeta, el mismo color que las flores más venenosas. Roberto levantó al cabeza, abriendo su único ojo visible, uniéndose al espectáculo que había formado su dueña, formando una impresión mucho más sobrenatural en la anciana. El ambiente era el mismo que poblaba las ruinas y los cementerios, en el que notabas, a pesar de cualquier lógica, que debías de tener cuidado al cruzar una esquina. Era el ambiente en el que tu cuerpo sentía que debía de alejarse, en el que los músculos están en tensión para poder escapar, pero sabes- por que lo sabes- que hay algo detrás de tí que te daría alcance. Era el ambiente de un duelo por empezar.

Finalmente, Margaret observó a su adversaria. Era joven, pero en estos días eso era difícil de averiguar, pues la humanidad no tenía un aspecto demasiado exclusivo que digamos. Estaba furiosa y el motivo era la lucha en el bar. ¿Estaría enfadada por algun novio encarcelado por la bronca? ¿Sería la hija del tabernero, quien venía a cobrarse los muebles, el alcohol y el apretón de nalga que le había robado al propio hombre sin que el se diera cuenta? No, no era eso. Iba demasiado bien vestida para ser ninguna de las dos cosas, ni siquiera parecía alguien que se dignase a correr por la ciudad a esta hora para cobrarse nada. No, parecía de las que esperaban hasta que se acabase el plazo para poder cobrárselo en sangre y vísceras.

Finalmente, Margaret dio un paso en dirección a la chica, mirándola ahora con los ojos iluminados por la pálida luz lunar.- Si, ciertamente, soy una bruja y estuve en un bar esta noche, aunque desconozco si se llamaba Kitty o no...-dice la señora, con completa sinceridad y tranquilidad en la voz- Aunque hay que ser muy poco creativo como para poner Kitty a una taberna...yo le habría puesto “La concha de la Reina” o “El mástil de Neptuno” y, si me apuras, “ El agujero de la viuda”...-dijo mirando a la chica directamente a los ojos. Charla insustancial, era lo mejor tras el espectáculo que había armado antes. Era como golpear a alguien por dos lados distintos, nadie se lo esperaba ni sabían como seguir. Y no había mejor charla insustancial, ni tema que se le diese mejor a Margaret, que los inuendos sexuales en nombres de taberna. - Pero eso es otro tema, ¿que deseas de una pobre e invalida anciana como yo?
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Hemmi Chinaski el Vie Mayo 27, 2016 1:09 am

Tenía la vista clavada en aquella vieja, su boca se movía pero su charla insulsa era un eco en la calle vacía que traspasaba mis oídos como fantasmas. La tentación de incrustar mi puño iba creciendo cada vez más y ella parecía ayudar en ello, su rostro ajado por la edad me lo pedía, su sombrero escueto me lo pedía, su papada meciéndose al son de sus palabras me lo pedía. Mi ira iba en aumento, mi puño estaba a punto de cernir su violento cantar sobre esa vetusta señora, pero cuando quité mi vista de su rostro reparé en el ojo que se abrió en la penumbra, la figura se extrajo de la mujer y pude reconocerla, un gato. Entrecerré los ojos, incrédula, nunca había tenido un minino tan, pero tan cerca.
En toda mi vida los animales me habían rehuido, yo era el carbón rojo donde no debías meter la mano. Me pregunté si estaba enfermo o quizá parapléjico, y recordé aquel perro que no se le movían las patas traseras, lo recuerdo arrastrarse por el polvo de la calle con sus dos extremidades cuando me acerqué a ver qué le sucedía. Algo mal en él debía haber para no haber escapado. Estiré la mano, inconsciente, quizá nunca volvería a tener la oportunidad y le rocé la cabeza con la yema del índice, luego puse otros dos dedos, el gato me miraba con su único ojo que era como una luna llena. Lo acaricié, fue la primera vez que acariciaba a un animal. Un gato loco, o uno suficientemente henchido de orgullo como para no huir, eso era lo que tenía en frente.

Los gatos habían sido adorados como dioses hace miles de años, me lo había contado alguien en una biblioteca, y al parecer aún lo recuerdan. Mi odio se apagó poco a poco, el minino luego de varios segundos de caricias ronroneaba y cabeceaba contra mi mano, su piel la surcaban docenas de cicatrices viejas, las que contaban una historia de violencia, hasta le faltaba un uno. Era tan parecido a mí, que sentí algo extraño en la nuca que me recorrió la espalda. Sonreí.

La voz de la señora cortó el momento como una navaja oxidada.
¡Oh, querida! ¡Mira que bien le caes a Roberto! —dijo, cambiando esa expresión que parecía cortar con la mirada y desdeñar el interior de la herida a una de completa y solemne confianza. Era la expresión de una abuela que está colmando de atenciones a su nieto favorito—. Nunca le he escuchado ronronear así en manos de otra persona que no fuera yo... —mencionó mientras se unía a las caricias de la cabeza del gato, a placer del minino.

Solté un suspiro. Ya no tenía ganas de partirle la cara. Además, si era capaz de querer a un gato así, cuando existen tantas otras mascotas mas bellas, es que algo bueno debía tener. Yo quizá nunca lo averiguara, pero menos el gato lo sabía.
Veo que estas algo sola y descubicada —dije al final, cambiando de tema—. Yo llevo un tiempo en Rasg Port, quizá pueda ayudarte con tu búsqueda.
Oh...estoy buscando a un Divium, pelirrojo, sin vergüenza, un golfo que probablemente tenga alguna prostituta bajo el brazo ahora mismo, sin pagar... —Al decir eso, la única inquina y desdén que la anciana mostró fue al decir lo de no pagar—. Al parecer, todo el mundo se encuentra enloquecido con esa llegada de dinero desde el exterior... La juventud siempre piensa en riquezas sin esfuerzo... —Con esa última expresión soltó un enorme suspiró—. Todo el mundo esta desperdigado intentando encontrar información para descubrir como y de que forma entrará el dinero... Y creo que ese pajarraco sabe algo.

Dinero, dinero. Todo en los humanos se reducía al dinero. A veces me gusta pensar en Prado de Fuego, donde los kull sirven tanto o más que una piedra. Aquel pelirrojo Divium no podría ser otro que Geralt Amattore, el único corsario más fácil de reconocer después de Sparrow. Humm, no sé cómo un tipo tan truculento y malhabido como el divium podría llegar a tener algo que ver con la inyección de dinero al puerto. Pero de seguro sabía algo al respecto del dinero, y donde hay dinero hay peleas, así que, ¿por qué no ir?
Bien, entonces iremos donde aquel idiota. Sígueme, creo que podremos encontrarlo por este camino.

Desanduve por las calles con la señora cerca de mí, llegué hasta mi exiguo hogar y llamé a Finn. Cuando salió me lo lleve conmigo.
Finn es de confianza. Nos ayudará —le dije a la señora.

Nos alejamos un tanto del puerto, pasamos por varias calles en en silencio, Finn miraba a la señora como si fuera un demonio salido del Foso. Las luces de cuartel brillaban y las puertas aún estaban abiertas, pues, los guardias solían trabajar toda la noche. Había dos haciendo guardia en la entrada, me acerqué a ellos y junté una buena cantidad de aire y grité molesta:
¡Acá tengo a la verdadera incitadora de toda la revuelta en Kitty's Kid! —apunté a la vetusta y luego a Finn—. ¡Ella fue la que incitó toda la pelea, ahí tengo un testigo! ¡Exijo que se liberen a los prisioneros!


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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Necross Belmont el Lun Mayo 30, 2016 3:28 pm

“Malditos sean los ebrios”

Aquella era la frase que constantemente se repetía en la cabeza de Necross, era cosa de ver al capitán, y recordar la pelea en la taberna para que nuevamente apareciera, -Malditos sean los ebrios.- Repitió. Aunque claro, el tabaco que exhalaba el hombre sin parche lograba tranquilizarlo, dejándolo analizar mejor la situación. Necross intento usar la culpa sobre el capitán, quizás si este estaba lo suficientemente agradecido con Khiryn y el cornudo pagaría con información. Pero no, por supuesto que el capitán era un ebrio orgulloso, ¿acaso no era más fácil raptarlo y sacarle la información a golpes? Tal vez sí, pero si el capitán estaba tan seguro de que la paliza se la llevarían los otros tipos es porque sabe defenderse, si tan solo no estuviera intoxicado…

-Como sea, es mejor un capitán vivo en desgracia que uno muerto, los muertos no hablan.-  El capitán no respondió, quizás encontró razón en las palabras del hombre sin parche, quizás simplemente estaba cansado de hablarle. Mientras volvía a aspirar el humo del tabaco, Necross noto que los matones que antes luchaban contra Khiryn y compañía se alistaban para marcharse, corriendo como cucarachas cuando se enciende una vela. Y entre amenazas y advertencias, el capitán se arregló el traje, escupió al piso,  y se marchó. -Tenías razón cornudo, esto no es un trabajo de una sola persona. Hay mucho que no nos han dicho, la información ahora es prioridad.- El hombre sin parche le hablaba a Medievoulder pero sin mirarlo, pues su visión estaba fija en los pasos tambaleantes que daba el capitán mientras se alejaba. -Supongo que ninguno quiere que algo le suceda a nuestro amigo. Soy Lucard.- Al decir su “nombre”, Necross exhalo el humo del puro sobre el rostro de Khiryn, pues si ella se atrevía a revelar su verdadero nombre le cortaría la cola, así de paranoico es.

Una sonrisa hacia la Hörige fue lo último del hombre sin parche, pues cuando vio que el capitán estaba lo suficientemente lejos comenzó a seguirlo, oculto en las paredes y rincones, sin dejar que lo vieran; contando los pasos del ebrio para que no se le perdiera, era fácil, a esas horas de la noche habían más gritos de jolgorio que ebrios caminantes. Obviamente lo estaban  siguiendo, o tal vez, el capitán lo hacía obvio con sus volteos constantes. En sus intentos por perderse de vista se hacía más evidente que algo ocultaba, y solo por curiosidad el hombre sin parche estaba decidido a seguirlo, aunque lo más probable era que el hombre solo iba a su hogar a descansar; mejor aún, así sería fácil golpearlo hasta sacarle lo que Necross necesitaba saber.

Desde el borde de una pared, el hombre sin parche pudo notar como el capitán entraba a una casa, una especie de almacén realmente. -Entró a un edificio, creo es un almacén.- Comento en voz baja, para cualquiera que quisiera oírlo. Y una vez dentro el ebrio se tomó su tiempo, Necross no quería acercarse más pues no es precisamente alguien que se pueda camuflar correctamente. Inmediatamente el hombre sin parche pensó en la Hörige, si alguien se podía acercar y aun así permanecer oculta seria ella, quizás el grupo piense que es un buen plan, quizás ellos mismos ya lo habían pensado, de cualquier manera lo comentaría, es la mejor opción por ahora.



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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Khiryn el Mar Mayo 31, 2016 12:05 am

VI

Me encontraba totalmente frustrada, nada salía como yo lo hubiera planeado. Trabajar con más gente suele ser una monserga, aun más si son desconocidos sin entrenamiento militar y bravucones que más que otra cosa, buscan sólo riñas y demostrar su fuerza o temeridad. Yo prefería las cosas de un modo más sutil; tenía ya experiencia peleando por nada, y ganando nada. Estaba casi harta de pelear; no, no tanto, en realidad, sólo en esta ocasión, no encontraba razones suficientes para hacerlo, y ninguna pelea y ningún golpe dado y recibido hasta este momento había valido en realidad la pena.

Afortunadamente y sin mucho más que encogerse de hombros, el hombre siguió su camino quedándonos los “forasteros” detrás. Y detrás de él marchamos pues. Cada quien a su paso y conservando distancia. Necross, al que ahora debería llamar Lucard y yo; y quizás alguien más; podría presentirlo, quizás confundir los sonidos o equivocarme al reconocer olores, hasta el momento, no sería capaz de decir si alguien me seguía a mí; cosa rara. Será la mezcla de olores en el mar.

Caminamos larga y casadamente. Me fastidió seguir a un hombre tan seguible. Su juego de volver la mirada y llevarnos cruzando calles, metiéndose en callejones y acelerar el paso me fastidió. Ni todos sus intentos de perdernos hacían que seguirlo se tornara si quiera un poco interesante. Estaba ebrio, mucho; tropezaba, se recargaba en la pared, y eructaba con tal frecuencia que yo era capaz de seguir la estela de su olor a licor sin siquiera verlo. Si lo hubiera sabido, hubiera ido a descansar a algún lado todo este tiempo y luego, simplemente aspirar hondo para encontrar el último aliento de su oloroso whisky.

Lamentablemente no lo hice, y por adelantado, pagaba el martirio de mi codicia.

Por un momento estuve tentada en mandar todo a la mierda; todo esto resultaba plenamente insatisfactorio, y aunque quizás al final la estabilidad monetaria valiera toda esta pena, justo en ese momento lo único que quería era dimitir e ir a dormir a una buena cama. Pero tampoco lo hice. Y así me auto compadecí hasta que su eminencia Whisky capitalhcolica entró a un edificio grande, más parecido a una bodega o un astillero que una casa.

Le dediqué una mirada de hartazgo a Necross que comprendió mi tedio de inmediato. Aun así, el parecía planear algo; aunque no me acerqué lo suficientemente rápido como para poder compartir ideas. El hombre, dentro del edificio parecía haber entrado en una labor afanosa, pues se oía como si revolviera cosas con cierta prisa. El ruido que hacía desde dentro y su ir y venir me hacían actuar con precaución y mantenerme oculta, no sabía cual de esos ires y venires sería para asomar su ebria cabeza por la puerta otra vez.

Y ciertamente no luego de mucho salió, aun tambaleante y desconfiado, pues largó extensas miradas a todos lados antes de decidirse a caminar de nuevo. Una nueva prueba nos llegaba a las manos, justo como antes, las posibilidades se bifurcaban. Esperé a que el hombre saliera de nuestra vista y me acerqué al hombre sin parche.

Alguien debe seguirlo y el otro debe meterse ahí y ver si quedó algo de lo que el hombre estuvo buscando. Síguelo tú, a mí me será más fácil seguir tu rastro después y el hombre está tan jodidamente ebrio que lo podrás seguir con facilidad. -Dije pensando rápido. Además, seguramente por el olor, sería capaz de identificar con más facilidad aquellos lugares donde el hombre hubiera estado buscando más tiempo; y quizás, hasta aquellas cosas en las que haya puesto las manos.

Parecía ser un plan.

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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Medielvoulder el Mar Mayo 31, 2016 3:56 pm

La noche avanzaba a velocidad de crucero. Rickard Belmont y su minúscula lanza se quedaron plantados en el callejón mientras el capitán rechinaba sus dientes, hablaba incoherencias y escupía algo entre sangre y jugo de demonio catalizado, cruzó la calle en diagonal y se fue dando tumbos, ladeado como si cargara con el tesoro en su bolsillo derecho. Medielvoulder miró a su corto compañero, él le devolvió la mirada, el humo del cigarrillo del tuerto que ya no era tuerto envolvía el ambiente, la sangre de los magullados muchachos salpicaba ahí y allí las paredes y un diente entre blanco y amarillo reposaba bajo la bota del mestizo.
Cada uno avanzó a su paso, al parecer iban a trabajar juntos por el comentario de Lucard. Medie se quedó rezagado, esperando que todos avanzaran, el beodo, Lucard, luego la hörigue, la pareja esperó a que la pequeña de la pañoleta estuviera a una buena distancia para avanzar, era mucho más simple seguirla a ella que arriesgarse a seguir al capitán de lleno y ser visto, en especial para un alto cornudo y un ancho posadero.

La pequeña figura se detenía, esperaba, avanzaba. Rickard anclaba cada paso en el suelo con sus chanclas de madera y metía más ruido que una pelea de gatos con su traqueteante andar, el mestizo hacía lo suyo, pero sus botas gastadas se acoplaban bien a los adoquines viejos y sucios del puerto. Los callejones se sucedían, las caras de los perdidos y las prostitutas también. Cuando llegaron a la vera de sus acompañantes en la esquina de un callejón, quien se hacía llamar Lucard mencionó en donde había ingresado la presa, todos prestaron atención a la casa de enfrente, de su interior despedía un ruido como de taberna un viernes por la noche, solo que faltaba el canto de un borracho, las groserías de una dama y el estallido de una jarra al romper. Por el boche quizá fuera el capitán tratando de quitarse los pantalones para ir a la cama, pero luego de unos minutos la solida puerta de abrió para dejar salir nuevamente al amparo de la luna azul al alcoholizado y doblado humano.

Sus perseguidores permanecían escondidos, agazapados en la noche, al amparo de las sombras y la esquina. Medie miró a sus nuevos compañeros, mientras veían alejarse nuevamente a la presa, la muchacha de la pañoleta no le perdía de vista y estaba a punto de saltar en cuando el zigzagueante hombre doblase una esquina, Rickard también miraba y no perdía un detalle de la escena. El tuerto que ya no era tuerto por suerte había apagado su cigarrillo para evitar que se viese el punto rojo en medio de la oscuridad.

Medie oyó con atención el esbozo de la idea de la mujer, era una buena idea.
Hey, Rickard, ¿conoces ese sitio de ahí? Se ve grande y si vale la pena registrarlo podría ir también, se me daría mejor que  seguir a ese borracho, no soy alguien que se le de el esconderse. —miró al tabernero quien entrecerraba los ojos al mirar aquel bloque de piedra sin ventanas, quizá él tuviera una idea de lo que la hörigue fuera a encontrar dentro. Luego se dirigió a todos.
Es un agrado saber que podemos hacer esto juntos —miró a aquellas personas con quien trabajaría y detuvo su mirada en el tuerto que ya no era tuerto—, por cierto ¿qué le pasó a tu ojo? —preguntó tratando de sonar normal, pero con un claro interés, al sombrío hombre de cabello negro.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Gerarld Amattore el Jue Jun 02, 2016 1:43 pm

El borracho capitán se perdía entre los callejones mientras el grupo improvisado y recién aliado de forasteros terminaban de ultimar los detalles.

-No conozco ese almacén- confirmo Rickard ante la pregunta del carnero humano. –Pero si sé que en esa dirección vive el capitán-

Ante la situación actual el grupo se dividió el hombre que falsamente se hacía pasar por tuerto acobijado por las sombras que la luna proyectaba en las casas cercanas se movía a una distancia prudente del capitán, que ya no hacia hincapié en vigilar su espalda. El capitán iba con lo que parecía unos cuantos papeles bajo el brazo. Pero poco podía distinguirse.

Entre tanto, el grupo restante comandado por Khyrin, quien iba al frente. Se acercaron cuidadosamente al edificio vigilado en cuestión. Con mucho rigor en vigilar que había vía libre y en escuchar que no había nadie dentro. Y tras unos segundos en la puerta, la abrieron sin problemas. Había dos opciones, entrar todos, o la mitad. Pero no era buena idea que los vieran por fuera, en la calle. Así que entraron todos menos Katarina, que pensó que era más prudente vigilar desde los tejados. Ya bajaría si creyera que hace falta, o si avistara de algún peligro.

Dentro, el almacén tenía poca luz, de afuera, pero había varios candelabros preparados para dar luz si así lo veían necesario los infiltrados. Khyrin guiada por su olfato pudo tener claro que en esa habitación ha habido una buena cantidad de hombres distintos…. De hecho es posible que cualquiera con buena nariz y mente despejada pudiera notar el aire cargado de sudor, estaba claro que varios habían estado ahí dentro en al menos el último par de días, y con mala ventilación. También podía notarse la humedad, el aire de un antro cerrado que poco se usa, sobretodo cerca del mar.

A parte de eso, el olor a whisky iba de un lugar a otro, como quien buscaba de algo y no recordaba donde estaba. Aunque paso más veces por un escritorio grande y centrado en una pared, ocupando casi la pared completa con sus dos metros de envergadura.

El almacén, era pequeño, no llegaría a los 5 metros de profundidad, y lo mismo de ancho. Era cuadrado, aparte del escritorio antes mencionado, en el fondo del almacén, había varios armarios a los lados, y varias sillas repartidas por todos lados. En el suelo, en las sillas y en algunos armarios había un montón de trajes de monjas, Rickard Belmont enseguida reconoció los colores típicos de la iglesia de la ciudad.

En el escritorio se podía ver un reguero de materiales, hojas en blanco, tinta tirada y manchando lo que pillara, plumas para escribir, rosarios, un enorme plano de la ciudad, con un cuarto de la misma llena de tinta.

También había propaganda religiosa en la mesa. Un reloj de arena, un calendario marcando la fecha del día siguiente en un círculo.

Mientras eso ocurría, el así llamado Lucard, siguió sin problemas al capitán hasta 3 calles más arriba, alejada ya del mar, y de calles sospechosas, un sitio en el que ya ni las putas se veían, estaba claro que era una sección más tranquila del pueblo. ¿Quién diría que habría algo así? Hasta una pequeña plaza tenían entre las calles, con una fuente, unos bancos de piedra, y plantas entre los adoquines.

El capitán entro en una casa, humilde, pero de dos plantas. Miro un poco, ya por costumbre si había alguien cerca, saco las llaves de su bolsillo, y al tercer intento logro insertarlo en la cerradura para poder entrar. Una vez dentro, cerró la puerta, dejo los papeles en el escritorio del pasillo, que más bien era un tocador con espejo disimulado parecía de adorno. Con detalles grabados, madera clara y bonita, y con unos ganchos a los lados para colgar sombreros, u otras cosas.

El capitán rendido, se quitó la camisa y los zapatos mientras avanzaba con pies de plomo por la casa. Tomo por lo menos un litro de agua de la despensa y subió a su alcoba donde se dispuso a reposar junto a su ya dormida esposa, que acostumbrada a que su marido llegara tarde y borracho tenía el sueño más pesado de todo Rasg Port.

///////

Poco después de este suceso, otro que podría resultar importante para los eventos venideros se sucedía en la pequeña maltrecha ciudad. Una mujer, una ninfa de fuego, había capturado a una de las participantes de la pelea, una anciana que realmente había provocado todo el asunto.

Mediante astuto engaño y manipulación se hallaban frente al cuartel, al principio uno de los guardias las vio llegar y medio ignoró… Pero se acercaron y la mujer comenzó a gritar cosas, que parecían que requerían mayor atención.

Verdadera incitadora de la pelea? Y viene con testigo! No había problema en encarcelarla… se haría hueco. En seguida una rápida comunicación entre compañeros a base de miradas, fue suficiente para que cuatro soldados armados y uniformados salieran a recibir a las dos mujeres.

Entonces salió un soldado que por sus símbolos en los hombros, estaba claro que era un cargo mayor que los demás, quizás un teniente. El primer guardia le informó de las palabras exactas. Y el teniente respondió.

-Gracias por su contribución, nos gustaría llevarnos a la mujer a donde corresponde y la interrogaremos mañana- Mientras unos guardias armados pero sin presentar una amenaza real se acercaban a la anciana para apresarla.

-Los presos serán liberados mañana, si bien es verdad lo que me dices, comprende que no puedo confiarme del todo por lo que dice un testigo así sin más, requiere comprobar e interrogar a los demás antes de que pueda soltarlos- La voz era firme, disimulaba bien el nerviosismo que tenía, todos los altos cargos de la guardia estaban nerviosos por los eventos que sucederían, les gustaría tener los menores problemas posibles al menos durante los próximos días.

-Por favor señora acompáñenos adentro, no se resista tenemos más hombres si hace falta para llevarla con nosotros.- Dijo el teniente mientras indicaba con las manos que la apresaran de una vez.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Katarina el Dom Jun 05, 2016 11:40 am

Todo se había solucionado, más o menos, ese capitán de la guardia parecía tener un enjambre de protectores, ella incluida, y ninguno de ellos tenía la más mínima pinta de guardia, no podía ser casualidad. Pero a ella le daba bastante igual, ni se le había pasado por la cabeza robar el dinero ella sola, en realidad, ni siquiera tenía ni idea de si iba a robarlo de verdad, su estilo era más cercano a la venta de información, un atraco armado era algo nuevo, algo que no tenía claro querer hacer. Pero ya llegaría a eso más tarde, los problemas de uno en uno.

Por el momento, se limitó a ser buena y mantenerse en el techo, donde aparentemente ese beodo capitán no la vio. El resto seguramente sí, pero no se molestaron demasiado en reconocer su presencia, cosa que agradeció. Luego siguió una entretenida persecución disimulada, que provocó en ella una mezcla de risa y pena. Estaba tan encima del capitán que este no la vería salvo que mirara directamente al cielo. Una pena que eso nunca llegara a pasar, la reacción habría sido cuanto menos interesante.

Entonces llego la parte aburrida, no solo tuvo que esperar a que su borracho colega revolviera el almacén de arriba abajo a juzgar por los ruidos, sino que encima le toco vigilar el almacén mientras el resto rebuscaban en algún tipo de acuerdo silencioso. O a lo mejor ni siquiera se habían enterado de que estaba allí… Eso sería un problema. Intento entrar en el almacén a saludar, pero ese edificio de lamentable arquitectura no tenía ventanas. Cada vez que pensaba que esos humanos no podían decepcionarla más… suspiró y espero unos minutos en el tejado del almacén, hasta considero que ya estaban a punto de salir, momento en el que bajo con cuidado hasta la entrada. Se había quedado atrás en vez de seguir al capitán simplemente porque esa figura misteriosa y encapuchada con la que había compartido temporalmente tejado parecía la más competente en robos… no sanguinarios, al menos si se la comparaba con armario con cuernos y el tuerto. Y si se equivocaba y resultaba tratarse de un asesino despiadado y sanguinario… parecía más de su estilo, rápido y grácil, ella preferiría evitar la pelea campal que seguro provocarían esos dos.

Así que espero pacientemente, con su fino oído no debería tener problemas para oírlos llegar a la puerta, aunque la verdad, no tenía claro como presentarse en esos casos. “Hola compañeros criminales, soy Kat, la de la maceta” sonaba tan… simplón. Lo mejor seguramente sería hacer como si nada, como si siempre hubiese estado allí andando a su lado. No estaba acostumbrada a trabajar en algo más grande que una pareja, pero tendría que adaptarse, no podía esperarse que una de las razas más longevas y por lo tanto, poderosas aunque solo fuese por pura experiencia fuese incapaz de relacionarse con un grupito de criminales, eso sería simplemente humillante.

-¿Qué tal la búsqueda?- se limitó a decir finalmente al primero en salir, escogiendo un enfoque directo, una mezcla entre “sé lo que estáis planeando” y “voy a apuntarme”.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Necross Belmont el Mar Jun 07, 2016 5:32 pm

Aunque improvisado, un plan era un plan, y la Hörige había hecho bien en comentarlo. El hombre del parche asintió ante la idea de Khiryn, el ruido dentro del almacén le hacía sospechar de la importancia del lugar, y cualquier cosa que la fémina pudiera encontrar dentro seria de utilidad. Y por la respuesta del tabernero ante la pregunta del cornudo, Necross entendió que su camino lo llevaría al hogar del mareado capitán. Antes de separarse, el ahora Lucard respondería a la pregunta del carnero, al tiempo que lanzaba el puro al suelo, y apagaba su fuego con la bota. -El ojo perdió color cuando vi a una anciana muy parecida a la que estaba en la taberna desnuda. No es algo que recomiende realmente.- Y acto seguido, al ver que el capitán se alejaba, se despidió del grupo con un gesto de su cabeza y comenzó su persecución.

El hombre sin parche agradeció que el juego del capitán se terminara, pues ya no se metía en callejones ni miraba atrás tan seguido, quizás bajo la guardia ya que no se escuchaban el calzado de Rickard haciendo eco. Necross seguía contando los pasos, cada vez que el sonido de las botas del capitán se detenía, el hombre sin parche se escondía, cuando se reanudaba el andar del beodo, Necross miraba de reojo desde su escondite para continuar. Y mientras avanzaba los gritos, el aire de fiesta, y la música de los barcos lentamente desapareció, ahora lo único que se lograba escuchar en las calles era al capitán caminando. El silencio era algo grato, y Necross supo disfrutarlo, aunque  al mismo tiempo la sorpresa de la calma lo llenaba, era difícil creer que en un lugar como Rasg port existiera un rincón tranquilo.

Algo llevaba el capitán en las manos, y ese algo debía ser importante si se tomó el tiempo de buscarlo en medio de la noche. Lamentablemente el hombre sin parche no lograba ver de qué se trataba, solo sabía que algo traía el capitán escondido entre los brazos, y de nuevo, si con su estado actual se decidió a buscarlo, debía ser importante. La plaza quizás sería un problema, era un lugar demasiado abierto como para seguirlo sin ser descubierto. Quizás las sombras ayudarían a ocultar su presencia, pero no siendo un maestro en el arte del camuflaje al hombre sin parche se le haría difícil pasar desapercibido, por suerte estaba siguiendo a un hombre con los sentidos alterados.

Vivir en una zona tranquila debe ser un lujo aquí…- dijo Necross al ver la casa de dos pisos del capitán,  mientras él seguía escondido en las sombras cercanas. Cuando el capitán entro al hogar, el hombre sin parche corrió de inmediato para alcanzarlo, se escondió fuera de la casa detrás de la puerta e intento poner atención a los sonidos del interior. Varios pasos, de aquí para allá, a veces se detenían, a veces parecía devolverse, el caminar del capitán era lo único que se escuchaba, normal era, pues si tenía familia a estas horas de la noche ya debían estar dormidos. Y es por esas mismas sospechas de familia es que Necross decidió no matar al capitán, era más fácil entrar por la fuerza y sacarle la verdad al beodo a base de tortura, más sencillo aun pues en su casa no habrían visitas a esas horas de la noche. Pero el tamaño de la casa le hizo entender al hombre sin parche que la violencia no era una buena idea, no por ahora.

Aun así, cuando estaba decidido a no actuar contra el capitán, Necross no podía simplemente irse ahora que podría conseguir algo de información, por ello cuando escucho que el borrachín subía las escaleras, comenzó a forzar la cerradura de la casa para abrirse paso, vivir junto a ladrones le había enseñado un par de trucos.  El hombre sin parche abrió la puerta lentamente, intentando hacer el mínimo ruido, y así mismo también entraría, no podía dejar de ser precavido.

Los pies se le enredaron con lo que parecía ser una pieza de ropa, de hecho, al intentar ver el oscuro piso entendió que este estaba regado de ropajes. Necross se movía muy lentamente, no sabía muy bien cómo moverse en medio de la oscuridad, además que sus armas al caminar hacían ruido, por ello debía buscar con velocidad, encontrar cualquier información que le fuera útil.  Sobre un escritorio en el pasillo el hombre sin parche encontró un regalo de los dioses. El montón de papeles sobre la madera fueron leídos de inmediato por Necross, acercándose al borde de la puerta para obtener un poco de luz. Los papeles tenían dibujos que parecían ser planos de la ciudad, sin entender mucho sobre los dibujos, pues no conocía la estructura del lugar, el hombre del parche salió de la casa en mapa marcado en la mano.

Necross uso el mismo silencio con el que entro para salir, y una vez fuera, gracias a la luz de la luna, pudo ver mejor el contenido del mapa.  La ruta trazada dentro del mapa comenzaba  fuera de la ciudad, pasaba por edificios que el hombre sin parche no lograba reconocer, dando vueltas innecesarias, siempre manteniéndose por las calles principales. -Empieza fuera del pueblo, esta plaza… no la conozco. Un mercado, otra plaza, el puerto… ¿y entra de nuevo en la ciudad?- Mientras caminaba, Necross le daba vuelta al mapa una y otra vez intentando ubicarse. -¿Es esto… una capilla?- Sabiendo que instantáneamente no descifraría la ruta en el mapa, el hombre sin parche decidió volver sus pasos esperando encontrarse a Khiryn y el resto del grupo, pues entre ellos estaba Rickard, y quizás él siendo oriundo de la ciudad podría reconocer con más facilidad la ruta en el mapa.

Necross guardo el mapa entre sus ropajes, y a paso rápido se devolvió por donde llego.



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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

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