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La aventura continúa. (Priv. Evelyn Blake.)

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Re: La aventura continúa. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Elíacer el Miér Sep 14, 2016 12:53 am

El alcalde ahuyentó a los últimos curiosos y mirones, ordenándoles a todos que regresaran a sus hogares o asuntos, pues no todo el mundo iba a dormir, el tabernero y las camareras de la taberna aún tenían varias horas de trabajo, sirviendo comida y bebida a los parroquianos. Elíacer las siguió a las dos en silencio, algo fastidiado por aquello, pero aceptando que era mejor que nada. Una vez en el establo y que el grifo hiciera su nido, Elíacer se tumbó, mientras observaba como Evelyn hablaba con la pequeña, la cual tenía los ojos llorosos y su labio inferior estaba tembloroso.

-Pe-pero yo no quiero quedarme…- Dijo con voz temblorosa.- ¿Y si no volvéis?- Apenada agachó las orejitas zorrunas y sorbió por la nariz, mientras se dejaba acariciar la cabeza por la mujer. Sonrió un poco cuando le dijo lo de la mermelada, asintiendo con la cabeza y los ojos llorosos.- Sí, por favor.- Dijo esperando que le diera de probar aquella cosa, de la cual ni siquiera había oído hablar.

Lucy pensó que la mermelada no tenía muy buen aspecto a primera vista, pero el olor a fruta era bastante agradable y silenció a la chica. Que esperó a que Evelyn le pusiera una rebanada de pan con mermelada. Elíacer, goloso como siempre se acercó a ellas, metiendo la cabeza de por medio, para logar coger algún trozo de pan con mermelada, mirando con ojos brillantes y suplicantes a la mujer zorro. Mientras Elíacer esperaba en silencio un poco de aquella mermelada, Lucy daba su primer bocado a un trozo de pan con mermelada, sus ojos se iluminaron por el increíble sabor dulce de aquella cosa pringosa y empezó a dar cuenta de la mermelada, manchando sus mejillas al dar grandes bocado al pan untado.

Una vez terminaron de comer sus cosas, el grifo se despidió con un suspiro apenado de Evelyn, aunque Lucy le dio un beso en el pico y un abrazo, aquello no ayudó a tranquilizar al grifo, más bien lo irritó un poco cuando le dijo que no mojara el nido, como si fuera un niño. Mientras Evelyn llegaba a su habitación de la taberna, Elíacer se quedó solo, tratando de preparar y acomodar aquel nido de paja, dando vueltas sin parar buscando una postura cómoda.

Después de la media noche, cuando todos los parroquianos habían abandonado la taberna y ésta había pagado todas sus luces, el grifo agitó sus orejas y miró hacia la puerta del establo frunciendo el ceño. El lugar estaba en penumbra, con una pequeña luz encendida en un rincón libre de paja o cualquier otra cosa inflamable. El grifo estaba adormilado y parpadeo confuso y extrañado cuando una joven de piel pálida y largo bucles rojizos, se deslizó al interior, hizo una inclinación de cabeza ante el grifo, el cual la miró devolviendo el saludo, con un gesto de la cabeza.

-Mi nombre es Mina, y solo quería ver con mis propios ojos al grifo del que todos hablaban.
- Comentó la joven.

Elíacer la miró en silencio, pues no sabía si debería hablar delante de aquella joven de pelo llameante. La chica iba cubierta por una pesada capa verde esmeralda, que hacía resaltar su pelo como llamas de bronce.

-Por la sangre de mis antepasados y por la mía corre sangre del grifo que en el pasado derrotó al dragón rojo que atormentaba todo este territorio. –La mujer soltó la capa y ésta se deslizó hasta el suelo, mostrando su cuerpo completamente desnudo. Las orejas del grifo se pusieron de punta y sus ojos se abrieron como platos, mirando de arriba abajo a la mujer.- He venido para fortalecer de nuevo la sangre de mi familia con la sangre de un grifo.- Elíacer estaba aterrorizado, tragó saliva con dificultad y justo cuando iba a abrir el pico para lanzar un chillido de auxilio la mujer posó un dedo sobre su piso en un susurro, suave pero afilado que hizo que al grifo se le pusiera las plumas de punta. –Túmbate.- Ordenó la mujer mientras empujaba suavemente al grifo, que lanzó un quedo graznido de pánico.

Al día siguiente la joven pelirroja abandonaría los establos con un gesto triunfal antes de que el primer aldeano se levantara para cumplir con sus obligaciones. Quizás Evelyn la viera salir de los establos o por la ventana de su cuarto, pero cuando fuera a buscar al grifo, este estaría durmiendo a pata suelta. Estaba panza arriba, con el pico entre abierto con la lengua colgando y una de sus patas traseras sufría pequeños espasmos mientras parecía soñar con alguna cosa. Sus patas delanteras se movían como si tratara de atrapar algo, como si estuviera cazando. Parecía que se lo estuviera pasando bien, pues incluso soltaba algún graznidito juguetón. La paja del lugar estaba revuelta, y poco después los aldeanos empezarían a salir de sus casas, después de desayunar, mientras otros se acercaban a la taberna para tomar sus desayunos, a base de huevos, salchichas, tocino frito y migas, entre otras delicias.
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Re: La aventura continúa. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Evelyn Blake el Jue Sep 15, 2016 6:53 pm

-Volveremos pequeña…- Fue todo lo que dijo la mujer zorro, no era una promesa, ni una afirmación, era una verdad absoluta, como que el sol saldría al día siguiente. Y no se habló más por ello, Lucy no tardó en entretenerse con la mermelada, que le encantaba, por supuesto, a saber que había estado comiendo la pobre hasta que la encontraron. Evelyn le dio un poco al grifo y se acabó de unos pocos bocados la suya y se fue, con una sonrisa en la boca al ver que ese par parecían llevarse mucho mejor.

La mujer zorro durmió profundamente con las colas enroscadas en Lucy, gracias a la comodidad de la cama y al calor que daba la niña, pero se despertó puntualmente para la salida de sol, ese día era demasiado importante como para quedarse dormida. Se levantó, despertó a la pequeña y bajaron una vez ambas estuvieron vestidas. Llevaba la armadura cedida por el grifo, por supuesto, seguramente lo haría siempre que estuviesen en el pueblo, parecía gustarles y ya que al parecer eran las estrellas de sus fiestas, al menos se molestaría en interpretar su papel, especialmente después del favor que le estaba haciendo ese alcalde. Tenía comida de sobras, así que paso de largo la barra y fue directamente a los establos, donde encontró al grifo durmiendo a pierna suelta. No dijo nada, en su lugar dejo la bolsa de comida, a la niña y salió por donde había venido, directa a la forja que le habían señalado la noche anterior.

Se plantó delante del herrero, que recién estaba empezando a calentar la forja, confiando en que las colas, orejas y toda esa armadura bastaran para llamar la atención. Funcionó, por supuesto. Se sacó su rapier, funda incluida y lo dejo en una mesa cercana. –Necesito esto afilado, y una espada de filo.-
-Esto es un pueblo, no hago espadas porque nadie las compra…- sin acabar su frase, el herrero levantó la vista al fin y la miro detenidamente, seguramente recordando las palabras que le habría dedicado el alcalde “se amable o hará que el grifo nos devore”. Seguramente no eran las palabras exactas y acababa de tomarse alguna licencia, pero daba igual.

-Pero…- Fue todo lo que respondió la peliblanca, esperando que continuara la frase que había empezado. El hombre se limitó a girarse e ir a la parte de atrás, volviendo con un par de bultos envueltos en tela. –Hace unos años vino un hombre, un mercenario seguramente, y me dejo esas armas para que se las afilara, al parecer tenía algún tipo de contrato, pero nunca volvió. Seguramente necesitaba esas armas más de lo que creía, aunque estoy bastante seguro de que se las robo a alguien- Tiró del primer paño y descubrió una espada larga. Preciosa, pero claramente demasiado pesada, habría necesitado ambas manos para levantar eso, negó rotundamente con la cabeza y la siguiente fue destapada, ese hombre se había guardado lo mejor para el final. Ante sus ojos yacía una preciosa katana de funda negra, con un cordel rojo sangre. La cogió suavemente, como quien levantaba un tesoro y la desenfundó, liberando una hoja de un color que le pareció más plateado de lo usual en acero, pero en cuando dio un par de tajos al aire y busco el punto de equilibrio, le pareció acero perfectamente normal, con el peso que correspondía, y desde luego estaba afilada, aunque prefirió no cortarle nada de la tienda a ese pobre hombre que miraba su pequeño espectáculo con aire suspicaz, como si fuese a apuñalarle en cualquier momento. –Es perfecta, muchas gracias.- Enfundó la espada, y se fue con ella, dejando una suma más que aceptable al herrero. Seguramente el alcalde le habría dicho que no le cobrara, por lo que se limitó a salir de allí sin mirar atrás. Solo quedaba almorzar y podrían ir de caza. Tendría que pasar a buscar su rapier recién afilado, eso sí.
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Re: La aventura continúa. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Elíacer el Miér Oct 05, 2016 12:55 pm

Elíacer había pasado una noche un tanto extraña y confusa, no recordaba exactamente los hechos, pero sabía lo que había pasado. Era la primera vez que había pasado aquello…  al menos con una bípeda, hasta entonces solo había tenido aquel nivel de intimidad con hembras de su especie, aquello había sido toda una revelación para él. No se enteró de cuando Evelyn se había presentado en los establos y siguió durmiendo, roncando suavemente y lanzando algún que otro graznidito. Como Lucy se había quedado en  el establo, una sonrisa traviesa se dibujó en sus labios mientras cogía un bote de betún negro de un cajón de madera y que se usaba para pintar y engrasar los cascos de los caballos.

Mientras que Evelyn estaba en la herrería hablando con el herrero y obteniendo una nueva espada, la pequeña zorrita se dedicó a dibujar el pico y la cara del grifo. Fue muy creativa, dibujándole  un bigote, florecitas, pestañas, cejas, y todo tipo de cosas. Lucy tuvo que hacer grandes esfuerzos por contener la risa. Para cuando Evelyn regresó del herrero y de almorzar la pequeña zorrita había terminado con su “obra de arte”. Cuando entró por la puerta Elíacer despertó de golpe, sobresaltando a Lucy que estaba dando las últimas pinceladas de un gran bigote en el pico del grifo. La niña zorro se escabulló y se escondió detrás de las colas de Evelyn mientras lanzaba risitas. Elíacer tenía todas las plumas revueltas y una cara de sueño que casi parecía estar zombi. Tenía un gran bigote dibujado en el pico, pestañas muy largas sobre los ojos, estrellitas, flores y nubecitas repartidas por todo el pico.

-Ah… buenos días.- Saludó lanzando un bostezo.- Apenas he podido dormir esta noche…- Murmuró frotándose los ojos contra una de las patas delanteras, lo que hizo extenderse el betón y mancharse la pata.

El grifo parpadeó mirando aquella mancha oscura, la olfateó y luego se frotó el pico y los ojos de nuevo. Al ver más manchas negras estrechó la mirada, pensando durante un segundo y luego la alzó, buscando con mirada asesina a Lucy, que lanzó un chillido divertido y se escondió detrás de Evelyn mientras pedía que la defendiera del grifo, que se levantaba del nido dispuesto a saltar sobre la pequeña.

-¿Qué me has hecho, pequeño monstruo?
- Graznó con enfado con todas las plumas infladas. Luego reparó en la nueva espada que portaba Evelyn y azotó el aire con su cola leonina.- Me alegro de que hayas encontrado una nueva y reluciente espada, la probaremos ahora mismo…- Dijo estrechando la mirada hacia Lucy, que había asomado la cabecita y al ver la mirada del grifo de nuevo clavada en ella, lanzó otro gritito y volvió a ocultarse detrás de la mujer. -Cuando quieras podemos partir, cuando me ayudes a quitarme ésta porquería del pico y la cara, aunque antes me gustaría darle una lección a esa pequeña monstruo.- Dijo el grifo caminando hacia Evelyn, dispuesto a sacar a Lucy y darle unos buenos azotes.
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Re: La aventura continúa. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Evelyn Blake el Miér Oct 05, 2016 11:42 pm

La escena que se encontró al entrar por segunda vez al establo fue cuando menos curiosa, pero ya a primera hora se sentía agotada, y educar a esa niña era su responsabilidad, al menos de momento, así que oculto su sonrisa y se limitó a ponerles mala cara al grifo y a la niña respectivamente. No podía dejarlos solos… -Quietos.- y volvió a salir por donde había venido. ¿Qué diablos sacaba el betún? Probaría con alcohol. Entro en la taberna y volvió a salir a los pocos segundos con una botella de aguardiente y unos cuantos trapos y nada más entrar al establo por tercera y esperaba que ultima vez, puso ambas cosas en las manos de la niña, sentándose luego en esa cama de paja que el grifo había improvisado. –Tú lo has hecho, ahora lo limpias.- fue todo lo que dijo mientras se recolocaba para que su nueva y flagrante espada no se le clavara en el costado. La pequeña la miro, como si no acabase de creérselo, pero su mirada era completamente seria, así que se puso a ello con cara de pena.

Ahora que ya había dejado claro su punto, empezó a prepararse para el viaje. Reviso bolsas, equipo, se aseguró de que su armadura no bailase y se ajustara el cuerpo y, aún más importante, que su nueva espada, o la anterior ahora que llevaba dos colgando de la cintura. Se movió un poco, estirando brazos y piernas practicando posturas, para comprobar si el cambio de peso comprometía su equilibrio, y ajustando el cinturón acordemente hasta que se sintió satisfecha. Lucy ya llevaba un rato con el grifo, así que supuso que no tardaría demasiado en acabar, por lo que se dedicó a ensillar a su emplumada montura. Ya no quedaba ninguna preparación que hacer, incluso estaba empezando a pensar que estaba retrasando el momento de partir expresamente, así que se armó de valor, suspiro y acompaño a Lucy a casa del alcalde. ¿Sabía dónde vivía? No, pero no podía ser complicado encontrar al que debía ser el único panadero del pueblo.

Efectivamente, no le costó demasiado, el horno para hacer pan debía calentarse muy temprano para tener el producto listo a una hora decente, así que solo tenía que olfatear y seguir el olor a pan recién horneado hasta el local. Le daba pena dejar a la niña, y a Lucy también, a juzgar por su cara de pena digna de un cachorrillo abandonado, pero su decisión era firme, no podía llevarla con ellos directa al peligro, así que se mantuvo firme y la empujo suavemente con la mano, introduciéndola al alcalde. Intercambio unas pocas palabras de agradecimiento, con ese hombre que le había ahorrado tantos dolores de cabeza y volvió al establo con las orejas cabizbajas por la tristeza. Echaría de menos a la pequeña, aunque solo se fuese por un día o dos, pero dejando a un lado sus sentimientos y vendetta personal, lo hacía por la niña, con ese tipo de vivencias se necesitaba un cierre, y el único cierre valido eran muchos mimos y la seguridad de que el desgraciado se había desangrado como un cerdo, no iba a dejar que pasara su vida mirando por encima de su hombro con miedo.
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Re: La aventura continúa. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Elíacer el Vie Oct 14, 2016 12:11 am

Elíacer no sabía que es lo que había hecho mal para recibir aquella dura y seria mirada de Evelyn, que lo hizo detenerse en su avance hacia Lucy, y agachó las orejas en actitud sumisa y dócil, aunque su mirada seguía mirando furiosa a la pequeña niña zorro. Azotó el aire con su cola leonina, mientras la veía salir de nuevo del establo tras ordenarle que se quedaran quietos. El frigo lanzó una mirada depredadora a Lucy, que lanzó un chillido nerviosa y se escondió detrás de una gran alpaca de heno. Evelyn regresó en pocos minutos con una botella y unos trapos, el grifo no sabía que contenía aquella botella, pero olía sin duda a alcohol, un alcohol muy fuerte. Hizo una mueca de desagrado, inflando las plumas del cuello. Pero su enfado se desinfló al escuchar lo que Evelyn le decía a la pequeña, parpadeó sorprendido cuando vio como Evelyn obligaba a la pequeña a limpiar el estropicio que había hecho con él. Agitó su larga cola, ahueco las alas y se tumbó sobre el vientre, mientras acercaba la cara a la niña, que empezó a frotarle con los trapos húmedos para quitarle el betún.

-Tienes un aspecto excelente. Hermoso y letal.- Dijo el grifo con una sonrisa, admirando a la mujer mientras Lucy le limpiaba el pico, frotando uno de los trapos.

La observó hacer estiramientos y movimientos para comprobar que todo estaba en su sitio y que no tendría molestias o eso supuso el grifo, que aunque disgustado con el olor del aguardiente al menos parecía funcionar y en poco rato su pico quedó limpio, incluso las plumas en torno a su cara que también habían salido mal paradas de la travesura de la pequeña Lucy quedaron limpias. Mientras la pequeña daba el último repaso al pico y cara del grifo, éste observó cómo Evelyn comenzaba a moverse en torno a él, echándole encima la montura, comenzando a ajustar las correas. Era increíble lo rápido que la mujer zorro había aprendido a cómo debía colocar la montura y ajustar las correas, tanto para su seguridad como para la comodidad del grifo.

-Lo haces muy bien…- Le dijo con una sonrisa, agradecido que hiciera todo aquello no solo con rapidez, sino con eficacia y comodidad.

El grifo desprendía ahora una mezcla de olores a almizcle, propio del grifo, alcohol y algún tipo de almizcle más empalagoso, como un perfume. Cuando Evelyn decidió que ya era hora de partir, indicó a la niña zorro que era hora de ir a casa del alcalde. A le pequeña se le humedecieron los ojos y le tembló el labio inferior, pero asintió con firmeza y se despidió de Eliacer, con unas palmaditas en el pico y disculpándose por haber sido mala con él y pintarle con betún. El grifo salió del establo siguiendo a Evelyn y la esperó junto a la farola con la elaborada figura de un grifo sosteniendo un farol. Elíacer se acicaló y realizó estiramientos de calentamientos, preparándose para el largo viaje que le esperaba. Algunos curiosos se acercaron a observar al grifo, pero como el alcalde los había avisado sobre que debían respetar las distancias, no se acercaron a molestarle.

El alcalde estaba ocupado en el gran horno de la panadería, mientras daba forma a la masa fermentada y sacaba las hogazas que estaban horneadas. El hombre la saludó con educación, pero allí estaba la mujer del panadero. Una mujer regordetas, con las mejillas sonrojadas por el calor del horno y un delantal lleno de harina. Tenía el pelo rubio recogido con un moño. Saludó con alegría a Evelyn y a Lucy, sonriéndole con aire maternal le pasó un bollo de canela recién horneado. Una niña de la edad de Lucy estaba ayudando a su madre, limpiando los cacharros o preparando la masa para los dulces que empezarían a preparar la fiesta que se avecinaba. Saludó a Lucy diciendo que sus orejitas de zorro eran preciosas y que su cola se veía hermosa. Aunque tímida y algo triste, Lucy empezó a charlar con la pequeña, que la agarró de la mano y le fue a mostrar cómo hacer la masa para preparar hojaldre.

Cuando Elíacer la vio venir de nuevo la saludó con un suave graznido, la vio con las orejas gachas y suspiró un poco apenado por ver triste a la mujer.

-Regresaremos pronto, no estará sola más que unos días.- Aseguró el grifo mientras ahuecaba las alas a los costados y sacudía la cola tras él.- Vamos monta, podré volar mucho más rápido, llegaremos antes del mediodía.- Aseguró el grifo, ofreciéndose para que lo montara.

Una vez ella hubiera a justado las correas de sus piernas, el grifo alzaría el vuelo y pondría rumbo de nuevo a los bosques que en un principio habían ido a explorar para ser un posible lugar para traer los grifos de la isla donde habían vivido los últimos siglos. Elíacer voló rápido gracias a llevar una sola pasajera sobre el lomo, los kilómetros pasaron a toda velocidad bajo ellos. Tras unas horas de vuelo, el bosque quedó a la vista y apenas un hora después el grifo sobrevolaba las ruinas donde habían sido atacados por aquella criatura extraña y donde habían encontrado a Lucy. Siguiendo las instrucciones de la pequeña, el grifo puso rumbo oeste, de donde supuestamente había escapado. Elíacer mantenía toda su atención, buscando toda señal de alguna construcción donde se podrían tener encerrados a docenas, sino cientos de personas, posiblemente de la misma raza que Lucy. El cuerpo de Elíacer se tensó cuando ante ellos, entre la niebla que se alzaba del húmedo bosque, apareció una construcción. Una especie de fortaleza medio en ruinas, alzada sobre un abrupto precipicio. Algunos árboles y gran cantidad de helechos crecían por la abrupta pared de roca y por los muros de la fortaleza, en la que se podía ver alguna luz.

-Yo diría que es ahí… ¿Nos acercamos directamente o aterrizo en la parte alta, para explorar un poco?- Preguntó el grifo, mientras se mantenía oculto entre la niebla, por si hubiera algún tipo de vigilante.

El lugar olía a moho y humedad, parecía que allí llegaba poca luz del sol y se podían ver árboles podridos, desprovistos de sus hojas y llenos de grandes setas de todo tipo y colores. Elíacer tenía las plumas infladas, por el desagradable olor a aguas estancadas y materia en descomposición que se respiraba en el ambiente.
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Re: La aventura continúa. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Evelyn Blake el Lun Oct 17, 2016 11:44 pm

Ambos, la niña y el grifo le dedicaron miradas apenadas, pero daba igual, mientras eso sirviera a la educación de Lucy, tenía que aprender que los actos tenían consecuencias, hoy era una pintada tonta, pero mañana podía lanzarse espada en mano contra alguien que no tendría tan buenas intenciones como ella. Se limitó a guiñarle el ojo al grifo ante su comentario, un poco de mejor humor. –Entonces…¿Cómo siempre?- soltó una risita y siguió con sus quehaceres, desperezándose y preparando el equipo, pocas veces sabias que iba a haber pelea con antelación, así que quería asegurarse de que todo estaba impecable para conseguir toda la ventaja que pudiese. No era como si creyera que la necesitara para ganar, pero prefería no salir herida, sería un engorro volar durante horas sangrando, aunque no fuese grave.

Después de prepararlo todo tocaba dejar a Lucy, que al parecer no tendría demasiado tiempo para echarla de menos, puesto que fue sobornada con un bollo de lo que parecía canela y fue bien recibida por la hija del panadero, de su edad. Eso le arrancó una sonrisa, se aburrirá menos con una amiga, especialmente una que consideraba sus orejas y cola bonitas, no como… otro tipo de personas que esperaba con todo su corazón que la pequeña no conociera, además, al parecer iban a hacer masa de dulces, esa curiosa mezcla entre trabajo y soborno acabaría de rematar el entretenimiento. Con una última mirada apenada, la mujer zorro se despidió de la niña y volvió con el grifo. –Aunque solo sean unos días… sigue siendo mucho, le he cogido cariño.-

Evelyn monto encima del grifo con una rapidez que solo se conseguía con la práctica y se acomodó para el despegue, que no tardó en llegar. Estaban deshaciendo el camino que habían hecho el día anterior, hacia esos bosques, aunque esa vez no estaban buscando un sitio al tun tun, sino que sabían más o menos donde debían ir, por lo que la peliblanca se desperezó como un gato y se acomodó encima del grifo, disfrutando del espacio extra que no tenía desde que iban con la niña para dormir en su almohada de plumas particular. Estaba demasiado nerviosa como para dormir como hacia anteriormente, pero un pequeño descanso siempre iba bien, además, aun tardarían un rato, por más que ahora viajaran ligeros. Los prados y las montañas pasaron rápidamente y no tardó en volver a ver el bosque del día anterior, volviendo a las ruinas donde habían dormido y siguiendo las ruinas de Lucy desde allí. La habrían encontrado eventualmente aunque se hubieran perdido, al menos en un día sin niebla, pero desde luego la pequeña les había ahorrado trabajo. Había niebla, por lo que no los habrían visto llegar, puesto que si ellos apenas veían el edificio, ellos no verían una pequeña figura alada. –Déjanos en el lado del precipicio.- Entrar directamente no le hacía demasiada gracia, pero tenía que aprovechar que “volaba” y sacar ventaja de ello, dudaba que ningún guardia pusiera gente a vigilar un precipicio, en caso de que alguna mujer montada en grifo decidiera llegar volando y masacrarlos a todos, tenía que estar considerablemente menos vigilado.
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Re: La aventura continúa. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Elíacer el Vie Oct 28, 2016 1:00 pm

Elíacer parecía un poco más “flojo” que de costumbre, quizás se debía a que no había dormido bien aquella noche, pues un establo, con olor a otros animales, ruidos y mucho más estrecho que su amplia sala del nido en la torre del bosque, habría sido incómodo para el grifo. También estaba la visita nocturna que había tenido aquella noche, pero eso era algo que Elíacer no estaba seguro si debía compartir con Evelyn, pues en el fondo se sentía como si la hubiera traicionado o algo así. Pues después de todo ella era su amazona y no sabía si aprobaría que fuera por ahí tonteando con hembras. El grifo asintió cuando ella le comentó sobre que le había cogido cariño a Lucy. Aunque le fastidiara por dentro, Elíacer reconocía para sí mismo que él también echaría de menos a la pequeña, sus discusiones y peleas eran en cierto modo divertidas.

Elíacer voló rápido y seguro, aunque ya iba jadeando un poco cuando llegaron a su destino y algunas zonas de su pelaje mostraban zonas húmedo de sudor, algo extraño pues nunca se había cansado tanto pese a volar trechos mucho más largos. El grifo usaba los bancos de nieblas del lugar para poder pasar inadvertido y por supuesto tratando de que el sol no revelara su sombra o forma a través de la niebla más fina. Cuando escuchó la decisión de la mujer zorro, el grifó asintió, se ladeó un poco a un costado comenzando a descender con suavidad, tratando de no llamar la atención sobre ellos. Aterrizó sobre el suelo cubierto de musgo con un amortiguado “pum”. Elíacer bajó la mirada con disgutos hacia el húmedo suelo, viendo como sus patas se hundían unos quince centímetros en aquel suelo musgoso, blando y húmedo.

-Cre-creo que hay bichos debajo de este musgo… Espero que no sean pulgas o algo así…- Suspiró, mientras miraba desde lo alto del precipicio la construcción, que sobrepasaba la altura del mismo en algunos puntos. Por suerte una serie de arbustos y rocas lo ocultaban de las pocas ventanas y parapetos que sobresalían del precipicio.- Mira allí, son personas… creo que son como Lucy y como tú.- Indicó el grifo con su aguda vista.

En una especie de patio empedrado en el interior de la fortaleza, se veía un grupo de personas, vestida con harapos y llevando grilletes en los tobillos y collares de esclavos arrastrar una enorme carga. Una extraña criatura, que parecía ser mitad reptil y mitad musgo, manejaba con crueldad unos largos tentáculos en forma de látigo que le salían de uno de los brazos y azotaba sin piedad a los hombres con orejas y colas de distintos animales, zorros, lobos, ciervos, conejos, etc. Elíacer infló las plumas de su cuello, indignado y furioso con todo aquello, clavó las garras en el blando suelo, deseoso de lanzarse sobre aquella criatura.

-Esa criatura se parece al monstruo que nos atacó en las ruinas…
- Graznó el grifo, mientras movía inquieto las patas, como un felino a punto de lanzarse sobre su presa.- ¿Qué hacemos? ¿Buscamos la forma de entrar sin que nos vean? Por allí vi que los muros estaban derruidos, quizás haya algún sitio por el que colarnos.- Dijo indicando por el borde del precipicio.

Medio oculto por la bruma se veía montones de rocas, que era bloques de piedra de una pared que había cedido bajo la humedad y el peso del musgo y otras plantas. Parecía que más de aquellas criaturas bípedas, mitad reptiles y mitad musgo patrullaban el lugar. Cuando se quedaban inmóviles parecían mimetizarse con el entorno, pues los muros estaban llenos de musgo y otras vegetaciones y las escamas de las criaturas eran verdosas o grises como las piedras. Si decidían entrar por el hueco de la pared, éste sería lo suficientemente grande para que Elíacer pasara un poco apretado. El interior apestaría a moho y humedad, se escucharía el goteo del agua caer desde el techo del pasillo. La gema del collar de Elíacer brillaría tenuemente, al igual que una serie de setas y hongos luminiscentes. Los pasillos parecían abandonados y Elíacer esperaría a Evelyn, para avanzar. El techo se había derrumbado, taponando la parte izquierda del pasillo, por lo que solo podrían avanzar por la derecha.
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Re: La aventura continúa. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Evelyn Blake el Sáb Oct 29, 2016 11:28 pm

Montada allí, surcando los cielos a lomos del grifo, podía notar perfectamente el jadeo que empezaba a recorrer sus piernas, más cerca de los pulmones del grifo. Habia estado adormilada, pero no debían haber recorrido tanto trayecto ni tan rápido, es más, antes lo había hecho con una pasajera extra. ¿Se había resfriado? ¿O era por la niebla? Una vez cuando era pequeña había tenido los pulmones encharcados después de un horrible resfriado y no había podido dar cinco pasos sin pararse a tomar aire durante semanas. Buscaría a alguien para que le echara un vistazo cuando volvieran, aunque ese enano tan majo ya estaba demasiado lejos, como para volver solo para una revisión, seguro que había alguien en la zona que le dijera si su grifo tenía una pulmonía, pero eso vendría después de encargarse de lo que tenían entre manos.

En cuando aterrizaron, la mujer zorro desabrochó las correas con presteza para que su acompañante no se cansara aún más cargándola y salto al suelo, hundiéndose en el moho en una sensación nada agradable que le arrancó una mueca de absoluto asco. –Creo…que me ha entrado en la bota…puaj.- Levantó el pie y lo agitó un poco, pero solo consiguió mancharse la pierna. Finalmente acepto su amargo destino y volvió a sumergir la pierna en el moco verde con un puf. Otro agravio a la lista para hacerles pagar, pero tuvo mucho cuidado de que ni un solo pelo de sus colas tocase ese suelo verdusco, no había fuerza en ese mundo capaz de evitar la furia que eso provocaría. Aunque tampoco la había en ese momento, técnicamente, quienquiera que le hubiese hecho eso a su pequeña Lucy estaba muerto, aunque aún no lo supiera.

La peliblanca agudizo la vista entre la niebla para intentar distinguir lo que le señalaba el grifo, pero le costaba horrores distinguir los detalles más allá de pelaje aquí y allá, así que simplemente le creyó. Pero esa cosa era más grande y fea, así que la veía perfectamente, esa… lagartija-vegetal, digna de la pesadilla de algún niño que no se comía la verdura. Lo único que impidió que en ese momento la mujer zorro saliera de allí y le saltara al cuello, o al menos su equivalente anatómico fue que vio un segundo. Habría tenido lógica si solo fuera uno, se habría deshecho del problema y podrían seguir sin preocuparse por los látigos-planta, pero si había varios, sería una tontería malgastar el factor sorpresa para derrotar a solo una plantucha siniestra de esas. –Lucy dijo que eran mascotas, pero son muy…exóticas- con un poco de suerte, no estaban domesticadas de verdad y dependían su obediencia de un amuleto u objeto, como los demonios de los cuentos. Sino… simplemente matando a su amo bastaría para que se dispersaran…probablemente. –Vamos a entrar sutilmente.-

Finalmente se decidieron por una pared con un hueco, y se metieron sin demasiados problemas, salvo el grifito, que pareció tener que apretarse un poco. Era bonito, Evelyn estaba cubierta de un brillo fosforescente gracias a las setas del lugar, y el olor a bosque no era nada desagradable, si se le añadía el goteo, hacia un buen lugar para pensar, parecía inapropiado para un lugar así.
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Re: La aventura continúa. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Elíacer el Miér Nov 02, 2016 1:15 pm

Elíacer ya había recuperado el aliento, él mismo estaba sorprendido de lo que se había cansado por aquel “corto” vuelo. No estaba seguro, pero quizás su cansancio tendría algo que ver la noche que había pasado con la apasionada aldeana pelirroja, pues no lo había dejado dormir mucho. Lo que ignoraba es que Evelyn relacionara aquel cansancio con una enfermedad y estuviera planeando llevarlo al “médico” o en su caso sería mejor decir un veterinario.

A Elíacer tampoco le agradaba la sensación húmeda y blanda del musgo y más él que no iba con calzado como Evelyn y su piel estaba en contacto directo con aquello. Cuando el grifo alzaba una pata para dar el siguiente paso, se escuchaba el sonido de succión del terreno pantanoso, dejando profundas huellas que se llenaban de un agua turbia. Miró a la mujer zorro cuando protestó porque le hubiera entrado aquello en la bota y asintió, el sentía la misma sensación desagradable, pero se guardó de decir nada y caminaron para espiar el terreno. Notó que a Evelyn le costaba ver algo entre la niebla, de modo que tuvo que describirle todo lo que veía lo más detalladamente posible. Tras aquello, se colaron en aquella fortaleza, entrando en aquel oscuro y húmedo pasillo, iluminado tenuemente por los hongos luminiscentes.

-Sí, son criaturas muy extrañas.- Coincidió el grifo mientras caminaba por el oscuro pasillo, parecía fascinado por los hongos brillantes y se paraba a mirarlos de cerca, pero sin tocarlos.- Habrá que tener mucho cuidado, esos tentáculos son muy fuertes y agarran con fuerza, pese a que son muy babosos…- Dijo recordando con asco el tentáculo que lo había cogido en las ruinas de la casa donde aterrizaron por primera vez en aquellas tierras.-Activaré mi armadura, no quiero que me vuelven a coger indefenso…- El grifo miró la joya o cristas esférico que llevaba en su collar, que le permitía hablar con Evelyn y otros como ella.

Rozó el cristas y este brillo con un tenue color azul, con un brillo azulado la armadura completa cubrió el cuerpo del grifo, dándole un aspecto majestuoso y letal. Cubría desde el pico a las patas traseras, y cuando el grifo se movió un poco para comprobar que todo estaba en su sitio, apenas se escuchó algún ruido, el grifo sabía cómo moverse con la armadura sin hacer ruido. Ésta estaba cubierta por una serie de dibujos rúnicos y símbolos que brillaron con aquella tenue luz azul y se fueron apagando. La armadura era muy hermosa y extraordinariamente labrada, la luz de los hongos se reflejaban en las superficies metálicas pulidas como espejos. El grifo vio aquellos brillos y graznó fastidiado.

-Ayúdame a ensuciar la armadura con el lodo del suelo… no podemos dejar que un reflejo en mi armadura nos delate…- Hizo un movimiento con los brazaletes que tenía en las patas delanteras y dos largas y afiladas cuchillas salieron a los lados, el propio grifo empezó a embadurnar las cuchillas con el lodo.

Una vez solucionaron lo de la armadura, siguieron avanzando, Elíacer pisaba con cuidado y no hacía ningún ruido. La gema azul de su collar, que ahora formaba parte de la elaborada armadura, brillaba tenuemente, iluminando lo justo el suelo para ver donde pisaban y que no fueran a precipitarse por un agujero en el suelo o unas escaleras. Empezaron a escucharse sonidos y voces y se empezó a ver la luz parpadeante de una antorcha o algún tipo de llama. El grifo se detuvo y señaló aquel echo a la mujer zorro y se deslizó con cuidado, las cuchillas de los brazaletes iban recogidas, ocultas, pero listas para salir ante cualquier peligro. Llegaron a una gran arcada por la que descendía unas escaleras, el pasillo que seguía de frente estaba iluminado por antorchas que no dejaban de humear en el ambiente húmedo. Al final de la escalera había una especie de gran salón, iluminado por una enorme lámpara de araña colgada en lo alto. Se veían multitud de aquellos seres medio lagartos medio musgo que controlaban a grupos de esclavos que iban encadenados por el cuello y los tobillos, haciendo los trabajos que le ordenaran. Les llegó el grito de una mujer con orejas y cola de conejo, que era arrastrada por dos de aquellas criaturas que la tenían sujeta con sus largos y viscosos tentáculos. La joven se debatía inútilmente y era arrastrada hacia una gran puerta de metal oxidada, que se abrió con una orden silenciosa, dejando ver un brillo verdoso y espectral salir de aquel lugar. Cuando las puertas de hierro se cerraron con un retumbar, los gritos se silenciaron. Los esclavos no se atrevían a mirar hacia allí, se mantenían con la vista y las orejas gachas, pálidos y temblorosos mientras iban de un lado a otro, obedeciendo órdenes y arrastrando grandes pesos, sacando escombros de un gran agujero en una de las paredes derruidas del salón.

-No veo a niños aquí, solo adultos…- Murmuró el grifo, que recordaba de la pequeña Lucy que había más niños y niñas en el lugar.- Bien, ella dijo que su “amo” estaba en la parte superior, deberíamos seguir…- Dijo señalando el pasillo que tenían delante y en el que no parecía haber nadie, esperando ver que quería hacer Evelyn. –Sé que esto es duro, pero si nos lanzamos, podrían capturarnos a los dos, será mejor acabar con el despreciable ser que es el dueño de todo esto…- Dijo el grifo con tono lúgubre, arañando el suelo con las afiladas garras delanteras y esperando que aquellas palabras convencieran a la guerrera zorro para no lanzarse sobre aquellas criaturas enarbolando sus espadas para acabar con ellos.
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Re: La aventura continúa. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Evelyn Blake el Jue Nov 03, 2016 12:00 am

Allí, desde lejos y con su vista bastante normal para los estándares humanos, le costaba distinguir exactamente el aspecto que tenían esos lagartos mohosos, y no podía evitar sentir una morbosa curiosidad para examinarlos de cerca, después de que esas cosas hubiesen recibido un numero exageradamente superior a las necesarias para matarlo, obviamente, pero ese no era el momento ni el lugar para satisfacer su curiosidad, así que fue buena chica y siguió adelante, hacia los hongos brillantes. –No te preocupes, estaremos bien.- fue lo único que dijo ante la advertencia del grifo, podía apañarse ahora que tenía ambas espadas, solo tenía que usar el arma correcta en el momento correcto y todo iría bien.

Una chispa de sorpresa, curiosidad, codicia y envidia recorrió los ojos de la peliblanca cuando el tono azulado lo recubrió todo y el grifo apareció pertrechado para la batalla. Esas cosas parecían horriblemente útiles, adiós a pasarse horas probando vestidos, con eso podías tardar segundos… solo necesitaba más ropa, aunque el principal impedimento era que no tenía donde ponerla, por lo que si se hacía con uno… No era el momento ni el lugar, así que meneo la cabeza para deshacerse de la idea y concentrarse.

Aunque la tarea que se le pedía no requería demasiada concentración, embadurnar la armadura de barro era simple, aunque le causaba mucha pena ensuciar algo tan bonito, sobretodo porque luego requeriría mucho esfuerzo para quitarse, pero ciertamente brillaba demasiado… Con un suspiro y cara de asco, la mujer zorro recogió con las manos un montón de barro y lo esparció por la primera parte de la armadura que encontró, en el pecho, asegurándose de que se quedaba quieto y no resbalaba por la superficie hasta el suelo, como le había pasado la primera vez. Tampoco fue necesario un gran trabajo, puesto que bastaba con que dejara de brillar, por lo que rápidamente tuvieron un trabajo aceptable, no era bonito, ni elegante, pero efectivo, además, una cuchilla embarrada debía hacer heridas horribles. Evelyn se limpió las manos en un pobre hongo que no había hecho nada malo y luego siguió al grifo en su exploración de la zona.

No tardaron en llegar a…algún lugar, menos abandonado a juzgar por las antorchas que iluminaban el camino, parecía un gran salón del cual estaban ¿minando? Puede que reformando, sí, eso parecía más lógico. Sus ojos se enfocaron con el primer latigazo, y no tardaron en fijarse en la pobre mujer conejo que estaba siendo arrastrada hacia la puerta metálica, que resplandecía con un color verde antinatural. Para cuando el portón se cerró, la peliblanca ya estaba con un pie en la barandilla y otra mano en la empuñadura, susurrando en voz baja, tal como su padre le habia enseñado. –Desciendo en picado, apuñalo el primero, lo uso de cobertura, me lanzo contra el segundo…demasiado lenta, no. Me deslizo por la barandilla, corto al primero, luego al segundo, salto al final y le doy al tercero, luego me giro…demasiado margen para reaccionar, no. Salto contra la lámpara, aprovecho el impulso, rompo la cadena, desciende y… imprevisible, daños colaterales, no.- No fue hasta que la tercera opción hubo salido de su boca que se dio cuenta de que estaba haciendo. –Cálmate cálmate cálmate.- bajo la pierna y espiro profundamente un par de veces, para intentar enfriar la sangre que le hervía en las venas. Necesitaba más, más información, como qué diablos había detrás de la puerta o una estimación realista de cuantos podía derrotar ella sola, a la vez. –V-vámonos.- Se le partía el corazón, pero volvería, era cuestión de minutos, solo tenían que aguantar un poco más. Evelyn dio un paso atrás, pestañeando un par de veces. –¿Has visto…? Da igual.- estaba cansada, empezaba a ver cosas, debía ser eso, seguro que solo había sido una mota de polvo, una de esas semillas de diente de león, seguro.
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