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Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Strindgaard el Miér Mayo 17, 2017 9:34 pm

Los vientos del este mecían lentamente al galeón y el balandro, quienes separados apenas por unos tres metros, mantenían escaleras de cuerda entre sus costados para que los piratas pudieran moverse con holgura entre barco y barco. Los trabajos sobre los palos del Ardent mantenían al grueso de la tripulación del Brisa ocupada, y tanto la capitana como el almirante supervisaban que todo avanzara rápidamente. Los hombres de Shadikshirram utilizaron todo lo que tenían a mano para reconstruir las vergas de los mástiles de trinquete y mayor, usando maderas de distinta calidad y grosor, dándole forma con hachas y uniéndolas a golpe de clavo y martillo. Incluso habían tenido que sacar un par de tablas de la cubierta del balandro e improvisar con ellas para poder terminar con el mástil de  mesana, que era el que estaba en el peor estado. Metros y metros de soga estaban esparcidas por sobre la cubierta del galeón, mientras un puñado de piratas las desenrollaba y anudaba, armaba poleas, cortaba los tramos dañados y volvía a anudar, dando forma a los aparejos que irían pronto sujetando las velas de repuesto, que como monumentales sábanas de color amarillento, estaban extendidas en todo su ancho para poder ser bien revisadas antes de ser puestas.
Mientras tanto, en las entrañas del galeón, el último demonio que quedaba de la tripulación original, se paseaba por toda la bodega haciendo girar un gran barril, vertiendo su contenido por todo el suelo. Luego de haberlo vaciado, cogió un barril más pequeño, abrió la puerta y comenzó a regar su negro contenido por el pasillo hasta la escalera, y luego arriba, y más arriba.

La ninfa de fuego ya no se encontraba allí. Y quizá fuera por misericordia que seguía viva. Luego de ser reducida y empapada, fue puesta en uno de los abarrotados barcos de emergencia antes de que causara más problemas. Y a cambio, habían quedado abajo el joven grumete y el Perezoso.
Sobre el balandro no había más que dos piratas, uno flaco y alto, de hombros caídos, y callado. El otro era bajo y un tanto gordo, y en sus ojos destellaba la picardía y la locura. El alto estaba encargado de supervisar que los esclavos cumplieran sus funciones, y además de sus armas portaba un largo látigo de cuero trenzado. Con una mirada severa sobre los dos nuevos, les había dados ordenes de inmediato para ponerlos a trabajar.
En el Brisa ningún condenado esclavo descansará mientras esté de guardia. Tú, mocoso, ponte a trapear la cubierta. Y tú, bola de pelo —El pirata barrió la mirada por la cubierta, realmente no había mucho más que hacer—… Sacarás los percebes del casco.
Debemos encadenarlos, Roger. —Dijo el pirata gordo a su compañero—. Sí, encadenarlos por el peshueso. —Repitió con una sonrisa.
Baja a buscar una bola y cadena a la bodega entonces, Mimir.
El pirata gordo bajó por las escaleras dando pasitos cortos y rápidos, mientras el otro ponía en la mano del crío un palo de madera atado a una estopa para trapear el suelo.
Ahora, peludo, te ataré a una cuerda al cuerpo y te tiraré por la borda. Pero no tengas miedo, si no te mueves mucho no caerás.
El pirata comenzó a atacar por la cintura al Perezoso, dando la espalda al grumete.

Lo siguiente sucedió en un parpadear, el palo en las manos del grumete se partió y astilló, y una de sus afiladas puntas entró por la espalda del pirata alto. El Perezoso quedó con un nudo a medio atar en su cintura, y el cuerpo del pirata malherido tenido frente a sus pies. El grumete de pronto ya no estaba ahí, y era la mismísima Shadikshirram quien remataba con el otro trozo de madera en el cuello al pirata, dejando la estopa como una bandera clavada en una tierra recién conquistada.
La orca no perdió el tiempo, y tomó del cuerpo del pirata muerto su pistola y espada. Los pocos esclavos que no estaban durmiendo o descansando en sus asientos, observaron la escena con ojos desencajados, mientras la voz se les había perdido en la garganta.
¡Pequeñines! ¡Pequeñines! —Gritó la orca para despertar al resto de ellos—. ¡Tiempo de partir! ¡Muevan sus sucios culos, doce grados al noroeste! —Los remos comenzaron a salir por los orificios y entraron en el mar. La orca corrió hasta las escaleras de soga que unían a los barcos y las cortó golpeando en diagonal con la gastada espada las sogas. El Brisa del Sur lentamente se comenzaba a mover.

El segundo pirata salió a la cubierta cargando dos trozos de cadena rematados en una sucia y oxidada bola de hierro. Miró alrededor de la cubierta y se encontró de frente con la orca.
Mi capitana —el pirata sonrió—. Voy a encadenar al bailarín y al muchacho.
Muéstrame esta cadena. ¡Maldición! Parece tener un eslabón suelto.
El pirata le tendió una de las cadenas, la pirata la sujetó por el extremo opuesto a la bola de hierro y la hizo oscilar un par de veces con bastante fuerza, cogiendo una buena velocidad.
El obeso pirata observaba con una sonrisa nerviosa, la bola y luego el rostro de su capitana.
Mi señora Shadikshirram, ¿qué está hac..? —Entonces la bola, al igual que una maza formó un ángulo por sobre la cabeza del pirata y se estrelló en su frente, llenando de sangre la cubierta y el rostro del doppelganger.
Los esclavos comenzaron a gritar, entre asustados e impresionados. Varios dejaron de remar. Los gritos se oyeron por sobre el oleaje, avisando a la nueva tripulación del Ardent lo que sucedía.
¡Nadie les ha dicho que dejasen de remar, malditas bestias! ¡Al que sorprenda sin mover los brazos SE LOS ARRANCARÉ CON MIS MALDITOS DIENTES!
Era quizá el miedo de llevar años bajo las órdenes de su esclavista, lo que hizo que los cansados hombres atados a los remos regresaran a trabajar, ahora con excesivo empeño.

¡DETENEOS MALDITAS BOÑIGAS! ¡DEJAD DE REMAR AHORA MISMO! —Se pudo oír desde arriba de la cubierta del galeón. Los esclavos miraban alternadamente a su capitana sobre la cubierta del Artent y luego sobre la cubierta del Brisa del Sur.
Si dejan de remar les cortaré la nariz —Dijo el doppelganger que vestía la piel de Shadikshirram—.  Y luego las orejas solo por gusto. Recuerden cual espada está más cerca de ustedes en este momento.
De pronto comenzaron a llover disparos sobre la cubierta del Brisa del Sur desde el Ardent, uno alcanzó a un esclavo que murió inmediatamente y quedó ahí mismo sentado entre sus compañeros. Otro destruyó la cubierta, a unos dos metros de donde estaba el doppelganger.
¡NO DISPAREN! ¡QUÉ A NADIE SE LE OCURRA DAÑAR MI BARCO! —Se oyó desde el Ardent, y los disparos cesaron.
El balandro no perdió velocidad en ningún momento, mientras que el Ardent iba quedando atrás poco a poco. Los escasos diez metros que los separaban en ese momento ambos barcos serían fáciles de cubrir a nado, pero los pocos piratas que osaron lanzarse al agua, al llegar a su navío apenas y lograron hacer algo antes de terminar ensartados en la espada del doppelganger.

¡QUIERO QUE PONGAN EN MOVIMIENTO ESTE MALDITO GALEÓN AHORA MISMO! —Aulló la capitana desde la cubierta del Ardent.
Pero, mi capitana. Ni siquiera tenemos listos los maderos, ni los cabos para atar las velas, no podremos poner en movimiento el barco
Shadikshirram agarró del lomo a su almirante, y lo hizo caminar por la cubierta mientras el lobo gemía asustado por la rabia de su capitana.
¡MALDITO INÚTIL, DEBISTE SALTAR JUNTO CON LOS DEMÁS CUANDO MI BARCO AÚN ESTABA CERCA!
Rugió antes de lanzar a su almirante por la borda. La orca comenzó a patear y golpear la baranda, hecha una furia. Finalmente se calmó poco a poco. El Brisa del Sur ya estaba a unos veinticinco metros de distancia, moviéndose con el viento hacia Esmeralda.
Saquen a Tristón del agua.
Los piratas lanzaron una cuerda por la borda. La orca puso una mano en la baranda y la acarició. El Ardent era un hermoso barco después de todo. Mucho más grande y lento que el balandro, pero si bien no podría practicar la piratería sobre él, si lo vendía junto con toda la mercancía que cargaba, ¿por qué habría de seguir practicando la piratería?
El Brisa estaba ya a unos treinta metros de distancia.
¿Los cañones están funcionando? —Preguntó a su mojado almirante.
Sí mi capitana —Contestó este mientras tosía.
Hundan el balandro.





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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Pereza el Mar Jun 13, 2017 3:47 am

__El demonio de Ghadrakha observaba la escena confuso. Su mente no era capaz de encontrar un sentido logico a que siguiera con vida, el tipo que le había salvado era uno de los marineros del Ardent, estaba armado y habia atacando cuando él estaba indefenso, podría haberlo matado sin miramientos, pero no lo hizó. ¿Qué es lo que quería de él? ¿Puede que le hubiera pasado por algo sin darse cuenta? ¿Si se movía le atacaría?
__El tipo había cambiado de forma ante sus ojos y se había hecho con el control del barco, ahora acuchillaba a todo el que se acercaba demasiado al barco mientras este emprendía su huida impulsado por los remeros. Y Pereza estaba allí quieto, observándolo todo, tratando de asimilar lo que acababa de pasar.
__La primera resolución a la que llegó es que no importaba por qué no le había matado, ese tipo iba a hacerlo en algún momento, trataría de usarlo de alguna manera y luego mataría, tenía que cargárselo antes de que eso pasase. ¿Pero cómo? No podía atacarlo, si se acercaba probablemente acabaría ensartado como esos que trataban de trepar por el casco. Observó alrededor, buscando algo, decidió dirigirse hacia a las escaleras que llevaban al castillo de popa, para usarlo como vía de huida en caso de necesidad.
__Mientras se acercaba, reparó en los faroles que colgaban de éste. Eran de las cosas más alejadas al arma ideal, pero podría lanzarselo en caso de necesidad y si acertaba puede que hasta se le rompiera en la cara y se el golpe no era suficiente quedara cegado con los cristales.

__Estaba ya apuntando hacia la cabeza del tipo, tratando de cuadrar el angulo y la fuerza necesaria para alcanzarla cuando el asalto de nuevo la duda. ¿Por qué no le había matado? ¿Sería realmente necesario arriesgarse a atacarle?.
__-Esto...-alzó la voz el perezoso, pero fue cortado por el grito de otro marinero que acabó con el sable del doppelhanger en el pecho y cayó al mar-¡Se... señor o señora cambiaformas! No quisiera importunarle pero, ¿por qué sigo vivo? No es que tenga inconveniente en ello, pero ya sabe... no lo acabo de comprender...
__Jun levantó la vista por encima de su hombre al darse cuenta de que el Pereza le habla.
__-Estabas con nosotros en el Ardent, ¿verdad?-respondió el doppelhanger-Puedo oler tu lazo con el Foso, demonio. ¿Qué te dijo Decken sobre la misión? ¿Qué hacías en el galéon?
__La respuesta sorprendió en sobremanera al de Ghadrakha, a quién la posibilidad de que le hubiera confundido por un aliado no se le había ni pasado por la cabeza. Si no hubiera sido un perezoso, probablemente su expresión le hubiera delatado.
__-No sabía que teníamos un cambiaformas, creí que estabas con los pasajeros. -se apresuró a decir Pereza, bajando la lampara y acercándose lentamente hacía Jun-Yo soy solo un peón, uno de los nuevos.
__El imponente semblante de capitana orca de Jun no cambió ni pronunció ninguna palabra durante los siguientes instantes que fueron un suplicio para pereza, quién, tras su estado de confusión absolutos de unos momento atrás, temía que su mentira fuera descubierta.
__-Anda, dime que quieres que haga, o dame un arma o algo.-añadió el perezoso para poner fin al horrible silencio que le consumía.
__-¿Puedes navegar este trozo de madera?-respondió finalmente Jun, poniendo fin a la tensión sobre Pereza. El doppelhanger veía como poco a poco el barco comenzaba a tomar velocidad al ritmo de los remos y los últimos piratas que nadaban hacía ellos quedaban rezagados sin conseguir alcanzarlos-Necesito alguien en el timón.

__El perezoso atendió la petición de su nuevo compañero provisional y comenzó a subir los escalones hacia el timón. No tenía la menor idea sobre barcos, pero confiaba con que manejar el timón fuera tan facil como girarlo en la dirección que se quiere y no dejar que se mueva solo. Mientras tanto, la capitana, o más bien, la imagen de ella, paseó la mirada por entre los esclavos en los remos.
__-Será imposible tocar el puerto sin que haya una docena de guardias esperándonos. Nos creerán piratas.-exclamó, pensando en voz alto. Luego dirigió su mirada hacia el peludo-¿Cómo permaneciste oculto todo este tiempo? He podido olerte en varias ocasiones, pero nunca te vi.
__-Puedo variar mi tamaño y se me da bien esconderme eso es todo.-respondió quitandole hierro al asunto-No debería ser dificil encontrar alguna playa o cala sin vigilancia en la que poder desembarcar, y ya luego trateremos de reunirnos con los demás
__-He viajado algunas veces ya a Esmeralda, pero nunca hemos desviado el rumbo. -La orca comenzó a otear el sol y luego miró a su espalda, para ver cómo se encogía el galéon tras de ella-. Bajaré a ver si tienen algún mapa.
__Jun estaba a punto de internarse en las profundidades del barco, cuando un luz acompañada de un estruendo captó la atención de él, del perezoso y hasta de los temerosos remeros. Al dirigir la vista atrás, todos pudieron ver como el Ardent estallaba en mil pedazos.


Fin del comunicado
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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Strindgaard el Vie Jun 23, 2017 8:47 am

El Ardent había sido el hogar de Strindgaard por más de un año, y ahora estaba a punto de hacerlo estallar.
Sus tablas eran el cofre donde guardó cientos de buenos recuerdos, porque, a pesar de que los demonios están destinados a ejercer el mal, eso no les detiene a disfrutar de los buenos momentos. Y el joven demonio ahora los regaba de pólvora con una resolución que hubiera sido la envidia de un sacerdote. Estaba decidido. No permitiría que por ningún motivo alguien se hiciera con el galeón, y mucho menos un atajo de piratas despreciables. Sabía que no podría enfrentarse a todos ellos, el barco estaba perdido, pero al menos se lograría vengar. Y la venganza es algo importante después de todo. Después que se pierde todo.

Terminó de voltear un barril pequeño en donde guardaban las demás reservas de pólvora para disparar los cañones. Cogió a Senzo y le acarició el lomo.
Equipaje, si te lo tragas, lo siguiente que te comerás será un cañón y un pasaje directo al fondo del mar.
El arcón parecía no llevarse muy bien con el gato atigrado del capitán. Pero había llegado el momento de hacer las paces. Abrió su tapa lentamente, en su interior había unas cuantas pertenencias del demonio, como mudas de ropa y unos cuantos artefactos. El Equipaje a veces también las hacía de equipaje.
El gato entró en la boca del mímico, bastante molesto, pero no quedaba de otra.
Ahora solo necesito cerillas. Y algo de vino.
De pronto se oyeron pasos en la escalera.


Shadikshirram miraba con frío cálculo la distancia que iba tomando su ya no tan valioso balandro. Apretaba los dientes con fuerza al pensar lo que sus piratas dirían de ella a sus espaldas. Un capitán perdiendo su propio barco, ¿existe algo más humillante?
Se asió a la baranda con tal fuerza que sus puños se tornaron de un verde claro como la hierba en primavera.
¿Dónde están esos cañonazos, Tristón? —Vociferó—. El Brisa del Sur está comenzando a tomar velocidad. Y si no logran hundirlo, te juro que serás el nuevo mascarón de proa de este galeón.
El almirante tragó saliva.
Iré personalmente a averiguarlo, mi capitana. —Dijo con voz algo quebrada.
El almirante redobló el paso cuando pensó que nadie le miraba, y bajó las escaleras corriendo.
¿¡Por qué mierda no han disparado los cañones?! —Rugió en cuanto llegó a la sala. Pero no había nada.
Nada más que un reguero de pólvora y sangre en el suelo.

Tristón miró hacia la escalera, lo mejor sería subir y pedirles a algunos piratas que lo acompañasen, pero el Brisa se alejaba con cada segundo, y eso no era bueno para él. Se giró, sacó la pistola de su funda y caminó hacia el interior de la sala.
¿Muchachos? —Se aventuró a preguntar.
La pólvora iba de las escaleras, pasaba por encima de las velas que no habían sido usadas para reparar, varios montones de sogas y terminaba entre varios barriles. Allí, a lo lejos, un ruido como de arañazos hizo que el almirante alzara sus orejas. Apuntó.
De pronto un gato salió a toda velocidad corriendo hacia él. Su mano preparó el gatillo de acción de su pistola pero se contuvo. El rubio felino se acercaba raudo, y detrás parecía seguirle algo cómo… ¿una caja con patas?

Lo demás sucedió no tan rápido como uno suele imaginar los hechos violentos, de hecho, el almirante hubiera podido disparar con toda tranquilidad al gato o la caja, pero la impresión de ver tan atípica situación lo dejó descolocado.
El gato pasó por debajo de sus piernas, la caja llegó hasta sus pies. La tapa se abrió y un montón de ropa, botellas de vino y cachivaches saltaron, junto con una larga lengua de color caoba que sujetó su muñeca, desviando el disparo.

¿¡Qué MIERDA PASA AHÍ ABAJO!? —Chilló la orco—. ¡QUIERO ESOS CAÑONES AHORA MISMO!
Los piratas que se encontraban en cubierta sin hacer nada más que mirar chocaron entre ellos al intentar llegar todos a la vez a la escalera que descendía. Entonces vieron cómo se asomaba el tronco de alguien por las escaleras. Ese alguien era bastante parecido a un demonio. Llevaba un barril pequeño con una mecha ardiendo sobre su cabeza. El barril saltó de sus manos y rodó hacia ellos, el demonio regresó abajo por las escaleras.
¡Cuidad..!
Una espectacular explosión devino casi de inmediato. Algunos piratas gritaban con sus ropas a medio chamuscar en el suelo, con algo de piel quemada y una que otra extremidad perdida, y esos eran los afortunados.
Shadikshirram desenvainó su espada y en su otra mano cogió su pistola. Avanzó entre los cuerpos y tras de ella, el resto de su tripulación hizo exactamente lo mismo.
Al llegar a las escaleras vieron como un encapuchado subía a los restos del camarote del capitán. Aquello de por sí hubiera sido un buen motivo para seguirlo y llenarle de plomo el pecho, pero los piratas se quedaron en sus sitios cuando vieron como una caja con manchones de sangre bajo su tapa siguió los pasos del encapuchado, usando las decenas de patitas que remataban su fondo.
La capitana ignoró las tablas rotas, los muertos y se encaminó escaleras arriba junto con su tripulación.

Al llegar al castillo de proa la capitana se halló bajo los restos del camarote de Decken. Caminó por sobre las pisadas negras que la ninfa exina había dejado sobre la alfombra y la madera, entre los cuerpos de los antiguos tripulantes, y al lado del cuerpo del capitán, y se halló frente a frente con un demonio con una botella de vino en una mano y un gato en la otra.
Le apuntó, al igual que el resto de la tripulación.
¿Quién mierda eres?
El demonio le lanzó una mirada desdeñosa a todos, se empinó la botella y bebió un sorbo.
La orco disparó, y una lluvia de cristales y vino le llenó el rostro al demonio. El gato bufó con todas sus fuerzas, pero esta vez no se escaparía.
Más te vale me contestes. No te daré una segunda oportunidad —Shadikshirram enfundó su arma y movió su espada con soltura por sus manos.
¿Viste a un perezoso? —Preguntó el demonio mientras metía el gato dentro de un baúl y bajaba la tapa. El Equipaje se encaminó como si todo fuera de lo más normal hasta la baranda de la proa, la atravesó de un golpe y cayó por la orilla del barco.
Los piratas se miraron entre ellos.

La capitana estuvo a punto de decir algo respecto a la caja, pero una explosión sonó en algún sitio bajo la cubierta. Los piratas se voltearon hacia babor justo en el momento adecuado para observar como varios cañones saltaban por los costados de la nave y se hundían en el verde mar.
En menos de un minuto la chispa llegará hasta la bodega, haciendo las llamas de este barco se vean desde Taimoshi Ki Nao. ¿Viste un perezoso?
La capitana alzó la espada hacia el demonio, pero ya no había nadie allí. El resto de la tripulación contuvo el aliento ante lo ocurrido. El demonio se había esfumado.
Shadikshirram apretó el puño de su espada, oyó una tabla crujir. Sus orejas se alzaron como las de un lobo.
Ese perezoso —dijo detenidamente—, y tus demás compañeros robaron mi nave hace un momento, helo ahí.
Apuntó con su mano libre hacia el balandro. Algunas tablas suspiraron hacia estribor, en dirección a la nave, la orco siguió el sonido, lanzó tajos a diestro y siniestro a esa dirección, pero no tocó nada.
¡DISPARAD! ¡DISPARAD TODOS AHORA MISMO! —Gritó a voz en cuello apuntando un sitio vacío en la cubierta.
Varios piratas se miraron entre ellos, algunos dispararon, pero la mayoría se encontraba ya saltando por la cubierta luego de haber oído lo que dijo el demonio.

Por sobre el grito de la capitana, se oyó el batir de unas alas enormes, Shadikshirram miró al cielo enmudecida ante tan extraño espectáculo. Y en sus últimos segundos de existencia fue testigo de como sus piratas saltaban por la borda mientras otros se miraban con los ojos desesperanzados. Hubo un silencio extraño sobre el Ardent por algo así como casi un minuto. La capitana pensó que  la vida no era más que una sombra en marcha; un mal actor que se pavoneaba y se agitaba una hora en el escenario y después no vuelve a saberse nunca más de él. Pensó que era un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que a fin de cuentas no significaba nada.
Todo eso pensó justo antes de que la explosión más grande que ha existido en el Mar Esmeralda (y que se ha tenido conocimiento) la envolviera como un soplo divino.

El rugido de aquella explosión solo pudo ser comparado con el brillo de un rojo vivo que destelló por todo el mar circundante por varios kilómetros. Tal fue la magnitud de la explosión, que la madera de la que estaba construido el enorme galeón se redujo a millares de astillas que se desperdigaron como una lluvia, y el humo que se elevó, como una colosal torre negra, duró apenas unos diez minutos, a medida que los pocos restos del galeón se hundieron, dejando restos apenas más grandes que un trozo de puerta, o una tabla.

En el cielo, como un meteorito, una bola envuelta en fuego cayó casi a unos cincuenta metros de los restos del galeón. El demonio cayó al agua no de la mejor manera, se hundió y luego surgió casi de milagro.
Miró alrededor, gritó llamando a su Equipaje, se apoyó en un trozo de madera que apenas flotaba cuando lo rodeaba con su brazo y comenzó aletear para secar sus alas. Si tenía suerte podría alcanzar el balandro y al Perezoso... Pero algo andaba mal.
Miró su espalda mientras abría sus alas. Una de ellas estaba totalmente chamuscada.





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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Pereza el Miér Ago 02, 2017 5:14 am

__La explosión fue atronadora, espectacular y magnifica. Durante un instante, el mar se iluminó de tal forma, que pareció pleno día. Y cuando el resplandor cesó, y lo único que quedaba del antes monumental galeón fueron trozo de madera en llama que llovían sobre las aguas y quedaban allí flotando hasta consumirse y hundirse; sus luces iluminaban más que las tres lunas juntas.
__Desde luego, fue algo digno de verse.

__-¡¡BUUUJU!!!! ¡¡Demonios, Sí!! ¡¡¿Has visto como ha petado?!!

__-Y ahi va el legado de Decken. Es una pena. Tenía cabeza.-se lamentó Jun un instante, sin mostrar demasiada emoción-Será mejor largarse de aquí. No hay forma de que esa explosión no se haya visto en todos los rincones de Noreth.

__Y así lo hicieron. El balandro se fue alejando de las llamas del galeón, bordeando la costa y  perdiéndose en la densa oscuridad de la noche. El doppelhanger no tardó demasiado en encontrar las cartas de navegación de la Brisa del Sur, y vela en mano, se la enseño al perezoso, quién trato de dirigir el barco lo mejor que pudo hacia una cala lo suficientemente cercana y apartada para poder llegar a tierra rápidamente sin llamar la atención.
__Jun, quién seguía convertido en la capitana en cuerpo y alma, continuó azuzando a los remeros mientras el Pereza seguía controlando el timón. No tardaron demasiado en alcanzar la costa, pero dada la poca tripulación de la que disponían y el poco conocimiento de esta en el arte de manejar barcos, más que atracar el barco, lo encallaron en la arena de la playa de forma un tanto violenta.

__Ante la llegada a la playa, y el subsiguiente choque, todos los tripulantes cayeron. Pero dado que el único que no estaba sujeto a nadie y encima estaba de pie fue el doppelhanger, fue él quien más lo sintió. El cuerpo de la orca salió rodando por el medio de ambas filas de esclavos, dando tres vueltas antes de conseguir parar. Cuando se levantó, lanzó una furiosa y recriminadora mirada al timonel, quién cómo única respuesta se encogió de hombros.
__Luego, se levantó, se sacudió un poco y, así sin más, saltó por la borda hacía la playa.

__-¿Qué hacemos con los remeros?-preguntó el perezoso.

__Jun dirigió su vista hacia los remos, y aun sin poder ver a los hombres detrás de estos, les hecho una mirada despectiva, como si estuviera mirando meras hormigas.

__-Ya no los necesito. Por mí que se pudran.-exclamó con un noto neutro la orca, reanudando su camino.

__-Me gusta cómo suena eso-respondió el perezoso, sonriendo antes la idea.

__Descendió del barco. Ante él, Jun se encontraba admirando el acantilado que separaba la playa de la tierra firme, tratando de visualizar sus entresijos en la oscuridad de la noche, meditando sobre la mejor ruta de escalada.
__Fue en esos momentos, que el de Ghadrakha alcanzó al doppelhanger y, colocándole el brazo en el hombro como si fuera algún gesto de compañerismo, le dejo inconsciente de un golpe.
__Pereza estaba tan hastiado de aquella aventura, de aquella travesía llena de demonios e inconvenientes continuos, que no le importo no reponer las energías gastadas (a pesar de haber sido tantas) con las restantes de Jun. Solo quería ver al último de aquellos demonios muerto y poder partir en paz, sin ser perseguido por nadie, volver a su tranquila vida parásita.
__Así pues, recogió el sable del cuerpo de la orca que yacía a sus pies y, esgrimiéndolo, se lo clavo lenta pero profundamente en la garganta, atravesándosela y dejando la férrea hoja clavada en la, ahora roja, arena. El dolor hizo que el doppelhanger despertara de su desmayo, pero ya era tarde, solo pudo gorgojear, ahogándose en su propia sangre antes de expirar.

__Fue entonces que su cuerpo comenzó a cambiar. Su tronco y extremidades comenzaron a encoger, sus portentosos músculos a mermar, y su verdosa piel a blanquear. En poco tiempo, la imponente capitana orca se había transformado en una extraña criatura humanoide, más alta que el humano promedio y desde luego mucho más delgado, con los brazos y piernas varios palmos más largos de lo normal. Su cabeza carecía de pelo, orejas, nariz y parpados, pareciendo más una esfera a la que le han dibujado una boca y unos ojos (más ahora que con la espada clavada, estaba casi separada por completo del cuerpo) estos últimos de un color amarillo apagado muy macizo.
__Sin embargo, lo destacable de la verdadera forma de aquel ser, era sin duda su piel. Era una masa gelatinosa y brillante, parecida a la de las medusas marinas, pero sin embargo, seca. La luz combinado de las tres lunas parecía atravesara, brillando y reflejándose en su interior, dándole al grisáceo ser, un toque iridiscente.

__Pereza desdeño aquella inusual visión apartando la vista de ella casi al instante. Bien poco le importaba el verdadero aspecto de aquel marinero, lo único que deseaba era salir de allí. Sabía que al otro lado de aquellos acantilados se debía de divisar algún camino, uno que llevase hasta Ciudad Esmeralda. Y aunque no tenía ninguna gana de regresar a aquella ingrata urbe, todos los caminos tenían dos sentidos, no esperaba tener demasiados problemas en encontrar un nuevo huésped que no se dirigía hacia allí.
__Así pues, se dispuso a comenzar la escalada, sin dirigir un solo pensamiento hacia la treintena de remeros que dejaba a sus suerte, o la valiosa piel que dejaría en aquella playa para ser enterrada por las ol... <<¡Oye, oye, oye! ¿Qué es eso de valiosa piel, amigo Narrador?>> No creo que este permitido que te lo explique. <<¿De verdad me vas a salir con esas? Piensa que poco importa que lo hagas a que yo diga que lo sé y me quede directamente con la piel, ya te he oído. Es más, piensa que si lo haces, yo narró a partir de aquí: tienes menos trabajo que hacer, y este es el final de la historia. ¿De verdad no quieres salir antes de trabajar?>> Vuelve a ser poco ortodoxo... pero no puedo negar que tienes cierto grado de razón... <<¡Venga, enróllate!>> Esta bien.
__Aquella iridiscente y particular piel, era justo la razón por la que gente como Joanna y Bald, aquellos tipos que habían llegado al barco siguiendo a Jun, daban caza a su especie. La piel de un doppelhanger podía llegar a valer sumas astronómicas de dinero, ya que se decía que un traje hecho con aquella piel confería a su portador la capacidad de mimetizarse con el ambiente, casi hasta el punto de desaparecer. La realidad, es que si bien la parte de mimetizarse era cierta, la de desaparecer no lo era. Actuaba más bien como la piel de un camaleón, cambiando de color pero siendo visible para los ojos perspicaces. Las capas de piel de doppel son realmente codiciadas en cualquier mercado.
__<<Codiciada piel que cambia de color, ¿eh?... La verdad es que no suena mal tener una chupa cara.>> Hace un momento me encontraba describiendo cómo lo único que querías era abandonar ese lugar, ¿de verdad cambiaras los planes por un ropaje lujoso? <<En realidad lo que me ha convencido es lo que has dicho de los esclavos, dejar a treinta y siete hombres atrás así como así suena a un gran desperdició, eso es comida para todo un mes.>> Muy bien, cómo tú quieras. El Perezoso dio media vuelta, posando su maliciosa mirada en el cadáver a sus pies. <<¡Eh, eh, eh! ¿Qué haces? Ya te lo he dicho, yo lo acabaré de narrar. ¿Cuánto llevas con esto? ¿Ocho, nueve días? Debes de estar harto. Venga, déjalo, ya me encargo yo, vete a dormir.>>
<<¡Y cierra la puerta al salir!>>

__<<Bueno... ¿Por dónde íbamos? ¡Ah sí! Pues eso, que ante la perspectiva, decido darme la vuelta. Ya sabéis, agarró el cadáver de un brazo, lo arrastró hasta el barco y vuelvo a subir a bordo para la sorpresa de los humanos. Deberíais haberles visto las caras.>>
__<<Total, que dejo el cuerpo del tipo este por ahí tirado, y me pongo a buscar un buen cuchillo para despellejarle. Estos tipos eran piratas ¿no? Se pasan la vida en el mar, digo yo que tendrán que tener una cocina o algo parecido. Bueh, estoy contándolo yo y el pesado este ya se ha ido, pongamos que encuentro un buen cuchillo.>>
__<<La cosa es que una vez tengo el cuchillo, me planto yo allí, delante de los treinta y seis remeros, arrastrando el cadáver ensangrentado de un hombre-medusa, y con toda la parsimonia del mundo me siento y comienzo a despellejarlo. Sin dirigirles a los tipos ni siquiera una mirada. Todo esto mientras ellos están encadenados de pies y manos, obviamente. Tendríais que haber visto sus rostros, ¡eran para enmarcarlos!>>

__<<Cuando ya le había abierto el torso al doppelhanger este, y comenzaba a abordar el problema de cómo sacar la piel de los brazos son cortes adicionales; les sueltos, así como el que no quiere la cosa:>>

__-Y, bueno...-Atentos, eh, atentos-¿Qué pensáis vosotros de Ghadrakha?

__<<¡Pfff! Y... Y así, como quién no quiere la cosa les empiezo a dar la chapa mientras sigo despellejando al muerto. ¿Que qué chapa? Bueno, ya sabéis, la que se le da a todos los no iniciados, sobre la grandeza de padre, lo inevitable de la muerte, la degradación y tal. ¡No me creo que no sepáis de qué hablo! Todas las personas de Noreth deberían haber escuchado las enseñanzas de Ghadrakha al menos una vez en su vida. Podría tirarme horas, ¡días hablando de ello!>>
__<<Y eso hice.>>
__<<Los tuve allí día y medio, amarrados, dándoles la charla a ver si alguno abría los ojos y se decidía a unirse al culto mientras se iban muriendo poco a poco de sed y de hambre. Y yo, que estaba bastante servido con la energía que les drenaba, seguía cosiendo la capa del doppelhanger, a algunos incluso les puse a desliarme cuerdas para tener con qué tejer.>>
__<<La cosa es que no soy un gran costureros, más bien, se poco de esos asuntos.
Así que tuve algunos fallos y en lugar de una capa, tuve que conformarme con un chaleco. Pa' lo que usó ropa supongo que me serviría igual. Ni que yo tuviera necesitad de ayuda para esconderme, ¿verdad?
>>

__<<Pues eso, en cuanto acabé de coser, comprobé que ninguno se veía demasiado interesado por unirse al culto de padre (menudos zopencos), viendo que se morirían de sed pronto, decidí drenarles las pocas energía que se podía exprimir de ellos y dejarles durmiendo. Que les llegase la muerte tranquilamente, ¿Sabéis? Ya bastante violentos habían sido los últimos días.>>
__<<Luego me fui. Con un chaleco nuevo. Allí se quedó el barco y los remeros. Puede que si encontráis la cala esa aún estén allí. Ahora deben de ser un espectáculo impresionante, un barco lleno de remeros pudriéndose.
De solo pensar en el olor... Padre estaría orgulloso sin duda.
>>
__<<Y eso, que yo ya he cumplido mi parte, creo que me he ganado un buen descanso.>>


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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

Mensaje por Strindgaard el Miér Ago 02, 2017 8:54 am

Es bueno saber que los demonios no se hunden.
Es de noche.
El balandro va hacia Esmeralda.
No hay más luz que el de las estrellas.
Va hacia la costa. No necesariamente hacia Ciudad Esmeralda.
El viento cálido de otoño se ha ido.
El Perezoso. Mató a Decken. Sigue vivo. Está en el balandro.
Y dejó tras de sí el olor de la pólvora y la muerte.
Y posiblemente no lo vuelvas a ver en tu vida.
Los merrow se acercan, alarmados por el ruido de la explosión.
Lo voy a encontrar
Uno de ellos cree reconocer al demonio.
Improbable.
Saca la cabeza a la superficie y observa.
—…Y me voy a vengar.
Sí. Definitivamente es del demonio.
Venganza. Creo que por eso mismo terminamos aquí.

El demonio, aquel médico borracho del Ardent, el brujo, el ilusionista. Strindgaard era su nombre, y la desdicha su destino. Flotando sobre la espalda del mar como un trozo de madera a la deriva.
El Equipaje pataleaba con todas sus fuerzas, avanzando gracias a sus docenas de patitas hacia un rumbo indefinido.
Senzo se asomaba sobre el borde de la tapa abierta del cofre, se había cansado de maullar y ahora hacía silenciosa compañía.
Kalevala, el familiar del brujo, dejó en claro lo que pensaba al respecto de aquella loca venganza. Se desperezó y se acurrucó en la cabeza del demonio

Los cuatro. Demonio, gato, fantasma, mímico. La noche parece devorárselos como una boca famélica. No hay norte o sur, no hay arriba o abajo. Las estrellas y las lunas se miran en el espejo que es el negro mar, y los cuatro desafortunados en medio no son más que una mota de polvo en la inmensurable extensión.
El merrow carraspea.
Strindgaard. ¿Eres de verdad tú?
El demonio aúlla de terror ante la inesperada voz a su espalda.
¡¿Thassa?! ¡Cabrón de mierda! ¡Casi me sacas el corazón del susto!
El Equipaje se detiene y los cuatro, y el merrow, quedan flotando en medio de la nada.
Veo que necesitas ayuda.




Un viejo conocido, eso fue todo lo que hizo falta para que el demonio salvara la vida. Nada más que suerte. Pero es sabido que la suerte nunca dura.
Llegamos.
Chillidos de gaviotas, olor penetrante a sal y salitre, blasfemias de borrachos entre la bruma de la madrugada. Sin duda se trataba un puerto.
Gracias. Te debo la vida, Thassa —tanto el Equipaje como el demonio subieron a las tablas del muelle. Era una sensación maravillosa—. No sé cómo pagártelo.
Ya habrá tiempo. Algún día nos volveremos a ver.
Claro. Es bastante probable. —Dijo con una sonrisa irónica.
El merrow sonrió también.
Uno nunca sabe con quién se volverá a encontrar, Strindgaard. Te sorprenderías.
Zambulló la cabeza en el agua y no volvió a salir. El demonio desdibujó su sonrisa.
«Uno nunca sabe.» Pensó.





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Re: Un Asesino en la Cresta de la Ola [CAMPAÑA]

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