Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» [Campaña] La Ciudad de Oro, Dinas Aur.
por Frank Morgan. Lun Sep 17, 2018 2:43 am

» Noche de Muerte [Campaña]
por Strindgaard Dom Sep 16, 2018 11:14 am

» Tentrei, la Balada Carmesí
por Tentrei Iskusstvo Jue Sep 13, 2018 4:39 pm

» Almena Ysun
por Bizcocho Miér Sep 12, 2018 12:41 pm

» Izvir van Rhamis | En construcción
por Bizcocho Mar Sep 11, 2018 12:15 pm

» No tuvo caso...
por Tentrei Iskusstvo Dom Sep 09, 2018 9:50 pm

» La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]
por Balka Dom Sep 09, 2018 9:01 pm

» Sangre, Perfume y Sueños Alados [Priv. Celeste]
por Tanets Iskusstvo Jue Sep 06, 2018 10:50 pm

» El Cuervo sobre el Muerto
por Katarina Jue Sep 06, 2018 9:33 pm

» Perdición en la Noche (Partida Libre)
por Etlhan VII Jue Sep 06, 2018 4:43 am




Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth
Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth

Las afiliaciones hermanas se hacen por invitacion de nuestros administradores hacia otros Admins de los foros que decidamos, o por invitaciones de ellos hacia nosotros, sin embargo nos reservamos el derecho de admision de estas mismas pues seran solo una limitada cantidad y minima. Para mayor informacion acuda a la sección de Afiliaciones


Un Demonio en la Cresta de la Ola [Privada]

Página 2 de 2. Precedente  1, 2

Ir abajo

Re: Un Demonio en la Cresta de la Ola [Privada]

Mensaje por Strindgaard el Mar Ago 09, 2016 6:39 am

¿Estás aquí por el Señor en las Sombras? —No le quité los ojos de encima, aquel demonio de bestial cara me hablaba de raras quimeras de las cuales nunca había oído. ¿Señor de las Sombras? No conocía ningún otro Señor además de los cuatro malditos que descansaban su culo en el Foso Negro—. ¿Qué sabes al respecto?
Lo justo y necesario —dije esquivo. Las piedras negras en su cara captaron la luz del sol cuando giró el rostro para mirar a Senzo, el gato se había acurrucado en los cojines y ahora dormía.
Pero de seguro no sabes esto, me lo acaba de informar uno de mis reclutas: alguien se infiltró en el Palacio Esmeralda, y logró volver con los planos. Ahora sabemos donde está la puerta, Ozma tiene contados sus días. El Señor en las Sombras será liberado pronto.
Asentí en silencio. El demonio me sirvió más vino. Ozma, la princesa de Ciudad Esmeralda. Conocía esa historia, la había leído en algún libro, pero no recordaba los detalles.
Dime, ¿Qué es lo qué más deseas?
Decken, se apoyó en el respaldo de su ostentoso asiente mullido de madera. ¿Qué es lo que me podía ofrecer aquel demonio?

Qué es lo que todos buscamos?
Soltó una risa de acero fundido, Senzo se desperezó y cambió de posición para seguir durmiendo.
Poder —El rostro de Decken regresó a su "normalidad". Una sonrisa macabra lo adornaba como un muerto pendiendo de una cuerda—. Y lo tendrás. ¿Estás dispuesto a ayudarme?
Bebí un poco de vino y le devolví la sonrisa.
He de seguir los caminos diseñados por mi Señor. Él me ha puesto en tu barco, y en tu camarote.
Decken se acarició la barba, miraba mas allá de la ventana, en algún punto del mar.
Si viajamos a esta velocidad el resto  del día y la noche, las velas de Grandielago nos tendrán mañana temprano en Puerto Esmeralda. Necesito a alguien de confianza en la Ciudad, hay un encargo de mis superiores.
¿De qué se trata? —Vacié mi copa, el mejor vino que había probado en mi vida hasta ahora.
Alguien debe morir. Un hombre noble de las altas esferas. Deberás entrar en su hogar y tomar su vida.
¿Me pides que sea un vulgar asesino? —dije con falsa ofensa. Decken volvió a llenar mi copa.
Es más que eso. Le estarás haciendo un favor al Señor en las Sombras. Cuando sea liberado tendrás enormes recompensas.
Lo siento. Pero creo que sirvo para mejores cosas.
¿Acaso no lo entiendes? Si asesinas a este humano, sabré que puedo contar contigo para cosas más importantes. Te estoy poniendo a prueba.
Solté un bufido y bebí un sorbo.
Si me fallas, sabré que no eras el indicado. Si aciertas, podrás volver para exigir un poco más de poder.
¿Un poco más? —Decken apuntó a la jarra de plata. Miré mi copa—. ¿Qué me has dado de beber?



El mal es un punto de vista.
avatar
Strindgaard

Mensajes : 685
Edad : 29
Link a Ficha y Cronología : Strindgaard
No todo el que anda errante está perdido


Nivel : 6
Experiencia : 2781 /3000

Volver arriba Ir abajo

Re: Un Demonio en la Cresta de la Ola [Privada]

Mensaje por Taliesin el Mar Ago 09, 2016 7:03 am

El roedor afinó su guitarra por tercera vez. Su florete estaba listo, lleno del veneno que enviaría a Geowyn al otro mundo. Un acorde rompió el silencio del pequeño sitio en el ático que su nuevo amo había dispuesto para él, un lugar viejo y polvoriento el que contrastaba una enormidad con la gran habitación que Geowyn le había dado. Sobre un viejo sillón y mirando hacia la pequeña ventana, Taliesin se frotó las manos y comenzó a tocar.

Más notas siguieron al acorde principal, y de pronto estaba creando una canción triste y pesarosa, igual como él se sentía en ese momento. Su antiguo amo no tenía hijos, era un hombre ya de edad, que junto a su joven esposa había logrado amasar una gran fortuna. No se merecía morir, era un hombre bueno que lo había recogido de su eterno caminar y le había ofrecido un espacio en su familia. No sabía si iba a ser capaz de matarlo.

La música siguió sonando, era como un lobo estepario aullándole a las lunas. El florete estaba ahí, enfundado y listo. Tenía suficiente veneno para matarlo diez veces. Solo con un roce podría quitarse de encima aquel peso que ahora lo asfixiaba. Mientras tocaba no le quitaba la mirada de encima. Geowyn dijo que se encargaría de su nuevo amo, que sus días estaban contados. Cerró los ojos y deseó que se muriera en ese mismo instante, que le quitara la enorme carga que le había puesto sobre los hombros. Abrió los ojos de golpe. ¿Y qué pasaba si él lo hacía? La música terminó de golpe. Se imaginó asesinando a su nuevo amo. Pero Meleagant le daba miedo, había en su mirada un aire felino, en su rostro una forma de león. Un escalofrío recorrió su espalda. Sabía que no sería capaz de matarlo. Lo mejor sería el suicidio.

Cuando la canción iba a terminar, se dio cuenta que no importaba si él moría. Su nuevo amo enviaría a más gente, lo leyó en su mirada, lo vio en sus palabras. Meleagant mataría a Geowyn, ya fuera por veneno o por espada. Y sólo él podría evitarlo. «Pero, ¿cómo? No soy más que un minúsculo ratón.»

La música dejó de sonar. Quizá no podría evitar que todo el poder de Meleagant cayera sobre su amo, pero al menos podría ponerlo en sobre aviso. Saltó de su pequeño asiento, y recogió su indumentaria. Bajó del sillón y corrió por el ático hasta la escalera, pero la puerta estaba cerrada.
Trató de girar la perilla de cristal, pero le resultó imposible. Con Geowyn nunca hubiera tenido ese problema, allá podría haberse transportado por el conducto de aire. «¡Quizá aquí también haya!»

Le tomó más de dos horas llegar hasta las cocinas, saltó por el conducto hasta la mesa, pasó por entre los cocineros y salió al patio. Fuera, en los grandes jardines comenzó a buscar frenético a Viima, llegó hasta las perreras y allí lo halló.
Necesito utilizar mi ave —le dijo al mozo que cuidaba a los canes.
El muchacho lo miró como si se tratara de una alimaña y le lanzó una patada que el roedor alcanzó a esquivar de milagro.
¿Y quién mierda te crees tú para darme ordenes, pequeña rata? Ese pájarraco no es tuyo, es de Lord Meleagant, y mientras no venga él en persona a pedirme que te lo entregue, te puedes ir derecho a  la cloaca de donde saliste.




La sabiduría máxima es tener sueños lo bastante grandes para que no se pierdan de vista mientras se siguen.
avatar
Taliesin

Mensajes : 20
Link a Ficha y Cronología : Taliesin

Nivel : 2
Experiencia : 200 / 1000

Volver arriba Ir abajo

Re: Un Demonio en la Cresta de la Ola [Privada]

Mensaje por Strindgaard el Mar Ago 09, 2016 7:26 am

El viento no disminuía, y Puerto Esmeralda se veía cerca en el horizonte. Decken tenía una calma de cazador a punto de disparar y una seguridad en su barco que me hizo sentir algo mejor. Las velas hinchadas restallaban y los palos gemían, era impresionante la manera en que la tierra se nos veía venir encima. En proa y sujeto a la baranda, podía sentir las gotitas de agua chocar en mi cara cuando el casco partía el mar en dos. El movimiento vertiginoso del barco me hizo recordar que estaba sobre un galeón, no quería ni imaginar qué velocidad alcanzaría si estuviera en una galera o algún barco más liviano, con Decken de capitán y sus velas de grandielargo por alas.
Vamos a chocar contra el puerto —dije por lo bajo, sin querer que el capitán me oyera.
No temas —dijo Stella—. Decken es el mejor marinero que he conocido.

No chocamos con el puerto, claro, Decken maniobró el Ardent como si fuera un delfín, y lo dejó en su sitio perfectamente.
El puerto de la Ciudad Esmeralda era un sitio del todo diferente al de Nanda. Allí existía una prolijidad propia de una oficina de abogados o casa de contadores. Las tablas estaban gastadas, pero del todo limpias, el aire era fresco y la gente solía inclinar la cabeza para saludar. ¿Dónde estaba el hedor del pescado muerto? ¿Los perros callejeros? ¿Los gritos de los mercaderes y sus puestos roñosos y sus manos sucias? El capitán bajó la tabla con aplomo y caballerosidad, como si la madera fuera la espalda de una dama, saludó de buena  manera y con tono cortes a quien le esperaba abajo, y los estibadores, con rostros afables, comenzaron a subir en tropel por la tabla para descargar con un orden que rayaba en lo perfecto. Nada de improperios, nada de gruñidos, sólo risas educadas, apretones de manos e inclinaciones de cabeza.

Santi llegó a mi lado en la baranda, me ofreció una taza de café en una jarrita de greda y sonrió al ver mi rostro.
¿Extrañado?, ¿Nunca has estado aquí antes? La gente del puerto es muy limpia y educada, la mayoría son trabajadores provenientes de Ciudad Esmeralda, buenas gentes que ganan lo justo y son felices haciendo su trabajo. Todos los barcos que descargan aquí ya han firmado acuerdos con las casas o con mercaderes, no se permite, al menos eso tengo entendido, que aparezcan barcos sin presentarse antes a ofrecer mercancías dudosas. Así los mercaderes mantienen un alto estándar en los productos que venden, los cual es justamente los que pide las personas de la Ciudad.
Ya veo —dije—. Allá se consume solo lo mejor. —Miré con ojos apagados la punta de la única torre que se podía ver por encima de las copas de los arboles al noreste del puerto.
Qué alta torre. Debe verse desde Keyback. —dije tratando de iniciar una conversación.
El Palacio Esmeralda. Hermoso sitio, incluso visto desde lejos.
Sí, es bonito.
¿Conoces la historia? —Negué con la cabeza, deseaba que me refrescaran la memoria— Esa es la torre de Oznia, la reina de Ciudad Esmeralda. Allí vive solo ella, y nadie puede entrar a verla más que el Mago de Oz, pues debe ser protegida a como dé lugar.
¿Protegida de qué? —bebí un sorbo de café para disipar el vino.
De quienes pretenden asesinarla.
¿Y por qué quieren matarla?
No lo sé —Santi se encogió de hombros.

Barriles de aceitunas rodaron por la cubierta uno tras de otro como soldados en formación. Santi me dio una mirada fugaz, bebió su café en silencio. Oznia me parecía un rehén más que una reina.
Entonces, ¿Es a través de Oz por el cuál ella dicta sus mandatos?
Humm. Supongo. Yo nunca he estado allí. Sólo he escuchado la historia en las tabernas.

La Ciudad Esmeralda, llena de gente que come aceitunas sin darse cuenta que su reina es prisionera y que su Mago de Oz es un dictador.
El teniente le dio el último sorbo a su café, dejó su jarrita en la baranda y bajó tras el último barril para unirse al capitán, que estaba al lado de un tipo bien vestido con un papiro en las manos, el cual iba llenando a medida que los barriles pasaban frente a él.
Me terminé el café y fui a mi camarote a buscar mis exiguas pertenencias. El morral seguía bajo la cama, miré su interior, aún me quedaba media botella de vino blanco.

Para cuando bajé del barco toda la mercancía de Decken era comenzada a ser llevaba a las bodegas, las que luego llenarían carros y se dirigirían a los mercados de Ciudad Esmeralda.
El capitán se rascó la barba y me dirigió una de sus miradas escrutadoras. Santi me ofreció una sonrisa algo quebrada y me puso una mano en el hombro.
Strind, gracias por tu ayuda en el galeón... Si me permites darte un consejo, la Ciudad Esmeralda no es un sitio… Para ti. Los guardias son implacables con quienes vagan, si no estás invitado a algún sitio… Y si no tienes dinero para pagar uno… La cárcel será lo único que encontrarás. —vaya, si que daba la impresión de ser un vagabundo y borracho.
Agradezco tu consejo. Pero seguiré el camino amarillo, y luego quizá el bosque sea mi siguiente parada.
El bosque no es un buen sitio.
Y yo no soy un buen muchacho.
Ambos reímos. Decken me observó hasta que giré en una calle y perdí de vista el puerto.

Me largué en cuanto puse de Puerto Esmeralda. El camino estaba de lo más transitado, desde pequeñas carretas tiradas por asnos hasta pesados carros con más de seis caballos cabalgando unidos en su frente como una enorme maquinaria de músculo y potencia. Varias buenas gentes me invitaron a subir a sus carros, los primeros los rechacé condescendiente con la educación de la petición, pero al séptimo u octavo preferí decir que sí a tener que soportar la tortura de esas almas bonachonas.

Atrás del carro al que me subí me encontré con el cocinero del Ardent. Lo miré algo impresionado, aquel tipo alto y de barba bien rasurada no me había caído para nada bien.
Kerem. ¿Vas a buscar provisiones para la cocina? —El hombre sonrió mostrando sus dientes amarillos, debía tener unos treinta y dos años como mucho, y sus manos gruesas y callosas cayeron sobre sus rodillas al momento de sentarse a mi lado.
Creo que ambos sabemos a qué he venido —me dijo con la voz baja, para que los demás en la carreta no nos oyeran—. El jefe no ha vertido toda su confianza en ti. Dijo que no se puede confiar en los demonios.
Claro que se puede confiar en los demonios —dije calcando su sonrisa—. Los demonios son malos, y la gente mala nunca cambia.
Iremos juntos a la casa del ricachón. Tú harás tu trabajo, yo el mío y volveremos. —sonaba demasiado confiado.
No es tu primera vez, ¿cierto?
¿Qué crees tú?

Llegamos a Ciudad Esmeralda cerca de la tarde. El camino amarillo me resultó terriblemente monótono, y el silencio de Kerem aún peor. Cuando cruzamos las grandes paredes de la ciudad quedé extasiado. Era un sitio realmente hermoso, vivo y mágico. El verde estaba en todos lados, cada muro, cada cosa que se mirase estaba hecha de esmeralda. La gente caminaba feliz, toda limpia y perfumada. Las razas se mezclaban, nadie miraba feo a nadie. Por supuesto no se veía ningún demonio, todos estábamos escondidos en pieles de corderos, mientras caminaba me iba preguntando cual de ellos podría ser un seguidor de Yigionath, o de Lluughua. De las tabernas la música escapaba y de las fuentes agua limpia emanaba, casi me podía sentir rimando sin razón alguna.

Esperamos a que cayera la noche con su manta fría y tranquila. Los guardias escaseaban a esa hora, pero igualmente paseaban por las esquinas desde el barrio más pequeño al más amplio. Seguí las indicaciones que me había dado Decken, y llegué hasta la mansión


Última edición por Strindgaard el Vie Ago 26, 2016 7:39 pm, editado 1 vez



El mal es un punto de vista.
avatar
Strindgaard

Mensajes : 685
Edad : 29
Link a Ficha y Cronología : Strindgaard
No todo el que anda errante está perdido


Nivel : 6
Experiencia : 2781 /3000

Volver arriba Ir abajo

Re: Un Demonio en la Cresta de la Ola [Privada]

Mensaje por Taliesin el Mar Ago 09, 2016 6:16 pm

Ciudad Esmeralda brillaba con sus farolas, destacando como un diamante de mil tonos verdes en la fría noche. Era muy parecida a un bosque si uno se lo imaginaba, el único bosque que Taliesin conocía. Más allá, en el sur se podía ver oscuro y extenso como una vida la Jungla de Uzuri, allí, donde una vez oyó que vivían las hadas. Viima sobrevolaba tranquila, deslizándose como un pez por el viento, cada aleteo lo acercaban más a su amo y a su destino. «Si mi amo vive, mañana seré ratón muerto. Y nunca podré conocer aquella jungla,  ni nada de lo que está más allá de esta pálida ciudad.»
Taliesin tenía el corazón en el puño. Pero debía mantenerse fiel a su decisión.

Le había resultado imposible poder hacerse de su milano antes de que el muchacho se hubiera ido a dormir, pero aún tenía tiempo, lograría avisar de la retorcida idea de Meleagant.
El milano iba un poco lento, viajaba con todo el equipaje del pequeño roedor. Y es que, Taliesin no tenía intención alguna de regresar a ese maldito lugar, su sitio estaba con su amo, su verdadero amo. Viima se iba guiando por las corrientes de aire, cuando llegó al sureste de la ciudad comenzó a buscar la casa de lord Geowyn, girando y dando curvas, cuando la divisaron, Talie se sintió feliz de ver sus contornos, todo parecía tranquilo. Pronto estaría de vuelta en casa.

No sabía cómo se tomarían la noticia, la verdad no lo había pensado. Quizá Geowyn sabía del plan de aquel lord, y estaba preparado para algún ataque contra su persona. Quizá se pondría muy disgustado al ver que el pequeño había desobedecido sus órdenes y había regresado. Y tomando en cuenta que Meleagant contaba con su título de propiedad, le sería imposible demostrar que pertenecía allí, y en cualquier momento aquel lord podría reclamarlo y tomarlo de vuelta.
El miedo lo hizo estremecer. No estaba seguro de si estaba haciendo lo correcto, pero se repitió una y otra vez que era lo que tenía que hacer. Se lo debía a su amo. Era lo mínimo que podía ofrecer a cambio de todo lo que él le había dado.

Viima llegó al frontis de la mansión, Talie notó que todas las luces estaban apagadas. Era más de medianoche, quizá ya de madrugada, lamentablemente se debió asegurar de que el muchacho de las perreras se encontraba profundamente dormido antes de robar al ave. «Pobre muchacho —pensó—, le darán unos latigazos por dejar que robase a Viima.»  El milano rojo sobrevoló el techo y se posó en el alfeizar de su ventana. Talie descendió de su montura, pero la ventana estaba completamente cerrada. «Nadie me espera hoy.»
Ven Viima, habrá que improvisar para entrar.
Se subió a su montura y se elevaron hasta el techo de la mansión. En la techumbre los tragaluces estaban igualmente cerrados, pero vio la chimenea.
¿Viima, crees que podrías bajar por ahí? —El ave aleteó hasta la orilla de la chimenea y miró hacia el interior oscuro como boca de lobo y chilló—. Vamos, baja, necesito entrar.
Talie tiró de las riendas pero el milano se negó a bajar por ahí.
Mierda, creo que tendré que ser solo yo entonces. Espérame aquí. Ya vuelvo.




La sabiduría máxima es tener sueños lo bastante grandes para que no se pierdan de vista mientras se siguen.
avatar
Taliesin

Mensajes : 20
Link a Ficha y Cronología : Taliesin

Nivel : 2
Experiencia : 200 / 1000

Volver arriba Ir abajo

Re: Un Demonio en la Cresta de la Ola [Privada]

Mensaje por Strindgaard el Mar Ago 09, 2016 9:16 pm

Hacía frío aquella noche. Kerem y yo caminamos varias cuadras, sorteando guardias y uno que otro caminante nocturno. Ciudad Esmeralda estaba llena de bonitas farolas que lanzaban llamas brillantes y frescas sobre todas las calles. Llegamos junto con una brisa heladora desde el lejano mar, la mansión estaba a oscuras, miré al cocinero, me hizo un gesto con la cabeza y nos dimos la vuelta, rodeando el enorme sitio, y saltamos los arbustos para entrar por el jardín. Me impresionó encontrarme con un parque dentro de la mansión. Ancho y verde como un mar de césped. Allí la luz de las farolas no llegaba, y la luna roja y creciente esparcía su carmesí como sangre sobre los árboles, las fuentes y las estatuas que decoraban aquí y allá.

¿Esto es un parque público o privado? —pregunté impresionado. No estaba entrando a la casa de un comerciante o un mercader de Nanda o Narendra, aquí estaba realmente la gente adinerada. Cada casa en aquella cuadra rezumaba oro, joyas y fortuna. Toda a mi alcance—. Es increíble que puedan costear todo esto.
Qué más da. Ven por aquí es. —Me susurró Kerem antes de probar con la puerta trasera—. ¿Listo para comenzar con tu nueva y lucrativa carrera de asesino?
Estoy listo —¿De verdad lo estaba? Desde que había bebido de aquel vino me sentía bastante diferente. Ni siquiera me había hecho algún cuestionamiento de lo que estaba a punto de hacer. Matar a alguien, hace poco había conocido a la muerte por primera vez. ¿Podría verla de nuevo?
El cocinero giró la perilla. Estaba cerrada.

Nos dirigimos a una ventana tras unos setos, miramos por ella, pero gruesas cortinas escondían el interior,  luego pegamos nuestros oídos al vidrio. No se oía ni una mosca. El cocinero sacó una navaja y comenzó a trabajar en la ventana. Estuvo manipulando la ventana lo que me pareció una eternidad. Pensé, «Mierda, estoy con un novato. Esto es un chiste. Estoy a punto de entrar a matar a alguien porque me ofrecieron un vino que me elevó hasta el cielo.»
Kerem abrió por fin la ventana. Se subió y entró por ella, pude ver su culo colarse dentro bamboleando. Cuando estuvo dentro oí sus pisadas, perderse y luego volver. Abrió la cortina.
Vamos, entra, está vacío abajo —me dijo. Me metí en silencio y lentamente, dentro olía a barniz de muebles, lavanda o quizá otro aroma a limpio.

Me quedé quieto mientras mis ojos se acostumbraban a la oscuridad. En ese momento pensaba en que hubiera sido una buena idea haber traído algo para alumbrar. Una pequeña linterna o algún objeto mágico y brillante como los que usaba mi maestro. Kerem abría lentamente cajones y metía cosas en sus bolsillos. Parecía que estábamos en un comedor. El cocinero se estaba llenando los bolsillos de cucharas, cuchillos y tenedores.
¿De verdad tienes que hacer esa mierda? —susurré—. Estás metiendo ruido.

Kerem siguió metiéndose los cubiertos de plata en los bolsillos de su abrigo. Entonces se le cayó un cuchillo. El suelo era duro, sin alfombra, y el sonido se produjo fuerte y claro.



El mal es un punto de vista.
avatar
Strindgaard

Mensajes : 685
Edad : 29
Link a Ficha y Cronología : Strindgaard
No todo el que anda errante está perdido


Nivel : 6
Experiencia : 2781 /3000

Volver arriba Ir abajo

Re: Un Demonio en la Cresta de la Ola [Privada]

Mensaje por Taliesin el Miér Ago 10, 2016 7:35 am

Apoyándose con precisión por los ladrillos tiznados de hollín, poco a poco, el roedor logró bajar lentamente. La oscuridad dentro era total, y cada respiro una tortura para sus pulmones. La suciedad del interior de la chimenea le dejaba residuos en sus manos y las pequeñas garras no lograban aferrarse con precisión al ladrillo. Con algo de dificultad, y aferrándose bien antes de dar el siguiente paso hacia abajo, logró llegar sin caer, hasta el altar de la chimenea. Al poner un pie dentro de la superficie en diagonal se levantó una ceniza que lo hizo toser como condenado. Se llevó la capa a la boca y trató de filtrar el aire con poco éxito.

Ya faltaba menos, buscó la garganta a tientas con las patas, el sucio interior de la torre, que lamentablemente no había sido limpiado hace tiempo, le fue juntando tanto hollín en las patas que o lo dejaban avanzar. Cuando encontró la abertura se lanzó sin pensarlo hacia el hogar de la chimenea. Cayó sobre restos de maderos y cenizas frías de un fuego que había sido apagado hace horas, y se asomó por fin libre a una amplia sala de estar.
Lleno de hollín y ceniza, salió a la penumbra tosiendo a mares, saltó de la garganta y recorrió una tupida alfombra en la que pegó el rostro para acallar su tos. Le tomó varios minutos lograr recomponerse, se limpió la cara para evitar estornudar, las manos y las patas. Cuando terminó la alfombra estaba manchada de negro tanto que a las sirvientas les iba a tomar semanas lograr sacar las manchas.

Esperó a que se acostumbraran sus ojos a la oscuridad y comenzó a ver los contornos de los muebles altos y robustos donde reposaban decenas de libros en una pequeña biblioteca, los contornos de sillones, mesas y otros muebles. Aspiró el aire limpio de la mansión, y una pequeña parte de él fue feliz de estar de vuelta. Revisó su florete, estaba bien sujeto y envainado, corrió por la sala hasta las puertas y pasó por debajo de ellas. Cruzó un largo pasillo y llego al gran hall central, ahora tan solo tenía que recorrer el ala oeste para llegar a la escalera que lo llevaría a su amo. Correteó con sus cuatro extremidades el suelo de mármol, cuando un murmullo llamó su atención. Se detuvo en el acto y se quedó más quieto que las estatuas de los ángeles que decoraban el jardín. De algún lugar cercano parecía provenir voces.

Su pequeño corazón comenzó a latir fuerte, con todo lo que había sucedido, tenía una fea corazonada de lo que se podría encontrar en ese lugar. Pero necesitaba salir de dudas, quizá hubiera sido el viento, otro ratón, o quizá un gato que callejero que había logrado entrar… entonces oyó un sonido metálico contra el suelo. Sus orejas se movieron junto con su cabeza como si olisqueara el viento. El sonido había provenido del comedor.
Debía tomar una decisión, ignorar el sonido y subir, o ir a investigar. Era solo él contra lo que fuera que pudiera encontrar. Su respiración era agitada, su rostro estaba congestionado por el miedo. Pero de algún sitio logró sacar el valor que necesitaba, se movió como una sombra hasta las puertas entreabiertas que separaban el pasillo del comedor, y se encontró con una imagen de pesadilla. Eran enormes figuras, demonios salidos de alguna parte, con en color de la sangre sobre ellos. Dio un paso atrás, trató de calmarse, desabrochó el seguro del florete y miró nuevamente. Eran humanos, uno asaltaba los cajones y el otro parecía supervisar. La luz roja de la luna se colaba junto con una tenue brisa por una ventana abierta en el fondo del lugar y le daba aquel color carmesí a sus cuerpos. «Ladrones. Solo son ladrones. No asesinos.»




La sabiduría máxima es tener sueños lo bastante grandes para que no se pierdan de vista mientras se siguen.
avatar
Taliesin

Mensajes : 20
Link a Ficha y Cronología : Taliesin

Nivel : 2
Experiencia : 200 / 1000

Volver arriba Ir abajo

Re: Un Demonio en la Cresta de la Ola [Privada]

Mensaje por Strindgaard el Miér Ago 10, 2016 7:59 am

El sonido pareció extenderse por toda la mansión, provocando un eco que crujió en mis oídos, ambos nos quedamos mudos como estatuas. Por casi dos minutos nos quedamos quietos, luego Kerem siguió revisando los cajones como si nada. Yo me quedé mirándole absorto. El muy hijo de puta. Si alguien nos encontraba allí de seguro tendríamos la mitad de la guardia de la ciudad sobre nosotros en media hora. Y una docena de barrotes partiendo mi espalda no eran una visión muy agradable. Además, si fallaba no podría saborear ese vino nuevamente. Me recompuse, me acerqué a él y lo agarré por el brazo. Saqué un enojo que no conocía de alguna parte escondida y lo encaré.
Maldito hijo de puta. Harás que nos escuchen —dije todo lo molesto que podía parecer susurrando. Él me miró disgustado y se soltó de mi agarre. Soltó un suspiro como si le molestase tener que explicarme algo elemental.
Menudo imbécil. Debe parecer un robo. Si no, abrirán una investigación que durará meses —me apuntó con un manojo de cubiertos a la cara—, levantará sospechas, comenzarán a caer testigos, personas, y pronto llegarán al Ardent. ¿Crees que no sé hacer mi trabajo?

Le miré con un rostro asesino, serio, pero jodidamente letal. Me pregunté que podría hacer yo con una daga en las manos. La cuchilla con la que había abierto la ventana estaba enfundada en su cinturón, era tan fácil como estirar la mano y quitársela. Pero una vez con ella, ¿sería capaz de matarlo? Asentí sin proponérmelo. Me pareció que desde el momento en que entré en la mansión sabía que sería capaz de matar a alguien. No me había dado cuenta hasta ese momento. Era algo que los demonios llevábamos haciendo por siglos. Estaba en nuestro gen. La maldad, el espanto, la muerte. Pero Yigionath me dio un camino que recorrer. Yo no necesitaba el cuchillo para matar, yo no era un bastardo sediento de sangre de Rhaggorath, o un patético y lastimero enfermo seguidor de Ghadrakha. Tenía una gota de Lluuhgua, y quizá por eso me encontraba algo revolucionado, pero lo que de verdad me movía era el camino torcido de mi Señor de rostro siempre cambiante. Él me había puesto en ese preciso momento y preciso lugar.
Estiré la mano. Rocé la daga. Kerem se giró y chocó conmigo.
Fíjate donde mierda te paras —retrocedí, la daga había quedado fuera de mi alcance.

Luego de que el cocinero vaciara varios cajones, salimos del comedor y nos encontramos con un pasillo. Mi compañero me hizo una seña con la cabeza y lo seguí hasta unas escaleras y subí con él hasta el segundo piso. Grandes ventanales dejaban entrar la luz de la luna, derramando el carmesí por todo el largo pasillo. Mientras avanzábamos me pareció oír movimiento, me quedé quieto en la penumbra. Era como un suspiro. Algo recorriendo las paredes, como un ratón. Kerem se giró y movió los labios. Avanza. Fui hasta él, la daga en su mano brilló roja.



El mal es un punto de vista.
avatar
Strindgaard

Mensajes : 685
Edad : 29
Link a Ficha y Cronología : Strindgaard
No todo el que anda errante está perdido


Nivel : 6
Experiencia : 2781 /3000

Volver arriba Ir abajo

Re: Un Demonio en la Cresta de la Ola [Privada]

Mensaje por Taliesin el Vie Ago 12, 2016 5:43 am

El pequeño roedor sintió una piedra en las entrañas. Aquellas, palabras lo descolocaron, fue como si de pronto hubiera pisado hielo, las voces de los hombres fueron como dedos fríos entrando en sus oídos. «¡El robo es una fachada, una fachada! —se dijo, mientras sus garras se aferraban a su capa, aterrado—. ¡Han venido a matar a mi amo!»
Sufrió un leve mareo, llevó su pata al florete, le temblaba, sacó el seguro. La desenvainó. Uno de ellos seguía metido en los cajones, el otro muy cerca de él, parecía mirar algo por sobre su hombro. ¿A cuál de los dos matar? Solo tenía suficiente veneno para uno. Su espada tiritaba, nunca había matado a alguien, ni siquiera había pensado en matar a alguien. Él no era un asesino, pero si no hacía algo al respecto… Solo podía hacer una cosa.

Los hombres caminaron hacia él, hacia la puerta del comedor, hacia la escalera y hacia Geowyn. Taliesin aferró su mano al florete, sabía que el acero era capaz de traspasar el cuero de una bota o la suela, era cosa de colocar la espada con el pomo apoyado en el suelo y la punta hacia arriba, como una lanza… solo tenía que apoyarla. Pero decidió correr.

Avanzó todo lo rápido que pudo, subió por la escalera como una sombra. Sus diminutas pisadas se oían como suspiros en la madera del suelo, correteó por el pasillo y entró por la pequeña apertura que tenía la puerta de la habitación principal a medio cerrar.
Dentro todo estaba en penumbras, pero él conocía el lugar, corrió y escaló hasta el velador y encendió la lámpara de plata con filigranas que utilizaba para darle luz al lugar. La gran cama don dosel y telas de seda resguardaban en su interior a lord Geowyn y a su esposa. Talie apenas tuvo un instante para saltar a su rostro y golpear su cabeza con sus diminutas patas para que despertara.
¡Amo! ¡Amo, ¿me puede oír?! —Le gritó con su pequeña voz—. ¡Hay hombres su mansión! —Dio un salto hasta la cama y le empujó la cara con ambas manos.
Geowyn abrió los ojos, y se asustó de muerte al ver a Taliesin ahí.
Por los todos los dioses, Taliesin, ¿qué diantres haces aquí? —Su mujer se removió entre sueños, a su lado. El lord se incorporó en la cama y se sentó.
Lo siento, amo, debía hacerlo —dijo desesperado. — Han venido para asesinarlo.
Geowyn lo miró estoico, el ratoncillo era una motita negra llena de hollín y ceniza manchando su almohada. Pero lo miró igual como se mira al ejército salvador cuando ves que tu cuidad se está derrumbando.
¿Cuántos son?
Dos.
¿Tienes tu guitarra a mano? —Le preguntó. Taliesin giró su rostro a su costado izquierdo como es la costumbre, pero el mástil no estaba ahí—. Ve a por ella, toca la canción. Ponlos a dormir.

Taliesin asintió, corrió como si un león lo persiguiera, se metió al ducto de ventilación, eran pocos metros hasta llegar a su habitación. Cuando apareció en ella todo estaba a oscuras, pero sus ojos ya se habían acostumbrado a las sombras. Corrió hasta una mesa en la pared que estaba justo frente a su gran ventana, descorrió las cortinas con un enorme esfuerzo. Pero la ventana estaba cerrada.




La sabiduría máxima es tener sueños lo bastante grandes para que no se pierdan de vista mientras se siguen.
avatar
Taliesin

Mensajes : 20
Link a Ficha y Cronología : Taliesin

Nivel : 2
Experiencia : 200 / 1000

Volver arriba Ir abajo

Re: Un Demonio en la Cresta de la Ola [Privada]

Mensaje por Strindgaard el Vie Ago 12, 2016 7:04 am

Oí voces delante de nosotros, una extraña y diminuta voz acompañada de una humana, varias preguntas surgieron en mi cabeza. La preocupación. El sonido nos había delatado, en ese preciso instante esperé lo peor. Luego vi los destellos de una lámpara, la puerta estaba lo suficientemente abierta para dejar pasar una rendija de luz como que como un hacha cortaba la oscuridad del pasillo. Kerem era una sombra roja a mi lado, no sabía que pasaría ahora. Pero estaba listo para ello. Afiancé mis pies al suelo, recordaba los pocos conjuros que sabía, los dejé listos en mi cabeza para lanzárlos en cuanto hicieran falta.
¿Quién mierda anda ahí? —Se oyó desde dentro de la habitación. No contestamos. Kerem se adelantó pisando despacio el suelo de madera, unos dos metros delante de mí.
¡Dije que quién mierda anda ahí! —El cocinero ya estaba fuera de la puerta, pegado a la pared, al lado del marco, me hizo una seña para que me acercara, asentí, me puse a su lado.
¿Qué pasa, Geowyn? —dijo una voz aterciopelada y femenina. Dejé de respirar. Algo en aquella voz que me atravesó como lo hace una espada caliente a una vela. Me comenzó a latir fuerte el corazón en el pecho. 
Permanece en la habitación amor.

Oí el sonido de una cama y a continuación los pasos de una persona. El hombre apareció por la puerta del pasillo con una lámpara colgando en su mano. Vestía una camisola de seda roja muy pulcra y lisa, reparé en su rostro, por las arrugas debía estar bordeando los cuarenta. Cara bien afeitada, cabello bien cortado, unos ojos vidriosos y limpios. Seguro nunca le había faltado nada, nunca se saltó una comida, nunca tuvo problemas con la ley, no habrá discutido más de tres veces con su esposa. Era él, el del jardín del tamaño de la cubierta del Ardent. Era él, a quien veníamos a matar.

Muy bien, ustedes malditos. ¿qué creen que están haciendo en mi casa? —Estaba desarmado, sin más que una lámpara de plata en su mano. Kerem lo cogió sin pensarlo, como un acto reflejo. Le torció el brazo, él cayó de rodillas al piso, le puso el cuchillo en el cuello. La mujer en el interior de la habitación gritó.
Entra en el dormitorio. Asegúrate de que ella no haga ruido. Yo me ocupo de éste.
Kerem hizo ponerse de pie al lord, aquel tipo blanco y delgado no estaba hecho para luchar. Apenas y puso resistencia, forcejeó como una damisela, recibió un buen puñetazo en el estómago que casi lo desvanece, lo hizo perder la fuerza en las rodillas y chocar contra la pared del pasillo. La lámpara se deslizó de sus dedos, pero no se rompió al caer de su mano, una buena lámpara, con un buen sistema para no perder aceite. La luz que desprendía a través del cristal parpadeó y por unos momentos reflejó nuestros rostros de monstruos. El cocinero la recogió con su sucia mano y se llevó a al noble escaleras abajo.

Me quedé solo en el pasillo, fui hacia el dormitorio, estaba todo en penumbra, pero de pronto se iluminó una lámpara de plata idéntica a la primera en el velador al otro lado de la habitación. Frente a mí pude distinguir la figura de la mujer bajo las sábanas, estaba recostada sobre almohadones, rubia y joven. No aparentaba tener más de veinticinco años.
Su cabello largo y suelto caía en bucles por sobre su pecho y hombros, una cascada brillante. Todo su cuerpo era una jodida insinuación. Sentí como aquel camisón de seda se le pegaba su cuerpo para mí. Sentí el asco y la repulsión corretear por mi pecho en el momento justo que me imaginé tenerla entre mis brazos. Fue como un golpe en la boca del estómago, me robó el aire. Me aferré en el dosel de la cama, sus ojos de ciervo asustado me miraban como si realmente pudiera traspasar la ilusión y pudiera ver el demonio. Miré sus pechos transparentándose a través de su ropa. Se llevó instintivamente los brazos para cubrirlos.
No grites —atiné a decir— o te mato.

Me quedé allí de pie mirándola, pensando en mi madre, alguna parte dormida dentro de mí comenzó a aullar como un lobo, como una gran manada de lobos. Luché contra mi ascendencia, el demonio Lluuhgua ladraba y gemía. Empecé a sudar, sentía vértigo. Algo, como si sintiera furia, comenzó a llenarme.
Me senté en la orilla cama.

¡Deja tranquila a mi mujer, si no los mataré! —dijo Geowyn. Kerem acababa de entrar con él. Lo llevaba agarrado por el cuello con su daga apoyada en medio de la espalda.
Nadie va a hacer daño a tu mujer, mugroso noble. Sólo dinos dónde tienes tu apestoso dinero y nos iremos.
Te he dicho que todo el que tengo está en mi caja fuerte. Ya lo tienes.
Kerem apretó su brazo contra el cuello y clavó la daga un poco más. El noble hizo una mueca de dolor.
Las joyas —dijo Dekem—, llévame a donde estén las joyas.
Están abajo.
Muy bien. ¡Llévame allí!

Ví cómo el cocinero se lo llevaba fuera. Me volví para  seguir mirando fijamente a la chica, y entonces ella me miró. Unos ojos azules, con las pupilas dilatadas de terror.
Estaba paralizada, sus labios empezaron a temblar. Eran del más puro rosa pálido, y entonces, mi boca  se pegó a la suya. Era blanda, fresca, delicada, temblorosa. Le mordí un poco el labio, bajé a su cuello, mis manos tocaron su cuerpo. Ella intentó soltar un grito pero la besé de nuevo, más fuerte. La recosté sobre la cama, me puse sobre ella, la mantenía sujeta debajo mío. Empecé a quitarle las bragas, bajándoselas a lo largo de las piernas, todo el tiempo sujetándola y besándola.

¡Oh NO! ¡Por TODOS los DIOSES, NO! ¡Mi mujer NO, Hijo de PUTA!
No los había oído entrar. El lord dio un grito. Luego  oí un gorgoteo sordo. Me incorporé y miré a mi alrededor. Estaba en el suelo con la garganta cortada; la sangre surgía rítmicamente a borbotones que iban encharcando el suelo.

La rubia empezó a gritar. Le tapé la boca con la mano.
¿Qué vamos a hacer con ella? —pregunté. El éxtasis se redujo drásticamente al ver morir al hombre, no me lo esperaba. Todo se fue apagando. Quedé lánguido y cansado.
Vamos a matarla también. Es un testigo —aquello me descolocó. Estaba débil, me sentía aún muy mareado.
Yo no puedo matarla —dije. La pasión que había sentido hace algún instante me estaba revolviendo el estómago.
Yo la mataré.
Escucha, Kerem, vamos a dejarla viva. —me temblaba la voz.
Hablará. Es un testigo. Te dije que no podemos dejar testigos. —me contestó el cocinero, estaba decidido. Aún mantenía mi mano en su boca, pero ella tenía la vista perdida en su esposo. Le saqué la palma, se quedó en silencio.
Si le perdonamos la vida, no hablará. Esa será nuestra condición.
Hablará. Conozco la naturaleza humana. Más tarde hablará.
Por favor, no lo hagas. Vamos a mostrar un poco de decencia.
¿Mostrar un poco de decencia? ¿Ahora? Es demasiado tarde.
No la mates, no puedo... soportarlo...
Vuélvete de espaldas.
Kerem, por favor...
¡Te digo que te vuelvas de espaldas, imbécil!

Me puse de pie, y me fui hasta la ventana, de espalda mirando las cortinas, no era capaz de darme la vuelta y mirar. La deseaba, la deseaba como nunca antes deseé en la vida otra cosa. Me mordí la lengua. Cerré bien los ojos. No pareció que hubiera el menor sonido. Los minutos pasaron.
¿Kerem, lo has hecho?
Lo he hecho. Date la vuelta y mira.
No quiero mirar. Vámonos. Vámonos de aquí.


Última edición por Strindgaard el Vie Ago 26, 2016 7:56 pm, editado 1 vez



El mal es un punto de vista.
avatar
Strindgaard

Mensajes : 685
Edad : 29
Link a Ficha y Cronología : Strindgaard
No todo el que anda errante está perdido


Nivel : 6
Experiencia : 2781 /3000

Volver arriba Ir abajo

Re: Un Demonio en la Cresta de la Ola [Privada]

Mensaje por Taliesin el Vie Ago 12, 2016 7:56 am


Miró a su alrededor, la ventana siempre estaba abierta un poco para dejarlo salir y entrar con Viima, pero ahora estaba cerrada, y el grueso pestillo no le daría ni la menor oportunidad. Terminó de descorrer la cortina hasta dejar una buena porción de ventana descubierta. Afuera, en el exterior la luna roja brillaba sangrante. Miró sus opciones, tenía aún algunas herramientas de cartografía sobre la mesa, pero no podía levantar ninguno de ellos, solo arrastrarlos, y con eso no bastaría para romper el cristal.

En el pasillo oyó a su amo gritar a través de la puerta cerrada de su habitación, sus manos seguían temblando, comenzó a mirar a todas direcciones, desesperado. Entonces reparó en el alto candelabro que estaba en la esquina de la mesa. Saltó hacia él y se encaramó como un ratón. Se paró sobre la vela más alta y comenzó a mecerse como si se tratara de una de esas sillas graciosas que usan las ancianas cuando descansan frente al fuego de la chimenea.
El vaivén era traicionero, y le costó generar el impulso suficiente para desestabilizar el trozo alto de bronce, pero lo logró, el candelabro se fue de lado y cayó contra la ventana, quebrando el cristal. Taliesin brincó a un lado antes del golpe, rodó por la mesa y se puso de pie. La brisa del exterior le supo a gloria.

Pasó por entre los cristales rotos hacia el alfeizar, colocó sus diminutos dedos dentro de su boca y silbó a Viima.
Nada sucedió. La sangre se le helaba. En la otra habitación oyó más gritos. Miró hacia el techo directamente sobre su cabeza, a punto de perder el juicio. Él poseía las garras para escalar hasta allá. Se aferró a los ladrillos del marco de la ventana y comenzó su ascenso como si quisiera llegar hasta el mismísimo cielo.
Colocando una pata tras otra subió aferrado a los porosos ladrillos de esmeralda hasta llegar al techo, se sujetó al alero, triunfante y sonriente por haber salvado de caer. Su capa era una bandera que restallaba contra el viento, se subió a las tejas rojas y miró a lo lejos. Más allá, a unos metros y ahí mismo donde la había dejado, divisó su ave sobre la torre de la chimenea. Corrió hacia el milano silbando como un loco, Viima reparó en él solo cuando estaba uno o  dos metros cerca. El viento estaba en su contra, y no hubiera podido oír el llamado aunque hubiera querido.

¡Por los dioses! ¡Vamos Viima!
Taliesin subió y se aferró a las riendas, el milano rojo emprendió el vuelo batiendo sus alas como si la vida se le fuera en ello. El viento golpeaba y rugía a esa altura y a esa hora de la madrugada, y los llevó rápido hasta el frontis de la mansión. Viima planeó hasta el alfeizar de su antigua habitación, y posó sus garras sobre los vidrios rotos. Talie saltó de su montura con su estuche entre las manos, estaba sudado luego de haber escalado. Pasó por la apertura en el cristal y cayó sobre la mesa. Bajó por una de las patas de madera y corrió hacia el pasillo.

Tenía el corazón en el puño. Pasó por debajo de su puerta, pero el estuche no cabía, se tuvo que devolver al interior, sacó su guitarra y oyó el grito de la esposa de Geowyn. Se le heló el alma.

Llegó al pasillo con su guitarra entre las manos, caminaba lentamente, quizá a sabiendas de que había llegado tarde. Podía oír a los dos hombres hablar entre ellos, pero no podía entender lo que decían, no quería entender. Llegó hasta la orilla de la puerta, sus ojos estaban cerrados. Los abrió lentamente.
Su pequeña guitarra cayó al suelo, su amo estaba de cara al suelo, con el cuello cortado y sangre por todos lados, y más allá, sobre la cama, uno de los hombres le estaba cortando el cuello a su esposa. Su mirada quedó fuera de foco, de pronto no tenía más que algodón en los ojos.
Los hombres caminaron hacia la puerta, Talie cogió su guitarra y se aferró a las sombras del pasillo. Los vio pasar, el que los había matado aún tenía la daga entre las manos, rebosante de sangre.
Corrió y lo escaló como si subiera a un árbol, el hombre lo notó y comenzó a gritar y tratar de atraparlo sin éxito, las sombras lo ayudaron a llegar hasta su pecho, el florete estaba sin seguro en su vaina, al salir susurró un nombre. Le clavó la aguja de acero en el pecho a la altura del corazón. Él logró apartarlo de un manotazo que lo lanzó contra la pared y luego lo hizo rebotar en el suelo. Pero el ratón no reparó en los moratones que se había ganado. Corrió hasta su guitarra y la tomó entre sus dedos, aún quedaba otro.

Mientras los oía gritar comenzó a tocar los acordes de su guitarra. El hombre de la daga soltó su arma y se aferró al pasamano de la escalera, decía que no podía respirar. Talie sonrió al saber que el veneno estaba haciendo efecto más rápido de lo que lo hubiera hecho al ser picado en una extremidad. Nostalgia de la Luz sonaba igual de fuerte que si una guitarra de tamaño real la tocara, el humano que quedaba vivo miraba hacia todos lados gritando y preguntándose desde donde podría venir aquella música infernal.

Cayó al suelo antes de siquiera darse cuenta. La música como siempre, siguió sonando. Era un tema demasiado hermoso como para dejarlo inconcluso.




La sabiduría máxima es tener sueños lo bastante grandes para que no se pierdan de vista mientras se siguen.
avatar
Taliesin

Mensajes : 20
Link a Ficha y Cronología : Taliesin

Nivel : 2
Experiencia : 200 / 1000

Volver arriba Ir abajo

Re: Un Demonio en la Cresta de la Ola [Privada]

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Página 2 de 2. Precedente  1, 2

Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.