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La aventura continúa. (Priv. Evelyn Blake.)

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Mensaje por Elíacer el Dom Jul 24, 2016 2:13 pm

Elíacer no quería molestar o decepcionar a Evelyn, de echo no sabía que lo había hecho, solo esperaba que fuera paciente y no se lo tuviera en cuenta. El grifo era joven y estaba bien entrenado y aunque aquella demostración aérea lo había dejado jadeando un poco, pronto recuperó el aliento con el vuelo más tranquilo. Lo bueno es que aquellos esfuerzos físicos lo mantenían tranquilo y relajado, así los efectos del celo no serían tan graves como para afectarle físicamente, al menos de momento. Al escuchar una especie de gemido de la joven, giró primero una oreja hacia ella y luego la cabeza. Al verla con una mano en la boca alzó una ceja, esperando que no le echara la pota encima.

-Si estás mareada puedo descender…- Le ofreció preocupado.

Al escuchar la dura reprimenda de ella agachó las orejitas y la cabeza, poniendo ojos tristes, mirando de nuevo hacia delante. Pero la seguía escuchando, algo encogido y arrepentido.

-L-lo siento mucho Evelyn… sólo quería impresionarte… estoy muy seguro de mis capacidades, sabía que no nos iba a pasar nada. Yo nunca te pondría en peligro…- Respondió con voz apenada, casi parecía a punto de echarse a llorar de lo arrepentido que estaba.

Se mantuvo encogido, apenado y triste hasta que ella le dio la orden de seguir… El grifo asintió y aumentó el ritmo de sus alas a una velocidad cómoda para ambos. Era más rápido que cuando hicieron el primer trayecto en que ella iba dormida, de modo que avanzaron mucho más terreno que esa mañana. Voló veloz y en silencio, solo hablando o respondiendo si ella le preguntaba o hacía algún comentario. Ya habían empezado a salir las primeras estrellas y el sol estaba cercano a ocultarse por completo cuando llegaron a su destino. Habían pasado por pueblos, aldeas y granjas diseminadas en la primera parte del viaje, pero desde hacía unas horas no habían visto rastro de ninguna población. Las ruinas despuntaron de una zona densamente boscosa, los muros estaban llenos de musgo, plantas trepadoras y pequeños arbustos de flores blancas. Enredaderas de jazmines se extendían por todo el lugar y llenaban todo con su fragancia. Elíacer frunció el ceño al detectar cierta cantidad de aguas estancadas, se notaba que aquel sitio solía ser muy húmedo, pero o bien el lugar estaba cambiando a un ambiente manos húmedo o no era la época en la que aquello estaba inundado. Buscó un lugar adecuado donde aterrizó y lo hizo en el segundo piso de un edificio que había perdido buena parte del techo y dos de las cuatro paredes. El suelo era de piedra y aguantó el peso del grifo, este inspeccionó un poco el lugar. El suelo de piedra estaba cubierto en parte de musgo y algunas hierbas que crecían entre las rendijas de bloques de piedra. En una esquina aún quedaba parte del techo de pizarra negra y cerca una vieja chimenea de ladrillos.

-Cre-creo que será un buen lugar para pasar la noche, lejos del suelo, donde pueden haber serpientes y otros bichos… Si quieres iré a buscar madera.- Dijo señalando la vieja chimenea de ladrillo. Esperó que ella le quitara la montura y las alforjas donde iban todas las provisiones, mantas, saco de dormir, utensilios para cocinar y todo lo demás.-Volveré en un ratito…-Dijo aun con las orejas gachas, apenado por la regañina de ella.

Alzó el vuelo se alejó hacia el cercano bosque, empezando a recoger leña de la zona. El grifo hizo varios viajes trayendo brazadas de leña con las patas delanteras, dejándolas a un lado de la chimenea. Cogió leña de sobra para toda la noche, pues quizás estuvieran unos días inspeccionando el lugar. En el último viaje que hizo, el grifo regresó con un jabalí, el animal había sido destripado y despellejado, pero se notaba que era un jabato. El grifo lo dejó sobre un montón de hierba fresca con la que había echo una alfombra anteriormente. Miró a Evelyn con una muda súplica de disculpa, esperando que aceptara parte del jabalí para perdonarlo, que cogiera primero carne para ella y él daría cuenta del resto. En principio no había ningún peligro o amenaza por los alrededores, por lo que deberían pasar una noche tranquilos. Como siempre Elíacer se ofrecería para dormir con ella, cubriéndola con una de sus alas.
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Re: La aventura continúa. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Evelyn Blake el Lun Jul 25, 2016 2:18 pm

Tardaron el resto del día en llegar, aterrizando justo cuando los últimos retazos del Sol se ocultaban en el horizonte, aunque la verdad era que no podría haberlo sabido de no haber llegado volando, puesto que el bosque en el que estaban esas ruinas lo ocultaba todo de la vista. El lugar de aterrizaje era decente, tenía dos de las cuatro paredes, lo que implicaba no demasiado frio, y por suerte las escaleras tenían un estado decente, así que no se partiría el cuello al intentar subir o bajar. El olor a jazmín era demasiado fuerte para su fino olfato, sabía que al final se acostumbraría una vez su nariz se saturara, era exactamente igual que con los perfumes, si eran demasiado fuertes, en dos o tres inspiraciones dejabas de olerlos durante unos minutos. Se desabrocho las correas de sus piernas con calma y luego le quito la montura al grifo. –Serpientes…- no le hacía demasiada gracia ser mordisqueada en medio de la noche, aunque, la verdad, los animales salvajes nunca la habían atacado salvo que les pasara algo realmente grave, al fin y al cabo, para ellos ella solo era un zorro grande y rarito.

La peliblanca bajo al nivel del suelo tranquilamente, sentándose al pie de las escaleras, relajándose un poco mientras observaba las ruinas. No parecía un mal lugar, ¿Por qué estaría abandonado? No recordaba que ese cartógrafo se lo hubiese mencionado, aunque ahora mismo daba igual, eso de que la naturaleza entrara en el pueblo le daba un bonito toque feral. Su montura iba y venía, pero ella se mantuvo en el pie de las escaleras, pensando en sus cosas y antes de que se diese cuenta, estaba rodeada de luciérnagas, que oscilaban a su alrededor, preguntándose quien era esa extraña en su territorio. Eran bichos, lo que las hacia un poco asquerosas, pero por otro lado, tenían una luz preciosa, así que estaban perdonadas por haber nacido en el reino animal equivocado. No se movió del lado de sus nuevas amigas las luciérnagas hasta que se dio cuenta de que el grifo había parado de ir y venir, momento en el que subió otra vez a su refugio improvisado para descubrir al grifo con un montón de leña y un jabato. A juzgar por la mirada de cachorrillo que le estaba dando, el jabalí era algún tipo de soborno para que no le gruñera más, lo que le arrancó una sonrisa. La mujer zorro empezó a rebuscar entre el material de cocina y sacó una olla. Por más que fuese una cría, el jabalí tenía una carne muy dura, así que haría estofado, lo que implicaba encontrar agua clara y luego hervirla para no enfermar. Un bosque tan grande tenía que tener un rio o un lago, y dado que no había habido nadie por allí en mucho tiempo, los senderos que había eran los hechos por animales, así que no tardo prácticamente nada en volver con una llena de agua, llenar de leña la chimenea y encenderla. El resto era fácil, corto la carne a trozos masticables mientras hervía el agua, dejo que se enfriara un poco luego y añadió la carne y unas pocas verduras, con eso seguramente tendría para unos cuantas comidas, y aun le quedaba carne para que el grifo comiese un poco. Cuando acabo de comer, tapo la olla, puso un poco más de leña para que el fuego ardiera suavemente durante la noche y se acurruco junto a su cojín de plumas volador.


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Re: La aventura continúa. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Elíacer el Vie Jul 29, 2016 12:20 am

Evelyn no le dirigió la palabra, de modo que Elíacer se mantuvo distante, con las orejas y la cabeza gachas en actitud arrepentida y apenada. Trató de hacer todo lo posible para ahorrarle trabajo a la mujer zorro, como buscar la leña y algo de carne fresca, la cual Evelyn se ocupó de cocinar y transformar en un delicioso estofado. Elíacer no había visto nada sospechoso por el lugar, ni animales peligrosos ni monstruos ni nada por el sitio. Aparte de que por que aquel lugar parecía sufrir inundaciones en ciertas épocas del año, no lo veía mal lugar para vivir. Seguro que había zonas del terreno más altas donde construir lejos de las inundaciones o incluso se podría desviar los cursos de agua que inundaban el lugar.

Le pareció ver una sonrisa en los labios de Evelyn cuando preparó el jabalí, él empezó a hacer un nido con los materiales que encontró por allí, haciéndolo lo más cómodo posible con musgo. Aquella sonrisa lo relajó un poco más, haciéndole mover la cola y que sus orejas no estuvieran tan gachas. Las luciérnagas volaban todo el rato en círculos encima de la cabeza del grifo, el cual molesto agitaba las orejas y lanzaba picotazos al aire tratando de atrapar a los insectos luminosos, pero estos siempre parecían esquivar los intentos del grifo. Cuando Evelyn volviera con el agua se encontraría al grifo, con las plumas todas infladas por la indignación, con las alas ahuecadas mientras trataba de atrapar las luciérnagas. Cuando la comida estuvo lista, comieron los dos del estofado, pues había suficiente para ambos. Elíacer se tumbó en su nido y se sorprendió de forma muy agradable cuando ella decidió dormirse con él. Como siempre formó un hueco con su cuerpo y una de las alas para Evelyn, que se acurrucó contra él y luego la envolvió con el ala como si fuera una tienda de campaña. Cuando Evelyn se hubo quedado dormido, Elíacer no tardó en seguirla al mundo de los sueños. Se quedó mirando el fuego de la vieja chimenea de ladrillo, que ardía ofreciendo luz y calor.

Un sonido despertó con un respingo a Elíacer, que con ojos somnolientos miró alrededor, despejándose y poniéndose alerte en pocos segundos. Sus orejas estaban tiesas, atentas a cualquier ruido. El día aún no había comenzado, aunque un tenue claro se adivinaba por el este. Un nuevo sonido y un movimiento en las sombras de la maleza que rodeaba el lugar lo hizo tensarse y se levantó con fluidez y cuidado para no despertar a Evelyn si esta seguía durmiendo. Caminó hasta el borde de piedra del segundo piso dl edificio donde se habían quedado, en el fuego solo quedaban algunas brasas y cenizas grises. El bosque aún estaba entre densas y oscuras sombras, estrechó la mirada, con las orejas también “mirando” hacia allí, con la cola moviéndose en actitud amenazante hacia aquello que se había movido.

-¡Ayuda! ¡Socorro!- Una figura pequeña, sucia y vestida con arapos, salió corriendo de entre la maleza del bosque, parecía una niña humana.

Elíacer pegó un pequeño brinco y luego lanzó una especie de siseo o graznido de advertencia hacia aquella figura, pero antes de poder darse cuenta, algo salió disparado como un rayo y se aferró en torno a una de sus patas delanteras y dio un brusco tirón. El grifó lanzo un graznido de sorpresa al ser arrastrado, lanzó un picotazo a lo que parecía una gruesa pero flexible liana verde oscuro. La línea pareció lanzar un siseo como una serpiente y se recogió. Elíacer había logrado engancharse con las patas delanteras al borde del edificio, batiendo las alas para tratar de auparse. La niña que había salido del bosque se ocultó en el piso inferior dela casa. Dos nuevas lianas se lanzaron a por Elíacer, rodeándole la cintura y otra el cuello, Desesperado graznó buscando la ayuda de Evelyn, esperando que la mujer zorro ya estuviera totalmente despierta y muy cerca para ayudarle.
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Re: La aventura continúa. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Evelyn Blake el Sáb Jul 30, 2016 2:47 pm

Por más que ella pensara que esas luciérnagas eran preciosas, su montura parecía discrepar a juzgar por los picotazos lanzados a los pobres terribles y luminosos enemigos y sus plumas hinchadas como la cola de un gato indignado. Se apiado un poco y aparto las luciérnagas, no violentamente, como estaba intentando el grifo, sino rodeándolas suavemente con las manos ahuecadas y liberándolas un poco más allá, seguramente volverían en nada, curiosas como gatos, pero esperaba que algunas entendieran el mensaje y dejaran de molestar.

Evelyn estaba acostumbrada a dormir en sitios que no solían considerarse especialmente cómodos, como la copa de un árbol, ¿para qué pagarle a un tabernero cuando se podía dormir rodeada de naturaleza? No era extremadamente cómodo, pero tampoco se despertaba agarrotada, y conseguía mantener un estado de alerta que estaba segura sería útil algún día, pero la verdad, una podía acostumbrarse a un todo en uno de cojín, colchón y manta de suaves plumas de grifo, y relativamente gratis, solo tenía que mantenerlo alimentado, que no debía ser barato, pero por suerte su grifo sabia cazar solo, lo que le ahorraba horrores en comida.

Por ese mismo motivo, cuando pasabas de una cama calentita y emplumada, a un duro y frio suelo de piedra, salías del sueño rápidamente. La peliblanca bostezo, tapándose la boca con una de sus colas y busco a su alrededor a su almohada, pero no estaba por ningún lado, así que se desperezó en la oscuridad y se dispuso a encontrarlo antes de que se comiera a esas pobres luciérnagas, pero cuando bajo no se encontró lo que se esperaba, a el grifo mordisqueando a esos pobres insectos en la oscuridad, la escena que tenía delante era mucho más bizarra, en el primer piso había una pequeña niña, que se estaba escondiendo de algún tipo de serpientes que parecían estar causándole problemas a su montura. La mujer zorro no se separaba de su arma, precisamente para casos como ese, bueno, era una situación demasiado extraña como para haberla previsto, pero para casos en los que necesitara el arma nada más despertarse, como con un ataque bandido. Su rapier silbo en la noche con un precioso y agudo sonido. Puede que picotear una liana no funcionara demasiado bien, pero esas cosas eran básicamente cuerdas, cuerdas que podía partir en dos con un tajo limpio, por lo que en unos pocos cortes su grifito ya estaba libre. No tenía ni idea de qué diablos empujaba a una planta-serpiente a intentar comerse a un grifo que debía pesar no menos de doscientos kilos, pero desde luego no sonaba demasiado natural. Los ojos rasgados de Evelyn empezaron a escrutar la oscuridad. No había demasiada luz, a pesar de que las luciérnagas pululaban por la zona, simplemente no había suficientes ni volaban lo suficientemente lejos, pero para ella esa poca luz bastaba para apañárselas, así que giro su cuerpo, poniéndolo de lado, alineado con la mano que sujetaba el arma, esperando a que su grifo se recuperara del susto.
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Re: La aventura continúa. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Elíacer el Mar Ago 02, 2016 12:17 am

Lo de las luciérnagas había conseguido liberar algo de la preocupación y la tensión en el grifo, el cual agradeció la ayuda de Evelyn que espantó las luciérnagas lejos de él. Luego de cenar pudieron dormir tranquilos, sólo con los típicos sonidos de un bosque hasta que Elíacer se despertó por aquel ruido extraño. Le gustaba dormir con Evelyn, sentir el calor y el olor de la mujer zorro le hacía sentir por alguna razón unido a alguien en aquel lugar que le era tan desconocido, tan desoladoramente vacío y solitario.

Luego todo sucedió muy deprisa, aquella niña llorosa y sucia escondiéndose entre las ruinas del primer piso y el atacado por unos tentáculos viscosos y asquerosos. Elíacer estaba colgado por el borde del segundo piso, con las garras clavadas entre las hendiduras que había entre los bloques de piedra que formaban el suelo. Elíacer vio como Evelyn reaccionaba y corría en su ayuda, justo en aquel momento uno de los tentáculos se deslizó entre sus patas traseras, haciendo abrir los ojos de golpe al grifo y lanzar un agudo graznido de sorpresa y pánico, pensando que aquella cosa no solo iba a matarlo, sino abusar de él. Por suerte las estocadas de la mujer zorro fueron precisas y certeras, seccionando aquellos tentáculos o lianas verdosas. Se apartaron retorciéndose y produciendo un sonido espeluznante, como chillidos metálicos, mientras expulsaban fluidos violetas. Elíacer pudo impulsarse hasta donde estaba Evelyn, mientras se giraba en actitud amenazante hacia su amenazante. Entre las densas sombras de la maleza, se removía algo enorme, provocando miles de susurros y sonidos.

-Creo que va a atacar de nuevo.- Graznó el grifo con actitud amenazante, con las plumas infladas.- Justo en aquel momento el sol comenzó a salir y los acarició con su luz dorada.

Los tentáculos volvieron a salir disparadas de las sombras del bosque, pero cuando el sol las tocó, humearon y la criatura lanzó chillidos de agonía, volviendo a ocultarse en las sombras. Los sonidos desaparecieron, alejándose del lugar. Empezó a escucharse unos sollozos en el piso de abajo, Elíacer miró a Evelyn y extendió las alas.

-Parece ser que el Sol espanta a esa cosa, sea la que sea…Iré a ver a nuestra pequeña invitada.- Dijo mientras bajaba de un salto al piso inferior. Tras unos segundos la voz del grifo la llamo.- ¡Evelyn, ven a ver! –La llamó el grifo apremiante.

Cuando Evelyn bajara se encontraría en el piso inferior que se iba iluminando con el sol, Elíacer estaba parado de espaldas al sol y frente a él, estaba la pequeña figura de una niña de unos nueve o diez años. Tenía el pelo corto y sucio, aunque parecía de color blanco. Sus ropas eran harapos y parecía sucia y desnutrida. Pero aquello no era lo mejor, lo mejor era que unas orejas zorrunas sobresalían de la cabeza de la niña, al igual que una plumosa y sucia cola de zorro. Se giró hacia las escaleras por la que bajara Evelyn y se toparía con unos grandes y hermosos ojos azules.

-Se llama Lucy, dice que escapó de unas mazmorras o algo así.- Explicó el grifo, que se mantenía con las alas ahuecadas a los costados, moviendo la cola a su espalda.
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Re: La aventura continúa. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Evelyn Blake el Mar Ago 02, 2016 11:33 pm

Chupado, era la mejor jardinera en kilómetros, y que no hubiese ni un triste pueblo en prácticamente días a pie no tenía nada que ver, nada en absoluto. Aunque un jardinero implicaba que podaba plantas, y no tenía claro si algo que chillaba horriblemente y sangraba un líquido violeta podía considerarse una planta, la última vez que comió verdura, esta no chillaba. Se mantuvo impasible, esperando a que esas lianas raritas salieran de nuevo, puesto que no se atrevía a meterse de lleno en el bosque con algo que perfectamente podía rodearla, simplemente no podría hacer nada si no podía cortar todas las lianas de golpe, pero eso nunca llego a ocurrir, puesto que el sol parecía quemarlas, cosa aún más rara, otra que agregar a la lista. –No creo que este sea un buen lugar para vosotros…- Se limitó a decir, pensativa, mientras veía como chamuscaba las lianas. Siguió allí parada, esperando, por si acaso se decidía a hacer un segundo intento.

Pero ese segundo intento no llego, al parecer habían ganado de verdad, así que volvió dentro en cuando el grifito la llamó. Su nueva acompañante era una niña, como había creído inicialmente, pero no era humana, era como ella, con menos colas, pero como ella, y estaba llorando. Evelyn se puso ante ella, con ambas rodillas en el suelo y la abrazo sin decir nada, lo que no hizo más que intensificar los sollozos. –Shhhhh, ya está, shhhh.- Se despegó un poco y saco su odre de agua, mojando un poco el borde de su capa y limpiándole la cara. –Una chica tan bonita no puede estar sucia ¿tienes hambre?- Se levantó y la cogió de la mano, dándole un coletazo juguetón, aún tenían estofado de la noche anterior, le calentaría un poco. Uso la leña que quedaba y reencendió la hoguera. Aún era temprano, recién estaba despuntando el sol, pero parecía que tendría que hacer muchísimas cosas. Le dio una de sus mudas a Lucy, una camisa blanca que le iba enorme, pero que así le servía de vestido, lo que le permitía quitarse esos harapos.

-Grifito, despegaremos los tres después de comer.-Llevaba un rato agitando sus colas sin parar, nerviosa. Una niña no acababa en una mazmorra sola, alguien la retenía allí, y dado que tenía cola y orejas… se hacía una idea. Irían al pueblo más cercano, la dejaría a buen recaudo unas pocas horas y luego volvería, no iba a llevarla otra vez al lugar del que había escapado, no solo sería cruel, sino traumático, no quería que la chiquilla viese lo que pasaría.

No se consideraba mala persona. Robaba, cierto, pero siempre a quien parecía poder permitírselo, y sin exceso, intentaba no arruinarle la vida a la gente, cogiendo solo lo poco que necesitara, y ayudaba a las personas siempre que podía y, aun así, entendía que el mundo no era blanco y negro, la gente mataba, a veces sin razón, otras con motivos, más o menos justificados, un asesino no era necesariamente malo.

Pero encerrar a una pobre niña, en contra de su voluntad, mal vestida, cuidada y alimentada, simplemente porque era bonita o porque te gustaban sus orejas o por cualquier perverso motivo… le hervía la sangre, la alejaría de ese bosque no porque temiese por su seguridad, seguro que ella podía protegerla, al fin y al cabo, estaba con una montura voladora, a las malas el grifo podía emprender el vuelo con la niña, no, se la llevaría lejos porque no quería que viese la escabechina que ocurriría. Ella luchaba para proteger a los demás, y con algunas personas, la única manera de que el mundo estuviese protegido de ellas era ser juez, jurado y verdugo.


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Re: La aventura continúa. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Elíacer el Jue Ago 04, 2016 12:59 pm

Elíacer aún estaba asqueado por la sensación pegajosa y asquerosa de aquellas cosas que lo habían atrapado. Había cogido un puñado de hierba con disimulo y trataba de frotarse con algo de torpeza. “Necesito un buen baño, esta cosa huele mal y es pegajosa.” Pensó para sí mismo mientras esperaba a que Evelyn bajara al primer piso.

-No, puede que no, pero no podemos darnos por rendidos tan pronto, esta zona es enorme y puede que esa maldita cosa no esté por todo el bosque.
- Dijo el grifo esperanzando, viendo como Evelyn se acercaba a la niña y se hacía cargo de la situación mostrando una gran determinación.

Elíacer se mantuvo a una distancia prudencial de la pequeña, a contra del aire pues ésta desprendía el olor de una persona la cual no había visto un baño en meses y la ropa que llevaba casi parecía caerse a pedazos, puede que en algún momento fuera un camisón y la fina tela no ocultaba que debajo de aquella prenda de ropa no llevaba nada más. La pequeña pareció un poco sorprendida de la reacción de Evelyn, cuando ésta la abrazó se mantuvo inmóvil y tensa como la membrana de un tambor. La pequeña se dejó limpiar la cara, asintiendo en silencio a la pregunta de ella por si tenía hambre, se dejó guiar hasta el segundo piso mientras que Elíacer se impulsaba con un salto y usando sus alas para mayor impulso. Allí el grifo vio que la mujer zorro estaba preparando el estofado de la noche anterior para darle de comer a la pequeña, el grifo dejó escapar un suspiro, le hubiera gustado comer más de aquel delicioso estofado, pero ya cazaría algo antes de partir. Cuando Evelyn le dio la prenda de ropa nueva, la niña se desnudó sin ningún pudor, dejando ver marcas y cicatrices por todo su joven y desnutrido cuerpo. Se sujetó la camisa usando una tira de tela de su viejo vestuario como una especie de cinturón. Elíacer observaba todo con tranquilidad, tumbado sobre el vientre y las patas delanteras cruzadas delante de él.

-Gracias.- Dijo algo tímida la niña, con las orejitas zorrunas gachas, mientras se sentaba con las piernas flexionadas y rodeándose las piernas con los brazos, apoyando la barbilla entre las rodillas, mirando el fuego.

El grifo dirigió la mirada y sus orejas hacia Evelyn, cuando esta le habló, hizo una mueca de fastidio pero asintió mientras se incorporaba ahuecando las alas. El pueblo más cercano quedaba a tres cuartos de día de viaje, de modo que tendrían que pasar la noche allí antes de regresar a aquel lugar.

-Iré a buscar algo para el desayuno, creo que había peces en un lago cercano, no tardaré.- Dijo el grifo abriendo las alas e impulsándose hacia el cielo. La pequeña niña zorro se quedó asombrada, admirando al grifo como se alejaba volando por encima de los árboles.

-¿Es tu esclavo?- Preguntó la niña, con voz clara. Se pasó una mano sucia por la nariz, manchándose de nuevo parte de la cara. Sus ojos eran de un profundo e increíble color azul.- No sabía que una de nosotros pudiéramos tener esclavos.- Dijo curiosa, olfateando hacia la comida que se calentaba como un animal.- Mi Amo me dice que seres abominables como nosotras no tenemos cabida en el mundo, que nos hicieron para ser esclavas…- Miró de nuevo a Evelyn.- Pero yo siempre pensé que no podía ser verdad, el Amo es un hombre cruel y mentiroso, muchas veces dice que hará algo y luego cambia de idea.- Dijo con un ligero puchero y un temblor de sus labios. Por lo que decía daba a entender que había más como ella en si situación.

Elíacer no tardó mucho en regresar con media docena de peces, eran truchas y las traía destripadas y preparadas para ser ensartadas y asadas. La pequeña aplaudió entusiasmada, le quitó los peces al grifo sin darle las gracias siquiera y se los llevó a Evelyn, dándole a la mujer tres y ella se quedó con otros tres, le dio un bocado a una de las truchas, dispuesta a comérsela cruda. Elíacer pegó las orejas al cráneo, pues se suponía que los peces también eran para él, azotó el aire con la cola y miró a Evelyn para que pusiera orden, pues él no era nada bueno tratando con niños.

-Debería darse un baño antes de irnos… O iremos apestando todo el camino. - Graznó el grifo mientras volvía a tumbarse, la niña lo miro con el ceño fruncido y le sacó la lengua ofendida, Elíacer infló las plumas del cuello indignado, dispuesto a saltar sobre la pequeña para darle unos azotes.
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Re: La aventura continúa. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Evelyn Blake el Jue Ago 04, 2016 9:31 pm

La mujer zorro no veía como los hábitos migratorios de una planta atrapapersonas iban a hacer más aceptable vivir allí, aunque hubiese solo una, eso automáticamente hacia ese sitio un muy mal lugar para criar polluelos, y aún más si esa cosa tenía el más mínimo atisbo de inteligencia y se daba cuenta de que allí había comida fácil. Suspiro. Se veía en una misión de exterminio, esperaba que solo hubiese un par como mucho, o aún mejor, que pudiera echarlos del bosque de alguna forma, aunque la opción más fácil era simplemente buscar otro sitio, pero daba igual, su misión de exploración había quedado desplazada con la aparición de la niña, esa planta había perdido toda relevancia, del mismo modo que un perro no se acercaba a un hombre furioso puesto que su instinto gritaba “peligro”, esa estúpida planta no se atrevería a acercarse hasta que le hubiese hecho una visita a los antiguos vecinos de Lucy, más le valía, al menos.

Arrugo la nariz al oír el comentario de la niña, nada más el grifo se hubo ido –Viajamos juntos, nada más.- pero la niña siguió, y aun puso peor cara. Suspiro para serenarse y se agacho frente a la niña, mirándola directamente a los ojos. –Ya no es tu amo, nunca lo fue ni jamás lo será, me encargare de ello.- Estaba claro que en este caso, esclavos no era simplemente una palabra chirriante para alguien que trabajase de manera aceptable, se trataba del peor caso, como un trabajador en una mina, picando piedra hasta morir. –Y claro que tienes cabida en el mundo cielo, más que él, puedes hacer lo que quieras si te lo propones.- Había pensado en dejarla en algún orfanato, saqueando media ciudad para que tuviese una buena educación, comida, techo, incluso una dote, pero… ya no lo tenía tan claro, parecía muy… rota, no podía dejarla así. Tenía que entrenarla para que pudiese defenderse, comprar libros para que estudiara, conseguir una casa bonita, puede que algunos grimorios, nadie molestaba a un mago, y todo tendría que hacerla ella… no conocía a nadie de confianza con quien dejarla, para sentirse tranquila tendría que dejarla con… no menos que el capitán de la guardia, y no conocía a ninguno. Suspiro y le acaricio su blanco cabello. Se veía a sí misma, a si misma si hubiese tenido solo un poco de mala suerte, y eso le parecía horrible.

El grifo volvió y la saco de su ensimismamiento. -¿Qué haces?- Le dio un coletazo en la cara a la niña, como reprimenda. Sus colas eran demasiado suaves como para que doliera lo más mínimo, pero su tono de regañina dejaba claro el mensaje. Le dio uno de sus truchas al grifo y miro fijamente a Lucy hasta que ella dio otra. –No nos falta comida,  tampoco podrías comer todo esto, no está bien acaparar cuando el resto tienen hambre. Y no las comas crudas, te pondrás enferma… - Sustituyo la trucha que la niña estaba aguantando por un cuenco de estofado y una cuchara y empezó a asar los peces en la fogata. Primero uno de los suyos, que luego cambio por uno de los de la niña y le añadió unas pocas especias, se estaba quedando sin, tendría que reabastecerse en el pueblo.

-TODOS nos daremos un baño antes de irnos- decretó diplomáticamente la mujer zorro, por más que ninguno de sus acompañantes estuviese entusiasmado con la idea. Ellas dos primero, puesto que tendrían que secar el pelo y la camisa de la niña, no iba a dejar que llevara puesta ropa sucia y mucho menos mojada mientras volaban, se helaría.


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Mensaje por Elíacer el Vie Ago 05, 2016 1:46 pm

Elíacer no dejaba de echar vistazo hacia el bosque, el Sol ya había salido por completo aunque seguía bajo en el horizonte. De momento todo parecía tranquilo, las sombras se disipaban con la luz del nuevo día, los animales salían de sus madrigueras dispuestos a iniciar un nuevo día, buscar comida, reparar sus hogares y aparearse si estaban en época de celo. Cuando llegó con el pescado Evelyn ya había dejado cual era la relación de ambos, viajaban juntos. Si Elíacer hubiera escuchado aquella descripción hubiera quedado destrozado y entristecido, pues él consideraba a Eveyn su amiga y Amazona.

-¿Enserio? ¿Lo prometes?
-Preguntó esperanzada la pequeña.- Sería genial que los demás hubieran podido huir conmigo…- Dijo algo llorosa, sorbiendo por la nariz.- Pero todos los que intentamos escapar fueron capturados por esa horrible mascota suya… ya sabes, esa cosa que estuvo antes de coger a tu…- Pensó un momento.-  ¿Pájaro? ¿Qué es él? –Preguntó refiriéndose a Elíacer, el cual llegó en aquel momento con los peces y la niña se los quitó.

El grifo no mencionó nada respecto a lo que escuchó decirle a Evelyn sobre que tenía cabida en el mundo y todo lo demás, esperó con el ceño fruncido, enfadado hasta que Evelyn corrigió a la pequeña y le lanzó uno de los peces. El grifo estaba acostumbrado a comerse el pescado crudo, de modo que se tragó el pez entero cuando la mujer zorro se lo lanzó. La niña se quedó parpadeando desconcertada por el coletazo, no le había dolido, pero le resultó extraño y le hizo soltar un pequeño estornudo. Cuando la niña entendió el mensaje y se acercó a darle otro de los peces a Elíacer, el grifo la miró con las plumas del cuello un poco infladas, tomó el pez con algo de reticencia, pues temía que la pequeña y sucia niña le contagiara alguna cosa. Se tragó la trucha igualmente, aunque haciendo una pequeña mueca.

-Está bien, lo siento…- Se disculpó avergonzada la pequeña con las orejitas de zorro gachas.

Dejó escapar un pequeño suspiro cuando Evelyn le indicó que debería esperar para comer, que antes debían asar y preparar la comida. Por suerte se vio en las manos un cuenco con un delicioso estofado, el cual empezó a devorar con apetito, mientras que el grifo se limpiaba el pico con las patas delanteras. El pescado asado olía delicioso y no dejaba de lanzar miradas a Evelyn como esperando algún pedacito de pescado asado, el cual atraparía encantado al vuelo con el pico. Cuando Evelyn hizo caso de su petición sobe que la niña debería tomarse un baño, no esperaba que le saliera el tiro por la culata. Se quedó con el pico abierto, mirándola desconcertado.

-¡¿Que-qué?! Si me di un baño con ese apestoso jabón de jazmín hace solo unos días.- Dijo lloroso, como un niño con una rabieta a punto de llorar. Lucy no parecía muy sorprendida por aquello, más bien parecía curiosa y extrañada.

-¿Qué es un baño?- Preguntó desconcertada, parecía algo preocupada por la reticencia que mostraba el grifo.- Parece algo malo…- Dijo algo temerosa y preocupada.

-N-no pienso dejaros solas, podría volver a atacar ese monstruo… -Decretó el grifo, pensando que la niña no querría que la vieran desnuda y Evelyn siempre había procurado mantener su intimidad. –Podéis bañaros vosotras dos, yo vigilaré.- Propuso el grifo, que se había incorporado de nuevo, agitando la cola, dispuesto a librarse del baño con jabón a toda costa, pues estaba seguro que en las alforjas había uno o dos trozos de jabón, además de que él solo no podría darse un baño mas allá de darse un remojón por encima. Lucy miraba de uno a otro sin entender aún si aquello del baño con jabón era bueno o malo.
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Re: La aventura continúa. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Evelyn Blake el Sáb Ago 06, 2016 12:37 pm

La historia de la pequeña Lucy se volvía triste, por lo visto no era un caso aislado, y para empeorarlo, tena bajo su control a un bichejo tentacular, pero ella se las apañaría, tenía que hacerlo, así que se limitó a acariciarle la cabecita para tranquilizarla. –Es un grifo, un grifo parlante.- Por suerte, no hubo más problemas, la niña aceptó la reprimenda con las orejas bajadas, pero no tardo en animarse en cuando tuvo comida delante. La peliblanca tardo un poco en empezar a comer ella misma, mirando como Lucy devoraba la comida con ansia. No era una gran cocinera, la mayoría de las veces improvisaba con los ingredientes, hacia un popurrí de lo que tenía en ese momento, y esa pobre niña se lo estaba comiendo como si fuese un estofado enviado por la mismísima Selene. Volvió a abrazarla sin decir nada, seguro que no se quejaría, a esa pobre niña debían faltarle horrores de cariño desinteresado y por fin empezó a comer después de lanzarle un trozo de pescado asado al grifo.

-Vas a bañarte para quedar limpia y oler a flores ¿no quieres oler a flores como yo?- Por supuesto que quería, se había convertido en el modelo de esa pobre chica, puesto que realmente no tenía a nadie, nadie digno de ser un modelo, solo tenía a la mujer que la había acogido, mimado y dado de comer, debía ser la mayor muestra de ayuda desinteresada que había visto en la vida, y eso le partía el corazón. Volvió a abrazarla otra vez, más fuerte. –Puedes vigilar desde aquí, no hace falta que estés delante…- se limitó a decir mientras llevaba a la niña de la mano. El lago no estaba demasiado lejos, la oiría gritar si hacía falta, pero seguro que ella lo oía antes, no pasaría nada. Lucy parecía un poco reticente, así que ella empezó primero, se situó ante la parte menos profunda, que apenas le llegaba a las rodillas y se quitó las botas, miro a su acompañante, pero se dio cuenta de que iba descalza, otra cosa de la que tendría que ocuparse. Se había llevado el jabón con ella y ya que la ropa tardaría más en secarse que ellas, empezó por desvestirse y limpiar su propia ropa, para luego hacer lo mismo con la de la niña y dejarlas secándose al sol sobre una piedra. Siguiendo otra vez con el ejemplo, se sumergió completamente y se limpió el cuerpo entero, aclarándose con otra zambullida, siempre con mucho cuidado de hacerlo en una zona en la que tocara fondo, no quería tener un corte de digestión, especialmente con lo mucho que había comido Lucy. Luego le toco a la niña, más segura ahora que había visto que no se la había comido ningún monstruo horrible en el lago. Se dejó meter en el agua y la mujer zorro le dio un jabón para que se limpiara como ella había hecho, mientras se ocupaba de su maraña de pelo con mucho cuidado, deshaciendo los nudos y asegurándose de que su pelo de color blanco sucio quedara reluciente como un rayo de luna, al igual que la cola y las orejas. Necesito su tiempo, entre las quejas de la niña cuando tiraba demasiado fuerte y su reticencia general a frotarse el jabón, pero con un poco de paciencia finalmente lo consiguió, así que solo quedaba secarse y recoger sus ropas, que ya deberían estar secas.

Se estrujaron el pelo la una a la otra, sacando el exceso de agua y a falta de toallas, bastaba con sacar el exceso del agua con la mano y agitarse al sol para acabar de secarse. Para cuando volvieron, seguían teniendo el cabello húmedo, pero ya estaban secas. Aprovecharía que tendría que enjabonar al grifo para que ella y Lucy estuvieran bajo el sol y acabaran de secarse, no quería que la niña cogiese un resfriado.


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