Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» Ficha de Anya Bal'Sagoth
por Alegorn Jue Dic 13, 2018 10:29 pm

» Empatía [Evento]
por Alegorn Jue Dic 13, 2018 10:02 pm

» Un error a la vez [Libre]
por Jan Egiz Jue Dic 13, 2018 9:58 pm

» La protección del gato negro [Privada]
por Brown Hat Jue Dic 13, 2018 6:58 pm

» Adios al hogar.
por Rufus Fortis Miér Dic 12, 2018 11:51 pm

» Presentación
por Capitán Pescanova Miér Dic 12, 2018 10:11 pm

» La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]
por Margaret Orgaafia Miér Dic 12, 2018 10:06 pm

» Con Honor, Sin Wenkunegen
por Kromul Miér Dic 12, 2018 3:23 pm

» Sistema de corrección de partidas por pares
por Strindgaard Miér Dic 12, 2018 4:18 am

» Cronologia de aventuras y desventuras
por Rufus Fortis Mar Dic 11, 2018 7:31 pm




Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth
Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth

Las afiliaciones hermanas se hacen por invitacion de nuestros administradores hacia otros Admins de los foros que decidamos, o por invitaciones de ellos hacia nosotros, sin embargo nos reservamos el derecho de admision de estas mismas pues seran solo una limitada cantidad y minima. Para mayor informacion acuda a la sección de Afiliaciones


La torre del gusano.

Página 4 de 4. Precedente  1, 2, 3, 4

Ir abajo

Re: La torre del gusano.

Mensaje por Kael'Thas Sunstrider el Lun Jun 27, 2016 1:26 am

Las escaleras se hacían cada vez más largas y aún no habíamos recorrido nada de lo que se nos estaba por venir, sin embargo la adrenalina que me había surgido luego de ver que mi vida corría riesgo de acabarse, me llevaba casi volando por los escalones desgastados en piedra y arena. Mis oídos vibraban con la sinfonía de sonidos que podía captar, desde mis propios pasos acelerados hasta las pisadas inhumanas de aquellas aberraciones que lideraba el chacal.

Mi corazón palpitaba aceleradamente sin dar tregua al bombeo de sangre, lo que me hacía correr más deprisa por las escaleras. No había observado detenidamente a los enemigos que nos aquejaban, sin embargo comprendía muy bien que el más peligroso era el perro-demonio de dos cabezas. Mis oídos captaron raudos el familiar sonido de las flechas atravesando y rompiendo a su paso el aíre que se oponía ante su posible punta de metal y nuestras personas.

Mi mano de pronto rozó con algo y de inmediato me sumí en una oleada de nervios al siquiera pensar que una flecha había saludado tiernamente mi mano. Bajé la mirada hacia donde había estado mi mano unos momentos antes de recogerlas y pegarlas al pecho, pude notar la oscilación del libro dentro de mi bolsa. Me relajé al comprender que eso había tocado mi mano.

-Si Halduron me viera en este momento seguramente no tendría un buen concepto de mí- Pensé

Volví mi mirada hacia atrás y pude notar como no había nadie, ni Trosk ni Zeena. Con prudencia bajé un poco en las escaleras al notar que habíamos dejado muy atrás a los mutantes y pude reconocer a Zeena, la cual permanecía tensa parada en dirección a los mutantes y a Trosk, que más que tenso parecía no convencido de lo que habría pensado hacer.

Mis ojos captaron de pronto como la hormiga pateó a unos de los mutantes que se le había acercado mucho y con el mismo impulsó saltó y luego de unos vertiginosos movimientos cayó detrás de las mutaciones y el chacal.

Los debe tener en forma de rombo, no cuadrados, sino romboides –Susurré sonriendo levemente.

El chacal pronunció algunas palabras que por la lejanía no pude distinguir del todo, sin embargo interpreté por sus movimientos que él se encargaría de Trosk y a continuación, bajó las escaleras en su búsqueda. Me acerqué más hacia Trosk y el humano que anteriormente había dicho alguna frase que en aquel momento no recordaba. Zeena extendió su mano y le aventó un arma de fuego, de las dos que tenía, al humano luego de que éste se la pidiese.

-¿Pero qué…? –Pensé observando mi bastón.

En cierto modo, tenía planeado prestarle mi bastón a la hormiga dadas las condiciones, debido a que no es mi arma principal, sólo lo tengo como apoyo y sin embargo, en dado caso que lo perdiera aún tenía a Felo’melorn, sin embargo jamás daría siquiera a que la vieran a mi arma principal, las pistolas en caso de Zeena.

La pequeña elfa buscó dentro de su bolso algún objeto – Orbe de teletransporte – Imploré pensando. Luego de unos segundos sacó un pequeño barril un poco ennegrecido en los bordes y sin pensarlo dos veces lo lanzó en dirección a los mutantes que ahora se encontraban sin el chacal. Duró un momento apuntando y luego el estallido tronó directo en mis oídos.

Estaba un poco confundido, ¿Aquel barril qué era? ¿Una bomba de humo? ¿Algún distractor? ¿Pólvora? Y más confuso aún… ¿A qué le había disparado? Parecía un poco irritada con el resultado de la bala impactando de lleno en el cráneo de uno de los mutantes, sin embargo me abrió la mente a una pequeña posibilidad. Al parecer los mutantes no resistían absolutamente nada y estaba en una posición ventajosa para conjurar una línea de fuego que los podía azar vivos a todos al mismo tiempo, o a la mayoría.

¡Espera un momento, Zeena! –Grité observando la pequeña rabieta de la elfa- ¿Aquello era pólvora? Si lo era puedo encenderla de inmediato, pero necesito que todos salgan de mi frente.

Mi mente estaba preparada para lo que venía, sin embargo mi estado físico no era el óptimo al menos por el momento, había subido alrededor de dos pisos y de nuevo los había bajado, debía encontrar una zona plana para relajarme y lo podía encontrar en el descanso del siguiente piso al que nos aproximábamos.

Sin más mediaciones comencé a subir hasta llegar a aquel descanso y esperé que mis compañeros subieran detrás de mí, no quería que se vieran envueltos en aquella llamarada que podía rostizarlos vivos y más aún si el barril era pólvora podía producir una explosión bastante dañina.

Ya en el descanso, relajé mi mente y alejé pensamientos pesarosos y temerosos como el hecho de que  que era la primera vez en mucho tiempo que iba a pelear sin la ayuda  de la gloriosa fuerza militar del palacio de Quel’Thalas y más aún sin la ayuda de ninguno de mis “lugartenientes” del palacio.

Me detuve algunos segundos y todo a mi alrededor se enmudeció, los gritos y sonidos guturales que provenían de las demacradas criaturas que se arrastraban lentamente por las escaleras desaparecieron y por un pequeño momento no pude escuchar nada de lo que los presentes hubieran dicho, mi mente estaba totalmente en blanco, concentrándome para realizar el hechizo. Cerré los ojos y pude sentir como el poco viento chocaba contra mi cara.

Me concentré en reunir todas las partículas de calor que se encuentran generalmente esparcidas en el ambiente,  en un solo lugar… Mis manos. Abrí los ojos y divisé a los mutantes que ya se encontraban más cerca que antes y extrañamente conglomerados unos con otros cerca del extraño barril. Las partículas del aire vibraron y se volvieron densas, dando la sensación de poder tomarlas con facilidad. Apoyé el bastón contra la baranda y extendí mis manos hacia el frente en dirección al barril atravesando los mutantes.

De un momento a otro, de mis manos extendidas surgió una brillante e intensa luz que amplificada por el espacio fue capaz de casi cegarme momentáneamente, sin embargo resistí. A los pocos segundos la luz se atenuó y se unificó en la palma de mi mano, surgiendo así un haz de luz y fuego que envolvió casi por completo a los seres en su camino.
Por unos instantes el fuego estuvo arropando a los mutantes y el olor a carne chamuscada no se hizo esperar e inundó las fosas nasales de cualquier vivo que estuviera presente.

¡QUE EL FUEGO LOS PURIFIQUE! – Grité.

Casi de inmediato que pronuncié estas palabras se escuchó un estruendo inmenso que me hizo salir de concentración aislando las partículas y provocando la extinción del elemento, sin embargo las llamas ya habían alcanzado al pequeño barril y éste explotó, sacudiendo los mismos cimientos de la escalera y haciendo que ésta vibrase bruscamente.

Tomé bastón rápidamente con mi mano aún caliente y lo apoyé en el suelo, evitando caer por las vibraciones de la explosión. La tira anti-resbalante que recorre toda la sección media del bastón ayudó a bajar de temperatura mis manos. Observé donde segundos atrás habían estado los mutantes y sólo pude ver las características marcas de una explosión y pequeños focos de fuego que comenzaban a extenderse y a extinguirse a sí mismos. Me recosté de la pared que daba acceso al piso que indicaba el descanso donde estaba parado para recuperarme brevemente.

Sencillo… -Dije algo jadeando- Espero que la hormiga no se viera afectada. –Dije guardando la compostura en todo momento.

Os agradecería que se asegurasen de que no queda ningún engendro vivo mientras recupero el aliento.


Selama Ashal'anore


Antiguas Entradas:








Gracias! Gracias! Gracias!
By: Lujuria




avatar
Kael'Thas Sunstrider

Mensajes : 227
Edad : 24
Link a Ficha y Cronología : Kael'Thas
Temporibus Princeps Solis

Nivel : 4
Experiencia : 1440 / 2000

Volver arriba Ir abajo

Re: La torre del gusano.

Mensaje por Zeena Samaha el Miér Mayo 03, 2017 6:35 pm

Los vapores a mi alrededor se hacían cada vez más calientes y burbujeantes, rodeándome como si fuera una cortina de burbujas. Una especie de géiser de aire. La rabia que me recorría las entrañas parecía corroer mis vísceras como si fuera un ácido que se lo tragaba todo.

Aquella rabia no me dejaba pensar, ni advertir lo que tenía a mi alrededor. Nada más que ver cómo mi fracaso empezaba a rodar por las escaleras en dirección a ninguna parte.

Había una voz lejana pero cálida, hablándome de algo que ahora parecía dicho en otro idioma que yo desconociera. Era como si lo oyera sin entender, aunque si lo pensaba lo entendía.

Pero no había lugar para pensar. No podía omitir estos ardores. Pero tenía que controlarlos, o si no mi magia se desataría. Y hacía… mucho tiempo que me dije que no la usaría… ¿O quizás era tiempo de quitarme esa autoprohibición? ¿Está bien usar la magia? ¿Es peligrosa para los demás?

Aún en mi introspección, el tiempo se sucedía sin descanso, y no era consciente de lo que se nos venía encima. Los seres sin cerebro que subían las escaleras dejaban escapar gemidos guturales, suspiros y unos sonidos de pasos sin fuerza, como si algo pesado y blando cayera al suelo con cada paso que daban. El sonido de la no vida. El fin de la muerte. El principio del fin.

Sin embargo, un grito me sacó de mi propia ensoñación, agitando la cabeza de un lado a otro cuando me di cuenta de que todo el aire a mi alrededor era bruma ya más densa.

La bruma se relajó, aunque a mi espalda seguía habiendo una cortina neblinosa y cálida blancuzca, mientras oía una explosión ensordecedora, observando cómo la sangre y los trozos de hueso volaban en todas direcciones, salpicando mi cara y mi chaqueta, las paredes y el suelo. Unas manchas enormes de un tono terroso quedaron en las escaleras, como si fuera sangre oxidada y vieja, y mi pelo revoloteó hasta hacerse mil enredos que parecían imposibles de peinar ahora mismo.

Todo se hizo silencio, mientras unas llamas se mantenían decreciendo a lo largo de los escalones y de la pared de piedra, mientras una humareda gris se elevaba hacia los pisos superiores de la torre.

A mi lado, veía a Kael cansado, agarrándose al bastón que llevaba consigo, y me acerqué a él, preocupada, notando cómo toda la rabia acumulada parecía disiparse en aquel momento.

Me puse frente a él, posando mis manos sobre sus mejillas, mientras miraba hacia arriba para poder mirar a sus ojos.


- ¿Estás bien, Kael? Ha sido eso un esfuerzo… grande
Repuse con la voz algo quebrada, pensando que quizás se habría sobrepasado, y estúpida de mí, no le habría ayudado en nada para evitar que se sintiese así.


Pero parecía que solo necesitaba descansar, mientras me mandaba a revisar si había rastro de la hormiga que nos acompañaba. Y como respuesta a su relajación, me eché sobre él y le abracé por la cintura, apoyando mi cabeza sobre su pecho, sosteniendo el sombrero con la mano a su alrededor

- Me habías asustado. Pensaba que te habrías sobrepasado por mi culpa…

Pero antes de dejar que se desatara mi actitud blanda y bochornosa, me separé de él, respirando hondo y poniéndome más seria. Aún mi rabia me ayudaría a ponerme sin caer en ñoñerías.

- Vale.Ahora vengo. No te muevas de aquí – Repuse una vez más, procurando tener el tono lo más neutro posible.


Entonces me marché, descendiendo por las escaleras en busca de la hormiga.

Mis botas se quedaban pegajosas con cada paso que daba, a medida que me adentraba en la podredumbre esparcida en todas direcciones. Un olor a carne quemada y a putrefacción se iba haciendo más intenso conforme descendía sobre la nube de humo, perdiéndome en su abrazo cegador.


-¡Trosk! ¡Trooosk!- Llamaba a la hormiga, pero no había respuesta de él. Esperaba intensamente que no hubiera muerto en aquella explosión. Pero si no aparecía, no habría manera de encontrarle.
Lo que sí que ocurrió es que no quedaban más cadáveres. Pero había un peligro. Un guardían de dos cabezas que se había perdido y que no encontrábamos. Y aquel viejo. Si seguía descendiendo podría encontrármelos de cara, así que decidí volver hacia atrás.


Mientras tanto, al otro lado de la sala del piso de abajo, yacía hundido en rocas caídas del techo el guardián, con una cabeza libre de piedras. Magullado y desorientado, se levantó, apartando los escombros que le cayeron encima con las manos, y buscaba, sin encontrar nada, a los invasores de la torre para hacerles papilla.

La suerte estaba echada.


Ficha de Zeena Samaha
Cuadero Bitácora (Cronología)

Diálogo (indigo) Pensamientos (orange) Narrativa
avatar
Zeena Samaha

Mensajes : 76
Link a Ficha y Cronología : Zeena
Cuaderno de Bitácora

Nivel : 3
Experiencia : 710 / 1500

Volver arriba Ir abajo

Re: La torre del gusano.

Mensaje por Kael'Thas Sunstrider el Jue Mayo 04, 2017 6:22 am

No tenía la completa certeza de si era la escalera cuyos cimientos aún se tambaleaban o si era mi mente daba tumbos sobre sí misma. Lo que estaba claro era que me faltaba el aliento debido aquel hechizo, sin embargo en vano no había sido puesto que había resultado satisfactorio, donde estaban los demonios ahora habían un rastro de cenizas y fluidos que goteaban desde los escalones hasta abajo.

Recordaba las lecciones básicas de piromancia de mis antiguos maestros, donde me explicaban que el humo subía debido a los cambios bruscos de temperaturas entre el ambiente normal y el residuo de la oxidación violenta. El gas tóxico se elevaba por las escaleras dejando el área donde estábamos relativamente libre de gases, sin embargo no podía evitar la presencia de vapores, olores y tal vez sabores, debido a la explosión, de la combinación de pólvora, fuego y mutantes.

Cuando recuperé un poco el aliento pude ver las reacciones de Zeena, me daba una ternura increíble verla enojada, quizás sería por mi tamaño pero, me había dado cuenta en reiteradas ocasiones que las rabietas de las elfas pequeñas, me causaban una ternura tal al punto de casi doblegarme a su voluntad. La pequeña elfa de cabellos blancos refunfuñó, subiendo la escalera con prisa.

Una vez que se había contenido la amenaza, Zeena reaccionó de una manera que sinceramente me sorprendió, pero de igual manera me gustó. Se acercó a mí y con una voz quebrada pero fascinante soltó algunas palabras de aliento.

- ¿Estás bien, Kael? Ha sido eso un esfuerzo… grande –Dijo mientras se podía denotar algo de frustración en su cara.

Estoy bien, pasará. No te preocupes, lo importante es que estamos a salvo por ahora – Le contesté con un tono de voz ahogado.

- Me habías asustado. Pensaba que te habrías sobrepasado por mi culpa…

La pequeña se abalanzó hacia mí para abrazarme finalmente, cuando nuestros cuerpos chocaron sentí un calor familiar y hogareño, quizás sólo era algo psicológico pero, transportó mis pensamientos a cuando mi madre me daba aquellos abrazos reconfortantes que servían para sanar cualquier herida… Quizás eso era lo que faltaba en mi vida, el toque femenino.

No debes temer. Siempre que estés a mi lado estarás protegida, así me vaya la vida en ello.

Correspondí aquel abrazo dejando mi bastón de lado y prácticamente arropé cálidamente con mis brazos a la elfa, brindándole el cobijo que quizás le faltaba. Acaricié su rostro suavemente mientras lo limpiaba con la suave tela de mi manga y le pasaba mi mano por su frondosa cabellera.

Sin embargo, de un momento a otro me soltó y no opuse impedimento para aquella acción, su expresión cambió de ternura a determinación, mientras se colocaba su sombrero de nuevo y se arreglaba un poco el cabello. Busqué sus ojos hasta que finalmente se encontraron con los míos.

- Vale.Ahora vengo. No te muevas de aquí – –Dijo con la serenidad posible que ofrecía el momento, mientras descendía por las escaleras.

Aquí estaré por un momento, no te preocupes –Dije exhalando hondo recuperando el aire.

Escuchaba como se alejaba poco a poco los llamados de Zeena a Trosk, nuestra compañera hormiga… Mientras tanto mi mente, como de costumbre, empezaba a divagar imaginándose todos los escenarios habidos y por haber que no tuvieran nada que ver con la situación y algunas que otras sí, un defecto que se había crecentado en mí a raíz de tanto meditar en el palacio, pero que no me afectaba en combate.

Mientras tanto me preguntaba qué había sido del humano que nos acompañaba, con el ruido de aquella explosión, era para que al menos se asomara a ver qué había pasado o tal vez asumía que la explosión la habían causado los engendros y nosotros éramos los que yacíamos esparcidos por toda la escalera. De igual manera, mi filosofía como príncipe de un reinado era que si habíamos entrado cuatro, salíamos cuatro sí o sí. Pero no pondría mi vida en riesgo sólo por la efímera vida de un humano. Sólo por descartar lo llamé.

¡Hey, humano! ¿Estás vivo? –Grité escaleras arriba- ¿Aún vives? Si estás vivo grita o algo… Si no estás vivo… - Obvio, si no está vivo no está vivo… Excelente campeón, buena lógica.- Pensé

Todos los eventos que estaban pasando me resultaban un poco extraños, la verdad me cuestionaba a menudo por qué cojones había salido a buscar un diario que la verdad no sabía dónde coño estaba en la mitad del desierto, tampoco sabía exactamente cómo me había metido en una torre con un viejo loco con ansias de matar a los viajeros. La verdad la vida en Noreth era extraña sinceramente, casi en todos lados donde llegaras encontrarías problemas, jamás encontrarías una cabaña con chimenea y té caliente, con una tierna y cálida abuelita ofreciéndote pasar una noche acogedora. No, no sin que a media noche se convierta en una bruja que te quiera comer los órganos como ofrenda a sus dementes dioses.

Pero bueno, ya hacía bastante tiempo que Zeena se había ido y no tenía noticias de ella, me sentía un poco mal por mandarla sola hacia abajo con la posibilidad de que hubieran más engendros o hasta el mismo chacal. Ya había recuperado mis fuerzas, me sentía un poco fatigado por haber utilizado el hechizo, pero nada que no se disipara en unos pocos minutos.  

Tomé mi bastón y girando mi vista nuevamente hacia arriba sin señales del humano, comencé a descender en las escaleras en busca de Zeena y eventualmente Trosk, a pesar de ser de una raza diferente, me había caído bien la personalidad inocente de la hormiga.
Descendiendo un poco más encontré a Zeena en las escaleras, su cara aún denotaba frustración, al parecer no había encontrado a Trosk.

Llamé al humano, pero no me respondió… Si es inteligente deberá bajar… Si aún sigue con vida, claro. Vamos, intentemos salir de esta torre maldita. Busquemos a Trosk y vayámonos. –Le dije mientras intenté tomar su mano.

Llegados a un punto, el chachal estaba parado en el piso de abajo encima de un montículo de piedras y escombros, tenía cara de pocos amigos pero al parecer no se había enterado de nuestra presencia allí y afortunadamente no había mutantes que pudieran avisarle. De inmediato me di la vuelta y vi directamente a los ojos Zeena.

Debemos sortear al guardián para poder salir. Salió en busca de Trosk, pero no lo veo por allí… O está debajo de todas esas piedras o se escapó, roguemos por lo segundo. Tengo un plan… Si mal no recuerdo, por aquí hay una habitación con agua estancada y un goteo incesante del techo, si lo llevamos allí, podemos utilizar otro de tus barriles de pólvora si tienes y desplomar el techo bajo el chacal y ahogarlo – Susurré en un tono de voz casi inaudible mientras hice una pausa mientras analizaba lo que dije y lanzaba un suspiro desalentador- No es el mejor ni el más elaborado plan que se me ocurra, pero es el único que me viene a la mente. Estoy abierto a las ideas, pequeña... Ahora vamos, salgamos de esto.

Aquel chacal ya había dejado en claro que no le agradaba, así que usaría eso para llamar su atención, debía ser de movimientos certeros y decididos, no había tiempo para vacilar. De inmediato salté a un escalón donde estaría seguro que me viera y tomé una pequeña piedra estaba en el escalón y se la lancé directa a la cara, pegándosela en el hocico.

¿Qué pasa Shindu? ¿Tan rápido te cansaste que te acostaste y te arropaste con escombros? – Dije de manera risoria mientras empezaba a caminar plácidamente hacia arriba.

Cuando terminé el tercer escalón comencé la carrera más rápida de mi vida asegurándome de que el Chacal me persiguiera. Luego de un tiempo corriendo y ya casi con mis piernas flaqueando, llegamos a la habitación indicada, la que goteaba agua desde el techo. Ya dentro me pegué a una de las paredes que soportaba la puerta para que cuando entrara el chacal poder salir sin problemas mientras estuviera buscándome dentro de la habitación y así poder desencadenar el plan o nuevo plan que planeara Zeena.


Selama Ashal'anore


Antiguas Entradas:








Gracias! Gracias! Gracias!
By: Lujuria




avatar
Kael'Thas Sunstrider

Mensajes : 227
Edad : 24
Link a Ficha y Cronología : Kael'Thas
Temporibus Princeps Solis

Nivel : 4
Experiencia : 1440 / 2000

Volver arriba Ir abajo

Re: La torre del gusano.

Mensaje por Strindgaard el Vie Mayo 12, 2017 7:12 am

Subí a trompicones por las escaleras, sonriendo como un crío con un nuevo juguete. La pistola era pesada, la verdad es que en manos de la elfa el metal parecía mucho más delicado y liviano, pero en mis manos era como un trozo tosco de acero bien pulido. Estaba cargada, el olor de la pólvora se podía saborear si acercaba la nariz al cañón. Su funcionamiento era peculiar y a la vez expectacular. ¿Qué habría estado pensando aquel genio que las inventó? Recordé remotamente los cañones del Ardent, pensar que en mis manos tenía una miniatura de ellos. Me moría de ganas de dispararla. Aminoré el paso mientras analizaba el arma, debía ser cuidadoso si no quería volarme la tapa de los sesos. Alejé la punta de mi cuerpo. Mientras subía los últimos escalones recordé el sonido del disparo cuando la pequeña derribó la puerta. Un sonido breve y terrible.

Faltaba poco para llegar arriba, en el silencio que envolvía las alturas de la torre, me detuve al notar que ninguno de los dos orejas largas me seguía. Mierda, qué culos más lentos. Rechiné los dientes, estaba nervioso, el vino, el vino tenía la culpa. Iba a gritar algo, no sabía cómo se decía “¡Moved el maldito culo!” en élfico, pero sí cómo se decía “apresuraos”. Me coloqué la pistola debajo del brazo, con delicadeza, y acerqué mis manos a la boca para que sirvieran de bocina. Me paré en el borde de la escalera, y antes de gritar un calor extraño invadió mi rostro. Me alejé rápido de las escaleras. La pistola se me cayó.
¡Ese cabrón! —Mascullé—. ¡Está haciendo magia sin mí!

El calor subió y me vi obligado a apegarme a la pared, farfullando y blasfemando a los dioses élficos. ¿Ese cabrón era un solar? ¿O quizá la pequeña guardaba más de una sorpresa? El calor reverbeaba en el aire, haciéndolo ondular. ¿Por cuál de todos los dioses gimoteaban en sus templos los solares? Me toqué la cabeza, el vino. El vino. Solo recordé a Selene y sus silvanas. Aquella fea trinidad, ¿Quién hoy en día es tan palurdo como para rezarle a las lunas?
¡Anar'alah belore! ¡Hijo de mala madre!
Luego subió el humo lentamente, un olor acre que me hizo toser como un perro enfermo.
¡Kim'jael!
Me encogí en la escalera, busqué a tientas la puerta más cercana y me quedé tras ella usando mi capa como filtro para respirar. Lümenïrïe, se llamaba Lümenïrïe. Lo maldije un par de veces mientras un humo como hollín de forja se filtraba por debajo de la puerta.

Pasaron los minutos, largos como días sin alcohol. Oí como me gritaba el elfo.
Sí, claro. Gracias por preocuparte por mí Dobby. —Farfullé con voz ronca. No podía gritar.
Luego de unos minutos me asomé por la puerta y noté que el humo se había disipado por la escalera, pero que el fuerte olor permanecía, penetrante como si hubieran ardido frascos alquímicos. Pronto esos olores también se disiparon, para solo dejar un pesado y nada agradable hedor.
Carne asada.
Salí y esperé en la orilla de la escalera por si acaso subían unos instantes, pero al parecer el plan había cambiado.
¡¿Subirán?! —Grité.
No hubo respuesta. O bien estaban muertos, o habían bajado lo suficiente para no oír. Recogí la pistola, parecía intacta, no quise asegurarme.

Comencé a descender, no me fue difícil descubrir en qué piso había sucedido todo. En las escaleras del quinto piso: bultos
carbonizados hasta los huesos, gente muerta, restos humeantes e irreconocibles discurrían hasta una habitación. Pasé por encima de las cenizas, pisé sin querer una calavera que se rompió bajo mi peso. Me pregunté cómo lo haría para dormir por las noches ese cabrón de toga y bastón brillante. No creí capaz a Zeena de tal dantesca escena.
La escalera y el muro más cercano habían sufrido también mucho daño, varios peldaños se encontraban desnivelados y el muro se encontraba un tanto combado. Una explosión había remecido la torre.

Continué mi descenso, escuché ruidos. Sin duda eran ellos, me quedé en silencio esperando a ver qué sucedía, al parecer no todo había terminado. Pisadas apresuradas comenzaron a golpear las escaleras. Tomé la pistola entre mis manos. Debía estar listo para lo que se avecinaba. Me moví hacia los pisos inferiores a toda prisa, tratando de que mis pisadas no se oyeran.
Estaba por llegar al tercer piso de la torre, allí donde el anciano, Altras, nos había invitado a descansar. Allí deberían encontrarse las habitaciones. No alcancé a llegar al descanso del tercer piso cuando vi pasar fugaz al elfo, corría directo a una habitación.
Es bueno ver que sigues vivo. —Corrí tras él esperando encontrar acción en la habitación a donde se dirigía—. ¿Algo interesante tras esa puerta?


Última edición por Strindgaard el Vie Jun 29, 2018 6:39 am, editado 2 veces



El mal es un punto de vista.
avatar
Strindgaard

Mensajes : 720
Edad : 29
Link a Ficha y Cronología : Strindgaard
No todo el que anda errante está perdido


Nivel : 7
Experiencia : 431 /3500

Volver arriba Ir abajo

Re: La torre del gusano.

Mensaje por Zeena Samaha el Jue Jun 22, 2017 5:18 pm

Oía pasos a mis espaldas acercándose a mí, pero éstos eran tan tranquilos que probablemente fueran de mi compañero solar. Me giré lentamente, encontrándome con el níveo rostro de Kael, poblado por su cabello rubio cayendo sobre sus orejas. En cierto modo, pensaba como él. El humano no había aparecido en ningún momento, y no nos podíamos quedar más tiempo si éste no hacía acto de presencia.

Me dejé tomar por su mano, sorprendida de su activa. Era la primera vez, que recordase ahora, que me tomaba alguien la mano, y no sabía cómo reaccionar ante eso, más que ignorarlo y seguir con él al lado mientras descendimos las escaleras.


Al final de la estancia en cuanto llegamos a la planta inferior, se encontraba bajo los escombros, el chacal desorientado e inadvertido de nuestra presencia.

Ante su idea asentí lentamente, pero me agarré a sus costados, intentando auparme para susurrarle. No había tiempo que perder, y esperaba poder hablar luego de la simpática hormiga cuando todo acabase.

– No me quedan más barriles…. Pero quizás… quizás pueda hacer algo. Es buena idea. Vamos –

Era ahora o nunca. El momento que decidiría si abrazaría la magia de nuevo en mi vida, o la rechazaría para siempre. Recordaba que, si en la planta de abajo, era donde goteaba, significa que la sala inundada debería estar en esta planta o en la de arriba.

La cuestión es cómo utilizar esa característica. Tendríamos que descender al piso de abajo, y buscar la forma de hacerle entrar al guardián ahí.
Me fui a adelantar, yendo hacia la planta donde caía el agua antes de que él llamase la atención hacia el siamés. El humano había dado un grito, y esperaba que no se fuera a meter a la boca del lobo. Subía rápidamente, esperando meterme en la sala dichosa, en la que había dos puertas. Me metí dentro y me quedé junto a la pared, esperando a que el guardián entrase tras la puerta con la distracción de Kael.

Oí al otro lado de la puerta la voz del humano, ajeno totalmente a la situación y al plan que habíamos trazado.

--------------------------------

Mientras tanto, el chacal había caído ante su provocación. Inseguro de si su amo seguiría vivo, el único sentimiento que contenía en su interior era rabia. Odio. Deseos de venganza.

Su ira no se calmaría hasta ver derramada la sangre de los perpetradores y los extraños que invadieron la casa de su amo.

Ambas cabezas gruñían enseñando sus poderosas dentaduras mientras daban largas zancadas en dirección al elfo de galas no acordes al lugar. La velocidad del chacal era mucho mayor que la del elfo, y si Kael’thas no se daba prisa, le acabaría alcanzando.

– Estás muerto, hombre afeminado -

El chacal tomó la alabarda como si fuera una jabalina y la lanzó con la mano sana en dirección al elfo, en dirección a su pierna para ralentizarle, aunque probablemente sólo le dejase un corte de un aspecto terrible.

Ya con las manos desnudas, se acercaba al elfo, y encontróse con el humano junto a éste, mientras el guardián se relamía satisfecho de poder matar dos pájaros de un tiro.

Kael entró en aquella sala, y el chacal entró sin pensárselo dos veces, viendo cómo el humano iba detrás.

--------------------------------------------------

Los goznes de la puerta chirriaron, con el estruendo tan agudo que hacía el roce del metal poco engrasado y descuidado. Y fue entonces cuando vi entrar a Kael, quedándose junto a la pared del lado contrario, y con le humano detrás de él. Era el momento.

Tomé el parche que cubría mi ojo, y lo arranqué de mi cara, lanzándolo con furia al suelo. El ojo violeta destellaba, y apenas podía ver por él, ahora por ver en blanco en lugar de en negro.

Sentía un cosquilleo en la cara, que poco a poco iba extendiéndose hacia el cuello, y hacia el resto del cuerpo. Respiraba lentamente, mientras observaba hacia el techo, donde podía ver gotas de agua cayendo acompasada y continuamente, notando el aire entrando casi como si fuera fuego dentro de mí. Mi cuerpo estaba más fresco de lo normal, quizás por los nervios, quizás por la magia, no lo sabría bien en aquel momento.

Entonces vi por el rabillo del ojo que el chacal entraba en la sala, corriendo tanto que cuando se quiso dar cuenta de que no estábamos donde él esperaba, llegó más allá de la mitad del fondo de la sala. Entonces se volvió hacia nosotros, y yo no pude sino esbozar una sonrisa, que se transformó en un esfuerzo muscular de la cara.

El techo empezaba a crujir de una forma desagradable, y cada vez más sonora, y poco a poco se curvaba hacia abajo, como si lo hubieran hinchado. Mi cuerpo se estremecía a medida que veía cómo avanzaba lo que habían provocado mis actos, y traté de salir andando de la sala, pero caí arrodillada en el umbral del portón, presa de la debilitación en las piernas que acababa de sufrir.

Hacía mucho tiempo que no usaba la magia, y sus efectos de usarla sin practicar se hacían patentes

Un estruendo retumbó en la sala, mientras los bloques de granito caían bajo una masa de hielo que se precipitaba hacia el fondo de la sala, mientras el chacal desencajaba su mandíbula, abrazado por el pánico de una situación que no le dejaría tiempo a actuar. Intentó lanzarse a correr hacia Kael, el humano y yo, pero probablemente toda aquella masa le caería encima antes de que pudiera alcanzarnos.


Ficha de Zeena Samaha
Cuadero Bitácora (Cronología)

Diálogo (indigo) Pensamientos (orange) Narrativa
avatar
Zeena Samaha

Mensajes : 76
Link a Ficha y Cronología : Zeena
Cuaderno de Bitácora

Nivel : 3
Experiencia : 710 / 1500

Volver arriba Ir abajo

Re: La torre del gusano.

Mensaje por Strindgaard el Lun Feb 05, 2018 6:56 pm

Parecía que la suerte estaba de mi lado. Tras la furiosa carrera del elfo, los atronadores pasos de aquella bestia demoníaca con dos cabezas se podían oír fuerte y claro. La ligera borrachera se me curó de lleno cuando lo vi subir por las escaleras, mordiéndole los talones a Kael. Hubiera sido fácil: apuntar, disparar. Pero la adrenalina del momento evitó que reaccionara de la manera más lógica y seguí al orejas largas hacia el interior de la habitación tan rápido que hubiera pasado por sobre él si me lo hubiera propuesto.

Sin mediar acuerdo me metí dentro, crucé el umbral tan pegado a Kael que casi pude oler la camomila y manzanilla con el que lavaba su cabello platinado. Al entrar su mano se aferró fuerte a mi hombro obligando apearme contra la pared. El elfo me miró con tensión, luego a Zeena. La peliblanca entendió la señal y se quitó el parche que cubría su ojo con una pasión y determinación que no había demostrado hasta el momento en toda nuestra estadía. Noté que los colores de los iris no concordaban. Sentí un cosquilleo recorrer mi espalda. Contuve el aliento.

El ambiente al interior de la habitación bajó varios grados de forma abrupta. En el techo, la gotera que formaba un charco en el suelo se cristalizó. El alto guardián entró tanta velocidad que llegó con tres zancadas al otro extremo de la sala, y para cuando se giró el techo ya se combaba sobre él. Pude sentir como emanaba la esencia del cuerpo frágil de la elfa, y como su poder hacía crujir el techo sobre nosotros.
El chacal corrió hacia nosotros con ambos hocicos llenos de bilis y odio. Sus dientes y garras se alzaron como agujas y tan pronto como sus pisadas se abalanzaron sobre nosotros el torrente de granito mezclado con bloques de hielo llovió sobre su cabeza, hundiendo su faz bajo una avalancha helada que lo borró de nuestra vista para siempre.

Me sorprendí al contemplar a Zeena en el suelo luego de haber realizando tan poderosa hazaña.  El techo se siguió desprendiendo, obligándonos a huir para no correr la misma suerte.
Con ayuda del solar sostuve el delicado cuerpo de la elfa y la ayudé a salir de la habitación que en cuestión de segundos colapsó sobre sí misma, llevándose también parte de la pared. El polvo que se elevó nos cubrió por completo y no hubo más que sombras por varios minutos mientras hacía lo posible por romper una de las ventanas buscando aire limpio.
Usando el revolver logré romper el cristal de la ventana junto a la escalera. El polvo escapó y el viento del desierto entró para limpiar el ambiente, permitiéndonos respirar. La torre aún crujía como una casa vieja y el derrumbe no hacía más que extenderse, abriendo un boquete al otro lado de donde anteriormente había estado la sala que habíamos derrumbado.
Esto no está bien. Debemos buscar la salida.

El derrumbe del la habitación poco a poco comenzó un efecto en cadena que debilitó la torre por su cara oeste. Temiendo lo peor comencé un frenético descenso. Pasé un brazo de la elfa por sobre mi hombro y la cargué a medida que bajaba la escalera.
¡Elfo, apura el paso! —Grité a mi espalda,
La escalera temblaba a medida que bajaba. Algo sucedía sobre nuestras cabezas. Al llegar a la segunda planta nos encontramos con Altras, sentado en su silla, con el rostro crispado y lleno de terror.
Zeena, ¿te puedes sostener? —pregunté. Necesitaba mis brazos libres para disparar.



El mal es un punto de vista.
avatar
Strindgaard

Mensajes : 720
Edad : 29
Link a Ficha y Cronología : Strindgaard
No todo el que anda errante está perdido


Nivel : 7
Experiencia : 431 /3500

Volver arriba Ir abajo

Re: La torre del gusano.

Mensaje por Zeena Samaha el Jue Abr 26, 2018 1:36 am

Durante cerca de medio minuto, no era del todo consciente de lo que ocurría a mi alrededor. Sólo recuerdo con claridad abrazar el empedrado que teníamos bajo nuestros pies, y entonces mi visión se volvió borrosa y poco clara. Podía notar el calor escapándose de entre mis dedos, fluyendo hacia un ambiente que no estaba mucho más cálido, hasta que otro suave calor me envolvía la espalda y las piernas. Un calor que definiría de agradable y acogedor.

Entonces recuperé la percepción de mis alrededores, y me pude dar cuenta de que estaba en los brazos de Strindgaard, el humano que nos estuvo acompañando todo el rato. En el fondo estaba extrañada de que el humano me hubiera recogido, pero también profundamente agradecida. Era un gesto que probablemente me haya evitado la muerte. Y se lo debía a los dos mozos que estaban conmigo.
No pude evitar esbozar una media sonrisa, mientras volví a pensar en la situación en la que estábamos inmersos. La torre estaba empezando a derrumbarse, y Strind y Kael andaban de un lado para otro buscando una salida. Entonces me di cuenta de lo grave de la situación. Mi piel y mi ropa estaba llena de polvo marrón oscuro, y sentía los ojos llorosos por el polvo del ambiente, por un aire que pronto sería irrespirable.

Un estruendo me dejó alerta, cuando oí el característico sonido de mi pistola al dispararse, y los pequeños pedazos de cristal que salieron volando con el impacto de la bala.

Pero esta vez esa sensación me trajo algo nuevo que nunca había sentido. Era una especie de sabor amargo en el fondo de la garganta. ¿Cómo podía saborear nada amargo si tenía la boca cerrada? ¿Qué estaba pasando?

Por otra parte, podía sentir el calor del brillo de mi ojo izquierdo, un calor que era reconfortante, y me traía ciertos recuerdos agridulces.El aire limpio entró a bocanadas en la estancia, y pude alejar el sabor amargo de mi boca, y llenarla de frescura, mientras seguía notando que nos movíamos. No era la primera vez que estaba en una posición tan vulnerable, en brazos de otra persona que cargaba conmigo. Al parecer sí lo estuve antes. Pero era la primera que podía recordar.Mis piernas saltaban sobre su cuerpo con cada zancada que daba, pero procuré mantenerlas quietas, mientras me agarré de su hombro para que no le costase tanto cargarme. Todo eran sonidos horribles de rocas chocando entre sí que provocaban… sabores extraños en mi garganta, aún sin saber bien el por qué de estas sensaciones.

Entonces se detuvo de repente, y me preguntó Strind si podía sostenerme. Asentí lentamente y le miré.

- Creo que.. .puedo, sí -

Me bajé de entre sus brazos, y me quedé de pie. No notaba temblar mis piernas, pero no las notaba tampoco en su mejor momento, pues notaba que no tenían la fuerza de siempre.Frente a mí tenía al anciano, sentado en su silla y asustado por la situación. Era el final de su hogar, y de todo el mal que había ocasionado.


- Esto ha terminado… Altras… Será mejor que nos vayamos todos o moriremos aplastados -

Repuse con lentitud, aún intentando saber por qué mi boca tenía ahora un sabor ligeramente ácido


Ficha de Zeena Samaha
Cuadero Bitácora (Cronología)

Diálogo (indigo) Pensamientos (orange) Narrativa
avatar
Zeena Samaha

Mensajes : 76
Link a Ficha y Cronología : Zeena
Cuaderno de Bitácora

Nivel : 3
Experiencia : 710 / 1500

Volver arriba Ir abajo

Re: La torre del gusano.

Mensaje por Strindgaard el Vie Abr 27, 2018 6:01 am

Era la primera vez que sostenía una pistola, pero había visto a enanos, mercenarios, ladrones y a un puñado de pistoleros usar aquellas piezas de revolucionaria ingeniería. Separé las piernas para mantener el equilibrio, sostuve el revólver con ambas manos para estabilizarla. Estiré los brazos para anular la inercia del disparo que empujaría hacia atrás.
Zeena, Kael. —Dije mirando por encima de mi hombro—. La tormenta ha cesado, la salida de la torre debe estar libre. Huyan. No querrán ver esto.
Le apunté a la cara.
¿Tus últimas palabras, Altras? —Pregunté saboreando el momento.
Acomodado en su silla de ruedas, el viejo entrecruzó sus largos dedos y sonrió, cínico.
¿Quieres que pida piedad, o me arrepienta de mis actos? —Cacareó con sorna, emulando una risa de cuero seco—. ¿Crees que le temo a la muerte? —se apoyó en el respaldo de su silla y abrió los brazos, invitándome—. Dispara rápido, criajo.
Su cuerpo era un nudo de tensión. Tenía pánico, pero su orgullo era como una torre. Y se aferraría a esos escombros hasta el final.
Sonreí. Bajé el arma.
No te mereces tal misericordia. —Altras borró su sonrisa hasta que su boca se volvió una línea fina. Me miró con furia—. Me alegrará saber que tu cuerpo compartirá lugar junto a los pobres despojos que creaste. Bajo tu torre maldita.
Levanté el revólver y disparé certero en una de las ruedas de su silla, mandando al sucio suelo al viejo. El sonido del disparo se disipó entre las columnas torcidas de la torre, mientras el estruendo del derrumbe subía su magnitud de manera exponencial.

Miré a mí alrededor y noté que la alabarda de Trosk no estaba allí. ¿Habría huido? No había tiempo para pensar en él, los muros crujieron mientras la roca se partía y grietas como rayos recorrieron el segundo piso. Retrocedí mientras el polvo caía como una lluvia, bajé hasta el primer piso y noté que la salida ya no estaba cubierta de arena y la luz se colaba. Corrí hasta el pilar donde se había recostado mi dromedario, pero tampoco estaba. ¿Quién? ¿Cómo? ¡Robarle a un ladrón! ¡Un colmo!
Me abrí paso hacia la salida mientras el polvo caía denso y ensuciaba el aire. La visión se me dificultó, hubo un estruendo. Luego oscuridad.
La salida
Me cubrí la boca y nariz, un pilar había caído cerca de la entrada bloqueándola por completo. El terror me invadió, deteniendo mis pasos. La incertidumbre me recorrió como una serpiente. Sólo había un camino que recorrer.

Al regresar al segundo piso me encontré con la sala totalmente cambiada. Un muro había colapsado sobre una de las mesas, de la escalera caían escombros que se acumulaban en una pila a los pies de Altras, que se arrastraba hacia su habitación. Corrí hacia el viejo, salté sobre él mientras gritaba maldiciones y llegue hasta su ventana. Había unos buenos cuatro metros.
¡Oye, oye! —Gritaba desde fuera de la habitación el anciano—. ¡Ayúdame, joder! ¡Tengo dinero guardado, tengo, tengo el veneno que buscas! —El sonido del derrumbe quedó silenciado por un momento, miré hacia atrás. Altras estaba apoyado en el marco de la puerta.
¿Dónde? —Pregunté con fingida calma.
Llévame contigo. —Gimió estirando su gris mano hacia mí.
¿Dónde? —Repetí.
¡Bajo la cama, en una caja! Allí guardo los ingredientes alquímicos más caros y peligrosos.
Me asomé, efectivamente, dentro de una caja de madera bien pulida había seis frascos ovalados con distintos líquidos en su interior.
¡Por favor! —Rogó el anciano—. ¡Ayúdame!
Cerré la caja y la coloqué bajo mi brazo. ¿De verdad le ayudaría? Corrí hasta él, puse una rodilla en el suelo y con mi mano libre lo levanté.
¡Criajo confiado!
De su túnica apareció una larga daga de brillante acero que terminó clavada en mi pierna. Empujé al anciano hacia atrás mientras me llevaba las manos a la pierna. La daga había atravesado sin problemas mi carne hasta el mango, asomando su filo por el lado interior de mi pierna.
Cojeé hacia la ventana con la daga clavada y la caja de los ingredientes colgando de mi mano. Me asomé por el alféizar mientras la risa del viejo se mezclaba con los sonidos de la destrucción, me dejé caer.

Mis alas se extendieron y planeé como un pájaro sangrante para luego estrellarme contra la arena a varios metros de distancia.
La torre continuó colapsando sobre sí a mis espaldas. Por un corto segundo me pregunté si los elfos lograron salvarse.



El mal es un punto de vista.
avatar
Strindgaard

Mensajes : 720
Edad : 29
Link a Ficha y Cronología : Strindgaard
No todo el que anda errante está perdido


Nivel : 7
Experiencia : 431 /3500

Volver arriba Ir abajo

Re: La torre del gusano.

Mensaje por Zeena Samaha el Jue Jun 28, 2018 2:49 pm

Strind pensaba que yo no podía ver cómo moría un hombre. Pero no iba a dejarle de lado ahora que me había salvado la vida. Estaría allí, viendo cómo todo llegaba a su final.

Cuando parecía que él iba a disparar al viejo, se burló de él con toda la socarronería que pudo haber sacado y le dejó abandonado, con un sufrimiento mayor que el de un tiro.

Je, este humano no es tan blandito como pensaba

Aunque no quedaba tiempo para nada más. El polvo viejo que se escondía en los resquicios de las rocas empezaba a caer sobre nuestras cabezas. La construcción se venía abajo, y había que huir o acabaríamos aplastados.

Marché hacia fuera, sujetándome el sombrero con la mano izquierda, y buscando sostener la mano de Kael con la otra, para hacer que me siguiera hacia el exterior de la torre. El humano estaba a pocos metros detrás de nosotros, y esperaba no quitarle el ojo de encima. No quería perderle tampoco a él.

Pero entonces un estruendo. Sabor amargo. Oscuridad. Y un intenso olor a humedad y podredumbre me inundó las fosas nasales. Las partes más viejas de la torre estaban deshaciéndose en pedazos, y la salida ahora mismo no se veía por ningún lado.

Cuando se estabilizó levemente el polvo, pude ver una masa de roca cubriendo el acceso a la puerta. A nuestras espaldas, la roca también caía, impidiéndonos poder regresar por el camino que acabábamos de recorrer.

Estábamos atrapados entre paredes, y la única espada que había pendía sobre nuestras cabezas.

Intentaba conjurar agua frente a mí para desplazar el pilar, pero no había forma. Había demasiado polvo, demasiado calor fuera, y yo estaba agotada. ¿Esto era el fin? No podía ser el fin. No después de todo. No después de conocer a Kael o a Strind. No después de volverme a querer. No después de recuperar una parte de mí.

No…


No era admisible que esto fuera el final. Aunque una tiniebla oscura me cubriera. Aunque el sabor amargo de mi garganta se acentuase… No, aquí no iba a acabar nuestra historia.

¿Yo me podía llamar pirata si me rendía aquí, aunque todo pareciera perdido?

La respuesta estaba clara

NO


Abrí los ojos e intenté de nuevo conjurar agua.

No aparecía agua alguna

Intenté mover entonces el aire húmedo de alrededor de la columna. Nada.

Los pedruscos caían a mi espalda, y el polvo me hacía los ojos llorar. Esto no iba a ser mi fin.

Me acerqué hasta el pilar e intenté levantarlo con todas mis fuerzas, pero era inútil. No había humano ni elfo que pudiera levantar esto.

-¡Por favor, muévete!¡Te lo pido!

Insistí e insistí. Y de repente, el pilar se giró sobre mis manos y cayó hacia el pasillo, con un estruendo y polvo en suspensión a su paso. Una luz intensa me cegó la vista por unos segundos.

El exterior. ¿Era un sueño y había muerto? ¿O era real?

Caminé hacia fuera lentamente, aún sin creer lo que había pasado. La torre se desplomaba detrás de mí sobre sí, lanzando una nube de polvo denso casi irrespirable. Mi garganta me ardía, y los ojos se vieron forzados a cerrarse, mientras seguía andando, despacio, con un ardor en mis pantorrillas y en mis brazos.

Caí de rodillas sobre la cálida y brillante arena. Y todo volvió a la oscuridad


Ficha de Zeena Samaha
Cuadero Bitácora (Cronología)

Diálogo (indigo) Pensamientos (orange) Narrativa
avatar
Zeena Samaha

Mensajes : 76
Link a Ficha y Cronología : Zeena
Cuaderno de Bitácora

Nivel : 3
Experiencia : 710 / 1500

Volver arriba Ir abajo

Re: La torre del gusano.

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Página 4 de 4. Precedente  1, 2, 3, 4

Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.