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Entre Monasterios y Lobos (SOLITARIA)

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Entre Monasterios y Lobos (SOLITARIA)

Mensaje por Eudes el Lun Jul 11, 2016 8:43 pm

Sepan ustedes, o escuchas, que no eran malas, o perversas, o degeneradas intenciones las que hacían mover mis piernas, en carrera por alcanzar a aquella singular mujer bestia. Sin temor a mentir afirmo, que nada mas que mi instinto de noble caballero, y el irrompible codigo que sobre mis hombros pesa, fue lo que impulsome a intentar compensar el daño, que aunque yo personalmente nunca entendí, había traído sobre la mujer felina.

Corría presto entre las cordilleras de esta tierra, viendo a la dama delante de mí, gritando improperios contra su servidor tan solo porque este quería compensar sus malas acciones. Nunca imaginé que, en aquel monstruoso pero a la vez bello semblante, se ocultase tal colección de vulgaridades tan resaltantes en contraposición a su clara naturaleza de dama.

-¡Por favor mi señora!- Gritaba, intentando apresurar lo mas posible el paso, hasta donde el peso de mi acero me permitía- ¡No huya de las dichas que traigo!.

-¡Aléjese de mi, loco, que la he dicho que no quiero nada!- Me respondía, haciendo uso de sus notables destrezas animales para adentrarse en las espesuras, y ocultarse en las salientes rocosas.

Si hubiesen visto ustedes como corría yo aquel día, dando pasos apresurados por doquier, resbalando en el barro, intentando esquivar las rocas y abriendo los brazos para hacer equilibrio en las mas pronunciadas pendientes. Sobre mi cabeza, aunque la frondosidad se hacia notar, pequeños y odiosos rayos solares habían empezado a calentar lenta pero decididamente mi armadura, ¡Y que calor empezaba a hacer! Como hubiese deseado estar en las partes mas altas, donde la nieve traía frescura, y poco tenía que importarme el sol impenitente.

Solo me veía guiado en mi carrera, por las descuidadas huellas que la dama dejaba tras de sí, por esas ocasionales marcas de garras en los robles, y el siempre presente susurro de la espesura, que se movía locamente ante el apurado paso que esta llevaba. Tenía ganas de rendirme, de dejarla correr, pero no, no me iba a dar por vencido, ningún caballero noble, valiente y decidido se hubiese dado por vencido ante aquella circunstancia; yo seguiría hasta el fin de la tierra aquella persecución, con tal que pudiese saldar la deuda que había adquirido con la joven por haberla ofendido.

Y entonces, impulsado yo por mi decisión, al fin logré divisarla mas cerca, deteniéndose, creo, por el agotamiento que el uso de el máximo potencial traía consigo.

-Al fin señora mía- Dije, también bajando un poco el paso- Por favor deje esta carrera y acepte mi compensación.

Entonces ella, ya detenida en seco, volteose con el ímpetu de una bestia, no, de un tornado, y mirándome, me hizo tragar saliva apenas posé mis ojos en el rostro. Pero que cosa tan horrible, tan desencajada, tan deformada por la furia aunque antes había sido bella. Toda la suavidad había desaparecido para dar paso a furiosas arrugas, surgidas en aquel mismo instante por el cólera de mi terquedad, y aquellos dientes, uf, esos dientes, que amenazaban mas que mil leones, y me hacían dudar de querer acercarme más.

-No se enoje, por favor, solo entienda que es mi deber hacer esto.

-Usted me ha llevado al límite- Gritó, con un resonar que hizo a la aves aledañas salir disparadas hacia los cielos-¡Cada noche, cada día, cada tarde persiguiéndome, cada momento sin dejarme dormir por esa locura que llama deber! Estos tres meses han sido un infierno por su culpa, asi que si no desiste ahora, le mataré y entregaré su cabeza a los carroñeros.

-Pero mi señora, solo quiero el bien, y como caballero, no puedo permitirme dejar una deuda-

-¡YA BASTA!- Rugió, sin dejarme terminar aquella frase, y procediendo a correr hacia mi con toda la furia de un monstruoso dragón.

Como corría aquella mujer, feroz criatura, haciendo volar la tierra tras de si, haciendo temblar el suelo por su altura, trayendo desgracia a las colonias de hormigas bajo sus pies. Su rostro, ahora transformado en el de un verdadero demonio, me miraba fijo y colérico, sin dejar lugar a dudas el destino que me aguardaba en cazo de no defenderme. Si, lo admito tuve miedo, y por ese miedo levanté mi mandoble, la estiré, la puse entre ella y yo, esperando el impacto, esperando que aquello pudiera resolverse sin derramar sangre; ¿Que sería de mi si derramara la sangre de aquel a quien e ofendido? No, tendría que tocar mas veces el suelo antes de dormir, requeriría penitencia. No, solo la calmaría, la golpearía un poco pero la calmaría.

Estaba listo, preparado para el monstruoso impacto, como aquel que encara la muerte, pero entonces, entonces, ella, ella.....ella se detuvo....

El viento voló hacia delante, y pude sentir el golpe que el repentino parar de su carrera provocó en el aire. ¿Que había sucedido? ¿Acaso había entendido por fin mis razones? Simplemente no me explicaba, pero aún así, el alivio hizo a correr por mis venas.

-¿Escuchas eso?-Preguntó, sin rastro de la ira pasada, solo algo de temor.

Y entonces yo también escuche, como rugidos provenientes de la mayor espesura, que nos acechaban y rodeaban, cazando y midiéndonos. Voltee hacia los árboles, y mis ojos observaron el ejercito de ojos rojos que amenazaban...

Lobos...correr o luchar...
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Re: Entre Monasterios y Lobos (SOLITARIA)

Mensaje por Eudes el Jue Jul 14, 2016 9:36 pm

-Míra lo que has causado insensato- Comentó- Tus gritos han atraído a estos perros

-Este tranquila dama- Respondí, mientras volvía, con velocidad de rayo, a levantar mi sacra espada- Estas bestias no quebrantaran ni uno de vuestros huesos.


Entonces ella río, río como el que se burla, río como aquel que se da cuenta de la vanidad de la vida, río como el malvado que se ría de la nobleza.

-Por mí no me preocupo tonto. Mas bien, siento lástima por ti.

Y prontamente se agachó, a tal altura, que parecíame a mi iba a colocarse sobre sus cuatro extremidades y a salir corriendo como un feroz felino rey de la selva. Pero no, no, tan solo tomaba impulso, porque en un abrir y cerra de ojos, la dama de mi carrera despegó todo su cuerpo del suelo, como bien parecía un león, y voló de tal impresionante forma, con tal contorsión corporal, con tal altura, que sin problema o asunto mayor que el impresionante movimiento, terminó por caer lejos de las bestias y mi persona.

-¡Espero lo peor para ti, mi buen perseguidor!- Gritó, mientras se alejaba de mi posición en cuestión de segundos.

Y abandoneme ella aquí, en medio del peligro, rodeado de fieras criaturas que anhelaban el sabor de mi carne. He de admitir que era algo que no me tomo por sorpresa, puesto que la dama bestia ya había manifestado desagrado por mi presencia; de hecho, sintiome yo mejor por aquello, ya que así no habría humillación ni incomodidad entre mis futuros círculos, al enterarse que este su servidor se vio ayudado de una damisela, o que esta tuvo que verse involucrada para salvar al débil caballero.

Consolado por esto, volví a fijar mis ojos en la compañía de lobos, que ya con mas confianza, empezaron a emerger de la espesura como figuras fantasmales, bastante claros de pelo, con dientes similares a diamantes y ojos rojos como sangre. Gruían y de vez en cuando ladraban, babeando por mi carne, esperando un descuido de mi parte.

No esperé, no, yo me lance hacia los mas cercanos con toda la velocidad de la cual disponía, moviendo rápidamente mi sacra arma, y esperando clavar el sacro acero en sus feroces carnes. Y ellos no se hicieron esperar, ya que apenas me vi envuelto en aquella espesura, sentí en el metal el intento de decenas de dientes de atravesarlo. ¡Ja!, criaturas tontas, mi hierro era invencible, así que, presto, moví mi cabeza de tal forma que mi visor me permitiera observarlos, y una vez ubicados lancé un estoque que atravesó a uno en la espalda.

Los demás no se vieron ni conmovidos ni aterrados por la grave herida de su compañero, no, en cambio acentuaron sus intentos por herirme, mordiendo con mas fuerza el hierro, saltando hacia mi pecho en vanos intentos de hacerme caer. He de admitir, me vi en algunos momentos abrumado por tal asalto, y ante la limitada visibilidad que daba mi yelmo, era en extremo dificultoso asestar golpe alguno a las criaturas.

Pero no me rendiría, así que, en un acto que podría interpretarse como cobardía, corrí yo fuera de la aglomeración de bestias, atravesando los arbustos, intentado tomar aire para reiniciar mi asalto hacia las bestias. Ante esto, fue mayor mi sorpresa cuando noté que algo me había llevado entre los pies en la carrera, algo blando, flexible, que se contorsionaba violentamente con mis pasos. Pero no le dí importancia entonces, pues me veía sumido en el calor de aquel combate. Tuvo entonces que llamar la cosa, para que yo pudiese darme cuenta de aquello que entre mis pies intentaba escapar.

-¡Oye!- Dijo una voz notablemente molesta- ¿Que acaso quieres matarme?.
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Re: Entre Monasterios y Lobos (SOLITARIA)

Mensaje por Eudes el Sáb Jul 30, 2016 8:24 pm

Dándome por eludido, miré a aquello entre mis inquietas piernas, y e aquí, sacudido por mi carrera, un pequeño infraser de constitución fibrosa se aferraba con especial fuerza a mi pierna derecha, evitando así las contorsiones y doblases peligrosos que el tropezar conmigo había provocado. Aunque no le podía ver demasiado bien por los rápidos movimiento de mis piermas, parecíame antropomorfo de dimensiones pequeñas, peludo tanto como un animal.

-¿Como habéis llegado allí, pequeño amigo?- Pregunté, mientras de golpe me detenía.

Entonces él, sin dignarse o eludirse por mi pregunta, emprendió caminata rápida hacia la espesura nuevamente, dirigiéndose hacía pequeños arbustos de moras, que aglomerados, ofrecían escondite para su menuda figura. En este trayecto, observe yo que no era pelo aquello que rodeaba su entero cuerpo, si no, en cambio, espesos y gruesos mantos de piel, chaquetas, ropa en general, que envolvíanle como si este encontrase frío en estas regiones bajas de las montañas.

Apenas hubo encontrado refugio entre las hiervas, la misma voz molesta, algo aguda y profundamente indignada, gritó desde la espesura:

-Ya, perros, terminen con este loco.

Y entonces, en grupo no pequeño, aquella jauría de besias feroces diose por entendida a la orden de su amo, así que, en carrera no corta, rodeome otra vez la manda, y yo, harto, levante nueva mente mi mandoble.

-Si es que vos controláis a estas feroces bestias- Dije. gritando hacia el refugio improvisado del enano- Os ordeno yo que vosotros pongáis a vuestra merced su voluntad y hagáis que se alejen de mi, porque si es que tenéis algún problema, resolvedlo personalmente. Si no hacéis caso a mi proposición, iré yo a vuestro escondite luego de dar muerte a vuestros perros, y os juzgaré por este ataque.


Pero no hubo respuesta alguna, y yo, cumpliendo la fiel amenaza que ya había puesto en atención, lanzome nuevamente hacia el lobo mas cercano, con mi espada en alto.

Pero aquella bestia, astuta, esquivome rápidamente, poniéndose a un costado de mi cuerpo, mientras yo, llevado por la gravedad, terminaba de bajar mi arma mucho mas adelante. Ya detrás mía, esta brincó sobre mi armadura, impulsándose con sus garras en las uniones de las placas de acero, e intentando alcanzar con sus fauces el yelmo. Pero no logrando esto, mordió y quedo sujetada de la pequeña saliente metálica de la pieza protectora del cuello, provocando cierto impulso hacia atrás que amenazaba con derribarme.

Las demás bestias se vieron inspiradas y me rodearon nuevamente. Yo, amenazado por su merced, a medida de espanto empezé a ondear mi arma de un lado a otro, cortando el viento y dejándola balancearse horizontalmente en el aire como un péndulo, mientras, en vano, me sacudía tanto voluntaria como involuntaria mente, tratando de sacar al lobo de mi espalda.

Entonces me harté, y resolviendo una movida peligrosa, impulsome como pude hacia la izquierda, al encuentro del escondite del enano. Con rapidéz y tambaleante, levanté mi espada por segunda vez, y dejándome en parte llevar por la gravedad, corrí arbusto el arbusto de moras.

-Salid ahora y rendiros, si es que queréis vivir- Dije, mientras me acercaba a velocidad notable.

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Re: Entre Monasterios y Lobos (SOLITARIA)

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