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Un Dios entre Nosotros.

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Re: Un Dios entre Nosotros.

Mensaje por Strindgaard el Mar Feb 07, 2017 4:54 am

II

La Gata Kalevala era un fantasma bastante especial para mí. No tan solo por ser el primer Hantaoma que conocí, también porque me reveló los más recónditos secretos del Foso Negro. Sin su ayuda no hubiera podido escapar de allí, y mucho menos volver.
A veces pienso que era una pena que tan solo yo pudiera verla y oírla, y no tan solo porque era muy buena contando chistes verdes, sino porque también me hacía parecer como un loco hablando solo.

¡Pero qué mierda es eso! —Chilló horrorizada la gata sobre mi sombrero.
Cuando el humo se deshizo bajo el incesante golpeteo de mis alas, el patio interior de aquella casa de locos se vio de pronto llena de monstruos y bestias sacadas del más bizarro circo itinerante.
¡Pero qué mierda es aquello! —La Gata enterró sus garras como pequeñas agujas en mi cuero cabelludo. Y no crean que no duele porque son las garras de un fantasma, cuando enlazas un Hantaoma contigo puedes sentir todo lo que haga, de igual manera que cuando te engarzas a un arma de Acero Vil puedes oír todo lo que diga ese Hantaoma en tu cabeza. Así mismo podía yo sentir todo lo que hiciera esa bola de pelos muerta de Kalevala sobre mi cuerpo—. ¡Strind, sácame de aquí ahora!
Tranquila, son solo un puñado de antropomorfos.
Para ser exactos, un macaco, una rata y un gato montés, todos de pie sobre sus patas traseras, todos vestidos, armados y dispuestos a matar.
¡No me refiero a ellos!
¿A quién entonces?
Esa mujer
¡Aleja eso de mi nariz!

Mi cara se transformó en una máscara de incredulidad. Era ella, la ninfa exina con quien me había cruzado hace tanto tiempo atrás sobre las tablas del Ardent.
Hemmi Chinaski. —Susurré.
¿La conoces, a esa Exina? Mierda amigo, sé que estoy muerta, pero el miedo que me producen esas mecheros andantes trasciende todo plano. —Kale se bajó de mi sombrero, flotó ágil por mi espalda y se escondió debajo de mi capa—. Vámonos.
Nuestras miradas se cruzaron, al fin había encontrado a esa samurái de poca monta, no podía ser otra, ese mismo mechón albino, ese mismo ojo tuerto. Al fin podría vengarme.

Ella pasó de mí, siguió hablando con los antropomorfos.
¿Quién mierda son ustedes?
¿Qué?
¿Qué pasa?
No me ha reconocido.
Yo te puedo responder esa pregunta. —A mi izquierda apareció una figura de galgo y fineza, un zorro el cual apenas y producía sonido al pisar— Mi nombre es Shaad, y estos hombres son mis compañeros de grupo.

Me pregunté cuánto tardaría ella en notar quien era yo, o si acaso siquiera lo llegaría a notar en algún momento. Lo del Ardent había sucedido hace más de un año, tiempo suficiente para que yo ya no fuese el mismo taciturno pasajero encargado de las labores de albañilería y medicina del barco. Ahora mi cuerpo estaba más tonificado, y mi cara mucho más poblada de vello.
Entré al patio interior alentado por el zorro.
Nos hacemos llamar humildemente Ya-Ku-Za, ¿Quiénes son ustedes?
Mi nombre es Morricone. Soy de Ciudad Esmeralda.
MENTIRA.
Esmeralda es una ciudad que conozco bien. —Susurré mientras fingía poner atención a la presentación de los demás que integraban el particular grupo del que me rodeaba.

Entonces, algo me sacó de mis pensamientos, una palabra sencilla, pero que aún podía despertar mis más bajos instintos.
—… Él suele guardar cosas más valiosas que dinero en sus arcas, quizá si podemos ponerla a salvo antes de que Rui logre venderla fuera de la isla, él sea capaz de soltar alguna de las reliquias que tanto cuida.
Vaya, esto se pone cada vez mejor. —Susurré a Kale. Ella se asomó por debajo de mi axila.
¿A qué te refieres?
No tan solo podré vengarme, sino que también podré sacar algo de provecho a todo esto.

Cuando el zorro preguntó por gente para ayudar, yo no había levantado la mano, pero eso lo cambiaba todo. Si aún existía algo de hambre dentro de mí, era la insaciable hambre de amuletos, instrumentos y reliquias. Los demonios de Yigionath somos así, está escrito en nuestros huesos.
Cuando salimos del patio hacia la calle, caminé tras de todos, apoyándome tranquilo en mi cayado y sopesando en el color del cabello de la ninfa, antes rojo, ahora negro. Su compañía me iba a resultar tan grata como un puñado de pulgas, pero tendría que soportar su figura altiva y quemante si decidía permanecer con los Ya-Ku-Za lo suficiente para cumplir con aquella sencilla tarea de traer a esa mocosa de nuevo a su casa.

¿Por qué mierda de pronto decides embarcarte en semejante estupidez? ¿Cómo ese atajo de bestias no va a poder traer a una muchachita desvalida de vuelta a casa por su cuenta?
¿Acaso no te das cuenta? —Susurré a Kalevala—. La chica está secuestrada. Estos Ya-Ku-Za son unos maleantes de primera categoría por como veo que asustan a los transeúntes. De seguro el jefe de ellos es el capo de la isla, y quienes tienen a Mistur Sanctra son su principal rival. Todo decanta finalmente a pelea de pandillas.
¿Y qué pintamos nosotros en todo esto?
Solo sacamos provecho de la rivalidad de los dos peces gordos. En cuanto se suelte una pelea hacemos nuestra pequeña parte y nos apartamos tranquilamente mientras los demás se dan de espadazos.
»De seguro que nos intentarán utilizar como carne de cañón. Solo hay que jugar su juego lo justo y necesario para salvar el cuello y cobrar.

Adelante se detuvieron.
¿Qué sucede?
No me preguntes, ve a mirar.
Desde la parte trasera del grupo apenas y podía ver por sobre las cabezas de mis compañeros, entonces, oí como hablaba alguien desde el final de las escaleras.
¡Woah! No me lo quería creer, pero Rui tenía razón. Los Yakuza estaban tras sus pasos.

Mierda Strind, estás en serios problemas. —Kale flotó por sobre el grupo y luego bajó hasta mi hombro—. Estás en problemas hasta las cejas. Delante hay un maldito demonio.
Será mejor que toques una buena canción Shaad. —Al parecer la cosa iba en serio—. Pronto bailaremos.
Los antropomorfos se prepararon para lo que se avecinaba, yo por mi parte, sin más armas que mis dagas y mi mente, aferré mis manos al cayado y avancé entre el grupo para ver con mis propios ojos de lo que me hablaba la Gata.
Joder... ¿Qué es eso?

Si acaso ese samurái no cabía dentro del apartado de algún libro de demonología, de seguro que estaba en un anexo. Era un ser de piel acerada y brillante, con hierro candente a modo de sangre.
Su rostro escondido tras una máscara humeante era lo que menos me importaba en aquel momento, pues su espada katana tenía el mismo color toque de acero y sangre hirviente que su piel. No quería ni pensar qué pasaría cuando aquella arma tocase la tierna piel de los humanos o de los antropomorfos que me acompañaban. O mejor peor aún, la de la ninfa.
Strind. Mejor nos vamos.
No seas cobarde Gata. Venga.
»Entremos a esa casa.

Corrí hasta la primera casa que encontré a mi derecha y me perdí dentro de ella ante la incrédula mirada de quienes me acompañaban.
Excelente. Así me gusta, mejor vivir otro día más. —Dijo Kale saltando en el aire a mi espalda—. ¿Ahora qué haremos, escondernos hasta que el demonio haga sushi con ellos?
No.
Entré a la cocina y busqué un cubo u olla.
Almorzaste hace media hora. ¿No tendrás hambre de nuevo?
No es eso. ¿No notaste como el hierro fundido corría por su cuerpo? Es lo mismo que una forja, cuando metes la espada al rojo dentro del agua, se templará al instante, y con un buen golpe, se romperá..
»Buscaré un cubo de buen tamaño, lo llenaré de agua y se lo verteré en cuanto esté distraído. De seguro que no será tan eficiente como el hechizo de un hidromante, pero si logro hacerlo correctamente será mortal.


Última edición por Strindgaard el Jue Abr 19, 2018 4:27 am, editado 1 vez





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Re: Un Dios entre Nosotros.

Mensaje por Malina el Mar Feb 07, 2017 6:13 am

El llanto se le ahogó en la garganta y el aire de la entrada de la casa le resultó de pronto sofocante y difícil de respirar, sumado a la profusa herida que tenía cerca de la cintura, Malina solo tenía una alternativa: volar “lejos” a ese lugar recóndito llamado “inconsciencia”; Despojando todo indicio de vergüenza, frente a la bélica escena, Lewe, paulatinamente se sintió arrastrada hacia el interior de la casa. “Vaya, no sabía que la conciencia jalara tan fuerte” pensaba entre bamboleos y roces que sentía en su piel. De modo que decidió dar rienda suelta a su fútil inconsciente: unas “garras” la llevaban hacia adentro, sin ofrecer algún tipo de resistencia, con los ojos entreabiertos y el cabello desordenado por el rostro, parecía más un desparpajo de mujer, una moribunda y sin sentido de su cuerpo – Diablos…- Pronunció con rasposa voz antes de caer en un escenario negro.

Divagando por un oscuro plano, una empalagosa voz la llamaba:

“No luches”…

“Tranquila”…

“Pronto pasará todo”…


Aquellas frases, en su momento inconexas se convirtieron en un puente, que hacían que la pelirrosa vacilara entre la realidad y la fantasía. “Qué gracioso… Suena como si un gato pudiera hablar”, trataba de reírse de su humorada cuando de pronto, un agresivo movimiento irrumpió en su moribunda fantasía.
“¡La tengo!” - “¿A quién?” se preguntaba, balbuceando con sus labios.
“¡La atrapé!”“¡Qué alegría! Pero ¿A quién?” volvía a consultar, recobrando el sentido en sus extremidades. Sabía que su cuerpo estaba inerte, pero algo o alguien la sostenía, cual trofeo. – “¿De quién hablará tan eufórico?”

Esa no es Folny… ¡mierda! Ni siquiera tiene el cabello del mismo color. ¡Mírala!

Con la última palabra, Malina comenzó a articular la situación en la que podría estar: la imagen de un animal que la sostenía parecía demasiado irreal, sin embargo, ya había conocido situaciones así en la cordillera de Daulín, aunque ¿De verdad existían gatos así de grandes? ¿Qué les daban de comer a estos animales? – “Mírala” – repetía sutilmente mientras era dejada en el suelo – Mírala… - volvió a decir, entendiendo que no correspondía a las peticiones de otras voces que se presentaban al unísono. - Mírala – dijo, cuando un violento aroma irrumpió en su fútil desmayo. Con un gruñido se alzó, quedando sentada y a merced de quien la despertó: De gran tamaño y profuso pelaje, un “gato” la observaba fijamente entre las rendijas que formaban sus rosáceos cabellos. Con gruñidos y estornudos, Lewe, se levantaba de entre los inconscientes con la delicadeza de un potro recién nacido – Qué diablos está sucediendo – preguntó, a la vez que la voz más imperante de una mujer hacía alusión a algo parecido. Detenidamente estudió el panorama: de la otrora cortina de humo no quedaba más que vestigios que el viento hizo amago de llevar, mientras que en reemplazo, un par de caídos decoraban las baldosas.

En contraparte, aparte de ella había tres sujetos más, acompañados de 4 animales, perfectamente entendidos en el lenguaje humano, que caminaban sobre sus patas traseras -Qué clase de festival es éste…- dijo en voz baja, aludiendo a la perfección de los “disfraces” sin comprender mucho. Afortunadamente, un animal más diestro en el arte del habla se acercó con parsimonia. No sabía exactamente qué esperaba encontrar, dada la deficiente información proporcionada por los animales, quienes buscaban a un tal “Rui”, pintoresco nombre para tan peculiar caravana, pero nada la había preparado para el espectáculo que le avecinaba. Shaad, un zorro de esponjosa cola y calmado tono de voz se les acercó, tomando un prolongado tiempo, el suficiente para calmar las inquietudes de quienes permanecían estáticos allí: la mujer de la voz imperante se parecía de alguna forma a la primera a la que Malina siguió, con rasgos etéreos, casi definidos por un toque de magia, estaba decidida a seguir a los “ya-ku-za” sin distinción; los otros dos integrantes le recordaron vagamente a Janna, aquella demonio… Ladeó la cabeza al semejar su presencia con la de ella, ciertamente eran todos muy diversos.

Por un segundo, pensó que el contraste era hermoso, hasta que interiorizó el hecho de que la razón por la cual estaban allí era para recuperar a una mujer; la chica había mencionado el nombre de “Selen Sanctra”, para Malina, aquellas conjeturas de nombres le eran ajenas, muy distantes a lo que podría considerarse un nombre común. Sin embargo, dada la explicación del zorro, lo único que pudo inferir, ya más repuesta de su desmayo y de su herida, fue que estaban a la siga de una mujer con delirios de grandeza, aunque no le calzaran algunos sucesos. Una enfermedad que la desconecta de la realidad. Menuda tristeza – respondió con un tono melancólico; para las personas como ella, eso era denominado “Histeria” y no había oído buenas referencias sobre la forma en que se “Curaba” dicho mal. De acuerdo a la versión de Shaad, lo más sensato era recuperarla para que volviese sana y salva al seno materno, razón más que suficiente para empatizar con la causa y de forma discreta unirse a ella – Soy Lewe. Malina Lewe –dijo su nombre sin vergüenza ni pesadumbre; en aquellas tierras el peso de su sangre era nulo, ya no tendría que guardarse aquellos secretos – Soy de Phonterek. Y también me sumo – dijo, tímidamente, aún sin saber muy bien qué podía ofrecer para permanecer en la cruzada. La convincente voz del gato, propiciando seguridad era algo que no se esperaba. Mucho menos el guiño del ojo, con la mirada poco convencida, Malina le sonrió, tratando de comprender cómo es que animales de características antropomórficas, podían deambular libremente por esta isla – Gracias…- respondió, claramente atemorizada.

Todos comenzaron a seguir el rastro del rátido. Y malina solo podía pensar en si Hubert se daría la molestia de haber notado su ausencia. Y de si tal vez este exilio no sea algo tan “temporal” como estaba supuesto. Le llevó un instante tomar conciencia de lo que le hacía pero, cuando por fin registró sus palabras, caminó con más soltura junto al variopinto grupo y se abrió paso a grandes zancadas hasta permanecer junto al hombre gato, que le había ofrecido protección, se le hizo una imagen más cándida y segura, en algún momento desearía expresarle su inquietud por ayudar, no obstante había que buscar las palabras correctas para no empañar su necesidad.

Las inquietudes en el barrio no se hicieron esperar: entendía que era de cuidado, y no hizo una mueca de asco al ver cómo la gente se alejaba de ellos, “mal que mal, no todos los días se ve una caravana de animales caminando” pensaba. El zorro había dejado abierta la de seguir preguntando pero ella no cruzó el umbral: Cautelosa, decidió guardarse sus inquietudes para más adelante, ¿cómo alguien con esa condición puede lograr huir? ¿Por qué retenerla en la isla? ¿Es que acaso estaban habituados a pagar la vida ajena con monedas? Siguió así por un par de calles más preguntándose qué visión la aguardaría. Y aquella necesidad se le posó al frente.

¡Woah! No me lo quería creer, pero Rui tenía razón. Los Yakuza estaban tras sus pasos.

Aquella voz de ultratumba estremeció a la joven, quien, contraria a mostrarse valiente, se quedó quieta, sin poder articular palabra o movimiento escapatorio.

Así me gusta. No me gustaría matarlos sin que decidieran defenderse. Vengan, vengan todos juntos si quieren. Para quienes no me conozcan, soy Cortamundos, la puerta que siempre está abierta, acérquense y pasen, los llevaré al otro lado.
Lo miró. Vio la maldad misma en sus orbes dibujadas por la máscara metálica. O tal vez era el reflejo del miedo de los suyos. Pensar que podía partir definitivamente de este mundo, que desaparecería para convertirse en un fantasma vulgar, lejos de su terruño hacía que se le secara la garganta. Aquello era demasiado para Lewe, no iba a permitirse fenecer tan pronto “y recién llegada” pensó, con sorna e incredulidad, tratando de escapar de esas bocanadas de muerte que expelía su diálogo con los otros dos antropomorfos. Sin embargo, debía arriesgarse a hacer algo, pues estaba segura de acabar enloqueciendo si aquel olor a hierro fundido y humo seguía calándosele por la nariz. Ya ni siquiera hacía falta estar inconsciente para experimentar el miedo que le evocaba aquella funesta invitación a “bailar” como lo había dicho elegantemente el rátido. Ya no solo era Mystur quien estaba en peligro, sino también ellos… Recordó las veces en que su afable caballo “Azabache” le salvaba más de una ve el pellejo, con sus dolorosas patadas traseras. Pero no estaba, y mucho menos estaba la gente que conoció en aquel entonces.

Suspiró pesadamente, sintiendo el fragor de la inutilidad sobre sus hombros. Sin embargo trató de no aferrarse a aquella sensación nefasta e inútil – Digame por favor…- pidió delicadamente al hombre gato – Digame por favor, qué puedo hacer. No quiero – y tragó saliva, asustada – no quiero quedarme mirando…- y quedóse allí atenta a las instrucciones del animal.

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Re: Un Dios entre Nosotros.

Mensaje por Hemmi Chinaski el Miér Feb 08, 2017 5:04 pm


La medianoche quedó atrás, la isla que se había iluminado como la pólvora al estallar ahora callaba, soporífera, en sus calles y avenidas. Nada avecinaba lo que sucedía lejos del centro, en lo recóndito de las callejuelas meridionales, lejos de los cerezos, del júbilo y de la celebración.

El brujo huyó, y borró del rostro de varios la credulidad, y las estrellas se volvieron más oscuras por un instante, en el cual el silencio llenó los pulmones de los presentes.
Cortamundos carcajeó, entusiasmado por lo que se aproximaba. Se movió hacia adelante con pisadas negras, como una pantera de ojos vacíos, sujetó su katana por el cuello, apretó los puños. Su máscara sonreía.

Momento de oír la canción del acero y del viento.

Las celebraciones generales habían dado paso lentamente a las privadas, los habitantes de la isla se relegaron a sus casas, templos y castillos para disfrutar de una velada tranquila.

El pequeño barrio en el cual se encontraba el grupo de salvataje improvisado era perteneciente a las actividades cercanas al puerto, y los almacenes, tiendas y posadas pequeñas y enjutas proliferaban por todas las calles. El brujo había entrado a una de las últimas, resonando con sus botas el suelo de madera. Las pocas personas que no habían ido a festejar al centro eran en su mayoría de fuera de la isla, forasteros igual que Strindgaard, con ganas de dormir un poco antes de que su barco zarpase al siguiente día.

Esos malditos mahre y su condenada celebración —gruñó un cansado viajero. Sus viejos huesos le pedían dormir, pero el sonido de la cocina de ollas y trastos no lo dejaban oír ni sus pensamientos—. ¡YA DEJA DE METER RUIDO HIJO DE MIL PUTAS!


Shaad se llevó su instrumento a la boca, una flauta traversa, hecha de un metal alquímico opaco y frío. La música que sonó comenzó tibia y tranquila, como atardeceres de miel y café. Era un llamado a la calma, al silencio y la paz, una búsqueda implacable por acaecer los hombros del Señor Li, quien subía la escalera.

Dígame por favor, qué puedo hacer. No quiero —se podía oler el miedo en la frase de Malina—, no quiero quedarme mirando.
Folny se puso delante de la señorita Lewe, protegiéndola con su cuerpo. Su fina nariz distinguió los matices de las feromonas en el aire, el temor y la fragilidad. Él era un depredador, un carnívoro. Sus fosas nasales se hincharon, su corazón comenzó a martillear. Sus garras retractiles aparecieron como garfios. Estaba listo para atacar, o proteger.
En este momento será mejor dejar que mis compañeros se encarguen —dijo el antropomorfo a la mujer con su voz profunda y ronroneante—.  En mi mochila tengo un veneno tan potente, que con una sola gota podría matar a diez hombres. Pero bien sé que ni siquiera esa botella podría hacerle daño al cuerpo de Cortamundos.
Con suavidad llevó a la mujer hasta atrás del grupo y sacó un frasco redondo de arcilla de su mochila.
Es uno de los mejores Agentes Libres que conozco, Rui debe estar desesperada por evitar que nos hagamos con la muchacha. Solo queda una cosa por hacer.

El rumor de los pasos se rompió, la fugaz música de la flauta se volvió estridente y ponzoñosa, una flecha salió disparada y el aliento de Sun se congeló en el aire cuando saltó a enfrentar el golpe de la katana.
El bastón desvió el filo del arma, y el mono descargó todo su puño contra el pecho del samurái. La música era una mordaza gris en los ojos de la noche, Cortamundos apenas y se movió de su sitio, giró con gracia la espada en sus manos y la clavó limpiamente en la pantorrilla de su adversario.

Una flecha, como el brote de una flor, apareció debajo del brazo del Agente Libre, justo en el espacio que deja la armadura. Pero el samurái quitó la espada de su sitio, y siguió luchando como si nada.

Sostén esto —Folny puso en las manos de la muchacha el frasco de greda, frío y redondo—. Cuidado con tirarlo, es un Toque de Invierno, capaz de congelar metal. ¿Tienes buena puntería? Lánzalo directo a su pecho, es un sitio amplio, no fallarás. —Le dijo con una sonrisa para infundirle confianza.

Sun Wokung se vio de pronto relegado a mantener movimientos cortos y precisos ante la imposibilidad de mover su pierna sangrante. Skaven gruñía algo mientras cargaba la siguiente flecha, miró a Pitch interrogante.
Si piensas hacer algo, mejor que sea ahora o nunca.

Eso era lo que esperaba el comerciante del estómago peculiar, quien se lanzó como un lobo al frente de la línea de ataque para lanzar el contenido que guardaba como cisterna en su barriga, un torrente negro surgió de su boca, provocando una ceguera temporal en el Agente Libre.

El mono halló así su oportunidad dorada, saltó con el impulsó de su solitaria pierna y su cola, y liberando de la punta de su bastón una daga que contenía todos los buenos deseos de los dioses de Ki Nao, y se dirigió directo al cuello del samurái.
Fue como ver partir el sol, como un seductor toque de labios contra la piel, un golpe potente de mil voces cantando, un hilo de sangre salpicó el suelo y de pronto todo lo que fluía en el cuerpo de Sun Wokung se vio detenido. La canción del acero y del viento.
Como pájaros liberados de un eterno encierro, las entrañas del simio surgieron de su cuerpo y se esparcieron en el pavimento. El mono cayó y rodó escaleras abajo, y las serpientes rojas que surgieron de su estómago mancharon su blanco pelaje y su rostro. Se oyó un grito proveniente de alguna ventana, la música de la flauta seguía aullando como una jauría a las lunas mientras el rátido lanzaba la siguiente saeta.

La flecha que fue disparada resquebrajó la máscara de porcelana del rostro de Cortamundos y quedó alojada en su frente sin llegar a traspasar la piel de acero, pero revelando un rostro que había visto el otro lado de la noche, hecho de flores muertas y huesos de ángeles.

El samurái se quitó la flecha y un líquido burbujeante y caliente le corrió entre las cejas.
Han hecho un buen juego. Pero necesitarán algo mejor si quier…
Entonces y de improviso, una oleada de agua cristalina bañó a Cortamundos desde la cabeza a los pies. Era el brujo, que dando aleteos de murciélago volteó un cubo de madera que se suele usar para el baño.
El siseo del vapor sobre el cuerpo del demonio samurái se elevó como cuchillas cortando la noche, y un grito náufrago sonó por sobre el bamboleante sonido de la flauta.

Shaad terminó su canción, para presenciar junto con el grupo azorado, como el Señor Li veía endurecido su rostro y brazo derecho, el cual crujía con cada movimiento impasible por sostener la espada que no hallaba sustento en sus dedos y se comenzaba a romper.
La espada se deslizó entre sus manos, su rostro estalló en esquirlas y su mandíbula cayó al suelo fingiendo el mismo sonido de las monedas al caer del bolsillo despistado. El cuerpo del Agente Libre dio un paso hacia el costado y luego otro escaleras arriba. Su voz era un hilo inteligible.
Atrás todos. Aún podría hacer algo —el zorro hizo una seña a su compañero rátido, quien lanzó la última flecha justo donde nacía la lengua colgante del samurái.
La saeta atravesó la lengua y el cuello, y se incrustó profundo en la suave carne del demonio.
Al parecer por dentro era igual de blando que el algodón —dijo la ninfa, quien no había hecho más que sostener su katana en alto en toda la lucha. De pronto le pareció que estorbaba en sus manos y la guardó.

Skaven, esperó a que el cuerpo del samurái terminase de chorrear hierro candente por el pavimento para acercarse lentamente a su compañero caído.
El silencio era estridente en los oídos del grupo, que bajó las escaleras rápido como caballos en huida, evitando mirar los cuerpos, y tocar la sangre con sus pies.
Shaad, ¿qué haremos? —preguntó el rátido, cerca del cuerpo el fallecido antropomorfo.
Debemos dejarlo aquí. Si decidimos hacer algo con Sun, cualquier cosa, podríamos perder la oportunidad de atrapar a Rui.
Folny se acercó con pesarosa mirada y hombros caídos, arrastró a su simio amigo hasta el costado de la calle y lo apoyó contra la pared de una casa.
No lo dejaremos aquí a su suerte.
Shaad miró a su compañero y luego a sus nuevos camaradas.
Adelante ustedes, caminad hasta el puerto. Allá los encontraremos.
Folny miró a Malina y le sonrió con pesar.
Guarda el frasco, úsalo cuando lo creas necesario.

Buscó una botella de líquido azul en su mochila y lo vertió sobre el cuerpo del simio.
Qué mal uso de una poción de sanación —Dijo Shaad con un suspiro. Guardó su flauta entre sus ropas y miró como avanzaban los cuatro humanos que se les habían unido—. De prisa, debemos seguir.
Esto mantendrá su cuerpo incorrupto por un día o dos. —El gato montés guardó el frasco vacío y suspiró—. No me gustaría verlo pudrirse antes de que le den un santo entierro.
Su mirada estaba perdida en algún recuerdo que había compartido con su muerto compañero.
¿Qué haremos ahora Shaad? —Skaven evitaba mirar a Sun, pero sus ojos negros no paraban de escrutar el rostro mutilado de su asesino.
Si estamos en lo correcto, tu nariz nos guiará hasta el barco indicado. O en el peor de los casos, hasta altamar.

Adelante, las cuatro figuras alcanzaron el puerto. Allí todos los barcos se encontraban anclados, excepto por uno, que con sus fanales encendidos, parecía a punto de zarpar.
La ninfa miró hacia atrás, los antropomorfos aún seguían con el cuerpo de Sun, había que tomar una decisión. Debían atacar los cuatro por su cuenta.
¿Qué dicen? ¿Vamos a inspeccionar ese barco?


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Re: Un Dios entre Nosotros.

Mensaje por Strindgaard el Jue Mar 02, 2017 6:23 am

Avancé junto a mi extraña compañía. A veces pensaba que tenía un don para escoger a las personas equivocadas. El escritor demente, la asustadiza pelirrosa, la ninfa… de fuego. ¿Qué lograríamos hacer sumando nuestras fuerzas para poder ayudar a ese atajo de pulgosas bestias?
Apostaría una sardina a que estamos en el bando equivocado. Si tuviera una.
La exina me sostuvo la mirada, sonreí sin muchos ánimos. Me preguntaba si de verdad no reconocía mi rostro, o jugaba a un retorcido juego de venganza.
Cuando llegamos al puerto los cuatro comenzamos a sacar nuestras propias conclusiones. El único barco con sus luces encendidas era una goleta del estilo de la isla, con sus velas totalmente abiertas y separadas en secciones por juncos.
¿Cabe alguna duda? Apostaría mi buena mano derecha a que nuestra mujer secuestrada se encuentra ahí dentro. A punto de escapar junto con esas odiosas mujeres.

Pitch Bredo comenzó a describir un interesante plan para sacar a Selen de dentro sin ocasionar “muchas” muertes. Parecía viable.
Bien cabrón. Espero que no la pifies. —Le dije a Pitch—. Debemos hacer esto en conjunto. Si logramos hacer un boquete en el casco y lograr que la vela mayor caiga sobre ellos habrá suficiente jaleo para que logremos sacar a la muchacha sana y salva de aquí.
Recuerda, una vez que comiencen a saltar al agua tendremos solo unos segundos para hacernos con la mujer. Utiliza sabiamente ese tiempo.

Abrí las alas y me elevé por el lado occidental del puerto, para no provocar demasiado ruido cerca del barco. Aún no se veía nadie fuera, y eso era malo, la pregunta era ¿qué esperaban para partir?
Planeé por sobre ellos, observando la cubierta del barco, nadie. Todo era propicio. Bajé.
¿Pero qué carajo estás haciendo Strind? ¡Este no es el barco!
Caí sobre otra cubierta a cuatro o cinco barcos de distancia.
Necesito que brilles, Kale.
Con la mortecina luz verde de la gata fantasma bajé a la bodega del barco y me puse a registrar.
¿Qué buscamos exactamente?
— ¿Recuerdas que dije que cortaría las velas?
Seh, ¿Y qué? ¿Acaso no tienes dos dagas en el cinturón?
Me tomaría demasiado tiempo cortar la vela para que cayera sobre la cubierta, hay demasiados cabos que la sujetan. Lo mejor es deshacerse del cabo que sostiene la vela por el mástil.
Una vela, un cabo, ¿Qué más da?
¡Aquí está!
Le mostré mi descubrimiento a la gata, se trataba de una sierra bastante especial, no era de dos manos como suelen usar los carpinteros, sino que de una. Así, con la mano libre, puedes usarla estando en sitios altos.

Pasaron un par de minutos y regresé al aire, esta vez caí sobre el palo mayor del junco que tenía los fanales encendidos. Me aferré ahí donde la vela del foque y la vela mayor se sujetaban por medio de sus drizas. Afiancé los pies en los sables hechos de juncos que le daban aquella característica forma a las velas de los barcos de Taimoshi Ki Nao, y también el nombre.
Me aferré con la mano izquierda mientras con la derecha liberaba la sierra.
Espero que sepas lo que haces, demonio.
Dinero fácil, gata. Eso es lo que hago.
Espera a la señal.
Abajo, en las tablas del puerto las silueta de los tres que me acompañaban se veían pequeñas desde tan arriba.
No tiene pinta de que estén haciendo algo.
Miré hacia la cubierta nuevamente. Mis ropajes negros ayudaban bastante a camuflarse, pero lo mejor era asegurarse de que nadie me viera.

En fin, no me dijiste, ¿cómo harás para deshacerte de todo este molesto velamen?
Las cuerdas que sostienen el puño de driza junto con sus poleas son las más gruesas de todo el barco. Pero siempre tienen una falla. En el Ardent estaban hechos de fibra de coco y cáñamo, pero también los hay de pieles trenzadas de animales, papiro y un sinfín más. —Comencé a palpar la cuerda que subía por la polea del puño de driza—. El problema con estas fibras, es que tarde o temprano se terminan hinchando con la humedad, hasta pudrirse y romperse. Por eso el capitán nos ordenaba cambiarlas cada dos o tres meses.
Ese tal Decken parecía un buen capi, pero no veo porqué el capi de este barco vaya a tener cabos podridos justo para ti.
Bueno, debes saber que los cambios de temperatura constantes pueden afectar los materiales naturales. —Dije mientras desplazaba las yemas de los dedos por la cuerda—. Estos juncos entran y salen de la isla todo el tiempo, en el puerto hace considerablemente menos frío que en altamar gracias a la temperatura antinatural de la isla y sus cerezos. Geanostrum es el continente más helado de Noreth. Las velas se congelan y luego se calientan en una sucesión que desgasta demasiado rápido los cabos. No hay bolsillo que aguante estar cambiando los cabos todos los meses, así que asumo que encontraré al menos un punto con la suficiente fatiga de material para que logre cortarla fácilmente.

Interesante teoría.
Terminé de repasar la cuerda. Estaba en perfectas condiciones.
Aunque al parecer solo se queda en teoría.
En fin. No siempre me puedo salir con la mía.

Comencé a cortar en diagonal, en unos ciento veinte grados, la cuerda que subía por la driza, con la sierra. La cuerda se resistía bastante bien, pero ese tipo de corte lograría neutralizar la gravedad que enviaba hacia abajo el peso, haciendo que mi trabajo fuera más sencillo. Ahora solo quedaba esperar a que Pitch hiciera su movimiento.





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Re: Un Dios entre Nosotros.

Mensaje por Sotét el Lun Mar 06, 2017 2:44 am


La furia destellante, la sed de sangre y las ganas de rebanarnos cual lechón escapaban de los brillantes ojos del samurái. La noche con su frío anunciaba a los habitantes que debían alejarse de aquel sitio. Pronto todo quedó en silencio. El filo de la katana del hombre de hierro hirviendo cortaba el aire, la mano que la sostenía quería cortarnos la garganta.

-Momento de oír la canción del acero y del viento.

En mi mente la escena de una obra de teatro apareció de repente, todo era tan surreal que no sentía que mi vida corriese peligro. Las escaleras y los techos estaban llenos de personas ansiosas esperando el acto, unos actores llevaban máscaras de animales, había un samuraí con una pipa haciendo mucho humo. El de la máscara de zorro comenzó a tocar con una flauta mientras los demás golpeaban las tablas con sus pies a un ritmo que aumentaba cada vez más, todo se ve tan surreal, ondulante…

El zorro soplaba la flauta, la máscara de rata cargaba un arco con un rayo y una máscara de mono con una escoba comenzó a barrer el traje del samurái que bajaba su espada hacia la pierna del mono contra este pero sin dañarlo. "¿Qué diablos pasaba? ¿En qué momento decidí ir con los jóvenes artistas? Y lo más importante, ¿¡CUANDO ERA MI  TURNO!? “Nuestro turno…” "¡TENGO QUE MOSTRAR  MI MAGNIFICENCIA ARTISTICA, NO PUEDO QUEDARME SIN MOSTRARLE LA ARTES DE EFRINDER A ESTA GENTE! Las obras que me enseño Lucia…"De repente la imagen de un sol rojo empezó a salir de la flauta del zorro, todo se detuvo y el sol se movía hacia el mono y el samurái. La máscara de gato hablaba con un una especie de maniquí de pelo rosado. Estos salieron corriendo por otro lado, cual amantes en huida de sus padres a vivir su “amor” en el mundo sin saber que la realidad los separaría  y los haría odiarse los unos a los otros…

Sentí nauseas, mareos y como si vomitara algo salió de mi boca y cayó en la cara del samurái, la rata levantaba y bajaba repetidamente una flecha mirándome, señalándome que viera al sol. Los movimientos de todos eran repetitivos, como si fueran marionetas de papel con un siniestro y encapuchado marionetista que los obliga a bailar, a bailar la canción del acero y del viento. No escuchaba una flauta pero si tambores, tambores que tronaban, rompían y caían del cielo como truenos al tocar el suelo. Lentamente todos los movimientos se volvieron suaves, y un grito levantó el manto de ilusiones de mis ojos, trayéndoles poco a poco a la realidad, mis sentidos habían vuelto a su lugar.

-¡Oh pero mira que delicia! -Decía la insaciable en mi mente cuando pude distinguir a la rata cargando una flecha, el zorro tocando su flauta de forma estridente pero emocionante, el gato con la damisela ronroneándose, algo que no me interesa y lo mejor de todo, las entrañas del mono saliendo de su cuerpo como una hermosa brocha pintando el lienzo blanco de su piel peluda con furia y fuerza equivalente a un exorcismo. El hambre se despertó, el demonio tiene hambre y el hombre quiere comerse al demonio. Como si tiras rojas salieran disparadas… El mejor fuego artificial que he visto en esta isla fueron las entrañas del mono por el piso y las escaleras.

Mi boca se abría, salivaba y podía sentir cómo masticaba imaginando la carne del primate con los pelos atorándose entre los dientes y la lengua tratando de sacarlos. Sí, soy consciente de lo hambriento que me he puesto pero no sé cómo evitar este sentir, que me lleva a saciar los más oscuros placeres, saciar mi gula. Maldito demonio que me estas tentando con esta deliciosa imagen, pones a mi corazón latir, mis manos sudar y mi estómago rugir. El roedor gigante disparó la flecha que mostraría el rostro de la muerte esta noche, el rostro del encapuchado, rompiendo su antifaz de cerámica y liberando hierro hirviendo de la herida entre ceja y ceja.
¡Qué buena puntería tiene la rata esta!

La música sonaba más rápido como si el alma del zorro se hubiera excitado al apreciar a la muerte, a la dama fría y solitaria llevarse su paga diaria. Deseaba, ansiaba por un momento que todos estuviesen muertos para darme un festín, rogaba con mi mirada al demonio férreo que acabará con todos estos miserables para poder degustar, para poderme saciar, se que el también quería pues el ser dentro de mí me lo dijo. “No hay demonio que no coma o demonio que no consuma energía ya sea tragando o succionando” Sacándome del trance, liberándome de la estulticia y el éxtasis que producía Bhaks en mi, vi como súbitamente caía agua sobre el cuerpo del ardiente samurái enfriando todas las venas hirvientes, convirtiéndolo en un géiser que no lucharía más. No sé quien lo ha hecho pero el ver el agua cayendo y enfriando al CortaMundos, endureciéndolo y congelándolo tuvo el mismo efecto en mí, seguramente verlo derrotado calmó las esperanzas del banquete que Bhaks me hacía ver. Maldita perra, jugando sucio de esa forma.
El brazo, la mandíbula y la espada del guerrero de acero cayeron como monedas en la mano del sicario que ha cumplido un trabajo. Estático y sin movimiento el fogoso brillo de sus ojos se apagó.

—Al parecer por dentro era igual de blando que el algodón. -Dijo la chica de la katana y vestimenta como de fiesta. Qué elocuencia en sus palabras aunque seguramente el croar de una rana hubiera sido mejor y más interesante. Los antropomorfos se reunieron rápidamente ante el cadáver del simio, hablaban ciertas cosas y aunque no lo decían sus lamentos llegaban hasta mis oídos como el mejor chiste que Bhaks haya escuchado, haciéndola reír de manera increíble, “Jajajajajajajaajaja, un zorro, un gatote y una rata llorando la muerte de un mono. ¡Esto parece un chiste! Ay, capaz lloran el no poder comerlo ya que los 3 son carnívoros.” No pensé que un demonio tuviera siquiera sentido del humor, aunque considerando que se ríe de la muerte de alguien… Ya todo tiene razón de ser.

—Adelante ustedes, caminad hasta el puerto. Allá los encontraremos. -Dijo el zorro. Desde cuando es líder de la manada? Seguro nos usará de carne de cañón… Mejor empiezo a sacar provecho de esto antes de los demás. En ese momento me le planté de frente mientras se reunían alrededor del mandril.

-Mi estimado Sr. zorro ¿Me permites tomar prestada la vara de tu valiente amigo primate y hacer valer su sacrificio? Prometo que su amigo no será un mártir, llevaré la muerte a nuestros enemigos en común junto a esta arma, así su reputación quedara viva como una reliquia, haremos justicia y traeremos a vuestra Mistur. -Mientras tanto veía como el gato le sonreía con algo de desgano a la mujer… Esa relación, esa intensidad me estaba dando nauseas.

El zorro asintió a mi pregunta y luego con un ademán nos indicó que nos diéramos prisa. Me dí media vuelta, tomé la vara del suelo y noté como trozos del brazo férreo del demonio eran carne normal por dentro y el recubrimiento era de metal sólido y fuerte… Tomé lo que quedaba del brazo que sostenía la katana y lo guardé en mi alforja con cuidado, me sería útil luego. Seguí a la pelirrosada que bajaba las escaleras junto con el sujeto pájaro que me apago la antorcha y la chica de la katana que nunca hace nada pero dijo algo curioso y estúpido.

-Que dicen, ¿Vamos a explorar ese barco?

-¡Vamos!-Grité levantando el bastón y señalando el barco. -¿Ustedes tienen algún plan? ¡Yo sí! Pero se los contaré si charlamos y nos conocemos mejor.

Luego de charlar mientras bajábamos las escaleras nos preguntamos cómo recuperar a la selen y evitar que el barco zarpara, minutos intercambiando opiniones y conociéndolos llegamos al puerto de manera rápida pero con cautela, la señorita Malina aseguró tener una “poción de invierno” la cual sería perfecta para congelar y romper el casco del barco con mi nuevo bastón. El tipo podía volar y hacer pequeñas teletransportaciones y la señorita del pésimo humor tenía un dedo flamígero.

-El plan es el siguiente, Hemmi, la ninfa de fuego una distracción con fuegos artificiales disparados hacia el barco. Malina que me dé la poción que le dio el Gatote para congelar el casco del barco y con el bastón poder romperlo, en caso de que no sea suficiente fuerza puedo usar mi habilidad “Comer Sólidos” para lograrlo. Al hundirse Morricone cortaría la vela del mástil, al hundirse strind nadaría, salvando a Selen y con su habilidad de Teletransportación llegarán hasta uno de los barcos de al lado, donde Malina y yo podemos esperar para preguntarle cosas. Una vez que Malina revise el barco de al lado y nos indique que está vacío y sin peligros golpearé el suelo con el bastón 3 veces para indicar a Morricone que corte las sogas, una vez caiga Hemmi iniciará los fuegos artificiales y yo empezaré a romper el casco congelado.

Esperando que el plan funcionara nos dividimos rápida y sigilosamente para dar inicio de la operación. Tome la poción de Invierno y el bastón, me acerque de manera disimulada fingiendo ser un lisiado al casco del barco, mirando los alrededores. Noté como malina entró al barco izquierdo, Morricone apenas se veía en el aire y esperaba que Hemmi y Malina estuvieran en posición.

Fácilmente pudimos haber invadido o quemado el barco, pero acercar a la ninfa lo suficiente como para ello podría ponernos en descubierto pues ella se enfrentó a nuestras enemigas en una primera ocasión…

-¿Soy yo, o esto me huele a una gran trampa? -Dijo Bhaks en mi mente

-Si… Un secuestro tiene más cuidados y vigilancia, sobre todo si te persigue una mafia de animales.

-¿Y si en realidad están buscando chivos expiatorios?

-¿A que te refieres?

-Simplemente trabajan juntos, los animales y las captoras. Piénsalo, ellos dirán "secuestramos a la mujer de un pez gordo, decimos que las rescataremos, usamos a alguien para que la "rescate" y cuando la tengan en las manos decimos que son los reales secuestradores, que los vea la policía para no armar tanto rollo, y listo." Inculpados mientras la mafia cobra su recompensa del secuestro que ellos mismos hicieron.

-Pero, mataron a uno de los suyo…

-No nos consta, ellos se quedaron con él… ¿Por que no lo dejaron a su suerte si estaba muerto? ¿No es más importante la misión? Es más fácil que nos encuentren con la Diosa a nosotros solamente, que venir con nosotros y que los inculpen a ellos -A pesar de que la lengua serpentina de Bhaks  me ponía ansioso tenía razón, estaba todo muy raro y tranquilo, la calma antes de la tormenta. Pero ya estaba aquí, ¿Hacer un nuevo plan? No tenía más ideas o tiempo. Me acerqué lo mas que pude al casco y preparé la poción para arrojarla y luego agarrar el bastón para romperlo. Luego de esto me iré corriendo al barco de al lado para no dejar a Malina y Morricone solos…

Solo estaba a la espera de que Malina entrara al barco y volviera a salir indicando que todo estuviera verificado para iniciar el y avisar a Morricone.


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Re: Un Dios entre Nosotros.

Mensaje por Hemmi Chinaski el Jue Mar 16, 2017 6:55 pm

Selen Sanctra, amarrada a un poste y sentada en una esquina en contra de su voluntad, no podía ver el lecho de paja en el que se encontraba, ni los barriles viejos y sacos llenos de verduras y grano que la rodeaban, tampoco las velas de repuesto enrolladas ahí y allá, ni los cabos y las hamacas que colgaban entre los pilares, todo apenas iluminado por un puñado de lamparas colgando de sus ganchos en el techo de la bodega. Sus ojos se encontraban llenos de lágrimas.
Lágrimas causadas por el terror, el shock, la violencia y el vértigo.

Aquello no se parecía en nada al mundo terrenal. Ella lo había imaginado, desde luego, cuando sus pequeños amigos terrenales fanfarroneaban al respecto. El tener un cuerpo físico le había parecido entonces un concepto atractivo. Probablemente, había denotado libertad.
Selen había pensado en deslizarse por el viento, respirar, sentir la tierra en los pies, dar unos pasos y mantener el equilibrio, sentir bajo la piel la sangre y el corazón palpitar en el pecho.
Y ahora esto. Esto era real, sucio, doloroso y real y, al igual que sucede con todas las cosas reales, no se parecía en nada a lo imaginado. También, como en todas las cosas reales, la llevaba hacia alguna parte.

Así que los dioses también lloran —la frase no parecía ir en plan de burla, sino de curiosidad.
Frente a ella, la guardia que había dejado la geisha para vigilarla, la observaba con interés. No se estaba todos los días frente a algo tan extraño y maravilloso después de todo. Sabriel tenía las piernas cruzadas y se apoyaba bien erguida en el poste frente a la diosa. Su espada reposaba sobre sus muslos, debía estar siempre preparada para cualquier problema que surgiera. Y vaya si habían surgido.
Me pregunto si alguna vez habías sentido miedo, o dolor antes. Debió ser traumático de pronto verse arrojada al mundo de los mortales, pero tú parecías disfrutarlo.

Selen Sanctra recordó la primera vez que había oído la voz de su captora. Se encontraba en el gran templo de cúpulas doradas en lo alto de la montaña, ataviada con un traje de seda rojo, con puños y cuello con filigranas de oro. Con una diadema llena de rubíes y perlas, con un collar fino con ricos gravados que caían hasta sus pechos. Estaba feliz, por supuesto.
En el templo los monjes le habían tratado como se debía, e incluso habían preparado un banquete en su nombre.
Había conocido la bondad, el respeto y la felicidad en sus primeras horas en Noreth. Aquello había hecho más amargo el miedo y la impotencia cuando la raptaron.

De pronto, un sonido extraño llenó sus oídos. ¿Acaso ese era el ruido que hacía la ancla al levantarse? No. El rostro de Sabriel frente a ella estaba descolocado. El sonido provenía por fuera del casco, justo donde estaban ellas, pero al otro lado.
La guardiana se levantó con la espada bien sujeta entre sus manos. Se acercó hacia el origen del sonido, como de una bomba de agua lanzando un chorro a presión.
Está helando, pensó Sanctra. El vaho de su respiración se condensó frente a su rostro.
¿Qué sucede? —preguntó en voz alta Sabriel, frente a ella las tablas internas del casco se comenzaron a escarchar.


En el castillo de popa, el sonido también había alertado a la geisha y al capitán.
La mujer saltó de su asiento, su boca se volvió una línea fina y sus ojos se entrecerraron.
Cortamundos no regresará al barco. Es tiempo de partir capitán.
El capitán, de barba amplia y manos nerviosas, se puso de pie rápidamente y caminó al borde de la desesperación.
Levaré el ancla de inmediato.
No hay tiempo —dijo la mujer con voz férrea y determinación. Miró a su otra guardiana, sentada en la esquina del camarote—. Rompe la cadena, nos vamos de inmediato.

El capitán hizo una mueca de dolor, su barco era como una extensión de su cuerpo, y el siquiera oír mencionar la destrucción de una parte de éste le revolvía el estómago. Pero no dijo nada, pues la geisha y sus amistades le infundía cierto respeto que rayaba en el temor. Además, luego podría reponer la cadena y su ancla.
Los tres salieron del castillo de popa, caminando por la cubierta hacia distintos puntos, el capitán hacia su timón, la guardiana hacia el ancla y la geisha hacia el costado del barco, para averiguar de donde provenía el sonido.
Fue entonces cuando arriba de sus cabezas los cabos y las drizas gimieron bajo el peso de las velas.
Las cuerdas estallaron, saltando como látigos hacia todas direcciones. El peso de las velas hicieron que las cuerdas en sus poleas chirriaran al pasar a través de ellas a gran velocidad. La vela mayor perdió estabilidad y en conjunto con la vela del trinquete y la corta vela cangreja de popa cayeron como sábanas sobre la cubierta y sus ocupantes.
Los gritos no se hicieron esperar.

Algo sucede arriba —susurró Selen Sanctra, asustada por los lamentos.
Sabriel no perdió más el tiempo, y corrió por la fría bodega hasta la escalera que subía a cubierta, dio un paso por el primer escalón y descubrió estupefacta la negra vela que cubría la salida, como un ala de dragón.
La guardiana miró a Selen Sanctra, aun tenía su espada entre las manos. La geisha le había ordenado matar a la diosa antes de que cayera en malas manos. Sabriel se preguntó si tendría otra oportunidad como esta. Entonces un golpe sordo le quitó esos pensamientos, luego otro, y otro. Era por fuera del casco. La guardiana respiró profundamente, caminó hacia la diosa.
Selen Sanctra profirió un grito que casi rivalizó con un aullido. El casco se había partido de pronto, y las esquirlas saltaron por doquier dentro de la bodega, dejando paso a la gran mano espumosa del mar la cual se estrelló por todos lados con sus dedos fríos. La diosa, amarrada a un poste, no pudo hacer más que cerrar fuerte los ojos mientras el agua la golpeaba de costado, cubría su cintura y comenzaba a reptar por sus cuerpo a gran velocidad.

El mar irrumpió con prepotencia la bodega, torciendo el barco e inundándolo. Los barriles pronto se elevaron, flotando como pequeñas islas, golpeando las vigas, mientras los sacos y demás implementos se hundían bajo su peso.
Sabriel llegó hasta donde se encontraba la diosa, luchando contra la presión del agua, que ahora le llegaba hasta el cuello a la diosa. Y la miró, mientras el agua subía por su cuello y llegaba a su mentón.
¡Ayuda! —fue lo último que dijo, antes de que su boca y nariz se cubrieran de agua.

El barco se comenzó a hundir, la guardiana sabía que quedaba poco tiempo para huir. Miró a los ojos de la diosa, ya casi escondidos bajo el agua, y tenuemente visibles gracias a la luz de una lampara sobre ellas. Movió su espada con dificultad, y la apoyó en el hombro de la diosa. Comenzó a cortar.
Pronto tuvo a Selen Sanctra respirando desesperada al lado de ella.
¡Gracias, muchas gracias!
El agua les llegaba hasta los hombros. Sabriel miró hacia la escalera, pero puesto que el barco se había torcido, ésta se encontraba bajo el agua.

Debemos salir por el boquete del casco. ¿Sabes nadar? —preguntó la guardiana.
El agua está demasiado fría. Demasiado fría. No siento los dedos de los pies. —le respondió la diosa, con miedo y  desesperación.
Estamos en los mares de Geanostrum, hace frío, pero si nos ponemos a salvo pronto no moriremos de hipotermia. Ahora. Necesito que te concentes. ¿Sabes nadar?
No, no sé nadar.

El agua les llegó hasta el cuello. Las lamparas se comenzaron a apagar luego de que el agua se las tragaba. La bodega quedó en total oscuridad. Selen gritó por segunda vez.
Sabriel soltó su espada, necesitaba las manos libres. Agarró de un brazo a la diosa y avanzó con ella hacia donde se encontraba el boquete.
Cuando te diga, toma una bocanada de aire y no lo sueltes por ningún motivo. Cuando salgamos del barco, patalea con todas tus fuerzas.

Valiéndose de un barril, ambas flotaron tanteando en plena oscuridad hasta la gran apertura. El agua ya no peleaba por entrar, pero no había manera de saber qué tanto se había hundido el barco. Sabriel dio el aviso, Selen respiró profundamente y las dos patalearon a través del boquete en el casco hacia la salvación.


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Re: Un Dios entre Nosotros.

Mensaje por Sotét el Mar Mar 28, 2017 8:34 pm

El bastón no era ni pesado pero tampoco ligero, su dureza y flexibilidad eran bastante notables. Su balance era casi perfecto pues, una punta era más pesada que la otra debido a la cuchilla que sobresalía de esta. Después de unas cuantas maniobras descubrí que aún no había olvidado mi gusto por este tipo de armas.

-¿Te trae buenos recuerdo? Déjame darle un mordisco para decorarla, jejeje.

-¿No prefieres un poco de agua salada?

-¿No prefieres romperte las piernas?

-No gracias, no soy la demonio que perdió su cuerpo para ser esclava dentro de otro, jajaja.


Me tomé unos momento para pensar acerca del plan, repasarlo en mi cabeza una y otra vez como si fuera el guión de una obra, buscando pequeños detalles o cosas que se me hayan escapado. Por un instante la duda me poseyó de sobre manera como moscas a un cadáver, la demonio las alimentaba poco a poco con mi inseguridad y la tensión, el silencio del ambiente.

-¿Estaré haciendo algo bien? ¿Y si el plan falla? Demasiadas dudas, siento que algo malo va a pasar… ¿Y si es una trampa? ¿Y Si muere la Selen? Nos matarían los animales… No… No es momento de inseguridades innecesarias, la vida de una Diosa que no adoro peligra. Ja, yo debería ser un Dios por preocuparme más en los demás que por mi mismo, por pensar de esta forma terminé con un maldito por estómago demonio.

Sostuve firmemente la Poción de invierno, me mentalicé en caso de que la explosión fuera muy fuerte y me lastimara pues desconocía la magnitud en poder de la misma. Fue increíble el cambio drástico en el peso del frasco de cristal, cuando Malina me la entregó era ligera y ahora, pesada y fría pues cargaba la vida de un “Dios” en mi mano, que divina y terrorífica sensación generó dicho pensamiento. “Imagínate poder comer la carne y sangre de un Dios..." Mencionó la demonio jugando con mi imaginación pues como dijo, “Si no conoces mucho sobre la divinidad de estos seres, probar su esencia física debe ser un placer maravilloso, el poder...”

Los pensamientos del demonio fueron recurrentes y me había tentado en reiteradas ocasiones, produciendo esa monstruosa hambre al ver el mono desparramado y salpicado en vísceras, juraría que pude sentir el hambre de sus compañeros hipócritas… Tengo miedo, la cordura es algo con lo que vives toda tu vida y siento que la mía está siendo disminuida y usada para alimentar a este monstruo que tengo como estómago. Lo único que me mantiene firme como mástil son las imágenes vividas en Loc-Lac luego de que “ella” tomara el control, no quiero vivir eso, esa ahogante desesperación de ser el espectador de una masacre cometida por tus propias manos. Me armé del valor y la poca consciencia que tenía para el momento y arrojé con todas mis fuerzas el cristalino recipiente, acto seguido me cubrí con el brazo la cara pero al no sentir alguna respuesta violenta de aquella acción lo bajé lentamente para ver como el casco se empezaba a congelar y como una gota de tinta se esparce en la sangre, la madera fue cubierto por un escarchado hielo.

Toqué lentamente con el bastón para confirmar que el casco se hubiera cristalizado y el sonido al golpear la escarchadas tablas me confirmó que el cascarón estaba listo para ser roto, es increíble como el hielo se esparcía por la madera primero de forma rápida y luego lento, como una herida infectada [i]“Como la sangre corriendo por la navaja”
Sacudí mi cabeza para sacar la voz del demonio de mi cabeza… No la necesito en este momento.. Apunté a una parte baja del casco al nivel del agua, pues eso ayudaría a hundirse rápidamente, con todas mis fuerzas sostuve el bastón y proporcione un fuerte golpe que rompió el congelado casco permitiendo al mar empezar la posesión de aquella nave para reclamarla en sus profundidades. Morricone cortaría las sogas después de mi señal, pero cuando subo la mirada veo como las cuerdas latigaban como tentáculos de una bestia marina la parte superior del barco, se me había adelantado. Así que solo restaba correr rápidamente al barco acordado y esperar que apareciera con la Selen.

Justo al momento que decidí marchar escuche un grito cargado de desesperación pidiendo ayuda como si una Banshee estuviera notificando su llegada a este plano. Dudé… Me ahogué en inseguridad otra vez… Este sentimiento ya era recurrente y me estaba trastocando demasiado, pensé en saltar al barco o al agua pero sería inútil, el agujero era pequeño y la presión me podría ahogar. A pesar de ello, la duda seguía en mi cabeza con el ¿Qué hacer?

-¿Me lo preguntas a mí? Solo vete de aquí, no seas el héroe, deja que el tipo de las alas salve a la pelirroja. Sino lo logra nos escondemos en el barco y ya.

Si esa fue la respuesta de Bhaks, entonces ella no me planteaba la duda… ¿Que lo hacía? Todavía no comprendo… Pero tenía razón, es mejor un cobarde funcional que un héroe muerto. Corrí rápidamente hacia el barco de encuentro, mis piernas eran pesadas y sentía como yo las llevaba y no ellas a mi, no las sentía mías y esta sensación ya la viví en Loc Lac cuando Bhaks se manifestó por primera vez con su carmesí figura sedienta de poder y control. Apresuré el paso como pude y subí por la rampa hasta llegar al barco. Como pude solté las cuerdas que unían al barco a un poste de madera del puerto y busqué la manera de elevar anclas… No quería quedarme más en la isla, no cerca de estos apetitosos animalitos de circo y las secuestradoras locas. A penas viera a Morricone llegar con la Selen le decía que abriera las velas.

Para mi sorpresa la espera fue entretenida pues a lo lejos volví a distinguir la figura del naranja que ví sobre los tejados…


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Re: Un Dios entre Nosotros.

Mensaje por Strindgaard el Jue Mar 30, 2017 6:08 pm

Contento con el resultado, me quedé en total silencio sobre el mástil mayor del barco, a la espera de que ocurriese algo con el resto de mi compañía.
¿Asustado? —Preguntó la gata. Estaba recostada alrededor de mi cuello, como una bufanda, con su cabeza apoyada en mi hombro.
Solo lo justo y necesario. Aún no estoy tan loco como para no sentir miedo.
La gata pareció sonreír. Se acurrucó en mi hombro y ambos esperamos a que todo aconteciera.

Era una noche fría, y en lo alto del mástil el viento golpeaba tan fuerte que lo hacía aún peor. Me encontraba abrazado al palo, de pie sobre un madero puesto como travesaño para soportar la vela mayor, mirando hacia abajo como un fantasma envuelto en mi capa hecha de retales de demonios. En silencio. Entonces comenzó acontecer, sonreí.
Las mujeres salieron del castillo de popa, caminando con aplomo por las tablas luego de haber sido alertadas por los sonidos de Pitch.
Entonces hubo un estallido, y el barco se inclinó ligeramente de súbito al comenzar a tragarse el mar por estribor.

Esto está poniéndose entretenido. —Susurró Kalevala al ver cómo las pequeñas personas corrían por cubierta—. Me parece que ya es momento que eches abajo la vela.
Asentí en silencio. Saqué el cuchillo aserrado y terminé de cortar el cabo con las manos entumecidas por el frío.
Más vale que te apresures, una de las tipas se ha asomado a mirar por la orilla.
Hago lo que puedo. ¡Joder! ¡Hace frío!
Con unos movimientos finales logré separar el último cabo, el cual con furia comenzó a rodar por entre la polea y se llevó consigo todo el peso de la vela, haciéndola descender como si se tratara de una mortaja gigante, lista para cubrir los cuerpos de aquellas desgraciadas.

¡Woah! Es increíble, todas las velas están cayendo.
Te lo dije, solo hacía falta saber cuál soga cortar.
El barco comenzó a escorar hacia babor, hundiéndose por estribor a una velocidad no despreciable. Las velas cubrieron cubierta de buena manera, y los gritos provenientes de allá abajo se mezclaban con el crujido de las maderas y el rugir del mar.
¿Y ahora?
Esperemos a que alguno de mis compañeros decida sacar a la mujer del barco.
Vale, esperemos.
Me quedé colgando del palo mayor por unos segundos.
¿Cuál de tus compañeros lo hará? ¿El que va huyendo, o las que ya están en el otro barco?
Miré como Pitch se escabullía por el puerto, alejándose como una rata.
Cabrón de mierda. Claro, dejadle el trabajo al mago, el mago lo puede todo.

Me lancé a cubierta con las alas abiertas, cayendo con cuidado sobre jarcias enredadas y la vela, que era como un manto que cubría todo.
¿Cómo lo haremos para bajar al piso inferior? —Kalevala flotó por sobre mi cabeza y trató de localizar la puerta que llevaba a la bodega—. Deberemos cortar la vela, y eso si es que no nos encontramos con alguna de estas putas remilgadas y secuestradoras.
Déjame pensar en algo. —Me sitúe al lado del palo mayor, con las piernas ligeramente ladeadas para no caer rodando por cubierta—. Atrás está popa, y la puerta a la bodega se encontraba frente al palo de mesana. Hay que ir hacia allá.

Corrí hacia delante, dirigiéndome al siguiente palo, cuando de pronto oí gritos en el agua.
¿Qué diablos es eso, Strind?
Supongo que no son ondinas.
Pasé por entre sogas, caminando sobre el pujamen, hasta que llegué a estribor, justo bajo de mí se encontraba el boquete que se estaba bebiendo el mar.
¡Allí!
.
Sobre el mar, entre barriles flotantes había dos mujeres chapoteando. A simple vista, la oscuridad de la noche se las hubiera tragado a ambas, pero el cabello negro de Selen era inconfundible.
¡Hay que rescatarla! ¡Parece que se está ahogando!
Tranquila, la otra mujer la va a sacar.
¿No deberías lanzarte al agua y quitársela?
¿Por quién me tomas? ¿Me ves aletas o algo?
Quizá cara de pez.
No me voy a meter al agua, está muy fría. Y además, ellas van a salir en algún momento.
Mierda, ¿y eso de que el tiempo apremia?
Deberías preguntárselo a mis compañeros.
Anda, al menos salgamos de aquí.

Volé del barco en hundimiento al puerto. Me coloqué justo en el sitio por donde iban a llegar las mujeres, una vieja escalera de madera colgaba por un pilar del puerto hasta el mar, las mujeres comenzaron a subir. Selen iba primero.
No podré volar con ella a rastras. Tampoco puedo teletransportarme con ella. Sólo queda quitarle la mujer a la guardia a la vieja usanza.
No jodas. ¿Lucharás?
Algo así.
Corrí hasta un viejo montón de redes que se encontraban a dos metros de la escalera y me escondí bajo ellas. Cuando la guardiana me diera la espalda, saldría corriendo y la empujaría de vuelta al mar.





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Re: Un Dios entre Nosotros.

Mensaje por Malina el Mar Abr 11, 2017 6:05 am

Oprimido, hormigueante, como un millón de helmintos,
En nuestros cerebros bulle un pueblo de Demonios,
Y, cuando respiramos, la Muerte a los pulmones,
Desciende, rio invisible, con sordas quejas.
Al lector, “Las flores del mal”, Charles Baudelaire.


Hubo un tiempo, en que Malina fue una intrépida aventurera: Pasó muchos días en medio de una cordillera, sobreviviendo al frío y a otros eventos que paulatinamente doblegaron su carácter manso hasta convertirlo en uno eufórico y ávido de aventuras. Dicha sensación fue incluso más llenadora, más acaparadora que la emoción de un buen apellido y un trabajo tranquilo. Eso era para Malina “el amor”. El amor que lo movía todo. O mejor dicho, el amor y su carencia: Porque su desaparición y su silencio, sí que lo movían todo. Desde la absoluta plenitud (la sensación de que todo iba bien y de que podría continuar así con solo un poco de amor) hasta un vacío tan profundo que sus huesos gemían con el solo contacto del viento.

Su desaparición era solo la antesala de una nueva página que se escribía en su biografía aventurera, lejos de las ataduras del compromiso con Hubert y ello había que aprovecharlo. Y con ello, recordó que no venía sola a esta isla ¿será que se tomó muy en serio lo de desaparecer de la faz de la tierra? Aquellas percepciones se fugaron rapaces; Los sonidos del jolgorio de Año nuevo iban apagándose y en reemplazo, las moribundas luces de los fuegos cedían ante el inminente choque de las espadas. Todo aquello que había fenecido en el pasado, regresaba con fuerza al presente, pero ya no había nieve y frío: Sino un fragor de pasos y espadas que ansiosas de sangre se mecían con el viento. Sin embargo, la evocación de viejos venenos no le hizo olvidar la peligrosa situación en la que se seguía encontrando. Aquel que se hacía llamar “Cortamundos” representaba la fidedigna amenaza de una muerte segura. Y Malina intuyó que tenía que hacer algo, o sería fútil. No fue capaz de retirarse del umbral de la batalla hasta que Folny, el enorme gato que la acompañaba le entregó una vasija de tosca forma esférica, con un líquido prístino y peligroso, mientras era llevada a la distancia; Luego de oír sus palabras, Malina asintió, comprendiendo que la mejor opción era esperar con un veneno entre las manos. Dada las indicaciones, por miedo a perder el equilibrio, doblegó mansa ante las voluntades bélicas de los contrincantes.
Las idas y venidas entre esos dos estados representaban el motor de todas las cosas. ¿Parece que esto tiene sentido? No solo como palabras, sino como sentimiento. Sí, y como verdad; verdad innegable, verdad irresistible. Observaba cómo seguía las directrices del grupo mientras cavilaba bajo la guía de sus recuerdos preguntándose: ¿qué clase de conexión pretérita era ésta?

Sabía que tenía que empezar a calmarse, controlar sus entrañas y sus nervios, ya que en sus manos tenía algo tan mortífero como la canción de acero que comenzaba a sonar por las calles, como una funesta alegoría a la vida. Pero no. No fue capaz de sobrellevar la seductora melodía fúnebre que se gestaba en los labios del antropomorfo, relajó sus músculos bajo la protección del umbral al verlos pelear en el umbral y hasta al último momento, por miedo a perderse alguna acción que le ayudara a comprender mejor la verdadera naturaleza de aquel choque de voluntades divinas y demoníacas, Malina solo se aferró al ritmo de su respiración, dando a entender que su origen humano solo podría estorbar.

Y aquel estorbo fue confirmado cuando un antropomorfo cedió ante la agilidad del espadachín: mientras el choque de destrezas se complicaba todavía más, el espectáculo del choque de espadas y de embestidas creciendo y encogiéndose se volvía aún más elaborado; cuando el primate abandonó la vida, de su hinchado cráneos emergían docenas de extrusiones delgadas como falanges que se entrelazaban unas con otras y sus elegantes ligaduras reflejaban, tal vez, la complejidad creciente de sus entrañas; su floreciente vientre expelía un aroma putrefacto y rojo, como si así despidiera su último suspiro.

Vagamente la realidad se le distorsionó: comenzó a jadear de forma extraña y los recuerdos se le agolpaban; iba y venía en un vaivén enfermizo ¿Dónde estaba lo real? Cuando sintió a la manada alejarse y buscar entre las entrañas del difunto los artilugios necesarios para seguir, Malina solo sintió un crudo pesar, aquella pócima no iba a ser suficiente para preservar tan maltrecho cuerpo – En Daulin… - habló con parsimonia al gato – Allá despiden a los muertos con ayuda del fuego… - por cada palabra emitida su cruda conciencia se iba desperdigando, como si cada sílaba fuera un barco de papel – Quizás si salimos íntegros de esto, pueda colaborarte con algo parecido a una despedida- Luego de aquellas lastimeras pero sinceras condolencias, Lewe solo atinó a seguir a la dupla endiablada, obediente y enajenada: no hizo reproche alguno ni tergiversó las sugerencias que le indicaban formar parte de aquel escuadron suicida.

Sin embargo, se extrañaba que los animales no los siguieran. Y que la imagen de la muerte se le repitiera una y otra vez; incluso el frio calándole los huesos le parecía inútil, una vía muy poco efectiva para volver a sus cinco sentidos.

Ya en medio de la batahola, omitió todo tipo de opinión: su parte estaba hecha, la poción tuvo su finalidad bien cumplida, y los otros protagonistas seguían sin aparecer ¿qué estaba ocurriendo realmente?
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Re: Un Dios entre Nosotros.

Mensaje por Azura el Vie Mayo 18, 2018 1:56 pm

En medio de la noche, meciéndose suavemente por el mar, el paladín más precioso, suave y esponjoso de todo el plano y seguramente algunos más estaba teniendo una discusión con un cabeza hueca. No habían ido al festival, bueno, técnicamente sí, pero después de probar la comida local, el escándalo que sus suaves y sensibles orejitas captaban había sido simplemente superior a la potencial deliciosidad del arte culinario local, así que había movió un poco su horario. Ya que no podría dormir igualmente por el escándalo, probaría unos cuantos inventos y teorías. Exacto. Que hubiera dormido ya dieciséis horas y no llevara ni una despierta no tenía nada que ver, no.

-No debería haber salido de la montaña, todo da vueltas.- dijo un montón de acero con forma humana, inclinado peligrosamente en la barca.

-Oh, venga ya, no hay manera de que estés mareado, ¡estas hecho de metal!- contestó una adorable bola de pelo. –Además, has visto un montón de cosas durante nuestro viaje, ¡seguro que jamás habrías visto esas cabras sin viajar!-

-Eso eran ciervos.-

-Nono, cuatro patas, peludos y cuernos, ¡son cabras!- su afirmación fue acompañada por un toquecito al yelmo metálico, que resonó, confirmando, como tantas veces le había dicho, que era un cabeza hueca. –Y ahora, a pescar.- Azura empezó a mover cosas de un lado a otro, hasta colocar lo que parecía, vagamente, una lámpara de aceite con una cuerda.

-No creo que vaya a funcionar.-

-¡Por supuesto que sí! ¿No tendrías curiosidad si una luz apareciera de repente en medio de la noche?¿En tu casa? ¡Vamos a ser ricos!-

-No me creo que vayas a vender nada. Tu solo quieres comer atunes.-

-Como dijo Karzun, ¡la necesidad es la madre de la invención!-

-Jamás dijo eso.-


-¿Quién es aquí su heraldo en la tierra? ¿Huh? ¡Eso pensaba! Ahora, DESPEGUEEE.- un golpecito de la patita empujo la lámpara, haciéndola caer en el agua. El aparato hizo un flash, luego otro, para después soltar chispas subacuáticas y acabar con un montón de burbujas de humo que provocaron un ataque de tos en la gata. Un único pez de medio palmo flotó hasta la superficie, muerto y ligeramente cocido. No era, desgraciadamente, un atún.  –Mmmm… puede que necesite algún tipo de aislante... Bueno, tira la red, siempre hay que tener un plan B, como dijo Delia.-

-En serio, deberías tomarte tu trabajo más en serio, jamás dijo eso…-

-¡Solo hazlo!- la mole de acero soltó un reniego y agarrando la red que habían tomado prestada, al igual que el barco, (en nombre del progreso, por supuesto), arrojó uno de los extremos al mar. Que los atunes gritaran al ser atrapados por una red era extraño, pero eso solo los hacia presas más dignas y seguramente sabrosas. Pero estaba bastante segura, casi al 90%, de que los atunes no lucían tan humanoides. No los normales, al menos, puede que hubiera atrapado atunes mágicos, de esos que concedían 3 deseos si los liberabas. Y ella había atrapado dos con su plan maestro. –Bien, para mi primer deseo, ¡quiero un montón de atunes!- dijo a las dos figuras en la noche.
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Re: Un Dios entre Nosotros.

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