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El valle de la amargura

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El valle de la amargura

Mensaje por Bargho el Miér Jun 08, 2011 10:36 pm

El aire fresco y seco de la montaña sentaba bien a los pulmones del minotauro, la claridad y la luminiscencia de la atmósfera montañesa en aquellos días de verano le daban la impresión de estar respirando cristal, así había sido desde que viajó con Glenik por primera vez a las cumbres de las montañas Drakenfang hacia muchos años ya.

Pero esta vez el motivo de su viaje era distinto, no continuaría su travesía a través del angosto camino flanqueado de precipicios que llevaba a los viajeros a la ciudad enana de Drunk'Thrond, si no que se desviaría en el enclave enano próximo para seguir el camino de descenso que lo llevaría a través del amplio valle de Khezue hasta su destino final, la única ciudad minotaurica del mundo: Grok’ Taur , donde esperaba conseguir una entrevista con el gran señor minotauro Manotir, si bien su clan pertenecía a uno de los muchos que habían seguido su propio camino durante la Gran Migración, antes de que los astados se establecieran en Grik’ Taur, el juramento de fidelidad a Manotir era indisoluble, y los Tauren (como el resto de los minotauros llamaban a los clanes que habían decidido continuar con la vida nómada) siempre tendrían su lugar en la ciudad rocosa.

Estaba sumergido en sus meditaciones, cuando empezó a darse cuenta de que algo andaba mal al llegar a la cima del risco, en la lejanía, el enclave donde los tres caminos se juntaban y donde se encontraba un gran fuerte enano se hallaba en plena ebullición, carretas aquí y allá transportando viveres y numerosos soldados enanos bien armados correteaban de aquí allá, el tauren frunció el ceño “Esto solo puede significar una cosa: alguien o algo ha invadido el valle”, conocía bien lo que sus potentes ojos observaban a lo lejos, eran preparativos de guerra para tomar el valle; los había visto el mismo dieciséis años atrás, cuando colaboró en la campaña que había expulsado a los goblins del valle, lo cual a la postre fue la razón de su primer viaje a estas montañas que hacia instantes rememoraba.

A pesar del tremendo imprevisto que se veía venir, Brgho no pudo evitar reir un poco para sus adentros “Ja, ja, ja, el viejo Glenik debe estar metido en medio de todo eso, ya me lo imagino, gruñendo y repartiendo patadas para acelerar el trabajo…” pero inmediatamente un pensamiento fugaz llegó a su mente, y es que si estaban en guerra lo primero que los enanos harían sería resguardar aquella colina con centinelas, mas tardó en pensarlo que en esquivar una potente hacha que pasó silbando a centímetros de su morro, levanto la vista y vio a un montón de enanos que se habían camuflado detrás de unas rocas apuntandoles con unas ballestas.

-¡Quieto ahí! ¡Quien vive! –Tronó la voz del enano que parecía al mando.

-Aliado- respondio Bargho con el tono respetuoso y firme que sabía bien que agradaba a los de su raza- soy un viajero que se dirige a Grok Taur

El enano se asombró, aquel antropomorfo le había respondido en su lengua materna, algo sumamente extraño, sin embargo no bajó la guardia aunque su voz perdió mucha de la agresividad de su primer grito.

-No hay paso por allí, el valle se encuentra infestado de goblins, será mejor que te marches…

Bargho sabía que aunque las palabras sigan siendo animosas, el hecho de que un enano hubiera bajado tanto la agresividad a sus palabras en la segunda frase, y más aún, el hecho de que de explicaciones, eran muy buenas señales; de manera que continuó con el mismo tono respetuoso de antes.

-Mi nombre es Bargho hijo de Baraghon, serví durante doce años en la partida de zelotes del capataz Glenik Börglet-

Algunos murmullos se dieron entre los enanos que aún apuntaban sus ballestas, tras un breve silencio, el que estaba al mando ordenó a sus hombres que dejen de apuntar y se aproximó a Bargho.

-Disculpa la rudeza hijo, pero como ya sabes, es tiempo de guerra y hay que estar atentos –se volteó hacia uno de sus subordinados- ¡Björk! Lleva a este minotauro al enclave y vuelve inmediatamente, di que lo envió el capataz Gurek y que se avise al jefe de la plaza ¡Pero vuelve aquí inmediatamente y ni se te ocurra venir oliendo a cerveza o te hago empalar!

Se volvió nuevamente al minotauro y le dijo con cierta tristeza en su voz:

-Ve guerrero, que tus dioses te acompañen-

Bargho renaudó su caminata detrás del enano que le precedía, bajo la luz del sol que moría entre los picos helados, sintiendo que algo muy desagradable se escondía en la voz de aquel viejo enano.

------------------------------------
Offrol: Cada jugador debe ir llegando al puesto, son libres de ejecutar sus acciones pero no pueden pasar la puerta del enclave aún.

Orden de posteo:

-Bargho
-Musashi Takenagi
-Zephyrae
-Snarl
-Gorrionxz
-Dranosh
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Re: El valle de la amargura

Mensaje por Musashi Takenagi el Jue Jun 09, 2011 6:57 am

Ocelotl lo primero que hacía luego de una misión exitosa era cobrar su recompensa; recolectar sacrificios para dárselos a nuestro Dios mientras Rothgar ajeno a esa costumbre se ponía a rezar para purificar aquellas almas que se despedían de este mundo, Arashi bufó al tiempo que tiraba de su rienda y recorría aquella pila de cadáveres de bandidos que habíamos logrado derribar sin mayores complicaciones, las personas de aquella aldea se mostraron agradecidas, nos ofrecieron dinero, víveres y hasta mujeres. Por razones que no tenían absolutamente nada que ver con los estrictos dogmas de mi compañero Rothgar rechacé lo tercero pero si acepté una probada de sake antes de volver a partir.

A veces el destino resultaba bastante curioso, éramos un grupo muy diferente sin embargo nos unía una causa en común; el honor y la justicia. Nuestras tácticas de ataque, nuestra confianza y lealtad estaban configuradas entre nosotros, Ocelotl y Agrid infiltrándose o atacando desde otro ángulo al enemigo cortando sus retiradas, hostigando, mientras que en la primera línea marchábamos nosotros, empleando mi naginata en barridos, o sea para cortar a varios enemigos de un solo golpe.

Sin embargo habían secretos, mi voz cortada y grabe por una gargantilla que oprimía mi garganta alrededor de mi cuello la usaba para darle el tono correcto a lo que "debía" ser mi voz, mi figura impuesta por una gruesa y ancha armadura de placas sosteniendo la naginata a un lado asegurándome en batalla de no girarla demasiado para no cortar la cabeza del caballo, la temible sonrisa endemoniada de mi máscara de cerámica eran el reflejo de lo que debió ser mi primo, mi promesa; su destino... Y era debajo de aquella pila de metal donde se refugiaba mi mayor secreto, un corazón frágil, ojos de nostalgia endulzada y la determinación propia de una mujer. Los Autrag der Krieger lo desconocían, mi deseo de ocultarlo era mayor que mi confianza en ellos, pero bien sabía que si en alguna oportunidad debía de descubrirse ellos serían los primeros en saberlo.

Ahora nos saludaban las altas cumbres de Drakenfang, la brisa helada y la claridad de los cielos nos preparaban una nueva misión, aunque mis pasos tomarían un camino distinto, había recibido una carta de "nuestro" maestro, y cuando digo nuestro hago mención de mi y de mi difunto primo, el aludido estaba muy enfermo y había solicitado que lo fuera a ver, seguramente era ya muy tarde por la evidente demora de la correspondencia, pero nada perdía en volver a sus tierras y al menos despedirme frente a su lápida en son de respeto, pero para ello debía tomar otro camino, me despedí de mis compañeros por un tiempo, era una misión que debía cumplir sola, y me marché desviando la ruta, había escuchado que cruzando el valle llegaría más rápido pero también tenía en consideración los rumores que allí se habían desatado, me encontraba frente a un dilema, por mi parte debía marchar y cumplir esta misión de importancia personal pero mi deber como Musashi Takenagi integrante Autrag der Krieger era seguir mi código de guerra, y pasar frente a un campo de batalla con los brazos cruzados era inaceptable.

Mi visión estaba limitada solo en línea recta por la máscara, lo suficiente para ver al enemigo de frente, pero un ataque de costado me dejaba un tanto en desventaja. Detuve a Arashi al encontrarme con el paso cercado por un grupo de enanos con armadura, escudo y su respectiva hacha de guerra, el ambiente se notaba tenso, más no retrocedí, no era culpable de nada, no tenía por qué. Pero no quería parecer una amenaza, alcé el mentón al tiempo que bajaba las armas.

No había dialogado demasiado con enanos, como mucho intercambio de palabras en algunas tabernas, sabía de su tenaz tozudez como asimismo su habido gusto a la buena cerveza pero también conocía sobre su valor y su honor, algo digno de considerar y respetar.

Traté de no aclarar la garganta, cuando iba acompañada de Ocelotl el hacía de traductor debido a mi "supuesta" mudez, pero ahora no lo tenía conmigo, debía confiar en mi gargantilla de que mi voz sería la adecuada.


-Soy Musashi Takenagi, les saludo en representación de los Autrag der Krieger , no vengo a causar problemas, estoy de paso con la necesidad de cruzar esta área, no obstante mi código me prohíbe ignorar vuestra causa y no puedo rechazar unir mis armas en vuestras manos si ustedes me lo permiten-

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Re: El valle de la amargura

Mensaje por Zephyrae el Jue Jun 09, 2011 8:27 pm

Fragmento del diario de Zephyrae
La Guerra, insaciable monstruo que despedaza a su paso dejando miseria y ruina donde la belleza se extendía, muerte en lugar de floreciente vida.

Las viejas leyendas hablan de tiempos cuando los Reinos Feéricos han partido a la guerra. Tiempos ya olvidados y difíciles siquiera de imaginar en la corte de Selenyad.

He recorrido campos de guerra y aun cuando los grandes bardos y talentosos poetas logran crear de esta una imagen de gloria y honor poco espacio existe para estos en un sitio que doblega voluntades y crea grandes pérdidas y grandes tristezas.

Creo que ha sido intención de los autores de dichas sagas brindar reconocimientos y alabanzas a aquellos que ante la mayor adversidad logran salir adelante, que rodeados de peligros y tristezas refuerzan mente, cuerpo y corazón en nombre de una causa, héroes que aun devorados por la terrible bestia que es la guerra logran imponerse a las pérdidas y dar muerte a la guerra misma desde su interior luchando y arriesgándolo todo.

He tenido en mi vida el honor y gusto de caminar entre héroes dignos de ser forjados en las leyendas de Noreth.


La belleza de las montañas Drakenfang llenaba de dicha los ojos de Zephyrae, el Silfo se hallaba al vuelo sintiéndose pleno en medio de las fuertes corrientes de aire que danzaban en los pasos de la montaña. El viento le había invitado al vuelo susurrando como siempre palabras de libertad a sus oídos.

Con rápidos y juguetones movimientos el viento de las montañas le conducía a la cima de estas, cubiertas de nieve y destellando a la luz del día mas fue Zephyrae separado de sus pensamientos de belleza por un grito de auxilio en sus cercanías.

En un angosto camino de la montaña una carreta tirada por dos caballos era atacada, en la carreta y tras de esta una familia teniendo a un lado la escarpada montaña y del otro mortal caída a las fauces del valle. La familia rodeada al frente y atrás por furiosos goblins, cuatro al frente y cuatro atrás emboscándoles sin escape.

Aun antes de que el Silfo pudiera acercarse logró oír tras la carreta el ahogado grito de una niña seguido del desgarrador lamento que solo podría provenir de la madre de la criatura.

Los caballos no avanzarían ante las lanzas de dos de los goblins. Y si la carreta habría de escapar necesitaría libre el camino. Zephyrae unió su voluntad y magia al viento de la montaña aumentando su fuerza y dirigiéndolo cual avalancha por el costado de la impresionante pared de roca. Por fortuna los goblins no son criaturas particularmente pesadas y el aguanieve del camino no les permitía apoyo o forma de detenerse al ser impulsados al abismo mas ni el viento ni el Silfo tenían fuerza suficientes para rodear a la carreta sin arriesgar a la familia por lo que solo los goblins al frente fueron arrojados a su muerte.

A esos momentos la familia ya se había resguardado como había podido en la carreta, enanos de las montañas todos ellos, una mujer y un hombre con un niño enano además de la pequeña víctima de los goblins. El enano malherido y con vendajes no perdió oportunidad para hacer mover a los caballos, mas en ese escarpado camino de poco servirían las poderosas piernas de los nobles equinos si los goblins restantes se decidían a dar persecución.

Zephyrae se había detenido al costado de la montaña dejando al poderoso viento seguir su camino con los goblins que habían muerto. La carreta paso a su lado sin que nadie en ella llegara a verle. El silfo creció a su tamaño humano mientras la carreta lograba hacer algo de distancia. Desenvainando su ligera mas resistente espada bloqueo el camino al paso de los goblins.

Los bestiales humanoides vieron sorprendidos alejarse la carreta y la llegada de aquel extraño forastero aun vestido en sus ropajes de la corte de Selenyad. Uno de ellos fue el primero en reaccionar lanzándose al frente contra el Silfo. Su golpe apenas desviado mostraba una gran fuerza en las criaturas a pesar de su tamaño.

Superado en número y viendo a los demás avanzar para atacar junto al primero Zephyrae se encontraba en gran desventaja. Contra una de las criaturas podría luchar quizás incluso dos, quizás el huir sería la mejor opción pero antes de decidirse a emprender el vuelo pudo ver el cuerpo de la pequeña niña enana. Tirada boca abajo mientras una corta espada se veía clavada grotescamente en su espalda.

Tomando fuerzas de su furia ante tal vista Zephyrae retrocedió unos pasos al tiempo que soltaba su arma y la impulsaba con su magia de aire contra el primer goblin, la bella espada se clavo y atravesó el cuerpo de su objetivo mientras que el Silfo retrocedía unos cuantos pasos dándose distancia de sus otros tres oponentes. Mas asegurando de permanecer firme y mostrando su furia.

La fortuna sonrío al joven Silfo pues los tres goblins restantes viendo caer a su compañero tras haber atacado dudaron unos momentos diciéndose algo los unos a los otros en su extraño y gutural lenguaje aparentemente planeando su ataque o decidiendo si arriesgar la vida tras haber perdido ya a la mayoría de sus compañeros.

Este instante de vacilación fue la bendición que Zephyrae requería para recuperar un poco de sus fuerzas. Convoco sus alas, buscando verse imponente ante sus oponentes, en su tamaño humano la envergadura de estas abarcando casi el ancho del camino y a su vez dejo que su Encanto Feérico inspirara miedo en el corazón de los goblins. En tres oponentes a la vez el poder de su encanto no sería mucho mas la naturaleza de los goblins es presta a entregarse a los temores.

Si uno de ellos lograra darse cuenta de su cansancio, si uno de ellos pensara en el no como un poderosos enemigo sino como un adversario desarmado todo habría acabado pues las tres bestias bien que serían capaces de acabar con él pero la cobardía natural de las criaturas hizo que su mente se nublara con anhelos de huir y finalmente eso fue lo que hicieron para el enorme alivio del exhausto hechicero.

Tras recuperar y limpiar su espada de la sangre del goblin Zephyrae se dirigió a la pequeña, solo unos momentos había durado la emboscada y su cuerpo entregaba lo último de su calor a la fría montaña. Retirando la espada goblin con cuidado y procurando tapar la herida con su propia mano y los ropajes de la niña el Silfo giro el pequeño cadáver. Su rostro cubierto ya por la paz de la muerte contaba aun con la inocencia de la juventud mientras que en sus manos sujetaba con fuerzas una rústica muñeca.

Las hadas y silfos son seres de magia, sus cuerpos creados de los mismos elementos vuelven a estos tras la muerte pero Zephyrae sabía que muchos seres de Noreth llegaban a celebrar hermosos ritos en despedida de aquellos que perdían. De los enanos había leído entregaban sus cuerpos en las profundidades de las montañas de su Clan, o incluso dejaban que fueran consumidos en los grandes ríos de lava de las profundidades.

El cuerpo de la pequeña era pesado con la robustez natural de la raza enana, no podría volar con ella en brazos así que dejo sus alas desvanecerse y continuó a pie por el camino de la montaña. Pronto llegaría al valle y en este había visto una construcción fortificada, seguramente el destino de la carreta.

Oyó voces de los vigias del camino antes de lograr verles, se acerco uno armado preguntándole quien era y por la niña.

Exhausto de la caminata cargando a la niña el Silfo tomo aire antes de contestar. –Mi nombre es Zephyrae ed Selenyad y ella es una víctima de una emboscada en el paso de la montaña. Traigo el cuerpo tras haberla vengado para otorgarles a sus padres su derecho a despedirse y llorar su pérdida.

Los enanos intercambiaron frases en su propio lenguaje antes de volver a dirigirse a mí.-Bienvenido Zephyrae, hace poco una familia paso dándonos noticias de su pérdida. Les haces un gran favor no lo dudes peo no hay mucha hospitalidad aquí pues nos preparamos para la guerra. Deja a la pequeña aquí y veremos que llegue con su familia.

Así que era guerra lo que acontecía en este sitio, quizás debería marcharse pero su anhelo de aventura junto a las grandes historias de las batallas de los enanos eran tentación para hacerle dudar, al dejar a la niña muerta en manos de uno de los enanos al acercarse pudo ver la gran pérdida que en una sola muerte el mundo sufría. Si podía con su ayuda evitar aunque fuera una sola muerte más debía quedarse.

-Es mi deseo el ayudarles a salir triunfantes en esta guerra que viene a ustedes. Dime valiente enano como pueden ayudarles los servicios de un hechicero.- Ante la última palabra el enano vacilo por unos momentos reconsiderando al visitante.

-Maldita sea, pero necesitamos toda la ayuda posible, vete al puesto de la fortaleza, a poco mas de 500 pasos adelante, ahí sabrán que hacer contigo.

Tras despedirse de los vigías y guardar en su memoria la imagen de la pequeña niña Zephyrae continuo hasta llegar al puesto que el enano había mencionado. Quizás grande comparado con muchas pequeñas casas y edificios pero insignificantemente pequeño ante la gran bestia de la guerra por venir.
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Re: El valle de la amargura

Mensaje por Snarl el Vie Jun 10, 2011 1:32 am

La guerra siempre había sido motivo para disfrutar, motivos para ver correr sangre y también oro, cualquiera podría hacer una fortuna por medio de los cadáveres que quedaban después del derramamiento de sangre, pero aun más importante, por el dolor y miedo que quedaba después de que los tambores quedaran en silencio , la guerra servía para que los fuertes se impusieran a los débiles, para que el poderoso subyugara al inferior , para llenar los bolsillos de los ganadores y condenar la existencia de los perdedores, la guerra era el grito de llamado para aquellos que con la muerte hacían negocios, para los vendedores de esclavos, para los saqueadores, para aquellos que se alimentaban de cadáveres y en ellos encontraban diversión, pero nos desviado de un comienzo o quizás de un fin imprevisto … pero dejemos que las palabras narren aquello , y que sean olvidadas con el tiempo como todo aquello que está condenado en este mundo …

Los vientos traían el aroma a sangre, a muerte y acero, a fuego y codicia, mas el Schakal no lo sentía, el se encontraba muy lejos de donde se aproximaba el tiempo de muerte, en una taberna Snarl se estaba en la parte mas alejada de la luz, entre las sombras mientras una jarra vacía se encontraba sobre la mesa, durante días había estado persiguiendo su presa, ahora esta estaba riéndose y cantando al son de una melodía extraña, no era diferente a otras veces, simplemente se limitaba a hacer lo que le gustaba, mientras el fuego danzaba sobre la leña, el Schakal se levanto de su asiento y se dirigió hacia la salida, tan solo fue un leve roce tras el desafortunado hombre, para que de un único movimiento su vida acabara, el frio filo de la espada del antropomorfo solo silbo por el aire antes de entrar nuevamente a su funda, la sonrisa del hombre quedo en sus labios pero de estos ningún sonido más salió, los demás borrachos seguían cantando mientras el hombre se quedaba inmóvil, el Schakal tan solo lo agarro del cabello y salió por la puerta, dejando el cuerpo decapitado sobre la mesa, tan solo habían pasado un par de segundos cuando se escucho el grito y la agitación en ese lugar, pero el asesino ya se había marchado, llevando su nauseabunda carga en una bolsa de cuero.

Ni caballo , ni montura aquel ser necesitaba, tan solo sus patas sobre la tierra, sobre las frías rocas que cubrían el camino, sobre el lodo del bosque, la arena de los desiertos, el alba despuntaba entre las nubladas montañas, mientras tres toques eran la señal en esa ruinosa casa, la puerta se movió pesadamente, haciendo un sonido seco, tras ella una anciana con ojos opacos lo miro de pies a cabeza, ya reconocía a esa bestia vestido de hombre, había pasado infinidad de veces con sus malsanas victimas, o mejor dicho … con sus presas, la puerta se cerro de golpe y se escucho como las cerraduras giraban y al pesada cadena que evitaba que se abriera la puerta era removida, la pesada madera volvió a abrirse dejando ver la oscuridad en su interior, el Schakal simplemente entro, mientras seguía un estrecho pasillo, atrás de el la anciana volvía a cerrar aquella pesada puerta como si fuera un ritual diario, pero aquello perdía importancia para la mente del Schakal

El pasillo terminaba y tras su final una nueva puerta se alzaba, con tranquilidad el antropomorfo la abrió entrando a una nueva estancia, el fuego ardía en la vieja chimenea, mientras que un hombre contaba las monedas sobre una robusta mesa, una a una las apilaba en pequeñas torres de oro y plata que se alzaban sobre su cabeza, siempre sonriendo casi susurrándole a cada una de ellas, como un tesoro que le alimentaba, en silencio el Schakal saco la cabeza de la bolsa de cuero y la poso sobre la mesa, el hombre la contemplo unos instantes mientras contaba unas pocas monedas y las guardaba en una pequeña bolsa arrojándosela al Schakal, el pago por sus servicios, el pago por una vida que acababa de quitar y que servía para mantener el orden entre el bajo mundo.

-Es interesante que siempre traes únicamente cadáveres… ¿podrías traerlos más vivos no crees?-

El Schakal solo sonrió mientras tomaba la bolsa de oro y la guardaba entre sus ropas, ser un saqueador, un mercenario, un caza recompensas… al final simplemente todo era lo mismo, alguien que se lucraba con la vida de los demás, Snarl negó con la cabeza, mientras se daba la vuelta para marcharse.

-Los traigo como se me da la gana… al final dicen vivos o muertos, puedo escoger como traer los restos ¿o no?-

Abrió al puerta para retirarse, pero el sonido de las monedas cayendo lo hizo girarse, el hombre conto una cantidad importante y las guardo en otra bolsa, esta vez mas grande que la anterior, arrojándosela al antropomorfo

-Es el adelanto por el nuevo trabajo…
* acomodándose en el asiento, mientras sonreía sínicamente* cierto mercader a perdido un objeto de alto valor para él, y nos ha contratado para que lo recuperemos… los causante fueron unos goblins junto a ogros, sabemos donde están pero… nadie se ha atrevido a ir por el lugar y la situación actual ahí… así que hemos pensado que te interesaría esta vez-

-Oh gracias por acordarse de mi persona, que afortunado soy… *hablando con desprecio, pero cambiando su tono y su mirada mas frías de lo que uno podría imaginarse* déjame adivinar… es en las montañas drakegfang ¿o me equivoco?-

El hombre frunció el ceño, al parecer no podía controlar a ese ser, aun cuando deseaba que se comportara como los demás mercenarios que lo visitaban, trato de guardar un poco la paciencia, mientras acomodaba el poco pelo que había en su cabeza

-Al parecer estas bastante informado… así es, es en las montañas drakefang, pronto comenzara una batalla para erradicar esas pestes… y el objeto podría ser dañado, si es así, no nos darán ni una moneda por el… ¿y bien? ¿Estás de acuerdo con el trabajo?-

-Dalo por hecho… pero dile al mercader que quiero el doble-

El antropomorfo salió por donde mismo había entrado sin decir anda mas, el día ya había avanzado mientras el caminaba hacia afueras de la ciudad y se internaba en los bosques, no demoro tanto como alguien podría pensar, aunque el frio de las montañas de por si le era desagradable, el día paso, y decidió ver donde pasar la noche, el aroma a humo y a madera quemándose le atrajo, como una bestia sombría se acerco en silencio hasta las llamas danzantes, quedando en silencio, frente a el habían tres pequeños goblins , parecían esos mocosos que tanto despreciaba, no median más de un metro de alto y sus cuerpos solo estaban cubiertos por un taparrabos de tela roída y sucia, el Schakal escucho con atención lo que decían, en sus viajes había aprendido algunos idiomas y en su tierra natal había aprendido por obligación la de los mercaderes y esclavos, era interesante lo que hablaban esas criaturas patéticas , hablaban sobre una gran cantidad de goblins y ogros, de los enanos y de cómo los machacarían, y lo que más le intereso … sobre una joya que usaba el líder de esos seres, era suficiente, como una sombra apareció tras uno de esos desagradables seres y colocando su mano sobre la cabeza de este lo levanto dejando sus pies en el aire mientras colgaban, los otros rápidamente tomaron sus lanzas y comenzaron a escupirle insultos al antropomorfo, mas este solamente sonrió.

-¿Así que pulgoso asqueroso? ¿No creen que es mejor que huyan si no quieren morir?-


Con su otra mano tomo el cuerpo del goblin que tenia sujeto y de un fuerte tirón hizo que su cuerpo girara completamente, su cuello se trituro y sus huesos quedaron sobresaliendo de la piel, los dos goblins salieron huyendo mientras Snarl arrojaba los despojos del cuerpo cerca, esa noche durmió plácidamente sobre las hojas con el fuego encendido, mas el alba llego nuevamente, y tomando el cuerpo del goblin volvió a tomar su camino, horas después encontró el puesto fronterizo a la entrada del valle, los enanos rápidamente salieron apuntándole con el filo de sus lanzas y sus hachas listas para cortarlo en trozos.

-¿Amigo o Enemigo?
*hablo el enano que parecia a cargo de todo*-

-Ninguno de los dos… mas negocios me han traído aquí *movió su brazo y el cuerpo del goblin salió volando por los aires para caer a los pies del enano que le había hablado* ese negocio me a traído aquí… así que si no les molesta… quiero terminar con la vida de esos patéticos seres lo antes posible-

El enano lo miro de pies a cabeza, mientras hacia una señal con su mano y los guardias volvían a la posición de descanso para volver a entrar al puesto, el enano no era demasiado grande, pero lo que le faltaba de estatura lo tenia de grosor, el enano dejo su hacha sobre el hombro e indico una dirección con su mano

-Hm… ve al puesto de la fortaleza, y ahí espera, ahora estamos preparándonos para despedazar a esos animales, nos vendría bien la ayuda de alguien como tu-


~La familia ... ¿Que sentido tiene cuando hay que despedazarla con tus propias fauces? ... ¿Cuando hay que caminar entre los cadáveres de aquellos que llamaste hermanos y pisar sus entrañas para seguir viviendo? ... la familia ... ~






~Sobrevivir es lo importante ... La forma no~
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Re: El valle de la amargura

Mensaje por Gorrionxz el Vie Jun 10, 2011 5:35 am

Una noche fría encarnecía la piel de Bill, con un fuego no mas pequeño que arbusto calentaba su piel, recuerdos llegan a su mente, recuerdos que siempre quiso olvidar, esos recuerdos de maldad y odio, aquello que anhelaba con todas sus fuerzas desde pequeño, un sentimiento de impotencia tal vez, un deseo futuro, una simple venganza diría yo, la noche era obscura como el azabache solo sonidos aterradores se escuchaban en la llanura, aun podía recordar a su padre y a su madre aquellos recuerdos que vagamente se cruzaban por su mente, aquella vez que no pudo salvarles aun le molesta, pero ¿Qué se puede hacer?, se preguntaba ínfimas veces, y otra voz le replicaba, “Venganza”, sus vagos pensamientos aclararon su mente y lo dejaron dormir libremente perdiéndose en sus sueños, una voz en su cabeza le entonaba canciones de cuna que al amanecer se convertirían en tonadas musicales de su guitarra.

Ohh el dulce alba, el mas hermoso que había visto en su vida, los rayos de sol acariciaban su cara y sus cabellos agitados por la dulce brisa ondulaban con mucha gracia, al terminar de admirarlo tomo su fiel guitarra y empezó a entonar hermosas melodías, las aves tatareaban su canción y junto con ella su felicidad; al terminar tomo sus espadas, empaco su cama y preparo el caballo para poder continuar su camino junto a un nuevo día de búsqueda , había oído hablar de una cacería en las Montañas Drakegfang, pero no una simple cacería, una cacería de Goblins, aquellos malditos animales que son aliados de los orcos, como todo buen estratega sabe, “Los aliados son una molestia, ¿Por qué no eliminarlos?” , un simple pensamiento paso por su mente, “Si no lo hago yo, ¿quien lo hará?”, las Montañas no estaban a mas de 10 kilómetros de allí, junto a su fiel corcel que le había quitado a un enemigo y que cariñosamente había llamado Baerro, fue galopando poco a poco, sin desesperación alguna, sabia que sus enemigos no iban a ir a ninguna parte, casualmente termino en el pico de una montaña muy cercana a la de Drakegfang, pudo ver a uno de esos Samuráis con armadura yendo hacia los Enanos, Un silfo volando muy cerca y una especia de Antropomorfo muy extraño dirigiéndose hacia la fortaleza, y susurro a los vientos “Haa… No soy el único”.

Al bajar de la montaña pudo observar una pareja de enanos llorando y dialogo un momento con ellos:

Buenos días ¿Algún motivo por el cual están llorando?

Siga su camino viajero aquí, no hay nada que ver.


Eh aprendido de mi largo lamento, que… Llorar jamás funciona.

¿Como crees que nos sentimos?, nuestras lagrimas salen solas, nuestra hija murió, los malditos goblins la mataron, nuestra amada hija.

¿Y como creen que me siento si mis padres fueron asesinados por Humanos y orcos?, los llantos no funcionan para nada, vivan su vida, vivan en memoria de su hija, jamás volverá lo se pero, vivan cada día como si fuera el ultimo ella también lo hubiese hecho por ustedes.

Con un tono frio le dijo la verdad a la pareja de enanos, una verdad que les llego al fondo de su corazón y que nadie más les hubiese dicho.

Oigan... Yo voy a la fortaleza si quieren los puedo escoltar hasta halla.

Los enanos aun con Sollozos aceptaron y caminaron un par de kilómetros junto con Bill sin mencionar palabra alguna. Al llegar unos fuertes caballeros de su raza empezaron a bloquear el camino, como Bill no era bueno en hablar su idioma la pareja de enanos le sirvieron como traductores.

Buen día caballeros, mis disculpas por molestarlos eh encontrado a esta pareja por las montañas y los eh traído.

Ohh si, estos son los padres de la niña asesinada por goblins, mi sentido pésame.

Veo que esas no tus únicas palabras así que dime ¿Qué haces por estas tierras viajero?

Yo simplemente vengo por venganza, escuche por varios lugares que se realizara una caza de Goblins, ¿es cierto?.

Muy cierto, son grupos muy grandes de goblins y tenemos muy poco personal, no nos vendría mal mas ayuda, ya 3 personas se han ofrecido para el puesto.

Haa… ¿Cuándo empezamos?

Pronto… ve a la fortaleza y se te avisara.

Bill se despidió de sus traductores y fue guiado hacia la fortaleza, era un paso mas para su venganza, un paso más para que su espada saboreara la fría sangre de sus enemigos, un paso mas para la gloria…
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Re: El valle de la amargura

Mensaje por Dranosh el Miér Jun 15, 2011 3:41 am

El cielo estaba oscurecido por enormes columnas de humo levantándose hacia el infinito desde diversos puntos del campo, el sonido de armas chocando entre sí, gritos de guerra y dolor, y por supuesto, el olor a sangre y putrefacción presente daban a entender que una enorme batalla se estaba llevando a cabo en las enormes llanuras que una vez más se llenaban de sangre, tanto de humanos como de orcos, aunque en este caso los últimos parecían llevar la delantera.

Dranosh luchaba valientemente, hombro a hombro junto a sus camaradas del clan Hellfang, el enorme orco de piel rojiza se había vuelto un verdadero terror en el campo de batalla y más de uno había visto su perdición al quedarse estupefacto ante su tamaño y color de piel segundos antes de que su masiva hacha fuese descargada sobre sus cuerpos, literalmente partiéndolos en dos, la visión del orco comenzaba a nublarse, los bordes de sus ojos a adquirir un tinte rojizo, prueba de que la sed de sangre trataba de apoderarse de sus sentidos, sin embargo no podía, él, el orgulloso heredero del trono a líder de clan debía mantenerse con la cabeza fría si quería dar un buen ejemplo, para mantener a su padre orgulloso.

Y a pesar de que el clan Hellfang era uno de los más orgullosos y poderosos de los clanes orcos, empezaba a ceder poco a poco frente a la ola metálica que se abalanzaba sobre ellos, empujándolos poco a poco hacia su propio hogar, con el objetivo claro de someterlos por completo, Varok Gorefang, orgulloso jefe del clan finalmente dio la señal a los demás clanes que conformaban la horda, ondeando una bandera de color rojo sangre, fácilmente visible a pesar del humo y la carnicería, su rostro cubierto de sangre, tanto humana como suya, el corazón del joven Dranosh comenzó a acelerarse, pronto podría ver la verdadera magnificencia de la Horda, de su raza peleando al unísono por un mismo fin.

Y así en lo alto de la colina se pudo divisar una cabeza, y luego varias, todas montadas en wargos de guerra, el clan Wolfhowl había sido muy generoso en prestarlos para el combate, a la cabeza del grupo Tagar Ragehowl, el jefe del clan Firemaul, el más grande de todos, ahora su victoria estaba asegurada, sin embargo lo siguiente que el joven heredero pudo rompió su corazón y también el de su padre quien bajaba lentamente la bandera al ver lo que hacían sus congéneres, con una mueca de sonrisa que lo único que hacía era afear el ya de por sí feo rostro de Tagar, lanzó un escupitajo a las tierras de los Hellfang e hizo una señal a su clan y a los que lo seguían para irse, lo próximo que Dranosh pudo ver, invadido ya de por sí por la ira, fue aterrador, a su descorazonado padre a punto de ser alcanzado por una espada a la altura del cuello, enseguida el mundo se oscureció…


Dranosh se levantó de golpe, totalmente empapado por el sudor, no había sido la primera vez que tenía un sueño perturbador de ese tipo, pero siempre lo atormentaban de la misma forma, ya que aún no era capaz de superar tal traición, sin embargo poco era lo que podía hacer ahora excepto seguir esperando. El orco llevó sus enormes manos a su cabeza, secando un poco el sudor de su frente, la fogata a su lado hace tiempo que se había apagado aunque la luz del sol iluminaba un poco la caverna que le había servido de hogar la noche anterior, lo que significaba que finalmente había amanecido.

Dranosh se apresuró a recoger sus cosas, el enorme pedazo de tela que le había servido de capa todos los días y el paquete que escondía su enorme hacha de combate, después de todo, este donde este no inspiraba mucha confianza la imagen de un enorme orco armado, y eso incluía las montañas Drakenfang donde se encontraba ahora, en medio de una de sus travesías que le ayudarían a reencontrarse, por lo que siempre era mejor ocultar un poco su apariencia, aunque de todos modos su enorme tamaño casi siempre lo delataba.

Finalmente salió de la cueva, el intenso brillo del sol le obligó a usar su mano de visera durante un rato, hasta que sus pequeños ojos grises se hubiesen acostumbrado, la perpetua lluvia de escarcha continuaba cayendo lentamente en los bosques y laderas de la montaña vistiéndolas de su enorme vestido blanco que alcanzaba hasta donde la vista podía llegar, la tranquilidad natural de este lugar le había parecido fascinante al visitante desde que había llegado, lastimosamente debía continuar su camino lo más pronto posible.

Sin embargo hubo algo que distrajo su atención entre los árboles, Dranosh puso más atención y se acercó un poco hasta que pudo deducir con toda certeza la situación, un enano inconsciente y maltratado por la batalla era llevado hasta las profundidades del bosque por un par de goblins, Dranosh decidió seguirlos, solo para obtener un poco más de información, hasta que llegaron a un claro donde otro grupo de las criaturas los recibieron e inmediatamente comenzaron a hablar en su extraño idioma gutural, por fortuna, no era muy distinto al de los orcos por lo que podía entenderlos un poco, hablaban sobre guerra.

-Esos malditos enanos, ya han preparado sus tropas y piensan cargar sobre las laderas y los bosques hasta que hayan acabado hasta con los últimos de los nuestros!-, dijo uno de los que llevaban al enano, aparentemente su grupo había emboscado a un par de guardias enanos y aún así habían logrado escapar con las justas, -Déjalos-, le tocó el turno al habla al que aparentemente era el líder por el pedazo de tela que atravesaba su pecho y llegaba a su taparrabos, -Con los ogros como aliados aplastaremos a su resistencia y las montañas serán nuestras finalmente, son estúpidos pero poderosos, serán excelentes contra esos ineptos pica rocas jejeje-.

Una vez terminó de hablar, el goblin sacó una afilada navaja, listo para apuñalar al enano y destriparlo seguramente, ya había escuchado suficiente, finalmente Dranosh saltó de su escondite lanzando un enorme grito de guerra al aire, el mismo que estremeció el bosque entero y le heló la sangre al grupo de goblins, cobardes por naturaleza la mayoría huyo de inmediato nada más oír el estruendo y ver la gigantesca criatura que se había levantado frente a ellos, sin embargo el líder había tratado obstinadamente de defender su presa, no obstante bastó con que el orco lo agarre del cuello y lo envíe de espaldas contra uno de los enormes troncos a su alrededor para acabar con su miserable vida.

Dranosh se acercó al enano y llevó su enorme mano a su cara, la cual podría aplastar fácilmente si se lo propusiera, todavía seguía caliente, por lo que solo estaba inconsciente y sin ninguna herida profunda a simple vista, el orco decidió llevarlo de vuelta a los suyos, ya que no sobreviviría mucho en este bosque si lo dejaba a la intemperie, apostaría su hacha a que había animales hambrientos observándolos ahora mismo. Después de caminar un poco por los caminos nevados que rodeaban la montaña finalmente llegó hasta lo que parecía ser un pequeño campamento militar de Enanos, a la entrada del mismo habían dos pequeños guerreros que levantaron sus armas inmediatamente al ver la enorme criatura acercarse.

-Alto identifíquese!-, dijo uno de los guardias en su idioma tan pronto como Dranosh estuvo lo suficientemente cerca, el orco no conocía el idioma aunque por la energía con la que lo había dicho supuso inmediatamente lo que le trataban de decir, por lo que simplemente llevó su mano a su espalda y dejo el cuerpo inconsciente del enano en el suelo, los guardias fueron inmediatamente al auxilio de su compañero e invitaron a pasar al extraño, cualquiera que brindara su ayuda era bienvenido en estos momentos.

El enorme orco se sentó a disfrutar de una de las fogatas esparcidas alrededor del campo, el calor por poco que fuera era bienvenido en el frío de la montaña, su verdadera apariencia continuaba oculta por su capa, que no dejaba ver mucho, además de que ningún enano había sido lo suficientemente curioso como para acercarse más a su rostro, sin embargo pronto eso podría cambiar ya que un grupo de enanos, incluyendo al que acababa de rescatar se acercó a la fogata a discutir sobre la situación, en esta ocasión en común por lo que fue capaz de entenderles.

-Maldición esos goblins!-, dijo uno de ellos mientras daba un sorbo a su jarra de cerveza, claramente molesto por lo que planeaban hacer dentro de poco, -Cada vez son más y escuchado reportes del campo principal que dicen que están trabajando con Ogros de montaña, los desgraciados son enormes y muy fuertes, será una batalla demasiado difícil!-.

El encapuchado finalmente se decidió a hablar, su voz grave resonando fácilmente entre las voces chillonas de los enanos, -Yo podría ayudarles, un ogro no es tan difícil de derrotar…-, los enanos se rieron al unísono después de escuchar sus palabras, era verdad que era grande, pero un ogro sencillo?, debía estar ebrio o loco, o ambos, -Lo siento amigo, en verdad eres grande y valiente pero a menos que tengas la fuerza de 5 orcos no creo que seas rival para un ogro-, dijo el enano que rescató en un tono burlón, sin embargo la gruesa risa de Dranosh silenció las demás risas al instante, finalmente el desconocido llevó una de sus manos a su capucha y la deslizó suavemente dejando descubierto su rostro sonriente, los enanos se quedaron estupefactos, algunos congelados de miedo, -Bueno entonces, creo que doy con la descripción-...
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Re: El valle de la amargura

Mensaje por Bargho el Jue Jun 16, 2011 6:52 am

El monótono cascabeleo del hacha del enano golpeando su cota de mallas era como una tonadilla que acompañaba las reflexiones de Bargho, quien iba al trote detrás del apurado guerrero que había sido llamado Björk, si bien los de su raza tienen fama de ser sumamente resistentes, este parecía algo agitado ya por la carrera y se empeñaba por permanecer siempre a la delantera, el minotauro, sabiendo que le sentaría muy mal al enano el que lo sobrepasen, mantenía el ritmo de este trotando muy cerca de él mientras las puertas cuadradas y pesadas de la fortificación se iban aproximando cada vez más y mas. Unas gruesas gotas de sudor resbalaban por debajo del yelmo del soldado y se escurrián por su cuello rojo del cansancio y la agitación hasta volver a adentrarse en su armadura de mallas de acero.

-Este no es un guerrero -Se dijo Bargho para sus adentros- Es un ciudadano de la ciudad de Drunk'Thrond ¿Tan malas están las cosas que ya se han visto en la necesidad de recurrir a la milicia?

Estas reflexiones, junto con la extraña actitud del capataz Gurëk al oír mencionar el nombre Glenik, lo ponía de un ánimo mas y mas sombrío, solo pensaba en llegar lo mas pronto posible a la fortaleza y casi lamentaba su cortesía para con el rollizo enano que lo precedía. Bargho empezó entonces a golpear con sus pezuñas fuertemente en el suelo en cada zancada, justo por detrás de los talones de Björk y este inconscientemente ante el rugido de los cascos del minotauro se vio instintivamente impelido a apresurar el paso un poco más. Finalmente llegaron a las puertas donde luego del santo y seña de rigor, el enano colorado y bañado en sudor entró corriendo directamente al torreón mientras el minotauro entraba por el pasillo de la muralla y veía el imparable movimiento.

Decenas de enanos ajetreados corrían de aquí a allá cargando carretas con haces de flechas, proyectiles para catapulta y ballesta gigante y algunos víveres, mientras una tropa de aproximadamente sesenta enanos esperaban la orden de partir, su armamento y enseñas heterogeneas indicaban que aquellos enanos no eran miembros del ejército regular, si no que eran guerreros de los clanes de la ciudad que habían acudido prestos al llamado del cuerno de guerra de la fortaleza. Por la puerta iban ingresando como en un goteo intermitente más y mas enanos, mientras se reunían en la plaza, en una esquina de la plaza, afuera de lo que parecía ser una taberna, Bargho observó a algunos sujetos que tenían toda la pinta de no ser de por allí, alcanzó a ver media docena de hombres y tres elfos que discutían entre sí, seguramente viajeros varados en su viaje por las montañas y que ahora discutían entre sí que rumbo tomar.

Lo distrajo entonces la llamada de un enano distinto, estaba vestido con el tabardo verde que llevaban los regulares del ejército de Drunk'Thrond y le hacía señas para que se acerque.

-¿Eres tú el minotauro que habla khuzdul? –Le preguntó rápidamente-
-Si –Contestó Bargho escuetamente, sabía que aquel hombrecillo no estaba para charlas y menos para perder el tiempo.

-El jefe Kezuhe le está esperando en el torreón, vaya de inmediato- Le dijo antes de darse la vuelta y seguir con su camino presuroso.

El guerrero astado no sabía el camino que lo llevaría a través del torreón hasta la cámara del jefe Kezuhe, lo que si sabía es que aquel barbudo de verde que ya le había dado la espalda y salía disparado por la urgencia no se iba a detener a darle explicaciones, de manera que apresuradamente entró por la primera puerta del torreón que vio, por fortuna tropezó con un estafeta que iba de camino al despacho de manera que pudo llegar rápidamente hasta la antecámara.

Luego de unos minutos de espera, la puerta se abrió y Bargho pasó algo dificultosamente hasta el despacho donde un viejo y calvo enano tuerto se inclinaba sobre una amplia mesa de roble, que se veía bastante baja por obvias razones, pero sumamente maciza y pesada también, como todo lo que tiene la marca de los enanos, sobre la mesa estaban desparramados unos pergaminos con mapas militares garabateados sobre ellos y en el centro una magnífica maqueta del valle. El enano apenas levantó la mirada y vio al minotauro llenar toda la habitación con su sombra antes de volver a clavarla en los mapas.

-Hace tiempo que no te veía por aquí, Bargho hijo de Baraghon-


El minotauro no se sorprendió por aquel frío recibimiento, Kezuhe hacha de Piedra no era famoso por la calidez de sus palabras y además, era un viejo rival de Glenik con quien nunca estuvo del todo de acuerdo por su decisión de que un minotauro se una a la partida de zelotes, y había mantenido invariable dicha posición a pesar de las múltiples pruebas de lealtad que ese minotauro dio a lo largo de los años.

-Han pasado muchas lunas señor, pero estoy aquí y puedes disponer de todas las fuerzas que quedan en este viejo cuerpo.

Bargho hablaba humildemente, quería saber cuanto antes sobre que es lo que había pasado con Glenik pero sabía bien que no podía andar con exigencias con este sujeto, debía esperar que le dé el pie. Kezuhe desvió nuevamente la atención de su gélido ojo azul de los mapas y lo clavó en la pupila ámbar del astado antes de escupir:

-Tu fuerza nunca ha sido necesaria minotauro, nunca estuve de acuerdo con la decisión de tu deshonrado jefe de tenerte entre sus filas, lamentablemente entonces no estaba en la posición de impedirle que consienta tu presencia… pero hoy las cosas son distintas…-

Bargho solo había retenido una palabra de aquella sarta de de dardos envenenados que aquel enano hábilmente le había arrojado “¿Deshonrado? ¿Glenik?”

-¿Deshonrado?- Repitió el guerrero esta vez en voz alta con un tono lleno de desconcierto.

-Si, deshonrado –repitió a su vez Kezuhe- fue hecho prisionero por los goblins en una emboscada e incluso ordenó a sus soldados huir dándole la espalda al enemigo, esos malos soldados llegaron y no solo confesaron su cobarde actuación de escape y de abandono de su oficial en lugar de morir honradamente como enanos que son, si no que tuvieron el descaro de pedir un rescate para su líder, tremenda desfachatez, actualmente se encuentran marchando al fortín valle abajo para pelear en primera línea mañana por la mañana como castigo de su mal comportamiento…-

Bargho se sumía mas y más profundamente en el desconcierto y sentía como si una brecha se abriera a sus pies ¡Glenik prisionero de los goblins! Más allá del honor o el deshonor estaba la certeza del hecho de que ser prisionero de aquellas inmundas y crueles criaturas era algo mucho peor que la muerte, el guerrero empezó a abrir su boca para pedir indicaciones de donde pudiera estar Glenick cuando la puerta se abrió de repente de un golpe y un enano furioso con toda una maraña de pelos rojos sobre su cabeza y su rostro entró de sopetón exhalando el aire furiosamente por sus narices.

-¡Kezuhe! –Gritó furioso- ¡¿Cómo es eso de que has decidido no enviar una partida de rescate por Glenik Börglet con un demonio?!- al ver al minotauro algo resplandeció en su mirada un momento pero inmediatamente volvió a mirar al viejo enano tuerto de mirada de hielo que había permanecido inmutable ante su escandalosa entrada.

-Glenik Börglet ha sido deshonrado por su mala manera de conducirse en batalla, y no arriesgaré personal bajo mi mando para recatar a un sujeto de tal calaña, por más que sea tu tío, capataz Gloin Börglet, deberías saber
lo-

La vena del cuello de aquel enano pelirrojo se hinchó desorbitadamente y su rostro se volvió aún mas rojo dando todo su macizo cuerpo la impresión de ser un carbón ardiendo.

-¡Estupideces!- Rugió- ¡Tu Kezuhe viejo zorro sabes bien que el capataz Glenik era un individuo de honor! ¡Eres tu el que se comporta de mala manera fustigando con calumnias a un guerrero que no puede dar la cara para defenderse!

Bargho podía notar como a pesar de la frialdad y compostura que Kezuhe hacha de Piedra había mostrado ante la aparición de aquel enano de pelos revueltos que el había reconocido como su viejo amigo Gloin, el viejo jefe de la fortaleza empezaba a encolerizarse lenta pero peligrosamente por debajo de su piel de piedra, como un viejo volcán a punto de estallar… y si esa erupción se daba las consecuencias podían ser catastróficas, había que actuar de inmediato.

-Honorable jefe Kezuhe- interrumpió con su gruesa voz- Permita por favor que Gloin se acoja al derecho de la faida, la ley de la sangre por sangre que exime a un enano del servicio para vengar la honra de un familiar.

El viejo miró fulminante al minotauro, estaba a medio pensar un severo castigo para el joven Börglet hasta que aquella bola de pelos con cuernos se metió en la conversación ¿Qué se habría creído aquel bárbaro deforme para inmiscuirse en la tradición enana? Pero tenía razón, el derecho a la venganza por deshonra era primario en las leyes de Drunk'Thrond, no podía negarse.

-No se quien te habrá dado autoridad, Bargho el astado, para inmiscuirte en nuestras sagradas tradiciones… pero en fin, si el joven Börglet quiere darle la espalda a su pueblo en estas horas de necesidad, por un fin particular, es libre de hacerlo, que entregue su cinturón de mando y salga de mi fortaleza inmediatamente.-

Estas últimas palabras las decía para zaherirlo, ahora que sabía que no podía negarle su partida, Bargho miró directamente a los ojos de Gloin mientras este tomaba aire antes de dar su respuesta y le hizo entender que si se le ocurría decir o hacer alguna imprudencia en ese momento, estaría matando a su tío, el enano pelirrojo se tragó su ira y escupió un par de palabras al tiempo que arrojaba su cinto sobre la mesa.

-Yo, Gloin Börglet, hijo de Gunk, cedo el mando de mi tropa y me retiro-

Y dio media vuelta seguido por el minotauro que se despidió con una fría inclinación de cabeza.

-¡Maldito vejestorio! – Dijo Gloin a Bargho mientras salían a la plaza- ¡Queriendo manchar el nombre de mi tío como si no le bastara con haber llegado a jefe del Fuerte!

-Ahora eso no importa, tenemos que ver la manera de encontrar a Glenick – Dijo Bargho tratando de tranquilizarlo-

-De nada sirve haber conseguido salir si solo somos nosotros dos, si conservara aún el mando de mi tropa podría escoger a unos cuatro o cinco de mis mejores para acompañarnos-

-Si conservaras el mando de tu tropa ahora mismo estarías al mando del pelotón de castigo- Interrumpió Bargho- pero ahora a lo que nos preocupa, he visto algunos viajeros en la plaza que se veían muy urgidos, tal vez podamos encontrar en ellos la ayuda que necesitamos.

En la esquina que Bargho había visto al entrar en la fortaleza, habían ahora algunos personajes mas, había llegado lo que aparentaban ser dos hombres, un schakal, un orco y un segundo orco rojo que estaba sentado sangrando copiosamente por un tajo en la frente, aparentemente había sorprendido a la patrulla que lo encontró revelándose de golpe como orco y por poco y no lo matan a golpes, tenía múltiples contusiones y le habían roto un colmillo superior. Gloin miró a su amigo el minotauro y le dijo algo mas aliviado.

-Gracias Bargho, te echábamos de menos por aquí-

-No hay problema- le contesto y llegando donde se encontraban los viajeros dijo:

-El paso del valle está cerrado por la guerra, no hay forma de pasar sin conocer bien los vados, mi amigo y yo estamos en una misión de rescate y les ofrecemos una posibilidad de cruzar el valle y recompensa en joyas si nos ayudan. Si no nos ayudan y pretenden cruzar el valle solos, no sobrevivirán ni a la primera noche… ¿Hay alguien dispuesto?

Su mirada se posó en cada uno de los viajeros, rogando por dentro que haya entre ellos al menos la mitad del valor que parecían reflejar.

------------------------------------------------------------------------

Off rol: Ufff, post largo a cuenta de la demora, disculpen, he estado con mucho trabajo últimamente.

Ya pueden adivinar cual será el hilo de desarrollo de la partida, al menos el principal, la siguiente ronda debe ser relativamente breve y rápida para continuar con el avance de la partida que se ha visto algo parada. He dado una penalización con daño a Dranosh por haber tardado demasiado en postear, y a tienes una advertencia viejo, si hay una próxima perderás algo mas que un diente y un poco de sangre >Very Happy (Pensaba cortarte unos dedos, pero como tu rol es de buena calidad como el de todos lo que están participando, lo dejé en un diente)

Siguiente ronda en el mismo orden que la anterior.

¡Buen rol!
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Re: El valle de la amargura

Mensaje por Musashi Takenagi el Vie Jun 17, 2011 12:01 am

La guerra es incontrolable, poderosa, temible y a la vez anhelante, no se puede negar que en medio del furor de la batalla no te sientas imbuido de poder, que tu propia sangre te estimule a seguir adelante, que tomes la del enemigo como un triunfo, que demuestres tu fuerza por sobre los demás, pero por supuesto aquello de la mano con la valentía y el honor, debe estimularte una causa, un fin, si lo haces obligado el sabor del triunfo te será amargo y el de la derrota a veneno, que tus armas sean parte de ti, con tu voluntad, tu deseo, ¿el mío?, antes entre la constante guerra civil en Thonomer, la patria, ahora la justicia y el deber…

Al tiempo que veía la inmensidad de las montañas de Drakenfang, clima helado, brisa fresca, similar al de mi tierra natal, donde el ruido de los cascos de batalla resuenan a cada momento, recordé como si fuera ayer las amplias banderas rojas con el símbolo del dragón negro de Malik-Talish enfrentando las banderas azules de Erenmios, en una guerra que lleva más de cien años en pie y que nadie ha podido, ni a querido detener, aquí aquella realidad no está del todo alejada, todos quieren lo “suyo”, tomar lo de otros. Los Auftrag der Krieger no podemos estar alejados a aquella realidad.

-Los Auftrag… he escuchado sobre ustedes, son un grupo de mercenarios que van de un lado a otro cumpliendo trabajos – Respondió uno de los enanos al tiempo que apoyaba el palo del hacha sobre su hombro y se acariciaba su barba roja trenzada con su mano libre –No me gustan los mercenarios, pueden darte la espalda en cualquier oportunidad, mas si puedes llevarte unas cuantas cabezas contigo antes de eso no veo problema, yo me encargaría de la tuya después-

-Mercenarios no es la palabra correcta- Corregí negando levemente con la cabeza con una sonrisa escondida tras mi máscara –Los Auftrag der Krieger somos guerreros en busca de la justicia en Noreth, y vuestra causa es justa, los goblin siempre han asaltado lo que no les compete, deber mío el participar en este conflicto-

-Pero yo solo veo a uno, ¿Y donde se supone que están los otros?-

-Me encuentro solo en esta oportunidad, más su voluntad y confianza me acompaña desde la lejanía-

Me respondió con una risa gruesa y me hizo señales de que le siguiera junto con sus compañeros, se inicio una charla no muy larga donde el enano, que más adelante se presento como Bhelen Bhirnisson, confirmó mis sospechas acerca del asalto en masa de goblin en el valle, evidentemente sería imposible cruzarlo sin enfrentar batalla, mas estaba preparada para ello, una vez llegados a la entrada de la fortaleza otro enano avanzando lo más rápido que sus piernas le permitían detuvo a Bhelen para intercambiar con él unas palabras que lo hicieron despedirse rápidamente de mí, me dispuse a resolver más interrogantes de manera autónoma agradecida en parte de que me indicara este camino mas notando la llegada de nuevos individuos que no parecían ser residentes de la zona me hizo sospechar y decidí quedarme a ver que pasaba, y fue entonces que una voz alertó a mi persona en donde estaba un enano y un minotauro.

No faltó nada más, hice que Arashi avanzara hacia adelante, se detuvo con firmeza y alcé el arma en posisión de combate, dando a entender que me unía a su causa, y con palabras sucintas me presenté, aquella gargantilla era verdaderamente incómoda.

-No está en mis planes cruzar el valle de brazos cruzados-Mencioné avanzando- Musashi Takenagi a vuestro servicio-

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Re: El valle de la amargura

Mensaje por Zephyrae el Vie Jun 17, 2011 12:41 am

El campamento se mostraba intensamente activo. Los enanos preparándose para la batalla es una vista digna de conocerse en Noreth. Pocos hablan pues años y más años de práctica para esto hacen que cada uno sepa cuál es su deber. Ya sea preparando las armas, agrupándose y practicando formaciones o incluso descansando todo lo hacen de una manera marcial sin detenerse siquiera lo cual por magnífico que sea de contemplar puede resultar problemático cuando uno desea brindarles ayuda.

Llevaba ya un breve tiempo tratando de hallar en que ayudaría, la mayoría de los enanos no aceptarían a un integrante más en su batallón tan cerca de la batalla, estos eran hermanos de guerra y como tales sabían bien a quien debían cubrir y ni siquiera voltearían a ver por su propia seguridad sabiendo que uno de sus hermanos cubría su espalda. Era frustrante tanto por aquellos a los que les preguntaba como para mí, pues podía ver en ellos el anhelo de recibir ayuda pero ninguno lograba hallar un lugar para mí.

Al parecer no era yo el único en esta situación puesto que otros individuos se hallaban también ante este puesto de batalla. Buscando su lugar en la batalla por venir. Sus historias me eran desconocidas pero tanto su raza como sus armas delataban que eran forasteros entre los enanos como yo lo era. Quizás había sido un error venir sin saber más, pero quería ser de ayuda. Muchos más morirían si los enanos caían ante sus enemigos mas para ello debía primero hallar la manera de serles de ayuda.

Un enano y un minotauro se acercaron a nosotros, los primeros que lo hacían desde hace ya un rato pues la impresionante marcha de los combatientes en sus preparativos seguía a nuestro alrededor ignorándonos.

-El paso del valle está cerrado por la guerra, no hay forma de pasar sin conocer bien los vados, mi amigo y yo estamos en una misión de rescate y les ofrecemos una posibilidad de cruzar el valle y recompensa en joyas si nos ayudan. Si no nos ayudan y pretenden cruzar el valle solos, no sobrevivirán ni a la primera noche… ¿Hay alguien dispuesto? - Nos dijo el minotauro, sabía que podía simplemente alzar el vuelo y partir del lugar y no eran joyas lo que me mantenía ahí.

-Mi nombre es Zephyrae y soy un hechicero de los vientos, no sé que les lleva a adentrarse al valle cuando la gran batalla se aproxima pero si su causa es para ayudar a alguien quizás mis servicios sean de utilidad.- Dije dando unos pasos al frente solo momentos después de que otro compañero lo hubiera hecho. Su armadura no dejaba ver detalle de él pero sus palabras sonaban firmes y seguras aunque distorsionadas por el casco.

-No soy un guerrero como lo son ustedes, puedo soportar algunas heridas y defenderme con mi arma pero los duelos de la corte difieren demasiado de esto, ayúdenme a estar a la altura y mi magia podrá ser una ventaja en sus manos.

Mi lado humano volvía a aparecer en mí, puedo notarlo cuando las emociones no son las de los Silfos con los que crecí. Ignoro si alguno de ellos comprendería este acelerar de mi corazón ante la batalla que se aproximaba. Es raro el sentir emoción ante el riesgo de morir o el de matar a otros pero sin lugar a dudas ahí estaba, la sensación de la batalla aproximándose me hacía sentir plenamente vivo y ansioso por portar ya mi espada en la mano.
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Re: El valle de la amargura

Mensaje por Snarl el Vie Jun 17, 2011 5:16 am

“Derramar sangre, no es un acto detestable, solo es la supervivencia del más apto, y el fin de aquellos que no merecen vivir”


No demoro en sentirse incomodo con las presencias en ese lugar, aparte de los enanos que no eran más que una piedra con piernas cortas, ahora se había encontrado con otros sujetos, un sujeto con una armadura, un chico que más parecía que fuera a un baile de disfraces y dos orcos, pero no le importaba si terminaban muertos al caer la noche o terminaran devorados por los ogros del valle, lo que le importaba era terminar con el trabajo y largarse sin más preocupaciones, mas los enanos no lo dejarían ir tan fácilmente hacia los goblins, aunque por lo que había podido escuchar ya habían mandado a un pelotón directamente a su muerte como un mero castigo, los enanos siempre habían sido honorables … y eso era algo que no le agradaba mucho al antropomorfo, ya se había encontrado con los duergar y con ellos había luchado como iguales, aun cuando eran traicioneros y despiadados, algo que los ojos del Schakal vieron reflejados en si mismo … como se ha dicho muchas veces las cosas similares se atraen, aunque había terminado por desollar a esos duergar simplemente por el trabajo, quizás demasiados recuerdos inútiles en su mente, ya que negó con su cabeza y una sonrisa sínica se desdibujo en sus fauces.

El Schakal tomo asiento en una larga banca mientras con mirada fría miraba todo y a todos, los enanos aprecian cucarachas corriendo de un lado para otro, llevando armas con ese correr tan distinto a los demás, como si sus cuerpos no hubieran sido creados más que para caminar, el tintineo de las armaduras, la marcha marcial, era interesante ver como con un solo movimiento todos cambiaban de posición, los defensores protegían con sus enormes escudos mientras que las falanges acomodaban sus lanzas, ambos parecían un enorme erizo armado, aunque el Schakal había encontrado una simple debilidad en su ataque y defensa, la velocidad, para moverse debían de dejar esa posición y eso era su fin, unas pisadas sobre el fango el llamaron la atención, mientras el aroma a pelos y sudor llegaba a su nariz, con lentitud giro su rostro, vio una mole con cuernos, un mino tauro, un antropomorfo contrario a los que los Schakal eran, honorable, leal, siempre recto, guiados por los ancestros y con una cultura que los hacía poderosos aliados … y por otro lado estaban aquellos que matarían a su propia familia si era necesario, que no demostraban remordimiento por las muertes, por el saqueo, que siempre buscaban lo más conveniente sin importarle si traicionaban la lealtad de los demás.

Nuevamente había vuelto a sus propias reflexiones, y dando un largo suspiro puso atención a las palabras del mino tauro y a continuación la de los demás presentes… nuevamente salía esas dos palabras a relucir, esas palabras que tanto le desagradaban, “lealtad” y “honor”, eran dos formas de llamar a la muerte en el campo de batalla, escuchando con atención supo de un rescate, y de joyas, aunque estas carecían de importancia para el antropomorfo.

-Las joyas que ofreces poco me importan*levantándose de la banca y caminando hacia el pequeño grupo* tengo otros negocios con esas pequeñas bestias, tampoco me importa el rescate de alguien pero… *mirando a el mino tauro y al enano a su lado* si para lograr mi objetivo tengo que salvar a alguien y de paso despedazar a esos animales, aquí estoy… aunque no esperes que sea un buen soldado y siga las ordenes-

La vida de los demás no le eran de importancia, para el Schakal eran meras herramientas para lograr su objetivo, una herramienta era útil hasta que se rompía, y en este caso el romperse era la misma muerte, giro su rostro para ver a los dos que habían ofrecido su ayuda, el joven era un mago, eso significaba que no se llevarían bien, y el otro sujeto de la armadura hablaba de honor, de seguro perdería la cabeza defendiendo a los demás, de reojo miro a los dos orcos, quizás ofrecerían su ayuda , ya había visto como ellos luchaban la sangre era algo que no temían en derramar … al igual que el.


~La familia ... ¿Que sentido tiene cuando hay que despedazarla con tus propias fauces? ... ¿Cuando hay que caminar entre los cadáveres de aquellos que llamaste hermanos y pisar sus entrañas para seguir viviendo? ... la familia ... ~






~Sobrevivir es lo importante ... La forma no~
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Snarl

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Re: El valle de la amargura

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