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El inicio. El culto de los malditos.(Solitaria)

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Re: El inicio. El culto de los malditos.(Solitaria)

Mensaje por nerzul el Lun Jul 11, 2016 2:54 pm

Capitulo 11. El general y el mago.

Ronin estaba sentado en una silla de madera, hacía tiempo que ya no le molestaba el ruido que producía el mobiliario viejo cuando se movía. El mago ya estaba acostumbrado a la mayoría de sonidos del cuartel. Había llegado apenas hace unos meses con el motivo de su estudiar los libros de maga que tenían en aquella biblioteca. Que si un hechizo para convertir a alguien en una oveja, misiles arcanos, levitar y demás cosas. Sin duda, había hecho bien en abandonar la seguridad de su academia para realizar aquel viaje. Aquello que estaba aprendiendo en las Cordilleras de Daulin le serviría para dejar de ser un mago erudito y convertirse en un mago capaz de guerrear contra los enemigos de los humanos. El aspecto físico de Ronin estaba muy cuidado y hacía ejercicios cada día para no oxidarse. Aunque no fuera un gran peleador, era capaz de defenderse con el cayado que portaba y en alguna ocasión lo había llegado a utilizar para alguna riña que tuvo en la ciudad, pero jamás había puesto su vida en juego peleando y eso sería algo que tendría que vivir tarde o temprano por lo que esperaba el momento de probarse así mismo en un combate real. Sus cabellos eran largos y de color castaño, se podía decir que llevaba una melena parecida a la que llevan algunas mujeres, aunque no tan larga. Era algo alto para ser un humano. Sus vestiduras eran de una tela azul de gran calidad y se las había regalado su padre al partir de la academia.

-Despierta Ronin. Algún día esos libros acabarán por engullirte-. Dijo una voz conocida detrás del chico.

-Es posible, pero mientras tanto me los como yo a ellos. Saludos General-. Dijo Ronin al darse la vuelta.

-Tienes un futuro prometedor niño. Sigue así y algún día llegarás a hacer cosas grandes-. Dijo Tirion, el cual siempre veía cosas buenas en los demás.

Tirion era el general de la fortaleza de Tigarda. Había luchado en innumerables batallas en su juventud y ahora lo habían destinado a aquella fortaleza con la misión de proteger la zona y a los habitantes del poblado. Se trataba de un hombre de estatura mediana, con cabellos largos y dorados. Siempre portaba consigo un poderoso martillo que emitía una especie de luz propia. Su armadura tampoco se quedaba atrás puesto que parecía hecha de un material poco convencional y dotaba al paladín de un aspecto muy aguerrido. Se decía de él que era un gran luchador con aquel martillo y que incluso era capaz de utilizar la magia divina de la luz. Su comportamiento era siempre ejemplar y nunca se le había podido ver haciendo algo incorrecto o fuera de lugar. Era un hombre muy justo y a pesar de ser muy fuerte no amaba el combate, como solía pasar con la mayoría de guerreros cuando alcanzan un nivel y se ven superiores al resto.

El poderoso paladín le puso las manos a Ronin en la espalda y pronuncio unas palabras de bendición. - Yo bendigo la vida de este joven. Lo dejo en tus manos poderoso señor de la luz. Tu pon un escudo sobre él. Que lo proteja de sus enemigos. Que lo guarde en sus caminos. Aunque ande por valle de sombra de muerte no temerá mal alguno, porque tu estarás con él. Si... señor-. Dijo el paladín concentrado.

-Gracias. He sentido algo muy distinto a cuando utilizó mis hechizos. Puedo notar que has derramado sobre mí una poderosa bendición. ¿Porque me bendices ahora después de tantos meses? -. Preguntó el chico. Era común en los jóvenes magos el preguntar. Cualquier otra persona hubiera aceptado el regalo sin más, pero Ronin estaba sediento por saberlo todo y en lugar de dar las gracias preguntó.

-Los viejos como yo, sabemos cuándo va a pasar algo malo y por eso te protejo a ti. Algo me dice que llegarás a ser decisivo en algún lugar de este mundo. Aún eres joven y los jóvenes mueren con facilidad en las batallas. Con esta bendición tendrás más posibilidades de sobrevivir si las cosas se ponen feas-. Dijo el paladín.

En ese instante, un fuerte ruido sobresaltó al mago y al paladín. Afuera Ragnaros había lanzado una gran llamarada sobre una de las torres del cuartel y el caos había comenzado a reinar entre los soldados.

-Mi señor, tenemos a dos orcos que se acercan a la muralla. No sabemos que hacen aqui y ellos dos solos. Quizas debería venir a ver...-. Dijo un soldado raso que vino a alertarlos.

-Avisa a mi capitán y organiza a los hombres. Salgamos a ver que es lo que quieren estos orcos. Debemos tener cuidado... son peligrosos, aunque solo sean dos - Dijo Tirion con decisión mientras avanzaba de camino a la puerta del cuartel. Ronin saltó de la silla y dejó el libro tirado allí mismo para ir detrás del general para ayudarlo por si las cosas se ponían feas.

En ese momento, un fuerte ruido tuvo lugar en el cuartel. El general y el mago se sobresaltaron puesto que incluso el suelo del cuartel se había movido. Tirion apresuró el paso hacía la puerta y Ronin lo siguió de cerca.

Cuando el mago y paladín salieron por la puerta del cuartel pudieron ver que un grupo de soldados ya estaba persiguiendo a los dos orcos que extrañamente huían de ellos. - ¿Orcos huyendo tras atacar? Planean algo-. Pensó rápidamente Tirion. El paladín observo que uno de esos orcos había conjurado u gran poder que había acabado una de las torres del cuartel y ahora estaba en llamas - Ronin dirígete con un escuadrón de hombres al poblado. Deben de estar atacando el poblado. Esto parece una simple distracción. Yo iré tras estos dos porque parece que uno de ellos es bastante poderoso. Un simple chaman no podría haber hecho este destrozo en una de nuestras torres. - Ordenó Tirion a sus hombres y al joven mago. Tras aquellas palabras Tirion continúo corriendo en busca de aquel ogro capaz de invocar el fuego. En aquel instante sonó la campana del poblado. Tener siempre razón era algo que le gustaba y se permitió una ligera sonrisa en el rostro. Sus pensamientos se alejaron de la defensa de Tigarda puesto que sabía que el joven Ronin era más de lo que parecía y que sería capaz de defender el poblado.

Ronin avanzaba en dirección al poblado cuando de repente pudo escuchar la campana de auxilio. - Por fin... esta será mi primera batalla-. Pensó el joven mago que tenía un extraño halo de felicidad en el semblante. Podía observar a los hombres que lo acompañaban, eran valientes y Ronin sabía que no lo dejarían solo. Ronin había visto en ocasiones a algunos orcos y sabía que estos poseían una fuerza y una brutalidad legendaria. Ahora podría comprobar con sus propias carnes la experiencia de luchar contra tan fieras criaturas.

Por otro lado, Ragnaros y Garr no dejaron de correr duante varios minutos, alejando a los soldados del poblado. El plan había sido una obra maestra de Nerzul y estaba funcionando a la perfección debido a que un grueso de soldados les testaba persiguiendo. Algo había salido mal y al parecer los humanos del poblado habían hecho sonar una campana que serviría de alerta para los soldados. - Maldición. Les costará más sacar a los rehenes con estos humanos persiguiéndolos. Ha llegado el momento de luchar Garr. El plan ha fallado y ahora debemos sacarles de encima a tantos humanos como podamos-. Dijo Ragnaros siendo consciente de que sus camaradas necesitarían toda la ayuda que les pudieran brindar desde allí.

- ¡Por fin! Ahora podré desatar mi ira contra estos pieles blancas. Ahora conocerán el acero de mi hacha-. Expreso el orco con una expresión de alegría que no había mostrado durante todo el viaje. Garr era un orco demasiado común y la mayoría de estos grunts "unidad militar básica de los orcos" eran seres muy parecidos entre ellos y testarudos. La manera de expresarse de estos grunts era muy similar y eran capaces de dirigirse a la muerte de frente, cosa que hacía que fueran respetados pese a su falta de mollera.

El choque entre los primeros humanos que llegaban hasta la posición elevada de los dos orcos fue algo desagradable de ver. Garr aplastó la cabeza del primer soldado que se acercó. El yelmo y la carne prácticamente se fundieron por un instante y de lo que antes era una cabeza humana ahora solo quedaba materia cerebral y piel desgarrada. Garr pronunció un grito de alegría y continuo con su matanza personal. Aquellos soldados parecían no estar demasiado bien entrenados y Garr era un guerrero con muchas batallas a sus espaldas. Por otro lado, Ragnaros no se quedó atrás, enormes bolas de fuego salían de sus manos y al impactar con los humanos, empezaban a arder y salían corriendo en todas direcciones. Aquella primera escaramuza duro poco puesto que los soldados se vieron claramente superados por los poderes ígneos de Ragnaros y por la enorme brutalidad del orco.

-! ¡Replegaros soldados, debemos esperar al gran Tirion! La magia se combate con magia...-. Expreso aquel hombre que parecía ser una especie de capitán de aquel escuadrón.

El viejo paladín se acercaba corriendo a la refriega y podó observar como sus primeros hombres iban cayendo- Malditos seáis orcos. Yo mismo he escogido a muchos de estos jóvenes guerreros... aún no estaban preparados para esto-. Pensó el paladín. En ese instante, observó cómo sus hombres comenzaban a retirarse claramente superados ante la embestida de estos dos orcos que parecían bastante veteranos en el combate. Los orcos tampoco dejaban de perseguirlos, aunque sus soldados parecían más rápidos que aquellas grotescas criaturas. -! ¡Ha llegado el paladín de la luz! -. Profirió Tirion para que le oyeran tanto sus hombres como los orcos. Entonces una poderosa luz salió del martillo de paladín e impacto directamente en los ojos del orco que portaba dos hachas. Al recibir el impacto el orco soltó las hachas y se puso las manos en los ojos debido al dolor. - Lo quiero con vida señores. Coged las redes y apresarlo -. Ordenó Tirion.
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Re: El inicio. El culto de los malditos.(Solitaria)

Mensaje por nerzul el Lun Jul 11, 2016 3:05 pm

Capitulo 12. El fin del fuego

La verdadera batalla había comenzado y Garr tenía todas las de perder, varios soldados humanos estaban rodeando al corpulento orco y le lanzaban sogas al cuello para que dejase de moverse. El orco desesperado debido a que al parecer había perdido la visión, se dedicaba a dar golpes con sus hachas al aire. Uno de los soldados al ver que los demás parecían incapaces de atrapar al orco se aventuró al territorio de este y le clavó una estocada en el bajo vientre.Esto cabreo al orco, que agarró al hombre y comenzó a estrangularlo. Los compañeros del soldado viendo que su camarada estaba en apuros decidieron que ya era hora de acabar con aquello y con la desesperación que causa ver como un amigo tuyo está a punto de morir, varias espadas más comenzaron a atravesar al orco. Garr finalmente cayó al suelo con multitud de agujeros en sus carnes. El humano tenia la traquea partida y moría poco a poco entre terribles sufrimientos. Aquella fue una escena horrible para aquellos soldados y que de seguro no olvidarían nunca.

En ese instante Garr quiso dejar la última huella de su legado y pronunció sus últimas palabras- !Recordad mi nombre! !Me llamo...urgghh!-. Sus palabras fueron interrumpidas por uno de los humanos el cual le atravesó el cuello con su espada.- Tus palabras no saldrán de tu boca orco-. Dijo el humano con su particular venganza en nombre de todas las bajas que había causado ese torpe ser. Garr se sorprendió ante aquel ataque y sus últimos pensamientos fueron de odio hacía aquel al que jamás podría superar.

A escasos metros de aquella escena tan emotiva, Tirion, llegó a la posición en donde se encontraba Ragnaros.- Saludos hechicero-. Dijo el paladín de manera cortes.- ¿Que trae a unos orcos por aquí? ¿Por qué razón atacáis mi poblado y el cuartel?-. Pregunto Tirion.

Ragnaros sabía que estaba rodeado y que sus posibilidades de salir con vida de allí eran escasas. Lo único que podía hacer para salir de allí y seguir manteniendo su honor era retar a aquel paladín a un duelo a muerte.- ¿Acaso es justo un combate donde muchos se enfrentan a uno?-. Proclamó Ragnaros desafiante.- Te reto a un combate a muerte paladín-. Dijo el piromántico y acto seguido guardo silencio puesto que sabia que si seguía hablando daría alas a que el paladín rechazará la invitación. Donde antes había habido insultos y maldiciones ahora solo había un silencio y parecía que todo el mundo estaba esperando la respuesta de Tirion.

- Tu compañero ya ha muerto. Y me gustaría mantenerte con vida orco. Sin enbargo, demuestras muchas ganas de morir. Complaceré tu deseo-. Dijo el paladín. Acto seguido los soldados exclamaron en un grito de guerra.- Alejaos hijos míos. Quiero espacio para este combate debido a que las magias de este orco os podrían quemar si permanecéis demasiado cerca-. Dijo el paladín. Todos los hombre se alejaban del combate que tendría lugar y muchos daban palabras de aliento a su general para que luchara con aplomo.

Ambos combatientes estaban unos diez metros el uno del otro y Ragnaros comenzó muy agresivo. El orco invoco el poder del fuego y lanzó en rápida sucesión dos grandes bolas del fuego al paladín, que se dedicó a pararlas con el escudo. Cuando el humo se dispersó, se pudo ver, que el escudo no había sufrido ningún daño.

- Parece que no eres un simple general-. Dijo Ragnaros sonriente ya que había encontrado un rival digno de sus poderes.

- Deberás hacerlo mucho mejor orco. Me he enfrentado a seres con los que jamás habrás soñado y todos han muerto bajo mi martillo de justicia-. Dijo el paladín orgulloso de sus hazañas pasadas.

- Te sorprenderías humano. Se avecinan vientos de cambio en este mundo. Los humanos os marchitareis y la era de los orcos comenzará-. Dijo Ragnaros convencido de ello.- Señor kil'jaeden permite que pueda convocar un poder como el que no se ha visto nunca en estas tierras-. Pensó el orco. Por alguna extraña razón Kil'jaeden se encontraba observando ese simple peón y quiso complacerlo. Durante a penas unos segundos una extraña magia proveniente de algún sitio se fundió con la esencia de Ragnaros. El orco levantó los brazos y se creo una especie de gran nova de fuego que irradiaba un calor inmenso.

- !Todos a cubierto!-. Dijo el paladín. Aquel ataque era de otro nivel. En ese momento Tirion no sabia lo que había pasado, pero ese hechizo estaba totalmente fuera de lo que aquel orco debería poder convocar. Era como si algo le hubiera ayudado a invocar ese poderosos hechizo.

Ragnaros había entrado en una especie de trance y parecía incapaz de pronunciar ninguna palabra. El orco lanzó aquella poderosa nova de fuego hacía Tirion. La gran bola tenía un tamaño impresionante, viajaba a gran velocidad y emitía un poderoso calor.

Tirion sabiendo que no conseguiría esquivar ese ataque a tiempo, rezó a su señor de la luz una plegaría de ayuda y interpuso su poderoso escudo entre él y el ataque de su enemigo- Que sea lo que tu quieras que sea señor-. Pensó el paladín.

Todo paso muy rápido, un segundo, una explosión, el aumento increíble de la temperatura del lugar y decenas de muertes. La nova fue tan poderosa que incluso quemó el cuerpo de Ragnaros que la había lanzado. La mayoría de soldados que antes se habían alejado a una distancia prudencial habían muerto. Algunos habían tenido la inmensa suerte de que habían podido esconderse detrás de una roca o que los cuerpos de sus compañeros habían mitigado parte de ese calor. El paladín de la luz se encontraba tendido en el suelo inconsciente y por fortuna había sobrevivido. El escudo del paladín y su armadura habían sido destruidos y nada le quedaba excepto una multitud de quemaduras por el cuerpo y sino lo atendía un médico moriría en cuestión de horas. El poderosos señor de la luz del paladín no había sido lo suficiente efectivo como para resguardar a su servidor, aunque de seguro que había intervenido para salvar la vida de su guerrero. Donde antes había una pradera llena de flora ahora solo quedaba un cráter incendiado y de aquel ataque se hablaría durante años en aquella zona.

Los soldados que quedaban vivos cogieron el cuerpo herido de su general y se lo llevaron a la fortaleza para que un médico lo atendiera como es debido.

Mientras todo aquello estaba trascurriendo, en el poblado los otros tres orcos ya habían conseguido reunir a los diez humanos que faltaban y los habían colocado maniatados en un carromato que conduciría Grosca. Gedon y Nerzul Irían en la parte de atrás junto a los rehenes que eran en su mayoría niñas y alguna mujer.
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Re: El inicio. El culto de los malditos.(Solitaria)

Mensaje por nerzul el Lun Jul 11, 2016 3:14 pm

Capitulo 13. Refuerzos

Al instante, los niños y las mujeres dejaron de llorar. En un lado del carromato una madre le secaba las lágrimas a su hijo pequeño mientras le daba palabras de ánimo. Nerzul observaba la escena, sabía el destino que les esperaba a aquellos humanos si todo sabía cómo lo tenían previsto. - Disfrutad de vuestros últimos días juntos humanos. Pronto perteneceréis a la legión de fuego y vuestras almas quedarán atadas a mi poderoso señor Kil'jaeden-. Pensó Nerzul. Eran muchas las escenas que hubieran conmovido a cualquiera dentro de ese carromato, aunque esto a los orcos no les causaba ninguna especie de remordimiento debido a que aquellos pieles blancas no significaban anda para ellos. En la parte de delante del carromato, Grosca continuaba guiando a los caballos que, pese a no avanzar demasiado rápido, les permitían cargar a todas esas personas.

Gedon se acercó a Nerzul y le susurró en voz baja para que nadie los oyera. - A este paso acabaran atrapándonos hermano. La batalla es inevitable. Debemos estar preparados. No hables de esto en voz alta. Si estos humanos se enteran nos causan más problemas todavía-. Dijo el arquero.

-Tienes toda la razón Gedon. Debemos dejar de huir entonces. Si la batalla es inevitable debemos buscar en terreno que nos favorezca y tomarlos por sorpresa. Tenemos que modificar nuestro rumbo y buscar una posición favorable. No se esperarán que les tendamos una emboscada en esta zona. Dile a Grosca que debemos dirigirnos hacía es colina de allí. En ese puesto elevado tendremos ventaja utilizando tu arco y mi magia. Solo espero que no sean muchos más que nosotros-. Dijo Nerzul. La mente de Nerzul era superior a la media de los orcos y lo demostraba constantemente. Sería inútil continuar escapando puesto que era cuestión de tiempo que los humanos los alcanzarán.

- Debemos ser precavidos señor. Recuerda que Ragnaros y Garr no han vuelto. Si mis pensamientos son ciertos...me temo lo peor. Espero que por lo menos hayan muerto como se merecían. Esa gran explosión que pudimos escuchar después del sonido de la campana fue muy extraña y el cielo se iluminó. ¿Acaso tendrán nuestros enemigos el poder de invocar el mismo sol en la tierra? - Dijo el orco algo conmocionado ante esa posibilidad.

Nerzul comprendía la preocupación de Gedon porque aquella luz fue tan intensa y el sonido que provoco fue tan fuerte que hasta a él se le estremeció la espalda. Por otro lado, Gedon le había llamado señor y eso le gustaba mucho- Tranquilo Gedon, fue un hechizo que conjuro el propio Ragnaros, aunque no sabía que era tan poderoso después de todo. Parece que nos escondía muchas cosas. Ahora déjame meditar un rato...tengo que preguntar algunas cosas al gran Kil'jaeden-- Le dijo Nerzul a su arquero para que se tranquilizará. Sin embargo, las dudas cintinuaban el cabeza de Nerzul puesto que Ragnaros no era capaz de lanzar un hechizo tan poderoso.¿ Le habría ayudado Kil'jaeden?¿ Seguiría vivo todavía?

Nerzul se arrodilló en el carromato y pudo sentir los murmullos de aquellos humanos que parecían asustados porque en el fondo presentían que algo estaba a punto de pasar. Nerzul comenzó a suplicar a Kil'jaeden para que apareciera y le mostrará el camino que debía de tomar y cualquier ayuda también sería bien recibida.

-Saludos mortal. Veo que nuestro plan avanza correctamente. Fue muy buena idea ofrecer al mago y al guerrero como cebo para poder raptar la fortaleza, pero me temo que en la fortaleza había un paladín de la luz bastante experimentado y se adelantó a tu plan. Ahora os sigue una tropa de unos quince hombres liderados por un aprendiz de mago. Debes de tener cuidado con ese mago. Aunque solo sea un aprendiz tiene un gran poder y ha sido bendecido por el paladín del cuartel. Has preparado una buena ofrenda...estas diez piezas me servirán para aumentar el pequeño lazo que tengo con tu mundo. Has hecho un buen trabajo así que te ayudaré a acabar esta misión-. Dijo el señor eredar.

-Gracias todopoderoso Kil'jaeden. ¿Que ha sido de Ragnaros y de Garr? -. Preguntó Nerzul por curiosidad. Aunque la vida del guerrero no le importaba demasiado puesto que siempre lo había visto como un simple peón que tenía la intención de superar a uno de los mejores guerreros de los orcos...nunca lo conseguiría. Grom estaba a un nivel completamente distinto al de aquel bruto. La verdadera razón de la pregunta no era saber si aquellos dos orcos estaban vivos si no saber que había sido ese gran destello que había iluminado el cielo.

-Tus dos esbirros han fallecido. El culpable es ese paladín de la luz que hay en la fortaleza. Algún día deberás tomar venganza contra él. Es poderoso para ser un humano y además es un defensor férreo de la luz y eso no lo podemos tolerar. Ayude a Ragnaros a crear un poderoso hechizo para acabar con el paladín, pero solo sirvió para destrozar su armadura y dejarlo inconsciente. Parece ser que en el último momento el paladín pidió ayuda a su Dios benigno. Fue una pena lo de tus orcos, pero han muerto sirviendo a la legión de fuego y por eso tendrán grandes honores-. Mientió Kil' jaeden. Al demonio eredar en nada le importaban las almas de aquellos orcos y para él era sencillo mentir y manipular.

Tras aquello Nerzul abrió los ojos y para su sorpresa se encontraba en el suelo etirado y ya se había hecho de noche. - Se ha despertado -. Dijo uno de los niños con miedo en el rostro. Nerzul se levantó y rasgo la cara de aquel niño con sus uñas. -Silencio pulga-. Dijo el orco. La madre se asustó e indicó al niño que se callará. Pese a que Nerzul había sido cuidadoso con la cara del niño para no dañar una de las ofrendas de Kil'jaeden; la piel de aquellos humanos era muy frágil y comenzó a salir algo de sangre. La madre se arrancó un trapo del vestido y presiono la herida para que dejará de sangrar.

-Al fin despiertas Nerzul. Hace horas que conseguimos subir la colina y Gedon ha tenido tiempo de sobras para preparar algunas trampas que dificultarán el ataque de los humanos-. Dijo Grosca que parecía contenta de que Nerzul se hubiera despertado. La orca estaba bañada en sudor y aunque no tenía ningún rasguño se la veía algo cansada.

-Gracias. Ahora descansa un rato. Te avisaremos cuando lleguen los humanos. Los veremos venir desde lejos. Me ha confesado que vienen una quincena de soldados liderados por un aprendiz de mago. Debemos tener cuidado porque nos superan en número y al parecer el mago está cubierto por una extraña bendición del señor de la luz. Kil'jaeden me ha dicho que enviará algo de ayuda. Esperemos que sea cierto-. Le dijó Nerzul a Grosca.

En ese mismo instante apareció una luz verde al lado del carromato y emergieron dos seres enormes con forma de perro. El cuerpo de estas criaturas parecía que había sido muy maltratado como si sus cuidadores hubieran necesitado de grandes azotes hasta conseguir doblegar la ferocidad de aquellas criaturas. Sus dientes tenían aspecto de poder cortar incluso las piedras y su cuerpo en general era muy musculoso. Al salir ambas criaturas emitieron un fuerte ladrido bastante molesto. Luego, avanzaron lentamente hacía Nerzul. Era algo más pequeños que los huargos de los orcos, pero aún así su aspecto demoniaco les dotaba de un aura terrible y seguro que serían capaces de mermar las fuerzas de los humanos



Grosca hizo un movimiento para intentar proteger a Nerzul, pero este la detuvo- Tranquilízate Grosca. Puedo notar un lazo entre yo y estas criaturas. Está debe de ser la ayuda de la que me hablo Kil'jaeden. No te preocupes están a mis órdenes-. Dijo el brujo mientras observaba a aquellas criaturas que se postraban ante él. Grosca profirió una sonrisa cuando vio que los perros comenzaban a jugar entre ellos.

Gedon llegó desde la distancia y observo la pintoresca situación. Nerzul le explicó todo lo que había pasado y la revelación que había tenido.-¿ Por qué le explico todo si es solo un simple soldado? Todavía no me he acostumbrado a ser un jefe. Tardaré tiempo en adaptarme-. Pensó Nerzul.

Gedon comprendió lo que le había explicado el brujo y acto seguido paso a explicar todas las trampas que había preparado en la colina y afirmó que estas reducirían en gran medida el número de esos quince hombres. Gedon que tenía bastante consonancia con los animales se sintió raro pues no notaba esto mismo con aquellos perros y aquello se debía a que estos seres no eran de este planeta y por tanto, no se parecían a nada que Gedon hubiera domesticado en el pasado. Además, parecía que solo obedecían los ordenes de Nerzul.

-Buen trabajo con las trampas arquero. En caso de que consigan sobrepasar la colina, lanzaremos a los perros a por ellos. Al final esto ha acabado siendo una pela más igualada de lo que me esperaba. Pronto se derramará sangre. Será una magnifica situación para complacer al gran señor Kil'jaeden-. Dijo Nerzul sonriente.
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Re: El inicio. El culto de los malditos.(Solitaria)

Mensaje por nerzul el Lun Jul 11, 2016 3:33 pm

Capítulo 14. La noche antes de la batalla

El grupo de los humanos llevaba todo el día siguiendo la pista a aquellos miserables orcos que habían secuestrado a algunas mujeres y niños del pueblo. Los soldados que seguían al mago Ronin obedeciendo las ordenes de Tirion se extrañaban de aquello. Hacía ya mucho tiempo que los orcos no atacaban el poblado y muchos se preguntaban porque razón lo habían hecho ahora. ¿Acaso los hombres habían hecho algo malo? La verdad es que aquellas mujeres eran las esposas de alguno de los soldados. Como es de imaginar de vez en cuando algún soldado se escapaba algún día del cuartel y acababa conociendo a alguna moza del pueblo. Tras un tiempo acaban casados y con hijos. El problema fue que como todo había pasado muy rápido, a ningún hombre le había dado tiempo a buscar en el poblado para ver si su mujer estaba o si se la habían llevado los orcos. Lo principal era el grupo y ninguno de ellos podía permitirse el lujo de pensar en él mismo porque la vida de muchas personas estaba en juego.

- Seguro que se han llevado a las mujeres para comérselas. Esos orcos son unos salvajes y de vez en cuando les entra el hambre de humanos. Ya me lo decía mi abuelo que no tenemos que fiarnos de estas bestias salvajes, que son iguales o perores que los mismísimos demonios del foso negro. Ahora estamos pagando las consecuencias de dejarles campar a sus anchas. Si yo fuera el gobernador mandaría a las tropas a acabar con esta incivilizada raza de brutos-. Decía el hombre rabioso. Aquel era el puro ejemplo de que si a un humano le das un poco de cuerda para hablar; no se callará nunca.

Ronin escuchaba las palabras de aquel hombre que parecía desesperado. Seguramente su mujer debía de vivir en el poblado y se sentía impotente ante el pensamiento de que su mujer pudiera estar allí capturada entre las demás. - Tranquilízate soldado. Tu nerviosismo no nos servirá de nada excepto para dejar de tener la mente fría y las ideas claras-. Dijo Ronin. Aquello había sonado algo raro de un mago aprendiz que nunca había entrado en combate, pero después de todo lo que había dicho era lo que le decían sus maestros magos.

-Para ti es sencillo. Puedes usar conjuros y defenderte a ti mismo muy bien. Naciste con un don y seguro que tus papas ricos te pagaron la mejor educación. Yo he tenido que trabajar cada paso para llegar hasta aquí. A ti te lo han dado todo masticadito. Incluso se rumorea que nunca has entrado en combate. ¿Porque tengo que obedecer a un novato? - . Decía aquel soldado que si seguía por ese camino lo único que conseguiría sería plantar la desconfianza en los demás hombres y bajar la moral del grupo.

-Cállate Grek. Recuerda que Tirion fue el que nos dijo que le debíamos obedecer. Si fuera un simple niño mimado no se habría ganado la confianza de nuestro general. Recuerda que le debes respeto y tu vida a Tirion. Después de todo ninguno de los que estamos aquí habríamos llegado a nada si no fuera por todo lo que nos ha enseñado-. Dijo aquel otro hombre que parecía mucho más sensato.

Ronin a pesar de no haber entrado nunca en batalla, se consideraba un mago poderoso y había sido siempre el mejor de su clase. Sus conjuros no eran algo que se pudiera menospreciar por lo que se puso firme con aquel hombre. - Escúchame soldado. Mis poderes me sobran para hacer que nunca más puedas abrir esa boca. Como capitán de este campamento exijo respeto y el que no pueda mostrarlo que renuncie y que vaya de regreso al poblado. No tomaré represalias si lo hacéis, pero, aunque tenga que ir yo solo salvaré a las mujeres y niños que de seguro están esperando que sus maridos o los soldados del cuartel los rescaten-. Dijo Ronin intentando hacer entrar en razón a sus soldados.

Hubo un sonido de aceptación en general. Al parecer había convencido a aquellos hombres para que recobraban la moral. Ronin siempre había sido un buen orador en general y se le daba bien convencerá las personas. Esta habilidad le sirvió de mucho en ese momento.

Al caer la noche los hombres pudieron ver un fuego que estaba prendido encima de una colina. Enseguida el murmullo recorrió las filas de los hombres que parecían pensar que los orcos pudieran estar allí. - Sería muy arriesgado atacar ahora. Somos un grupo muy numeroso y no sabemos cuántos orcos nos estarán esperando. Debemos dejar que la noche acabe-. Exclamo Ronin. Tras aquellas palabras los hombres se retiraron a descansar e hicieron turnos para vigilar que no hubiera ningún movimiento extraño en la colina.

En el grupo de los orcos todo permanecía en calma. Sabían que los humanos ya se encontraban debajo de la colina debido a que Gedon se había pasado largo tiempo esperando a que llegaran y cuando los había visto había corrido para alertar a los demás miembros de que la batalla estaba a punto de comenzar. Para sorpresa de los tres, los hombres habían decidido na atacar en ese momento. De seguro a que era, porque no sabían la cantidad exacta de orcos que eran. - Hemos tenido suerte si supieran que solo somos tres orcos ya habrían atacado hace tiempo. Los orcos en todo momento procuraron que las mujeres no se dieran cuenta de que los soldados estaban allí debajo debido a que si se enteraban seguro que empezarían a hacer algún ruido o a mandarles alguna señal.- Dijo Nerzul.

-Mañana habrá una gran batalla señor. Esos hombres nos superaran en números, pero nosotros tenemos el terreno favorable y dos criaturas que no se esperan-. Dijo el orco mostrando las cartas que ellos tenían a su favor. Gedeon no estaba en absoluto nervioso, estaba acostumbrado a la lucha y era un orco bastante hábil, pero le gustaba hablar y hoy no había tenido muchos momentos para hacerlo.

-Olvidas otra cosa Gedeon. No cuentan conmigo. Soy consciente de que por lo menos hay un mago entre ellos, pero créeme que eso no será impedimento. Ningún mago humano me podrá igualar y menos ahora que tengo las bendiciones del gran señor Kil'jaeden. Robaré la misma esencia de ese mago y la haré mía-  . Exclamó Nerzul con una sonrisa maliciosa. Si bien era cierto que Nerzul siempre tenía aires de seguridad también se ha de saber que en el momento de luchar no muestra compasión ni se confía demasiado debido a que había visto a muchos guerreros orgullosos caer debido al exceso de confianza.

La noche transcurrió muy tranquila. La luna derramaba una tenue luz sobre los rostros de los mortales que había en la tierra, la temperatura era bastante buena para los orcos y un poco fría para los humanos y no se podía sentir ni el sonido de los bichos. Aquello siempre pasaba. Las noches antes de la batalla solían ser tranquilas como si la tierra supiera que se estaba a punto de derramar sangre en aquel suelo y estuviera ya de luto. La mayoría de orco tenían un estrecho lazo con la naturaleza y aunque este no era el caso de Nerzul, se podía decir que él conocía todas las costumbres de los orcos antes de una batalla. En ese instante, Nerzul observó como Gedeon estaba a punto de empezar uno de los rituales tradicionales de los orcos y aunque era consciente de que ahora servían a un gran señor demoníaco las tradiciones de sus ancestros debían de seguir intactas. Era la tradición y grandes guerreros murieron defendiendo los principios de las grandes tradiciones, por tanto, él no era nadie para prohibirle a Gedeon hacer esos rituales.

- Espera hermano. Celebremos juntos que mañana será un día en él que la sangre de los humanos bañará estas colinas-. Dijo Nerzul sonriente.

- Estaba esperando que vinieras para empezar-. Dijo Gedeon con una sonrisa y le propino un golpe en el hombro a Nerzul en señal de amistad.

Y ambos orcos compartieron los rituales antiguos a los cuales las mujeres no estaban invitadas y además Grosca se encontraba vigilando el carromato en ese momento por lo que no se daría cuenta de ello.

Finalmente, le llegó a Nezul el turno de descansar y cerró los ojos y le pidió a su señor Kil'jaeden fuerzas para la batalla que les esperaba al alba. Kil'jaeden se le apareció al joven orco aquella noche también y le prometió victoria, poder y la sangre de sus enemigos.

Debajo de la colina los humanos dormían tranquilos. Aquel mismo silencio que invadía la cima de la colina también se podía sentir debajo y ni un alma decía nada. Solamente, quedaban despiertos el joven mago y dos hombres que se estaban encargando de velar por la seguridad del campamento.

Desde siempre Ronin había sido un hombre que nunca había necesitado dormir demasiado y esa noche parecía que lo necesitaba aún menos. La excitación por derramar la sangre de los orcos a la mañana siguiente era tal que hasta había vuelto a practicar con su espada por si le hacía falta. - Si tengo la necesidad de utilizar la espada en algún momento estaré en serios problemas -. Pensó el mago que nunca fue muy habilidoso con las armas pesé a todo el dinero que su padre invirtió para que también aprendiera a defenderse con el acero. Como decían sus maestros: Estaba claro que no todos servimos para lo mismo. Aunque el fuera más poderosos que todos los hombres que allí se encontraban eso no quitaba que en un duelo a espada era el peor o que cualquiera de ellos podría acabar con su vida si se tomará las precauciones pertinentes y tuviera del tiempo suficiente para hacerlo. - Mejor será que descanse un poco-. Pensó finalmente el mago mientras se acurrucaba en el suelo.orco aquella noche también y le prometió victoria, poder y la sangre de sus enemigos.
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