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Mensaje por Strindgaard el Jue Feb 14, 2019 6:08 am

El regresar al interior del templo obedecía más a una llamada de la avaricia que a la de la justicia. Si bien la pálida muchacha necesitaba ayuda, ya sea eligiendo mejor a sus esclavistas o a sus amigos, era necesario hacer algo por ella. Si bien los peludos que los habían recibido allá arriba parecían buenas gentes, el demonio no solía ser de esos que juzgaba por los hechos más que por las apariencias, y por muy mulliditos y abrazables que se vieran, tratar a una humana de esa manera no era correcto. (Allá de nuevo con lo de ser un demonio bueno). En fin. Strindgaard pensó en echar mano al tesoro, y si de paso podía ayudar a sacar a la muchacha del embrollo, mejor.

Por favor, toca esto —Le dijo el demonio a la única compañera que le restaba luego de haber comenzado la campaña—. Es para que puedas ver a una amiga.
Se agachó para quedar a la altura de la gata y le tendió el dedo en el que reposaba el anillo de Kalevala. Una vez la gata lo hubo tocado con su esponjosa pata, pudo ver a la gata fantasma posada en el hombro del demonio.
Kalevala. Un gusto hermanita, soy la segunda a cargo en el buque.
Luego de la presentación, la verdosa gata se elevó del hombro del demonio y se escabulló hacia dentro del templo.
Será nuestra vanguardia y vigía allí dentro, Azura. Ven. Sígueme.

Al rodear el lugar llegaron a uno de los muros ubicados al noroeste de la montaña, allí los esperaba la mesa de té, que había abierto uno de los muros a dentelladas. Kalevala apreció un momento después.
No veo a nadie ni en la primera ni en la segunda plana. Seguiré subiendo, aunque dudo que todos estos peludos estén en el tercer y cuarto piso.
Mejor salir de dudas. A menos que tengan un subterráneo o una salida anexa deben seguir aquí dentro.
De regreso dentro del templo, ambos siguieron por los pasillos hasta llegar al hall principal. Allí la gata regresó atravesando el techo.
Arriba tampoco hay nadie, el templo está vacío.
¿Y la sala del tesoro también lo estará?
Espera, cuando llegué al cuarto piso me asomé por una de las ventanas. —La dejó de flotar para posarse en el suelo—. Los vi. Caminan con antorchas en mano, en fila por la orilla de la montaña hasta un valle pequeño escondido entre las caras escarpadas. Van con la Selene delante de la procesión.
Esto me está empezando a preocupar. ¿Deberíamos ir cuanto antes, cierto? ¿Qué dices tú Azura? A mí me gustaría darle otra ojeada al tesoro.
¡Qué dices, demonio! El tesoro seguirá estando ahí cuando regresemos, pero quizá Selene no esté nunca más si nos retrasamos.
¿Qué locuras dices, gatita? ¿Crees que estos peludos le harán daño después de arriesgar la vida para salvarla?
Hay que ir, cuanto antes.

El pequeño debate quedó silenciado, luego de que una figura apareciera desde el fondo del hall.
Esperaba a que regresaran. —Al acercarse, la silueta fue revelandose como la de un orejudo zorro. Se trataba del conocido Shaad—. ¿Acaso no les bastó con recibir parte del tesoro de nuestro gran señor?
Folny y Skaven, la rata y el gato montés también aparecieron detrás del zorro.
Sabía que no se podía confiar en los extranjeros, ni siquiera para algo tan simple como no meter las narices en lo que no les incumbe.
Supongo que estarán esperando recibir algo más del tesoro. ¿No es así? Demasiado oro junto en un solo lugar le abre el apetito a cualquiera.
Skaven llevó las manos a la aljaba, sacó una flecha y dejó el arco listo para tensar.
¿Los puedo matar, Shaad?
Folny en cambio parecía debatirse.
¿Y Malina, no está con ustedes?
Lo normal sería cortarles las manos por intentar robarnos, pero esta noche es especial, y nuestro Señor es benevolente. Se me ha permitido dejarles ir sin represalias. Dense la vuelta y no regresen. Es mi primera y última advertencia.

Strind miró la armadura vacía y luego a Azura. Al parecer no tenía muchas intenciones de regresar por donde había venido.
Ya va siendo hora de que nos digas la verdad, Shaad. ¿Qué mierda pretenden ustedes, sucios peludos, con aquella humana?
Skaven tensó el arco, pero Shaad no dio la señal de ataque.
Es solo una humana. Un lote de huesos con algo de carne pegados a ellos, ¿por qué te importa su destino?
La reverenciaron, como si fuera una diosa, ¿por qué ahora dices que es solo una humana?
El zorro se cruzó de brazos, al parecer la conversación había terminado.
Es un grupo pequeño —le dijo en voz baja el demonio a la paladina—, no hagamos mucho barullo para no llamar la atención de los que bajan.
Shaad gruñó, aunque no había logrado oír lo que los otros decían, estaba claro que habían desechado la opción de retirarse en paz.
Skaven, ¡dispara!


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Mensaje por Azura el Jue Feb 21, 2019 11:31 pm

La patita de Azura se posó sobre del anillo, la curiosidad ganando a la precaución. Y en cuando sus suaves almohadillas tocaron el metal, lo vio.

Era ella, pero verde. La gata agito la cola un momento, procesando, antes de darse cuenta de que efectivamente no era su reflejo, ella era mucho más bonita. Además, por si aun cabía alguna duda, la gata fantasma se presentó. –Me alegro que aceptes tu posición como mi mano derecha sin quejas.- dijo con voz cantarina. Es decir, no podía ser de ninguna otra manera, los dioses habían creado a los gatos para reinar sobre todas las otras criaturas, habría sido absurdo que ese humano mandara a la gata. Usualmente habría sido el deber de un paladín purgar a un espectro. Pero los espectros eran criaturas malvadas, y ese en concreto era un gato, así que era un espectro bueno.

Y el pequeño grupo se escabullo, avanzando hacia el templo. ¿Por qué? No estaba segura, pero era de esperar que para vigilar que tal le iba a la muchacha. La zona parecía desierta, con todo el mundo participando en la ceremonia, supuso la gata, pero estaba de acuerdo en que lo mejor era asegurarse. Y su mano derecha finalmente regreso con noticias de Selene, siendo escoltada hacia un valle. Un valle secreto que no sería muy secreto ahora mismo si todos iban con antorchas. Todo eso le olía a pescado chamuscado, y mientras tanto el único compañero de carne y hueso no felino quería robar el tesoro. –¡No vamos a robar nada! ¡Somos personas honorables!- no hasta comprobar si toda esa gente eran en realidad malas personas. Es decir, todo el mundo sabía que conseguir riquezas en justa cruzada era una adquisición completamente legitima, nada que ver con el sucio robo que estaba proponiendo ese tipo.

Y entonces los pillaron. El Zorro, el Gato y la Rata. Nunca se había fiado de la rata, por obvios motivos. –¡Nunca robaríamos el tesoro! ¿Por qué todos estáis tan obsesionados por un montón de metal brillante?-

-El dinero puede intercambiarse por bienes y servicios, como atunes.-
respondió su golem.

-No digas tonterías, si comprara tanto atún, se pudriría antes de poder acabármelo! ¡Y es mejor si lo pescas tú mismo!- bueno, si hacía que Velsignet lo pescara para ella, pero venía a ser lo mismo.

Pero pronto quedo claro que no era un malentendido, no exactamente. “Meter las narices”. ¿Qué clase de ritual sagrado era secreto? Y ¿“solo una humana”? Una magnifica paladina como Azura sabía lo que eso significaba. Herejes, demonios, cultistas malos en general. Ningún heraldo de nada decente ocultaba sus rituales ni atraía a gente con engaños. Si, la gata sabía que significaban esas palabras perfectamente

Lástima que no supiera lo que significaba “no llamar la atención”.

-¡Purga!-
Maulló, y el yelmo de su compañero se alzó ligeramente, dejando ver, por un instante, una breve luz antes de sumir el pasillo en llamas anaranjadas. –Prepárate, Brisa Marina!- Y el brazo de Velsignet se despegó, con el antebrazo colgando, dejando visible un cañón. No creía que bastara con unas cuantas llamas para frenarlos, algunas veces la gente necesitaban una buena dosis de metralla en el pecho.

¿Qué porque se llamaba Brisa Marina? Bueno… le había sobrado un montón de sal después de comprar bacalao y no había sabido que hacer con ella, así que podía decirse que de sobrevivir al impacto, escocería horriblemente.
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Mensaje por Strindgaard el Sáb Feb 23, 2019 2:49 am

Estaba claro que no podría echarle mano al tesoro mientras tuviera aquella gata parlanchina cerca de mí. Ya era un problema lidiar con una gata fantasma, una de carne y hueso supuse que sería una especie de alivio, pero lamentablemente no teníamos el mismo código de conducta. Una pena para mi bolsillo.
No me interesa tanto el oro, aunque no puedo negar que cargar uno o dos arcones no estaría mal. Pero yo lo decía más por las reliquias. Qué agradable sería tener más de una.

Ah, pero cuando llegaron nuestros compañeros de aventuras me quedó un sabor amargo en la boca. No esperaba a que nos recibieran de tan mala manera, por supuesto que estaban en lo correcto, yo al menos pretendía robar un poco, pero Shaad nos halló en el hall. Traté de llevar las cosas hacia el otro lado, hacia ese preocupante secreto que nos estaban ocultando respecto a la muchacha. Selen no tenía nada de especial, había estado con ella. No era sagrada o me hubieran ardido las manos al tocarla, o me hubiera encandilado su aura sacra, pero nada. Era una pobre prostituta que le habían tocado malas cartas en la vida. Pero ya estaba empezando a dudar de todo ello. ¿Por qué tanto bombo y platillo por su regreso? ¿Por qué llevársela en la madrugada hacia algún sitio tras la montaña?
La luna roja seguía en lo alto del cielo, sus hermanas estaban escondidas y el rojo predominaba. Quizá era por eso que esa rata me apuntaba con una flecha, o que Shaad estuviera más propenso a dejarnos ir. Pero definitivamente no estaba tan roja como para que la condenada gata maullara a todo pulmón:
¡Purga!

De pronto un calor sofocante me embargo, me hice hacia un lado y empujé a mi Equipaje para que el fuego no le llegara. Altas llamas colorearon de rojo, naranja y amarillo el lugar, mientras un aullido de pánico y dolor no se hizo esperar en lo absoluto. Con los ojos desorbitados y a medio derrumbarme en el suelo noté que no era otro que la armadura vacía que acompañaba a Azura el progenitor del fuego.
¡Prepárate, Brisa Marina!
Unos disparos irrumpieron en el lugar, era el mismo sonido que había oído tiempo atrás en manos de los piratas, pero no había ningún arcabuz ni una pistola. Escondí a mi Equipaje de vuelta usando Unión y me eché para atrás en caso de que por alguna falta de criterio aquella caja de latón sin ojos fuera a errar un disparo.

Cuando el fuego y los cañonazos cesaron me quité las manos de los oídos y le grité a esa  maldita bola de pelo maquiavélica.
¡Te dije que sin hacer Barullo! ¡Calmados! ¡Bajo perfil! Hubiera podido encargarme de esos tres sin tener que carbonizarlos
Por lo visto el que ardía era Shaad, quien en su desesperación corrió por uno de los pasillos y ahora estaba a varios metros en el suelo humeando y chisporroteando. El pelo era un buen combustible para llamas, igual su ropa.
Quédate aquí con tu arsenal personal. Deja ver si siguen con vida.

Al acercarme a los otros dos noté que Skaven había logrado disparar su flecha, pero ésta había ido a clavarse en el techo, de seguro por la sorpresa al ver un chorro de fuego dirigirse justo a tu cara, pero a pesar que estaba quemado, lo que lo había matado era la metralla que le abrió el pecho y le deformó la cara. Atrás, Folny solo estaba malherido, se había salvado del fuego al estar detrás de la rata, pero no de la metralla que le hirió el brazo, la pierna derecha y el estómago.
Ay, te los cargaste a los tres.
Del muro del fondo apareció Kalevala, que flotó hasta nosotros.
Una parte del grupo se separó del resto y se dirigen hasta aquí. Alertados por el sonido.
¿Cuántos?
Suficientes para arder también supongo. Son cuatro.
Me llevé las manos a las sienes y traté de pensar.
Salgamos por donde entramos y demos un rodeo al templo, perdamos a esos cuatro que vienen a por nosotros y bajemos directo al valle.
Ma… lina. —Oí de pronto. Se trataba de Folny.
Ah. Folny. Lo siento, pero Malina se quedó en el puerto, esperando a que amanezca para irse de la isla. Supongo que no le gustó mucho este tipo de trama. Muchos tipos malos, secuestradores que se vuelven buenos y salvadores que se vuelven secuestradores.
Yo… Fue Paizo quien nos obligó a recuperar a la geisha. Yo no quería hacerlo.
El gato montés fue empapando sus ropas mientras desfallecía.
Pero lo hiciste de todos modos. Todos podemos elegir, ¿sabes?
Ahora me… arrepiento. No quería que la sacrificaran.
¿Sacrificar? ¿A la pelirroja?
Folny asintió levemente. Uno de los tirantes de su mochila se había roto y el contenido de ésta se encontraba esparcido en el suelo junto a él. El gato giró la cabeza y comenzó a mirar alrededor de sus frascos.
No deben dejar que Paizo… la mate. Necesitarán una de estas. —Apuntó a un frasquito de líquido verde esmeralda—. Dádselo… de beber al… Dragón.
Miré el frasco y lo levanté. Habían también otros frasquitos que valdría la pena cargar, a pesar de no tener idea de lo que hacían.
Gracias, Folny. Pero tenemos algo mucho más letal que veneno para Paizo —le apunté con el pulgar al lanzafuego con patas.
No… me… refería… a… ese… dragón.

El tercero de los Ya-Ku-Za murió. Alcé las cejas ante su último mensaje. Aquello no me gustaba como sonaba. Me volteé a mirar a Azura.
Otro dragón. ¿A qué le llamarán dragón estos antropomorfos? —Me llevé la mano al labio y le di algunos golpecitos—. Los únicos dragones que conozco son los de la historia esa de los Legarium. Esos escamosos no son más que mitos. ¿Será un draco grandote o el hermano de Paizo o algo por el estilo? En fin. Tocará averiguarlo pronto.

Me puse a recolectar todos los frascos alquímicos que cupieran en mi bolsa incluso si Azura reclamara en el proceso.
Se trata de muestras de afecto de nuestro gato anfitrión. Sería un agravio no usarlos contra sus amigos.
Una vez estuve listo, miré el pasillo que llevaba hacia la sala del tesoro. Nadie vino de allí en ayuda de los tres muertos, y bastante ruido que hicimos. De seguro estaba sin protección alguna. Suspiré.
Vamos a evitar que esa pelirroja sea sacrificada.


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Mensaje por Azura el Lun Feb 25, 2019 11:53 pm

-Bueno, si tan bueno eres, haberlo hecho antes, ¡hum!- dijo la gata, agitando la cola molesta. Es decir, estaba claro que su método no solo había sido mejor, sino además más rápido. Y como había dicho Delia, el destino recompensaba a los rápidos.

Prácticamente pudo oír al golem en su mente diciendo “Jamás dijo eso” a pesar de no haber abierto la boca. Puede que estuviera enfadado por casi quemar su cofre rarito, cosa que entendía. Aunque en realidad no corría riesgo, el chorro había salido dentro de sus especificaciones, con un error porcentual de cinco como mucho. Todo calculado. Pero se quedó allí en su sitio agitando la cola, siendo una buena gatita mientras miraba orgullosa a Velsignet, que le enseño ambos pulgares. -¿Ves? Te dije que funcionaria. “Usar tecnología experimental es peligroso” decías, “necesitas al menos doscientos años de pruebas para considerarla tecnología enana” decías. ¡Soy una genio!-

-Bueno, yo no diría tanto, puede que haya sido solo suerte…-

-¿Y la escopeta? ¡Perfecta, impecable! ¿Qué tal el retroceso? Reforcé la recamara para que no te arrancara el brazo…probablemente.-

-Espera, ¿como que "probablemente"?-

-Sush, minucias, estas claramente bien, rápido rápido, recarga, ¡que seguro que vienen más!-
Por aquel entonces vino su acompañante de carne y hueso… sin baúl. ¿Dónde diablos se había metido? Daba igual, puesto que había dicho que había acabado con los tres herejes. –ÉXITO.- y levanto la patita para que se la chocaran, aunque fue brutalmente ignorada por el golem. Y efectivamente, su espectral segunda al mando volvió para informarles de cuatro herejes más, sin duda atraídos por el ruido…o las llamas…o ambos. –Oye Velsy, crees que si consigo que los tiros no hagan ruido… ¿será menos divertido?- El zumbido en las orejas era parte del encanto de volar cosas por los aires al fin y al cabo, pero la posibilidad de volar cosas por los aires sin que nadie se enterara también tenía cierto plus…

-Ahora no es el momento…-
Oh, cierto, enemigos. Además, al parecer había un dragón. Uno de verdad, no ese hombre lagarto con alas.

-Por supuesto que hay dragones, no digas tonterías, y aparentemente son deliciosos. La pregunta es si hay aquí… pero no te preocupes, vengo preparada. Velsy, ¡Arpón Caza-atunes!-


-Lo desmontaste y canibalizaste las piezas porque ocupaba demasiado para llevarlo a cuestas, ¿recuerdas? Y tampoco era muy funcional cuando estaba entero, la verdad.-

-¿Por qué solo me das malas noticias?-

-No es mi culpa que seas una maldita calamidad andante con bigotes.-


-No pasa nada, todo irá bien. ¿Por qué? Porque ya estoy aquí, nyahahahhaahahaahahah.- tosió –¡Ejecutar Plan B-1!- no ocurrió absolutamente nada. –En cualquier momento, Hati es un poco remolón….Ahora que lo pienso no lleva bombas, no lo veremos si no nos ponemos en la ventana…- y en ese mismo momento, se escucharon los gritos a medida que su lobo metálico incendiaba el alijo de aceite que su jefa había almacenado y salía por patas antorcha en boca. Hacia el bosque, por supuesto, no correría directamente hacia ella. Además, estaba lo suficientemente cerca como para que sus perseguidores se pensaran que eran ellos. Todo de acuerdo a su felino plan.

Probablemente.

Es decir, nunca se había encontrado un problema que no pudiera disparar o explotar en mil pedazos, y hoy no sería el primer día.


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Mensaje por Strindgaard el Miér Feb 27, 2019 10:06 pm

III

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La última frase de la gata fue seguida por un ligero chillido que fue aumentando de volumen hasta un inconfundible grito. De hecho, varios gritos.
Supongo que Hati no es quien grita de esa manera... ¿seguimos en la misma página, paladina?
Me acerqué a la ventana, como comentó la pequeña felina. Desde allí pude comprobar que Hati no era sino un perro con una armadura bastante elaborada, con la capacidad de contener fuego en la boca. Ya ni qué decir que era obvio que también podía escupirlo, al igual que su compañero de dos patas, supuse en el acto. Luego de un segundo caí en cuenta que de hecho no había perro dentro de la armadura.
Me quedé en silencio, pues, como nunca hacer tanto tiempo, me había quedado sin habla. Estaba ante una especie de gato que comandaba trastos con la capacidad de matar equivalente a una pequeña tropa de combate enana. Era lo más parecido a Animación que había visto en mi vida, esa especie de poder psiónico que enarbolaban algunos magos y moldeadores de esencia que era capaz de dar movimiento a los objetos inanimados. Pero aun describiéndola como Animadora, me quedaba corto, pues, su metálico amigo lanzallamas también tenía la capacidad de hablar.

Cuando los cuatro antropomorfos que se había separado en nuestra búsqueda se perdieron en el bosque, me tuve que girar y agachar para darle cara a la felina.
Creo que no nos hemos presentado formalmente. Mi nombre es Strindgaard —dije colocando una mano sobre mi pecho para explicar mis palabras ya que una parte de mi mente seguía sin entender que me estaba refiriendo a una gata que podía hablar, aunque eso no fuera nada extraño para mí, esta bola de pelos en cambio estaba viva—, vine a salvar a la muchacha pelirroja que recogiste del agua, ya que, bueno, porque practico algo llamado Bushido. —No estaba seguro si la gata pertenecía a la isla, pero por su acento y el hecho de que no tuviera los ojos rasgados y haberla hallado en un barco, me hacían dudar un poco de ello—. Lo aprendí por estas montañas, las reglas dictan que no puedo dejar que abusen de los débiles. —El Bushido era más que un par de reglas, era un concepto más elaborado, pero dado el tiempo que jugaba en nuestra contra decidí no ahondar en ello—. Pero, tú —Apoyé una pierna en el suelo y descansé los brazos en ella, aunque parecía que estaba relajado me había puesto un tanto nervioso ya que estaba entrando en terreno complicado—… me parece que estás acá para probar tus juguetes.
¡Mentira! Los paladines protegen a los inocentes, ¡aunque sea aburrido!
Me levanté con los brazos en alto, a la defensiva por su pequeño arranque de ira. Se veía una buena minina, pero no podía juzgarla por su pelaje.
¿Y te aprovechas del vacío legal para jugar a la carnicería con los culpables? Vaya. Pues... no apruebo tus métodos. Pero qué más da, ya estamos en ello. Sólo trata de no apuntarme con esa cosa —dije mirando a la armadura vacía.
¡¡El fuego es la manera más sagrada de purgar herejes!!

Ay, de todas las gatas parlantes en Noreth, yo tenía por la providencia tener que encontrar a las únicas dos que estaban locas.
El camino está despejado. —Kalevala se posó en mi cabeza y alentada de alguna manera por lo que la paladina estaba haciendo y realzando su raza, me enterró las uñas en el cuero cabelludo y maulló—: ¡Andando! ¡Es nuestra oportunidad!
¡Auuuch! —Gemí mientras la sacaba de mi cabeza y la dejaba flotando a la altura de mis ojos—. ¿Es necesario que me arañes?
¡Vamos, es la emoción del momento! ¿No tienes ganas de ir al valle a ver un dragón?
Dragón o no, pronto lo íbamos a averiguar.

Dejar atrás el templo me dolió en el alma. No tan solo porque dejábamos atrás las incontables reliquias que había allí, también por el oro, las joyas y las reliquias. Sí, digo dos veces reliquias porque eran demasiadas para dejarlas atrás. Me lamenté gran parte del camino, en silencio por supuesto, ya que no podía demostrar flaqueza frente a la gata paladina que animaba y daba vida objetos. No quería parecer un pussy frente a ella.
Además, siempre estaba la opción de regresar.
Adentrarnos en el vale no fue ningún problema. La procesión de los antropomorfos había tomado ventaja y en ningún momento nos encontramos más que con sus huellas: patas de todas formas y tamaños, pisadas una sobre otra. El camino discurrió entre las montañas, formando un escarpado pasillo entre dos titánicas paredes de roca. Poco a poco bajamos hasta sentir el sonido de una masa de agua. Un río que discurría por dentro de las montañas y aparecía en el valle, el cual se abrió frente a nosotros.
Vaya, esto no me lo esperaba.
El pasillo de piedra se fue abriendo, en un costado teníamos el río y al otro las escarpadas paredes, y delante, una visión sacada de algún cuento kinaense: Un templo, tres veces más grande que el que habíamos visitado adornaba el fondo del valle, a los pies de las escarpadas montañas que había horadado el río por miles de años, y tras éste, una estatua de más de cincuenta metros de alto, abría sus brazos para recibirnos.
Se parece bastante a la Selene que salvamos, ¿no te parece? —Le dije a la gata, aunque dudaba que fuera buena reconociendo rostros humanos, eso era inherente a las razas humanoides. Quizá fuera buena reconociendo rostros gatunos, pero no le quise preguntar. En cambio le dije: —. Bueno, al menos sabemos hacia donde fueron los antropomorfos. La cuestión ahora es, ¿cómo mierda llegamos hasta allá sin ser vistos a cien metros de distancia?


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Mensaje por Azura el Sáb Mar 02, 2019 7:33 pm

La gata hizo una pequeña nota mental ante la frase de su compañero no metálico. Solo tenía que aprender cómo diablos generar sonido artificialmente e instalárselo a sus queridos lobos. La boca se le hacía agua con las posibilidades, todo ese atún a domicilio. Pasaron unos segundos mientras el tipo admiraba su obra y la gata agitaba sus orejas aquí y allá, deleitándose con el sonido del éxito. Porque no importaba lo que dijera ese cabezahueca de Velsignet, así sonaba el éxito. Un montón de gritos asustados y luego silencio. Y luego, sin duda impresionado por sus obras, el tipo se presentó. ¿Otra vez? No estaba segura, si los humanos tenían el mismo color de pelo lucían iguales.

-Buenos días Stringaard, yo soy Azura, Forjadora de Dragones.- se presentó, alzando una patita.

-Nunca has forjado un dragón.-
respondió el cabezahueca.

-AUN. ¡Y no voy a aceptar criticas de un pedazo de chatarra que huele a sardinas!-

-¡¿Y de quien es la culpa?!-
pero la minina ya lo estaba ignorando completamente, centrándose en su acompañante, que le estaba explicando cosas muy interesantes sobre el Bushido, de lo cual no entendió absolutamente nada, por lo que se limitó a bajar una única oreja mientras mantenía la otra levantada, escuchando a medias. Y luego vino un ataque muy gratuito a su persona.

-¡Mentira! Los paladines protegen a los inocentes, ¡aunque sea aburrido!- una vez había determinado que la historia de la chiquilla sonaba verídica porque sabía a Selen, había hecho todo lo que podía para ayudarla. Pero el tipo redoblo sus gratuitos esfuerzos. -¡¡El fuego es la manera más sagrada de purgar herejes!!- Y tenía razón, por supuesto, los paladines de Karzun no eran los únicos que purgaban con fuego, de hecho, los raros eran los que no lo hacían, no era su culpa que ese tipo viniera de una tierra tan herética que no hubiera visto un verdadero paladín en su vida... Tendría que preguntarle más tarde, para ir a enseñarles lo que era un paladín de verdad.

Por suerte, su segunda al mando volvió antes de que la cosa acabara con una pira, emocionada al igual que ella ante la perspectiva de un dragón.

Encontrar el camino no era realmente un problema, la procesión había dejado un rastro bastante claro, con patas y pezuñas para aburrirse, todas hacia la misma dirección, así que como sus servicios no eran imprescindibles para tal trivial tarea, la gata se echó una pequeña siesta sobre Velsignet. Para cuando se despertó, por culpa del run run del agua, estaba ante un río. Y un templo más allá.

-Sí, es igualita a nuestra Selene.- Mintió descaradamente. Su compañero estaba preocupado por entrar al templo sin ser vistos… para lo cual no tenía una muy buena solución sinceramente.  –Velsy, apunta ballestas con gancho en la lista de proyectos.-

-Ahora mismo, lo pondré con el resto de cosas importantes.-
Dijo el golem, sin moverse ni un ápice. Siempre podía… Siempre podía hacer que Velsy escalara la pared de roca, pero era resbaladiza y no estaba segura de que pudiera cargar también al otro tipo.


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Mensaje por Strindgaard el Miér Mar 13, 2019 4:38 am

Ay, esa gata, qué decepcionante podía llegar a ser. De todas las cosas maravillosas e increíbles que había sido capaz de sacar de bajo su peluda cola no tenía ninguna que pudiera acercarnos unos cuantos metros sin ser vistos. Al final no era muy diferente a todos los paladines, que espadazo aquí, que cruz acá, quema y quema. Pura destrucción en nombre de tal o cual Dios y ninguna construcción.
Ah, pero ahora que lo pienso, yo también soy una especie de paladín de Yigionath. Solo que Yigio no es muy claro en sus intenciones, y por lo tanto, yo tampoco en las mías. Ahh, qué hermoso libre albedrio disfrazado de predestinación. Nada está escrito, todo puede pasar, en el caos está el camino. ¿Y qué mejor agente del caos que yo?

Uhm. Qué poco útil resultan tus artefactos en situaciones no combativas —dije con algo de tacto para no herir los sentimientos de ella, o de su armadura en caso de que los tuviera—. Pero pierde cuidado, oh valerosa paladina, supongo que aún están en su fase beta, ¿no? En fin, creo que yo podría hacer algo al respecto. Sí, sí, si calculo la velocidad del viento y la pendiente del río. Uhm. Dame un segundo
Me acerqué al borde del río para ver qué tan profundo era mientras hacía los cálculos. Más allá, a unos veinte metros, varias barcazas fluían a la distancia. Por el camino no se veía un alma, pero el templo en lo alto lo abarcaba todo con su vista. Tanto si íbamos por agua o por tierra cualquier vigía con un buen par de ojos nos vería llegar. Y eso si no tenían águilas entre ellos, porque si era así estábamos corriendo riesgo tan solo por estar ahí.
Subir por las caras del despeñadero está descartado. Rodear el valle nos tomará horas, y no tenemos tiempo. En conclusión, el único camino viable es ir recto hacia el condenado templo. Me parece que Velsy no tendrá problemas en caminar por el fondo del río, no parece tan profundo y él no parece necesitar respirar, sólo se le mojará la pólvora, en caso de que tenga. Cosa que no dudo en lo absoluto. Nosotros dos, bueno eso es tema aparte —hice un breve silencio, para luego comentarle—. Pensaba que quizá tengas ganas de viajar cómoda en esta linda caja.
Saqué de entre mis cosas una caja blanca del tamaño de mis dos puños, cerrada con una cinta roja, no parecía que fuera a caber dentro ni por asomo, pero con una sonrisa amable me agaché donde se encontraba Azura y dejé la caja en el suelo a sus patas.
No es una caja para transportar mascotas como cualquier otra, sirve para anidar animales de cualquier tamaño. Ah, y también personas, aunque eso no lo recomiendo tanto. El hecho es que dentro de ella me será más fácil transportarte. Luego de que entres pienso volar hasta una de las barcazas que se dirigen hasta el templo.

Era un plan del tipo que no da lugar a fallas. A menos que el viento sobre el río me desviase directo al agua, allí terminaríamos todos mojados y de seguro los barcos nos notarían. Pero el viento estaba a nuestro favor. Mientras la gata se lo pensaba saqué a Kullervo de su duermevela y lo posé en la palma de mi mano.
Este es mi colibrí. Se llama Kull, será quien nos transporte hasta uno de los barcos. —Miré hacia el río, de los cuatro o cinco barcos, solo dos parecían dirigirse hacia el templo, mientras que los otros estaban detenidos, puede que pescando, o algo por el estilo—. Me parece que aquel de la vela roja estará bien. Una vez en el navío Kull me dejará salir, y yo te dejaré salir a ti. Después solo es cosa escabullirnos por el pequeño puerto cerca de la cascada, esperar a tu armadura parlante y subir por las escaleras talladas en la roca. Para ese entonces estaremos debajo del templo así que habrá menos posibilidades de que nos descubran. Más cerca que eso no nos podré llevar. —Me alegré bastante por mi plan magistral, lo otro que podría hacer es mandar todo al demonio y regresar al templo a por las reliquias, pero entonces me quedaría con las ganas de saber qué pretendían los antropomorfos hacer con la pelirroja—. Bien, bien Azura. ¿Qué te parece?


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Mensaje por Azura el Vie Mar 15, 2019 8:15 pm

-¡Tengo una cantidad de tiempo limitada entre mis patas!- contesto la gata ante la puya del demonio. Pero al menos su acompañante parecía dispuesto a hacer algo al fin, a juzgar por como miraba al rio de manera pensativa. ¿Puede que estuviera intentando alcanzar las barcazas en la distancia? Pero por más que las miraba, esas barcazas no se estaban acercando más. ¿Por qué siempre era la única con trucos chulos?

Pero al parecer su plan no incluía las barcazas en absoluto, sino… hacer que Velsignet caminara por el rio, okay, sin problema, podía hacerlo. –No te preocupes, tenemos formas de disparar pólvora mojada. ¡¡¡FLAMENUCKER!!!- Y alzó la patita para que Velsignet la chocara, siendo ignorada completamente. No era un fan de flamenucker, aunque seguramente ella tampoco lo seria si tuviera que incendiar su propio brazo con su aliento ígneo, por más guay que fuese.

Y Azura adoptó la misma cara que Velsignet cuando vio esa caja, claramente demasiado pequeña para ella. Así que era mágica, sin duda, lo notaba en los bigotes… movió la patita, tocando el lazo rojo. Velsignet podía ir por el rio… y ya había llamado a sus menos inteligentes pero más colaborativos golems, uno de ellos sentado allí como un buen perrito y el otro de camino desde la ciudad. Los guardaría en reserva, por si la cosa se torcía, cosa que muy posiblemente pasaría. No por su culpa, por supuesto, nunca lo era. –Espera… si vas a volar, porque diablos debo meterme en esta caja…- Pero ya tenía su contestación…iban a volar…en colibrí…un delicioso colibrí… -¡Hey, que sea un gato no significa que vaya a comerme a Kull!- respondió la felina, enfadada, mientras usaba una pata para limpiarse la baba que se le estaba cayendo de mirar al pajarraco. -Simplemente no veo porque debería…- y un golpe de su patita abrió la caja, catapultándola dentro por algún tipo de magia.

La gata agito la cola, molesta porque había sido un accidente y ronroneando porque, técnicamente, era una caja. Pero antes de darse cuenta, estaban en el templo. Bueno, justo delante, pero habían atravesado todos los problemas. Velsi no tardó en llegar, calado hasta los huesos… ¿hierros? Chorreando, y finalmente avanzaron hacia el templo, con cuidado y silencio.

El templo no era… nada del otro mundo. Es decir, era grande, literalmente, con pasillos enormes, pero no lucia diferente de los edificios en los que habían estado, mayoritariamente madera, con esas puertas correderas tan inadecuadas para un asedio que provocaban un incómodo picor en su ingeniera bélica interior. Colarse dentro no fue muy difícil, teniéndola a ella, una preciosa e inocente gata de exploradora ante unos desprevenidos guardias. No era como si hubiera muchos, ni mucha gente en general, debían estar todos con el “dragón”, seguro que se trataría únicamente de una lagartija glorificada y todo saldría bien.

Es decir… seguro que la suerte sonreía a alguien de pelaje tan suave, esponjoso y brillante.
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Mensaje por Strindgaard el Jue Mar 21, 2019 4:59 am

De regreso en tierra, con apenas unas puntas de la capa mojadas, guardé mi caja sorpresa y le pedí a Kullervo que regresase por gatunas razones. Una vez seguros y luego de cerciorarme de que nadie nos hubiera visto subir, verifiqué algunos implementos que gentilmente habían sido dispuestos para ser recolectados en el sampán de vela roja en el que nos habíamos transportado.
Mira lo que había en el barco —le dije a la gata mostrando entre mis manos tres sardinas que había encontrado entre las redes—. Huelen frescas.
»Y para mí —además de las sardinas logré arrebatar de la caja de suministros un par de galletas de aspecto comestible y una cantimplora en forma de calabaza—. Espero que no te parezca poco adecuado que coma en momentos como este, pero no he probado bocado desde ayer por la tarde. Uhm. Avena.

Las galletas estaban bien de sabor, aunque un poco duras. El agua dentro del templo escaseaba y como no tenía con qué más pasarlas, no me quedó de otra que beber de la cantimplora de calabaza.
Uff. Acá en la isla sí que saben hacer licor de arroz. Es primera vez que me mareo tan rápido.
Creo que eso es porque has pasado mucho tiempo sin beber.
Para cuando me terminé el desayuno mi noble compañera ya se había deshecho de los pocos guardias que había en el primer piso del palacio, de una manera un tanto violenta.
Hubiera sido apropiado dejar a alguien vivo para preguntar dónde están todos.
Aunque preguntar era innecesario. A medida que nos adentrábamos más y más, se podía escuchar el rumor del agua y un canto profundo y claro, que provenía desde el otro lado de las paredes.

Al llegar a la parte trasera del templo el sonido se fue volviendo cada vez más potente. Al dejar atrás las paredes del templo, pudimos notar que eran cientos de voces, las de todos los antropomorfos, que cantaban una lenta letanía a los pies de la titánica estatua de Selen Sanctra. Nos encontrábamos a unos veinte metros del lugar de reunión, todos los peludos nos daban la espalda, observando a la diosa, que surgían del mismo río. El agua, que salía de algún punto dentro de la montaña, envolvía la estatua y se colaba por debajo del templo. Y aunque toda la arquitectura del lugar fuera tan peculiar, lo que se robó mi atención y todo mi aliento fueron los pies de la diosa, pues justo allí se enroscaba una blanca enredadera de brutal tamaño, dando tres vueltas alrededor de la roca tallada, como si se tratara de tres anillos blancos.
Espero que eso no sea lo que creo que es —le dije a la gata, mientras el desayuno se me revolvía en el estómago—. ¿Esas son acaso… escamas? —pregunté, con tanto miedo que mi tono de voz subió algunas décimas.
No hacía falta una segunda apreciación, sin duda la estatua debía de tener más de cincuenta metros de altura, y por simple matemática, la bestial sierpe que se envolvía en sus piernas debía de tener un grosor de unos tres metros de ancho. Era… Era el dragón de que nos habían hablado.

Sus escamas albinas se movían con la lentitud de los segundos en un reloj, y a medida que el canto subía y bajaba por todo el lugar, acallando el rumor del río, también lo hacía la serpiente gigante, que se movía detrás y delante de la estatua, sin aún revelar su cabeza ni cola.
Eso no es un dragón. Pero tiene el tamaño de uno, gata. Sin duda es la sierpe más grande que nunca llegaré a volver a ver. Si me quedo aquí un segundo más.
Nuestra Selen Sanctra no se veía por ningún lado, pero en frente de los antropomorfos había un proscenio, y sobre éste se encontraba Paizo, el lagarto alado, que al parecer iba controlando el canto, moviendo las manos para que los antropomorfos cantasen más alto o bajo, según la necesidad.
Vale. Nuestra pelirroja no está aquí. ¿Qué te parece si buscamos en otro lado? —le pregunté a mi compañera peluda—. ¿Qué te parece en la ciudad o en otra isla, por ejemplo?
Me disponía a retirarme del lugar cuando el canto cesó del todo.
¡Oh, gran kami! ¡Estamos aquí para honrar vuestro año! ¡Tsu, gran dragón! ¡Hemos hecho tu voluntad! ¡El poder de la Diosa, derramado en una humana!
En ese momento se hizo el silencio, y pude oír claramente el tintinear de cadenas a nuestra espalda.
¡Moveos! —Susurré con apremio.
Unos segundos antes de que todos los antropomorfos se voltearan, cogí a la gata y a Velsignet justo a tiempo para escondernos tras grandes biombos dispuestos cerca de la entrada como decoración. El corazón me martilleaba con gran fuerza, y casi no pude creer que justo tras nosotros apareciera nuestra Selen, con las manos atadas a una larga cadena, que tiraba el alto murciélago que nos había recibido momentos antes en el templo.
El antropomorfo tiraba de la mujer en dirección al proscenio. Miré a la gata.
Su destino está sellado, minina. A menos que tengas en tu arsenal algo capaz de hacer frente a un ejército de antropomorfos y su bestial Dios.


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