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El valle de la amargura

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Re: El valle de la amargura

Mensaje por Bargho el Miér Ago 31, 2011 6:27 am

Llegando a la fortaleza lo primero que salió al paso de los cansados expedicionarios fue el desagradable schakal que no veían desde antes del inicio de la batalla, Bargho apretó el puño sintiéndose tentado de descargar un puñetazo en la mandíbula de aquel hipócrita que ahora se acercaba a hablar cuando había desaparecido justo cuando mas se lo necesitaba, sin embargo reparó en sus heridas y en donde estaba, de manera que contuvo sus impulsos y se limitó a contestar las interrogantes que una a una le lanzaba el antropomorfo.

Nunca le había inspirado confianza, sin embargo el que ahora se muestre tan locuaz y los evidentes y mal disimulados intentos de parecer amable le hacían sospechar aún mas, a su pregunta por la identidad de la muchacha habría preferido no contestar, pero el jefe de la fortaleza se adelantó diciendo:

-Knader, lleva al enviado de los Ildar y a sus escoltas a mi cámara, deben de estar agotados- Mirando a los viajeros les dijo- Este fuerte no es muy grande y la única habitación personal es la mía, supongo que no querrán dormir en las barracas, están hacinadas-

Sin esperar una respuesta afirmativa, el jefe volteó a dirigir el traslado de los heridos que eran colocados uno a uno en el patio, mostrando una vez mas la rudeza de la hospitalidad enana, que seguía demasiado al pie de la letra la universal frase “trata a los demás como te gustaría que te traten a ti”. Bargho no contestó, pero cuando el aludido estafeta Knader se acercó para preguntar si los que se hospedarían en el salón del jefe eran el minotauro y los dos humanos se limitó a decir que si, dando la espalda a Snarl sin poder notar el calor del odio de la mirada con que el schakal le dirigía a sus espaldas.

La puerta se abrió y los tres entraron, era una habitación enana algo estrecha para Bargho, quien se sintió incómodo nada más entrar, toda su vida había vivido a la intemperie y la idea de pasar la noche en un agujero tan incómodo para el le desagradaba; empero no podía dejar al guerrero solo con la mujer, no por que le pareciera indigno de confianza, si no por que no le parecía moralmente correcto que ambos se quedaran a solas; los miró de entreojo, notó su proximidad y tras un resoplido de su nariz concluyó que finalmente, la promesa era un “hombre” y que ninguno de los enanos pensaría mal y el “tampoco”, de manera que excusándose, dijo que iría al terraplén de la torre a tomar aire fresco, donde podría estar tranquilo y donde el jefe enano no podría verlo y ofenderse por esquivar su hospitalidad.

Dejó el salón y ambas mujeres quedaron a solas, un silencio incómodo y denso inundó la habitación por unos instantes, donde lo único que podía escucharse era la respiración de ambas. La primera en hablar fue la mujer de cabellos rubios, que después de sacarse el pesado yelmo de la cabeza y de ponerlo sobre una mesa dijo:

-Milä-

Ante la incomprensión de la samurai aclaró.

-Mi nombre es Milä, creo que aún no he tenido oportunidad de decírselo a nadie aquí… pero dudo que tampoco importe.

La correa que apretaba la garganta de Takenagi se había soltado, y allí, sin el viento de la montaña o el pesado paso de los enanos, la máscara de cerámica no sería suficiente para ocultar el sonido femenino de su voz, solo inclinaría la cabeza.

-Pero supongo que no importa, por que no estoy aquí para decir mi nombre, si no para cumplir una misión.

Se sentó sobre un mesón que había en el centro de la habitación, con cierta facilidad dada su escasa altura.

-Soy una mujer de los Ildar, mi pueblo habitó hace tiempo estas montañas… hace demasiado tiempo, cerca de dos mil años, una cantidad de tiempo vasta incluso para los elfos –Milä hablaba como consigo misma, apenas mirando a su interlocutora que no atinaba a hacer demasiado, seguramente no estaba acostumbrada a un trato tan personal- Ellos habitaron en la montaña que los enanos llaman Nargûn y que el resto de las razas conoce como la montaña negra, allí vivieron y construyeron una ciudad mucho tiempo antes de que los enanos escarben las ricas minas que siglos después habitaron, construyeron aldeas en este valle… este mismo fuerte está construido sobre las ruinas de lo que antes fue una fortaleza hecha por mi pueblo. Sin embargo su arrogancia fue mucha y las enormes riquezas de las minas contaminaron los corazones de sus líderes, quienes se entregaron a múltiples ritos oscuros y pactos con demonios del abismo –El tono de la muchacha que vista de cerca no parecía tener mucho más de veinte años, era ahora sombrío, como si ella pudiera realmente recordar los sucesos ocurridos hace milenios- Para cuando algunos de los magos que no habían sido corrompidos cayeron en cuenta del camino desviado que los nobles habían tomado era muy tarde, una guerra civil estalló por todo el reino y Antaixos, el mas grande mago (o Sabio como los llamábamos en esos tiempos) decidió pelear contra la cabeza oculta detrás de aquel conflicto: el Señor Demonio Arahones, con el cual tras una terrible batalla, pudo derrotarlo a el y a su corte de demonios gracias a un Conjuro que lo selló en la montaña y la maldijo en sus entrañas, la guerra concluyó y mi pueblo fue prácticamente diezmado; aquellos que a pesar de todo permanecieron siendo fieles devotos de Arahones se dispersaron por todo Noreth y aún conspiran para liberar a su amo, lo poco que quedó de mi gente decidió ir a habitar con los elfos dorados, nuestros aliados que nos ayudaron en la guerra. Sin embargo, el sello de Arahones debe ser renovado cada cien años, y esto solo puede hacerse por un legítimo descendiente de la casta de Antaixos… y esa soy yo, todos mis predecesores fueron fuertes varones Ildar y es por ello la necesidad de disfrazarme para no granjearme la desconfianza de los enanos –La voz de Milä se tornó un poco hosca- Ellos contraviniendo todas nuestras recomendaciones y las de los elfos escarbaron en la montaña y le dieron el nombre que aún mencionan, sus trabajos mineros prosperaron durante algunas décadas y aprovecharon las grandes cavernas naturales que abundan en la montaña… pero fueron demasiado lejos y destaparon el sarcófago de Arahones liberando toda la magia maligna que no había sido contenida por el sello, pronto infinidad de seres inmundos acudieron a la montaña, desterrando a los humanos y plagándola de horrores durante cientos de años, lo que debió ser una tumba fría y silenciosa es ahora un nido de horrores que si bien no pueden liberar a su amo, asaltan y causan muertes a lo largo y ancho de las montañas Drakenfag, los enanos hoy nos prestan su ayuda cada que la necesitamos, sin embargo no podemos confiar en quienes han complicado tanto nuestra situación, muchos de los nuestros han muerto tratando de llegar al templo de la montaña cada que es necesario renovar el sello, desde que ellos destaparon el sarcófago, ahora falta solo un mes para que el ciclo se cumpla y la esencia de Antaixos contamine nuevamente estas tierras…. Algo que juramos nunca volvería a suceder.

Milä miró fijamente a Takenagi quien ahora se encontraba sentada frente a ella y le sonrió, se aproximó lentamente a ella, que quedó paralizada por una inesperada presencia mágica.

-Trae tu mano- le dijo y esta obedeció maquinalmente ofreciéndole la diestra- Aún no te he dado tu recompensa por salvarme en aquella hondonada-

Despojó la callosa mano de la doncella guerrera de la armadura que llevaba, desnudándola hasta el antebrazo, posó las suyas sobre las de ella y cerrando los ojos pronunció este hechizo.

-Ότι οι αλυσίδες στα χείλη σας και πολύ να σας, είναι τώρα το μαρτύριο τουαπό το μη καθαρό για να σας συναντήσει, καλόκαρδος γυναίκα-

(Que las cadenas que atan tus labios y tu mismo ser, sean ahora el tormento de los impuros con los que te topes, mujer de noble corazón)

Tras este rezo una llamarada de luz dorada inundó la habitación, y la forma de una cadena, similar a un tatuaje, empezó a envolver el antebrazo de la guerrera hasta el codo.

-Cada que la llames le dijo- Una Kusarigama saldrá de aquí y aparecerá en tu mano para ayudarte en el combate, su cadena hará tropezar a tus enemigos y les envolverá-

Milä llevó su mano derecha a su rostro dulcemente, y con la otra la despojó de su casco y de su máscara, dándole un tibio beso en los labios que inundó con un torrente de magia poderosa la mente de la Samurai.

Quedó inconsciente.

Cuando despertó, poco después, estaba tendida en la cama del salón, con la máscara puesta sobre su rostro para que si alguien entrara no viera su rostro de mujer.

Milä cerró la puerta con cuidado para no despertar a la guerrera y salió a buscar a Bargho, era noche cerrada ya y lo encontró pronto en lo alto de una torre, con el brazo en cabestrillo, la espalda apoyada en una almena y mirando al cielo estrellado.

-Te dije que podía curar esa herida-

El minotauro se sobresaltó un poco al oír la voz en la oscuridad, la miró un momento y le respondió educado pero cortante.

-Y yo le dije que no merecía esa atención-

La muchacha se acercó al minotauro, poniéndose en cuclillas junto a el.

-Tonto- Le dijo- hay pocas cosas buenas que no merezcas Bargho hijo de Baragorn-

-¿Cómo sabes…?

-No importa, hay pocas cosas de las que una mujer como yo no pueda enterarse, te saco un par de siglos de ventaja-

El minotauro tartamudeó confundido.

-¿Cómo? ¿No eres una humana?-

-Lo fueron los antepasados de mi padre, desde hace tiempo que los linajes de los Ildar y los elfos dorados se unieron, desde entonces somos simelfos o semihumanos dependiendo de cómo se vea – Rió Milä

Bargho no entendía demasiado de la importancia de ser “medio algo”, desde su punto de vista de mitad toro, mitad humano, aquellas diferencias le parecían demasiado sutiles como para que tengan relevancia alguna.

-De todas maneras –le dijo- hay sangre inocente en mis manos, sangre de amigos –su mirada se entenebreció por un momento- quizás lo que tanto se dice es cierto, quizás sencillamente los de mi raza sean unos asesinos despiadados-

La mujer lo miró compasivamente y le dijo.

-Extiende tu mano-

-Ya te dije que yo…-

-¡Solo extiéndela!

El minotauro cedió a regañadientes y con una mueca de dolor su brazo izquierdo lacerado.

-σημάδι της αλήθειας- Dijo sosteniendo el poderoso brazo del antropomorfo

-¿En que idioma hablas?- Preguntó.

-En la lengua natal de los Ildar, es un hechizo que significa “verdadera marca” enseña los verdaderos deseos del corazón, mira tu mano.-

En el reverso de la mano de Bargho estaba dibujado un escudo circular.

-Tú eres un defensor Bargho, no un asesino-

El minotauro se limitó a mirarla fijamente, sintiendo paulatinamente una profunda sensación de paz, una intensa luz dorada surgió de la marca y esta se transformó en un negro y redondo escudo de bronce, de metro y medio de diámetro. Milä sonrió.

-Sin embargo, de nada te serviría esta hermosa pieza si no sabes manejarla… déjame transmitirte los conocimientos de mi gente, por favor, se que harás buen uso de ellos.

Bargho asintió y entonces la dama extendió la punta de sus dedos a la frente que el minotauro le ofrecía. Nuevamente la luz dorada y la imagen de soldados cubiertos de bronce brillante danzaron en la mente del antropomorfo, la imagen de guerreros moviéndose en armonía y perfección, había caído en un sueño profundo y reparador.

Debajo de ellos una oreja puntiaguda y otra mocha estaban paradas atentas a la conversación…

Bargho despertó cuando las luces del día apenas empezaban a brillar azuladas en el horizonte, su escudo lo cubría como un manto y se sentía muy descansado, su brazo se encontraba perfectamente y no pudo evitar sonreír al darse cuenta. Se irguió de la dura piedra y descendió hacia el patio donde algunos enanos se hallaban reunidos en una fogata, habían apilado las armas de los caídos y habían varias lanzas entre ellas, el antropomorfo tomó una con sus manos, la sintió familiar, casi entrañable, la hizo girar un par de veces antes de dar un terrible y perfecto golpe con su punta al aire, los enanos dieron un silbido de admiración, su postura con el escudo en mano era perfecta.

-Entonces no fue solo un sueño- Se dijo a sí mismo en medio de aquella noche que ya moría.


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Off rol: Bueno, entramos ya de pleno en la última fase del a partida.

Takenagi tienes tus reacciones o algo que quieras decir libres para este turno.

Snarl, Bargho se ha quedado dormido, tu a estas alturas ya estás restaurado y Milä vaga sola, ve si quieres empezar a actuar ya o si prefieres esperar al siguiente turno, ambas opciones tienen sus pros y sus contras.


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Re: El valle de la amargura

Mensaje por Snarl el Jue Sep 01, 2011 7:42 pm

En los ojos del minotauro había ira, y era natural, mas para el Schakal tan solo era un ligero contratiempo, su actuación no fue tan buena como creyó, mas el minotauro no hizo nada contra el antropomorfo, a su pregunta uno de los enanos interrumpió dando la respuesta, inconscientemente una sonrisa se desdibujo en las fauces de el canino, mas esta despareció tan rápido como se formo, los recién llegados fueron recibidos por un enano que le pregunto al toro sobre quien descansaría en la única habitación, no se sorprendió con su respuesta, tampoco le hubiera sido conveniente ser nombrado, con un ligero gesto de sus hombros el Schakal se retiro de ahí, las heridas aun palpitaban, y necesitaba esperar el momento propicio, de reojo vio como se marchaban y el comenzaba a … “curiosear” los sistemas de ese lugar.

Mientras el día avanzaba el Schakal examino la gran puerta de ese lugar, por un sistema de poleas y cuerdas podía ser abierta fácilmente sin muchas complicaciones, algo digno de esos rastreros enanos, mientras subía las escaleras para llegar al alfeizan noto como varios enanos apilaban las armas de sus congéneres caídos, no fue una sorpresa encontrar entre esas hachas la que pertenecía al orco, ni tampoco aquellas dos espadas que había visto en la espalda del otro, los detalles de sus muertes no habían sido claros, y aparte de decir que habían muerto nada más sabia, con ello debía de ser suficiente, mientras sus patas lentamente se fortalecían miro a los enanos cargar una de esas grandes ballestas, al igual que una de las catapultas, su sistema era simple pero eficaz, mas tan solo era necesario cortar una cuerda para que todo lo hecho colapsara, mientras el día comenzaba a avanzar nadie se fijo que durante cierto tiempo el Schakal se movía de maquina en maquina, simplemente aflojando una tuerca o cortando alguna cuerda, cuando los guardias no lograban ver dejaba caer sogas hacia el exterior, si los goblin atacaban con eso sería suficiente, cumpliría la parte del trato que le correspondía, mientras que esperaba que esas alimañas cumplieran el suyo, el antropomorfo bajo las escaleras y se acomodo entre unas cajas y sacos apilados, la noche pronto caería y si era propicia la oscuridad seria su mejor arma y compañera.

Los ojos se cerraron mientras la fatiga terminaba por apoderarse del cuerpo, cuantos minutos u horas paso ahí no sabía, mas los pasos de cascos sobre la madera y roca lo despertaron, los pasos del toro al parecer, en silencio quiso escuchar la conversación que se realizaba, la voz no era de un hombre, si no de una mujer, extraño, ya que no había ninguna mujer en ese lugar, mas la conversación que sostenían era lo más curioso, movió sus orejas mientras las palabras eran casi susurradas, el sonido de alguien durmiendo era lo único que se pudo escuchar aparte de los pasos tenues de la mujer, de reojo vio como bajaba por las escaleras de piedra, en silencio se acerco a ella, y sonriendo en la oscuridad le susurro a su oído.

-Ahora entiendo algo de por qué ese maldito demonio te quiere… dulces sueños… mujer-

No le dio tiempo para responder, ya que un fuerte golpe en la nuca le hizo perder el conocimiento, de reojo vio que los guardias estaban haciendo la ronda, pero que no habían visto nada, con algo de dificultad arrastro el cuerpo hasta las cajas cercanas, no quería que alguien viera eso mientras el abría las puertas, como era natural en él se oculto mientras los guardias hacían sus rondas y el aprovechaba sus puntos ciegos, tan solo un minuto entre ronda y ronda, el suficiente como para comenzar a mover el peso de la puerta, durante unos instantes guardo silencio a la vez que la pesada puerta se movía cm a cm, por fin había el suficiente espacio como para que su cuerpo pasara, mientras los enanos le daban la espalda se escabullo entre las sombras, cubriéndose con barriles y cajas apiladas, cuando volvió donde estaba el cuerpo vio que estaba comenzando a despertar, otro fuerte golpe hizo que la inconsciencia volviera, tomando a la mujer de sus brazos la hecho sobre su espalda y tan solo se necesito unos segundos para que el Schakal saliera por la gran puerta, perdiéndose entre las sombras del bosque, con una pesada carga sobre sus hombros, un peso muerto que aun respiraba, necesitaba llegar lo más cerca de donde estaba ese demonio, eso no sería problema … el problema sería cuando se dieran cuenta de que la mujer no estaba y se sumaría si se encontraba con alguna de esas alimañas , por ahora solo debía de concentrarse en correr, aunque su cuerpo se sentía adolorido, la poción hacia efecto, pero también no era una cura milagrosa.
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Re: El valle de la amargura

Mensaje por Musashi Takenagi el Vie Sep 02, 2011 3:02 am

Como la mayoría de las veces el silencio era mi leal compañera mientras apagaba mi vista a cambio de mis pensamientos, el hecho de que el schakal regresara justo al final me pareció bastante curioso y no evité que me asaltaran duras y sospechas, y es que sencillamente había desaparecido en el transcurso de la batalla y estimando la cantidad de enemigos junto con la llegada fortuita de los ogros que azotaban el paso en ese momento no me esperaba que estuviera vivo, quizás le asaltó un golpe de suerte o supo defenderse de lo mejor, me vi en la obligación de inclinarme ante esas dos posturas en vista de que se presentó con heridas, aunque realmente eso no garantizaba nada.

Ahora me encontraba sentada en el interior de aquella sala enana acompañada de Bargho y la promesa, la cual no dejaba de atormentar mi mente con preguntas acerca de su identidad, preguntas que no eran de mi derecho formularlas pero que no podía evitar hacerlo, ¿por qué seguía insistiendo en un doble sentido de sus palabras?, era imposible que supiese de mi identidad… no debía preocuparme por eso, un guerrero no debía perder su tiempo en preocupaciones que no le llevarían a nada.

Volví la vista hacia mi brazo que estaba en perfecto estado, me sorprendía aquella magia tan limpia y eficaz, no había sido la primera vez que recibía curaciones mágicas pero ninguna fue tan veloz y efectiva como aquella. Di un leve respingo cuando Bargho se excuso en querer tomar aire, solamente asentí con la cabeza y vi tranquilamente como se marchaba. Habíamos quedado ambas, y el silencio era tan profundo que incluso me sentí culpable de ello, de no poder efectuar dialogo alguno debido a mi obligación de mantener mi identidad en secreto, lo mejor sería esperar a que ella durmiese mas yo no pegaría pestaña aquella noche, pero esta se quitó el casco y lo depositó sobre la mesa para luego presentarse, yo en cambio solo me limité a asentir sin corresponder a lo mismo en vista de que mi voz pudiese delatarme, pero esta sin sentirse ofendida por no tener respuesta de mi parte continúo hablando, y no evité sorprenderme por la confianza que tenía para conmigo para contarme tanto acerca de los suyos y el pasado de esta montaña rica en minerales de todo tipo, me extrañaron algunos cambios en su mirar, ella parecía verse joven pero hablaba con una madurez de quién conoce con mayor profundidad las historias que se cuentan, me quedé expectante escuchando todo lo que contaba respondiendo así varías de mis preguntas que me había formulado antes en mis pensamientos, aunque sorprendida de su importancia en todo esto, el problema de fondo era mucho mayor que cualquier escaramuza goblin... Abrí la boca para proferir algo, pero me silencié de golpe frente a mi idea imprudente, quería decirle que no era necesario ser recompensada, que había actuado por deber y que la protegería hasta que cumpliera su cometido si estar ahora a salvo no era suficiente... pero me sentí paralizada por su mirar y obedientemente le tendí mi mano, el contraste con ambas fue evidente, mi feminidad sepultada en lo más hondo de mi deber de guerrera , en los golpes sin descanso de parte de mis armas, mano cansada, mano trabajada para luchar, mano obligada para no lucirse, para no sentir delicadeza alguna, bajé levemente la visual a pesar de estar obedeciendo fuera de consciencia para mirar la mano de Milä que suavemente se posaba sobre mi brazo, no evité preguntarme si las cartas del destino se hubieran jugado de forma diferente, cambiando mi pasado y presente… quizás mis manos fueran como aquellas…
Pestañeé por sorpresa al ver aquella cadena rodear mi brazo cual pulsera y escuchar las palabras de la descendiente de la casta de Antaixo dándome a entender que tendría una Kusarigama con solo invocarla, alcé el mentón para mirarla a los ojos, extrañada y nerviosa por la dulzura de sus acciones y palabras, ¿o es qué acaso yo al tener que ser un tanto hosca encontraba extraño su comportamiento?, tal vez…

Di un de pronto un respingo al sentir la calidez de su mano sobre mi mejilla y sin poder hacer nada para evitarlo ella retiró la máscara de cerámica que ocultaba la verdad tras mi rostro, sintiéndome expuesta por primera vez frente a alguien no reaccioné cuando ella se me acercó y me besó en los labios, y no sabiendo responder frente a aquella conducta me quedé impertérrita con los ojos bien abiertos por la sorpresa y las mejillas sonrojadas, sentí entonces un torrente mágico ingresar a mi mente, cerré los ojos levemente para desorientarme y caer en un sopor inesperado.

(…)

Al despertar lo primero que hice fue llevarme la mano al rostro pero al sentir el choque de la máscara contra mi piel lo primero que pensé es que se trató de un sueño, uno tan real… pero al levantar mis manos vi la cadena en una de estas entonces caí en la cuenta que todo era real… desesperada me puse a buscar alrededor de la sala y al no ver a Milä todo el recuerdo de su historia me vino de golpe a la cabeza.

- ¡ Milä ¡ -Exclamé saliendo de la sala, para mirar en todas direcciones sin verla, descendí entonces para llegar a donde estaba Bargho luciendo un escudo nuevo, me anudé en el camino la gargantilla para que mi voz no sonara femenina.

-Bargho, ¿has visto a la promesa?, no está en la sala… y no la encuentro por ningún lado –Mis palabras sonaron rápidas más tratando de no demostrar mi nerviosismo, ahora a sabiendas de la importancia de la vida de esta no pude evitar atemorizarme por que le ocurriese algo malo.
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Re: El valle de la amargura

Mensaje por Bargho el Dom Sep 04, 2011 2:04 am

Las palabras de Takenagi fueron seguidas casi inmediatamente por un grito del vigía anunciando que veía al antropomorfo cargar con una mujer a lo lejos a luz azul de la mañana que aún no llega pero que se presiente. El rostro de Bargho se trastornó en un gesto de angustia y de sorpresa que solo duró un segundo, inmediatamente después su ceño se contrajo en una expresión de furia.

-¿¿¿Hacia dónde se dirige??? – Preguntó con un grito atronador.

-Hacia el norte –respondió el enano- Ya casi llega al linde del bosqu… ¡¡¡Por la gracia de Delia!!!-

La fuerte voz del enano se quebró en medio de sus últimas palabras con una exclamación de horror, todas las miradas del fuerte se posaron sobre el vigía.

-¡DRAAAAAAAAAKK! ¡UDUM DRAAAAKK!-

Su grito fue seguido por un tumulto apocalíptico dentro del fuerte, una cadena de voces de mando se estableció, absolutamente todos los enanos ubicaron sus posiciones en las torres y murallas, en los rostros de los más jóvenes se podía ver claramente reflejado el miedo, en los de los mas ancianos… resignación.

Por encima de los picos de los árboles del bosque y en las faldas de las montañas, una sombra larga e infinita cortaba los dorados rayos del amanecer, el aire puro de la montaña era batido por el turbulento hálito inmundo que las alas de un terrible dragón negro producían.

Era un adulto maduro de trescientos años, los enanos no habían visto uno igual en aquellas montañas desde hacia dos siglos.

-¡Preparen las balistas, todo enano que pueda moverse coja una ballesta de mano! ¡AHORA!- Tronó el comandante que casi al instante apareció en el patio.

-¡Señor!- Dijo uno de los enanos en las torres- ¡Alguien ha saboteado las balistas! ¡No podremos repararlas tan rápido!

-¡Maldita sea! ¡Háganlo pero ya!- Tronó el jefe mientras cargaba una ballesta y se dirigía a la torre diciendo mientras subía- ¡Gloin! ¡Coje a esos dos guardianes de pacotilla y vayan a recuperar la promesa! ¡Corre!

El jefe se dirigía al enano de barbas rojas que acababa de aparecer también, completamente repuesto de su inconsciencia y listo para la batalla.

-¡Uzbad-Gatol!- dijo Gloin con la voz serena- ¡Conceda a un miembro de la casa de los Börglet el honor de permanecer a su lado!

El jefe se detuvo solo dos segundos mirándolo fijamente, como si estuviera escogiendo entre dispararle con la ballesta por desobedecer una orden o abrazarlo por decir unas palabras tan bien dichas para un enano. Al final solo le dijo las que creía eran las palabras justas

-Nadie puede quitarle a los Börglet ese derecho-

Y siguió subiendo las escaleras, Gloin se dispuso a seguirle, pero el gigantesco minotauro se adelantó unos pasos, extendiendo uno de sus brazos hacia el.

-Gloin, tu no puedes…-

-Calla Bargho, nunca mas nadie puede decir que uno de los Börglet dio la espalda a la batalla-

En el tono dolido de su voz se notaba claramente que todas aquellas murmuraciones sobre Glenik lo habían afectado al fin y al cabo.

-Encuentra a la Promesa y a mi tío –dijo dándole la espalda y subiendo las gradas de la fortaleza desde donde gritó- Llévate al curandero, aquí ya no nos sirve, ¡Ulglon! ¡Glamandin! Conduzcan a Bargho y al humano Takenagi al pasillo secreto y protéjanlo y obedézcanlo hasta cumplir con la tarea, hasta el fin del mundo si es necesario ¡Laven su honor y luego vuelvan a casa!- Ambos enanos eran los mismos a los que su tío había ordenado retirarse-

-Fue un honor y gracia conocerte, Bargho hijo de Baraghorn y a ti noble Musashi Takenagi ¡Ahora corran!-

-Tu nombre no morirá jamás Gloin Börglet- Le dijo el minotauro con un terrible dolor en el pecho, sin mas que añadir, sin nada mas que pudiera decir, fue forzado a darle la espalda a su amigo que subía a la torre a encarar a las alas de la muerte.

Entraron a la fortaleza en cuyas puertas los dos enanos mencionados y el curandero de negra barba entrecana los esperaban, la carrera a través del pasillo secreto fue rápida y agotadora, iba hacia el sur, en una dirección completamente contraria a la que había tomado el schakal, sin embargo era un desvío inevitable, ir a campo traviesa con el dragón volando sobre sus cabezas era simple y llano suicidio, la agitada carrera se hizo en un silencio sepulcral mientras los pasos de los rescatadores mas infelices del mundo resonaban en la piedra oscura de aquel túnel.

La luz cegadora del amanecer de fuego que ya concluía los recibió en la salida, hacía un hermoso día y la luz se filtraba a raudales entre el denso follaje de una arboleda que cubría a la perfección la puerta por la cual habían salido. Se hallaban al pie de una colina, Bargho la subió desesperadamente y desde su cima vio un panorama desolador.

El dragon volaba en círculos alrededor de la fortaleza, de sus fauces surgía una nube verde y ácida que luego que arremetía sobre las murallas, luego de cada golpe podían verse los puntos negros de los enanos precipitándose al vacío con sus pulmones corroídos, los disparos de las ballestas de mano de los enanos eran inútiles y por el campo una marejada de goblins corría hacia la fortaleza, la inutilidad de las balistas había cambiado completamente las tornas de la batalla. Como si fueran un soplo de esperanza, sobre una de las torres empezaron a surgir destellos azules que se confundían con el azul infinito del cielo del valle, las hachas rúnicas de Gloin eran disparadas una y otra vez sobre el cuerpo del dragón, que se retorcía de dolor en el cielo, una ligera ansiedad surgió en el pecho de Bargho cuando una de las hachas, la última y la mas rápida de todas, impactó de lleno en la cabeza del dragón sacando una estela de sangre y tambaleándolo –“Esa fue su hacha sónica” pensó Bargho quien gracias a sus poderosos ojos semejantes a los de los elfos no perdía detalle de la batalla, “Bien hecho Gloin” Pero el dragón recuperó el equilibrio rápidamente, ascendió al cielo, impulsado por la furia del dolor y la fuerza de sus poderosas alas, y luego cayó en picado expulsando de su boca un horroroso géiser invertido de gas corrosivo sobre la última torre con defensores desde la cual había disparado Gloin, para remontar el vuelo en un último momento y destrozarla su cima con un golpe de su terrible cola; las piedras molidas y rotas mezcladas con los últimos defensores organizados se precipitaron al vacío.

Con esto terminó la batalla, el resto fue la carnicería de los oportunistas goblins que trepando por la muralla se precipitaron a matar a los últimos supervivientes, a saquear armas y objetos y a quemar el castillo. Ponían el punto final a una cuidadosa estrategia que ahora se rebelaba en toda su magnitud: el plan había sido fríamente calculado, la invasión goblin-ogra no era más que una excusa para juntar a los enanos en el valle donde serían vulnerables a un ataque del dragón, que nadie esperaba, solo había que poner a salvo a la Promesa para luego exterminar a la cuarta parte de las fuerzas de la ciudad enana de Drunk’Trhond, que si bien los enanos podían defenderse bien desde las galerias de sus montañas, era bastante complicado hacerlo en campo abierto sin las armas necesarias. El plan del enemigo había sido ejecutado a la perfección, y ahora el último reducto de las fuerzas que se le oponían en el valle eran un humano, un minotauro y tres enanos, la ira envenenaba el alma de Bargho.

Un crujido se oyó entre las ramas de los árboles, el antropomorfo se dio la vuelta y apuntó con su lanza al enemigo invisible aún, sea quien sea había escogido el peor momento para incordiarlo.

Un par de astas enormes surgieron de la floresta, y luego otra y otra, en breve medio centenar de minotauros rodearon a los sobrevivientes de la fortaleza.

-Somos Uros de Grok’ Taur- dijo el mas grande e imponente de todos, que sobrepasaba en medio metro la altura de Bargho- Venimos a ayudar a los enanos… pero al parecer llegamos tarde-

Entre los astados, uno muy joven de color rojizo, pero con las crines de color negro azabache se adelantó un poco.

-Haga la gracia de acompañarnos señor-

Bargho lo miró a los ojos un par de segundos y entonces comprendió, toda la rabia que guardaba contenida se disipó de golpe y esbozó una triste sonrisa.

-Por favor, hágannos el honor de escoltarnos a la casa grande de todos los Uros, Manothir debe recibir noticias urgentes-

Bargho se dirigió con cierto orgullo hacia el humano y los recientes compañeros enanos mientras se acercaba a ellos el joven minotauro.

-Señores, les presento a mi hijo, Argos-



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Snarl avanzaba dificultosamente con su carga entre la floresta, maldiciendo a cada mal paso, a cada piedra que lo hacía tropezar, a pesar de su buena condición física cargar con aquel peso era demasiado para un schakal de su talla, mientras subía unas colinas al borde de una pequeña barranca donde mas abajo corría un río, se derrumbó sobre el suelo por un momento a descansar, tirando a Milä sobre el suelo como si fuera un costal de papas.

Había visto pasar por sobre su cabeza al gigantesco dragón y en breves vistazos sobre el hombro había constatado la destrucción que este causó en la fortaleza mientras el huía con aquello que todos anhelaban. Seguramente su corazón se hallaba en aquel instante rebosante de alegría, la figura de una sombra cubrió el sol de mediodía que hasta entonces alumbraba directamente a su rostro.

-Tienes que ser más cuidadoso con ella, maldito bastardo –Le dijo un hombre encapuchado de quien no le pudo distinguir el rostro pues le cegaba la aureola deslumbrante del sol detrás de su cabeza – Vale muchísimo mas que el sucio pellejo de un insignificante como tú, bien por tí que mi amo me haya ordenado estrictamente que no te matara gusano, que si no ya te estarías pudriendo en vida.

Snarl probablemente tenía unas ganas terribles de levantarse y despedazar a aquel impertinente, y seguramente ya lo habría intentando de no ser por que su cuerpo estaba absolutamente petrificado, no podía mover ni siquiera las pupilas de sus ojos, una mirada oculta en las sombras de la capucha lo mantenía pegado al suelo.

-También me ordenó que te diera un regalo- su tono ahora sonaba divertido, como el de alguien que está por hacer algo que le proporcionará una gran satisfacción, en su mano comenzó a arder un fuego brillante de color verde- No te preocupes, solo será el peor dolor que hayas sufrido o sufrirás en tu patética existencia...

La palma de su mano impactó de lleno sobre el corazón del schakal provocándole un sufrimiento atroz, semejante al de un millón de agujas al rojo vivo clavándose en cada centímetro de su piel e inyectándole ácido en las venas. Habría gritado hasta desgarrar sus cuerdas vocales, habría apretado los dientes hasta partirlos, habría convulsionado hasta el punto de romper sus propios huesos… pero Snarl seguía sin poder mover un solo músculo, ni siquiera pestañear.

Una marca maldita apareció sobre su pecho, la visión era ahora muy borrosa por que sus ojos estaban todos llenos de lágrimas, solo escuchó la voz del personaje de la capucha mientras su mente lentamente se desvanecía en la nada.

-Tienes el sello del demonio en tu corazón, en tu carne y en tu alma; nunca te podrás librar de él ya que haz enlazado tu destino con el del infierno, cada que lo abras recibirás el poder de los Grandes Dioses Astados y estarás un paso mas cerca de la esencia verdadera de las cosas, que se esconde en la oscuridad. Son cinco pasos hacia el poder, cinco pasos para ser uno con los Dioses-

Lo último que Snarl sintió fue el peso muerto de su cuerpo precipitándose hacia el vacío, no llegó a sentir conscientemente el golpe frío del agua.

Al atardecer del día siguiente despertó sobre la playa desierta del río muchos kilómetros mas abajo.

Maldito, irredimible y condenado.



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OFF-ROL: Bueh, es el final, ofrecí tres premios a los tres mejores participantes de esta partida, pero ya que solo quedamos nosotros decidí repartirlos entre los tres, Musashi recibe su kusarigama, yo mi escudo y Snarl, que a mi juicio fue el jugador que mas aportó a esta partida de entre los presentes, recibe esta habilidad que espero sea confirmada (o en su defecto le den algo similar) por los señores naranjas:

-Maldición del Génesis demoniaco: Una marca maldita impuesta por un servidor del Señor Demonio Arahones, esta contaminó permanentemente el alma del schakal convirtiéndolo en un potencial demonio.

Cada vez que esta marca se activa, el pelaje del schakal se vuelve de color negro azabache y sus ojos brillan con un verde brillante. El poder de este sello solamente puede utilizarse cuatro veces, a la quinta vez que se lo use el personaje se transformará definitivamente en un demonio (y por lo tanto, un PNJ) y a términos prácticos será equivalente a su muerte.

Grados de la maldición:

1er Uso

Todos los stats del PJ se incrementan en un 20% (exceptuando fuerza que ahumenta un 10%) durante un turno, sin embargo este se vuelve especialmente vulnerable a la magia divina de luz.

2do Uso

Todos los stats del PJ se incrementan en un 40% (exceptuando fuerza que ahumenta un 20%) durante dos turnos, sin embargo este se vuelve especialmente vulnerable a la magia divina de luz.

3er Uso

Todos los stats del PJ se incrementan en un 60% (exceptuando fuerza que ahumenta un 30%) durante 3 turnos, sin embargo este se vuelve especialmente vulnerable a la magia divina de luz.

4to Uso

Todos los stats del PJ se incrementan en un 80% (exceptuando fuerza que ahumenta un 40%) durante 4 turnos, sin embargo este se vuelve especialmente vulnerable a la magia divina de luz.

5to Uso

Todos los stats del PJ se incrementan en un 100% (exceptuando fuerza que ahumenta un 50%) y el PJ podrá ser controlado durante 5 turnos, al término de las cuales este pasará a ser un PNJ controlado únicamente por el master y su muerte a términos prácticos se dará una vez concluida la partida.

Agradezco enormemente su participación y también agradezco a todos aquellos que hayan leído la historia por su interés, pasaré la partida a la sección de revisiones para que nos asignen la experiencia y diamantes, si gustan pueden poner un epílogo personal, si no pueden dejarlo como está.

Los espero en la continuación: “La Montaña Oscura”.




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Bargho

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Re: El valle de la amargura

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