Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» Los Que Se Niegan a Dormir [Campaña]
por Gar'Shur Hoy a las 5:23 am

» Atravesando Valashia
por Balka Ayer a las 10:00 pm

» El amor... ¿perdido? ¿O reencontrado? [Isla de Sade] (priv. Atlas y Axis)
por Atlas y Axis Vie Jun 22, 2018 9:33 pm

» Kenzo Sagreth
por Bizcocho Vie Jun 22, 2018 11:29 am

» Reencuentro: El amor de una madre [Privado Niris y Janna]
por Niris Vie Jun 22, 2018 9:41 am

» ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)
por Vanidad Jue Jun 21, 2018 8:49 pm

» Hyaku Monogatari
por Huli Miér Jun 20, 2018 7:16 pm

» De criminal a criminal [Privada]
por Bony Sandokan Miér Jun 20, 2018 5:35 am

» Sistema de corrección de partidas por pares
por Strindgaard Mar Jun 19, 2018 3:55 am

» Historias de un Enano [Cronología de Varen]
por Varen Tethras Lun Jun 18, 2018 2:32 am




Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth
Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth

Las afiliaciones hermanas se hacen por invitacion de nuestros administradores hacia otros Admins de los foros que decidamos, o por invitaciones de ellos hacia nosotros, sin embargo nos reservamos el derecho de admision de estas mismas pues seran solo una limitada cantidad y minima. Para mayor informacion acuda a la sección de Afiliaciones


Un Demonio en la Cresta de la Ola [Privada]

Página 1 de 2. 1, 2  Siguiente

Ir abajo

Un Demonio en la Cresta de la Ola [Privada]

Mensaje por Strindgaard el Mar Jul 26, 2016 12:05 am

Mis pensamientos desvariaban como el barco sobre el mar, la vela henchida restallaba mi nombre, y las gaviotas chillaban insultos en su lengua. El frío y la humedad de la bruma de la mañana me acariciaban como una madre a su hijo. Estaba sudado, cansado y medio borracho, con un extraño sentimiento atravesado en el pecho, como una lanza de aire e ira, tenía ganas de gritar, lanzar mi cabeza lejos, hundirla en el mar.

Me asomé por el borde de la baranda en la popa para ver alejarse Nanda de mí, algo melancólico, como si realmente fuera a extrañar aquel sitio. A mi espalda podía oír los gritos del capitán junto con los movimientos de los marineros, recogiendo cuerdas, limpiando la cubierta, martilleando, caminando, escupiendo, pensé en el espectáculo insulso que les ofrecía en la baranda, como la novia que ve partir a su marinero de pie en la última tabla del puerto. «Debo verme de lo más penoso, casi cómico.» Sonreí para mis adentros, vaya demonio había resultado ser. Vaya camino había comenzado a andar.

Llené mis pulmones con el salobre aire del mar y miré hacia la dirección contraria, era momento de pensar en el futuro. Aún era joven y lleno de vida, no valía la pena dejarme arrastrar por todo lo que había sucedido, a fin de cuentas, estaba vivo y con mucho tiempo para enderezar las cosas, aún tenía tiempo para escribir, aprender y quizá hasta convertirme en un buen demonio, uno que rajara toda esa realidad y abriera un nuevo hueco en el espacio para dejar entrar a mis hermanos. Ser demonio es una tarea bastante solitaria. Además, el barco era una hermosa pieza de arquitectura, debía disfrutarla, tablones de madera oscura, quizá abeto, o roble. Mástiles altos como torres veteadas y velas blancas y pulcras que parecían alas de un dragón de plata. «Donde quiera que me lleve este barco de letras doradas, será un mejor sitio que Nanda», me dije, y mastiqué todos mis malos pensamientos, esperando que mi suerte cambiase.

Una pequeña sonrisa asomó tras las nubes de mi espantoso estado de ánimo, a sabiendas de que algo estaba roto en mi interior, «Al menos tengo la valentía de dejar todo atrás. Dispuesto a comenzar de nuevo, como un niño esperanzado, atado a mis demonios, a mis temores y lleno del vacío que dejó mi fuga
Temía que en mi nuevo destino me esperase algo parecido al primero, pero el alcohol espantaría todo indicio de duda.

Me saqué el morral de la espalda y busqué una de las dos botellas de vino blanco que me acompañaban, hundí la mano y roce con el dorso su calavera. Su tacto liso y suave me confirmó que todo había sido real, sentí un escalofrío en la espalda, como si una rata me hubiera escalado por la espina dorsal. Necesitaba esa botella.
¿Estás bien muchacho? —me giré, a unos metros, en la escalera el teniente me observaba preocupado.
Sí, estoy bien —respondí esquivo—. ¿Se puede beber acá en cubierta? —del morral surgió la botella como un recién nacido. El rubio me miró alzando una ceja.
Es muy temprano, y eres muy joven para beber a esta hora —se cruzó de brazos y puso una mirada calculadora—. ¿Qué te pasó? ¿Problemas del corazón?
Encogí los hombros, mi rostro humano era tan delator como cualquier otro.
Algo así.
Amigo, eres muy joven para sufrir por amor —se acercó con una sonrisa jovial y puso su mano sobre mi hombro—. Déjales eso a los viejos y a los poetas. Lo que tú necesitas no es ahogarte en vino, sino un buen trago de ron y la sonrisa tierna de una muchacha.
Puse el vino donde estaba, la bebida gratis era algo que no podía negar.
Mi nombre es Santiago. Pero llámame Santi.


Última edición por Strindgaard el Vie Ago 26, 2016 5:15 pm, editado 2 veces





avatar
Strindgaard

Mensajes : 638
Edad : 29
Link a Ficha y Cronología : Strindgaard
No todo el que anda errante está perdido


Nivel : 6
Experiencia : 2281 /3000

Volver arriba Ir abajo

Re: Un Demonio en la Cresta de la Ola [Privada]

Mensaje por Taliesin el Mar Jul 26, 2016 4:20 am

El pequeño ladronzuelo perdió el aliento cuando se encontró con la reina. Las lunas asomaban sus rostros por los ventanales cargados de cortinas de rica seda, atravesando con sus oblicuos rayos el gran salón penumbroso. El silencio era denso como una manta gruesa entre las paredes, el que tan solo era roto por los mordiscos del fuego sobre la madera dentro de la chimenea. El corazón exaltado del roedor se podía oír como un diminuto tambor de batalla, allí, clavado a los pies de un piano, no era más que una motita de polvo sobre la basta alfombra, pero ella posó su mirada sobre él a la distancia, con la misma facilidad que el búho encuentra su presa en medio de la oscuridad de la noche.
La reina se levantó del mullido sillón donde descansaba y se alejó del amparo de las llamas para acercarse con cautela.
¿Quién anda ahí? —preguntó a la distancia, curiosa.
Taliesin estaba quieto como una roca, envuelto en miedo, con su ratonil mano instintivamente pegada al florete y dispuesto a usarlo. Sabía que nadie más habitaba el palacio, pero su mente estaba siendo alimentada por el terror, y la reina, con la luz de la chimenea en su espalda y el rostro envuelto en sombras, a ojos del pequeño ratón, era una informe bestia de cabeza puntiaguda.

Pegó su espalda a la pata del piano a medida que ella se acercaba, sudando frío, dispuesto a correr y desechar toda su misión, pero cuando Ozma atravesó la lluvia de luz que proyectaban los ventanales, vio su rostro y su silueta enfundada en un vestido níveo de encajes perlados que brillaban con el resplandor de las lunas y se maravilló ante tal imagen. No cabía duda, era la reina. Seguramente hubiera caído de rodillas, de no haberlas tenido entumecidas.
Ella lo miró entre extrañada y divertida, ladeó su grácil cabeza y dijo con una ligera sonrisa.
Pero qué vistoso ratoncillo.
Talie se relajó, «Nunca hubiera imaginado que la reina fuese tan bonita —pensó—, y que hermosa voz tiene, es como caminar entre los lirios una mañana de primavera.» El miedo fue remitiendo, de pronto se sentía plácido, su corazón dejó de martillear y se comenzó a beber la belleza de la reina.
Ozma se agachó frente a él, su sonrisa era radiante, tomó al roedor entre sus manos y lo alzó.
Vaya, qué elegante. Y tienes hasta una diminuta guitarra en tu espalda —dijo jocosa—. ¿Tienes nombre pequeño bardo?

Talie se sonrojó, estaba eclipsado por su aura. Se tardó unos segundos en responder, antes de que su mente, en algún sitio profundo sonsacara la voz, para gritarle que estaba en aprietos. «¡La mismísima reina me ha descubierto infiltrado en el impenetrable Palacio! —se dijo perplejo—. Mi suerte está echada, mi amo estará decepcionado
¿No sabes hablar? —La voz de la reina le seguía sonando maravillosa, pero su halo de magia se había disipado lo suficiente para que el pequeño pudiera pensar claro. «Pero la reina es tan amable, no parece preocupada o molesta. ¿Qué hará conmigo?»—. ¿Has venido a hacerme compañía, a cantarme una canción?

Los ojos de la reina tenían brillo propio en medio del oscuro salón, Talie asintió sin quitar la vista de ellos, pensando en la sonrisa de ella, que se acrecentaba expectante, cuando el pequeño bardo colocó su guitarra entre los dedos.

Una musica tenue y tímida comenzó a surgir de la guitarra, la cual fue adquiriendo cuerpo con el pasar de los segundos, espantando el silencio del salón hasta los rincones, llevándose la oscuridad con un barrido de notas.
La reina giraba feliz sobre la alfombra, Talie se contagiaba de su felicidad y sonreía junto con ella. Ambos bailaron al rededor del salón, cerca de la chimenea y bajo la luz de las lunas.

Hace mucho tiempo que no oía música —dijo ella para cuando la canción terminó. Tenía las mejillas sonrosadas por los giros y el baile—. ¿Tocarás otra más?
Talie volvió a asentir, llevó las manos a las cuerdas y comenzó, esta vez fue una canción lenta y triste, que hizo que la reina agachara la cabeza y se escondiera en su sillón. Se acurrucó con las manos estiradas, viendo al pequeño bardo pulsar las cuerdas. La música le hizo recordar su soledad, el fuego crepitaba pero apenas y contenían las sombras.

Ella miró al ratón cuando la segunda canción terminó.
¿Tocarás una tercera? —Él sonrió—. ¿Y una cuarta y una quinta? ¿Tocarás para mi todas las noches cuando me sienta triste? ¿Has venido a hacerle compañía a tu solitaria reina, pequeño? 

Talie miró a su reina con tristeza. «No sabía que tuviera un alma solitaria. Es una pena que tenga que vivir aquí encerrada. ¿Qué sería de mí si me quedo a acompañarla? —por un momento esbozó aquella idea en su cabeza, se imaginó tocando para ella, él, el minio roedor que había vagado tanto tiempo por todo Esmeralda terminaba al fin en el Palacio, haciendo música para la mismísima reina. Le gustó aquella imagen, pero se le vino inmediatamente después la de su amo, quien lo había rescatado de ese camino, le había tratado como nadie y le había dado un propósito—. Mi amo confía en mí. Debo recordar mi misión

El pequeño comenzó a tocar, la reina se comenzó a relajar, sus manos dejaron de sostener al pequeño, el sopor cayó sobre los párpados de Ozma. Talie dejó que el letargo la consumiera y a pesar de que se había quedado dormida luego de los primeros minutos, tocó la canción completa. Sonrió al verla, estaba en el mismo sitio donde la encontró, plácida y tranquila. «Cuando despierte pensará que todo fue un sueño. Un loco sueño de ratones y guitarras




La sabiduría máxima es tener sueños lo bastante grandes para que no se pierdan de vista mientras se siguen.
avatar
Taliesin

Mensajes : 20
Link a Ficha y Cronología : Taliesin

Nivel : 2
Experiencia : 200 / 1000

Volver arriba Ir abajo

Re: Un Demonio en la Cresta de la Ola [Privada]

Mensaje por Strindgaard el Mar Jul 26, 2016 7:55 am

Santi me llevó al comedor, un amplio sitio bajando la escalera de cubierta, donde el olor de la brea, el humo, la sal y lo que hubiera en la olla se congracian para crear un perfume que te golpeaba apenas atraviesas la puerta. Las mesas se encontraban desperdigadas aquí y allá sin un orden aparente, todo muy acogedor, lámparas colgando en los pilares, el cocinero estaba en ese momento girando su cucharon en la olla, un tipo alto de mandíbula de piedra, y una muchacha de bonita sonrisa barría las tablas. A esa hora había sólo dos hombres sentados, compartiendo una alta jarra de cerveza, el teniente me los presentó, Mumrik era uno y Sloat el otro, un mago y una pícaro de cincuenta centímetros con un parche en el ojo, a primera vista me pareció que era una mangosta o un hurón, no le quise preguntar.

Santi trajo una polvorosa botella de ron y un par de vasos de la cocina y me invitó a la mesa. Mumrik fue el primero en disparar, fumaba de una pipa vieja que parecía hecha de piedra y bebía el ron con pequeños sorbos
¿Qué edad tienes muchacho?
Veinte años —No podía echarme muchos años más, pero no quería parecer un crío imberbe.
¡Veinte años! —Sloat era más sombrío, vacío de un golpe su vaso y siguió limpiando sus uñas con una daga—. Yo a esa edad ya había amado a tantas mujeres que una más o una menos ya me daba igual —Clavó su daga en la mesa—. Este es el secreto muchacho: nunca te enamores.
¡No dañes la mesa! Y que mal consejo le das al muchacho. El amor es complicado, y perder un amor es difícil, pero eres joven, no te costará conseguir otro. Lo que daría yo por tener la jovialidad de los veinte.
Mumrik me miraba con los ojos entrecerrados, le dio un sorbo al vaso y habló.
Todos debemos aprender que es lo que perder, es necesario para estar preparado la siguiente vez. Porque tarde o temprano todo se pierde: el gato, la mujer, el trabajo, las botas, la cama, las paredes, la habitación; todas nuestras pequeñas necesidades, incluyendo el amor. Todo en la vida está posado en cimientos de arena. Y cualquier causa que se dé, sin importar su falta de relación: la muerte de un chico en Taimoshi, o una ventisca en Esmeralda, puede servir para crear la ruina.

Mumrik soltó humo por la nariz el cual tomó la forma indistinguible de un barco que se fue flotando hasta el techo y desapareció.
Pues así como lo pones tienes razón. A fin de cuentas eres un mago, algo debes saber.
La charla prosiguió, recibí uno que otro consejo más hasta que el ron quedó hasta la mitad. Santi me dejó la botella y regresó a sus quehaceres, Sloat se deslizó cual pícaro era y ni noté cuando de pronto estaba solo con Mumrik. El mago aún no terminaba su vaso, y me pareció educado quedarme ahí hasta que lo terminase. El barco, por iniciativa propia o por efecto del alcohol, se mecía como una cuna, y mi cansado cuerpo lo seguía, miré el cuero en la frente del mago y me pregunté cómo rayos le pasó aquello.
Tienes una capa muy interesante —La espalda me quedó tiesa, traté de ocultar mi sorpresa con un asentimiento—. ¿A qué te dedicas?
Soy aprendiz... Aún no sé de qué.
¿Te gustaría saber cómo obtuve este cuerno?
Quizá en otro momento, estoy muy borracho —me puse de pie con un ligero trastabillar.
Fue una maldición, una bruja, no nos llevábamos muy bien —se encogió de hombros—. Una historia interesante. Quizá te la cuente otro día. Será un poco más de una semana a Puerto Esmeralda

Salí del comedor lo más tranquilo posible, y escondí mi cansado cuerpo tras la puerta de mi camarote, había sido una suerte el haber hallado pasaje en aquel barco, ¿verdad? era el único que estaba a punto de zarpar, pero en ese momento no me sentía tan suertudo como antes, ¿me han descubierto nuevamente? ¿Qué mierda haría ahora? Pensé seriamente en lanzarme por la cubierta. «Aunque, quizá solo quería hacerme un cumplido por la capa y nada más.»
Me sentía confuso, lancé mi cuerpo en la enjuta cama de mi enjuto camarote, que tenía toda la pinta de haber sido una pequeña celda en otrora, y traté de dormir. Pero al cerrar los ojos veía fuego y sombras, fantasmas de manos pálidas y labios helados que me besaban el cuello. Me senté, bebí un poco más a pesar que mi estómago me regañaba, necesitaba espantar esas ánimas penantes. Necesitaba dormir para aclarar mis ideas. El vómito atentaba con salir, ya no podía soportar el sabor de la bilis.





avatar
Strindgaard

Mensajes : 638
Edad : 29
Link a Ficha y Cronología : Strindgaard
No todo el que anda errante está perdido


Nivel : 6
Experiencia : 2281 /3000

Volver arriba Ir abajo

Re: Un Demonio en la Cresta de la Ola [Privada]

Mensaje por Taliesin el Jue Jul 28, 2016 5:49 pm

El sol esparcía sus lanzas doradas por el cielo de Ciudad Esmeralda, atravesando unas cuantas nubes que como manchas de leche adornaban solitarias el amanecer. Las puertas del Palacio aún permanecían cerradas, pero eso no fue problema para el diminuto bardo, que pasó por debajo de ellas con facilidad. El roedor había pasado toda la noche recorriendo los oscuros pasillos del hogar de la reina Ozma, valiéndose de su gran memoria para recordar cada salón, sala y habitación. No se podía dar el lujo de anotar nada, pues si era capturado conocerían sus intenciones.

Sus orejas se movían captando los sonidos de la mañana, en busca del cantar de algún ave de caza, los pasos de algún hombre (aunque sabía que nadie más que Ozma recorría el interior de las murallas del Palacio Esmeralda), o el sigiloso paso de un gato, no se podía permitir ser capturado por nadie, mucho menos estando ya casi finalizada su misión.
Usando su furtivo movimiento de ratón, corrió por los siempre verdes jardines, entre setos y árboles frutales, recorriendo como una pequeña flecha evitando las fuentes el paseo empedrado. Había memorizado el camino, y pronto llegó al frondoso abedul donde su milano rojo lo esperaba. Escaló sin problema asustando a Viima cuando apareció subiendo por el tronco, acarició a su montura en la cabeza, no había nadie en el jardín más que ellos, era el momento perfecto para huir.

El viaje de vuelta le supo mucho mejor que el de ida, el miedo se había diluido, estaba feliz de haber hecho todo perfecto, incluso había hablado con la reina y la había engañado. «La voz de la reina. Su hermoso rostro. Todo eso fue casi mágico —Ni siquiera se sentía con sueño luego de haber pasado la noche entera despierto—. Ha de ser por la adrenalina seguro.»
Cuando llegó a su habitación, en la mansión de su amo, comenzó rápidamente con tinta y un grueso y ancho pergamino de cuero a trazar el mapa. No era la primera vez que realizaba uno, contaba con todos las herramientas en su mesa de trabajo para hacer un mapa a escala. Usando regla y compás, iba recitando la canción que usó para recordar los sitios, con sus diámetros, «"todo es más fácil de recordar con música"», eso le había dicho su maestro y tenía mucha razón.

Ha sido una cena estupenda, Geowyn. Y la música... Deberías dejar que tu bardo toque algún día en una de mis fiestas.
Taliesin digitaba las cuerdas con precisión y soltura, como si acariciara a una mujer, era perfecto. Su rostro imperturbable no reflejó su felicidad al saber que hacía bien su trabajo. Su amo le sonrió.
Lo siento, es mi mejor bardo y no deseo que se haga muy conocido. Luego tendría a todo Esmeralda tocando a mi puerta, pidiendo oír su música.
Ambos hombres rieron, una risa falsa y bien ejecutada. Los dos se conocían de hace tiempo, o eso le parecía al pequeño bardo, que no dejaba de tocar sobre una plataforma de piedra, un pequeño anfiteatro que hacía que su música sonara hacia toda la gran sala. Sus oídos captaban toda la conversación, había estado ahí en todas las reuniones importantes de Geowyn, sabía que tramaba algo importante, y que él era una pieza primordial, él, el pequeño que siempre fue relegado y olvidado, ahora era alguien importante y útil. Todo gracias a su amo.

La cena había terminado, aunque había sobrado bastante comida. Talie se preguntó si podría dar algunos bocados del pato asado o del paté de jabalí, pero en vez de pensar en comida se concentró en seguir tocando, no le quedaban más de dos canciones por tocar antes de que todo terminase, los hombres se felicitarían entre ellos y beberían algo de brandy, se fumaran un puro y el invitado de su amo se retiraría. Era la tercera vez que estaba allí, y las ocasiones anteriores siempre obtenía algo de información de los avances de su amo. Algo le decía que aquel hombre era más que un socio, pues su amo no compartía esa información con nadie más que él.
Tus cocineros nunca desentonan, mi amigo. Fue una excelente comida.
Muchas gracias. Ahora solo falta el brandy. Ven, vamos a mi sala, bebamos allá, y te podré mostrar mis avances.
Oh, por supuesto.
El roedor miró al invitado de su amo sonreír por lo bajo al ponerse de pie, apenas sonaron las sillas los sirvientes aparecieron para retirar los platos y la comida sobrante, su música seguía sonando.
Taliesin, tienes el resto del día libre —Sus dedos se alejaron de las cuerdas de inmediato. Hizo una reverencia y vio como ambos hombres se retiraban, seguidos por un sirviente con una bandeja de plata con la botella y los vasos.

Aquello había sido todo, cruzó su guitarra en su espalda y bajó de la plataforma usando las diminutas escaleras dispuestas en el pilar de mármol. Corrió sin hacer más ruido que un suspiro por la alfombra y el pasillo, llegó hasta la ventilación y se escabulló hasta la rejilla de la sala de su maestro, ansioso por oír las adulaciones por el buen trabajo que había hecho con el mapa.




La sabiduría máxima es tener sueños lo bastante grandes para que no se pierdan de vista mientras se siguen.
avatar
Taliesin

Mensajes : 20
Link a Ficha y Cronología : Taliesin

Nivel : 2
Experiencia : 200 / 1000

Volver arriba Ir abajo

Re: Un Demonio en la Cresta de la Ola [Privada]

Mensaje por Strindgaard el Vie Jul 29, 2016 2:18 am

El tiempo me era un estorbo, tenía demasiado y no había nada con qué llenarlo. No quería escribir y ni siquiera mirar la tapa de los libros de mi madre, que me recordaban demasiado su rostro y su cuerpo, ¿cuántas veces sus pequeñas manos los habrán sostenido?. Lancé mi morral bajo la cama del minúsculo camarote y me salí a enfriar el culo a cubierta.
Fuera el viento cabalgaba fuerte y parecía traer un beso invernal directo de algún infierno congelado. El sol era un medallón de oro que apenas y calentaba, su luz caía en vertical sobre mí, el mar parecía brillar verde y azul al refractar la luz, y más abajo, un banco de peces plateados se deslizaba como una bandera.

Caminé hasta la baranda de estribor para ver como las aves marinas volaban bajo al lado nuestro, en un espectáculo de coordinación y precisión, sus flacos cuerpos batían las alas manteniendo una formación circular, como un pequeño tornado. Cada una mirando más abajo de las olas, fijando su presa, luego subían, cerraban las alas y caían como una lanza blanca al mar para luego surgir entre la espuma con un pez en la boca. Desde las cuerdas cayó la pequeña elfa con una sonrisa.
¿Te gusta? El mar está hermoso hoy —le di una corta mirada y un asentimiento, había hablado con ella el día anterior, su nombre era Stella, una chica vivaz y habladora. Su jovial rostro me recordaba otros que necesitaba olvidar. Se apoyó a mi lado en la baranda y miramos juntos a las aves—. Te perdiste el desayuno. ¿Tienes hambre?
No quiero incomodar a nadie. Ya comeré algo al almuerzo.
No se diga más. Kerem no dirá nada por un poco de café —sus orejas puntiagudas sobresalían de entre su cabello plateado. Sonrió con confianza y camino a la escalera—. No si yo se lo pido.
No hace falta. No será la primera vez que no desayuno.
Espera aquí.

A unos metros de distancia se podía oír el martillear de las tablas, me acerqué para mirar y me encontré con dos grumetes arreglando las compuertas de la apertura a la bodega. Lo estaban haciendo pésimo, nada cuadraba. Pero no era su culpa de que no cupiera, se podía notar desde lejos que los ángulos no eran los correctos. Oí unos pasos tras de mí.
Esa puerta nunca va a entrar ahí.
Lo sé —era la voz del mago. Llevaba huyendo de él desde que mencionó lo de mi capa en el comedor—. Pero no tenemos albañil.
Stella apareció a su lado trayendo un huevo pasado por agua y café.
Gracias —le dije, perdiendo mi oportunidad de huir con la excusa de ir a buscarla—. ¿Y qué le sucedió al que tenían? —El huevo me supo a gloria, el café estaba bien. Habíamos dejado atrás a las aves, ya no faltaban más de tres días para llegar a Esmeralda.
Renunció, dijo que pagaban muy poco para el trabajo que hacía.
Es todo un problema viajar sin albañil, pero no hemos encontrado ninguno.
Yo podría ayudar —Así podría mantenerme ocupado.
¿Eres albañil?
No. Pero creo que podría enderezar esa compuerta.
Stella sonrió como una niña.
Creo que hay un par de herramientas algo oxidadas en la bodega. Le avisaré a Santi.
Miré el horizonte donde el mar se unía al cielo y traté de sentirme mejor, pero el mago me ponía algo nervioso. Bebí un poco más de café, no hubiera estado mal con un chorrito de whisky.


Última edición por Strindgaard el Mar Ago 09, 2016 4:50 pm, editado 1 vez





avatar
Strindgaard

Mensajes : 638
Edad : 29
Link a Ficha y Cronología : Strindgaard
No todo el que anda errante está perdido


Nivel : 6
Experiencia : 2281 /3000

Volver arriba Ir abajo

Re: Un Demonio en la Cresta de la Ola [Privada]

Mensaje por Taliesin el Vie Jul 29, 2016 3:23 am

Talie estaba bien escondido tras la rejilla de ventilación, arriba, cerca de los candelabros. El roedor no quería asomar la cabeza por temor a que lo descubrieran espiando, pero no podía evitarlo, le gustaba recorrer la mansión y oír cosas. Había estado ahí veces anteriores, ante otras conversaciones, no por pretender acaudalar información importante o privada, ni tampoco porque pretendía espiar a su amo, simplemente lo hacía para practicar, y porque tenía mucho tiempo libre.
En ese momento, abajo, la voz del invitado de su amo sonaba impresionada en cuanto el pergamino crujió al desenrollarse.
¡Oh Geowyn, no lo puedo creer!
Te dije que lo conseguiría.
Pero, ¿Cómo? No me lo explico. El inexpugnable Palacio Esmeralda, el Mago de Oz… La Reina… ¿Cómo lograste meter a alguien allí?
»¿Es real? ¿Este realmente es el mapa del Palacio?
El sonido de la risilla de su amo era inconfundible, el sonido de la bandeja de plata, el hielo sobre el vaso de cristal tampoco.
Por supuesto que es el mapa real. Te dije que lo lograría.
Un chorro de brandy llenó los vasos.
Esto es más de lo que le podría pedir nunca Geowyn. Me has ahorrado mucho tiempo. Ya podré comenzar con los preparativos, debo pedir los cañones, la pólvora, los hombres. En cuanto les muestre el mapa…
¿Qué haces? —Talie no podía ver nada, pero distinguió claramente la intención de la pregunta.
Me lo llevo —La duda en la voz del invitado le llenó de ganas de mirar.
Espera, mi amigo. Nunca dije que te lo podrías llevar. —Su amo nunca antes le había hablado así a aquel hombre. La consternación en la voz del invitado era latente.
¿A qué te refieres?
No lo enrolles aún, creo que deberíamos conversar sobre la reconsideración de nuestro trato antes.
El vaso se llenó nuevamente, los hielos tintinearon y luego vino el sonido de un sorbo.
Entiendo… ¿Cuánto quieres?
La mitad de todo.
El silencio se fue extendiendo por lo que parecieron varios segundos. Talie consideró seriamente huir, pero temía que sus pasos se oyeran. Otra vez sonó el vaso, luego el ligero golpe del cristal sobre la mesa.
Que así sea. Pero quiero que me digas el nombre de quien se infiltró en el Palacio, me será de ayuda en un futuro cercano.
Lo tendrás. Y el mapa también. En cuanto firmemos los papeles, claro.
La conversación continuó, pero el tema cambió, el humo de los puros se metió por la ventilación y Taliesin tuvo que huir pues no podía permitirse respirar aquello que le haría tan mal a sus cuerdas vocales.




La sabiduría máxima es tener sueños lo bastante grandes para que no se pierdan de vista mientras se siguen.
avatar
Taliesin

Mensajes : 20
Link a Ficha y Cronología : Taliesin

Nivel : 2
Experiencia : 200 / 1000

Volver arriba Ir abajo

Re: Un Demonio en la Cresta de la Ola [Privada]

Mensaje por Strindgaard el Lun Ago 01, 2016 8:07 pm

Al final me tomó dos días recomponer la compuerta, un día para aprender a usar las herramientas de manera perfecta, y otro desarmando y armando la madera para lograr que cuadrase perfecto.
Con la ayuda de dos grumetes llevé mi obra hasta cubierta, curiosamente, el viento no era constante ni fuerte en ese momento, pero la vela estaba henchida y siendo golpeada con una dureza que hacía gemir las cuerdas y temblar el mástil. Algo bastante raro tomando en cuenta que los días anteriores el viento se había comportado con cierta calma. Inclusive hubo momentos en los que pensé que los cabos de las velas se desarmarían como un mal chiste. En cubierta todos parecían tomarlo con calma, incluso tenía varios espectadores observando como colocaba el trozo de madera en su sitio, incluyendo al capitán que me miraba desde su castillo de proa, apoyando en la baranda junto con un enorme antropomorfo, un pez dorado, encorvado en la baranda, con rostro sonriente y de brillante piel escamosa.
¿Y ese quién es? —pregunté al muchacho que sujetaba las sogas que servían de poleas para mantener la compuerta en el aire mientras la atornillaba.
Es quien le trae noticias del clima, otros barcos y también de tierra al capitán. Su nombre es Xalabar. Un tipo raro si me permites decirlo.

Mumrik me observaba atento junto con Santi y otros marineros, más arriba, allá en los travesaños del mástil, Stella se preocupaba de que las poleas no se enredaran. Había varios otros quienes aún no conocía, todos ellos aplaudieron cuando terminé la faena.
Esa jodida puerta llevaba causando problemas desde hace más de un mes.
Ya era hora de tener un albañil a bordo.
Bien hecho.
Creo que tendré que descontar algo de tu tarifa del pasaje, Strind.
Bien hecho muchacho. Al capitán le gustaría felicitarte en persona.
Miré a Mumrik y luego hacia el castillo de proa, el pez ya no estaba, y el capitán acariciaba a su gato sin perderme de vista. Moví la cabeza para asentir y le entregué las herramientas al grumete a mi lado. Al mago del cuerno quizá lo hubiera podido esquivar, pero no podía decirle que no al capitán. Además, ya era momento de conocerlo.

Bebí algo se agua de un barril y me lavé la cara y los brazos con otro poco. Subí por la escalera, encontré a vacío el castillo de proa y la puerta del camarote de Decken abierta. Me adentré en la oscura boca sin pestañear, dentro olía a especias, mirra, canela, limón y clavo de olor. Un sitio al que la palabra amplio le quedaba pequeña, era quizá el triple del tamaño de mi camarote. «Y yo relegado como una rata dentro de una celda sin barrotes.»
Su gato estaba sentado sobre cojines de seda púrpura en lo alto un mueble que debía haber pertenecido a algún rey muerto hace siglos, de hecho todos los muebles seguían la misma línea, viejos, pero bien cuidados, de una madera casi granate que brillaba como la piel morena de una muchacha naharí. Con la luz de los anchos ventanales llenando de vida todo el lugar, «y yo solo tengo un atajo de sebo por vela





avatar
Strindgaard

Mensajes : 638
Edad : 29
Link a Ficha y Cronología : Strindgaard
No todo el que anda errante está perdido


Nivel : 6
Experiencia : 2281 /3000

Volver arriba Ir abajo

Re: Un Demonio en la Cresta de la Ola [Privada]

Mensaje por Taliesin el Mar Ago 09, 2016 6:07 am

¿Así que tú eres quien se infiltró en Palacio Esmeralda? —la voz autoritaria del lord resonaba como una trompeta de piedras y se perdía en lo ancho de los aposentos. Su mirada estaba cargada de desdén, como si en frente tuviera una bosta de caballo.
Sí, mi Señor —dijo Taliesin, tan acostumbrado a esa frase como de pulsar las cuerdas de su guitarra.
Solo estaban ellos dos en el gran comedor, el cual era tan grande que parecía que ambos eran diminutos como ratones. Lord Meleagant al parecer nunca había escatimado en ningún solo gasto. Los anchos candelabros colgaban de gruesas cadenas de plata, sosteniendo lágrimas de diamantes y oro. El techo estaba ricamente pintado con escenas de diferentes historias de Noreth. Los muros tenían cuadros de hermosos marcos de madera chapada en oro y joyas, espejos relucientes, y ventanas cargadas de cortinas de telas sacadas de todos los rincones del mundo. Y la larga mesa de madera lustrosa bien hubiera podido recibir a cien invitados. Talie se había maravillado como un campesino en un castillo, y es que ni su amo Geowyn habría sido capaz de costear todo lo que había ahí dentro. Y era la persona más adinerada que el roedor conocía. Hasta ahora.
No soy tu Señor. Soy tu amo. Recuerda que Geowyn me ha entregado tu título de propiedad. Ahora me perteneces —Su nuevo amo reposaba sus codos sobre la mesa, juntando sus manos frente a su boca. Con su bien recordada barba cana y sus patillas que bajaban hasta su mentón, a Talie le recordaba a un viejo león.
Sí, mi amo.

Recuerda: haz lo que él te diga, gana su confianza. Espía, roba, envenena a quien tengas que envenenar. Pero antes  de volver a su mansión vendrás hasta aquí y me informarás todo.
Así será, mi amo —Taliesin recordaba las palabras de Geowyn. Ambos estaban en la cornisa del techo de la mansión. La guitarra reposaba dentro de su estuche, los venenos y resto de equipaje estaba asegurado en la montura de Viima, el milano se encontraba descansado y listo para volar, pero Geowyn había emplazado la despedida hasta la noche. Al parecer se encontraba triste por la partida del roedor, o eso le parecía a él. Talie le tenía un enorme aprecio, y también se sentía triste. Iba a ser difícil dejar a quien lo había recibido de tan buena manera, quien había confiado en él, en su talento y lo había potenciado.
Le debía demasiado a Geowyn.
Me has servido muy bien Taliesin. Pronto Meleagant pasará a mejor vida, y tú regresarás a mí. Solo es cuestión de tiempo —La sonrisa de su amo le daba confianza, pero abrió los ojos y esa sensación se esfumó al ver las zarpas del lord cruzadas la una con la otra.

Geowyn ha sido de mucha ayuda en el avance de mi plan. Pero creo que está empezando a distanciarse. Pareciera que cree que puede volar con alas propias. —Taliesin estaba muy erguido frente a Meleagant, el lord lo miraba con el mentón en alto y mirada cristalina—. Me parece que es momento que le corte esas alas.




La sabiduría máxima es tener sueños lo bastante grandes para que no se pierdan de vista mientras se siguen.
avatar
Taliesin

Mensajes : 20
Link a Ficha y Cronología : Taliesin

Nivel : 2
Experiencia : 200 / 1000

Volver arriba Ir abajo

Re: Un Demonio en la Cresta de la Ola [Privada]

Mensaje por Strindgaard el Mar Ago 09, 2016 6:15 am

Bonito gato —dije para romper el silencio—. ¿De qué raza es?
¿Raza? —la voz del capitán estaba cargada de desinterés—. No tengo idea. Simplemente es un gato que recogí de un puerto hace ya más de siete años.
¿Y tiene nombre? —Me pareció que mostrar interés por el felino me haría ganar algunos puntos a favor con él, de todo aquello que había en el camarote parecía ser su bien más preciado.
Senzo —La bola de pelos naranja y parda movió las orejas al oír su nombre, pero no me quitó los ojos de encima. Unos ojos amarillos que encerraban todo el orgullo del mundo.
Ven, toma asiento —Sirvió vino rojo como una herida en dos copas de plata, se sentó en la gran mesa que decoraba el centro, su sombrero ensombrecía su mirada.
Me senté y me acercó la copa, la besé y sentí un frescor dulce y veraniego, cálido y con la acidez justa. Un gran vino. Asentí con la cabeza mientras lo paladeaba, Decken me miraba receloso, permanecimos en silencio unos segundos.
Curioso personaje —dijo al fin—. Un alcohólico muchacho, albañil y aprendiz. Es un disfraz bueno, muy bueno. Pero la capa deja todo en evidencia, y de pronto lo demás no sirve de nada.
Sorbió un poco de vino, sus dedos cargaban varios anillos con piedras brillantes u opacas que hacían juego entre sí.
Entonces. Debo suponer que la capa, que rompe todo el esquema, significa algo —Me relajé en la silla con la copa en la mano, tratando de actuar normal. Volví a beber—. Quieres decirle a los demás: Vengan, me importa una cagada de gaviota que sepan que soy demonio.

Mi rostro seguía imperturbable, pero mi rostro real seguro había perdido color en el momento en que la sangre huía toda a mis extremidades.

Así que, llegaste a mi barco demonio seguidor de Yigionath, sin decir abiertamente qué es lo que eres, pero mandando un mensaje claro a quienes lo podemos leer —El rostro de Decken se desdibujó, sus facciones parecían hechas de bruma, sus pómulos desaparecieron junto con su mentón y ojos, y todo lo que quedó fue algo a lo que ningún humano hubiera podido asimilar como rostro. Su mandíbula estaba seccionada para abrirse hacia los lados como un insecto, carecía de ojos, y desde su frente hasta donde comenzaba el sombrero había cientos de cristales negros, como si le hubiera estallado ónice en la cara y hubieran quedado enterrada en su piel marchita y gris todos los trozos para reflejar el sol—. Así que, di, ¿Qué es lo que buscas?

Levanté la copa y bebí un sorbo, con la misma tranquilidad que tiene la luna al caminar por el cielo.
¿Qué ofreces?

Río. El capitán del Ardent era un demonio, el tercero que había conocido. Me miraba sin ojos, sin una expresión que delatara lo que pasaba por su cabeza. Dejé la copa vacía sobre la mesa. Si llegaba a averiguar que no era lo que él pensaba, que de verdad era un aprendiz, borracho y sin esperanza, de seguro me iba a pasar algo malo, muy malo. Guardé silencio, en ese momento era mi mejor arma.





avatar
Strindgaard

Mensajes : 638
Edad : 29
Link a Ficha y Cronología : Strindgaard
No todo el que anda errante está perdido


Nivel : 6
Experiencia : 2281 /3000

Volver arriba Ir abajo

Re: Un Demonio en la Cresta de la Ola [Privada]

Mensaje por Taliesin el Mar Ago 09, 2016 6:35 am

El roedor ejerció todos sus dotes de músico para mantenerse estoico ante aquella frase, a veces existen público difícil y no puedes mostrarte temeroso o molesto por lo que dicen o murmullan en una taberna. Pero aquello, ¿qué pretendía hacer con su amo? Su espalda se puso rígida, trato de contenerse, soltó un corto suspiro y se armó de valor para decir:
Perdón, mi amo, disculpe que hable sin su permiso. Pero me urge saber ¿qué hará con lord Geowyn? —dijo con toda la calma que pudo.
¿Te urge? A mí no me interesa qué es lo que te preocupe. Eres un esclavo, y estás acá para servir. Esta será la primera y última vez que hablas sin que yo te lo pida. Por lo demás. ¿Se supone que yo debería hacer algo? —Meleagant estaba totalmente ofendido—. ¿yo? Yo no estoy aquí para hacer nada —se dio una pausa para calcular la manera en que afectaba al roedor la noticia—. Yo soy el orquestador. Y tú, pequeño guitarrista, tocarás una bonita nana para tu antiguo amo. Una que lo hará dormir para siempre. —Esta vez Talie no pudo evitar mostrarse descolocado. Perdió la compostura y dio un paso adelante.
Lo siento mi amo —dijo rozando en lo ofendido—. Pero yo no soy un asesino —dijo tratando de simular—. Además que no cuento con la fuerza ni con el conocimiento para matar a nadie.
Meleagant lo miró calculador, Talie se calmó y le quitó los ojos de encima.
Creo que Geowyn te ha tratado demasiado bien para mi gusto. Quizá con él tenías ciertas “libertades” —dijo cargando la voz—. Pero aquí tendrás que obedecer lo que yo te diga. Si no, te las verás con el látigo de mis hombres. Y te pongo sobre aviso. Ellos no tienen miramientos con cuan pequeño puedas ser. Por otro parte —el lord soltó un suspiro, realmente le molestaba tener que contestarle al roedor—, conoces los hábitos de Geowyn, sus horarios y su mansión. No te será difícil entrar sin ser visto, ni huir sin levantar sospecha. Por lo demás no te preocupes —descruzó sus manos y revisó el contenido de uno de los bolsillos de su chaqueta negra—. Yo te entregaré una algo que cesará sus respiraciones para siempre.
Taliesin contuvo el aliento, iba a gritar o correr, o ambas cosas. Pero ya no podía hacer nada. Él era un esclavo y los esclavos hacen caso. Agachó la cabeza con un asentimiento.
Sí, mi señor —volvió a su lugar, recompuso su elegante pose y bajó la mirada.
Meleagant se puso de pie, era un hombre alto y nervudo, de mandíbula gruesa, con cabello gris y raleado por la edad.
Esta será tu prueba. Necesito saber si estás conmigo o con Geowyn —acercó su rostro hasta el pequeño metamorfo—. Mañana en la noche harás un corto viaje, y a la mañana siguiente tú o tu antiguo amo morirán —Sacó del bolsillo un frasquito del tamaño de un dedal lleno de un líquido azul marino y lo dejó al lado del roedor—. Tú decides.
Taliesin asintió por última vez. Meleagant se retiró del salón, dejando al pequeño ratón solo. Recogió su espada, su pocas pertenencias y caminó por lo largo de la mesa hasta la puerta, dio un salto y salió.




La sabiduría máxima es tener sueños lo bastante grandes para que no se pierdan de vista mientras se siguen.
avatar
Taliesin

Mensajes : 20
Link a Ficha y Cronología : Taliesin

Nivel : 2
Experiencia : 200 / 1000

Volver arriba Ir abajo

Re: Un Demonio en la Cresta de la Ola [Privada]

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Página 1 de 2. 1, 2  Siguiente

Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.