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Vagando por la Tierra Muerta (privada Trosk y Celeste Shaw)

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Re: Vagando por la Tierra Muerta (privada Trosk y Celeste Shaw)

Mensaje por Celeste Shaw el Lun Mayo 16, 2016 9:57 am

Las lágrimas no parece que quieran parar, pero no hago caso a ellas y sigo espiando la caravana. Parece que no se van a mover más. Con sorpresa, siento como coloca las garras de uno de sus brazos en mi mejilla para limpiar las lágrimas. Lo miro de reojo y me tenso un poco. Hace mucho que nadie me ha tratado así. Respiro a fondo y me digo que no parece tener intenciones de hacerme daño, y cierro los ojos durante unos segundos. Es un tacto extraño, pero agradable.

Asiento levemente con la cabeza cuando dice que no hay por qué llorar. De hecho... ¿por qué lloro? Ni siquiera yo lo sé... Supongo que simplemente necesito desahogarme. Pero siempre me ha pasado cuando estaba sola, en la habitación de alguna posada. Venga, ya está. Cierro los ojos y respiro a fondo para calmarme cuando siento su caricia en la mejilla. Se siente rara. Lo miro, fijando los ojos en los del insectoide durante unos instantes, y luego los aparto.

-Tienes razón, ellos no importan ahora. Si estamos muertos para ellos... no deben preocuparnos, solamente son sombras del pasado, ¿no? El presente es lo importante, sí. Y más que vivir o morir... mi trabajo es matar o morir. No sé hacer otra cosa, me enseñaron ya desde que era muy pequeña.

Oigo que pregunta por el plan y, sorprendida, lo miro. ¿De verdad va a ayudarme? Pero... ¿por qué? No entiendo por qué me está ayudando, ¿no sería más fácil para él ir a lo suyo y no complicarse la vida de ese modo? No sé cómo van a responder los de la caravana cuando me presente allí, espero que no sea de un modo demasiado desagradable. Quiero pensar que no será así.

-El plan... A ver... Podemo hacer varias cosas. Lo sencillo sería escondernos y luego atacarlos, pero me temo que eso no es demasiado viable. Deberíamos tener armas de larga distancia como lanzas o arco y flechas, pero no salir de las dunas a atacarlos, porque son muchos y acabarían con nosotros en un instante.

No quiero ponerlo en peligro, si se ha ofrecido a ayudarme es lo mínimo que puedo hacer. Bajo la vista y la fijo en la arena que tengo a apenas un palmo de la cara, me muerdo el labio inferior y entonces alzo de nuevo la cabeza.

-También podemos tratar de infiltrarnos, al menos uno de nosotros. Y, desde dentro, hacer que los esclavos se alcen contra ese hombre, o pillarlo desprevenido y matarlo en cuanto lo veamos. El problema de lo segundo es que tendremos que salir por patas. De momento, esto es todo lo que se me ocurre. Si tienes alguna idea dila sin problema.

Esbozo una media sonrisa, echaba de menos trabajar en equipo. Desde la muerte de Danny, no he trabajado con nadie, he sido una loba solitaria. Me gusta formar un equipo con alguien, si sé que trabajaré bien con esa persona. Por el momento, parece que con Trosk estaré bien, pero tampoco debo confiarme demasiado. Pero... Es lo más parecido a un amigo que he tenido en años. ¿O estoy haciéndome falsas ilusiones?
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Re: Vagando por la Tierra Muerta (privada Trosk y Celeste Shaw)

Mensaje por Trosk el Lun Mayo 16, 2016 11:29 pm

Otra coincidencia había aparecido entre ambos. En sus juventudes, parecía que tanto el insectoide como la chica de cabellos rojizos habían tenido como obligación el sobrevivir a base de la ley del más fuerte, o al menos era lo que Trosk había llegado a captar ante las indicaciones de la chica al respecto de su inusual y fraudulenta crianza que se le dio. Le alegro que su compañera hubiese dejado a un lado el llanto y se dispusiese a iniciar sus jugarretas con su objetivo, pero hasta hora, las jugarretas solamente se limitaban a compartirse entre alguno que otro plan.

Celeste había dado unos cuantos planes, de los cuales no eran completamente factibles o no habían sido estructurados del todo tal como se esperaba. Tenía su estrella arrojadiza, pero era demasiado grande como para arremeter a una distancia considerable y aún así, no iba a hacer mucho. Aún así, el insectoide agarró con uno de sus pequeños brazos la estrella que llevaba entre sus pertenencias y se la mostró a su compañera, aún con la esperanza de que pudiese servirle de algo.

— No ser lanza o flecha, pero si arrojarse. —Dijo, mientras que a su vez dejaba en la arena aquel arma arrojadiza a un lado de Celeste. — ¿Alguna idea?

Mientras que esperaba una respuesta, Trosk se había negado a dar algún plan por su propia parte. Si bien eso era poco cooperativo, lo que el insectoide se interesaba era por ver más a fondo lo que hacían los miembros de la caravana mientras se mantenían en un breve descanso en medio del desierto por alguna razón. Pronto, comenzó a notar como se enrollaban y desarmaban las carpas; el lomo de las monturas eran llenados de equipaje y todos seguían al carruaje donde su amo había alcanzado a acomodarse, con el techo como su protector ante el ardiente calor del sol. En cambio, sus seguidores no tenían la misma suerte y simplemente iban encubiertos entre turbantes y túnicas en medio del desierto, siguiendo a aquel hombre que llaman líder.

— Estar yéndose. —Dio unos cuantos pequeños golpes en el hombro de su compañera y señaló hacia el carruaje que era aglomerado entre sus laterales con la marcha de las personas. — ¿Qué poder hacer ahora? líder esconderse en cosa que rueda y con esclavos al lado.



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Re: Vagando por la Tierra Muerta (privada Trosk y Celeste Shaw)

Mensaje por Celeste Shaw el Miér Mayo 18, 2016 12:41 pm

Veo que saca una estrella y propone usarla. Parece un arma arrojadiza. Hmm... Realmente, no las manejo demasiado bien, lo justo con la lanza, pero nada más. Miro la estrella, la cojo y la sospeso. Pesa bastante. No creo poder arrojarla, si ya me cuesta acertar con la lanza... Con eso me será imposible.

-No podría usarla... Es bastante pesada para mí, además de que no se me acaban de dar bien las armas arrojadizas. Manejo lo justo la lanza, pero nada más. Habrá que pensar en otra cosa.

Me siento con las piernas cruzadas y centro la mirada en la caravana. A ver qué puedo... podemos hacer. Lo suyo sería entrar en la caravana, pero ¿cómo hacerlo sin despertar sospechas? Seguro que tiene marcados a sus esclavos, así que hacerme pasar por uno de ellos queda descartado. Tiene que haber una forma...

Veo que empiezan a recoger las tiendas y a marcharse. Vaya, y no tengo el plan... Espera... ¡Sí, creo que ya lo sé! ¿Será viable? Un momento... Ah, sí, creo que sí. ¡Justo a tiempo! Lo miro de reojo, ¿se avendrá a hacerlo? Hmm, se ha negado a aportar planes, ¿por qué será? Bueno, eso no me concierne. Le diré lo que he pensado, a ver si está de acuerdo. Si funciona, será fácil matar a ese hombre.

-Creo que tengo un plan. No sé si estarás de acuerdo, pero es de las pocas cosas que veo viables. A ver... Se trata de fingir que huyo de ti porque me quieres atacar, y entonces le pido protección al hombre ese. En ese punto, todo dependerá de él, ya que si acepta acogerme será muy fácil llegar hasta él y matarlo. Pero si no, habrá que pensar otro plan. Sé que es sencillo, pero es lo que tengo.

Lo miro. Espero que se avenga porque, si no, ya no sé qué hacer. Me pongo en pie y compruebo que lo llevo todo. Sé que en el desierto es difícil que alguien robe, pero bien puedo haberlo perdido. A ver... La espada, la daga y la bolsita de dinero, que en este momento está vacía. Perfecto, está todo. Miro de nuevo hacia la caravana, y espero a la respuesta de Trosk. Le sonrío, como para decirle que todo irá bien.

-Si no quieres, no tienes por qué acercarte demasiado a la caravana. No sé si te atacarían, y tampoco quiero ponerte en peligro. Ya que me ayudas, lo mínimo que puedo hacer es evitarte riesgos.

Respiro a fondo. Espero que quiera llevar a cabo ese plan, es lo mejor que se me ha ocurrido. Hace demasiado tiempo que no trabajo en equipo, y se siente extraño. Me muerdo el labio inferior, no puedo evitar recordar a Danny. A mi lado, veo a esa niña rubia con los ojos marrones. Cierro los ojos y aparto la vista, ahora no quiero verla, no quiero que me traiga malos recuerdos. Oigo que me pregunta si voy a matarlo. ¿A Trosk? Ni hablar, le respondo entre dientes. Espero que ahora él no me tome por loca, aunque realmente lo estoy. Con un movimiento de la mano, intento disipar a la niña, pero no se va. Oh, vaya. Bueno, no le haré caso. Frunzo el ceño y miro a la caravana, que empieza a alejarse lentamente. Tendremos que darnos prisa. Me alboroto el pelo para que parezca que llevo un buen rato corriendo a bastante velocidad. Tendré que volver a echar mano de mi aspecto inocente, es algo que me viene bien en ciertas ocasiones.
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Re: Vagando por la Tierra Muerta (privada Trosk y Celeste Shaw)

Mensaje por Trosk el Jue Mayo 19, 2016 10:38 pm

Bajó sus antenas al notar que su estrella no parecía ser de utilidad para la chica como señal de desilusión, pero pronto las levantó tan rápido como habían bajado. Se puso de pie sobre la duna y visualizó el horizonte donde la caravana marchaba con unos cuantos animales y en definitiva, los esclavos, descalzos ante la caliente arena del desierto como señal de inferioridad y vergüenza.

Podría aprovechar para arrojar su tridente, que pese a que no era una lanza, algunos de sus rasgos cuadraban con cada una de ellas; longitud, un arma de esta tanto como una y sobretodo, una hoja con la cual estocar. Pero había un problema y ese era el peso de su tridente, que difería debido a su composición y por tal razón no la hacía un arma capaz para poder ser arrojada, o al menos con su fuerza.

Aunque sus ideas eran algo descabelladas para el plan de asesinato a distancia que ella había propuesto, no pudo completarse luego de que Celeste tomase un cambio a un plan mucho más viable y un tanto arriesgado sabiendo que el grupo protegería al líder a toda costa. Aquellos esclavos estaban acostumbrados a la vida de una miserable rata que buscaba lo más aceptable dentro de una vida de horrores como los que les atenuaban, por ello tal vez cantarían a gritos que fuesen asesinados a que protegiesen a aquel hombre como si se tratase de su dios.

Notó cierta preocupación de su compañera en él, como si se tratase de un simple nómada sin jurisdicción en el dominio de alguna arma, o como un pobre diablo. Arrebato de una manera un poco brusca la estrella que le había ofrecido a su compañera y la guardó tan pronto como la tomó de entre las manos de Celeste. — No ser ningún niño. —Le dijo, levantando con ambos brazos superiores su tridente de manera horizontal. — Sé tomar mis riesgos.

Colocó sus afilados dedos de uno de sus brazos superiores sobre su hombro, a lo que dio un pequeño empujón de esta para que descendiese de la duna hacia la caravana. El insectoide levantó con uno de sus brazos el tridente de piedra con doble hoja y lo recostó sobre un hombro. Espero el próximo movimiento de su compañera acorde a su plan, que se notaba un tanto insegura.

— ¿Suceder algo? —Le preguntó.



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Re: Vagando por la Tierra Muerta (privada Trosk y Celeste Shaw)

Mensaje por Celeste Shaw el Vie Mayo 20, 2016 10:33 am

Con sorpresa, siento como me arrebata la estrella de entre las manos. ¿Lo habré molestado? Creo que sí. Yo no quería... Respiro a fondo y lo miro con los ojos muy abiertos. Tendría que disculparme. Sí, es lo que haré, aunque normalmente no lo haga. O, al menos, aclarar que no he querido tratarlo como un niño. Eso es, aclarar el malentendido.

-Sé que no eres ningún niño. No decía lo de evitarte riesgos por eso. Lo decía porque, ya que me ayudas, me sentiría mal si te ocurriera algo mientras me estás ayudando. -bajo la vista y, en un tono más bajo, añado una última frase-. No quiero que me pase como la otra vez. Sé que eres capaz de afrontar riesgos, pero... eres lo más cercano a un amigo que he tenido en años. No sé si podría aguantar que te mataran delante de mis ojos, no creo que pudiera soportarlo. Por eso lo decía, y no porque no te crea capaz de enfrentarte al peligro.

Danny... Te echo de menos. ¿Cuándo volveremos a vernos? Lo siento por ti, pero espero que no sea pronto. Porque si te veo, habré muerto, ¿no? Y yo no quiero morir, no por ahora. Estiro una comisura en una media sonrisa y respiro a fondo. Tengo que estar preparada, este encargo creo que será más peligroso de lo que creía. No me dijeron por nada que querían al mejor, ¿verdad? Tengo que hacerlo. Tengo que estar preparada para ello. Al fin y al cabo, me criaron para enfrentarme al peligro una y otra vez.

Suspiro y vuelvo a mirar hacia la caravana. Tenso los músculos, preparándome para correr. Respiro a fondo y miro a Trosk. Cuando siento su empujón, asiento con la cabeza y echo a correr. Miro atrás un momento, para comprobar si me sigue, pero sigo corriendo. No me detengo, aunque tengo que reducir un poco la velocidad si quiero aguantar hasta la caravana.

Vuelvo a mirar atrás, como si realmente me asustara el insectoide, y empiezo jadear por un cansancio en parte real y en parte fingido. Sin embargo, cada vez hay más parte real en ese cansancio, y la caravana parece que no se acerca demasiado. Aprieto los puños, bajo la cabeza y sigo corriendo en esa dirección, aunque se alejan. Sin embargo, van más lentos que yo, así que acabaré alcanzándolos. Miro atrás de nuevo, creo que ahora Trosk se ha acercado. Frunzo el ceño, ¿cuánto faltará para llegar? Debí calcular mejor las distancias, y eso que normalmente no me falla el cálculo.

No sé cuánto tiempo paso corriendo. Sólo sé que me falta el aliento y que estoy muy cansada. ¡Yo que creía que sería fácil! Además, el calor del desierto hace que me agote más fácilmente. Ahora mismo, me siento al borde de mis fuerzas, estoy casi defallida. Pero aguanto, aguanto un poco más, y el carro y los esclavos cada vez se van haciendo más grandes, se van acercando. Espero llegar pronto. El sudor me gotea por la espalda y el calor me deshidrata, creo que he perdido más liquido del que he bebido antes.
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Re: Vagando por la Tierra Muerta (privada Trosk y Celeste Shaw)

Mensaje por Trosk el Mar Mayo 24, 2016 4:59 am

Había quedado absorto con una mirada pérdida en el horizonte; veía el cielo azul que se alzaba por encima de él y quedaba abismado tras la revelación de su compañera, que había sido su primera amiga a diferencia del sinnúmero de bandidos, asaltantes y otros que pudo hallar. Nunca olvidaría a aquellos cazadores de tesoros a los que ayudó, pero en el fondo sabía que su amistad era pasajera y nunca fue en sí misma verdadera, por los ambiciosos motivos de los cazadores por reliquias antiguas y mientras, él con su sueño juvenil de aventura. ¿Sería ella una amiga de verdad o solamente lo usaba?

Se había ilusionado si ello fuese posible pero, ante las palabras de Celeste, le costaba saber si él podría demostrar ser tan buen amigo como lo era ella para él. Después de todo, la amistad para Trosk era como una nueva palabra. En su tribu, lo más cercano a la amistad era el trabajo mutuo con el fin de formar resultados recíprocos en el esfuerzo de cada miembro de la colonia. Todo era por el bien común de la colonia, pero esa fue la primera vez en la que uno de sus compañeros realmente le importó la vida de Trosk. Pese a las acciones de sus rescatadores, ellos solamente lo habían hecho para beneficio mutuo.

Retomó con su papel dentro del plan actual, justo después de haber notado sobre la duna que Celeste ya comenzaba una ardua carrera por alcanzar a la caravana y que ella fuese notada. Empuño con fuerza el asta de piedra de su tridente, ante la euforia que tenía en aquel momento a bajaba derrapando sobre la colina de arena; corrió y abrió sus fauces de una manera amenazante mientras que comenzaba a correr hacia su compañera, tratando de resultar tan monstruoso como le era posible para atemorizar a la caravana.

A medida que se avanzaba soltando alaridos en su lengua natal, que se componía de sonidos guturales y casi impronunciables para la estructura bucal de un ser humano, notó como la caravana, aunque lenta, no prestaba en lo más mínimo atención a su compañera. Tal vez era el carácter despiadado de su líder o el temor de ser castigados de los esclavos si interferían, pero ninguno de ellos parecía importarle en lo más mínimo, como si la aparente muerte de Celeste por sus manos podría serles de importancia.

El insectoide se le había ocurrido un as bajo la manga al ver el profundo desinterés o ignorancia de su parte sobre ellos. Puso fuerza en su carrera a por Celeste y pasó a su lado, acoplándose en un salto en dirección a una de las ruedas de la caravana; puso la hoja del arma en picada y destrozó tras su caída la rueda de madera.

El carruaje disminuyó seriamente su velocidad y a su vez, a los animales de carga les comenzaba a dificultar el arrastrar el carruaje ahora con una rueda menos.

— No ser lo que querías  —Dijo, mientras que dio un pequeño golpe con su tridente a la puerta que se encontraba en la retaguardia de la carroza—. Pero creo que ser suficiente. Trosk tampoco arriesgaría a una amiga por él.  —Arqueó sus fauces insectívoras de una forma similar a una sonrisa.



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Re: Vagando por la Tierra Muerta (privada Trosk y Celeste Shaw)

Mensaje por Celeste Shaw el Miér Mayo 25, 2016 8:24 pm

Sus alaridos me asustan un poco, pero me tranquilizo diciéndome que no me atacará de verdad. Los de la caravana no me hacen ningún caso, ¿es que no les importa que alguien muera a pocos metros de dónde están? Frunzo el ceño y hago un último esfuerzo por llegar. Cuando estoy a punto, veo que me pasa por el lado, se engancha a una de las ruedas y la destroza. No es lo que había pensado, pero servirá, claro que sí. Le sonrío. Sus palabras me hacen pensar. ¿Me considera su amiga? Vaya... No demasiada gente ha dicho eso, y me halaga.

-Sirve, claro que sí. Y oye, gracias por todo. Por ayudarme... y por considerarme tu amiga.

Veo que golpea la puerta posterior del carruaje con su tridente. ¿Saldrá ahora el esclavista? No lo sé. Por si acaso, más me vale hacerme la desvalida, a ver si así consigo que, al menos, me dé "protección". Saco la espada y la pongo en posición defensiva, y luego susurro a Trosk:

-Haz como que atacas.

Me pongo cerca de la pared del carruaje, como si me tuviera acorralada, para darle un poco más de credibilidad. Entonces veo que la puerta se abre y sale un hombre enfundado con una túnica de seda, enteramente hecha de seda. Pero... ¡Con lo que eso cuesta yo podría comer dos meses! De verdad, me enerva que haya gente tan poco consciente de lo que pueden llegar a sufrir los demás.

------------

El esclavista, objetivo de Celeste, sale del carruaje, molesto por el estruendo que hay fuera, a pocos metros. Entonces ve a una muchacha pelirroja atacada por un insectoide, y frunce el ceño. Con parsimonia, se dirige hacia allí y observa atentamente a los dos personajes, y entonces se limita a ordenar a un esclavo que saque a la chica de esa situación.

El esclavo la agarra por un brazo, pero ella, molesta, se suelta y, con un aleteo, se aleja de ese lugar. Entonces, el esclavista habla.

-¿Quiénes sois y por qué estáis aquí?

Celeste lo mira, disimulando su desagrado.

-Me llamo Celeste, y andaba perdida por esta tierra. Le ruego su protección, señor. Me gustaría enrolarme a su caravana. No tengo dinero, pero puedo pagarle de otra forma.

La mirada del hombre se vuelve lasciva y la repasa una y otra vez. Ella frunce el ceño y tensa los músculos, pero él no parece notarlo. Entonces, fríamente, Celeste dice:

-No me refería a eso. Me refería a que puedo prestarle mis habilidades con la espada y la daga.

Él suelta un sonido despreciativo, seguramente piensa que Celeste no puede ser demasiado ducha con esas armas. Entonces mira al insectoide y le espeta:

-Y tú, ¿qué? ¿No te vas a mover de aquí, te quedarás como un pasmarote?

Entonces ve la rueda rota, mira a Trosk y ata cabos. Siente la ira arder en su pecho y, con un ladrido, manda a unos diez esclavos atacarlo. Celeste se muerde el labio inferior, dispuesta a intervenir si la cosa se complica para su amigo.
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Re: Vagando por la Tierra Muerta (privada Trosk y Celeste Shaw)

Mensaje por Trosk el Sáb Jun 04, 2016 6:00 am

Las acciones del insectoide no habían sido del todo precavidas ni planificadas con exactitud por el mirmidon, si no más bien como un intento forzado de hacer que el objetivo de su amiga saliese del carruaje para que ella pudiese darle el golpe de gracia. Era una forma brusca de llamar la atención de los esclavos y del propio amo de todos y cada uno de ellos, pero lo que el insectoide no había tenido en mente era su gran desventaja numérica frente al grupo que protegía como a un dios a su esclavista.

Cuando el carruaje había frenado, desde la puerta trasera del vehículo había salido un fornido esclavo de piel morena que lo único que tenía para cubrirse del ardor del sol era únicamente unos pobres harapos inferiores; mientras que, un hombre con una apariencia esbelta y excéntrica, de una piel tostada y unos peculiares bigotes y que, a su vez, vestía de unas abigarradas vestimentas, se delató así mismo como el mismísimo amo de los esclavos con aquel rostro en alto que demarcaba toda la arrogancia que tenía ante su posición como dueño de aquellos pobres diablos sin futuro.

Como si fuese un simple mozo no apto para él, aquel hombre no dirigió a nadie salvo a Celeste, que se había encontrado dispuesta en engañar al esclavista antes que matarlo en el acto con tal cercanía entre ambos. Trosk no era alguien tonto, pero tampoco era una persona inteligente. Viniendo de alguien de su primitiva y salvaje tribu, el insectoide hubiese aprovechado para matar a aquel que era su objetivo sin algún problema en particular, pero su raza nunca vio con buenos ojos el uso del engaño o persuasión para cumplir sus metas, si no más bien, el uso excesivo de fuerza.

Justamente y tal como esperaba, el esclavista, tan egocéntrico como se notaba en sus exclusivas ropas con las que trataba de parecer alguien de alta clase, se hacía con un descaro de hablarle de forma maleducada como si el simple poder que tiene de poseer sus esclavos le diese el derecho, con el cual parecía no haberse quedado satisfecho; de la puerta salieron diez esclavos tan pronto como el objetivo de su compañera había soltado órdenes vociferadas en necesidad de protegerse del que veía como un supuesto bandido. Seguramente necesitaba de sus esclavos simplemente como medios para justificar sus fines, y uno de ellos, era seguramente acabar con el desgraciado que había pausado su camino por un simple problema como el perseguir a Celeste.

«Pusilánimes, podrían matar a esclavista hace tiempo en desierto e irse en caravana sin nadie descubrirlos, pero esclavos quedarse sumisos ante este hombre. Celeste tener razón: esclavos tener miedo, pues aún cuando esclavista los maltrate, ellos depender de él» pensó, mientras que estrujó sus garras sobre el asta rocosa de su tridente y, sigilosamente, agarraba con una mano su afilada estrella. Apretó la efigie que llevaba como collar con su otro brazo inferior, como amuleto de la suerte, dispuesto a confiar ahora en las habilidades que sus padres le enseñaron. «Trosk no debe morir, definitivamente no por esclavos»

Unos salieron armados de lanzas y otros, prefirieron ir a la decisiva portando espadas curvas en contra del insectoide. Uno de muchos con una cimitarra en mano se lanzó contra él a la decisiva; desgarró con el lacerante filo de la estrella el estómago de su oponente, que vertió sus tripas en la arena, arrastrándose lentamente hacia el suelo como serpientes moribundas. Pateó el cadáver del primer esclavo a otros dos que venían por delante con sus lanzas, que amortiguó los ataques de las lanzas tras estas perforar y destacar sobre la espalda del difunto.

Corrió contra el costado de uno de sus atacantes y clavó a diestra y siniestra la estrella sobre su nuca tras pasar a un lado suyo mientras se ocupaba por sacar la lanza atorada sobre la carne y huesos del cadáver usado como trampa. Saltó contra la carrocería de madera y clavó sus garras, tanto de brazos inferiores como de sus patas, sobre la superficie del carruaje. Con el impulso de estas mismas emergió de vuelta hacia el tercer esclavo que atrapó en el anzuelo justo como el segundo; se lanzó en un fuerte salto contra él y abatió la cabeza del esclavo con su tridente; sacó de un tirón el tridente de piedra imbuida en la sangre del cráneo gravemente perforado del esclavo y se dio la vuelta hacia Celeste y el esclavista, despistándose por breves instantes del resto de esclavos.

Uno de ellos lanzó un corte contra su espalda, que su coraza le ayudo a resistirlo la mayor parte del daño con algo de suerte. Apretó sus mandíbulas, mientras que se dio la vuelta para golpear la sien de aquel bastardo con un fuerte portazo con el asta de su tridente. Tras tumbarlo, uno de los esclavos le golpeó el rostro tras aprovecharse de su compañero como si fuese un anzuelo. Empujó con el asta el pecho del esclavo y lo arrojó al suelo; clavó todo el filo de la parte inferior del asta sobre la pierna de su enemigo y se agachó a su lado; con sus fauces, cual tenazas al igual que cualquier hormiga, arrancó un pedazo de la garganta de su enemigo de un feroz mordisco.

Alaridos y maldiciones soltaba el esclavo al aire, mientras que apretaba con una de sus manos la parte gravemente dañada por el insectoide, al cual lanzó poco precavidos ataques con su cimitarra, pero que resultaron inesperados para el guerrero en medio del castigo que le infligió. Rajó con un tajo de su cimitarra el torso del mirmidon y Trosk, de una manera impaciente, le escupió el trozo de su garganta arrancada en todo su rostro y se levantó, viendo como este mismo se desangraba.

Junto con la herida en su espalda y la de su torso, líneas de sangre se dibujaban en él por primera vez luego de salir en su tribu. Era su primera batalla, pero una batalla de verdad en la que supo desde el principio lo que significaría. Cuando se levantó, miró los rostros de los esclavos que emitían fácilmente el repudio y el horror de las acciones que cometió contra el esclavo de la garganta destrozada; dejó su boca repleta de una roja manchada del mordisco y, mientras se acercaba hacia su compañera, algunos de los esclavos retrocedían por temor.

— Amo mío, apenas dos de nosotros le han dado y ya tenemos cinco bajas —Murmuró uno de los esclavos, que tuvo el coraje de acercarse a su amo—. ¿Por qué no mejor lo sobornamos? señor, sea piadoso. No queremos morir devorados por un monstruo del desierto. —Apagó su silencio con un vocifero desesperado que delato su cobardía.

— Cállate —Respondió con una frívola mirada y una bofetada contra la cara de su esclavo; pateó la espalda del mismo y lo impulsó contra sus otros compañeros al campo de batalla, mientras que soltó un alarido para animar a sus esclavos a encargarse de Trosk—. Acaben al bastardo, si sigue vivo tras una buena paliza, quiero tenerlo de esclavo o por lo menos, como un trofeo. —Se giró hacia Celeste, a la cual le esbozó extrañamente una sonrisa—. En cambio a ti, si ellos no pueden encargarse de esa aberración, me encargaré de que tú si lo hagas, si es que quieres que te aceptemos.

El insectoide se movía hacia su compañera, alzando una mano en búsqueda de alguna cooperación de ella en su batalla. Repentinamente, una lanza le atravesó un brazo inferior, pero no llegó a cercenar el brazo por mera suerte. Lo sacó y dejó una cascada de sangre fluir sobre el brazo del insectoide, que lanzó un incomprensible alarido de dolor en su extraña lengua natal. Giró su cuerpo hacia un lado y batió el tridente contra la cabeza de aquel esclavo, arrojándolo con aquel golpetazo de piedra en toda su cara. Trató de parar la sangre que fluía de su torso y brazo tapándolo vagamente, con tal de no dar la satisfacción a sus enemigos de que sus intentos habían sido efectivos contra él.

— Ya no eres tan bravo como antes, ¿verdad, hijo de puta? —Dijo uno de los esclavos, con una sonrisa con satisfacción con saber que podría llevarse a la tumba a quien eliminó a sus camaradas.

«Al menos no traicionarte a ti, Celeste» pensó, absteniéndose de su dolor para poner la seguridad de su compañera por encima de todo. — Hazlo ya. —Vociferó, como si fuese una orden y de una manera brusca, bajo un intento de que su agonía no fuese en vano. Era el momento de la verdad en el que ella debería decidir si matar al esclavista o engañarlo por más tiempo en una mentira sin rumbo alguno.



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Re: Vagando por la Tierra Muerta (privada Trosk y Celeste Shaw)

Mensaje por Celeste Shaw el Sáb Jun 04, 2016 12:34 pm

Tenso todo el cuerpo y trago saliva cuando veo a los esclavos atacar a Trosk. Son muchos, seguramente demasiados para él. Sin embargo, no puedo moverme si quiero mantener el engaño durante un rato más. Me muerdo el labio inferior, extiendo las alas, y trato de contenerme. Cuando arranca ese trozo de la garganta de un esclavo, no puedo evitar fruncir un poco la nariz. No estoy acostumbrada a ver ese tipo de muertes, yo soy más partidaria de dar un final rápido.

Veo la sonrisa del esclavista, y oigo sus palabras. Frunzo el ceño, pero todavía no le digo nada. Cuando hieren a Trosk en el brazo, entonces lo miro fríamente y le dirijo la palabra.

-Jamás. No pienso matarlo, por mucho que me lo ordenes. No tienes ningún poder sobre mí. No eres más que alguien que se cree más de lo que realmente es.

-¿Quién te crees que eres para hablarme así, muchacha?

No le respondo, sino que me limito a sisear, alzarme con un aleteo y sacar mis armas. Lo acometo con la espada, buscando directamente su cuello, pero se me escabulle. Yo lo persigo, sin que mis pies toquen el suelo, e intento acometerlo de nuevo, pero me encuentro con que ha sacado una espada y para mi golpe. Me muerdo el labio inferior, indecisa, e intento desarmarlo con un giro de muñeca. Sin embargo, no sirve, ya que se aparta antes de que pueda arrancarle la espada de la mano.

Frunzo el ceño y miro a Trosk durante un instante que el esclavista aprovecha para atacarme, pero me muevo rápidamente hacia atrás y me elevo fuera de su alcance. Me dirijo hasta el insectoide y me coloco cerca de él, sin aterrizar.

-Aguanta, Trosk. Tienes que aguantar.

Veo que el esclavista se mantiene lejos, temoroso. A toda velocidad, volando horizontalmente y con la espada por delante, lo ataco, pero se agacha y recibo un corte en el brazo de la espada. ¡Mierda! No puedo defallir. Estoy cansada por la carrera de antes, y ahora he recibido ese corte. No, no debo rendirme. Tengo un cometido, y ahora estoy muy cerca de cumplirlo.

Guardo la daga y agarro la empuñadura de la espada con ambas manos. Espera... claro. Vuelvo a coger la espada con una mano, que es la buena, y la daga con el brazo herido. Entonces lo acometo de nuevo. Como esperaba, para el golpe, pero la espada es su única arma, además de que la maneja a dos manos, así que aprovecho para llegar con la daga a su costado y clavarla hasta la empuñadura.

La herida es grave, pero no mortal. Me mira, con los ojos muy abiertos, y veo el terror en ellos. Le sonrío dulcemente, como queriendo aliviarlo, antes de volver a atacarlo. Alza la espada de nuevo, pero ya no para el golpe tan firmemente como antes. Vuelvo a alcanzar su cuerpo con la daga, esta vez el estómago, y la vuelvo a hundir. Vaya, si sigue así acabará pareciendo una regadera

Esta vez cae. Está muy malherido, es muy poco probable que sobreviva. Alzo la vista hasta mi amigo, que está herido, y lo llamo suavemente.

-Trosk. Esto ya casi está. En cuanto acabe con él, iré a ver si en el carruaje hay algo para curarte.

Lo remato clavándole la espada en el pecho, y entonces voy hasta Trosk con rapidez. Todavía queda algún esclavo, pero parece que sus ataques son menos frecuentes y menos decididos. Quedarse sin amo ha hecho que sean mucho menos decididos, y se han quedado desorientados. Parece que nunca hayan tenido que tomar decisiones por si mismos.

Por si acaso, acabo con ellos también. No quiero que pase nada por no haber tomado precauciones. Entonces corro hasta el carruaje del esclavista y miro. Veo algunos botes con etiquetas, y leo las etiquetas. Ah, perfecto, hay cicatrizante. Cojo también tiras de tela que había escondidas, y vuelvo hasta mi compañero.

-Ahora necesito que no te muevas, Trosk. Me encargaré primero de la herida del brazo, que es la que tiene peor pinta, y luego de la del torso.

Para no tocar las heridas con las manos, que no están muy limpias, embadurno una de las tiras de tela en cicatrizante y, con cuidado, la paso por el corte que tiene en el brazo. Ha tenido suerte, por poco se lo cercenan. Pero si se le infecta, creo que podría perderlo igual, así que habrá que vigilar que no entre suciedad. Cuando acabo de ponerle el ungüento, le cojo el brazo con delicadeza y se lo vendo. Trato de hacer un vendaje firme, pero que no le corte la circulación. Creo que lo consigo, por suerte. Mientras le voy haciendo el vendaje, las lágrimas se deslizan rápidas y silenciosas por mis mejillas.

-No debería haberte metido este lío -le susurro, apesadumbrada-. Me sabe mal que te hayan herido, sólo me ayudabas. ¿Crees que podrás ir hasta Akhdar? Es adónde debo dirigirme ahora. Y... Gracias.

Después, paso a los cortes del torso. Éstos no se los podré vendar, las tiras de tela no son lo bastante largas para ello. Igualmente le pongo cicatrizante, es mejor eso que nada. Cuando acabo, lo miro y le sonrío, y entonces me siento en el suelo para tratar el corte qeu me he llevado en el brazo. Es profundo, he tenido suerte de que no llegara al hueso. Además, si no lo trato bien, puede dejarme el brazo prácticamente inutilizado, así que más me vale que no se infecte.

Termino de vendármelo, suspiro y cierro los ojos. El aire es cálido, sólo hace que tenga más calor. Entonces abro los ojos y me levanto. Miro a mi alrededor. Varios cadáveres han quedado esparcidos por aquí, como resultado de la contienda.

Hacía tiempo que no me enfrentaba a un encargo tan difícil. Hemos tenido suerte de sobrevivir ambos, creo. Había demasiados esclavos, no he tenido eso en cuenta, y ese error podría haberle costado la vida... No me lo habría perdonado nunca. Por un amigo que hago... Sacudo la cabeza. Lo que importa es que hemos sobrevivido a esto, ¿no? Lo miro y le sonrío, cansada pero satisfecha.
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Re: Vagando por la Tierra Muerta (privada Trosk y Celeste Shaw)

Mensaje por Trosk el Lun Jun 13, 2016 1:22 am

Alzó sus antenas, sorprendido ante la reacción de la chica hacia el chantaje de matarlo por parte del esclavista para enmendar la situación crítica que le hacía perder a sus esclavos en el campo de batalla con el mirmidon. Su compañera alzó sus armas y se armó de valor suficiente como para acabar de una vez por todas al esclavista en medio del desierto. Aquel pobre diablo que se sintió confiado de la herida de Trosk fue en camino a acercarse hacia el combate entre su amo y Celeste, pero Trosk aprovechó para atravesar su espalda con su tridente, utilizando las pocas fuerzas que tenía. Era de una de las ventajas que tenía un hombre hormiga cuando uno de sus brazos estaba herido: tenía tres brazos a su favor.

— Yo resistir, Celeste. —Hizo un gesto con la mano al poco de decirlo, tratando de indicarle a su compañera que continuase con su objetivo sin preocuparse mucho por él.

Muchos de los miembros de la caravana ahora huían de la caravana cuando tenían la oportunidad, pero otros, saltaban de pánico entre los demás y se recluían del resto en lugares angostos dentro de la caravana, temerosos de que fuesen víctimas del ataque a su amo. Los pocos esclavos restantes lo pensaron dos veces antes de seguir en la pelea, luego de la cantidad de muertes horrorosas que presenciaron de sus compañeros, decidieron que lo mejor para ellos sería huir por sus vidas en lo profundo del desierto. Pero cobardes como aquellos no durarían mucho con el arduo calor y el horizonte sinfín del desierto, delirarían antes de alcanzar a conseguir una pizca de agua.

Arrojó el cadáver que se envolvía en el asta ensangrentada de su tridente, que le había salido desde su espalda hasta su pecho de una manera brutal y desagradable. Su rostro estaba empapado con gotas de sangre que habían salpicado tras la rápida y violenta embestida contra el esclavo. Al no haber más hombres dispuestos a dar la vida por su señor, el mirmidon solamente quedó contemplando la breve persecución entre su compañera y el esclavista que tanto habían deseado conseguir. Se sentó en una roca al lado de unos dos cuerpos de esclavos asesinados hace un santiamén y contempló el duelo con detenimiento, con aquellos ojos envueltos de puro ámbar.

Clavó con uno de sus brazos el tridente sobre la arena, con su filo inferior, mientras trataba de tapar la herida sobre el brazo inferior que fue dañado tras sentir un ardor en aquel instante. Su compañera terminó con el esquivo esclavista en poco tiempo, rematando al pobre diablo con una espada atravesándole el pecho, que hacía juego con la daga que desgarraba su estómago.

— Digna muerte, compañera. —Comentó el mirmidon. Se sintió a gusto de haber admirado la forma de combate de su amiga, de la que no solamente era meras fachadas y mentiras a sus víctimas.

Notó como ciertos esclavos aprovechaban el descanso de ambos para salir del carruaje, huyendo en la ardiente arena del desierto con los pies descalzos y con el sol iluminando sus espaldas trigueñas llenas de marcas de numerosos latigazos de su fallecido amo. La libertad no les había parecido tan agría luego de que había sido dada a base del derrame de sangre. Su compañera aprovechó esto para ir a por algo de interés en la caravana, tal vez no solo era una asesina, si no también alguna bandida del desierto. Justo cuando vio que esta trajo unos botiquines para las heridas, cambió de idea y se lamentó haber dudado de ella en aquel instante.

Ella había demostrado su preocupación cuando estaban en el combate, pero Trosk entendía que lo estuviese. Prefería no intervenir en el escape de las lágrimas de sus ojos, no tenía gente que llorará por él si muriera, solamente ella. Lo sintió como un halago y algo por lo que confiar en ella. Justo cuando Celeste vendo su brazo, el mirmidon se paró de la piedra y miró el carruaje con detenimiento, para así luego ver a su compañera vendando su herida.

— No hay porque preocupar ahora que estar bien. —Comentó, tratando de mantener positiva a su compañera tan pronto como acabaron con su encargo—. ¿Ahora dónde pensar ir? acampar con cadáveres no sonar buena idea.

Se acercó hacia el carruaje y contempló el par de camellos atados al carruaje, junto con varios más. Nunca había montado en algún animal, pero era una buena idea para transportarse por el desierto si días era lo que debería de durar mientras siguiese con Celeste. Se dio media vuelta y volvió junto con su compañera, poco tiempo después de pensar las cosas con claridad.

— Carruaje tener animales y nosotros poder montar animales —Dijo, indicándole la opción que tenían para ir a algún otro lugar fuera de aquella zona de muerte—. Por ahora Trosk seguirte, Celeste. Es mejor que ir por desierto sin rumbo, pero Trosk querer pedirte un favor. ¿Podrías enseñar lengua común? —Bajó sus antenas, algo avergonzado de la pregunta.



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Re: Vagando por la Tierra Muerta (privada Trosk y Celeste Shaw)

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