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Un jugoso Botín en Rasg Port

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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Khiryn el Mar Oct 11, 2016 6:56 pm

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Seguí la procesión sin acercarme demasiado, sopesando si aquel robo sería no sólo una buena idea, sino posible. No tardé mucho en decidir para mí que, no lo era. Repasaba con los ojos a la multitud embebida por la imagen fría de aquella virgen; sin duda, había costumbres que no me eran fácil de comprender. No era la primera vez que veía a los hombres adorar una estatua; hasta yo misma me había llegado a tragar las historias de Luminaris, y la reina muerte. El mismísimo conde nigromante se arrodillaba ante la imagen de Elias; pero esto era distinto. Esta era una representación de una simple mujer que era adorada por el simple hecho de ser virgen.

Casi por casualidad reconocí la silueta de Necross entre la gente. A estas alturas, su complexión me era ya muy familiar. El hecho de que usara una capucha que le ensombresía el rostro fue lo único que hizo falta para que de hecho, supiera que era él. Nadie usaba una igual. Me acerqué con cautela permaneciendo a mi modo, en la sombra de mi propio disfraz. Lo tomé por el brazo y cuando volvió su mirada a mí, levanté el rostro para que me reconociera, de inmediato lo llevé fuera de la procesión por una calle. Nos alejamos sólo lo suficiente como para hablar con comodidad en voz baja y podernos oír sin gritar sobre las voces de la chusma.

–Es imposible.
-¿Té crees?
–Mira toda esa gente. Casi con seguridad, según todo; el dinero va ahí, en la base de la virgen. Ese cajón no será cosa fácil de abrir. Además, ¿Vez a las seis monjas extrañamente grandes junto a los sacerdotes que cargan a la virgen?
–Sí. ¿Qué hay con ellas?
–Son soldados. Si el borracho capitán fue capaz de planear poner a sus hombres vestidos de monjas justo bajo el cofre con el botín, lo más seguro es que, entre la gente haya más soldados disfrazados de civiles. Sin mencionar a la gente que sin duda se verá enfurecida si atentamos algo contra “su virgen” justo delante de ellos.
Es más, aunque no metiéramos a la gente, pelear contra seis soldados solos tu y yo sería complicado, y por seguro, los sacerdotes se meterían en protección a su santa. Yo pensaba en un robo limpio, sin sangre. Quiero el dinero, pero no tengo intenciones de matar por él. Al menos no a esta gente.


La procesión comenzaba a alejarse, así que con un movimiento de cabeza, Necross me indicó que nos metiéramos de nuevo entre el torrente de gente y siguiéramos la marcha. Así hicimos.

– ¿Y cuál es el plan? ¿Pensaste en algo?

–Mira alrededor, al parecer toda la gente del pueblo está aquí, en la calle. El botín ese que va en la virgen resulta ser un gran distractor. Incluso, el capitán a dispuesto guardias para disfrazados para protegerlo. Si mi intuición es correcta, y resulta que sí hay más guardias entre la gente, entonces el resto de la guardia sobrante es escaza. Si se trata de robar; ¿por qué no vamos a la casa de piedra más grande que veamos y robamos ahí? No sé, puede ser un mercader de lana o de seda; me da igual. Sólo quiero sacar algo ya y largarme de este apestoso puerto.

Me quedé callada un momento, volviendo a pensar mis palabras. Estaba de malas. Me sentía frustrada y hambrienta; y me estaban dando ganas de cagar. Seguí caminando con Necross vigilando de cerca a la virgen.

–Además. –volví a hablar –Me sabe mal haber venido tan lejos y salir con las manos vacías. Pero no creo que seguir el oro hasta donde vaya a ser depositado haga que sea más fácil robarlo. Ya se han tomado muchas molestias.

Recapacitaba sobre mi primera intención; ahora pensando esperanzada que quizás si habría al menos una oportunidad. Aunque ciertamente, estaba cansada de seguir por todos lados ese maldito dinero. Cazando brujas sin una miserable certeza.

–Si no podemos robar ese oro, tampoco quiero que alguien más lo tome. Pues bien, tenemos dos opciones, Necross. Seguimos esperando a ver si en algún momento podemos tomar algo de ese oro, o buscamos a quien más robar y nos vamos a la mierda.

El humano sopesó la idea un momento, parecía divertido, aunque decepcionado. O no sé, era difícil ver su rostro con esa condenada capucha.

–Vamonos a la mierda pues.

Sonreí. Parecía que –el hombre del parche, pero no tuerto- sentía lo mismo que yo. –Sólo hay algo más que hacer. Asegurémonos que nadie se quede con el botín.

Me acerqué un poco más a Necross y le conté mi plan. Dispersariamos entre la multitud el rumor de que el oro de Rasgport iba en la virgen. Si eso salía bien, se armaría un caos ahí mismo… o quien sabe…

Enfundada en mi capucha y traje de monja, hablé pues en voz alta, aunque simulando hablar por lo bajo; asegurándome que al menos un par de personas me oyeran. “…¡y pensar que aquel oro del rumor va justo ahí, en las narices de todos, bajo la virgen!”

Con sigilo me movía entre las personas, simulando hablar con alguien, o conmigo misma en voz alta, repitiendo las mismas oraciones. Algunas personas buscaban de inmediato la dirección en la que venía mi voz, pero me aseguraba de permanecer en movimiento para que no me ubicaran con facilidad. El hecho de ir vestida de monja parecía brindarme cierta autoridad y conocimiento, pues la gente, aunque de malas se abría a mi camino.

Me separé un poco de Necross y una vez hube reparjtido el rumor, me orillé en la procesión para salir del camino si fuera necesario; aunque antes, me interesaba saber si mi rumor había tenido éxito, o no.

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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Katarina el Miér Oct 12, 2016 12:06 am

Tenía la certeza de que la comida insípida era algún tipo de tradición de los dioses benignos, algún tipo de penitencia asumible a la que se sometían los creyentes, por más que los llevara por el camino de la amargura. Esbozo una ligera sonrisa por su elección de palabras y se acabó el último bocado. Luego siguió al tuerto hasta su habitación, donde recogió sus posesiones, pero allí se separaron. La peliblanca le enseñó el uniforme y añadió una única frase antes de irse a buscar esa estúpida procesión. –Intentare colarme, procurad no apuñalar a ninguna monja sin verla primero, podría…no gustaros el resultado.- Tenia un plan, más o menos, aunque aún tenía que pulir los bordes, y para ello tenía que ver exactamente la situación, por lo que apretó el paso, metiéndose en una esquina para colocarse el uniforme por encima, colocando lo que quedaba de sus pertenencias en uno de sus costados, por debajo del uniforme, que por suerte le iba grande, por lo que solo parecería ligeramente no simétricas si realmente se fijaban. También recoloco las dagas, inaccesibles bajo esa especie de toga, dejándolas atadas a sus brazos, para que solo tuviese que meter las manos bajo las mangas, un gesto sutil… Cuando acabo, parecía una monja de manual, salvo que no llevaba el pelo recogido en esa estúpida capucha, no iba a tapar su precioso pelo con esa cosa tan horrible, que además le picaba.

Su raza era extremadamente religiosa para los estándares humanos, podría haberse colado en medio de la procesión sin demasiados problemas, seguro, pero cuando las cosas empezaran a “desaparecer”, todo el mundo recordaría a la elfa, así que recurrió al plan B, b de bruto y borracho, descripción en la que encajaban perfectamente un trió de hombres sin camisa bebiendo como peces en el río y cuyas porras rematadas con clavos dejaban cuanto menos dudas sobre su honradez. 3 alarmas rojas si estabas sola en un callejón, tres grandes cualidades si querías remplazar a alguien. –Buenos días caballeros, ¿les interesa ganar unas monedas?- solo uno de ellos se levanto, acercándose hacia ella y, por desgracia, lanzándole un aliento tan cargado de alcohol que estaba a una chispa de equipararse al de un dragón rojo.

-Vaya… normalmente somos nosotros los que decimos eso a las chicas bon…- la mano que se alargó para tocar su pelo fue rápidamente interceptada con un manotazo raudo como un golpe gatuno. Antes de que las atrofiadas e intoxicadas de ese humano procesaran lo que acababa de pasar, siguió su discurso. –Estaría muy agradecida si una de las monjas que sujetan la virgen sufriera… un percance que le impidiera continuar con su sacrosanta labor.-

-¿Ein?- Engwars… malditos paletos.

-Incapacitad a una de las monjas de la procesión… de las de mi tamaño, me da igual cómo, partidle una pierna, tiradle un pedrusco… pero rápido.-

-Señorita, puede que no le parezcamos personas muy….- hubo una pausa lo suficientemente larga como para resultar incomoda, mientras su primitivo y embriagado cerebro buscaba a toda máquina las palabras adecuadas en su extenso y complejo léxico –espirituales, pero mi madre siempre me decía que…- un brillo de plata surgió de la mano de la elfa, en forma de una radiante moneda. –Dalo por hecho.-

-Buen chico…-

Ya estaba todo hecho, se situó detrás de las seis monjas que hacían de sequito, sutilmente, y espero el grito de dolor, momento clave. Se adelantó a todas las otras entre gritos de horror, según su plan, las seis pensarían que una de ellas se habría adelantado y se quedarían dónde estaban, sin siquiera molestarse en contar que en realidad había siete. –Hermana… ¿estás bien?- puso su mejor cara de horror- Yo ocupo tu puesto, debes hacer que te miren esto… -se santiguo, la guinda en el pastel. Ahora solo esperaba no ser pillada en una situación MUY incómoda.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Margaret Orgaafia el Vie Oct 14, 2016 5:12 pm

Margarett solo escuchaba el sonido del caballo en el que montaba y el del caballo que tenía delante, en el que montaba el teniente. El sonido contra la piedra del asfalto era constante, en un trote rápido y sin descanso. Cuanto más tardasen, más posibilidades había de que alguien preparase algún tipo de ataque o consiguiera robar el contenido de mala manera. Habían concebido un plan, en el que la gente y las conexiones de la propia ciudad iban a ser la clave para salvarla. Toda la operación se había concebido para ser realizada en secreto, un acto de una monarquía despreciativa a sus gobernados, pero iba a ser salvada por estos mismos, ignorantes de ello o no. Finalmente, llegaron al lugar del suceso, parándose en medio de la multitud. Un semigrito colectivo se escucho, junto con varios insultos hacia los jinetes que habian paralizado la ceremonia, pero todo se paró ante la voz del teniente.

- ¡Silencio! ¡Tenemos noticias importantes! ¡La Virgen esta en peligro! -gritó con fuerza. En ese momento se instauro un silencio. Era un silencio peligroso, en el que todos estan atentos a lo que van a oir, en el que todos se habían compenetrado y una palabra mal dicha podía acabar con los conferenciantes muertos. Era un silencio de taberna, de turba y de conferencia universitaria.

Tras esas palabras, Margarett habló. Su vestido había sido sustituido por un hábito de una sola pieza, de un negro absoluto y limpio, casi fusionado con un velo del mismo color. Lo único que se alejaba del monocromático atuendo era su rostro, que destacaba con claridad. Lo que normalmente era una expresión maliciosa y perversa, se habia cargado de autoridad y omniosidad, mostrando una expresión beata, pero regia, recordando a cientos de hombres allí presente a las profesoras que los habían sacado a la pizarra y luego les habían dado con una regla al equivocarse.

- ¡Hijos mios, escuchadme! -La voz de la anciana se expandió en el espacio, tomando el escenario que eran las mentes de los religiosos- ¡Un terrible suceso ha ocurrido! ¡Nuestra abadía, poco lejos de aquí, ha sido mancillada por las espadas de los innobles herejes! -Esas palabras tomaron la atención del público y lo monopolizaron por completo.- ¡Habría perecido si no hubiese sido por que nuestra señora y mis hermanas me protegieron para traeros la noticia de que vienen aquí! ¡Vienen aquí en busca de la Virgen! -Sin embargo, los rostros de la gente se mantuvieron en esa expresión indiferente y extrañada, la misma que ponía algunos besugos a la hora de ser pescados, en la cual no se podía ver ni miedo, sorpresa o extrañeza. .- ¡Quieren mancillarla, destrozarla y acabar hasta con su recuerdo siguiendo las practicas díscolas y repulsivas de aquellos que profanan la tierra con su presencia! ¡Pero no lo permitiremos! ¡Defenderemos a nuestra señora sin dudarlo!

Uno no podía confiar en la honestidad o en lo rigurosos del pensamiento de una turba, pero si que podía confiar en que querrían destrozar a alguien,algo o cualquier cosa. Los deseos religiosos llevan a muchas partes, pero esas partes tienden a acabar en ruinas y ardiendo. Al segundo, el teniente dio la orden de llevar la virgen a la base de la guardia, donde estaria segura.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Gerarld Amattore el Mar Oct 18, 2016 1:59 pm

A las afueras de la ciudad, un suceso que ocurrido que jamás será contado, ni jamás se sabrá que ocurrió, acabo con la vida de varios mercenarios, el robo de unas mercancías. Y la traición de unos compañeros. El mestizo muy mal herido, luchaba por su vida y por soportar el dolor y la frustración del abandono. Mientras la mujer de fuego se iba, un poco maltrecha pero contenta, pues gozaba de un pequeño botín, que no tendría que compartir con nadie.

La ciudad estaba muy ocupada, por lo que la vuelta a la misma era prácticamente segura, y pocos guardias estarían vigilando la zona. Por otro lado el conseguir servicios en ese momento se tornaría difícil, desde comprar algo, hasta pedir algo. Tanto Hemmi como Medievoulder tendrían que buscar bien para conseguir ayuda para sus respectivas necesidades. Sea como fuere en el mercado del puerto siempre hay gente.

Mientras la procesión avanzaba lentamente, los nerviosos guardias que iban de monja comenzaban a sentir un alivio interno que iba subiendo por cada paso que avanzaban… Empezaban a pensar que el plan tendría éxito, pues ya habían recorrido un par de calles, y no había ocurrido nada. Pero estos guardias no podían tener contacto directo con nadie, así que tampoco sabían la situación real. Situación que se enterarían dentro de poco.
Sin saber cómo atacar, o interferir en la procesión, parte de los protagonistas de esta historia, decidieron usar a la población, aunque con motivaciones y métodos diferentes. EL hombre del parche y la mujer con pelaje, habían decidido usar el propio tesoro como incentivo, y buscaban sembrar duda en la gente, había mucho corazón negro en ese pueblo, y ahí querrían llegar. Difundiendo el rumor de que el tesoro se encontraba ahí, no tardaría en atraer gente que pensaba más con el bolsillo que con su alma.
Su técnica para esparcir el rumor era buena, no se sabía quién o que decía esas cosas, nunca se encontraba el origen, pero lo que estaba claro es que una vez escuchado, más de uno repitió al vecino, amigo o conocido, lo que había oído.

Los murmullos recorrieron la plaza, murmullos que la misma Katarina, vestida de monja, escucho. Cuando un joven adolescente le pregunto directamente, al grupo de monjas donde ella se encontraba, si era verdad que el tesoro se encontraba en la virgen. Hecho que las monjas indignadas reprimieron al chaval. La elfa lo hacía bien, podría decirse que era la que más cerca se encontraba del tesoro. Pero al mismo tiempo también era la que más tenía que mantener el engaño, pues si bien las monjas no sospechaban nada de ella, no tardarían en hacerlo si hacía algo muy sospechoso.
En ese momento, algo que nadie se esperaba, ni por asomo, sucedió. Al asombro de todo, para bien o para mal, llegaron unos policías, algunos montados otros no. Pero entre ellos había una monja bastante grande y corpulenta.

Una voz que tronó en medio de la calle. La procesión se había detenido, y la gente miraba atenta. Una monja que hablo cual emisario del infierno advirtiendo a sus fieles que el fin estaba cerca. Una advertencia religiosa, un plan brillante.

La anciana Margaret también quería usar a la población a su favor, pero desde un punto de vista diferente, quería usar el apoyo religioso, llegar a la parte del corazón que se rige por la Fe. Y conseguir, como tatos falsos profetas, manipular a la muchedumbre por medio de astutos engaños.
El plan era bueno, y además tenía el respaldo de la guardia. Pero la anciana no podía prever que pocos minutos antes, el rumor del tesoro escondido había inundado la calle con silenciosos susurros.

La población media de Rasg Port, era gente de clase baja. Algunos más legales que otros, algunos más pobres que otros, algunos más buenos que otros, y algunos más religiosos que otros. Si bien había una mezcla de todo. Era de tal modo que la comunidad era más religiosa, que legal, pues preferirían rendir cuentas a su dios, antes que a su alguacil.
Primero un silencio, luego murmullos. Había ideas compartidas, y también contrarias. Había quien quería echar mano del tesoro, había quien quería proteger la virgen, e incluso quien quería echar mano al tesoro pero no quería insultar a la virgen.
También había quien no se fiaba del rumor, y muchos que estaban enfadados por la falta de respeto a la virgen por meter asuntos políticos y militares con la santidad. Pero la gran mayoría simplemente eran indecisos que no sabían cómo actuar.

Entonces un hombre regordete, fuerte, y algo entrado en años, conocido por muchos como Belmont el tabernero. Se alzó sobre la gente, subiéndose a algún objeto, a un lado de la calle, justo a la entrada de un callejón.
-Mirad, las monjas que llevan la virgen!, son hombres!-

Y con ese simple mensaje, explotó la tensión que se había acumulado en esos minutos. Gente maldecía a la guardia por meterse en la santidad. Más gente maldecía a los degenerados que querían aprovecharse de los demás. Y más gente aún, no decía nada pero peleaba contra otros según lo que consideraban justos.

La virgen peligraba, los guardias disfrazados intentaban mantener la compostura quitándose a empujones de encima la gente que intentaba descubrirlos… si los descubrían podrían dar la razón al pueblo enfadado. Las monjas reales intentaban ayudar a los guardias, más por bondad que por ser aliados. No querían que sufrieran daños. Pero esas monjas no tenían fuerza suficiente, solo eran un muro defensivo de índole moral. Pues mucha gente no quería hacerles daño.

Varios guardias de los alrededores llegaban poco a poco, todos llamados por Margaret para intentar ayudar. Algunos simplemente intentaban defenderse de los ataques de la población. Otros avanzaban a la virgen para intentar defenderla. En esa calle todos estaban, hasta Mary la puta había llegado con su ojo único buscaba a su compañero, sin mucho éxito, Necross pasaba desapercibido entre tanta gente.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Necross Belmont el Vie Oct 28, 2016 2:26 am

-Mírala, siento que toca mi corazón con la bondad que irradia… nuestra virgen…- Cruzado de brazos, entre gente que con verdadera fe alababa la imagen de la virgen, Necross se encontraba a punto de hablar de mas: - Pero aun así… escuche de un tipo más allá que dentro de la virgen los reyes están transportando una gran cantidad de monedas. ¿Es que acaso no les importa mancillar la imagen de nuestra señora?- No le hablaba a nadie, miraba a todos, intentando poner su mejor cara de tristeza.

“la virgen lleva dinero”, “si miras bien a las monjas parecen hombres”, “están ensuciando nuestra fe”. Se movía por todo el mar de gente, conspirando para que las personas se atrevieran a hacer algo, a enfrentar a los soldados, sabía que eran soldados pues Khiryn se lo hizo saber. - Y pensar que los rumores eran ciertos, ¡la virgen está llena de oro!- Gritó, pues eran varios los seres que ya estaban discutiendo sobre el reciente rumor. Se pedían las fuentes, se preguntaban entre ellos que sabían, unos salían con más mentiras para adornar la situación, para quedar como que ellos conocían todo desde el comienzo. Otros, más precavidos, se mantuvieron lejos de los rumores, eso sí, siempre con un oído atento; si era verdad el rumor, era una oportunidad única.

Mientras seguía esparciendo el rumor, el hombre sin parche diviso una cabellera roja, piernas que a la vista se veían suaves, y un busto pronunciado. -Oh vaya, resultó que el tuerto no era tuerto.- Mary, la prostituta de un ojo, con una sonrisa coqueta se plantó frente a Necross, este de inmediato le pidió ayuda. Ahora, con una boca extra, el rumor llegaría más lejos.

Antes de seguir hablando,  y cuando ya las masas estaban atentas, Necross se largó a reír sin razón aparente, la verdad es que reía al recordar que Khiryn andaba vestida de monja. -Se veía bien.- Pensó, luego siguió con su misión, su labor.

-…Es que míralos, esas monjas realmente no parecen monjas. Fíjate, ¡son soldados! No quiero dudar… realmente no quiero, pero las pruebas de que algo raro sucede son dema...- Necross le hablaba a un hombre con ropas desgastadas, de unos treinta años, se vio interrumpido cuando apareció la anciana del bar, vestida de monja, y del lado de los soldados. -¡Esa vieja! ¡Esa vieja estaba ayer en el bar hablando con el capitán! Alcancé a escuchar algo de su conversación, ¡entre ambos se asegurarían con el tesoro para luego repartírselo!-

Con eso ya sería suficiente, conseguir el tesoro sería difícil, solo, no podría cargar mucho, y quizás se haría más dinero con otro tipo de trabajo, además de que la gente ya había explotado, para ese momento ya estaban sobre los guardias. Necross busco a Mary para informarla, él se iría, se perdería entre la gente, pero necesitaría por una última vez a la prostituta. -Busca a la tipa que me invito la cerveza ayer, dile que se quite las ropas de monjas antes de que la gente le haga algo. Ella sabrá donde encontrarme en caso de que algo pase.- A paso lento, el hombre sin parche se alejaba de la muchedumbre. -Pídele indicaciones también, en caso de que te aburras de ser prostituta y quieras ser mercenaria. Me serias útil.-

Y sin decir más se fue, pensando en que a este pueblucho le faltaba seguridad, soldados bien entrenados. Por ello, y para asegurar un pago (aunque quizás no tan cuantioso), el hombre sin parche iría con los líderes de todo el asunto, los que seguramente orquestaron todo. A ellos les ofrecería los servicios de los alas negras, era más que obvio que el pueblo necesitaba un poco más que la buena voluntad de los soldados.

Necross se metió por un callejón buscando alejarse de las masas enfurecidas y violentas, allí vio al tabernero con el cual compartía apellido, junto a otros seres, no se molestó en saludar a ninguno.

Usando el la electricidad en su cuerpo para recalentar uno de sus dedos metálicos, el hombre sin parche encendió nuevamente el cigarro que tenía, anteriormente lo había apagado al encontrarse con Khiryn.

Necross se perdió de vista, entre una humareda con olor a tabaco.



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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Katarina el Lun Oct 31, 2016 9:33 pm

“Mal mal mal mal, pinta muy mal” Eso era lo que no paraba de repetir la elfa, como un mantra, a medida que los “rumores” llegaban a sus finas orejas. –Hermana, ¡tenemos que sacar a la virgen de aquí, a un almacén o algo!- susurró a una de sus acompañantes, con la esperanza de que le hicieran caso, pero esas viles palabras aún no habían llegado a los atrofiados oídos humanos, por lo que la monja se limitó a mirarla como si estuviera loca. Mantener su papel seguía siendo la mejor opción. Solo necesitaba unos minutos de tranquilidad, sacaría todas las monedas de la virgen, porque “esto es lo que en realidad quieren esos pecadores” y mientras el resto de monjas y sacerdotes salían por otro lado, ella se quedaría para “asegurarse de que los infieles no les seguían”. Impecable, elegante, soberbio, y encima podía hacerse salvando la fe de esas personas, nueve de cada diez dioses la harían santa allí misma. El restante muy posiblemente le lanzaría un meteorito, pero había momentos en la vida en los que una tenía que arriesgarse, sobretodo si la recompensa por ese momento podía ser más oro del que podía cargar. Un chaval pregunto abiertamente lo que Kat había oído decir a la muchedumbre, especulaciones, puras especulaciones, pero que hasta donde ella sabía, resultaban ser reales. La misma monja con la que había hablado le dedico una mirada de entendimiento. Estaba a punto de desatarse una batalla campal, avaricia contra fe, ella lo sabía, las monjas lo sabían, los guardias lo sabían, y Katarina estaba justo en medio de todo el follón y desde luego la aparición de esa anciana del día anterior, haciéndoselas de defensora de la fe, no ayudaba en absoluto a calmar el ambiente, y aun peor, se habían parado, en medio de la plebe, que los miraba como gatos observando una pecera.

Pero ese barrigudo bocazas, ese inepto que ni siquiera era capaz de mantener su local no incendiado, tuvo que abrir su enorme bocaza y constatar lo obvio, que esas monjas de casi dos metros no eran en realidad las hijas feas y monstruosas de alguna familia pudiente, sino simplemente hombres, guardias por lo que deducía la peliblanca. Iba a degollar a ese capullo, a su debido tiempo, preferiblemente después de resolver el pequeño problema de la turba que se dirigía hacia ellos. –TENEMOS QUE LLEVARNOS A LA VIRGEN, ¡¡AHORA!!- utilizó todo lo que sabía, todo lo que había aprendido de su familia, de sus aventuras como trovadora, de su propio carisma en esa frase. Un tono cantarín pero urgente, unas palmaditas para llamar la atención de esas monjas que parecían contemplar la escena, futura masacre según su experiencia (pues solo era cuestión de tiempo que alguien recibiera un puñetazo más del que estaba dispuesto a soportar y desenfundara un arma para que esto se volviese un campo de batalla con todas las de la ley) incluso fue tocando una a una a las monjas, las de verdad, para que reaccionaran a sus palabras. –Tenemos que resguardarla en algún almacén, algún edificio…- Mantendría el plan. Sabía lo que hacía, necesitaría segundos para encontrar el oro, y como máximo minutos para sacarlo, luego simplemente las convencería que lo mejor era llevarse a la virgen y dejar el oro allí. Después solo quedaba cargar tanto como pudiera.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Margaret Orgaafia el Lun Nov 07, 2016 1:32 am

Las orejas de Margaret no estaban solo de decoración y para exhibir unos lóbulos robustos y sanos. Claramente había una extraña sintonía en el ambiente. Alguien estaba tocando una melodía diferente a la que anciana bailaba. Sus ojos se entrecerraron en un gesto de frustración, procurando escuchar con atención los murmullos que se deslizaban entre la multitud. Era fácil de distinguir un rumor de un hecho. El rumor se susurraba, era algo que se transmitía de forma confidencial, sin dar seguros, confiando en la confianza que se le tiene al interlocutor, como una enfermedad de transmisión sexual. Mientras que, un hecho, ya fuese falso o no, se gritaba a pleno pulmón, con el pecho al descubierto y deseando que todo el mundo, como un exhibicionista. Ambos eran parecidos en su perversidad, pero un hecho resultaba más peligroso. Un hecho podía convertirse en realidad, mientras que un rumor, tarde o temprano, en el momento en el que se perdía interés y la llama de la novedad se extinguía, este moría. Por ese motivo, la anciana se bajo del caballo nada más terminar su discurso y notar con claridad como el mundo empezaba a moverse en la dirección contraria a la que debía, o sea ser, a la que dictaba Margaret. Era hora de que se involucrase personalmente en el asunto.



En el momento que esa voz salio de la boca de uno de los miembros de la turba, Margaret estuvo allí. Y cuando el cuerpo del que exclamo tal cosa se tambaleo de manera repentina hacia abajo, Margaret estuvo allí, con la mano donde antes estaba la cabeza del caballero. Los rumores y hechos se pararon la instante en las bocas de esos religiosos necesitados, específicamente, de una guía con amplias y arrugadas manos.- ¿Como te atreves a decir eso?- dijo Margaret. Aunque usar el concepto "dijo" para referirse a lo que salió de la boca de la anciana era extender un poco el término. Para muchos intelectuales, si, es la palabra correcta. Pero si le preguntases a un religioso, este diría que la profunda voz de los dioses resonó en la boca de sus servidora, profunda e incandescente a los oídos de los infieles. Si le preguntases a un superviviente de hordas demoniacas, te diría que era el rugido de las bestias infernales, que acababan de salir de lo más profundo del averno, deseando saborear la sangre de sus indignos y débiles enemigos y esparcir pestes en el terreno de los mortales. Si le preguntases a un político, era la voz de su esposa tras enterarse, a través del periódico, del nacimiento de su tercer hijo con otra. Pero, para todos y cada uno de los individuos que estaba ahí, era la voz de una Madre. A las mujeres le sonó como el comentario afilado y cruel que sus suegras les dedicaba cada vez que se dignaban a aparecer a su lado. A los hombres les sonó como la voz de sus difuntas o aun vivas madres preguntándoles con ese tono grácil y adulterado donde estaba la vajilla buena, aun sabiendo que las habían roto ellos. Y, a los pocos verdaderos eclesiásticos que estaban en la multitud, se les borraron las dudas de que la señora que estaba ante ellos no fuese una madre superiora.

- Una mujer, precisamente, no se mete en el oficio de sierva de dios por su cara bonita...-dijo, dando un único paso en dirección al pregonero principal de la noticia que podía convertir el plan que había ideado en cenizas.- Al contrario, muchas de nosotras fuimos desdeñadas desde jóvenes por nuestro aspecto....¿que esperabais ver como siervas del señor? ¿Diosas hechas carne? ¿Doncellas vírgenes en pos de un hombre que las lleve al mundo del placer? Lamento informarlo que esto no es una de esas historias que escuchais en un bar y que después reimaginais en vuestros hogares a solas...- Cada hombre de la multitud bajo la cabeza, levemente sonrojados y aterrorizados. Todos sentían como sus estómagos ganaban peso y este marchaba a sus bajos, en una alerta de que deberían marcharse. Era el mismo sentimiento de cuando el cura dedica una frase cortante en medió del pregón y sabías que iba dirigida a ti. Además, era sumamente horrible que una anciana, vestida en hábitos, deslumbrara con absoluta claridad alguno de los hábitos sucios de la población masculina.- Aquí no hay de eso...y si queréis comprobarlo, empezad por mi....

Eso si fue una amenaza. Aunque ahora se presentase alguien que había golpeado, violado o masacrado a inocentes, con un aspecto rudo y malévolo y con cientos de demonios arremolinándose, no habría conseguido hacer que ningún hombre sintiese tanto terror en su corazón como esas palabras.- Sin embargo, aquel que lo haga se enfrentará a mi....Soy una sierva del señor, pero no parare de luchar por proteger la inocencia de mis hermanas...-Tras eso, unos lagrimosnes de furia cayeron con fuerza desde los arrugados y cansado orificios que eran los ojos de la anciana.- No pude proteger mi convento, pero si las protegeré a ellas...

Tras decir eso, dio media vuelta, manteniendo su mentón hacia arriba, orgullosa, aunque las lágrimas siguieran cayendo. Sus pasos resonaron contra las piedras, el barro y el polvo que conformaban el asfalto de la carretera, uniéndose al conjunto de monjas verdaderas y falsas, que como una bandada de golondrinas la rodearon y la hicieron participe de la ceremonia.- Ahora...hermanas, continuemos la marcha hacia la iglesia...-Dijo, elevando la voz en un salmo religioso. El asunto, sin embargo, era que Margarett no sabia latín, pero si que sabía cantar. Por lo tanto, su canción tenía un tono emotivo y digno, elevándose con fuerza, como si el lugar fuese la propia catedral, pero usando palabras que se iba inventando o que recordaba de canciones...que no eran recomendable para la situación.- ECLETIA CORNUTA ESTTTTT, VIRGINIA ET PURA NOSTRA ANIMA NO....

El resto del grupo continuo el canto, siguiéndolo como bien podían, a la vez que Margaret iba destinando su voz a un segundo plano, hasta que la melodía se convirtió en un verdadero canto. La anciana se acerco a uno de los hombres más anchos, mientras rebuscaba entre sus ropas uno de sus pociones. Al poco, le susurro, en un tono en el que nadie más podría enterarse, nada más acercarse- Capitan o quien coño seas bebe esto y actúa como si fueses una monja de verdad...una monja femenina...-dice, pasandole la botella en su puño, como si elevase el glosario para cantar con ella.- Solo toma un sorbo y dile a los demás...que beban un sorbo y actúen como mujeres...¿lo entiendes? -El hombre solo asintió, mientras Margaret continuaba la marcha, replicando el gesto con los miembros más masculinos primero y después desviando su atención a los más femeninos. Lo mejor era poner medidas, por si alguien intentaba repetir lo de desnudarlos. Ella no tenia miramientos en que la desnudasen, pero si desnudaban a os guardias...se descubriría el pastel, aunque en este caso era la salchicha.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Khiryn el Mar Nov 15, 2016 4:38 pm

XI

Esa perra nos vendió a todos. Llegó al bar, donde por seguro sabía que íbamos a estar. Nos vio. Nos estudió. Provocó la pelea para vernos pelear. Sopesó nuestras habilidades. De conjunto con el capitán, no nos metieron a la cárcel; pues aun no habíamos hecho crimen alguno, salvo pelear en una cantina. Pero ella empezó. Nosotros nos defendimos, no más. ¡Nos vendió! Por eso se fue sola. Por eso no nos siguió. Le llevó la información al capitán. De todos.

Deben estar buscándonos en la multitud.

Apenas había levantado una piedra del suelo cuando la vieja se apeó del caballo. Al nivel del suelo, casi ni podía seguirla con la mirada. Ahora dudaba que fuera una mujer de religión. “¡Mierda!” “¡Qué mujer de religión ni que nada!” Las religiosas no actúan así. No son espías ni comienzan peleas en cantinuchas. Pero, ¿Qué? Ladrona, bruja, rata… perra. Muchos apodos me vinieron a la mente.

No sabía que iba a pasar, lo que sabía es que no quería que llevara a cabo su plan. Sea lo que estuviese tramando.


“¡Una cuerda!”

No podía verla entre el gentío, pero podía seguirla sin problemas por que la multitud se abría a su paso. Era raro. Un pueblo de maloras y navajeros de esquina abriendo paso a una vieja que ni conocen. Algo debo aceptar, la mujer es una gran actriz, ¡Y qué huevos! Si hasta casi que yo dudé.

Se acercó al tabernero y le dijo algo que no pude escuchar por el fuerte murmullo de la gente.
–Una cuerda… una cuerda una cuerda una cuerda, unacuerda unacuerdaunacuerda… ¡Una cuerda! repetí en voz baja buscando con la mirada por las fachadas de ambos lados de la calle, hasta que vi una cuerda enrollada, colgada de un gancho bajo un pequeño techo de palos y tablas sobre una especie de mesa de madera, que supongo, era una tienda que estaba cerrada.

Tomé la cuerda y me adelanté a la procesión, mientras trataba de seguir con la mirada los movimientos de la mujer. Se fue hacía la virgen. No sólo eso. Intentaba seguir la procesión. ¡¿Cómo?! Así de miedo creía la mujer que podía provocar con sus solas palabras y presencia. Estaba acreditando su rango con aquella acción. “Así de monja como iba, yo también podría acercarme. Matarla por la espalda no sería lo complicado. Pero cerca la seguía la guardia.” Sin duda no habría duda entonces. La gente le creería y salvaría el oro. Lo llevaría donde ella quisiera. Eso y que el capitán y la guardia estaban con ella. Mejor con ella que conmigo. Mientras la gente la veía a ella, yo soy invisible. Y como no mirarla, si hasta yo la miré.
Maldito Necross, me vendría bien una mano ahora.
Hice un nudo corredizo asegurándome de dejar suficiente espacio en la anilla para que pase la cabeza de la virgen. Subí a un tejado y miré la procesión. Miraban de frente. Lo de adelante ni siquiera veían a la virgen. Los de atrás miraban a la vieja gorda y cuchicheaban.

Cuando la virgen pasó a mi lado le lancé el lazo. Tiraría esa virgen de mierda al suelo y regaría el oro por el piso.

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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Gerarld Amattore el Jue Nov 24, 2016 1:23 pm

Mientras unos pasaban rumores a veces discreta, otras indiscretamente, otros alzaban la voz pronunciándose, mientras unos dudaban, otros se convencían, mientras por un lado fieles seguidores del señor, o al contrario, supersticiosos temerosos creyentes, defendían el hecho de que todo eso era mala idea. Otros avariciosos oportunistas solo buscan sobrevivir, o enriquecerse, o ambas.

El tabernero Belmont se alzaba entre la muchedumbre pronunciándose, mientras el mercenario Belmont desaparecía de la muchedumbre, silenciado. Consideró que su trabajo ahí había acabado, hizo lo que pudo, y con un puro en la mano y después de haber alargado mas rumores y dado una misión a la prostituta de prominentes dotes, se marchó. Desapareció entre las callejuelas y dejo atrás aquel lugar.

Era casi imposible escuchar a una persona en específico, todos oían solo a los que tenían al lado, demasiada gente hablaba, demasiada gente gritaba, y demasiada gente forcejeaba entre sí. Pero todo esto pareció importar poco cuando el tabernero fue derrumbado y donde antes estaba una vieja monja amenazante, puño en alto, y semblante serio.
Hubo un silencio momentáneo, uno bien aprovechado, la anciana habló y la muchedumbre ahogo los ánimos. La gente escuchaba, el rumor era brutalmente acallado. Pero no del todo, pues seguía gente con dientes negros y sonrisas perversas mirando desde las cercanías. Bandidos con cicatrices, gente normal, que necesitaba dinero para sobrevivir, e incluso alguna prostituta avariciosa.

Los planes de la elfa fueron al traste, pues si bien pudo funcionar en un principio, al tomar el mando la monja de mayor edad, las otras la siguieron, y se olvidaron de su propuesta. La procesión siguió, unos canticos inventados normalizaron ridículamente la zona, pero una poción extraña pasaba de mano en mano, para ser sinceros, el primer guardia era un imbécil, acató órdenes sin pensarlo dos veces, y curiosamente la poción lo convirtió en mujer, aparentemente. Pero a medida que iba pasando la botellita hacia atrás, algunos guardias no entendían bien por qué de esto, unos se lo bebían sin rechistar, otros pasaban la botella sin tomarla, y alguno la bebía escéptico y no tenía efecto alguno. Sea como fuere, la poción llego a parar de mano en mano hasta la monja falsa trovadora, que estaba justo por la zona, y se enteró de toda la movida y tenía lo poción en sus manos.

Pero el destino es caprichoso y la hörigue tozuda, no iba a dejar que se salieran con la suya, y elaboro un plan, simple en teoría, algo más difícil en ejecución. Subió al tejado de una de las casas. Y de pronto pasó a ser la persona más vista y observada del lugar. Una monja había pasado un laso a una virgen, y estaba tirando de ella. Gritos de horror, de sorpresa, de desaprobación, y sobretodo el grito de “ALTO” de mano de guardias que se movieron en dirección de la mujer.

Pero Khiryn ignoró todo eso, obvio los proyectiles que intentaban alcanzarle, pero debido al angulo, fallaban o por encima o contra la pared. Pero la virgen pesaba, y Khiryn era arastrada por la procesión. Llego al final de la casa, tirando con fuerza de la soga, la virgen tambaleaba, pero aguantaba firme, y los guardias disfrazados tiraban con fuerza de la base para intentar alejarse de ella.
Khiryn callo del tejado, su agilidad y destreza procuraron que más que caer, se lanzara ella, sin soltar la cuerda, y siguiera tirando desde abajo, con desesperación. Un grupo de guardias se acercaban con espada en mano. La virgen no se movía, pesaba demasiado para ella sola. Y tendría que escoger, si la vida o la soga.


-Veo que necesitas ayuda- dijo de pronto una voz femenina y familiar. Y la prostituta con un solo ojo, pero dos brazos fuertes, apareció, y ayudo a tirar de la estatua, que finalmente cayó de espaldas, al suelo, se resquebrajo, y con ella la Fé de muchas personas.
Khiryn estaba demasiado ocupada ahora como para ver que ocurría, ella y su acompañante estaban rodeadas por un grupo de 6 guardias dispuestas a encerrarlas a la fuerza.

En el centro de todo el caos, la elfa artista tuvo que tirarse a un lado para esquivar la virgen que se le venía encima. La virgen no tenía nada dentro, ni encima, ni debajo. Pero ahora podía verse perfectamente la base donde antes estaba, la base sigue siendo cargada por los guardias y sacerdotes, pero claramente se veía como era realmente un cofre.

Un cofre grande, pesado, oscuro, y con un par de candados demasiado cutre como para tenerlos en cuenta si se sabía cómo. La vieja Margaret tenía buenas cartas, pero el azar del destino era caprichoso, y había decidido jugar en contra suya. Ahora tenía que decidir su próximo movimiento. Pero ya nadie creería que no había un tesoro, dentro de un cofre. Y claramente menos después del rumor que antes había recorrido la calle.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Khiryn el Jue Nov 24, 2016 5:17 pm

XII

Dejé ir la soga. Ya no había nada más que pudiera hacer con ella. Después de todo, el lazo estaba al otro lado de la casa y por éste, Mary y yo teníamos asuntos más urgentes que atender. Estábamos rodeadas. Seis soldados de la ciudad, espadas en mano nos cerraban el escape. No vestían buenas armaduras. Apenas, petos y cascos de cuero endurecido; pero eran, al fin y al cabo, soldados.

Al otro lado la conmoción. El griterío desesperado e indignado de las viejas más santurronas se mezclaba con el llamado de los hombres y otras mujeres, más deseosos de confirmar lo que los rumores habían establecido. ¿Había dinero ahí? No tenía que ver para saber que algo pasaba. El sólo eco caótico y confuso que llegaba a mí más alto que un rumor me confirmaba que –al menos en algo- había contribuido.

Mary, complacida parecía pensar lo mismo. Le dirigí una mirada y una sonrisa de complicidad, la cual ella me regresó con un gesto similar, para luego, mirar de nuevo a los soldados que a paso seguro se acercaban con la punta de sus espadas hacía nosotras. Estos hombres habían echado a un lado su propio ego y la búsqueda del dinero entre la multitud para venir por nosotras. “Mártires.”-pensé. No. Soldados. Buenos soldados cumpliendo órdenes y ordenados para apresar a quien fuese responsable de tal atrocidad como lazar por el cuello la figura de una santa, aunque ésta fuera de piedra.

Aunque no podía decir lo mismo de Mary, mi intención no era, ni había sido nunca matar a nadie. Ahora menos. Los buenos soldados, en este caso, no merecen morir. Yo sí tenía la culpa. Pero tampoco dejaría que me llevaran con ellos para pudrirme en una ensalitrada celda de mierda en un apestoso puerto de navajeros y proscritos en medio del océano. Ese simple pensamiento bastó para erizarme la piel. Pero por ahora, la prioridad era Mary. Ella me había ayudado arriesgando su propio pellejo y su único ojo a lo que fuera que yo estaba haciendo. Ahora, era mi deber agradecerle haciendo lo posible para que saliera de ahí.

Los soldados no estaban temerosos pero sí indecisos. Después de todo, yo llevaba un hábito de monja, y Mary, bueno, ella era Mary. Todos los conocían y sabían que estaba más conectada en la ciudad que el mismísimo capitán. Levanté las manos en señal de rendición, aunque en realidad estaba llevando las anchas y estorbosas mangas del hábito hacía los codos. Me agaché un poco, como quien se va a arrodillar en sumisión, sólo para inmediatamente salir disparada como un resorte contra uno de los guardias. Los guardias dibujaban un medio círculo frente a nosotras. Mary y yo, de espaldas a la pared frente a ellos. Ella a mi derecha. Elegí al segundo guardia del flanco más alejado, uno de los que le cerraba el paso a Mary frente a ella. Recorrí el terreno con sólo dos rápidas zancadas largas y ante la sorpresa de todos, lo embestí desviando el lance de su espada golpeando su hoja con la mano metálica y luego golpeándolo a él con el hombro derecho.

Los guardias se volvieron de inmediato hacía mí. Mary aprovecho el momento para desenfundar un pequeño cuchillo que llevaba entre sus ropas y con un fuerte salto amagó al guardía del flanco derecho colocándole el cuchillo en la garganta. La prostituta lo obligó a soltar su espada y el resto de los soldados titubearon. Ahora yo aproveché la distracción que Mary me brindaba para golpear el rostro del mismo soldado que acababa de embestir. El golpe fue con el puño metálico. El hombre se desplomó con la nariz rota. Inconsciente.

Di un par de pasos lentos hacía atrás para ponerme al lado de Mary quien aun sujetaba al soldado. Patee la espada que de deslizó por el suelo alejándose del lugar. Los cuatro soldados restantes se acercaban abriendo la formación en un nuevo semicírculo en torno a nosotras. Me saqué rápido el hábito por la cabeza. –Es hora de que te vayas, Mary. Afirmé con una sonrisa de agradecimiento. Luego movía la cabeza señalando atrás.

Nos habíamos colocado ya sobre la calle, y tras de nosotras se extendía la calle, delante los guardias. Mary me regreso el gesto afirmando. De inmediato, con un súbito movimiento, bajó el cuchillo de la garganta del soldado y le apuñaló la pantorrilla con firmeza medida. El hombre se inclinó por el dolor y Mary le pateo la base de la espalda haciéndolo caer de bruces al suelo. Dio media vuelta y salió corriendo calle abajo. En dirección opuesta a la que había llevado la procesión la calle anterior.

Los hombres corrieron hacía tras de Mary, pero entre ella y ellos estaba yo. Di un par de saltos largos hacía atrás haciendo que los guardias disminuyeran su marcha. Luego esperé. Le lancé como una red el hábito de monja al más cercano. La ropa, pesada y densa se enredo sobre su cabeza sólo lo necesario para poder acercarme y despacharlo con un par de golpes de frio acero en sus costillas. “Eso lo sentí.” –pensé luego de darme cuenta que por fin era capaz de percibir la sensación de tacto en mi brazo metálico. Antes si acaso, era como un tubo pegado a mi hombro, ahora, se sentía real. Como parte de mí.

Quedaban tres. Más molestos que nunca. Desenvainé ambos cuchillos y tomé pose de defensa. El primer lance asesino pasó a un lado de mi cabeza. Mi evasión cerrada me había valido la vida esta vez. Un segundo ataque del siguiente soldado estuvo a punto de alcanzarme en el costado derecho. Nuevamente con la evasión cerrada, la virtud de movimiento y el acercamiento pude moverme limpiamente entre los hombres y sus ataques hasta ganarles la espalda.

Ahora tenía a los tres delante de mí, y ellos de espaldas al camino que había tomado Mary. Si corría en la dirección contraria y ellos me seguían Mary estaría a salvo, al menos por el momento. El plan, tomaría la calle perpendicular a la procesión en la esquina inmediata detrás de mí y trataría de alejarme de los soldados lo más posible.

Di uno, dos pasos atrás, di media vuelta y corrí…

Khiryn

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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

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