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La aventura continúa. (Priv. Evelyn Blake.)

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Re: La aventura continúa. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Elíacer el Sáb Nov 05, 2016 9:43 pm

El grifo con su armadura embadurnada en lodo se movía sigiloso, sin hacer más ruido que las gotas de agua del pasillo oscuro y abandonado por el que habían entrado en la fortaleza. Cuando llegaron a aquella zona más habitada, iluminada con la luz de las antorchas el grifo se siguió moviendo sigiloso. Espiaron aquel enorme salón lleno de aquellas criaturas y de los esclavos que parecían sacar los cascotes de aquel gran agujero en una de las paredes, del interior salía luz amarilla y verdosa, como de antorchas. De vez en cuando, un esclavo cargado con un gran esportón de cuero negro con una especie de cristales verdes que desprendían una siniestra luz. Aquella pared parecía dar al acantilado sobre el que se apoyaba la fortaleza. Cuando escuchó hablar para sí misma a Evelyn y verla allí dispuesta para lanzarse sobre aquellos seres, el grifo se asustó. Aunque estaba dispuesto a seguirla, no le parecía lo más prudente lanzarse sobre aquellos seres en medio de aquel salón, pues estaba seguro que había más de aquellas criaturas por la fortaleza y ellos solo eran dos.

-Bien, por aquí.- Susurró en voz baja mientras continuaba por el pasillo, teniendo cuidado de que ninguno de aquellos seres miraran hacia la escalera cuando pasaron al otro lado del pasillo.

Iba a preguntar a la mujer zorro sobre si había visto que cosa, pero como le dijo que lo dejara, cerró el pico y continuó caminando por el pasillo en penumbra. En aquel pasillo había algunas puertas cerradas, eran puertas de hierro oxidado y algunas de madera podrida con refuerzos de metal. El lugar olía a putrefacción, como los pantanos. El grifo iba pisando con cuidado, atento a cualquier sonido, estaría también pendiente de los olores, pero aquel nauseabundo olor ocultaba cualquier otro. El pasillo dio a una insersección y justo se asomaba con cautela el grifo para asomarse, cuando un niño chocó con Elíacer y cayó de espaldas al suelo. Las plumas del cuello del grifo se inflaron y estuvo a punto de saltar sobre el pequeño, pero entonces escuchó unos pesados pasos húmedos como si alguien caminara con calzado empapado. Elíacer sacó una de las cuchillas de sus brazaletes y saltó delante del ser antes de que éste llegara a él. La criatura mitad reptil y mitad musgo pareció quedarse estupefacta y antes de que pudiera reaccionar o lanzar la voz de alarma, la cuchilla del brazalete centelleó y desprendió la cabeza del cuerpo, que se mantuvo en pie un segundo antes de desplomarse al suelo. La sangre de aquella criatura era de un color verde oscuro, casi negro y desprendía un olor aún más nauseabundo del que salía de aquellas habitaciones vacías.

-No viene nadie más…- Anunció el grifo mientras recogía la cuchilla y miraba hacia el niño.

El pequeño estaba lloroso y temblando en el suelo, parecía haberse orinado encima del miedo por lo ocurrido y sólo llevaba un trozo de tela fina que cubría su cintura y ahora estaba mojada. No tendía más de ocho o nueve años, estaba sucio de pies a cabeza, tenía pelo enmarañado y de color rojizo. De éste sobresalían dos orejas redondeadas de felino, como de tigre. Una larga cola rallada, de color rojiza y con anillos negros se mecía a su espalda con nerviosismo.

-No grites, no vamos a hacerte daño…- Dijo el grifo en un tono quizás algo siniestro.

El labio inferior del niño empezó a temblar y empezó a llorar, llevándose los puños sucios a los ojos, donde las mejillas creaban churretes en sus mejillas sucias. El grifo se encogió y pidió ayuda a Evelyn. Esperando que la mujer se ocupara del pequeño, el grifo enganchó con una de sus garras el cuerpo y lo arrastró a una de aquellas habitaciones vacías, la cabeza siguió el mismo camino y luego cerró la puerta con mucho cuidado de que no se deshiciera la madera podrida.

-Quizás pueda indicarnos el lugar…- Dijo en un susurro a Evelyn, pues si conseguían calmar al pequeño, que por el collar que llevaba al cuello y los grilletes oxidados de los tobillos era evidente que era un esclavo, podrían acabar con el causante de tanto dolor y sufrimiento.
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Re: La aventura continúa. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Evelyn Blake el Sáb Nov 19, 2016 6:58 pm

La mujer zorro siguió al grifo con las orejas y colas gachas, aun esforzándose para calmar el corazón que se le desbocaba en el pecho de pura rabia. Finalmente, se rindió y escogió por reconducir su furia homicida hacia algo útil, por lo que siguió evaluando su plan, puliendo fallos, añadiendo movimientos, imaginando posibles eventualidades. Estaba medio distraída, sin realmente observar esas puertas oxidadas o la madera putrefacta, al fin y al cabo, no había nada que ver allí, lo único que distinguía ese lugar del pantano eran esas firmes paredes, que impedían que el agua entrara, literalmente nada más, el olor, la humedad… no entendía como el grifo quería vivir cerca de eso, pero el sabría lo que era mejor para su manada.

Pero no tardo en salir de su ensimismamiento en cuando llegaron a una esquina y el grifo, que llevaba la delantera choco de morros contra un niño y lo derribó, haciendo que cayera de bruces al suelo. Un pequeño estallido de alarma paso por la mente de Evelyn cuando las plumas del grifo se erizaron y se lanzó con las cuchillas al frente, pensando que el grifo estaba atacando por instinto, pero por suerte el ataque no iba dirigido al niño y una de esas cosas, esos lagartos vegetales cayó muerto, cubriendo el lugar en un tono verduzco y un olor para nada agradable. No estaba segura de querer saber cómo eran creadas esas cosas, creadas porque no creía que esas cosas se engendraran naturalmente.

Solo quedaba el niño, a punto de estallar en lágrimas, cosa que ya de por si era mala, porque alguien iría a revisar el llanto con toda seguridad, pero lo más importante para la mujer zorro era que se trataba de un niño llorando, pero antes de que reaccionara, el grifo arrastró sin miramientos ese lagarto maloliente a una de las habitaciones anexas, lo que le arranco una mirada para nada agradable a la mujer zorro, no por arrastrar al bicho en sí, sino por el susto que debía haberse llevado el pobre al ver al grifo abalanzarse. En fin, ahora ya estaba hecho. Evelyn se agachó a su lado y lo abrazó tan fuerte como pudo, envolviéndolo a su vez con sus colas en un suave abrazo. –Shhhh, ya está pequeñín, ya pasó.- Se estaba ensuciando al abrazarlo, pero le daba igual, mirase donde mirase a ese niño de orejas de tigre, se le partía el corazón en mil pedazos, sobretodo cuando empezó a llorar. –Shhhh, ya está, ya está. Ha sido duro ¿cierto? Pero ya ha pasado, me encargare de todo.- Le paso una mano por sus cabellos rojizos, sucios y grasientos hasta la saciedad. Se apartó ligeramente del niño y lo miro a los ojos directamente, firme pero cálidamente.

-Pero vamos a necesitar un poco de ayuda, veras, esto es muy grande y andamos un poco perdidos.-
Le dedico una sonrisa radiante mientras le daba otro achuchón con las colas. -¿Podrías ayudarnos un poquito? ¿Decirnos hacia dónde ir?- El niño iba a quedarse allí hasta que todo pasara, no iba a arriesgarse a llevarlo a ningún lugar donde pudiera correr peligro. No había dejado a su pequeña zorrilla con el alcalde del pueblo para que otro niño recibiera daño en su lugar. El niño ya había dejado de llorar, por lo que Evelyn aprovecho para secarle las lágrimas y cubrirlo con la capa. Allí había mucha humedad, debía estar congelado de frio.


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Re: La aventura continúa. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Elíacer el Lun Nov 28, 2016 12:33 am

Elíacer estaba con los oídos agudizados, pero de momento no escuchaba que otros seres de aquellos o esclavos se acercaran por los pasillos. Se había llevado una sorpresa al encontrarse con la dura mirada de Evelyn después de haber ocultado el cadáver, no sabía porque la mujer zorro le miraba de aquella manera, ni por un momento pensó que había sido por asustar al niño al haberse lanzado contra la criatura para matarla. Se limitó a agachar un poco las orejas y ponerse a vigilar los pasillos, mientras que la mujer zorro se ponía a calmar al pequeño niño tigre. El pequeño estaba temblando, mirando con temor al grifo, mientras se acercaba a una figura más familiar que era Evelyn.

El niño se calmó un poco y aunque seguía teniendo los ojos húmedos, con churretones por las mejillas, había dejado de llorar, limitándose a temblar un poco. Miraba a Evelyn con una mezcla de sorpresa y temor, no tanto por su aspecto, ya que el pequeño apenas llevaba unos harapos.

-¿E-eres un nuevo Amo?- Preguntó el pequeño mirando sus elegantes topas, mientras se llevaba una mano a su collar de esclavo, un aro de hierro que había dejado las marcas de callos en su cuello y hombros donde rozaba el frío metal.

Escuchó sin entender a la mujer a que se refería con aquello de que se encargaría de todo. Asintió agachando las orejitas redondeadas de tigre cuando le acarició la cabeza, asintiendo a la pregunta de la mujer sobre si podían ayudarle. Elíacer era consciente de las miradas de miedo que le lanzaba el crío, de modo que aunque mantenía una oreja girada hacia Evelyn para escuchar, se quedó oculto tras la esquina del pasillo donde estaban, vigilando con cuidado a ambos lados, para asegurarse de que nadie los sorprenderían.

-L-le ayudaré en lo que me pida…- Dijo respetuoso, hablando en el tono en que un sirviente se dirige hacia su señor o Amo.

De aquel modo el pequeño tigre respondería todas las preguntas que Evelyn o Elíacer, guardando la distancia, le hicieran. Tales como dónde se encontraban los aposentos y laboratorio del Amo y Señor de aquella fortaleza. Cuantas de aquellas criaturas mitad musgo y mitad reptil había en la fortaleza. Y cuando esclavos había. La respuesta a aquello era muy vaga, pues el pequeño no sabía contar más allá del número de sus dedos. De lo que estaba seguro es que había mucho más de ellos que de las criaturas de musgo. Otra pregunta que no supo responder fue que es lo que hacían allí, él solo sabía que los adultos entraban a la mina en busca de unos cristales verdes, él tenía otros trabajos, como ayudar en la cocina, limpiar los baños y otras cosas.

-Bien, ya tenemos la información que necesitábamos, o al menos la mayor parte…- Dijo mientras se acercaba a ambos, con lo que hizo que el pequeño niño tigre se abrazara con fuerza a Evelyn, mirando con ojos desorbitados al grifo, que se detuvo y suspiró.- El pequeño debería esconderse por aquí o bien volver con los suyos, no es conveniente que nos acompañe.- Comentó el grifo mientras esperaba a que Evelyn soltara el pequeño y se pusieran en marcha, pues mientras más tiempo pasaran allí parados más probable era que dieran con ellos.

Una vez dejaran al pequeño en lugar seguro o al menos confiar en que estuviera a salvo, el grifo saldría en cabeza, con los oídos y la vista atento, mientras se movía medio agazapado por los pasillos, raudo y silencioso como una sombra. Hasta él llegó el sonido de agua y se detuvo a mitad de un paso e hizo una señal a Evelyn para que se acercara a escuchar. El pasillo donde se encontraba estaba mal iluminado y más adelante, donde las sombras eran más intensas, se escuchaba el sonido del agua, como el de un pequeño arroyo. El grifo le hizo una señal para que no hiciera ruido y  la esperó para avanzar los dos hacia aquel lugar a sombras, del que llegaba olor a moho y vegetales podridos. Parecían que hubieran entrado en algún tipo de cueva natural más que en un pasillo, pues había musgo y hongos luminiscente en aquel lugar y chorros de agua apestosa se filtraba por las grietas de los muros y se deslizaba hasta formas un estrecho arroyo o hilo de agua en el centro del fangoso suelo del pasillo. El grifo hizo una mueca de asco, pues el suelo estaba cubierto por una pringosa capa de lodo resbaladizo y él no llevaba calzado como Evelyn.

-Tenemos que buscar unas escaleras que ascienden hacia la torre…- Murmuró el grifo en voz baja, mientras caminaba tratando de no resbalarse.

Entre el fango parecían vivir algún tipo de criaturas, estaban llenas de fango pero aun así tenían ojos saltones y que brillaban de color amarillas. Eran pequeñas, alargadas, con colas  anchas y patas palmeadas. Quizás algún tipo de tritón que se había adaptado a vivir en aquella penumbra y se alimentaba de los hongos luminiscente y el fango. Al llevar a las escaleras, o lo que quedaban de ellas, el grifo se detuvo. El lugar apenas era iluminado con lámparas echas de un cristal verde y los hongos luminiscentes. Aquí y allí se veían en las grietas y entre las raíces de las trampas, los ojos luminosos de los tritones.

-Según ese pequeñajo es aquí…
- Susurró en voz baja el grifo, mientras miraba hacia las oscuras escaleras, esperando a que Evelyn se colocara a su lado y ver como quería proceder la mujer zorro en todo aquello, si seguir o buscar otra posible ruta.  El pasillo frente a ellos estaba cerrado por un montón de marañas de raíces y escombros, de modo que era o dar la vuelta o subir por aquellas lúgubres escaleras.
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Re: La aventura continúa. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Evelyn Blake el Miér Nov 30, 2016 11:59 pm

La sorpresa pillo por sorpresa a la peliblanca ¿Qué se decía cuando alguien te decía eso? ¿Cómo podía alguien, cualquiera, romper tanto a un pobre niño? –No cielo, no habrá más amos.- La mujer zorro paso la mano por el frío collar de lo que parecía ser hierro, almacenando el recuerdo en su memoria para cuando se encontrara cara a cara con ese “amo”.  Por un momento deseo haber aprendido un poco de magia, eso habría sido muy fácil de quitar, solo un par de palabras y eso habría saltado con un click, y el equivalente físico simplemente tardaría demasiado sin la llave, por no hablar de la posibilidad muy real de que el collar tuviese alguna desagradable sorpresa para quien consiguiera quitárselo, no, conseguiría la llave, sería mejor así.

Evelyn le revolvió el sucio pelo y se levantó, mirando al grifo, que parecía estar encargándose de la seguridad, no tendría que preocuparse por eso. Pregunto poco, lo básico, para no saturar al pobre niño o estresarlo, le bastaba con saber dónde estaba cada cosa y el número de estorbos entre ella y ese tal amo, aunque eso último resulto más problemático, debido a que ese pobre niño no sabía contar demasiado bien. No importaba, no demasiado al menos, no pensaba hacer una revuelta de esclavos, eso solo conseguiría hacer que la inmensa mayoría murieran. Ella se encargaría de todo. Ella y el grifo. Pero lo que le preocupaba eran esos cristales. Si todos los esclavos eran antropomorfos, teóricamente “mutados”, ¿eso no era un patrón? ¿Los usaban porque el resto de mortales no podían minarlo? ¿Era eso? Era una idea muy inquietante, pero seguramente lo estaba pensando demasiado, posiblemente ese tipo era simplemente un villano y le estaba dando demasiadas vueltas al asunto.

-Quédate aquí dentro y no salgas hasta que venga a buscarte, ¿vale?- La mujer zorro empujo suavemente al niño en una habitación, después de asegurarse de que estaba vacía y cerro cuidadosamente la puerta.

Luego solo siguieron su camino, lo más rápido posible, buscando las escaleras para el siguiente piso. Así fue como llegaron a esa especie de cueva natural. El suave sonido del agua otorgaba una presencia relajante que contrastaba sorprendentemente con esa siniestra oscuridad, acompañada por el ambiente aún más siniestro. La peliblanca cogió unas pocas de esas setas brillantes, como un ramo de flores y siguió andando, dejando de vez en cuando una al lado del camino, no solo para orientarse, sino para ver mejor, lo que le permitió apreciar más cerca de lo que le habría gustado esas cosas de ojos saltones. Una lagartija amarilla y con esos ojos no sonaba demasiado natural, ni sano, ni siquiera sabroso, seguro que solo habían conseguido crece allí porque absolutamente todos los depredadores lo consideraban asqueroso.

Y así, entre pensamientos sobre renacuajos/tritones, finalmente parecían haber llegado a su destino. Eran LAS escaleras, puesto que no se veía ninguna otra. Se debatía entre subir directamente o escoger un acercamiento más…sutil, aterrizar en el tejado sonaba más efectivo en su mente, pero no las tenía todas. Subirían por las escaleras, siempre podía saltar por la ventana si las cosas iban mal.


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Re: La aventura continúa. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Elíacer el Mar Dic 13, 2016 11:42 pm

El grifo que había escuchado como Evelyn tuvo que explicar al pequeño sobre que ella no era un nuevo Amo. Aquello le erizó las plumas de furia, pero se contuvo y aguardó a que Evelyn recopilara toda la información para poder llegar al lugar donde el tipo que controlaba todo aquello estaba. Pudieron dejar el pequeño niño tigre en un buen escondite en una de aquellas habitaciones vacías antes de poder avanzar por aquel mohoso pasillo en penumbras. El grifo llevaba las plumas del cuello infladas y con una mueca de desagrado al caminar por aquel lugar apestoso y fangoso, pues sus patas estaban en contacto directo con aquel lodo y las criaturas que habitaban en aquel lugar lleno de hongos luminosos no parecían muy saludables para comer.

Una vez llegaron a las escaleras, llenas de escombros y aquellos hongos luminosos que crecían en las grietas de los bloques de piedra, empezó a ascender con los sentidos alertas y dispuesto a saltar sobre cualquier cosa que los amenazara. La armadura del grifo no producía ni el más mínimo sonido y al final de las escaleras casi podría vislumbrarse una puerta de hierro oxidado, con unos pequeños cristales verdosos a modo de lámparas que ofrecían una mínima iluminación.

-Tenemos que ir con mucho cuid…-El resto de lo que fuera a decir el grifo se interrumpió con un grito del animal que de repente se deslizaba escaleras abajo lanzando un grito de sorpresa y auxilio a Evelyn.

Mientras se deslizaba, hubo un leve resplandor azulado y por alguna razón la armadura se había desvanecido, quedando Elíacer solo con el collar que le permitía hablar. En un visto y no visto el grifo estaba de nuevo a los pies de las escaleras y fue arrastrado hacia la maraña de escombros y raíces que cortaban el pasillo.

-¡Evelyn!- Lo llamaba el grifo mientras era engullido por la maraña de raíces, desapareciendo por completo.- ¡Ayúdame!-Suplicó la voz del grifo que fue silenciada en un instante y de manera brusca.

Pese a los desesperados intentos de Evelyn y pese a las raíces que sus rápidas espadas y hábiles movimientos cortaran, no podría haber hecho nada por ayudar al grifo. Tampoco podía hacer nada por traspasar aquella pared de raíces y escombros impenetrables. Pero no todo estaba perdido, se escuchó un chirrido de goznes oxidados, si mirase escaleras arriba vería que la puerta de hierro se había abierto y de ella salía luz verdosa, más intensa que iluminaba las escaleras he hicieron huir a los pocos tritones de ojos luminosos que aún no habían huido buscando refugio. Casi parecía haber una voz espectral que la animara a subir a aquellos escalones y enfrentarse con lo que allí lo esperaba, y en principio debería hacerlo sola, sin el apoyo y protección que podría ofrecerle un grifo con armadura de más de doscientos kilos. De aquella puerta abierta provenía un aire fétido y helado, que parecía llegar a los huesos, la única manera que tenía ahora Evelyn de salvar al grifo y a los esclavos de aquella fortaleza maldita, era el seguir el camino y sonsacarle todo lo necesario al Amo y Señor del lugar.

Si Evelyn coronaba aquellas escaleras, vería que tras la puerta había un pasillo totalmente distinto a aquel que había abandonado. Estaba limpio y seco, con cristales verdes dispuestos de manera regular. Aun así había un olor fétido en el ambiente. El pasillo daba a una sala más amplia y en ella una gran puerta de metal con piedras luminosas engarzadas la esperaban. Aquel lugar rezumaba maldad y la puerta casi parecía palpitar con vida propia. Desde el interior le llegó una voz susurrante que la invitó a pasar.
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Re: La aventura continúa. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Evelyn Blake el Dom Dic 18, 2016 3:17 pm

Ya estaban allí, al final del camino, la peliblanca estaba a un tramo de escaleras y un par de cortes de solucionar los problemas de mucha, muchísima gente, además, su grifo no parecía estar demasiado entusiasmado con el barro, la humedad o esos renacuajos, por lo que cuanto antes acabaran con todo esto antes podrían estar calentitos en una taberna.

Pero claro, nunca era tan fácil, en cuando llegaron prácticamente al final, el grifo fue prácticamente catapultado al final de las escaleras, y seguía yendo aún más allá. La peliblanca bajo de la manera más rápida que se le ocurrió, poniendo el culo en la barandilla y deslizándose hacia abajo con una vertiginosa y peligrosa velocidad, sin siquiera cansarse, aunque el aterrizaje casi la lanza contra la pared y la vuelve una tostada con mermelada de fresa.

Pero aterrizó sana y salva, con solo algo de desequilibrio y derrape, para luego dirigirse hacia esa maraña de raíces que estaba envolviendo a su acompañante. Al principio pensó que bastarían un par de golpes, por lo que desenfundo su relucientemente nueva katana y corto raíces con un par de golpes secos, pero las ramas simplemente volvieron a crecer como si nada, y carecía de la fuerza para abrir un corte profundo, que habría sido la solución para ese problema, por lo que no pudo evitar que el grifo fuera engullido.

Se quedó unos segundos mirando esa pared vegetal con aire pensativo, después de haber guardado su espada, dándole un pequeño toquecito en la punta de la empuñadura cada vez que descartaba un plan, lo que liberaba un tintineo similar a un cascabel. Y sonaron muchos cascabeles.

El plan no había cambiado, el número de personas que necesitaban su ayuda simplemente acababa de aumentar en uno, lo que le daba un motivo más para seguir adelante. La mujer zorro volvió a subir las escaleras, tranquilamente, sin cansarse, hacia la puerta de hierro que acababa de abrirse y la iluminaba con una luz verdosa antinatural. Tenía que mantener sus emociones bajo control para no cometer errores, puesto que no habría nadie para recatarla esta vez, salvo que pretendiera que esos renacuajos que huían despavoridos hacia ella fueran de alguna ayuda.

No tardó en llegar a la parte más alta, con un semblante tranquilo. No había olvidado todo lo que había visto, el horror que el causante de todo esto estaba infringiendo, pero mantendría sus sentimientos a raya, al menos hasta que hubiera ganado. Arrugó la nariz ante el aire fétido y helado. El frío no le importaba, no tardaría en entrar en calor, pero tendría que acostumbrarse a ese olor. Estiró un poco los brazos mientras avanzaba con cuidado por ese pasillo inmaculado, para calentar los músculos. Que esa sección estuviera tan limpia mientras que el resto de la zona se caía en pedazos ya era solo un detalle, una nota a pie de página en la larga lista de agravios por los que el “Amo” tendría que pagar.

La peliblanca se paró frente a la que debía ser la última puerta, una que brillaba gracias a ciertas piedras. Entonces escucho la invitación a pasar. No era como si la necesitara, puesto que ya estaba a medio movimiento de patear la puerta para abrirla de par en par.
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Re: La aventura continúa. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Elíacer el Dom Ene 01, 2017 2:59 pm

El pasillo estaba limpio y bien iluminado, y aquella puerta de metal y cristales verdes tenía un aspecto imponente he intimidador. Cuando aquella puerta cedió a una silenciosa orden, Evelyn podría quedar quizás un poco deslumbrada, pues al otro lado había mucha luz. La luz provenía de enormes lámparas de araña de metal dorado que tenían un tono verdoso. El suelo estaba pulido como un espejo, de mármol con un tono dorado y una ancha alfombra de terciopelo rojo llevaba hasta un trono de oro en el que se sentaba un viejo de piel apergaminada y rala barba blanca larga y desgreñada. Llevaba una túnica dorada abierta por el centro y sobre él se movía una niña de la edad de Lucy, mientras lanzaba gemidos ahogados, el viejo sostenía una correa con firmeza, la correa iba a un collar que la niña que tenía cola y orejas de coneja. Al ver entrar a Evelyn, el viejo dio un brusco tirón de la correa e hizo caer a la niña al suelo frente a él, a la cual apartó de una patada, mostrando que bajo la túnica iba desnudo y un miembro duro y pringado de fluidos. No se molestó mucho en taparse y se limitó a apoyar una mejilla sobre un puño, con el codo de esa mano apoyada en un brazo del sillón. La niña conejo se alejó junto a un grupo de niños y niñas de edades similares. Estaban todos en fila, llorosos y desnudos, como esperando a que el viejo los llamara para satisfacer su repugnantes necesidades. Estaban arrodillados en el suelo sobre cojines de terciopelo como si solo fueran meros objetos de exposición.

-Ah, tu eres la zorra que ha encontrado mi pequeño tesoro escondido…
- Dijo el anciano con voz cascada, mientras acariciaba con dedos largos y huesudos un medallón del tamaño de la palma de una mano y que parecía estar echo de aquel cristal luminosos, pues el mismo medallón desprendía un intenso brillo. –Falta una pieza en mi colección, una zorrita llamada Lucy. ¿Dónde la tienes escondida? –Preguntó el anciano tamborileando después con los dedos sobre el brazo del trono, produciendo un sonido al chocar sus largas uñas contra el brazo de metal del trono.

Se podía ver que eran seis niños y seis niñas, cada uno de una “especie”, al menos así lo indicaban sus orejas y colas diferentes, conejos, zorros, tigres, caballos, lobos y ciervo. Faltaba un cojín vacío, el que pertenecía a un niño tigre y había una niña zorra, que no dejaba de llorar en silencio y se la veía la más joven de todos, era evidente que no estaba acostumbrada a aquello.

-Me gustaría poder recuperarla, ya la tenía domesticada…- Miró hacia el cojín vacío del tigre y lanzó una mirada a una columna, tras la cual salió uno de aquellos seres, le susurró una orden y el ser asintió y se marchó.- Y ahora he perdido a otro miembro de mi colección. ¿No habrás visto por casualidad un tigrecito de camino aquí? –Preguntó mientras se escuchaba de fondo un grito de dolor y furia, un chillido que Evelyn podría reconocer como el de Elíacer.- Mi amiguito atrapó al tuyo, se está divirtiendo un rato con él, espero que no te importe. Me han informado que el olor de Lucy está en ese animal alado tuyo, de modo que no trates de mentirme…- Dijo con un gesto indolente de la mano, mientras se escuchaba otro chillido de rabia y dolor del grifo.- ¿Estás dispuesta a hablar antes de que mi criatura acabe con la tuya? Suele ser demasiado brusco, sobre todo con los que se resisten… Estos cristales encierran un enorme poder…- Dijo llevándose la mano al medallón de cristal verde.- Pero despiertan ciertos instintos, cierto calor que solo se apaga de una manera…- Una repugnante y diabólica sonrisa se dibujó en los labios del anciano.- Aunque he de reconocer que es muy placentero apagar ese fuego. Mis esclavos no dejan de reproducirse, pues al quedar expuestos al cristal se ven afectados, por eso puedo ir renovando mis juguetes cada pocos años, pero le tengo un especial aprecio por Lucy, es una zorrita muy peleona…- Dijo riendo con voz cascada y vacía de alegría.- Habla, y cuando mis criaturas traigan a la zorrita, tú y tu emplumado amigo podréis trabajar en las minas… -Se escuchó un nuevo chillido de Elíacer.- A no ser que mi criatura se encapriche de tu amigo alado, le gusta mucho los que se ponen peleones.- Dijo mientras tomaba un trozo de cristal brillante de color verde, de un cuenco oculto en uno de los brazos del trono y se lo llevó a la boca, masticando ruidosamente el cristal y tragándolo todo, dando por hecho de que Evelyn respondería positivamente a sus exigencias.
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Re: La aventura continúa. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Evelyn Blake el Mar Ene 03, 2017 10:33 pm

Sus botas repiquetearon en el suelo pulido del lugar mientras avanzaba a paso firme, decidido, estoque en mano. Entrecerró levemente los parpados ante esa súbita fuente de luz, pero siguió avanzando sin prestarle mucha atención a ese pequeño inconveniente. La peliblanca siguió avanzando incluso cuando entro en la sala, poniendo especial cuidado en ese suelo tan pulido, acostumbrándose a su textura resbaladiza para no pegarse un porrazo en pleno combate, así como la alfombra rojiza, una causa de tropiezos inusualmente alta según su propia experiencia. Las lámparas de araña fueron simplemente un pequeño detalle a añadir a su imagen mental, se le antojaban demasiado altas como para hacer algo con ellas, aunque sin duda habría una polea en el techo y la cadena que las sujetaba estaría a una altura accesible, atada.

Evelyn había seguido avanzando incluso cuando ese anciano empezó a hablar, y desde luego no estaba parando. Cada pequeño detalle era registrado, ya fuese para su utilidad para el combate, como el suelo o la alfombra o para alimentar su determinación como quien arrojaba aceite a una fogata. Ese trono opulento, como dándoselas de rey, los esclavos, esa pobre conejita que le recordaba a la que había salvado tiempo atrás de unos esclavistas, en lo que se le antojaban décadas 1, los niños alineados a su izquierda, con un claro propósito. –Iros.- Era lo primero que había dicho desde que se había separado del grifo, y aunque no los estaba mirando, con sus ojos carmesíes fijos en el anciano, iba claramente dirigida a los niños. No había ni una pizca de corriente en la sala, y aun así el aire se arremolinaba a su alrededor, moviendo sus colas como si fueran mercidas por una marea y su capa grisácea ondeaba confiriéndole un aspecto heroico, pero no le importo, como tampoco le importo que su espada estuviese cubierta de gotas de rocío, aunque no hiciera ni de lejos la humedad o frío necesario para ello. Las voces que escucho desde la derecha, y que por lo tanto no procedían de los niños, sí que la distrajeron brevemente, pero allí no había nada, y a duras penas eran susurros, seguramente solo se trataba de roedores escarbando o algo así, eran imaginaciones suyas.

-Hay un pequeño problema en tu plan maestro- esta sería la primera y única frase que le dirigiría a ese monstruo antes de mandarlo con Kiara –es mucho más rápido matarte a ti y luego a esa cosa.- Ya se habia acercado mucho, lo suficiente como para lanzarse con una estocada con el viejo, pero allí el tiempo era crucial y no pensaba perder el tiempo permitiéndole que esquivara el primer golpe indemne y todo eso se alargara innecesariamente, por lo que se arrancó la capa con su mano izquierda, prácticamente haciendo saltar el broche que la aguantaba y la lanzó directamente a la cara de su rival, ocultando la dirección exacta del golpe con un enorme rectángulo grisáceo2. Le gustaba ese truco, era un pequeño juego de ingenio. ¿Intentar quitar la manta con una mano y luego reaccionar? Eso era muy lento, ya lo habían probado otros más en forma. Por lo que solo quedaba proteger una zona a ciegas, usualmente era la cabeza o el cuello, por lo que ella siempre apuntaba al pecho izquierdo, atravesando las costillas limpiamente sin rozarlas y perforando un pulmón, el más grande y por lo tanto importante, luego de eso bastaría otro golpe para acabar. Pero claro, los lagartos musgosos, lo que fuera que tenía el grifo, ese cristal verde que aumentaba el poder… todo gritaba mago a los cuatro vientos, por lo que básicamente estaba usando ese ataque para determinar qué tipo de magia usaba cuando alguna barrera bloqueara su golpe. Por supuesto, ella no podía verlo, pero sus ojos carmesíes habían empezado a aclararse.

1:
2:
Versión ofensiva de: A capa y espada: Técnica defensiva basada en bloquear la visión del rival con una capa (ya sea tapándole la cabeza o simplemente creando una cortina frente a Evelyn) para dificultar el apuntado y permitirle evitar el siguiente golpe con más facilidad o disminuir su daño al impactar en un sitio diferente del previsto. (2 turnos de enfriamiento)


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Mensaje por Elíacer el Dom Ene 22, 2017 3:12 pm

En apariencia no había guardias, pero que no estuvieran a la vista no significaba que no estuvieran allí, a un solo paso de defender a su amo. La mayoría de niños y niñas alineados en aquel lugar tenían las miradas ausentes, perdidas, como si estuvieran drogados o hubieran perdido toda esperanza. Solo algunos clavaron sus miradas asustadas y desesperadas en la mujer que avanzaba con paso decidido y sin detenerse hacia el trono donde se sentaba su amo. Cuando ella se apresuró hacía aquel hombre lanzando hacia él su capa para ocultar la estocada dirigida a su pecho, el viejo no hizo nada en absoluto por detenerla. La capa cayó sobre el rostro del hombre y la espada atravesó su pecho, pero no sonó como si atravesara músculo y hueso, sino como si atravesara un montón de cristales rotos. El viejo empezó a reír bajo la capa con voz cascada, mientras apartaba la capa y la dejaba caer a un lado. La espada de Evelyn había quedado encajada en el cuerpo del viejo, como si algo la sujetara. Allí donde debería verse un montón de sangre se veía como si la espada estuviera incrustada en un montón de cristales verdes.

-Vaya, otra zorrita peleona… - Dijo el anciano mientras llevaba una mano al arma incrustada en el pecho, la tomaba y la soltaba de un tirón, la hoja empezó a cristalizarse, volviéndose frágil y quebradiza.

De repente se movió a una velocidad vertiginosa y lanzó un revés con la mano dispuesto a golpear en la cara a Evelyn y hacerla caer o tambalearse hacia atrás.

-Alguien debería enseñarte a respetar a tus superiores, aunque ya eres demasiado mayor para mí, seguro que mi mascota encuentra muchas diversiones para ti.
- Dijo el viejo que extendió una mano y se materializó una espada de cristal verde que brillaba con intensidad.

Se llevó otro puñado de cristales brillantes a la boca y los masticó ruidosamente, notándose aquel brillo en las venas y los ojos del anciano mago. Un grupo de las criaturas que parecían una mezcla de reptil, planta y hongos salieron de detrás de las columnas de la sala, como si pudieran atravesar los muros de piedra. Eran al menos una docena de aquellos monstruos que mantenían asidas armas en sus manos. El anciano chasqueó los dedos y la pared del fondo que parecía sólida, empezó a ondularse y entonces los bloques de piedra empezaron a separarse y apareció codenas de tentáculos o viscosas raíces del monstruo, un enorme ojo verde parecía mirar del centro de aquella maraña y sobre aquel ojos, sujetado por todas partes por aquellas cosas viscosas estaba Elíacer, que parecía agotado y derrotado, con la cabeza gacha como si estuviera inconsciente y las alas flojas, caídas a los costados.

-Parece que se ha estado divirtiendo…- Dijo con divertimiento el anciano mirando hacia su criatura.- Serás mejor que te rindas a lo inevitable jovencita, estás en inferioridad, no podrás superar mi poder.- Dijo el viejo cuyo medallón que llevaba al cuello, echo con el mismo cristal verde brillante, relució al mismo tiempo que el ojo de la criatura, lo que podría indicar que había una especie de conexión que los unía a ambos a través de aquel medallón.
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Mensaje por Evelyn Blake el Jue Ene 26, 2017 11:46 am

Cuando luchabas con un mago, había que fijarse en los detalles. Cada uno tenía su estilo, así que las normas generales que habías aprendido luchando contra un piromante podían no aplicarse exactamente igual al siguiente, por lo que su padre le había enseñado a tratar cada mago como si fuese usuario de una nueva y revolucionaria escuela de magia, sacando conclusiones únicamente de ese mago y no de los anteriores, puesto que la confianza te mataba. Por eso, cuando su estoque atravesó lo que parecía cristal y no carne y hueso, se fijó al instante. Protección cristalina, algún tipo de geomancia rarita, ni siquiera había parado el golpe, ¿Qué podía hacer alguien con cristal?

Eso, podía cristalizar su espada. Saltó raudamente hacia atrás para evitar el golpe mientras guardaba su estoque, no estaba dispuesta a comprobar el cambio de propiedades en pleno combate, cambiaría de arma y listos. Norma número 1: “Que no toque tu arma con la mano. Desenfundó su arma con un bonito chirrido y la empuño con ambas manos, ante ella, para enfrentarse a la espada verduzca de su rival. –Hablas mucho… pero he visto mejores, simplemente tienes un montón de esbirros. – A sus ojos de ladrona no se le pasaron por alto ese brillo reluciente en el medallón del cuello que parecía estar conectado al bicho tentacular. ¿Algún artefacto de control? Daba igual, ahora era suyo.

-Deberíamos ayudarla pfjajjdne.-

-No pfgk tonta pgfgy, ni dgfhquiera nos oye.-

Ignoro las voces de momento, no era el momento de volverse loca, tenía un combate que ganar. Cuando te enfrentabas a un único enemigo y de repente aparecía otro, u otros en este caso, nunca se continuaba el duelo individual, podía oír las palabras de su padre claras y cristalinas. “Gírate y lucha contra el nuevo, no se lo espera y no estará preparado, seguramente ni habrá calentado.” Y eso hizo, empezó una carrera hacia su derecha, pasando de largo un par de lucecitas, una verde y una azul que parecían estar allí flotando sin ton ni son, con la katana en posición baja, a su derecha y pasó al lado de un hongo-lagarto, cortando a la altura de la pierna con toda su inercia, para luego continuar con un salto y giro para cortar la cabeza del de la izquierda. Pero claro, eran doce, no esperaba que esto marcara una gran diferencia. Allí era donde entraba la norma número 2: “Aunque no parece sufrir daños, aun puedes cortarlo.” Si le cortaba la mano o la cabeza, todo sería mucho más fácil, puede que incluso muriera, pero no iba a hacer eso, no exactamente al menos. Había seguido su carrera, hacia la pared, done podía ver un agarre, un agarre para cadenas, uno de muchos. Agarro la fría cadena y golpeo bruscamente el agarre con el pomo de su espada, liberándola de sus ataduras y catapultándola hacia arriba a la vez que la araña del techo bajaba. No le caería a nadie, eso creía al menos, pero no lo hacía por eso. Norma numero 3: “Róbale ese estúpido collar”. Estaba arriba, muy arriba, con una espada diseñada específicamente a cortar. Así que preparo el corte, un corte descendente con metros de inercia gravitacional. ¿Intentaría cristalizar su espada? Perdería la mano. ¿Bloquearla con su propia espada? Alargaría la mano y le arrancaría el collar. ¿Recibiría el golpe porque no sería dañado? Estaba dirigido al hombro, el collar caería al verse desprovisto de su cadena y lo recogería a su vez, mientras hacia lo posible para evitar el espadazo.

Realmente esperaba que su uso fuese a prueba de tontos o seguramente tendría un problema.


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