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Un jugoso Botín en Rasg Port

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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Khiryn el Jue Jun 09, 2016 6:38 pm

VII

-¿Pero qué mierda? –Pensé cuando después de unos segundos distinguí sobre las sillas y los armarios trajes de corte religioso. Miré en derredor con rapidez tratando de encontrar a golpe de vista algo que le llamara la atención o que estuviera fuera de lugar; pero en realidad, era difícil decirlo. Aunque la sensación de que todo estaba fuera de lugar me molestaba.

No tardé en percatarme de que era lo que estaba mal en la escena. El olor. El olor estaba cargado de sudores. Sudores de hombre. Podía distinguir varios olores distintos de distintos hombres por aquí y allá. Me tomé la molestia de oler algunas de las sillas sólo para confirmar la idea. Recientemente en ese lugar se habían reunido varios hombres. ¿Por qué?


Miré detenidamente el reloj de arena, como si en el inexpugnable resbalar de sus granos encontrara una respuesta oculta a un misterio, que por el momento, me había atrapado de tal suerte que ni prestaba atención a la fuerte respiración de la cabrá dando vueltas por ahí.

Abrí uno por uno los armarios, sólo para ver si en ellos encontraba algún indicio que me aclarara con qué tipo de gente estábamos tratando. Si podía encontrar alguna camisa, o en general una prenda podría saber si quizás se trataban de soldados o marineros; o quizás agricultores o pescadores. Así mismo, si tenían armas guardadas en ese lugar, saber qué tipo de arma usan podía ser una ventaja si acaso se llegara a entrar en combate. Si poseían armas de fuego, espadas o sables, o cuchillos; incluso, podía ser que encontrara alguna hoz para segar arroz o picos y palas.

Metí cabeza y manos hasta el fondo, y en las esquinas. Quizás no encontraría cosas agradables de palpar, pero debía estar segura. Así mismo, palpé algunas de las ropas de monja, sólo para ver si alguno de aquellos hábitos guardaba algo en algún bolsillo.

Luego, me centré en el escritorio; sin duda el lugar más importante. Tomé un papel con algo que parecía ser propaganda religiosa e hice que Rickard, el tabernero me leyera lo que decía. Luego me guardé el papel entre las ropas. Tomé también uno de los rosarios; lo miré detenidamente pero comprendí que no sería capaz de distinguirlo de otro similar, así que al final lo guardé; para mí, todo podía ser un indicio de algo, y quizás aquellos emblemas sirvieran para diferenciarse con sutileza como grupo del resto de los normales.

Abrí uno o dos cajones del escritorio y revolví papeles sin saber bien que buscar; así que está tarea se la dejé a Rickard y al gigante carnero, quizás ellos podrían ver más de lo que yo encontraría.

Me detuve en un mapa, manchado de tinta. A este paso, debía ser cuidadosa, si la tinta se regaba al suelo, podía pisarla yo, o el carnero, y eso nos delataría, pues con seguridad, aquellos hombres regresarían a ese almacén tarde o temprano.

Por primera vez en la noche, me quité la capa y la capucha; pero conservé el pequeño turbante con el cubría un poco las orejas. Tendí la capa sobre el suelo con cuidado; tomé con cuidado el plano de la ciudad manchado, levantándolo sobre el escritorio y lo moví rápido sobre la capa. Unas gotas de tinta se escurrieron del mismo sobre la capa y fueron absorbidas de inmediato por la tela. Enrollé el plano para que no se estropeara y luego enrolle la capa sobre éste.

Reparé por un momento en el calendario y confirmé que la fecha marcada era la del día siguiente. Finalmente, me detuve de nuevo en el reloj de arena. Lo levanté por un segundo y lo ladee un poco para ver si tras la arena acumulada en el fondo había algo. De inicio no pude ver nada; así que sin más, le di la vuelta completa, esperé un segundo en que la arena revirtiera su caída, revisé para ver si encontraba algo oculto en la arena y luego lo giré de nuevo a su posición original; no había hecho gran daño, quizás, retrasarlo un par de segundos. Lo coloqué en el mismo lugar donde estaba.

Salí del almacén con la capa bajo el brazo buscando una buena candela. Y grande fue mi sorpresa al ver la silueta de una persona justo en la entrada. Ella saludó con su hermosa voz femenina, pero en principio, mi reacción no fue otra que dar un salto atrás y agazaparme en posición defensiva.
De pronto entendí que no buscaba hacerme daño. En una segunda mirada, reconocí a la mujer de la taberna, era la bardo. Ya había sentido que alguien nos seguía desde que saliéramos del Kitty´s Kid; verla ahí lo confirmaba.

Le dediqué una mirada de complicidad, sopesando si sería buena idea confiar en ella o no. En realidad, no tenía nada que perder y ya había confiando en un cornudo de dos metros. -Pues va. Luego de responder con cierta indiferencia, reparé en sus orejas y los rasgos inequívocos de su rostro, ella era un elfo. -¿Eres una elfo, no? –no pude sino sentirme estúpida al recalcar lo obvio con una pregunta. -Ven, quizás puedas ayudarme con algo.

Invité a la mujer, así como al carnero y al humano a seguirme hasta la calle principal en donde había un candelabro con buena luz. Mis ojos eran buenos, pero quizás los de los demás fueran mejores, sobre todo, los de la elfo. Desenrolle el mapa manchado de tinta y lo puse a contra luz. Normalmente, si las manchas eran muy nuevas, podía distinguirse de manchas anteriores hechas detrás; lo que buscaba, era confirmar que la mancha que cubría un cuarto del plano era un accidente y no algo deliberado para ocultar información anterior.

A contra luz, el mapa podía mostrarnos si había algo escrito o algo trazado bajo la mancha. Lo miramos con detenimiento, acostumbrándonos a la luz, y así estuvimos hasta que nos convencimos de que no veríamos de dejarlo.

Regresé al almacén y dejé el mapa justo en donde estaba antes de tomarlo. Convencida de que no encontraría nada más; salí y cerré la puerta tras de mí. Ahora tenía serias sospechas y dudas. Tenía una idea de cómo pasarían el dinero por la ciudad, pero no estaba segura si podía confiar en las personas que tenía enfrente. Aunque ya lo había hecho, era en parte porque no tenía otra alternativa. Aunque bien podría haberme quedado con el mapa, lo más importante era hacer parecer que nada había pasado en el almacén. Si la gente que ahí se reuniera mañana tenía que ver con el dinero, mejor no ponerles sobre aviso de que estaban siendo seguidos.

Tenía muchas cosas en la cabeza. No sabía si debía esperar y vigilar o buscar a Necross y hablar con él. Finalmente decidí por lo último, aunque no sabría si los demás vendrían conmigo; trataría de aclararme las cosas antes de hablar. Caminé concentrada en seguir el olor a whisky del capitán, aunque luego de ese tiempo, mucho del rastro se había ya disipado. No avancé muchas cuadras hasta que llegué a un lugar del que me era en extremo difícil saber la ruta que ambos hombres habían seguido; esperando que Necross hubiera finalizado lo suyo, y estuviera de regreso, lancé un fuerte silbido al aire; mismo que fue respondido a los pocos segundos.

No paso mucho tiempo antes de encontrarme con el hombre del parche y de acuerdo, nos pusimos en un lugar fuera de las miradas de los transeúntes comunes. Necross me habló de lo que había encontrado, en el mapa y en los papeles. Por mi parte, compartí con él también la información que pude sacar del asunto así como algunas de mis teorías. No coincidíamos del todo; yo pretendía investigar el lugar en el mapa en donde comenzaba el viaje; Necross por su parte, daba por sentado que el final en la capilla sería el mejor lugar para realizar el atraco. Hasta donde sabíamos, eso podía ser cualquier cosa, y yo me negaba a esperar en la capilla por algo que podría no ser nada de mi interés.

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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Medielvoulder el Lun Jun 13, 2016 7:06 pm

Todos los movimientos que él y a quienes acompañaba habían tomado les llevaron al almacén, a los hábitos y al mapa. El mapa anunciaba una ruta de borracho desde fuera de Rasg Port hasta una iglesia, y los hábitos, bastante lejos de sus acólitos y el lugar sagrado no parecían otra cosa más que disfraces. «¿El dinero será entregado a la iglesia por una carreta que recorrerá un camino serpenteante por todo Rasg? Vaya mierda más rara.»
Medie no le dio muchas más vueltas al sitio, la pequeña hörige había hecho un trabajo espléndido y se dedicó a meditar sobre su próximo movimiento, la carreta era la respuesta que buscaban, o el punto donde las preguntas comenzaban nuevamente, pues podría ser una sencilla treta del capitán de la guardia para que quienes buscan el dinero tengan un hueso para roer, o ser en definitiva la precaria manera que tendría el reino de pasar el dinero.

La puerta se cerró a su espalda. El almacén logró quedar con la menor cantidad de rastros posible, casi parecía que nunca estuvieron allí un macizo de dos metros de alto y otro de uno de ancho.
El mestizo escrutó sus cartas, Rickard Belmont no había servido de mucho luego de salir con su ancha panza a dar tumbos con sus chalas por el puerto, ni siquiera conocía el almacén, era una lástima, estaba perdiendo importancia en la búsqueda y el mestizo comenzaba a mirarlo con otros ojos.
También estaba la pequeña de las patas de gato y el tal Lucard, dos quienes se conocían y por ende podrían trabajar juntos para el mal del mestizo. Y también estaba la bardo que apareció de la nada y nadie le había echado todavía por la nula amenaza que constituia aunque fuera una elfa. Pero entre más cerca del dinero estuvieran, antes o después comenzarían todos los sobrantes a ser cortados.

Cuando salió del almacén era el momento de decidir.
La carreta puede o no ser una trampa, solo hay una forma de averiguarlo. Iré hasta la plaza en las afueras con Rickard, pondremos un obstáculo en el camino y veremos cómo actúan quienes salen de ella. Si salen soldados armados, gente normal o algo extraño, volveremos para informar.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Gerarld Amattore el Lun Jun 13, 2016 7:26 pm

La noche era calmada, pacifica, silenciosa. De repente, como que todo había acabado. Ya quedaban menos borrachos por las calles, menos putas trabajando. La gente se iba a dormir, los locales cerraban, la gente era despachada.

El grupito estuvo un buen rato rebuscando entre los archivos, y la mujer que antes tan alegremente tocaba, se cansó de seguirlos y se unió al grupo presentándose de forma casual. La situación era extraña, no conseguían entender del todo que ocurría, rebuscaron entre ropas, armarios, no quedo ladrillo sobre ladrillo en la búsqueda de aquel lugar, que aun así volvieron a colocar relativamente como estaba al principio.

No sabían cuánto tiempo estuvieron ocupados ahí dentro, pero una vez afuera se dieron cuenta de que había menos ruido en la ciudad, que se iba apagando.

El mapa manchado fue examinado con detenimiento, la verdad es que poco podía verse donde estaba la mancha, aunque la elfa con mejor vista y ayudada con la luz de las lunas podía distinguir que estaba redondeado una zona con tinta, lo que no sabía era que se trataba de la capilla.

-No me hago a la idea de que exactamente quieren hacer esa gente, pero mañana es un día importante en Rasg Port- Interrumpió el panzón tabernero después de un tiempo pensando para sus adentros que podría ocurrir, intentando atar cabos.

-Mañana es el día de la Procesión de la Virgen de Rasg Port. Una mujer santa en los inicios de la historia de esta ciudad cuyas acciones quedaron plasmadas en la misma historia. Rasg Port es una pocilga, pero hasta en los barrios bajos hay Fe en la religión.- Concluyó.

El tabernero dio algunos detalles más de aquel evento, e informo a la tropa. Todos los años en la misma fecha, una Estatua de la virgen baja de la colina, recorriendo la ciudad, para bendecirla con su presencia, y acabando su viaje en la capilla. Donde se quedaría hasta el año siguiente.

La procesión era llevada a cabo por el párroco de la capilla y las monjas de la misma. Como bien había dicho antes Rickard, la Fe estaba muy presente en la ciudad, y había muchas monjas repartidas tanto en la capilla, como en un par de conventos. Esta marcha eclesiástica solía comenzar cuando el sol, brillaba entre las ventanas de la capilla y alumbrara el lugar donde debía de encontrarse la estatua. Lo cual solía ser un par de horas después del amanecer.

No hubo mayor altercado durante el tiempo que estuvieron fuera ni tampoco al encontrarse de nuevo con el hombre sin parche. El tabernero Belmont volvió a repetir la historia, para que todos quedaran informados de todo.

Pero la calma, es solo una ilusión del destino en el tiempo que tarda en volver a entretejer sus trampas en redes invisibles para el ojo mortal. Pues solo el destino o los mismos dioses pueden prever que puede ocurrir cuando el azar de las cosas se involucra en las vidas de las personas. Quien iba a pensar que los actos ocurridos esa noche podían conllevar a ese desenlace? Nadie lo pensaría pero poco a poco, entre las casas, a lo lejos, se veía una columna de humo que se ensanchaba más y más, y se hacía más grande. Aun tardarían un poco en darse cuenta, si es que se daban cuenta. Pero poco podrían hacer. El destino ya había sentenciado aquel lugar.

/////////////

Al tiempo, en una zona cercana, una vieja que intentó oponer resistencia a su arresto, era derrumbada al suelo. No se sabía muy bien que paso. Al parecer la anciana fue a buscar algo en su escote, un movimiento sospechoso, y el novato de turno, nervioso… apresuro a caer sobre ella. Ante este acto el resto de guardias solidarios se sumaron y ayudaron a arrestar a la anciana, que durante la caída se había escapado medio pecho de entre la ropa y horrorizado a los guardias con tal vista que la metieron en el calabozo sin pensarlo dos veces… ya la interrogarían cuando se sintieran más animados para enfrentar a semejante personaje.
Por su parte Hemmi estaba a punto de partir cuando volviendo unos guardias sudados y con la cara llena de hollín, cansados.

-Hemos logrado sofocar el fuego… testigos dicen que puede haber sido cosa de una mujer- Dice uno de ellos al llegar, y se quedó mirando a la ninfa de fuego, intentando atar cabos de por que quería aquella mujer ahí.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Katarina el Jue Jun 16, 2016 4:11 pm

No necesitó precisamente un inventario detallado para hacerse una idea de cómo iba a llegar el botín, le basto con los disfraces y la propaganda religiosa. ¿Seguían siendo disfraces si eran auténticos, de monja? Seguramente no… Pero una vez el tabernero dejó caer que mañana era una fiesta religiosa, con una Procesión… la peliblanca no pudo evitar sonreír, prácticamente estallar en carcajadas. Tan… impío, tan horriblemente erróneo. ¿Quién iba a robar el botín si iba dentro de la Virgen? Ese alguien tendría que enfrentarse a los guardias Y a una marabunta de fanáticos. Claro, existía alguna otra oportunidad, pero eso era exactamente lo que ella habría hecho, y sinceramente, parecía la mejor.

Iba a robar el botín, eso estaba claro, antes solo era una idea, pensaba obtener la información y vendérsela a alguien, pero ahora era personal, ninguna raza se tomaba más en serio la religión que los elfos solares y, aunque nunca se había interesado demasiado en esos temas cuando estaba en casa, “no demasiado” implicaba cierto grado de espiritualidad para los estándares humanos. Usar la fe de la gente, el temor divino al castigo para tus propios fines era incorrecto, una herejía, el botín iba a desaparecer, la pregunta era ¿antes o después de que lanzara una hordade radicales contra ellos? Un par de palabras por aquí y por allá y estaba segura de que toda esa fe desaparecería como el humo, habría una batalla campal. Si esa hubiera sido una ciudad decente podría haber planeado el golpe encima de una entrada a las cloacas, para así desaparecer con el botín en medio del caos, pero ese pueblucho… dudaba seriamente que hubiesen siquiera letrinas.

Mientras la elfa planeaba sus robos magistrales, una de los miembros del grupo solicito su ayuda, una mujer, sin duda, ahora que estaba tan cerca no había manera de que su aspecto o voz la confundieran. –Oh, ¿ahora soy una lupa?- se limitó a decir bromeando mientras fingía un tono de enfado, aunque realmente le basto un vistazo. –La mancha ha caído sobre algo, no creo que sea casualidad, pero tendrás que seguir el mapa para saber qué diablos es.- Los tejados serian la manera más fácil, te subías al edificio más alto que encontraras, mapa en mano e intentabas encontrar coincidencias, podría saber qué diablos era por simple eliminación.

Kat se disponía a volver a la taberna para dormir unas pocas horas cuando el tipo el parche se le acercó.

-Elfa, vendrás conmigo. Siendo bardo siento tendremos una ventaja.-

-¿No soléis esperar a que la chica diga “si quiero”?- No era la única que había sacado conclusiones, nada mal… -Tengo que buscar mi laúd primero.- Mañana estaría muerta de sueño, pero ya dormiría hasta justo antes del golpe, daba igual, no iba a quejarse si para el final del día estaba forrada.

Lo que en ese momento no sabía era que efectivamente, no iba a dormir esa noche, al menos no en su habitación, puesto que en cuando llego se encontró la taberna en llamas. -¿Qué clase de inútil…?- Daba igual, su habitación no se había quemado, aún, era la última del pasillo, y tenía la ventana abierta…

Antes de que se diera cuenta, ya había trepado y estaba abriendo la ventana a su habitación. No había estado allí prácticamente, así que todo estaba perfectamente recogido. Un baúl salió volando por la ventana, casi todo ropa y libros, relativamente ligero incluso para ella, además de mullido, sus contenidos iban a estar bien, solo le faltaba el laúd, por lo que agarro su instrumento y se fue por patas, puesto que el suelo empezaba a estar demasiado caliente para su gusto.

En nada estuvo al lado del tipo del parche, jadeando ligeramente por la falta de aire y con un ligero olor a carbonilla en el pelo, la ropa… en todas partes en realidad. –¿Crees que la iglesia acogería a una pobre peregrina que acaba de perder su hogar?-

-¿Peregrina? Sabía que era buena idea traerte, vamos.-
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Medielvoulder el Vie Jun 17, 2016 1:07 am

El frío y dulce susurro del mar comenzaba ya a reptar por las calles del puerto, sus dedos de bruma y su mirada de témpano pronto helaría hasta los huesos a los desafortunados que aún osaban andar por las calles. Sólo los más aguerridos borrachos y las prostitutas de cuero duro, quienes aún aprovechaban la noche serían capaces de soportar el aliento del océano. El frío acompañado de la subida de la marea era esperable a cierta hora de la noche, ya había pasado más de una hora de la campanada que anunciaba las tres de la mañana, seguramente eran cerca de las cuatro y cuarto. La procesión comenzaría cuando el sol estuviera coronando el cielo, aún tenían unas cuatro o cinco horas para actuar.

El grupo se dividió nuevamente, Medievoulder indicó su siguiente movimiento, ir a dormir. Avisó que mañana estaría fuera de la capilla, o dentro, con suerte, luego de que las celebraciones terminaran podrían averiguar si la virgen estaba rellena de oro.
El grupo se separó, el mestizo dejó atrás a sus compañeros, el olor del humo llegó de pronto reptando por la calle junto con el frío, Rickard no lo pensó dos veces y al ver naranja por sobre las casas en la dirección de su taberna corrió como nunca se hubo visto antes. «Que bueno que se largó, casi le corto el cuello.»




Unas cuadras más arriba, en algún sitio cercano al final del pueblo el mestizo avanzaba con determinación férrea. «Un caballo, mi reino por un caballo.» Se metió por una vacía y silenciosa calle y entró a lo que parecía ser por fuera las caballerizas de una casa noble. Para su suerte la gente que tiene poder suele creer que ni siquiera el robo las puede tocar, y el sitio estaba muy mal cuidado. Encontró dos rocines y un caballo de trote en la oscuridad, escogió el que parecía podría soportar su peso mejor. Agarró de la pared todo lo necesario para su plan. Salió a la calle con una silla bajo el brazo y las rindas en la mano, avanzó con el caballo tratando de parecer un inocente. Ensilló la bestia unos metros más arriba y cabalgó a toda velocidad por la calle principal que mostraba el mapa. «¿Era por aquí?»

Se perdió, no habrán sido más de cinco minutos los que demoró en hallar una persona que le diera indicaciones.
Hey, buenas noches. ¿Me podrías indicar por cuál calle se sale del puerto?
Debes subir dos calles por la esquina siguiente encontrarás una pequeña plazoleta, la cruzas en diagonal y luego sigues por la calle principal al norte. No serán mas de cinco minutos a caballo.
Gracias. —El mestizo giró su montura.
Espera.
¿Qué?
No te dejarán salir. Hay unos guardias apostados en la salida.
¿Por qué no me dejarán salir?
Conocen el caballo de Sir Eddmond.
¿Qué…?—El mestizo miró su montura, un caballo ruano, de color chocolate bajo las farolas, con las patas y el morro de color de la  leche—… mierda.
Llévame contigo, yo desviaré su atención.
El mestizo la miró de arriba a abajo. Era bastante bonita, quizá tenía unos veintitantos, lozana, cabello largo y brillante, y un quimono sacado de alguna isla cercana. Era la prostituta más hermosa que hubiera visto… en toda su vida.
¿Qué harás?
La muchacha sonrió de una manera que hubiera eclipsado el sol.
Dejámelo a mí.

El mestizo hizo un espacio en la silla, el caballo se encabritó cuando ella se acercó a él. Ambos cabalgaron a la salida de Rasg, el ruano tenía unos ojos llenos de miedo pero el mestizo sabía mantenerlo a raya, Medie no había sentido en meses a una mujer tan cerca, el cabello de la muchacha era una bandera negra y castaña que golpeaba en su pecho y cara, él se embriagaba en su olor, y disfrutaba la cercanía de su cuerpo. Tenía las manos al rededor de su cintura para poder sujetar las riendas y ella se aferraba a la silla y la crin del animal, mirando brevemente por sobre el hombro con una sonrisa.

Cuando llegaron a la salida del puerto no había ningún guardia, pero el mestizo no quería dejar que la muchacha se le escapara.  «¿Se molestará si le pregunto cuánto cobra? ¿Cómo le puedo decir...?» Rasg Port fue quedando atrás, el mapa había especificado que por ese camino vendría el carro, siguió cabalgando apretando su cuerpo al de ella con cada sacudida. «¿La llevaré conmigo? ¿Por qué no dice nada, no le molesta que me la esté llevando?... Mierda, ¿Por qué pienso tanto?»  La muchacha lo miraba de reojo y sonreía. Al fin habló.
¿Qué haremos? —preguntó con un tono casi juguetón.
Tengo un pequeño trabajo que hacer en el camino —Habían recorrido ya casi unos quince minutos desde la salida del pueblo, era un buen sitio para plantar una trampa.
Detuvo el caballo, bajó a la mujer y luego saltó. Por raro que pareciera se le había quitado el cansancio de la noche, no sabía si era la cabalgata o la muchacha lo que le había acelerado el pulso.
¿De qué va tu trabajo?
Pues.... —«¿Cómo se lo digo sin que suene sospechoso? Es imposible.»—. Algo, no es necesario que sepas más.

Apeó el caballo a la orilla del camino, miró los árboles a la luz de la luna azul y eligió dos que tenían buena pinta de ser derribados. Sacó una cuerda que robó de las caballerizas y amarró un árbol al caballo, luego le atizó y con la fuerza del animal sumado a su empuje derrumbó el frondoso abedul. Desamarró el tronco y repitió el proceso con el segundo árbol escogido.
¿Los pondrás en el camino? Parece que quieres hacer un contratiempo.
El mestizo miró a la mujer, «¿Y si follamos y luego continúo?... Quizá así se calla.»
Si quieres me puedes esperar un poco más allá. No encenderé un fuego, pero ten. —Se sacó la capa y se la lanzó. —Para que te abrigues.

Si quieres te puedo ayudar. —La capa del mestizo le quedaba como una manta, su blanco rostro destacaba contra la oscura tela.
Ya había puesto un abedul en el camino, ahora faltaba el otro, iba a colocarlos cruzados para que el follaje cubriera la mayor parte posible. Necesitarían varias personas para mover los árboles, y si esas personas iban armadas, eran soldados o guardias en vez de monjes o monjas, el mestizo sabría que el dinero estaría ahí.
No, no hace falta. El árbol pesa más de lo que parece. No te preocupes, ya casi termino.
No me refiero al árbol, sino a la emboscada.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Necross Belmont el Lun Jun 20, 2016 6:20 am

¿Qué era más fácil? ¿Encontrar el misterioso dinero o que los demás decidieran traicionarlo? Aquella pregunta se repetía una y otra vez dentro de la cabeza de Necross, su paranoia hasta el momento solo le permitía confiar en la Hörige, del cornudo y el tabernero aún no se fiaba. Un silbido que hizo eco por las calles lo alerto sorpresivamente, y en menos de un instante lo respondió. Cualquiera podía silbar,  eso es cierto, pero habían ciertas maneras de hacerlo que podían hacer entender algunas cosas, el silbido era similar al que él usaba cuando luchaba junto a Foxhound.

De inmediato el hombre sin parche compartió la información que tenía, quizás Khiryn, siendo mucho más analítica, podría descifrar la extraña ruta dibujada en el mapa. Pero Rickard resulto ser más útil, pues con lo que conto sobre el día siguiente Necross se hizo una idea de lo que podría pasar. Fue hasta un par de minutos después que el hombre sin parche noto un nuevo personaje en el juego. - ¿Y esa quién es?- Preguntó al aire, apuntando con la cabeza a la elfa. Le hicieron entender que aquella elfa, aparte de ser bardo estaba también en la taberna del gordo Belmont; Necross hizo amago de intentar recordarla a ella o a la canción que tocó, pero no logro nada.

El hombre sin parche se le acerco a la elfa, pensó de inmediato que ella le sería útil, pues con música y la calma de esta misma se podía abrir cualquier puerta. De inmediato se pondrían en marcha, pero antes de partir Necross le comento a Khiryn que antes del amanecer debían reagruparse, él debía saber dónde ella pasaría la noche y que es lo que haría, para luego regresar y planear todo. El volver a la taberna tomo poco tiempo, quizás se debió a que ya no debían seguir a un borracho capitán. Durante el camino no hubo palabra alguna, solo un suspiro de sorpresa cuando dos calles antes de llegar se podía ver la humareda y los colores del fuego reflejados en el cielo.

La elfa se apresuró  en llegar, el hombre sin parche se vio obligado a seguirla al mismo paso, luego este alcanzo a notar como ella con gracia y habilidad subía por los tejados hasta llegar al segundo e incendiado piso de la taberna, luego se metió por una ventana, y se quedó un tiempo allí. -Vaya…- Dijo con sorpresa mientras la veía subir, y antes de saltar hacia un lado, esquivando un inminente baúl directo a su cara. La elfa regreso al lado de Necross con un comentario iluminador.

El hombre sin parche se quedó con el mapa que robo de la casa del capitán, y uso este mismo para buscar el camino hacia la famosa capilla, siempre viéndolo en lugares donde estaba seguro que la gente no se veía, paranoico era. Las primeras calles eran silenciosas, solo los pasos de los futuros ladrones perturbaban el silencio, Necross  miro al cielo y asumió que la media noche había pasado hace mucho.  Mientras caminaban el hombre sin parche pensaba en alguna excusa que usar para ganar acceso a la capilla, la música y la razón principal para traer a la elfa ya no era una opción. Durante el incendio, o quizás en el momento en que la solar bajo del tejado, el laúd se vio comprometido; las cuerdas se rompieron y se podía ver la madera dañada, pareciera que durante el incendio algo le cayó encima.

-Lamento lo de tu laúd.- Dijo a secas, apresurando el paso, pues la capilla del mapa estaba frente a ambos. -Soy… Lucard, por cierto.- Comento antes de golpear la puerta principal varias veces, hasta que alguien abrió y salió.  Una monja aparentemente más vieja que el mismo tiempo pregunto qué quería el hombre sin parche; este con congoja y falsa angustia le explico a la anciana que necesitaba un lugar para dormir. El bullicio de Necross y sus mentiras causaron que mas monjas se acercaran, y entre todas explicaban que no podían aceptarlos. -Pero por favor… acabamos de perder todo en un incendio, solo a mí y a…- El hombre sin parche carraspeo la garganta pues no se le ocurrió una mentira para la elfa. -Ella tuvo suerte de salir del fuego con vida, realmente no sabría qué hacer si… si la hubiese perdido.- Ahora sollozaba, quizás su mentira estaba demasiado sobreactuada.

De cualquier manera una de las ancianas, quizás conmovida por las estupideces de Necross, entró en la capilla y a los pocos minutos salió con dos mantas; Le darían cobijo a elfa y humano, pero no dentro de la misma. Los llevaron detrás del lugar, pues allí tendrían un lugar donde podrían pasar la noche, lamentablemente el recinto no tenían conexión con el edificio principal, por ello  el hombre sin parche se puso a pensar de inmediato en cómo podría investigar el interior de la capilla. Una vez que las monjas le enseñaron al par donde pasarían la noche, con una bendición y una sonrisa se despidieron. -Dormiremos una hora cada uno, no sé muy bien qué hora es pero tenemos hasta antes del amanecer. Necesito pedirte algo, necesito que de alguna manera entres en la capilla; solo que veas que hay dentro, porque tanto hermetismo. Si lo haces, cuando llegues será tu turno de dormir.-

Necross no sabía si ella aceptaría su petición, pero por ahora sus habilidades y piernas largas servirían más que el mandoble y la magia de electricidad. El hombre sin parche se acomodó y se cubrió con una de las cobijas que las monjas le habían entregado, pero realmente no podría dormir, no cuando su mente está concentrada en otra cosa. Probablemente lo máximo que logre es dormir media hora, quizás diez minutos; lo lograra o no, después del descanso de la elfa volvería con la Hörige y el resto para compartir la información y planear el atraco.



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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Hemmi Chinaski el Mar Jun 21, 2016 3:29 am

La señora fue arrastrada con todo y gato hacia lo profundo de la comisaria por más guardias de los que uno esperaría tratándose de una octogenaria, obesa, loca, y extraña humana.
Ya que tienen a la culpable. ¿Me harían el favor de soltar al grupo de nobles hombres que encerraron injustamente? —Sonreí melosa y acompañé mis palabras con unos cuantos parpadeos insistentes, como si me hubiera entrado ceniza a los ojos.
Aquí no hacemos ningún favor. Esos hombres se quedarán donde están. No todos los días nos podemos dar el lujo de tener calles limpias.
Tonta de mí, esperaba que con mi sutil movimiento soltaran a mis leales compañeros. Al ver que no me movía, el guardia prosiguió.
Es tarde, será mejor que te retires. Mañana temprano se investigará el asunto, nadie saldrá hasta que todo quede esclarecido.

Bufé molesta, sabía que la justicia era una bosta en aquel sitio, pero esperaba al menos que no pasaran la noche allí.

Altanera, solté un improperio por lo bajo y giré en redondo para dejar de ver la cara de aquel idiota. Y antes de dar dos pasos lejos de allí me topé con varios guardias que regresaban tiznados y sudorosos.
… Fue una suerte.
Para la próxima no lo lograremos. Hay que tener un aljibe…
Se detuvieron frente a mí. Todo parecía notar que habían logrado detener un amago de incendio, por la dirección en que venían y mi anterior movimiento no había que ser un gran matemático para deducir que se trataba de Kitty's.
El guardia más cercano a mí me apuntó con su guante.
Este encanto encaja bastante bien con la descripción de la mujer que vieron rondando las ventanas de la taberna antes del incendio.
¿Yo? No lo creo, yo no he estado cerca de Kitty’s en semanas.
Ya veo…
Un momento. ¿Quién te dijo que trataba de Kitty’s?
Pueees. Las noticias vuelan por aquí. Me lo contó Carlotta, la del Ponny Saltarín, me la encontré en la calle hace un rato…
Solté mi sonrisa más angelical y me deslicé calle arriba, en sentido contrario.

Ya comenzaba a hacer un frío de perros, tendría que darme una buena vuelta para regresar a casa desde allí, así que para esquivar la bruma costera caminé rápido bajo las vacías calles, alumbrada nada más que por los faroles. De pronto oí cascos, por los adoquines apareció la inconfundible figura del enorme hörige mitad chivo sobre un caballo muy refinado para él. Se detuvo y me pidió indicaciones para salir de la ciudad. ¿Ya se largaba? ¿Habría logrado conseguir ya el dinero o al menos la información que necesitaba para asaltarlo? Inventé algo rápidamente para poder ir con él, ser muy hermosa suele ser de ayuda en muchas ocasiones, como esa. En cuanto brinqué a la montura ya había olvidado de quien había dicho que era, la mentira funcionó a la perfección. Cabalgamos muy pegados, quería mantenerlo atontado para poder preguntarle sobre el dinero.

¿Quién podría ser tan ingenuo como para recoger a una extraña en la madrugada y, luego de notar que mentía, seguir con ella? Miré al carnero con una sonrisa a medio camino de la picardía y la ingenuidad, traté de parecer lo más sorprendida cuando pasamos por la salida, evidentemente nunca hubo ningún guardia apostado, ni siquiera había una garita.
Saltamos fuera la Rasg Port, sus brazos eran dos fuelles de puro musculo entre mi cintura, abrazándome con la excusa de querer coger las riendas. Mantuve pegada mi espalda a su torso y mis caderas se movían al ritmo del golpe de los cascos, necesitaba averiguar si el maldito tenía al menos una noción de donde estaba ese dineral.

Nos detuvimos no muy lejos de la salida, le lancé algunas preguntas sencillas pero se mostró algo reticente, comenzó a derribar un árbol, iba a bloquear el camino, ¿acaso sabía que el dinero venía en camino? Pero entonces, ¿dónde estaban los demás extranjeros? Traté de mostrarme útil, me lanzó su manta y a falta de algo mejor me la calé.

Si quieres te puedo ayudar.
No, no hace falta. El árbol pesa más de lo que parece. No te preocupes, ya casi termino.
No me refiero al árbol, sino a la emboscada.

Necesitaba mostrarme capaz de aportar en algo en una escaramuza y a la vez lo suficientemente indefensa para que pensara que no iba a significar un problema para él después. Me quedó mirando aún sin entender. Abrí su capa y le mostré mi cadera ladeada lo suficiente para que sobresaltara la katana en su vaina.
Una chica se debe saber defender —una de mis sonrisas de autosuficiencia iluminó mi rostro.
El hörige sopesó mi propuesta. Había duda en sus ojos, apartó su vista y terminó de arreglar su trampa. Una vez lista se limpió las manos en la ropa y se acercó con aire interrogante.
¿Cuál es tu nombre? —dijo una vez estuvo casi sobre mí. Su porte era tremendo y su sombra me cubría tenebrosa. El cielo aún aportaba con su luz pero era demasiado poca en ese instante. Inspiré profundo, tuve un pequeño escalofrío, y contesté tratando de mostrarme todo lo tranquila que pude.
Hemmi. ¿El tuyo?
Medielvoulder — Lo miré un tanto apenada, ¿Qué amo tan malvado lo habrá castigado con ese nombre?
Quiero que me demuestres si sabes usar la espada. —Su voz era oscura y fría.
¿Cómo? —mi voz se cargó de incertidumbre. Sacó su espada, di un paso atrás.
Desenvaina. Quiero conocer tus aptitudes.
¿Estás loco? —gruñí asustada. Di otro paso atrás, hacia el caballo.
Si tienes miedo, vete. Ahí está la montura de Sir Eddmond. No me puedes ayudar si tienes miedo.
Yo no te temo —solté enojada, maldito idiota, ¿quién se cree? Lo miré detenidamente. No era más que un atajo de músculo sin cerebro. Yo había luchado contra cosas peores que él... Apenas se acercara lo abrazaría.
Veamos qué rayos te propones. —Suelo ser temperamental, rayos, es algo que me llevará un día a la locura. Estaba cruzada de brazos frente a él, mi miedo se había diluido.

Tiré la capa y desenvainé mi katana, él se puso en posición de defensa.
Ven, ataca, sólo me defenderé. Si logras herirme podrás quedarte aquí y ayudar.
Bien. ¿Sólo tengo que herirte?
Sí. —El cornudo afianzó las botas en el suelo, puso su espada delante de él, su redondo escudo aún reposaba en su espalda.
Esto será muy sencillo —dije con una media sonrisa, él se impregnó de ella y me la devolvió.
Eso lo quiero ver —su voz era confiada.
Bajé la punta de mi katana, levanté mi mano y apunté a su frente mi dedo índice.
¿Qué haces?
El Toque de Fuego que proyectó mi dedo quemó su piel al instante, traté de que no fuera tan fuerte, el hörigue aulló como un lobo a la luna y se llevó la mano libre a la frente envuelto en dolor.
¡MALDITA SEAS! —Ladró.
Creo que estoy cualificada, ¿no?

Escondimos el caballo a unos diez metros del camino y nos cubrimos con su capa al margen del camino, agachados entre arbustos que nos ocultaban en las sombras. Hacía algo de frío, creo que casi se puso nervioso cuando me acerqué a él para compartir calor. No quería encender mi fuego porque no quería lanzar todas mis cartas sobre la mesa, así que el frío fue nuestra segunda piel mientras esperamos a que llegara la corazonada del chivo, una carreta con el supuesto dinero, si lo ayudaba serían cincuenta y cincuenta, quedamos de acuerdo en no matar a nadie si no era necesario, o sea, asesinaríamos a alguien de seguro. Le mencioné que posiblemente tuvieran armas de fuego, pero se mostró confiado en el elemento sorpresa. El cornudo parecía un buen tonto, me cayó bien, creo que podría quedarme con todo el dinero y matarlo si me lo proponía.
Dormiré un poco hasta que llegue. Necesitaré la energía. —susurró, como si hubiera alguien más en aquel desértico camino a las cinco de la madrugada.
Bien. —Dije. Nuestros hombros se tocaban, su cuerpo despedía un olor a sudor bastante fuerte, pero llevaba algún tiempo en Rasg Port y uno se acostumbra a esas mierdas, iba a decir algo, pero de pronto lo oí roncar quedamente.


Última edición por Hemmi Chinaski el Jue Ene 12, 2017 2:05 am, editado 1 vez


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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Khiryn el Miér Jun 22, 2016 1:03 am

VIII

Pocas en concreto se podían sacar de todo el asunto; salvo que era tarde. Si bien todos después de reunirnos y hablar habíamos sacado conclusiones particulares, no teníamos definido un único curso, y cada quien se decantó por seguir sus propias corazonadas; situación por la cual finalmente el grupo se dividió nuevamente. Misteriosamente, nadie se había preguntado de nuevo por la anciana del bar. Situación que me hacía sentir incómoda. Como si toda esa escena surreal hubiera sido sólo imaginación mía. Ahora, a esta hora de la mañana, eso parecía tan lejano.

Lo único claro que yo tenía de todo esto es que el día había sido jodidamente largo, estaba fastidiada y confundida. Me pesaba el cuerpo y sentía dolor en el hombro derecho; pues mi cuerpo no se había acostumbrado aun al peso nuevo de mi brazo metálico. Me llevé la mano izquierda al hombro y comencé a masajearme mientras caminaba de regreso a la extraña bodega en la sola oscuridad de la noche. No podía hacer realmente nada más por ese día, y con el resto de grupo cubriendo algunos de los posibles escenarios, decidí regresar a ese lugar para vigilarlo.

No tenía bien ideado como vigilar y dormir al mismo tiempo, y por un momento tuve temor de quedarme dormida y no despertar sino hasta ya muy tarde. Entre tanto, pensaba que la información del tabernero era valiosa pero había llegado tarde. Quizás era nuestra culpa, y sin embargo, el estúpido tampoco había dicho nada. Decidí que no confiaba en él. Él era de ese pueblo, era amigo del capitán; y si robaba y era sorprendido sería más complicado para él salir bien librado. No, seguro era un soplón.

Él ahora conocía nuestras caras, y hasta nuestros nombres. Nos había visto pelear en más de una ocasión. Sentí un leve estremecimiento en la espalda sólo de imaginar la posibilidad de ser arrestada en este maldito lugar por culpa suya. Después de todo, ¿Por qué querría ayudarnos? Él no ganaría nada dividiendo el dinero y nosotros habíamos despedazado su taberna. Sin duda, sería más productivo para él espiarnos y luego entregarnos por una recompensa. Casi llegué a la conclusión que de volverlo a ver, debería atacarlo. Algo no pintaba bien en todo este asunto, o yo me estaba poniendo nerviosa sin razón. Bueno, a decir verdad, aun no hacíamos o al menos yo no había hecho nada malo. Incluso, había ayudado al capitán, así que al menos por el momento, a menos que las leyes fueran muy blandas, no estaba en peligro de ser apresada. No más de ser atacada por algún navajero en las calles apestosas y húmedas de rasg port.

Por el camino, vi una botella vacía, sin duda, el recipiente de los amores alcohólicos de algún ebrio de la cuadra. Tan pronto la vi, supe cómo hacer para no quedarme dormida. Caminé entonces por la calle vacía hasta el frente de la puerta del almacén, y justo ahí, al pie de la puerta rompí la botella contra el suelo. Luego usé la parte plana de una de mis cuchillas para hacer los pedazos un poco más pequeños y más numerosos y los esparcí por cerca de la puerta. El plan era simple; cuando alguien caminara por encima de aquellos vidrios con sus botas o calzado, pisaría los vidrios rotos, provocando que estos se rompan y crujan; yo trataría estar alerta a ese particular sonido. Si no, bueno, trataría de estar alerta de todos modos y dormir con un ojo abierto.

No con facilidad trepé la pared de enfrente al almacén; que correspondía a la parte de atrás de no sé bien que edificio. Como era de esperar, su techo era inclinado para dejar que el agua escurriera; y tratando de no hacer ruido, me acomodé tapada con la capa lo mejor que pude para no resbalar y caer y para no pasar tanto frío. A pesar de lo tarde que era, supuse que esta sería una noche larga.

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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Margaret Orgaafia el Sáb Jun 25, 2016 4:38 pm

El edificio donde trabajaba y vivía la guardia de la ciudad podría haber sido edificada mejor, era un hecho. El edificio principal era un batiburrillo de pasillos claustrofóbicos y habitaciones sin luz, que intentaban imbuir a quienes lo pisaban con el típico ambiente policial. Fracasaban terriblemente y los que pisaban las habitaciones acababan con un deficit de vitamina D, la sensación de haber pasado por una sauna y que lo que se gastaba la guardia en velas era un delito para las arcas de la ciudad.

En ese mismo edificio, aun en la oscuridad de la noche, dos jóvenes cadetes deberían marcharen dirección a los calabozos con el peor criminal de la historia. Se llamaba Arranca-muelas, culpa de unos padres poco imaginativos y un incidente muy violento en el parvulario, y lo habían detenido por daños a la propiedad pública, conducta indecente y violentar a varios caballeros, señoras y caballos en la vía principal al prepararse la cena. Era un criminal sumamente violento y peligroso, por lo que el camino a las celdas debía de estar plagado de tensión. Si no fuese por la presencia de una anciana a su lado, con la que charlaba animadamente.

- Y,  asi haces un perfecto rissoto...-dijo la señora, ante la mirada atenta del criminal – todo lo atenta que podía estar su mirada considerando que un ojo estaba en el abismo y el otro en el paraíso-. Habían incluido a la anciana en el último minuto para ir al calabozo, por lo que esa extraña pareja se había unido. Al principio, los jóvenes habían temido por la seguridad de la mujer, pero tras unas mirada entre ambos presos, una lucha encarnizada de insultos en diferentes idiomas y una charla sobre cocina parecía más un paseo entre una anciana y su nieto. El hombre asintió ante la última afirmación de la anciana, al parecer la receta le agradaba.

Los dos guardias que los respaldaban no sabían que hacer con esa pareja. ¿Los separaban? ¿Los dejaban en el mismo sitio? Normalmente, a las mujeres se las colocaba en estancias separadas a los prisioneros o en habitaciones individuales, pero la señora había insistido en entrar con el resto de los prisioneros. La señora estaba loca.
Finalmente, llegaron a los calabozos. Era una habitación enorme, pero que se encontraba dividida con verjas y paredes de madera y piedra mal colocada, hechas según crecía más la población de delincuentes. Un silencio tenso se instauro nada más la señora dio un paso en el cuarto, mostrando su voluptuosa figura en la habitación, ayudada por el enorme delincuente.

- Ah, buenas, nos vemos de nuevo...-dijo saludando a todos los presentes con una enorme sonrisa, faltante de varios dientes. La tensión creció y el número de prisioneros que miraron con odio a la señora crecieron. La señora empezó a caminar por el pequeño pasillo que separaba las dos mitades del calabozo, ante la atenta mirada de los criminales. De repente, una mano paso entre los barrotes, antes de que los guardias pudieran hacer algo, intentando agarrar la cabellera de la anciana. Sus dedos se torcieron en la nada y su muñeca sintió una leve ola de de dolor.- Ah...que encanto...Un caballero que quiere que le de la mano...-dijo Margarett con una media sonrisa, gentil y dulce como el de una abuela. Con cariño, cogió la mano del chico y sin un apice de duda, elevo el brazo y, usando su peso, lo golpeo contra uno de los barrotes. Un grito silencioso salió de los labios del intento de agresor y la anciana sonrió con mucha malicia.

La tensión en el calabozo volvió a crecer y la señora sonrió mientras los guardias los separaban. Al poco, acabo lanzada en una de las prisiones, un cuadrado conformado por tres paredes de barrotes y una pared de piedra. La señora suspiro y se sentó en un tablón de madera, que servía a los prisioneros como cama improvisada. En la prisión de al lado, Jack la miraba con ansias de venganza y repulsión absoluta.

-Cuando salgas de aquí estas muerta...-dijo, golpeándose la palma con el puño. Era una amenaza clara y absoluta. La cara de Jack mostraba una expresión agresiva y casi animalística, intentando mostrar su ira en la cara.

- Tengo sesenta años...eso es una obviedad.- Añadió la señora con un suspiro, girándose para mirar a la cara al joven. Al observar su expresión, elevó una ceja- ¿Que te pasa? ¿Te duele la barriga? ¿Flatulencias?

En el silencio de los calabozos se escucho una pequeña risa. Jack se giró y su expresión se volvió peor, si se pudiese.- Que te jodan...- Dijo, sacandole el dedo corazón, haciendo un gesto claramente indecente- Ojala...pero a mi edad eso es muy difícil...-dice, moviendo la mano, haciendo un gesto-de desdeño hacia el matón.

El matón se quedó rojo ante la contestación, ya fuese por la horrible escena que venía a la mente o la imposibilidad de la misma. Al poco se levantó de su sitio, agarrando los barrotes y mirando directamente a la vieja. Margarett hizo lo mismo, demostrando una velocidad impropia de una señora de 60 años. Se quedaron mirando durante unos instantes, mientras los demás prisioneros observaban el encuentro.

- Cuando salgas de aquí, te arrancaremos las pocas muelas que te quedan, puta vieja...-gruño Jack, con los agujeros de su nariz, dilatados y sus ojos enrojecidos.

- Oh ¿arrancaremos? Amenazas a una señora mayor y no tienes los cojones necesarios para hacerlo en solitario..¿que? ¿tienes miedo? -pregunta, con una media sonrisa y los ojos brillando con un sentimiento indescriptible. Estos eran los momentos que le encantaban a Margarett, los momentos de conflicto.

De nuevo, la mano del hombre, como la de su tocayo, se lanzó a intentar a agarrar del pelo a la anciana. Y, de nuevo, la mujer fue más lista. Retrocedió un paso y agarro el brazo del otro, tirando de él y obligandolo a pegarse a los barrotes. Su otra mano se deslizo como una serpiente y agarro otra parte de su anatomía. Una aspiración de dolor, causada por la empatía masculina, se escuchó en el resto de celdas.

- Hay una frase que los antiguos decían mucho. ¿Como era?...-El puño de Margarett apretó mucho más esa suave parte, arrancándole un gemido de dolor al joven.- Cuius testiculos habes, habeas cardia et cerebellum. - El puño no tenia aspecto de soltarse y el joven desistía de intentar moverse.- Te voy a contar una historia...Cuando era joven, teníamos que recoger nueces y frutos en el bosque. Al principio, no sabia como comerlos...pero mi querida abuela me enseño un método para hacerlo sin herramientas...Al poco, sabía romper nueces con mis propias manos...¿Probamos a ver si me acuerdo como?

Jack negó con la cabeza, con su rostro palideciendo a un ritmo alarmante, mientras la sonrisa de la señora crecía cada vez más.- Muy bien, sabia decisión...pero, antes de soltar el asunto, me gustaría hacer un trato. Tú te olvidas de mi, me dejas tranquila y vas por tu camino, con la posibilidad de traer vástagos al mundo intacta....¿lo aceptas o lo dejas?

Jack se quedó mirando a la oscuridad del techo, aterrorizado por la idea de mirara a abajo, donde sabía lo que le esperaba, por no decir que lo notaba. Se mordio el labio y asintió con fuerza. Al poco, notó como el puño de la señora libero sus joyas familiares y retrocedió a toda velocidad.

- Buen chico...-Susurro la señora, mientras se volvía a sentar. Un silencio tenso inundó la sala, con todos los hombres incapaces de hablar más. A los pocos minutos, la voz de Margaret rompió el silencio.- Por cierto....¿No tendrás un abuelo soltero por ahí? ¿no?


---

El sol había ascendido hace poco, pero el teniente de la guardia de Ragsport no la veía desde el día de ayer. Llevaba varias horas interrogando a una gran cantidad de gente en las mazmorras. El incidente que se había dado en una taberna de la ciudad la otra noche, le había dejado sin dormir y con mucho mas trabajo de lo que esperaba. Era dificil sacar algo de cordura de un grupo de borrachos violentos, pero las historias que le contaban...Hombres cabra, tuertos amenazadores, una bruja asaltando a jóvenes inocentes y señoras con manos de hierro... El teniente no podía evitar pensar sobre que habría metido el tabernero en la bebida para hacerla más fuerte y donde podría conseguir un poco. Afortunadamente, gracias a una anónima ayuda, la mente detrás del desastre se dio a conocer y sería el ultimo interrogatorio antes de irse a casa.

El teniente abrió la puerta a la sala de interrogatorios, donde la mente diabólica que lo había mantenido en vela se encontraba sentada. El interrogatorio tenía que recaer en alguno de sus subordinados, como habían hecho gran parte del resto de presos, pero al parecer les había dicho algo que lo había descolocado y que necesitaba su atención. Muchas velas se habían agotado y la habitación estaba a oscuras, conformando enormes sombras sobre la figura.

- Hola, Clarice...-dijo la voz, en un tono oscuro y que recorrió la espina de cualquier joven guardia que pasara. El teniente, sin embargo, estaba hecho de otra pasta.

- ¿Quién coño es Clarice? -preguntó, sin inmutarse, elevando una ceja en su rostro, mirando a la figura, que le observaba con tranquilidad.

- La señora de la limpieza...-Indicó la señora, moviendo su mano para indicar que mirase detrás de él. En la puerta, limpiando con una enorme escoba el pasillo, habia una anciana. Estaba torcida y andaba lentamente, pero devolvió el saludo con una sonrisa- Es un encanto de señora, me ha traído un té, viendo que los guardias estaban siendo, parafraseándola, “unas mierdecillas irrespetuosas”.

El teniente miró a la mujer y al vaso humeante que estaba posado encima de la mesa. La señora llevaba unos pesados grilletes de hierro, pero, puestos en ella y de la manera que se movía, parecía más una especie de hilos enredados para hacer calceta. La señora se llevó la taza a los labios, mientras el teniente se sentaba y un par de guardias traían mas velas.

-A ver.. Margaret se llama ¿no?- Pregunto, mientras miraba unos papeles, recopilados por su predecesor en la tarea de interrogar a la vetusta señora- ¿Quiere usted decirme por que anda despotricando sobre el capitán? Sabe que puede permanecer aquí por una larga temporada ¿no? -Añadio, mientras colocaba los papeles del revés, escondiendo su contenido y golpeando la mesa al hacerlo, en un intento intimidatorio.

-Para usted señora, que para eso tengo una edad....-Dijo, frunciendo levemente el ceño, observando al teniente. Era una mirada que el guardia había visto muchas veces en tabernas y similares. La habia denominado la mirada “la tengo más grande” y, normalmente, era la mirada que echaban los criminales bien asentados para ver la valía de aquel con quienes hablaban por primera vez.- Por que es verdad...vuestra excusa de capitán ha estado bebiendo y farfullando planes importantes para la ciudad a los cuatro vientos...- Añadió de golpe, continuando la señora con la mirada centrada aun en él. - ¿Te preguntas por que el numero de sin vergüenzas ha aumentado? Por que todos están atentos a algo que va a suceder y de lo que tu jefe les ha informado durante sus momentos de borrachera.

- Lo que el capitán haga o deje de hacer no es asunto suyo...Margaret.- Respondió,, sin caer en la trama y observando de vuelta a la señora, quien parecía crecerse ante la respuesta. El guardia no se amedrentó y continuó.-... y no nos hacia falta su presencia para saber que han aumentado los problemas últimamente.. como por ejemplo el que usted causo anoche...

- Yo no provoque ningún problema, solamente me defendi lanzando licor de una turba furiosa que parece que se había tornado contra mi -Replica, observando al hombre como si la hubiera afrentado de una manera horrible.- Si, pero yo soy una sinvergüenza sin ningún tipo de consecuencia, los que se han reunido son más de duración prolongada...y si no haceis algo, es muy probable que acabéis con la ciudad en peor estado que antes...

Esa contestación fue lo bastante persuasora como para hacer aparecer una expresión de preocupación en el rostro del guardia.- Margaret, no se que se cree que sabe o deja de saber. Pero sea lo que sea que planearan esos individuos, no podran hacer nada...-Dice mientras mira a la señora y da un golpe con ambas manos en la mesa, para después cambiar su expresión a una media sonrisa- Y acaba de confesar su crimen... creo que mas nada tenemos que hablar...-Añadió, terminando por su parte con la conversación y preparándose para irse.

-¿Crimen? ¿Qué crimen? Por favor, explíquele a tus superiores como "defenderse lanzando licor contra una turba, que ya habia empezado" es un crimen...y sobretodo a mi edad...-Mueve la cabeza, absolutamente horrorizada por el concepto de que eso podía ser argumento contra ella en cualquier juicio o lo que fuese que tenía la ciudad como sistema jurídico. Al poco, resopla con agotamiento y se restriega la mano por la cara, en un gesto de frustración.- Me tenían que poner al guardia genérico 1 para interrogarme...-Le mira directamente a los ojos, con un leve brillo de curiosidad.- Una cosa ¿usted quiere ascender o quiere quedarse haciendo interrogatorios cada vez que hay una juerga madre en la ciudad?


-Maldita anciana, tenemos testigos que indican que usted inicio la trifulca- interrumpe el guardia a mitad de conversación, pero sigue escuchando las locuras de la anciana. Ese último comentario hizo que el teniente levantase su ceja y sus labios esbozasen una sonrisa bastante divertida- Soy teniente, ya tengo una buena posición y viendo la de trabajo que le cae al capitán, estoy bastante bien donde estoy... pero por que carajo habla como si pudiera usted salvar la situación.- En ese momento, la anciana fue la que sonrió ante el guardia, con malicia y diversión en la mirada ante ese comentario. El teniente continuó, no interesado en esa chispa de malicia por ahora.- Y que el capitán se haya emborrachado no quiere decir que las cosas se vayan a torcer...

Al poco, el teniente llama a un guardia, que entra en la habitación con firmeza militar y poca soltura, digna de un novato y el teniente le susurra con suavidad. No se escucha mucho de lo que le dice, pero se logra captar en la estancia la orden principal. “Vaya a ver como se encuentra el capitán”. Al final, contrario a lo que quería, el teniente se vuelve a sentar delante de la anciana, la cual solo sonríe.

- Claro, claro...espere, déjeme adivinar cuales son sus testigos...-Levanta la mano, sacando un dedo por cada testigo posible con sorna en su voz y diversión cada vez más eufórica en su mirada.- Una loca ninfa que me trajo acompañada por uno de los que participaron en la pelea de ayer, los dos chicos que intentaron extorsionar a una pobre anciana por su dinero y copas gratis, el hombre que golpeo a uno de ellos por que le agarro el culo -Ante eso la señora sonrió y susurró por lo bajo antes de acabar, “Aunque digan que fui yo”- y todo el gremio de borrachos y puteros que participo...Si, testigos de confianza. -Tras decir eso, mira al teniente con la ceja levantada, divertida exhibiendo sus dedos levantados con absoluta delicia ante la mirada irritada del guardia.

Al poco, continuo ante su explicación, con la mirada endurecida ante esa duda que habia impuesto sobre su figura- Eso explica mucho...y esto más capacitada para llevar a situación pues al menos se que hay -dijo, remarcando la última palabra- una situación desarrollándose...-Al poco escucha lo del capitán borracho y observa al teniente con aun más sorna, pero con la mirada endurecida por esa esperanza mal colocada en el capitán.- No, el principal encargado de la ciudad se encuentra en un estado de embriaguez cerca de la fecha en la que se traerá una mercancía importante a la ciudad...no  las cosas no se van a torcer...-remarca con ironía, que más que implícita grabada a fuego en la carne de sus palabras.

El teniente endureció su expresión, mirando con malestar a la anciana que tenia delante y las palabras que decía. Su posición indicaba su incomodidad y la seriedad que cargaba ahora el ambiente. El teniente miraba fijamente a la señora, con aire auténticamente intimidatorio.- Deje de hacerse la tonta...¿que sabe usted?

- Margarett tamborileo los dedos en la mesa, devolviendo la mirada al guardia y subiendo las apuestas a penetrantemente- Se que van a traer una cantidad importante de dinero, joyas o algún tipo de capital a la ciudad para reactivar la economía...- Ante la mirada del teniente, sorprendido por la información, Margarett continuó- Lo se, mas que nada, por que su querido capitán lo estuvo farfullando el poco rato que estuvo en la taberna...por lo que lo se yo y el resto de participantes en la lucha...-dice, mientras sonríe de medio lado, ante la palidez del joven guardia- De nuevo, deberían vigilar lo que dice su superior...

El teniente se mordió el labio y continuó cosechando la información que la anciana le ofrecia. Al parecer el asunto se estaba volviendo muy grave.- Que más sabe...¿Sabe donde, como y cuando se realizara?

La anciana sonrie de medio lado y se inclina en dirección al otro. Sus ojos brillan con diversión de nuevo.- ¿Me hace falta saberlo para decirte que va a ver problemas? Se que va a ser pronto, por que estáis faltos de personal...¿Qué hace un teniente encargándose de un interrogatorio si no es que estais falto de mano de obra? Se que va a ser de un golpe, por que es una apuesta de alto riesgo y vuestro capitán lo afirmo en el bar y lo único que necesito es el donde...pero eso a mi no me interesa...se que va a ver problemas incluso si no saben donde se esconde-Se reclina en la silla, haciendo que esta cruja ante su peso y moviendo sus cadenas sin preocupación haciendo un gesto de expectación con sus manos.- Imagínate esto...Los pocos carruajes de comerciantes que llegan a la ciudad son parados y asaltados por bandidos recién llegados que escuchan el rumor...Tras eso, deciden no volver por la ciudad...¿Va pillando lo que le digo?- La situación que había pintado era muy fatalista, extremadamente catastrófica si se le permitía, pero no estaba alejada de la realidad. Si no se supiese que el golpe iba a ser pronto, entonces los daños serian demasiados como para balancearlos, pues los bandidos y sinvergüenzas se acumularían en espera de los beneficios.

- No hay gente por que se va celebrar una procesión en la ciudad y la mayoría de los efectivos se encuentran para mantener la paz...-Susurro el guardia, intentando enmendar una de las conclusiones a las que llegó la anciana. Ante esa frase, Margarett alzó las cejas y silbó. - Vaya...Es bastante atrevido esconder el transporte del dinero en una procesión...ciertamente una idea asombrosa y podría funcionar si no hubiese tanta gente detrás del botín...- Respondío Margarett antes de que continuase el capitán.  El rostro del joven teniente estaba blanco ahora, ante esa idea. Para una persona cuya labor era proteger a la ciudadanía y mantener la paz, su trabajo iba a empeorar mucho si no conseguía evitar lo que la señora le narraba. Y si el caos estallaba en un acontecimiento así, sería la completa ruina de la ciudad. Sin poder hacer nada, se encogió de hombros y preguntó- ¿Y su idea de ayudar sería?

- Me faltan datos, querido...Muchos datos como para poder ayudar...-responde con una enorme sonrisa, mientras posa los pies en la mesa, en conjunto con su anterior reposo en la silla, mirando al teniente como si fuera un pajarillo y ella un gato- Pero podríamos hablar de un apoyo entre las masas...es difícil que los soldados y guardias estén en todos lados, pero yo podría...ayudar a aumentar las posibilidades de que no se les pierda nada...- Añade con una sonrisa cada vez más creciente. Las velas parpadearon un momento y el teniente miro al suelo.

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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Gerarld Amattore el Lun Ago 22, 2016 2:15 pm

La noche terminaba poco a poco, los primeros rallos de luz aun no asomaban del horizonte, pero el cielo se teñía de rojo, naranja, rosado y amarrillo. Una bella imagen, el sol salía desde tierra adentro, por lo tanto quien viera el mar aun veía como el negro espeso invadía cuanto había a la vista, tragándose la poca luz que pudiera verse reflejada en la media luna que aun poblaba el cielo.

Rasg port estaba en un falso silencio, realmente había movimiento, pero el sonido era ahogado y apagado entre las casas, las calles sin eco mataban los pasos, la poca gente despierta estaba demasiada dormida para hablar, lo más ruidoso de toda la ciudad era unas gaviotas madrugadoras en busca de peces. El olor de la sal, las algas y la mar invadían el puerto, solo mezclados un poco por carbón cerca de la taberna que sufrió del infortunio y las malas intenciones. Una pequeña columna de humo aun asomaba entre los escombros… y pensar que a punto estuvo de salvarse, pues el fuego parecía no encender del todo la mesa en la que estaba, pero quiso la suerte que a veces hay licores mas hechos para curar heridas, que para ingerir… y que para mala suerte del tabernero, son de mecha fácil.

La noche había transcurrido tranquilamente para los extranjeros protagonistas de esta pequeña aventura, separados, por sus distintas ideas. Cada uno había ido al sitio que pensaba que era el mejor para vigilar. La noche fue larga, algo fría, sobre todo para la mujer de brazo metálico y agudas orejas bestiales, que paso prácticamente a la intemperie. Con su sueño ligero, las horas pasaron, y su cuerpo intentaba descansar, mas su actitud de alerta dificultó este descanso. Fue la primera en irse a dormir y también fue la primera en despertar. La puerta que tanto vigilaba estaba siendo abierta en esos momentos, la hörigue despertaba, con los músculos entumecidos como quien duerme debajo de un elefante.
Bajo sus narices un grupo de 6 hombres, sin vestimentas reconocibles entraban al almacén creyéndose libres de vigía ajena, habían hecho ruido con los pies, gracias a la astuta estratagema de la picara mujer, pero no lograron darse cuenta de nada pues se creyeron realmente solos. Mas o menos 15 minutos después salieron 6 monjas, grandes y anchas, aun arreglándose la ropa cerraban la puerta y partían a la salida del pueblo más cercana, donde rodearían la ciudad hasta llegar al punto de partida.

El sol seguía amenazando con su salida, el cielo cada vez más claro en el horizonte iba echando poco a poco el negro y las estrellas. Pero aun no salía del horizonte. El tabernero dormía plácidamente, en una alcoba prestada, el buen hombre rechoncho había perdido su lugar de trabajo y su vivienda, costo dormir, pero finalmente lo consiguió. Había informado a ciertos círculos sobre lo que sabía y le habían prometido que le repondrían la taberna si todo salía bien. Aun que era un consuelo para aquel pobre desafortunado hombre, estaría una temporada alejado de la barra.

Los que mejor durmieron fueron los astutos y supuestos peregrinos, al menos mejor en cuanto a comodidad. Porque ambos durmieron poco en total. La elfa con una laúd algo ennegrecido por un lado y sin cuerdas útiles había perdido algo importante para ella, y el hombre del parche, había perdido el parche, así que ambos compartían eso, haber perdido algo que les identifica, ir tras el mismo botín, y ser despertados por la madre superiora justo antes del amanecer como todo buen religioso hace, pues el día se empieza desde temprano.

Claro que el veterano de tantas peleas más que dormir, dormitaba, y prácticamente se despertó antes de que la madre superiora abriera la puerta para con voz firme y autoritaria decir que pronto tendrían el desayuno hecho. La elfa tal vez habría podido dormir que el mercenario, depende de lo mucho que sufre la pérdida de su laúd.

En un extremo de la ciudad, comenzaba a juntarse gente y más gente, ya casi era hora de que empezara todo, la gente se presentaba y daban los buenos días, los más jóvenes o que menos durmieron la noche anterior entre bostezos se desperezaban, y los más ancianos miraban con desaprobación aquella actitud.

Mas allá en el camino un carromato se aproximaba, a primera vista parecía de mercancías, empujado por dos preciosos caballos, exquisitos ejemplares de este animal. Encima del carro un regordete hombre de mediana edad llevando las riendas. Escoltado por 4 hombres armados, dos a caballo y otros dos subidos al carro. El carro avanzaba a ritmo constante, relativamente rápido, sus ruedas rechinaban ante el camino empedrado. Y dentro la mercancía pesada rebotaba con cada piedra o hueco que sacudiera el carro.
Este carro que se dirigía a Rasg Port, llevaba un pequeño retraso, por lo que iban a esa velocidad, pero más tendrían que retrasarse, pues en el camino dos árboles obstaculizaban la ruta y un posible futuro incierto caía sobre aquella gente. Los guardias a caballo, ganándose el dinero por el que les pagaban, desenfundaron sus armas y en guardia se pusieron a otear con detenimiento los alrededores. Mientras que los dos guardias del carro se bajaban y se aproximaban a los árboles para quitarlos del camino.

Mientras tanto, en la comisaria, los guardias de la ciudad que aún quedaban por ahí, tenían también su propio jaleo. Un capitán saliendo de la resaca, una vieja montando una revolución. La verdad es que el destino ya estaba escrito, la suerte echada, pero para los integrantes de la ciudad, nadie sabía cómo acabaría ese día.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

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