Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» La fuga (priv. Calígula) [Phonterek]
Hoy a las 12:56 am por Calígula

» El secuestro de Gr´olKos "El clan cuchilla sangrienta"
Ayer a las 3:30 pm por Lilith Schwarz

» [Evento] Los Cuentos Perdidos de Noreth
Ayer a las 10:57 am por Lamb

» Buenas
Vie Dic 15, 2017 3:27 pm por Balka

» A Hope's Tale
Jue Dic 14, 2017 10:56 pm por Gar'Shur

» Anhouk, la forjadora
Jue Dic 14, 2017 9:33 pm por Bizcocho

» Demonología: Adulterium [+18]
Mar Dic 12, 2017 10:23 am por Envidia

» Aulenor Abe
Dom Dic 10, 2017 6:33 pm por Bizcocho

» - Apocalipsis now -
Sáb Dic 09, 2017 10:11 pm por Balka

» Una mala decisión
Sáb Dic 09, 2017 1:56 pm por Bizcocho

» Calígula, el demonio del mar
Sáb Dic 09, 2017 1:13 am por Calígula

» Aracnofobia [Campaña]
Vie Dic 08, 2017 10:27 pm por Vanidad

» Un paseo inesperado [Priv. Celeste Shaw]
Mar Dic 05, 2017 10:06 am por Celeste Shaw

» Locuras en Santa Timotea para Jóvenes Azuzables [Priv. Eudes]
Sáb Dic 02, 2017 9:26 pm por Isarika Endier

» The Shining of a Thousand Suns (Privada)
Miér Nov 29, 2017 6:51 pm por Vanidad




Cuentos de Noreth
Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth

Las afiliaciones hermanas se hacen por invitacion de nuestros administradores hacia otros Admins de los foros que decidamos, o por invitaciones de ellos hacia nosotros, sin embargo nos reservamos el derecho de admision de estas mismas pues seran solo una limitada cantidad y minima. Para mayor informacion acuda a la sección de Afiliaciones


Corona de Hielo y Piedra

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Corona de Hielo y Piedra

Mensaje por Medielvoulder el Vie Jun 24, 2016 11:17 pm

El sol era el ojo de una forja, su fulgor rojo golpeaba como un martillo sobre el norte, las nevadas hace poco habían terminado y la primavera caía en silencio sobre la cordillera. La nieve en Daulin brillaba como como mil ópalos eternos, resquebrajándose ante el inminente deshielo. Allí, al borde de los nidos de las águilas, dos guerreros luchaban a muerte. Medielvouder y su oponente forcejeaban, el viento azotaba sus cuerpos como el grito de un gigante helado y furibundo, los pinos a su alrededor eran encorvados ancianos cargados con capas blancas, todos inclinados como fieles sirvientes al declive de la orilla del risco. Sus altos cuerpos revestidos de armadura verde, observaban en silencio la contienda con sus espadas de hielo clavadas al suelo. El mestizo sudaba frío, sus pisadas eran boquetes en la nieve, Espiga envainada clamaba por salir, su oponente luchaba fieramente, la viene estaba siendo mancillada con sus golpes y los ecos de sus gritos quebraban el pacífico silencio.
El sol coronaba un cielo despejado en el que las águilas nerviosas volaban chillando asombradas. De pronto el cuerpo del cornudo trastabilló, quizá hubiera pisado un nido de liebre escondido, o la cabeza de un trasgo. Su faz se precipitó al suelo, pero no sin antes coger de la capa de su adversario, ambos cayeron y comenzaron a rodar sin remedio montaña abajo. La nieve vibró y abrió sus fauces para recibirlos, los pinos los esquivaban recelosos y el sol solo ayudó a que el terreno fuera más suave y fácil de sortear. Las risas de los fantasmas del viento llenaron la cara blanca de la montaña, los cuerpos giraban acumulando nieve, la cabeza del mestizo estaba empapada y sus manos no hacían más que aferrarse de piedras sueltas y esperanzas vanas. El filo de la montaña los esperaba con los brazos abiertos.

Ambos llegaron a la orilla en un suspiro, acarreando nieve, piedras y miedo. Antes de asomarse al risco el mestizo notó un pino que asomaba sus retorcidos brazos al vacío, cuando estuvo a su altura se aferró a él como un crío a la teta de su madre, pero iba ya tan veloz que sacó al escuálido árbol de cuajo. El suelo desapareció, el viento recibió sus cuerpos en su seno, las ramas del pino les rasguñaron y sus pulmones se llenaron del aire gélido de la montaña.

La montaña vomitó una ola de nieve y piedras en las que se deslizaban el pino enjuto, el mestizo y su oponente. La cara escarpada de la piedra era un borroso dibujo frente a sus ojos y en lo profundo, un río al pie del risco que serpenteaba crecido por los deshielos cada vez se hacía más grande. El cornudo abanicó los brazos tratando de alejarse de la mortal cara del risco y sus dedos de roca. Las primeras piedras comenzaron a caer al cauce, el mestizo vio como se acercaba el muro de agua y trató de posicionar su cuerpo, el agua estaba cada vez más cerca, juntó las piernas, cruzó los brazos en su pecho y cayó como un clavo sobre el río. El cauce se bebió al mestizo y a su oponente, el pino se asomó a la superficie antes que los dos, Medie se comenzó a mover frenéticamente hacia arriba, el beso del agua glaciar era como un cuchillo sobre la piel, y bien sabía que si no salía de ahí la hipotermia no tardaría en golpear su puerta.

Su cabeza al fin afloró del fondo del río, braceó al tronco castañeando sus dientes y dando bocanadas de aire helado. Subió su magullado pecho al tronco y observó la orilla del agua como la única manera de vivir, sus pies comenzaron a golpear el agua en un intento de moverse a la orilla, pero el cauce era fuerte y violento como un muchacho malcriado y cada vez que se veía cerca este le devolvía al centro. Tiritando miró a su alrededor, necesitaba ayuda, no tardó en ver la cabeza de su oponente flotando a unos metros de distancia.
¡AYÚDAME! —gritó con todo el aire que le quedaba en los pulmones—. ¡ENTRE LOS DOS PODEMOS MOVER EL TRONCO A LA ORILLA!
avatar
Medielvoulder

Mensajes : 182
Edad : 36
Link a Ficha y Cronología : Medielvoulder
La Corona del Traidor

Nivel : 3
Experiencia : 0 / 1500

Volver arriba Ir abajo

Re: Corona de Hielo y Piedra

Mensaje por Taciturno el Vie Jul 01, 2016 12:21 am

El enano rodó como una bola de nieve por el risco, sus armas se sacudían como avivadas por fantasmas traviesos, su espada se le enterraba en la espalda con cada vuelta, y era una suerte que estuviera envainada. Era una suerte que todos sus implementemos estuvieran bien amarrados porque si no, hasta hubiera cabido la posibilidad de que se volara los sesos de un disparo. Pero estaban todos bien sujetos, y era justo eso lo que le impedía sacar la daga y clavarla en aquella mano que lo asía como una pinza de herrería.
Se encontraba en una gran aprieto, pero no hacia más que buscar su daga y contar cada vuelta, el terreno tenía un ángulo de unos cincuenta grados y la fricción era casi nula, antes de la quinta vuelta ya sabía que no había forma de salvarse. Ya poco importaba la discusión y la pelea, ahora ambos iban a vivir el salto de sus vidas.

El final del camino se abrió paso a él entre los pinos, sus manos no lograron llegar a ningún vetusto tronco, pudo oír el grito del carnero y vio como se aferró un instante con la mano libre a la última rama del último pino en la orilla, contuvo el aliento expectante por el resultado, las raíces hicieron crujir la piedra, el pino se dobló como un monje al orar, las hojas se alzaron como flores muertas al cielo y aquella alma solitaria abrió sus brazos de ramas y se lanzó al vacío junto con ellos. El barbudo abrió los ojos como dos platos y vociferó alguna maldición en su lengua, el vértigo apuñaló sus sentidos cuando osó mirar abajo, contó los segundos, cerró los ojos y esperó paciente el vibrante puñetazo del agua que acabaría con todo. Uno, dos, tr… El magnánimo chapuzón elevó las aguas del gélido río a casi dos metros de altura, el enano se hundió como una roca pesada y desgastada por el tiempo, su cuerpo resistente evitó que perdiera el sentido, pero en el fondo no le serviría de mucho.

Todo parecía perdido allí abajo, pero quisieron los dados del azar que ese no fuera el final de aquel errante. El turbio cauce lo empujó como la mano de Dios, pataleó con todas sus fuerzas pero fue el poder del río el que lo envió hacia arriba en un torbellino de agua, su cabeza hecha una maraña de cabello y barba surgió a la superficie, trató de orientarse en el caos, odiaba el caos, el frío no era más que frío, pero el caos, el flotar sin ton ni son era desesperante.
El cornudo, a unos metros le gritó pidiendo ayuda, el tronco flotaba y eso era bueno, nadó como pudo y sujetó el tronco, ambos patalearon como si la vida dependiera de ello hasta que la punta del tronco se clavó en la orilla y les permitió salir a duras penas. Estaban a salvo, en una pieza. El cornudo río para enseguida estornudar.
Joder, hace mucho que no estaba en el norte. Seguro me resfrío.

El enano se encogió de hombros. En tierra firme las cosas no pintaban mejor. El cabello y barba sueltos del enano lo cubrían como serpientes onduladas y frías, comenzó a estrujarse sin quitar la vista del alto mercenario que oteaba la zona.
Con la caída nos ahorramos medio día de descenso. Estamos al oeste de la montaña, dejamos atrás a los trasgos pero no encontramos la puerta. Mierda, hay que secarnos. Luego idearemos otra manera.
Se encontraban a casi cien metros de la linde de un bosque, la nieve cubría brillante todo como una capa de espejos, con los ojos entrecerrados Taciturno también vio el pilar de humo surgir oscuro de algún punto dentro del bosque. No muy lejos.
Oye —le dijo Medielvoulder—. ¿Sin rencores?
Estiró su mano, sus dedos aún mojados produjeron un sonido de succión cuando se la estrechó. No tenia sentido estar peleados en medio de la montaña, donde era necesario que ambos unieran sus fuerzas para sobrevivir.

El viento gélido galopaba fuerte, a pesar del brillante sol solo debían haber unos dos o tres grados, sus pisadas cortas hacían el trecho mucho más largo de lo que parecía, pero estaba acostumbrado al frío, y no le dañaba mucho más que al cornudo, que castañeaba sus dientes como una ardilla tratando de romper una nuez. Cuando llegaron al bosque de pinos el viento remitió, el enano ya había revisado todas sus pertenencias, la pólvora y sus armas estaban mojadas, haría falta un tiempo para que volvieran a funcionar.
Allí es.

La ninfa, sentada en un árbol caído estiraba sus manos para hallar calor en la hoguera encendida al frente suyo. Se sorprendió al verlos.


avatar
Taciturno

Mensajes : 13
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Corona de Hielo y Piedra

Mensaje por Hemmi Chinaski el Vie Jul 08, 2016 5:32 am

Era muy agradable sentir el abrazo de los animales, aunque el olor dejaba mucho que desear. Parecía tres veces más grande de lo que era envuelta en las pieles, había dejado de lado mi querido quimono y lo había reemplazado por ropajes vikhars: peto y pantalón de cuero, camisa de lino, capa de lana gruesa como una carpa de batallón, y unas agradables botas forradas con lana. La piel de oso pardo fue un regalo de los montañeses, lo demás, también. Era bueno vivir de los encantos, aunque vivir de la espada tampoco estaba mal.

El bosque era un sitio inhóspito, la luz del sol entraba como lanzas atravesando los pinos de verdes oscuros y robles deshojados, el viento se había ido, todo estaba quieto como un cementerio. Casi sentía lástima por las sílfides que habitan los picos de Daulin, no por la soledad, que les sienta bien al igual que a todas, sino por el frío. El frío es terrible, representaba lo muerto, lo quieto, lo soterrado y oscuro. No había nada peor que el frío.

Me aberrujé en las pieles, a lo lejos oí la voz de de mis compañeros, al menos la de Medie, suspiré pensando en la suerte de que nadie nos persiguiera, sino, gracias a aquellos berridos ya nos habría encontrado. Cuando aparecieron en el linde de mi hoguera estaba lista para soltarles una reprimenda.
Esperaba que aparecieran hasta más tar... ¿Qué rayos les pasó? —Salté de mi improvisado asiento al ver aquel dúo avanzar empapados. Por todos los volcanes, ¿es que no podían estar un día sin cagarla? Tomé las provisiones de ramas que tenía reservadas para la tarde y las lancé al fuego.
Caímos al río —Medie estrujó su capa y comenzó a desvestirse. Taciturno simplemente acercó las manos a la hoguera.
No tengo ganas de averiguar cómo —Subí mis mangas y metí las manos al fuego para avivar las llamas—. ¿Escalaron la montaña?
Sí. Tampoco encontramos la puerta —su voz sonaba resignada. Su torso desnudo era como la mesa de madera de un carnicero, llena a más no poder de surcos plateados, cicatrices de una infinidad de peleas—. Hay que aprovechar el sol, escalaremos la siguiente antes del anochecer.
El fuego se alzó juguetón, era bueno sentir sus llamas en mis mejillas sonrosadas por el frío. La hoguera creció tanto que los pelos del oso en mi cabeza se comenzaron a chamuscar.
Trasgos.
Esos bichos son nuestra menor preocupación. Además la nieve nos revelara sus rutas, será fácil esquí... —De pronto el linde comenzó a llenarse de sonidos, alcé la vista como un cervatillo asustado, a unos veinte metros podían verse avanzar—…varlos.

Saqué las manos del fuego y las mantuve a mis costados, llamas suaves las lamían, por suerte Medie no se había sacado los pantalones, giró sobre sí, sacó la espada de su saya y se agachó a recoger su escudo. Los trasgos, que en ese momento se acercaban en turba furiosa hacia nosotros, eran una mancha negra sobre la nieve, chillando a través de los árboles, chocando con los pinos, echando a volar las solitarias aves que se escondían en sus ramas.
A medida que avanzaban podían distinguirse de la masa sus dientes, garras y diminutas espadas y hachas improvisadas colgando de sus flacos brazos. Retrocedí un paso casi sin querer.
Son demasiados —dije impresionada, estaban a unos doce metros ya—. No quiero sonar cobarde, pero lo mejor sería huir.
Lucharemos, la nieve no nos dejará ir muy lejos.
Usa esto.
Giré la cabeza, Taciturno me lanzó una bolsa de cuero que cogí al vuelo.
¿Qué es? —la abrí, era pólvora, pero estaba húmeda.

Los trasgos estaban sobre nosotros. Puse la bolsa entre mis manos y comencé a secar su interior lo más rápido posible.


avatar
Hemmi Chinaski

Mensajes : 111
Edad : 27
Link a Ficha y Cronología : ¡La Sangre es Vida, la Vida es Fuego! ¡Caminar Sobre el Filo de una Hoja!

Nivel : 2
Experiencia : 950 / 1000

Volver arriba Ir abajo

Re: Corona de Hielo y Piedra

Mensaje por Medielvoulder el Vie Jul 08, 2016 5:46 am

El mestizo sostenía su espada, estoico, sus cejas estaban muy juntas, contando cuántos eran. Su torso soltaba vapor en la helada mañana, terminó de amarrar su escudo, su vista no se despegaba de la inevitable acometida, escupió algún insulto en la lengua demoníaca y sujetó bien su armamento. Era una marea lo que se dirigía a ellos, afianzó sus pies en la nieve, el enano estaba a su izquierda con espada en mano, la ninfa se encontraba a su espalda y no podía ver lo que hacía.
Espero que no hayas huido pequeña ninfa. No he oído el acero de tu espada.
Sigue en su vaina. Cuando te diga, te agachas.
Vale.

No alcanzó a girarse para verla, los trasgos, gritaron, estaban a tres pasos, el mestizo se lanzó, comenzaron a llover sobre él, agitó su espada con violencia formando un arco que pareció un abanico de metal, atravesando la primera línea de las sedientas alimañas, pudo oír sus chillidos de ratas mientras sesgaba, la sangre salpicaba la nieve. Dio un paso atrás, sintió el calor en su espalda, los trasgos saltaban para alcanzar su torso y algunas viejas espadas le rasgaron el brazo y el hombro cuando, con cada ida de la espada, quedaba al descubierto su piel.
Su escudo rompió algunas caras al tratar de ganar terreno y no caer de espaldas al fuego, pero decidió que era mejor idea retroceder al oír como algunas flechas ondeaban por su cabeza. Dio unos pasos, giró y saltó al otro lado de la hoguera con el impulso de sus dos largas piernas y oyó como las saetas cortaban el aire a su espalda.

Quedaban por lo menos una treintena, comenzaron a girar alrededor del fuego para alcanzarlo, el enano se llevaba por delante a poco menos de la mitad, miró a la ninfa que retrocedía más y más, estaba indefensa, con fuego en las manos y una bolsa entre sus palmas. ¿Que mierda planea esa loca?

Una daga se clavó en su pierna, y varias más le rasguñaron la espalda en un descuido, las flechas volvieron a surcar el aire, esta vez vio desde donde. Aprovechó el estar mojado todavía y comenzó a dar patadas a la hoguera mientras avanzaba a través de ella. La madera se proyectó unos pocos metros, pero ahí donde caía siempre había un trasgo sediento. Sus ropas de pieles de conejos, zorros y a veces lobos se encendían al contacto, haciendo que se lanzaran a la nieve y giraran, aunque otros no se daban cuenta del fuego hasta cuando estaban envueltos en él.

Los trasgos se desorganizaron, Medie cogió a varios desprevenidos antes de que  volvieran a formar una masa, con la sangre cayendo en finas líneas por su espalda, brazo y pierna, se mantuvo en pie aguantando los feroces ataques. La hoguera se había apagado casi del todo, el exceso de ramas que hace poco le habían cargado ayudó bastante, pero los trasgos volvían a avanzar, ya no quedaban más que una docena, oyó un grito a su espalda, era la ninfa.
¡AL SUELO!
Se lanzó a la nieve tiznada de cenizas y ramas negras sin pensarlo, sintió el calor de algunas ascuas en el pecho, hubo un silencio artificial, el cual fue roto por la explosión que tronó como el rugir de un dragón a pocos metros de él. Se cubrió con el escudo, algunos trozos humeantes de trasgos cayeron sobre él, se puso en pie en cuanto dejó de llover esquirlas de carne y hueso. Estaba terriblemente enojado, en sus oídos sensibles el pitido incesante del estallido era como una rata royendo sus tímpanos.

Miró a su alrededor, solo quedaban algunos trasgos vivos, pero estaban en el suelo girando sobre sus vísceras y su sangre. El rostro del mestizo era casi el de un demonio, se llevó las manos a las orejas, debía hacer algo con sus oídos. Y el resto de su magullado cuerpo.
avatar
Medielvoulder

Mensajes : 182
Edad : 36
Link a Ficha y Cronología : Medielvoulder
La Corona del Traidor

Nivel : 3
Experiencia : 0 / 1500

Volver arriba Ir abajo

Re: Corona de Hielo y Piedra

Mensaje por Taciturno el Vie Jul 08, 2016 6:23 am

La lucha desorganizada de los trasgos lo tenía sin cuidado, seguramente no era la primera vez que se enfrentaba a ese tipo se monstruos, pues en las montañas abundaban y el era un enano, quizá por lo mismo los trasgos lo atacaban en menor número y con menos ahínco. El frío que le mordía como una manada de lobos el cuerpo remitió a medida que su cuerpo nudoso y cargado de músculos se movía al son de la pelea. El filo de su espada traspasaba fácil las delgadas armaduras de cuero y piel de los trasgos, era tan fácil que parecía casi deshonesto. Pero el enano no prestaba cuidado en los sentimientos, no había pena u odio en su mirada, era como un panadero en la mañana, amasando con su espada la masa, cortando los bollos y lanzándolos al horno.

Iba contando a cuántos había matado, iba en siete cuando oyó a la ninfa gritar, se lanzó detrás del tocón que ella estaba usando de asiento y esperó el estallido de toda la pólvora que cargaba, era una pena desperdiciarla de esa manera, pero eran cuestiones de vida o muerte. Pasaron tres segundos después del grito, luego vino el estallido, fue un sonido gutural que silenció todos los demás. El enano se quitó las manos de los oídos, estaba casi acostumbrado a oír el estallar de la pólvora cuando disparaba, era un sonido familiar que dañaba el tímpano poco a poco. Aunque cuando estallaba tu bolsa de pólvora era un algo muy diferente. Por suerte las montañas absorberían la mayoría del sonido.

Se alzó detrás del tocón y miró a su alrededor, casi todos los trasgos habían muerto, y la mayoría de la nieve de los pinos alrededor había caído para dejar sus cuerpos verdes destapados. La ninfa se acercó a la escena con su katana atrapando los rayos del sol, mató a los pocos trasgos que quedaban vivos, luego se acercó al sangrante mestizo.
Hay que hacer algo con esas heridas.
El mestizo gruñó lo que podría haber sido un asentimiento, y salió corriendo hacia el bosque. La ninfa lo miró perderse entre el follaje, no alcanzó a formular la pregunta, pero cuando miró al enano él respondió.
Arqueros.

El enano clavó su espada en la nieve y comenzó a juntar ramas, había que encender pronto otra hoguera, sino el frío se lo comería. Cogió el tocón y con su hacha transformó la madera en útiles trozos que sirvieron, gracias a el fuego de Hemmi, al inicio de una nueva hoguera sobre las cenizas de la antigua.
¿Será adecuado quedarse aquí? ¿No vendrán más?
El enano se encogió de hombros.

Pasaron unos pocos minutos cuando regresó el mestizo con un trasgo colgando en una mano, tiró el cuerpo cerca del fuego y se llevó las manos a sus caprinas orejas.
¿Solo había un arquero?
Maté a los demás.
La ninfa comenzó a buscar entre sus cosas algunas telas blancas de una vieja camisa y una botella de alcohol, el enano por su parte terminó de contar a los muertos, treinta y cuatro en total. Era un gran número, comenzó a preguntarse de dónde habían salido. No podían ser los mismos que los siguieron montaña arriba, a menos que también se hubieran lanzado por el risco; miró al arquero, no le esperaba nada bueno.

Las preguntas fueron cortas, ásperas y poco se pudo saber. El cuerpo del mestizo se llevó una limpieza con aguardiente. Usó la vida del arquero para sanar su herida en la pierna mediante magia profana. Ambos, tanto la ninfa como el enano sabían lo que era Medielvoulder. Y estaban ahí por esa misma razón.


avatar
Taciturno

Mensajes : 13
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Corona de Hielo y Piedra

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.