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Mensaje por Celeste Shaw el Miér Mayo 11, 2016 2:09 pm

Sonrío cuando se disculpa y cabeceo, dándole a entender que no se preocupe. Luego, divertida, suelto una pequeña carcajada cuando propone que después hagamos un combate sin armas.

-Yo encantada.

Hago una media sonrisa traviesa, creo que también irá a por todas. Mejor, me gusta ir siempre al cien por cien. Empiezo amagando un ataque a la izquierda, pero lo redirijo hacia la derecha. Me esquiva de un salto. Ah, es rápido. Así me gusta. Enseguida viene un golpe dirigido hacia mi espada, supongo que para desarmarme. Salto hacia atrás, pero no lo evito del todo y quedo con la guardia abierta. Oh, vaya, eso puede ser fatal. Me apresuro a rehacerla, pero no llego a tiempo y, de un salto hacia la derecha, lo esquivo.

Vuelvo a acometerlo, esta vez al estómago, y puede esquivar el ataque y pararlo. Nos mantenemos así un segundo, y luego recupero la posición inicial, en guardia, como si no hubiera atacado. Mi respiración está acelerada y mi corazón desbocado, pero pronto recuperan el ritmo normal. Sonrío ante su halago.

-Gracias. Tú también peleas bien -entonces se acerca e, intrigada, lo miro-. Ha sido un momento de debilidad. Este lugar hace que baje la guardia, ¿no te pasa a ti también?

Sonrío divertida, y me pongo en guardia de nuevo, ya que en cualquier momento podría acometer. Sonrío ante su frase, pero me veo obligada a saltar hacia atrás ante su ataque. Sin embargo, eso no es suficiente, así que interpongo yo mi espada. Los aceros chocan y producen un sonido que me gusta mucho. Lo miro a los ojos y mantengo la posición durante un instante.

-Sigo diciéndolo... No es difícil dormirse aquí.

Acomete el flanco contrario, esta vez más rápidamente. Cuando dice que tampoco sería difícil aprovecharse de una mujer tan bella, frunzo un poco el ceño y le pregunto si él sería capaz, a lo que responde que ya lo hubiera hecho, si hubiera sido capaz. Entre asustada y reconfortada por sus palabras, sonrío. Paro su ataque a la vez que salto hacia atrás.

Ataca de nuevo al mismo flanco, esta vez más lento, por lo que puedo parar su sable sin ningún problema. Sin embargo, no me esperaba que hiciera un giro de muñeca. Me arranca el sable de la mano y éste cae a medio metro detrás de mí.

-Oh, vaya... -susurro.

Sorprendida, veo que se dirige rápidamente hacia mí. Me pasa un brazo por la cintura, mi brazo derecho queda aprisionado entre ambos cuerpos. Lo miro, y susurra que este combate lo ha ganado él. Entonces sonrío. Con mi brazo libre, también rodeo su cuerpo, y entrecierro los ojos.

-Sí que has ganado, sí... Y dime, ¿qué te apetece ahora? -susurro con un tono algo provocativo.
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Mensaje por Gerarld Amattore el Mar Mayo 17, 2016 2:37 pm

Las cosas se ponían interesantes, la pelirroja no cedía ante los comentarios, no perdía la concentración, pensaba que podría lograr alborotarla un poco, pero no ocurría. Mantenía la distancia, mi corazón se aceleraba, podía oler su fragancia, seguro llenas de feromonas para atraerme, el viento agitaba su cabello rojizo dándole un tono angelical, mas su cara, aunque algo colorado parecía más picara, o eso me parecía.

Pronto mis pensamientos de que la joven era una muchacha inocente se disiparon cuando su brazo libre me rodeo y también me atrapó. No había indicios de querer escapar de mí, ni de temor.
Tiempo atrás, puede que demasiado desde la última vez que estuve con alguien de mi especie, había olvidado que entre mi raza somos más proclives a engatusar y ser engatusados. Seguro que una humana no hubiera reaccionado igual, y de las elfas ya ni hablamos.

Pero no, ella no era tan recatada como pensaba en un principio, y ahí estábamos, con apenas espacio para que corriera el aire entre nuestras dos caras, mirándonos. Ella sonríe ante mi comentario y me responde susurrándome -Sí que has ganado, sí... Y dime, ¿qué te apetece ahora?
Igual son las hormonas, igual la raza, igual su increíble atractivo o mi increíble necesidad, pero a penas y le di tiempo de acabar la frase. Mis labios se juntaron con los suyos, abriéndose un poco solo para volver a cerrarse manteniendo un beso prolongado, mis ojos estaban cerrados, y mis alas abiertas del todo, el corazón se aceleraba. El beso se volvía cada vez más apasionado. Solté su brazo atrapado de la trampa, mientras seguía besándola, luego la rodee fuerte con ambos brazos e interrumpí el beso solo para gentilmente, y ayudado por el aleteo de mis alas, la tire de espaldas y a mí encima de ella. Era una preciosidad, las alas abiertas, los pechos prominentes, el cabello de pelo tan vivo, y unos labios tan carnosos y pasionales.

-La verdad aún estoy pensando que deberíamos de hacer, igual volvamos a la taberna y comernos otro filete- Dije de forma picara, dejando que se notara bien el tono burlón. Sonreí y le di otro buen beso, uno de esos que quita el aliento, que cuando paras de besar necesitas un segundo o dos para recuperarte y luego seguir.

Mientras la besaba, mis manos no paraban quietas, acariciaban suavemente la piel de seda de Celeste, a veces sentía como se le ponía la carne de gallina cuando los dedos apenas y rozaban la piel. Mi propia piel hacía lo propio cuando sentía sus dedos desplazarse por mi piel.

Pensaba preguntarle hasta donde pensaba llegar, pero era una divium al fin y al cabo, esa pregunta sería estúpida y estaría de más.
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Mensaje por Celeste Shaw el Mar Mayo 17, 2016 8:00 pm

Permanecemos unos segundos así, con el brazo rodeando la cintura del otro, hasta que me besa. Mis alas se extienden y cierro los ojos por completo. Ah, nunca me habían besado así. Me dejo llevar, siento sus brazos rodeándome y estrechándome fuertemente, y yo también lo abrazo. Con una mano, sujeto su cabeza para que no se separe de mí, y pongo la otra en su espalda. El beso me quita el aliento, es fantástico.

Abro los ojos cuando me tira de espaldas al suelo, sorprendida. Mis alas se extienden y, ya por instinto, tenso el cuerpo, pero me obligo a relajarme y dejo que me tumbe y se coloque encima de mí. Sonrío pícaramente cuando dice lo de volver a la taberna.

-¿Y si nos quedáramos un rato aquí? Se está muy bien.

Con la respiración acelerada, lo miro. Vuelve a besarme y, esta vez sí, me quita el aliento. Siento, además, sus manos recorrer mi cuerpo, y no puedo evitar que las mías también recorran su cuerpo. Su piel es suave, me gusta ese tacto. Le acaricio el cuello con las puntas de los dedos, y luego introduzco las manos por debajo de su camisa. El beso apasionado me roba el aliento, tengo que despegar los labios de los suyos para coger aire, pero al cabo de dos segundos vuelvo a juntarlos.

No puedo estar demasiado tiempo simplemente besándolo, aunque nuestras manos recorren el cuerpo del otro, eso se me queda corto. Despego los labios de los suyos, pero lo hago muy lentamente, de modo que parezca que no hago más que alargar el beso. Empiezo a deslizarlos por su mandíbula, hasta que llego a su cuello. Lo beso y luego lo mordisqueo suavemente. Siento su mano en mi nuca, agarrándome, los dedos colándose entre mi pelo. Su mano va deslizándose por mi cuerpo, y yo no la detengo. Llega al culo y siento su agarrón. Cierro los ojos, me gusta que haga eso.

Siento que va a besarme otra vez. Sonrío y junto de nuevo mis labios con los suyos. Cierro los ojos de nuevo, sus besos me quitan el aliento, y tengo que parar un segundo para coger aire de nuevo. Lo rodeo con mis brazos y lo aprieto firmemente contra mi cuerpo. Cuando lo suelto, empiezo a desabrocharle los botones de la camisa. Siento sus manos encima de las mías, ayudándome a desabotonarle la camisa, y sonrío. Vuelvo a subir la cabeza para besarlo, mientras desbrochamos el último botón. Entonces agarro su camisa y se la quito. Despego poco a poco los labios de los suyos y los bajo de nuevo hacia su cuello, y vuelvo a sentir su mano en mi nuca. Le doy un pequeño mordisco en el hombro, cuando llego, y entonces empiezo a cubrirle el cuello y la clavícula de pequeños mordiscos y, puntualmente, alguna lamida.

-No nos moveremos de aquí, ¿verdad? Nos quedaremos un rato más... -susurro junto a su oído, y a continuación le mordisqueo el lóbulo.

No quiero levantarme, sólo quiero seguir tumbada debajo de Deckart, besándolo y... quién sabe si haciendo algo más. No esperaba encontrar a un Divium por aquí, hace muchos años que no veo uno, y no pienso desaprovechar esta oportunidad.
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Mensaje por Gerarld Amattore el Jue Mayo 19, 2016 3:37 pm

Esos suaves y sensuales labios no paraban de besarme, mientras acariciaba su delicada y hermosa piel, mi mano no podía detenerse, debía de saborear el tacto de ese culo perfectamente embutido en sus pantalones ajustados que antes había visto, apretó con relativa fuerza mientras me concentro en la sensaciones que recorren todo mi cuerpo, desde los labios hasta lo que sienten mis dedos, pasando por donde siento los dedos suyos. Mi cuerpo pegado al suyo, la adrenalina subiendo, el deseo subiendo. La temperatura subiendo.

Siento como sus besos llegan a mi cuello, no puedo evitar estremecerme en ese punto, la verdad es que me gusta mucho. Pero lo que de verdad no puedo evitar es no buscar sus labios, cada vez que nos separábamos volvía a buscarlos. Era una inquietud, una necesidad, quería seguir besándola.

Comienza desabrocharme la camisa, sonrió y ayudo en la empresa, la ayudo a quitarme totalmente la prenda incluso por el lado de las alas, donde quito los dos botones que mantienen la camisa cerrada en la abertura de las alas.

Una vez sin camisa, la suave brisa me acaricia la piel, refrescante, y necesaria para intentar mantener mi temperatura bajo control, pues por donde pasaba su mano mi piel se encendía. Y la lluvia de besos seguía. Comenzó nuevamente a bajarme por el cuello, mordisqueando y besando, mi mano de deslizaba entre sus cabellos, pegada a la nunca, manteniendo la pegada a mí. Se me acercó al oído y no pude evitar sonreír.

-Nos quedaremos lo que haga falta- Me quede mirando esos intensos ojos azules durante un segundo, un segundo o dos, es lo que aguante.

Entonces la lujuria digna de mí, tomó posesión de mi cuerpo, estaba tremendamente excitado, y mi amigo lo demostraba abultando entre el pantalón.  
Seguíamos alternando besos con acciones, pero yo ya buscaba más. No podemos negar que aquella linda divium tenía un generoso pecho, y yo estaba impaciente por verlo. Mis caricias, llegaron hasta el final de su camiseta de tirantes, deslice los dedos por debajo de la misma, aparte mis labios de aquella bella mujer y baje hasta su ombligo ahora al descubierto pues había subido la camisa.

A partir de ahí subía la camisa poco a poco, y acompañaba el movimiento con besos, poco a poco. Como estábamos acostados, y ella debajo, no podría quitar del todo la camisa mientras se mantuviera en esa posición, así que a pesar de ser osado, y esperando que no hubiera problema, seguí subiendo hasta llegar a la pechos, que descubrí para poder admirarlos bien.
Eran bonitos, grandes, colores claros y para qué negarlo, sabrosos. Pues subiendo mis besos no pare al verlos y también los bese.

Pero Celeste se dio cuenta de que no pensaba subir más la camisa por estar ella acostada, así que se incorporó un poco, recogió las alas, y como pudo se quitó del todo la camisa, y recuerdo nuevamente que pocas mujeres son tan bellas como las diviums de buen ver.

Después volví a subir hasta sus labios, para darle un buen beso mientras una de mis manos masajeaba el pecho, que casi no me cabía en la palma de la mano. Pero un comentario suyo me tomo por sorpresa. Me incitaba a ser más brusco, si no debo temer por ella… así sea. De aquí en adelante, todo sería descontrol, y eso estaba bien. Muy bien.

En seguida la bese, apasionadamente, la deje sin aliento mientras aferraba uno de sus pechos con mi mano diestra. Justo al final del beso, dejándola sin aliento me separe de sus labios y rápidamente baje al pecho, besando con fuerza el pezón e incluso mordisqueándolo, mientras lo sujetaba firmemente con mi mano. Entre la pasión y el beso, no dejábamos de movernos producto del placer que iba en aumento. Mis acciones eran cada vez más bruscos, mi delicadeza ya era inexistente, y mi otra mano, sin control, se unió a la fiesta, agarraba con fuerza el otro pecho, y luego se paseaba por la piel hasta la altura del pantalón, colándose por debajo para agarrar con fuerza la parte del culo que no estaba pegada al suelo.
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Mensaje por Celeste Shaw el Jue Mayo 19, 2016 7:29 pm

Siento que busca constantemente mis besos, y yo le correspondo apasionadamente, casi con ansia. Mis manos, fuera de control, se deslizan por su espalda y su pecho, todavía más cuando acabo de quitarle la camisa. Sus manos encima de las mías me hacen estremecer, y sus besos me quitan el aliento. La brisa me refresca, y me va bien, ya que empiezo a sentir un ardor en el pecho que me es familiar y placentero, pero que me abrasa.

Vuelvo a estremecerme cuando siento sus dedos deslizarse debajo de mi camiseta, y subirla poco a poco, acompañándola con besos que hacen que mi respiración se acelere y luego se convierta en una serie de jadeos desacompasados. Cierro los ojos y, cuando empieza a besarme y masajearme los pechos, suelto un respingo por la sorpresa, pero enseguida me recupero y mi respiración vuelve a convertirse en los jadeos desacompasados de antes.

Cuando me sube la camiseta lo que puede, yo me levanto un poco, repliego las alas y como puedo me la quito. La dejo por ahí, de cualquier manera, se puede decir que la lanzo en dirección al cinturón, pero no sé dónde aterriza. Un nuevo beso en los labios me sorprende y el agarrón al pecho también lo hace. Le rodeo el cuello con los brazos, y ese instante parece que se congele y no vaya a acabar nunca, pero lo hace. Acaba. El masaje que hace en mi seno es agradable, pero se me queda corto y, entre jadeos, le susurro:

-Más fuerte... No tengas miedo, que no me harás daño. Pero hazlo tan fuerte como quieras.

De repente, su agarrón se hace mucho más firme y su masaje, se puede decir que brusco. Me besa de nuevo, y le correspondo intensamente, cerrando los ojos. Me deja totalmente sin aliento, y tengo que tomarme unos segundos para recuperarlo, pero enseguida acomete otra vez, esta vez besando y mordisqueándome un pezón, lo que me hace soltar pequeños gemidos que suben de volumen en cuanto siento su agarre en mi nalga, por debajo del pantalón. Lo desabrocho y me lo quito enseguida, no lo aguanto más. La brisa me golpea las piernas y las refresca, estoy ardiendo.

No imaginé que podría volver a sentir tanta pasión, esto es genial. En un instante, me pasan por la cabeza todos los momentos que viví con Danny antes de que lo mataran, y por un instante me parece verlo encima de mí, pero no es él, es Deckart, y estoy bien con Deckart. Le agarro la cabeza con una mano para que no se despegue de mí, a la vez que deslizo la otra hasta su cintura y luego sigo bajando, y lo agarro firmemente. Frunzo levemente el ceño de puro placer, e intento que mis gemidos no suban de volumen. Lo suelto, y deslizo mi mano por su espalda, arriba y abajo constantemente, sin que pare de moverse ni un solo instante.
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Mensaje por Gerarld Amattore el Vie Mayo 20, 2016 1:36 pm

Mis ansias mi necesidad, mis ganas de arrancarle la ropa eran enormes, aunque innecesarias, una vez le agarre por debajo del pantalón ese jugoso culo que tiene, ella misma se despojó de toda ropa. Ahí la tenía hermosa, desnuda, prendida en fuego y placer, y conteniendo pequeños gemidos, pequeños gemidos que entraban en lo más profundo de mi, gemidos que me encendían cada vez que lo escuchaba. Una melodía como ninguna otra, el mejor uso que pueden darle al aliento.

El encuentro avanzaba, y por buen pie, la mujer impaciente por empezar demostraba sus intenciones claras, su mano bajaba suavemente hasta por fin encontrarse con un miembro totalmente erecto e hinchado. El agarre provoco un estremecimiento en mi cuerpo, mis alas se estremecieron, mis cabellos se erizaron y mi miembro comenzó a hincharse más si cabía, ahora tenía su propio pulso por el contacto con la mano femenina. Un pulso desgarrador pues lo sentía muy fuerte, quería salir de la prisión de tela, pues la misma hasta lo lastimaba de lo sensible que se estaba poniendo.

Mi mirada mostraba una picardía una pasión impresionante como respuesta de su movimiento. Y cuando lo liberó de su agarre, yo decidí liberarlo de su prisión. Así que me revolví torpemente como pude para quitarme los pantalones lo más rápido que podía y seguir pegado a ella, seguir excitándola.

Ahora la ofensiva había cambiado, ahora tenía todo el cuerpo como terreno de batalla, pero no tenía tanta paciencia como para jugar con todo su cuerpo, pero si la suficiente como para querer torturarla un poco. Mis manos se deslizaban por sus pechos, mis labios buscaron sus labios, y una de las manos bajo suavemente por el centro de su cuerpo, casi rozando su piel, escalando el monte de venus todo a velocidad constante, para parar en el último punto. Parar dos segundos, tal vez uno. Aunque pareciera una eternidad. Y finalmente alcanzo el punto en el que activaría todos los sentidos de aquella divium. El punto donde las mujeres gritan y gimen cuando lo acaricias. Y eso es lo que buscaba.

Sus gemidos aumentaron, pero mis manos no pararon, movimientos circulares, sutiles, con diferentes velocidades para provocar distintas reacciones, que no se acostumbrara al masaje erótico que estaba recibiendo aquel clítoris. La mujer tenía la cara perdida en placer, me pedía que entrara ya en ella, con cada centímetro de su ser.

Por eso calme mi mano, calme mi pulso, mas imposible calmar mi corazón que latía a toda velocidad, mi pecho estaba pegado a su cuerpo, mi cara a pocos centímetros de la suya, y mi mano justo encima de la abertura de su sexo, tanteando el terreno, comprobando que efectivamente había suficiente humedad como para entrar… y entro, un dedo primero, rápido hasta el final, acompañado de un estremecimiento de la mujer, y obviamente de mi propio cuerpo que absorbía cual empático ser las emociones, y el placer. Un gemido desbordo el ambiente y mis propios pensamientos. Quede ciego sordo y mudo. Bueno mudo no mi respiración aumentaba mucho, el dedo salió un poco solo para volver a entrar con un segundo dedo. Ambos dedos entraban y salían varias veces y yo busque ahogar sus gemidos con mis besos, mis labios cubrían los suyos, mis dedos no paraban quietos.

A penas y podía respirar mientras la besaba y movía la mano. Quería mas, lo notaba en su voz, en sus miradas. Tercer dedo. Pero esta vez la historia era otra. Los dedos una vez lo más profundo que podían llegar, no entraban y salían, simplemente se movían como 3 serpientes independientes, arriba y abajo.
Mis muchas aventuras me ayudaron a comprender bien el cuerpo humano… Por medio de gemidos y tacto enseguida sabia donde estaba su punto G, y ahí fue a donde los dedos revoloteaban sin parar.

Los gemidos me volvían loco. Mientras metía mano me colaba entre sus piernas, mis labios nuevamente fueron a parar a sus pechos que succionaba con pasión mis dedos no se detenían, y la mano libre la usaba de apoyo contra el suelo para poder moverme bien.

-quieres cuatro dedos? Cierra los ojos así sentirás mejor como entran- Era malvado, lo sabía, sabía que ella no quería más dedos, pero me gustaba esto. La mujer esperaba cuatro dedos, pero yo en posición, saque los 3 dedos, e introduje mi sexo.

Pensaba que los dedos habían mojado y dilatado lo suficiente y así fue, mi sexo entro rápido, veloz, lubricado como estaba ella no me costó demasiado, tal vez un poco los primeros centímetros, pero luego llego hasta el final de una sola metida. Toco el final, y no pude evitar estremecerme y soltar el aire bruscamente.
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Mensaje por Celeste Shaw el Vie Mayo 20, 2016 2:29 pm

Mi mano sigue delizándose y, cuando lo agarro, siento el miembro duro, erecto, hinchado; su fuerte pulso parece que retumba en la palma de mi mano. Eso no hace más que encenderme, hacer que el ardor del pecho se acrecente e inunde todo mi cuerpo. Lo suelto y subo de nuevo la mano por la espalda, y lo miro, lujuriosa. Veo en sus ojos el mismo sentimiento que me invade, pero multiplicado por cien o por mil, y clavo mi mirada en la suya, con la respiración acelerada.

Se quita el pantalón y vuelvo a mirarlo, esta vez intrigada. ¿Qué hará? ¿Me dolerá? Bah, tonterías. Si nunca me ha dolido, ¿por qué iba a hacerlo ahora? Sus labios buscan de nuevo los míos, y le correspondo desesperadamente al beso. Sus manos en mis pechos hacen que me estremezca y cada vez quiera más, lo que hace ya no es suficiente, necesito más. La lujuria me invade totalmente, cierro los ojos y mi expresión es reflejo de lo que ocurre dentro de mí, en mi cabeza, del sentimiento que me domina.

Una de sus manos se dirige hacia mi entrepierna, casi rozándome, y arrancándome jadeos desacompasados. Me muerdo el labio inferior y lo miro, impaciente, ávida de sentir ya su mano justamente en ese punto. Cuando llega, para durante unos segundos que me parecen una eternidad, pero que me permiten recobrarme. Lo miro, con deseo, a la vez que mi respiración se calma. Esos dos segundos se me hacen eternos, increíblemente largos, y contengo la respiración.

Al fin llega, al fin empieza a acariciar ese punto, y yo no puedo evitar gemir. Ya me es imposible contenerme, el placer me obliga a soltar gemidos que, cada vez que acelera la velocidad, aumentan de volumen. Me siento fuera de mí, ya no controlo mi cuerpo.

Su cara está a pocos centímetros de la mía, su pecho pegado al mío. Su respiración cálida me hace cosquillas en la nariz, y cuando su mano baja el ritmo lo miro, entre lasciva y cansada. Sin embargo, no quiero parar, y suelto todo el aire de golpe cuando siento la mano de Deckart tantear y, a continuación, su dedo entrar rápidamente. Empiezo a gemir de nuevo, sin poder contenerme, cada vez más alto, sobre todo a partir de que mete el segundo dedo y ambos se mueven en mi interior.

Pero el punto álgido es cuando hace entrar el tercer dedo. Echo la cabeza atrás, mis alas se estremecen y mi ceño se frunce. Empiezo a gemir, cada vez más alto, hasta que suelto verdaderos alaridos, sonidos realmente fuertes. Siento los tres dedos dentro de mí, como tres serpientes, y un beso me roba el aliento. Ah, ¡me gusta tanto! Gimo, casi sin tomar aire porque no puedo. Entre jadeos, conteniéndome para no gemir, digo:

-Más... por favor... quiero uno más.

Parece que hace caso a mi petición, así que cierro los ojos como me dice. Mi respiración está acelerada y mi corazón desbocado, y espero con ansia el cuarto dedo, pero siento algo distinto. Cuando abro los ojos y lo veo, sonrío. Mi respiración vuelve a acelerarse, y no puedo evitar deslizar mis manos hasta él y agarrar sus posaderas. Lo empujo hacia mí, a la vez que empiezo a mover las caderas. Primero lo hago acorde a sus embates, y luego empiezo a moverme por mi cuenta.

Alzo un poco la cabeza, buscando sus labios con ansia y desesperación. Suelto una de las manos y la llevo hasta su cabeza, lo sujeto para que no se separe de mí hasta que lo hago yo, y le acaricio suavemente la nuca. Entonces cojo una de sus manos y, sin detener los movimientos de mi cadera, la conduzco hasta mi pecho para que vuelva a agarrarlo. Sus embates hacen que jadee y no pueda hablar, pero creo que he dejado claras mis intenciones. Echo la cabeza hacia atrás, descubriendo mi cuello, y no puedo evitar que mi ceño se frunza.
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Mensaje por Gerarld Amattore el Miér Mayo 25, 2016 8:06 pm

Una vez dentro, todos los sentidos de mi cuerpo se dispararon. La entrada en su ser, en su vientre, desencadeno un escalofrió que partió desde ahí, y subió hasta la nuca usando la columna como carretera. El placer era enorme, siempre me encanta el principio, la primera acometida. Es de las mejores sin duda.

Una vez dentro, hubo un segundo de espera, en el que ambos nos miramos, antes de seguir con nuestra pequeña e íntima relación intercorporal. Ella me agarro, y ayudo a la penetración, primero al compas, luego supongo que se empezó a descontrolar, cosa que no culpo pues yo también, mis movimientos eran ritmos con distintos tiempos. No quería aburrir con una misma melodía monótona, por lo que la intensidad cambiaba… A veces sus gemidos me excitaban de más provocando que me moviera más rápida y fuertemente. Otras, bajaba el volumen de la intensidad para concentrarme en la sensación.

Su actitud de hacer que siga jugando con sus senos no hacía más que la deseara más intensamente. Mis jadeos acompañaban mis movimientos, mi mano apretaba con fuerza, tal vez me pasaba un poco con los apretones, pero me encantaba escuchar sus reacciones sus gemidos cada vez que apretaba, o cada vez que llegaba al final de su interior.

En una de esas veces que ella en un gemido de placer que se echaba para atrás, ataque su cuello, succionando con un beso y si dejaba una marca? Estaba seguro de si dejaba o no, no era tan importante como el hecho de que aquella acción le parecía placentera.

Ahora era hora de cambiar… decidí, ser un poco más impulsivo, ella bien merecía todo el placer que pudiera darle, y estaba dispuesto a dárselo. Me incorpore un poco, dejándola acostada, la saque gentilmente, y me puse de rodillas, pase mis brazos por debajo de sus piernas y agarrándola por el culo con ambas manos levante su cadera hasta la altura de mi pelvis, tenía las piernas colgando por detrás de mí, y viendo su cara lujuriosa llena de gozo, me hizo no querer jugar esta vez con ella, pues también tenía ganas de meterla cuanto antes.

Mi sexo volvió a entrar en el suyo. Otra vez ese estallido de placer momentáneo, y un gemido enorme por su parte, mis jadeos constantes acompañaban el momento. Con esta posición más cómoda para mí, podía ser más rápido, más fuerte, e incluso tenía la sensación de que también llegaba más adentro.

Así que estuve un buen rato con una acometida rápida, fuerte, y duradera… Cada vez que subía de volumen sus gemidos me hacían querer ser más rápido y más fuerte, quería que sus gemidos ahuyentaran los pájaros y los animales cercanos si hacía falta… mi éxtasis era enorme… mi placer, más de lo mismo. Mi miembro palpitaba como hacia muchísimo tiempo no lo hacía, hinchado no daba tregua a aquella bella divium. A aquel ángel de senos preciosos y cabello rojo.
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Mensaje por Celeste Shaw el Miér Mayo 25, 2016 9:50 pm

El primer embate me toma por sorpresa, pero luego empiezo a moverme por mi cuenta. Sus embates van variando la intensidad, y eso me gusta mucho. Trato de adecuar mi ritmo al suyo, pero cada vez va cambiando y no lo logro. Me arranca gemidos que suben el volumen cuando sus embestidas son más intensas. Por más que lo intento, no puedo ir acorde con sus embestidas, ya que va cambiando el ritmo.

Cuando llevo su mano hacia mi pecho, veo que enseguida capta mis intenciones, y agarra y masajea mis senos, haciendo que mis gemidos suban de volumen, ya que recibo placer por dos lados. A veces siento sus agarrones bastante fuertes, casi demasiado, pero no llega a pasarse del todo. Llega a ese punto en el que me duele, pero a la vez es placentero. A mis gemidos se les suma un matiz de quejido, pero no es nada importante, no se siente mal del todo. Echo la cabeza hacia atrás, y siento como ataca mi cuello. Suelto más gemidos, no puedo evitarlo. Ah, ¡me gusta tanto! No me importa si deja marca, no le debo explicaciones a nadie. Si me la deja, pues que lo haga, lo que me importa es que su acción me resulta placentera.

Siento como la saca sin ser demasiado brusco, y lo miro como pidiendo un tiempo para reponerme. Sin embargo, no me lo da, ya que enseguida me agarra por las piernas. Se pone de rodillas y alza mi cadera para que esté a la misma altura que la suya, entonces vuelve a entrar bruscamente. Yo suelto un alarido como no he soltado en todo el rato, cierro los ojos y echo la cabeza atrás.

Sus embates cada vez son más fuertes y duraderos, la intensidad va subiendo y, con ella, el volumen de mis gemidos. Me dejo llevar por el placer, esto es fantástico. Agarro varias briznas de hierba, llego a arrancarlas para tratar de bajar el volumen de los sonidos que suelto, pero es inútil, y pronto lo dejo. Es tan... ¡ah! Tan placentero... Casi me impide pensar con claridad, y simplemente dejo que mi mente se nuble con todo el placer que siento.

Abro de nuevo los ojos y, haciendo fuerza con los brazos, me alzo para verle la cara. Quiero verlo a él, aunque sea sólo un instante. No estoy demasiado rato, y pronto vuelvo a quedar tumbada, con los ojos cerrados y soltando gemidos, ya casi a punto de entrar totalmente en éxtasis.

Siento algo removerse en mi interior, sé muy bien qué es. No me esperaba que ocurriera tan pronto, pero no quiero parar por eso. Si eso puede ser, mis alaridos aumentan el volumen, y una explosión de placer me sacude el interior y me deja temblando, sin dejar de soltar gemidos.

-No pares... por favor, quiero seguir... -digo débilmente.


Última edición por Celeste Shaw el Lun Nov 07, 2016 2:41 pm, editado 1 vez
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Mensaje por Gerarld Amattore el Vie Jun 03, 2016 3:40 am

Meses? Bueno creo que años, desde la última vez que yací con una divium. Y no recordaba lo bueno que era, lo mucho que me gustaba, el pulso propio del miembro que de por si vibraba solo era opacado, por los embates que hacía. Agarraba fuertemente sus nalgas mientras entraba y salía sin descanso. Me gustaba, me gustaba muchísimo. Y mis jadeos incesantes e incontrolables lo demostraban.

Aquella hermosa mujer a veces se incorporaba un poco, podía ver su rostro, su cara de lujuria desataba en mí una sensación difícil de explicar, solo superada por la cara que ponía al cerrar los ojos y volverse atrás para gemir. En una de esas unos grandes gemidos seguidos de temblores, me revolucionaron.

-No pares... por favor, quiero seguir...- dijo ella casi en un susurro debilitado por sus gemidos.

-Acabas de llegar tu primera vez?-
pregunte picarón, aunque faltándome el aire para acabar bien la frase.

-Nadie ha dicho de parar nada aun… confieso que me has excitado…-digo pausando pues no puedo hablar de corrido- mucho, pero muchísimo… por mi como si pasamos toda la tarde aquí- Al final de la frase hago una sesión intensiva, quería dejarla sin aliento por unos segundos, y me esforcé en dar placer intenso.

Pero de unos embates, y de acercarme para besar y chupar sus pechos, saque suavemente el miembro y la recosté en el suelo. –Quiero cada centímetro de tu cuerpo, y ahora toca de espaldas- Diciendo eso le tendí una mano para ayudarla a incorporarse un poco – así tus alas tienen cierta libertad, y yo disfruto de otra vista… además a lo perrito se llega puede golpear más fuerte adentro del útero-

Una vez puesta ella de rodillas y mirando en dirección el pueblo, por mera “casualidad”, metí un par de dedos serpentinos que rápidamente se agitaron y golpearon contra el punto G durante unos segundos. Arrancaron un par de gemidos suaves, en comparación con los últimos que he oído. Y volví a meterle dentro aquello que tantas ganas tenia de meter.

Personalmente, me estaba volviendo loco, al entrar dentro de ella mis alas se extendieron por reacción pura, y las suyas estaban también extendidas, tarde un segundo o dos inmóvil solo disfrutando de su cálido y apretado interior, antes de volver a la faena. Ahora podía ver su esbelta figura desde atrás. Sus curvas femeninas, e incluso esa cicatriz que aclara que la mujer no es nada delicada como parece a primera vista.

Tenía mis manos en sus posaderas, agarrando ese firme pero de aceptable esponjosidad trasero que tanto quería agarrar. Las manos estaban justo por la parte más baja de cada nalga, abiertas del todo para intentar agarrar el máximo de carne, y ambos pulgares hacia adentro, se encargaban de que al agarrar, lo hiciera lo suficiente adentro como para poder separar un poco los labios vaginales. Tenía ante mí una escena exquisita. Mientras veía como su cuerpo se amoldaba a mí mientras salía y cuando entraba, veía como me succionaba y lo sentía perfectamente. Otra vez, se me hizo imposible controlarme y mi rudeza y velocidad aumentaron bastante.

Acabe por soltar sus posaderas, apoyar mi pecho en su espalda, poner una mano en el suelo para mantenerme firme, y la otra mano rodearla para agarrar uno de los pechos, que ahora bailaban al son de nuestra canción. Balanceándose con cada compas de caderas. Y acompañados por mis jadeos y sus gemidos.
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