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La torre del gusano.

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Re: La torre del gusano.

Mensaje por Kael'Thas Sunstrider el Vie Abr 29, 2016 5:08 am

El bastón seguía manando luz con la misma intensidad que hacía unos minutos de haberse encendido, sabía que la gema del bastón podía durar encendida el tiempo que fuera necesario, en ocasiones había durado horas brillando apenas bajando un poco su intensidad, sin embargo no tenía intenciones de averiguar cuanto tiempo podría estar encendido y más en aquel pasillo donde en cualquier momento el fuego de las antorchas se podía extinguir.

Luego de visualizar por algunos segundos, quizás minutos, el área que seguía resplandeciente a causa del cristal, me dispuse a ennegrecer el ambiente de nuevo. Tal vez mi mente me jugaba una mala pasada y detrás de nosotros no había nadie. ¿Quién podría estar con nosotros allí? Ya era suficiente coincidencia que nos encontráramos tres personas en aquella torre, si no había nadie en lo alto de la misma o más adelante, mucho menos detrás de nosotros.

Tomé de nuevo el bastón con las dos manos y lo alcé, cuando estuvo a punto de golpear por segunda el vez la superficie del suelo con suavidad, una voz interrumpió el ambiente, dejando por algunos instantes un tenso ambiente, la tensión de no saber de qué o quién provenía. Apreté el bastón y lo apoyé sin golpearlo en el suelo. Tenía razón. No estábamos solos.

Muy perspicaz, mi Señor

-Y dale con el señor.- Pensé.

Se pudo escuchar haciendo eco entre las desgastadas paredes enmudeciendo la bendita gotera que haría sacar que sus casillas a cualquiera. Su voz era ronca y denotaba nerviosismo o preocupación. Seguí escuchando.

No tenía intención de entrometerme en sus asuntos, pero me ha traído la tormenta y la promesa de un refugio. –Se pudo escuchar seguidamente.

La siguiente oración se escuchaba mucho más sincera y rígida, sin embargo seguía sin observarse a nadie hablando, simplemente el pasillo vació delante de mí, sin embargo el sonido parecía emitido desde una columna que quedaba iluminada por la acción del bastón, un tanto cerca de nosotros.

De pronto, de aquella columna donde se podía apreciar la emisión de aquellas palabras, salió el enigmático ser al que aparentemente pertenecían dichas frases que se dejaban escuchar por entre la arena y la luz. Una figura oscura se divisó avanzando de detrás de aquel pilar, llevaba una túnica, más bien capa, a espaldas que cubría su cabeza y parte de su rostro, sus harapos parecían rasgados y algo cutres, dignos de un bandido cualquiera que en la inmensidad del desierto habitan.

Mi nombre es Strind Gaard, ¿y el de ustedes? –Se presentó.

De inmediato comencé a desconfiar de aquel extraño, si bien sus ropajes no debían ser un factor para ser catalogado como lo que parecía, el hecho de que estuviera observándonos en la oscuridad y sin nuestro consentimiento no me convencía del todo. Si bien aquel hombre-insecto-hormiga, Trosk, no me daba buena espina, su inocencia y su manera de hablar me tranquilizaba un poco, sin embargo el nuevo integrante de nuestro “grupo” no llegaba a llenar mis expectativas para dar aquel voto de confianza. Su voz me interrumpió antes de que pudiera reprocharle el por qué de su incógnita.

¿Qué los ha traído hasta aquí?-Preguntó.

-Montábamos unicornios por la senda del arcoiris en busca de la vieja bruja para robarle su canasta con calabazas. ¡Hay una tormenta, tonto!-Pensé

La tormenta.-Dije

Nuevamente me paré a detallar su ser. La capa que cubrían gran parte de su cara, en algunas culturas denotaba que se daba asco asimismo y por ello ocultaba su rostro de los demás. Signos claros de un bandido.

debo buscar a una serpiente blanca de dos cabezas que vive por estas zonas. Es muy venenosa, pero con su veneno se puede crear un antídoto para salvarla de su extraña enfermedad. ¿La han visto?

Esta última idea que pudo salir de su boca, suavizó mi pensamiento de él… Pero seguía habiendo algo que no me convencía del todo. Había pasado mucho tiempo leyendo acerca de muchos temas en la biblioteca del Palacio de Quel’Thalas y uno de esos temas eran los bestiarios. No había leído nada acerca de una serpiente de dos cabezas en la zona en la que nos encontrábamos de Woestyn Ölüm, sin embargo cabía la posibilidad de que si existiera y me estuviera equivocando.

Tal vez había juzgado muy duro al cuarto nuevo residente temporal de la torre. Tal vez sí buscaba la serpiente. Tal vez lo habían engañado para que fuera a esas tierras y robarle luego. Tal vez él buscaba robar algo. Igual seguí desconfiando de él, manteniéndome bastante apartado de su enigmática figura, pero quién era yo para juzgar si yo mismo había malversado mi verdad al momento de que aquella simpática chica me preguntara mis intenciones.

¿Serpiente de dos cabezas blanca? No
. –Dije finalmente.

Anteriormente había escuchado una pregunta de Trosk acerca de las orejas puntiagudas de algunos “humanos” como él nos llamaba. Había escuchado una respuesta bastante simple por parte de la pequeña de cabello blanco. Me volví hasta él y respondí.

Como bien lo escuchas de las palabras de ella. No somos humanos, somos elfos, mi inséctido amigo.–Dije golpeando levemente el cabo de mi bastón contra el suelo y apagando la gema que seguía manando luz hasta ahora.

Acto seguido, el hombre—hormiga comenzó a caminar en dirección a la salida.

-¿Ya se irá?- Pensé.

Voltee para observar que hacía nuestra fémina compañera y pude apreciar que estaba ocupada con la cerradura, analizándola e intentando observar a través de ella. Nuevamente volteé hacia el lado contrario al escuchar de la ronca voz de Trosk que estábamos encerrados.

— Chicos, entrada haber sido bloqueada por grandes cantidades de arena. No haber escape ahora de torre, necesitar buscar llave de segundo portón. Necesitar buscar salida.

De inmediato un impulso de miedo se apoderó y abandonó mi cuerpo al instante, el pasillo era bastante amplio y una corriente de aire pasaba por entre nosotros, no había razones para tener miedos irracionales. Al menos ahora.

Lo que había dicho el hombre de cuatro brazos había sido respondido casi de inmediato por la pequeña señorita que ahora parecía bastante irritada por el hecho de estar encerrados.

- Así que estamos encerrados, aparentemente ¿Eh? No sé qué contiene esta torre. Pero sí sé algo. No me pienso quedar quieta aquí.

Un disparó retumbó en el pasillo mientras caía un poco de arena del techo producto de las ondas de impacto y se elevaba humo mientras el olor a pólvora quemada llenaba casi por completo la zona donde había disparado. La pequeña mini-rambo había disparado directo contra la cerradura esperando abrirla de esa manera.

Si algo no sabía de nuestra presencia acá abajo… Ahora lo sabe...


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Re: La torre del gusano.

Mensaje por Strindgaard el Sáb Abr 30, 2016 2:22 am

El demonio sonrió para sus adentros, todo iba bien. Hasta la mirada interrogante del rubio se suavizó cuando mintió sobre la búsqueda del veneno, atribuyéndolo a una hija que no existía. A pesar de que ni el mago ni la mujer del sombrero habían dicho sus nombres,  casi puso dar por sentado que no desconfiaban de él tanto o más de lo que desconfiarían de un humano cualquiera. «Qué gente más crédula» pensó.
Un antídoto, ¿eh? —musitó la muchacha.
¿Serpiente de dos cabezas blanca? No. —contestó el dueño del bastón dorado, con su voz de lord y su mirada algo indiferente.

El demonio se sacó la capucha y la parte de su capa que cubría su boca y nariz, pues ya no necesitaba salvar de la tormenta ni ocultarse en las sombras. Su cabello negro lo podría catalogar como un cite cualquiera, así que no tendría problemas en decir que provenía de Auberdine u otra ciudad que conocía, pero no hizo falta seguir mintiendo pues rápidamente la pareja había perdido interés en él para contestar una pregunta del demonio del desierto. Strind oyó atento y se llevó una sorpresa, eran elfos. ¡elfos!
¡Oh, es impresionante, elfos! —soltó sin poder ocultar su emoción. Los elfos le eran una raza tan extraña y mítica como los enanos, si iba a tener dos elfos cerca iba a tratar de sonsacarle toda la información posible.

Iba a preguntarles si tenían reyes, o jerarquías, si existían escuelas de magias para elfos y donde estaban, les iba preguntar por su lenguaje y si le podrían enseñar algunas palabras sueltas como 'hola' o 'adiós', pero el guardián se cruzó de un lado a otro por el pasillo para luego hablar:
Chicos, entrada haber sido bloqueada por grandes cantidades de arena. No haber escape ahora de torre, necesitar buscar llave de segundo portón. Necesitar buscar salida.

Lo primero que pensó Strind no fue la posibilidad de haber quedado atrapado, ya que para él los sitios nunca solían no tener salida, sino que pensó en su querida montura.
¡Mi dromedario! —gritó llevándose las manos a la cabeza. ¡No habría nada peor que vagar por el desierto sin agua hasta morir! Y su montura era la única manera de volver a la civilización. Corrió hasta la entrada junto al guardián, a quien los elfos habían confundido con un insecto, y ahí estaba, acostado dentro de la torre en una pared—. ¡Mierda, amigo me has dado un susto!
El demonio llegó hasta el camello y lo acarició en el cuello, el animal estaba ya domesticado y llevaba toda una vida de servicio, llevando y trayendo gente, así que no se hizo problemas por unas caricias de un demonio.

La pared de arena no dejaba pasar ni una brisa y mucho menos un rayo de sol, quizá hubiera tan solo un metro de arena por encima, o quizá más. Salir era un buen reto, analizando la situación luego de calcular la densidad de la arena y la cantidad podría de seguro idear un plan, además tenía con él un demonio de las arenas, Estaba claro que aquel monstruo podría sacarlo luego de construir un túnel, pero, ¿para qué salir? ¡Estaba entre elfos!
¡Qué terrible, debo apurarme, mi hija... debo salir de aquí! —dijo entretejiendo sus palabras con miedo y desazón, como todo un humano.
Así que estamos encerrados, aparentemente ¿Eh? No sé qué contiene esta torre. Pero sí sé algo. No me pienso quedar quieta aquí —dijo la elfa, y acto seguido escuchó el chasquido de su arma y el enorme rugido del disparo.

Strind nunca había oído la percusión de un arma de fuego, fue un sonido salvaje y estridente que por culpa del eco del pasillo se intensificó tanto que dejó un pitido en los oídos del demonio.
¡Uau! —gritó sin querer, pues había quedado momentáneamente sordo—. ¡Así que así suena esa pequeña cosa, no quiero imaginar como dejó la puerta señorita!
El disparo había soltado una pequeña nube de humo que cubrió la puerta y tuvo que esperar unos instantes a que se disipara. Pronto la estancia se llenó del acre olor de la pólvora quemada, lo que obligó al demonio a cubrirse de nuevo la nariz y boca.





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Re: La torre del gusano.

Mensaje por Trosk el Dom Mayo 01, 2016 11:10 pm

El tintineo de una campana había desconcentrado a los gemelos en su labor de vigilar el laboratorio, y, entre tantas cosas viejas y antiguas dentro de la torre, aquello no podía ser nada más que la campana de su demacrado amo. Los gemelos abrieron una de las puertas entre las tres que estaban alrededor del laboratorio de alquimia que yacía encubierto, pero entre las tres, una de ellas estaba cerrada y cubierta de una superficie de metal aparentemente blindado por alguna extraña razón.

—  Se ha levantado. — Dijeron al unísono el par de gemelos, a lo que juntos entraron a la pequeña habitación de su señor poco después de haber abierto la puerta. —  Buenos días, querido y sabio amo.

Aquel triste lugar estaba adornado con telarañas y polvo del que simplemente hacía más gris y deplorable el ambiente, que era tan estrecho que tan solo daba para cubrir la cama, el armario y un cajón de una madera empolvada, el cual tenía encima tenía una vela apagada. La ventana había sido tapada por las negras cortinas de la torre tras haberse intensificado la tormenta de arena.
Entre los adornos, el pobre y senil anciano estaba recostado en su cama con unos ojos entrecerrados, probablemente esperando el fin de la tormenta o la llegada de la muerte.

Aparentaba más de setenta años, pero aún así, fue una sorpresa cuando paró la mitad de su cuerpo de la cama, pero sus piernas aún continuaban postradas sin algún movimiento, y continuarían así para siempre. Viejo y casi un completo inútil, el anciano paso sus frágiles dedos sobre su larga barba y cuidada barba blanca que llegaba hasta su estomago.

—  No los esperaba tan puntuales, muchachos. —Dijo el anciano con una voz suave y algo ronca por la vejez, que se vio pausada por algo de tos, de la que el anciano se recuperó en breve. —  Y os equivocáis, mi querido guardián de dos cabezas. No son buenos días, parece que la tormenta amenaza con arrastrar todo a su paso. El olvido es lo peor de todas las cosas, muchachos. Más aún que la muerte. —Prosiguió, dejando una breve carcajada.  Aquella que nunca llegó ante mi...

— Perdonamos haberlo interrumpido en su siesta. —Respondieron los gemelos al unísono una vez más.

—  No importa. —Comentó el anciano. —  Exactamente, ¿de qué os preocupáis? los veo extraño.

—  Para ser exactos, amo, no es mucha nuestra preocupación, si no sorpresa. —Dijo la primera cabeza, a lo que poco después continuó con un informe interesante para el amo. Hay invitados, como verá, no eran visitas esperadas y creemos que aún tendrá un plan para ellos. Pero como puede notar, tal vez no sean la clase de personas de las que tengan poca paciencia.

—  ¿Y qué pasa con la paciencia? en estas tierras eso ha muerto, y más aún con una tormenta desolando la poca vida que lo puebla. —El anciano tuvo un pequeño ataque de tos tras decir aquellas palabras, que pronto cedió para unas cuantas palabras de más. — Traedme mi túnica y mi silla de ruedas, muchachos. Tengo visitas a las que ver, es más, podrán ayudarnos como en los viejos tiempos con nuestros problemas. ¿No es así?

Los gemelos dieron media vuelta sin rechistar. Su amo tenía una forma de hablar que recordaba mucho a la figura paterna del padre que tal vez nunca tuvieron: bonachón, tranquilo y educado. Era una relación entre amo y esclavo, pero también, de una forma extraña, de padre e hijo. Aún así, los gemelos sabían que no era bueno insistir a su viejo padre y señor.


————

El insectoide estaba demasiado interesado, rayando casi en el desespero, de ver aquellas cualidades del arma de la que la mujer le había hablado con unos pocos vistazos. Tal como dijo ella, cuando Trosk vea cuando disparase podría darse cuenta. Pero, ¿cuándo sería estando todos atrapados aquí? aún así, mientras que Trosk esperaba ver las increíbles habilidades de aquel afamado artefacto que la mujer le decía que era un arma de fuego, ella le resolvió sus dudas en cuanto a sus orejas puntiagudas. Tal vez era el hecho de que había conocido más humanos tras su corta estancia que otras razas, pero la respuesta de la chica apoyada de la del alto hombre del bastón habían respondido a su duda que tanto le asediaba.

— Elfos... —Pensó el insectoide.

—  ¿Cuántas razas haber arriba? —Dijo de una manera poco específica, mientras que a su vez giraba su cabeza hacia el alto elfo del bastón. Debido a su vida bajo tierra, la superficie era para su sub-raza como para los de la superficie era el cielo. Un lugar imposible de explorar, pero que llenaba de profundo interés a aquellos curiosos que se atrevían a intentarlos. Él era uno de ellos, pero ahora las profundidades comenzaban parecer para él lo que la superficie era para los suyos.

A diferencia de los elfos, el humano había estado preocupado por su montura en vez de escapar tras la aparición de la pared de arena que bloqueaba la salida. Una criatura algo extraña que Trosk había visto algunas veces en caravanas o como animales de compañía de algunos nómadas era ahora la montura de aquel hombre que buscaba una cura para su hija, que había dado el nombre para aquellas criaturas de las que Trosk en su primera vez se había quedado perplejo. Trosk no quiso acercarse mucho al animal, tal vez por el simple hecho de que el resto parecía estar mucho más preocupado por abrir la puerta que por aquel simple animal que no pretendía ser algo de relevancia para los demás, excepto para aquel desafortunado padre.

El insectoide escuchó las palabras rellenadas con pavor y posible desespero, bajo el insistente deseo por hallar una cura para su pequeña en medio del desierto. Parecía tener más prisa de lo habitual, lo que Trosk no entendía del todo. Sus padres nunca tuvieron tanta preocupación y cuidado con sus hermanos y con él, su labor era tal que no eran del todo padres, si no más bien, sus maestros. Cosas como el amor en la familia o entre las parejas no era algo muy habitual y mucho menos valorado.

— ¿Por aquí no arrojar a los enfermos a los buitres? —Preguntó el insectoide hacia el humano, cosa que nunca había preguntado a alguien en sus largas caminatas por el desierto. Pero para él, eso era algo habitual. Ancianos seniles, enfermos, bebés con deformidades y sobretodo los débiles y los truhanes, eran ofrenda para los buitres del desierto que habían sido adiestrados para limpiar a la escoria de la tribu como si fuesen una simple migaja de pan. — Un hijo no ser muy importante.

Tras pronunciar aquellas palabras, escuchó repentinamente como un rugido el potente disparo que emergió del arma de fuego de la elfa, teniendo la suerte de verlo en acción. No era lo que esperaba, pero aún así, lo dejó muy satisfecho. Las armas de los seres de la superficie eran increíbles, aún cuando algunas tenían parentesco con las de su gente, esas armas a las que la elfa llamaba armas de fuego eran lo más destructivo que el insectoide había podido presenciar.

Una cortina de humo había cubierto ahora a la puerta tras el disparo a su cerradura, que pronto se esfumó y dejó ver el daño que había provocado el arma de la elfa. Había destrozado la cerradura con éxito, y con eso bastaba para que los demás pudieran entrar a los misterios que aguardaban por detrás de la puerta de ébano. Pero una repentina patada golpeó la puerta y se mostró abierta para los visitantes de la torre. De entre la espesa oscuridad de la torre, estaba postrado delante de los visitantes aquel chacal de dos cabezas, casi tan alto como el elfo, pero que a diferencia de este, portaba una gran alabarda entre sus manos.

— Mi amo los esperaba arriba. —Dijo la primera cabeza, a lo que pronto la siguió la segunda para el próximo comentario. — Quiere verlos. Ha dado una parte de su tiempo para recibiros.

Se movieron a un lado de entre el medio de la puerta y mostraron a los visitantes una escalera en forma de caracol. Los gemelos parecían ser los únicos que sabían que tan pronto como subiesen en los escalones, serían guiados al laboratorio de su amo sin que se hubiesen dado cuenta de ello.



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Re: La torre del gusano.

Mensaje por Zeena Samaha el Lun Mayo 02, 2016 12:58 pm

La neblina y el hollín se disiparon, dejando ver la puerta con una brecha de un tamaño importante. La cerradura había quedado totalmente irreconocible, y la madera se había combado hacia el interior, y con ello, astillado en un millar de trocitos que se repartían tanto a este como al otro lado de la puerta.

Sonreí para mí misma. –Ya sabía yo que la puerta no podía ser tan resistente

A mis espaldas oí un grito de sorpresa, probablemente por el efecto que una pistola tan pequeña pueda ocasionar. Al darme la vuelta me di cuenta de que se trataba del tal Strindgaard, que seguramente, como Trosk, no habría visto una pistola antes. ¿De dónde sería para no conocer lo que hace una pistola? Todo humano que se precie lo sabría… A no ser que fuera un campesino, lo cual dudaba enormemente.

Cuando me volví hacia el frente, la puerta se abalanzó hacia delante, de un golpe, y retrocedí de un salto, alerta por no saber qué podría aparecer al otro lado.

Sin embargo, lejos de venir una enorme bestia a lanzarse sobre mi garganta para arrancármela de un fiero mordisco, apareció una especie de animal de dos cabezas, que llevaba también un arma muy intimidante. Esa especie de lanza era casi dos veces yo. No me quería imaginar cómo la usaría ese… extraño individuo. Su aspecto fiero no mejoraba las cosas, aunque ahora se mostraba tranquilo y apaciguado.

Me mostraba escéptica ante este asunto.

¿Alguien nos esperaba, después de destruir su puerta? Pero… Si nos había recibido de buen grado, era mejor que activar una trampa que nos sepultara a todos, así que…

¿Qué otra opción teníamos?

- Oh, así que tendremos escolta y todo. Me siento… halagada
Repuse quitándome de nuevo el sombrero de la cabeza, haciendo una inclinación de cabeza. Aparentaba ser sarcástica, pero realmente lo que tenía era miedo. Miedo de no saber dónde nos estábamos metiendo, ni quién era este animal, ni su amo. Miedo de estar en un sitio cerrado, y con poca iluminación. Y miedo de no saber qué me voy a encontrar allí dentro.

Aun así, avancé hacia el frente en primer lugar, por estar junto a la puerta, y pasé por el lado del extraño grumete de agua dulce, para subir por la escalinata curva, sin saber bien hacia dónde me metía.


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Re: La torre del gusano.

Mensaje por Kael'Thas Sunstrider el Mar Mayo 03, 2016 2:42 am

La audiencia general exceptuando a la pequeña pseudo pirata parecía nunca haber visto un elfo, estaban sorprendidos y casi boquiabiertas por nuestros rasgos. El hombre insecto parecía menos intrigado a pesar de haber maquinado la pregunta originalmente, sólo estaba algo confuso por lo que había pensado que eran sub-razas de humanos con malformismo en sus orejas.  Tal vez le parecía totalmente natural y común el distintivo color rojo del ojo de la pequeña mercenaria o el irreal color verde brillante de mis ojos o incluso las rasgos más definidos en la cara de los dos dignos de una raza diferente a la humana.

El extraño y enigmático “padre” se había quitado la capucha y el pedazo de trapo que cubría su boca, para dejar visible su peculiar rostro. Tal vez de verdad estaba en aquel momento, en aquella torre buscando la serpiente de dos cabezas y yo había incurrido en el mal al juzgarlo apresuradamente.

Luego de contestar la pregunta de Trosk, el ahora descubierto humano se notaba algo ansioso por nuestra presencia allí, casi tan ansioso como si nos fuera a preguntar algo de lo cual se apenaba, sin embargo no le di mucho importancia sin quitar mi vista de él. Pronto vociferó palabras de exclamación a nuestra raza, dejando ser muy notoria su inquietud acerca de los elfos. Lógico, la mayoría de los elfos no confiaban en las demás razas, excepto tal vez en los diviums, como para revelar sus secretos, así entonces se mantenían su vida y su cultura élfica alejada de lo mundano de los humanos.


Momentos después que Trosk anunciara que nos habíamos quedado encerrados a causa de una pared de arena que había sellado la puerta por la cual nos habíamos adentrado, el enigmático ser huyó corriendo haca la salida, bastante lejos de mi vista como para ver qué hacía allá, pero lo suficiente como para notar algo que me atrajo la atención poderosamente.

En la biblioteca de Quel’Thalas había leído sobre algunas criaturas capaces de usar esencia centrada en su mente y dejar escapar ilusiones de cosas que en realidad no existían. Eran considerados unos ilusionistas por su carácter tan soez de engañar a las personas haciendo pasarse por otras. Nuestro amigo que buscaba salvar su hija, extrañamente a pesar de se casi invisible, los movimientos de su boca no se correspondían con algunas palabras que dejaba salir, la comisura de los labios no cerraba adecuadamente al pronunciar ciertas frases. El libro sobre ilusionismo no decía que éste fuera uno de los posibles aspectos que dejaban escapar los seres que practicaban esta magia, sin embargo sí que decía el siguiente aspecto que presentaba el extraño. Cuando partió corriendo, hasta donde pude ver sus pisadas físicas no correspondían con el sonido de la bota aplastando la arena y la piedra.

¿Tal vez nuestro compañero era un ilusionista? ¿Tal vez el hecho de estar encerrado me comenzaba a volver loco? ¿Quizás esta era la razón por la cual nos espiaba?  De igual manera, en las condiciones en las que nos encontrábamos encerrados y sin salida, no podría confrontarlo correctamente y si estaba en lo correcto quizás firmaría mi sentencia de muerte. Cuando el humano se desvaneció de mi vista en la oscuridad que no alumbraban las antorchas, volteé a donde la chica del sombrero.

Antes de que la pequeña figura abriera fuego contra la puerta, pude escuchar de “labios” de Trosk una pregunta que me había dejado un poco atónito. Preguntaba sobre cuántas razas habían arriba. De inmediato pensé en los Diviums, que evidentemente vivían arriba en la nubes  o pasaban la mayor parte de su tiempo allí, también pensé en los dioses antiguos que algunos decían que vivían también arriba. La pregunta no era muy exacta como para responder y cuando quise intentar preguntar la naturaleza de la misma, el disparo ensordeció el ambiente e interrumpió la pregunta que aún no hacía.

Trosk y el enigmático sujeto que se había presentado como Strind, estaban extasiados tanto con el sonido como con el resultado del arma de fuego. Esto me hizo acercarme más a mi hipótesis que el extraño ser nos estaba mintiendo, Trosk era bastante notable que no era común y tal vez no las conocía, pero a la edad que aparentaba el ser, con hija y demás, dejaba mucho que desear de su desconocimiento o admiración por el arma de fuego. Trataría de no quitar la vista de encima a Strind durante el tiempo que estuviera allí.

Finalmente el humo se desvanecía así como el olor a pólvora de la punta de aquella arma y dejaba ver el daño que había causado a la cerradura.  Un hueco por el que sin problema podría pasar un dedo ahora estaba en donde solía estar la ranura de la llave y la cerradura estaba cas totalmente destrozada.

Bonita manera de solucionar los problemas…

Tras unos minutos, quizás segundos, la puerta se impulsó de manera brusca y quedó abierta. Del otro lado en la espesura se podía ver una figura bastante alta, bastante común… Dos piernas, un torso y dos brazos, quizás era el residente de la torre que venía a reclamar su cerradura. Sin embargo en donde debía estar la cabeza… Había algo de más, dos cabezas se erguían sobre el fornido y alto chacal que sostenía una alabarda casi tan larga como mi estatura. Bastante imponente.

-Oh… ¡Su puerta! Se ah dañado… ¡Fue ella! –Pensé.

— Mi amo los esperaba arriba. –Dijo la primera cabeza que increíblemente parecían pensar de manera independientes una de la otra, a pesar de compartir los mismos órganos vitales, los cerebros se ramificaban y se dividían en dos capaces de pensar como seres diferentes. –Interesante- Pensé.


— Quiere verlos. Ha dado una parte de su tiempo para recibiros. –Dijo la otra cabeza a su lado, haciendo referencia a su “amo”.

Antes de lo que pude reaccionar, la elfa que tal vez se sentía avergonzada hizo un ademán con su cabeza quitándose el sombrero y luego de comunicar que contábamos con escolta, comenzó a subir las altas escaleras en forma de caracol.

-Yo no llamaría escolta a aquello que te puede partir en dos, tierna amiga. Dañaste su puerta, no tientes a tu suerte- Pensé sin evitar sonreír.

Luego de que la pequeña elfa subió, el guardián que ahora estaba a un lado de la puerta permitiendo el paso me veía fijamente como escudriñando en mi mente.

-También puedo leer tu mente, poderoso guardián de la puerta. Obedeceré y subiré… Por ahora.- Pensé.

No Tenía la certeza de que el bicéfalo pudiera leer mi mente, sin embargo pensé eso para ocultar apariencias y hacerle saber que mi poder era equivalente al suyo, en caso de que  pudiera leer la mente. También lo hice para darme ánimos y un poco de humor y esconder lo aterrado por lo que nos esperaba arriba de esas escaleras. Sin más, tomé fuertemente mi bastón,  me adentré en la puerta y comencé a subir detrás de la fémina.

Luego de algunos minutos subiendo y de ir girando en la escalera hasta casi marearme, llegamos a una habitación bastante amplia con sábanas de color blancas a mi parecer, cubriendo numerosas mesas que reposaban distribuidas equitativamente en el salón para dejar espacio a un pasillo entre los diferentes elementos cubiertos,  para dar camino a una senda que conducía a tres puertas dispuestas de manera tal que el que entrara en la habitación de inmediato se fijara en  ellas.

La primera estaba abierta y dejaba ver entre pocos destellos de luz otra escalera en forma de caracol que en la parte superior de la puerta se perdía hasta donde dejaba ver. La segunda puerta también estaba abierta y sólo se podía ver otra pared al final sin más. La tercera era la más intrigante, una puerta cerrada y sellada con acero y otros metales, con numerosos tornillos y refuerzos, como si quisiesen ocultar, encerrar o condenar a algo o alguien que estuviese dentro o no dejar que alguien entrara resguardando algo de mucho valor . De cualquier manera la puerta estaba sellada y las mesas cubiertas con mantas dejando ver altos relieves como si una mesa de tortura se tratara. Mi primer pensamiento fue correcto. Esta torre no estaba aquí por casualidad, algo estaba sucediendo.

-“Ahora, ¿quién quiere ser el primero en ser disecado?” Ojala sea el humano –Pensé sonriendo de nuevo.

No pude evitar la falta de algo, algo que el bicéfalo nos había prometido, quizás para encontrarlo debía seguir subiendo o estaba detrás de aquella puerta resguardada por tanto metal como una pierna fracturada. Fuera lo que fuera sin duda no estaría en la segunda puerta. La habitación se veía bastante pequeña y el dueño de tan legendaria y gigante torre no podría residir en tan pequeña habitación. Tal vez me estaba justificando por los amplios salones de Quel'Thalas por mi miedo a los espacios pequeños. De cualquier forma...

¿Y el “amo”? -Susurré


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Re: La torre del gusano.

Mensaje por Strindgaard el Mar Mayo 03, 2016 4:31 am

¿Por aquí no arrojar a los enfermos a los buitres? —preguntó el guardián. Una pregunta muy válida viniendo de un demonio. Desconocía las prácticas del Foso Negro y aún más las que practicaban los demonios de las arenas. Pero él, como humano, no podía estar de acuerdo con ella. Los humanos, y en general, todas las culturas tienen algo de empatía con sus enfermos. Así que simplemente Strind tuvo que mostrarse algo desencajado con la pregunta, y poner una cara críptica. Luego se encogió de hombros y le puso una mano en la espalda al guardián.
No se los damos a los buitres porque nuestros enfermos siguen siendo personas, y las personas se deben ayudar hasta que sanen —Strind cerró su frase con una sonrisa amigable, para guardar las apariencias frente a los elfos.
Un hijo no ser muy importante.

El demonio, que nunca había tenido nada parecido a un hijo, recordó a todos los niños en las ciudades que había visitado. Existe un apego indeleble entre padres e hijos, sabía que los humanos no se deshacían de los niños que salen defectuosos, por el amor que existe entre ellos. Hasta él y su padre crearon lazos, aunque no estaba seguro si alguna vez pudo llamar a aquello amor. «Mi querido padre, que me arrojó con mi querido maestro, que casi me mata, si no fuera por mi querida madre, que me… En fin
Al parecer se tardaba mucho en responder. Sabía que debía parecer molesto y ofendido, porque él tenía una hija.
¡Por todos los dioses! ¡Por supuesto que lo son! —Quitó su mano del demonio de arena y se cruzó de brazos y se fue a ver el espectáculo de la puerta.


En Auberdine, de donde provengo existen las armas —mencionó a la elfa—. Pero no soy alguien de mucho dinero, y nunca pude ver de cerca nunca. Menos aún verla funcionar. Es impresionante.

Se acercó a la maciza puerta de ébano para ver los resultados. «¡Qué sencilla es la vida cuando se tiene un arma! —pensó—. Las puertas se abren sin llave, se es capaz de intimidar a los más fuertes y vuelve a los hombres en cadáveres con apenas y un esfuerzo.» La puerta yacía hecha astillas ahí donde la pólvora y la bala la había besado, el ébano era una madera de alto precio, y el demonio dudaba que la cerradura fuera barata. Se acercó a la puerta, la pieza era de buen hierro, pero quedó reducida a chatarra, «Las armas de fuego son seguro obra de demonios» supuso el demonio, con una sonrisa al ver el resultado de la magnífica obra de ingeniería.

Entonces un golpe lo exaltó. La puerta se abrió de una patada, y de entre la espesa negrura surgió una figura cuán alta como el elfo. «Otro demonio.» Era enorme, de ancho pecho y fuertes brazos. Otro guardián, pero este portaba una alabarda en vez de un tridente. Strind no pudo ocultar nuevamente su impresión, pues no tan solo era un guardián bicéfalo, sino que también era mitad animal. A simple vista y por culpa de la oscuridad de la torre, Strind pensó en primera instancia que se trataban de cabezas de perro. Pero tenían el hocico largo, no tanto para parecer lobos, pero más que los perros. Un hocico largo y afilado, y unas orejas largas y puntiagudas. Pelaje negro como brea, limpio y brillante como recién acicalado, y unos ojos rojos como perlas de sangre. Un demonio intimidante, o quizá un woe, pero sin duda un monstruo salido del mismo sitio que Trosk.

—Mi amo los esperaba arriba. —vociferó una de las cabezas, con voz grave. Su hocico definitivamente le recordaba a un perro.
Quiere verlos. Ha dado una parte de su tiempo para recibiros. —La segunda cabeza habló con una voz diferente, menos profunda pero no menos amenazante.

Strind, que nunca había antes cruzado palabra con un elfo, ni mucho menos con un demonio bicéfalo, y considerando que ya estaba ahí metido, decidió acercarse al segundo guardián.
Perdonadme la osadía —dijo agachando la cabeza y tratando de no mirar directamente a los ojos rojos—. Pero me corroe la curiosidad, ¿Tienen ustedes distintos nombres, o bien se consideran una misma persona? —El demonio en su imagen de humano se encogió de hombros para quitarle un poco la tensión al momento—. Es que no sé si referirme a ustedes como ‘señor’, o ‘señores’. Y perdonadme de nuevo, pero no logro averiguar qué raza son del cuello hacia arriba, ¿algún tipo de canino?

Comenzó a subir las escaleras de piedra, arriba parecía ser más luminoso que abajo.
Por cierto, ¿cómo se llama su amo? No me gustaría llegar frente a él sin poder presentarme de buena manera.






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Re: La torre del gusano.

Mensaje por Trosk el Sáb Mayo 07, 2016 3:09 am

Los chacales siameses se mostraron algo molestos por las palabras de la dama, a la que solo dedicaron una mirada doble de ambos ojos rojos como la sangre que eran acompañados por el ceño fruncido en la cara de ambos gemelos. Los guardianes eran duros como la roca y eran disciplinados cuando querían, pero cual perros, eran nivelados por su amo para cumplir sus caprichos y ordenes cueste lo que cueste. Y ahora, como una de las ordenes, debían de escoltar a los visitantes con estoicismo y un silencio casi inquebrantable. Pronto tendría que encargarse de cuidar a su amo, desarmado y débil, que no tendría aparentemente alguna posibilidad si se viese en peligro si de por mera casualidad los visitantes no llegaban a ser civilizados tal como esperaba.

El elfo había resultado estar callado y decidió ascender junto con la elfa hacia la escalera en forma de caracol, mientras que Trosk todavía estaba perplejo ante la fisionomía anómala del guardián, al que veía como una criatura salida de los cuentos de hadas. Los gemelos se percataron de las curiosas preguntas que daba el humano, que tanto como el insectoide, todavía no alcanzaban a ir con los elfos por la escalera. Había resultado ser esperado para los gemelos que el humano preguntase sobre qué eran ellos debido a la malformación de estos, más veían estas preguntas como irritantes y molestas que interferían en una orden tan simple que les había dado su amo: llevarlos hacia él, pero no a base de la fuerza.

— ¿Ser espíritus de la torre? —Pensó Trosk, debido al carácter espiritista de los chamanes de su tribu, fue lo mejor que se le pudo ocurrir para clasificar a esas criaturas.

— Créame, nuestros nombres no son su incumbencia, humano. —Dijo la segunda cabeza, frunciendo el ceño mientras que disimuladamente mostraba sus blancos colmillos a este, a modo de una amenaza un tanto primitiva que era producto de su enfado. — O al menos no por ahora.

— Puede llamarnos Gemelos, como lo suele hacer nuestro amo. —Completó la primera cabeza, finalizando poco después con la última pregunta del curioso humano. — Somos chacales y sobretodo, guardianes. No somos guías o sirvientes que fueron traídos para satisfacer sus necesidades, estamos aquí para vigilarlos a toda costa. —Finalizó con una mirada frívola con el ceño fruncido y poco después dio media vuelta, encaminándose hacia las escaleras en forma de caracol junto con los elfos y el humano.

Trosk decidió acompañarlos, más encima porque no quería estar solo con la criatura del humano y mientras que sus acompañantes estaban siendo cuidados por un anfitrión desconocido. Se colocó a espaldas del guardián mientras avanzaban tanto él como el guardián. A su lado, Strindgaard había sacado a la luz otra duda más para los guardianes, esta vez era acerca de su amo. Los chacales simplemente lo habían ignorado, sin importar lo irrespetuoso que haya sido, pronto vería de quien se trataba su señor. Era irrelevante que, como vasallos de su amo, sean los que diesen la presentación de su señor que en aquellos momentos pretendía seguir siendo anónimo.

Cuando ascendieron, un viejo senil reposaba en una silla de ruedas arcaica y práctica que se fijaba junto con su dueño contra la pared de piedra, mientras que este yacía encapuchado y encorvado sobre la silla. Los gemelos hicieron una seña con una de sus manos a los invitados para que se quedasen quietos, mientras que se acercaban hacia el anciano y le susurraban algo al oído. El anciano le dio la vuelta a la silla de ruedas y se fijó en los visitantes. La barba blanca y crespa llegaba hasta su estomago y sus ojos se veían envueltos en la incertidumbre de su capucha.

— Bienvenidos al segundo piso de la torre. —Dijo el anciano, tosiendo un poco antes de que pudiese continuar con la bienvenida de sus invitados a su morada. — Siéntanse como en casa... se estarán preguntando porque no les habré abierto la puerta durante un tiempo, verán, es por el temor a que vengan estos ladronzuelos a robarme. Ya estoy muy viejo para esas cosas y sí, como pueden notar, soy el señor de esta torre. Pueden llamarme Altras.—Esbozó una leve sonrisa de su arrugado rostro.

Se rompió los nudillos en un fuerte apretón mutuo de sus dedos largos y delgados, para poco después emitir un poco más de información extra a sus recién llegados para saciar la curiosidad de estos.

— ¿Quieren descansar un poco? pues pueden ir hacia los dormitorios que tenemos en el tercer piso, aquí solo encontrarán este bodrio encubierto de mantas empolvadas y esa puerta de hierro. —Agregó con más seriedad en cuanto a la puerta blindada. — Nunca se atrevan a entrar allí, por su propia seguridad. —Continuaba, tras haber hecho una breve pausa por la tos—. Por último, mis vasallos y yo estaremos a gustos de brindarles suministros para sus aventuras, muchachos. ¿No se les antoja un poco de deliciosa agua?

— Agua... ¡no sonar mala idea! —Pensó una vez más el insectoide. Sin embargo, algo le decía que un anciano con un guardián así no era muy de fiar como para acomodarse tan pronto.



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Re: La torre del gusano.

Mensaje por Zeena Samaha el Lun Mayo 09, 2016 3:02 pm

No pude observar qué clase de respuesta no verbal me darían esos seres de aspecto animal, pues ya estaba subiendo la escalera. Pero francamente, no creía que fuera a dolerles demasiado ¿Verdad?


Una vez subí aquellas angostas escaleras, nos detuvimos en una sala donde una figura reposaba en una especie de silla con ruedas de madera, dándonos la espalda. Nada podía confirmármelo, pero según los guardianes, nos encontrábamos ante un hombre, pues se encontraba encapuchado, como si no quisiera dejar ver su rostro. O simplemente la luz le molestara, quién sabe.

Me aparté de las escaleras, dejando al resto entrar a la estancia.

El hombre se giró después de que el guardián se acercase a él, y aparecíose una barba blanca rebosar por debajo de su capucha. Sin lugar a dudas, se debía de tratar de un hombre bastante mayor, y quizás tanto que no tenía siquiera ganas a quejarse de su puerta destrozada.



Me puse con los brazos en jarras mientras escuchaba su bienvenida salir de sus agrietados labios. Aunque parecía de tono amistoso, esto me seguía dando mala espina, y sobre todo, miedo. ¿Pretendería comernos para robarnos la juventud o algo así?


Mis pensamientos sólo crecían en cuanto nos ofreció descanso, y demandaba que ignoráramos la puerta de hierro que yacía a su lado.

Su hospitalidad parecía sincera, pero... Tendría que declinar su oferta, por ahora.

- Gracias, señor Altras, por su hospitalidad. Sin embargo, me temo que aquí sólo estoy, al menos yo, de paso, y lo único que deseo es poder salir de esta torre para continuar mi camino. ¿Tiene idea de cuándo pasará la tormenta?

Repuse un tanto pensativa, con un tono neutro y apacible. No quería hacer saltar ninguna alarma de nadie, y menos aún del guardián, no sea que tenga hambre. Por mis compañeros anteriores no me preocupaba tanto, menos aún de otro elfo. Por lo general, los elfos sabemos juntarnos entre nosotros, y no tenemos problema mientras seamos de la misma especie.... ¿O quizás estaba siendo muy ingenua al respecto y realmente no le importaría sacarme las tripas, hacerme suya en contra de mi voluntad, o usarme como fuente de alimento?

Era una pregunta que, por el momento, no tendría respuesta. Y dudaba que la tuviera pronto


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Re: La torre del gusano.

Mensaje por Kael'Thas Sunstrider el Miér Mayo 11, 2016 7:30 pm

Arriba el aire era un poco más suave que debajo en los pasillos, sin embargo no se despedía ese olor a tierra y a tiempo desgastado, quizás la torre estaba ahí mucho más de lo que normalmente tenía que estar, ocultando un gran poder o una gran riqueza. Seguramente muchos bandidos y ladrones intentaban entrar en ella y saquearla, sin embargo por la reacción del chacal no creía que fuera así. Aunque tal vez nos había llevado arriba para que le fuera más fácil jugar con nuestros cadáveres.

Mis pensamientos fueron interrumpidos por el alto y fornido bicéfalo, que me movió cuando se nos adelantó en la sala principal. El bicéfalo avanzó unos pasos y en seguida paró la marcha, mirando hacia el frente, como si se fuera encontrado con una pared que le impedía el paso. Pasó una mano levemente hacia atrás e hizo un ademán indicando que nos quedáramos quietos. Los hermanos/gemelos/mutación/aberración avanzaron lentamente por la habitación, entre las mesas de aparejos cubiertos por las sábanas, hasta llegar a una pared, donde una figura reposaba.

Mis ojos habían pasado varias veces por ese lugar y no lo habían distinguido, o tal vez se había posado allí cuando desvié mi vista producto del casi tropiezo del guardián contra mí… Como fuera, ahí estaba. Una figura, tal vez un humano, sentado en una especie de silla móvil con ruedas para transportarse, vestía una larga capa que guardaba su cabeza. Estaba espaldas a nosotros.

El chacal se le acercó, lentamente como si tuviera vergüenza –Respeto o miedo, quizás… -Pensé. El guardián susurró algo muy bajo al oído de la figura cuando estuvo lo bastante cerca y mis oídos no pudieron escucharlo. La figura realizó movimientos trabajosos, como si le costara, y dio la vuelta en su arcaica silla integrada de ruedas, hasta que estuvo de frente a nosotros, donde pudimos observar que se trataba de una figura bastante demacrada.

La misteriosa figura se trataba de un humano, o al menos eso parecía, bastante avanzado en edad, las arrugas que se arraigaban y tontamente intentaba esconder en su rostro, se marcaban como los pies en la arena y dejaban unas amplias líneas de expresión alrededor de todo su rostro. La capucha aún continuaba puesta así que no podía observar ni detallar mucho de él, sin embargo había una característica que sí lo hacía notable a kilómetros, la barba. El cabello que cubría su barba era en su totalidad blanquecino, un blanco con textura de vejez, diferente al pálido que cubría a la elfa más pequeña. Las canas se extendían desde el comienzo de la barba hasta casi llegar a su  estómago.

Sabía que la edad avanzaba no necesariamente acentuaban un largo camino recorrido en la vida de la persona, muchas veces los magos se les blanquecía el cabello debido a las energías y esencias que manipulaban, haciendo que ésta adelantara el proceso de envejecimiento en el cuerpo, por eso un cabello más blanco que otro no significaba debilidad sino fortaleza mágica. Sin embargo el cabello de este anciano se veía bastante más natural que el blanco forjado por energías mágicas, signos latentes de su envejecimiento más natural que mágico.

— Bienvenidos al segundo piso de la torre. Siéntanse como en casa... se estarán preguntando porque no les habré abierto la puerta durante un tiempo, verán, es por el temor a que vengan estos ladronzuelos a robarme. Ya estoy muy viejo para esas cosas y sí, como pueden notar, soy el señor de esta torre. Pueden llamarme Altras.

La bienvenida del anciano denotaba la demacrada edad en su voz, sin embargo parecía bastante sincera, aunque un poco incrédula.

-¿Qué persona no estaría furiosa porque desconocidos destrozaran su puerta? Y si está tan preocupado de que ladrones vengan a robarlo, ¿Por qué nos recibe amistosamente si intentamos entrar a la fuerza en su torre? Espera… ¿Altras? Su nombre me suena conocido… ¿De dónde será? –Pensé.

Cambié de objetivo visual y busqué al guardián, que estaba a un lado del anciano hundiendo su rojiza vista en nosotros. Una de sus cabezas parecía estar mirándome fijamente, como si nuevamente estuviera leyendo mi mente. Devolví la misma mirada de frialdad al alto ser, esperando que el verde brillante de mis ojos fueran lo suficiente como para dejarle ver que no era el más débil del grupo y por lo tanto en caso de que nos fueran a asesinar, a mí trataran de último.

-¿Qué pasa guardián? ¿Impresionado por mis capacidades mentales? Como te eh dicho, también puedo leer tu mente. Mucho cuidado con lo que pienses… -Una leve sonrisa se coló en mis labios- La verdad… ¡Qué inmaduro soy! –La sonrisa se hizo un poco más grande- ¿Qué lector de mentes tendría un “amo”? De igual manera, sé tu secreto… Poderoso perro –Pensé

Mi sonrisa se convirtió en un ceño fruncido al escuchar de labios del anciano nuevamente unas palabras que revelaban sus “intenciones” para con nosotros por ahora, tal vez era una fachada para hacer que tuviéramos un motivo para quedarnos y luego liquidarnos como animales engañados.

— ¿Quieren descansar un poco? pues pueden ir hacia los dormitorios que tenemos en el tercer piso, aquí solo encontrarán este bodrio encubierto de mantas empolvadas y esa puerta de hierro.

-¿Descansar? Claro, y que luego “misteriosamente” fallezcamos mientras dormimos –Pensé arriesgándome a que el guardián me retara.

— Nunca se atrevan a entrar allí, por su propia seguridad. Por último, mis vasallos y yo estaremos a gustos de brindarles suministros para sus aventuras, muchachos. ¿No se les antoja un poco de deliciosa agua?

-Ummh… ¿Qué esconderá tras esa puerta? Espera… ¿Agua? Sí –Pensé

Mis labios iban a comenzar a gesticular para agradecer y comunicar mi deseo a cerca del agua, sin embargo, una brusca interrupción que no me dejó mediar palabra, saltó de boca de la elfa, la cual misteriosamente aún no sabía su nombre…

- Gracias, señor Altras, por su hospitalidad. Sin embargo, me temo que aquí sólo estoy, al menos yo, de paso, y lo único que deseo es poder salir de esta torre para continuar mi camino. ¿Tiene idea de cuándo pasará la tormenta?

-Y yo que pensaba… Bueno, supongo que no importa –Pensé.

Nuevamente me preparé para hacer sonoros mis deseos a cerca del agua, sin embargo me interrumpí yo mismo para reorganizar mis pensamientos y planificar lo que iba a decir, no quería ofender al anciano ni a su “mascota” en sus dominios.

Disculpe, Gran Altras… Yo sí tomaré el suministro de agua. Muchas gracias.


El anciano hizo una pequeña seña a los gemelos que de inmediato asintieron en señal obediencia y se adentraron en las escaleras que conducían a los pisos superiores, dejando a su amo sólo ante nosotros cuatro.

-Brillante movida, guardián… Dejar a su amo solo con cuatro desconocidos, una de ellas que ya causó daño a su propiedad. Aunque, si lo deja solo quizás el anciano no necesite protección –Pensé.

Volteé hacia atrás para visualizar que el humano siguiera detrás de mí y no fuera a hacer cualquier movimiento extraño en el que me involucrara. Nuevamente volteé hacia el anciano que ahora pareciera que me miraba con sus ojos envueltos en conocimientos. Avancé dos pasos hacia él, deteniéndome cerca de las mesas.

Altras. Nuevamente discúlpeme… -Hice una pausa para encontrar las palabras para no sonar descortés ni insolente- Estas mesas ¿Qué son? Y ¿Por qué estableció su torre en medio de la inmensidad del desierto?

Mis palabras sonaron retumbando armónicas en toda la habitación. Mi pregunta era sencilla, además de lo obvio, quería saber cuál era el motivo de construir una torre sobre arena que posiblemente fuera estructuralmente inestable y tan larga como para que el viento la ladease e incluso tumbase. Mis conocimientos de construcción no eran muchos, pero la comparaba con el Castillo de Quel’Thalas que estaba en Sylvide por la cercanía de corrientes de aguas en ríos, suministros agrícolas de los asentamientos y ciudades, además de la relativa paz en su territorio.

Minutos más tarde bajó el chacal con una bandeja plateada brillante con un tarro de agua que contenía lo suficiente como para administrarse entre los cuatros. El bicéfalo se detuvo algunos metros lejos de nosotros. Caminé hacia donde estaba él, palpando con mi mano derecha la bolsa que llevaba bajo la capa, para instintivamente sentir el libro que hacía un tiempo había metido en ella… Allí estaba. Continué caminando hasta llegar hasta la bandeja.

Saqué mi cantimplora que no ostentaba ni una gota del líquido vital y tomando la jarra respetuosamente de la bandeja que sostenía el guardián, comencé a llenar mi cantimplora. Poco a poco se fue abasteciendo hasta que estuvo en su totalidad llena. Dejé la jarra que aún contenía líquido en la bandeja y volví a mi lugar.

Sabía que era un peligro y no usaría el agua para beber sino en una situación de extrema deshidratación, evitando así una posible intoxicación o envenenamiento a causa del preciado líquido. Igual consideré una falta de respeto no tomar lo que el señor de una torre que estaba al mando de un guardián tan imponente como el chacal, estaba ofreciendo.

-Ahora a esperar que  pase la tormenta para marcharme a mi verdadero motivo de mi estadía por estas desérticas tierras -Pensé


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Re: La torre del gusano.

Mensaje por Strindgaard el Vie Mayo 13, 2016 5:47 am

Escaleras arriba la luz mejoraba bastante. Los ojos del demonio se habían acostumbrado a la oscuridad del pasillo de la torre, y le costó un tanto adaptarse a la iluminación del segundo piso. Arriba todo mejoraba, pero no estaba tan fresco como abajo, la luz se filtraba por las cortinas fieramente cerradas para contener la tormenta y se podía oír, como música de fondo, el cabalgar de los dioses del desierto golpeando la torre. Por lo demás la estancia se veía igual de mal que el primer piso. El polvo y la arena se habían hecho un espacio en cada rincón, y se podían ver claras las arañas y sus intrincadas telas en las esquinas y recovecos. «¿Qué rayos comerán estas pequeñas? No veo una jodida mosca en todo el sitio, ¿serán hormigas?» Strind miró a su demoníaco compañero, ahora que lo pensaba detenidamente sí parecía una hormiga superdesarrollada. Sonrió al pensar que al fin tenía un demonio con quien hablar, aunque este por cierto lo hacía pésimo. Tendría que enseñarle a comunicarse mejor en algún momento, la tormenta daría tiempo para muchas cosas.
El suelo estaba lleno de polvo, y las pisadas del demonio de la alabarda iban y venían por todo el sitio. y más allá, dos líneas surcaban el suelo, Strind levantó la vista para ver la silla con sus ruedas, la túnica y el ser marchito que la ocupaba. Un demonio de otra clase, uno bastante viejo por lo demás. Strind lo oyó, Altras parecía todo un bonachón. Les ofreció descanso, suministros y lo más importante: agua. No, aquel no era un demonio, solo era un humano, un viejo humano, o bien un demonio muy bien escondido, «¿Qué clase de monstruo habita este raro sitio? —la puerta de hierro solo agregaba más dudas, una puerta fuerte, hecha para contener—. Al menos yo estoy a salvo. Si esto se pone feo empujaré al elfo contra las dos cabezas de perro escaleras abajo, le digo a Trosk que me ayude con el viejo, tomo a la pequeña y la lanzo por la ventana para suavizar mi caída. Un escape limpio.» Lo planeó todo en un cuarto de segundo. Se plantó entre Gemelos y el elfo, listo para plantar su hombro en su pecho, hasta le ayudaría la estatura del orejas puntiagudas. Tenía una ligera sonrisa, y mientras comenzaba a pensar en cómo evitaría que la elfa le volase los sesos antes de llegar a ella, asintió en lo que decía el anciano. Debía parecer calmado y feliz de haber sido salvado.
El demonio de las arenas aceptó el agua encantado, y Strind también, «¿por qué no? Entre demonios nos entendemos. Pero… ellos no saben que yo también soy un demonio... Quizá deba dejarme ver en algún momento, cuando me sienta seguro, así me dejarán fuera de sus planes malvados... Si es que los tienen.»
La elfa, que no había dicho su nombre, no estaba muy contenta por su postura, y le hizo una pregunta sobretodo interesante al viejo Altras, él también quería saber cuando rayos podría continuar su camino. Entre más tiempo pasaba menos posibilidades tendría de encontrar aquel veneno, ese ingrediente alquímico tan preciado y raro. «Quizá...»

Altras, agradezco enormemente su hospitalidad, aceptaré una cama mientras pasa la tormenta, y también el agua. Además, quería saber. ¿Usted lleva mucho tiempo viviendo aquí? Yo he venido desde muy lejos buscando un antídoto para mi hija gravemente enferma, parte del antídoto se hace con veneno de serpiente blanca de dos cabezas, un extraño espécimen de este desierto. Supongo que no ha salido de su torre hace algún tiempo —dijo y sin querer llevó su mirada a las piernas que se escondían bajo la túnica—, pero, ¿Sabe si existe por aquí ese tipo de serpientes?

Mirando a su alrededor le surgió otra duda. Algo muy propio de él, una sensación de interés y curiosidad que le habían metido en problemas más de una vez:
Disculpe, me causa mucha curiosidad saber qué hay sobre estas mesas cubiertas. ¿Se dedica usted a realizar algún tipo de pasatiempo? —mientras hablaba se dirigió hasta una mesa y tomó con una mano la sábana polvorienta—. Sabe, yo soy muy bueno con los relojes, los sé armar y desarmar. Si tiene usted un reloj malo yo lo podría arreglar sin ningún problema. Al parecer tenemos tiempo —comenzó a levantar la sábana para averiguar qué era lo que escondían—, es más, no le cobraría ni un kull…





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Re: La torre del gusano.

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