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Una historia para olvidar.

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Una historia para olvidar.

Mensaje por Duneyrr el Lun Ago 08, 2016 5:23 pm

Reinaba el silencio aquella noche en que Duneyrr conoció el rostro de un demonio.
Una antorcha de precario fuego, con cada paso, les revelaba estatuas de rostros consumidos por la erosión, muros partidos por los que la arena rezumaba y gigantescos boquetes en el suelo, que llevaban hasta lo más profundo del templo.

Duneyrr y Mikak no eran más que cachorros, novatos entrenando en el desierto de Sülh Dune, que desobedeciendo ordenes de su maestro, se adentraron en el gran edificio  olvidado y perdido en las arenas.
La llama jugaba con las sombras, elevándolas por los muros como grandes águilas negras. El miedo reptaba bajo la verdosa piel, y mordía como un perro hambriento, pero el orgullo los mantenía adelante, ninguno quería ser el primero en querer dar un naso atrás. Pretendían encontrar algo de valor, una corona,  una espada o una joya, algo que demostrase que habían entrado y enfrentado a los monstruos del templo prohibido. Pero allí no había nada, y si hubo, lo habían saqueado hace tiempo.

Al alcanzar el fondo de la gran sala se encontraron con un alto monumento sobre una tarima de piedra, con el rostro imperecedero de una bestia de hocico de león, ojos de calamar y piel de serpiente. Aquello parecía ser más viejo incluso que el mismo desierto, pero no así la alta ánfora de pie en la orilla de la estatua. Con un asa menos y su ancha boca rota aquí y allá, parecía tener menos valor que la arena. Dun alzó las manos y la cogió del borde, al menos era algo. La levantó entre sus pequeñas manos, y la acercó a su cuerpo, sin suerte.
La pieza de cerámica se deslizó de sus manos, giró en el aire como un delfín de piedra y fue a estallar a los pies de Mikak, derramando su contenido sobre el cuerpo del joven orco.

La antorcha cayó y dio un bote en el suelo, esparciendo las sombras de las serpientes de dos cabezas, que mordieron el pecho, el cuello y una pierna a Mikak. El grito de pavor y el baile frenético que emprendió al verse envuelto en muerte, lo llevó hasta uno de los boquetes en el suelo y lo hizo desaparecer.
Dun se llevó las manos a la cabeza, su boca se abrió en una enorme "O", pero no produjo sonido alguno. Estaba conmocionado.
Recogió la antorcha y corrió a buscarlo. Se asomó en la abertura en el suelo: arena, una estatua pequeña derrumbada y parte del suelo superior yacían varios metros más abajo, junto con Mikak. El rostro del pequeño orco miraba hacia arriba, sus ojos cerrados, la sangre que manaba su nariz y los pequeños orificios de las mordeduras le helaron la sangre a su amigo. Dun se deslizó por la piedra y bajó lentamente, sin dejar de llamarle, asustado.

A cuatro metros abajo de la sala, el aire era extraño y costaba respirar. Dun se abrazó con la mano libre, con la extraña sensación de que algo le apretara el pecho. Llamó a Mikak, le tomó la mano, trató de levantarlo, lo abofeteó, pero nada parecía hacerlo reaccionar —¡Mikky!— comenzó a gritar —¡Mikky despierta!— su voz sonaba terriblemente desesperada.
Entonces, una piedra sonó en lo profundo de las sombras. Dun, de rodillas junto a su amigo, levantó la cabeza y miró como un cervatillo asustado. La antorcha comenzó a parpadear, su fuego aminoró, Dun podía ver algo reptar más allá en la sombra, algo enrome. Un escalofrío recorrió su espalda y un frío en el ambiente le hizo olvidar que estaba en el desierto.
De pronto, una gigantesca cabeza apareció en la orilla de la luz, un largo hocico lleno de dientes le recordó la calavera de un dragón que había visto en Loc-Lac, pero no era eso, pues los ojos enormes de calamar que ostentaban sus cuencas no pertenecían a dragón alguno. La bestia avanzó olfateando. Duneyrr soltó un grito desde lo profundo de su alma, se apeo a la piedra desparramada del derrumbe. Tras la cabeza había un cuerpo achatado lleno de enormes brazos largos que utilizaba para avanzar. Uno de ellos estiró sus dedos y tocó a Mikak, le acarició la cabeza y la piel que alguna vez fue verde, se tornó azul pálida.

El miedo era una espada en las entrañas de Dun, la mano del demonio levantó a Mikky y lo llevó hasta su boca, Dun soltó la antorcha y esta se apagó. Comenzó a escapar como una rata por la roca, con nada más que su sentido de la orientación. Llegó hasta arriba y corrió como un poseso hasta golpearse contra algo, luego corrió más. Su mente era un jirón de algodón flotando en el viento. No era capaz de hilar ningún pensamiento.
Cuando sus ojos se adaptaron a la oscuridad pudo ver la luz tenue y pequeña de la salida, y la siguió, corriendo con desenfreno.

Nadie notó que habían entrado al templo. Cuando comenzaron a buscar a Mikak, Dun fue uno de los primeros en ofrecerse de voluntario. Nunca fue capaz de decirle a nadie lo que había visto, y calló la suerte de su amigo y esta historia para siempre.

A veces, cuando piensa en el pequeño Mikky trata de imaginar que el veneno lo mató antes de haber sido devorado por el demonio del templo, esperando que aquello le traiga algo de paz.
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Re: Una historia para olvidar.

Mensaje por Señorita X el Lun Ago 08, 2016 7:29 pm

Hijra aceptado, cumple las especificaciones. Me gusta cómo se ha tomado el desafío propuesto. Ehnorabuena
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Señorita X

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Re: Una historia para olvidar.

Mensaje por Duneyrr el Lun Ago 08, 2016 7:42 pm

Muchas Gracias Señorita X. Aunque me tomó varios días, logré crear algo que me pareció digno.
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Duneyrr

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Re: Una historia para olvidar.

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