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La torre del gusano.

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Re: La torre del gusano.

Mensaje por Kael'Thas Sunstrider el Lun Jun 27, 2016 1:26 am

Las escaleras se hacían cada vez más largas y aún no habíamos recorrido nada de lo que se nos estaba por venir, sin embargo la adrenalina que me había surgido luego de ver que mi vida corría riesgo de acabarse, me llevaba casi volando por los escalones desgastados en piedra y arena. Mis oídos vibraban con la sinfonía de sonidos que podía captar, desde mis propios pasos acelerados hasta las pisadas inhumanas de aquellas aberraciones que lideraba el chacal.

Mi corazón palpitaba aceleradamente sin dar tregua al bombeo de sangre, lo que me hacía correr más deprisa por las escaleras. No había observado detenidamente a los enemigos que nos aquejaban, sin embargo comprendía muy bien que el más peligroso era el perro-demonio de dos cabezas. Mis oídos captaron raudos el familiar sonido de las flechas atravesando y rompiendo a su paso el aíre que se oponía ante su posible punta de metal y nuestras personas.

Mi mano de pronto rozó con algo y de inmediato me sumí en una oleada de nervios al siquiera pensar que una flecha había saludado tiernamente mi mano. Bajé la mirada hacia donde había estado mi mano unos momentos antes de recogerlas y pegarlas al pecho, pude notar la oscilación del libro dentro de mi bolsa. Me relajé al comprender que eso había tocado mi mano.

-Si Halduron me viera en este momento seguramente no tendría un buen concepto de mí- Pensé

Volví mi mirada hacia atrás y pude notar como no había nadie, ni Trosk ni Zeena. Con prudencia bajé un poco en las escaleras al notar que habíamos dejado muy atrás a los mutantes y pude reconocer a Zeena, la cual permanecía tensa parada en dirección a los mutantes y a Trosk, que más que tenso parecía no convencido de lo que habría pensado hacer.

Mis ojos captaron de pronto como la hormiga pateó a unos de los mutantes que se le había acercado mucho y con el mismo impulsó saltó y luego de unos vertiginosos movimientos cayó detrás de las mutaciones y el chacal.

Los debe tener en forma de rombo, no cuadrados, sino romboides –Susurré sonriendo levemente.

El chacal pronunció algunas palabras que por la lejanía no pude distinguir del todo, sin embargo interpreté por sus movimientos que él se encargaría de Trosk y a continuación, bajó las escaleras en su búsqueda. Me acerqué más hacia Trosk y el humano que anteriormente había dicho alguna frase que en aquel momento no recordaba. Zeena extendió su mano y le aventó un arma de fuego, de las dos que tenía, al humano luego de que éste se la pidiese.

-¿Pero qué…? –Pensé observando mi bastón.

En cierto modo, tenía planeado prestarle mi bastón a la hormiga dadas las condiciones, debido a que no es mi arma principal, sólo lo tengo como apoyo y sin embargo, en dado caso que lo perdiera aún tenía a Felo’melorn, sin embargo jamás daría siquiera a que la vieran a mi arma principal, las pistolas en caso de Zeena.

La pequeña elfa buscó dentro de su bolso algún objeto – Orbe de teletransporte – Imploré pensando. Luego de unos segundos sacó un pequeño barril un poco ennegrecido en los bordes y sin pensarlo dos veces lo lanzó en dirección a los mutantes que ahora se encontraban sin el chacal. Duró un momento apuntando y luego el estallido tronó directo en mis oídos.

Estaba un poco confundido, ¿Aquel barril qué era? ¿Una bomba de humo? ¿Algún distractor? ¿Pólvora? Y más confuso aún… ¿A qué le había disparado? Parecía un poco irritada con el resultado de la bala impactando de lleno en el cráneo de uno de los mutantes, sin embargo me abrió la mente a una pequeña posibilidad. Al parecer los mutantes no resistían absolutamente nada y estaba en una posición ventajosa para conjurar una línea de fuego que los podía azar vivos a todos al mismo tiempo, o a la mayoría.

¡Espera un momento, Zeena! –Grité observando la pequeña rabieta de la elfa- ¿Aquello era pólvora? Si lo era puedo encenderla de inmediato, pero necesito que todos salgan de mi frente.

Mi mente estaba preparada para lo que venía, sin embargo mi estado físico no era el óptimo al menos por el momento, había subido alrededor de dos pisos y de nuevo los había bajado, debía encontrar una zona plana para relajarme y lo podía encontrar en el descanso del siguiente piso al que nos aproximábamos.

Sin más mediaciones comencé a subir hasta llegar a aquel descanso y esperé que mis compañeros subieran detrás de mí, no quería que se vieran envueltos en aquella llamarada que podía rostizarlos vivos y más aún si el barril era pólvora podía producir una explosión bastante dañina.

Ya en el descanso, relajé mi mente y alejé pensamientos pesarosos y temerosos como el hecho de que  que era la primera vez en mucho tiempo que iba a pelear sin la ayuda  de la gloriosa fuerza militar del palacio de Quel’Thalas y más aún sin la ayuda de ninguno de mis “lugartenientes” del palacio.

Me detuve algunos segundos y todo a mi alrededor se enmudeció, los gritos y sonidos guturales que provenían de las demacradas criaturas que se arrastraban lentamente por las escaleras desaparecieron y por un pequeño momento no pude escuchar nada de lo que los presentes hubieran dicho, mi mente estaba totalmente en blanco, concentrándome para realizar el hechizo. Cerré los ojos y pude sentir como el poco viento chocaba contra mi cara.

Me concentré en reunir todas las partículas de calor que se encuentran generalmente esparcidas en el ambiente,  en un solo lugar… Mis manos. Abrí los ojos y divisé a los mutantes que ya se encontraban más cerca que antes y extrañamente conglomerados unos con otros cerca del extraño barril. Las partículas del aire vibraron y se volvieron densas, dando la sensación de poder tomarlas con facilidad. Apoyé el bastón contra la baranda y extendí mis manos hacia el frente en dirección al barril atravesando los mutantes.

De un momento a otro, de mis manos extendidas surgió una brillante e intensa luz que amplificada por el espacio fue capaz de casi cegarme momentáneamente, sin embargo resistí. A los pocos segundos la luz se atenuó y se unificó en la palma de mi mano, surgiendo así un haz de luz y fuego que envolvió casi por completo a los seres en su camino.
Por unos instantes el fuego estuvo arropando a los mutantes y el olor a carne chamuscada no se hizo esperar e inundó las fosas nasales de cualquier vivo que estuviera presente.

¡QUE EL FUEGO LOS PURIFIQUE! – Grité.

Casi de inmediato que pronuncié estas palabras se escuchó un estruendo inmenso que me hizo salir de concentración aislando las partículas y provocando la extinción del elemento, sin embargo las llamas ya habían alcanzado al pequeño barril y éste explotó, sacudiendo los mismos cimientos de la escalera y haciendo que ésta vibrase bruscamente.

Tomé bastón rápidamente con mi mano aún caliente y lo apoyé en el suelo, evitando caer por las vibraciones de la explosión. La tira anti-resbalante que recorre toda la sección media del bastón ayudó a bajar de temperatura mis manos. Observé donde segundos atrás habían estado los mutantes y sólo pude ver las características marcas de una explosión y pequeños focos de fuego que comenzaban a extenderse y a extinguirse a sí mismos. Me recosté de la pared que daba acceso al piso que indicaba el descanso donde estaba parado para recuperarme brevemente.

Sencillo… -Dije algo jadeando- Espero que la hormiga no se viera afectada. –Dije guardando la compostura en todo momento.

Os agradecería que se asegurasen de que no queda ningún engendro vivo mientras recupero el aliento.


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Re: La torre del gusano.

Mensaje por Zeena Samaha el Miér Mayo 03, 2017 6:35 pm

Los vapores a mi alrededor se hacían cada vez más calientes y burbujeantes, rodeándome como si fuera una cortina de burbujas. Una especie de géiser de aire. La rabia que me recorría las entrañas parecía corroer mis vísceras como si fuera un ácido que se lo tragaba todo.

Aquella rabia no me dejaba pensar, ni advertir lo que tenía a mi alrededor. Nada más que ver cómo mi fracaso empezaba a rodar por las escaleras en dirección a ninguna parte.

Había una voz lejana pero cálida, hablándome de algo que ahora parecía dicho en otro idioma que yo desconociera. Era como si lo oyera sin entender, aunque si lo pensaba lo entendía.

Pero no había lugar para pensar. No podía omitir estos ardores. Pero tenía que controlarlos, o si no mi magia se desataría. Y hacía… mucho tiempo que me dije que no la usaría… ¿O quizás era tiempo de quitarme esa autoprohibición? ¿Está bien usar la magia? ¿Es peligrosa para los demás?

Aún en mi introspección, el tiempo se sucedía sin descanso, y no era consciente de lo que se nos venía encima. Los seres sin cerebro que subían las escaleras dejaban escapar gemidos guturales, suspiros y unos sonidos de pasos sin fuerza, como si algo pesado y blando cayera al suelo con cada paso que daban. El sonido de la no vida. El fin de la muerte. El principio del fin.

Sin embargo, un grito me sacó de mi propia ensoñación, agitando la cabeza de un lado a otro cuando me di cuenta de que todo el aire a mi alrededor era bruma ya más densa.

La bruma se relajó, aunque a mi espalda seguía habiendo una cortina neblinosa y cálida blancuzca, mientras oía una explosión ensordecedora, observando cómo la sangre y los trozos de hueso volaban en todas direcciones, salpicando mi cara y mi chaqueta, las paredes y el suelo. Unas manchas enormes de un tono terroso quedaron en las escaleras, como si fuera sangre oxidada y vieja, y mi pelo revoloteó hasta hacerse mil enredos que parecían imposibles de peinar ahora mismo.

Todo se hizo silencio, mientras unas llamas se mantenían decreciendo a lo largo de los escalones y de la pared de piedra, mientras una humareda gris se elevaba hacia los pisos superiores de la torre.

A mi lado, veía a Kael cansado, agarrándose al bastón que llevaba consigo, y me acerqué a él, preocupada, notando cómo toda la rabia acumulada parecía disiparse en aquel momento.

Me puse frente a él, posando mis manos sobre sus mejillas, mientras miraba hacia arriba para poder mirar a sus ojos.


- ¿Estás bien, Kael? Ha sido eso un esfuerzo… grande
Repuse con la voz algo quebrada, pensando que quizás se habría sobrepasado, y estúpida de mí, no le habría ayudado en nada para evitar que se sintiese así.


Pero parecía que solo necesitaba descansar, mientras me mandaba a revisar si había rastro de la hormiga que nos acompañaba. Y como respuesta a su relajación, me eché sobre él y le abracé por la cintura, apoyando mi cabeza sobre su pecho, sosteniendo el sombrero con la mano a su alrededor

- Me habías asustado. Pensaba que te habrías sobrepasado por mi culpa…

Pero antes de dejar que se desatara mi actitud blanda y bochornosa, me separé de él, respirando hondo y poniéndome más seria. Aún mi rabia me ayudaría a ponerme sin caer en ñoñerías.

- Vale.Ahora vengo. No te muevas de aquí – Repuse una vez más, procurando tener el tono lo más neutro posible.


Entonces me marché, descendiendo por las escaleras en busca de la hormiga.

Mis botas se quedaban pegajosas con cada paso que daba, a medida que me adentraba en la podredumbre esparcida en todas direcciones. Un olor a carne quemada y a putrefacción se iba haciendo más intenso conforme descendía sobre la nube de humo, perdiéndome en su abrazo cegador.


-¡Trosk! ¡Trooosk!- Llamaba a la hormiga, pero no había respuesta de él. Esperaba intensamente que no hubiera muerto en aquella explosión. Pero si no aparecía, no habría manera de encontrarle.
Lo que sí que ocurrió es que no quedaban más cadáveres. Pero había un peligro. Un guardían de dos cabezas que se había perdido y que no encontrábamos. Y aquel viejo. Si seguía descendiendo podría encontrármelos de cara, así que decidí volver hacia atrás.


Mientras tanto, al otro lado de la sala del piso de abajo, yacía hundido en rocas caídas del techo el guardián, con una cabeza libre de piedras. Magullado y desorientado, se levantó, apartando los escombros que le cayeron encima con las manos, y buscaba, sin encontrar nada, a los invasores de la torre para hacerles papilla.

La suerte estaba echada.


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Re: La torre del gusano.

Mensaje por Kael'Thas Sunstrider el Jue Mayo 04, 2017 6:22 am

No tenía la completa certeza de si era la escalera cuyos cimientos aún se tambaleaban o si era mi mente daba tumbos sobre sí misma. Lo que estaba claro era que me faltaba el aliento debido aquel hechizo, sin embargo en vano no había sido puesto que había resultado satisfactorio, donde estaban los demonios ahora habían un rastro de cenizas y fluidos que goteaban desde los escalones hasta abajo.

Recordaba las lecciones básicas de piromancia de mis antiguos maestros, donde me explicaban que el humo subía debido a los cambios bruscos de temperaturas entre el ambiente normal y el residuo de la oxidación violenta. El gas tóxico se elevaba por las escaleras dejando el área donde estábamos relativamente libre de gases, sin embargo no podía evitar la presencia de vapores, olores y tal vez sabores, debido a la explosión, de la combinación de pólvora, fuego y mutantes.

Cuando recuperé un poco el aliento pude ver las reacciones de Zeena, me daba una ternura increíble verla enojada, quizás sería por mi tamaño pero, me había dado cuenta en reiteradas ocasiones que las rabietas de las elfas pequeñas, me causaban una ternura tal al punto de casi doblegarme a su voluntad. La pequeña elfa de cabellos blancos refunfuñó, subiendo la escalera con prisa.

Una vez que se había contenido la amenaza, Zeena reaccionó de una manera que sinceramente me sorprendió, pero de igual manera me gustó. Se acercó a mí y con una voz quebrada pero fascinante soltó algunas palabras de aliento.

- ¿Estás bien, Kael? Ha sido eso un esfuerzo… grande –Dijo mientras se podía denotar algo de frustración en su cara.

Estoy bien, pasará. No te preocupes, lo importante es que estamos a salvo por ahora – Le contesté con un tono de voz ahogado.

- Me habías asustado. Pensaba que te habrías sobrepasado por mi culpa…

La pequeña se abalanzó hacia mí para abrazarme finalmente, cuando nuestros cuerpos chocaron sentí un calor familiar y hogareño, quizás sólo era algo psicológico pero, transportó mis pensamientos a cuando mi madre me daba aquellos abrazos reconfortantes que servían para sanar cualquier herida… Quizás eso era lo que faltaba en mi vida, el toque femenino.

No debes temer. Siempre que estés a mi lado estarás protegida, así me vaya la vida en ello.

Correspondí aquel abrazo dejando mi bastón de lado y prácticamente arropé cálidamente con mis brazos a la elfa, brindándole el cobijo que quizás le faltaba. Acaricié su rostro suavemente mientras lo limpiaba con la suave tela de mi manga y le pasaba mi mano por su frondosa cabellera.

Sin embargo, de un momento a otro me soltó y no opuse impedimento para aquella acción, su expresión cambió de ternura a determinación, mientras se colocaba su sombrero de nuevo y se arreglaba un poco el cabello. Busqué sus ojos hasta que finalmente se encontraron con los míos.

- Vale.Ahora vengo. No te muevas de aquí – –Dijo con la serenidad posible que ofrecía el momento, mientras descendía por las escaleras.

Aquí estaré por un momento, no te preocupes –Dije exhalando hondo recuperando el aire.

Escuchaba como se alejaba poco a poco los llamados de Zeena a Trosk, nuestra compañera hormiga… Mientras tanto mi mente, como de costumbre, empezaba a divagar imaginándose todos los escenarios habidos y por haber que no tuvieran nada que ver con la situación y algunas que otras sí, un defecto que se había crecentado en mí a raíz de tanto meditar en el palacio, pero que no me afectaba en combate.

Mientras tanto me preguntaba qué había sido del humano que nos acompañaba, con el ruido de aquella explosión, era para que al menos se asomara a ver qué había pasado o tal vez asumía que la explosión la habían causado los engendros y nosotros éramos los que yacíamos esparcidos por toda la escalera. De igual manera, mi filosofía como príncipe de un reinado era que si habíamos entrado cuatro, salíamos cuatro sí o sí. Pero no pondría mi vida en riesgo sólo por la efímera vida de un humano. Sólo por descartar lo llamé.

¡Hey, humano! ¿Estás vivo? –Grité escaleras arriba- ¿Aún vives? Si estás vivo grita o algo… Si no estás vivo… - Obvio, si no está vivo no está vivo… Excelente campeón, buena lógica.- Pensé

Todos los eventos que estaban pasando me resultaban un poco extraños, la verdad me cuestionaba a menudo por qué cojones había salido a buscar un diario que la verdad no sabía dónde coño estaba en la mitad del desierto, tampoco sabía exactamente cómo me había metido en una torre con un viejo loco con ansias de matar a los viajeros. La verdad la vida en Noreth era extraña sinceramente, casi en todos lados donde llegaras encontrarías problemas, jamás encontrarías una cabaña con chimenea y té caliente, con una tierna y cálida abuelita ofreciéndote pasar una noche acogedora. No, no sin que a media noche se convierta en una bruja que te quiera comer los órganos como ofrenda a sus dementes dioses.

Pero bueno, ya hacía bastante tiempo que Zeena se había ido y no tenía noticias de ella, me sentía un poco mal por mandarla sola hacia abajo con la posibilidad de que hubieran más engendros o hasta el mismo chacal. Ya había recuperado mis fuerzas, me sentía un poco fatigado por haber utilizado el hechizo, pero nada que no se disipara en unos pocos minutos.  

Tomé mi bastón y girando mi vista nuevamente hacia arriba sin señales del humano, comencé a descender en las escaleras en busca de Zeena y eventualmente Trosk, a pesar de ser de una raza diferente, me había caído bien la personalidad inocente de la hormiga.
Descendiendo un poco más encontré a Zeena en las escaleras, su cara aún denotaba frustración, al parecer no había encontrado a Trosk.

Llamé al humano, pero no me respondió… Si es inteligente deberá bajar… Si aún sigue con vida, claro. Vamos, intentemos salir de esta torre maldita. Busquemos a Trosk y vayámonos. –Le dije mientras intenté tomar su mano.

Llegados a un punto, el chachal estaba parado en el piso de abajo encima de un montículo de piedras y escombros, tenía cara de pocos amigos pero al parecer no se había enterado de nuestra presencia allí y afortunadamente no había mutantes que pudieran avisarle. De inmediato me di la vuelta y vi directamente a los ojos Zeena.

Debemos sortear al guardián para poder salir. Salió en busca de Trosk, pero no lo veo por allí… O está debajo de todas esas piedras o se escapó, roguemos por lo segundo. Tengo un plan… Si mal no recuerdo, por aquí hay una habitación con agua estancada y un goteo incesante del techo, si lo llevamos allí, podemos utilizar otro de tus barriles de pólvora si tienes y desplomar el techo bajo el chacal y ahogarlo – Susurré en un tono de voz casi inaudible mientras hice una pausa mientras analizaba lo que dije y lanzaba un suspiro desalentador- No es el mejor ni el más elaborado plan que se me ocurra, pero es el único que me viene a la mente. Estoy abierto a las ideas, pequeña... Ahora vamos, salgamos de esto.

Aquel chacal ya había dejado en claro que no le agradaba, así que usaría eso para llamar su atención, debía ser de movimientos certeros y decididos, no había tiempo para vacilar. De inmediato salté a un escalón donde estaría seguro que me viera y tomé una pequeña piedra estaba en el escalón y se la lancé directa a la cara, pegándosela en el hocico.

¿Qué pasa Shindu? ¿Tan rápido te cansaste que te acostaste y te arropaste con escombros? – Dije de manera risoria mientras empezaba a caminar plácidamente hacia arriba.

Cuando terminé el tercer escalón comencé la carrera más rápida de mi vida asegurándome de que el Chacal me persiguiera. Luego de un tiempo corriendo y ya casi con mis piernas flaqueando, llegamos a la habitación indicada, la que goteaba agua desde el techo. Ya dentro me pegué a una de las paredes que soportaba la puerta para que cuando entrara el chacal poder salir sin problemas mientras estuviera buscándome dentro de la habitación y así poder desencadenar el plan o nuevo plan que planeara Zeena.


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Re: La torre del gusano.

Mensaje por Strindgaard el Vie Mayo 12, 2017 7:12 am

Subí a toda velocidad por las escaleras, sonriendo como un crío con un nuevo juguete. La pistola era pesada, la verdad es que en manos de la elfa, el metal parecía mucho más delicado y liviano, pero en mis manos parecía un trozo tosco de acero bien pulido. Y estaba cargada. Sabía cómo funcionaba el arma, y me moría de ganas de disparar. Debía ser cuidadoso si no quería volarme la tapa de los sesos, apunté hacia el frente, recordé el sonido del disparo cuando la pequeña derribó la puerta. Un sonido breve y terrible.

Faltaba poco para llegar arriba, pero me detuve al notar que ninguno de los dos orejas largas me seguía. Rechiné los dientes, estaba nervioso, el vino, el vino tenía la culpa. Iba a gritar algo, no sabía cómo se decía “¡Moved el maldito culo!” en élfico, pero sí cómo se decía “apresuraos”. Me coloqué la pistola debajo del brazo, con delicadeza, y acerqué mis manos a la boca para que sirvieran de bocina. Me acerqué al borde de la escalera, pero antes de poder chillar un calor extraño invadió mi rostro.
¡Ese cabrón! —Mascullé—. ¡Está haciendo magia sin mí!

El calor subió y me vi obligado a apegarme a la pared, farfullando y blasfemando a los dioses élficos. ¿Ese cabrón era un solar? ¿Por cuál de todos los dioses gimoteaban en sus templos los solares? Me toqué la cabeza, el vino. El vino. Solo recordé a Selene y sus silvanas. Aquella fea trinidad, ¿Quién hoy en día es tan palurdo como para rezarle a las lunas?
¡Anar'alah belore! ¡Hijo de mala madre!
Luego vino el humo, que me hizo toser como un perro enfermo.
¡Kim'jael!
Me encogí en la escalera, corrí hasta la puerta más cercana y me quedé tras ella usando mi capa como filtro para respirar. Lümenïrïe, se llamaba Lümenïrïe. Lo maldije un par de veces mientras el humo se filtraba por debajo de la puerta.

Pasaron los minutos, largos como días sin alcohol. Oí como me gritaba el elfo.
Sí, claro. Gracias por preocuparte por mí Dobby. —Farfullé con voz ronca. No podía gritar.
Luego de unos minutos me asomé por la puerta y noté que el humo se había disipado por la escalera, pero que el fuerte olor permanecía, penetrante como si hubieran ardido frascos alquímicos. Pronto esos olores también se disiparon, para solo dejar un pesado y nada agradable hedor.
Carne asada.
Salí y esperé en la orilla de la escalera por si acaso subían unos instantes, pero al parecer el plan había cambiado.
¡¿Subirán?! —Grité.
No hubo respuesta. O bien estaban muertos, o habían bajado lo suficiente para no oír.

Comencé a descender, no me fue difícil descubrir en qué piso había sucedido todo. Cuerpos carbonizados, gente muerta, negra, irreconocible. Pasé por encima de las cenizas, pisé sin querer una calavera que se rompió bajo mi peso. Me pregunté cómo lo haría para dormir por las noches ese cabrón de toga y bastón brillante.

Entonces escuché ruidos. Sin duda eran ellos, me quedé en silencio esperando a ver qué sucedía, al parecer no todo había terminado. Pisadas apresuradas comenzaron a golpear las escaleras, abracé el arma. Debía prepararme para lo que se avecinaba. Comencé a subir también a toda prisa, tratando de que mis pisadas no se oyeran.
Cuando las pisadas a mi espalda dejaron de oírse, bajé suavemente para ver de quién se trataba. Era el maldito elfo.
Es bueno ver que sigues vivo. —Noté que estaba mirando atento la puerta frente a él—. ¿Algo interesante tras esa puerta?





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Re: La torre del gusano.

Mensaje por Zeena Samaha el Jue Jun 22, 2017 5:18 pm

Oía pasos a mis espaldas acercándose a mí, pero éstos eran tan tranquilos que probablemente fueran de mi compañero solar. Me giré lentamente, encontrándome con el níveo rostro de Kael, poblado por su cabello rubio cayendo sobre sus orejas. En cierto modo, pensaba como él. El humano no había aparecido en ningún momento, y no nos podíamos quedar más tiempo si éste no hacía acto de presencia.

Me dejé tomar por su mano, sorprendida de su activa. Era la primera vez, que recordase ahora, que me tomaba alguien la mano, y no sabía cómo reaccionar ante eso, más que ignorarlo y seguir con él al lado mientras descendimos las escaleras.


Al final de la estancia en cuanto llegamos a la planta inferior, se encontraba bajo los escombros, el chacal desorientado e inadvertido de nuestra presencia.

Ante su idea asentí lentamente, pero me agarré a sus costados, intentando auparme para susurrarle. No había tiempo que perder, y esperaba poder hablar luego de la simpática hormiga cuando todo acabase.

– No me quedan más barriles…. Pero quizás… quizás pueda hacer algo. Es buena idea. Vamos –

Era ahora o nunca. El momento que decidiría si abrazaría la magia de nuevo en mi vida, o la rechazaría para siempre. Recordaba que, si en la planta de abajo, era donde goteaba, significa que la sala inundada debería estar en esta planta o en la de arriba.

La cuestión es cómo utilizar esa característica. Tendríamos que descender al piso de abajo, y buscar la forma de hacerle entrar al guardián ahí.
Me fui a adelantar, yendo hacia la planta donde caía el agua antes de que él llamase la atención hacia el siamés. El humano había dado un grito, y esperaba que no se fuera a meter a la boca del lobo. Subía rápidamente, esperando meterme en la sala dichosa, en la que había dos puertas. Me metí dentro y me quedé junto a la pared, esperando a que el guardián entrase tras la puerta con la distracción de Kael.

Oí al otro lado de la puerta la voz del humano, ajeno totalmente a la situación y al plan que habíamos trazado.

--------------------------------

Mientras tanto, el chacal había caído ante su provocación. Inseguro de si su amo seguiría vivo, el único sentimiento que contenía en su interior era rabia. Odio. Deseos de venganza.

Su ira no se calmaría hasta ver derramada la sangre de los perpetradores y los extraños que invadieron la casa de su amo.

Ambas cabezas gruñían enseñando sus poderosas dentaduras mientras daban largas zancadas en dirección al elfo de galas no acordes al lugar. La velocidad del chacal era mucho mayor que la del elfo, y si Kael’thas no se daba prisa, le acabaría alcanzando.

– Estás muerto, hombre afeminado -

El chacal tomó la alabarda como si fuera una jabalina y la lanzó con la mano sana en dirección al elfo, en dirección a su pierna para ralentizarle, aunque probablemente sólo le dejase un corte de un aspecto terrible.

Ya con las manos desnudas, se acercaba al elfo, y encontróse con el humano junto a éste, mientras el guardián se relamía satisfecho de poder matar dos pájaros de un tiro.

Kael entró en aquella sala, y el chacal entró sin pensárselo dos veces, viendo cómo el humano iba detrás.

--------------------------------------------------

Los goznes de la puerta chirriaron, con el estruendo tan agudo que hacía el roce del metal poco engrasado y descuidado. Y fue entonces cuando vi entrar a Kael, quedándose junto a la pared del lado contrario, y con le humano detrás de él. Era el momento.

Tomé el parche que cubría mi ojo, y lo arranqué de mi cara, lanzándolo con furia al suelo. El ojo violeta destellaba, y apenas podía ver por él, ahora por ver en blanco en lugar de en negro.

Sentía un cosquilleo en la cara, que poco a poco iba extendiéndose hacia el cuello, y hacia el resto del cuerpo. Respiraba lentamente, mientras observaba hacia el techo, donde podía ver gotas de agua cayendo acompasada y continuamente, notando el aire entrando casi como si fuera fuego dentro de mí. Mi cuerpo estaba más fresco de lo normal, quizás por los nervios, quizás por la magia, no lo sabría bien en aquel momento.

Entonces vi por el rabillo del ojo que el chacal entraba en la sala, corriendo tanto que cuando se quiso dar cuenta de que no estábamos donde él esperaba, llegó más allá de la mitad del fondo de la sala. Entonces se volvió hacia nosotros, y yo no pude sino esbozar una sonrisa, que se transformó en un esfuerzo muscular de la cara.

El techo empezaba a crujir de una forma desagradable, y cada vez más sonora, y poco a poco se curvaba hacia abajo, como si lo hubieran hinchado. Mi cuerpo se estremecía a medida que veía cómo avanzaba lo que habían provocado mis actos, y traté de salir andando de la sala, pero caí arrodillada en el umbral del portón, presa de la debilitación en las piernas que acababa de sufrir.

Hacía mucho tiempo que no usaba la magia, y sus efectos de usarla sin practicar se hacían patentes

Un estruendo retumbó en la sala, mientras los bloques de granito caían bajo una masa de hielo que se precipitaba hacia el fondo de la sala, mientras el chacal desencajaba su mandíbula, abrazado por el pánico de una situación que no le dejaría tiempo a actuar. Intentó lanzarse a correr hacia Kael, el humano y yo, pero probablemente toda aquella masa le caería encima antes de que pudiera alcanzarnos.


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Zeena Samaha

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