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¿Seducida por su música? ¿O seduciendo al músico?

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¿Seducida por su música? ¿O seduciendo al músico?

Mensaje por Lynn Kravitz el Sáb Mayo 28, 2016 8:28 pm

Como cada mañana, me levanto. Bueno, mentira. Esta noche la he pasado en la mesa de mi habitación, enfrascado en una nueva composición. Me he dormido con la cabeza sobre los papeles, pero han sido apenas dos horas. Me froto los ojos, me estiro y voy a desayunar. Una vez estoy en el comedor de la posada, recuerdo que no estoy en casa, y que Annie no va a venir para estrujarme y hacerme sacar el desayuno.

Pido unas tortitas acompañadas con leche recién ordeñada. Cuando acabo, suspiro. Subo otra vez a la habitación y me pongo la capa. Hoy estoy en Thonomer, a ver cómo sale la actuación. Cojo la espada y me la ciño por debajo de la capa, entonces agarro la carpeta. Dudo sobre si meter en ella también la canción nueva, la que he compuesto esta noche. No, no. Es demasiado pronto todavía. Hay que pulirla.

Me voy a la plaza y, una vez allí, miro a mi alrededor. Vale, bien. Hora de descubrirse. Me quito la capucha, y veo que algunas personas ya se ponen a mi alrededor. Oh, vaya. Trago saliva, nervioso. Luego, abro la carpeta y saco la primera partitura. Vuelvo a mirar a mi alrededor, vuelvo a tragar saliva, cierro los ojos, respiro a fondo y empiezo a cantar. Al principio, los nervios me ahogan la voz pero luego, como siempre, ya todo va bien.

Como de costumbre, dura cerca de una hora. No he cantado todavía la nueva, creo que no está lista. Además, no tiene letra, no todavía. No soy muy bueno enlazando palabras. Irónico, ¿no? Puedo hacer lo que sea con las notas musicales y las palabras se me resisten.

Cuando acabo, me fijo en un hombre muy bien vestido, elegante y arreglado. Se dirige hacia mí, y yo no lo rehúyo. Sin embargo, no fijo la mirada en sus ojos, sino en algún punto más allá.

-Buenos días -lo saludo.

-Buenos días. No he podido evitar escuchar tu actuación, ha sido magnífica. Me gustaría contratarte para actuar esta noche.

-¿Esta noche? ¿Dónde?

-Mira, ¿ves aquella mansión, la que está más elevada? -miro hacia donde me señala y asiento con la cabeza-. Allí. ¿Qué te parece?

-Claro, acepto encantado.

¿Cómo podría negarme a eso? Seguro que son gente adinerada, de alta cuna. Es un honor que me hayan contratado a mí justamente, que no soy especialmente conocido fuera de Geanostrum. Es una oportunidad fantástica.

-Muy bien, te espero a las siete y media en la mansión.

-Perfecto. Muchas gracias.

-Gracias a ti.

Se aleja y yo vuelvo a la posada. Debo mostrar mi mejor repertorio, es increíble que me esté pasando esto. A las seis me pondré en camino, iré con tranquilidad y espero estar un poco antes de las siete y media.

El día me pasa muy rápido, casi como en un sueño. Practico, como y vuelvo a practicar, y luego me pongo en camino. Me es fácil llegar, la verdad es que no está en un lugar demasiado inaccesible. Estoy a las siete y cuarto, y debo esperar un rato fuera, en el que me dedico a dar una vuelta por las cercanías de la mansión, tratando de no llamar la atención y con la capucha puesta para que no me vean el rostro.

Esta espera se hace muy larga. Queda muy poco rato, pero parece que sea el doble o el triple. Cuando al fin el hombre sale y me busca con la mirada, me quito la capucha, pero no la capa, y voy a su encuentro.

-Ah, estás aquí. Bien, antes de tu actuación, que está programada para las ocho, vamos a ponerte a punto. No puedes salir así.

Me lleva hasta una habitación espaciosa, tanto como el salón y el comedor de mi casa juntos. Me da una ropa bastante rara e incómoda, no me gusta demasiado. Sin embargo, me la pongo y no digo nada. Debo mantener contento al hombre, o perderé esta magnífica oportunidad.

Se hacen las ocho y, agarrando la carpeta, con los nervios subiéndome el corazón a la garganta, voy hacia donde me indican. Uh, está lleno de gente que me recibe con un silencio distendido. Por suerte, no hay demasiada tensión, no es una de esas fiestas en las que las conversaciones están llenas de dobles sentidos hirientes como espadas.

Me presento y empiezo a cantar. Casi al instante, me doy cuenta de que he empezado en el orden inverso. Bueno, ahora no lo puedo cambiar. Lo haré así. Enseguida se me pasan los nervios, es realmente increíble lo que consigue la música en mí. Estoy pendiente solamente de la canción, no me fijo en la gente hasta que, cuando acabo, hacen un sonoro aplaudimiento. Sonrío y saludo, me sonrojo un poco. Entonces trato de marcharme ya, pero el hombre que me ha contratado me lo impide.

-No te vayas, Lynn, has hecho una actuación fantástica -en un susurro, añade una frase-. Creo que la señorita Owen quiere conocerte.

Lo miro y luego miro hacia la gente, donde una muchacha atractiva me lanza miradas. Es ella... Uh, no creía que fuera tan bien recibido. Voy hacia ella y le sonrío, nervioso, sin saber qué decir.

-Buenos días, señor Kravitz. Mi nombre es Amber Owen.

-Encantado.

Como he visto que hacen alguna vez, le cojo la mano y le beso el dorso. Parece que el gesto le gusta, y la tensión se aligera un poco. Luego vamos hacia un amplio balcón, que queda oculto tras una cortina. Pero no nos quedamos allí, sino que me lleva hasta una habitación espaciosa. Deduzco que es su dormitorio. Está decorado suntuosamente, y es muy grande. Intrigado, la miro. ¿Qué quiere?

-Bueno... Tu actuación ha sido maravillosa.

-Muchas gracias, señorita.

-Puedes llamarme Amber.

Asiento con la cabeza. Entonces se sienta en la cama, pero lo hace de un modo que se le suben las faldas casi hasta medio muslo. Aparto la vista y me sonrojo un poco, y ella suelta una pequeña carcajada.

-Uy, lo siento. Soy un poco torpe.

Me invita a sentarme también en la cama, a su lado, y yo lo hago. Me hace una sonrisa traviesa, y yo también le sonrío. Empezamos a hablar de temas triviales, cosas poco importantes. En un momento dado, se inclina a coger un pañuelo que se le cae, y lo hace de modo que se le ve todo. Vuelvo a apartar la vista, esta vez más sonrojado que antes, y vuelvo a oír su carcajada.

-¿Por qué te sonrojas? ¿Te da vergüenza?

-Eh... bueno, sí.

Vuelve a reírse. ¿Por qué se ríe? A mí no me parece divertido que una dama de alta alcurnia vaya enseñándolo todo. Pone una mano encima de las mías y nos miramos a los ojos. Es muy atractiva, sí, pero... ¿tiene que enseñarlo todo?

-¿Has viajado mucho, Lynn?

-He recorrido casi todo Geanostrum, y me gustaría ir más allá. ¿Y tú?

-Oh, no demasiado... -caída de pestañas-. Prefiero quedarme en casa, tranquila. Aunque he estado en Ciudad Esmeralda, y es preciosa.

-Yo no he estado allí. Espero ir algún día.

Se me acerca un poco, y puedo oler su perfume floral. Me tengo que contener para no besarla, seguramente no querrá. Nos quedamos un rato en silencio, hasta que ella reanuda la conversación trivial de antes. Sin embargo, acompaña sus palabras con movimientos de manos y de cabeza y caídas de pestañas que me vuelven loco.

En un momento dado, se levanta, y coge una carpeta con dibujos. Cuando se sienta, vuelve a hacerlo de ese modo con el que la falda se le levanta, y ahora ya no puedo resistir. Cuando me los enseña, con la excusa de coger la carpeta, le cojo la mano. Me mira, pero no la veo sorprendida.

Sonrío, y entonces le suelto la mano. Abre lentamente la carpeta, y me enseña sus dibujos. Parpadeo, sorprendido. La mayoría son desnudos, y los pocos en los que el modelo (o la modelo) lleva ropa, lo deja traslucir todo.

Miro a Amber y la veo sonriendo, mirándome. Deja la carpeta a un lado y se le cae un tirante del vestido. Suavemente, lo cojo y se lo pongo donde corresponde. El contacto de mi mano con su piel de seda me provoca una especie de calambre, de cosquillas agradables en el estómago, y sonrío.

Parece que se ha dado cuenta, y yo abandono toda discreción. Suavemente, la beso. Siento su mano en mi cabeza, sujetándome para que no me separe, y la envuelvo con mis brazos. Cuando despegamos los labios, nos miramos a los ojos y me sonrojo.

-Eh... No sé si esto está bien...

-Oh, tonterías.

Me coge una mano y la lleva directa a su pecho. ¿Qué...? Sorprendido, la miro, pero su mirada no hace más que rogarme que no proteste y que haga lo que dice. Lo hago, todavía con algunos reparos, pero en cuanto vuelve a besarme me dejo llevar y ya no hago caso a la vocecita de mi cabeza que me dice que no lo haga.

Sus pechos son pequeños, pero firmes, y caben en la palma de mi mano. Empiezo a masajearle uno suavemente, temo hacerle daño. Le pongo la otra mano en la cabeza, la atraigo con cuidado hacia mí y la beso. Cierro los ojos, siento una de sus manos en la nuca y la otra en la espalda, sujetándome.

La puerta se abre de golpe y me separo de ella con un bote. Es una de sus doncellas. Oh, vaya. Miro a Amber y luego a la doncella, me sonrojo y, balbuceando, me disculpo. Seguro que eso no estaba bien, que Amber estaba haciendo esto a escondidas de todos. Y he caído como un memo. ¿Tenía pensado lo de la doncella? ¿Habían quedado ya previamente? ¿O quizá me estoy montando yo una paranoia? Trago saliva y miro la puerta, me gustaría fundirme y desaparecer.

Salgo rápidamente, sin despedirme ni darle tiempo a hacerlo. Entonces voy a la habitación a la que he ido en primer lugar y me pongo mi ropa. Oigo pasos que entran, me pongo la capa, me tapo la cabeza con la capucha y salgo rápidamente de la mansión. Yo creía que sólo iba a cantar, pero esa muchacha... No sé si podré sacármela de la cabeza en un largo tiempo.

No sé en qué pensaba... ¿Por qué me he dejado seducir por esa muchacha? Es muy atractiva, seguro que está comprometida, o buscando a un pretendiente. No sé cómo iba a hacer nada, yo... sólo soy un músico, ni siquiera tengo demasiado dinero. Bah, es que nunca aprendo. Debería tener ya la lección aprendida, pero siempre caigo en lo mismo. Los mismos trucos. ¿Por qué no aprendo? Realmente, es un misterio hasta para mí.

Lynn Kravitz

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Re: ¿Seducida por su música? ¿O seduciendo al músico?

Mensaje por Señorita X el Mar Mayo 31, 2016 3:23 pm

Bien, después de la corrección que hizo, como hemos hablado, ya está mucho mejor. Le doy permisos
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Señorita X

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