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Cae el Atardecer. Cae el Peligro.

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Cae el Atardecer. Cae el Peligro.

Mensaje por Tyrael el Jue Mayo 26, 2016 2:55 am

El sudor caía sobre mi mejilla, cubriendo gran terreno a medida que el golpeteo de mis pies sobre el suelo avanzaba. Me encontraba caminando por un sendero bastante agreste, la vegetación no distaba de otros bosques a los cuales había visitado, sin embargo hacían unas horas no era precisamente así.

Seguramente era castigo divino por no aceptar el aventón de aquellos desconocidos que me acercarían a la ciudad más cercana, sin embargo su carreta llevaba mucha carga y no quería incomodar a ninguno de los dos y tampoco a la pequeña mula que los acarreaba desde su origen hasta posiblemente su destino. Desde que había salido del mágico bosque de Physis sólo me había encontrado con cinco o seis personas, de verdad que el camino que había tomado no era el más transitado pero esperaba que me llevara a mi destino más allá del bosque de Storgronne.

El valiente sol que penetraba aquellas ramas entrelazadas parecía buscar cualquier parte de mi cuerpo para impactar de lleno, no me preocupada pues significaba que Adael estaba en mi vigía y mientras lo tuviera de mi lado, podría lidiar con casi todo. El astro inclemente aumentaba cada vez más, señal teórica que nos acercábamos a la mitad del día, quedaban muchas horas de luz y tenía que encontrar una salida.

Tal vez deba volver… -Hice una pausa mientras admiraba alrededor- Tal vez no… -Dije mientras emprendí marcha de nuevo.

Los recuerdos pasados estaban latentes en mi mente, recordaba casi exactamente cómo había ido a dar a aquel gigantesco matorral. Los bosques de Physis era lo suficientemente pasibles y mágicos como para intentar dar con una conexión plena y sin mayores interrupciones mundanas con Adael.  

Luego de meditar días en aquel encantado bosque, sentí que era tiempo de marcharme a mi hogar, sin embargo la cólera aún me embargaba al recordar que a los miserables a los cuales había pagado para que me llevasen y me trajeran, se habían marchado sin mí asustados por la magia, luego de advertirles que verían cosas extrañas. Después de mucho pensarlo y revisar las estrellas, decidí llegar por mis propios medios hacia cualquier ciudad cercana para contratar un transporte. Celestial se había quedado en la ciudad resguardado por el establo de Angiris, tampoco tenía ganas de ponerlo en peligro al traerlo a una muy larga jornada.

Había caminado mucho cuando noté que la vegetación cambiaba. Las hojas se tornaban con un tono de verde mucho más intenso y oscuro y el aire que se podía respirar era tan extraño que casi podía sentir como una barrera que delimitaba el aire entre las dos zonas. Sabía que posiblemente estaba cambiando de lugar, tal vez me estaba adentrando en la temible “selva” de Storgonne, hogar de algunos demonios bastante inquietantes. De igual manera avancé con paso decidido al observar en las marcas del suelo, huellas de de algo que dibujaba un contorno largo y recto, lo que podría significar las ruedas de una carreta.

Extrañamente me había adentrado completamente en aquel bosque sin saber lo que me deparaba el destino. Me había encontrado varias personas más a pie que no mediaron palabras conmigo a pesar de mi vistosa armadura y aún no terminaba de entender por qué no les había preguntado la salida de esa zona. Orgullo quizás.

Luego de caminar un buen tiempo, alerta a cada sonido que escuchaba y preparado para cualquier eventualidad, llegué a un zona vistosamente mejor a la que había ingresado, el verde de la vegetación se tornaba más vivo y el ambiente se respiraba mejor, sin embargo tenía la sensación de que me estaban vigilando muy de cerca detrás de los árboles, pero cada vez que volteaba no veía a nadie.

¿Qué? –Me detuve volteando en todas las direcciones- Este lugar… No me gusta –Susurré.

Un sonido sordo me había sacado de mis pensamientos y me había hecho volver a la realidad, donde estaba caminando por el sendero verde, alejado de la carretera que parecía internarse en la negrura del bosque. Sin darme cuenta había pasado horas caminando por aquel sendero y aún no encontraba siquiera rastro de humanidad. Estaba acostumbrado al peso de la armadura y no me afectaba tanto, pero ya me empezaba a cansar de cargar con ella bajo el calor ardiente que se filtraba por entre las ramas y hojas.

Nagars –Susurré.

Sabía que en los oscuros bosques de Storgronne, habitaban mutantes, demonios y demás bestias brutales, sin embargo habían diferentes niveles de mutación, haciendo polos opuestos entre lo más mutados que se conocían como Woes y los menos mutados conocidos como Nagar. Ambas razas habitaban en aquel extraño bosque, sin embargo sus costumbres y gustos distaban mucho. Los Woes simplemente querían alejarse de todos y vivir con otros de su misma desdicha, no respetaban nada y eran feroces bestias colmilludas. Los Nagar eran los más consientes y cuidaban su tierra como cualquiera persona cuidaba sus tierras y a pesar de ser físicamente parecidos a los humanos, su capacidad de razonamiento lógico era ligeramente más bajo y eso los hacía peligrosos puesto que podías razonar con ellos y si hacías algo que a no les gustaba podías acabar muerto.

No deseaba encontrarme con ninguno, sin embargo de hacerlo prefería que fuera con los Nagar y así luego de honrarles respetuosamente su hogar, tal vez me indicaran donde estaba la salida de aquel enmarañado bosque.

Alcé mi vista hacia el suelo y pude ver como el cielo perdía su fulgor, su luz era más tenue que nunca y lo que significaba que me quedaban muy poco tiempo de luz para escapar de aquellas tierras o al menos encontrar un lugar para pasar aquella noche y procurar que no me comieran vivo.

Se acerca el reinado de Una. Debo encontrar algún refugio.

Giré mi cabeza a la izquierda y observé lo que parecía una pared de roca blanca, me dirigí hacia allí con rápido cambio de dirección, pasando entre los matorrales y las rocas. Al estar más cerca pude apreciar una abertura de tamaño regular en la piedra.

No es mi estilo, pero bastará.

De nuevo levanté la cabeza para observar con bastante intriga el rápido deterioro de la luz, haciendo mucho más rápido el anochecer. Comencé a caminar en dirección hacia la cueva, observando sus proporciones que serían las propicias para el hogar de cualquier criatura. Cuando estuve en la entrada del gigantesco y muy profundo nicho, caminé hacia adentro pudiendo notar el olor a humedad. Enfoqué las energías sobre el espectro de luz que en cuestión de segundos estalló en luz, iluminando el piso, el techo de las paredes de la cueva. Tomé con mi mano derecha la empuñadura de El’druin y la saqué de su vaina empuñándola y avanzando en la cueva.

-Si eh de quedarme en estos aposentos, deberé explorarlo primero en caso de que algún depredador fuera tenido la misma idea que yo. – Pensé mientras me adentraba en la cueva.

Tal vez ninguno de los elementos que estaban en aquella cueva, como la húmeda tierra o las rocas, o incluso los insectos  jamás hubieran visto la brillante luz que expedían los rayos luminosos de mi espalda. Luego de caminar unos treinta minutos con mi espada blandiendo al aire, llegué al final de la cueva, donde casi no se podía respirar por la falta de oxigeno así que antes de que me desmayara emprendí el viaje de regreso.

Luego de un tiempo llegué a la entrada de nuevo, observando que el cielo se había tornado de un oscuro intenso, el viento había dejado de mecer suavemente las copas de los árboles para ahora casi arrancarlas de su sitio, soplaba un con fuerza increíble.

Pude notar como la luz que emitía Espectro de Luz se hacía cada vez más tenue, signos claros de que se estaba quedando sin carga solar y no podía darme el lujo de quedarme sin luz en aquel momento tan precario como lo era pasar la noche bajo el manto de Storgronne. Salí de la cueva rápidamente y junté cerca de ella unas cuantas ramas, pasto seco que serviría como yesca y algunas piedras las cuales el sol había asolado.

Nunca lo eh hecho, pero intentémoslo. –Dije llevando los recursos a dentro de la cueva.

A unos dos metros de la salida de la cueva, acomodé unas cuantas piedras para que me sirvieran de silla y coloqué los elementos en el suelo. Me quité los pesados guantes metálicos de las manos y los coloqué cerca de mí. Tomé el pasto y dándole forma redondeada y abultada lo coloqué en el piso. Tomé dos piedras de las que había traído de fuera y comencé a golpearlas para generar una chispa. Luego de durar un buen rato haciéndolo, se habían generado varias chispas pero ninguna importante para mi cometido.

Genial –Dije dejando en el suelo las piedras consumidas por los reiteradotes golpes- La primera vez que lo intento y por lo que veo moriré de frío –Sonreí- Aunque hay otra forma –Dije tomando las ramas.

Observaba las dos ramas que había tomado anteriormente y se veían totalmente secas, las coloqué en forma perpendicular y comencé a girar la superior con las manos, rotándola sobre la segunda y sobre su propio eje. Minutos más tarde salía un poco de humo blanco, lo que indicaba que ya había brasa sobre la segunda tabla. Paré de girar las ramas y tomando la segunda rama arrojé suavemente las brasas sobre el pasto, lo que originó una pequeña llama que fue creciendo hasta devorar el pasto por completo, metí al fuego varias ramas de las que había traído y estabilicé la fogata.

Bien, al menos tengo fuego. –Dije recostándome de una de las paredes de la angosta cueva.

No puedo dormir. Si lo hago moriré –Me dije a mi mismo que comenzaba a notar el cansancio y desgaste físico al hacer la fogata.

Había escuchado muchas veces las leyendas de bestias gigantes que poblaban los bosques, específicamente en Storngronne, pero nunca me entusiasmé por descubrir qué tan ciertas eran y tampoco tenía ganas de descubrirlo en ese momento, sin embargo un pequeño ruido de una rama rompiéndose me hizo voltear las afueras de la cueva que se veía de un negro absoluto amenazante. Otro ruido, esta vez más cerca, hizo que me colocara rápidamente los guantes y desenvainara una vez más a El’druim, esperando que lo que fuera que estuviese afuera atacara.

De pronto de la oscuridad de la noche, cerca de los matorrales circundantes a la entrada de la cueva, surgieron unos dos orbes pequeños amarillentos –Un tigre- Pensé. Luego, alrededor de las esferas se materializó como por arte de magia, o por arte de la oscuridad de la noche, una cara de la cual pude distinguir a una figura bastante esbelta entre las plantas que se dirigía a la cueva.

Sin dudas, ahora que estaba más cerca, podía ver que era una mujer, una pero no podía distinguirla completamente. En defensa e información grité.

¡Identifícate! –Grité con la espada blandida.

¡Vengo en paz! ¡Estoy perdida! –Respondió una voz bastante atractiva que cada vez se acercaba más.

¡Acércate! –Dije con autoridad, recordando mis días en la guardia de la ciudad.

La mujer se acercó hasta la entrada de la cueva, hasta que el resplandor de la fogata dio con ella, revelando una esbelta figura, un largo y lacio cabello negro que llegaba a su cintura, su hermosa piel blanca, su cara bastante delineada, sus piernas carnosas que llevaba ataviadas con harapos de tela y cuero por todo el cuerpo que la hacían ver bastante atractiva.

¿Quién eres? –Pregunté mientras aún tenía la espada blandida.

Disculpe… Estaba perdida en el bosque y divisé el resplandor de su fogata. Pensé que era la civilización. –Respondió mientras su hermoso rostro denotaba contrariedad a sus palabras.

¿Cómo te llamas?

Nikonta Shihatsu. Puede decirme Nikol. –Dijo picando el ojo.

Muy bien, señorita. Pase y siéntese –Dije volteándome y envainando a El’druin.

¿Y usted? –Dijo mientras se sentó al lado de mí- ¿Qué hace aquí?

También llegué aquí por equivocación. –Hice una pausa mientras analizaba mis palabras- Por los designios de Crethael, quizás.

¿Quién? –Preguntó extrañada mientras sus amarillos ojos brillaban bajo la luz de la fogata.

Nada. Nadie, quiero decir. ¿Qué hacías vagando por el bosque a media noche?

Misma pregunta para usted. Parece un gran caballero digno de la ciudad, no de estos lugares.

Ya le eh dicho que me eh perdido.

¿Perdido? Puedo ayudarlo a encontrar el camino.

¿No dijiste que también estabas perdida? –Dije mientras posé mi mano derecha sobre la empuñadura de El’druin.

Sí, sí… Pero conozco el lugar desde el camino principal. –Tartamudeó al principio.

Es un peligro salir de noche por este bosque. –Dije observando el esbelto cuerpo de la mujer sin ningún tipo de arma física –No es lugar para señoritas como usted.

Me halaga –Hizo un ademán con la mano mientras se arrimó cortando por la mitad la distancia entre ella y yo.

No pretendía hacerlo…

Pero lo hiciste. ¿Cómo te llamas? –Dijo con voz seductora.

-Tyrael… Deckard Tyrael… Arcángel Deckard Tyrael… De Angiris. –Pensé haciendo alusión a mi apellido biológico.

Puedes llamarme Tyrael. –Dije sin verla.

Hermoso nombre. Dime Tydael ¿Tie…

Dije Tyrael, no Tydael –Interrumpí.

Entonces… Tyrael… ¿Tienes esposa? ¿Hijos?

La pregunta me abrió los ojos y me tomó por sorpresa. En primer lugar era cierto que había dejado las relaciones sentimentales desde hacía mucho en mi búsqueda del bien y el equilibrio, además de la justicia. Pero también era extraña aquella pregunta en las situaciones en la que nos encontrábamos.

¿A qué te refieres? –Dije volteando con el ceño fruncido.

Ya sabes… -Se acercó hasta estar al lado de mí- Digo que si eres un hombre libre.

Mis ojos quedaron hechizados con su belleza y no podía articular ninguna palabra mientras sentía que mi garganta se había atado con un nudo, imposibilitándome tragar saliva o respirar.

¿Qué… Qué haces? –Dije entrecortado.

Lo que tú sabes que quieres… No te resistas.

Me sentía inmovilizado, mis músculos estaban contraídos y nos podía hacer nada para moverlos, no podía quitar mis ojos del fulgor amarillo de la bella mujer. Las manos de Nikonta ahora viajaban por mi armadura recorriendo el metal mientras sentía que acariciaba mi piel desnuda. Se inclinó hacia mí y su cara envuelta en un aura de seducción se acercó a la mía, sus carnosos y bellos labios se acercaron a mi mejilla derecha donde hizo un pequeño roce de nuestras pieles. Levantó la cara y pudo observar el temor e incapacidad en mis pupilas. Se inclinó un poco más para alcanzar mis labios desnudos hasta que estuvo lo suficientemente cerca para darme un beso.

Un ruido se escuchó en la cueva, la piedra donde estábamos sentados llegó a su capacidad máxima con el peso y se partió a la mitad, dejándonos caer de espaldas a mí y la seductiva mujer. Con el golpe seco en la espalda amortiguado por la armadura, pude salir del transe en el cuál estaba y mis músculos se liberaron de cualquier rigidez, me levanté alejándome de ella y saqué ágilmente a El’druin, empuñándola de manera defensiva.

Aléjate, mujer.

No, no… Mírame a los ojos… Volvamos a ser felices –Dijo acercándose con paso apresurado.  

Detente, por favor. –Mis palabras sonaban con un toque de preocupación más de que de miedo.

Mírame, ven conmigo –Dijo tomando con sus manos los harapos que llevaba puesto en la parte superior de su cuerpo y quitándoselos, dejando ver un cuerpo desnudo y blanquecino con unos senos bastantes prominentes.

Sabes muy bien que lo quieres… Ven. –Dejó de caminar.

No. No sé que quieras o hagas, pero conmigo no será.

¡Que vengas te digo! –Gritó cambiando aquella seductora voz por una más grave y con tono gutural – ¡Si no vienes morirás!

¡Que Adael te reprenda! –Grité en respuesta.

Aquella seductora mujer de pecho y senos desnudos, comenzó a crecer significativamente ocupando la mayoría del lugar, obligándome a salir de la cueva. Sus senos fueron cubiertos por espeso pelaje negro que tapó sólo su areola y su pezón. Sus carnosas piernas mutaron convirtiéndose en monstruosas patas de sátiro. Sus manos se transformaron en garras gigantes y filosas, de su espalda brotaron negras alas y su cabello negro y largo se encogió hasta sus hombros a medida que salían cuernos de su cabeza, mientras sus ropajes se caían y quedaba cubierta de pelaje desde sus piernas hasta su vientre.

¡Aaarrggggh! –Soltó un grito ensordecedor.

¿Qué pasa Nikonta Shihatsu o Nikol.? ¿Molesta de no haber follado hoy? –Dije dándome cuenta que era una súcubo y aprovechando para provocarla y que atacara primero.

¡No me llames por ese nombre! –Dijo emprendiendo carrera.

La monstruosa criatura comenzó a cargar contra mí, directo y con ira ciega. Aproveché esto para que cuando estuvo lo bastante suficiente como para apartarme, calculando el peso de mi armadura y el tiempo que duraría corriendo hacia mí. La bestia pasó de largo estrellándose con un árbol. Emprendí carrera y llegando cerca de la bestia realicé una estocada sencilla con El’druin que causo una herida seria en la pierna de la criatura.

La súcubo soltó un chillido de dolor que podría haber reventado los tímpanos de cualquiera si lo hubiera hecho más alargado. Antes de que pudiera responder, lanzó con una de sus monstruosos brazos un golpe que impactó de lleno en mi armadura, lo que me catapultó varios metros atrás cayendo sobre un pasto y arbustos altos que amortiguaron mi caída.

¿Qué pasa demonio? ¿Te arrepientes de haber escogido a Una? La misericordia de Anu es eterna. Ríndete y se te juzgará sabiamente. –Dije levantándome medio adolorido de los arbustos.

¿Dé que me hablas? Morirás. –Soltó la bestia levantándose del árbol y cojeando.

Tú y tu séquito de demonios no son más que escoria para las fuerzas de los Arcángeles –Dije notando que una gota de líquido bajaba por mi mejilla.

¡No sé de qué me hablas, humano pero no vivirás para explicármelo! –Comenzó carrera cojeando por la herida.

¡Que Adael me guíe! –Dije cargando hacia la bestia.

Cuando estuve lo suficientemente cerca como para chocar, salté hacia un lado quitándome del camino de la bestia que cayó al suelo víctima de la herida anterior. Yo caí sobre el duro suelo y mi espada cayó varios metros lejos de mí.

¡Diablos! ¡El’druin!

Me arrastré lo más rápido que pude para coger a El’druin, hasta que llegué donde estaba y tomando su empuñadura giré esperando la estocada o incluso mi posible muerte debido a la estupidez que había hecho al lanzarme al suelo, sin embargo la súcubo aún continuaba en el suelo, respirando agitadamente. Me levanté aparatosamente y me dirigí con cautela hacia la bestia, con El’druin empuñada.

Levántate bestia. No hay honor en acabar contigo si estás en el suelo. Debemos caer en batalla. –Dije agitado y jadeando, la adrenalina se me estaba acabando y empezaba a sentir los efectos de caer a varios metros hacia el suelo.

La bestia continuaba resoplando en el suelo, inmóvil y con su pierna sangrante, con un corte que desde la luz de la tenue fogata que apenas llegaba, no se veía seria. Concentré las pocas energías que le quedaban a Espectro de Luz y éste se encendió dando como origen a los numerosos rayos lumínicos que dejaron ver todo con una luz tenue en un radio de dos metros debido a la descarga que tenían. Me acerqué un poco más y la herida era bastante seria, al parecer había cortado alguna arteria y la bestia se estaba desangrando. Me acerqué cuidadosamente y con el pie la volteé hacia arriba.

¡Anda, acaba conmigo! ¡No te regodees! ¡Mátame! ¡Ya! –Dijo casi sin fuerzas.

Yo…

No quería mostrar mi verdadero yo, sin embargo mi naturaleza me hace hacerlo. Sí, quería succionar mi energía pero guiada por mis instintos, no por que yo quisiera. –Dijo mientras pude notar como una lágrima salía de su ojo izquierdo.

Coloqué un pie en su pecho muy cerca de su garganta para en caso de que hiciera algún movimiento, deslizara el pie y quebrara su garganta.

Escucha, demonio. Debo juzgarte.


Adelante. ¡Acaba conmigo! ¡Rápido!

Es tu naturaleza hacer para lo que fuiste creada, pero tus creencias son diferentes. Sin embargo no quita que me atacaste.

Blandis… Blandiste tu espada contra mí, debí defenderme.

¿Defenderte? Intentabas follar conmigo y matarme en el proceso.


Ya lo eh dicho, no es mi intención. Es mi naturaleza.


Demonio. Odio decirlo pero no haz hecho nada de lo que merezca la pena tu muerte. Te dejaré ir, pero vete y no vuelvas más, me da igual si mueres desangrada pero no hagas eso que ibas a hacer a ningún otro hombre. ¡Jamás! –Bajé el pie de su pecho sabiendo que era imposible que se contuviera al hacerlo.

La súcubo con sus pocas fuerzas que le quedaban, se levantó sobre una pierna y la herida se hizo evidente, tenía un tajo desgarrado a la altura media del fémur, justamente por donde pasaba la arteria femoral, por la cara interna de la pierna.

-Qué suerte, gracias Adael-

La súcubo dijo algunas palabras en  algún lenguaje que no podría ser pronunciado en gargantas humanas, ininteligible y ruidoso, se marchó cojeando en la espesura del bosque, perdiéndose y confundiéndose con lo negro de la noche.
Me llevé la mano a la mejilla derecha y ahí estaba el dolor punzante, me observé la mano y tenía un rastro de sangre viva, al parecer el demonio me había realizado un corte menor en la cara que sin duda me dejaría una marca para mucho tiempo y lo peor era que no tenía los ingredientes adecuados para curarlos. Caminé en dirección a la cueva y cuando estuve en la puerta pude observar la roca rota.

Gracias roca. Gracias Adael. –Susurré.

Me senté en lo que quedaba de roca rota sintiendo los efectos de la caída acentuarse, mi armadura no estaba abollada al menos, pero mi cuerpo si magullado. Revisé si la bolsa que llevaba atada a mi cintura aún llevase la pequeña cantimplora de mala calidad que había tomado de Angiris. La cantimplora estaba, en efecto estaba rota y sólo había unos cuantos mililitros de agua. Me quité el guante y me lavé la herida con el agua, esperando a la que la sangre coagulara.

Aproveché la ocasión para meditar sobre lo que había pasado, la pelea, cómo comenzó y lo más importante, si mi veredicto había sido el correcto. Realmente la súcubo decía la verdad, no era su culpa intentar matarlo por medio del sexo, esa era su naturaleza y tampoco quería mostrar su verdadera forma, incluso insistió quitándose la ropa para que accediera a verla a los ojos. La situación no había sido la mejor, sin embargo no me parecía que el veredicto fuera sido errado, el mejor de todos no fue pero no fue erróneo.

Con esto en la cabeza movilicé la fogata más adentro de la cueva para evitar que cualquier depredador que viniera atraído por la sangre derramada en las afueras de la cueva, se interesara por el  fuego. Durmiendo a ratos intermitentes, amaneció.

Al día siguiente decidí que no me adentraría más en el bosque y que volvería por donde había venido, hasta llegar al tranquilo bosque de Physis y esperar al lado de los caminos que son más transitados. Salí de la cueva y pude notar el charco de sangre seca que había dejado la bestia.

Que Adael nos proteja, nos guíe y nos cuide. –Asegurándome de que no se me quedara nada, me marché con todo lo que había traído y con algo nuevo. Un recuerdo de aquella pelea, una cicatriz en la mejilla derecha de unos cuatro centímetros.


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Re: Cae el Atardecer. Cae el Peligro.

Mensaje por Señorita X el Vie Mayo 27, 2016 12:32 pm

Se ha tomado usted unas importantes licencias que le voy a citar para que las sepa:

- Los súcubos se alimenta del sexo, cierto, pero no matan en el proceso. A veces, si la persona que les ha alimentado, les produce mucho placer, con esa persona repiten más veces, así que no les conviene matarles.

- LOs súcubos, en principio, no se transforman en bichos mutados, aunque en dicho caso pudiera ser especial, no ha visto aquí súcubos que hagan eso.

-Por otro lado, no le especifiqué que la mujer peleara con usted, aunque eso puede dar lugar a que haya interpretado mis palabras con algo más de libertad, lo que no le culpo.

No es que no me haya gustado su hijra, porque está bien, y bien redactado y explicado, pero se ha tomado estas variantes que en teoría, no debía haberse tomado usted.


Se lo voy a aprobar, porque no lo ha hecho mal, y se ha esforzado, pero si lo modificara sería más que adecuado.
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