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Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Nyxia el Vie Feb 10, 2017 2:25 am

La noche cayó sobre el barco, lenta y espesa, mientras yo continuaba sumida en mis pensamientos. Había pasado el resto de la tarde vagando por cubierta, asimilando los descubrimientos, afrontando la incertidumbre que inundaba mi futuro. Me costaba aceptar  la posibilidad de no salir viva de aquel navío.

Antes de que llegase la hora de la cena, fui a ver a Santi, tal y como prometí. Le observé con intensidad mientras debatía contra mí misma. Su pecho ascendía y descendía de manera casi imperceptible y su rostro era una máscara pálida de paz. Necesitaría una última curación para salir del coma que le había inducido el perezoso pero no era el momento adecuado para hacerlo. Tenía que reservar mis fuerzas y mi magia para rescatar a la exina. Le tomé el pulso y me acerqué a su oído para prometerle en susurros que le salvaría. Todavía había tiempo, en condiciones normales una persona tardaba tres días en morir de sed.

Cené tan apartada como la primera noche y completamente ensimismada. Comí poco y me retiré en seguida a mi camarote. Coloqué todas mis pertenencias en mi macuto y me lo colgué. Por último, dejé una nota por si Stella volvía en mi ausencia, pues no había podido hablar con ella. Esta rezaba “ponte a cubierto”. Esperaba de corazón que lo entendiese, no quería dar más detalles por si la veía una persona inadecuada.

Me reuní con el caballero y el demonio una última vez antes de empezar a llevar a cabo nuestro plan. Ultimamos detalles y les deseé suerte antes de irme a la bodega. Realmente esperaba que salieran indemnes, vivos como mínimo. Especialmente me preocupaba Darkeray, tan dubitativo, pero me tranquilizaba pensar que, debido a su estado, era improbable que falleciese.

Bajé a la bodega de popa con el sigilo propio de un gato. Continué hasta que escuché unos ruidos que me hicieron abandonar un poco las precauciones, poniendo a prueba mis nervios. Aceleré el paso, ¿podría ser que…? Frené en seco al reconocer su voz. La divium. No pude evitar salir a su encuentro, con los ojos como platos.

-¿¡Areath?! –exclamé mientras observaba a las dos figuras que allí se alzaban, heridas pero libres.

La aludida abrió los ojos, sorprendida. Supuse que loo último que esperaba era encontrarme allí. El primer impulso de la Tenebri fue colocarse delante de la exina para cubrirla.

-¿Qué estás haciendo aquí, Nyxia?

-Oh dios mío -dije para mí al ver la escena, en estado de shock, mientras me llevaba una mano a la boca-. Venía a liberar a la exina...

La divium sonrió con cierta petulancia, estigma de su raza.

-En ese caso ya has encontrado el trabajo hecho... - Areath enfundó su espada, que yacía en el suelo, abandonada.

-Bueno tal vez si lo hubiese hecho yo el trabajo habría sido más simple -respondí con un tono maternal que derivó  en preocupación, sin querer desviar mi mirada al cuerpo blanco y peludo que se encontraba en el suelo.- ¿Estáis bien? -Pregunté mientras me acercaba, despacio.

-Hemmi es la que ha salido peor parada... He intentado enfrentarme al oso pero ha sido una locura, cuando finalmente he dado con el barril, Hemmi ha culminado el trabajo. Descuida, el oso todavía respira, aunque en su estado no sé si sería mejor matarlo, aunque si mi opinión sirve de algo... Él sólo cumplía con su deber. - Areath miró al oso con una mezcla de pesar y lástima y yo evité hacer lo mismo. No podía curarle, necesitaba reservar mi magia, especialmente ahora que me percataba de la magnitud de las heridas de la otra ninfa.

-He tenido días mejores -respondió la susodicha cuando llegué hasta ella, encogiéndose de hombros. Ese leve movimiento hizo que  su brazo roto se moviera lo suficiente para convertir su rostro en una máscara de dolor—. ¡Ouch! Por todos los dioses, esto es peor de lo que esperaba.

Su aspecto era tétrico, empapada y con los labios amoratados aparte del destrozo del brazo. Frené en seco cuando me percaté de lo que se encontraba tras ella, una copia exacta de su ser completamente negra que se fundía con las sombras y apestaba a demonio. Me estremecí mientras decidía abstenerme de hacer comentarios al respecto, no quería saber en qué andaba metida aquella exina. Intenté ignorar aquella presencia que tanto me perturbada para centrarme en su extremidad rota. El húmero estaba fracturado y asomaba por debajo de la piel, amoratando el brazo.

-Antes de emplear mis poderes de curación necesito recolocarte el hueso –informé, y ella me ayudó hacerlo bajo la atenta mirada de Areath y entre gemidos de dolor, maldiciones y alguna que otra lágrima, a pesar de que fui lo más delicada posible.

-Si le dicen a alguien que lloré, las mato –amenazó.

Una vez hecho esto, posé los dedos con cuidado en la zona de la rotura y comencé a liberar mi magia.

-Agradezco a las dos por haber venido en mi auxilio –dijo Hemmi con algo de emoción en su voz y la respiración agitada—. Deben creerme, yo no le hice nada a Santi.

Ambas asentimos, yo absorta en mi tarea hasta que el dolor me pudo y me vi obligada a parar. Volví a examinar el brazo mientras Areath se dirigía a mí:

-¿Tú estás bien? ¿Has venido sola?

-Estoy bien, sí, no he corrido ningún peligro. Y he venido sola... –suspiré- pero no estoy sola en esto.

Les hice un gesto para que esperasen mientras volvía a usar la magia para que la exina se recuperase por completo, como si no hubiese ocurrido nada. Además, su aspecto general mejoró y sus labios volvieron a ser de un rosa saludable.

Entonces me dejé caer en el suelo, exhausta, mientras las palabras brotaban de mi boca. El derrumbe de Stella, la existencia de Pereza, el plan, la naturaleza de Darkeray… Todo lo ocurrido salió de mí con rapidez y claridad, y cuando terminé me sentí mucho mejor. Hemmi me interrumpió un par de veces para preguntarme por la tripulación y manifestar su odio hacia el capitán pero la divium permaneció en silencio. La culpa me invadió y me vi en la necesidad de disculparme:

-Siento no haber contado contigo –dije en voz baja, mientras alternaba mi mirada entre ella y el suelo.

-No debes disculparte, además yo también tuve una pequeña charla con el capitán después de haber acudido a ti y... Por eso mismo he acabado aquí –respondió-. Es increíble el embrollo en el que nos hemos metido por haber cogido un puñetero barco, ¡malditos dioses! –hizo un amago de golpear un barril, pero se contuvo.

Entonces llegaron hasta nosotras ruidos metálicos y gritos de alarma. Era hora de irse.

-Subamos –propuso la exina-. Prefiero morir luchando que vivir como pasto de demonios. Quizá qué locura se esté orquestando dentro de estas maderas. ¿Acaso no saben que cuando se quema un barco no hay donde huir?

Y nos dirigimos hacia el exterior con rapidez, sumergidas en un caos que hizo que nadie se percatase de que Hemmi era libre y se encontraba entre nosotros. El corazón me latía desbocado, esperando que no fuese demasiado tarde… BROOOUM. El sonido de una violenta explosión sacudió el barco justo en el momento en el que llegábamos a cubierta. Cerré los ojos y los volví a abrir cuando el ruido cesó, justo para ver cómo algo caía junto a mis pies. Comencé a temblar mientras observaba aquello, que tenía una forma redondeada. Sentí como la sangre se me congelaba en las venas. Era una cabeza. Y portaba una máscara que yo conocía bien. Grité.
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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Strindgaard el Miér Feb 15, 2017 6:53 am

El estruendo enmudeció cualquier otro sonido sobre el galeón. El mar absorbió el grito del demonio y la muerte, segundos después el eco del estallido ya se había fundido con las olas. El Ardent se tambaleó un instante, y alrededor del camarote del capitán, en la proa, comenzaron a llover trozos de madera, astillas y algo más.

Los marineros comenzaron a llegar en tropel a cubierta, aterrorizados, con la imagen de las decenas de barriles en sus mentes. Pero no, para su alivio no era eso, simplemente un demonio había hecho estallar una persona, nada más.

Medio techo había desaparecido junto con Darkeray, y una radiante noche de lunas menguantes adoquinaba el cielo. Strindgaard observó las estrellas por un instante, allí estaban las constelaciones que tanto conocía: Melisuna, que marcaba el norte; La Rama de Zuìè Shù que marcaba el sur, las Doce Doncellas, el Pecado de Sanctra, el Dragón del Este y el Dragón del Oeste, y tantas otras.
Se obligó luego de un instante bajar la cabeza, afrontar la realidad. Le temblaban las manos, hace un momento todo estaba bien, luego ese sopor extraño recayó justo cuando el leproso entró sin permiso al camarote… Strindgaard se armó de valor, dejó caer sus ojos hacia Decken.

Abajo los tripulantes y los pasajeros se miraban entre ellos. Y más abajo, en los camarotes, Danna abría la puerta de su habitación.

La sangre era un charco bajo el cuerpo del viejo demonio. Su cayado estaba tirado a un costado de él, y su sombrero, cayó de pronto del cielo igual que una paloma mensajera, trayendo el recado de que todo había terminado.
Ese… es un rostro con una mirada de pavor. ¿Viste algo… que te asustó?
La brisa entraba a raudales por la pared faltante y el vitral roto, la capa del joven demonio se mecía al son de la canción nocturna del viento.
Oh, maestro. —Strindgaard avanzó atónito hasta él, el cuerpo del viejo demonio comenzaba a perder grosor y tamaño, su esencia se escapaba por todos sus poros.
Está bien. —Decken acercó su mano hasta su cayado y lo acarició con cierto cariño, quizá a sabiendas de que había cumplido su cometido, o quizá era la avaricia que le producía aquella madera negra. Lo acercó hacia sí y continuó—. Está bien tener miedo. Deberías tenerlo, muchacho. Estamos en tiempos en los que el miedo está en todos lados.

Decken estaba de costado por el dolor que le producían las puñaladas, pero su rostro poco a poco dejó de ser un manchón de dolor para transformarse en una calma plácida.
Se dejó recostar de espalda y cerró los ojos.

Clementine salió tras su ama, sonreía ya que por fin estaba libre de esas cuatro paredes.
La orco tensó el arco, lista.

¿Maestro...? ¿Decken?
Mira a tu alrededor. —Dijo su maestro, la calma bañaba sus palabras, el olor a sal acentuaba su voz— Esta es una tierra fracturada. De ahí es donde proviene el miedo, en esos espacios que quedan. Es más fuerte que todo lo que hay en este mundo y se planta en los lugares más profundos de tu mente.
Strindgaard escuchaba atento. Sonaron pasos en la escalera.
Quienes sucumben al miedo están perdidos. Están condenados a la mansedumbre, a una vida corta, a ser olvidados.

El joven demonio acercó su mano hacia Decken, comenzó a absorber lo que le restaba de esencia.

Yo no sucumbiré, Decken. Terminaré lo que comenzaste.
Busca al Agente Libre… A Jun. Dile que te lleve hasta… Meleagant.
La poca esencia que le quedaba al capitán del Ardent fue consumida por su aprendiz. El joven demonio se quitó su capa negra y cubrió con ella el cuerpo inerte del fallecido.
¿QUÉ HA SUCEDIDO?
Parte de los marineros apareció en los restos del camarote con linternas, ahí entre ellos estaban Mumrik, Sloat, y Lionel.
¿Qué fue todo eso?
¿Strindgaard, estás bien?
¡Oh, por todos los Dioses!
El brujo se puso de pie. Tenía el cayado de Decken en la mano.

Ustedes, ¿qué hacen aquí? —La sirvienta de la cocina dejó la escoba a un lado y miró interrogante al grupo de Danna.
¿Sabes qué ha sido esa explosión?
Solo sé que no fue en la cocina. —Dijo la muchacha encogiéndose de hombros—. Rott ha subido a averiguar, el sonido me despertó y no he podido quedarme quieta esperando a que regresara.
Rim.
La orco apuntó.

Han matado al capitán. —Dijo con voz fría y tranquila Strindgaard—. Fue el pasajero leproso, convocó un demonio que nos atacó.
¿Decken, muerto?
¿Por qué?
¿Un demonio?
¿Cómo era?
Strindgaard acarició la madera del cayado con el pulgar, era suave, como la piel tersa de mujer joven. Tocó un nudo y sintió el tacto de una nervadura en la madera. Atrás, los marineros se acercaron hasta los restos del camarote, uno de ellos se encontró con la máscara de Darkeray.
¿Strindgaard?
El joven demonio pensó en el Perezoso, ¿un perezoso? ¿Pero qué mierda de disfraz era ese? Apretó los dientes, ¿cómo había entrado en la sala sin que él se diera cuenta? ¿Y de qué se trataba esa mierda del sopor? ¿Habían envenenado el vino?
Era un Perezoso. —Dijo mientras mirada el suelo en busca de la jarra de vino. Solo había trozos de vidrio esparcidos cerca de la madera astillada de la mesa—. Un Perezoso, peludo, de cara chata y ojos muertos. Apareció de la nada, como si se hubiera materializado del aire. Un demonio con unas garras filosas como cuchillas que apuñalaron a Decken en la espalda hasta desangrarlo.
¿Dónde está el leproso?
Muerto.
Mumrik fue el primero en acercarse hasta el brujo.
No podemos realizar ningún encantamiento de Revelación, quedaríamos expuestos.
Ya no importa que sepan que somos demonios. Nuestro plan no debe salir de aquí. Los mataremos a todos.

Rim’Khull cargó otra flecha y remató a la sirvienta.
Eso te lo mereces por tratar de envenenarnos. —Dijo la pequeña Hörige.

¿De qué mierda están hablando? —Sloat fue el segundo en acercarse hasta el cuerpo de su capitán. Tras de él el silencio de los marineros era evidente.
Debemos presumir que nuestra misión ha sido expuesta. —Continuó el joven demonio—. Nadie que viaje en este barco debe bajar en Ciudad Esmeralda con vida.
Lionel fue el tercero en acercarse.
¿Lionel? ¿Alguno me puede explicar qué carajo…?
Strindgaard sacó una daga de la parte trasera de su cinturón. Un momento después el mago, el brujo y la nutria caminaron hasta la escalera.

Clementine, no te apartes de mí lado. Rim, si ves a Decken, clávale una flecha entre los ojos.
Danna salió a cubierta, arriba parecía haber mucho ajetreo, como si todos se hubieran despertado y subido para ver qué había pasado.
Y con razón. La mitad del camarote de Decken estaba esparcida por las tablas.

En la cubierta del Ardent no había más luz que las linternas que colgaban de unos cuantos postes, luces amarillentas bien cubiertas dentro de sus candelabros para salvaguardarse del viento. La gente que subió parecía asustada, sus rostros se perfilaba con la luz y las sombras consumían todo lo demás. Allá arriba ocurría algo, Lionel se asomó primero.

La exina, la dríade y la divium se encontraban junto con los más de diez grumetes que se encargaban de las labores básicas del Ardent, sus camarotes estaban debajo de la proa, y fueron los primeros en aparecer, confusos y asustados por lo que había ocurrido. Los otros marineros que ocupaban sitio en el barco, encargados de labores más especializadas, como cañoneros, los vigías, y los estibadores, estaban con sus sables en ristre, listos para ser usados. Miraban a la exina como se miran las cosas peligrosas, ella era dueña del fuego y de las explosiones.
Stella apareció entre ellos, su rostro era serio y confiado, sin una gota de titubeo estiró la mano y se la tendió a la dríade.
Nyxia. Ven conmigo.
Sujetaba una sable en su otra mano.

Entonces, de un momento a otro, un vigía vio salir a las tres pasajeras a cubierta, Danna con el rostro demudado observó la escena mientras varios de los marineros notaban que ella había sido la única que no habían visto en todo el viaje, y la última que faltaba por aparecer.
¡Ha sido ella! —Se oyó por alguna parte.
Clem. Prepárate.

Lionel golpeó con su bastón la madera de la proa para llamar la atención de todos. Tenía unas gotitas de sangre en la chaqueta.
¡Marineros! —Gritó con su voz animalesca—. ¡Nuestros pasajeros han atentado contra la vida de nuestro capitán! ¡Están intentando realizar un motín para robar nuestras mercancías!
Todas las miradas recayeron sobre las seis mujeres.
Nyxia, es ahora o nunca.
Uno de los estibadores se movió confiado en que solo eran un atajo de mujeres, tras de él, otros dos se miraron entre ellos y se acercaron cerrando el paso a las ninfas.
Mugrosas perras, ya verán cuando terminemos con ustedes.
El hombre saltó por la derecha con el sable en alto.
A diez metros más allá, por la popa, Stella cargó una flecha en su arco y disparó.



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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Hemmi Chinaski el Jue Mar 02, 2017 7:49 pm


Era extraño estar cerca de otra ninfa, en especial de una dríade. Subí pensando en su manera increíble de sanar, tocándome el brazo en el punto en el que se me había roto y moviendo los dedos impresionada porque el dolo había desaparecido. Estaba sano, el hueso se había soldado y la carne regenerado. Apenas y quedaba una tibia mancha morada que siquiera dolía como la reminiscencia de aquella terrible llave que me había destrozado el hueso.

— ¿Todas las ninfas tenemos aquella magia sanadora, Nyxia, o solo queda relegado a las driades?

No pude escuchar una respuesta, pues al llegar al final de las escaleras sentí como el barco se zarandeaba con una fuerza impresionante, y un sonido igual de fuerte nos llenó los oídos. Me cubrí la cabeza instintivamente mientras un pitido me dañaba los tímpanos.

Miré a las dos mujeres y vi el miedo reflejado en sus ojos. Algo había estallado, pero por suerte no había sido abajo, en las bodegas de la pólvora, sino arriba, en cubierta.

Me encontraba aterrada, pero al fin todos serían testigos del verdadero rostro del Ardent. Llovían trozos de madera de distintos tamaños y junto a ellos algo que me heló la sangre… huesos astillados, cartílagos y piel corrompida. Nyxia gritó a mi lado, cerca de ella, sobre las tablas una cabeza que bien conocíamos rodaba lentamente hasta quedar quieta del todo, con sus dos cuencas observándonos y una mueca que asemejaba una terrible sonrisa. Sentí arcadas y me llevé una mano a la boca. Algo muy adentro hizo una especie de click dentro de mi cabeza, y recordé lo que había sucedido hace tanto tiempo atrás con mi querido amante. Me agarré a la baranda de la escalera y respiré lentamente para recomponerme, pero un odio interior había despertado. Algo que hace años había quedado sepultado, pero no extinto, como los rescoldos de la gran pira que se había vuelto cenizas en mi corazón.

Mi mente comenzó desteñirse en ligeros tonos rojos y anaranjados, podía sentir el calor de las llamas que poco a poco aparecieron por mis tobillos y mis muñecas.

El verdadero rostro del Ardent estaba igual de podrido que el leproso que se había hecho añicos. Y yo solo conozco una manera de purificar las cosas.

Fuego.

Los tripulantes del barco subieron a cubierta igual que las ratas cuando el olor de la sangre les atosiga las narices. Comenzaron a poblar las tablas alrededor de nosotras, con sus rostros afilados y maliciosos demostraban que no estaba equivocada, todo aquello estaba mal, desde la muerte del primer pasajero, aquella mujer que había caído por la borda, y luego la desaparición del comerciante. No sé cómo no lo vi antes. Todo comenzaba a tener sentido. Sobre el barco había un asesino serial, y aún peor, uno capaz de llevarse parte del barco consigo con tal de cumplir sus caprichos.

Aquel desgraciado también había cobrado la vida de Santi, y me había culpado. Pero ahora que el pasajero leproso había muerto, los demás habrían de darse cuenta que yo era inocente. Las llamas subieron por mis piernas y mis brazos. Le hice un gesto a mi sombra.

Arriba, sobre el castillo de proa apenas y quedaba algo del camarote del capitán. ¿Qué habría logrado tal ensañamiento? Miré a mis compañeras.

—Areath, debes proteger a Nyxia. Esto está a punto de explotar —no lo dije de manera literal, sino figurativa. Era cosa de mirar como los tripulantes nos observaban y liberaban sus sables de su cinto—. Creo que ya no somos más bienvenidas en el galeón.

El tiempo se nos escapaba de las manos, estaban de más las conversaciones, todo apuntaba en una sola dirección, la muerte estaba asegurada para nosotros. Pero bien sabe nuestra diosa madre que las exinas no nos rendimos tan fácilmente.

Liberé la katana de su funda y su acero capturó algunos retazos de la luz de las lámparas. Me temblaba un poco la mano, pero no de miedo, sino de excitación.

Miré hacia el castillo de proa, el pequeño antropomorfo gritaba que nosotras teníamos la culpa de todo. Sonreí, no necesitaba muchos motivos más para matar a esos desgraciados, pero siempre es bueno juntar algo más de odio para ellos.

Avancé sin que siquiera me interesaran los marineros que se abalanzaron sobre mí, a la mierda con los humanos, estaban todos podridos por dentro. Nunca me debí haber subido a un barco lleno de ellos.

El fuego comenzó a vestirme como una segunda piel y antes de que cayera el primer marinero sobre mí una espada hecha de sombras le cortó la mano que sostenía la espada por la muñeca.

Corrí dejando pasos de fuego sobre las tablas, subí mientras mi sombra me cubría la espalda y asesinaba a los lunáticos que osaron seguirme. Me iba a cargar hasta el último bastardo que me había encerrado. Partiendo por el capitán. No había tiempo que perder, no tenía un segundo que gastar hablando, pensando o coloreando los diálogos. Esa noche morirían todos mis captores.

Pero cuando llegué arriba el capitán se encontraba bajo una manta negra, con su sombrero sobre el pecho, y más allá, uno de los tripulantes, Sloat, también muerto. Pero al menos estaban allí entre otros marineros, la nutria, el mago y el médico. Sonreí mientras me ponía en guardia.

El fuego fluyó de mi cuerpo con todas sus fuerzas, rojo, naranjo y azul. Mis ojos eran dos estrellas en el fondo de una máscara de venganza.

— ¿Algún voluntario?


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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Nyxia el Vie Mar 03, 2017 2:07 am

Me sentía ida, como si mi mente no estuviese conectada mi cuerpo. Mi propio grito todavía resonaba en mis oídos y sentía mi cara paralizada en una mueca de horror. Mi mirada seguía fija en aquella cabeza que reposaba tan cerca de mis pies. Entonces una figura pequeña apareció de la nada y la apartó de mi vista. Asha. Sus ojos se cruzaron con los míos y comprendí sus intenciones. El caballero no podía morir. Asentí levente y ella desapareció de mi vista con una rapidez envidiable. Entonces volví a la realidad y sentí cómo mi cuerpo comenzaba a responder. Stella me tendía su mano, ¿de dónde había salido?

-Nyxia. Ven conmigo.

Dudé, en su otra mano portaba un sable. ¿En serio era aquella la única vía posible?

- ¡Marineros! ¡Nuestros pasajeros han atentado contra la vida de nuestro capitán! ¡Están intentando realizar un motín para robar nuestras mercancías!

Abrí la boca para replicarle, pero un olor me distrajo. ¿Fuego? Me giré con rapidez y vi cómo la exina hablaba con Areath. Noté como el pánico invadía  mi ánimo, ¡todavía no!

-Nyxia, es ahora o nunca.

Pero no pude responderle a Stella. Hemmi se abalanzó sobre nuestros atacantes y el caos comenzó a desatarse mientras ella se abría paso mediante sus llamas y el filo de su espada. Si quería hablar debía ahora, antes de que todo aquello fuese a más. Llevé mis manos a mi zurrón y busqué mi diadema. Allí estaba, por lo menos podría proporcionarme un poco de atención. Di un grito de alarma para avisar a mis compañeras  y rocé la gema con los dedos antes de colocarme el accesorio en la cabeza. Y una luz potente y ligeramente dorada surgió de ella, derramándose por el por la cubierta, cegando a quien se atreviese a mirarla directamente.

-Tripulantes del Ardent, habéis sido engañados. Vuestro capitán ha resultado ser un demonio salido de los más profundos abismos –anuncié, con voz potente y firme-. Él ha estado tras las muertes producidas a lo largo de este viaje y estoy segura de que, si no le hubiésemos parado, se habrían producido más. Soy una dríade, sabéis que las de mi especie somos pacíficas y amantes del orden natural. Tengo poderes curativos, veo más utilidad en la sanación que en la lucha. Aun así sé que es mucho pedir que os fieis de una desconocida, y por ello os pido que si desconfiáis de mí, no lo hagáis de Stella, a quien conocéis mucho mejor que a mí –tragué saliva mientras la señalaba-. Ella presenció cómo el capitán asesinaba a la mujer ciega y ella fue quien me abrió los ojos. La exina ha sido la cabeza de turco, encerrada la mayoría del viaje, injustamente condenada, pues no tenía ninguna razón para cometer los asesinatos que se le atribuían. Por eso os pido que soltéis vuestras armas, no es necesario derramar más sangre sobre la madera de este galeón. Eso sólo les beneficiará a ellos   -aseguré mientras señalaba al antropomorfo que nos había acusado antes.

Y mi voz se extinguió, así como la luz de mi diadema tras tocarla otra vez. Sin embargo no me la quité, expectante por ver si mis palabras habían causado algún tipo de mella en la voluntad de nuestros atacantes.
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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Pereza el Vie Mar 03, 2017 5:37 pm

__Desde que Asha salió de su camarote dando un portazo, tras la discusión con Pereza, nadie la había vuelto a ver. Es normal. ¿Qué haríais vosotros tras descubrir que estáis atrapados en un barco lleno de demonios y que esa misma noche va a haber una gran pelea en la que alguien morirá? Asha lo único que tenía claro es que debía esconderse y no confiar en nadie.
__Así pues, se hizo un hueco entre las cajas de material que se guardaban debajo de las escaleras que daban a cubierta, el lugar más cercano a los botes salvavidas que a la ver le permitía estar a cubierto y alerta de todo lo que pasase a bordo. Permaneció allí, agazapada rezando a Khardûn y a Delia para que le permitieran llegar viva a tierra.
__Por la noche, sabiendo lo que iba a pasar, no pudo conciliar el sueño cómo le hubiera gustado, hubiera deseado quedarse escondida allí y olvidar todo hasta que llegasen al puerto, pero no fue así. Se enteró de cuando Ruisu y Pereza salieron a cubierta para dirigirse al camarote del capitán, y a partir de ese momento la curiosidad de salir, de ver lo que pasaba fuera no dejó de picar a la pobre enana. Se estuvo debatiendo entre la curiosidad y el temor hasta que se oyó el escándalo de la pelea del camarote. En ese momento no pudo aguantar más y terminó por salir de su escondrijo para encontrar uno nuevo entre los barriles de la cubierta, justo al lado de la entrada.
__No sé veía nada, solo la silueta de sus sombras proyectadas sobre los vitrales del camarote mientras se peleaban. Pero esto no duró mucho, ya que la explosión fue rápida a la par que cegadora y estruendosa.
__La cabeza se le quedó pitando, desconcertada, tras la ráfaga de energía que pasó por encima de su cabeza. Para cuando volvió a tener consciencia de lo que estaba ocurriendo a su alrededor, la cubierta comenzaba a llenarse de los tripulantes alertados.
__De pronto, un grito le sorprendió. Era Nyxia, quién acababa de llegar a cubierta junto a la exina y la divium, todas a menos de dos metros del escondite de Asha. La dríade contemplaba horrorizaba lo que parecía la cabeza arrancada y chamuscada de Ruisu.
__La enana se quedó en shock al contemplar el destino del no-muerto. Como, no solo su cabeza, todos los trozos de su cuerpo habían acabado desparramados por la cubierta del galeón. No pudo evitar pensar que todo eso era por su culpa. Ella había cargado inconscientemente al perezoso, ella lo había involucrado en éste lío, ella no había querido ayudarlos. Que el caballero se encontrase dividido en mil pedazos era solo culpa suya.
__Aun con éste pensamiento en mente, y sin parar de observar la calavera siquiera para pestañear, se dió cuenta de una cosa: los ojos de Ruisu se movían. No solo eso, también su mandíbula, parecía tratar de hablar pero no conseguía alzar el peso del resto del cráneo. ¿Sería posible que siguiera vivo aun estando separado del resto del cuerpo? ¿Qué clase de magia impura era capaz de algo así?
__Daba igual, si Ruisu seguía vivo era su deber ayudarle, salvarle. Era lo menos que podía hacer después de haber provocado que acabase en ese estado. La enana se deslizó entre los barriles y las sombras, aprovechando su escaso tamaño para no ser advertida siquiera por las personas que tenía más cerca. No era dificil con tantas distracciones, la mercader y sus guardaespaldas acababan de hacer su entrada, los marineros se llevaban las manos a las armas y la exina comenzaba a echar llamas. Solo Nyxia vio un momento a la enana cuando ésta recogió la calavera justo antes de desaparecer para volver a esconderse entre los barriles.
__A la temblorosa luz que ofrecía el fuego, pudo ver cómo la cara del caballero le miraba fijamente con ella llama azul brillando en ellos, con una expresión siniestra en el semblante. Antes de que la enana pudiera llegar a formar una frase en su mente para disculparse, la boca de la cabeza comenzó a estirarse, deformándose en una macabra y exagerada sonrisa para un instante después comenzar a reírse escandalosamente, con un voz aguda y chirriante.


Fin del comunicado
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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Strindgaard el Mar Mar 07, 2017 3:55 am


Agarrando una de las tensas sogas verticales, y separando un poco las piernas para mejorar su equilibrio, Danna liberó el sable de su saya y lanzó una fría mirada a la hörige. Clementine sabía lo que tenía que hacer y asintió. La comerciante vio como los marineros del Ardent comenzaban a arremolinarse en torno a ella y sus guardaespaldas, también estaba ahí la divium, la dríade y la exina. La mujer tenía el corazón en un puño, pero debía mantenerse tranquila, aguardó estoica a lo que estaba a punto de suceder, y dijo con calma a las mujeres.
Quédense cerca de mí. Voy a terminar esta locura.

Como un golpe de caballería, la ninfa cabalgó sobre fuego, con el filo de su espada en alto y un grito en su pecho. Su furia se elevó igual que la luz que expulsaba su cuerpo, iluminando a los marineros que salieron a su encuentro, aquellos bravos ilusos que miraron en menos a la exina, encontraron su destino de la mano del negro avatar de sombras.

Nyxia, es ahora o nunca.
La dríade entonó con su voz pura y cristalina un llamado al cese de la violencia, mientras cuerpos caían desfigurados por la katana hecha de sombras. La voz de la mujer de los bosques se mezclaba con el brillo de su diadema, pero ya nada podía hacer por el reguero de violencia que se esparcía como pólvora sobre el galeón. Los marineros comenzaron a moverse como hormigas rojas, preparándose, agolpándose en la proa, pisando los huesos podridos del caballero. Stella observó con ojos llenos de lágrimas a la dríade mientras hablaba, su corazón era un tambor que se machacaba, debía huir, pero no dejaría a la única persona que le tendió una mano allí.
Sus finos oídos sintieron el suspiro del aire, alcanzó a girar un cuarto de su cuerpo antes de sentir el golpe. Una flecha entró por su espalda.

Las llamas de la exina tomaron la parte baja de la vela mayor con una facilidad asombrosa cuando ella corrió hacia las escaleras, y la sangre de los cuerpos seccionados regó de rojo las tablas, recrudeciendo la mirada de los marineros que no fueron tan osados como para atacarla. Las lámparas dispuestas en los costados del barco quedaron relegadas a un segundo plano cuando el fuego comenzó a devorar la gran vela cuadrada en las alturas. Las llamas comenzaban a quemar los cabos, quitándole estabilidad y haciendo que la vela comenzara a ondear como una bandera con el viento, quitándole velocidad al barco, que hasta el momento mantenía unos buenos quince nudos. El miedo de los grumetes se mezcló con los gritos de los heridos, el fuego era la perdición. El barco comenzó a enlentecer su marcha.
La ninfa y su sombra llegaron hasta el castillo de proa.
¿Algún voluntario?
¿Y qué tal mejor dos?
¿O tres?

Asha tenía la cabeza del caballero entre sus manos, escondida entre los barriles tenía una buena vista de lo que sucedía justo al otro lado de la proa. En babor, un solitario hombre tensaba su arco, en los ojos de Jun se reflejaba el brillo de las llamas. El doppelganger preparó otra flecha.

El caos se apoderaba de la cubierta, Clementine clavó su báculo en la madera frente a ella, lo aferró con ambas manos, y comenzó a conjurar. Cerca de ella, los grumetes habían olvidado atacar a las mujeres, y corrían descalzos por cubos para apagar las llamas, que llenaban apresurados en los barriles de agua lluvia, otro puñado huía hacia los botes de emergencia más lejanos y dispuestos en los costados de la popa, dando ya todo por perdido. Y los más desesperados, cortaban las sogas que sujetaban la vela mayor, para que esta cayera y el fuego no cogiera las demás velas, pero dejando inutilizado el velamen.

Stella había recibido un flechazo justo bajo el pulmón derecho. Usó el sable para no caer de lado, temblando se llevó una mano al costado, tratando de alcanzar su espalda. Cada respiro era una puntada de dolor. Lentamente se dejó caer de rodillas en la cubierta. Miró a Nyxia, «Era ahora o nunca.» La dríade se había demorado demasiado. «Ahora es muy tarde

Con un ligero temblor de duda, Rim’Kull se aferró a la baranda de estribor, y observó el mar que se agitaba a unos cuatro metros hacia abajo. La orca tiró de la madera comprobando que fuera firme. Miró a su compañera de orejas largas. El mar comenzó a rugir con fuerza.

Hombres sin mano, hombres apuñalados, hombres muertos, un camino perfectamente recto de ellos llegaba hasta la escalera de proa, y arriba, una furiosa exina se veía enfrentada a un mago sin miramientos, y dos estibadores que hasta ese momento no habían hecho más que mirar atónitos el fuego de la vela mayor. Uno de ellos liberó el sable de su funda, escupió y clavó sus ojos lujuriosos sobre la mujer. El otro se acercó dando un rodeo, sacó tres cuchillos pequeños de la faja de su cintura y los arrojó hacia la ninfa con espectacular velocidad.
El mago se frotó las manos, el viento acarició sus falanges, pero el brujo lo detuvo.
Realiza el conjuro de Revelación. —Dijo pensando en el Perezoso—. Déjales esa perra a ellos, debemos vengar a Decken.
Mumrik se llevó una mano a la túnica y sacó una varilla con la que se pinchó la yema del dedo. Una gota de sangre surgió. El mago lanzó un conjuro, su cuerno brilló.

Entonces hubo un repentino silencio en las aguas, el casco dejó de romper olas, y desde lo profundo una marejada repentina alzó la enorme estructura de la proa varios metros. Los restos del camarote de Decken giraron por su alfombra junto con todos los que estaban ahí, impulsados por el golpe hacia arriba. El gran ropero, las sillas y los muebles iniciaron una danza por el suelo, una mesita de desayuno con ruedas se deslizó hasta estrellarse contra los restos de una pared al lado de la exina, llenando de platos, cubiertos y servilletas sus pies.

Stella gritó asustada, flexionó sus rodillas para no irse por la cubierta pero su falta de fuerza la hizo rodar de costado hasta chocar con fuerza contra un marinero, derribándolo.

El barco permaneció semiescorado por unos segundos antes de que la proa volviera a su lugar, hundiendo la punta del barco de nuevo en el agua. El galeón detuvo su marcha del todo, sobre la cubierta todos quienes no habían alcanzado a sujetarse de algo rodaron por las tablas con el movimiento del barco. La espuma rozó la cubierta y dedos de agua fría mordieron la cara del mascarón de proa. Las velas se tocaron brevemente haciendo que el fuego pasara de la vela mayor a las velas del palo de trinquete, justo por sobre las cabezas de los tripulantes de proa. El aullante grito de los heridos por la exina siguieron oyéndose por sobre el canto de las olas. En el castillo de popa Jun se aferró a la baranda, esperando a que se estabilizara el barco para poder lanzar su siguiente disparo.

Clementine se mantenía rígida en su sitio, con sus ojos brillando con un azul profundo. Su báculo se había enterrado en la madera, y la ayudaron a no caer de lado cuando el barco se desniveló.

¡Por mil demonios! —Gritó con creciente ansiedad el brujo. Se encontraba de rodillas en el suelo luego de haber perdido también el equilibro. Miró atónito como justo tras la hörige, una enorme masa de agua se alzaba como un faro en el océano. El agua comenzó a tomar forma.


Strindgaard sintió un vacío en el estómago al ver las llamas sobre su cabeza, y más allá, iluminado por el fuego, al enorme elemental que oía el llamado de Clementine.

¡MATAD A LA HÖRIGE! —Entre el creciente griterío, varios hombres saltaron hacia la pequeña tripulante—. Una pistola, una pistola. Decken tenía una pistola.
El joven demonio comenzó a buscar entre el destartalado camarote el arma dorada de su capitán. El sombrero de tres picos había desaparecido, y su capa ahora estaba aferrada a los restos de la mesa, mientras el cuerpo de Decken había rodado y quedado de costado un metro de su lugar gracias al movimiento violento del barco.
Apenas alcanzó a tomar su vieja capa negra cuando oyó el grito de quienes abajo en cubierta estaban a punto de vivir.

Danna, Clementine y Rim’Kull estaban bien aferradas cuando el elemental pasó por sobre ellas y cayó directamente sobre las tablas de cubierta. Las maderas crujieron, la parte baja de las velas se apagaron y el gran oleaje en que se había convertido el elemental se llevó a todos quienes no estuvieran sujetos a algo. Strindgaard vio azorado como los marineros caían por babor, las sogas sueltas culebreaban en el agua mientras algunos pocos se aferraban a puntas de velas, las barandas y los postes.

La cubierta de un momento a otro perdió toda la caótica multitud, dejando un puñado de hombres. Docenas pataleaban, abajo, en el agua fría y oscura. Jun se limpió la cara, se puso de pie de un salto y volvió la vista para ver cómo había quedado cubierta, tomó la forma de uno de los cañoneros que recordaba haber visto en el comedor y comenzó a barrer la cubierta con la mirada. Entre la masa de marineros aterrados encontró a la hörige aún aferrada a las tablas, maniobrando al elemental, que se volvía a alzar esta vez por babor.

Stella estaba junto a una docena de marineros apegados en la baranda, la flecha se había roto y el trozo de madera se había enterrado más en su espalda, logrando que la punta se asomara bajo su pecho. La elfa tocó el filo del acero bajo sus ropas y se abrió la blusa para sacar la flecha.

Strindgaard se puso de pie, el galeón estaba fuera de control. El viento ahora alcanzaba al barco de costado, habían perdido el rumbo. El fuego hacía oscilar las velas de trinquete, las velas de mesana ahora también ardían allá arriba, varios de los maderos que cruzaban el palo mayor, los masteleros, habían perdido sus sogas  y colgaban de los cabos por sus puntas, ardiendo como carbones bajo las brasas. El calor sobre la cabeza de todos los tripulantes era insoportable. El cielo nocturno ahora estaba clareado por las llamas. Los cabos comenzaron a caer junto a trozos de velas y sogas como lluvia roja.
Jun preparó su siguiente flecha, apuntando directo a la hörige. El palo mayor crujió, el gran mástil comenzó a caer.



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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Pereza el Lun Mar 13, 2017 7:25 pm

__En medio de todo el tumulto en el que se había convertido el galeón, de pronto hubo un momento de calma. Una calma inquietante, más parecida al ojo de un huracán que a una tranquila tarde sin trabajo. Y a pesar de que solo duró unos instantes, durante éstos a Asha y, a juzgar por sus caras, muchos de los desconcertados tripulantes del navío, hubieran que se formara un segundo Foso allí mismo a seguir experimentando esa perturbadora sensación.
__Y así, una mareada repentina volvió a alzar la proa, rompiendo la angustiosa calma y trayendo contigo de vuelta la tormenta. El gigantesco barco comenzó a zarandearse ante el antinatural movimiento de las aguas, barriendo a la mayoría de tripulantes de un lado a otro mientras una criatura liquida de más de seis metros de altura se alzaba a estribor del barco.
__Asha, quién había salido rodando junto a los barriles que la resguardaban de la refriega, echa un ovillo tratando de proteger la calavera del no-muerto; solo alcanzó a ver un instante, alarmada por los gritos de varios marineros, la colosal figura del elemental de agua antes de ser arrollada por su embiste.

__Ya había tragado agua salada para llenarse el estomago y seguramente estaba siendo evacuada por encima de las barandas de babor cuando algo alcanzó a sujetarla por la capucha y una vez que la ola pasó la devolvió a la cubierta.
__-Me alegro de verla, señorita Daunar-pudo escuchar decir a la peluda criatura que le había salvado mientras vomitaba todo el agua que acababa de tragar tratando de volver a respirar-.Supongo que con esto ya quedamos en paz, ¿no?
-¡Y tú narrador! Que sepas que no pienso perdonarte el que me hayas obviado durante un turno entero.-
-Estas contando mi historia. ¡¡Mi historia!!-
__-¡Demonio!-exclamó la enana, aun tosiendo, cuando al fin identificó a su salvador-Nunca pensé que estaría agradecida de volver a verte.
__En ese instante, Asha se percató de que con el atragantamiento había acabado soltando la cabeza del caballero y de que ésta se alejaba rodando lentamente hacía las oscuras y heladas aguas, empujada por el liquido restante de la ola. Se abalanzó a recogerla.
__-No creó que eso sirva de mucho-exclamó el perezoso a ver que la enana trataba de proteger los restos del finado-Era un gran tipo y de verdad no era mi intención que acabará así, pero poco se va a poder hacer por él después de esa explosión, deberías aceptar que...
__-¡No! ¡Aun vive!-le cortó la enana mostrandole la cabeza que aun seguía riéndose entre dientes.
__El perezoso acercó  sorprendido su cuello a la cabeza para observarla mejor, de verdad no esperaba que siquiera un no muerto hubiera podido sobrevivir a esa explosión.
-Aunque parece que se ha vuelto loco...-
__Sin embargo, un gritó devolvió a demonio y enana rápidamente a la realidad. Los que habían resistido el embiste del elemental volvía a la batalla, mientras la criatura se alzaba de nuevo, ésta vez a babor.
__-Como sea, debemos de salir de aquí. Unos tipos estaban a punto de soltar uno de los botes cuando fueron sorprendidos por la ola. ¡Rápido sígueme!-exclamó el perezoso comenzando la marcha hacía la popa del barco.
__Asha un primer momento lo siguió pero, en un rápido pensamiento sobre la situación, volvió a pararse para echar otra ojeada a la cubierta. Nyxia seguía allí, junto con la otra ninfa y probablemente más personas inocentes que habían acabado metidas en ese  embrollo por casualidades del destino. Una vez más, la enana se vio paralizada entra la indecisión del miedo y lo correcto. Lo que el orgullo de su raza y su familia le pedían, y sin embargo no tenia el valor de hacer.
__-¡Daunar!-le llamó de nuevo el demonio al darse cuenta de que no le seguía. La vacilante mirada de la enana bastó para que éste comprendiera lo qué estaba pensado.-¡Por Ghadrakha! ¿¡De verdad!? ¡Daunar! Apenas sabemos si podremos salir de aquí nosotros con vida y  ya te la has jugado bastante tratando de salvar a los restos esos. ¿De verdad te la quieres jugar aún más por unas personas que ni conoces?
__Asha no consiguió articular respuesta ninguna, su cuerpo entero estaba bloqueado por el peligro de muerto y las dudas morales. El perezoso no le dió mucho tiempo de reacción, le agarró del brazo y la arrastró hasta el bote antes de que el elemental de agua se lanzase a la segunda arremetida.
__-¡Deberías poner en orden  tus prioridades! Agárrate a la baranda. Voy a cortar ésto a ver si la ola que genera el bicho ese nos da algo de ventaja.


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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Hemmi Chinaski el Lun Abr 03, 2017 4:52 am

El barco se mece al son de la bestial figura hecha de agua fría y espuma. Una figura sacada de algún tormentoso sueño de hidromantes. El fuego sigue ardiendo sobre nuestras cabezas, mientras en cubierta el agua se va filtrando por las tablas y lanza a la masa de marineros en contra de estribor. Es terrible ver cómo el agua puede hacer eso. De pronto fui muy consciente de que me encontraba sobre una cáscara de nuez a la deriva, y en llamas.

Los gritos, el elemental se alzó como una montaña por la borda, colocando sus pesados brazos en la baranda, haciendo que el galeón se hinque hacia él. Todos los hombres que en un principio parecían temibles piratas, listos para abrirme en canal, ahora no eran más que muñecos en el suelo por culpa del paso del elemental. Desde lo alto del castillo de proa pude ver todo eso, como una espectadora, una soñante. El corazón me golpea el pecho, se me dificultaba la concentración. Aquel monstruo me recordó la tortura a la que fui sometida en lo profundo de las bodegas, metida dentro de un barril de agua fría, esperando la muerte o algo peor. La pérdida de la libertad.

Pero me repuse, apretando los dientes y apretando los puños. Aún estoy de pie, y firme. En mis manos aún se desliza mi espada. Soy la chispa de luz en toda esta oscuridad.
Miré a esos envoltorios de carne que a duras penas podían mantenerse en pie por culpa del declive. Me lancé a ellos.
El Ardent era una bestia fiera y complicada. Quizá la repugnante bandera negra de huesos cruzados y calavera sonriente no estuviera en lo alto de su mástil, pero los asesinos que la llevan no eran muy diferentes de nosotros.
Oí gritar a uno de los marineros, era el primer acorde del coro nocturno de mi canción. Lanzó un sablazo a la altura del pecho para probarme, pero yo no tenía tiempo para sandeces, volteé mi espada y desdibujé su corte, hubo un choque, y luego me tocó atacar.
El primero de ellos no estaba preparado para una ninfa en llamas, danzando como una bailarina sobre tablas desniveladas. Mi katana se clavó en el costado de su cuello, en sus ojos se leía mi recompensa.
A veces la muerte es generosa.

Las velas eran una mancha amarilla y naranja brillando en medio de la noche, iluminando la oscuridad eterna como una antorcha, desvelando kilómetros de agua salada en todas las direcciones. El mar que nos rodeaba hervía de espuma blanca, lleno de hombres tratando de mantenerse a flote, hundiéndose en el agua para luego salir a flote más cansados, hundiéndose para no volver a salir más. Era como un infierno húmedo y voraz.

El segundo marinero intentó huir, enloquecido en su agonía, con una pierna cortada limpiamente por bajo la rodilla. Seguí su estela sangrienta y toqué su cabeza con mi mano, encendiendo su cabello en el acto.

El tercer hombre, estaba pálido de miedo. Temblando alteraba su mirada entre mi rostro y la cabeza flamígera de su compañero.
Pensé por un segundo en toda la pólvora que yacía bajo nuestros pies. Tanta como para desbaratar el barco, hacerlo añicos. Lionel, el mago y el albañil se encontraban tras el tercer marinero, mirándome como si tuvieran alguna oportunidad de zafarse de mi ira.
El tercer marinero soltó su espada y huyó por la escalera, corriendo tan rápido como pudieran darle sus piernas cansadas. Mi sombra lo cogió desprevenido, le cortó la cabeza con tanta furia que casi la separó de sus hombros. El cuerpo rodó por las escaleras, desmadejado como un títere viejo.

Ahora solo me restaban los últimos dos malditos que me encerraron en la bodega. El mago, y la nutria. Hubiera reído en ese momento, si mi risa resaca no sonara tan odiosa.


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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Strindgaard el Jue Abr 27, 2017 5:27 am

Una Hora Antes.

¿Por qué rayos me ha despertado a esta maldita hora almirante Tristón?
Capitana. Desgarbado ha encontrado algo que quizá le interese.
El cielo nocturno se encontraba despejado. Las lunas y su juego de colores salpicaban el negro mar, coloreando su oleaje grisáceo con pinceladas pesadas. En la oscura lejanía, un punto negro se recortaba contra el oleaje, algo imposible de notar para el ojo común, pero no para la vista especializada de la vigía apostada en lo alto de la cofa.
La capitana salió de su camarote con humor azaroso, y recorrió la cubierta con pasos largos y firmes. Llegó hasta cubierta, miró hacia arriba e hizo una seña a su vigía.
Desde el palo mayor bajó la vigía utilizando sus garras, dio un salto grácil y cayó junto a la capitana y el almirante. La figura antropomórfica, con cola, patas y rostro gatuno se acercó a ellos, levantó la mano a modo de saludo marcial y saludó a sus superiores.
¿De qué se trata Desgarbado?
Capitana. Almirante. Encontré un barco a estribor, diez grados norte, cinco oeste. —Hablaba con tono marcial, como todo un grumete del ejército—. Un galeón. Se mueve a unos doce nudos. Presumiblemente con rumbo a Esmeralda.
La capitana miró por sobre la baranda en dirección al noroeste.
Catalejo.
El Almirante trajinó sus ropas y le puso la pieza de bronce en la mano verde de la capitana, ella estiró la pieza y miró por el ojo de vidrio. No logró ver apenas nada, pero debía mantener las apariencias. Era la capitana.
Bien. Muy bien. —Cerró el catalejo. Conocía el avezado ojo de la gata, nunca fallaba. Sonrió con malicia—. ¿A qué distancia estamos?
Unas cincuenta leguas. —Respondió la vigía rápidamente.
Como mucho los alcanzaremos en unas dos horas si colocamos a Silencioso a soplar las velas. —Añadió el almirante.
Será en una hora. —Respondió mordaz la orca—. Despierta a todos. Que Tam-Tam comience a tocar su tambor, pongan a los esclavos a remar. —Los ojos de la capitana destellaron—. Hace más de dos semanas que no saqueamos ningún barco. Los muchachos se podrán contentos.




El incendio en las velas envolvía todo con sus rojas alas, los cabos, trozos de vela y sogas caían a cubierta envueltas en llamas mientras los marineros que aún no habían pasado por entre los barrotes de la baranda hacia el mar se trataban de zafar de la muerte como podían.
La ninfa había hecho un trabajo espléndido.
El galeón brillaba en medio del mar, como una vela encendida en la gran oscuridad del océano. El elemental de agua rugía mientras se elevaba nuevamente hasta alcanzar los más de tres metros de altura, esta vez por el otro costado del barco. Sobre cubierta, Clementine lo llamaba a terminar su trabajo.
En medio del caos, el demonio de Ghadrakha luchaba con el último cabo que mantenía uno de los barcos de emergencia atados a las grúas. Cuando lo consiguió, la pequeña embarcación comenzó a descender a medida que iba soltando la cuerda. Al encontrarse en babor, no podían ver al elemental alzarse, y solo podían rezar porque no fuera a caer de nuevo sobre el galeón.

Arriba del castillo de proa la exina había cesado con las vidas de varios buenos hombres de mar. Y aún estaba sedienta de más.
A unos metros de ella, el mago del cuerno había terminado su hechizo. Mumrik lanzó algunas palabras al viento y en un parpadeo, su cuerpo ya no fue más el de un humano, sino el de un caprino demonio de largas orejas y roja piel. Su cuerpo se asemejaba a un sátiro y el cuerno en su frente se había vuelto negro. Más allá el carpintero también había perdido su humanidad, pero envuelto en su capa, mantuvo su verdadera imagen escondida.
Varios de los marineros que se encontraban luchando por mantenerse sobre la cubierta, y otros tantos que flotaban en el frío mar, habían perdido sus máscaras, y sus rostros demoniacos habían aflorado como si de un carnaval dantesco se tratara.
¡Buscad al Perezoso, malditas criaturas! ¡No tengan miedo! —Rugió Strindgaard, quien abrió sus alas y emprendió el vuelo para buscar desde el aire a aquel vástago de la podredumbre.
Lionel golpeó con su bastón el suelo del desbaratado camarote del capitán, seguía siendo nada más que una nutria, pero ahora su rostro se había ensombrecido. Miró a la ninfa y más allá, al demonio que habitaba la sombra de la mujer, el cual se había desdibujado para dejar ver su verdadera faz: Un enorme y fiero demonio de Rhaggorath.
El potingue alquímico de nuestro cocinero sigue en su sistema. Si quieres… —Comenzó a decir el mago a su compañero.
No —Lo atajó Lionel—. La prefiero bien despierta.

En cubierta el elemental ya estaba listo. Clementine se mantenía estoica en medio de la cubierta, con sus ojos brillantes como dos zafiros. Un par de sogas habían caído cerca de ella, como serpientes flameantes. La mercader llegó a su lado y apagó el fuego con la bota.
¡Ahora Clem! —Le chilló empapada—. Terminemos con esto.
La hörige movió la boca sin emitir sonido alguno. El elemental movió sus brazos titánicos y se lanzó nuevamente por la cubierta.
El estruendo del agua golpeando las tablas hizo crujir todo el galeón. Desde arriba, el demonio alado vio cómo su barco se mecía como una cuna. Abajo, la ninfa se preparaba para luchar contra Lionel, quien aprovechando el caos, se lanzó manteniendo toda la distancia que podía darle su bastón para evitar la espada de la mujer de fuego. Acostumbrado a las turbulencias del mar, corrió manteniendo el equilibrio sin problemas. Cerrando cada vez más las distancias, saltó e hizo el amago de golpear la cabeza roja de la mujer, pero el bastón cayó directo al pie desnudo, con todo el peso de la nutria, reventándole el pulgar derecho.

El elemental se deshizo sobre cubierta, el agua corrió de lado a lado con la fuerza del puño de Dios, cayendo como una cascada por babor.
El Perezoso y su compañera enana se encontraban a punto de besar la superficie del mar cuando la ola cayó sobre ellos, inundando el bote. El peso del agua cortó una cuerda y luego la otra producto del peso. El navío de emergencia cayó pesadamente sobre el mar con la punta de proa hacia el frente, como una flecha, hundiéndose en el acto.
Tanto la enana como el demonio salieron a flote, pero ya no les servía de nada el barco, el cual se comenzó a hundir sin remedio en el oscuro mar.
La cabeza del no-muerto flotó como madera de naufragio, con los ojos bien abiertos y la boca llena de agua. Flotando alrededor del costado del barco, también se hallaba la dríade, y la desafortunada divium, que no había alcanzado a emprender el vuelo al caer la segunda ola.

¡Hombre al agua! —Se oyó desde lejos.
Ocupados en sobrevivir, la gente en el Ardent no había notado el peligroso acercamiento de un ancho balandro. Un pequeño navío esbelto y veloz, con dos mástiles negros y seis velas triangulares teñidas de igual color, que en todo su ancho se perfilaban como dagas en medio de la noche.
Recojan los remos. No quiero que vayan a estropear la mercancía. —Siseó la capitana mirando por la baranda hacia el mar pululante de tripulantes caídos.
¡Recojan los remos! —Chilló el almirante.
Acto seguido, las dos docenas de largos remos en cada costado del barco fueron recogidos por los esclavos (en su mayoría humanos)
situados a los costados de la cubierta en filas de tres. Sentados en viejos bancos y amarrados por una gruesa cadena que iba de cuello en cuello, para luego caer al ancho pasillo de en medio hasta una argolla. Sus ojos apagados miraron hacia arriba, a la baranda del Ardent, que se erguía por casi dos metros sobre ellos.
Los más de veinticinco piratas del balandro, entre ellos humanos, antropomorfos de diferentes especies, dos altos orcos y un puñado de extrañas especies, tenían sus armas listas y preparadas. Solo hizo falta el silbido de su capitana para que los ganchos comenzaran a saltar desde sus brazos hacia la cubierta del Ardent.
Silencioso, termina con ese fuego.
Si el arquetipo del mago existía, Silencioso era la personificación de aquello. Con sombrero puntiagudo, toga y bastón, un humano de casi dos metros de altura se acercó hasta la proa del balandro para tener una mejor posición.
Sus ojos eran de un verde lechoso, y su boca una línea fina. Su piel blanca a juego con su albino cabello y barba bien recortada, se vio expuesta cuando se remangó los puños de la toga gris para efectuar el hechizo. No porque fuera necesario, sino porque le gustaba ensalzar su actuación.
Con solo una palabra, el hechicero comenzó a crear una fuerte brisa, que como dedos se fue enredando en el incendio que era el velamen. La brisa comenzó a tomar el carmín de un ventisquero, el cual se fue llevando poco a poco las llamas, hasta extinguirlas.

La oscuridad reinó en la cubierta del Ardent. Los piratas, con espadas, arcos, mazas, hachas y pistolas en mano, como ratas se distribuyeron por todo el barco, ávidos por los tesoros que escondía. Saqueando todo a su paso.
Sobre la cubierta hallaron a la hörige exhausta y a su ama, quienes al verse ante tan grande desventaja en número, se rindieron de inmediato. Pero no así la orca, quien mató a un pirata en el proceso de liberarse, y otro más intentando zafar a su ama de tamaño aprieto. Pero las personas del balandro no estaban para juegos, y una descarga de plomo y pólvora le atravesó el pecho antes de que causara más problemas.
El chasquido del disparo atravesó la noche como el gruñido de un monstruo. Avisando a todos sobre y bajo el Ardent de lo que eran capaces de hacer los piratas.
En el destrozado castillo de proa se encontraron con la pelea de la exina y el antropomorfo, y en vez de intervenir, comenzaron a apostar rápidamente por quien iba a ganar. Si bien iban a perder a un esclavo en potencia, sería más fácil someter a un vencedor cansado que a dos contendientes con todas sus energías.
En el castillo de popa encontraron a un asustado muchacho arrodillado y con las manos en alto. Frente a él había un arco y un carcaj con un par de flechas.
¡Soy sólo un grumete! —Dijo al borde de las lágrimas. Los piratas lo alzaron de un brazo y lo inmovilizaron al igual que al resto de marineros que se encontraba en condiciones de caminar.
Abajo, el agua filtrada había mojado la pólvora que de los cañones, pero no había afectado la carga inferior. Los piratas terminaron de recorrer todo el galeón, tomando prisioneros a todos. Solo un alma se salvó. En lo alto del palo mayor, amparado en la negrura de la noche y enfundado en su capa negra, Strindgaard veía todo lo acontecido, descorazonado. Sin poder hacer nada.

Quienes se encontraban en las frías aguas fueron subidos al balandro con la ayuda de varias escaleras de cuerda. Y tanto los demonios que estaban en el agua como los que se hallaban en cubierta fueron pasados por la espada o matado a tiros.
A medida que iban subiendo al barco, y bajo las atentas miradas de piratas armados con arcabuces, eran atados por las muñecas y dejados de rodillas sobre la cubierta.
Interesante, una dríade. —Dijo el Almirante con su voz profunda, cuando se hubo rescatado a toda la gente del mar, en total no más de siete personas, entre ellas la enana, la divium y la ninfa—. He oído que poseen muchas habilidades, incluso lejos del bosque. Será mejor que le tapen la boca para que no pueda invocar nada.
Se venderá bien. —Dijo la capitana.
Pasó su verde mano por la cabeza empapada de la ninfa, en un acto que se asemejaba más a la avaricia que a la lujuria.
El último en subir por las escaleras fue el Perezoso.
Mira, un pariente lejano —Dijo la capitana al Almirante, pensando en que se trataba de un antropomorfo.
Es el último. —Dijo un pirata.
Rápidamente comenzaron a enlazar los brazos de la criatura, la cual, luego de haber sufrido también del hechizo de Mumrik, no podría escabullirse como hubiera hecho antes en el camarote de Decken.
El Almirante, muy lejano a un perezoso, mostró los dientes en lo que parecía ser una sonrisa forzada. Su lupina cabeza, su peludo cuerpo, orejas puntiagudas, cola y patas fuertes, era por mucho lo más distante a un perezoso.

Por las mismas cuerdas que utilizaron para embarcar, uno de los piratas, se devolvió al balandro tan apresurado, que sus manos se despellejaron al cruzar por el cáñamo.
¡Mi capitana! ¡Mi capitana! ¡La bodega está llena a más no poder! ¡Hay barriles por todas partes, por todas partes! ¡Más de cincuenta, más de cien! —La voz del joven pirata estaba llena de júbilo.
Calma crío. ¿Los revisaron? ¿Qué tienen?
Son muchísimos. Solo abrimos unos pocos, y al parecer todos tienen pólvora. Pólvora negra.
Los ojos de la capitana centellearon junto con toda su compañía de bucaneros.
¡Pequeñines! ¡Pequeñines! —Gritó abriendo los brazos—. ¡Esta noche será digna de recordar por muchos años! ¡Somos ricos!
El grito que recorrió el balandro fue seguido por los piratas que se encontraban todavía en el Ardent. Solo los esclavos (los antiguos y los nuevos) no se unieron al vitoreo.
Capitana. No podemos cargar todo eso nosotros. —Dijo el almirante. La orca se lo llevó a un costado para hablar con él. Se situó al lado de la pequeña bestia que asemejaba a un perezoso y había pasado desapercibido como demonio.
Es un maldito galeón. —Le dijo a su lupino almirante—. Sus dueños debieron prever la pérdida del velamen. Que busquen en sus bodegas, reemplacen todo y larguémonos.
Muy bien, pero ¿qué haremos con los esclavos? No podemos ir a venderlos y también acarrear el galeón. Quiero decir. No podremos vender la carga en Albión, debemos viajar lejos. Quizá a los archipiélagos.
¿Qué sugieres? —Preguntó ella, con falsa intriga.
El Brisa del Sur es rápido, no cabe duda. Podríamos ir a Albión con los nuevos esclavos y volver con las ganancias en una semana.
¿Dividirnos? Por ningún motivo. No confió en nadie para esa labor. —El almirante la miró inquisitivo—. Sobre todo, no confió en ti Tristón. Viejo lobo. —Soltó la orca. Le puso una mano en el hombro—. ¿Alguna otra opción?
Los podríamos pasar por la espada —Respondió el antropomorfo encogiéndose de hombros—. Si es verdad lo de la bodega. No necesitaríamos las pocas monedas que nos darán por ellos.
¿Y perder dinero? —La capitana soltó un gruñido—. Ponle grilletes y cadenas a cada uno de ellos, que tengan miedo. Pregúntales si tienen familia que pueda pagar su rescate. Toma los barcos de rescate del galeón y llévalos hasta Puerto Viejo.
¿A Esmeralda?
Hacia allá se dirigía el galeón. Si conocen a alguien debe de ser allí. En último caso, en Puerto Viejo podrás venderlos como servidumbre o mano de obra. Ganaremos menos que en Albión pero será suficiente.
Así será capitana.

Cuando las cadenas estuvieron puestas en su sitio, los antiguos tripulantes del Ardent se encontraron amarrados en la proa del barco. Encadenados el uno al otro por una larga cadena que se unía por un grillete en el cuello.




Amanecía. El balandro llamado Brisa del Sur se hallaba lleno de bullicio y excitación.  En el Ardent había comenzado el trabajo sobre los altos postes, el que consistía en reponer madera, cabos y velas.

En el balandro, la capitana salió de su camarote y caminó altiva por entre las filas de remeros. Apartó de una patada al esclavo más cercano para poder apoyar su bota puntiaguda en su banco y sonrió a los recién apresados, con el brillo del oro entre sus dientes.
Era una orca alta, de rasgos afilados como los de un halcón, con una cicatriz del color del pino que le cruzaba una mejilla y el cabello enmarañado sujeto en una coleta. Su atuendo era una combinación chillona de las vestimentas menos prácticas de una docena de culturas: camisa de seda con brocados en los puños, chaquetón de cuero negro con piel de armiño en el cuello revuelto por la brisa, un guante rojo sin dedos en una mano, y la otra cargada de anillos. Un cinturón plateado tachonado de rubíes cuya punta bañada en oro aleteaba junto al puño de una espada curva, que pendía en su cadera.
¡Pequeñines! ¡Pequeñines! —Exclamó a los prisioneros con el puño lleno de anillos pegado al pecho por la emoción—. ¡Es un gran honor para mí haberlos hallado! ¡Mi nombre es Shadikshirram, y soy vuestra capitana y captora por lo que resta de viaje! ¡La reciente noche yo y mis hombres hemos hallado grandes beneficios por parte de su galeón! ¡Por lo que les doy mis más profundos agradecimientos!
Los piratas sobre el balandro rieron, la capitana se les unió por un momento para luego proseguir:
¡En instantes serán llevados hasta Esmeralda! —Dijo en voz alta para que todos la oyeran. Los barcos de
emergencia que se habían mantenido intactos estaban listos para ser cargados—. ¡Pero al menos que no paguen su rescate, me veré en la obligación de pagarme con su libertad!

Con una sonrisa entre los dientes esperó a que los presos alzaran su voz.



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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Pereza el Mar Mayo 16, 2017 9:38 pm

__-Puff...-bufó el perezoso, molesto.
__-¿Te ha hecho gracia algo, Perezoso?
__-La maldita enana esta de aquí.-exclamó de forma despectiva-Lleva todo el viaje hablando sobre el alijo secreto que tiene su difunto hermano bajo los tablones de la cama, allí en Esmeralda. Parece que la muy asquerosa se va a poder salvar después de haber armado tanto follón.
__-¿Pero de qué estás...?
__-¿Es eso cierto, señorita enana?-intervino la orca antes de que la enana pudiera terminar su frase, o siquiera asimilar lo que estaba haciendo el perezoso.
__-Eh... un momento, ¿¡Cómo sa...!?-la mente de Asha no conseguía asimilar lo que estaba pasando.
__-Ya lo creo que es cierto, la oía relamerse sobre el asunto en su camarote
__-Comprobaremos si es cierto o no. ¡Lleváosla, muchachos!-al instante, unos marinero separaron a Asha del resto de prisioneros y se la llevaron hacia los botes.-¿Alguien más considera que puede pagar por su rescate? ¿Qué dices tú perezoso? ¿También tienes dinero escondido bajo una cama?
__-¡Ojalá! Yo soy tan pobre que no pude ni pagarme el pasaje. Me subí escondido entre las mercancías. No creo que ninguno de estos me haya siquiera visto hasta ahora.
__Las miradas de odio de los tripulantes del Ardent se clavaron en Pereza según les apunto con la cabeza al decir esta frase, el demonio no pudo evitar sonreír.
__-Muy bien, habrá que creerte. Si nadie tiene nada más que añadir, entonces todos serán vendidos como esclavos. ¡¡Andando!! ¡A los botes!
__Poco a poco, los hombres de La Brisa del Sur fueron llenando y echando al agua todos y cada uno de los botes que quedaban en el Ardent con sus antiguos tripulantes, todos ellos. Allí estaba la comerciante y su hörige guardaespaldas; Rott, el cocinero; así como la ninfa, la divium, el perezoso y la enana. Parecía que, salvo esta última, todos serían vendidos como esclavos, y la idea no sonaba tan mal si les permitía abandonar de una vez por todas esa fatídico viaje en alta mar.
__Sin embargo, el ultimo bote se lleno y uno de los piratas avisó:
__-¡Hey! Aun faltan dos!
__-Aquí no caben más. Busca otro bote.
__-Este es el ultimo, y aun quedan dos. ¡Capitana!
__-¿Qué pasa ahora?
__-No caben todos los prisioneros. Este es el ultimo bote y aun quedan estos dos. ¿Los dejamos y los vendemos en el archipielago o qué?
__-No estos estan fuertes, se venden bien.-la orca repasó los prisioneros que iban en el ultimo bote con ojo critico-Muy bien, sacad a ese crio y al perezoso, son los que menos estorbaran y por los que nos pagarían menos.
__-¡Ya lo habeis oido, renacuajo, peludo, abajo!
__-¡Eh! Un momento...-fue a protestar el demonio.
__-¡Eh jefa! Podríamos poner al bichejo este a bailar, seguro que sería gracioso.
__-Haced lo que queráis con él.


Fin del comunicado
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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

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