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Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Pereza el Miér Ago 10, 2016 12:48 pm

__<<Amaneció. La enana, aun con todo, se había despertado temprano debido a un grito que resonó por toda la nave y a los subsecuentes sonidos en el pasillo. Cuando salió del camarote, que fue bastante después de que todo esto pasara, por eso de estar muy dormida y tal, ya sabéis; todas las personas con las que se encontró la ignoraron completamente.>>
__<<Viendo que no se enteraría de mucho dentro del barco, Asha me llevó a cubierta para hacer tiempo mirando el mar hasta el desayuno. El primero que la enana no se perdería. Y aunque ella estaba demasiada dormida para husmear conversaciones ajenas, yo siempre estoy avizor. Por lo que pude oír había habido varios muertos más esta noche. Varios. En plural. ¿Interesante, verdad?>>
__<<Aun con todo, los tripulantes seguían con su rutina. Marineros amarrando cuerdas, alguno pescando, la divium volando, el contramaestre dando órdenes, la vigía en su puesto y el capitán en el timón hablando con el navegante. El capitán parece enfadado, mucho de hecho, y hay algo en mirada... inhumano... ¿Qué naric... >>
__<<¡Hey!, narrador, ¿sigues ahí?>> Por supuesto <<Voy a hacer algo arriesgado, necesito estar concentrado, sigue tú de aquí en adelante.>> ¿Y lo de aburrir a la gente? <<eso ahora me da igual... reza para que esté equivocado...>>

__Asha se apoyaba somnolienta en la baranda del barco, luchando por que no se le cerrasen los ojos antes del desayuno. Y al parecer lo consiguió, porque no tardó demasiado en sonar la campana, lo que provoco que la cubierta se despejase casi por completo.
__Según la enana se daba la vuelta para dirigirse al comedor, una neblina espesa se desprendió de su colgante sin que ella lo notara, y se adhirió al casco del barco. Pronto allí se materializó el pequeño demonio que avanzó gateando por el casco en dirección al camarote del capitán, dónde había vuelto éste para tomar su desayuno en privado.
__El perezoso le observó escondido desde una esquina del ventanal. Le observó mientras devoraba con ansia las sardinas y la fruta que tenia de desayuno, y cómo esperaba a su desaparecido gato. Le observó cuidadosamente, ya que lo que quería comprobar no se notaba a simple vista ni siquiera para los ojos entrenados. Y a pesar de que todo lo que hacía parecía normal, el perezoso seguía teniendo la sensación de que tenía ese aire inhumano.
__En cuanto acabó la comida, salió de su camarote de nuevo para volver al timón, y fue entonces cuando el pequeño demonio pudo colarse por la ventana. Se deslizó hasta la ostentosa cama, y a pesar de su nefasto sentido del olfato, decidió recurrir a él. Le bastó una sola inhalación para confirmar de una vez sus sospechas.
__-Es un puto mutanah de mierda. Lo sabía... Mierda. La he cagado.
__Alterado, intranquilo y muy asustado <<Eh! Como sigas así te vuelvo a echar>> Volvió a huir por la ventana hasta la cubierta, dónde se deslizó esquivando la mirada de los pocos marineros que no habían acudido al desayuno hasta llegar al pasillo de los camarotes. Dónde aguardó pacientemente hasta el regreso de Asha a su camarote. Sopesando sus posibilidades ante el reciente descubrimiento.

__Asha comió sus gachas esquivando miradas de repulsa, o haciendo como que las ignoraba aprovechando su somnolencia. Ni un solo alma se atrevía a hablar en el comedor. El único sonido que se oía era el de las cucharas rebañando los platos.
__En cuanto acabó el plato, se dirigió directamente a su camarote a dormir. Cuando más rápido se pasará este maldito viaje mejor. Se estaba hartando del dichoso Ardent. Casi consideraba una bendición el tener tanto sueño. En cuanto se tumbó en su camastro, volvió a caer dormido, y hasta que no sonó la campana del almuerzo no reaccionó ante nada.
__Después de comer su sopa de calabaza con tan buen ambiente cómo había habido por la mañana, el nuevo teniente, Lionel, la nutria, informó a todos los presentes de su nuevo puesto y de los aciagos sucesos de la noche anterior.
__-Ahora, quiero pedirles, a quienes profesen alguna religión, que recen por nuestro querido Santi. Que los dioses de Noreth guarden su alma.
-Oh! Mi querido padre Ghadrakha. Guarda en tu seno el alma del pobre teniente Santiago, que tan complacientemente me entrego sus últimas energías por un mal mayor.-
__Tras lo cual, la enana se dirigió de nuevo a su camarote, con los mismos pensamientos con los que volvió del desayuno, deseando que el viaje acabase lo antes posible. El demonio de su colgante, por desgracia para ella y tras mucho meditarlo, tenía otros planes.

__Mientras la enana cerraba la puerta, no se percató de cómo la neblina volvió a desprenderse de su colgante y se ocultaba en una esquina. Y según se acostaba de nuevo, un perezoso de más de metro y medio de altura se abalanzó sobre ella, aprisionándola contra la pared y tapándola con sus garras la boca.
__-Sssh. Por favor, no hagas ruido. No voy a hacerte nada, lo prometo. Solo no hagas ruido. Quiero hablar. ¿Está bien? ¿Me has comprendido? ¿No gritaras?
__Le demonio espero hasta que la chica dejó de resistirse y asintió con la cabeza.
__-Muy bien, gracias. Voy a soltarte. Tranquila-Quita la mano de su boca y depósito a la enana suavemente de nuevo en el suelo.

__-¿Quién narices eres tú? ¿De dónde has salido? ¿Qué quieres?- espetó ésta arto molesta, sacando a relucir su ascendencia enana.
__-Me llamo Pereza, soy un demonio-Asha fue a decir algo o mejor dicho, a gritar algo, pero Pereza prosiguió su intervención a tiempo-¡Por favor! Me has dado tu palabra. No voy a hacerte daño, solo quiero hablar.
__-¡Más vale que te expliques!
__-Llevo viajando contigo desde Nanda, escondido en tus pertenencias. Necesitaba un medio para viajar.
__-¿Y por qué no debería alertar al resto del barco de que hay un demonio a bordo?
__-Porque no soy el único, y sin mi probablemente no puedas cumplir la promesa que le hiciste a tu hermano Gorim.

__La cara de Asha cambió drásticamente. Que el demonio nombrara a su hermano menor la había descolocado por completo y ahora no se le ocurría como seguir inquiriendo al perezoso.
__-Escucha Daunar, me he mostrado porque necesito tu ayuda. Está muriendo gente, ya lo sabes. Y me temo que si no hacemos algo, ni tú ni yo llegaremos vivos a tierra.-prosiguió el demonio
__-¿Y qué es lo que quieres de mí?
__-Que me ayudes a acabar con los otros demonios, con los que están matando a la gente.
__-¿Cómo quieres que haga eso? Solo soy una mercader.
__-Lo sé. Pero necesito tú ayuda para reunir más ayuda. Y ademas, eres una enana ¿no? Una Daunar. Juraría haber oído que los Daunar antes de asentarse eran una conocidos como grandes guerreros en Azindun
__-¿Y por eso debería fiarme de un demonio de...? Ni siquiera has dicho a qué señor sirves.
__-A Ghadrakha. Deberías fiarte de mí porque yo no te voy a matar. Lo máximo que puedo hacerte ya te lo he hecho, es por mí que estés tan dormida. Me he alimentado de tus energias. Me lo confieso. Soy un parásito, pero no un asesino de sangre fría. Conmigo por lo menos saldrás vida de aquí.

__Asha se derrumbó sobre el camastro soltando un gran resoplido. Su mente no conseguía terminar de racionalizar esta situación. Un perezoso que le sacaba un metro de altura y que decía ser un demonio salvador. O se había vuelto loca, o está soñando. Fuera como fuese no tenía ningún argumento más contra Pereza.
__-Está bien demonio. Me rindo. ¿Qué es lo que quieres que haga?
__-Por ahora necesito que levantes unos tablones para hablar con el vecino.-respondió el perezoso con una amplia sonrisa apuntando con sus dedos hacia la pared.-Te prometo que no te arrepentirás.


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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Hemmi Chinaski el Vie Ago 19, 2016 3:56 am


Mis ojos eran dos chispas brillando como lumbre en la tenue oscuridad de la bodega, eran el único indicio de lo que sucedía en mi interior. Aunque me veía derrotada, golpeada y abatida, mi fuego interior quemaba como un hierro al rojo en la piel. Malditos todos. Tan solo estaba esperando el momento para saltar y matarlos.
Mi rostro era una máscara de porcelana, serena como un desierto sin viento, desde que me habían interrogado sabía que todo se iba a ir poniendo peor. Ellos no tenían derecho alguno a encerrarme, yo sólo me había defendido, pero ¿cómo podría demostrar que yo no asesiné al teniente? Aquel muerto yo no lo cargaría.
Hijos de puta, me las pagarán. Desde el capitán hasta el que limpiaba las tablas. Todos.

Quizá en otro momento de mi vida habría llorado y esperado que alguien me rescatara, pero maté a mi carcelero y huí. Debía intentarlo, pero todo había sido en vano. Agaché la cabeza, el agua salada estaba tan fría, hace horas había perdido la sensación en los dedos. Si tan solo hubiera alcanzado el bote de emergencia… O al menos la orilla del barco. No me hubiera importado bracear hasta el continente, o quizá pedirle ayuda a alguna hermana ondina.
No sabía cómo lograría zafar de todo esto. Y todo era culpa de esos malditos y su pólvora. Los debí haber hecho estallar cuando pude. Y ese asesino… Debía advertirles a los demás pasajeros. No podía seguir aquí.
¡Maldito oso! ¡LIBERAME!

El antropomorfo ni siquiera reparó en mí. Miraba algún punto perdido en el pequeño lugar, quizá el moho que crecía aquí y allá.
Me zarandeé en el barril, arrojando el agua salada que tenía hasta el cuello por los bordes. Mi cabello empapado y chorreando, oscuro como tinta, se me pegaba en la cara y me impedía ver. Estornudé. Me encontraba bajo el nivel del mar, escondida en un recóndito rincón del galeón, un sitio húmedo y frío, amarrada y dentro de un barril lleno de agua que me impedía coger fuego. La humedad había provocado estragos en las junturas de la madera de la pequeña bodega, ahí donde la brea había cedido. La respiración se me dificultaba. El frío me calaba los huesos. Y apenas y había probado bocado, y moría de sed. Era terrible estar rodeada de agua y no poder beberla.
No sabía cuanto más podría aguantar.

¡AYUDAAAA! —La garganta me dolía, llevaba gritando muchas horas—. ¡AUXILIOOOOO!
Cuando llegáramos a tierra firme me pondrían bajo la custodia de los guardias de Ciudad Esmeralda. Sería mi palabra en contra la de un capitán y toda su tripulación. Me esperaba un buen tiempo encerrada, o quizá aún peor…


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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Darkeray el Dom Ago 21, 2016 2:56 am

La noche discurría pegajosa, espesa, como la miel más vieja y granulada, almacenada durante años en un bote, la Parca acompañaba su andanza, silbando fúnebres canciones mientras su trabajo diario en aquel galeón proseguía sin hallar oposición, los tañidos y llantos de un ficticio velatorio se escurrían por entre cada grieta de la madera del navío, y aquella noche albergaba una víctima más que acompañaría a la muerte al otro lado, si es que realmente existía ese lado.

Darkeray, ajeno a este entretejer, disfrutaba de su lectura, dedicando una periódica mirada a la espada que colgaba de su cinto, y procurando retener en su campo de visión la puerta del camarote, manteniéndose siempre atento a cualquier mínimo crujido de la madera, cualquiera que revelara un mal paso en el sigilo de un asesino, y no fueron pocas las ocasiones en las que salió al pasillo. La mayoría de las veces era el propio barco, jugando con su paranoia, en otras, el felino del capitán, el único que parecía albergar toda la tranquilidad que el resto de pasajeros no se permitía.

Y entonces un grito rasgó el tapiz de la noche, repartiendo a los cuatro vientos la poca calma que pudiese haber existido, deshaciendo lo apacible, trayendo consigo otra muerte.

El Caballero se levantó, accionado como un resorte de ballesta, su mano izquierda se posó en el pomo de la espada, su respiración se detuvo, nada más ocurrió, ni siquiera los ruidos y voces que revelaban a la tripulación inquieta, quisieron hacer acto de presencia, en el fondo todos habían estado guardando aquella vigilia, todos habían participado en la paciente espera que revelaría la correspondiente víctima de la fatalidad, el Ardent y sus moradores habían acogido a la Parca como pasajera, y ahora sus acciones no resultaban impactantes, si no sólo recibidas en silencio, bajando la cabeza, y rezando por no ser el siguiente.

En la penumbra de la habitación, el Caballero avanzó hacia la puerta y apretó la cuerda que abriría la hoja:

-No debes salir -siseó el Bufón- Lo sabes

Darkeray apretó con más fuerza el cáñamo, maldijo por lo bajo, dejó caer la cabeza contra la puerta, un golpe seco resonó en el pasillo y se perdió en la distancia:

-No debo salir... -repitió el Caballero- Tienes razón...

Dio un par de pasos hacia la cama y se tumbó, el techo de madera y sus líneas ofrecían caminos y laberintos en los que perderse cuando en la mente de Darkeray, habitaban decenas de teorías de quien podría haber sido la víctima, quien su verdugo, porqué había sido y el porqué él no había ayudado.

-Dioses... -dejó escapar en un suspiro-


------------------X-------------------


Las ratas y los tablones protestaban al paso fugaz y acelerado del Caballero, no había podido soportar aquello, necesitaba descubrir, necesitaba saber, necesitaba algo que le hiciese sentirse mejor consigo mismo, y esa respuesta estaba en la bodega, donde hacía unas horas alguien había caído en el sueño eterno.

El silencio, y el leve y lejano batir de las olas en la quilla del barco, parecían ser los únicos sonidos que se atrevían a importunar aquella noche de cuita, y así continuó siendo para cuando el Caballero llegó a la puerta de la bodega, allí se detuvo en seco, mirando y reparando en cada tablón que componía el muro, el muro que lo separaba de un cadáver. A sus espaldas, una leve brisa salada se colaba por las rendijas y silbaba sin miedo alguno

-Debo entrar... -dijo Darkeray apoyando la mano en la puerta, presto a empujarla

-No... -intervino aquella condenada y aguda voz- No puedes Caballero, piensa que como te pillen acabarás cargando con las culpas, y necesitas salir de aquí con vida, ambos, necesitamos salir con vida

Las palabras del Bufón se apagaron con un eco en la mente de Darkeray, que miró al suelo y cerró en un puño la mano que aún reposaba en la puerta

-Maldito seas engendro detestable -susurró con la voz cargada de rabia-

-¿Quieres entrar y prácticamente condenarte? -preguntó socarrón el Bufón- Adelante, cruza el umbral si tanto tienes que perder de no hacerlo

El Caballero empujó suavemente la puerta, ésta se atascó en la madera hinchada por la humedad, haciendo crujir madera y bisagras, el eco de aquel sonido se difundió caprichosamente por el resto de la nave. Darkeray sintió como un escalofrío le recorría la espalda, se quedó congelado por un segundo, en su mente comenzaron a sonar marineros corriendo a buscar el origen del ruido, el que podría ser el fallo del asesino

-¡Corre insensato! -gritó el Bufón en su mente-

El Caballero no se lo pensó demasiado, deshizo el camino a grandes zancadas, evitando la ruta que pasara cerca de lugares habitados bien por marineros, bien por pasajeros, sólo respiró tranquilo cuando cerró tras de sí la puerta del camarote, despacio, muy despacio, para evitar el mínimo estruendo que hacía unos minutos podría haberle parado el corazón, si lo hubiese tenido. Se sentó en la silla, aún medio paralizado por lo que había ocurrido:

-Estúpido... -siseó el Bufón- No me extraña que te expulsaran del ejército

-¡Cállate de una maldita vez engendro! -vociferó Darkeray con todas sus fuerzas, intentando apagar la reverberante voz de aquel ser, cada vez más dominadora, cada vez más invasiva en su espacio mental-

-No puedes echarme Caballero -se burló el Bufón- Ni puedes callarme, ni siquiera encadenarme, pronto tendré el control, créeme

Darkeray se quedó rígido en la silla, el engendro tenía razón, dentro de poco y a este ritmo acabaría por lograr su objetivo, era fuerte, cada vez más, especialmente antes de subir al Ardent, y aunque ahora se había apagado un poco, seguía brillando con fuerza. A la mente acudió la imagen de su cuerpo asesinando a cualquiera que se le cruzara en los caminos, niños, ancianos, inocentes todos, consumidos por su hoja. Sacudió la cabeza con energía, buscando desesperadamente que todo desapareciera, aquello era obra del Bufón, seguro, lo atormentaba de todas las maneras posibles, con su pasado, su presente y su posible futuro bajo el dominio del asesino que habitaba su mente.

Alargó el brazo al escritorio y recuperó el libro que allí reposaba:

-No cantes victoria aún, engendro -replicó Darkeray con una voz trémula- No pienso ceder nada sin antes luchar

Así, entre página y página, transcurrieron sendas horas, pronto el sol comenzó a despuntar lozano en el horizonte, y el Ardent recibió un nuevo día; el tintineo metálico del almuerzo hizo su habitual llamada, mas Darkeray no acudió a ella, necesitaba estar sólo, y acudir en aquel momento podría derivar en encuentros con alguno de los pasajeros que lo conocían, iría más tarde, cuando todo estuviera más tranquilo, cuando nadie tuviese que verlo, cuando nadie de los presentes creyera que él era el asesino.

Sin embargo, cuando el Caballero entró tras un par de horas en el comedor, nadie se había marchado, más bien al contrario, al parecer el capitán había decidido que era el momento de dar oficialidad a los sucesos recientes, y así se esclarecieron los fallecidos, se habló de la exina y su culpabilidad, de lo que realmente había ocurrido, de que todo ahora permanecía bajo control, que la normalidad había regresado para quedarse...

-Y que esta cáscara de nuez ahora alzará el vuelo -comentó sarcástico el Bufón- Y nos llevará sin percances a Ciudad Esmeralda

Darkeray no comentó nada al respecto, pero en el fondo él también lo creía, el capitán había demostrado sobradamente su verdadera naturaleza, pues había intentado ocultar lo ocurrido, en la bodega cargaba con material bélico, una parte de un gran contrabando sin duda, y había aceptado un soborno por dejarle entrar a él, un supuesto leproso, peligrosísimo en cualquier espacio cerrado, en el barco. Pero a diferencia del Bufón, no tenía ningún interés en descubrir más, sólo quería salir de aquel barco y alejarse tantas leguas como fueran posibles, al fin y al cabo la gente ya había muerto, y él no había podido hacer nada, era un inútil, ahora sólo quedaba huir como el conejo asustado que era.

Dejó que el anuncio prosiguiera mientras se acercaba a la ayudante del cocinero, al parecer todos habían almorzado una crema anaranjada, de lo poco que quedaría seguramente tras aquellos días pasados de banquete tras banquete. La joven estaba barriendo con eficacia por entre las mesas mientras todos escuchaban, iba levantando de vez en cuando la mirada para seguir lo que se estaba diciendo, Darkeray finalmente la alcanzó en su continuo baile con la escoba, ella se percató de su presencia, y se detuvo, esperando a que llegara, e interponiendo la escoba entre ellos

-De modo que no soy el único que desconfía... -susurró el Caballero-

-Ella también cree que esto no ha terminado -se inmiscuyó el Bufón-

Y ella estaba revelando a donde habían llegado sus teorías, para ella, Ruisu, el noble leproso, solo era un asesino, el único asesino, y así parecía que otros tripulantes lo creían, pues no habían sido pocas las miradas y murmullos que habían surgido con su entrada en el comedor. Darkeray intentó ignorar la situación y se dirigió a la joven con tono calmado:

-Buenos días señorita Aelin, decidme, ¿Cuál es el almuerzo de hoy?

La ayudante, que miraba al suelo, fingiéndose distraída, levantó momentáneamente los ojos para contestar en un tono serio:

-Sopa de calabaza, lo único que se ha cocinado

El Caballero asintió intentando esbozar una sonrisa:

-¡Sopa de calabaza! Realmente deliciosa para empezar este día

La joven asintió e hizo un amago de sonrisa sin levantar la vista del suelo, aquello estaba siendo demasiado frío y mecánico, la muchacha apenas podía disimular un leve temblor en las manos, el punto que barría era el mismo todo el tiempo. El Caballero pensó en algo que suavizase aquello, pero no se le ocurría nada, sólo le quedaba una solución:

-Veréis señorita, quisiera consultaros, o más bien proponeros una cosa

La muchacha quedó congelada por un segundo antes de seguir barriendo. Darkeray intentó ofrecer un tono amistoso y que no diera motivos de intranquilidad:

-He detectado que últimamente los pasajeros y la propia tripulación se hallan incómodos con mi presencia a bordo, y teniendo en cuenta mi condición, la cual, me parece, es ya de sobra conocida, quisiera sugerir que a partir de ahora, con el fin de hacer la travesía más cómoda al resto de tripulantes, me traigáis la comida al camarote

La muchacha lo miró con los ojos como platos. Darkeray tosió levemente mientras pensaba alternativas que le fueran más atractivas a la joven:

-No tenéis porqué entrar si no queréis -prosiguió el Caballero- Bastaría con que me la dejarais en la puerta y dieseis un par de toques a la puerta para que yo supiese que habéis venido

La joven ofreció su opinión sin abrir la boca, sus ojos inyectados en odio y repugnancia hacia la tarea resultaban suficientemente esclarecedores, sin embargo, ante la posibilidad de tener que atenderlo y sobre todo verlo el resto del viaje, hizo que asintiese.

-Gracias señorita, sois muy amable -dijo Darkeray-

La puerta de la cocina se abrió de sopetón a espaldas de la ayudante, un hombre de ropa grasienta y manos callosas salió a buen paso para encontrarse con ellos, por el cuchillo de carnicero que portaba en su mano derecha, debía ser el famoso cocinero, su gesto ceñudo y los labios apretados que dejaban asomar los dientes inferiores, revelaban un cabreo intenso:

-Ey pequeña -llamó el cocinero mirando a la muchacha- ¿Este prencipito ti está molestando?

La joven miró de refilón al Caballero:

-No Rott, tranquilo -dijo mientras le daba pequeños toques en el brazo al cocinero, invitándole disimuladamente a bajar el cuchillo- No pasa nada

-Pué entonces prencipito -dijo el cocinero señalando con el pulgar a sus espaldas- Largarsus del comedor, que ya no te son horas de comer, pa la próxima vinieras más temprano

Y se cruzó de brazos, esperando a que se cumpliese su mandato, Darkeray quiso añadir algo, despedirse por lo menos, pero se lo pensó mejor al ver aquel cuchillo brillando a la luz de la estancia, así que ofreció una pequeña reverencia, recibida con un respingo por parte del cocinero, y se alejó.

-Pero no se preocupen, mis estimados pasajeros -proseguía el discurso- Hemos puesto a nuestro mejor hombre, y oso debería decir, a cargo del cuidado de la ninfa. Ya no nos causará más problemas. Tranquilos. Todo esto ha sido terrible para nosotros, pero quiero enfatizar en que su seguridad dentro de nuestro galeón está asegurada. Ahora, quiero pedirles, a quienes profesen alguna religión, que recen por nuestro querido Santi. Que los dioses de Noreth guarden su alma.

El Caballero vio como varios de los allí presentes se daban la mano y se disponían a rezar, el cocinero y su ayudante se unieron al grupo, Darkeray se planteó por un segundo participar de aquel sepelio, pero teniendo el cuenta lo que acababa de ocurrir, se lo pensó dos veces y se retiró del comedor, de todas formas él no tenía espacio en su mente y corazón para los dioses, aquellos en los que había creído lo habían abandonado en aquella infernal existencia como no-muerto, los que ahora eran los principales rechazaban a los que eran como él, y los que no, simplemente no lo tenían en cuenta, los dioses eran para los que cargaban con la certeza de la muerte y necesitaban algo que los esperase cuando ese momento llegara, a él ya le daba igual.

Así pues salió del comedor en dirección a su camarote, detrás de él, una figura alada seguía sus pasos...


-------------------X-------------------


Darkeray cerró con un portazo el acceso a su camarote, a lo lejos, en el pasillo, se escucharon los pasos de aquella divium alejándose:

-¡¿Pero quién se habrá creído que es esa zorra con alas?! -vociferó el Bufón- ¡Le pienso meter su respetuoso rango por el culo!

El Caballero ignoró los desaires del engendro y se sentó en la cama, suspiró profundamente, aquella situación había sido tensa, demasiado tensa de hecho, y aunque la había podido manejar bien, a pesar de los continuos ataques a su inocencia y honor, los cuales aún clamaban un duelo por la afrenta, no podía evitar sentirse confuso, aunque quizá la palabra correcta fuese desazonado, al fin y al cabo casi toda la tripulación de aquel navío ya se había manifestado en su corta aventura al exterior del camarote: El odio y sospecha hacia él eran latentes y presentes, incluso aquella inocente ayudante del cocinero, que poco o ningún interés podría tener en asesinar a nadie más que a las ratas que rondaban la despensa, había demostrado su rechazo hacia él.

Por un lado confirmaba sospechas: La historia aún no había terminado, todos en el fondo creían que la exina podría no ser la asesina, y que el auténtico responsable se paseaba por el barco aún, el que una vez más había eludido la justicia, ¿Y quién mejor para ser blanco de sospechas que el callado y solitario leproso? Aquel que dice tener un nombre que suena tan falso para un noble como la virginidad de una prostituta.

-Dioses... -suspiró Darkeray, desesperado- ¿Qué puedo hacer? ¿Qué debo hacer?

A su alrededor sentía crecer una ficticia soga que cada vez se apretaba más, ansiosa por estrangularlo a la mínima oportunidad:

-Caballero... -llamó el Bufón- Quédate aquí encerrado, hazte fuerte aquí y a cualquiera que se acerque, mátalo, tenemos que llegar a Ciudad Esmeralda, dejar Ujesh-Varsha, y es lo que vamos a hacer

Darkeray consideró el plan, realmente no tenía muchas más alternativas, si huía confirmaría sospechas y algunos incluso querrían perseguirlo para ejercer la justicia por su propia mano, la costa estaba demasiado lejos para nadar, los botes seguramente más vigilados que nunca... Podía intentarlo, eso siempre era una opción, pero de fallar sería el siguiente en ser encerrado, quizá le obligarían a confesar, en realidad no era demasiado difícil, con retirar la máscara que le cubría a diario la cara bastaba para descubrir la verdad. El Caballero se frotó la frente ansiosamente, el metal vibraba con los movimientos de la mano.

-Caballero -insistió el Bufón- Tenemos que esperar al momento oportuno, ahora mismo está todo muy reciente, la tripulación desconfía, y se lanzará desesperadamente sobre cualquier solución a las muertes, basta con que sea suficientemente lógica como para que la acepten, si no mira lo que han hecho con esa exina, sin apenas conocerla han dado por válida su culpabilidad.

-No te diré que no tengas razón engendro -contestó Darkeray con la voz débil- Pero...

-¡Pero nada! -cortó el Bufón- Ahora sólo queda esperar, así que lee o haz lo que sea, ¡Pero no salgas de aquí!

-¡Haré lo que me plazca engendro! -vociferó el Caballero más alto de lo que hubiese deseado, pues su voz resonó en el pasillo- ¡Sólo y únicamente lo que me plazca!

Y como un niño que protesta con su padre, Darkeray cogió el cubo y salió a paso ligero hacia la cubierta, necesitaba aire. Los marineros se apartaban a su paso o desviaban sus rutas al cruzarse con él, varios de ellos murmuraban entre sí y lo señalaban con gestos

-¿¡Creéis que me importa lo que digáis!? -murmuraba el Caballero furibundo- ¿¡De veras lo creéis!? ¡Sólo os paseáis por ahí con vuestros húmedos y mugrientos traseros, acusando y chismorreando como viejas! ¡No sabéis nada!

Apretó el paso y subió por las escaleras en un suspiro, la luz del Sol lo recibió con un destello cegador antes de apagarse tras las caprichosas velas al viento, la cubierta bullía de vida, la primera vez que Darkeray la había visto tan activa desde que había subido al barco, los marineros seguían dedicándole miradas y comentarios en sus conversaciones, él se limitó a ignorarlo todo y se dirigió a los beques, donde vació el cubo, luego se alejó hacia la baranda de babor, donde se apoyó con los codos, mirando al horizonte.

En la lejanía, la costa se perfilaba tímidamente por la neblina de la mañana, los primeros pescadores pronto saldrían a hacer su trabajo en las bahías y golfos, alguno incluso se atrevería a adentrarse en mar abierto en busca de algún banco prometedor. Darkeray consideró por un momento el saltar al agua, si su cuerpo flotaba podría intentar llegar a la costa como antes había planeado, si se hundía... Quizá podría ir caminando, en el peor de los casos acabaría cayendo en un abismo marino sin fin, o devorado por alguna criatura desconocida.

Dejó que su mente divagara por entre las fantasías que ofrecía el mar, alimentadas a su vez por el libro que hacía poco había adquirido, casi podía ver a las sirenas acompañar al barco en su estela o a las lampreas devora-hombres aguardando a que un marinero cayera al agua. El Bufón se mantuvo en silencio durante aquello, por un momento casi pudo sentir que la paz y el sosiego regresaban a su mente.

-¡Eh! ¡Tú! ¿Ruisu no? -preguntó una voz a sus espaldas-

El Caballero se dio la vuelta y miró al frente, pero no había nadie, por un momento creyó que se había vuelto loco, sin embargo un rápido puntapié en la espinilla le hizo inclinarse, allí descubrió a una pequeña comadreja mirándolo con desprecio

-Así es señor, -contestó Darkeray- Aceptad mis disculpas, no os había visto llegar, ¿Puedo ayudaros?

-¡Déjate de finuras escoria enferma! -replicó furibunda la comadreja- ¿Se puede saber que haces aquí?

El Caballero alzó el cubo del suelo y se lo acercó levemente al recién llegado, que retrocedió un par de pasos mirándolo con recelo:

-Vacío el cubo con mis necesidades -contestó Darkeray- ¿Señor...?

-¡Sloat! -gritó la comadreja llamando la atención de alguno de los presentes- Y si quieres vaciar el dichoso cubo -dijo mientras lo señalaba- te esperas a que no haya gente por cubierta, ¿O es que nos quieres contagiar a todos? ¡Bastante hemos tenido con esas muertes como para que tú provoques más!

El Caballero escuchó a Sloat estupefacto, aquella criatura no parecía dispuesta a andarse con sutilezas de ningún tipo, y por los asentimientos e incluso alabanzas de algún marinero cercano hacia lo que decía la comadreja, eran muy pocos los que no estaban de acuerdo:

-Muy bien señor Sloat, -dijo Darkeray- Me iré de cubierta si así se requiere, mis disculpas si he importunado a alguien con mi presencia

Los marineros comenzaron a amontonarse alrededor de ellos dos, Darkeray se sentía cada vez más agobiado. La nutria sacudió una de sus pequeñas manos y le torció la cara, mirando hacia otro lado

-Bla bla bla, muchas palabras, -comentó despectivo- Lárgate de una vez, y no salgas de tu agujero salvo que sea extremadamente necesario, ya negociaré algo con el cocinero para que no tengas ni que pisar el comedor.

Los marineros vitorearon la idea de la comadreja, que sonrió a los marineros orgullosa, permitiéndose alzar los brazos:

-No será necesario señor Sloat -interrumpió Darkeray- Ese tema ya ha quedado solucionado, no volveré a presenciarme en las comidas el resto del viaje

Todos se miraron sonrientes ante la certeza de aquella noticia, la comadreja, sin embargo, recibió molesta el que se le hubiera quitado el momento de gloria, y en una pequeña carrera se acercó al Caballero, daga en mano, y lanzó un tajo hacia la placa de acero que lo cubría en el abdomen, labrando un pequeño corte transversal en la superficie, Darkeray apenas tuvo tiempo de reaccionar, se cubrió instintivamente la cara y dejó caer el cubo en un estruendo, aquella criatura era tan rápida como sus parientes menos inteligentes:

-Entonces estás tardando en irte, aquí ya no pintas nada más, y te lo advierto Ruisu -añadió Sloat mientras lo señalaba con la daga- Si haces algo mínimamente sospechoso -escupió en el suelo, justo a sus pies- Yo mismo te mataré, considera ese corte una advertencia

Un fuerte aplauso se generó en los presentes, la comadreja una vez más alzó los brazos orgullosa y complacida:

-¡Volved al trabajo! -gritó al fin cuando los vítores fueron decayendo, después se alejó hacia un destino desconocido-

Darkeray permaneció avergonzado en medio de la cubierta, la masa humana se fue disolviendo a su alrededor, algunos le recordaron que se marchase cuanto antes, sentía un gran peso en el pecho, miró por un segundo al mar y se replanteó sus posibilidades de llegar a la costa, pero finalmente bajó la cabeza, recogió el cubo que había caído y se dirigió a su camarote

-¿Ves? -preguntó socarrón el Bufón- Ya te lo había dicho

-Cállate... -protestó Darkeray en un susurro casi lastimero- Sólo están asustados...

-Ya, claro...


------------------X------------------


El resto del día continuó sin acordarse de nadie mientras Darkeray se paseaba por su camarote como un animal enjaulado, había probado en al menos cinco ocasiones ponerse a leer, pero su mente se distraía en los acontecimientos recientes, en el problema del Bufón, en los planes alternativos por si todo saliera mal... Realmente y por momentos, se arrepentía de haber subido a aquel barco, tendría que haber sido más selectivo, en aquel puerto tuvieron que existir al menos media docena más de navíos con destinos igual de apetecibles y mucho más seguros que aquel asqueroso galeón.

El Caballero completó un par de círculos más alrededor de su camarote, para aquel momento había recorrido con la mirada casi todos los recovecos de la estancia, sería muy difícil que algo cambiase de lugar sin él darse cuenta, por un lado era adecuado, alguien podría intentar entrar en el camarote en sus breves ausencias, por el otro, era deprimente el haber llegado a tal grado de conocimiento de la jaula de uno.

-Por los dioses -murmuró Darkeray- Si este cuchitril fue en su día una mazmorra, realmente no ha dejado de serlo

Se detuvo y miró una vez más a la silla y al libro, y tras unos segundos, se sentó para darle una oportunidad más a la lectura, al fin y al cabo era lo único que tenía para no perder la cabeza, con un poco de suerte incluso le ofrecería consuelo.

Pasaron unos lentos y largos minutos, el Caballero releyó la misma página una y otra vez, incapaz de retener nada de la información que se le ofrecía, y cuando estaba a punto de darse por vencido, un leve crujido en la madera de la pared llamó su atención, algo estaba perforando la madera, Darkeray instintivamente se puso en pie y se llevó la mano a la espada, preparado ante cualquier cosa que pudiera asomar por la pared, si iba a tener que luchar por su libertad, no la ofrecería tan fácilmente.

Los tablones cayeron al fin, estampándose contra el suelo con un estruendo a madera partida, un boquete de tamaño considerable comunicó el camarote del Caballero con el contiguo, al otro lado, entre el serrín que aún flotaba, se distinguía la pequeña figura de una enana, presumiblemente Asha, sin embargo, donde la mirada se quiso fijar fue en el extraño ser que asomó por el agujero, que guardaba una sorprendente similitud con un perezoso, generalmente vivían en zonas como Mashamba Milele, o así lo aseguraban alguno de los libros que había leído en el pasado.

-Disculpe la intromisión, -dijo aquel ser con una mirada aburrida y cansada- Pero le agradecería que no causará jaleo para poder hablar civilizadamente

¿Aquella criatura había hablado? ¿Era otro de los antropomorfos del barco? La verdad es que no recordaba haberlo visto en el comedor:

-Depende de los fines que os traigan a mi camarote, ¿Señor? -contestó Darkeray mientras dedicaba una leve mirada a Asha, ella se limitó a encogerse de hombros, dando a entender que poco o nada comprendía de lo que estaba sucediendo-

-No me gusta este tipo -susurró el Bufón- Algo en él me intranquiliza

-Sí, comprendo que la situación en el navío no invita ahora mismo a la confianza sobre mí -aseguró la criatura- Pero sois de los poco que estoy bastante seguro de que no tienen nada que ver con lo que esta sucediendo abordo, y necesito a alguien confiable en este momento -Darkeray enarcó una ceja ¿Había alguien en aquel navío que se fiaba de él?- Será más fácil si soy sincero: Soy un demonio de Ghadrakha. Pueden llamarme Pereza. Entré al barco escondido entre las pertenencias de Asha y escondido he estado hasta esta noche, donde salí y cometí un error al descubrirme ante quién no debía. Otro demonio, éste de Yiggionath. Me he dado cuenta de mi error al descubrir hoy mismo que había más de uno a bordo. Y ahora creo que es necesario tomar la iniciativa para cortar de raíz todas las muertes y poder llegar a Tierra vivos. Acababa de explicar todo esto a la señorita Daunar

La enana asintió a sus espaldas y levantó ambas manos, queriendo desembarazarse de aquello como inocente y forzosa involucrada, el Caballero, por su parte, recibió la información como un jarro de agua fría: Había al menos tres demonios a bordo, eso ya de por sí era muy peligroso, y sin embargo adonde su mente más dirigía la precaución era hacia los que se veían atraídos por los demonios, y esos eran los de la Orden de Samrat, y si había alguien con los que no se quería volver a topar era con ellos

-¡Lo sabía! ¡Un demonio nada menos!-vociferó el Bufón- ¡Además un servidor de Ghadrakha! ¡Desconfía caballero, sólo quieren ver el mundo arder en su decadencia!

-¿Y tú como lo sabes? -preguntó Darkeray- Normalmente no es un conocimiento al alcance de todos, engendro

-¡Eso da igual ahora! ¡Échalo de aquí!

El Caballero meditó la propuesta, y decidió no hacerle caso a la voz de su cabeza, sólo él era quien dominaba sus actos, nadie más:

-¿Y por qué ha sido un error mostraros ante él? -le preguntó a Pereza poniendo los brazos en jarra- ¿Y a qué os referís con que hay más de uno? -y dedicó un leve cabeceo a Asha para saludarla-

-Un solo demonio encubierto en un barco, no es problema, -aseguró el demonio- Más con mis habilidades para ocultarme. Pero que haya dos del mismo señor significa que están tramando algo. Y que ese segundo sea el capitán, significa que es probable que yo no salga vivo de aquí

Darkeray inspiró hondo, procurando procesar adecuadamente aquella posibilidad, la mentira era aún una opción, lo mejor era ser precavido:

-¿Y qué pruebas me ofrecéis de su naturaleza demoníaca? -quiso saber el Caballero- Pues a mí, comprenderéis, no me es inherente reconocerlos

-No te fíes de él -susurró ansioso el Bufón- Está mintiendo, el capitán sólo busca el dinero, si no hacemos ruido nos dejará en paz

Pereza delató en un gesto que iba a revelar un detalle importante, como mínimo interesante, pero decidió callar y modificar su discurso:

-Ahí me has pillado. No sé qué prueba darte. Al capitán lo he reconocido esta mañana, cuando han dado la noticia de los sucesos de esta noche, pero sin un ojo avezado, no es posible darse cuenta. Al otro en cambio, el señor Gaard, lleva un traje hecho de piel de demonio. Solo se ven en el Foso.

Darkeray examinó el rostro de aquel demonio detenidamente, pero no pudo sacar nada en claro, tanto su gesto como sus ojos eran idénticos al animal, y si por algo los perezosos destacaban, era por ser la máxima representación de la vagancia y la falta de movimiento, eso incluía la expresividad.

-Entonces -dijo al fin el Caballero- Estamos en una encrucijada me temo...

-¿Ves? ¡No puedes confiar en él! -aseguró el Bufón- ¡Te está ocultando información! ¡Y es un demonio de Ghadrakha!  ¡No puede traer nada bueno!

Los desaires e insultos de la voz prosiguieron en su cabeza, resultaba molesto para pensar con claridad, pero si de algo tenía la certeza era que aquello podría ser una opción de huida, si jugaba bien sus cartas:

-Cambiemos pues la pregunta, -prosiguió Darkeray- Decidme, ¿Qué os disponéis a hacer? ¿Y quién más ha de ser vuestro aliado?

-Aún con mi naturaleza demoníaca, -contestó Pereza- No estaba en mis planes hacerle nada a los tripulantes del barco, solo era un transporte. Creedme que soy el mal menor.

-El mal menor dice -remedó furibundo el Bufón-

-Aliados por ahora no tengo muchos -prosiguió Pereza tras dedicar una tenue mirada a la espada que pendía en el cinto del Caballero-  Los únicos de los que me fiaría, son de los pasajeros, y vos, Asha y la ninfa son los únicos que he tenido oportunidad de analizar. Son las únicas personas de las que me fío. Y por desgracia, vos sois el único que parecéis confiable. Muy a pesar de mi compañera Asha

La enana respondió a la alusión con un gesto de desesperación, definitivamente no se habría visto en  aquella situación si hubiese podido escoger

-Mi plan es acorralar a capitán esta noche en su camarote y ejecutarle. Cuando esté sólo. Si es necesario, liberar a la exina, que dudo también de que este implicada por llevarse todas las culpas, y usarla de distracción y chivo expiatorio como hacen ellos.

Darkera miró a la pared que daba al mar y respiró hondo una vez más, aquella idea era como mínimo arriesgada, liberar a la exina podía ser bueno si era inocente, pero matar al capitán era algo muy serio, ¿Y si se equivocaba al confiar en aquel demonio y resultaba que era él el verdadero asesino? El capitán era una persona corrupta y mezquina, cierto, pero sobre todo avariciosa, a él menos que a nadie le podría interesar llamar la atención sobre su barco, menos aún si llevaba armas y otras mercancías de contrabando, la guardia de Ciudad Esmeralda al fin y al cabo se interesaría por ver lo que había ocurrido a bordo, a menos que el trato fuera con la propia ciudad, pero dada la fama pacifista que tenía, parecía poco probable. Miró al macuto que reposaba en su cama, reflexionando sobre una posible huida y sus posibilidades de éxito, la respuesta a sus cálculos no fue satisfactoria, ni siquiera la resolución que decidió tomar, pero era una apuesta de cara o cruz, era el riesgo que había que correr:

-Me temo que no puedo auxiliaros en la ejecución, -dijo al fin Darkeray- Quisiera dejarlo claro desde el primer momento -miró directamente a Pereza- Pero si se trata de liberar a inocentes o buscar una alternativa a más muertes, intentaré ayudar en lo que me sea posible, y mi hoja servirá a su función si fuera inevitable...

-¿¡Le vas a prestar ayuda a esa repugnante y peluda criatura!?-gritó el Bufón- ¿¡Es que la sal marina te ha podrido el cerebro de más!?

-Haré lo que yo quiera, -contestó Darkeray en su mente- No lo que tú me mandes, y cállate porque aún no he terminado

Pereza no se manifestó al respecto, esperó a que el Caballero prosiguiese, él, por su parte, dedicó unos segundos a pasearse hacia la pared en la que se oían las olas batir contra la madera, su mirada casi parecía atravesar los tablones y ver una vez más aquella lejana costa, deseoso de poder alcanzarla cuanto antes

-Sin embargo -prosiguió Darkeray mientras se giraba hacia Pereza dedicándole una mirada penetrante- Os pondré una condición para que pueda creer en vos, y es que reclutéis para vuestra misión a la dríade -dio un par de pasos más hacia el demonio mientras añadía- Si vuestra causa convence a esa mujer de noble corazón, podéis contar conmigo

-¿¡Vas a dejar que la decisión la tome esa puta de los bosques!? -gritó con todas sus fuerzas el Bufón- ¡Ojalá acabes ensartado y en el fondo del mar! ¡Estúpido malparido!

-¡Que cierres el pico!-ordenó el Caballero- No me juzgó a pesar de darle motivos para desconfiar, y me ofreció su ayuda a pesar de estar supuestamente enfermo con algo incurable y extremadamente contagioso... ¡Por ello confiaré en el juicio de esa mujer! Y si a ti no te gusta, ¡Lárgate de mi vida maldito engendro!

Pereza, por su parte, ajeno a la discusión mental, miró a la que había sido su mula, Asha, antes de contestar:

-Se puede intentar... -y se giró rápidamente para mirar al Caballero de nuevo- ¿Pero qué pretendéis hacer si no os aliáis conmigo? Ahora ya sabéis lo que esta pasando ¿Seguir escondido en vuestro camarote sin más?

Darkeray desvió la mirada hacia aquella dichosa pared una vez más, la verdad era que para aquella pregunta no tenía respuesta, la otra opción era la del Bufón, y sentía un absoluto terror a tener que obedecer su voluntad, era el primer paso hacia el control, no quería pensar en lo que haría si Nyxia rechazaba a aquella criatura

-No lo sé, -respondió sinceramente- Supongo que a un leproso como yo, le da igual el hallar la muerte en las manos de un médico o en el fondo del mar. De todas formas -añadió mientras miraba a Pereza- Y sin intención de ofenderos, comprended que no puedo depositar toda mi fe en vuestras palabras, al fin y al cabo no han podido probarse del todo

Aquel demonio, como en toda la conversación, apenas reveló sus pensamientos mediante la mirada o la expresión:

-Entiendo vuestro recelo, -dijo al fin- Pero tened también en cuenta que yo estoy depositando mi confianza en usted a pesar de que no conozco su secreto, que es obvio que lo tiene, todo el mundo en la Ardent lo sabe, pero lo que yo sé es que es mayor de lo que los demás piensan, ya que por él mis poderes no le afectan -se dio la vuelta y miró a la enana- Señorita Daunar, necesito que me lleve hasta el camarote de la dríade, por favor.

Y la figura de Pereza se deshizo en un banco de niebla antes de desaparecer, dejando a Asha y a Darkeray frente a frente, ambos igual de confundidos a la hora de averiguar a donde había podido irse aquel ser, de modo que el Caballero le dedicó una leve reverencia a la enana y se sentó a fingir que leía, dando a entender que la conversación se había terminado, al menos por el momento. Asha por su parte, abandonó su camarote, presumiblemente en busca de Nyxia

-Sabe tu secreto Caballero... -siseó el Bufón- Desconfía de él... Sólo quiere que le ayudes a asesinar a su última víctima antes de venderte como cabeza de turco...

La voz tenía razón, aquella última revelación trastocaba aún más si cabe la confianza en aquel demonio de aspecto animal, quizá hubiera sido mala idea fiarse de él, y acabaría por arrepentirse de haber tomado aquella decisión, Nyxia también, al menos si elegía unirse al plan, pero confiaba en la dríade para tomar esa decisión y más bien, ese riesgo, eso no había cambiado, así que el Caballero se limitó a cruzar la piernas y a releer aquella página una vez más

-Nyxia hablará engendro, -susurró Darkeray- Nyxia hablará...
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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Areath el Lun Sep 12, 2016 1:23 am

Areath estaba en el comedor, al contrario que los anteriores días el ambiente era totalmente disparejo. Estaba cargado de hostilidad y odio, los tripulantes más veteranos, así como el resto del personal miraban con demasiada cautela y demasiado recelo a los pasajeros menos conocidos, de hecho, hasta habían perdido el respeto hacia ellos. Sin ir más lejos, el día anterior el ala derecha de la Tenebri fue enganchada con un anzuelo cuando uno de los pescadores preparaba sus cañas. Ahora llevaba un cuarto del ala vendada ya que éste había causado que sus escamas se desmembraran. Podía volar pero el dolor todavía estaba arraigado, ese día sería lo último que haría.

No probó el almuerzo, quien sabe si alguna de aquellas personas le había echado algo a la sola de ajo.
El silencio se apoderó después de que la nutria dedicara las típicas palabras de desazón por el fallecimiento de una persona. Más de uno agarró la mano de su compañero, sin embargo, hubo una persona que se levantó automáticamente, como si aquello no fuera con él. Areath salió corriendo moderadamente tras él. El caballero de la máscara parecía acudir rápidamente a su camarote, sin embargo, Areath apretó el paso y sin pensarlo dos veces buscó su muñeca y se hizo con ella para detener su paso, sin embargo una sensación gélida le embargo desde la mano hasta el hombro, obligándose a soltarle la muñeca. Aquella sensación tan extraña y fría la desconcertó, sintió que hasta los huesos calaban, no pudo hacer otra cosa que mirarle de forma extraña, como si aquello que tenía delante de ella fuera ajeno, no obstante hizo el esfuerzo por obviar dicha sensación, más tarde ya se preocuparía de ello.
La Tenebri había vagado tanto en sus sensaciones que hasta su compañero tuvo que repetir la pregunta que le había hecho anteriormente.

-¿Puedo ayudaros, señorita?

Confusa todavía e intercalando la mirada entre su mano y la muñeca del señor Ruisu, la mirada de Areath cambió, recuperó su máscara de indiferencia y se enfrentó a él.

-Quiero respuestas y en estos momentos creo que eres el único que me las puede dar.

El señor Ruisu aun se mantenía a una prudente distancia, se limitaba a permanecer en su sitio, como sino le hubiera dado permiso para que lo retuviera.

-¿Y cuáles son esas preguntas a las que decís que yo tengo respuestas?

-Está visto que loa secretos en este barco no están muy bien vistos, de hecho, se propagan más que los rumores. No me voy a ir por las ramas señor Ruisu pero su comportamiento es altamente sospechoso. Evita el contacto personal, a los pasajeros y siempre que tiene oportunidad huye a comer a su camerino. En otras palabras, siempre esta solo. He trabajado en las fuerzas militares y es evidente. -Areath acentuó su más el arco de su ceja- que usted oculta algo.
Areath se acercó a él buscando oprimirle y presionarle, recortó la distancia entre ambos rostros y esperó en silencio. Puedes poner a alguien realmente incómodo si sabes como hacerlo y por supuesto, ella sabía hacerlo.

-¿Quién es usted, señor Ruisu? - Areath estaba casi segura que aquel hombre estaba relacionado con las muertes que habían ocurrido.

Darkeray le devuelvió una mirada gélida y seria, incluso a través de la máscara se podía leer.
-Señorita... -dijo casi susurrando- no sé ni quién sois, ni porqué me abordáis de esta manera, pero no os pienso tolerar las acusaciones implícitas que casi me estáis lanzando, pues si hay alguien en este navío que tenga algo que perder si es expulsado, ese soy yo. -  Para cuando Darkeray acabó su discurso el ambiente ya era totalmente pesado, oscuro, gélido, incluso se diría que costaba respirar.

Darkeay dio un paso hacia Areath, con decisión.
-¿Decís ser una militar? Pues comportaos como tal y mantened la templanza porque dudo seriamente que en el ejército tuvieran cabida semejantes acusaciones sin fundamento. - Darkeray utilizó el mismo recurso persuasivo, también acercó su rostro al de ella- sólo dignas de felones. -Terminó con aire mordaz.

Areath se indignó ante tal acusación pero supo mantener la templanza que le correspondía. - No sé porque os sentís tan ofendido, eso lo único que hace es confirmar mis sospechas. - Areath desplegó las alas ofreciendo un espectáculo que rallaba lo temible, ofreciendo un aspecto más imponente. - Subcapitana de la guardia Tenebri B - sección 24, por desgracia la buena reputación me precede caballero. No jugueis con mi fuego que os acabareis quemando. - En realidad lo único que quería era mantener su orgullo en pie, nadie, absolutamente nadie la juzgaba y mucho menos la intimidaba, de hecho en ningún momento retrocedió cuando Darkeray la quiso intimidar.
-Sigo creyendo que oculta algo, sólo espero que no tenga que ver con los asesinatos acontecidos. Se lo advierto Ruisu, le estoy vigilando. Si usted es el culpable... No dejaré que nadie más de este barco muera. - Esta vez la mirada de Areath expresaba calma, confianza, seguridad, firmeza y porque no decirlo, también un poco de hostilidad.

Darkeray la miró interpretando la situación.
-Ofenderse, señorita, es lo mínimo, pues me acusáis de crímenes deplorables como el asesinato -Se giró de frente hacia ella, pues hasta ahora había permanecido de medio lado- Yo no compartiré vuestras conclusiones precipitadas... Por esta vez...  Mas oíd mi advertencia: Cuidaos de lo que decís; pues si pretendéis que vuestro antiguo rango y reputación os libre de acusaciones -acerca aún más el rostro- pensadlo una vez más, -lo retira- después de todo, ¿Quién más que un militar se podría medir con un hábil mercenario y tirarlo por la borda? -

Dejando aquella incógnita en el aire, Darkeray se da la vuelta con la intención de partir hacia su camarote, no obstante, antes de irse añadió unas palabras. -Si oculto algo, no es de vuestra incumbencia, al fin y al cabo todos lo hacemos, vos incluída, sólo es necesario saber quién pretende ocultar la hoja y la sangre que ha derramado, y creedme, yo tampoco simpatizo con la idea de más muertes, sea la víctima que sea...

Darkeray se alejó hacia su camarote con su habitual aura de misterio. Areath no dejó de mirarlo en ningún momento, la impotencia le hervía en la sangre. No había obtenido ninguna información útil.
De manera automática un nombre vino a su mente, "Nyxia", sí, ella estuvo hablando con el señor Ruisu, tal vez, tenga más información acerca suya. Los pensamientos de Areath iban y venían, enlazaba ideas, imaginaba otras tantas y desechaba más de las que había pensado, sin darse cuenta, ya estaba frente al camarote de la dríade.
Areath tocó una única vez la puerta, una delicada melodía procedía de dentro, pero no, no era tan mal educada como para pasar sin permiso. A los pocos segundos Nyxia abrió lo suficientemente la puerta como para entrever sus ojos y nada más, acto seguido, asomó su rostro todavía marcado por la sorpresa.

-Hola, ¿podemos hablar? - Preguntó Areath con interés.

-Eh...-miró hacia atrás- es que estoy con alguien...

-Entiendo... - Areath miró hacia cada uno de los lados para asegurarse que no había nadie y habló en voz muy baja, más que hablar, parecía que sólo movía sus labios con una experta vocalización-  Quiero que hablemos acerca de los asesinatos.
Oh- Los ojos de Nyxia se agrandaron mostrando cierta conmoción a la vez que mordió su labio inferior- ¿Podemos ir a tu camarote?

-Claro, me encantaría recorrer tus preciosas y delicadas curvas- Le dijo con un deje de lujuria mientras se alejaba estando segura de que Nyxia la seguiría. Por supuesto, aquellas palabras no eran más que mentiras, pero si alguien las encontraba o había escuchado algo, no sería nada fuera de lo común, después de todo, a los Tenebri les encantaba el sexo.

Nyxia se despidió de alguien que yacía en su habitación y rápidamente salió corriendo tras Areath con toda la cara colorada.

La divium siguió hasta su camarote. Iba con relativa prisa, pero no con la suficiente como par llamar la atención.
Nyxia la seguía de cerca, con la vista fijada en el suelo. Parecía la típica jovencita avergonzada.
Entraron en el camarote. Sobre la cama no había nada, la bandolera yacía abierta de par en par en el suelo y sobre la mesa había una libreta cerrada. - Toma asiento, aunque no tenemos mucho espacio, estos camarotes no están hechos para compartir.-

La ninfa, asintió, confiada e hizo lo que le decía.

-Entonces, qué querías decirme?

Areath se relajó y se sentó en la silla que había al lado del pequeño escritorio. - Dime... ¿Qué sabes del señor Ruisu? ¿Sabrías decirme dónde estuvo la noche en qué la mujer cayó por la borda?-

Nyxia le dirigió una mirada de incredulidad. -¿Crees que tiene algo que ver con su muerte?

-Me temo que sí, su comportamiento es muy sospechoso, casi no se deja ver y por si fuera poco no tiene una buena coartada, o al menos eso vengo a descubrir. ¿Sabes algo?

La ninfa frunció el ceño y se mordió el labio, dilucidando si contarle lo que sabía.
Nyxia se quedó pensanso. A pesar de haberle mentido anteriormente, creyó necesario revelarle lo que había descubierto.

-Sé quien mató a la ciega.

Areath se sorprendió internamente pero no dio muestra de tal reacción. -¿Quién ha sido? - sus ojos estaban clavados en el rostro de la dríade.

-Un testigo vio al capitán con otro muchacho. Asesinaron a la ciega y la tiraron por la borda. -Murmuró, sin querer dar el nombre de Stella por si acaso. - La persona en cuestión acudió a mí anoche y se quedó en mi camarote.

-¿El capitán? - Areath puso cara de asco- No me lo puedo creer...

Un silencio denso y pesado se dejó caer entre ambas como una noche fría y oscura.

-Sin pruebas no puedo hacer nada y por mucho que tengamos un testigo... ¡Mierda!, es el capitán... No vamos a poder hacer nada.

-Lo sé -suspiró Nyxia -Estoy confusa... ahora mismo lo único que tengo claro es que debo cuidar de alguien, quien además, me está esperando. -La ninfa se levantó y se dirigió hacia la puerta.

-No te entretengo más. ¿Puedo contar contigo si algo sucede? - Le preguntó antes de que desapareciera tras la puerta.

Nyxia se quedó estática, agarrando el pomo y se giró con una sonrisa sincera pero con un matiz de preocupación.

-Claro, pero ten cuidado. -Y sin esperar respuesta desapareció por el pasillo.

-----------------------------------------------

 Areath no perdió el tiempo y fue directamente al camarote del capitán. A la mierda la burocracia, no quería perder más tiempo. Se paró en seco frente a la puerta y recibió el aliento, mutó su rostro eliminando todo rasgo de expresión tal y como le habían enseñado, segundos después tocó con los nudillos y  cierta demanda la puerta.

-¿Capitán? Soy la subcapitana de la sección B, división del ejército 24, necesito hablar con usted. - No se fue por las ramas, tampoco importaba que alguien pudiera escucharla, al fin y al cabo aquella información era real hasta cierto punto y un poco de autoridad no le vendría mal para manejar a todos en el galeón. Y sobretodo a él.

El capitán dejó que la puerta sonara y se tomó su tiempo para abrir. Luego de lo que pareció un minuto abrió la puerta y miró con profundo desdén a la Tenebri.
-No tengo nada que hablar con los pasajeros. ¿Acaso no te das cuenta lo que sucede en mi barco? No tengo tiempo para perderlo en charlas insulsas. Aquí somos marineros, no militares, así que no me interesa tu rango —Decken masticó las palabras y mostró los dientes en un evidente estado de molestia —. Ya designé un nuevo teniente, ve y deja tus descargas con él.

Areath se tomó la libertad de empujar la puerta, entrar en el camarote y cerrar. - Me importa un comino a quien haya asignado como Teniente. Es usted de quien quiero las respuestas, la información de segunda mano nunca es fiable. - La mirada de Areath era dura y frívola, no se amedrentó ni con las palabras ni por el tono del capitán. - ¿Qué está ocurriendo? ¿Por qué diantres no hace nada para proteger a sus pasajeros y compañeros? Escuche, sólo quiero colaborar con usted y y encontrar al culpable para terminar con este maldito viaje de una forma tranquila. - Areath se mantenía firme en todo momento, después de haber hablado con Nyxja, ya sabía que el capitán no era una persona de fiar, era peligrosa, era el asesino y probablemente la Tenebri se acabaría quemando con fuego.

El Capitán miró a la tenebri cuando entró en la estancia sin su permiso como si lo hubiera abofeteado.
-¿Así que te importa un comino? -gruñó, moviendo la boca como si royera un hueso. Se dirigió hacia la mesa redonda en medio de su camarote y cogió un trozo pequeño de queso muy curtido y lo masticó—. Y supongo que tampoco te importa el respeto por la privacidad —le dijo. Al ver que la mujer era un hueso duro de roer probó de otra manera—. ¿Si tu capitán te ordena algo, tú vas donde tu general porque la información de "segunda mano" nunca es fiable? ¿Qué clase de tenebri se gana el rango de subteniente es esa manera?

Decken dio un paso hacia la joven, apoyando su mano derecha en su pistola, su rostro era serio, pero sus ojos echaban chispas.
—¿De qué coño me hablas muchacha? Ya fue encontrada la asesina. No hay nadie más en peligro. En cuanto lleguemos al puerto entregaré a la exina a las autoridades.
»Y te advierto que si te molesta como hago las cosas, te devolveré la mitad del pasaje y te pediré amablemente, que te largues volando de mi barco, como el murciélago que eres.

Areath tragó saliva cuando la mano del capitán se posó sobre la pistola. Hacía años que no sentía la sensación de estar ante alguien superior a ella, era tan extraño, que incluso se preguntaba como antes había sido capaz de ser tan disciplinada.
- Capitán, creo que no es necesario atacar con cierto tipo de comentarios, por lo que a mi me atañe, son totalmente inútiles. ¿La exina es la culpable?. Quiero verla ahora mismo, supongo que no será capaz de negarle tal petición a un miembro del ejército, ¿me equivoco? - El rostro de Areath reflejaba una gran auto confianza y seguridad, por no hablar que también estaba tintado con un poco de soberbia.

¿Y para qué exactamente quiere verla? —Inquirió—. Esa ninfa se encuentra bien resguardada por uno de mis hombres. Por muy miembro de algún ejército que usted sea, no tiene jurisdicción en mi barco.
El capitán guardó silencio un instante para que la tenebri difiriera sus palabras.
Aquí yo soy la ley. Y esa mujer permanecerá encerrada hasta que lleguemos a tierra le guste o no. Además, no me interesa si usted cree en su inocencia, eso lo decidirán las autoridades de Esmeralda.

Era más que evidente que el Capitán bajo ningún concepto iba a dejar a Areath entrar en la bodega, que era donde la exina estaba.

-De acuerdo Capitán, si tan pocas ganas tiene de que alguien perfectamente capacitado le ayude porque se supone - remarcó el se supone - que ya está todo solucionado, me retiraré a mis aposentos hasta la hora de cenar. Lo único que si voy a decirle es que no voy a permitir una sola muerte más.

Tras esas últimas palabras Areath desapareció de la vista del Capitán.

Ya había pasado la hora de comer, así pues aprovecharía la hora en la que todos estuvieran más ocupados y así colarse en la bodega. Su próximo objetivo era saber porqué demonios la exina había sido tomada como cabeza de turco y descubrir alguna manera de culpar al Capitán.


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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Nyxia el Miér Sep 21, 2016 2:04 am

Un grito me arrancó de mi sueño ligero. Me quedé en el camastro, paralizada, mientras el silencio se volvía a instaurar, sólo roto por mi corazón, que amenazaba con salírseme del pecho. Ese no era un grito cualquiera, sino el de alguien completamente aterrorizado, alguien que se enfrentaba a morir. Me llevé las manos a la cara. Otra muerte no, por favor. Cerré los ojos con fuerza y deseé volver a dormir pero no bastó con eso. Los rostros de los tripulantes que había conocido bailaban en mi mente, ¿cuál no vería por la mañana? Cada vez que intentaba sumergirme en la relajada inconsciencia del sueño las caras retornaban, insidiosas, insistentes. Me incorporé de golpe y me levanté, rauda. Tan rauda que un traspié me devolvió al colchón. Suspiré, intentando calmarme.

Entonces lo vi, una especie de saco al lado de la puerta. Se me cortó la respiración, eso no era mío. Con el pulso disparado, me acerqué lentamente al paquete. La tela parecía haber sido rasgada. No era muy grande, así que probé a levantarlo con cuidado. Sonó un tintineo, ¿monedas? Me animé a abrirlo: efectivamente, monedas. ¿De dónde había salido esto? Obviamente, alguien me lo tenía que haber dejado allí, no podía haber llegado flotando. La idea de que alguna persona hubiese entrado en mi camarote sin que yo me percatase me aterraba hasta tal punto que me provocaba náuseas. Inspiré hondo y tomé una decisión.

Tomé un puñado de kulls y los repartí entre mis dos saquitos para el dinero. Un poco más nunca vendría mal y nadie sabía con qué cantidad había embarcado así que nadie podría sospechar. Sin embargo, el resto era inútil y probablemente sólo serviría para que las acusaciones recayeran sobre mí. Así que me eché el saco improvisado al hombro y, con cautela, abrí la puerta que daba al pasillo. Una vez que me hube cerciorado de que no había nadie, anduve con presteza y sigilo hasta la cubierta y, allí, lo tiré todo por la borda, envoltorio incluido.  

Me sentí mucho mejor mientras observaba como el improvisado saco era engullido por las revoltosas aguas del mar, iluminadas tenuemente por las lunas. Permanecí allí, quieta, dejando que el viento me acariciase con la fuerza de un hombre ebrio de deseo tras mucho tiempo alejado de su amada. El cabello me azotaba la cara y el cuello pero a mí no me importaba, incluso lo agradecía. Me dejé llevar y perdí la noción del tiempo. Mi mente vagó por mis recuerdos con un cuidado exquisito, seleccionando los más agradables.  La nostalgia me invadió de tal manera que tuve que volver al camarote a por mi arpa. Una vez al aire libre otra vez me sentí estúpida. No podía tocar a esas horas. El viento se había transformado en una brisa juguetona y decidí quedarme a pesar de no poder usar mi instrumento. Entonces sentí una presencia y una voz femenina me interrumpió:

-Hola Nyxia. ¿Tienes un momento para hablar?
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Guie a Stella hasta mi camarote, con la mano apoyada en su hombro, intentando infundirle algo de tranquilidad. Y debió de funcionar, pues nada más echarse en mi cama cayó en un sueño profundo y yo esperaba que reparador. Ahora que la elfa dormía y no necesitaba mi apoyo, podía permitirme derrumbarme. Me senté en el suelo, me abracé las rodillas y me mordí los labios hasta que me hice sangre. Sentí su sabor metálico. No podría llevar el peso del secreto yo sola, y menos sabiendo que había gente buscando respuestas. Visualicé mentalmente los rostros de la divium y el caballero de la máscara.  Areath me había mentido, y una parte de mí se negaba a confiarle algo así, sólo por si las moscas. En cuanto al tal Ruisu… todo era muy confuso respecto a él. Me tumbé a los pies del camastro, buscando una posición cómoda, mañana decidiría. Mañana sería otro día.


Me pasé el resto de la noche en duermevela, flotando entre el mundo de los sueños y el real, sobre el suelo. La mañana llegó, y con ella los ruidos. Pasos apresurados, órdenes, susurros e incluso gritos. Algo no iba bien.

-Estaba en su camarote…

-¿De verdad está muerto?

-No puedo creerlo…

-Pobre Santi…

Me puse en alerta. ¿La nueva víctima era el teniente? Me levanté del suelo, me estiré y acerqué el oído a la puerta.

-Lo encontraron en su cama, parecía que estaba durmiendo. Sin embargo, no reaccionaba ni tenía pulso.

-¿Qué han hecho con él?

-Lo han llevado a la bodega. El capitán hará un anuncio en la comida.

Dejé de escuchar, ya tenía la información que quería. Me adecenté la ropa y el pelo, eché un vistazo a mi nueva compañera de habitación y salí de allí, rumbo a la bodega. Esperaba volver antes de que se despertara para no alarmarla.

La puerta estaba abierta pero aun así llamé con los nudillos. La situación no estaba como para aparecer de improviso donde reposaba un cadáver. Escuché una voz y yo me adentré en la estancia con cautela, mientras me presentaba:

-Buenos días, mi nombre es Nyxia y soy dríade –dije, con voz potente-. Ha llegado a mis oídos que se ha producido otra muerte y querría ayudar examinando el cuerpo, si no hay ningún problema.

- Hola –me contestó el carpintero, que también resultaba ser el médico de la embarcación-.  Sé qué eres, te he visto por el galeón.

Al ver mi excesiva precaución me hizo un ademán con la mano.

-Adelante. Puedes pasar.

Me acerqué a él mientras observaba mi alrededor. Había un sinfín de barriles de madera apilados en hileras que se extendían hasta que las engullía la oscuridad. Observé con curiosidad la iluminación, que provenía de unas esferas que se asemejaban a piedras y emitían un brillo frío y blanquecino. Llevaban la huella de la magia. Casi se me olvidó la razón por la que estaba allí. El muerto estaba situado cerca de la puerta, sobre una mesa improvisada y semienvuelto en una vela de repuesto, raída, amarillenta. Su rostro estaba
descubierto, y Strindgaard tenía una mano sobre su frente.

- Supongo que quieres apreciar esto con ojo clínico. Necesito que veas esto.

Me situé a su lado y le miré.

-¿Qué es lo que has deducido hasta ahora?

- Pues, algo que de seguro no dejará indiferente a nadie...  -Guardó silencio un momento-. Está vivo.

Abrí mucho los ojos. El cuerpo del teniendo estaba pálido pero no tenía signos de descomposición. Podía ser cierto. Con exquisito cuidado, posé mi oído derecho en su pecho y esperé. Los segundos pasaban y… Bum . Ahí estaba, efectivamente, un latido.
Entonces me percaté de que su cuerpo se movía de manera casi imperceptible: respiraba. Nunca me había topado con algo así.

-Es cierto… -susurré y volví a escuchar otro latido, como si quisiera corroborar mis palabras.

Me incorporé y le examiné los ojos, la boca, las fosas nasales y las uñas pero no había rastro de veneno, aunque tampoco conocía ninguno que tuviera ese efecto. Nada, todo era normal. Como si estuviese dormido.

-Nunca había visto algo parecido...

En realidad sí. El día anterior. En el mismo barco, pero mucho más leve.

- Yo estoy igual de impresionado que tú. También pensé en algún tipo de veneno, o alguna extraña enfermedad. Es imposible saberlo a ciencia cierta con los pocos recursos con los que cuento en el barco.

-Es como si hubiesen drenado casi toda su energía –murmuré, pensativa, mientras fruncía el ceño. Santiago no había muerto, pero si no conseguíamos sacarlo pronto de ese estado no tardaría en hacerlo. Strind no tenía medios ni conocimientos para ayudarle pero yo todavía podía hacer algo.- Voy a intentar usar mis poderes curativos -informé, mientras acercaba mis dedos a su cuello. Esperaba de corazón que no fuera demasiado tarde.

Procedí. Dejé que mi energía fluyese y se derramase sobre él. Era como intentar llenar un cubo a cucharadas soperas. Cerré los ojos y puse mi alma en ello. Podía salvar una vida.

- Está tratando de curarlo usando su esencia  –dijo de repente el carpintero, lo que me hizo volver a mi alrededor-  Quizá lo pueda despertar.

Entonces escuché la puerta cerrarse. Y ahí estaba el capitán, un asesino,  observándome con intensidad mientras se acercaba lentamente a nosotros.

-¿Qué opinas ninfa, también crees que está en coma?

Retiré mi mirada con rapidez, pues no quería que se cruzase con la suya, y le ignoré, intentando volver a concentrarme en mi paciente. Pronto el dolor empezó a extenderse por mi cuerpo, como si tuviese un caudal de aguas desbordadas en mi interior que quisieran salir por un diminuto agujero. Lo que había hecho no bastaba, el cubo no estaba lleno, pero tenía que parar.

-No... es... suficiente –mascullé mientras me apartaba de él, dolorida por el esfuerzo y con la frente llena de sudor. Entonces me percaté de que Deken todavía esperaba su respuesta. Me aclaré la garganta-. Su corazón sigue latiendo, sin duda –tomé aire-.  Creo que puedo curarle con mi magia, ya he visto un caso parecido aunque mucho más leve –recordé otra vez a Asha pero no la mencioné-. Eso sí, me llevaría tiempo, todavía estoy desarrollando mis capacidades –expliqué, ligeramente avergonzada por no ser capaz de curarle instantáneamente o, por lo menos, de hacerlo más rápido.

-Haz todo lo que esté a tu alcance para salvarlo -me dijo el capitán con voz autoritaria-. Veré que se te recompense de buena manera si salvas su vida.

Titubeé. No quería su recompensa. No quería nada de él, excepto que no matase a nadie más. Recordé lo que había presenciado Stella y me pregunté si estaba haciendo bien. Pero se trataba de salvar una vida, y yo no podía negarme a eso.

-Haré lo que esté en mi mano señor –dije con firmeza, mientras me sentaba al lado del cuerpo-. Necesitaré agua.

El capitán miró al carpintero, este asintió y salió de la bodega a por una jarra de agua.

-Esto ha sido obra de la exina. Estoy seguro -ladró el capitán una vez nos quedamos solos.

-¿De la exina? ¿Y cómo podría haber hecho ella esto? –respondí, intentando camuflar mi escepticismo con una fingida curiosidad.

Sus pupilas se estrecharon mientras su rostro mutaba. Su voz se endureció al responderme:

-De la misma manera que se deshizo de aquellos dos pasajeros que están desaparecidos. Y de la misma manera que mató al pobre hombre que puse para que la vigilara luego de que casi incendia la cocina del barco –y esta última probablemente era la única que había cometido de verdad. Un escalofrío me recorrió la espina dorsal por completo, no sabía que había habido tantas víctimas. Me pregunté a quién habría pertenecido el grito que escuché por la noche.

El capitán cruzó los brazos sobre el pecho y posó su mirada el pálido rostro de Santiago. Permanecimos en un tenso silencio hasta que volvió a hablar:

-No me voy a detener a pensar cuales son las artimañas que utiliza esa hija del fuego, mientras ella sigue sesgando vidas bajo mis narices.

Callé. Si no hubiese sabido lo ocurrido con la ciega probablemente habría insistido en su inocencia pero eso sólo habría conseguido que Decken me considerase peligrosa por recelar. Simplemente asentí y volví al trabajo. Esta vez llevé las manos al pecho del teniente.
Me complació notar que su pulso no era tan débil como antes. Cerré los ojos y empecé a extraer energía del ambiente, no demasiado abundante. Esta pasaba de mi pecho a mis manos y yo la volcaba en él. Permanecí así durante unos minutos y mis manos empezaron a temblar. Dolía. Me mordí los labios y apreté mis párpados. Cuando no pude soportarlo más, deshice el contacto con un gemido y me senté en el suelo, con la respiración entrecortada.

-¿Se encuentra bien? –me preguntó el capitán, descruzando los brazos.

- Aquí traje agua  –nos interrumpió Stringaard que avanzaba hacia nosotros con un pichel a rebosar.

-¿Me la puede acercar? –pedí con un hilillo de voz.

- ¿Es verdad que las dríades necesitan solo agua y luz para sobrevivir? –me preguntó mientras me lo acercaba a los labios.

-Sí, es cierto -contesté tras dar un par de sorbos-. De hecho, no tengo la necesidad de comer pero me gusta hacerlo al menos una vez al día –apuré el pichel e intenté ponerme de pie, apoyándome en la pared-. Eso sí, soy vegetariana.

- La verdad te veo muy cansada. Si no te hace en realidad falta comer podrías saltarte la comida de hoy y quedarte aquí con Santi -me comentó el carpintero.

-Si te hace falta descansar dispondré de un sitio aquí en la bodega para que duermas –intercedió el capitán, con voz preocupada-. Temo por la vida este hombre, de verdad prefiero tener a una entendida en el tema con él día y noche que este médico, que sabe más de madera y clavos que de sanar una vida.

Sonreí, divertida por la equivocación. Como me quedase allí encerrada iba a marchitarme como una flor y no iba a poder servir de ninguna ayuda. Además, me resistía a permanecer allí, donde Decken sabría que estaría. Me hacía sentir vulnerable y vigilada.

-Precisamente lo que más necesito es luz y agua, para recuperarme, en esta bodega languidecería -les respondí-. ¿Alguien me ayudaría a llegar hasta la cubierta?

- Yo te ayudaré.  —se ofreció el Strind. Recibió el pichel, lo dejó a un lado y me ayudó pasando un brazo por mi hombro. Su contacto me hizo estremecer pero le ofrecí una sonrisa agradecida.

-Espero que regrese pronto muchacha – se despidió el capitán, que me miraba con un deje de lástima-. Y quisiera pedirle que no hable sobre lo que sucede aquí abajo. Les diré a todos que Santi ha muerto, básicamente porque ya lo está. A menos que usted haga un milagro.

Fruncí el ceño. Yo podía ofrecerle muchas alternativas a mentir pero sabía que él no querría oírlas. Prefería poder cargarle un asesinato más a la exina.

-Volveré antes de que caiga la noche. Creo que con otra sesión debería ser suficiente para que despierte por sí solo -le dirigí al teniente una mirada de soslayo-. Ya debería ser apreciable su respiración -volví a posar mis ojos en los de Decken- Asegúrese de que le humedecen los labios y la cara con frecuencia. Sería una pena que después del esfuerzo se muriera de sed –ordené antes de desaparecer de la estancia.


No tardé en sentirme mucho mejor tras un rato en la cubierta, el sol me acunaba con su luz. Me hubiese gustado permanecer más tiempo al aire libre, pero había dejado a Stella sola y no quería que se despertase en mi ausencia. Afortunadamente, cuando volví al camarote ella todavía dormía plácidamente.  Con la intención de traerla de vuelta del mundo de los sueños de forma placentera, cogí mi lira y comencé a rasguear las cuerdas con mimo y lentitud, improvisando. Ella poco a poco fue abriendo los ojos y desperezándose, como un gato al sol. Se la veía descansada y la sentía optimista, con el ánimo limpio y vívido. Podía apreciarse en ella la belleza característica de los elfos. Sonreí y le di los buenos días.

-Parece que has dormido bien.

-Vaya. Me siento muy bien –la elfa me devolvió la sonrisa y la mía se ensanchó-. Creo que no había dormido así en toda mi vida. Me siento renovada –entonces se sentó al borde de la cama con la intención de escuchar mi música con atención-. ¿Tiene nombre?

-La verdad es que no, simplemente improvisaba. Quería que tuvieses un dulce despertar.

-Joder, sí -contestó. Luego una risa que provenía de lo más profundo de su pecho llenó el lugar—. Eres buena con el arpa. Ojalá yo pudiera tocar algún instrumento como tú. Pero sólo aprendí a usar el arco. Una habilidad no despreciable, pero que sólo sirve para dañar.

Su rostro permanecía sereno pero tras sus ojos bailoteaba de forma clara para mí la chispa de la venganza. Quise evitar el tema, prefería a la Stella radiante tras un buen sueño.

-Nunca es tarde para aprender.

Se me escapó un suspiro. No quería ocultarle lo de Santi pero temía su reacción. Sin embargo, ella había confiado en mí y ahora yo tenía que confiar en ella. Estábamos ambas en el mismo barco, literal y metafóricamente. Tragué saliva y dejé la lira a un lado.

-Esta mañana he ido a ver el cuerpo de Santi, mientras dormías.

Se quedó petrificada, como una estatua de hielo, con la expresión congelada en su cara. Me senté a su lado y la rodeé con mis brazos, intentando mitigar el efecto de mis palabras.

- ¿Cómo murió? —preguntó con un hilo de voz.

-En realidad, todavía no está muerto, estoy intentando sanarlo –respondí-. Pero esto es un secreto, el capitán quiere culpar de su muerte y de las demás a la exina –me apresuré a añadir-. Nosotras sabemos que no es cierto, y no sé qué es lo que le ha pasado al teniente, pero estoy segura que no es obra ni de la exina ni del capitán.

-Santi... Él siempre ha sido un mujeriego pendenciero –dijo Stella mirando algún punto de la pared-. Y más de alguna vez tuve ganas de que le sucediera algo malo –clavó sus ojos en mí—. Pero cuando oí lo que le sucedió sólo me quería morir. Ahora que está vivo... –continuó-. Debes permitirme verlo. Tenemos que preguntarle quién ha sido el que le ha hecho esto.

-Lo siento Stella, está inconsciente -le expliqué-. Cuando lo vi, parecía que estaba muerto. Tenía un pulso muy bajo y su respiración era casi imperceptible. He usado mis poderes de curación dos veces pero hará falta una tercera y yo tengo que esperar a recuperarme. Todavía no ha despertado.

-Debemos huir. Pero hay que despertar a Santi.

Guardé silencio ante su propuesta. No veía factible eso de huir. Los botes se veían tan frágiles en el mar… Y a saber cómo íbamos a ser capaces de controlar que fuese hacia tierra y no hacia los confines del océano. Además, ¿qué pasaría con el resto? Especialmente me preocupaban los pasajeros que había conocido: el caballero, la enana, la divium… No se podía decir que habíamos intimado en exceso pero… me importaban. No podía simplemente desaparecer. Y después estaba la exina, que no la conocía, pero iba a cargar con un montón de asesinatos. Una parte de mí no era capaz de permitir eso. En vez de discutir con ella, me decidí a zanjar la conversación:

-Hablaremos sobre ello una vez él esté curado. No queda mucho para la hora del almuerzo, ¿quieres venir conmigo o prefieres que te traiga la comida?

-Iré  comer contigo. Creo que necesito hablar con alguno de mis compañeros.

-Vale, yo probablemente me lleve la comida a la cubierta, para recuperarme más rápido.

Y nos dirigimos juntas al comedor, tras quedar en volver a vernos tras el almuerzo para darle más detalles sobre el estado de Santi. El ambiente en la sala era simplemente horrible, lleno de desconfianza y miradas de odio que dirigían incluso hasta mí. Me quedé lo suficiente para oír el discurso del capitán y tal sarta de mentiras casi me puso enferma. Hui a la cubierta, donde se respiraba tranquilidad y la atmósfera era cálida. Y permanecí allí, hasta que se empezó a llenar de gente que emponzoñó el aire con sus rencores. Así que me retiré al camarote, molesta y deprimida y Stella no tardó en volver. Después de una breve charla, me pidió que le tocase algo y satisfice sus deseos. La música me transportaba lejos, muy lejos de allí…

Unos toques firmes en la puerta nos interrumpieron. Abrí lo mínimo para saber quién era y mis ojos se agrandaron automáticamente al ver a Areath, la divium, con porte orgulloso.
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Un sentimiento extraño se adueñaba de mi pecho mientras volvía a mi camarote. Una parte de mí quería volver y contarle lo que le había ocurrido al teniente, pedirle ayuda o incluso si querría huir con nosotras si las cosas se complicasen. Pero tenía que ser cuidadosa y sus mentiras del día anterior habían sembrado la duda en mí.

Stella ya no estaba en mis aposentos así que decidí volver al aire libre. Subí y rehuí a la gente. Paseé con lentitud y me quedé observando el mar. El mecer de sus olas, su manera de arrullar el barco… Podía haberme quedado toda la tarde ahí, reviviéndome pero alguien me interrumpió.

-Hola Nyxia, ¿tienes un momento?

Era Asha, la enana. Me hacía señas para que la siguiese, con los nervios a flor de piel, mirando hacia todos lados como un ratoncillo asustado. Le asentí, y me acerqué a ella, rezando por que fuera rápido para así poder volver a mi momento de paz.

-¿Puedo hablar contigo en privado? ¿En mi camarote?

Fruncí el ceño, molesta por tener que volver a internarme en el barco. Sin embargo, no me pude negar, no veía en ella malas intenciones. La seguí y caminamos envueltas en un silencio extraño que me anunciaba que algo raro pasaba. Cuando entré en el habitáculo, estuve a punto de frenar en seco. Había dos tablones de la pared arrancados de cuajo y al otro lado podía atisbar el camarote del caballero. La enana me hizo un gesto para que me sentase en la cama y eso hice, con la cara desencaja por la falta de comprensión.

-Ahora te explico  –murmuró para tranquilizarme, pero mis ojos seguían redondos como platos-. Antes que nada Nyxia, no te asustes por favor.

En ese momento el caballero me hizo una reverencia con la cabeza desde su camarote mientras movía una silla para colocarse de cara hacia nosotros. Cuando devolví la vista a Asha esta estaba envuelta en una neblina espesa y, de repente, ahí estaba, una especie de perezoso gigante al que le rodaba un aura inconfundible. Jadeé de sorpresa y me mordí los labios para no hacer demasiado ruido.

- Disculpad el sobresalto –dijo la criatura mientras acercaba su cuello.

-Un demonio… -susurré, todavía en estado de shock.

-Me llamo Pereza, soy un demonio de Ghadrakha, que se escondía entre las pertenencias de la señorita Daunar sin que ella lo supiera. Dados los acontecimientos de estas dos noches, he decidido desvelarme antes ella y el señor Ruisu. Pero este último me ha puesto como requisito que le informe a usted también de la situación.  

Me giré hacia el caballero, que asentía, para dirigirle una mirada agradecida a la par que sorprendida.

-Verá, señora Nyxia, la situación es que hay dos demonios de Yiggionath a bordo del barco. Estoy bastante seguro de que ellos son los responsables de las muertes recientes, ya que uno de ellos es el capitán –hizo una pausa mientras yo asimilaba la información-. Dada la rivalidad entre nuestros señores, y que ayer, antes de saber de éste último, me desvelé al otro demonio, me veo en la obligación de pedir ayuda si quiero salir con vida de este barco. Cosa que probablemente, nos venga bien a todos.

-El capitán está por lo menos tras una de las muertes –respondí-. Lo que no sabía era que era un demonio… -me pasé las manos por el pelo, nerviosa. Tres demonios en un barco eran una cantidad que rozaba lo imposible.

El perezoso se giró hacia los demás con aire triunfal pero el caballero permaneció impasible, sólo se cruzó de brazos.

-Me lo confesó Stella, la elfa –continué, suponiendo que a estas alturas desvelar su nombre no le perjudicaría-. Vio al capitán y a otro hombre asesinar a la ciega.

-No la conozco señorita –dijo de repente Ruisu con interés-. ¿En qué lugar del barco trabaja?

-De verdad está pasando… -interrumpió en susurros la enana, derrumbándose.

-Trabaja… -me quedé pensativa-. Creo que es la vigía.

-La única elfa a bordo es la de ese puesto –confirmó Pereza, y pareció darse por satisfecho.

-Lo presenció todo desde arriba –entonces me dirigí al perezoso-. ¿Y cuál es el otro demonio?

-El albañil, ese borracho llamado Strind. Ayer por la noche le hice una visita, no parecía peligroso, pero con otro de ellos abordo, parece que me equivocaba...

Asimilé la información en silencio. Eso significaba que había pasado gran parte de la mañana junto a dos demonios sin percatarme. Si mi madre se enterase…

-¿Y qué tenéis en mente hacer, señor Pereza? –preguntó el caballero.

-Quiero neutralizar al capitán –exclamó, casi con entusiasmo-. Pero como un motín lo veo inviable por ser tan pocos, la única opción que veo es eliminarlo. Para ello, como ya os he dicho, me parece que lo mejor es acorralarlo en su camarote, y usar a la exina para distraer a los tripulantes mientras tanto.

Fruncí profundamente el ceño mientras me frotaba los brazos. ¿Más muertes? ¿La solución de verdad podía ser “eliminar” a alguien? Noté la mirada de Ruisu posada en mí, parecía que aguardaba mi respuesta.

-¿No podemos simplemente denunciarlo ante la tripulación?

-Es su capitán, probablemente muchos de ellos estén implicados, y los que no, no nos creerán. Ahora mismo toda la gente que creo que no está implicada está aquí. Bueno, puede que esa Stella tampoco lo esté, si te confesó haberlo visto.

Abrí la boca para protestar, obviamente la elfa no estaba implicaba pero me decanté por ser prudente. Una parte de mí creía que al menos la mitad de la tripulación era lo suficientemente honrada como para no querer tener un demonio asesino al mando. Pero yo era demasiado optimista para muchos. El perezoso me miró inquisitivamente, como si sospechase de mí, mientras que el caballero no despegaba sus ojos de mí… como si estuviese esperando algo. Suspiré, apenada.

-Te escucho, pues –respondí, ya que no veía otra salida-. Pero que conste que no estaré de acuerdo en matar a nadie –apostillé, mientras el noble respiraba hondo y se echaba hacia atrás en la silla. Me estaba poniendo nerviosa.

-Si no queréis matarlo, ¿qué queréis hacer?

-Atarlo, hacerlo prisionero, obligarlo a que confiese…-enumeré, mientras el caballero dirigía ahora su mirada al techo.

-Volvemos al problema de la tripulación implicada… -contestó el demonio.

-Y el hecho de que ser un demonio limitará los métodos de captura efectiva –añadió Ruisu, para mi desesperación.

-Matando al capitán, ¿qué solucionamos? –pregunté, insegura.

-Sin la cabeza, la serpiente muere.

Una apreciación muy optimista. Como si sus subordinados no fueran a darnos caza luego.

-Y su veneno se esparcirá matando al que lo toque –susurró Ruisu.

-Me rindo –resoplé, alicaída, mientras miraba hacia el suelo. Sentía la cabeza a punto de estallar. Entonces el caballero posó su mirada sorprendida sobre mí. Ignoré sus gestos, ligeramente molesta por no haber recibido apoyo-. Continúa Pereza.

Pero no fue él quien continuó:

-Como experto en demonios que sois… ¿no conocéis algún método efectivo contra los demonios no letal? –su pregunta hizo que levantase la cabeza, esperanzada.

-Se podría usar magia divina o exorcizarle para devolverlo al otro lado de la brecha pero si pudiera hacer esto, créeme que yo no estaría aquí.

-Magia divina… -negué con la cabeza-. No sé manejarla –añadí, recordando las frustrantes y duras lecciones de mi madre. Tal vez si hubiese puesto algo más de esfuerzo… El caballero también negó con la cabeza y pude apreciar cómo un escalofrío le recorría la espina dorsal.

-Muy bien, yo creo que lo más prudente sería actuar al anochecer, ya que somos 4 nos dividiremos –anunció el perezoso, tomando la iniciativa-. Hay que liberar a la exina, ya que mantendrá distraída a la tripulación. Esperemos que no vuele todo el barco.   Mientras uno la libera los otros se dirigirán al camarote y enfrentarán al capitán. El que libere a la exina se les unirá después –y su manera de actuar delató que quería ser él el liberador, algo que no se nos escapó a ninguno.

-¿Y quién de nosotros debería ser?

-Yo puedo hacerlo –me adelanté, rauda. La verdad es que la idea de estar en primera línea me aterraba.

-Creo que yo debería hacerlo, puedo noquear al guardia y escabullirme sin ser visto –se ofreció el otro.

-¿Estáis segura señorita Nyxia? Podría ser necesario defenderse, incluso matar –me presionó el caballero-. ¿Estaríais dispuesta?

-No a matar –repuse- pero sé cómo dejar inconsciente a alguien.

-Viendo que ambos sois firmes y capaces candidatos, propongo a una moneda a hablar al respecto –respondió mientras alzaba las manos ene gesto de rendición.

-¿Y te ves capaz de atravesar el barco con la tripulación persiguiendo al responsable?

-Soy sigilosa –contesté, irritada por las dudas. No era una luchadora pero sabía cuidar de mí misma, o eso creía.- Además, me separaría de la exina.

-Está bien –Pereza entornó los ojos-. Lance la moneda.

Yo elegí cruz y él cara. Ruisu lanzó la moneda y todos contuvimos el aliento mientras esta daba vueltas en el aire y aterrizaba en sus manos. Cruz. No pude evitar sonreír.

-Muy bien, así sea –dijo el demonio, resignado pero molesto-. Creo que sólo falta una cosa, esta noche, durante la cena, distraed al cocinero, conseguiré algún arma –añadió mientras miraba a la enana, que continuaba en la puerta como en estado de shock-. Esperemos tener suerte.

Esbocé una sonrisa triste, nos iba a hacer falta algo más que suerte. Parecía que nuestra conversación había concluido pero yo necesitaba añadir algo más. Pereza nos había vendido que el capitán estaba tras todas las muertes pero yo sabía que no era así. Y de hecho le atribuía una a él. Era algo que me había estado rondando desde su presentación, pero con tanta información y discusión sobre nuestros próximos pasos no había tenido tiempo para reflexionar sobre ello. Había viajado con Asha… la enana siempre parecía exhausta… era uno de los hijos del señor de las enfermedades… y se llamaba Pereza. Lo veía todo tan claro en mi mente…  

No iba a ser compañera de armas de alguien que no era sincero. Así que, aun arriesgándome a poner en peligro nuestra frágil alianza, decidí preguntar. Y pregunté.
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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Pereza el Miér Oct 05, 2016 4:17 pm

__-Una ultima pregunta-exclamó la ninfa, con una sonrisa triste en el rostro y dirigiéndose al demonio-Dices que el capitán esta detrás de todas las muertes. ¿Incluida la de Santi?
__Las palabras de Nyxia congelaron al perezoso. ¿Por qué preguntaba por el teniente específicamente? ¿Era posible que lo supiera? ¿Cómo? ¿Le vio dejando el dinero? No... estaba seguro de que estaba dormida. Es imposible ¿Entonces por qué?
__-Ciertamente es extraño que haya asesinado a alguien que al menos en teoría, obedece sus ordenes.-exclamó Ruisu.
__Es extraño, eso es todo. Entonces no lo sabía. No podía saberlo. No ha ciencia cierta. Podía mentir, fingir que no sabía nada. Ya había conseguido lo que quería, le iban a ayudar. No tenían opción. Sí, no pasaba nada por mentir, ellos no tenían por qué saberlo.
__-N...
__-Pero quién sabe... Es un demonio al fin y al cabo.-el caballero volvió a meditar en voz alta, cortando sin darse cuenta al perezoso.
__Le iban a ayudar. E iban seguramente contra toda la tripulación. Tarde o temprano alguien se daría cuanta de que nadie se atribuia la muerte del teniente. De qué aun quedaría un demonio sospechoso. Si no lo decía ahora, si no demostraba que ponia su confianza en ellos, es probable que la perdiera en el momento más inoportuno. Debía arriesgarse y decirlo.
__-No. El teniente enfermó por mi culpa.-exclamó finalmente en un tono solemne. Bajando la cabeza tanto por vergüenza como por derrota.

__Pereza estaba preparado para reacción: para los siguientes momentos interminables que iban a seguir a su revelación; para los reproches; para perder a sus nuevos compañeros y tener que volver a convencerlos desde el principio; para tener que huir o atacar si era necesario. Esa preparación no fue necesaria.
__El caballero se levanto de sus asiento, y retirando la mascara de metal y desvelando el rostro tras de ella. Un rostro pálido, desnutrido, casi calaverico. Unos ojos negros con un brillo azul, llameante, dirigía toda la atención hacia estos.
__-Habremos de compartir suertes, y la confianza ha de ser mutua, por ello os revelo, y os pido vuestra discrección, que no soy quien digo ser-exclamó acercándose a Pereza. Y tendiéndole la mano añadió-Esperemos sobrevivir esta noche caballero, os ofrezco formalmente mi ayuda, espero que podamos confiar el uno en el otro, y así como yo os ofrezco sinceridad, que vos sepáis darla por igual, como parece ser que ya habéis hecho.
__Asha pegó un leve grito que cortó tapándose la boca con las manos. A Nyxia se le aceleró la respiración, los ojos se le abrieron como platos y abrazándose a si misma su mente abandonó la habitación, recordando todos sus encuentros anteriores con el caballero. Pereza también se congeló, pero su cara transmitía absoluta fascinación.
__-Lamento el haberos mentido, señorita. Os pido perdón.-exclamó Ruisu dirigiéndose hacia la ninfa.
__-No os preocupéis, siento haber sido tan insistente-respondió ésta, dejando escapar una pequeña lagrima de su ojo, a lo que el caballero asintió.
__-¿Cómo...?-balbuceó el demonio-Es impresionante...
__-Me temo que no es el término que yo usaría caballero.
__-¿¡Bromeas!?-respondió rápidamente el perezoso agarrando la mano de Ruisu y agitándola con fuerza, casi sacudiéndola de la animado que estaba-¡Eres una maravilla! ¿No ves la... y la...? ¡Señor!
__El caballero se asombró bastante del ímpetu demostrado por el demonio, sin saber qué decir al respecto; al igual que Nyxia, cuyos ojos volvieron a abrirse de par en par ante la reacción del perezoso.
__-Padre nos enseña a ver la belleza en la descomposición de las cosas, eres casi el culmen de ello. Una imagen inmortal del proceso. Es hermoso-explicó Pereza a sus compañeros.
__-Os lo agradezco... Supongo.-respondió el caballero aun extrañado.
__-Entiendo.-respondió la ninfa más bien seria-Yo, en cambio, veo la hermosura en la curación.-el perezoso desestimo la afirmación con un gesto-De hecho, si me dejaseis...-y terminó mandándose a callar a si misma.
__-¿Alguien desearía confesar algo más antes de dar comienzo a éste plan?
__-Yo... preferiría no participar...-el susurro de Asha apenas fue percibido por los demás.
__-Sí.-exclamó retorciéndose las manos Nyxia antes de que alguien notará que la enana hablaba-Alguien metió un cofre lleno de dinero en mi camarote.
__-¡Ah! Ese fui yo. Por lo de la cura de ayer. Gracias-respondió rápidamente el perezoso, con la cara aun iluminada por la contemplación del rostro de Ruisu.
__-¿Cómo? ¿Por la cura?
__-La que le hiciste a Asha al mediodía.



__La conversación no se alargo mucho más. Quedaron en reunirse tras la cena, una vez entrada la noche, cuando la mayoría de la tripulación estuviera ya dormida sus camarotes, si es que a estas alturas seguía durmiendo alguien. Nyxia dejó la sala y Rusiu se retiró de la abertura en la pared para seguir dando vueltas en su aposento, meditando.
__Pereza se quedo solo con Asha, quién se encontraba acurrucada junto a la puerta, tratando de darle un sentido a toda esta situación. De aclarar sus pensamiento y encontrar una salida. Por ahora no le iba muy bien.
__-Bueno... Pues con esto queda resuelto el asunto. A descansar hasta la cena-exclamó el risueño perezoso tumbándose en el catre.
__-No. Nada esta resuelto-replico la enana, por su tono de voz no sabría decirse si estaba enfadada, sollozando o las dos cosas-Las únicas salidas son morir, matar o aliarse con demonios. ¿Cómo narices he acabado así? ¿Por qué a mi?
__-¡Vamos Daunar! ¡Que yo soy de fiar! Y tenemos a Ruisu y a Nyxia de nuestro lado. Vale con que tú ayudes en lo que puedas, no tienes que luchar si no quieres.
__-¿Me tomas el pelo? ¿De fiar? ¡Has matado al teniente! ¡Te has estado alimentando de mi! ¡Seguramente tu plan era matarme!
__-¡No voy a matarte!
__-Si, claro. Eso dices ahora, cuando necesitas ayuda para salir. Pero si no hubiera sido así... ¡Wat Kharzún barzûl dur siel! ¡Esta claro que me ibas a matar como a Santiago!
__-¡Hey! ¡No grites! Seguimos en un barco lleno de homicidas ¿recuerdas?
__-¡Admítelo!
__-¡No te puedo contestar a eso! No sé que es lo que habría pasado.
__-Puede que lo hubiera hecho puede que no... Hubiera dependido del viaje, de cuanta energía pudiera reunir o si previera que me fuera a faltar... Es posible que así fuera... Pero ahora si te puedo decir por seguro que no te voy a matar. Puedes confiar en mi, no te miento.
__-¿Cómo voy a confiar en ti?
__-¡Ya os lo he explicado antes! ¡Os necesito! ¡A los tres! ¡Sin vosotros estoy muerto! ¡No puedo permitirme que desconfiéis!
__No hubo replica por parte de la enano, no inmediatamente al menos. Siguió en la esquina de la habitación, junto a la puerta. Sentada, ojiplática, queriendo llorar sin poder hacerlo, mirando al suelo y al infitino a la vez. Su rostro transmitía su desesperación en si mismo. Su mente seguía tratando de encontrar una solución, una salida, una explicación. ¿Realmente habia alguna? No lo parecía.
__-Haz lo que quieras...-respondió al fin. Fue un susurro
__-¿Cómo has dicho?
__-Haced lo que queráis. No participaré. Tampoco se lo diré a nadie.
__-Asha, vamos a enfrentarnos al capitán y a saber quién más. Somos solo tres ¿de verdad no vas a ayudarnos?
__-Os estoy ayudando: no diré nada a nadie. Pero no  participaré.
__Una mirada hacia la enana, valió a Pereza para saber que no debía insistir, que al conversación había acabado y que intentar continuarla solo podría empeorar la situación.
__-Puedes quedarte con la habitación.-exclamó de pronto al rato, levantándose y limpiándose la cara con la manga de su camisa.-Ya buscaré algún sitio dónde pasar la noche-dicho ésto, abandonó el camarote dando un portazo.


Fin del comunicado
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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Strindgaard el Sáb Nov 05, 2016 5:29 am

El gato del capitán ya no daba vueltas libre por el Ardent desde el susto que había sufrido algunas noches atrás, sus movimientos ahora eran rápidos y evitaba pasar mucho tiempo en cubierta, ya no gustaba de dormir sobre algún barril, ni tampoco bajar a la cocina a buscar alguna ración de lo que Rott hubiera guardado para él. Era difícil explicar la razón porque Senzo podía estar cerca de los demonios y no de los doppelganger, pero ahora solo se limitaba a permanecer la mayor parte del día en el camarote de su dueño.

Luego de dar un largo bostezo y haberse acicalado, dio un salto del barril de agua donde se encontraba, sorteó a los grumetes que limpiaban la cubierta y llegó hasta la puerta del camarote del capitán. Entró por la pequeña puerta modificada solo para él y se rascó las uñas en el palo de una silla vieja al fondo de la sala.
Como cualquier gato, no solía tener malas costumbres, pero a veces le daba por dormir sobre la mesa que reposaba en medio de la sala, quizá por la visión periférica que le brindaba aquel sitio, o quizá simplemente porque estaba al lado de la bandeja de la comida. De un salto llegó arriba y se acomodó lo mejor que pudo en el mantel.

Estaba acostumbrado al ir y venir de los tripulantes por lo que apenas y levantó una oreja cuando las puertas se abrieron.
Toma asiento.
Al oír la silla a su lado los ojos del felino se abrieron lentamente para encontrarse con los de una figura de aspecto conocido, pero de mirada apagada. Es más, no había nada en aquellos ojos salvo el reflejo de bronce de un sol que traspasaba el gran ventanal de cristal y madera ornamentada del catillo de proa.
Me han dicho que desde hace unos días andas algo rara. Que has cambiado la compañía de tus compañeros por los de aquella dríade.
El capitán se acercó a la mesa y tamborileó con los dedos la madera.
Cuéntame, ¿Le has contado algo que merezca la pena saber?

La elfa fijaba su mirada en algún punto de la pared y su rostro no delataba ningún sentimiento, aun así tardó unos instantes en contestar.
Le conté que asesinaste a aquella mujer.
La voz de Stella resonó en los oídos del felino como una campana hecha de cenizas y vidrios rotos. Decken posó su mano en el lomo del engrifado animal para calmarlo.
¿Cuándo le contaste eso?
La noche siguiente al acontecimiento.
Senzo saltó de la mesa agobiado por aquel sonido extraño y nuevo.
No podemos descartarla.
Aun así no tiene motivos para haber atacado a Santiago. Y debemos tener en cuenta que lo está ayudando a recuperarse a costa de su propia salud.
Podría ser una treta —Intervino el joven sirviente de Yigionath—. Pregúntale por el Perezoso.
Decken asintió en silencio, puso una mano sobre la cabeza de Stella y le acarició el cabello. La elfa no parecía notar la mano, o la silla, o siquiera estar en el barco, su mente parecía navegar en un mar diferente al conocido.

Tendremos una larga charla, niña. —El capitán sacó una silla y la dispuso frente a su oficial a cargo.
Yo veré si puedo ayudar en cubierta. —Strindgaard se descruzó de brazos y caminó hacia la puerta. La verdad es que tampoco le gustaba mucho el nuevo sonido que había adquirido la voz de la elfa, que a veces tomaba matices agudos y áridos, como el sonido de dos pieles secas de serpientes al frotarse.
Los tripulantes saben, muchacho.
Strind se detuvo, tenía la mano en la perilla.
Ivare Enim Euge. —Se limitó a decir.
Los tres se mantuvieron en un corto silencio que parecía llamar a las almas perdidas.
¿Y cómo piensas hacer eso?
El demonio caminó hacia su maestro, las puntas de su capa ondeaban levemente, como si una brisa inexistente la acariciara.
Llevan comiendo días en el comedor, será sencillo.
¿Crees que no saben aquello?
Strindgaard se encogió de hombros.
Siguen asistiendo al almuerzo y la cena, y Rott ha ocultado muy bien el olor y el sabor con aquel exceso de ajo que a nadie parece molestar. —El capitán asintió tranquilamente.
Pospondremos la muerte de Danna hasta que se aquieten las aguas. No tengo intención de hacerme con ninguna vida más que la de ella y sus guardianas. Recuerda que aceptamos traer pasajeros porque nos servirían como testigos de lo que nuestro chivo expiatorio haría con los comerciantes —Stella movió su mano lentamente, y justo en el momento en que llegaron sus dedos hasta sus labios secos y quebradizos, Decken volvió a soplar en su rostro un viento negro que entró por sus ojos, nariz y boca—. Pero si aquellas almas que tan gentilmente acepté en mi barco deciden mover sus piezas, lamentarán el instante en que comenzaron a jugar en mi tablero.





Clementine giraba su bastón sobre la madera gastada del camarote, pensando en lo mucho que necesitaba salir de aquellas cuatro paredes, frente a ella Rim’Kull fabricaba flechas, despreocupada.
Creo que ya es momento de que hagamos algo al respecto. —El bastón se detuvo, la hörigue ya no lo soportaba.

Las ágiles manos de la orca colocaban las plumas pardas de pato en forma helicoidal con absoluta presteza, de esta manera las flechas podrían rotar fuertemente en su vuelo hasta su objetivo.
Esa decisión no es tuya. —Dijo la orca encogiéndose de hombros.
Nos tratan de envenenar, no hay opciones, solo podemos hacer una cosa. —Contestó ofuscada su compañera.
Solo somos tres, y en el mejor de los casos será uno contra cuatro —Danna afilaba con tranquilidad su sable, pasando la piedra de amolar desde el centro hacia fuera en lentos movimientos—. Solo queda esperar a que crean que hemos estado consumiendo aquellos menjunjes que nos sirve Decken… Si tan solo supiéramos con exactitud qué es podríamos…
Ya te dije que no cuento con los implementos necesarios. Solo sé que es alquimia de algún tipo —Clementine se puso de pie de un salto, juntó sus pequeñas manos y de entre ellas surgió un trozo de hielo tan azul como el mar turbulento de los Glaciares de Yagorjakaff—. Sólo hay una manera de solucionar esto, clavando una daga en el corazón de ese maldito pirata.
Enarboló como un cuchillo el duro trozo de hielo y lo clavó en la mesa, junto con la bandeja de la comida que les había enviado la chica de la cocina, los platos saltaron y la sopa de zapallo que permanecía intacta salpicó la madera.

Todo a su tiempo Clem. Conozco a Decken lo suficientemente bien como para saber que no se moverá hasta estar completamente seguro de que ganará —La comerciante dejó la piedra a un lado y se acercó hasta la pequeña coneja con una insinuante sonrisa—. Y cuando lo haga, nosotras estaremos preparadas.
Danna desclavó el cuchillo azul de la mesa y lo dejó con un movimiento grácil sobre la bandeja.

Este juego es peligroso, y ser precipitados será nuestra perdición. Si nos deseara muertas desde un principio tengo por seguro que hubiera entrado aquí con un par de trabucos y lo hubiera hecho. Pero está orquestando algo mucho peor. Si no sabemos movernos sobre el tablero podría incluso estallar el barco entero. Te recuerdo que estamos literalmente sobre docenas y docenas de barriles de pólvora.
La hörigue suspiró resignada, miró la puerta que llevaba al pasillo, a la escalera y arriba, donde el sol brillaba.
Este encierro me terminará volviendo loca.



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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Darkeray el Mar Nov 22, 2016 10:43 pm

El Caballero inspiró hondo, dejando escapar poco a poco el aire, hacía tiempo que el camarote se había quedado a oscuras, y de que  una tropelía de gente hubiera comenzado a desfilar hacia el comedor, se acercaba la hora, lenta y tardía, cada segundo parecía querer alargarse lo máximo que se le concediera. Darkeray se paseaba de un lado a otro, incapaz de distraer su mente de lo que iban a hacer, esos eran los peores momentos, los previos, lo había soportado cuando estaba en el ejército y lo soportaba ahora siendo un cadáver andante, la sensación no había cambiado ni un ápice... Ese ahogo, esa tensión, esa revisión de los pasos en busca de errores, las posibilidades en caso de fallar, por mucho que alguien fuese frío y calculador, sufría en mayor o en menor medida aquello.

En el pasillo unos cuantos rezagados caminaban apresurados al comedor, al parecer sí había quien se permitía el lujo de reír y de creer, que el peligro había pasado una vez apresada la exina, los envidiaba hasta cierto punto, la inocencia a veces es un bien demasiado preciado, y que se deshecha con rematada facilidad....

Darkeray dejó de pasear y procedió a revisar una vez más todo el contenido de su bolsa, sólo seleccionó lo imprescindible, el resto lo dejaría en el camarote, y dependiendo de la suerte, se quedaría allí para siempre o pasaría a recogerlo. Alguien llamó a la puerta, golpes cortos y ansiosos, y que precedieron a unos pasos que se alejaron, aún más ansiosos, sin duda era la joven ayudante del cocinero, que le había dejado la cena en la puerta, el Caballero la recogió y la dejó encima de la mesa, ni siquiera se fijó en el contenido, a aquellas alturas fingir era innecesario, le perturbaba más lo que ocurriría con los que eran inocentes, los marineros, el cocinero y su joven ayudante, el resto de pasajeros... Ellos serían víctimas indirectas, ni siquiera habían sido considerados en los planes, bueno, quizá sí, como obstáculos que tendrían que ser removidos si era necesario, ¿Sería capaz de matar a alguien a sabiendas de su inocencia? Darkeray no se supo responder, y eso lo asustaba aún más

Finalmente aquel demonio perezoso y Nyxia reaparecieron en el camarote de Asha, el primero portaba sendos y amenazantes cuchillos de aviesas intenciones, necesarias tal vez. El plan era sencillo, Nyxia salvaba a la exina mientras Darkeray y Pereza encaraban al capitán, ¿Qué podría salir mal? Por los cálculos realizados por el Caballero, demasiadas cosas.

-Muy bien, he conseguido dos cuchillos de carnicero -declaró el perezoso mientras le tendía uno a Nyxia- ¿Estáis listos?

-Lista -confirmó Nyxia tras rechazar con un gesto el cuchillo, su voz era débil, como una hoja-

-Listo -añadió Darkeray taciturno-

-Para morir... -comentó el Bufón-

El perezoso se guardó los cuchillos y asintió:

-Muy bien, entonces, -miró a la ninfa- Te veremos en el camarote del capitán, señorita Nyxia. Intenta darte prisa... Mucha suerte

-Un momento -intervino la aludida- ¿Queréis que la exina me acompañe hasta el camarote del capitán, o es preferible que distraiga a la tripulación?

-Supongo que toda ayuda vendrá bien, -respondió el demonio- Pero si os siguen de cerca...

Pereza miró dubitativo al Caballero, como esperando una sugerencia, Darkeray se dio cuenta y le devolvió la mirada, si quería intentar evitar el conflicto, aquella era su última oportunidad de sugerir cambios:

-El plan es vuestro caballero, -declaró, más desagradable de lo que le hubiera gustado- Disponed lo que creáis oportuno, mi consejo es que preparen el bote, por si hiciera falta huir a toda prisa

Pereza lo miró por unos segundos, su mirada no ofrecía pistas de si lo estaba considerando en serio, probablemente sólo viera aquella sugerencia, como otra molesta muestra de evasivas por parte del Caballero, se limitó a contestar:

-Supongo que también es una buena opción, aunque seguramente es donde primero buscaran

-No creo que huir pueda ser una opción después de esto -suspiró la ninfa dándole la razón a Pereza-

Viéndose sólo en su plan de abandonar el barco sin mirar atrás, Darkeray se encogió de hombros y desvió la mirada a un lateral:

-Mi intención era ofrecer una segunda opción, por si las cosas se torcieran...

Un leve pero elocuente silencio se dejó caer por un momento en el camarote, Darkeray, a pesar de estar colaborando en una alianza, se encontraba más sólo que nunca, y quizá los presentes lo estuviesen tachando de cobarde, tal vez fuera cierto, la resolución que había tenido hacía pocas horas comenzaba a desaparecer, como la adrenalina que tras su efecto agota al cuerpo, como la resaca tras una noche de borrachera... Lo único que le quedaba en el poso de su persona, era la necesidad casi infantil de huir de allí, como hizo en el ejército, como hizo en Thonomer, como había hecho recientemente en Samrat...

-Suerte caballeros -susurró Nyxia rompiendo el silencio, y tras una mirada al Caballero, abandonó el camarote-

Darkeray fijó su mirada entonces en el perezoso, éste se la devolvía

-¡Vamos allá! -dijo antes de desaparecer también por la puerta-

El Caballero lo siguió con la mirada, ante él se abría el oscuro pasillo, allí estaba, el umbral al abismo, el primer paso que no tendría vuelta atrás. Desvió su atención al plato que reposaba, ya frío, sobre su mesa, y procedió a tirar su contenido al cubo:

-Mi última cena, -susurró- Para bien, o para mal -y se aventuró en el pasillo, siguiendo a Pereza-

El recorrido se hizo corto, sin sobresaltos, todos parecían dormir apacibles, y así llegaron al camarote del capitán, por entre los tablones de la puerta centelleaba la luz, dentro había alguien, y se escuchaba una conversación, quizá tuvieran que lidiar con una persona más de la esperado, lo que hacía falta, otra posible víctima. Darkeray miró a Pereza y susurró:

-Recordad, el asesinato es lo último de lo que participaré

La máxima de la que estaba plenamente seguro, y sin embargo, en el fondo, muy en el fondo, sabía que era una débil excusa, en aquel tipo de situaciones nadie sale bien parado, nadie, pero quería albergar la esperanza, casi inocente, de que todo saldría bien, y que él sólo tendría que mirar mientras todo pasaba, hacía mucho que había dejado de tomar las decisiones difíciles. Pereza miró a Darkeray, visiblemente preocupado, pero terminó por asentir:

-Ruisu, creo que lo mejor es que nos dividamos -sugirió- Tú entra por la puerta delantera, yo iré por las ventanas y trataré de pillarlo por sorpresa... De darle el golpe

Era una buena idea, más limpia, el Caballero no se lo pensó mucho, se limitó a asentir mientras decía:

-Suerte

-Lo mismo -respondió el perezoso antes de desaparecer, probablemente treparía por fuera para llegar a la ventana, sus garras eran perfectas para aquella labor-

Darkeray inspiró hondo y miró a la puerta, Nyxia, estaría comenzando a ejecutar su parte del plan, Pereza estaba fuera, y ahora le tocaba a él:

-Lárgate ahora Caballero -sugirió el Bufón- Podrías irte, aprovechas la confusión y te vas en un bote, nadie va a a reparar en tu ausencia, nadie va a tu camarote, para cuando se den cuenta estarás muy lejos...

El Caballero sopesó aquellas palabras, la voz del Bufón era fuerte, influía, hacía temblar el brazo que había levantado para abrir la puerta, y lo que era peor, estaba convirtiendo la idea en una posibilidad. Cerró los ojos y apretó los dientes

-Vamos Caballero, el tú no tienes nada que ver, es tan sencillo como que te marches, venga, sabes que es mejor opción que enfrentarte al capitán y posiblemente, a toda su tripulación...

Sacudió la cabeza y alejó cuanto pudo a aquel engendro de voz estridente, llamó a la puerta sin pensar, dándose cuenta de su error, entró sin más, sin esperar permiso.

Dentro se encontraba el capitán Decken y un mozalbete, si sus ojos no le engañaban era el carpintero del barco, ambos estaban sentados en una mesa, disfrutando de bebidas espirituosas; la estancia era grande y opulenta en comparación con los otros camarotes, como correspondía al capitán de un galeón;  cojines, mapas, instrumentos de navegación y un abotargado gato, decoraban toda la estancia:

-Buenas noches -saludó Darkeray en un tono serio- Capitán...

El aludido lo atravesó con una mirada furibunda, el joven a su lado prácticamente imitó el gesto:

-¡¿Pero qué demonios se cree usted que puede entrar a mi camarote sin tocar?! -rugió el capitán del Ardent, poniéndose de pie-

-Discúlpeme, -respondió instintivamente Darkeray- Creí haber llamado...

Cerró la puerta con rematada tranquilidad, procurando ganar el máximo de tiempo posible, podía notar en su cogote aquel par de ojos atravesándolo, por suerte para él, las miradas no mataban, o al menos no la mayor parte de las veces, se dio la vuelta para encarar de nuevo la situación:

-¿Me podría explicar qué carajos se le perdió? -el capitán dejó su copa en la mesa con un golpe y se cruzó de brazos, el líquido tembló en su recipiente, amenazando con derramarse-

El Caballero imitó al airado capitán y se cruzó de brazos, sacando pecho, su altura le había ayudado a intimidar en el pasado, ahora era un buen momento para mostrarse confiado

-Quisiera denunciar una serie de ofensas recientes de las cuales he sido blanco -declaró Darkeray, frío, y procurando sonar indignado-

-Pues, como puede imaginar, -respondió el capitán desinteresado- Yo no soy la maldita madre de ninguno de mis tripulantes, y no puedo reprocharles el hecho de que les moleste estar cerca de un leproso. Usted se pudre, literalmente -soltó, venenoso- Eso descoloca a cualquiera

En la ventana de la izquierda, la silueta de Pereza comenzó a perfilarse, Darkeray colocó los brazos a su espalda y procedió a pasearse hacia la derecha, intentando acaparar toda la atención, tenía que ser más llamativo, se arriesgó con un comentario mordaz:

-Y sin embargo tomasteis el soborno igualmente, esperaba que dado nuestro acuerdo, tendríais a bien tenerme en un poco más de consideración.

-Pues, no pensaba que fuerais una persona sensible -contestó el capitán igualando la apuesta en comentarios hirientes- Dada tu condición más que avanzada de enfermedad, me imagino que más de alguna persona te habrá puesto mala cara antes.

Decken no parecía impresionado, aunque, si su verdadera naturaleza resultaba ser cierta, no debía de ser nada nuevo el tener que luchar por sobrevivir, Darkeray rebajó el tono con algo más distendido:

-He de decir que es la primera vez que una comadreja hace befa y mofa de una condición que para empezar, yo no he escogido

-Además -interrumpió el capitán, ignorando su comentario- Me parece que mi tripulación está molesta con vos por un asunto diferente. Mi teniente ha caído en desgracia, y más de alguno ha apuntado su dedo en tu contra.

Pereza se deslizó con extremo cuidado al interior de las estancia, al que tenía más cerca era al carpintero, así que él fue el primero en recibir su toque, en cuestión de segundos, el joven miraba su copa, preguntándose si no habría bebido demasiado:

-Deberías estar agradecido de que solo sean malas miradas -prosiguió el capitán, ajeno a los hechos-Y que nadie te haya clavado un puñal en donde todavía tienes carne -en su supuesta parsimonia ante cuestiones tan nimias, su mirada reveló cierta malicia- Le he dicho a mi tripulación que no te haga daño, ni a ti ni a la ninfa.

-No os entiendo... -contestó Darkeray fingiéndose dolido- Acusáis gratuitamente a cualquiera, primero la exina, ahora casi parece que me señaláis a mi como culpable, no parece una actitud muy profesional, capitán

El joven carpintero se bamboleaba cada vez más, agarrándose a la mesa en un pobre intento de equilibrarse:

-Hasta que no halle el culpable todos son potenciales culpables, -siseó el capitán- señor Ruisu

-Caballero, -intervino el Bufón- aún estás a tiempo, discúlpate y lárgate ¡Maldita sea! ¡Lárgate!

Una vez más, aquel punto de no retorno, el paso hacia el barranco estando ya en el borde; no había mucho que decidir, ahora era el momento de demostrar que se podía confiar en él. El carpintero se desplomó sobre la mesa, el capitán amenazó con mirar a sus espaldas y descubrir a Pereza, Darkeray intervino al instante, si quería retener su atención tenía que dejarse de barreras protocolarias:

-Y teniendo en cuenta que dentro de poco sólo viajarán ratas y un asesino en este navío, -comentó con un remarcado y ácido sarcasmo- Lo estáis haciendo muy bien.

Aquello surtió el efecto deseado, el rostro de Decken se desencajó en una mueca ofendida, si hasta ahora sólo había estado molesto, lo que se avecinaba no podía ser para nada mejor, pues su mano se posó sobre la pistola que llevaba, ahora sopesaba la violencia

-¿Qué ha dicho? -preguntó incrédulo-

Darkeray desvió la mirada hacia uno de los mapas que colgaba en la pared, se había acabado el juego previo, comenzaba la partida; inspiró hondo y dejó correr su vena teatral:

-¿Una mentira? ¿Una predicción? -preguntó con grandilocuencia- ¿Quién sabe? -y desenvainó su espada-

La silueta animalesca de Pereza se precipitó sobre el capitán, cuchillo en mano

-Jodido mentecato, -vociferó el capitán ajeno a su atacante y estirando el brazo para desenfundar la pistola- Voy a... ¡Ahh! -notó como el filo se le hundía en la espalda- ¡Qué sucia jugarreta!

El capitán se retorció de dolor mientras intentaba extraer el cuchillo, Pereza se mantenía aferrado a su espalda, alzando el segundo cuchillo, ambos forcejeaban y gritaban en una caótica danza, que se llevó por delante parte del mobiliario de la estancia

-¡Mierda...! ¡Maldito Mutanah! -maldijo Pereza mientras le clavaba el otro filo-

Decken gritó dolorido otra vez, mientras más y más sangre comenzaba a borbotar de sus heridas, las tablas del suelo y el pelaje de Pereza comenzaban a teñirse de rojo. Darkeray observaba impotente como ambos se balanceaban de un lado a otro, si atacaba corría el riesgo de herir a Pereza, y perder un aliado no era la mejor decisión en aquel momento.

El capitán cayó de rodillas sobre la alfombra, su sombrero abandonó la cabeza en busca de mejores horizontes, el fluido carmesí goteaba incesante, y aún así el herido aún pudo alcanzar su arma y apuntar a Pereza; Darkeray vio la oportunidad y lanzó una patada, desviando el tiro; el cristal recibió la bala con un estallido, y decenas de fragmentos cayeron con estrépito al suelo, casi de inmediato, unas cuantas voces de alarma surgieron en el silencio de la noche.

Soltando una maldición entre dientes, Darkeray vio como Decken lanzaba un puñetazo al perezoso para alejarlo, y echaba mano de su espada. En el suelo, el carpintero comenzaba a dar señales de vida. El Caballero maldijo una vez más y cargó contra el capitán, ambos rodaron a un lado, astillando la mesa que había entre ellos en el proceso, Pereza, en una esquina, permanecía aturdido.

Darkeray alzó el puño y apuntó al vientre, pero el capitán apenas reparó en el daño, pues comenzó a convulsionar de forma exagerada, extraños bultos comenzaron a germinar por su cuerpo, la piel y su rostro se deformaron y desgajaron en una imagen horrible, las ropas se rasgaron sin llegar a romperse. Al Caballero no le gustó lo que estaba viendo, se acercó a Pereza y lo arrastró lejos del capitán, que ahora comenzaba a aumentar de tamaño:

-Señor Ruisu, -comentó Pereza mientras era llevado como un fardo de heno- Ahora sería un buen momento para ¡Usar su espada!

-¡Mis disculpas por no dejaros a su merced! -respondió el Caballero con un gruñido-

Arrojó al perezoso a un lado y encaró a su rival de nuevo, el aspecto del que había sido el capitán Decken distaba ya mucho del de un humano, al final las teorías de Pereza habían resultado ser ciertas, para su desgracia.

-Cúbreme -escuchó decir al perezoso a sus espaldas-

El Caballero miró hacia atrás un momento, Pereza también estaba creciendo, más despacio, pero estaba creciendo, ¿Era algo común en los demonios? ¿Alcanzar un tamaño descomunal? Porque si en verdad era así, su aliado había omitido demasiados datos vitales acerca de sus hermanos

-Lo haré lo mejor que pueda -contestó Darkeray-

Una pesada respiración atrajo de nuevo su atención al frente, ante ellos se alzaba una mole de ojos de muerte y manos de aguja, su cara era blanca, parecía estar pintada, como un tatuaje ritual de las tribus de Mashamba Milele, sus dientes asomaban desencajados en una mandíbula que descubría los tendones y músculos, la lengua bífida silbaba amenazante; sólo sus ropajes de marinero, ahora pequeños y con las costuras rotas, dejaban entender que se trataba de la misma persona, del capitán Decken, si es que ése era su verdadero nombre.

Aspecto real de Decken:

-Dioses, nunca me acostumbro a su aspecto... -murmuró Darkeray-

Un armario cercano comenzó a sacudirse, como si algo atrapado en su interior quisiera salir:

-Ven aquí Enlutada -ordenó aquel engendro demoníaco- Ven aquí.

Su voz era cavernosa, oscura, como si surgiera de las profundidades más abismales conocidas por el hombre, donde criaturas para las que la visión de ninguna de las razas de Noreth está preparada, se retuercen y moran maquinando con maldad, el instinto de cualquier persona cuerda rogaba huir de allí, alejarse de un ser que podía expresar tanto, con tan pocas palabras.

Una enorme serpiente de aspecto antinatural surgió como respuesta a aquellas palabras, no se parecía a ninguna de las que hubiera visto Darkeray en sus viajes. El reptil ignoró la situación y reptó hacia su amo, enrollándose entre sus dedos y, casi al instante, transformándose en un cayado de madera negra.

-De acuerdo... -susurró Darkeray dedicando una mirada a Pereza- ¿Y ahora qué?

AMBIENTE:


En el barco, la actividad era cada vez mayor, semejante bullicio había acabado por despertar a la tripulación, voces de alarma y sonidos metálicos de, presumiblemente armas, pululaban por todo el navío, o al menos eso parecía, si no se daban prisa, acabarían enfrentándose a todos los marineros que quisieran aliarse con su capitán, a sabiendas de su condición -si es que no sabían de ella ya- y si fuera ese el caso, su plan estaba haciendo aguas a velocidad de vértigo.

El engendro se adelantó y comenzó a pronunciar unas palabras en un lenguaje ajeno y extraño, su voz retumbaba y parecía enfurecer al mar. El Caballero se puso en guardia, no podría derrotar a aquella monstruosidad, pero tenía que ganar tiempo para Pereza:

-¡Dyer Ógeðslegu!

Un creciente ardor empezó a adueñarse del cuerpo de Darkeray, algo parecía estar germinando desde su interior, se sentía mal, le temblaron las extremidades:

-¡¡¡CABALLERO!!! ¡¡¡ALÉJATE DE...!!!

Una imponente y atronadora explosión desperdigó por toda la estancia los trozos de lo que una vez había sido el cuerpo del Caballero, las paredes se cubrieron de vísceras, una parte del camarote voló en mil pedazos, dejando al mar asomarse a la estancia, la espada del no-muerto cayó al suelo con un eco metálico, la máscara de leproso que había portado, se clavó, tras una larga caída, en el suelo. El Ardent, enmudeció por unos instantes; el oleaje nocturno siseó con furiosa espuma.
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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Areath el Sáb Dic 17, 2016 1:14 am

Areath salió despedida a la velocidad de la luz del camarote de capitán. Le había dicho que iba a quedarse a un lado, pero por supuesto, esa era la última de sus intenciones. Para no levantar más sospechas adicionales Areath se retiró a su dormitorio hasta la hora de la cena, momento que aprovechó para desengrasar y afilar su espada.
Cuando acabó de mimar a su preciada pero vieja amiga, se recogió el cabello en una cola bien alta.
"Lo último que debe molestarte debe ser tu propio cuerpo."
"Ropa cómoda, calzado cómodo pero sobre todo y más importante, arma cómoda."

"Ahora daremos una serie de..."

Los pensamientos de Areath se diluyeron cuando Luxure se cayó del cinto. El ruido fue ensordecedor. Areath cogió rápidamente la espada y la enfundó, asegurándose que esta vez no caería al suelo. Se fustigó así misma por echar de menos aquellos tiempos pues sabía que ahora era el momento menos indicado para hacerlo.

________

La campana que invitaba a cenar resonaba con insistencia. Un toque, un dos toques, tres toques... Aquel día en particular la llamada fue demasiado larga.

Sin perder más tiempo Areath recorrió entre las sombras los pisos del galeón, vigilando que nadie la viera. Se cruzó un par de veces con unas cuantas personas, pero la Tenebri supo mantener su escondite con alta eficiencia. Sus pasos eran sigilosos, evitaba la luz cuanto podía y la oscuridad era su mejor aliada.

El último piso del barco era donde estaba la bodega. Conforme se acercaba, notaba como la humedad calaba: primero en la ropa y luego en los huesos y las membranas de las alas. Era una sensación realmente incómoda, Areath no se podía imaginar como de mal lo estaría pasando la pobre exina, allí atada y encerrada.

A parte de la humedad, también se escuchaba mucho el ruido de las olas golpear los tablones de madera. Casi parecía que estaba bajo una gran catarata, casi.

El camino a la bodega no era totalmente recto, primero había un pequeño pasillo hacia mano derecha y luego al final de éste podías encontrar una puerta custodiada por un gran osezno blanco.
Areath miraba escondida al susodicho. Era un antropomorfo enorme y además, contaba con una armadura envidiable, por no hablar de sus temibles garras, un sólo arañazo y podía sesgar su arteria femoral provocándole la muerte en pocos minutos. Era un oponente terrible.

Areath, que estaba de cuclillas sobre el suelo dio un paso atrás y se sentó con exagerado sigilo, aunque a nadie le importó. Tampoco a ella.
La divium tenía muy pocas probabilidades de acabar con semejante animal, aquella cosa parecía ser demasiado feroz.
Areath era realista, con un compañero de su mismo rango podrían hacerle frente con altas probabilidades de salir heridos, pero si lo hacía ella sola...

Estaba condenada a la catástrofe. Se mataría antes de poder atravesar aquella armadura, parecía de muy buena calidad y además era pesada, atravesar aquello no era viable con su espada.

Areath asomó nuevamente y con más disimulo su ojo para observar bien a su oponente. La armadura le cubría por entero el cuerpo a excepción de los antebrazos y las patas. Se fijó en la talla de aquella protección, era de las antiguas, es decir, sino le había hecho ninguna modificación podía acceder a la arteria subaxilar provocándole una grave hemorragia, dejándole bastante lastimado.

Areath suspiró en silencio y se dio calor con los brazos. Ahora sólo tenía que averiguar como tomarlo por "sorpresa" y dejarlo aturdido el tiempo suficiente como para liberar a la exina y así con su ayuda deshacerse por completo del oso.

La divium tenía claro que no podía desenvainar a Luxure de buenas a primeras. El osezno se pondría a la defensiva y un zarpazo iría directo a sus cara o peor, a sus ojos.
Así pues la única manera de llegar al oso primero sería engatusándolo. Tal vez sólo tuviera fuerza y cero inteligencia.
Areath tampoco se mentía, también era una opción muy arriesgada.
¿Por qué se arriesgaba tanto por un desconocido?
Dolorosos recuerdos acudieron a ella, veía la misma grabación una y otra vez. La sangre de sus cuerpos, los miembros mutilados, el dolor de sus rostros... La Tenebri se mordió el labio en el mismo sitio que el día anterior, abriéndose la herida, la sangre impregnaba su lengua y ella la saboreó. Se limpió la barbilla con la manga de la camisa y se puso en pie.
Era su deber salvar a aquella exina de la condena.

La tenebri se fue acercando despacio al osezno. En aquella zona la luz era bastante precaria, solamente había un par de antorchas al lado del guardia.

-Hola, buenas noches - Habló Areath en el idioma común.

I don't know how you are.

- Traigo nuevas órdenes del capitán, me ha encomendado pasar a supervisar a la exina. Simplemente comprobar su estado.
¿Me deja pasar, señor?


Areath intentó aparentar ser una tripulante más. Confiaba en que aquel oso sólo hubiera sido contratado para aguardar la bodega en ese viaje y que no fuera un tripulante veterano pues toda su mentira se iría por el retrete.

I can only let pass personal of the crew.

Parecía que el osezno no estaba dispuesto a colaborar. Areath se agachó sutilmente en señal de respeto, el guardia parecía tener cierta disciplina y tal vez con una leve reverencia bajaría la atención. Así pues en cuanto estaba a punto de girar para marcharse Areath dió media vuelta con Luxure ya en mano y atacó desde un costado al panda. Como era de esperar el antropomorfo no había bajado la guardia. Esquivó el golpe de la tenebri con una sola zarpa arremetiendo a ésta contra el suelo.
A pesar de la fuerza que había infligido su enemigo contra ella, Areath consiguió caer sin hacerse daño, después de todo no había llegado a su posición en el ejército en vano.

Ambos mantenían la distancia, Areath esperaba por el oso, pero éste era paciente y únicamente vigilaba cualquier movimiento en falso que ella pudiera hacer. El antropomorfo esperaba con una postura defensiva, sabía que tenía ventaja, sobre todo física, la doblaba en tamaño y en músculo, aquella chica estaba totalmente perdida.
Areath tomó valor y de nuevo contraatacó, aprovecho su baja estatura, en comparación a su enemigo, para infligirle un ataque desde abajo, buscando alcanzar la parte trasera de las rodillas, las cuales se mantenían descubiertas por la armadura. Lamentablemente lo único que consiguió fueron un par de rasguños, la dirección de la estocada no era la mejor y la piel del oso resultó ser más gruesa de lo que tenía previsto. Esta vez el oso no la esquivó y  aprovechó el poco espacio que tenía para agarrar una de las alas de la joven y empujarla contra la puerta, como si de un vulgar murciélago se tratara.

La puerta era dura y a pesar del golpe que recibió no se rompió, al menos no completamente, ya que a Areath de le había clavado una astilla de tamaño considerable en el brazo. Sin pensarlo dos veces, la Tenebri se la sacó y arremetió contra la cara de aquel ser tan grande, si bien es cierto que su ala no le permitía volar, tomó el suficiente impulso a la desesperada para al menos ocasionarle algún daño, por mínimo que fuera.

La astilla impactó sobre el rostro del antropomorfo no obstante no hirió sus ojos sino que únicamente le dejaría un bonito recuerdo sobre su hocico. El oso, indignado consigo mismo más que con ella, atacó. Con un equilibrio envidiable y una técnica muy pulida, Areath acabó dentro de la bodega tras recibir una serie de patadas y puñetazos. Más que luchar, el oso parecía que bailaba, toda la experiencia que había reunido a lo largo de sus años fueron a parar contra el cuerpo de Areath ahora inerte en el suelo.

La Tenebri se quedó quieta cual cadáver para hacer tiempo, sabía que el oso no de acercaría directamente sino que esperaría. Estudió su situación, ahora mismo de encontraba con un brazo totalmente inútil, desgarrado por las grandes uñas de su oponente, se había practicado un hechizo que evitaba la hemorragia pero eso no significaba que fuera útil. Por otro lado tampoco sabía dónde había ido a parar Luxure...

Areath se puso en pie sosteniendo su brazo mal herido, ahora mismo era un blanco fácil, aún así ella no se rendiría. Miró al guardia con determinación y salió corriendo en busca de su espada.

El oso corrió tras ella alcanzando su espalda en varias ocasiones con sus garras, aún así como Areath no paraba de correr rara vez conseguía hacerle más que un arañazo. A su paso la tenebri volcó todos y cada uno de los barriles que se encontraban a su alcance con la esperanza de encontrar en la exina en alguno de ellos. Quizá el osezno era más fuerte pero no más ágil, tal vez hubiera sido más fácil enfocándolo así desde el comienzo, ahora ya era demasiado tarde para lamentarse.

Al caer uno de los barriles del extremo derecho al suelo se escuchó una fuerte tos. -"Por fin"- Exclamó Areath para si misma.


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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Hemmi Chinaski el Sáb Dic 17, 2016 9:07 pm


El barril se volcó sobre la cubierta de la bodega, el agua se vertió y yo junto con el líquido por la bodega. Salté resbalosa de mi prisión como una trucha, choqué contra los demás barriles al caer del mío y de inmediato me puse de pie manteniendo un equilibrio decente gracias a mis pies desnudos sobre la rugosa madera.

Luego un segundo de total silencio en donde los tres, ninfa, tenebri y antropomorfo, nos miramos fijamente a los ojos. Después:

¡LÁNZAME LA ESPADA! —Grité histérica, el gran oso se abalanzaba sobre mí.

La tenebri hizo lo suyo y su katana giró sobre sí cuando la lanzó con el pomo hacia arriba. Estiré las manos y la agarré en el aire. Giré la hoja con gracia y corté las amarras de mis muñecas, ya solo faltaba...

El oso cayó sobre mí en un santiamén, había menospreciado su velocidad y las garras de sus patas se aferraron a las tablas cuando se impulsó. Retrocedí para poner una de las luces de las lámparas tras de mí y así hacer que mi sombra se proyectara en la pared a su espalda, pero antes de mover un pie el oso me golpeó en la cadera con su enorme manaza y perdí el equilibrio de inmediato.

Caí dando un medio giro al suelo, el fuego de mi ira comenzó a chispear de un segundo a otro, levantando ondas de vapor del agua en mi ropa y mi piel. Para mi suerte mi sombra estaba en su sitio, conjuré al demonio interior de rodillas en el suelo, la sombra se desdibujó de la pared justo cuando con todas mis fuerzas lanzaba de vuelta la espada a mi salvadora.

Entonces…

El oso me cogió el brazo derecho justo cuando la espada se perdió de mis manos...

Oí un crac, un sonido quedo como cuando crepita la madera al fuego, después, un azote de dolor tan potente como un ariete golpeando mi extremidad.

Mientras oía lo que sucedía a mi alrededor no era capaz de visualizar nada, no me malentendáis, mis ojos estaban abiertos, pero no era capaz de enfocarlos en la lucha que se sucedía entre la tenebri, mi sombra y el antropomorfo.

Todo en ese instante era suplicio, brillo y tortura, mezclado profusamente con una cuchara al rojo.

Luego de algunos minutos que me parecieron interminables, pude dominar el intenso aguijón de dolor. Las informes sombras comenzaron a volverse contornos más nítidos frente a mis ojos y pude ver la escena claramente. Mi sombra y la alada habían sobrevivido, y mejor aún, tenían al oso tendido en el suelo, sangrando.

—¿Crees que está muerto? —Me preguntó Areath horrorizada. Se acercó al cuerpo del osezno, se estaba desangrando lentamente, pero parecía que resistía a morir, su pulso era muy lento, quizá sin el golpe de gracia sobreviviría.

Con su enorme tamaño, la puñalada en la espalda solo servirá para que se desangre lentamente. —Me puse de pie y me acerqué para ver en detalle el antropomorfo abatido—. Le han perforado el pulmón, respirará con enorme dolor por un par de horas mientras se le llena de sangre. Después morirá.

Areath tomó distancia del oso y mi sombra y se me acercó con la intención de examinarme el brazo.

¿Estás bien? —Ella se sujetaba el brazo izquierdo, tenía una grave laceración profunda, pero se aplicó un hechizo que evitaba que sangrara de más.



Le mostré mi brazo derecho, que estaba colgando como un trozo de madera rota unos dedos bajo el codo. El hueso no se abría paso por la piel, pero podía verse la protuberancia asomarse en donde el blanco de mi tez se volvía morado oscuro a una velocidad impresionante.

Nunca antes me había pasado esto. —Dije entre dientes, ensombrecida por el dolor—. Una vez una matrona en Ahkdar me dijo que el parto era el dolor más grande que podría sufrir una mujer en toda su vida. En este momento me estoy preguntando si alguna vez se le habrá roto un hueso.


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Hemmi Chinaski

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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

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