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Mensaje por Strindgaard el Jue Abr 25, 2019 10:21 pm

Caí de espaldas, no estoy seguro si por la explosión o por la impresión que me llevé al ver la manera en que trataba la situación aquella minina sacada de algún infierno congelado.
¿¡Estás… —Velsy pasó como un soplo por mi costado con la joven pelirroja colgando de su hombro como un saco de patatas—… loca!?
Me puse de pie como pude, mientras a mi espalda se comenzaba a cocinar una gesta de tamaño colosal. Los antropomorfos, los que no estaban heridos, en el suelo o conmocionados por la explosión, se pusieron de pie rápidamente tratando de identificar la procedencia del ataque. Segundos después, varias docenas nos apuntaban con los dedos mientras gruñían, rugían y bufaban.

Comencé a correr, a correr como nunca antes lo había hecho. El camino a la salida estaba despejado, gracias al armamento de Azura, que avanzaba como solo una bola de pelos esponjosa lo podría hacer: grácil y majestuosamente. Mientras le iba pillando el paso a ella y su maquinaria no pude evitar regañarla.
¡Tienes tierra en la cabeza por tanto tiempo con los enanos! ¿No viste acaso que había una sierpe gigante con ellos? ¿No notaste cuántos eran? Mierda, debimos haber huido sin que nadie nos notase, huir y sobrevivir.
Había sido una suerte que el estallido hubo detenido momentáneamente al Dios de los antropomorfos, pues sino además del ejército de peludos también tendríamos treinta toneladas de escamas y plumas sobre nuestras cabezas.

Al salir del templo no pude evitar mirar hacia atrás, donde al menos cuarenta bestias de distinta taxonomía avanzaban como una avalancha de acero y garras hasta nosotros.
¡Rápido, de regreso al barco! Por el camino nos podrán dar caza rápidamente, en cambio por mar al menos solo nos tocará enfrentar la lluvia de flechas.
El bajar al sampán sería toda una travesía para la armadura, así que tomé en brazos a Selen, que seguía encadenada por las muñecas y abrí mis alas para descender planeando.
Caí entre las redes y algunos barriles, dejé a Selen a un costado y comencé a levantar el ancla para zarpar. Para cuando llegó Azura y su compañero ya me encontraba moviendo las velas para coger el viento que nos sacaría de allí.
El viento está de nuestro lado, y la cascada hace que la corriente nos lleve hacia el otro extremo del valle. Si fuera posible me hubiera gustado tener doce hombres para batir los remos pero parece mucho pedir sacar unos cuantos autómatas de bajo la cola.
El navío se comenzó a mover y apenas nos dio unos veinte metros de distancia cuando los leones, rinocerontes, gacelas, monos y otros tantos antropomorfos de variada estirpe comenzaron a llenar los otros tres barcos que estaban amarrados en el pequeño puerto.
Arriba, a unos quince metros estaba el restante de los animales, cargando con arcos y lanzas prestas a disparar.
Mierda, mierda, mierda.
Los demás barcos se comenzaron a acercar, y al mismo tiempo algunas flechas se ensartaron en el casco.
Hay que meter a nuestra chica del cabello rojo bajo cubierta, para que esté a salvo. ¿Conoces alguna manera de quitarle esas cadenas? No traje conmigo mi llave que puede abrir toda clase de cerraduras.


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Mensaje por Azura el Vie Abr 26, 2019 11:56 am

-¡Una paladina siempre protege a los inocentes! Y los de Karzun lo hacen con extremo prejuicio.- Se limitó a explicar la gata tranquilamente, como si explicara que el cielo era azul. Y luego empezó a correr grácilmente lo mas lejos que pudo, siguiendo a Velsignet. Y también su acompañante, con cara de pánico. Nunca lo había visto correr tan rápido la verdad, seguro que más tarde le daría las gracias por haberle ayudado a batir su récord, un poco de preparación física era muy importante para aquellos que no podían montar en golem. Pero lucia un poco gruñón y no estaba segura de entender porque.

-Hey, ¡la vida con los enanos es perfectamente segura!- Salvo que minaras esa roca blancucha tan rara. Sus mineros morían como ratones en la proximidad de sus poderosas fauces. –¡Y todo forma parte de un meticuloso plan de rescate en cuatro pasos!-

-Es “recoge a la chica, corre, Ni idea, Provecho", ¿cierto?-
intervino el golem.

-Bueno…los mejores planes son los simples, menos posibilidades de fallar…- se defendió la gata. –Además, no vamos a perder contra un dragón, los paladines siempre ganan, está en las historias!-

-Porque esas historias las escriben solo los que sobrevivieron al dragón.- aun en plena carrera, Azura encontró el tiempo de dar un coletazo, molesta.

Y a pesar de la poca fe que tenían en ella, llegaron a los barcos. Eran barcos grandes, con remos, lo que implicaba que les faltaban remeros si querían ir rápido de verdad. Pero tampoco tenían que ir rápido, solo más rápido de lo que se podía ir a pie de manera razonable.

¿Por qué? Porque a pesar de que esos antropomorfos estaban bastante cerca, tanto ella como Velsignet y sus caninos tenían normas algo laxas sobre la destrucción de propiedad privada.

Y los barcos eran TAN inflamables.

-Oh, ¿quitar las cadenas? Absolutamente.- respondió alegremente Azura mientras tres chorros de llamas iluminaban la noche a sus espaldas. Seguramente sería mejor no usar la escopeta, se asustarían…si, algo menos… ruidoso. Unos pocos maullidos similares a los que haría un pájaro y un pequeño enjambre de escarabajos metálicos salieron de los perros, cada uno del tamaño del puño. Incluso, en su bondad, maulló la orden en vez de decirla en común, porque en su experiencia, las personas miraban a sus pequeños algo raro cuando decía cosas como “comed el metal pero no la carne” y Miss Diosa-saco-de-patatas ya lucia bastante asustada como estaba.

Aún quedaba el problema de los remos, y la felina medito unos segundos si un remo o un amasijo de cuerdas eran demasiado simples para ser golemizados… Se rasco la barbilla con la pata trasera, pensativa, para después bajar una de sus orejas, curiosa. Bueno, solo había una manera de comprobarlo, ¿cierto? Y si funcionaba, tendría un problema menos del que ocuparse, aunque esperaba que el dragón los alcanzara, se moría de ganas de que su metálico acompañante probara ese nuevo truco que había aprendido… pero aun no tenía un nombre molón para ello…necesitaba más tiempo para prepararse, ¡que desastre! Suspiro. Que dura era la vida de un salvador de inocentes.


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Mensaje por Strindgaard el Sáb Abr 27, 2019 12:46 pm

Las llamas que se elevaban de las tres naves a nuestras espaldas iluminaban la madrugada de una manera casi mágica. Los bordes del valle se entintaban de mezclas de rojos y naranjas a medida que los otros sampanes iban avanzando sin rumbo por los costados del río, hasta detenerse por completo y perderse en las curvas del cauce. Por suerte los animales que habían subido a las naves lograron bajar a tiempo antes de que el fuego los consumiera. Hasta uno pensaría que la gata los había quemado por el placer de destruir más que por la necesidad de deshacerse de nuestros persecutores.

Avanzábamos por el curso medio del río que discurría desde la cabecera de la montaña más alta de la isla, el cauce nos hacía avanzar a buena marcha aunque el viento ya no estuviera tan presente en esta parte del encurvamiento. El camino por el que habíamos llegado hasta el templo se encontraba ya a unos sesenta o setenta metros al este y para alcanzarnos los antropomorfos tendrían que avanzar por una parte de la montaña sin vías ni senderos, retrasándolos.
Era el momento perfecto para poner todo de nosotros y escapar con vida.
Velsignet, toma el remo del otro extremo —le ordené mientras tomaba el remo de babor—. Debemos poner toda la distancia posible entre las bestias y nosotros.
»Ellos conocen mucho mejor que yo esta montaña, y posiblemente estén buscando alcanzarnos en algún meandro o en la desembocadura del río, y de ser posible, preferiría llegar con este navío hasta al menos el curso bajo y desde ahí huir y escondernos en la ciudad hasta encontrar algún barco mejor provisionado que nos saque de este maldito lugar.
Gracias —al otro lado de los barriles, en la proa, una pálida Selen se acariciaba las muñecas—. No sé por qué lo hacen, pero les agradezco que hayan salvado mi vida.
La humilde pelirroja hizo una corta pero formar reverencia a la gata, a mí y a Velsy.

El sampán se sumió en un corto silencio mientras avanzaba libremente por la corriente.
Muy bien, mi estimada señorita. Me parece que antes de continuar al menos necesitamos una explicación de todo lo que sucede aquí. Hace algunas horas parecías muy segura de querer escapar de esa geisha, y luego resultó que a quienes habíamos decidido ayudar a recuperarte de ella eran también unos tipos malos que te querían dar de comer a esa serpentina superdesarrollada.
Kalevala maullaba en mi cabeza, como si no fuera suficiente ya con tener una bola de pelo parlanchina en el barco. Me salí del tablón de remeros y avancé hasta la muchacha. Su mirada estaba cansada y sus labios un tanto apretados por el miedo. Le puse el anillo sobre la piel del brazo para que pudiera ver a mi compañera fantasmal.
Hola. Mi nombre es Kalevala —saludó amablemente.
Le puse una mano sobre el hombro a la pelirroja.
¿Quién eres realmente?
Ella me miró sin vacilar, lanzó un suspiro y bajó un poco el mentón. Quizá avergonzada o asustada.
Los mortales me han dado muchos nombres. Los elfos, que adoran a mis hermanas y a mí como una sola, nos llaman Selene. Los humanos, que se esparcieron y adaptaron como ninguna otra raza me llaman Selen Sanctra. También me han llamado Isil, Telperion y con muchos otros nombres que se han olvidado en las espirales del tiempo.
Kalevala no dijo nada, aquella muchacha decía la verdad. Al menos esa era su verdad y era cierta para ella.
Aunque también soy Lis. Hija de comerciantes. Crecí y viví en Thonomer hasta que hui de casa con mi novio para evitar un matrimonio arreglado. Nos escondimos en Akhdar hasta que el dinero escaseó y tuvimos que ganarnos la vida como pudimos. Pronto el amor se acabó y terminé viviendo de mi cuerpo. Mi cabello rojo era bastante exótico aquí en Ki Nao, así que me trajeron para divertir a los mahre. Pero me engañaron y me vendieron a una casa de geishas. En ese templo, en lo alto de la montaña hicieron un rito que desembocó una parte de la fuerza de la luna sobre mi cuerpo. Aquella mujer me raptó del templo para llevarme lejos de la isla, pero no sabía que pretendían hacer conmigo después de eso. Yo quería regresar con los antropomorfos para que me quitaran esta alma del cuerpo, pero al parecer tenían planes más peligrosos conmigo.
Nuevamente Kalevala se mantuvo en silencio. Selen, o Lis, no mentía.
Muy bien Lis. Nosotros no pretendemos hacerte daño, y aunque no tengo idea de cómo hacer para espantar a Selen de tu cuerpo, al menos Azura y yo evitaremos que esos antropomorfos te la saquen a mordiscos.
Gracias. No saben cuánto lo aprecio.

Regresé al remo. Me había hecho bien conversar con ella para descansar un poco, pues luego de la maratón hasta el barco había quedado con el corazón dando tumbos en mi pecho. Era una suerte que llevaba meses entrenando, pues mi cuerpo ahora soportaba mucho mejor la presión física.
Muy bien. Salgamos de aquí.
El curso del río poco a poco se iba enlenteciendo y el cauce ensanchando, íbamos llegando a un embalse ancho que nos retrasaría algunos minutos. Al ya no tener tantos árboles en las cercanías, el sitio abierto nos dejó al descubierto para que desde el cielo nos avistaran.
Tenemos compañía aérea.
Alcé la vista, había cuatro manchas negras que eran apenas visibles en el cielo plomizo de antes del amanecer.
¿Crees que nos hayan visto?
De pronto su movimiento errático dio paso a una avanzadilla que caía directo a nosotros.
Me parece que sí.
Mierda. Al menos no son más que cuatro.


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Mensaje por Azura el Mar Abr 30, 2019 12:00 pm

Azura estaba mayoritariamente ignorando el desarrollo social en el barco, fijándose en la negra noche, ahora iluminada, mientras Velsignet remaba. Por supuesto estaba vigilando, por si venían más enemigos, no contemplando su gloriosa obra. Pero eso no significaba que no estuviera prestándole la más mínima atención. Su cola iba sacudiéndose de vez en cuando, mientras la brisa de la noche acariciaba sus bigotes y olisqueaba el olor a barbacoa que traía.

Técnicamente era una humana con poder divino, no una diosa. Y eso la molestaba sobremanera. No porque se considerara engañada o traicionada, era… razonablemente cierto. No, lo que la molestaba era que, técnicamente, era igual que sus golems. Un pedazo de divinidad atado a un objeto inanimado, a una persona en ese caso.

¿Y esa superposición de personas? Hablaba de almas, y no estaba del todo equivocada, puesto que Velsignet TENIA personalidad e inteligencia, aunque no la hubiera creado ella, lo que despertaba… problemas en su entrenamiento para replicar un golem tan bueno como él. Su cabeza se llenó de ideas, nuevos caminos ahora que había contemplado esa posibilidad y la verdad, ninguna de ellas era agradable. Descarto las ideas con un movimiento de su patita y se concentró otra vez en el asunto. Tendría que volver a casa, pero eso era un problema para después.

¿Quién diablos hacia eso? ¿Quién sacrificaba personas a un Dios, no un señor? Porque no había ninguna otra manera de verlo. Una mente humana lentamente erosionada por la energía absorbida, dudaba que la chica durara mucho, no tenía ni el poder ni la voluntad. Puede, solo puede, que pudiera ayudarla debido a los paralelismos entre sus poderes, pero eso aun creaba otro pequeño problema. Solo…conseguirían a otra, no podía simplemente irse, de la misma manera que había ayudado a la chiquilla porque era lo correcto, no podía ignorar esa amenaza, especialmente si la siguiente no huía. Agito la cola, molesta.

Yep. Había llegado a una conclusión. Al fin y al cabo, entendía perfectamente el motivo. ¿Controlar a una entidad de pura energía divina? Suicida. ¿Pero establecer algún tipo de hechizo de control, o marca de esclavitud en un recipiente y luego llenarlo de poder? No tenía la más mínima duda de que aguantaría hasta cierto punto, hasta estaba bastante segura de poder calcularla si el método era parecido a su creación de golems, siempre que consiguiera números sobre la capacidad para retención de esencia de la carne humana.

Ni siquiera se dio cuenta de que tenían compañía, pero si sus acompañantes, sus golems interpretando su orden antes de que la hubiera dicho en voz alta, no habían dudado lo más mínimo en disparar a los antropomorfos. “Purga” había decidido su señora, y ellos obedecían. Dos escopetazos procedentes de la boca de sus lobos irrumpieron en la noche sacaron a la gata de su tren de pensamientos, la metralla esparciéndose en una nube letal que derribo a no menos de tres, a juzgar por los chapoteos en el agua. ¿Con esas heridas y seguramente estando emplumados? Se ahogarían sin duda. El ultimo, un murciélago, aterrizo en cubierta, detrás de los lobos, a salvo de las bestias.

-пожирать-
dijo sin pensárselo ni un segundo, y el murciélago fue cubierto de escarabajos. Sus pequeños constructores metálicos lo cubrieron en segundos, cortando y arrancando allí donde podían, que teniendo en cuenta que había venido volando, por lo tanto en armadura ligera, era más bien todo. Unos diez segundos pasaron entre horribles gritos, en los que coloco a Skroll detrás del tipo y después de quitar a los escarabajos, Hati lo empujo, derribándolo por la borda. Para cuando Velsignet hubo llegado a su lado, la serpiente apareció.

La gata clavo las uñas en la madera, sujetándose de lo peor de la envestida contra el barco, y en cuando ese fideo glorificado asomo su fea cabeza, Velsignet le arrojo el hacha en toda la cara… que finalmente vio venir, evitando, aunque una breve canalización de su poder y el hacha se congelo en el aire, volviendo a las manos del golem.
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Mensaje por Strindgaard el Miér Mayo 08, 2019 10:36 pm



La duda estaba ya resuelta. No teníamos a un Dios entre nosotros, sino más bien un avatar, o algo así, ya que por mucho que Selen dijera estar mirando a través de ese bonito par de ojos marrones, aquel cuerpo seguía teniendo la fuerza y poder de un humano promedio. Incapaz de defenderse, ni de atacar. Básicamente un lastre, del cual no me hubiera hecho cargo si esa gata briosa por atacar me hubiese escuchado.

Me crucé de brazos, pensando en por qué los condenados animales parlantes de ese templo la necesitaban tanto. Si habían sido capaces de invocarla una vez, ¿por qué no dos o tres? Entonces tuve que apartar esos pensamientos hacia algún sitio dentro de mi mente para preocupaciones más inmediatas.
Aquellos antropomorfos no se daban por vencidos fácilmente, pero si bien no se quedaban cortos de esfuerzos, de nuestro lado había una pequeña armada del tamaño de tres manzanas puestas una sobre otra, capaz de causar muchos problemas.

Tres de los cuatro cayeron al río envueltos en humo y metralla, mientras el último alcanzó nuestro barco. Se trataba del espigado murciélago, que con un rostro impávido se irguió cuan alto era para atacarnos. Me puse en posición de combate, pensando en que los perros metálicos tendrían que recargar y por lo tanto, demorarían en atacar. No tuve tiempo ni de mirar a Velsignet para coordinarnos, cuando vi saltar sobre nuestro polizón el puñado de cosas que se había deshecho de las cadenas de nuestra muchacha. Observarlas trabajar me produjo una cierta molestia. Quizá fuera por los gritos desesperados, o la manera en que me recordaban a los espejos del desierto o los escrales. Por suerte no fue necesario matar al murciélago a tajos, pues los perros se encargaron de lanzarlo por la borda.
Fue un breve momento de paz, en el cual de hecho pensé que podríamos salir indemnes de tanto caos. Pero, como siempre, no me puedo salir con la mía sin que una bestia gigantesca nos intente comer.

El tal Tsu surgió apareció por la popa, dando una embestida que nos sacó de curso y batió el barco como si se tratara de una cáscara de nuez. Selen gritó y se aferró a los cabos de la vela mayor mientras el agua agitada del río caía como espuma sobre nosotros. Alcancé a ver que Azura había logrado permanecer en el barco, aunque no muy seca que digamos.
Luego de que lograse mantenerme dentro del barco junto a los demás, noté que la sierpe nos observaba desde la distancia. A unos quince metros por sobre el nivel del río, y a unos cinco de distancia, la titánica serpiente batió su lengua bífida un par de veces, y luego dijo:
Siento más de un Ki sagrado provenir desde su pequeña barcaza. Al igual que uno maligno. —Su lengua salía y entraba en su boca al mismo tiempo que la batía, olisqueando el aire—. Qué extraña compañía te has hecho, joven muchacha. Un heraldo del Dios de la forja y su Bunraku, y un heraldo del Señor de los Cambios.
Su boca se abrió en señal de amenaza, tan grande que parecía poder comerse sin problema un carromato.
Me los comeré a todos. Sus Ki serán míos.
De pronto, noté que a mi espalda la gruesa cola de la sierpe comenzaba a enroscarse en la proa, llevándose todo a su paso. Nos estaba distrayendo.
¡Azura! —Grité por sobre el estruendo del maderamen al ser destrozado por la cola de la sierpe—. ¿Tus escarabajos pueden volar?
Rebuscando en último momento entre la bolsa que me había hecho de Folny recuperé aquel vial que me entregó antes de morir.
El gato montés me dijo que le diera de comer esto a su dragón. Si logras metérselo a la boca puede que logremos detenerlo.
Sin muchas esperanzas y antes de que el barco se terminara de destrozar, le hice llegar el vial a Velsignet. Si alguien se tendría que acercar a la boca de aquella cosa, no sería yo.


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Mensaje por Azura el Mar Mayo 14, 2019 1:16 am

Puede que hubiera habido un pequeñito error de cálculo, pensó Azura, mientras era empapada por agua de rió a la vez que la serpiente empezaba a envolver el barco. Es decir, lucia mucho más grande de lo que recordaba.

Y hablaba… y era tan grande…

¿Dónde estaba su Caza-Atunes cuando lo necesitaba? Maldita sea. Bueno, tendría que improvisar, no tenía ni idea de que era un Bunraku, o un Ki, pero estaba bastante segura de que no quería ser comida por una anguila glorificada, no solo no sonaba nada divertido, sino que además aún tenía muchas cosas que hacer, y una breve ausencia de su Caza-Atunes Explosivo 3000 no era un impedimento para alguien con sus recursos. Solo necesitaba pensar algo, algo rápido a juzgar por los crujidos de madera que sus adorables orejas estaban captando.

Y entonces el siervo de su segunda al mando le dio una idea. Si, ese gato les había dado algo, veneno seguramente, cosa que era algo tramposo. Nada que ver con la naturaleza del arma, al fin y al cabo, muchos habrían considerado también deshonroso volarle la cabeza a la anguila con un cañón situado en alguna de las lunas y para ella eso sería la cúspide de la más esponjosa gloria. No, lo que la molestaba era que el veneno no era suyo. Es decir, que estaba haciendo trampas para cumplir sus fines al depender de las creaciones de otros, nada simple y aceptable que comprara a un mercader, sino un producto completamente refinado, no había vuelta al asunto.

Pero no estaba allí defendiendo su honor, ni demostrando la magnificencia de su arte. Estaba allí para defender a la pobre chiquilla, y si para defenderla tenía que darle algo no suyo a esa anguila, pues eso haría.

Y no lo había decidido porque se muriera de curiosidad para saber a qué sabía una anguila tan grande. Así que su metálico acompañante tomo el frasco, se lo guardo, agarro bien el hacha y miró a Azura. Esta asintió y cerró los ojos. Al fin y al cabo, esto necesitaría un toque más femenino, más…felino. La paladina cerró los ojos y en cuando los abrió, salió por patas hacia Velsignet, que le tendió el frasco. Azura agarró el cristal con los dientes y de un elegante salto, estuvo encima de la serpiente.

Sus esponjosas patitas avanzaron raudas, sus fieras garras clavándose en la piel y encontrando asideros donde las patéticas manos humanas habrían fallado. Y saltando gloriosamente de un lado a otro, se fue acercando, evitando los intentos de la sirpe para deshacerse de ella.

Y en su glorioso momento, cuando el ultimo salto iba a situarla en la cabeza, la condenada se apartó, solo un poco, lo justo para que no fuera a llegar, y la gata podría haber jurado que el bicho estaba sonriendo.

Pero ella también, cuando un hacha suspendida en medio del aire llego a sus pies, y con la metálica plataforma cortesía de Velsignet, finalmente llego. Aún quedaba el asunto de hacerle abrir la boca, pero bueno, eso era fácil. La felina le araño el ojo sin tapujos y cuando esta gritó, le estampo el vidrio contra uno de sus colmillos, dejando que el líquido se derramara dentro.

Y luego salió con la cola entre las patas de la manera más honorable y rápida que supo.


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Mensaje por Strindgaard el Miér Mayo 15, 2019 9:22 pm

¡Toma mi mano! —Le grité a Selen para hacerme oír por sobre el estruendo de la madera del barco, que crujía bajo la fuerza de Tsu igual que la cama desvencijada de un prostíbulo. Si dejaba a su suerte en el sampán a esa muchacha, lo más seguro es que terminara siendo el aperitivo de la sierpe—. ¡Muévete! ¡Rápido!
Por mucho que no quisiera, ya estaba metido hasta la tusa en este maldito asunto de salvar a pelirroja. Como demonio, esto de ayudar a Dioses benignos no me traía buena fama, además de considerar el pequeño detalle de que me matarían –o al menos lo intentarían– si descubren mi verdadera forma, pero si ayudando lograba sacar del juego al tal Tsu, tendría una oportunidad de oro para hacerme con el enorme tesoro que yacía en el templo de los antropomorfos.
Valía la pena intentarlo.

Me deslicé por la húmeda y astillada cubierta, sujetando de la muñeca a la pelirroja. El mástil perdió fuerza y comenzó a ladearse a un costado, tiré de Selen en dirección contraria justo a tiempo para evitar que la vela cayera sobre nosotros. Los cabos reventaron por la presión, las cuerdas formaron una telaraña por encima de nuestra cabeza. Las drizas hicieron un sonido sibilante y de pronto el mástil terminó de caer, haciendo añicos la popa y golpeando la cola de la sierpe, que se deslizó fuera del barco como un perro apaleado.
El agua comenzó a tragarse la popa.
Algo me dice que necesitaré más sake.

La condenada gata se había lanzado hacia la cabeza de la sierpe. Comparada con Tsu, parecía una pulga blanca correteando en vertical por la superficie de escamas. Me acerqué hasta Velsignet y sus perros, en la orilla de la proa. ¡Por los muertos! ¿Cómo se le había ocurrido ir ella teniendo a su disposición todo ese enjambre de metal? ¡Ella!
Condenada gata. La va a liar.
Sentí un sudor frío. Un pegajoso sudor que me pegó la camisa a la espalda. El sampán comenzó a escorar, había que saltar. Los segundos siguientes avanzaron con la lentitud de quien siente respirar a la muerte por sobre el hombro.
Azorado vi como la minina lograba alcanzar el rostro de la gigantesca sierpe, y como ésta se alejó lo suficiente para que su próximo salto la enviara al vacío. Se me encogió el estómago al ver como una hacha salvadora sirvió de plataforma y como la gata rasguñó el ojo de la sierpe para hacerle abrir la boca.
El líquido estalló contra el colmillo derecho y se escurrió dentro de su boca.
Increíble. —Solté de golpe el aire que había retenido sin darme cuenta.

Algunos barriles, la vela y sus cabos comenzaron a caer por babor a medida que el sampán se erguía como un animal herido. La sierpe se sacudía frente a nuestros ojos, gruñendo como si el veneno hubiera comenzado ya hacer efecto. Abrió la boca y chillando con una fuerza tal que sentía el ruido retumbar en mi pecho, pude ver que el colmillo en donde había caído el líquido comenzaba a desprenderse en medio de una espuma rojiza.
Del hocico del gran Tsu brotaba sangre y saliva como si hubieran abierto la llave de un manantial. El cabrón de Folny no me había dado veneno, sino…
¿Ácido?
Eché un ojo a la ribera del río, sujeté a Selen y salté al agua.

Claro, tenía sentido. Las serpientes venenosas, a diferencia de las constrictoras, suelen tener colmillos, como era el caso de nuestra querida Tsu. Incluso una ingente cantidad de veneno no le hubiera afectado en lo absoluto, pues era inmune.
Seguí nadando pesadamente gracias a la mochila de Folny y la propia Selen, que pataleaba como un pato tratando de mantenerse a flote.
Ese gato montés planeó en algún momento matar a su gigantesco ídolo. Formuló un virulento ácido y lo resguardó dentro de un vial lo suficientemente resistente para no abrirse por un descuido. Ideó dárselo de comer a Tsu, para que una vez en su vientre los jugos gástricos disolvieran el cristal y liberasen la muerte.
Pero esa jodida gata no tuvo mejor idea que estamparlo contra un colmillo, liberando el ácido en la boca, un mal sitio si uno quiere matar a una serpiente con alas de sesenta metros de largo, pero un buen sitio si el plan hubiera sido quitarle las caries.

Llegué a la orilla jadeante y dolorido luego de tener que nadar por más de veinte metros. Tiré la mochila de folny sobre la hierba de la orilla, ésta se abrió y las pociones rodaron hasta las piernas de Selen, que escupía agua con estertores.
Casi morimos —soltó entre jadeos.
Es interesante que esa frase se podría aplicar a cualquier momento de esta noche. Lo que me deja mucho qué pensar —Me puse de pie a fuerza de voluntad y comencé a estrujar mi capa—. Eres un jodido problema, Lis. Qué bueno que esto parece terminar.
Tsu se había replegado en el río, mientras metía la cabeza al agua y la sacaba en reiteradas ocasiones, intentando quitarse el ácido que ya le había roto la mandíbula inferior en varias partes, revelando carne y hueso. Su boca humeaba levemente y se caía a pedazos poco a poco.
Esto es enfermante, salgamos de aquí, por favor.
Seguro, pero antes, esperemos a la minina. Me siento más seguro con su Bunraku.
El sampán se había hundido del todo, y ya no quedaba de él más que unas cuantas tablas y un trozo de tela que se llevaba la corriente. No se veía la peluda por ningún lado. Tampoco es que se fuera a ver mucho, pero me mantuve atento a cualquier asomo de orejas puntiagudas.
De pronto Tsu se hundió en el agua por completo, el río volvió a una calma extraña, como si nunca hubiera pasado nada.
Mierda. Pon los ojos en el jodido río, hay que sacar a Azura antes de que se la coma esa serpiente.
En eso estaba cuando un grito me hizo voltear.

El murciélago había logrado salir del río, y aunque seguía sangrando por las docenas de cortes que le habían hecho los retoños de Azura, tenía a Selen bien sujeta del cuello con un brazo, mientras que de su otra extremidad colgaba una espada curva de muy buen ver.
Ustedes no se cansan —resoplé y una daga apareció en mi mano tan rápido que ninguno de los presentes supo de qué lugar salió exactamente—. Venga, terminemos esto. —Apareció una daga en mi otra mano, una empuñadura dorada y un filo al que alcanzaban los últimos rayos de la luna roja—. A fin de cuentas, creo que solo falta que yo me ensucie las manos.
¡Atrás! ¡Atrás… o…!—Chilló el antropomorfo, pero por respuesta no obtuvo más que una sonrisa.
¿O qué? Dudo que le fueras hacer daño a esta mojada mujer y su sagrado huésped.
Ya estaba harto de todo esto. Sujeté mis armas y me preparé para el combate.
No te atreverías a atacar con nuestra Diosa de rehén.
Pruébame.

Susurré una palabra y me lancé hacia delante impulsado por cierto talismán. El antropomorfo abrió los ojos como platos y lanzó a un costado a Selen justo a tiempo que me lanzaba sobre él. Hubo un choque de aceros y luego un par enorme de alas comenzaron a batir a tiempo que me deslizaba por la hierba para esquivar un espadazo. Rodé, salté y moví los brazos mientras mi oponente, hacía lo posible por no morir.
Había algo malvado en todo ello, luchar contra alguien débil y herido no me hacía mejor persona, pero sí mejor demonio. Solté un juramento cuando vi la hoja del murciélago pasar como un relámpago por mi costado, al parecer no estaba tan débil como había supuesto. Pero ya no importaba. Ya tan cerca el uno del otro enterrar uno de mis aceros fue sencillo.
El alto antropomorfo soltó un quejido cuando la daga se enterró con un ruido blando justo por debajo de sus costillas. Su espada cayó al suelo, su mano se apoyó en mi hombro. Lo sujeté mientras retorcía la daga en su cuerpo. Nos miramos un momento.
Hubo un tiempo en que nuestro Señor fue benevolente y justo —susurró cerca de mi oído—. A nuestro templo llegaban hermanos de toda especie, entregando su Ki al Señor Tsu, para que con este la Gran Sierpe mantuviera la armonía de la isla. Con los años fuimos cientos, pero poco a poco el gran poder acumulado lo fue corrompiendo. Se volvió un tirano, sediento de poder. La luna, nos dijo, la luna será mía. Me entregará su Ki.
Lo deposité sobre la hierba, extraje la daga con un sonido de succión y luego lo observé dar sus últimos respiros.
Logramos depositar un pequeño aliento de Selen en el cuerpo de una humana. Si tan solo no hubiera escapado, si tan solo todo hubiera seguido en orden.
Ah, pero todo se tuvo que trocar. ¿No? Triste, amigo, pero pasa más a menudo de lo que piensas.
El antropomorfo me miró extrañado, su rostro entonces se suavizó. Dejó de respirar.
Todo terminó.
¡Cuidado!
Me volteé de golpe y vi como unas fauces sangrantes cayeron sobre mí con la fuerza de un ariete. Se cerraron llevándose consigo un buen trozo de hierba y la parte inferior del murciélago.
Tsu tragó y se irguió varios metros por sobre Selen, mientras la miraba con hambre.
¡No! —Desesperada, se tiró al suelo y agarró una de las pociones que habían caído del bolso de Folny—. ¡No!
La sierpe repitió el proceso, pero esta vez Selen estaba preparada. Lanzó el frasco y le dio de lleno en la nariz. Hubo una explosión azul y luego un grito por parte de la sierpe, que ahora tenía la punta de su cabeza congelada.
¡Corre! —La tomé de nuevo de la muñeca y tiré de ella— ¡Momento de huir!
Selen parecía fuera de sí mientras me observaba impresionada.
¿Cómo…? ¡Te vi, fuiste tragado!
Espaciomancia. —Dije sin más, esperando que fuera suficiente explicación—. Anda escóndete allí —la dejé entre algunos matorrales cerca del linde del bosque, a unos metros de la sierpe—. Debo aprovechar que está malherida para terminar con esto.


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Mensaje por Azura el Vie Mayo 17, 2019 2:05 pm

Una empapada Azura llego a la orilla, chorreando agua y con un aspecto no demasiado elegante, cosa que era una herejía en sí misma, pero antes de intentar sacarse el agua, quería comprobar su trabajo. Bueno, no exactamente porque el veneno no era del todo suyo, pero en ese momento no iba a ser tiquismiquis.

Primero…no parecía ser veneno, sino ácido, a juzgar por cómo se derretía la cara de la anguila, cosa que seguramente sería muy malo para la carne…

Segundo, ya estaba muerto, con la cara derritiéndose, no había manera de que esa cosa pudiera cazar con la boca y colmillos como estaban. Pero aun podía causar muchos daños, siendo tan grande y todo eso. Y también estaba lo de ser supermalvado. Así que habría que rematarlo, no había otra. Suspiró.

Sus golemicos acompañantes ya estaban a su lado, con diversos grados de humedad según si habían caído al fondo, o aguantado en el barco hasta bajar más o menos bien. En cualquier caso, estaban descargados, así que Azura superviso la carga de pólvora. Treinta segundos cada uno, no pasaría nada.

Un minuto, alejaba la vista de Selen y el subordinado de su segunda al mando por un maldito minuto y se liaba. ¿De dónde había salido ese murciélago y porque estaba medio muerto? Por no hablar de la serpiente, que se había emperrado en comerse a Selen…bueno eso no era nuevo, y el subordinado estaba un poco…con las manos llenas, así que sin duda era el momento de que ella, la Excelentísima Inventora Felina Azura los rescatara de su predicamento. Lamentablemente se había quedado sin flammernuckels, así que tendría que hacerlo a la antigua usanza.

Sus golems se acercaron rápidamente al combate, a proteger a los inocentes, eliminar al mal y, más importante, conseguir un poco de carne de anguila para su señora. No era como si lo hubiera dicho en voz alta, pero la conexión era más profunda de lo que la gatita parecía ser consciente. Su forjadora quería y ellos proveían, y una minucia como “sigue viva” no iba a interponerse entre ellos y la carne, como mucho la haría más fresca.

-FLAMMERNUCKER 2.0-
gritó a pleno pulmón la felina, provocando una reacción de la serpiente. No solo era la voz de quien le había derretido la cara, sino que gritaba lo mismo que había dicho antes de arrojar un enorme barril de pólvora en su cara, simplemente MERECÍA la atención a riesgo de volar en pedazos si no lo hacía. Pero Azura estaba sola, sus golems mucho más cerca de la serpiente que ella, justo debajo de su cabeza concretamente y entonces dispararon.

Cierto, la pólvora mojada era conocida por ser digamos… poco fiable, pero Azura tenía un truco para ello. Es decir, la manera más rápida de secar algo era ponerlo cerca de un fuego, y la pólvora explotaba con el fuego, haciendo su función, así que si sus golems ardían, la pólvora funcionaba perfectamente, ciertamente una magnífica idea digna de su magnificencia felina, nada que ver con que sus golems eran de metal y por lo tanto seguramente los únicos capaces de hacer eso sin que las armas explotaran horriblemente.


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