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El cazador cazado

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El cazador cazado

Mensaje por Hirlin el Mar Jun 07, 2011 10:20 pm

Las madres han contado desde antaño cuentos de horribles brujas a sus hijas e hijos. Mujeres de pelo oscuro, cuerpo anciano y cara arrugada. Vestidas con trajes de luto negro, y acompañadas de gatos y escobas que vuelan, horribles hechiceras de magia negra que habitan en el corazón del bosque, a la espera de carne joven para sus hechizos, sacrificios y demás. La mayoría de jóvenes comienzan a ignorar esta leyenda cuando son mayores, lástima, puede que en muchos casos sean mentira, por desgracia existe una, en el bosque de Phusys, una particularmente malvada y oscura cuya leyenda sí es cierta…
----

Una tarde soleada en los lindes de Blair, un pueblo situado en un pequeño y apacible montículo situado a poco menos de dos millas del temido y frondoso bosque de Physys, donde moran los lobos y demás criatura. Por sus calles discurrían todavía los restos del monzón de hacía una noche, y sus habitantes se afanaban en retirar el agua de las puertas de sus comercios. Un pueblo sin escuela, por lo cual los niños corrían libres, tal vez demasiado.

-¡Ian! – gritó un pequeño niño de catorce años. Tenía el pelo castaño hasta las cejas y una cara bastante infantil, de cuerpo delgado pero fibroso, y más o menos metro setenta de altura. Sus ojos castaños seguían con la mirada una improvisada pelota hecha de cuero y jirones de tela. El balón iba describiendo una parábola que, inevitablemente, acabó en una desgracia. El cuero chocó contra una ventana, la del panadero, que al momento salió a la caza de quienes ya sabía que habían sido. No era la primera vez que esos dos rompían algo.

De la panadería salió un tipo rollizo, no especialmente apto para correr y que blandía cual espada un rollo de amasar pan hecho de madera maciza de roble. Ian, un joven de cabellos rubios con ojos azules, poco mayor que el otro, con sus quince años recién cumplidos. Su cuerpo era atlético y casi perfecto, como esculpido por viento celestial. Corría rápido hacia el bosque, y el panadero no cesaba en su persecución, ya en vano - ¡Te cogerá la bruja del bosque! – gritaba el hombre mientras zamarreaba la maza del pan.

-Sí, sí, la bruja del bosque – respondió el chiquillo mientras se metía en el bosque con su amigo - ¿Y quién más, el hombre del saco? – preguntó mientras reían ambos y se perdían en la espesura del bosque. Ya no se supo más de ellos, solo que un tiempo después apareció la cabeza de Ian colgada de la rama de un árbol cercano a la entrada del bosque, y las partes mutiladas del otro joven.
(…)

Días más tarde, en el mismo pueblo se colgaron carteles. “La caza de brujas está abierta” decían. Las risas infernales del bosque aumentaban a cada día que pasaba, las carcajadas, los gritos de dolor y muerte y los de placer, acompañados de fuertes rugidos de un gran felino. Algo había en ese bosque, algo que nadie quería allí, pero también algo que iba a resurgir.

---

Spoiler:
Off: Como veis es corto. No quería condicionaros mucho. Tenéis libertad para entrar a la partida como queráis, tanto empezar como cazadores de brujas como con las propias brujas. Eso sí, aviso, si tomáis la elección de iniciar como cazadores significará que seréis secuestrados, con lo cual el trato no será agradable. Y si iniciáis como "brujas" podéis entrar a la casa de Liliana, pero a la parte de arriba, ya que a la de abajo solo ella sabe como acceder.


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Re: El cazador cazado

Mensaje por Zephyrae el Miér Jun 08, 2011 7:14 am

Fragmento del diario de Zephyrae
Entre los humanos pocos temores son mayores que el miedo a lo desconocido. Y he visto en mis viajes que pocas cosas afectan su juicio como el tener miedo. Una extraña respuesta que les obliga a huir o luchar, perdiendo en ello el uso de sus facultades más nobles como si una extraña bestia surgiera de su interior. No es el caso de todos pues existen espíritus nobles entre los humanos capaces de sobreponerse a esta respuesta de correr o matar mas por desgracia pueblos enteros han dejado que sus instintos les hagan asesinos de inocentes.


El viento del mundo, viento del destino, mi eterno guía me había hecho regresar tras muchos viajes a mi tierra natal. Physis el inmenso bosque de Efrinder. Ya hace más de dos años de mi partida. Viajando cual pequeño Silfo puedo cubrir grandes distancias con el viento a mi favor mas este cálido y reconfortante soplo del Sur había finalmente descendido en las cercanías del pequeño poblado de Blair. Conocía el sitio desde el inicio de mis viajes siendo este uno de los poblados humanos más cercanos al Reino Feérico. Aun recuerdo en ese entonces mi maravilla al contemplar los que me parecieron tantos humanos en ese entonces.

Blair aun pequeño a comparación de las grandes ciudades de Noreth es un bello lugar. Viven en general en armonía con el bosque y si mis recuerdos no se encuentran nublados por mi inexperiencia de ese entonces se conforma en su mayoría de gente amable y feliz. Siendo que el viento ha elegido este sitio como mi parada bajo a tierra escondido entre los árboles cercanos. Tras unos minutos usados para cambiar mis ropas a atuendos más mundanos uso mi magia para crecer y obtener mi apariencia humana para encaminarme al pueblo.

Mis recuerdos de este sitio son bastante gratos. Hoy logro darme cuenta que quizás di demasiado en gemas y pequeños tesoro por los alimentos y el hospedaje que recibí mas si he de ponerle un costo a los recuerdos soy yo quien les ha robado pues fueron alegres mis primeros días conviviendo con los humanos y por supuesto están los recuerdos de Lucía, con su cabello rojo como el fuego y su sonrisa de niña traviesa. Fueron sin lugar a dudas gratos mis días en Blair.

Es poca la gente que veo en la aldea para la hora del día, pero tras solo unos cientos de metros finalmente la veo. Hablando con alguna amiga a la sombra de una de las casas y como luciérnaga atraída al fuego sus rojos cabellos me llaman a acercarme.

A solo unos metros antes de llegar a ella voltea y me ve su rostro llenándose de sorpresa, a solo unos pasos su expresión cambia y al llegar junto a ella y antes de poder saludarla siento una bofetada de su parte. Su expresión vuelve a cambiar y esta vez me rodea con sus brazos y me da un impresionante beso que me hace preguntarme como tuve alguna vez fuerzas para abandonar esta aldea.

-Zephyrae no puedes estar aquí.- Me dice al tiempo que toma mi mano y me lleva corriendo a las afueras de la aldea.-Por los dioses si te he extrañado pero tienes que irte.

Me explica brevemente la situación en el pueblo. Los niños muertos. La bruja del bosque. La cacería y como el pueblo está dispuesto ya a matar a cualquier ser sobrenatural que se encuentre. En el linde del bosque tenemos que despedirnos, ella debe de regresar al pueblo en el cual soy conocido y muchos han de saber que no soy humano. La despedida es extensa y dulce tras el reencuentro y prometerle que averiguaría lo que pudiera del bosque. Tras algunas vagas indicaciones me deja saber de la casa que se cree es habitada por la bruja, es un lugar prohibido mas de pequeños todos los niños del pueblo tarde o temprano son retados a ir al lugar.

Las cosas no tienen sentido, tras tantos años con un bosque tranquilo no habría razón para que la bruja empezará a matar sin sentido, podría tratarse de otra criatura procedente de Theezeroth el bosque maldito, o incluso de un engaño. Sea como sea solo un ser puede dar respuestas a mis preguntas, la bruja del bosque y es en su búsqueda a donde me dirijo.

Mantengo mi forma humana, será más lenta al viajar pero más segura en caso de que el pueblo haya enviado cazadores en busca de la bruja y otras criaturas. En más de una ocasión me parece oír ruido en el bosque suficiente para hacer que me pregunte si estoy siendo seguido por alguien pero no logro estar seguro de ello y ya sean los relatos de brujería o el bosque pero podría simplemente haberlo imaginado.

Finalmente la casa de la bruja se encuentra ante mí. El silencio a su alrededor es tétrico así como lo oscuro del lugar bajo la sombra de los inmensos árboles al acercarme con cuidado logro notar las runas de las que Laura me advirtió pero su forma no tiene sentido alguno, si poseen alguna magia no es ninguna de la que haya leído o conocido tras décadas de estudio y no responden ante mi magia con nada de resonancia. Grito pidiendo permiso para entrar y espero sin respuesta. Vuelvo a gritar y nuevamente soy ignorado por lo que atrapado por mi propia curiosidad entro a la casa.

La puerta rechina con mi entrada y el interior destartalado y maltrecho se ve apenas habitable. Como sea es posible que la bruja observara mi llegar.

-He venido a hablar y no busco para ti mal alguno Bruja del Bosque.- Digo en todas direcciones a voz alta casi gritada. –El pueblo cercano se prepara en armas para cazarte y quiero ayudarte.

Espero unos momentos sin mayor respuesta y finalmente decido que si ha de responderme alguna razón le he de dar para confiar en mí. –Mi nombre es Zephyrae ed Selenyad, Silfo de los Reinos Feéricos y hechicero. No soy uno de ellos y si has de aceptar mi ayuda he venido a ofrecerla.- Le digo al tiempo que dejo que mis alas de viento se manifiesten. Como Silfo son un bello detalle y sumamente útiles pero su tamaño en mi forma humana las hacen aun más llamativas revelando claramente mi naturaleza. No es más lo que puedo hacer así que espero la respuesta de la Bruja.

Spoiler:
Dejo a quien guste la posibilidad abierta de seguirme, ya sea viéndome en la aldea o atravesando el bosque, incluso deje algunos comentarios de ruidos que no logré localizar y todo lo dicho en la casa de la bruja fue fuerte por lo qeu puede ser escuchado por cualquiera en sus cercanías. Es mi primer post de misión así que si en algo he de ser corregido pido me favorezcan con su opinión.
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Re: El cazador cazado

Mensaje por Maraine de la Cruz el Miér Jun 08, 2011 5:57 pm

"Cuando una paloma empieza a frecuentar los cuervos, sus plumas permanecen blancas, pero su corazón se vuelve negro."

Alzaba el vuelo en los altos del cielo, las piruetas llamaban la atención por la peligrosidad de sus movimientos, pero esto para mí no era nada nuevo. Me gustaba la velocidad, me gustaba volar, ser libre entre las nubes. Bajaba planeando mientras me dejaba llevar por el viento, la suave brisa me mecía en el aire, mi cuerpo giraba con mis alas desplegadas mientras el murmullo de la soledad agitaba mis oídos. Cerraba los ojos y me dejaba caer, caer en picado. Y la tierna melodía del nuevo día era la que me llamaba a continuar mi camino, a continuar una vez más hacia el horizonte. Pronto me encontraba a escasos metros de los árboles. Abrí los ojos, sonrisa pícara en los labios y rápidamente mis alas se tensaron para volver a subir con la rapidez de un rayo cuando rompe en la tierra. Una vez más me divertía llegando al límite, dejando que nada me guíe, que nada sostenga mi frágil cuerpo. Estaba de nuevo entre las nubes cuando intenté divisar a Umbría entre los árboles. Estaba lo suficientemente alto como para ver apenas un punto en su lugar, pero gracias a la vista que el cielo concedió a los diviums pude encontrarla con más facilidad de la que incluso yo esperaba. Siempre anidaba en las nubes, intentaba aparecer por los bajos del horizonte lo menos posible, pero ahora tenía a alguien por quién mirar, alguien por quién bajar la cabeza y mirar con respeto, mi única amiga, el único ser que me había sido fiel hasta ahora, lo único por lo que lucharía. Allí estaba, siguiéndome como siempre, galopando con mi vuelo. El vello de la crin resplandecía diferente: siempre tapaba alguno de sus ojos y el otro sólo lo dejaba entrever. Era bello, como las perlas negras que son maltratadas pero a la vez terriblemente buscadas por ser oro de otro mundo. Su piel era de cuarzo negro y sus ojos juraría que son azul edén, que en mi vida podría imaginar un caballo igual, con tal ostentosidad y tanta perfección en un mismo ser. Juraría también que aquello era amor.

Cerré mis alas para bajar de las alturas hasta donde estaba Umbría. Ligeramente las abrí al llegar y poder posarme sobre el suelo, una vez más, estando de puntillas. Ella se acercó para que acariciara su piel y satisfice su deseo. Era suave y dócil, un alma noble que habitaba aquel mundo. Me subí en ella y juntas caminamos a través del bosque. Había divisado que pronto llegaríamos a un pueblo. Otro caballo se acercó a nuestro camino. Parecía tímido, pero a la vez lanzado. Desde edad temprana dominé el arte de imitar sonidos de animales, un arte al que me acerqué de manera instintiva e inusual. Fui imitando su lenguaje hasta provocar que se fuera acercando cada vez más a nosotras. Era un precioso caballo gris moteado, pero Umbría se enfadó y se alzó en sus dos patas traseras para espantarlo. El otro equino huyó intimidado y se alejó poco a poco de nuestra situación.

- Pero Umbría, ¿qué te pasa? Te estaba buscando pareja, ¿sabes?

- Yegua tonta…
*murmuré por lo bajo*

Ambas continuamos a través del bosque que cada vez se hacía menos denso. Por suerte los lobos no nos habían seguido, pero sus aullidos densos y atronadores dejaban mucho que desear, pues sin duda alguna no me hubiera gustado nada encontrarme con uno de ellos. Un solo bocado y probablemente no hubiera podido caminar durante días. Delante ya divisábamos el pueblo. Era pequeño, pero abundaban los niños. El suelo estaba mojado, probablemente había caído un torrencial de agua hacía poco, también porque las personas se dedicaban a sacar agua de sus viviendas. De repente un cristal roto rompió todos los demás sonidos. Umbría se asustó, pero no me costó tranquilizarla.

- Tranquila preciosa, tranquila *susurré por lo bajo mientras la acariciaba en la frente*

También se oían gritos de un hombre hablando sobre una bruja. No teníamos ni idea de lo que pasaba, pero tampoco era nuestro asunto. Aquel pueblo nos llamaba la atención, había algo que no encajaba allí. Tras un buen rato mirando a todos sus habitantes y oír murmullos, decidí que lo mejor sería irnos de allí. Estaba segura de que allí no nos iban a recibir bien, así que halé a Umbría en dirección hacia dónde íbamos y dimos un rodeo a través del pueblo para continuar nuestro camino. Paramos unos minutos para que la yegua repostara y comiera un poco. Saqué de mi bolsa un poco de agua que había recogido desde nuestra última partida y se la di a beber. Parecía haber recobrado fuerzas. Yo también tomé un poco de ella e hice ademán de comer, pero aún el hambre no era abundante, así que volví a guardarlo en la bolsa. Umbría se echó en el suelo a dormir, así que lo mejor para las dos sería quedarnos un par de días allí hasta que recuperáramos totalmente las fuerzas y emprender de nuevo el camino. Nos guarecimos cerca de un gran árbol que contenía una cavidad bajo él, así que pudimos pasar la noche cobijadas. Pasados los dos días nos preparábamos para ponernos en marcha, pero algo no estaba bien. Era demasiado el silencio por aquellos lugares y Umbría estaba inquieta, bastante incluso para ser un animal de su raza. Pronto oímos gritos que provenían de un lugar cercano. Mandé a la yegua a quedarse quieta en el lugar, aunque como siempre hacía y que seguramente esta vez también, no acataba mis órdenes, aún siendo para su bien. Me acerqué un poco más al lugar: era una vieja casa descalabrada de donde salían los gritos. Pronto tomé la daga entre mis dedos y me fui acercando al lugar, aunque siendo precavida. Me escondí entre los árboles que estaban frente a la entrada y observé al individuo.

- He venido a hablar y no busco para ti mal alguno Bruja del Bosque. El pueblo cercano se prepara en armas para cazarte y quiero ayudarte. Mi nombre es Zephyrae ed Selenyad, Silfo de los Reinos Feéricos y hechicero. No soy uno de ellos y si has de aceptar mi ayuda he venido a ofrecerla.

“Así que éste era el problema de la bruja…” *Pensé*

En un momento algo ocurrió: de su espalda desplegaron hermosas alas que dieron a conocer su verdadera naturaleza. Pero, él no era un divium…
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Re: El cazador cazado

Mensaje por Astarthea el Mar Jun 14, 2011 10:24 pm

Cuando debes abandonar todo aquello que conoces y con lo que te sientes cómoda, sientes un gran vacío dentro de ti que es imposible llenar. Cuando estás lejos de aquello a lo que consideras un hogar, te sientes desprotegida, abandonada, sola. Incluso puedes llegar a pensar que te han exiliado, que te han expulsado de tu tierra, de tu patria, de algo que antes era tuyo.

Algo así es lo que siento yo. Nunca imaginé que pudiese estar tan lejos de aquella cada en la que nací y me crié, tan lejos de aquellas tierras que lindaban con densos bosques y que tanta paz y tranquilidad me inspiraban. Lejos de aquel lugar en el que me sentía cómoda, en el que podía ser yo misma sin temor a miradas extrañas, miradas asustadas y comentarios cardados de perfidia.

Mi padre había decidido invertir en una casa cerca de aquel bosque. Me repetía una y otra vez que era lo mejor para mí, que así estaría lejos de las guerras que eran inminentes, que estaría alejada del dolor y el sufrimiento que estaban por llegar. Me repetía hasta la extenuación que debía mantenerme alejada de nuestro hogar por mi bien, que yo no estaba hecha para soportar tanta presión.

Yo miraba a mi padre fijamente, buscaba su mirada con la mía - era al único hombre al que le hacía tal cosa, yo nunca miraba a nadie de aquel modo – pero no decía nada, de mis labios no salía una sola palabra que asegurase si aquella decisión me gustaba o no. Mi padre debió interpretar mi silencio como auténtico desagrado pues estuvo mucho tiempo ante mí, paseando nervioso por toda la habitación tratando de explicarme porqué hacía aquello. Ni una sola palabra por mi parte. No podía, no quería decir nada. ¿Qué iba a decir? ¿Le suplicaría que no me enviase lejos? ¿Le pediría por favor que me permitiese continuar allí? No, ¿para qué? De nada serviría. El era el líder familiar, el hombre de la casa, y él tomaba las decisiones por los demás, aunque esos “demás” sólo fuese yo.

Aquí, en este pueblo dejado de la mano de Elhías, tan cercano al Bosque de Physis, me siento como un pez fuera del agua. Me siento diferente, me siento un bicho raro. La gente me mira y murmuran a mi paso. Ya he oído más de un rumor acerca de mí, intento aparentar que no me importan, para no dar más credibilidad a lo que quizás puede ser cierto. Pero sí me importan, claro que sí. Yo no estoy loca, yo no imagino cosas...son reales, tan reales como lo soy yo o lo son ellos.


***


Aquella mañana decidí que daría un paseo, estaba cansada de estar encerrada en mi nueva casa. Una casa que no era tan grande como la de Zhakhesh, y mucho menos tan bonita. Los jardines brillaban por su ausencia, y el interior era tan austero como un día lluvioso. Sus paredes me oprimían, tenía la sensación de que me faltaba el aire, necesitaba sentir la brisa mañanera en mi rostro y mi cabello.

Mi padre se había quedado en Zhakhesh “por lo que pudiese pasar”, según palabras textuales de él. Así que en aquel pueblo no tenía que rendir cuentas a nadie. Quien cuidaba de mí era una mujer mayor y sin descendencia, que había sido contratada por mi padre para que me “vigilase”.
Ni siquiera dejé una nota, simplemente tomé mi libro, aquel que siempre me acompañaba, y salí sin hacer demasiado ruido por la puerta trasera, la que iba a parar justo frente al denso bosque. Al menos aquello si podía serme familiar, bosques. En todo bosque había un claro y en todo claro se estaba tranquila y en paz. Eso era lo que yo necesitaba.

Me interné en aquel lugar mientras los cantos de los pájaros resonaban en mis oídos, era agradable. Incluso una ligera sonrisa asomó a mis labios. El perfume de las flores y plantas embriagaba mi olfato y me hacía detenerme de vez en cuando para tratar de localizar la flor que tan delicioso aroma desprendía. Pero mi alto en el camino no duraba mucho, mi idea era encontrar un claro que hacer “mio” y así sería.

Apenas había recorrido una veintena de metros cuando unas voces, algo lejanas, llegaron hasta mis oídos -élficos, por herencia materna, aunque nunca llegaron a estar tan desarrollados como los de un elfo puro, como yo los llamaba -. Miré a mi alrededor girando sobre mí misma, tratando de averiguar, del mismo modo que con las flores que había dejado atrás, el de dónde procedían aquellas voces. Me dejé guiar por mi instinto y, presa de la curiosidad, busqué el origen de aquel sonido.

Conforme me fui acercando pude entender algo de lo que aquella voz decía: “...Bruja del Bosque.”, “cazarte y quiero ayudarte.”. Fruncí el ceño ligeramente por la confusión. ¿Brujas?¿Caza? Aquello parecía un juego de niños basado en cualquier imaginativa historia creada para asustar a los más pequeños. Este pensamiento fue justo lo que me impulsó a continuar buscando al dueño de aquella voz. La curiosidad que sentía era tal que fui incapaz de dar media vuelta y dejar a los niños con sus juegos.

A pocos metros mas vislumbré una silueta, el dueño de la voz. Me acerqué lentamente, sigilosa pero no intencionadamente. La timidez de mi verdadero yo me obligaba a caminar de aquel modo, con tanta cautela. Apreté el libro contra mi pecho y comencé a jugar nerviosa con el rosario de diamantes. “Calma...calma”, me repetía a mí misma una y otra vez.

-Vamos, acércate...

-Cállate, o nos descubrirán antes de tiempo.

Aquella voz en mi cabeza otra vez, ella era tan...pesada. Cuanto deseaba deshacerme de ella, cuanto deseaba que no existiese. Pero existía y estaba allí, para mi desgracia.
Me oculté tras un árbol, muy cerca ya de aquel que momentos antes había gritado, en lo que creí entender, un llamamiento a una bruja.
Desde mi escondite observé el lugar y fue entonces cuando reparé en algo que antes no había visto . Una casa, aquel chico gritaba hacia una casa. ¿Quién vivía ahí? Me moví de un árbol a otro, sin prestar atención en tener cuidado con los ruidos de mis pisadas, buscando otro árbol que me sirviese también de escondite, pero que al mismo tiempo me permitiese observar mejor el lugar.


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Re: El cazador cazado

Mensaje por Alanna el Mar Jun 14, 2011 11:07 pm

Jamás pensé que una simple historia pudiese asustar tanto, y sigo sin creerlo, aquel día al llegar a esa aldea pude escuchar los sollozos desolados de las madres, los gritos frustrados de los padres y el clamar furioso de las gentes del pueblo, yo sentada tranquilamente en la fuente del centro me sorprendí al oír tal griterío y me acerqué a ver, un hombre subido a un barril gritaba:

-¡Amigos, vecinos, compañeros y ante todo padres! Es hora de acabar con esa escoria que vive en el bosque, ya basta que secuestre a nuestros hijos! Ahora que todos estamos aquí y empuñamos armas- algo relativo, porque lo que llevaban no eran más que teas de fuego, si queridos teas encendidas en pleno medio día, lo normal vamos y orcas con las que se recoge la paja a demás de algún que otro utensilio de cocina- es hora de movilizarse, vamos a acabar con esa sucia bruja que no nos deja tranquilos!

Todos se echaron al bosque y con paso firme se movieron hacia delante pasando sobre un niño inocente que recogía un balón de cuero del suelo de la plaza, al verlo me metí en medio del barullo y lo ayudé a salir, tenía la muñeca dislocada y varias heridas en el cuerpo, la gente era auténtica-mente idiota unos hipócritas, criticaban a la bruja por dañar a los niños, pero habían pasado sobre ese pequeñín sin percatarse de que lo hacían y el crío tenía heridas mucho anteriores que a las del paseo sobre su espalda, saqué unas cuantas hiervas medicinales que tenía guardas, siempre las llevo encima porque siempre las acabo usando, sonreí al chiquillo para que no se asustase, e intenté tratarle las heridas, pero una mujer que se había quedado retrasada entre los lugareños me vio y gritó:

-¡BRUJA; BRUJA! ¡ ESTÁ INTENTANDO HECHIZAR AL NIÑO!

Me quedé paralizada, era la primera vez que me acusaban de brujería por intentar curar a alguien. Levanté un poco la vista, y vi toda una legión de aldeanos que se me echaba encima, me levanté asustada y corrí hacia la dirección contraria, me escondí en un pajar, las gentes estaban entrando en las casas, destrozándolas, y quemando los pajares solo para encontrarme, por un rincón del pajar mal cubierto pude comprobar con mis propios ojos como un hombre azotaba con un látigo hecho con paja a un niño que no tendría más de diez años, entonces escuché ruido, cuando se acercaban a donde yo me encontraba salté por una de las ventanas que daba a parar al bosque y comencé a correr, al poco deje de escuchar los sonidos y los fuegos se extinguieron, estaban intentando destrozar el bosque, cada vez me encontraba más furiosa con esas personas, maltrataban a los niños, sospechaban de gente inocente, y quemaban los hermosos bosques, perdida en mi enfado ande por el bosque y me encontré justo delante de mis ojos una casa, y mi mente se puso en funcionamiento. Supuse que era la casa de la bruja a la que tanto temían los aldeanos, estaba en un lugar bastante escondido, parecía bastante excéntrico, pero después de comprobar como eran los aldeanos y de ver los carteles de se busca con la cara de la anciana, les temía más y repulsaba más a ellos que a la anciana, me acerqué a la puerta y dije:

-Señora, disculpe que me entrometa, pero desearía ayudarla, los aldeanos planean venir a por usted, han puesto carteles de se busca por toda la región, no creo que tarden en llegar los cazadores, pero ya le digo que no estoy de acuerdo con ellos, mi nombre es Alanna, se lo ruego déjeme ayudar.

No me había fijado hasta ahora por mi sorpresa al ver la casa y el enfado que tenía con los aldeanos, pero justo detrás mío se encontraba una persona, un hombre rubio con un par de hermosas alas a su espalda.
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Re: El cazador cazado

Mensaje por Hirlin el Sáb Jun 18, 2011 2:22 am

Este es el nacimiento de toda la esperanza
Tener lo que yo una vez tuve
Esta vida sin perdón, terminará con un nacimiento

Deseo levantarme esta mañana
Para volver a ver nacer otra rosa negra
La cama de la muerte está siendo cubierta lentamente con nieve

Los ángeles caen primero pero yo sigo aquí
Sola mientras ellos están cerca
En el cielo mi obra maestra finalmente será cantada.

Con esta bella poesía que había salido, como no podía ser de otro lado, de mi magnifico cerebro, me dedicaba a recorrer la casa con el libro de hechizo en la mano. Buscando por un lado y por otro los ingredientes de mi próxima poción, aquella que acabaría con los ineptos de los cazadores. En mi habitación había poco, unos cuantos estantes recorridos por filas de libros polvorientos, viejos libros de magia y algunos, muy pocos, de literatura – al fin y al cabo, bruja o no me gusta también tomarme un tiempo para leer bajo la luz de las velas –

En la pared derecha había colgados algunos instrumentos de carnicero que yo no usaba precisamente para cortar el jamón o las chuletas, o sí, depende de por donde se mirase. Y en una estancia más pequeña, al final de la cueva y casi escondida, allí. Bullía con gran fervor, como apremiándome a que le prestase más atención que al libro donde consultaba la receta. El silencio no era tan sepulcral como cabría de esperar en ese lugar bajo el suelo de madera podrida de la casa que había arriba, casa que yo misma había elegido y que en un principio iba a usar como residencia tras limpiar. Pero al descubrir la galería que había bajo ella y sus enormes y frescas salas decidí quedarme abajo, sellando la entrada con un poco de magia, ni siquiera era un conjuro, era algo de magia concentrada para reforzar la cerradura, y usar la casa como tapadera y redil para mis queridos amigos los cazadores, a los que ya había ajusticiado en ella más de una vez. Además su aspecto apartaba a los curiosos.

Pero si había algo que apartar a los curiosos en esa casa era mi pantera, Guenhwyvar, ese enorme ejemplar de pantera negra (Hembra obviamente), que tanto me ayudó a lo largo de mi vida. Era fiel compañera de largas noches, se acurrucaba a mi lado y dormíamos juntas como dos niñas pequeñas, pero también estaba bien enseñada y sabía mostrar dientes y garras cuando algún desconocido, mas no desconocida, se le acercaba. Sus ojos rasgados de color ámbar sucio veían a la perfección en la oscuridad de la noche, por lo cual muchas noches rompía el sello de magia de la losa de piedra que mantenía oculto el lugar y salía a cazar a algún niño desprevenido que anduviera por el bosque a media noche, o los cazadores, que a ella le encantaba comérselos de dos en dos.

Pero toda esa calma se vio interrumpida por el chirriar de las oxidadas bisagras de la puerta de arriba. Un crepitante sonido de la madera pútrida al crujir bajo los pies de alguien y luego una voz, una voz masculina que me hizo cerrar el libro con fuerza. ¿Cómo se atrevía un hombre a pisar mis dominios? Ese tipo sufriría la ira de Razgriz. Esperé unos minutos a ver si se marchaba, pero en lugar de eso fueron llegando más, una más por lo que pude oír. Una mujer, no sabría decir de que raza por la voz, pero era joven. Con rabia porque sabía que iba a verle la cara al hombre abrí de un solo empujón de magia la puerta y subí las escaleras.

-¡Adentro! – dije mientras empujaba al tipo rubio de la armadura. Ya vería luego que hacía con él. A la mujer la tomé de la mano con una sonrisa amable – Por aquí, por favor – dije con una voz más relajada que al patán de las pequeñas alas, de las que me di cuenta al verlo bajar. Salí por la puerta y vi a dos sujetos más. Eché mano de mi pequeña katana, pero sonreí al notar rasgos femeninos en ambos rostros – Entrad rápido – dije mientras dejaba la puerta abierta. Entrar o no era cosa suya, no las iba a obligar. Así que me giré de nuevo y bajé las escaleras dejando la “puerta” abierta y esperando por su bien que bajaran.

-¡¿Quién demonios te ha dicho que vienen los cazadores?! - pregunté gritándole a la cara. Y zarandeándolo. Escuché unos pasos y dispuse me coloqué sobre el símbolo que había en la entrada, preparando el símbolo en mi pecho con algo de sangre de animal, un poco reseca pero serviría. No sabía lo que se acercaba, pero si no eran las dos mujeres que creía haber visto en el bosque no iban a acabar muy bien.


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Re: El cazador cazado

Mensaje por Astarthea el Jue Jun 23, 2011 9:07 pm

Aún oculta tras aquel árbol, observé la escena mientras algunos gritos lejanos y ahogados por la distancia llegaban a mi oído. Eran gritos de los lugareños del pueblo donde yo me...escondía ahora.
Al igual que el chico de las alas que tenía frente a mí, gritaban algo sobre una bruja. ¿De verdad alguien vivía en aquella vieja casa? ¿En serio creían que las brujas existían?
Yo me negaba a creerlo, no que alguien viviese allí, era muy posible. Pero sí me negaba a creer que las brujas, tal y como ellos las pintaban, existiesen. Seguramente sería una pobre desgraciada con mala suerte en la vida.

Mis ojos se abrieron de par en par por la sorpresa al ver aparecer a una chica que, decidida, se acercó a la casa y abrió la puerta de ésta sin reparar, en un principio, en el chico de las alas. Y, de nuevo, oí algo que no tuvo sentido para mí en aquel momento. Esa muchacha iba allí a ayudar a quien fuera que viviese en aquella casa, al igual que el chico.

Mi curiosidad era cada vez más acusada, por lo que sin pensar demasiado salí de mi escondite para acercarme más a la casa. Justo en aquel momento alguien apareció en la puerta desde dentro. Una muchacha joven, por lo que me pareció ver. No pude evitar observar el trato hacia el chico de las alas, un trato seco y malhumorado, pero no era así el trato con la chica. Me encogí de hombros, quizá la muchacha que vivía en aquella casa tenía alguna especie de fobia hacia los hombres.

Por un segundo algo pasó por mi mente. Yo estaba allí, entre los aldeanos decididos a echar abajo aquella casa y con la muchacha dentro y aquella mujer joven. ¿De qué lado me ponía? En el pueblo desde luego tampoco me tenían mucho aprecio, y había dos personas que querían ayudar a aquella mujer. Podría unirme a ellos perfectamente, que fuese lo que Elhías quisiese.

Así, sin más, me acerqué a la casa hasta quedar frente a la puerta. Me adentré en ella tras el chico y la chica que había abierto la puerta sin llamar, pero no dije nada haciendo gala de mi costumbre. Simplemente seguí a la chica que moraba en aquella casa escaleras abajo, a lo que parecía ser un sótano.

Una vez abajo vi a la chica con un amuleto en la mano, no sabría decir si estaba asustada o si estaba a la defensiva tras el aviso de que los aldeanos iban a buscarla. Me dediqué a mirarla a los ojos, por tan solo un par de segundos, incapaz como era de mantener la mirada a nadie, con la esperanza de que , sin palabras, entendiese que yo no era enemiga suya, tampoco era amiga, pero si podía ayudarla lo haría, de todos modos, no tenía nada mejor que hacer en aquel maldito pueblo dejado de la mano de Elhías.


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Re: El cazador cazado

Mensaje por Zephyrae el Jue Jun 23, 2011 11:03 pm

Termine mis palabras a la espera de respuesta alguna en la casa. No fue inmediata y antes de ella escuche otra voz proveniente de las afueras de la casa, su dueña una bella elfa que por sus palabras venía a este sitio con similares propósitos a los míos.

Tuve oportunidad de caminar a la puerta donde me encontré con ella. Su rostro pleno en una juventud que parecía poco lejana a la infancia aun cuando su figura ya era la de una joven en plenitud de vida y belleza. Miraba a sus alrededores como en busca de alguien y posiblemente por ruidos también en el bosque.

-Bienvenida hermosa mujer, mi nombre es Zephyrae y creo que hemos venido ambos con anhelos de ayudar. – Le digo unos momentos después de que tras girar se percata de mi presencia. Dejándome sonreír al ver la belleza que en ella portaba, tanto en la gracia de sus facciones como en la bondad de sus actos – Me temo no he logrado aun hallar a la bruja que se dice habita en…..

Antes siquiera de poder terminar mi frase con fuerte sonido se abrió tras de mí un oculto pasadizo. El suelo mismo alzándose para dejar ver escaleras que conducían a algún lugar bajo el suelo de la abandonada casa. Por estas subió una mujer humana claramente en su figura, su escasa ropa cubriendo solamente el espacio entre sus piernas y algo de sus pechos y en su rostro un claro enfado. Muy al contrario de lo que hubiera esperado de una bruja de bosque su cuerpo mostraba gracia y sensualidad en cada movimiento.

Bruscamente me insta a descender por las escaleras, de manera mucho más brusca que a la elfa a quien por el contrario trata con amabilidad, si es por mi naturaleza Feérica o algo más no puedo saberlo y por un instante considero el hacer uso de mi magia para inspirar en ella sentimientos de confianza y agrado pero reniego de tal opción, he venido a ayudarla y siendo que buscan matarles supongo razón alguna habrá tras su enojo.

Desciendo pues las escaleras, el olor de algo en el fuego que no parece ser comida sube por estas y al parecer llena fuertemente todo este nivel bajo el suelo. Cuando bajo lo suficiente para ver mis alrededores más alla del pie de la escalera noto una impresionante pantera negra observándome al bajar.

Su reacción es extraña pues mi gente suele ser bien recibida incluso entre animales salvajes, el vínculo que tenemos con la magia y la naturaleza hace que incluso las plantas nos muestren su favor pero pareciera ansiosa de atacarme y a la vez confundida de no querer hacerlo. La llegada de la elfa parece calmarle un poco y mucho más el pronto regreso de Liliana que prepara lo que parece ser un conjuro y como tal puedo sentir la magia que acompaña a su curioso ritual.

Permito que termine con sus preparativos antes de finalmente hablarle. –Si me has oído y eres la bruja que habita este bosque o le conoces, he venido a ayudar. No sé bajo que fundamento buscan el hacerte daño mas no estoy de acuerdo en matar a alguien por ser diferente a uno.

No ha pasado mucho de haber dicho esto cuando nueva compañía desciende por las escaleras.
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Re: El cazador cazado

Mensaje por Alanna el Jue Jun 23, 2011 11:51 pm

Cuando el chico se acercó me quedé impresionada, jamás había visto a un feerico, estaba apunto de responderle cuando la puerta se abrió y una mano salió del interior arrastrando al joven dentro de la casa, y luego esa misma mano me era tendida, alcé la vista para ver a su propietaria, ella era la bruja, se parecía un poco a la de los carteles, pero su rostro en lugar de demacrado era juvenil, y la mujer era muy bonita. No pude evitar soltar una pequeña risa al ver la diferencia entre como trataba al feerico y como me trataba a mi, ¿tendría alguna fobia? No lo sabía pero el caso es que la diferencia era bastante divertida.

Tanto el chico como yo fuimos guiados a un sótano bastante oscuro, olía a algún tipo de..., no se explicarlo, pero algo se cocía al fuego, una vez bajo, la mujer cogió un amuleto y recitó un conjuro que me sonaba bastante, era un conjuro de barrera algo modificado, pero era muy bueno, lo sabía porque durante mis años de cocinera y de entrenamiento había leído mucho sobre todo tipo de magia, aunque no estaba muy segura de si esta era blanca o negra, no me acordaba y de todas formas no siempre se puede distinguir entre lo bueno y lo malo con facilidad,pero lo cierto es que si era poderosa y mucho. Cuando terminó con el hechizo se giró al hombre y le gritó:

-¡¿Quién demonios te ha dicho que vienen los cazadores?!

Me sentí mal, al fin y al cabo la que había dicho lo de los cazadores era yo y el pobre estaba cargando las culpas, me sentía como cuando de pequeña mis hermanos cargaban con la culpa por mi, ups, la fastidié bastante al pensar eso, mis ojos se llenaron de lágrimas, que por poco no consigo detener, pero lo logré y levantando la cabeza con una sonrisa brillante dije tartamudeando un poco (de verdad era como si esperase una regañina de mi madre):

-Lo siento, la que ha dicho lo de los cazadores soy yo, me llamo Alanna, llevo viajando mucho tiempo por la región y he visto varios carteles de se busca, entonces al llegar al pueblo he encontrado un gran barullo, los aldeanos se preparaban para atacar, han pisado a un niño y al intentar curarlo me ha tocado huir, me han confundido con una bruja a mi también, además no me gusta como tratan a sus hijos, he visto como maltrataban a un pequeño de no más de diez en primera plana- No pude evitar ponerme de morros, me estaba volviendo a enfadar- bueno el caso es que he logrado despistarlos, se han cansado de buscarme y han vuelto al pueblo a reponer las armas,-en el momento en que me puse a recordar lo sucedido me vino la furia y seguí con voz contenida-como han estado quemando pajares y parte del bosque no les quedaban teas.

Lo cierto es que no se para que dije nada, después de mi "inculpación" el joven se defendió solo y muy bien, no se si lo hizo por defenderse o para calmar el ambiente porque lo cierto es que se quedaron un poco sorprendidos por mis cambios de humor, pero claro ellos no pueden meterse en mi cabeza y la verdad estaba más enfadada por el trato a los pequeños, por su hipocresía y por quemar los bosques que por que me persiguiesen. Cuando pensaba decir que teniendo que encontrar la casa y restaurar las armas aun tardarían, escuché sonido por las escaleras y al poco vi a una joven, miró a su alrededor algo desconfiada, pero luego mantuvo su mirada a la bruja, algo a lo que yo no se si por instinto o por empatía respondí con una sonrisa.
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Re: El cazador cazado

Mensaje por Maraine de la Cruz el Dom Jun 26, 2011 5:10 pm

Después de haber visto al chico de las alas junto con él entró una muchacha de cabello plateado y hablando de nuevo con la bruja. No entendía qué interés tenía todo el mundo en ella, pero sentía curiosidad. Siempre me gustaba saber lo máximo posible de las personas desde que mis padres murieron, algo que me ayuda a cubrirme las espaldas.

-Señora, disculpe que me entrometa, pero desearía ayudarla, los aldeanos planean venir a por usted, han puesto carteles de se busca por toda la región, no creo que tarden en llegar los cazadores, pero ya le digo que no estoy de acuerdo con ellos, mi nombre es Alanna, se lo ruego déjeme ayudar.

Al momento oí otra voz que provenía de la casa. Al chico lo arrastraron con un empujón y a la tal Alanna la trataba con demasiada amabilidad. Aquí había paloma encerrada. Enseguida alguien se asomó a la puerta. Era una mujer joven con el pelo gris y bastante alta. La verdad que tenía cara de pocos amigos, y más aún cuando vi que se llevó la mano a una katana que poseía.

- Entrad rápido *Dijo mientras dejaba la puerta entreabierta*

¿Eso a quién iba dirigido? Tonta de mí cuando me di cuenta de que mis alas se veían demasiado y que seguramente me había visto escondida entre los árboles. Pero habló en plural; ¿quién más estaba allí? Al momento otra chica salió de entre el ramaje. Al parecer había mucha más gente de la que yo esperaba por esos lares. ¿Qué querían todos de la bruja? ¿Recompensa? ¿Poderes? No entendía nada, pero aún así la curiosidad me mataba por dentro. No me asustaba que esa mujer fuera una bruja ni que nos haya “amenazado” con una katana, lo que me preocupaba era saber por qué tanta importancia en aquel pueblo.

Con cautela fui saliendo de mi escondrijo hasta llegar a la entrada de la casa. Miré a mi alrededor en busca de alguien, pero al parecer sólo estaba yo. El resto de los que estábamos allí ya habían entrado, así que me uní a la expedición.

-¡¿Quién demonios te ha dicho que vienen los cazadores?! *Escuché desde lo que parecía el fondo de la casa*

Bajé con cuidado y despacio por las escaleras y escuché la revuelta que se había formado dentro. La chica del pelo gris que había salido y dejado la puerta abierta, la que probablemente sería la famosa bruja, al parecer estaba pidiendo explicaciones al chico y no es que fuera muy amable con él. De hecho, lo trataba como a un animal al que sacarle información. Sinceramente esperaba que eso no me ocurriera a mí. No me gustaban las peleas, y mucho menos cuando no tenían nada que ver conmigo. La otra chica que había entrado antes que yo estaba más abajo: podía verla fisgoneando. Era la única que tenía el pelo oscuro. El olor que llegaba hasta lo alto de la escalera indicaba que había fuego abajo; algo se quemaba. Espero que no fuera el chico…

–Si me has oído y eres la bruja que habita este bosque o le conoces, he venido a ayudar. No sé bajo que fundamento buscan el hacerte daño mas no estoy de acuerdo en matar a alguien por ser diferente a uno.

Desde lo alto podía escucharlo todo ya que no bajaban las voces para evitar que, si ella era la bruja del bosque, los cazadores la encontraran. Igual poco le importaba o era lo suficientemente poderosa para no tenerles miedo. Pronto, la chica que se encontraba con el ser alado, Alanna, habló en lo que parecía ser defensa de él:

-Lo siento, la que ha dicho lo de los cazadores soy yo, me llamo Alanna, llevo viajando mucho tiempo por la región y he visto varios carteles de se busca, entonces al llegar al pueblo he encontrado un gran barullo, los aldeanos se preparaban para atacar, han pisado a un niño y al intentar curarlo me ha tocado huir, me han confundido con una bruja a mi también, además no me gusta como tratan a sus hijos, he visto como maltrataban a un pequeño de no más de diez en primera plana. Bueno el caso es que he logrado despistarlos, se han cansado de buscarme y han vuelto al pueblo a reponer las armas, como han estado quemando pajares y parte del bosque no les quedaban teas.

Empezaba a entender mejor las cosas… Buscaban a la bruja para defenderse de ella. Pero aún una pieza del puzle no encajaba. ¿Por qué estábamos todos allí? Lo más probable es que pronto obtuviéramos respuesta a esa pregunta.

Yo seguía en lo alto de las escaleras escuchando y estando atenta a todo. Cuando entré en la casa me fijé que por dentro estaba toda desmantelada y que apenas había indicios de que nadie vivía allí. Tan solo las luces y ruidos que provenían del sótano donde al parecer la bruja se había instalado. Qué mejor sitio para esconderse que bajo tierra. Aún así, por lo que parecía, los cazadores vendrían en su busca, y muy enfadados. Me faltaba por descubrir qué razones tenían ellos para matarla, y qué razones tenía ella para defenderse. No se lo preguntaría, pero sí que me quedaría allí escuchando algo más.
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