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Propósito

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Propósito

Mensaje por Vakhir el Miér Jun 22, 2016 6:44 pm

Abrí los ojos. Y entonces, supe que la pesadilla había vuelto.

Me sentía el cuerpo adormecido y cansado, mis sentidos felinos eran débiles, y lo veía todo muy difuso. Intenté estirar mi cuerpo para que los músculos volvieran en sí, pero mis extremidades traseras chocaron con algo duro y frío. Intenté ponerme en pie, pero mis patas cedieron. Poco a poco fui recuperando la visión, y a medida que esto pasaba un profundo y afilado temor se abrió paso dentro de mi.

Estaba enjaulado, barrotes de oscuro y frío hierro me rodeaban. Y para más dolor, sentía el chillido y el lamento de otra bestias entorno a mi.
Me enrosqué sobre mi mismo como un crío sin madre, intentando buscar consuelo en algún rincón de mi desolada, e inhóspita alma. La pesadilla había vuelto.

Cuando volví a despertar ya tenía los sentidos más agudizados, pero los músculos aún no me respondían del todo. Habían usado una droga bien fuerte, seguramente. Dediqué la poca fuerza que aún tenía para estudiar el lugar en el que me encontraba, y entender que era lo que estaba sucediendo. Era un granero muy oscuro, y cerrado completamente, donde la única luz existente provenía de dos antorchas enjauladas en hierro a las paredes de tabla. Habían otras especies capturadas, al menos tres o cuatro más. Un zorro de aspecto raquítico y cansado dormitaba en una jaula a mi derecha, y estaba casi seguro que una prole de oso se hallaba tras de mi. Más allá de eso, no podía saber. La poca iluminación de aquel deprimente lugar no me permitía adivinar que otras criaturas mantenían en cautiverio.

La puerta del granero se abrió de golpe, y el resplandor del día me golpeó en los ojos como un martillo de luz. Cerré los ojos, y me encogí sobre mi mismo, más de lo que ya estaba. Mis oídos captaron la hierba rechinando bajo las pisadas de varias botas, << dos hombres>> pensé. No me moví de mi posición, creo que ni siquiera respiré cuando, uno de ellos se colocó entre mi jaula, y la del zorrillo.

- Hey, Garbón, ven a ver esto- dijo uno de ellos, acuclillándose cerca de mi.
- Ya voy, ya voy- respondió el otro, cerrando el portón de golpe.

La hierba seca volvió a rechinar bajo las botas, y podía sentir la respiración del que estaba justo a mi lado. Mis patas empezaron a temblar levemente, y cerré los ojos con más fuerza aún.

- ¿Qué pasa?- le preguntó el tal Garbón al llegar.
- Mira ahí.
Mis ojos estaban sellados, pero mis oídos lo captaban todo a la perfección. Se alejó de mi jaula unos cuatro pasos.
- ¡Dioses!- vociferó Garbón- al jefe no le gustará esto.
- ¿Crees que esté muerto?
- Seguramente, Rathz- le contestó- ese zorrillo ni siquiera respira.
Sentí un ligero alivio al saber que no hablaban de mi. Por desgracia, el alivio me duró bien poco.
- Ahora mira esto- le dijo Rathz- observa el tamaño de este animal.
Garbón caminó hasta mi jaula. Ya podía sentir la respiración de dos de mis captores.
- Es precioso- balbuceó Garbón- mira el pelaje oscuro de su piel como brilla bajo las llamas.
- Sí, es magnífica. Cuando le amaestremos y le vendamos. Nos haremos ricos. Pero…
- ¿Pero?
- Es que oído historias Garb- el viejo Barbas las cuenta a cada rato- dice que hay animales que pueden tomar forma humana, que se beben nuestra sangre, y nos hacen uno de ellos.

El temor creció dentro de mí de una forma realmente acuciante. Si descubrían lo que realmente era, seguramente me darían una muerte dolorosa, o quizás algo aún peor. En realidad, morir era una dulce opción para acabar con mi vacía vida. Pero no quería que fuese de forma dolorosa, ya tenía suficiente con las llamas y los cuchillos de plata alojados de forma perpetua dentro de mi.

- Tonterías- dijo Garbón- el viejo Barbas esta medio loco, eso lo sabes Rathz. Nunca se quita sus guantes de cuero, solo sirve para la cocina, y sus historias absurdas solo son para entretenernos. Ahora vamos, que debemos dar la mala noticia del zorrillo al jefe.

Los captores abrieron la celda de mi derecha, y arrastraron el zorro muerto fuera de su jaula. Abrí los ojos mientras se marchaban. Sentí mucha pena al ver el zorrillo colgando del hombro de uno de los cazadores. Su piel, otrora hermosa y llamativa, tenía ahora un color apagado, como el de las hojas secas en otoño. Volví a cerrar mis cuencas verdosas, y me dormí, como siempre, abrazado  bajo el beso de mi profunda soledad.

En mi sueño, corría por una larga pradera junto a mis hermanos. La pradera no tenía fin, y yo no paraba de correr. No me importaba, porque era feliz.

La puerta se volvió a abrir, y era ya de noche. Capté el sonido del portón de inmediato que, me sacó de aquel dulce sueño. Me costó varios segundos volver a la realidad. Eran dos hombres otra vez, pero por alguna razón, uno de ellos caminaba lenta y cansadamente. Esta vez no me escondí sobre mi mismo, y echado sobre la jaula los observé llegar a mi. Uno de ellos tenía el aspecto certero de un cazador, llevaba un hacha a la cintura, y era relativamente joven. Era de mandíbula ancha, sin barba y con el pelo recogido en una coleta. Tenía cara de tonto.

- Es este- dijo.

Lo reconocí por su voz, era el tal Rathz. El otro, sin duda alguna, era el viejo Barbas, el contador de historias del que había hablado con Garbón. Reconocerlo fue algo simple, tenía una larga y nívea barba, la cual estaba segmentada en forma de trenzas. No era tan viejo, pero su rostro tenía muchísimas más arrugas de lo normal, como si el tiempo hubiese sido especialmente cruel con él. Su rostro era agudo, y realmente parecía saber muchas cosas.

Cuando mis ojos se encontraron con los suyos, mi corazón dio un vuelco por completo. Me había reconocido. Sabía que yo era un metamorfo.

Nos sostuvimos la mirada mientras mi corazón aporreaba mi pecho. Había algo raro en aquellos ojos, algo que expresaba compasión. Sus cuencas pardas y vivaces bucearon dentro de mi, sentí el peso de su mirada en mi estómago, y de alguna forma el compás de mi corazón amainó. Me sonrío casi que imperceptiblemente.

- Eh, Barbas- interrumpió Rathz- ¿acaso te ha hipnotizado el gato?
El viejo Barbas se puso en pie.
- Sinceramente Rathz, no creo que esta pantera sea un cambiaformas.
- ¿Y cómo lo sabes?- le replicó.
- Sencillo. Las panteras cambiaformas son el doble de grandes, sus colmillos son azules, y tienen dos colas.
- Joder, gracias a los dioses- suspiró Rathz- temía que este fuese uno de esos demonios.

En efecto, un tonto. Por primera vez después de muchos años, algo me hizo sonreír. Entonces, el viejo Barbas se volvió agachar, y me inyectó otra vez esa mirada que tanto asociaba con algo.

- ¿Sabes una cosa, Rathz?- le dijo, sin apartar la mirada de mi- en el mismo bosque donde capturaron a este magnífico animal, hace ya algunos años, un clan de panteras cambiaformas fue masacrado por unos humanos- algo se removió en mi interior- tenían lunas tatuadas en su lomo, los animales- sabía que me hablaba a mí, y no al otro.

- ¿Y que pasa con eso?- le dijo Rathz
- ¿Recuerdas el año pasado cuando estuvimos en Efrinder?
- Sí
- ¿Recuerdas lo que encontramos en el bosque Jiurman?

No entendía que estaba pasando, pero estaba seguro de que algo grande estaba a punto de suceder. Rathz miró al viejo, intentando recordar aquel momento. El viejo barbas le sonreía. Entonces, los ojos de Rathz se abrieron como platos.

- ¡Maldita sea!- gritó Rathz
- Exacto- le sonrió el viejo
- ¡Aquel hombre que encontramos en el río, tu y yo!- Rathz seguía gritando
- Sí
- ¡¡¡Tenía una luna blanca en la espalda!!!

Algo explotó dentro de mí. El pecho casi se me abre de la exaltación. Respiraba eufórico. Y aquel bendito vejete ahora me sonreía a mi.

- ¡Y porque no dijiste algo!- otro grito de Rathz
- ¿Acaso querías morir?- le alzó una ceja- colmillos azules ¿recuerdas?
Rathz se acompasó.
- Cierto.
- Bien- Barbas le colocó una mano sobre el hombro- ahora vámonos. Que ya es tarde.

Para cuando se cerró el portón, mi cabeza daba vueltas. Una vorágine de pensamientos iban y venían. Había un sobreviviente, quizás más. El bosque de Efrinder…, no sabía dónde estaba ubicado, pero localizarlo sería algo simple. Aquel hombre con barba echa trenzas había sembrado dentro de mí la semilla del propósito, y para esa hora de la noche ya había florecido del todo, vivaz y llena de determinación, como una hermosa flor, en la rama de un fuerte árbol. Estaba decidido, cuando abrieran la jaula para amaestrarme, escaparía. Y si tenía que asesinar, lo haría. Una nueva razón para vivir fue plantada, ya nada podía detenerme.

Amaneció, y ya estaba preparado. El portón se abrió de golpe, y la luz del día inundó el granero. Eran Rathz, y el otro seguramente Garbón. Ambos llevaban un látigo y un lazo, el cual seguramente pondrían alrededor de mi cuello. No tuve miedo.

Cuando Garbón llegó a la jaula, apoyó las manos en los barrotes, y curiosamente, me habló.
- Escucha bien, maldito gato. Gracias a ti nos vamos a volver ricos, y por eso necesito que cooperes.

En respuesta, intenté transmitir una mirada débil y miedosa. Aparenté sumisión, agachando la cabeza. Garbón alzó el brazo, e hizo restallar el látigo en el aire. Intentaba intimidarme por completo, permanecí con la cabeza baja, justo entre mis patas delanteras.
- Está todo bajo control- le dijo a Rathz- puedes dejar el portón abierto, el gato es inofensivo.

Sentí el entrechocar de llaves metálicas, y el chasquido del candado al liberarse me puso en alerta. La jaula se abrió.

Abrí los ojos de golpe, Garbón tenía medio cuerpo dentro, y Rathz estaba entretenido en el portón. Cuando estiró el brazo para enlazarme el cuello, todo comenzó.
Clavé mis fauces en su brazo, mis colmillos atravesaron piel y hueso, y lo arrastré fuera de la jaula mientras él gritaba. Con un bramido de espanto lo arrojé a un lado. Sin dejarlo reaccionar salté sobre él, y mordí sus piernas para que posteriormente no pudiese ir tras mi.

Rathz me apuntaba con un arma de fuego, eso no lo preví. Disparó, pero mi cuerpo estaba hecho para moverse con precisión y agilidad, y mis patas para correr. Esquivé el primer cartuchazo, y también el segundo. Me abalancé sobre Rathz derribándolo, rugí en su rostro con todas las fuerzas de mi parte animal. Mis colmillos hechos para desmembrar estaban a escasos milímetros de sus ojos,  quería que los mirara bien, y que se diera cuenta que no eran azules.

Cuando le infundí todo el temor que pude, corrí. Atravesé el campamento velozmente, estaba ubicado en un lugar despejado que daba acceso a un pequeño bosque, justo lo que necesitaba. Trepé a un árbol cuando el jaleo en el campamento comenzó a cobrar auge.

Entonces lo vi, justo cuando ya iba a marcharme, por fin libre, y lleno de vida. El viejo Barbas me miraba desde un lugar no muy apartado del campamento, pero lo suficientemente cerca como para que viera su sonrisa. Se quitó uno de sus guantes de cuero, y alzando el brazo me saludó. Entonces, lo entendí todo.
Tenía membranas entre los dedos
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Re: Propósito

Mensaje por Señorita X el Jue Jun 23, 2016 2:09 am

Muy bien ejecutado su hijra. Me complace anunciarle que lo ha hecho fenomenal. Le daré color.

Bienvenido a Noreth

PD: No se olvide de agregar su link de la ficha a su firma

PD2: POr favor, agregue un avatar acorde a su personaje, ya de paso.
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Re: Propósito

Mensaje por Vakhir el Jue Jun 23, 2016 1:42 pm

Gracias.
En cuanto a mi avatar, ¿La pantera con la luna al fondo no reune los requisitos? O es que es indispensable ponerlo en forma humana.
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Re: Propósito

Mensaje por Señorita X el Jue Jun 23, 2016 1:57 pm

Ah, ostras, no parecía una pantera. Es que la imagen es muy pequeña, y yo veía una roca, sinceramente.

Vale, en tal caso no hay problema. Aunque no estaría de más pues que la imagen fuese más grande.

Un saludo
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Re: Propósito

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