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Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Hemmi Chinaski el Mar Jun 07, 2016 8:06 am

El camarote de Santi era uno de los primeros en el pasillo, por lo que se podía oír la campana que llamaba a comer tan cerca que llegaba a ser molesto. Pero me era imposible caer en el enojo en aquel momento, cuando estaba a mis anchas sobre el mullido colchón de plumas y bajo capas de sábanas limpias, de tela cara y suave. Me bajé de la cama con la gracia de un gato y me estiré como si hubiera dormido doce horas seguidas, aunque tan solo dormí desde que zarpó el barco. El pequeño hogar del teniente era un sitio agradable, la madera de las paredes tenía una brillante capa de barniz y estaban delicadamente decorados con varios cuadros, una dama, un paisaje marítimo y una casa en un valle, cada cual más caro que el anterior. Levanté mi kimono de la silla del escritorio, donde reposaban varios papeles, tinta,  plumas y un pequeño florero con lavanda, que le daba al lugar una fragancia agradable, pero algo afeminada para mi gusto. Decidí dejar la katana en su esquina, junto a un sillón beige con respaldo y brazos de madera muy oscura, quizá caoba, que hacían juego con la madera de la cama, pues no tenía necesidad de cargar su peso para ir a comer. Me até mi sedosa vestimenta, me dejé el cabello suelto y a pies descalzos sobre la blanda alfombra salí del camarote.

Llegué de las primeras, el enano hablaba de lo delicioso que había cocinado aquel día, y no pude sino impresionarme de su buena mano, el plato de entrada llevaba una salsa que si bien iba algo cargada de ajo era acompasada con el sabor de los champiñones. Santi comió a mi lado y trató de camelarme para recuperar su sitio, incluso sacó su laúd y comenzó a tocar varias canciones, pero fui dura y ligera, hablé con encanto y zafé de la situación. Sabía llevar a tipos como él, el típico prototipo de macho conquistador que se encama con todas y cada una de quienes logra cautivar. Un cazador.
Rott, el enano de la cocina me pareció mucho más comedido en su plan de conquista, él por su parte me ofreció una sopa de mariscos, un regalo sin compromisos, dijo, y que podía continuar con un bajativo luego, sólo si quería. Un tipo muy cauto. Acepté de buena gana, no tenía motivos para dejar pasar bebida gratis y encima conocer a gente nueva. Tenía una sonrisa sencilla y además cocinaba genial, no se me ocurrieron motivos para deicr que no. Santi luego de aquello se mostró un poquito hosco, o eso me pareció, y terminó descargando su apatía contra otro de sus compañeros, quien claramente borracho salió tambaleándose por la puerta.

Luego de la comida obtuve mi sopa, varios pasajeros dejaron la sala y el enano sin perder el tiempo acomodó una mesa cerca de una tranquila esquina y bajo la luz de las lámparas para conversar. La chica que se ocupaba de los platos se fue a la cocina y el sonido de sus manos contra el agua fue nuestra música de fondo. Rott charlaba sin parar, yo asentía, si bien era buen chef, no lo era tanto llevando una conversación.
Estuve mucho tiempo en la cárcel, allá en Ciudad Esmeralda, bueno, de hecho cerca de ahí. ¿Has estado en la cárcel? Bueno, no lo creo, no es un sitio para una dama como tú, aquel no es un lugar muy agradable.
Yo asentía y bebía bourbon en un pequeño vaso de cristal muy limpio el cual reflejaba mi imagen fragmentada.

En la cárcel conocí a Matasanos, el blancuzco del mantel negro y deslucido por capa. Es un buen muchacho, solo que se cae al vaso.
¿Caer al vaso? —pregunté con una sonrisa, aquella frase me sonó a chiste. El sabor dulzón de la bebida era muy engañador, y ya estaba algo chispeante luego de haber bebido tres vasos, apenas vaciaba uno Rott se encargaba de llenarlo, mezclado con un poquito de agua el licor para que no fuera tan fuerte, pero le ponía tan poca agua que el vaso largo que la contenía seguía practicamente lleno.
Ya sabes —me hizo un gesto con la mano, como si tuviera un vaso imaginario y se lo bebiese hasta el fondo—, bebe mucho. Demasiado. Se gasta su paga en vino y whisky barato.
Bien poco vino comprará, supongo. Me dijo que no ganaba mucho.
¿Ah sí...?
De pronto nuestra charla se vio interrumpida por un grito que atravesó las tablas como el siseo de una serpiente, poco claro, y apagado, me pareció una voz masculina furiosa. Varias personas que cenaban se retiraron, yo decidí que también quería averiguar algo y luego de unos minutos me puse de pie y sentí de golpe el bofetazo del bourbon, me tambaleé por el comedor como un marinero de Rasg Port a las dos de la tarde y casi me voy de lado si no fuera por Rott.
Calma damita —ágil, el enano pasó por sobre la mesa y me cogió justo a tiempo—. No quisiera que te fueras a lastimar.

No me di cuenta, me trató de sentar y me tocó un pecho en el proceso. Estaba muy bebida como para actuar en el mismo instante, pero luego de dos segundos nebulosos de retraso gracias al alcohol caí en cuenta de ello. Me puse de pie de nuevo, y él volvió a tratar de sentarme. Le empujé con ambas manos y lo lancé fuera de la mesa.
¡Cerdo, ¿crees que no me di cuenta que me has tocado?! —grité, abrazandome el pecho. Me llevé la mano a la cintura, pero había olvidado que no traía la espada. Rott se puso de pie costosamente, se llevó una mano a la nuca.
¿Qué demonios te sucede, qué acaso estás loca? Estás borracha—gruñó mirando a su alrededor para obtener el asentimiento de los que quedaban en la sala.
Me puse furiosa al ver que lo negaba. Mi cuerpo inconscientemente comenzó a soltar flamas blancas con bordes azules, como un vago azufre. Noté como el fuego subía por mis piernas, agarraba mis caderas, flotaba entre mi cintura hasta mis pechos y cogía mi cabeza hasta la punta del cabello. Era un fuego tranquilo y sosegado, como la calma antes de la tormenta. Sabía que podría ser capaz de incendiar el barco completo, así que lo controlé para que no dañara nada, todos me observaban absortos, hasta la muchacha que lavaba los platos. El fuego parpadeó, como un sueño rozando la vigilia, y desapareció en una estela blanquecina que si concentrabas la mirada en ella podrías dañarte la vista.

Bebí todo el contenido del vaso con agua esperando a que me quitara un poco la borrachera. Salí de la sala, me encontré con Strind, que tenía el laúd de Santi en las manos, subí por la escalera para hablar con el teniente. Cuando llegué arriba me encontré con aquel gato barrigón arriba de un barril y junto a una piedra de amolar. El viento nocturno me abofeteó el doble de fuerte que el bourbon, era frío y me lamía las piernas desnudas ahí donde el kimono acababa, erizandome la piel. Caminé descalza, me encontré con que la cubierta estaba vacía, miré arriba, al palo mayor, y pude ver a Stella en la cofa asomando su pequeña cabeza hacia abajo. Santi apareció en cubierta en ese momento, saliendo de no sé donde.
Aquí estás. Te estaba buscando, debo pedirte que regreses a tú… a mi camarote.
¿Qué sucedió?
Eso mismo te quiero preguntar, acabo de oír lo que sucedió en el comedor. ¿Estás borracha?
Fue el enano, se quiso traspasar conmigo. Y sí, estoy un poco borracha, creo que ese era su plan desde un principio.
Por favor. Acompañame.


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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Nyxia el Vie Jun 10, 2016 1:02 am

Inspiré hondo, mientras la suave brisa marina me revolvía el cabello con cariño  y la tenue luz de las lunas acariciaba mi rostro. Tras dejar el zurrón y la capa en el camarote, de espacio muy reducido, había subido a cubierta y apenas me había movido, buscando en el oleaje algo de paz. Permanecí allí, observando el movimiento de los marineros, disfrutando del atardecer.  

El sonido de una campana se abrió camino hasta mi mente. Hora de cenar. Me dirigí hacia la cámara de la tripulación y, cuando llegué a la sala, todavía medio vacía, me situé en una esquina semioscura cerca de la puerta. Así podría observar a gusto y los demás repararían mínimamente en mí.  

Una linda joven de pelo castaño me ofreció un plato con una amable sonrisa. La carne era el componente principal así que me dediqué a mojar algo de pan en la salsa, gustosa pero con un ligero exceso de ajo, y picotear los champiñones.  Terminé antes de que el sitio se hubiese llenado de gente y me puse a jugar con la comida sobrante, fingiendo entretenimiento a la vez que analizaba a la multitud que me rodeaba.

Me llamó la atención un hombre que se llevó su ración para tomarla en su camarote. Llevaba una máscara, y no podía atisbar ni un solo retazo de su piel. La verdad es que su imagen me resultaba un poco perturbadora, aunque había algo más. Algo extraño en él, algo que no encajaba, algo que no debía ser. Y no sabía explicar esta sensación, por mucho que lo observase con fijeza. Lo seguí con la mirada hasta que se fue. Movida por la curiosidad, le hice señas a la joven de antes, que respondía al nombre de Aelin:

-Ese hombre que acaba de abandonar la sala, ¿a qué se debe su vestimenta?

-Oh, no se asuste –me respondió, con simpatía-. Es un noble que cree estar incubando la lepra, ¡pero no se preocupe! –añadió al ver mudar la expresión de mi rostro-. No la padece ahora, ni siquiera está seguro de si es esa enfermedad.

-Gracias Aelin –le sonreí tranquilizadoramente-. No me preocupo, sólo me había extrañado.

Ella me devolvió la sonrisa, cómplice, y se marchó al otro lado de la sala. La verdad es que sí me encontraba preocupada pero no por mí sino por él. Me decidí a buscarle y ofrecerle mi ayuda, en Ciudad Esmeralda había muchos curanderos que sólo se dedicaban a sacarle el dinero a la gente, mareándoles sin ofrecerles una verdadera solución.

Una discusión me sacó de mis pensamientos. Santi reprendía a un hombre alto, moreno y fornido que respondía al nombre de Strind. Este se balanceaba ligeramente, visiblemente ebrio. Como respuesta a la reprimenda, aferró una botella de vino y salió por la puerta, con porte orgulloso, intentando conservar la dignidad. Su situación me apenó, y me pregunté qué podría haberle ocurrido para apegarse así a la bebida. Habría salido tras él si no hubiese sido porque justo después entró la divium, y sus voluminosas alas acapararon mi atención.

La observé acomodarse y rechazar a Santi con firmeza e incluso me atrevería a decir brutalidad. La observé comer y reaccionar ante las miradas indiscretas. La observé marcharse. Unas ganas terribles de mantener una conversación con ella me invadieron. Nunca había hablado con nadie de su especie y su persona me transmitía tranquilidad, aunque no sabía concretar la razón. Me sumí en un torbellino de preguntas que le querría hacer y, poco a poco, me fui adormeciendo. Tras el primer pestañazo supe que debía abandonar el reconfortante ambiente de la cámara para volver a mi agobiante camarote a dormir. Suspiré, no me quedaba más remedio, no podía quedarme dormida allí.

Al salir me encontré con las sombras del teniente y el borracho, Strind. Los identifiqué por las voces. Distinguí la palabra “muerta” y agudicé el oído. La información me golpeó como una losa, pobre mujer. No se me pasó por la cabeza que pudiera ser un asesinato, aunque había notado el recelo del anunciante. Me dirigí a mi cubículo e intenté descansar.

-----------------------------------------------------X----------------------------------------------------------------------

-¡DANNA, VEN AQUÍ ZORRA INMUNDA! ¡DAAAAANNA! ¡ASESINA, SI QUIERES VENIR A POR MÍ HAZLO AHORA!

Me desperté sobresaltada. ¿Y esos gritos? A mi mente le costó unos segundos procesarlos y atar cabos. Fruncí el ceño y arrugué la nariz. No me estaba gustando nada el cariz que estaba tomando todo aquello.
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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Pereza el Vie Jun 10, 2016 2:15 am

__El estridente sonido de la campana que el cocinero usaba para avisar a la tripulación del almuerzo despertó repentinamente a la enana que había sucumbido al sueño nada más instalarse en el barco.
__Tardó más de lo normal en estirarse y desperezarse (también es verdad que se quedó un buen rato embobada mirando el clavo que sobresalía de la pared y el agujero junto a él que parecía indicar que en algún momento hubo otro) y para cuando salió del camarote, toda la tripulación se hallaba ya comiendo, o eso parecía por el sonido que venia del comedor.
__Justo antes de llegar a la puerta del comedor se cruzo con otro pasajero, uno ataviado con una mascara de metal, vendas y capas, que se llevaba su almuerzo de vuelta hacia los camarotes. Mientras le dejaba pasar, Asha se planteó si hacer lo mismo, ya que no estaba de humor para intentar confraternizar con el resto de pasajeros, pero aparto la idea, porque desde luego quedarse aislada durante todas las semanas que duraría el viaje era mucho peor.
-hay algo en ese tipo...-
__Entró en la sala y tomó asiento en uno de los pocos huecos vacíos que quedaban entre las mesas. Uno junto a una comadreja de metro y medio y aspecto turbio; y un tipo con una cara digna de poner en un diccionario junto a la definición de amigable, y un cuerno en la frente que desviaba toda la atención de ésta.
__-Hola-le saludó el astado en enano, para luego continuar la frase en común-Es bueno saber que los enanos se arriesguen con el mar.
__-Buenos dias- respondió también en Khezalid bastante sorprendida de oír el idioma- ya es raro ver a alguien qué conozca el enano...
__-Lo siento mi señora, solo sé decir "Hola", en enano, no he entendido nada de lo que ha dicho-le explicó sonriendo mientras ensartaba un champiñon-Conocí a un Señor enano cerca de la ciudad de Phusis, hicimos unos trabajos juntos y me enseñó un par de palabras.
__-Oh... Claro. Tiene sentido, perdonad- exclamó la chica algo avergonzada-Me llamo Asha Daunar, por cierto. Encantada.
__-Hola, Adios, cerveza, piedra-siguió diciendo en enano- y un puñado de palabras más -siguió diciendo el mago- hizó una pausa para tragarse el champiñon-Yo soy Mumrik, un pescador, también mago, a veces. Encantado también.

__Asha dirigió su mirada hacia el antropomorfo que comia a su lado, en un intentó de introducirle a la conversación. Éste mordía prolijamente su carne, masticando cuarenta veces cada trozo de carne que se metía a la boca, y al parecer, el parche que llevaba en su ojo derecho le impidió ver el gesto de la enana.
__En ese momento, una mujer paso apresuradamente junto a la mesa, dejando un plato frente a Asha, despachandola con un "Aquí tienes tu plato" y desapareciendo tan rápido cómo apareció en dirección a la cocina. Antes incluso, de que la enana pudiera decir siquiera "gracias".
__Mientras le daba el primer bocado al fantástico estofado que le acababan de servir, observó durante un momento el comedor. La tripulación era bastante variopinta, con varios antropomorfos entre los humanos, una elfa y hasta una divium. Poco después, vio que al menos no era la única enana, el cocinero también era de su especie. No estaba muy segura de si eso era bueno o malo.
-Esa capa negra...-
__-¿Y qué le ha llevado a embarcarse, señor Mumrik?-prosiguió dirigiéndose nuevamente hacia el mago.
__-Pues, es algo complicado. Una vez una adivina me dijo que encontraría a la persona que expulsaría mi maldición en un barco.
__-¿Su maldición?
__Mumrik se llevó la mano al cuerno de unicornio que le nacía de la frente.
__-Me encantaría decir que esto es solo decoración, pero no.
-Es bonito...-
__-¡Vaya!-exclamó la enana sorprendida pero seria.-¿Cómo ocurrió? Si no es indiscreción
__El mago se puso contrito, al parecer le costaba hablar sobre ello.
__-Perdón, no es de mi incumbencia...
__Mumrik le devolvió una sonrisa apenado y después la comadreja se unió a la conversación entre mordisco mientras soltaba una risilla.
__-Anda Mum, todos sabemos de ello, tarde o temprano lo sabrá.
__El astado le echó una mirada larga y áspera a su compañero, pero después habló.
__-Pues, tiene que ver con buscar el conocimiento donde no se debe, solo puedo decir eso.-se le notaba cierto desazón en la voz.
__-No te preocupes, luego se soltará -dijo la comadreja-Mi nombre es Sloat, y el gusto es tuyo.
__-Un placer Sloat. ¿Y a usted que le ha llevado a Ardent? O sois parte de la tripulación?
__-Soy parte de la tripulación, igual que Mum. El dinero es lo que me trajo aquí, la moneda constante y sonante, lo demás es sal y agua-hizo una pausa larga para volver a meterse en la boca y masticar otro trozo del estofado.-Pues, bien. Yo quiero saber qué haces en el barco.
__-Asuntos familiares.-respondió la chica metiéndose otra patata en la boca-Mi hermano ha fallecido y tengo que ir a Ciudad Esmeralda a poner sus asuntos en orden.
__-Lamento tu pérdida-siseó bajo Mum, bastante aflijido.
__Sloat por su parte bajo la vista de nuevo a su plato, y jugueteando con el tenedor exclamó bastante áspero: -Siii... la muerte nos llega a todos.
__-Eso parece...-Asha se llevó de nuevo la mano al colgante de su hermano casi sin darse cuenta.
__La conversación cesó después de eso. Mumrik pareció bastante alicaído después de la charla, Sloat parecía bastante conforme volviendo a su comida y a masticar cuarenta veces cada bocado, y Asha ya había tenido conversación suficiente para toda la noche.

__Al rato, cuando la chica ya estaba a punto de termina su plato, cuando se oyó el tremendo alarido de una voz masculina sumida en el más absoluta desesperación y pesar. Y mientras los comensales aun trataban de figurarse qué abría provocado que alguien gritara de esa forma, una chica vestida con un kimono y bastante bebida se cayó en medio de la sala, y cuando el cocinero fue a socorrerla comenzó a gritarle.
__-¡Cerdo, ¿crees que no me di cuenta que me has tocado?!
__-¿Qué demonios te sucede, qué acaso estás loca? ¡Estás borracha!
__La chica se enfureció terriblemente y de pronto unas llamas azules comenzaron a frotar de todo su cuerpo. El rostro del enano se lleno de pavor; toda la tripulación que estaba comiendo saltó de sus asientos exaltados; el sonido de un plato al romperse contra el suelo se oyó desde la cocina, y la nutria que había entre la tripulación salió corriendo con intención de avisar a su capitán.
-Con que nada que pueda provocar fuego en el barco...-
__La chica trató de calmarse, y tras sofocar el fuego que emanaba de ella, se acabo su bebida de un trago y salió de la estancia. Ésta se quedo en un silenció sepultar durante un rato que pareció eterno, con la gente intercambiando miradas confusas entre ellos. Sloat fue el primero en romper en silencio con un <<Mierda>> que retumbo en la sala.
__No hubo tiempo para mucho más, ya que el Almirante Santi apareció en la sala poco después. Bastante alterado. Y, tras echar un rápido vistazo a toda la sala, les indicó a todos que volvieran a sus camarotes inmediatamente.


Fin del comunicado
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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Strindgaard el Vie Jun 10, 2016 7:42 pm



La noche pasó veloz como un tiro de flecha, los acontecimientos sucedidos no habían dejado indiferente a nadie. Por mucho que se quisiera hablar de ello, Decken le ordenó a su tripulación que guardara silencio, no tenía intenciones de que se sembrara el pánico por una muerte que él catalogó de ‘casual’. Luego de que el mercader perdiera a su única guardia se le había asignado al ursántropo de la tripulación para resguardarlo, y más que nada dejarlo tranquilo ante la posible amenaza que podría significar su contrincante principal, la bella Danna.

La mercader no tuvo ningún problema aquella noche, ni siquiera se mostró impresionada cuando Santi le informó de lo que sucedió, en contra de la orden de su capitán. Una sonrisa despreocupada y un gesto con los hombros fue todo lo que se dignó a decir respecto a la fallecida.
Una lástima, Trabalha nunca ha sabido cuidar sus espaldas —La dama apuró su copa y Santi supo que la conversación había terminado, apartó su copa y se puso de pie—. Muchas gracias mi querido Santiago. No le diré nada a nadie, no te preocupes. Y gracias por avisarme, pero de seguro fue un accidente como mencionas. Ay —exclamó suavemente, poniendo una mano en el pecho del rubio—, siempre fuiste un buen hombre conmigo, eso no lo he olvidado.

La cadenciosa voz de la mercader hacía vibrar la espada del teniente, la hörige sonreía al ver cómo era de fácil manejar a un hombre, la orca permanecía impertérrita, ambas sentadas en un mullido sillón, al lado de me la mesa redonda, el sitio más apartado de la cama en el amplio camarote de Danna. La mercader llevó hasta la puerta al teniente él le sonrió antes de salir.
No es problema. Pensé que debías saberlo.

Por otra parte, en la popa del galeón, el comerciante de armas y pólvora estaba como clavado a una silla en el camarote del capitán, le hervía la sangre, estaba seguro de que Danna estaba tras de la muerte de la mahre, pero no podía demostrarlo, debía de ocurrírsele alguna manera, ¿pero cómo?
Esa maldita arpía...
Frente a él una botella con un cuarto de ron y un vaso volteado. La madrugada se imponía a las estrellas y el viento fresco de la mañana lo invadía todo, Trabalha no había logrado dormir nada dándole vuelta a lo sucedido. Varias veces había intentado salir a resolver las cosas con Danna, encendido por el ron, guardaba una pequeña pistola que no había entregado y era un buen tirador, pero el ursántropo le había impedido avanzar. Varias veces le gritó, pero el oso se negaba a ponerse a un costado y con un leve gruñido cerraba sus palabras cavernosas
No puedes salirr. El capitán lo ha orrdenado. Yo te prrotegerré.
¡Maldita bestia! —Lo habría amenazado con la espada, pero no estaba tan borracho para eso.



No le había quedado más remedio que quedarse ahí, no podía perder la única munición de pólvora que le quedaba contra la bestia. Vaya ironía, él, uno de los tres comerciantes de pólvora más importante de Nanda sin un puñado para recargar su arma. Casi se podía echar a reír si no se sintiera tan amenazado.
Por suerte el sol aparecía en el oriente y con él una figura se perfilaba en la puerta. El oso se echó a un lado y le abrió al capitán quien traía la bandeja del desayuno en las manos.
¡Decken! ¡Maldito!, ¡me encerraste! ¿Qué clase de protección me has brindado? —le gruñó el mercader mientras apuntaba al ursántropo con el índice como si fuera un objeto.
Pierde cuidado, maldito paranoico —dejó la bandeja en la mesa sin mucho cuidado. La jarra de cerveza tembló y gotitas cayeron en la bandeja de plata—. He traído la solución definitiva a tu problema.



El Ardent avanzaba como un tiburón, la costa se había perdido de vista, Samrat debía estar por ahí, cerca, el mar estaba espumoso y las medusas brillaban alcanzadas por las espadas de luz del sol. El galeón, con sus velas hinchadas era un torpedo en el mar, una figura imponente como un leviatán, de la cual solo otros galeones de las mismas características osarían atacar, con sus filas de cañones como dientes de plomo filo y su espolón de hierro y miedo rompiendo la superficie del mar, era un asesino en la cresta de la ola. Su capitán maniobraba el timón de rueda, con la soltura que dan los años, miraba con orgullo el mar que había recorrido tanto tiempo, le gustaba verlo por las mañanas cuando el sol lo aplastaba y daba forma, como una piedra labrada de agudos bordes y pulida hasta sacar brillo. Arriba apenas habían algunas nubes errantes del tamaño de una montaña, el contramaestre al lado del timón las miraba mientras daba los resultados de las decisiones que había tomado la noche anterior. Nada había sido fácil.
Es una exina. Una ninfa de fuego. Puede encender su cuerpo con la misma facilidad mía de respirar. Nos lo ha dicho sin tener que forzarla.
Maldita sea. Ese hijo de… Santi me debe una buena explicación. ¿Dónde la dejaste?
En el camarote de Santi. Duerme, puse a Mumrik en su puerta, él podría apagarla si hace falta, me dijo que su fuego no es mágico, solo hace falta algo de agua.
Necesito a Mum cerca mío, dile a Sloat que la vigile. ¿Por qué rayos está en el camarote de Santi?
Él la invitó, ella ni siquiera pagó su pasaje.
Decken levantó una ceja. mantuvo curso, el viento era bueno, el horizonte estaba despejado.
Eso cambia mucho las cosas. Toma a tres hombres y llevala a la bodega del agua dulce. Deja a uno vigilando, desde ahora ese será su camarote. Si intenta hacer algo que nos coloque en peligro, por pequeño que sea, dile que tiene mi permiso para matarla.

La nutria era pequeña, cincuenta centímetros de pura servidumbre, pocas veces había cuestionado a su capitán, menos aún abiertamente. Pero miró hacia arriba, sujetaba su bastón como si fuera un cayado.
¿Matarla, Señor? ¿Es necesario?
¿Prefieres que tenga otro arrebato y nos haga volar entre las lunas?
Lionel se mantuvo en silencio. Acataría, él era así,se miró las manos, él no era una nutria mala, pero los caminos son torcidos. Se encogió de hombros, el capitán tenía razón, quizá no era la manera más adecuada de tratar el problema, pero así era Decken.
El capitán notó de reojo el rostro turbado de su contramaestre. Las ninfas eran bellas promesas de la naturaleza, puede que estuviera mal decidir la vida y la muerte de una.
Dile que tiene dos opciones —Decken no perdía la vista del mar, pronto entrarían al Golfo Esmeralda—. Se queda allí abajo por el resto del viaje como la polizona que es, o le consigues un barril vacío y que se largue flotando de aquí. Samrat está a seis kilómetros al norte. No estoy dispuesto a gastar un bote salvavidas en ella, y mucho menos arriesgar nuestras vidas —Ni la mercancía, oyó la Nutria, o casi lo hizo.

La mañana avanzó tranquila en el galeón, la velocidad era constante, la cubierta estaba bañada por la luz del día y varios la aprovecharon para distraerse. Danna paseó y conversó con algunas personas, siempre escoltada por sus guardias. Alta, grácil, feliz porque pronto disfrutaría de los lujos de Esmeralda. Los tripulantes hacían sus quehaceres cotidianos, Stella revisó el cabotaje y las velas. Santi iba y venía entre la cubierta y el interior del barco buscando al pasajero dieciséis, el mago, la comadreja y la nutria se habían perdido en los pisos inferiores y los demás, como el carpintero, limpiaban la cubierta y hacían mandados, pues no tenían mucho trabajo, el galeón nunca había dado muchos problemas. Era una joya.

La campana del almuerzo sonó, esta vez Danna no quiso comer en su camarote y se llevó a sus dos guardias con ella. La comida del almuerzo fue más variada, había sopa de tortuga, jibia al vapor con una pasta de verduras verdes con almendras y un toque de ajo, berenjenas rellenas con carne de res, ensaladas de repollos y zanahoria y de postre manzanas rojas frescas cortesía de un barril hace poco abierto. Rott gustaba de preparar las verduras los primeros días, porque luego la humedad del mar las muerde y se pudren, y luego no sirven de nada.


Al almuerzo llegó el mago y sus compañeros, algo callados y serios. Alguien preguntó por la exina, pero Mum dijo que se estaba quedando en el camarote de Santi, y de allí no saldría por el resto de viaje luego del incidente. Trabalhar apareció, callado y con el ceño terriblemente fruncido, tomó su plato y se retiró al camarote del capitán con su guardia de dos metros y medio, ambos sin dirigirle la palabra a nadie.

Mumrik se puso de pie, había sido el primero en terminar de comer. Tomó un plato y avisó al enano que lo llevaría al camarote de Santi.
Salió de la sala, pero en vez de irse al pasillo de los camarotes torció y bajó las escaleras, pasó el piso de los cañones, luego el de los remeros, hasta llegar a las bodegas. Allí se fue al sitio pequeño donde estaban guardados más de quince barriles de agua dulce amarrados firmemente a las paredes para que no rodaran por todos lados, junto a ellos estaba la exina, sentada en un taburete patizambo, al lado de una cama improvisada de paja. Furiosa era una definición pobre para su estado de ánimo, el cual se acercaba más a volcánica. El cuidador, Gass, era un mulato de pecho descubierto, pantalones sueltos y mirada escrutadora. No era en lo absoluto una buena desición haberlo dejado cuidando a la ninfa, pero quizá su personalidad violenta se anulara con la de ella. Aunque el mago lo dudaba.
Ha llegado su almuerzo. ¿Ya ha decidido? —Dejó el plato sobre el barril vacío que hace una hora contenía manzanas—. Puedes irte flotando, llamaré a nuestro compañero Xalabar para que os la lleve hasta Samrat, es un pez así que el viaje será un paseo. Es eso o quedarse aquí sin más compañía que barriles llenos de agua. Y Gass.
El mago subió entre el crujir interno del barco y se unió al resto de la tripulación, bajaría para la cena, y esperaba que Gass pudiera contener a la mujer, o ella a él.

Gass:

Jun dejó su plato vacío y se bebió el resto de la cerveza. Era necesario comer, más que nada para conservar las apariencias, aunque sea para una sola persona. Esperaba que nadie notara que había asesinado a la muchacha que lo perseguía, había limpiado las gotitas de sangre del camarote de ella prolijamente con sus ropas, pero el olor era algo que no se podía ocultar. ¿La mujer que limpiaba notaría el hedor de la muerte bajo el de la lavanda que había hurtado del camarote del teniente y el ajo molido hurtado de la cocina? La vida de un Doppelganger está llena de riesgos, es por eso que es tan entretenida. Tendría que salir por la noche para sacar el cadáver, arrojarlo al mar. y luego buscar al compañero de la mujer, aquel calvo gritón que estaba escondido en algún sitio del barco, aunque no era ese su problema principal, conocía demasiado bien a aquel hombre, sabía que no le contaría a nadie que lo perseguía un engendro que puede leer la mente y cambiar de apariencia, era demasiado codicioso para compartir aquella información, y demasiado testarudo para pretender que necesitaba ayuda.

Jun bajó a la sala común para dejar su plato del almuerzo, su nueva imagen le obligaba renquear un poco por una herida en la pierna que había recibido a los treinta y cuatro años. Su mirada debía ser indiferente y altanera, su palabras secas y cortantes. Luego de almorzar regresó a su nuevo camarote, y esperó.

La luz púrpura de la tarde pintaba las velas y el mástil, más arriba, en la cofa, Stella se arrodillaba en su pequeño mundo, el cielo se abría a su alrededor y la caldera de luz increíble que manaba del hundido sol martillaba en sus ojos. La elfa había visto todo lo que había sucedido abajo, la noche anterior. Tenía miedo de lo que sucedía en su barco, pero mientras estuviera arriba estaría a salvo, ¿verdad? Bajó por las cuerdas, si iba a acuartelarse arriba necesitaría algo con que abrigarse y un poco de comida.

Pronto el océano se tragó el sol, y las estrellas impacientes miraron azules y blancas al Ardent. Jun podía sentir sus miradas acusadoras, pero era su naturaleza, ¿qué podía hacer en contra de eso? Caminaba sin dudar por la madera húmeda, pasando sus manos duras por los pasamanos, una vez que se comienza es difícil parar. Su aura despedía muerte, sus manos estaban listas para coger la espada. El gato, que solía dormir en el barril, despertó como si una barra de hierro al rojo lo hubiera tocado, bufó como un león miniatura cuando el doppelganger pasó cerca y saltó como un atleta consumado a la baranda y luego a cubierta para huir, sus patas lo llevaron a un sitio pequeño y oscuro y ahí se quedó ronroneando para tranquilizar su corazón.

No había muchos sitios donde esconderse en el galeón, a fin de cuentas, era un barco, tres pisos inferiores, el primero con los camarotes de la tripulación y los pasajeros, la cocina, los baños y los comedores. El siguiente con las corridas de cañones, barriles de pólvora pequeños, cuerdas, sogas, velas de repuesto, brea y aceite. Y el último con las bodegas llenas hasta el tope con barriles gruesos de cargamento.
Bald estaba en uno de los dos últimos pisos. Dejó atrás la lluvia de luz de estrellas y se adentró en la sala de cañones con la espada envainada y las manos listas para actuar.







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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Hemmi Chinaski el Jue Jun 16, 2016 10:06 pm

Una mano tersa me despertó de mis sueños de brasas, me revolví como una oruga envuelta en un capullo de abrazos, la cama de Santi era un beso tibio y dormir allí era un placer como pocos. Mis ojos se abrieron lentamente para encontrar a tres figuras en el camarote. Me incorporé aún entre el sueño y la vigilia, fuera lo que fuera que me dirían tendría que ver con el jodido enano Rott, yo esperaba que lo tuvieran metido ya en alguna celda. Santi me había mencionado que no me preocupase por nada y que regresara al camarote.
¿Que sucede? —me atreví a preguntar luego de un silencio que se prolongó más de lo debido, los tres me miraban como se mira la hoguera, con respeto y miedo por igual. El mago del cuerno tenía un rostro amable, habló con palabras tersas e intenciones negras. Traté de defenderme pero la orden venía directa del capitán.
¡Entonces llevadme frente a él!
Caso omiso. Ahora era prisionera.

Me vestí tras un biombo tomando el tiempo en lo que un perezoso bosteza, me había fijado en lo rápido que le pierden el respeto a las mujeres los marineros. Me hubiera encargado de los tres, pero aún no desayunaba. Me calcé la katana, la rabia y el orgullo. Salí del camarote echando chispas.
Me llevaron por las escaleras hasta abajo, me dejaron cual saco de arpillera en un sitio oscuro y húmedo que resultó estar repleto de barriles que gruñían y se mecían al son del liquido en su interior. Bufé unas palabras y luego del desayuno me trajeron el resto de mis cosas. El mago se fue, llegó una buena cantidad de combustible, paja, junto a un mulato alto y fornido.
No dormiré allí. Antes verás arder la luna.
Puedes dormir en el suelo o dentro de un barril, me vale un huevo lo que hagas.

Traté de no arrancarle la cabeza con las uñas a ese pirata por lo que dijo, obviar sus ojos se estaño. Calculé tres maneras de matarlo en lo que terminaba de comer, y sopesaba las opciones que me había dado el mago. No tenía ninguna gana de irme flotando como madera de naufragio, ni tampoco quedarme encerrada como un ratón junto al gato negro. Debía de haber una tercera.

Me pasé la tarde limpiando mi katana, necesitaba la distracción. Lo primero es sentarse cómoda, colocar todos los implementos dispuestos, luego se desarma la espada, se abre la caja, primero viene el polvo, luego el paño, después el aceite, finalmente se quita el exceso de aceite y se vuelve a armar. Es un trabajo que toma un par de horas si se hace con esmero. Mi carcelero me observó con infinito aburrimiento al lado de la puerta, pero a mi me ayudó a poner en orden mis ideas.

No sabía bien la hora que era, pero la cena llegó un poco fría, me alimenté con la determinación de un animal salvaje, y para cuando terminé ya había olvidado lo que había comido. El plato sucio se quedó sobre el barril. Gass fue reemplazado por otro marino que me vigilaría de noche. Era un tipo que no había visto antes, se plantó con su espada y su determinación al lado de la puerta, apenas y me dedicó una mirada de desprecio. Llevaba un ojo parcheado y un arete en la oreja izquierda.

¿Y si mejor me vigilas desde el otro lado de la puerta? No me siento a gusto para dormir con tu legañoso ojo mirándome.
Su respuesta fue clavar su mirada ciclópea en mí, tan amarga y llena de desprecio como si mirase una rata salida de bajo del retrete.
Aunque creo que podría hacer algo por ese ojo.
Apunté con mi dedo índice a su ojo, estaba a unos dos metros de él, concentré mi esencia y usé mi habilidad. Su ojo se transformó en un punto de un rojo chillón acompañado del chisporroteo de la carne quemada. El parcheado lanzó un aullido de dolor y se llevó las manos a la cara, con suerte había logrado dejarlo ciego del todo. Mientras se retorcía como un gusano al fuego corrí y le planté una patada en la entrepierna, su aullido se tornó más agudo y cayó al suelo hecho un ovillo.

Salí de mi cárcel desorientada, estaba todo oscuro, encendí mi mano, un poco de fuego estaba bien. Alcé la mano en llamas y noté que me encontraba en una gran bodega, con escaleras que subían y bajaban. Me fui a un barril y con la mano aún en fuego, lo giré hasta la puerta para que no pudiese abrirse desde dentro. Luego subí.
En el siguiente piso la luz se deslizaba por entre las portezuelas que en un combate se alzarían para dejar salir la boca de los cañones. Allí olía a hierro, pólvora y sal. Varias velas colgaban del techo amarradas y en el suelo podía hallar barriles pequeños, sogas y los cañones. Caminé por el largo pasillo hasta la siguiente escalera mientras el barco se mecía lentamente. Necesitaba urgentemente llegar a un bote salvavidas. Al acercarme oí los pasos lentos de alguien más. Me detuve asustada, y con mis pies descalzos corrí y me escondí tras un cañón.
Mi mano se apagó. La encorvada figura bajó las escaleras casi cojeando, sus ojos eran lánguidos pero cautivadores. Algo hubo en ellos que me hizo tener.


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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Darkeray el Miér Jun 29, 2016 5:57 pm

Darkeray terminó de desnudarse mientras los primeros marineros se dirigían a sus quehaceres vespertinos, estaría a punto de amanecer; la humedad de la neblina aún atacaba a la madera, algunas gotas se habían concentrado incluso en las rendijas, y el techo aún dejaba caer unas tímidas goteras, para los huesos de muchos aquello debía ser un infierno.

Dejó caer la última tela que le cubría sobre la cama, le siguió la máscara, y por último, los guantes, Darkeray los contempló por un segundo, nunca le había gustado verse las manos, ahora era necesario, tiró de uno de los dedos de cuero y dejó la piel al descubierto, los tendones continuaban allí, las falanges estaban más a la vista que la última vez y un par de uñas se desprendieron al tirar del guante; el caballero respiró hondo y cerró los ojos unos segundos, se quitó el último guante, el espectáculo fue muy similar.

Intentó ignorarlo, y se encaró con el cubo, la cantimplora reposaba abierta en el “escritorio”, lista para ser usada, el libro de “El animal y su cuerpo, relación de supervivencia” permanecía abierto por una imagen de la anatomía del cerdo. El suelo estaba cubierto de paja del jergón, las limpiadoras, si es que existían en aquel barco, no deberían limpiar su inmundicia. Se puso entre los dientes el hilo.

Tomó aire una vez más, esperó unos segundos, y finalmente metió sus manos en el costado, por una de las viejas heridas, había sido bastante chapucera, de un campesino asustado que le había visto cerca de su cosecha, había usado una horca si no recordaba mal, el resultado, un agujero más para las moscas y otros insectos. Palpó y apretó todo lo que encontró a su paso, algunos órganos los identificó, otros estaban demasiado inflados o deshechos como para saber su función original. Así llegó a los intestinos, y siguió su largo recorrido, reconoció por el tacto el duodeno, lo que parecía ser la cabeza de una tenia, el yeyuno y finalmente, lo que andaba buscando, la válvula ileocecal, la conexión con el intestino grueso.

Comenzó a tirar con suavidad hacia el exterior, aquellos viejos tubos digestivos pesaban bastantes, un gris pálido comenzó asomar levemente por la abertura, el olor era desagradable, algunas larvas blancas se sacudieron asustadas por el repentino movimiento, Darkeray intentó desviar la mirada, manteniendo los ojos cerrados en todo momento.

De repente notó un tirón y se detuvo por un momento:

-No... -susurró para sí el Caballero- No por favor...

Tiró una vez más de sus intestinos, aquella tensión regresó, esta vez más fuerte.

-¡Maldita sea! -vociferó mientras golpeaba el escritorio con el puño-

-¿Y qué te esperabas caballero? -susurró aburrido el Bufón-

-¡Tú cállate! -vociferó Darkeray-

La cantimplora danzó unos segundos y amenazó con caerse, pero se decantó por no hacerlo. Darkeray respiró hondo e intentó serenarse, miró de refilón al plato de la cena, alargó la mano libre mientras la otra sujetaba el intestino, tomó el cuchillo que reposaba encima del plato, el filo aún tenía restos de aquella salsa, daba igual, metió la mano con el cuchillo en el hueco, palpó minuciosamente

-Colon... -murmuró Darkeray- Um... Transversal... -continuó su recorrido- Esto es... -miró la imagen del libro- La flexión esplénica... -avanzó un poco más- Colon sigmoides... Y... Recto

Sin mas, procedió a cortarlo, parecía increíble que tras tanto siglos aún permaneciera unido al ano, pero así era, notó como el filo se encontraba con algo blando, heces, tendría que limpiar el cuchillo a conciencia antes de devolverlo.

Tiró de su recto hacia afuera, manteniéndolo cerrado con su mano para que no saliera el contenido, apuntó al cubo y presionó, vetustas defecaciones comenzaron a resonar en el metal del recipiente, la mayoría estaban secas por el paso del tiempo, otras alojaban lo que parecían huevos de algún insecto, daba igual, realmente solo debía parecer que arrojaba algo desde al mar salido de su cuerpo.

Cuando consiguió un volumen que consideró decente, presionó de nuevo el colón y anudó el hilo al alrededor de la abertura, deseando porque no se rompiera en un descuido.

A lo lejos, la campanilla del almuerzo sonó, decenas de pasos se dirigieron en dirección al comedor, volvería a “desayunar” en su camarote. Se lavó las manos con el agua de la cantimplora, enjuagó el cuchillo, tiró la paja al interior del cubo, guardó el libro y finalmente, se vistió, no era nada malo el que se retrasara, como cualquier ser humano normal podría haberse quedado dormido y no abriéndose a sí mismo en canal.

Salió al pasillo y puso rumbo al comedor, plato en mano, deseoso de poner fin a aquella pantomima de la comida. De pronto, una puerta se puso en su camino, el golpe resonó con el eco metálico de su máscara mientras una mujer se asomaba tras ella:

-Mis disculpas señorita -alcanzó a decir Darkeray mientras recuperaba el equilibrio-

Aquella mujer lo miró, la mirada perdida, sus ojos secos e inyectados en sangre revelaban una muy mala noche de sueño, sus lentos y perezosos movimientos un cansancio desmedido:

-¿Eh? hmm.. Oh... ¡Oh! ¡Perdone! -gritó desvelada por la impresión- No me di cuenta de... ¡Disculpe! La culpa ha sido mía. ¿Se ha hecho daño?

Era definitivamente una enana, su altura bien lo atestiguaba, aunque a ojos de los enanos su madurez corporal podría ser la de una cría, era como mínimo mucho más joven que Youdar. Darkeray nunca había comprendido como el desarrollo y crecimiento de aquella raza podía ser tan lento como para considerar a un individuo de cien años como un niño.

-¡A ver si prestas más atención estúpida enana! -vociferó en su mente el indignado Bufón-

-No se preocupe señorita, no ha ocurrido nada por lo que lamentarse -dijo Darkeray mirándose a sí mismo- ¿Y usted? ¿No se habrá hecho daño?

-No, yo... estoy bien... ¿Seguro que no se ha hecho daño? De verdad, lo siento muchísimo, no me di cuenta, sonó la campana y salí, y...

El Caballero alzó una mano para pedir silencio

-Por favor señorita, tranquilizaos, no es preciso insistir en este asunto, olvidadlo, pues no ha ocurrido nada grave -la examinó de nuevo- Además, no he podido evitar fijarme en el hecho de que parecéis cansada, y ello os exculpa incluso más

-No, no es excusa ninguna -aseguró ella antes de mirarlo de arriba a abajo y bostezar ampliamente- Debería compensaros de alguna forma por mi falta, normalmente os invitaría a algo, pero en el barco creo que eso no es viable.

Darkeray se quedó congelado por unos segundos, el protocolo le instó a ofrecer a la dama una satisfacción, miró hacia el pasillo, aquello iba a ser exponerse sin necesidad, era una soberana estupidez

-Bueno, -dijo al fin el Caballero- pues si no os parece una proposición indecente, podríamos compartir mesa en el almuerzo de esta mañana

La miró a los ojos, ella comenzó a caminar dando a entender su aceptación, la siguió mientras meditaba algún tema de conversación, creyó dar con uno con el que podría informarse un poco mejor

-De hecho -dijo Darkeray con el tono más casual que pudo- quisiera preguntaros acerca de los gritos que se escucharon anoche, por si habéis oído algo acerca de lo ocurrido, pues yo sólo fui desvelado por los gritos -aseguró- No tengo constancia de nada más

A lo lejos comenzaron a escucharse el sonido de los platos y las risas de algunos marineros que disfrutaban de su primera comida del día. El olor delataba otra copiosa obra del cocinero

-¿Gritos? -preguntó extrañada- Um... Sí, es verdad. Se oyó a alguien gritar mientras acababa de cenar, pero con lo de la exina no le preste mucha atención.

Darkeray recibió la nueva información como una jarra de agua fría ¿Había muerto alguien más?

-¿La exina? -preguntó el Caballero- ¿Os referís a una ninfa de fuego?

-Si, al parecer hay una en el barco, ayer se emborracho y se prendió en llamas. Allí en el comedor. Y eso que al subir al barco no dejaban llevar nada que prendiera fuego. Se nota que se toman la seguridad muy en serio aquí.

Ambos llegaron al comedor y Darkeray se adelantó para abrirle la puerta a la dama y extendió el brazo, invitándola a ir delante:

-No puedo deciros -comentó mientras la enana pasaba- que no esté de acuerdo con esa afirmación

-Me llamo Asha Daunar, por cierto -dijo la enana-

“Me he oxidado en los modales” pensó Darkeray “Hace años hubiera sido mi nombre lo primero en salir de mi boca”

-Mi nombre es Da... -comenzó a decir antes de interrumpirse y maldecir su despiste- Ruisu -añadió apresuradamente- Podéis llamarme Ruisu, es un placer conoceros. Excusadme

Y se alejó apresuradamente, intentando no revelar su incomodidad. El lugar rebosaba de alegría, algunos marineros incluso recibían el día con el alcohol correspondiente, el olor a comida, pesado y grasiento, se juntaba junto al del sudor y salitre. Buscó con la mirada a la ayudante del cocinero.

Estaba, como era normal, bailando con sorprendente maestría entre las mesas, esquivando con gracilidad a los que pasaban y hallando huecos para pisar entre los estrechos espacios que dejaban las mesas, recogiendo y sirviendo con una velocidad sólo proporcionada por la práctica. Darkeray esperó a que estuviera al lado de la cocina para acercarse:

-Excusad mi interrupción señorita -dijo con suavidad mientras extendía el plato de la cena- Venía a devolveros el plato

La muchacha simplemente se lo retiró de la mano, creyó escuchar como le daba las gracias y preguntó:

-¿Qué vais a comer señor?

Un marinero pasó a su lado en dirección a la salida, su mirada delataba sospecha

-¿Qué ofrece nuestro cocinero en esta mañana?

La muchacha comenzó a recitar de memoria:

-Sopa de tortuga, jibia al vapor con una pasta de verduras verdes con almendras y un toque de ajo, berenjenas rellenas con carne de res, ensaladas de repollos y zanahoria y de postre manzanas rojas frescas

“De acuerdo, parece que el cocinero gusta de preparar auténticos banquetes mientras las provisiones aguanten la humedad” pensó sorprendido Darkeray, ni en sus viajes por el mar hacía tantos siglos le habían ofrecido un abanico tan amplio para escoger, era incluso imposible poder comer verduras, frutas o incluso pollos, teniendo en cuenta lo peligrosos que son si no se consumen casi al momento.

-Creo que en primer lugar, probaré la sopa de tortuga -dijo al fin el Caballero-

La muchacha asintió y desapareció en la cocina, Darkeray por su parte regresó junto a su compañera, quien ya había localizado una mesa vacía y se había sentado a comer

-Que os aproveche la comida señorita

-Igualmente, señor Ruisu

La puerta del comedor rechinó mientras se abría, el umbral lo cruzó una mujer, la ropa no era demasiado llamativa, la común en una mujer de su edad en la opinión de Darkeray, sin embargo, su piel era verdosa, quizá fuera una mestiza de orcos, pero no mostraba los típicos caninos, fuertes y protuberantes, orientados a arrancar y comer carne, más bien al contrario, planos, para el consumo de vegetales, todo apuntaba a que se trataba de una dríade. Se acercó directamente a su mesa esbozando una sonrisa:

-¡Buenos días!

Y tomó asiento al lado de la Asha, y por la mirada que tenía la enana, Darkeray comprendió que no se conocían de nada, aquello había sido espontáneo:

-Buenos días -declaró Asha, somnolienta, pero rompiendo el silencio-

El Caballero no sabía como encarar lo extraño de aquella situación, se limitó a decir:

-Buenos días ¿Señorita?...

-Nyxia, me llamo Nyxia -contestó, su voz era delicada, como las hojas mecidas en el viento de algún bosque idílico-

-Un placer señorita -declaró Darkeray haciendo una leve reverencia con la cabeza-

-¿Y el vuestro? -preguntó la recién llegada mirándolo a él y a la enana-

-Podéis llamarme Ruisu -contestó mientras repetía la reverencia- A vuestro servicio

En algún momento de aquella conversación, la ayudante del cocinero sirvió la comida, Darkeray no se dio cuenta de la sopa hasta que la tuvo delante, humeante, como si siempre hubiese estado allí, esperando a ser catada. La enana por su parte ya llevaba atacándola desde que se había sentado, su boca rebosaba comida, los modales de Darkeray se retorcieron al ver aquello, las cortas experiencias que había tenido con enanos no dejaban de corroborarle la falta de finura de aquella raza, pero tuvo que aprender a soportarlos, pues corregirlos en la mayoría de los casos derivaba en insultos o peleas. Por el acompañamiento y el color de lo que quedaba en el plato parecía ser la jibia, Nyxia la había elegido también para comer

-Asha Daulin, encantada -dijo la enana entre bocados y con la boca llena. Finalmente tragó y miró a la dríade- ¿Sabe usted algo sobre los gritos de anoche?

-No, no sé nada, -contestó Nyxia en un tono casi de desazón- Me despertaron -y miró a su plato, pensativa

Asha pareció ignorar aquel comportamiento, y miró directamente a Darkeray:

-Parece que no te podremos ser de mucha ayuda con eso, señor Ruisu

-Bueno, -contestó el Caballero mientras seguía removiendo la sopa- He de suponer que el capitán se manifestará al respecto -se detuvo un momento- Y si no... Bueno, realmente era mera curiosidad, esperemos que no se repita

-Aunque me enteré -declaró de improviso Nyxia- De que se produjo una muerte, y puede que ambos hechos estén relacionados

-Una mue... ¡¿Una Muerte!? -gritó Asha asustada, atrayendo las miradas de los presentes-

Darkeray recibió el impacto, pero apenas lo notó, la muerte era casi su acompañante, ya sospechaba desde la pasada noche que alguien había muerto, y teniendo en cuenta que apenas conocía a los tripulantes, no le resultó tan dolorosa la confirmación, al menos no como esperaba, no con esa... Pasividad, aunque también le daba miedo, ser así de insensible, mostrar esa falta de empatía... Así empezaban los asesinos, así empezaban a diferenciarse de los humanos

-No puedo decir que no me lo esperara, -comentó para sí el Caballero- Muy pocas cosas hay en un barco que armen tanto revuelo

-En efecto, pero cálmese, fue la mujer ciega, cayó por la borda -contestó la dríade a la enana, posiblemente no había escuchado el comentario, su tono invitaba por algún extraño motivo a tranquilizarse-

Darkeray se inclinó sobre la mesa levemente. Asha miraba a los de alrededor, avergonzada por haber atraído toda esa atención:

-¿La mujer ciega decís? -preguntó entre susurros Darkeray- Extraño, por la noche subí a cubierta y allí se hallaba, mas no sufría mal alguno

-Uno de los miembros de la tripulación la vio inmóvil, flotando boca bajo en el mar -contestó Nyxia, también entre susurros-

-¿Quién es esta mujer ciega? -se unió Asha, adoptando el mismo tono bajo-

-No sabría deciros nada más allá de lo evidente me temo, -contestó Darkeray- Parecía ser una mujer guerrera, portaba armas y de su gesto emanaba habilidad con ellas

-Algún ajuste de cuentas entonces, -dedujo la enana- Todos los mercenarios acaban igual

-Posiblemente tengáis razón, quizá esto solo sea un caso aislado, un suceso desagradable que no se volverá a repetir

Darkeray se llevó su primera cucharada de sopa a la boca, estaba ya tibia, miró a Nyxia disimuladamente, asentía y jugueteaba con la comida, y parecía dudar, como si estuviese ocultando algo, en la mente del Caballero se formó una escena de aquella dríade atacando a la mercenaria y echando su cadáver por la borda, no era la primera vez que había oído hablar de ninfas celosas de sus bosques o lagos que habían arrastrado a la muerte a humanos. Expulsó la idea de su mente y decidió que era absurdo pensar aquello, solamente necesitabas un leve vistazo para detectar la falta de experiencia en combate de la dríade, o quizá lo sabía ocultar muy bien

-Eso espero -comentó Nyxia-

El silencio se cernió sobre la mesa, Nyxia mantenía su mirada en el plato, Darkeray creyó ver como temblaba por un segundo. La gente de alrededor abandonó los intentos de escuchar disimuladamente, y retomaron sus conversaciones.

-Cambiando de tema... -dijo de pronto Asha- Si no es mucha indiscreción, señor Ruisu, ¿A qué se debe la máscara?

Un látigo inexistente azotó a Darkeray y lo dejó paralizado por un segundo, miró a la enana directamente a los ojos unos segundos, no parecía ser una pregunta capciosa, en sus ojos brillaba más la curiosidad, o quizá el interés por romper el silencio, no estaba seguro. Retiró la cuchara que aún tenía en su boca y la dejó en el cuenco.

-Yo... -contestó al fin el Caballero- Me temo que se trata de un tema harto incómodo para mi persona, señorita Asha...

Darkeray pudo ver por el rabillo del ojo como Nyxia lo observaba fijamente. El Caballero bajó la mirada a su sopa y comenzó a removerla, hacía mucho que estaba fría, pero serviría para evitar la mirada de ambas mujeres

-No quería importunar, lo siento -se disculpó la enana-

Darkeray levantó levemente la mirada

-No os preocupéis señorita, -declaró en un tono conciliador- Es lógico que sintierais curiosidad, no os excuséis por ello -siguieron unos segundos de silencio, Darkeray intentó suavizar la situación añadiendo- De hecho, si me lo permitís, os animo a ser curiosa, el conocimiento es muy necesario, y las personas curiosas aún más.

-Concuerdo -añadió Nyxia-

El intento fracasó estrepitosamente, la conversación falleció mientras los tres intentaban refugiarse en sus comidas. Asha dio el paso una vez más:

-No sé que hacer el resto del día, no suelo viajar mucho en barco, normalmente viajo por la tierra... ¿Qué hicisteis vosotros ayer?

-Leer mayormente señorita -contestó el Caballero sin apenas levantar la mirada-

-Yo me pasé todo el tiempo en cubierta, -dijo Nyxia- Me agobia el camarote

La dríade frunció el ceño, confirmando cada vez más las teorías de Darkeray, las ninfas eran seres de naturaleza y lugares abiertos, muchas manifestaban claustrofobia o enoclofobia si salían de sus entornos familiares.

-Supongo que intentaré dormir un poco más -comentó Asha- Y luego daré una vuelta por cubierta... Esta noche no he conseguido descansar lo suficiente -y casi como confirmándolo, bostezó ampliamente-

-Parece una opción muy adecuada -dijo Darkeray- teniendo en cuenta vuestro actual estado

Y se levantó, plato en mano, con la firme intención de abandonar el comedor y recluirse de nuevo en su soledad, socializar después de tanto tiempo le estaba resultando incómodo, y aterrador cuando las preguntas se centraban en él

-Señoritas, -declaró- Os ruego que me excuséis, debo retirarme a mi camarote. Ha sido un placer disfrutar del almuerzo en vuestra compañía -e hizo una leve reverencia a modo de despedida-

Asha alzó una mano en señal de despedida, Nyxia sin embargo se levantó de improviso.:

-Un momento, he olvidado algo en el camarote -declaró, en su tono había una leve nota de desesperación- ¿Le importa que le acompañe?

Darkeray la miró sorprendido, y bajó la mirada durante un segundo a su espada  para confirmar su presencia, seguramente serían fantasías suyas pero el irse a solas con alguien que podía haber sido el asesino no le ofrecía mucha confianza. Buscó en los ojos de la ninfa algo que la delatara, pero no vio nada que lo inquietase, al menos no demasiado, así que asintió y dijo:

-Si os place señorita, no me opongo a ello, pero primero, dejadme devolver el plato

-Por supuesto -contestó casi al instante-

Mientras se alejaba con el plato Darkeray reflexionó un poco sobre lo que acababa de ocurrir, la espada que botaba en su tahalí no dejaba que las posibilidades más funestas se alejaran, el Bufón tampoco contribuyó mucho, pero decidió ignorarlo. Buscó a la muchacha del cocinero y se acercó, la joven hizo desaparecer de su mano el plato casi sin mediar palabra, dejando al aturdido Darkeray a solas mientras ella se dirigía a otra mesa para limpiarla. El Caballero decidió no molestarla, si quería hablar con ella tendría que ser cuando el comedor se vaciase un poco, así que deshizo el camino hacia la mesa:

-Disfrutad del resto de la comida señorita, -dijo dirigiéndose a Asha e inclinándose en una reverencia- Espero nos podamos ver de nuevo pronto

Y sin más, se dirigió a la puerta del comedor, abriéndola y extendiendo su brazo hacia el pasillo, invitando a Nyxia a pasar primero, la dríade comprendió el gesto y atravesó la puerta con garbo dándole las gracias. Darkeray miró por un momento al comedor, algunos volvieron la cabeza bruscamente hacia su mesa, revelando que le habían estado mirando, los ignoró, y salió al pasillo, cerrando la puerta tras de sí.

-------------------X--------------------


-Que pase un buen día... -escuchó susurrar a Nyxia a través de la puerta-

Darkeray contuvo la respiración y no se movió hasta que escuchó como se alejaban los pasos de la dríade. Aquello había sido incómodo, muy incómodo, demasiado incómodo

-Bueno -susurró el Bufón en su mente- Creo que no le has dado más motivos para sospechar

No le gustaba dar la razón a aquella voz chillona y asesina, pero tenía razón, en su brusca justificación había sonado incluso más sospechoso si cabe, no estaba seguro, todo había sucedido demasiado rápido como para procesarlo, quería creer que en el fondo había dado una explicación coherente a Nyxia y que ella no volvería a mencionar el tema, quería creerlo.

Sacudió la cabeza y cerró un momento los ojos intentando apartar aquellos pensamientos, fuera lo que fuera ya estaba dicho, si descubrían su secreto y lo obligaban a regresar a su prisión en Samrat ya pensaría que hacer. No sería la primera vez que escapaba de una situación complicada, aunque en esta ocasión se sumara el hecho de estar en un barco y no tener adonde huir.

Abrió los ojos y posó la mirada en el cubo, pensó en ir a vaciarlo, pero consideró que no era un buen momento, quizá simplemente no tenía ganas de hacerlo. Así que se acercó a la cama y sacó del macuto el libro “Bestiario marino”, una tela marcaba la siguiente criatura marina a leer, el autor la llamaba “Custodio”, un monstruo que al parecer protegía, la entrada a Landemar.

-Muy fantasiosas son las mentes de los hombres que escriben estos libros -susurró Darkeray divertido-

El resto del día trascurrió sin nada que perturbase la lectura del Caballero, hacia la tarde comenzó a escucharse una lira en cubierta, quien fuera que esgrimiese aquel instrumento demostraba algo más que mero conocimiento de la escala musical, pues las notas asomaban dulces y armoniosas por entre las rendijas del camarote, quizá fueran los recuerdos de su madre tocando en el balcón de su antiguo hogar los que enriqueciesen la melodía, pero Darkeray no lo quiso reconocer, se limitó a seguir leyendo mientras tarareaba la canción.

Para cuando llegó la noche, la música ya se había extinguido, casi como una metáfora del día que moría, escuchó la campana de la cena, pero decidió no acudir, intentó hacerse creer que por una comida que se saltase no pasaría nada, algunos tripulantes lo hacían si no sentían apetito, sobretodo los que tendían a marearse en los barcos, pero la verdad la conocía demasiado bien, y era que las posibilidades de encontrarse con las damas que habían compartido con él el almuerzo eran muy elevadas, ellas estarían allí, el pánico de volver a enfrentarse a una conversación sobre él lo apartó del comedor, al menos por aquella noche.

A lo lejos, en el comedor, se reanudaron los mismos sonidos y olores del almuerzo, y siendo Darkeray consciente de que la mayoría de los tripulantes estarían allí, cogió el cubo y se fue a la cubierta. Las estrellas brillaban en la noche como era su obligación, las tres lunas sonreían ignorantes a lo que había sucedido bajo su luz la pasada noche, el Ardent salpicaba en el agua mientras la cortaba a su paso, por el olor era muy evidente que hacía poco se había fregado la cubierta con agua salada.

Darkeray se dirigió a la proa y buscó en la penumbra los beques, vació en uno de ellos el contenido del cubo, el agua lo recibió con un chapoteo, algunos peces levantaron pequeñas ondas al alejarse asustados, regresaron al cabo de un segundos para explorar la viabilidad como alimento de aquello, lo descartaron e ignoraron, o casi, las larvas de mosca resultaban más apetecibles.

Se dio la vuelta y buscó el apoyo de una de las barandas, la de babor le pareció la más adecuada, a lo lejos se perfilaba una costa, quizá solo fuera un farallón o un islote cualquiera, las lunas no ayudaban demasiado a discernirlas, pero si las suposiciones de Darkeray eran correctas, estaban siguiendo la Ruta de Cristales, la cual suponía una navegación de cabotaje, siguiendo el recorrido muy bien delimitado por los arrecifes, desde luego era más segura que el adentrarse directamente en mar abierto, con los céfiros llegando acompañados de tormentas.

Levantó los brazos de la baranda y miró hacia arriba, estirándose hacia atrás, su cuerpo estaba agarrotado, tanto tiempo sentado en la misma postura había hecho sus picardías. A sus espaldas sonó un bufido, era el gato de la última vez, lo había asustado una figura renqueante que hizo que se escondiera en un recoveco oscuro. Darkeray sintió curiosidad por saber quien había hecho que el gato se alterara tanto, pero descartó la idea e ignoró a la figura, sin dejar por ello de posar su mano en la espada, toda precaución era poca si se tenían en cuenta los acontecimientos recientes.

La figura no pareció reparar en él, simplemente cruzó la cubierta y descendió por una de las escaleras, Darkeray inspiró hondo y regresó a su camarote tras coger su cubo, por algún extraño motivo, aquel momento había emanado una tensión casi salvaje, como cuando la araña pasa cerca de una mosca, lenta y tranquila, pero con intenciones aviesas.

-Tengo que dejar de sospechar de todo ser viviente que me cruce -susurró para sí- O a este paso consideraré que todos menos yo son los asesinos...
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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Nyxia el Mar Jul 05, 2016 6:02 pm

Me desperté lentamente, mecida por el suave arrullo de las olas. Poco a poco las nubes del sueño fueron disipándose de mi mente. Ronroneé como un minino y me estiré. Mis huesos crujieron, el camastro no era especialmente cómodo. Me senté sobre él, todavía con los ojos entrecerrados, mientras reflexionaba sobre lo ocurrido la noche anterior.

Una muerte en el barco. La escolta de uno de los comerciantes de pólvora. Una ciega. Me intentaba forzar a creer que había sido un accidente, que había caído por la borda debido a su falta de visión. Sin embargo, una parte de mí se resistía a ser tan ingenua. La ceguera limita, sí, pero no te hace tan vulnerable, y menos si ya llevas un tiempo conviviendo con ella. Además, nadie escogería como protectora a una persona así si no está completamente convencido de que se las sabe apañar. Alguien había asesinado a esa mujer.

La conclusión me hizo estremecer. Ahora no podía dejarme llevar por el miedo, tenía que ser fuerte. Mantenerme a salvo e intentar evitar más muertes, sin ponerme en peligro excesivo. Sin embargo, no tenía por qué morir más gente, ¿no?

Me levanté y me acicalé un poco, echando de menos un espejo. Quería salir del camarote cuanto antes, pues parecía que este concentraba malas vibraciones. Era como si en el interior del barco hubiese algo maligno y se desprendiese de las paredes, el techo y el suelo como humo negro, ahogándome. Tenía la impresión de que la ciega no iba a ser la única en perder la vida, sino simplemente la primera. Sacudí la cabeza intentando alejar esos pensamientos y abrí la puerta.  

Subí a cubierta y me situé al sol, sin prestar atención a lo que me rodeaba. Eso era algo raro en mí, pero la necesidad de aire libre me acuciaba. Eché el rostro ligeramente hacia atrás y sacudí la cabeza para apartar el pelo de mi cara. Cerré los ojos y disfruté de la caricia templada del astro. Mi respiración se tornó lenta y profunda, acompasada por el vaivén de la embarcación.

El sonido de la campana me hizo dar un respingo y se me escapó una risilla tonta. Mi humor había mejorado notablemente tras ese momento de relajación. Podía perfectamente quedarme allí e ignorar la llamada para el almuerzo pero me gustaba el aglomerado de personas que se formaba. Era un refugio lleno de vida y bullicio dentro de la embarcación, tan muerta. Así que, tras unos minutos, me dirigí hacia la cámara de la tripulación.

Cuando llegué, atisbé al hombre de la máscara y vi mi oportunidad. Me dispuse a coger mi plato con prisas pero me entretuve por culpa de la variedad de la comida, buscando lo más adecuado para mí. Me decanté por las jibias rellenas, pues podría comérmelas sin tener que apartar nada.

Para cuando lo volví a buscar con la mirada, se había colocado justo en frente de una enana así que tuve que conformarme con sentarme al lado de esta, pues prefería tenerlo en frente, así lo podía observar mejor. Sin embargo, antes de hacerlo, compuse mi mejor sonrisa y di los buenos días para dar pie a una conversación.

El caballero me preguntó por mi nombre y se presentó como Ruisu aunque mi instinto me decía que no era aquella su identidad. Ella se llamaba Asha y preguntó por los gritos de la noche anterior. Titubeé pero al final acabé comentando que se había producido una muerte con la intención de ganar un poquito de su confianza, aunque me reservé ciertos detalles. No quería parecer una chismosa.

Tras concluir con nuestras teorías sobre el fallecimiento de la mujer ciega la enana le preguntó a nuestro acompañante la razón de la máscara. Contuve el aliento, observando al que se hacía llamar Ruisu con intensidad mientras esperaba su respuesta. Una respuesta que no llegó, pues reaccionó con evasivas mientras jugueteaba con su plato.

Un silencio incómodo se instaló entre nosotros, pesado, disolviendo la ligera complicidad del principio. Asha volvió a intervenir pero no tardamos en sumirnos de nuevo en él tras una conversación fútil sobre nuestra rutina. La enana intentó continuar con la charla pero de repente el hombre enmascarado se levantó y anunció su marcha a su camarote.

Me levanté como accionada por un resorte, sin pensar. Era mi oportunidad de hablar con él a solas. Alegando que había olvidado algo en mi camarote, me ofrecí a acompañarle. Él accedió, examinándome con una mirada profunda, que le devolví intentando no parecer incómoda. Una vez fuera de la sala, comenzamos a caminar sin dirigirnos la palabra. Mis ojos se posaban alternativamente en el suelo y en su figura mientras intentaba reunir el valor necesario para iniciar la conversación.

-Perdona… -mi voz sonaba temblorosa y tímida-. Sé la razón por la que llevas esa máscara, y quería ofrecerte mi ayuda.

Él se detuvo para mirarme de manera penetrante. Se la sostuve, ligeramente cohibida, e inspiré, buscando la fuerza necesaria para continuar ya que él callaba.

-Soy una dríade, y he desarrollado un don para curar con mi magia –añadí, mientras él me analizaba.

-¿Y qué males decís que me aquejan? –me preguntó, casi en susurros.

-Escuché que usted creía que era lepra. En el caso de que no lo sea, también le puedo aliviar –dije, intentando aclararle que podía ayudarle con su dolencia independientemente de la que fuese-. Incluso podría examinarle, tengo algunos conocimientos en medicina –pensaba callar, pero me vi en la necesidad de justificar mi interés-. No quiero dejarle a merced de los posibles timadores de Ciudad Esmeralda.

- Ah... –noté cómo relajaba la postura-. Por ello no os preocupéis, no era sino una argucia para lograr el pasaje en este barco, bien me es conocida la fama de los médicos de Ciudad Esmeralda, y no pienso acudir a ellos, otros que me son más conocidos y fiables me atenderán en cuanto salga de la ciudad, pero me era necesario para llegar a ellos el montar en este barco.

-Oh...

Me quedé sin habla unos instantes mientras él reanudaba su andar. No sabía si había entendido lo que yo quería decir y quería deshacerse de mí  con esa excusa o si realmente no había comprendido que mi don podía ayudarle mejor que cualquier médico. Aunque me contrariaba, me decantaba por lo primero pero me costaba leerle con aquella máscara ocultándome sus expresiones. Tras unos segundos de indecisión, fui tras él y le alcancé a paso rápido.

-Entonces, no quiere mi ayuda…

-Me temo que en este momento no señorita Nyxia, si noto algún tipo de dolencia que requiera de atención médica seréis la primera en saberlo, mas por ahora, prefiero el correr el riesgo de no ser examinado.

Se detuvo y yo con él, confusa. No entendía nada, antes había dicho que iba a acudir a unos médicos que no eran los de Ciudad Esmeralda y ahora que prefería no ser examinado. Supuse, dolida, que el problema era yo. Me chocó, pues nunca me había ocurrido algo así. De hecho, solía ser al revés, yo inspiraba más confianza que curanderos o estudiosos de la medicina. Su voz me sacó de mi reflexión:

-Existen dolencias que no merecen ni el tiempo ni el esfuerzo, menos aun cuando son tan irremediables –añadió, mientras sus ojos abrasaban los míos.

Y volvió a reanudar su marcha, dejándome hecha un amasijo de dudas. Le seguí, en silencio, absorta en mis pensamientos. Mi mente era un torbellino, hilando ideas de manera tan rápida y caótica que ni siquiera puedo explicar lo que pensé. Antes de poderle dar una respuesta, él ya estaba aferrando el pomo de la puerta de su camarote. Me miró por encima del hombro para despedirse:

-Que tengáis un buen día señorita Nyxia, espero que nos podamos ver en otra ocasión.

No era sincero, simplemente utilizaba una fórmula de cortesía. El desconocido sabor del rechazo me hizo reaccionar impulsivamente para insistir una vez más:

-¡Espere!

El caballero se detuvo, semioculto tras la puerta a medio cerrar, dirigiéndome una mirada sorprendida. Inspiré, intentando aclarar las ideas en mi mente.

-Si cambia de opinión, hágamelo saber –volví a coger aire con fuerza-. Creo poder ayudarle mejor que cualquier médico, si me permite el atrevimiento.

-Muy bien, le tomo la palabra, y la tendré en cuenta –miró alternativamente mi rostro y el interior del habitáculo- Gracias por el ofrecimiento señorita Nyxia.

Y desapareció, cerrando con presteza la puerta que nos separaba. Me quedé allí plantada, confusa, presa de un abatimiento repentino, sufriendo por él. Todas las dolencias merecían cuidado y atención y ninguna era irremediable excepto la muerte. Tenía la certeza de que podía serle de ayuda, pero ya había insistido demasiado y mi orgullo no me permitiría volver a hacerlo. Además, no quería molestarle. Había hecho todo lo que estaba en mi mano. Sumida en estas reflexiones, posé mi frente y mis manos con suavidad sobre la puerta.

-Que pase un buen día… -susurré, con los labios casi rozándola y mi pelo ocultando ambos lados de mi rostro, desanimada. Mis palabras no podían haber sido más sinceras.

Me retiré lentamente y entré en mi camarote para coger la lira, mi excusa por haber salido en medio de la comida del modo en que lo hice. Volví a la cámara y a mi sitio al lado de la enana, que me saludó con un gesto. Le agradecí el detalle de cuidar mi silla y mi plato, enfatizando con una de mis amplias sonrisas.

-De nada –respondió, quitándole importancia. Dejé el instrumento sobre mi regazo y retomé mi comida-. ¿Eso es lo que has ido a buscar? –preguntó, entre bocado y bocado.

-Sí, quiero tocar un poco en cubierta después de comer –volví a sonreír al pensar en mis planes-. Todavía tengo mucho que aprender y así me entretengo.

-¿Es que todos los elfos sabéis tocar? –bromeó-.  Creo que no me he encontrado a ninguno que no usara algún instrumento o supiera cantar.

-Oh –una risa despreocupada brotó de mí al percatarme de su error-. No soy una elfa, soy una ninfa. Y aunque me crie con elfos a mi alrededor fue un grupo de humanos quienes me enseñaron a tocar.

- Oh, creí que... –parecía un poco avergonzada-. Nunca me había encontrado antes con tu especie –me observó de arriba abajo con ojillos curiosos-. Dríade supongo ¿no?

-En efecto –me volví a mis verduras y añadí- por eso me agobia mi camarote y prefiero estar al aire libre.

-¿Y qué hace una dríade en un barco? Tú gente no suele salir de los bosques.

-Hay más de las que crees viajando, somos demasiado longevas como para permanecer toda la vida en el mismo sitio –comenté, pensativa. Asha seguía expectante y me percaté de que no había respondido a su pregunta-. Yo... Vuelvo a Ciudad Esmeralda, estoy buscando a una persona –no quise dar más detalles pues mi mente todavía estaba con aquel que se hacía llamar Ruisu y su dolencia y me sentía incapaz de dar explicaciones-. ¿Y tú?

-¿Yo? Asuntos familiares, se podría decir –y apartó la mirada para volver a su comida.

Oh, había topado con un tema delicado. Sentí su tristeza y decidí no seguir por ahí. Me invadió un sentimiento de inutilidad: no podía ayudar al caballero, entristecía a la enana… Suspiré, parecía que confinada en un navío perdía mis cualidades. Entonces, se me ocurrió una idea.

-Por cierto, antes dijiste que te encontrabas cansada –comenté, como de casualidad.

-Sí, no he tenido muy buena noche.

-¿Me permites tu mano? –acompañé mi pregunta con una sonrisa sincera, para infundirle tranquilidad.

Observé cómo una expresión de extrañeza se extendía por su rostro. Sin embargo, accedió a mi petición:

-Cómo quieras.

Mi sonrisa se ensanchó al entrelazar mis dedos con los suyos. Me concentré y dejé la energía fluir a través de ellos. Me topé con una barrera repentina, como si su piel fuese más densa que la mía y mi magia tuviese dificultades para penetrar. Claro, era una enana. Apreté su mano con más fuerza y fruncí el ceño, buscando una mayor concentración. Me relajé cuando sentí que llegaba hasta ella y me mantuve así unos segundos, antes de que empezase a resultar doloroso.

-¡Vaya! Eso es... ¿Cómo has hecho eso? Guau, se siente muy bien.

-Es un don que me permite curar ciertas cosas, pero de manera muy limitada –expliqué, con la felicidad asomando en mis ojos, mientras retomaba mi comida-. Me alegra que te sientas mejor.

Terminé de comer, pues ya apenas quedaba nada en el plato. Me levanté, lista para marcharme y Asha se despidió de mí:

-Muchas gracias, ya nos veremos, Nyxia.

-Si necesitas algo ya sabes –me ofrecí, mientras esbozaba una de mis mejores sonrisas.

Dejé el plato y salí de la sala, lira en mano, hacia la cubierta. El sol calentaba con timidez, en lo más alto del cielo. Me senté, con la espalda apoyada en la barandilla del galeón, de manera que los rayos del astro se derramasen sobre mi piel. Cerré los ojos y entreabrí los labios para que la luz me los besara. Suspiré.

No sé cuánto tiempo permanecí así, pero no fue mucho. Pronto fui demasiado consciente de la llamada de mi instrumento, que clamaba mi atención, abandonado en mi regazo. Aún sin abrir los ojos, mis dedos empezaron a rasgar cuerdas al azar con mimo y delicadeza sin tener en mente ninguna canción. No quería llamar demasiado la atención, así que decidí reservarme mi voz.

Lo que me apetecía era expresar cómo me sentía, así que empecé a narrar con notas graves las cálidas sensaciones que el sol me imbuía. Tras ese rato de calentamiento, mi mente viajó hacia atrás. La melodía cambió para describir la contrariedad de sentirme rechazada por primera vez. La complejidad me obligó a fijar la mirada en la lira y en mis manos, que danzaban con rapidez. Intercalaba la repetición de ciertos acordes más agudos y rápidos, que representaba mi insistencia, con un par de sonidos más bajos y sostenidos, que daban vida a la constante negativa del caballero. El resultado me sorprendió gratamente y, cuando finalicé la improvisación me di un respiro. Aproveché para observar a la gente que se encontraba en  cubierta, a mi alrededor. A veces me observaban de reojo, pero nadie se atrevió a acercarse a mí. Quería pensar que les gustaba lo que oían.

No tardé en volver a la carga. Comencé a tocar una canción de mi propia cosecha, una canción que hablaba de mi don, distinta cada vez que sonaba pero con un esqueleto fijo en mi mente. Era cambiante porque cada vez  añadía a la parte invariable algo nuevo y distinto, algo que me recordase a quien había curado, una seña de identidad. Y esta vez era Asha, la enana sin energías. Tras empezar con la música, me percaté de que no la conocía lo suficiente y de que el resultado se iba a parecer en exceso a la melodía original. Sin embargo, intenté compensar la falta de personalidad imprimiendo más dulzura y alegría a la canción, con la que acabé disfrutando mucho.

Suspiré, decidida a darme un descanso, el sol ya casi había terminado su recorrido por el cielo aunque todavía no había comenzado a desaparecer en el mar. Cerré los ojos, la tarde se me había hecho fugaz.  De repente, noté un aleteo y una suave ráfaga de aire. Entreabrí los ojos, una presencia me tapaba la luz.

Allí estaba la divium, majestuosa, observándome fijamente. Nuestras miradas se cruzaron y la intensidad del intercambio me causó un estremecimiento. Sus ojos me atrapaban, hipnóticos, de un claro azul grisáceo. El izquierdo estaba cruzado por una cicatriz oblicua. Escapé de ellos para fijar los míos en sus alas, que tanto me habían llamado la atención. Negras y enormes, en ese momento su belleza era especialmente abrumadora, pues al tapar el ocaso parecía que la luz emanaba de ellas.

Se dejó caer a mi lado y desvié la mirada hacia mi lira, estudiándola minuciosamente, con las manos crispadas. De vez en cuando miraba a la divium de reojo, escondida tras mis rizos rojos. La curiosidad me mataba por dentro, así que decidí iniciar una conversación.

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Agradecí el sonido de la campana, pues era una excusa para irme. Me levanté y me despedí de Areath sin establecer contacto visual. Todavía tenía la espina de la mentira clavada bien a fondo. Entendía que no era habitual ser completamente sincera con una persona  que acabas de conocer pero me había dado a entender que me ofrecía su amistad y yo nunca le mentiría a alguien del que pretendo ser amiga. Suspiré, mientras me dirigía a paso lento hacia la cámara de la tripulación.

Una vez allí, vi de lejos a una elfa, la única de su raza en el barco, que pertenecía a la tripulación. La nostalgia sazonó mi curiosidad y, tras coger mi plato, me senté junto a ella.

-Buenas noches -saludé en élfico, intentando establecer complicidad-. Es una grata sorpresa encontrarme con una elfa marinera –añadí, cándida, cambiando al idioma común.

-Oh, gracias –sonrió, tímida, mientras lanzaba una mirada alrededor preocupada, como para comprobar que nadie más nos observaba-. Lo es.

-¿Qué le llevó a elegir esta ocupación? –pregunté, con la intención de ser agradable.

Tardó un poco en contestarme, pendiente de la cocina, parecía que le tenían que entregar algo de comida. Posó su mirada en mí y luego la desvió a un punto indefinido del comedor.

-Pues se dio sin más –su mirada seguía perdida- ¿Qué te trajo a ti al Ardent?

-Necesitaba volver a Ciudad Esmeralda, busco a un familiar.

Volvió a voltear su cuello, vigilando ambos lados, inquieta. Yo permanecí en silencio, preocupada. ¿Qué le ocurría? Decidí calmar su inquietud con mi magia sin llegar a tocarla, pues estaba tan intranquila que no me permitiría establecer contacto físico y ponerme a cantar le hubiese resultado, cuanto menos, extraño. Gritó a Rott con la intención de que se diese prisa y yo me dispuse a buscar su aura.

-Familia, me alegro por ti la verdad. Fue la falta de esta la que me llevó a navegar –hizo una pequeña pausa-. Esperaba encontrar una familia aquí –se giró rauda hacia la cocina-. ¡APURATE ROTT CON UN DEMONIO!

-Oh… -no acerté a decir nada coherente, la repentina confesión y los gritos me pillaron desprevenida- ¿y no la has encontrado?

La respuesta fue un suspiro que salió de lo más profundo de su ser, un suspiro de esos en los que hay muchos sentimientos entremezclados y ninguno de ellos es feliz.

-Espero que encuentres a tu familiar –contestó, esquiva, evitando el contacto visual.

-Gracias –la observé con preocupación. Yo conocía el peso de la soledad así como la ligereza de tener una familia que velase por ti. No podía ayudarla con aquello excepto desearle suerte y ofrecerle mi compañía durante el barco. Lo único que podía hacer por ella en ese momento era tranquilizarla con mi magia pues, aunque podía intentarlo con las palabras, ni siquiera sabía a qué se debía su nerviosismo.

Entonces llegué hasta ella. Su aura se me asemejaba a una luz titilante, inquieta, de un amarillo claro. La envolví con la mía para transferirle algo de mi paz interior y sentí cómo se calmaba. En mi mente vi cómo la luz dejaba de titilar y se estabilizaba. Sonreí para mis adentros, mientras contemplaba cómo el nudo de preocupación de su frente se deshacía y su rostro quedaba sereno.

-Por cierto, antes no me he presentado, me llamo Nyxia.

-Mi nombre es Stella... Mucho gusto.

-Igualmente –respondí, contenta y satisfecha por haber logrado el efecto deseado.

En ese momento, la elfa recibió un pequeño saco con provisiones. Con la rapidez de un animalillo, cabeceó como despedida y se dirigió a la puerta de salida.

-¡Stella! –la llamé, antes de que desapareciese. Ella se giró, ya en el marco de la puerta-. Si necesitas cualquier cosa, házmelo saber   –me ofrecí, alzando un poco el tono para que me oyese.

Ella asintió con una ligera sonrisa y se fue. Yo me quedé en mi sitio, pensando en la causa de la inquietud de la elfa mientras masticaba. Nadie se acercó a mí ni yo me acerqué a nadie, ya había socializado lo suficiente aquel día. Cuando terminé me situé en la esquina de la noche anterior, observando el movimiento de la gente. No vi a la exina y eso me hizo percatarme de que tampoco la había visto en la comida. Me resultó curioso, pues a la cena anterior sí había acudido y ella no era como yo, necesitaba alimentarse. A lo mejor se había llevado el plato a su camarote como hizo Ruisu. Otro que no se encontraba en la sala, por cierto, pero eso no me resultaba tan extraño. Sin embargo… ¿no faltaban más personas al comparar con la noche anterior? Me daba la impresión de que algo estaba ocurriendo. Y a mí se me escapaba.

Me froté los ojos, tal vez el sueño estaba haciendo mella en mí. Bostecé, y eso fue suficiente para decidir marcharme. Una gran parte de mí estaba deseosa de hundirse en la negrura de los sueños para no tener que pensar más en los inquietantes sucesos que acontecían en el galeón. Suspiré, ya en el camastro. Esperaba que al día siguiente las perspectivas fuesen más halagüeñas.
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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Areath el Miér Jul 20, 2016 8:13 pm

Areath se despertó súbitamente al escuchar un fuerte sonido. Era la puerta del camarote de al lado, la cual se había cerrado dando un fuerte golpe. No fue un golpe normal sino uno lleno de rabia y resignación. Tardó un rato en ubicarse, sus ojos no reconocían aquel pequeño lugar por el que apenas entraban unos rayos tenues de luz, sentía tanto la cabeza como el resto de su cuerpo pesado, por no hablar de sus alas, que estaban más agarrotadas que un pájaro seco y sin vida. Aquella sensación le recordaba a una de esas largas noches pasadas en el ejército de los seraphis, donde entrenaba incansablemente por lo que por entonces creía que era lo mejor para ella y para el mundo. Cambió el rumbo de sus pensamientos, todavía era demasiado temprano para encontrarse con sus mayores arrepentimientos. Se levantó de la no tan mullida y cómoda cama y arregló su cabello recogiéndolo en una densa cola de caballo. Areath miró su reflejo en el espejo buscando algún resto de legañas. La cicatriz seguía sobre su ojo, hoy tenía un toque más oscuro, ocurría cuando no descansaba bien. De hecho, bajo sus ojos se manifestaban unas anchas ojeras, que por el contrario de lo que cualquiera pudiera pensar no la hacían menos hermosa, ni menos atractiva. A pesar de sus defectos, mantenía su elegante porte, tal vez hasta daba un poco más de miedo. Era uno de esos días en los que las miradas quemaban cuales brasas.

   Intentó poner las ideas del día anterior en orden. Alguien había acabado con la vida de una mujer, que además parecía ser importante para un tal Trab o Treb, no recordaba exactamente su nombre, pero estaba claro que la situación en el galeón de ahora en adelante sería de todo menos cómoda. Se enfundó a Luxure en el cinto. Sin lugar a dudas, no iría desarmada, no, ni por todo el oro del mundo. Ella se defendería a toda costa.
Salió de su camarote y puso rumbo al comedor, pues la campana que anunciaba el almuerzo acababa de sonar. El olor empezaba a disgregarse y como no podía ser de otra manera el ajo rezumaba en las especias de la comida.

    El comedor estaba abarrotado, tanto de pasajeros como de tripulantes, el ambiente era jovial y distendido, como si nada hubiera sucedido la noche anterior. Todos reían, bromeaban y chocaban sus cervezas, a primera vista no había nada que pudiera decirse que fuera extraño o que no estuviera correcto, sin embargo… no es oro todo lo que reluce y ahora mismo Areath había subido su nivel de guardia. La divium se acercó a la barra, donde la misma chica que el día anterior estaba sirviendo la comida a los comensales.

     -Se te ve un poco cansada, ¿acaso no has dormido bien? - preguntó la inocente muchacha preocupada.

      -No es nada, sólo necesito una noche más de sueño reparador…- El subconsciente de Areath desnudó a la chica allí mismo, se la llevó al camarote más cerca y le hizo gritar improperios que ni existían. La mirada de la divium rebosaba lujuria, acortó la distancia buscando un acceso a su pálido cuello… sin embargo, antes de poder hacerlo sus papilas gustativas se impregnaron de un fuerte sabor metálico. La muchacha estaba tensa pero receptiva, anhelaba aquellos labios, pero nunca llegaron.

Totalmente perturbada, Areath pidió una ración de berenjena rellena de res y salió de su vista como si le fuera la vida en ello. Se sentó en la primera mesa que encontró vacía mirando de reojo a la muchacha de la barra. ¿Cómo era posible que una simple humana le hubiera hecho casi perder el control? Todavía faltaban dos semanas para la Luna roja, era prácticamente imposible estar bajo el influjo de ésta. Tal vez era por la falta constante de actividad sexual, a lo mejor le estaba empezando a pasar factura, quizá debería plantearse buscar a alguien… pero no, era lo último que quería, odiaba sentir esa necesidad constante, ese maldito estigma de su raza. No perdería los estribos.
     Un poco desanimada, culpable  y con cuchillo y tenedor en mano empezó a comer sin dejar de observar un sólo instante a su alrededor. La mesa de al lado fue ocupada por la enana, la ninfa y el hombre misterioso de la máscara. No parecía que se conocieran pero parecía que habían entablado una conversación banal y cordial. Con disimulo, Areath se desplazó en su propia mesa buscando escuchar la charla que tenían. No había podido escuchar gran cosa pero la cara de la enana estaba tan blanca como la leche, como si no hubieran podido darle un disgusto peor. La dríade intentó calmar a la pobre chica, quien de por si, no parecía muy animada. ¿Tal vez no sabía nada del asesinato? El resto de la conversación no fue tampoco muy alentadora, lo más interesante que se había planteado era el rostro desconocido de Dark, a quien obviamente dicha petición le incomodó. Al final se quedó sola Asha, quien si se descuidaba caería dormida sobre lo que le quedaba de la sopa de tortuga.

     Areath terminó su almuerzo y dejó en la mesa el plato. No quería volver a cruzar miradas con la chica de la barra, no al menos hasta el día siguiente o al menos ya pasadas unas horas. Salió a la cubierta y alzó el vuelo, sus alas se desplegaron con cierta tensión, las membranas estaban duras y las escamas casi no brillaban, aún así, era un espectáculo digno de ver, jugó entre los mástiles haciendo varias piruetas. Todo aquel que pudo dejó su tarea a medias para contemplarla, no todos los días se tenía la suerte de ver un divium volando sobre tu cabeza.


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   Areath se levantó de la cama cuando el sol despuntaba en lo más alto, no era su hora favorita pero reconocía que tenía cierto encanto. Esta vez parecía haber descansado mejor, los músculos ya no le dolían y las alas habían recobrado sus destellos azules.
La hora de comer había pasado y con suerte, no quedaría mucho para la cena. En el camarote era un pájaro enjaulado, sin libertad alguna, así que dejando esta vez su cabello suelto, salió con aires de grandeza hacia la cubierta donde nuevamente abrió sus alas y se dejó caer sobre el mástil más grueso y por ende, más cómodo.
    La divium yacía con los ojos cerrados, totalmente relajada, fue entonces cuando una hermosa melodía con distintos matices y registros empezó a fluir con el viento en movimiento. Se dejó transportar a otros lugares lejanos, recordó parajes que hacía mucho tiempo que no visitaba, personas importantes, sensaciones placenteras se mantenían pegadas a ella, cual imán, sin embargo, de un momento a otro la melodía desapareció y con ella, sus sensaciones. Buscó el foco del ahora silencio. Se trataba de la dríade que estaba esta mañana en la mesa. Su cabello era rojo y rizado, una cascada en un mar de fuego, irradiaba belleza, no importa donde la miraras, sus ojos, sus orejas, su rostro, sus pechos… era una ninfa realmente preciosa. Areath cerró los puños clavándose las uñas en las manos, ya había tenido suficiente deseo sexual por un día, y las hadas podían llegar a ser seres peligrosos en ese aspecto.
Nyxia yacía sentada con la lyra en su regazo, como si fuera su bebé. Después de un incómodo encuentro a su mirada, la ninfa la desvió hacia su instrumento. Parecía perturbada y porqué no decirlo, ocultaba un poco mal su nerviosismo. Areath sonrió de medio lado y descendió con la elegancia suficiente como para no levantar demasiado viento, sentándose a su lado. La dríade todavía miraba fijamente las alas de la divium, quizá, era lo que más le había llamado la atención, era joven y era la primera vez que veía a una Tenebri.
El silencio reinó entre ambas, no era uno de esos silencios incómodos, tampoco era pesado pero si estaba cargado de un aire floral, de rosas, de jazmín… el silencio quería romperse.
Nyxia mantenía sus manos entrelazadas sobre la lyra hasta que finalmente cobró  valor y rompió su silencio.

 -Hola - dijo sin levantar mucho la voz y mirando de reojo el rostro de Areath.

 -Hacía mucho que no veía una ninfa, y ahora mismo sois dos abordo de un mismo galeón. ¿Acaso ha ocurrido algo importante entre los de tu raza?- Preguntó sinceramente y sin quitarle el ojo de encima, tanto a ella, como a su atuendo. Quizá era un poco joven, pero después de todo las ninfas eran seres relativamente longevos y sabios.

Nyxia pareció sorprendida ante una respuesta tan larga, sin embargo, era el grabuto de arena que necesitaba para tomar un poco de confianza y así relacionarse de una forma más distendida.

  -No, no lo creo - la dríade sonrió y los pájaros cantaron -. Las razones que me llevan a viajar son estrictamente personales, y las dríades como yo no solemos mezclarnos con exinas. Asique podría decirse que es una graciosa coincidencia.

  -En ese caso, es una hermosa coincidencia, tan similares y tan dispares… - Areath levantó la vista al mar mostrando cierto deje de melancolía en su rostro. - ¿Qué razones te han obligado a realizar este viaje? ¿Acaso te aguarda alguien en Ciudad Esmeralda? - Areath se acomodó sobre sus alas. La humedad del mar las mantenía tan mojadas y brillantes que el azul se reflejaba casi como el propio zafiro, llamaban tanto la atención que Nyxia no pudo evitar volverlas a mirar.

    -Ojalá me aguardara alguien… - comentó entre suspiros y perdiéndose por un segundo en sus cavilaciones. - Busco al resto de mi familia, en concreto, a mi padre.- La última frase lo dijo en voz baja, como si sintiera que estuviera hablando de más, no obstante, de alguna manera, la presencia de Areath la reconfortaba.

     -En ese caso que los dioses te amparen y encuentres a tu padre.- Areath miraba al horizonte pero sus intenciones eran reales y verdaderas, no sabía de qué otro modo podía ayudar a Nyxia asique simplemente se quedó sentada a su lado, haciéndole compañía.

     -Gracias, por cierto, me llamo Nyxia, todavía no nos habíamos presentado.

     -Yo soy Areath. - Se presentó también ella ofreciéndole la mano. No era algo que hiciera de forma habitual, pero por una vez, podía hacer una excepción. - Si alguna vez te aburres, mi camarotes es el número diecinueve, serás bien recibida o si lo prefieres… puedes seguir tocando.- La Tenebri desvió la mirada de la lyra a sus manos repetidas veces.- Tienes las manos perfectas para tocar un instrumento, es como si cobraran vida propia y con ello también lo hace la melodía.

      Nyxia se ruborizó al instante, no parecía muy acostumbrada a los halagos. - La verdad es que no me considero una experta pero me gusta pensar que hago disfrutar a la gente. Muchas gracias… y … mi camarote es el número veinte.

      -Bien, ahora ya sabremos dónde encontrarnos. Si lo prefieres, en las comidas suelo sentarme en la mesa del final, a mano derecha, las vistas son realmente interesantes y te aseguro que lo último que harás será aburrirte. Los hay muy chismosos.

      -Gracias, lo tendré en cuenta. - Una hermosa sonrisa iluminó su rostro, sin duda, ver  a una ninfa sonreír era como si el mismísimo sol te abrazara en plena mañana. Radiante. - Si son chismosos supongo que estarás enterada de lo que ocurrió anoche.

      -Pues ahora que lo dices...ayer, mientras dormía me despertaron unos gritos, pero soy muy dormilona y me di media vuelta sin pensarlo.- Areath abogó por la mentira. Más valía malo conocido que bueno por conocer y aunque Nyxia no parecía desconfiable, no arriesgaría tan pronto. Todavía no le contaría nada acerca de lo que había escuchado.

      -Ya veo.- Empezó a puntear la lyra en silencio ignorando la presencia de la Didivum. Nyxia olía la mentira y que aquellas palabras no eran del todo sinceras lo cual le dolió un poco más de lo que le habría gustado. Areath se quedó a su lado sin mediar palabra, era evidente que de sus últimas palabras no había medido suficiente lo que quiera que hubiera pasado.

Por fortuna o por desgracia la campana que llamaba a cenar empezó a sonar. Ambas se levantaron a la vez y cruzaron las miradas por última vez. Nyxia no ofrecía aquella alegría iluminada en su rostro, se mostró seria y se despidió tan formalmente como mejor supo. Areath se quedó mirando como desaparecía tras la compuerta que llevaba hacia la zona de la cocina y los camarotes sin darle demasiada importancia. Era lo que sucedía con las mentes más jóvenes, que cambiaban de humor como de lencería. Tras darle un margen de unos minutos, ella también se fue a cenar. Estaba muerta de hambre.


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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Pereza el Lun Jul 25, 2016 8:22 am

__El estruendoso y molesto sonido de la campana que indicaba la hora del almuerzo dio inició el segundo día de la enana en el Ardent.
__La noche había sido dura, muy dura, la enana no recordaba haber dormido tan mal en toda su vida. Estaba más cansada que cuando se fue a acostar, y mira que era difícil.
-¡Hombre...! Los demonios también tenemos que comer...-
__No es que hubiera dormido en una mala postura, o no hubiera conseguido dormirse. No, nada de ese estilo, se había dormido rápida y profundamente nada más tumbarse en la cama. Y no le dolía ninguna parte del cuerpo. Simplemente, está cansada, muy cansada.
-Y yo estoy satisfecho. Bastante satisfecho...--
-Bueno, podría comer un poco más...-

__Al principio, como la campana le hizo sobresaltarse y darse cuenta de la hora que era, salto de la cama rápidamente y comenzó a vestirse. Pero al volver a sentarse sobre ésta para colocarse la ropa, la llamada del colchón fue irresistible, y volvió a tumbarse "solo un poquito más..."
__El sonido de la tripulación dirigiéndose hacia la cámara le devolvió un poco de nuevo a la realidad, y tras tomarse su tiempo para darse cuenta de que se había vuelto a quedar dormida, salto bruscamente de la cama y dándose un par de tortas se espabiló lo suficiente para poder salir acabar de vestirse y salir del camarote, resultando en darle un sonoro portazo al pasajero del camarote de al lado, el de la máscara de metal, quién pasaba justo delante de la puerta.
__-Mis disculpas señorita- Exclamó el enmascarado tras recibir el golpe, mientras se recuperaba.
-¡Que porrazo…!-
__Asha, a quién mantenerse despierta le estaba requiriendo todo lo que su cerebro podía dar en esos momentos, tardo bastante más en reaccionar, mirando un par de veces a su vecino antes de darse cuenta siquiera de qué es lo que acababa de pasar.
__-¿Eh? hmm.. Oh... ¡Oh! ¡Perdone! -gritó al comprender la situación, acabando de despertarse - No me di cuenta de... ¡Disculpe! La culpa ha sido mía. ¿Se ha hecho daño?
__-No se preocupe señorita, no ha ocurrido nada por lo que lamentarse -respondió, y tras hacer una pausa en la que revisó todo su cuerpo, pregunto- ¿Y usted? ¿No se habrá hecho daño?
__-No, yo... estoy bien... ¿Seguro que no se ha hecho daño? De verdad, lo siento muchísimo, no me di cuenta, sonó la campana y salí, y...
__El Caballero alzó una mano para pedir silencio.
__-Por favor señorita, tranquilizaos, no es preciso insistir en este asunto, olvidadlo, pues no ha ocurrido nada grave- realizó otra pausa en la que examinó a la enana de nuevo- Además, no he podido evitar fijarme en el hecho de que parecéis cansada, y ello os exculpa incluso más
__-No, no es excusa ninguna- aseguró Asha reuniendo todos los modales que podía ofrecer en su estado, y después fallando estrepitosamente al no poder contener un bostezo por más tiempo -Debería compensaros de alguna forma por mi falta, normalmente os invitaría a algo, pero en el barco creo que eso no es viable.
__El caballero se quedó callado un instante, dirigiendo su vista hacia el pasillo, hacia la cámara de la tripulación.
__-Bueno, pues si no os parece una proposición indecente, podríamos compartir mesa en el almuerzo de esta mañana.
-De verdad hay algo extraño en este tipo…-


__Así fue cómo Asha compartió la hora del almuerzo con Ruisu, que resultó ser el nombre del caballero de la máscara, y con una ninfa llamada Nyxia, que se les unió poco después y quién parecía bastante interesada en él. O eso le pareció a la enana. “Estas elfas…
-Pinto, pinto, gorgorito… -
__Al parecer, Ruisu tenía curiosidad sobre los sucesos de la noche anterior, sobre lo que Nyxia tenía más información que los demás presentes. Y ese fue el tema principal de la conversación, al menos lo poco que duró, ya que, a pesar de los esfuerzos de Asha por continuarla, no duró mucho.
-… viene la vie-¡ja! Tú, lo siento guaperas, te ha tocado… -
__Al poco tiempo, el caballero se retiró, y la ninfa lo siguió para recoger algo de su cuarto. O esa fue la excusa que pasó para irse con él. No es que a Asha le importarán mucho los amoríos de una “elfa”. Lo único que quería era acabar de una vez esa comida y volver a su camarote para echarse una siesta. Con suerte, esta vez se le pasaría el sueño.
__Sin embargo, al retorno de la ninfa, sus planes para la tarde cambiaron a mejor. Tras una breve conversación en la que se aclaró que Nyxia era una dríade y no una elfa, ésta utilizó algún tipo extraño de magia para revigorizar a la enana. Dándole energía y quitándole de una vez ese sueño que no paraba de amenazar con tomar el control en cualquier momento.
-Que bien me va a venir eso… ya verás…-


__Tras despedirse de Nyxia y acabar de comer, decidió pasar la tarde matando el tiempo en cubierta. Decisión común al parecer, ya que la mayoría de pasajeros se encontraba allí arriba. Después de todo, no es que en un barco se pudiera hacer mucho más.
__Bastante aburrido. A un lado se divisaba a lo lejos la costa, casi indistinguible gracias al azulado efecto que da la distancia y la atmosfera. Al otro, el gran océano. De vez en cuando se veía algún animal sacar un instante la cabeza del agua, pero poco más. Desde luego, la enana no podía entender como hay tanta gente a la que le gusta el mar.
__Acabo poniendo más atención en la actividad del barco, con una divium sobrevolandolo y los miembros de la tripulación yendo de un lado para otro, sin demasiada prisa, ya que el mar estaba calmado, pero por lo menos parecía que hacían algo. Poco después pudo oírse cómo la ninfa entonaba una melodía improvisada con su lira. No era un tipo de música que le soliera gustar a la enana, ella prefería los instrumentos de metal, como las trompetas, y canciones más animadas, y con canticos de borrachos alegres que las acompañaras. Aun así, fue de agradecer, era algo con lo que mantener la mente ocupada.

__Cuando el cielo comenzaba a adoptar los anaranjados colores del atardecer, y por fin la vista comenzaba a agradar a la enana, sonó de nuevo la campana para la cena. Asha apuró un poco antes de ir al comedor. No tenia mucha hambre, comenzaba a cogerle tirilla al sonido de esa campana, no le apetecía tener que volver a socializar con gente que no le interesaba y el atardecer estaba resultando el momento más agradable del día.
__Cuando la ultima luz del día desapareció en el horizonte, y las primeras estrellas reemplazaron a los colores anaranjados, Asha dejó finalmente la cubierta para dirigirse hacia el comedor. Allí había menos gente que al mediodía, eso era verdad, pero se encontraba bastante apática, no le apetecía hablar. En verdad, no le apetecía nada, ni siquiera comer, pero suponía que una vez empezase le entraría el hambre.
__Acabó cogiendo el plato (una sopa de tortuga, de los restos del mediodía) y se dirigió a su camarote. De camino pudo ver Ruisu en el pasillo, con un cubo en la mano, dirigiéndose hacia cubierta. Intentó avanzar en silencio hasta que desapareció para que no la notara. En realidad eso no era propio de ella, pero no lo pensó mucho. Lo único que quería era llegar a su camarote, cenar y dormir para que quedase otro día menos de viaje.



Nota: Perdón si ha quedado aburrido...




__-¿Por fin se ha dormido? Puff, no sé que le habrá hecho la ninfa, pero parecía como que no se iba a dormir nunca... ya va siendo hora de ir saliendo...

__Era ya noche cerrada. la mayoría de los tripulantes del barco se encontraban durmiendo. Un precioso cielo estrellado acompañado de las tres lunas iluminaban el Ardent entre las olas. Entre ola y ola, parecía que cualquier sonido que se hiciera en el barco podría oírse desde la otra punta de éste. Y, en su silencioso camarote, la enana Asha dormida placida y profundamente tras un aburrido día.
__Sin embargo, algo comenzó a perturbar la tranquilidad de la habitación. Poco a poco, el collar en el cuello de Asha comenzó a vibrar. Poco después, una neblina comenzó a emanar de él, extendiéndose hacia el suelo del camarote, y condensándose allí hasta adoptar una forma solida, animal, con cabeza y cuatro extremidades, con pelos. Un pequeño perezoso.
__El animal se estiro bostezando y luego observo detenidamente a la enana, asegurándose una vez más de que estuviera dormida
__-Eh! weo! ¿Asha?-pudo oírse mientras pasaba la mano frente a la cara de Asha, después una sonrisa se dibujó en la cara del folivoro-¡Perfecto!
__Comenzó entonces con su almuerzo, colocando la mano sobre el brazo de la chica y drenando con cuidado todas sus energías. Se tomo su tiempo en el proceso, no solo porque a la vez iba absorbiendo las energías de la divium de la habitación de al lado y cuando más permaneciera en el camarote más energías tendrías; sino porque tenia que cerciorarse de no absorber demasiado de la enana. Si se le iba la mano acabaría matando a su transporte, y eso no era bueno. No hasta encontrar otro adecuado.
__-Bueno, creo que ya esta...-el demonio se apartó de la cama con un silencioso salto y se dirigió hacia el pasillo musitando para si mismo-Debería agradecerle a la ninfa por la comida extra... ya veré cómo hacerlo... Ahora toca visitar al rubio...

__Con sumo cuidado abrió la puerta del camarote, sabía cómo hacer que ésta no produjera ruido alguno, y se escabullo por el oscuro pasillo comprobando que ningún ser viviente le notará. Tampoco era muy dificil, ya hacia tiempo que había pasado la media noche y la mayoría de los pasajeros estaban dormidos. Incluso el gato del capitán se encontraba soñando con sardinas, acurrucado en su escondite echo entre los barriles y petates..
__Le costo un poco localizar la puerta que buscaba en la oscuridad, sabía que era una de las primeras del pasillo, pero no cuál exactamente. por suerte, la diferencia de los ronquidos provenientes de cada habitación le ayudo a ubicarse, y no tardo en en deducir que su objetivo era la primera habitación, la del teniente, quién, para su desgracia, había sido elegido como la presa del demonio en este viaje.
__No había una razón concreta para esto. Pereza seguía hambriento, siempre lo estaba. Bueno, no. Más bien lo que pasaba es que prefería prevenir y comer que pasar "hambre", evitando así volver a ese estado apático y depresivo que amenazaba continuamente con dominarle y del que era tan dificil salir. Si tenia que robarle todas las energías a alguien para asegurarse de tener energías hasta llegar la tierra lo haría. Y esta vez, le había tocado a Santi.

__El teniente se encontraba dormido en su mullida y ostentosa cama, con una estupida sonrisa en la cara. Era visible la diferencia de presupuesto entre el camarote del teniente y el de los pasajeros, con sus cuadros y muebles caros. El demonio, sin embargo, no presto atención ninguna al camarote, solo tenia ojos para su presa, debía acercarse con cautela, asegurándose de que estuviera lo suficientemente dormido, aguardar si era necesario para que su presencia hiciera su efecto y adormeciera aun más al teniente. Y en ese momento, le colocó la garra sobre la feliz boca y se aseguro de que él humano no se levantará más.

__-¡Si! ¡Joder! ¡Esto es lo que necesitaba! Gracias Santiago. Con esto tengo para todo el viaje. ¡Puede que para dos!
__-¡Aarh! ¡Necesito moverme!-exclamó temblando de excitación, moviendose por la habitación sin parar-Tengo que aprovechar esto, hacer algo... ¿qué puedo hacer, qué puedo hacer? ¡El tipo ese! El borracho, ¡Si! le haré una visita, tengo que hablar con él...
__Esta ultima reflexión, la realizó mientras realizaba equilibrismos sobre el baúl que se encontraba a los pies de la cama del teniente. Y al coger impulso para saltar hacia la puerta, provocó torpemente, que el cofre se volcase, provocando un pequeño estruendo y desparramando su... <<¡Callate ya pesado! ¡Necesito oir! Puede que lo hayan escuchado...>> Por suerte, no parecía que nadie se hubiera desvelado por el sonido del... <<¡Qué te calles!>>
__<<Vale... parece que nadie lo ha notado... arg... que dolor de hombro....>> esto es poco ortodoxo... <<Mira, me estas aburriendo ya. Ve... ¿Ves a esa persona de ahi? ¿La que esta leyendo el post? Esta dormida. Y no por mi. La has dormido tú. Así que se acabo. A partir de aquí, sin narrador. ¡Esta es mi noche y la cuenta yo! ¿Estamos?>>

__<<Parece que estamos. ¡Bien! Veamos... ¿qué narices es esto? ¡Guau! Hay kulls por todos lados. Jeje... Que pillo el amigo Santiago, tenia un buen botín aquí escondido bajo la cama. A ver... ¡demonios! Es más de lo que habia visto nunca. Será mejor cogerlo, ya veré que hago con él...>>
______________________________________________________________El demonio, rápidamente, rasgo una de las camisas del teniente, colocando las monedas encima y envolviéndolas con ella en un pequeño saco improvisado que se cargo a la espalda. Luego salió de nuevo al pasillo.

__<<¡Te estoy oyendo!>>
__<<Vale, ¿Cual era la habitación del borracho? Tiene que ser uno de estos primeros... éste suena a mujer, éste a animal, ¡aquí! ¡Uff! Si huele a alcohol, si... Será mejor dejar las monedas aquí y entrar con una forma un poco más intimidante, treinta centímetros no dan para mucho.>>

__<<Eso lleva tiempo... Vale, se entra con cuidado. Así, sin ruido. Que cara más estúpida tiene, jejeje. Me acercó a la cama y... ¡le tapamos la boca para despertarle sin gritos!>>
__El carpintero abrió los ojos al darse cuenta de la mano del intruso. Sus ojos se abrieron como un conejo asustado y su cabeza se enterró ligeramente en la almohada. Al darse cuenta que no se trataba de un ataque, se calmó ligeramente, pero aún así sus hombros y espalda estaban tensos como una tabla, preparado para algún movimiento inusual
__<<¿Pero no te he dicho que dejases de narrar?>>
__Vas a iniciar una conversación, es más fácil si yo describó mientras hablas.
__<<¡Nanai! Tú callado. A ver, el tío me mira asustado, yo le miro intentando tranquilizarlo y aun bebido, parece captarlo. Le quito la mano de la boca como muestra de mis intenciones amistosas y él aprovecha para incorporarse. Yo le acercó la cabeza, estirando mi cuello hacia él, me encanta hacer eso, y tras un instante de silencio para dar más dramatismo al asunto le digo:>>

__-No esperaba encontrar a otro demonio en un sitio cómo este. ¿Cuál es tu nombre?
__-Los nombres son importantes pequeño. Me puedes decir Strind, o Gaard. ¿Cómo supiste...?-va y me responde el tío haciéndose el interesante, como esta claro le corto bruscamente.
__-Tú capa capa llama demasiado la atención, no es algo muy común
__-Es un recuerdo de mi padre... Los humanos no saben distinguirla, así que no me hago muchos problemas.
__-Ajam... ¿y qué hace un siervo de Yigionath borracho viajando en un barco?
__-Buscando el camino que Yigionath escribió para mí, o recorriéndolo. Vaya a saber uno.-y otra vez igual, que pretenciosos son estos tios...
__-¿Tirando ciegas por la borda?
__Se pone a buscar con la mano al lado de su caman, coge la botella de vino y le pega un trago, luego se rie.
__-La ciega se cayó sola. Fue algo desafortunado, era bonita.
__Creo que dice la verdad y todo, los borrachos no mienten. Pero este tipo... Miradle es ridiculo.
__-¿Eres joven verdad? ¿Cual es tu edad?
__-Diesiciete años de vida. Los primeros 14 bajo la tutela de mi padre, otros 3 con mi gentil maestro.-lo sabia, un crio. No ha pisado y nuestro palno ni el foso. De aqui no saco nada...-Creo que he aprendido algo de la vida. Desafortunadamente no mucho sobre demonios.-¡Claro que si machote!-¿Has venido a matarme?-debería... ay... que perdida de tiempo...
__-No, puedes estar tranquilo. Creí que podría conseguir algo de información de ti, creo que me equivoqué.
__-Sé un poco de mucho. Quizá pueda ayudar.
__Lo dejó. No voy a sacar nada de aqui, me doy la vuelta y me vuelvo al pasillo, voy ahorrando tiempo y comienzo a disminuir de tamañao ya de paso...
__-No tranquilo. No volveré a molestarte.
__-Buen viaje señor Strind o Gaard
__Y mientras cierro la puerta, se le oyé decir:
__-Ni siquiera sé quien eres.

__Una perdida de tiempo, y no creo que deba estar rondando por el pasillo mucho más, podría despertar a alguien. ¿Um? ¡Oh! Si, las monedas... creo que se las daré a la driade, por eso de la comida gratis. Venga, se lo dejó y vuelvo con la enana...


Fin del comunicado
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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Strindgaard el Mar Ago 09, 2016 5:36 am

La luz de las lunas traspasaba las portas del costado del barco, brillando sobre los lustrosos cañones, el tímido vaivén del barco apenas y movía las sogas, tambores y velas que se guardaban bajo cubierta. El sonido del tranquilo mar era un susurro, la nana de los marineros. Pero nadie parecía dormir en el Ardent.
Mi querido amigo, no sé cómo has tenido la osadía de llegar hasta aquí. Cuanta valentía has tenido para subirte al barco, a esta ratonera —Bald sudaba a mares, el corazón estaba a punto de saltar de su pecho. Era el doppelganger, era él. No podía verlo, y aquella voz distante no era por mucho la que recordaba, pero no podía ser ningún otro—. Sé que estás aquí, sé en lo que estás pensando, lo sé. Has creído seguirme por tres largos meses, recorriendo Narendra y Nanda conmigo. Pero no es la primera vez que alguien anda tras mis pasos. ¿Cuántos años crees que tengo?

La madera crujió bajo el peso de un cañón que se movió unos centímetros por el vaivén, Bald gateó evitando el pasillo de babor, desde donde provenía la voz. La ninfa de fuego, que había tenido la mala suerte de esconderse allí, tuvo el lujo de ver como Jun cambiaba de forma, para adoptar la del muchacho tranquilo y callado que había subido a bordo. El doppelganger desenvainó su espada, podía oír la respiración de la exina, se acercó hasta donde estaba acurrucada entre unas cajas y puso su dedo sobre los labios para pedirle que guardara silencio.
Enseguida vendré por ti —susurró.
Jun se abrió paso entre las sogas, redes y barriles, la luz de las lunas era cálida y le daba un plateado contorno a toda la bodega.
Da igual que te escondas —sonreía abiertamente, con su espada entre los dedos, era la viva imagen de la muerte. Bald se encontraba totalmente quieto en la orilla del pasillo, esperando pasar desapercibido—. Sé cómo te mueves, cómo piensas. Sé hasta como hueles y respiras, he estado más cerca de ti que lo que piensas —desde el otro lado del pasillo, la ninfa pudo oír el grito del hombre, el goteo de la sangre, y luego el silencio—. ¿Creíste que era la primera vez que alguien me perseguía por mis actos o por mi piel?
»Nunca debiste cazar al cazador.

Los pasos sobre las tablas no se hicieron esperar, la ninfa, descalza corrió como si la persiguiera un dragón de hielo. Se abalanzó sobre la escalera y comenzó un frenético ascenso que terminó cuando se encontró de frente con el capitán.
Así que la polizona se ha escapado…


Amanecía. Y no era una mañana para nada agradable. El Ardente bullía, todo parecía cambiado, todos habían oído un nuevo grito, pero esta vez una vida se había apagado.
Quiero saber si tú lo hiciste —la voz del capitán era como una plancha fría de acero, cayendo con todo su peso sobre Jun.
Decken —dijo encogiéndose de hombros el Doppelganger—. Entiendo que desconfíes de mí, pero yo no lo hice. Ni siquiera hubiera tenido un momento. Ayer salí de tu camarote, terminé de atar mis cabos sueltos y subí. Tú me viste, junto a la ninfa.
El galeón había entrado al golfo de Thargund, no faltaban más de tres días para llegar a Esmeralda, pero nadie quería seguir a bordo. Danna se había encerrado en su camarote, sin dejar que nadie entrara. La tripulación de pronto se volvió hosca con cada uno de los pasajeros, mirándoles como si fueran demonios encarnados. Varios tripulantes evitaron por todos los medios al pasajero leproso, y más de uno le lanzó una mirada con verdadero asco. A la enana la ignoraron deliveradamente, pasando a su lado sin saludar ni bajar la mirada, a la Tenebri le cayó un anzuelo en una de las alas cuando uno de los chicos que se encargaba de pescar le dio impulso a su caña, y la ninfa recibió varias miradas asesinas por su parentesco racial con la exina.
Nadie quería tratar con ellos, ni siquiera el cocinero, que lanzó los exiguos platos del desayuno con un aire matonesco, sin importarle cuantas gachas se desparramaran sobre la mesa (y de paso escondió la miel).
Si no fuiste tú, entonces, ¿quién? —Las manos de Decken apresaban fieramente el timón, casi adquiriendo un tono rojo chillón.
Bueno, yo que tú no le daría demasiadas vueltas al asunto —Jun parecía demasiado tranquilo, quizá porque estaba demasiado acostumbrado a la señora muerte—. Ya tienes a una asesina encarcelada. No veo por qué no podría cargar con otro muerto. —comentó con una sonrisa.
Ella confesó haber matado a Gass, pero negó lo de Santiago —El capitán barrió con la mirada la proa, el pequeño Senzo no se veía por ningún lado, algo que lo ponía de aún peor genio—. ¿Por qué habría de hacer eso?
No lo sé. Ni me interesa. Pero nos ha venido como anillo al dedo esa señorita.
Debiste haber hecho todo en silencio. Ninguno de mis hombres debía saberlo, ninguno de los pasajeros. Meleagant me dijo que eras un profesional, un… —hizo una pausa y dijo con énfasis—: sigiloso asesino.
Tú no debiste meterte en mis asuntos. La ciega debió haber muerto esa noche junto con su mercader —Decken soltó el aire como un caballo al piafar—. Si no hubieras interferido aquel idiota no hubiera alertado a todo el galeón y todo hubiera sido más fácil.
Pronto terminará. Solo falta una muerte más.
Decken guardó silencio los siguientes minutos, se puso a pensar en cómo seguiría el curso su plan con los nuevos acontecimientos. Santi estaba muerto, y la ninfa que había pasado las noches en su camarote negaba haberlo hecho. Pero, quizá mentía. O quizá no. Quizá debía hacerle una visita, y utilizar alguno de los trucos que aprendió en las islas piratas. Se frotó las sienes con la mano derecha, usando el pulgar y el índice.
Giró la cabeza lo suficiente para mirar la actividad de la cubierta a su espalda. Un atajo de marineros en los que confiaba, un atajo de pasajeros que quizá debería tirar al mar con un cañón atado a sus cuellos. O quizá debería confiarle a Jun todo el trabajo. Se dejó de frotar las sienes y miró el horizonte.


Stella se abrazaba el cuerpo. Volvía a sentirse como una botella vacía flotando en el mar. Santi, no podía cerrar los ojos sin ver su rostro. Necesitaba con desesperación ayuda, pero no había en el barco nadie en quien pudiera confiar luego de lo que había sucedido.
Solo quedaba una persona. Ella era tan buena, tenía un aura de bondad, ella nunca le haría daño.
Hola, Nyxia —saludó la elfa, intranquila, mirando al mar romperse ante la popa del barco. Su rostro compungido lo decía todo—. ¿Tienes un momento para hablar?
Oh, hola Stella —la dríade sonreía como era habitual, su arpa reposaba en sus manos y su cabello suelto revoloteaba con la brisa—. Por supuesto —Al notar el rostro de la elfa su entrecejo se arrugó ligeramente.
La verdad —dijo dubitativa—. Humm. No tengo con quien más hablar —dijo atropelladamente—. Y creo que, no sé, no lo puedo seguir guardando. Me siento terrible.
Los dedos de la pequeña elfa eran garras que se clavaban en sus brazos, a esa hora, esa parte del barco estaba casi vacía, por suerte nadie veía su pesar.
Stella, respira —le dijo la dríade, poniéndole sus manos sobre los hombros—. Puedes contar conmigo.
Un mar de lágrimas se agolparon en sus ojos, su mirada estaba pegada en el horizonte y el viento se las llevó rápidamente rodando por sus mejillas.
Gracias —soltó, y un sordo sollozo comenzó a salir de ella—. No sé en quien más confiar —Nyxia le secó las lágrimas con cierta ternura.
¿Qué te atormenta?
La noche, la noche en que murió aquella mujer... Yo estaba arriba sobre las velas, sentada mirando las estrellas… Un sonido llamó mi atención, me asomé desde arriba para mirar, y... —La ninfa se tensó al oír aquello, pero le acarició el pelo e intentó guardar la calma. Sus manos de la se volvieron puños, y trató de comerse la pena, pero no remitía, abrió los ojos y siguió relatando mirando un punto perdido en el suelo—. Yo me asomé y vi a Strind, su botella rodaba por la cubierta, y luego la vi a ella, la mujer morena, afilando su espada. Todo me parecía de lo más normal, pero cuando ella se fue al otro extremo del barco... —la ninfa de los bosques contuvo la respiración, no quería interrumpirla—. Mi capitán estaba ahí, yo lo vi, estaba mirando por la baranda más allá el mar, a él le gusta mucho el mar, siempre sale por la noche. Habló con ella, luego, luego todo sucedió rápido, de pronto forcejeaban, las espada de ella se deshizo como si hubiera estado hecha de humo y luego…

El sollozo de la elfa cortó su relato, se llevó las manos a la cara y lloró como una niña enamorada que hubo perdido a su amor. Nyxia la abrazó, horrorizada, mientras esperaba que pudiera proseguir, la elfa respondió a su abrazo y su llanto se acrecentó.
Ya está, ya está... —susurró la driade mientras concentra su poder para poder calmarla un poco.
Es un asesino, la mató... no puedo creerlo… Cierro los ojos y aún veo sus manos rojas... Luego de que la lanzó caminó como si nada hubiera pasado, hasta su camarote.
La elfa se calmó un poco, había soltado lo peor. Ahora solo quedaba el vacío.
No tengo en quién más confiar, era como un padre para mí. Esta era como mi familia —abrazó con fuerza a la ninfa—. Ahora tengo tanto miedo.
La mirada de la driade se endurecía mientras escuchaba a la elfa, y sin embargo, al tratarla lo hacía con la dulzura habitual.
¿Estás completamente segura de que fue el capitán?
Aquello produjo un silencio de un par de segundos.
¿A qué te refieres? Yo… lo vi...
Tranquila, sólo quería comprobar que estabas segura de lo que viste —la estrechó con ternura. Stella se quitó las lágrimas del rostro y miró a aquella mujer que le había brindado ayuda.
Se siente bien decir todo esto. Tenía un nudo en el pecho.
Me alegro que lo hayas hecho. Ahora escúchame, por favor —dijo clavándole los ojos para captar toda su atención, la elfa miró expectante—. Es mejor que nadie de la tripulación se entere de esto, sólo por si acaso.
No sé a quién más decirle, no sé en quien confiar y en quién no.
De momento es mejor ser precavidas —una pequeña y triste sonrisa surgió de los labios de la driade—. Si te sientes en peligro, búscame, puedes esconderte en mi camarote.
Solo tengo ganas de lanzarme por la borda, esta noche. Lanzaré un bote salvavidas, y huiré.
No, por favor, no hagas eso. Por lo menos no hasta que estemos más cerca de tierra. Nadie sospecha de ti, Stella.
Por todos los dioses del mar, es que, tengo mucho miedo… —La ninfa la abrazó con delicadeza.
¿Quieres dormir hoy en mi camarote? —La elfa asintió entre sollozos—. Yo velaré por ti.
La ninfa de los bosques puso su pequeño instrumento musical bajo su brazo, y con el otro sujetó con confianza y ternura el hombro de la elfa. Ambas caminaron hacia los camarotes, esperando que todo resultara bien.


La noticia se contó oficialmente después del almuerzo, en el comedor, se había servido una sopa de calabaza en la cual se agregaron todas las verduras que quedaban a bordo, dejando al barco por los próximos días a galletas, pescado y carne en salazón. Todos sabían de oídas lo que había sucedido por la noche. Lionel se quedó a cargo del barco, siendo el nuevo teniente se encargó también de explicar lo que había sucedido, y porqué estaba encerrada en el calabozo la ninfa de fuego. La versión de la nutria explicaba cómo la exina, con malicia, asesinó a quien estaba vigilándola luego de haber intentado matar al cocinero, quemándole, y subió para rematar su trabajo, ahorcando al pobre Santi. Lionel también mencionó los pasajeros que habían desaparecido, dejando entrever que aquella flamígera mujer tenía algo que ver también en ello.
Pero no se preocupen, mis estimados pasajeros. Hemos puesto a nuestro mejor hombre, y oso debería decir, a cargo del cuidado de la ninfa. Ya no nos causará más problemas. Tranquilos. Todo esto ha sido terrible para nosotros, pero quiero enfatizar en que su seguridad dentro de nuestro galeón está asegurada. Ahora, quiero pedirles, a quienes profesen alguna religión, que recen por nuestro querido Santi. Que los dioses de Noreth guarden su alma.

Varios tripulantes se tomaron de la mano, incluyendo a la moza que recogía los platos y también Rott, que se asomó por la puerta de la cocina, el comedor en aquel momento se mantuvo en silencio. Jun tenía tomado de la mano al carpintero, y en la otra mano a un muchacho que se encargaba del cabotaje. Pensaba en que quizá debería dejar a todos descansar por uno o dos días. Habían acordado en dejar con vida a la exina para tener un chivo expiatorio, pero tenía que pensar en cómo inculparla también en el próximo asesinato.





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Strindgaard

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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

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