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Un jugoso Botín en Rasg Port

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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Margaret Orgaafia el Dom Dic 04, 2016 9:19 am

La gravedad. Despiadada puta. Los cantos y el dirigir al grupo la habían distraído de la situación lo suficiente para que el arranque y estrategia desesperados de una anónima enloquecida destruyesen el maravilloso y excepcional plan que ella sola había elaborado sobre la marcha. Ese plan tan maravilloso, elegante y rocambolesco, como una obra de un músico juerguista y creador de tendencias en el mundo musical, como el canto de un ruiseñor en el primer beso de una virgen en una tarde otoñal o como el asesinato de un dictador saudí en plena orgía homosexual, había fallado. Y, Margaret, anciana de elegancia increíble, sutil habilidad y hermoso léxico, reina de los adjetivos y señoras de los sustantivos solo pudo procurar, en el silencio de su majestuosa y magnánima alma, estas palabras:
<¡ME CAGO EN LA MADRE QUE TE PARIO, QUE SE TUVO QUE QUEDAR A GUSTO, POR QUE DE LO IMBÉCIL QUE ERES LE SALISTE CON SUBVENCIÓN!>
Si antes habría conseguido engañar a todos con su farsa, quien le mirase su expresión llena de ira, frustración y cabreo, o en resumen, el reflejo de su mala leche o uva -depende del gusto del consumidor- en ese momento, habría entendido que esa señora no se dedicaba al mundo de la introspección y sacralidad. Como mucho, al de la enseñanza. La mujer contemplo como los pedazos de la estatua se dispersaban en la calle, de la misma manera que hacían los ánimos de la multitud. Los religiosos lloraban, los morbosos observaban con disfrute como los acontecimientos sucedían y los religiosos lloraban, las buenas personas pillaban a los que se complacían con los sucesos y las malas personas marchaban en dirección al objeto con un objetivo en común y reluciente. Si el cura no había repartido hostias antes de empezar la procesión, ahora si que se iba a repartir a gusto del receptor.

Y ,si Margarett era buena en algo, era en sobrevivir y nadie sobrevive cuando no reconoce lo que es un Momento.

Un Momento, en pocas palabras, es cuando el mundo decide si vives o mueres. Es cuando alguien atado a una guillotina ve la hoja bajar, cuando un joven de buena familia piensa en meterse en un barrio donde la gente lleva la cuchilla en el cinto por educación o cuando un campesino esta a punto de firmar un papel reluciente escrito a mano por unos señores con atuendos demasiado elegantes para esos negocios. Margarett había vivido muchos de esos momentos. Habia vivido un enfrentamiento entre una horda y un señor, estando en ambos lados, había sobrevivido a una batalla campal y había sobrevivido los primeros años de brujería en su pueblo. Todos ellos eran momentos importantes y siempre tenían las mismas opciones. Marcharse, huyendo como una cobarde para ver otro día, o aumentar la apuesta y luchar para continuar jugando...

Ambas opciones eran buenas y dignas, pero Margaret siempre le gustaba decantarse por la segunda.

Ahora bien, aumentar el riesgo era una cosa, peor no se debía de hacer sin pensar. Como si todo se hubiese parado, la mente de la anciana estallaba en varias ideas. ¿Desnudarse y desviar la atención? Descartado. ¿Lanzarse en un ataque suicida, mientras el resto salia? Vamos, seguro que podía dar algo mejor. ¿Gritar herejes apuntando a los criminales, que ahora se encontraban rodeados por los guardias? No estaba mal, pero por ahora intentemos llegar con nota. Sin embargo, fuera de estos planes solo le quedaba una opción. Y sinceramente, no le gustaba mucho.

La anciana cerró los ojos y se dejo sumergir por el ambiente. Cientos de ojos no la observaban a ella, si no al baúl y a los trozos de la figura religiosa que yacían en el suelo. ¿Que hacer? ¿Que hacer? Defensa era imposible, continuar como antes tampoco, era una situación de no retorno sin aliados fiables. Sin embargo, había creado una narrativa y una narrativa era la mejor arma para le verdadero poder, sobretodo el de Margarett. En la historia que se había creado teníamos herejes, monjas, feligreses y avariciosos ladrones. Todo estaba bien posicionad, listo para aprovechar el suave momentum que acababa de levantarse, y,finalmente, Margarett lo vio. Abrio los ojos suavemente, mostrando como la entera cavidad del ojo brillaba con plata y sombras de colores añiles y violetas, un universo en sus ojos, estallando, muestra de la magia que podía cambiar un mundo.

Muchas brujas y hechiceras prefieren aprender artes menos elaboradas que el ilusionismo. Si, hacer que algo parezca otra cosa es un truco de salón muy util, pero ¿no es mejor saber crear bolas de fuego o tormentas en el aire? Después de todo, si te ves con un enemigo es mejor ir a la ofensiva. "¡Menudas idiotas!", pensaba Margarett más de una vez en su foro interno, "¿Quien necesita bolas de fuego cuando puedes hacer creer que lo que se aproxima es una ola de llamas? ¿Quien necesita tormentas cuando puedes convencer a todo un puerto de que la mar esta embravecido?" Por que, después de todo, la mayoría de las veces la magia no se realiza por necesidad, si no para convencer a otros de no enfrentarse a ti, de que luchar contra ti es perder el tiempo, o para hacer que la gente no quiera hacer algo. Y, cuando eres un maestro de las ilusiones, realizar eso es lo más fácil del mundo.

En la mente de Margaret se conformó una imagen, clara y priscila como el mismo agua, una corriente de luz y pensamiento. Era una visión que ya había visto antes, a veces en cuadros y a veces en figuras, porque, sin engañarnos, todas las virgen tienden a ser iguales. Ese pensamiento fue apretado en el puño de la anciana y el poder que temblaba, como susurros de los antiguos dioses creadores, le dio la forma que necesita. Margaret abrió la palma de su puño y una pequeña chispa voló en el aire, cruzando sin miedo ni preocupación el espacio entre ella y la superficie del soporte de la anterior virgen. Fue un temblor en el aire lo que llamo la atención en el aire y después los colores que lo plagaron. Como si alguien hubiera echado acuarelas sobre la corriente de una cascada y estos colores, entremezclados, se hubieran fusionado y adoptado forma, una virgen apareció en el aire. Era la visión de una joven bella y elegante, pulcra, vestida con el atuendo que la anterior virgen de piedra había llevado, solo que ahora los pliegues volaban con suavidad, movidos por corrientes de aire inexistentes, observando a los miembros de la pronto a ser horda con una expresión conmovida y triste. Las lagrimas recorrían sus ojos, observando a los demás, y abrió la boca, al mismo tiempo que Margaret, quien proyecto la voz y hablo por ella.

* ¿Por que? ¿Por que me abandonáis? ¿Por que me destrozáis? ¡Salvadme y salvaos!*

Un mensaje corto, emotivo y al punto, lo suficientemente ambiguo para que los teólogos de la iglesia del San Capuchino o cualquier estúpida orden a la que perteneciese la virgen pudiese debatir, fragmentarse y darse por detrás durante los próximos tres siglos. Sin embargo, la anciana tenía otros planes y un mensaje de amor y fraternidad más breve y potente.

- ¡Moved el culo, imbéciles, si no queréis que nos roben el encargo y la vida, ya que estamos!- dijo, dándole en la nuca con toda la palma, casi acunando la nuca del capitán de ese regimiento de guardias que cargaban la virgen. Esa llamada de atención fue lo suficiente como para que los soldados se pusieran en marcha y salieran por patas al refugio más cercano, ya fuese la iglesia o la casa de la guardia.

Como arte de magia, los pies de los soldados se movieron con velocidad, cruzando la línea de caballos que el escuadrón que había venido con Margaret había conformado y mantenido al frente de la procesión. Sin remilgos, la anciana les hizo un gesto a los guardias, indicándoles que se interpusiesen entre los caballeros que claramente venían a contemplar el milagro de la señora y aquellos que venía a ver el milagro de los mineros que habían sacado el material del tesoro.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Katarina el Lun Dic 05, 2016 8:12 pm

Estúpidos mortales. Burdos, torpes, inútiles, poco más inteligentes que simios. Veían a una monja, que ni siquiera lo era ni parecía y se la creían al instante, como si fuera algún mesías perdido. Paletos. Y lo peor era que ese numerito había arruinado su estratagema.

Una poción acabo en sus manos, y la dejo caer sin miramientos, para luego pisarla con el tacón de su bota. No tenía ni idea de qué diablos era eso, pero debía ser algún tipo de elixir de valor, y no quería que esos soldados se envalentonaran, lo último que necesitaba era más resistencia, así que la dejo caer “por accidente” y la aplastó con el tacón de su bota, sin siquiera dedicarle una mirada al líquido que se escurría por el pavimento de ese pueblucho de pacotilla del que ya estaba empezando a quedar harta.

Pero si algo la molesto de verdad, más allá del olor, las compañías y la frustración, fue esa estúpida virgen parlante. Acababan de tumbar la de verdad literalmente hacia segundos, cortesía de esa tipa que había conocido horas antes en la taberna. Ni siquiera tenía ni idea de cómo se había desviado tanto el plan como para obligarla a arrancar a una virgen de cuajo, acto que gritaba herejía por los cuatro costados y que sin duda le gano a ella y a su acompañante la enemistad de algunos guardias. Pero la gente, algunos por lo menos, de alguna manera, parecieron creer seriamente que su patético dios, había decidió aparecerse en su patético pueblo, en ese nido de corrupción y pecado.

Ella, una elfa dorada, sin lugar a dudas la raza más religiosa que había pisado ese plano, ella, una miembro de la prestigiosa familia Galathël, ella, una maga, una hemomante nada menos, entrenada por el mismísimo Alucard (aunque realmente no tenía muy claro el rango de prestigio que tenía este entre los suyos). Era lo selecto de lo selecto, y a ella no iban a colársela doblada con un espectáculo de luces, sin el más mínimo atisbo de la magia divina que había notado en casa. Alguno de los guardias estaba jugando truquitos con ella, con el pueblo entero técnicamente, pero eso le traía sin cuidado. Dos podían jugar a ese juego.

Una pequeña herida se formó en su mano izquierda, de la que empezó a gotear sangre que, sin embargo, nunca llegaba a tocar el suelo, aunque estaban demasiado apretados como para que se notara. Cuando la cantidad la hubo satisfecho, movió el espectáculo central de su truco unas pocas personas hacia atrás, para evitar las sospechas y la alzó bruscamente en diagonal ascendente, hacia la virgen. Seguramente había herido a alguien, pero daba igual, eso solo le daría más munición.

Cuando la bola ya se hubo alzado por encima de las personas pero aun conservaba inercia, reventó violentamente, dejando caer una lluvia de pequeñas agujas de sangre sobre los que rodeaban a la virgen. Ese cambio ambiental brusco debería desvelar las posibles ilusiones, o ganarle un rayo divino, pero eso era improbable. También perturbaría a cualquier mago que estuviera jugueteando por los alrededores, pero lo más importante venia ahora. Una lluvia de sangre, que atacaba a los fieles. ¿Quién hacia eso? Exacto. –DEMONIOS, ES MAGIA PAGANA, ES UN TRUCO.- Su propia lluvia de sangre no la dañaría, solo la empaparía de unas pocas gotas de sangre inocua, que volverían dentro de ella al igual que el resto, a su debido tiempo. Ahora su plan inicial de resguardar a la virgen volvía a cobrar fuerza. Eso, o una batalla campal por el cofre, no lo tenía muy claro.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Gerarld Amattore el Miér Dic 14, 2016 2:07 pm

Rasg Port, una vez grande, ahora maldita. Ese pueblucho podría haber llegado lejos de no ser por ser por la escoria que recorre sus calles, y no solo la escoria local, sino también la escoria que viene de parajes lejanos, escoria que no tiene realmente ningún apego por esas tierras, solo por sacar provecho de sus propios intereses.

Rasg Port estaba maldita por el egoísmo. La falta de altruismo en esos lares era igual que la falta de baños para quitar el olor a salitre de las pieles de esos lugareños. Realmente habían buenas gentes, como en todos lados, pero la relación salían perdiendo, ese pueblo tenia demasiado veneno entre sus caldos como para que las buenas gentes hicieran la diferencia.

Un ejemplo de buenas gentes, eran los guardias de la ciudad, esos protectores que lucharon por lo que es correcto hasta el final, así sea para intentar atrapar a las herejes que rompieron una virgen desgraciando la religión local, al tiempo que desgraciaban sus esfuerzos por intentar mejorarla, malditos sean la escoria que llevaron a la ruina, la que una vez fue una espléndida Rasg Port. Estos guardias intentaron apresar a lo que parecían objetivos fáciles, pero el encontronazo entre las dos mujeres y los guardias demostró lo contrario.

La hörigue con la prostituta de mirada singular, se defendieron bien como pudieron, y para suerte de los hombres no hubo heridas mortales. Una astuta maniobra por parte de la experimentada mercenaria concedió la libertad a la mujer, la idea era simple, no perjudicar a la mujer que realmente no tiene la culpa de ese embrollo y solo quería ayudar. Pero la huida salió mal. Salio corriendo y una rápida maniobra buscando tirarla al suelo dándole en las piernas consiguió desestabilizarla, no había caído al suelo como era el objetivo del guardia, pero si había cortado la carrera de escapada. Khiryn lucho bien, lucho fiero, y sobretodo lucho para intentar no matar a nadie, y los guardias se dieron cuenta. Pero aún eran tres contra uno, y finalmente consiguieron apresarla… a costa de varias costillas rotas, ojos morados, otro inconsciente más y uno que apenas puede moverse. Pero habían logrado apresar a la culpable de todo ese desastre. Estaba atada, con varias sogas, en un callejón apartado. Khiryn algo adolorida podía oír un poco el fragor que sucedía a varios metros de ahí en la calle principal, pero no sabía que ocurría realmente.

Los guardias estaban satisfechos, al menos tenían algo. O eso pensaban, mientras la hörigue maquinaba para sus adentros su próximo movimiento de huida, o simplemente meditaba su futuro, el guardia que la sostenía cayo inconsciente. Mary la prominente había vuelto, garrote en mano, había propinado un golpe a traición en la cabeza. El que quedaba tenía demasiadas pocas fuerzas para hacer nada. Ambas mujeres escaparon juntas.

Mientras en la plaza, y ajenos al pequeño combate, la maldición de Rasg Port fue claramente demostrada. La acción arriesgada de tirar a la virgen fue el fin para la mayoría de las personas, pero aquella anciana mujer, no se rendía, no cedía ante las adversidades. No había dormido, no había descansado, realmente estaba en sus últimas pero aun así se empeñaba en luchar hasta el final, en conseguir su tesoro. Su disfraz había caído cuando su boca se abrió, su ira se había apoderado momentáneamente de su ser y su actuar lejos de una sierva del señor había incluso amedrentado a los cercanos. Pero después del desliz volvió a intentarlo. Había reunido la fuerza mental necesaria para lanzar un hechizo ilusorio, un hechizo que entre todas las cosas que podía haber hecho, la mujer entrada en canas decidió imitar a una virgen, una virgen que entre lloros aclamaba por ayuda y buscaba dar pena a todo el que la viera. Pero la bruja vestida de monja estaba cansada, era una imagen complicada de mantener, la imagen aguantaría poco, tenía que ser rápida y así, una vez más la maldición cayó sobre Rasg port. Nada puede ser más maldito que una lluvia de sangre que apuñala a los feligreses cercanos, y a la propia virgen, que se deshizo en una nube luminosa desapareciendo, el hechizo se había roto, incluso Margaret había sido levemente herida, y los guardias que seguían cargando la plataforma la soltaron como reacción. La plataforma cayó al piso con un enorme estruendo, que se mezclaba con los gritos de acusaciones de magia pagana.

Margaret se vio superada, y para ella su supervivencia era lo más importante pero su salida era algo más complicado de lo que le gustaría, se había caído, al igual que todos los que estaban alrededor de la lluvia, pero no por el impacto, si no por el miedo de la gente que al moverse atropellaba los cercanos. Incluso los la autora de la magia estaba en el suelo, por los empujones, pero en este caso se debía a otra cosa.
Un hombre se adelantó al resto de la muchedumbre, un desconocido, un cualquiera, el representante de la escoria, del egoísmo, de Rasg Port…. Saco un juego de ganzúas y abrió el cofre con practicada habilidad. El cofre se abrió, y el silencio inundo por completo a los que veían la escena, mientras los que no veían nada se abrían paso entre murmullos.
Esa escena duro un segundo, un segundo eterno para algunos, pero realmente fue efímero tan efímero como lo es una estrella fugaz. En seguida gritos, aullidos, la gente se desgarraba la garganta.

-ORO!... joyas!!- los gritos eran variados pues el botín era variado. Un cofre lleno de monedas de oro, algunos lingotes, joyas varias, montón de monedas de plata, algunos artefactos que parecían reliquias, y un variado tan grande como valioso, claramente era un botín digno de un reino. Pero el caos se había desatado, como si regalaran comida a una jauría de hambrientos animales asesinos, no dudaban en arrebatar la presa al otro usando la violencia.

La gente atropellaba a los que tenían al lado sin escrúpulos, los golpes salían por doquier, las manos se alargaban dentro del cofre para salir llenas y repletas de brillantes. La anciana y la elfa estaban demasiado cerca como para no salir perjudicados, golpes, patadas, empujones y atropellos, según se alejaran del sitio sufrirían menos, según se acercarán sufrirían más. Dependía de las ganas de cada uno de llevarse parte del botín.

Pero algo llamo la atención a la elfa cuyo oficio era entretener a las masas. Había un pequeño estuche de cuero curtido y adornos de oro macizo. Un estuche con la forma de un instrumento ¿tal vez? Pasaba más desapercibido que el resto de las cosas pues brillaba notablemente menos, de hecho había caído al suelo y había sido pisado por algún hombre antes que otros dos se dieran cuenta y se tiraran al suelo para pelearse por ella.
El caos había surgido, la maldición de Rasg Port se había hecho con la ciudad, y ese día se recordaría para la posteridad. Fue un día negro, y a la vez brillante. La gente había olvidado su humanidad, su ética, su moral, su religión. Lo habían olvidado todo. Sin embargo, la ciudad hace tiempo que no tenía tanto dinero fluyendo entre sus habitantes.

///

A los 10 minutos, la plaza tenía un cuarto de la gente que tenía antes, todos se habían ido… solo unos pocos consternados se quedaban, petrificados por la escena, deprimidos, y otros desesperados seguían rascando riquezas coleccionando monedas del suelo que se repartían a lo largo de toda la calle, de gente que los iba perdiendo. También habían guardias resignados, heridos, y entre ellos el capitán con un petate en la mano pensativo, ido, ausente. El capitán se levantó, miro a los suyos, también derrotados… -Ayuden… a los heridos- y se marchó. Su petate, se quedó ahí, no lo había ni probado.
Los guardias estaban recogiendo a sus heridos, y a los heridos del pueblo, después se sabría que ese día murieron 8 personas entre los heridos de la plaza y alrededores. Y más adelante habrían muerto otros 20 por traiciones y robos de quien sabían que tenía dinero sin proteger.

///

Veinte días pasaron, para que la situación se normalizara, el dinero por suerte, había quedado en su mayoría entre gente lugareña, la ciudad tuvo un crecimiento debido a que los propios ciudadanos gastaban su dinero entre ellos. Si bien para infraestructura pública no hubo ni un duro. La situación personal de mucha gente mejoró, seguía habiendo el mismo ambiente de escoria pero ahora era escoria mejor vestida y alimentada.
El capitán llevaba veinte días sin beber un trago, su personalidad había cambiado, ya no hablaba casi, su alma estaba un poco ida, su mujer lo dejó pues ya ni volvía a casa, solo trabajaba.

El puerto llevaba veinte días a full trabajo, muchos barcos venían los archipiélagos cercanos sabían que Rasg Port ahora tenía dinero, y venían a llevarse parte con mercancías exóticas, o tratos ilegales. La mitad de esos barcos eran hundidos y saqueados por piratas. Pues la zona también tuvo un auge de piratería. Era arriesgarse, un mercader que venía a hacer negocios si tenía suerte salía con un buen puñado de dinero, y si no… pues tenía suerte de salir cediendo el dinero. Curiosamente muchos piratas eran familiares de lugareños, y el dinero así volvía a la ciudad de alguna forma.

A los veinte días, el reino decidió no volver a mandar ayuda. Era un plan bueno el que habían elaborado y las pérdidas fueron tan grandes que posiblemente tendrían dificultades para enfrentarse a los dos reinos vecinos que tenían. Rasg Port tendrá que ayudarse solita, si quería salir del paso. Pero el capitán había hablado con una banda de mercenarios, un grupo experimentado y numerosos efectivos que ofrecía servicios de protección, aun no se habían hablado los términos, pero la negociación estaba en curso.

Lo último que habría que añadir, es que a los veinte días, fue cuando se supo por primera vez, quien había filtrado la información, quien aireaba el rumor, quien había atraído tantos extranjeros en busca de ganancias. Por lo visto todo, era un pirata, que no quería que se reforzaran las defensas de Rasg Port. El plan original simplemente era que se llevaran el dinero fuera, pero ahora que la ciudad en si se volvió más rica, y seguía sin mejor seguridad, el plan había salido mejor de lo esperado, y ahora la piratería era un oficio de lo más lucrativo. Solo en los bajos fondos se sabía algo de ese pirata, y era que pertenecía a una banda que respondía bajo el nombre de Los Halcones.

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THE END:
Muchisimas Gracias por participar, y por leer, espero les haya gustado.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Katarina el Vie Dic 16, 2016 11:38 pm

Una vez vio el desastre que había causado, lanzando una plaga divina sobre ese pobre pueblecito, pensó que cabía la posibilidad de haberse pasado un poco. Solo un poco, pero ese pensamiento duro solo un pequeño instante.

Ajena a lo que le pasaba a la högire y a la otra mujer, la elfa estaba inmersa en la muchedumbre. Estaba hastiada y cansada, y sospechaba que lo que fuera que contuviera ese cofre, incluso aunque se hiciera con todo su contenido, no serviría para reemplazar lo que había perdido. Pero se había comprometido con un objetivo, y una Galathël no se acobardaba ni huía, por lo que seguiría hasta el final, para bien o para mal, aunque sin duda sus padres tendrían varias cosas a decir sobre ese objetivo en concreto.

Pero no iba a negarlo, por más mal vista que estuviera vista la magia de sangre, o esa falsa plaga que gritaba herejía, o todo eso de dañar al prójimo, no pudo evitar sonreír de oreja a oreja cuando fue escuchando los gritos de dolor y confusión a medida que las agujas se clavaban en sus objetivos. No eran letales, así que realmente no estaba tan mal como sonaba “plaga de agujas de sangre”, y desde luego funciono a juzgar por como esa imagen se desvaneció en una preciosa nube de luz. ¿Había alcanzado al mago? Daba igual realmente, el conjuro se había roto y eso bastaba.

Pero… debería haberlo pensado con algo más claridad, puesto que aterrorizar a una muchedumbre mientras se está en ella no era una idea brillante. La corriente de gente cambio súbitamente de dirección, aterrorizados, huyendo rápidamente como podían, aunque eso implicara llevarse a alguien por delante. La peliblanca no tardo en caer de culo en el suelo, vigilando que sus manos no acompañaran la caída, puesto que sabía que de inmediato vendrían los pisotones, y un músico no podía romperse las manos. Pero claro, cuando la lluvia paro, la avaricia pudo con los locales, y volvieron a exactamente el mismo sitio del que habían estado huyendo hacia apenas segundos, volviendo a tumbarla. Al parecer alguno de los respetables ciudadanos de esa localidad había abierto en tan custodiado cofre… en segundos... tanta seguridad y no podían invertir en un candado decente… Humanos.

Kat se levantó por segunda vez mientras examinaba la situación, masajeándose las zonas afectadas de una manera nada propia de una monja, pero eso ya daba igual, el momento había pasado. Con el pandemónium que se había desatado, técnicamente culpa suya casi en exclusiva, veía difícil abrirse camino a golpes hasta el cofre para sacar algo, lo que implicaba que todo eso había servido de poco, salvo que se quedara por la zona y robara sutilmente a los afortunados, cosa que iba a hacer, sin dudarlo lo más mínimo.

Pero la fortuna la sonrió cuando dos hombres se tiraron al suelo como animales a pelear por un bonito estuche que tenía toda la pinta de contener un laúd. Dado que dudaba que alguien hiciera un estuche con oro y le pusiera un instrumento cutre, seguramente tendría en sus manos un buen instrumento. “Tendría”, como futuro inmediato, puesto que ya estaba plantada delante de los dos hombres, estampándole la punta de su bota en la cara del primero, partiéndole la nariz con un horrible crujido. Para el ultimo fue vagamente más sutil, sacó una daga, mientras se agachaba junto él y ponía la mano sobre el estuche, con su mejor sonrisa. –Voy a quedarme esto cielo…¿algún problema?- Cuando una monja amenazaba con apuñalarte, algo habrías hecho, así que debías pensarte muy bien la respuesta. Después de todo ese espectáculo… seguramente se quedaría un par de días para rellenar sus bolsillos con las riquezas locales y viajaría a pastos más verdes. Algún lugar sin pescado, y que oliera bien…
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Medielvoulder el Mar Dic 20, 2016 4:06 am

Con los dientes apretados, el mestizo se arrastró por el camino. La tierra había absorbido gran parte de la sangre derramada por los guardias, volviéndose un rojizo barro.
La pelirroja del mechón blanco se había largado, y para cuando Medielvoulder alcanzó el carruaje quizá ella ya hubiera alcanzado el pueblo de Rasg Port.

Luego de la pelea, aquella mañana parecía extrañamente tranquila. El viento silbaba por entre las ramas altas de los arboles al costado del camino, que desierto cruzaba el pequeño bosque de este a oeste. Ningún otro carruaje parecía acercarse, y el silencio latía en los oídos del medio demonio.
Cuando llegó al carro descubrió a un humano obeso dentro, con una ballesta en la mano y un tajo en el estómago. Muerto. El hedor que emanaba de dentro del carro hacía pensar que el gordo había vaciado el esfínter. Medie apretó los dientes y se metió sin vacilar. Con una de sus dagas le quitó la bolsa, y luego haciendo fuerza sobrehumana empujó el cuerpo hacia fuera, lentamente, hasta tirarlo fuera, a un costado del camino.

Con la pierna dolorida y la piel quemada tirante, se arrastró recorriendo los rincones del carruaje hasta cerciorarse de que no había nada más de valor.
Luego de plantearse el viajar con el carro, decantó por hacer uso del purasangre que quedaba sujeto al carro.
Tranquilo. —Le dijo al caballo, acariciando sus crines—. No te asustes, no te haré daño.
El purasangre se encontraba excitado, con las pupilas muy abiertas luego de haber sentido el olor de la sangre. No era un caballo de guerra, aunque tenía aptitudes al ser robusto y de buena musculatura.
Hace tiempo no había tenido un percherón en mis manos. ¿Serás un buen animal y me llevarás a salvo hasta Rasg Port?

Cojeando, logró llenar las alforjas del purasangre con espadas, bolsas de dinero y el escudo de uno de los guardias. Se subió con el rostro cruzado de dolor y cabalgó lo más lento que podía trotar el caballo, para evitar que se le abriese las heridas.
Rasg Port vibraba con la llegada de la virgen, la gente salía con las primeras luces y las campanas tañían, pero el mestizo pasó de todo el alboroto. Había cosas más apremiantes, como sobrevivir.

Las noticias del devenir del tesoro, su inminente caída y el resultado del dinero, lo debió oír desde el incómodo catre de la posada que justamente se ubicaba en frente de la dichosa caja de fósforos de Rickard Belmont.
Con el pasar de las semanas, su pierna iba sanando al mismo tiempo que el dinero del tesoro comenzó a correr por las venas de Rasg Port. Desde su ventana podía ver como el pueblo se llenaba de gente y el comercio fluía como en las mejores ciudades.
La posada de Belmont, enfrente, comenzaba a cobrar forma y sustancia gracias a un poco de oro que había logrado llegar a las manos del posadero. Pronto el primer piso de piedra estuvo listo, y el segundo piso de madera estuvo a punto para cuando el comercio estuvo en su total alza.

Cuando logró caminar con apenas un cojeo ya habían pasado tres semanas. El mestizo logró vender las espadas y el percherón en el mercado por buen dinero, compró un escudo nuevo, contrató a algunas damas de compañía. Y celebró gastando una pequeña parte del resto del dinero en la recién inaugurada nueva posada de Belmont.
De la mujer pelirroja no volvió a saber. En los barrios bajos varios señalaron conocer a una exina, de cabello rojo y mechón albo, pero hacía tiempo que había desaparecido.

El pasajero recuerdo de su sombra se añadió a sus sueños más lúgubres.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Margaret Orgaafia el Vie Dic 23, 2016 2:27 am

La lucha había sido terrible. El combate para escapar de la turba había hecho a la anciana dar puños, patadas y restregar su cuerpo contra el vetusto cuerpo y paquete de varios caballeros y guardias. La población de Ragsport parecía faltarle en el departamento del bolsillo, pero no en el de los pantalones. Tendría que apuntar en algún lado que debía de venir aquí de vacaciones en algún otro momento, cuando los ánimos no estuvieran tan caldeados, pensó la anciana mientras escapaba del asfixiante embrollo que era la comitiva divina y esquivaba con facilidad al resto de personas que intentaba entrar en la lucha por el oro.

Entre tumbos, hechizos de ilusiones y su única poción de invisibilidad se abrió camino hasta llegar al local y prostíbulo más conocido de la ciudad, llegando a su habitación sin problemas, aunque con dos o tres moratones de pasajeros en su pobre cuerpo. Roberto la saludó como era costumbre, con una mirada de "¿Por que has tardado tanto?", y se acurruco a su lado, en cuando me tire dentro de la cama. La anciana no sabía cuanto tiempo habría estado en ese estado de inconsciencia que daba el dolor, la lucha, el cansancio o una buena resaca, pero cuando despertó era de noche y la figura de la madame se encontraba en la esquina, con aguja en mano y remendando un vestido de alguna de las muchachas.

La conversación entre las dos mujeres fue larga y tendida, con la señora comentando todo lo que se contaba por la ciudad, cada rumor y extraña historia que la comitiva de la señora había traído. Al parecer, los religiosos, como las monedas, se habían multiplicado ante tanto truco de magia barato y ahora parecía haber hasta una orden extraña, pero inofensiva, por las calles. Margaret le contó los verdaderos acontecimientos y, al final, acordaron que la anciana aventurera se escondería allí los próximos días.

Tras pasar varias horas en el local , escondida cual marido cornudo escapando de la furia del padre de su mujer, y que el sol volviera a salir en el cielo la anciana salio. Por fortuna, tenía más pociones en su equipaje, por lo que, el resto del mundo,solo vio a otra prostituta pechugona, comprando souvenirs y una lámpara bastante elegante. El comerciante decía que podía usarse tantas veces como quisiera y que se activaba mediante un conjuro, demostrándolo varias veces. La jovencita aplaudio de manera infantil y le sacó un precio rebajado tras mostrarle sus encantos femeninos al pobre incauto.

Días después, la anciana se marchó de Ragsport, en medio de la madrugada, prometiendo al viento volver algún día, haciendo que casi toda la población masculina del puerto, cierto divium y varios espíritus temblasen sin saber el porque.
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Margaret Orgaafia

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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

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