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El cazador cazado

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Re: El cazador cazado

Mensaje por Hirlin el Jue Jun 30, 2011 1:56 am

Seguí recitando el hechizo, pero lo paré al ver que arriba de las escaleras quienes había eran dos mujeres. Una con pelo plateado y algún que otro reflejo violáceo, vestía un vestido largo y escotado, dejando ver que me igualaba sino me superaba en pecho, realmente atractiva. La otra no era menos. Finas facciones de elfa, un pequeño cuerpo proporcionado bien y unas blancas alas de ángel que me hacían imaginarla bajando de los cielos con una luz a sus espaldas. Un ángel. Las “invité”, más bien las agarré por el brazo y las hice pasar hacia abajo, una manera un tanto brusca. Una vez estaban todos dentro cerré la puerta y rápidamente la sellé con el conjuro que había tenido antes.

Una vez dentro me fijé más detenidamente en cada uno. Primero estaba el hombre rubio: Era alto y rubio, con los ojos de un fuerte color azul cielo y una complexión un tanto atlética por lo que aparentaba con esas ropas de noble que llevaba. Su piel era fina y de apariencia más suave que la del resto, y sus dos alas a la espalda me hicieron sonreír levemente mientras lo rondaba con la mirada, dando vueltas alrededor de él y rondándolo con el dedo – Dime – dije en tono insinuante mientras rodeaba su cuello con los brazos, como si fuese a besarlo en cualquier momento -¿Por qué no tomas tu verdadera forma? – era un feérico, eso estaba claro. Pero no lo quería revelar yo. Luego lo solté “cariñosamente” arrojándolo sobre una silla cercana para pasar a atender a le gente realmente importante.

-Soy Liliana – les dije a las féminas con voz más calmada mientras acariciaba a mi fiel pantera, que no le quitaba el ojo de encima al silfo “crecidito” – Y sí, soy la “Temible bruja del bosque” – añadí mientras me peinaba. Desde fuera llegaban los ruidos de la gente del pueblo aporreando la primera puerta, la más enclenque y frágil de todas, que no tardó mucho en caer. – No os preocupéis, aquí no pueden entrar a menos que haya un brujo entre ellos, y además la piedra gruesa impide que nos escuchen, así que sois libres de gritar cuanto queráis. – aunque aquello último sonó a amenaza – Bueno, ahora que sabéis que soy la bruja seguramente me odiéis, pero al menos dejadme que os cuente mi versión de los hechos. – chasqueé los dedos y una puerta se abrió en la piedra, dejando ver un salón amplio, con sillas suficientes para todos y cuidadosamente decorada en tonos violáceos y púrpuras. – Seguidme, no es nada malo… solo un salón de té –

Como de costumbre y siendo la anfitriona fui la primera en pasar, dejando en evidencia la falta de trampas. Tomé una tetera algo vieja y unas hojas de té de un bote rojo. Té aromatizado con rosas. Con esto me dirigí a la cocina y del mismo caldero que estaba hirviendo con aquel olor penetrante de pescado y ave cocinada, llené un cazo algo más grande que la tetera. Sería lento esperar a que se calentara, así que lo haría al baño María. Poco tardó en estar listo, muy poco, apenas unos minutos gracias a que la propia tetera calentaba el agua que tenía dentro mediante un hechizo básico. Dejé el recipiente en la mesa y serví el té en cuatro tazas, contando la mía. Dejando una quinta bocabajo, en la silla más alejada de todas, la del silfo, al cual ni tan siquiera dediqué una mirada. Me senté en una silla y comencé a beber el té dulce de rosas, disfrutando de su sabor mientras me humedecía los labios para comenzar a hablar.


-Bueno… lo cierto es que sí, yo maté a esos dos niños. –
dije cabizbaja y con un falso tono de arrepentimiento difícil de notar – Pero no me juzguéis por ello, no hasta oír lo que me hicieron. Me ataron a un árbol un día de invierno, hace algo de tiempo, estaba desnuda y llena de cortes por todos los lados. Manchándose en mi propia sangre comenzaron a recorrerme el cuerpo con ella, sin detenerse ni un instante. – gimoteé como si llorase, una verdadera actuación digna de un teatro – Y… y ayer vinieron con las mismas intenciones, sino peores. Tuve… tuve que hacerlo – me dejé llevar por mi propia mentira, hasta el punto de llorar.

En ese momento se escucharon las pisadas de la gente sobre la madera, pues era extraño, ya que aunque desde dentro pudiéramos escuchar las cosas desde fuera no podían. Eran varios hombres, debían ser gruesos, porque las pisadas resonaban fuertes. -¡Aquí no hay nadie, maldita sea! – dijo uno con voz grave y ronca a la vez. No era una voz joven, y la seguía una bocanada de aire que resonó como el gruñido de un cerdo. –Pues haremos turnos – dijo otra voz, mucho más calmada que la anterior. – Somos seis, así que podemos repartirnos la noche en grupos de dos. – La voz hizo una pausa escueta y luego prosiguió – Jack y Mike, vosotros dos haréis la primera guardia. Estad cerca de la puerta y las escaleras, nunca se sabe por dónde puede llegar esa condenada hija del diablo – sentenció la voz juvenil, que pese a sonar más calmada parecía ser el jefe de todo aquello.

Se pondrían a hacer guardias en la noche, para lo cual todavía faltaban unas horas. No podía permitir que se aburrieran ellas, aunque el silfo me daba igual, así que con una sonrisa las miré mientras terminaba mi taza de té y secaba las falsas lágrimas que había derramado en mi rostro – Bueno… habremos de estar aquí unas horas. Sé que no es mucho lo que puedo ofreceros, pero sois libres de ir por donde gustéis de aquí abajo. – eso a las mujeres, al hombre lo miré más tarde con una sonrisa maquiavélica, ignorando por completo su tamaño igual al mío - ¿Quieres demostrar ser útil y ganarte el mismo trato? – pregunté de forma seca y poco atractiva, cerrando mi escote ante él para que no mirase nada que no le interesaba.


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Re: El cazador cazado

Mensaje por Alanna el Jue Jun 30, 2011 3:32 pm

Después de que entrase otra chica más la bruja preparó un poco de te, se sentó y mientras se tomaba una taza nos contó el porque había matado a esos niños, lo cierto es que me entraron escalofríos, como toda mi infancia la pase encerrada en una habitación de la que solo salía una vez al mes, cuando mis padres daban vacaciones a los criados para que pudiese moverme por la mansión, y los únicos niños que había conocido eran mis hermanos y hermanas, pero casi no estaba con ellos, excepto con los más mayores que me enseñaron a dibujar y demás cosas, mis padres me querían presentar cuando la conspiración se hubiese disuelto o abandonado sus intentos por lograr ser los principales sucesores, no tenía ni la menor idea de que los niños pudiesen llegar a ser tan crueles, con su historia se me pusieron los pelos de punta, yo no se que es sufrir abusos exactamente, pero si estar apunto de sufrirlos, y para nada es agradable.

Me agaché y me abracé las rodillas temblando, había perdido el equilibrio y arriba se empezaban a escuchar pasos y gritos, la anfitriona nos tranquilizó diciendo que era imposible que entrase, cuando desde arriba llegaron unos chillidos diciendo que harían guardia, la mujer nos dijo que nos pusiésemos cómodas, y luego se giró al hombre y le preguntó de forma cortante:

- ¿Quieres demostrar ser útil y ganarte el mismo trato?

El ambiente se enrareció más de lo que ya estaba y se volvió pesado, pasaron unos minutos hasta que la cosa se calmó, yo seguí incapaz de moverme del suelo, ya no me abrazaba las rodillas pero las piernas todavía no me respondían, supongo que no es bueno pensar tanto, mil cosas me rondaban por la cabeza, lo mal que lo debió pasar la bruja comparándolo con mi propia experiencia, el porque trataba de esa manera al feérico, si normalmente son seres que caen en gracia vayan donde vayan, y sobre todo que sería lo siguiente que harían, no solo los aldeanos, si no también nosotros...
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Re: El cazador cazado

Mensaje por Astarthea el Vie Jul 08, 2011 10:29 pm

Me mantuve en silencio mientras oía a aquella muchacha que habitaba en tan deplorable lugar recitar una especie de salmo. Enarqué las cejas con el pensamiento presente de: Bruja. Al final iba a ser cierto que existían, pues vaya sorpresa. Incluso llegué a pensar que me había posicionado en el bando incorrecto. Estaba en el lugar equivocado y en el momento equivocado. Tan típico de mí.

Gruñí por lo bajo cuando me cogió del brazo, cesando su salmo, y me hizo bajar prácticamente de un tirón el tramo de escaleras que me quedaban, cerrando la puerta bruscamente después. Me quedé mirándola fijamente, de brazos cruzados, esperaba algo, pero no sabía qué. Ya que me había posicionado, sin saberlo, de su parte, al menos aprovecharía la situación de algún modo.

Si bien era cierto que al principio, lo primero que pensé fué que ayudarla no tendría nada de malo, para mí. No tenía nada mejor que hacer y no me apetecía volver a un lugar donde yo era el bicho raro. Pero tras lo que mis ojos veían, no me quedaba tan claro aquel asunto. Aun así, ya estaba allí, ya nada podía hacer. Mi mirada continuó fija en la bruja, observando sus movimientos, sensuales y atrevidos para con el único hombre presente. Sí, debía de admitirlo, ya me gustaría a mí ser un poco como ella, sin temer nada ni nadie, no me importaban las habladurías, pero sí me importaba ser la rara y la que siempre pasaba desapercibida.


-Soy Liliana. Y sí, soy la “Temible bruja del bosque,- se presentó la bruja mientras mis oídos captaban sonidos fuera de aquel lugar. Podía oír cómo los habitantes del pueblo habían irrumpido en la parte superior de aquella casa buscando a esa bruja. - No os preocupéis, aquí no pueden entrar... - continuó.

Sé que continuó hablando, pero el resto apenas si lo escuché, simplemente miraba a mi alrededor y ponía atención a los sonidos sobre mi cabeza, parecían estar haciendo añicos cuanto encontraban a su paso.
El chasquido de unos dedos y un extraño sonido, después, me devolvieron a la realidad. Cuando miré hacia la bruja, una puerta se había abierto donde antes había piedra.
La bruja cruzó la puerta, yo me asomé tras verla entrar en la estancia que había tras la puerta. Parecía enteramente un salón de té. Bueno, si nadie podía entrar, y por lo visto tampoco podíamos salir...¿qué mas daba que me relajase tomando te?
Quizá ese relax me viniese incluso bien, así mantendría “atrapada” a la otra. Aquel era el peor momento para que saliese a la luz.

Así pues, la seguí y tomé asiento mientras observaba cómo servía el té y la oía admitir que había sido ella la autora de aquellos crímenes de los que tanto se hablaba en el pueblo. Del resto, poco puedo decir, la vi acercarse al único hombre presente y decirle algo mientras yo trataba de relajarme en aquel lugar tomando mi taza de té, no me gustaban los espacios cerrados, por lo que era la situación y lugar perfecto para que la otra quisiese salir.


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Re: El cazador cazado

Mensaje por Zephyrae el Dom Jul 17, 2011 2:13 am

El ritual de la bruja del bosque no duro mucho y fue detenido ante la llegada de las otras visitantes, al parecer también ahí para brindar ayuda ante esta situación.

No solo era la elfa la que había llegado, otra humana de brillantes cabellos y una Divium de angelical figura, sus blancas alas casi abarcando la totalidad de la escalera mientras descendía. Su rostro aun lleno de femenina dulzura contenía una fuerte expresión. A esto me encontraba ya acostumbrado al haber vivido rodeado de hadas, sus dulces voces e inocentes rostros constantemente ocultando un firme espíritu obligado a tomar las decisiones más difíciles que nuestra sociedad suele mostrar.

Al entrar todas, aquella que empezaba a suponer se trataría de la bruja del bosque sello el lugar con magia, la cabaña obviamente preparada para seguir sus órdenes y respondiendo a estas sellando la entrada. Una sensación desagradable ante esto pues si algo detestaba era encontrarme encerrado, el sotano afortunadamente era amplio pero el sentirme desconectado de los grandes vientos en los cielos era sin duda poco agradable.

No tuve mucho tiempo para considerar esto, la bruja del bosque acercándose a mí de provocativa manera, sus brazos rodeando mi cuello y sus palabras cercanas. Había visto Dríadas y Nereydas de tal comportamiento pero era lo último que esperaba de la hechicera a pesar de sus reveladoras ropas.

Mis alas delatando mi naturaleza para alguien conocedor de los reinos feéricos, sus caricias suaves y sus palabras tan cercanas a volverse besos quedan sin respuesta por mi parte al ser suavemente arrojado a una de las cercanas sillas, mis alas desvaneciéndose para permitirle a mi cuerpo sentarse y es mejor de esa manera, pues me permiten el sentir menos la opresión del espacio a mi alrededor.

Su pregunta haciendo tentador el recuperar mi forma normal, el esfuerzo de eso sería mínimo mas por el momento decidiéndome en contra a ello. Ella se aleja, los provocativos movimientos aun claros en su andar al dirigirse a las demás damas del lugar. Sin más aclarando dudas con respecto a su identidad e iniciando un relato de la actual situación. Me cuesta trabajo imaginar a los niños de la aldea haciendo cuanto describe, mas es mucho lo que aun desconozco de los humanos, lo recluidos de mi gente haciéndome dudar mis propias creencias. Si las cosas ocurrieron de tal manera el combatir y atar a los niños podría haber sido sin duda un acto de defensa.

Todo esto nos lo ha dicho tras dirigirnos a un salón de té sentándose las damas y compartiendo con ellas la bebida, esto por lo menos era algo a lo que estaba acostumbrado, en mis tierras las reuniones formales y decisiones de estado tomadas por las hadas, muchas veces llegue a atender tales reuniones donde mi madre y hermanas discutían las cosas. No había visto tal costumbre fuera de mis reinos hasta el momento mas quizás no fuera tal cuestión más que una clara muestra de la unión con el bosque de la bruja.

La explicación terminada no paso mucho tiempo para que oyéramos sobre nosotros los gritos de los humanos, al parecer violentos en su búsqueda al registrar la casa. Al parecer harían guardias lo que para mi desagrado significaría esperar más tiempo encerrado, el lugar ya poniéndome nervioso por lo mismo.

Decidí calmar un poco mis nervios, al parecer estaríamos ahí algún tiempo y sin duda la compañía a mi alrededor era digna de despertar mi curiosidad y alejar en algo mi nerviosismo. Por una parte la bruja del bosque, dueña del lugar y posiblemente compañera de la pantera, aun así no terminaba de sentirme bien en su cercanía, como con su felina compañera había algo extraño en sus reacciones ante mí.

La elfa que había llegado tras de mí y la humana de plateados cabellos se veían también nerviosas ante la situación en la que nos encontrábamos. Me negaba a permitir que los nervios aumentaran en mí y eso dejaba clara mi mejor opción para conseguir algo de plática, la Divium de blancas alas se veía como un ser encerrado en este lugar, como yo me sentía, mas su gesto se veía más firme y sabía que como los elfos son seres que aprecian la magia. No hay muchos en los bosques donde crecí pues sé prefieren los lugares altos para habitar.

-Veo que la fortuna ha elegido que tengamos curiosa compañía para estas horas. – Le dije al acercarme y sonriéndole. –Mi nombre es Zephyrae ed Selenyad y si tan solo por tu belleza hubiera de juzgarte sin duda eres un ángel en todo su derecho.- Sabía que entre los humanos no era común tal formalidad o intercambio de halagos pero ignoraba las costumbres entre la gente de los cielos, en tan curiosa compañía como siempre prefería ser simplemente quien soy y presentarme de tal manera.

Espere a su respuesta y tras esto procuré platicar un poco más de mi vida y escuchar cuanto quisiera contarme de la suya, la plática relajándome y haciéndome olvidar el encierro por lo que por mi parte estaba del todo agradecido al contar con esta, aunque aun ignoraba cuál sería su opinión de esta quizás solamente tolerando mis palabras o quizás disfrutándolas, fue cordial y eso lo agradezco.

La plática girando de lo que había conocido en mis viajes en ocasiones mientras que en otras de los recuerdos de la corte de Selenyad que ya me llenaba de nostalgia en mis viajes, de magia o de batallas. No tenía mayor relevancia, cuanto veía resultaba de su interés procuraba compartirlo. Y cuanto ella deseara contarme escuchándolo ávidamente, con mis recuerdos y lo que ella aportara dejando mi mente estar fuera de aquel encerrado lugar.

La plática como fuera disto de ser extensa en cuanto a las horas y los días son medidos, pues algo de tiempo después de habernos dicho nos pusiéramos cómodos en el lugar la bruja del bosque, que se había presentado con el nombre de Liliana, se acerco a mi durante la plática.

Su porte cambiando drásticamente al que originalmente me mostrara, su sonrisa propia de una cazadora recordaba en mucho a la pantera que la acompañaba de un lado a otro dando más fuerza a su presencia.- ¿Quieres demostrar ser útil y ganarte el mismo trato?- Me pregunto en regia pose, sus manos cubriendo su escote pero esto apenas percibido ante mis ojos, sus rasgos tan cerca y sin esa provocativa sonrisa que antes me hubiera distraído bastante curiosos ante mis ojos, élficos pero con algo más predominante, creando una belleza más exótica y natural que la que previamente tratara de mostrarme entre sonrisas y lujuriosas miradas.

-No he venido aquí a ganar trato alguno Liliana, sino a ayudar cuanto sea posible a evitar una tragedia. Dime en que es posible que mis servicios te sean de ayuda.- Algo dentro de mí preocupado ante su presencia tan cercana a mí, sintiéndome la presa ante esa mirada, quizás solo a causa de mis nervios en el lugar, quizás con algo de verdad ante los temores que me llegaban.
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Re: El cazador cazado

Mensaje por Maraine de la Cruz el Sáb Jul 23, 2011 11:25 am

Poco duró mi escucha en aquel manjar de escaleras, pues una mujer desde la parte baja del sótano había ido a por nosotras, incluida la otra chica que estaba allí. Nos agarró por el brazo y nos introdujo en la parte baja de la casa. Ninguna de las dos nos resistimos en cierta manera. Era una mujer, igual que nosotras, y no estábamos allí para buscar problemas, sino para evitarlos. Aprovechó que todos estábamos dentro para hacer una especie de conjuro sobre la puerta, lo más probable para cerrarla. Al llegar abajo pude comprobar cómo las otras chicas estaban nerviosas ante la situación, sin embargo al chico, al peor tratado, no le afectaba para nada el ambiente, aunque si yo tuviera una pantera delante que quiere comerme me pensaría dos veces lo impresionable que soy.

En poco tiempo la que seguramente sería la bruja se acercó al chico y comenzó a adherirse en su espacio vital con un atrayente tono. Típico de mujeres que buscan algo. Luego de haber terminado de lidiar con él se dirigió a nosotras haciendo mención de su nombre y asegurando que ella era la bruja del bosque. Arriba empezaba a oírse el bullicio de la gente del pueblo que venía en busca de Liliana, pero como ella dijo, primero tenemos que escuchar su versión antes de tomar una sentencia. Para ello nos condujo a lo que parecía ser un amplio salón de té muy confortable. Allí nos contó que era cierto todo lo que la gente del pueblo decía, pero razones que ellos mismos desconocían. Liliana aseguró que esos niños la habían atado desnuda y habían hecho de hecha nada más que un trozo de carne con el que jugar. Todo resultaba raro; ¿cómo era posible que unos niños pudieran contra ella?

Arriba se escuchaba aún más a los hombres que venían en defensa de los niños de su pueblo. Pronto mi escucha se rompió cuando advertí que alguien me hablaba.

- Veo que la fortuna ha elegido que tengamos curiosa compañía para estas horas. – Dijo acercándose y sonriendo. –Mi nombre es Zephyrae ed Selenyad y si tan solo por tu belleza hubiera de juzgarte sin duda eres un ángel en todo su derecho.

Ágilmente acudí a levantarme de la silla para no faltarle al respeto ante su acto de amabilidad. Le miré a los ojos e hice una pequeña reverencia en forma de saludo.

- Encantada de conoceros Zephyrae ed Selenyad. Estáis en lo cierto en que mi forma delata mi raza, mas no mi nombre: será mi deber revelarlo. Me llamo Maraine, y agradezco vuestra compañía en esta pequeña sala. *Terminé de decir haciendo otra pequeña reverencia*

Aún recordaba que la bruja había dicho que recobrara su verdadera forma, lo que me hizo pensar que en aquella sala no había nadie en quién confiar. Sin embargo, fue interminable el tiempo que estuvimos hablando Zephyrae y yo. Me había contado cosas de su vida, cómo de pequeño era un poco rebelde, la forma en que rebuscaba leer todos los libros para aprender un poco más sobre este mundo, sus viajes por todo Noreth llenos de todo tipo de aventuras… Sin duda era un ser interesante y al que me gustaba escuchar. Yo poco le conté de mi vida: no era un recuerdo agradable que quisiera tener en mi mente. Sólo hablé muy poco de Umbría y que habían asesinado a mis padres, que mi camino aquí era transitorio, pues seguía buscando a quién me había arruinado la vida.

Justo en ese momento apareció Liliana dirigiéndose a Zephyrae.

- ¿Quieres demostrar ser útil y ganarte el mismo trato?

- No he venido aquí a ganar trato alguno Liliana, sino a ayudar cuanto sea posible a evitar una tragedia. Dime en que es posible que mis servicios te sean de ayuda

Yo quedé en un segundo plano así que decidí alejarme un poco y volver a sentarme en mi asiento. No quería interrumpir sus asuntos y menos cuando nosotros podíamos seguir hablando entretenidamente en cualquier otro momento. Para mi sorprender, no esperaba que me gustase tanto hablar con alguien. Y mucho menos que deseara volver a establecer esa pequeña empatía. Zephyrae me había caído de una espléndida manera, pero algo me hacía pensar que Liliana procuraría que ninguno de los allí presentes tuviéramos algún tipo de relación cercana, pues la unión hace la fuerza y algo me hace pensar que a ella no le conviene nada de esto. Miré de nuevo disimuladamente a Zephyrae y a Liliana. Él se había puesto más nervioso, pero le entendía. Cuando una mujer así se te acerca sólo tienes dos posibilidades: ponerte nervioso o ignorarla, y la primera ya delata las intenciones.

Volví a mirar a las otras dos chicas que estaban allí. Igualmente atendían a la conversación de Liliana y Zephyrae, aunque más bien parecía que las ánimas estaban fuera del cuerpo. Tomaban el té y yacían bajo sus propios pensamientos.
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Re: El cazador cazado

Mensaje por Hirlin el Miér Jul 27, 2011 3:46 pm

Ante las palabras del silfo no pude hacer más que reír ligeramente, pues mantenía la figura humana pese a estar en clara desventaja por la situación, rodeado en mi propia casa y sin forma alguna de defenderse más que una espada, aparentemente. El sonido de los impacientes pasos de los guardias esperando a que entrase por la puerta o bajara por las escaleras para dispararme con los mosquetes y dejarme tendida en el suelo, muerta al fin. Creo que lo que nunca se hubieran esperado era que estuviera justo debajo de sus pies y que además contara con un rehén feérico, aunque algo grande para ser de esa raza. Di un sorbo del té y miré al hombre, que mantenía aquella actitud arrogante y prepotente, como todos. Dando por hecho que el tener algo colgando entre las piernas le permitía poder decidir lo que hacer en cada momento, incluso en aquella sensación. Suspiré enfadada y sin dirigirle ni una sola palabra más volví al té y a las mujeres, ignorándolo por completo y dejando su taza vacía bocabajo, si quería servirse que lo hiciera él mismo - ¡Guenhwyvar! – dije notablemente molesta mientras terminaba mi taza de té. Al grito acudió una pantera negra, oscura como la noche y bastante grande, meneando la cola como haría cualquiera de su especie, pero gruñendo ante el silfo con asco y odio a la vez, como la había enseñado a hacer. A las mujeres les fue más simpática, ronroneando al rozar su espalda una de las alas de divium, pero acudiendo a mí sin apenas detenerse a nada, solo sentándose a mi lado.

Las horas pasaban despacio bajo la piedra, aumentando el calor de la sala de una manera bastante sofocante al no poder salir a respirar fuera. Suspiré mientras me secaba el sudor y me acerqué a la trampilla y pegué la oreja, escuchando entonces los ronquidos de los guardias que había caído dormidos por el efecto de las flores de alrededor de la casa. Yo no las había plantado, estaban allí desde que llegué a la casa hace bastante tiempo, y todo lo que sabía es que afectaban a las criaturas que carecían de magia, puesto que a mi amada pantera ya le habían jugado más de una mala pasada cuando volvía de madrugada de cazar humanos desprevenidos en el bosque. Sonreí y me giré para mirar al hombre – Ahora es tu oportunidad de ayudar, sí es lo que quieres. – comencé a pronunciar unas palabras en élfico que lentamente hicieron que la esencia de la magia de los presentes acudiera a mí para llenarme como nunca antes.

Todos los de allí eran magos por lo visto, pues en un principio solo esperaba recolectar la esencia del silfo, pero sin darme cuenta capté la de todos al mismo tiempo, sintiendo la magia dentro de mi cuerpo como un río por un estrecho acantilado, queriendo salir al mar para descontrolarse y expandirse, pero todavía debería retenerlo un poco – Bien… puede que os sintáis un poco desgastados… he drenado algo de poder vuestro para poder aprovecharlo luego. – hice un gesto con la mano para que no dijeran nada – Necesito que tú – señalé al tal Zephyrae – Me saques de aquí como si estuviera muerta. – saqué una daga y me hice un corte en la mano que sangraba abundantemente. Restregué esa sangre por mi cuerpo y miré a las mujeres – Tened cuidado… no dudarán en dispararos, deberéis salir cuando estén distraídos y acabar con ellos. – devolví la atención al silfo y sin darle tiempo a nada le hice un corte rápido en la mejilla, asegurándome de que la hoja penetraba suficiente como para que la sangre fluyera de manera natural – Debe haber signos de violencia. – dije finalmente como excusa, aunque realmente había hecho eso solo por gusto de verlo sangrar, recordándole que también era mortal pese a ser macho. Sin decir ni hacer nada más esperé a que el silfo me tomara en brazos para hacerme la muerta, la puerta la abriría Guenhwyvar empujando con la cabeza, no sería la primera vez y la pantera ya avanzaba hacia el lugar indicado previamente. Miré por última vez a todos esperando que nadie tuviese reparos en matar quien sí los mataría a ellas.
--
[Arriba el cambio de guardia ya tenía lugar, pero algo hizo que tanto Jack como Mike apuntaran con sus pistolas cargadas hacia una trampilla en el suelo que se abría lentamente, dejando escapar una sombra y de ojos ámbar a la que optaron por no disparar, pues conocían el aspecto de la bruja. Sin embargo al dejar la trampilla abierta dejó ver algo más, una figura masculina alta y de buen porte, con un cabello algo desordenado y algo en brazos. A esa figura sí estaban dispuestos a dispararle si no se identificaba pronto.]

----------
Off:
Bien, lo primero es que lo siento por el retraso, a partir de ahora intentaré ser más estricta conmigo misma. Ahora bien, a partir de este turno y por petición de algunos participantes me gustaría informar de que se establece el siguiente orden de posteo:

-Alanna
-Maraine de la Cruz
-Zephyrae
-Astarthea

Espero que no os moleste a los que no lo requeristeis. Astarthea, tú tranquila. Sé que últimamente estás un poco baja de ánimos y demás por motivos personales, así que no me es problema saltarte los turnos que necesites Wink. Oh, y casi se me olvida. A partir de ahora el posteo es semanal. Finalmente pedir perdón por la escasedad del mastereo, básicamente pasamos unas horas en la casa y luego salimos con mi plan, si es que Zephyrae lo acepta y no nos delata a todas. En lo que respecta a los cazadores son dos, pues los otros dos aun no llegan, podéis matarlos o noquearlos, si intentáis negociar allá vosotros, son de gatillo fácil y eso se ve en sus caras con miradas de odio.

Jack:
Mike:


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Re: El cazador cazado

Mensaje por Alanna el Jue Jul 28, 2011 10:12 pm

Después de la contestación de Zephyrae la dueña de la casa pasó a contarnos su plan, ella saldría haciéndose la muerta en brazos del chico mientras nosotras aprovechando la distracción nos escabullíamos por y como pudiésemos, ¿pensaba que eso funcionaría? yo por mi parte tenía mis dudas, con que viesen un solo signo de vida en su rostros o quisiesen comprobar la verdad de las palabras de Zephyrae todo estaría acabado, no solo para ellos, también para nosotras, pero en ese momento tampoco se me ocurría ninguna otra idea a excepción de la de usar mi bastón para dormirles, salí con el cetro en alto preparada para adormecerlos o noquearlos, lo que más posibilidades nos diese de escapar, salí fuera del refugio y pude comprobar como esos dos guardias que tan mala espina daban estaban distraídos, pero para salir los tenía que sobre pasar, y en cuanto me acercase su distracción se esfumaría seguro, alcé el bastón y apunté a ambos hombres, que se vieron envueltos en una extraña neblina de color blancuzco que les envolvió de forma suave y pacífica calmando sus ansias de lucha dejándolos indefensos y sin visión y que finalmente les acabó por dormir, los otros guardias que llegasen no sabrían que era lo que había sucedido y esperando que me siguiesen salí corriendo de la casa mirando atrás de vez en cuando para comprobar la resistencia del hechizo y a la espera del resto adentrándome lo justo en el bosque como para que me viesen las personas que a mi me interesaba que lo hiciesen.

Spoiler:
Yo solo he puesto una forma de huir, sentíos libres de aprovecharla o crear otra y Zephyrae sigo dejando a tu elección la escapatoria que da Liliana o cualquier otra incluyendo esta n.n' creo que lo he liado todo pero pienso que lo mejor era aclararlo ^^
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Re: El cazador cazado

Mensaje por Maraine de la Cruz el Sáb Ago 06, 2011 4:19 pm

La bruja nos había dejado indefensos. Pretendía escapar en manos de Zephyrae dejándonos a nuestra propia suerte allí, quería huir de la forma más fácil y cobarde, y eso era algo que me planteaba muchas dudas. ¿Por qué si íbamos a ayudarla se desprendía de nosotros con tanta facilidad? ¿Una distracción? No me sonaba para nada que fuera así. Me estaba empezando a sentir utilizada por ella, así que subí más aún la guardia en cuanto a Liliana. Nada de aquello me gustaba.


Arriba los guardias se disponían a disparar a Zephyrae que estaba saliendo con la bruja en brazos de la trampilla. La elfa aprovechó entonces a salir del refugio y con un conjuro gracias a su bastón logró adormecerlos el tiempo suficiente para que pudiéramos escapar. Ella salió corriendo de la casa y yo aproveché a salir tras ella. Sabía que Umbría me estaría esperando, pero no era el momento de llamarla. Podría sufrir daños sin necesidad y aún faltaban más cazadores; llamarla o volar en ese momento sería símbolo de mi posición, así que tendría que esperar el momento.


Seguí a la elfa a través del bosque y vi cómo siempre echaba un vistazo hacia atrás, con cuidado de que los guardias siguieran dormidos y ningún otro nos estuviera siguiendo. Por un momento me paré a pensar qué estaría haciendo Zephyrae, y qué estaría pensando en hacer Liliana.


Spoiler:
OFF: siento mucho la tardanza, dejé el post de mi ausencia y he roleado lo antes que he podido. Pido disculpas por haber retrasado aún más la aventura.
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Re: El cazador cazado

Mensaje por Hirlin el Vie Ago 19, 2011 12:50 am

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La elfa fue la primera en salir, durmiendo a dos de los cazadores, los dos que salían. Su conjuro tuvo efecto, y de haberse quedado en la casa hubiera hecho mejor, pero salir al bosque… Sólo se podía calificar de estúpida y suicida esa actitud. Se adentró únicamente lo necesario para poder ver a las figuras que salían de la casa, pero para su desgracia en el bosque no habían solo dos más, sino decenas de cazadores esperando la llegada de algún ser mágico para acabar con su vida, y no solo con su vida, sino también con su moral. Desde las ramas de los árboles cayeron dos hombres que rápidamente se hicieron con los brazos de la elfa. Por más que se movía, que gritaba y que pedía auxilio, de nada le serviría, pues sus compañeros tenía ya sus propios problemas. Ambos hombres, nada atractivos, la pusieron de espaldas a un árbol, haciéndola chocar fuertemente con la robusta madera de pino y golpeándole la nuca, pero esto solo provocaría que se desmayara unos minutos, lo suficiente como para atarla con fuerza al madero y abofetearla suavemente para que despertara.

Ahora delante de la mujer se alzaban no dos, sino cuatro figuras de aspecto humanoide. El primero de todos tenía una fina espesa barba de días, poco cuidada y mal rasurada de color marrón oscuro al igual que el resto de su cuerpo, su nariz era redondeada y prominente, como si llevara una prótesis de payaso en esta, pero era realmente su nariz, afectada por la magia del bosque y mutada ligeramente. Sus brazos rudos y de hombre fuerte agarraron a la elfa de los hombros, obligándola a mantener la mirada y dándole un largo beso con lengua que ella no disfrutaría, o sí, no se podía saber, pero la cosa es que la situación no era agradable para la muchacha - ¿Quién se la folla primero? – preguntó el tipo mientras se quitaba la camisa -¿Por qué turnarnos? Somos cuatro y ella tiene tres agujeros le abrimos un más de la cuenta y punto. – respondió una segunda voz, carrasposa y mucho menos amable con la mujer, por si el otro no había sido bastante. Entre la luz del ocaso saldría una segunda figura masculina, de ojos azul eléctrico completamente antinatural, con varios cuernos surgiendo de su chepa y algunas plumas de animales en esta. Otros dos sonrieron con sarna y odio, mirando a la mujer y comenzando a romper sus prendas con brutalidad, haciendo gala de una fuerza no humana.

Los pechos de la muchacha quedaron al descubierto y lentamente los dos últimos que habían entrado en escena, un par de gemelos de aspecto salvaje, parecido al del segundo cazador, fueron lamiendo las redondeces de la mujer, algo pequeñas para su gusto, pero tampoco les importaba mucho para lo que estaban a punto de hacer. Bajándose los pantalones con la polla dura se pegaron a los muslos de ella para empezar a toquetear y besar sus pechos y cuello, frotando sus erectos penes contra las piernas de ella, masturbándose de tal forma que en apenas unos minutos alcanzaron el orgasmo, pringando las piernas de ella de una sustancia blanquecina y pegajosa, de aspecto gelatinoso incluso. El semen que ahora chorreaba por sus rodillas hasta casi los tobillos estaba cálido, agradable para quien le gustara la sensación de estar siendo violada por varios hombres. Sin cuidado alguno la desataron del tronco y cuando intentó huir el primer hombre le golpeó con la rodilla en la boca del estómago, levantándola unos centímetros por encima del suelo y demostrando; no sólo una fuerza, sino también una velocidad endemoniada.

Cayó de rodillas y un empujón con el pie en la espalda la haría caer a cuatro patas, como la zorra que ellos consideraban que era, usando el arte de la magia para sus beneficios, ellos habían visto como tocaba al infante con la magia, habían tenido que sacrificar al hijo de uno de ellos por culpa de la elfa, y desde luego ahora lo iba a pagar caro. Ahora, sin ropa que la cubriera y a cuatro patas estaba indefensa - ¿Te gusta? – preguntó uno poniéndose casi arrodillado delante de ella - ¿Te gusta estar así, zorra? – volvió a preguntar le hombre - ¿Por lo que he oído te gustan las mujeres, no? Las tiernas niñas que todavía no llegan a entender para que sirve lo que tienen entre las piernas y por eso te dedicas a lamerlas durante horas ¿No? – inquirió el hombre, abofeteándola con el pene duro en las mejillas mientras un segundo se posicionaba tras ella y comenzaba a cachetear su culo con fuerza. El primer hombre confundía a la inocente Alanna, que jamás hubiera hecho nada de lo mencionado, con la bruja: Liliana, la cual hacía tan solo un año se había hecho con una pequeña niña de no más de cinco años y la había tenido captiva durante semanas, dándose placer con ella y con su pequeña y virgen vagina.

Sin dar aviso alguno uno de los que tenía detrás se convirtió en un enorme lobo que ganaba por mucho a Alanna a cuatro patas, siendo de más de medio metro de alto incluso con las cuatro patas en el suelo, con el nardo duro y el capullo listo y húmedo para meterse en algún culo caliente, o no tanto. Su gemelo hizo lo mismo, y ambos lobos de color azabache gruñeron un rato por la posesión del trasero de la mujer, que finalmente se quedó primero que había tomado la forma lupina, resignándose el segundo a simplemente ponerse con su padre, el que la abofeteaba con la polla en la cara, delante y meterle de un solo empujón todo el miembro en la boca. Mientras tanto por detrás tampoco se cortaban. El hombre humano, o al menos el que más aspecto tenía de eso, chupaba y mordía sus pezones con fuerza desde abajo, obligándola a sentarse sobre su miembro duro y sin esperar a que ella se lubricase se la metió de una, rasgando sus paredes vaginales y haciéndola sangrar como si fuera virgen, que seguramente lo era. Sin piedad alguna comenzó a embestirla a medida que el lobo que tenía por detrás posicionaba su miembro en la entrada de su virginal anito y comenzaba a meter el miembro en este con fuerza, notando la presión de la elfa y excitándose, rasguñando con sus patas la tersa piel de la espalda de esta. Una vez tuvo todo dentro, habiendo causado otro desgarre más, empezó a darle por culo, literalmente, a una velocidad de infarto propia solo de los perros, golpeando con la punta de su miembro el final del ano de ella.

Por delante, estaba siendo obligada a chupar la polla de un engendro, algo deformada y granulada, llena de pústulas que derrababan pus al tiempo que semen, y la de un gigantesco lobo que la presionaba hasta casi ahogarla, provocándole el vómito ¿Pero qué les importaba? Sólo querían verla sufrir. Durante casi veinte minutos o más estuvieron rotando, llenándola de semen y sangre por todos los lados hasta quedar sus huevos como garbanzos secos, pero no era suficiente para ellos, no se iban a contentar con simplemente torturarla, iban a matarla. Sin tan siquiera vestirse el hombre de nariz deformada y pene pustuloso le dio una patada en las costillas para tumbarla bocarriba, sonriendo y orinando su cara y pechos con maldad - ¿No te gusta que te meen encima, guarra? – preguntó escupiendo a su cara – A mi hija tampoco. – añadió mientras uno de los lobos empezaba a dar suaves mordiscos en su destrozada vagina, al principio hubiera podido resultar placenteros, pero a medida que el tiempo pasaba y se unió su gemelo se tornaron dolorosos. Sus finos pero afilados caninos se hincaban una y otra vez en la pie tan placentero lugar, con tal mala suerte de uno enganchó su clítoris, dando un fuerte tirón de este y arrancando la carne repleta de terminaciones nerviosas, un dolor que la dejó al borde la muerte, pero no sería ni por asomo el último que iba a sentir, pues su hermano no se contentaba solo con verla sangrar, sino que esa sangre lo excitaba más, haciendo que sin piedad alguna se diera un festín con los labios vaginales de la hechicera de sangre elfa. Sus pezones fueron arrancados por dos salvajes mordiscos en cada uno por parte de los otros dos varones y su muerte fue algo peor que un espectáculo sangriento para quien lo hubiera visto, pero al menos ahora su alma descansaba en paz después de tamaña expresión de venganza, aunque no se contentarían solo con arrebatarle la vida, sino que también arrebatarían su cadáver, comenzando a comerse sus entrañas en los interiores del bosque.

---
Mientras tanto, en el otro lado las cosas tampoco marchaban por un camino de rosas en un carro tirado por un corcel blanco. Maraine había seguido a la elfa fuera de la casa, cosa que le costaría caro, aunque no tanto como a ella. Dos hombres le bloquearon el paso a la salida de la casa, altos, robustos y con cara de pocos o más bien ningún amigo, arrojándola luego al suelo con fuerza, espalda por delante, cosa que le costaría la rotura de un ala y el daño de otra, algo que tardaría en sanar, pero al menos sanaría. Liliana se apresuró a saltar de los brazos del silfo en cuanto escuchó el golpe de la divium contra el suelo, el leve quejido que resonó la alertó de que algo no iba bien para la mujer de la cual se había encariñado más, le atraía su andrógina belleza y sus pequeños pechos, su sensual cuerpo y las preciosas alas de color blanco puro, le atraían de tal manera que no iba a dejar que un grupo de sucios cazadores se lo arrebataran. Rápidamente se dirigió hacia la puerta, aunque no con el resultado que ella esperaba. Algo se aferró a su talón y la hizo dar con la boca en el suelo, girándose rápidamente para ver que era-¡Suéltame hijo de puta! – gritó la bruja, pero de nada le sirvió, la fuerza del hombre era claramente superior y ella estaba perdida, y creía que la divium también.

Rápidamente el otro cazador, que también despertaba por el escaso efecto del hechizo de la otra elfa al partirse su poder en dos, se hizo con el silfo, que logró gracias a poder revertir su conjuro zafarse de este y dejarlo algo atónito, era la primera vez que alguien le hacía eso. Ahora el silfo podía salir volando de la casa, no le quedaba otra. A Liliana la estrellaron de cara contra la pared de su ruinosa casa, al menos la planta superior, despojándola de su poca ropa y empezando a manosear su coño y sus tetas sin vergüenza alguna, por más que gritaba, que se rebatía y que luchaba no tenía bastante fuerza. Fue arrojada con fuerza al suelo y una vez ahí el primer cazador; Jack, se puso detrás de ella, dándole bien fuerte en el culo con el falo todavía medio erecto, haciendo todavía más dolorosa la violación por el hecho de este creció en el virginal ano de la bruja, provocando dos desgarres simultáneos. Por su boca entró otro falo y ella fue otra de las condenadas, a la que durante un largo periodo de tiempo torturaron sexualmente, haciéndola sangrar por el culo y la boca por los desgarres. Finalmente, tras turnarse dos veces y hacer que se tragar el semen de los dos la arrojaron al suelo, donde sin ninguna piedad le amputaron ambos senos con las espadas, dejándola morir de dolor y por la falta de sangre.

Fuera, la que parecía que iba correr el mismo destino, la divium, fue salvada por una rápida figura de color oscuro que se movía a cuatro patas, que sin problema alguno desgarró el cuello del primer hombre, dando un rápido empujón con su lomo al segundo. Esa pantera tenía algo especial, algo que no la hacía parecer tan animal y sin embargo sí más humanizada, su rugido resonó por los alrededores quitando las ganas a los caníbales de acercarse un paso más, pues no se escuchó el rugido de una simple pantera, se escuchó el rugir del fuego, el crepitar de las llamas y el lamento de las almas salir de su boca. Si la divium se fijase en la pantera podría ver que en el costado derecho, justo en el lomo, tenía grabado en su piel el símbolo que antes hubiera podido ver en Liliana, ahora se trataba de escapar con ella y salvar la vida, la cacería había dado a su fin, Maraine no estaba todavía en condiciones de volar y meterse de nuevo en la casa sería un suicidio, pero tenía una cosa de su lado. Todos los habitantes del lugar daban a la bruja por muerta y quemaron su cadáver en una pira en el bosque, lo cual daba a la mujer de alas puras la ventaja de poder esconderse con más tranquilidad en el bosque. Zephyrae, por su parte, estaba desaparecido. ¿Qué había sido de él? Imposible de saber ¿Volvería para ayudar a la bella Maraine? Sólo quien siga leyendo esta macabra obra podrá saberlo.

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Spoiler:
Bien, quien haya leído el post pese a la advertencia del principio ha sido bajo su propia responsabilidad, eso para empezar. En este post muere Alanna por adentrarse en el bosque. En ningún momento mencioné que se pudiera salir de la casa, Alanna, tú lo has hecho y además te has adentrado en el bosque plagado de cazadores. La muerte ha sido lo más realista que he podido teniendo en cuenta los crímenes de Liliana por los que has pagado. Si te sienta mejor, has salvado al vida de tus compañeros. Yo [Liliana] muero por retraso indebido en la partida sin justificación, para que se vea que aquí nadie queda por encima de las normas. La pantera de Liliana queda bajo el mando de Maraine, siendo capaz de atacar durante esta partida dado que es Liliana reencarnada, puedes manejarla como quieras, Maraine. En lo que respecta a Zephyrae y Astarthea no los castigo tan severamente dado que no postearon (Astarthea está justificada) pero por favor, que no se repita. Zeph, estás más o menos aturdido tras escapar del humano recuperando tu poder, pero aun podrías acercarte a Maraine para ayudarla, la cual está fuera de la casa. Ahora el bosque SÍ ES SEGURO, dado que se da a la bruja por muerta,pero atención, que si os ven no dudarán en acabar con vosotros. La verdad... no sé que más decir, las cosas se han ido torciendo y al final este ha sido el resultado. Ahora publicaré las mueres en el cementerio. En paz descansen.

EDIT: Maraine, tienes un ala rota, con lo cual no puedes volar para escapar, este castigo se debe a que también te adentraste en el bosque, pero como lo hiciste siguiendo a Alanna el castigo no ha sido tan severo como la muerte.


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Re: El cazador cazado

Mensaje por Maraine de la Cruz el Lun Ago 22, 2011 1:16 am

Poco había durado mi marcha hacia afuera, pues dos hombres me bloquearon el paso al salir. Lo primero que pensé fue en lo tremendamente estúpida por meterme donde no me llaman, y lo segundo que se pasó por mi mente fueron las ganas de no haberme fiado de Liliana. A todos nos había costado caro el esfuerzo por ayudarla. Pronto me vi contra el suelo y el daño que surgía de mis alas era tremendamente doloroso.

- ¡Aaahh! *Grité y me estremecí al sentir el agudo sufrimiento que pasaba a través de mis alas*

El ahogo que pasaba a través de mí, esas ganas de volar rotas, la angustia que me estremecía… Parecía que todo acababa allí. Miraba y no hallaba un punto fijo, era tal el dolor que sólo quería retorcerme y salir de aquel bosque, algo que sería imposible. Oía golpes, gritos, los insultos se aferraban en los alrededores de la cabaña. Cuando pude mirar logré ver cómo algunos de los cazadores arrastraban a la elfa a través del bosque, dejando un camino ensangrentado. Yo volví a retorcerme y al mirar de nuevo hacia el otro lado pude ver cómo mataban a Liliana. La habían violado y le habían cortado los pechos. Vi cómo su mirada se había apagado en sufrimiento, y lo primero que recordé fue la historia que nos contó sobre aquellos niños. Pude ver ahora cómo todo lo que nos había dicho era verdad, pero esta vez fue peor, pues los adultos se encargaron de acabar totalmente con ella.

Volví a cerrar los ojos fuertemente, ya sabía lo que me deparaba el destino, y no dudaba que sería la próxima en morir. Cuando quise oír, un rugido y gritos de desesperación inundaban el ambiente. La pantera de Liliana, la que nos custodiaba en el sótano, había matado a uno de los cazadores que estaban a mi alrededor y logrando que el otro quedara fuera de combate. Un nuevo rugido más potente y furioso hizo que el aire se rompiera. La fuerza que desprendía aquel animal era enorme, pues ese rugido no era de miedo, era de advertencia.

Me puse en pie como pude aprovechando que la pantera se había impuesto en el lugar y eché a caminar, dando tropezones a veces debido a la poca fuerza con la que me encontraba. Miré detrás donde se había quedado la pantera y le grité que viniera conmigo. Ella al parecer entendió el mensaje y echó a correr en mi dirección. Yo seguí caminando cada vez con un poco más de brío, pero en un momento caí al suelo debido al cansancio que aún hacía mella en mí. Sólo pensé en levantarme y encontrar a Umbría antes de que fuera tarde e irme de allí en cuanto antes. Hice un esfuerzo en seguir caminando y a cien metros más allá allí estaba esperándome.

- Ven chica, vamos *Dije en un tono suave*

Umbría vino hasta mí y conseguí subirme encima. Ella no tardó en galopar fuera de allí mientras la pantera seguía a nuestro paso. Por suerte, después de unos diez mil pies conseguimos encontrar cobijo en una pequeña cueva que se hallaba lejos de todas las penas que habíamos pasado en aquella cabaña. Me bajé y entré dentro para descansar. Abrí mi bolsa y bebí un poco de agua, sacando también algo de pan que me llevé a la boca. La pantera entró adentro y se recostó a mi lado, posando su cabeza en el suelo.

- Muchas gracias pequeña…

Me quedé dormida a su lado mientras Umbría se quedaba fuera de la cueva. Al día siguiente logré despertar recuperada del cansancio, pero mis alas seguían dañadas. Debía ir a algún curandero, pues no sanarían solas. Saqué el ungüento de la bolsa y froté con mucho cuidado de no mover las alas, eso al menos me refrescaría las plumas. Al terminar, busqué con la mirada a la pantera. Seguía recostada a mi lado mientras me miraba. Me percaté de que un símbolo yacía en su lomo, un círculo con una estrella dentro. Me sonaba de haberlo visto antes, pero no sabía dónde. La cuestión era: ¿por qué la pantera había decidido ayudarme?
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