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Un jugoso Botín en Rasg Port

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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Katarina el Jue Ago 25, 2016 3:07 pm

Kat bostezó en su cama, rasgando unas pocas notas de su destrozado laúd, pero solo consiguió arrancarle unos sonidos tristes y lastimeros, como los gemidos de un animal agonizante, lo que no hizo más que agriar su humor aún más. Iba a robar ese maldito tesoro, entero, y a comprarse el laúd más majestuoso de la historia, uno tan mágico que encantara a los infelices de ese pueblucho de pacotilla para que se ahogaran en el rio local, puede que diciendo que se encargaría de las ratas… bueno, puede que eso ultimo no, por más que se lo merecieran, eso sonaba extremadamente caro.

Una última nota desgarradora salió de su laúd antes de que lo dejase definitivamente, llena de determinación. No tenía ni idea de con qué tipo de gente se había mezclado, pero desde luego no iba a masacrar a media guardia por un tesoro, especialmente cuando era perfectamente capaz de robarlo en sus narices sin ningún problema, solo necesitaba algún as bajo la manga, y ya que sus improvisados socios habían encontrado uniformes religiosos… Era hora de disfrazarse. De noche, en un convento, y con una sigilosa elfa rondando, no había manera de que no pudiera encontrar unos cuantos atuendos de monja en lo que parecía ser un almacén, incluso se tomó el tiempo de escoger uno de su talla, junto a un par más, algo más grandes, por si ese tesoro pesaba demasiado para ella y tenía que travestir a alguno de los implicados. Luego se escurrió tal como había llegado, sigilosa como una sombra y volvió a su cama, escondiendo los uniformes a buen recaudo justo a tiempo para una noche de descanso.

Aunque en realidad no durmió demasiado, o al menos esa fue la sensación que tuvo cuando escuchó a la madre superiora golpear su puerta para despertarlos para el alba. Puede que estuviese nerviosa por el gran día, o simplemente cabreada con el mundo por su laúd pirolizado, pero ahora mismo nada de eso importaba, tenía que concentrarse, así que se desperezo como un gato en su cama y se levantó, haciendo unos pocos estiramientos para desentumecer sus agarrotados músculos por culpa de esa dura cama. Se guardó sus comentarios sobre la comodidad del hospedaje, ya que le pareció de mala educación después de haber aceptado a unos desvalidos desconocidos…que habían acabado robándolos, pero nadie lo notaria, solo eran unos pocos uniformes… En realidad daba un poco igual, para cuando se diesen cuenta, si eso llegaba siquiera a pasar, ya estaría muy lejos, y además seria rica, muy rica… dejaría una donación, por las molestias. En cualquier caso, tenía que concentrarse en el presente, y eso no era el robo, sino el almuerzo. La peliblanca se levantó de su cama por fin, se arregló el pelo con una rapidez que reflejaba años de práctica y siguió a la monja hasta el comedor, donde le sirvieron una comida cuanto menos sosa, pero no podía quejarse, era una invitada, una que acababa de robarles, se tragaría esa pasta de lo que parecía trigo y se marcharía a su habitación, recuperando sus cosas, uniformes incluidos.
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Katarina

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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Khiryn el Lun Ago 29, 2016 5:47 pm

IX

La noche fue corta y jodida. No había podido dormir bien. Aun bajo la capa, el frío se había colado por debajo de esta. Tenía el cuerpo tenso y entumecido, no sólo por el clima sino por la malísimo posición. Sin embargo, el plan había funcionado bien y debajo, al nivel de la calle; seis hombres entraron en el pequeño y extraño almacén sin percatarse de mi presencia.

Mientras esperaba escuchar o ver sus movimientos me estiré y desperecé como pude. Me dolía la espalda y el cuello por la mala posición y tenía la nariz tapada. Por el frío, se me habían endurecido los mocos; tuve que sacar aire con fuerza por la nariz dejando caer en el tejado donde estaba una pequeña maza pegajosa y sanguinolenta. Descubrí también que tenía muchísimas ganas de orinar y sentía la boca pastosa y seca. Ni modo de contener las ganas. Me retiré cuanto pude de la orilla sin perder de vista la puerta y me bajé los pantalones mientras suplicaba que nadie saliera en ese momento. Un hilo aguado y amarillento cayó con presión contra el techo salpicando todo alrededor. Era horrible, pero mi cuerpo se sentía mucho más relajado. Casi sonreí aun con la desagradable y fría sensación de tener los pies meados. Terminé y me vestí.

Mientras pasaban los minutos, me iba desesperando de apoco, aunque en realidad el tiempo servía para que mi cuerpo entrará lentamente en calor, mi vista perdiera la nubosidad de la mañana y los músculos y los sentidos funcionaran adecuadamente.

Salieron. Todos vestidos ahora como monjas. Altas y gruesas. Sin duda, ahora que ya lo sabía, esos seis destacarían del resto de monjas que posiblemente se posiblemente hubiera. De inicio no sabía bien que pasaba y traté de hilar mis recuerdos. Tuve la ligera intención de atacarlo, pero seguramente ni en buen estado podría contra seis hombres como ellos yo sola. Los hombres caminaron y salieron de la calle. Aproveche para descender del tejado con cautela.

Me dejé caer los últimos centímetros hasta el suelo comprobando que mi cuerpo aun no salía del entumecimiento matutino. Me habían dolido los pies y uno hormigueaba. Esa sensación era odiosa, pasajera pero lenta. Cojearía por un rato. Entré rápido al almacén y tomé un traje de monja del montón. Aquellos hombres no eran mucho más altos que yo; si acaso, eran anchos de hombros, pero de largo la ropa me vendría bien. Mientras caminaba me iba vistiendo, me enfundé la capucha y caminé en la misma dirección que las monjas. No era fácil perderles de vista aun entre la gente que ya comenzaba a salir a las calles aunque en mi mente persistía la necesidad de resolver otro problema; de verdad tenía mucha sed. Mi saliva era pasta en la boca y tenía un sabor desagradable. Debía beber algo.

Caminaba detrás de ello a distancia prudente y sin llamar la atención mientras en mi mente suplicaba encontrar algún lugar abierto, una pollería o cualquier lugar donde poder beber agua o comprar una bota de cerveza aguada. Los seguía bajo una extraña sensación de deber hacerlo. No tenía ni bien pensado que iba a hacer después y comenzaba a dudar que mi vela y vigía hubieran servido de algo. Aquello iba teniendo poco sentido mientras más lo pensaba.

Al doblar en una esquina, vi que cerca, en un jardín público había gente sacando agua de un pozo. Me acerqué asegurándome de seguir con la vista a aquellas seis monjas varones y le pedí a una mujer que tiraba la cuerda para sacar la cubeta que me dejara beber del agua. La mujer me miró con ojos intrigantes y estaba por ponerse algo furiosa cuando a pesar de hacer una mueca no me aparté. No quería llamar la atención así que saqué de inmediato una moneda de entre mis ropas y se la tendí. –Es agua para beber, ¿No? Es decir, es el agua que llevan a sus casas para preparar alimentos y beber, ¿No es así? La mujer afirmó desconcertada sin quitar la vista de la moneda en mi mano. –Pues bien señora, si es así, entonces por favor, déjeme beber. La mujer tomó el dinero y me tendió una cuchara onda. Jaló de la cuerda e hizo aparecer en la boca del pozo una cubeta rebosante de agua fresca y limpia. El resto de las mujeres en fila para sacar agua, con baldes en mano se veían desconcertadas y alguna refunfuño diciendo que cada quien debía esperar su turno para sacar agua del pozo.

Bebí tres enormes cucharadas de agua y en la tercera lo supe. ¡No eran ladrones comunes y corrientes aquellas monjas! ¡Eran soldados! Dejé caer la cuchara sobre la cubeta y salí corriendo de ahí, con la sed saciada y la cabeza pensando con claridad. No podían ser ladrones vulgares. Aquellos debían ser soldados. Si no, porque el capitán se había ido a meter a ese almacén la noche anterior. De ser ladrones, eso quería decir que el capitán los estaba encubriendo. Maldito infeliz, de ser así, él querría una parte de botín.

Esto sólo tenía dos respuestas. La primera; es que eran soldados disfrazados que escoltarían el dinero haciendo pasar por monjas para sorprender a quien quisiera robar el oro. Un plan astuto. La segunda, es que pudiendo igualmente ser soldados, lo que planeaban era que disfrazados, acercarse más para robar el oro De cualquier manera; aquellos seis serían el obstáculo más peligroso a sortear por que, fuera como fuese, tenían el respaldo del capitán.

La cosa era cada vez más complicada. Sentí una profunda necesidad de avisar de eso al resto de los extranjeros. Si no se percataban, correrían serio peligro si decidían atacar. Podrían verse sorprendidos y fácilmente derrotados. Pero ahora, a estas alturas de la mañana, quien sabía dónde estaban todos, y buscarlos sería una pérdida total de tiempo.

No se me ocurrió más entonces, que continuar siguiendo a aquel grupo de seis y tratar de avisar a los demás tan pronto los viera.


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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Hemmi Chinaski el Vie Sep 02, 2016 5:19 am

La columna de polvo que levantaba la diminuta figura en el camino no era otra cosa que el carromato. Desperté al hörige, el abrió los ojos en un instante y se incorporó para ver lo mismo que yo.
Debemos prepararnos.
Nos alejamos del camino, el sol asomaba, parecía que la virgen llegaría retrasada.
¿Qué piensas hacer?
Llamar su atención.
Déjamelo a mí.

El sonido lejano de los cascos y las ruedas hicieron elevar a las aves del pequeño bosque fuera de la ciudad. A simple vista eran cinco: el conductor, dos guardias a caballo y dos sentados en el carromato, todas miradas oscuras que miraban los árboles tirados.
So. —Dijo uno de los hombres para detener a su montura. Miró desconfiado el camino y perdió su mirada entre los troncos y arbustos—. Ustedes dos quiten eso. Tú —le dijo a su compañero—, desenvaina.
Su compañero a caballo hizo caso. Los otros dos que estaban sentados dejaron al conductor solo mientras se acercaban a los troncos.
¡Hey! —Grité—. ¿Me podrían ayudar?
El guardia, con espada en mano, espoleó su caballo hasta el linde del bosque hasta mí.
¿Qué quieres? —preguntó totalmente desconfiado.
Iba camino a Rasg Port, para el día de la Procesión de la Virgen. Pero al encontrarme con estos árboles me bajé de mi caballo para pasar por el linde, con temor a que se fuera a romper una pata con algún hoyo escondido o una piedra, pero resulta que una serpiente lo ha asustado… —Imprimí en mi voz toda la consternación que fui capaz—. Ahora está a unos doce metros más allá. —Dije apuntando hacia donde estaba escondido Medielvoulder, de verdad nuestro caballo estaba allí, así que no les sería difícil verlo y creer—. ¿Podrían ayudarme a sujetarlo?
Los hombres se miraron entre ellos, los que quitaban los árboles no se detuvieron en su trabajo. El que estaba más cerca de mí me miró de arriba abajo, mantuvo su espada en mano y se bajó del caballo.
Muéstrame el camino.
¡Muchas gracias! —Dije con una sincera felicidad.
El guardia se bajó del caballo y se adentró conmigo, no quise mirar hacia atrás por temor a parecer más sospechosa de lo que me veía en ese instante.

De verdad te lo agradezco, no quiero perderme la procesión por nada del mundo.
No pareces muy devota. ¿Esas vestiduras de qué son? Parecen un pijama.
Es un kimono. —Me giré asustada, el otro guardia a caballo nos seguía unos metros más atrás—. Es un ropaje común en la isla Taimoshi Ki Nao.
Lo es. —Dije, el guardia a mi lado se encogió de hombros.
Avanzamos unos pocos metros, el rostro del hombre se ensombrecía aún más, pero el sonido de mi caballo lo relajó un poco.
Ahí está.
Ambos caminaron para coger a mi montura. Pero antes de que el guardia llegara se topó con el chivo y una espada entre las tripas.
¡NOOO!
Medie me lanzó mi katana, la cogí en el aire y me giré para trabajar sobre el otro hombre, pero ya iba cinco metros delante de mí en dirección al carromato.


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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Medielvoulder el Vie Sep 02, 2016 5:47 am

El mestizo salió como una cobra entre los arbustos y le clavó su espada en las tripas al hombre que se acercaba. La ninfa había hecho un buen trabajo. Se incorporó y le lanzó su delgada y ligera espada, la mujer la cogió pero su hombre se le escapaba.
¡Cógelo!
El hombre se fue dando gritos al carromato. Habían perdido el factor sorpresa y solo se habían cargado uno de los cinco hombres.
Llegó el momento de ver de qué estás hecha realmente, mujer.
La muchacha sonrió abiertamente, liberó su espada y tiró al suelo al vaina.
Llegó el momento de ver de qué estás hecho realmente, hörige.
No soy un hörige. —Dijo el mestizo. Sonrió abiertamente, pero su sonrisa era mucho más macabra—. Si de pronto comienzo a comportarme como una bestia sedienta de sangre, será mejor que te apartes de mi camino. A veces suelo perder los estribos.
La sonrisa de la muchacha del mechón blanco se desvaneció en el aire.
Al parecer ambos tenemos secretos.

Los dos corrieron hacia el carromato, era momento de actuar. Por suerte no había ningún arquero, Medie los odiaba, hombres débiles, lanzando hierro desde la seguridad de la retaguardia. Solían molestarlo bastante.
Cuando ambos llegaron al linde, Medie, con su espada ensangrentada pudo ver de cerca el carromato donde se supone venía el dinero, los corceles que tiraban  del cuadrado de madera eran unos purasangre, y por lo menos cada uno debía valer el doble de lo que costaba el carromato y el pago de un mes de los cinco hombres que iban en el diminuto convoy. Si lograba cargarse a los restantes cuatro, y no estaba el dinero ahí, al menos tendría el consuelo de vender esos animales en las caballerizas de algún sitio opulento como un castillo o un mercader acaudalado. El problema era que en los archipiélagos no había ninguno de esos dos.
El camino es estrecho, el conductor no podrá girar el carromato. Encargate de los hombres que quitan el árbol. Yo iré por este.
El mestizo se acercó sin miramientos hacia el soldado que había logrado escapar de su pequeña emboscada, todos esos tipos eran sin duda experimentados espadachines, no por nada los habían escogido para ese trabajo. Pero el mestizo estaba acostumbrado a tratar con ese tipo de hombres.

¿Ves la sangre en la espada? Es la de tu amigo. ¿Qué harás al respecto?
Esperó a que su oponente realizara el primer ataque, levantó su escudo, que había amarrado a su brazo hace media hora antes, y se preparó para contrarrestar cualquier golpe con uno el triple de fuerte.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Necross Belmont el Jue Sep 15, 2016 8:35 pm

El frío de la mañana era algo difícil de aguantar, bien lo sabía Necross pues desde hace mucho tiempo que las madrugadas lo reciben con su dulce y helado beso, son los pocos placeres que pueden disfrutar quienes duermen poco.   El hombre sin parche suspiro con cierto fastidio cuando se acercaron para despertarlos, los pasos de la matrona eran pesados, sonoros, aparte de ellos lo único que se alcanzaba a oír era la respiración tranquila de la elfa, el tuerto-no tuerto se le quedo mirando antes de que la matrona abriera la puerta, se veía muy calmada.

La señora que tan gentilmente les permitió quedarse a pasar la noche no solo los estaba despertando, sino que también les ofrecía desayuno. El hombre sin parche se sentó en la cama y fingió que había dormido toda la noche, le agradeció a la matrona con una falsa sonrisa, luego estiró el brazo derecho hasta que sus huesos tronaron.  El hombre sin parche le dio una última mirada a la elfa antes de tomar el mandoble, y usarla como apoyo para ponerse de pie. La elfa algo había hecho la noche anterior, pues Necross sintió cuando salió del cuartucho a explorar la capilla.  Salió y regresó en un pestañeo, sin duda era efectiva en las tareas que se le entregaban, quizás, si todo salía bien, el hombre sin parche la invitaría a unirse a los alas negras, una mujer con sus aptitudes sería una muy buena ayuda, e incluso como bardo podría ayudar; pero ya habría tiempo para pensar en esas cosas, por ahora Necross debía concentrarse en el atraco.

La matrona se le adelanto a la pareja después de que los fuera a buscar, el hombre sin parche carraspeo con fuerza la garganta para luego escupir lo que subió desde sus pulmones. Es que cualquiera que fumara sabía que cada mañana era sagrado escupir la sustancia babosa y dura que se resguardaba en la garganta. Una marca burbujeante, transparente, viscosa y liquida quedó a los pies de Necross después de que este escupió. Una pregunta llego a los oídos del no tuerto desde delante, la matrona mientras caminaba se animó a interrogarlo, “usted no parece peregrino” ¿Fueron las armas? ¿El hecho que su compañera fuera una elfa? Quizás la gabardina… El hombre sin parche se preguntaba que había causado la pregunta de la señora, de cualquier manera debía responderle una mentira, no quería perderse el desayuno. - Así es mi señora, vamos de pueblo en pueblo como mercaderes, peregrinando en búsqueda de la iluminación. Yo y…- Necross fingió toser pues no sabía el nombre de “piernas largas”.  -… y mi querida nos vimos atrapados en un incendio en el lugar donde nos alojábamos, y por supuesto, de inmediato acudimos aquí buscando la protección de su santidad.- la lengua se le enredo varias veces pues el no tuerto ya no sabía de qué hablaba, no tenía idea o le interesaba saber a qué dios le rendían culto, solo buscaba salir del momento.

Necross sonreía, pues pronto podría comer gratis, y ver con sus propios ojos el interior del lugar, si algo iba a pasar allí debía estar atento a cualquier detalle.



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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Margaret Orgaafia el Sáb Sep 24, 2016 7:23 pm

En definitiva, los guardias se encontraban en problemas. El teniente había hecho con lo más cercano al diablo que se podía encontrar en las calles de la ciudad, incluyendo a los demonios allí presentes, Margarett. Tras ese momento, la anciana se había extendido por el cuartel como una enfermedad sexual agresiva en un congreso de religiosos conservadores. Para empezar, se había plantado en la habitación del personal, asustando a los novatos y a varios veteranos al entrar con una patada, con el teniente corriendo detrás de ella.

- ¿Donde esta el capitan? -pregunto inocentemente, con su pierna aun en el aire y todo su cuerpo balanceado hacia atrás, intentando mantenerse en la posición. El silenció se impuso sobre los que descansaban en esta. Solo había cuatro guardias dentro, tres jugando al poker y uno limpiando sus armas, como marca la estadística,“Uno de cuatro guardias es un maníaco homicida o un matón con sueldo”. Los cuatro se pusieron en posición defensiva, aunque al ver al teniente llegar, entre jadeos, se calmaron un poco.

- No sabemos donde se encuentra, aunque con la borrachera que trajo ayer, debe de estar medo lelo en alguna de las celdas, durmiendo la mona, o en su despacho...-dijo uno, recogiendo con rapidez las cartas, del mismo modo que sus compañeros. Para ser solo una una baraja, las manos de todos los presentes tenían una cantidad ingente de reyes, reinas y ashes. Tras recoger, el único caballero que había hablado se fue a sentar, sin embargo, Margarett le dio una patada a la silla, dejándolo en la posición más vulnerable del mundo- ¡No hay tiempo para poker, ya luego echamos una partida! -exhalo la anciana, cogiendo del brazo a dos de lso guardias y arrastrándolos fuera de la habitación con ella.- ¡Tenemos que encontrar al capitán y llamar a todos los guardias que están de descanso! -dijo, informando con premura, con el pobre teniente afirmando.

- ¡Sacadme a todos esos vagos de donde quiera que estén! ¡No importa si hoy tienen el día libre, si están con sus madres o si están en el burdel en plena faena, traedlos! -dijo con una voz potente, propia de un militar y poniéndose en posición del mando al decirlo. Nada más pronunciar las palabras, los tres guardias salieron corriendo fuera de la habitación. Solo quedo el que estaba limpiando las dagas- ¡¿Que no me has escuchado?! -remarcó el teniente, con su cuello hinchado y venoso a causa de la potencia con lo que dijo. El hombre se levantó y negó- Se donde esta el capitán, puedo llevaros...-dijo, con el gesto chulesco y divertido de aquellos adolescente que tendían a no hacer caso a la autoridad. Remarcando lo que dije antes, siempre había uno de esos hombres en cualquier cuerpo de seguridad. Ese tipo de hombre cuya vida iba encaminada a llevar objetos afilados en callejones oscuros y apuntar con ellos a la gente, pero que son lo suficientemente listos como saber que una armadura con el símbolo de la ciudad era más inteligente que llevar una navaja solo. La mirada de este se clavó en la del teniente durante unos instantes, hasta que Margarett se acercó a él por un lado y le coloco la mano en el pecho de la armadura, llamando su atención.- ¿Y sería tan amable de llevarnos o tendremos que insistir en que nos de un poco de su amabilidad? -preguntó mientras el rostro del joven cadete se fue tornando blanco como la nieve recién caída. Asintió con rapidez y marcho fuera de la habitación ante la complacida sorpresa del capitán- ¿Que hizo...?- La pregunta se cortó a si misma ante la visión que la anciana le regalaba. La mano de la mujer estaba donde antes habían estado los pantalones, abierta por completo. Cuando el teniente observó la mano, entendió lo que había pasado y la imagen de esas callosas manos, simplemente abiertas, se torno en esos dibujos de criaturas marinas con las fauces abiertas.

- Ante problemas desesperados, medidas desesperadas...-replico la anciana, marchando para seguirle el paso al jovencito, quien ahora parecía marchar a más velocidad ante la presencia de la anciana detrás de él- Aunque hay que reconocer que no me ha resultado tan desesperado como creía...

Los pasos terminaron en una zona de mazmorras en desuso, donde acababan las armaduras abolladas en demasía, las botas rotas o la mercancía sin valor requisada que había ido acumulándose  con el tiempo en el edificio. La puerta cedió facilmente ante la mano del cadete, quien se puso contra la pared para permitir el paso de la anciana y el teniente.

- Vaya, para que después digan de las fuerzas del orden son dignas y merecedoras de respeto...-dijo la anciana, oliendo el olor de la degeneración, el whisky y meados ajenos.- Ugh...-respondió con sencillez el teniente, observando junto a Margarett al capitán de la guardia. El hombre había caído con todo su cuerpo sobre un puñado de paja que había en el lugar, amontonado en un rincón. Su cuerpo se encontraba torcido de mil maneras, debido a los huecos que dejaba o que sobraban en la paja, causando que la imagen fuese digna de un cuadro representando algún descenso o caída. Su rostro seguía algo rojo y susurraba entre sueños. Unos segundos en silencio reinaron hasta que Margarett le dio un codazo al teniente- Carga con él...vamos a quitarle ese mal vicio que ha cogido...

El teniente no dijo nada, solamente se le quedo mirando, dubitativo. Si conseguía que el capitán dejase de desperdiciar las noches y las madrugadas bajo el influjo del alcohol, quizás y solo quizás, pudiesen hacer algo. Con una seña de cabeza, el teniente y el cabo agarraron el durmiente cuerpo del capitán y se marcharon.- ¿Hay alguna habitación pequeña donde la gente vaya a descansar? -El cadete asintió, agarrando bien las piernas del hombre, balanceando sin querer el resto del cuerpo que colgaba entre él y el teniente, como si fuese una ristra de embutidos- Si, la enfermeria...

- Pues vamos allá...

--------------------------------- Minutos después--------------------------------------

El capitán se encontraba en un delicioso trance. Su cuerpo flotaba en el aire y se deslizaba por la realidad con tranquilidad. Notaba una suave brisa y un cuerpo contra el suyo, quien se movía levemente contra él. Al poco, notó unos dedos jugueteando por sus mejillas, haciendo suaves trazos. Rozó sus mejillas, luego su mentón y le hizo cosquillas en el bigote- Despierta...-dijo una voz angelical y musical al odio, causando que se le ensanchase las comisuras de los labios y ciertas partes de su anatomía. Con lentitud abrió los ojos, pestañeando fuertemente por la luz que entraba por la ventana. El cuerpo que tenía al lado se sentía cálido y sin pensarlo, y aun sonriendo, se giro.

La imagen fue un remedio mejor que cualquier medicina contra la resaca. Si lo que tenía al lado era una mujer hace mucho que sus curvas tendieron a conformar colinas que suaves descensos. El rostro de la mujer era sonriente, extremadamente, creando una grieta negra y arrugada, en la mitad de un rostro que parecía un libro mal plegado, mostrando un par de dientes a los que les faltaban varias decenas más para conformar una dentadura. Los ojos de la criatura brillaba con malicia y crueldad, como la de esos asesinos míticos que todo guardia conoce y teme que sus almas sedientas de sangre aparezcan en las sombras de la calle.- Hola, chato...Nos lo pasamos bien anoche...

El grito fue desgarrador, potente y sincero, llegando a una nota que solo los dioses de los demonios habían conseguido sacar de los humanos. El teniente sentía algo de simpatía por el capitán. Había escuchado lo que planeaba la señora y había conseguido salir del cuarto antes de que la primera muda de ropa desapareciese. El cabo no había sido tan afortunado y ahora estaba en las duchas, limpiándose y llorando. Un peso choco contra la puerta de la enfermería, probablemente el capitan intentando escapar del lugar. Pequeños susurros romaticos y más gritos se escucharon, junto con un movimiento y golpe de muebles. El teniente suspiró y se santiguo. Por favor...que al menos estuviese tapada.

El hombre abrió la puerta de golpe y porrazo,  observando la escena con una extraña y rocambolesca sensación en el fondo de su alma. El capitán estaba en un rincón, sin escapatoria de Margarett, la cual se encontraba cerrándole el paso, tapada solo por una sábana.- ¡¿Esto es cosa tuya, no?!- grito aterrorizado el capitán, quien buscaba algo afilado para contraatacar con la anciana.- No, esto es cosa de usted...-respondió finalmente Margarett, abandonando la posición de persecución y sentándose al final.- Usted se tomo las suficientes birras como para ahogar a un enano o a un humano de tamaño medio, usted se dedicó a dar información privilegiada y delicada a un grupo de desconocidos, entre los cuales hay gente interesada en saquear el botín que van a traer a la ciudad, y usted ha recibido la mejor noche de su vida, aunque he de reconocer que no se movía nada mal...-Eso último lo dijo con una media sonrisa que en otros tiempos habría sido picarona y peligrosa, pero que ahora solo provocaba el terror en los corazones de los hombres. El teniente la miro fijamente, lo cual de por si era difícil, y la mujer suspiró- Vale...eso último es mentira...-El rostro del capitán floreció de alegría al escuchar eso, sin embargo se calló en el momento en el que la mujer le miró- Pero eso no le resta que tal como se puso anoche podría haber sucedido...y que ha cometido un crimen mayor que  desfilar por mi jardín de los secretos

Tras eso, el capitan miró al suelo. Sabía que su comportamiento había sido deplorable y que el ahogarse en el alcohol barato de las zonas más turbias no era la solución al cansancio y el desasosiego que el invadían cada vez que terminaba de trabajar. Cada dia veía como la gente más inocente caía en las garras de los que acechaban en las sombras o de los mentirosos que solo buscaban su propio beneficio. Habia visto familias masacradas, asesinatos horribles, personas vendidas como esclavos por los nobles que debían de protegerlos...Chantajes, intentos de soborno, nobles maltratadores...Habia contemplado como la ciudad se resignaba a convertirse en la mierda que era hoy día y, al verlo impasible, había caído en la misma espiral.

- Todavía podemos solucionarlo...-dijo una voz, sacando al capitán de su soliloquio. La anciana miraba al teniente y a él con una mirada candente y una leve sonrisa retadora. El capitán conocía ese fuego. Era la llamarada que había tenido nada más entrar en la guardia, la que veía en los cadetes novatos que creían en la justicia y la que se había apagado en su corazón hace mucho. Pero aun había rescoldos de esa llama...y estaban volviéndose a encender.

------------------------------------ Minutos después--------------------------------------------

El sonido de la procesión se abría paso por la ciudad, como una luz pura e incandescente entre las mancilladas calles de la ciudad. Las voces se alzaban en apreciación a la figura por la que se daba tal ceremonia, en cantares religiosos, gritos esporádicos y diversas muestras de adoración. Todas esas voces se alzaban como una, deseando con fuerza por la salvación de una realidad cruel y malvada, en la que sobrevivir un día más era la mejor victoria. Era un canto bello, en su plenitud y la necesidad de sus cantantes, pues era una melodía nacida del alma, no de la mente de los compositores o de los monjes. Era la realidad hecha sonido...

Sin embargo, Margarett solo escuchaba el sonido del caballo en el que montaba y el del caballo que tenía delante, en el que montaba el teniente. El sonido contra la piedra del asfalto era constante, en un trote rápido y sin descanso. Cuanto más tardasen, más posibilidades había de que alguien preparase algún tipo de ataque o consiguiera robar el contenido de mala manera. Habían concebido un plan, en el que la gente y las conexiones de la propia ciudad iban a ser la clave para salvarla. Toda la operación se había concebido para ser realizada en secreto, un acto de una monarquía despreciativa a sus gobernados, pero iba a ser salvada por estos mismos, ignorantes de ello o no. Los pasos de los caballos continuaron sin descanso en dirección a la procesión.
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Margaret Orgaafia

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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Gerarld Amattore el Mar Sep 27, 2016 8:00 pm

Uno caído, de forma casi instantánea, la emboscada no había salido del todo bien pues el otro huía para avisar al grupo. Pero esto no freno a los guerreros mercenarios. El gran mestizo fue de frente buscando un enfrentamiento con los guardias. Y la mujer en el Kimono lo siguió pa enfrentarse a los otros guardias que quedaban detrás.
Frente al mestizo estaba su contrincante un guardia entrenado en combate cuerpo a cuerpo, que además estaba subido a un caballo, por lo que era más grande que el cornudo demonio.
Silencio, no hubo respuesta, el hombre hizo en realidad bastante esfuerzo por callar las blasfemias que le echaría encima por hacer matado a su compañero, pero ese trabajo era así, y las emociones podían jugarle una mala pasada… Aun así cargo con el caballo hacia adelante buscando desestabilizar a su enemigo con el caballo, o atropellarlo si fuera necesario, y luego asestarle un corte con su espada donde bien pudiera asestarlo.

Al mismo tiempo los soldados ya habían quitado un tronco para cuando sonó el grito de alarma, y habían dejado el otro tirado y desenfundado sus armas.  Eran dos contra una chica, ¿qué mal podía ocurrir? Organizados como estaban la rodearon poco a poco hasta estar uno a cada flanco, y comenzaron un ataque simultáneo, y a distintas alturas, uno atacaría a la altura del pecho, por la espalda, y el otro buscaba las tripas del estómago.

A todo eso el conductor se levantaba de su puesto y entraba al carromato para refugiarse mientras miraba por la ventana. Se escuchaba algún murmullo, inaudible para la gente normal.
Mientras en la ciudad, la hörigue no había descansado del todo, pero había valido la pena, a pesar de tardar un poco en darse cuenta su intuición era correcta, y su forma de proceder también, poco a poco siguió por toda la ciudad hasta el final de la ciudad, donde  un grupo de gente alzaba canticos animados al cielo y sonreían y aplaudían alrededor de algo que aún no podía verse de tanta gente reunida. Mientras se acercaban, se veía un grupo de sacerdotes alrededor de una obra de arte, una virgen esculpida muy detalladamente colores vivos y una admirable belleza. La mujer arrodillada con las manos juntas y mirando a un lado, calculadamente, hacía el mar.

La mujer en atuendos religiosos mediría unos dos metros de altura, sonriente e imponente, y estaba sobre una gran base decorada con papeles de colores, telas y flores. Esta base era rectangular y era bastante grande unos dos metros de largo y uno de alto, con vigas de acero soldadas y pintadas.
Alrededor había 6 sacerdotes, con cara de haber dormido muy poco la noche anterior, seguro por que estuvieron toda la noche en vela por estar cuidando, a escondidas en las afueras de la ciudad el altar de la procesión.

La hórige pudo ver como 4 de los hombres que había estado siguiendo ayudaron a 4 sacerdotes a levantar dicho altar. Para la gente común había poca diferencia, pero si te fijabas te dabas cuenta que realmente las 4 monjas cargaban con el peso y los sacerdotes solo estaban para que no fuera sospechoso que las monjas cargaran con tanto peso.

Se levantó la figura religiosa del suelo y los vítores de la gente estallaron. Por delante iba un sacerdote con sus atavíos y una campana que sonaba de vez en cuando, detrás  del mismo estaban los dos monjes y las dos monjas restantes de antes. Les seguía la virgen y detrás de la virgen se unieron otras monjas que habían llegado por otro lado, 6 en total. Y detrás se unió el pueblo al completo. La procesión comenzaba, el camino era largo, pero lento y seguro llegarían a su destino.

Por su parte Necross el hombre del parche sin parche, y Katarina su acompañante ladrona, estaban comieron, y se alimentaron bien, si bien no durmieron del todo bien, fueron los que mejor durmieron del grupo pues el resto o había dormido menos, o estaba a la intemperie. Aprovecharon la amabilidad de aquella bondadosa gente y se llevaron los trajes sin dejar sospecha alguna. Tenían tiempo para llegar justo al inicio de la procesión si así lo quisieran, también podrían intentar quedarse por la zona pues ya su presencia era conocida por las monjas del lugar.

Mientras, y fuera de la sospecha de todos los implicados, Margaret provocaba una pequeña revolución, había convencido a los guardias restantes de que el plan no era suficiente, y había corrido al lugar de los hechos para intentar asegurar el botín. Un teniente un poco superado por la situación y un caballo que apenas podía con la mole que tenía encima que le exigía demasiado, trotaban hacia la procesión temerosos de llegar tarde. Mientras, mas guardias eran alertados… solo era cuestión de tiempo de que el número de guardias alertados aumentara, pero a esas horas de la mañana era difícil movilizar a las fuerzas del orden dormidas, literalmente.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Necross Belmont el Vie Oct 07, 2016 12:29 am

A su parecer,  la comida de iglesia siempre supo desabrida, quizás no era mas que la idea que el tuerto tenia impresa en la mente, quizás realmente las monjas no sabían cocinar, incluso podía ser que el tuerto no tuerto tuviera un paladar demasiado exquisito. Cualquiera fuese la razón, Necross intento disimular la cara de nada que hizo al probar el primer bocado.  Y aunque no tenía buen sabor, hoy era el gran día, por ello mejor afrontar los problemas venideros con el estómago lleno, a tener que pelear muerto de hambre.

Y mientras miraba como el resto seguía con el desayuno, el hombre sin parche recordó lo que había hecho la elfa la noche anterior, si bien tenía un conjunto de ropa no le serviría de nada si no tenía un lugar que ocupar.  Pero sería difícil ponerse de acuerdo, pues había muchos oídos alrededor, nada donde escribir o pasar el mensaje; de alguna manera Necross tendría que ingeniar algo para darle a entender a la elfa que tenía un plan. -Querida, ¿podrías acompañarme? Tenemos que ver cuánto podemos donar a la iglesia por su benevolencia.- Comentó el no tuerto con la intención de levantarse, y de que la elfa de nombre desconocido lo siguiera.  

De cualquier manera, la elfa lo siguiera o no, el hombre sin parche debía salir de allí, pues ya nada había para hacer. Nada parecía fuera de lo común, lo mas raro era que las monjas iban de lado a lado limpiando y revisando cada detalle de la iglesia, pero pensando en el día especial que recién comenzaba, aquello realmente no era para sospechar.  -Señorita, venga. En la habitación que nos prestó deje una pequeña ofrenda por su amabilidad. Muchas gracias.- El tuerto no tuerto llamo a una de las monjas y puso la mejor cara que tenía para que siguiera la mentira, pero era difícil pasar por un peregrino cuando tenías cara de matón.

Y sin despedirse ni comentar algo, Necross salió de la iglesia, pues en aquel momento lo mejor era encontrar a Khiryn, la única persona en todo el asunto en quien realmente podía confiar.  Entonces, a paso rápido el hombre sin parche comenzó a avanzar por la ciudad, buscando lo que trajera más ruido y reuniera más gente, si la procesión ya comenzó de seguro el resto del grupo estaría ahí.  Las noticias por supuesto solo se las daría a la hörige, a ella le informaría que no había nada útil en la iglesia, y  que quizás, quizás, la elfa se aparecería como miembro de la religión.

De paso también se compró un habano, supuestamente traído de tierras elficas, lo que aumentaba su precio; no importaba, Necross solo quería fumar.  Con el fuego de una vela que de seguro era ofrenda para la virgen icono de la ciudad el hombre sin parche encendió el tabaco, y mientras exhalaba el humo  toxico reanudo su camino.



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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Medielvoulder el Vie Oct 07, 2016 7:03 am

Cuando el soldado cargó sobre él con su montura, el mestizo no tuvo siquiera tiempo de pensar… Y tampoco le hacía falta. Su cuerpo ligero era un pájaro surcando el aire, con dóciles alas de acero que se preparaban para cercenar. Con un aleteo vibrante se lanzó a las patas del caballo, quedando a salvo del filo de la espada enemiga, y con un simple abaniqueo cortó los tendones del pobre animal que perdió del todo el equilibrio y fue a caer a la orilla del camino. El jinete rodó y se irguió como una espiga de trigo al recibir el sol, aún tenía su espada en la mano.
Ambos chocaron sus armas, en un violento canto que despertó las aves en la inquieta mañana. Las orejas del mestizo se movieron como las de un sabueso al oír un susurro desde dentro del carromato.

Saldrás, pero en su momento.
Medielvoulder dejó que la fuerza de su oponente se deslizara por su espada, liberó la suya y de una patada en el pecho lo lanzó de culo contra la berma del camino.
¡SALDRÁS EN ESTE MISMO MOMENTO HIJO DE PUTA!
¿Pero qué coño estás haciendo? —Articuló desde el suelo el soldado, se puso de pie torpemente apoyándose en su arma.
Uno contra uno es una mierda muy aburrida. —El mestizo giró con gracia su gastada pero filosa espada entre sus manos—. Prefiero dos contra uno.
¡Estás loco!

El soldado se lanzó en picada contra el cornudo alzando su espada para terminar rápido, Medie simplemente se acercó a él en vez de retroceder y lo recibió con el canto del escudo en el rostro. La espada cayó de todas maneras, cortando un trozo de escudo y el peto de cuero del mestizo con un corte recto que le mordió la carne del pectoral.
Eso fue pura suerte.
El soldado se llevó la mano al rostro y escupió un diente amarillo en su guante lleno de sangre.
¡Jodido cabrón, me has cargado un diente!
El mestizo no se preocupó del daño que le habían infringido, moviéndose hacia delante para terminar su trabajo.
Ya que tu amigo no quiere salir, creo que tendré que obligarlo.
Como un lobo, saltó hacia delante, moviéndose con más rapidez de la habitual, una risa gutural llenó el aire y de un momento a otro quien vestía la piel del  mestizo no era otro que la misma muerte.

Su camino era de maldición, sus pisadas de huracán. El hijo pródigo de Rhaggorath se abalanzó como una cobra sobre el soldado, cortándole el rostro de un tajo en diagonal que traspasó el acero ligero del casco y le arrancó media mandíbula.
En algo parecido al chillido de un cerdo, el hombre soltó la espada y se llevó ambas manos a la quijada caída que ahora tan solo colgaba por la piel y la carne del extremo derecho. La lengua colgaba desde su origen en el cuello, y la sangre saltó fuera de su cuerpo, con tanta rapidez que el cuerpo sin vida se quedó tan quieto como una lápida en lo que el mestizo se demoraba en girar en redondo e ir a por los dos solados que giraban alrededor de la exina.
Sus ojos eran perlas rojas quemando el aire, se posaron en la espalda de su siguiente presa, la que como un conejo asustado vio el cuerpo bañado en sangre del mestizo avanzar como una roca imparable hasta él.

La espada restalló contra el escudo y lo desarmó como madera vieja, la cual quedó colgando del brazo de Medielvoulder como un muerto colgando de la horca. El mestizo, con un movimiento fluido cortó todas las correas de su brazo y lo dejó libre del lastre antes de atacar. Blandió su arma con ambas manos y ejecutó con extravagancia al hombre que le hacía frente, cortando primero el brazo que sujetaba el arma, y luego enterrando en repetidas ocasiones su espada en el pecho el hombre hasta transformarlo en una masa sanguinolenta.

Ya tan solo quedaba uno.

La risa que rompía la mañana como una cáscara vacía era propia de las bestias que roían la tierra en el Foso Negro, una luz oscura que se proyectaba sobre todas las vidas que aquel medio demonio posaba sus ojos.
El movimiento de las espadas en el baile que realizaba Hemmi era virtuoso, pero pobre en muerte y mutilación. El último hombre no quería darle la espalda al mestizo, pero la exina lo obligaba a girar y girar. Medie se acercó a ellos pisando el brazo cercenado que aún sostenía la espada, con una risa que no parecía poseer vida.
¡¿QUÉ MIERDA TE ESTÁ SUCEDIENDO?!

El soldado restante levantó su espada para detener el filo llameante de la mujer, la que con un gentil movimiento de su mano izquierda que sujetaba el pomo, giró la katana en su centro, haciendo que el filo formase una perfecta “O” y logrando mandar la espada de su oponente a un costado inerte. El hombre, que abrió mucho los ojos, no alcanzó a reaccionar cuando sintió la punzada de dolor tras la rodilla, cayó como un muñeco de trapo, y recibió el segundo golpe del mestizo justo en la nuca. La espada le cortó la cabeza, y como un verdugo, Medie miró el cuerpo sin vida con la misma impasividad que una estatua, lo echó a un lado y siguió su avanzar irrefrenable hacia la mujer.
¿Qué se supone que haces?

No hubo más respuesta que una sonrisa implacable.
El mestizo siguió con su cacería, moviéndose con la misma agilidad que el agua, vertiendo su pasión en flujos cálidos de rabia. Su espada daba dentelladas contra la katana, y la mujer hacía lo posible por detener los golpes. Pero era imposible, no estaba a la altura, no era lo suficientemente fuerte, alta, rápida, ni estaba lo suficientemente loca como para atacar.
¡DETENTE! —Gritó como consumida por su propio fuego.

Las llamas rojas y violetas subieron por sus piernas y alcanzaron su rostro en lo que se tarda en respirar una vez, sus movimientos trataban de alcanzar el movimiento incansable del medio demonio, pero solo servían para resistir. El linde del bosque llegó a los pies de la exina, y la hizo trastabillar un instante, crucial y eterno en los ojos de la mujer, puso un pie con rapidez para no caer, y perdió la pelea.

La sangre fluyó por las costillas y una pierna, cayó de rodillas y soltó la espada. Medie colocó sus manos manchadas de sangre que no era de él en el suelo para no caer, gritó como un oso en cautiverio y giró la vista para ver quien le había atacado.

Era el mercenario que se ocultaba en la caravana. Un hombre pertrechado en cuero y con dos largas espadas que ahora estaban manchadas de sangre mestiza. Medie se llevó la mano a las costillas para calcular el daño, era un corte recto de unos siete centímetros que había atravesado todas las ropas y se había detenido en el hueso. La pierna era otro cuento.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Hemmi Chinaski el Vie Oct 07, 2016 7:58 am

La destrucción que había realizado aquel jodido mentecato en los hombres de la caravana era digna solo de un incendio forestal. Una fuerza imposible de manejar ni contener.
La misma, que por suerte, ahora yacía en el suelo.
Impresionada miré al mercenario que giraba sus dos espadas con agilidad y prepotencia. Como si atacar a un hombre por la espalda necesitara mucha técnica.
Venga, cabrón. Terminemos esto.
Perdón, madame. ¿No debería ser recibido como un salvador? Acabo de extender su fecha de muerte, la que casualmente terminaba hoy.
¿Y qué mierda quieres? ¿Un premio?
No estaría mal. —Dijo lamiéndome con su sucia mirada. Casi podía sentir como me quitaba la ropa con los ojos.
¿Y qué tal si mejor yo soy la que te penetre a ti?
Moví la katana para textualizar mis palabras.
Si así lo desea… —Respondió haciendo una ligera reverencia.

Se lanzó a mí dando un salto por sobre el hörige, apoyándose en su espada para ello. Ambas espadas se robaron los brillos del sol cuando giraron directo hacia mí. Yo no me encontraba en óptimas condiciones para luchar, ni siquiera estaba segura si podría contra él. Pero debía intentarlo…
Elevé mi sombra, la que a mi espalda, como bruma de puerto en la madrugada se irguió dando pasos lentos pero firmes.
¡Bruja!

Mi sombra se movió por el suelo como una mancha borrosa que me defendió de las dos espadas de aquel bastardo. Corrí hasta mi posición y junto con Envidia giramos alrededor el mercenario, dos espadas para dos contrincantes.
La pelea seguramente hubiera sido pareja, pero mi sombra no recibía daño alguno, la espada simplemente la atravesaba como si intentase atrapar el viento o un jirón de luz de luna. Nuestras espadas atravesaron la armadura de cuero y se clavaron profundo en el cuerpo del hombre, apagando su fuego para siempre.
Mi sombra regresó a mis pies, cosiéndose a mí otra vez. Corrí hasta Medie y me arrodillé hacia él.

¿Te encuentras bien?
Creo que moriré desangrado. A menos que aparte de prenderte fuego y liberar tu sombra también seas curandera experta.
No, no lo soy.
Mierda, puta suerte.
Ya, deja de maldecir.
Le quité una daga del cinturón y lo calenté con el fuego de mi palma.
¿Qué harás?
¿Acaso nunca te han cauterizado una herida?
O, joder, esto me va a doler.
Mejor muerde algo, de preferencia no tu lengua.

Cuando la punta de la hoja de la daga estuvo al rojo le cautericé las dos heridas, la de la pierna no era tan profunda como parecía, pero era la que más sangró.
No creo que te sea posible caminar, menos cabalgar.
Ayúdame a subir al carro, necesito primeros auxilios, o al menos salir de este cementerio.
Claro. —Caminé hasta la caravana y abrí la puerta.
¡Alto! —Gritó desde dentro un hombre regordete con una ballesta en las manos, por sus ropajes no podría ser otra cosa que un comerciante—. ¡Alto o disparo!
Está bien, calma. He venido a ayudar. —Dije con una sonrisa cándida como una vela en un altar.
¿Quién es usted? —Me preguntó mirándome de arriba abajo.
Soy de la guardia personal de su señoría el padre de la iglesia de… —Estiré la mano con la rapidez suficiente como para que el virote se clavase en el techo. Saqué mi espada y entre súplicas acabé con la vida del último hombre en la caravana.
¿Hay una virgen ahí dentro? Una estatua —Me gritó aquella bestia de cuernos cuando salí.
No. Solo mercancía. —Estiré las manos, había suficiente como para los dos, pero no soy de las que comparten.

Cargué uno de los caballos que tiraban el carro, era un hermoso purasangre tan bien entrenado que ni siquiera rechistó cuando me acerqué a él para cargar la silla de montar de uno de los palafrenes de los soldados que seguían la caravana. Cargué suficiente dinero como para no tener que trabajar por unos cuantos años y monté.
Maldita bruja. ¡Ayúdame a llegar al carro!
¿Para qué? ¿Para que luego me sigas? No, muchas gracias. Considera esto —le dije, dándole unas palmadas a las alforjas—, como mi paga por haberte ayudado.

No necesité hundir mis talones, el caballo estaba tan bien entrenado que con un ligero movimiento de mis pies se puso andar.
¡Vuelve aquí maldita!
Casi me matas, y a cambio te salvé la vida. Estamos a mano. Ahora arrástrate sobre el camino lleno de la sangre que tú mismo derramaste si quieres volver a la ciudad.


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Hemmi Chinaski

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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

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