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The Returners

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The Returners

Mensaje por Cynertryth D. Mosshart el Mar Ago 09, 2016 1:54 am

The Returners.


Al iniciar el conflicto bélico entre Malik Talish y Erenmios, muchas ciudades de ambos bandos se vieron privilegiadas. Puerta Norte, ciudad perteneciente a al primer reino, tuvo un papel importante durante estos primeros años. Dada su situación portuaria y su extensa capacidad de producción alimenticia y de materias primas se convirtió en un punto de desembarco de tropas relevante.

Durante los primeros años, muchas familias en capacidad de trabajar migraron a Puerta Norte desde muchas ciudades vecinas. La explosión demográfica provocó un fuerte incremento en todos los campos productivos. Los campos de cultivo y de crianza de animales así como la pesca y los aserraderos se veían trabajando a su máxima capacidad.

Por supuesto, la mayoría de los recursos explotados de la zona eran enviados a la capital, con el fin de que la corona solventara la guerra, aun así, los excedentes que se quedaban en la ciudad eran suficientes para su propio mantenimiento, el cual resultaba hasta cierto punto cómodo. Esta situación favorable provocó que los terratenientes ganaran cierto poder; creando finalmente la nobleza campesina.

Poco después y con el continuo tránsito de tropas y mercancías en la ciudad, se comenzó la construcción de un castillo desde el cual dar atención y hospedar a la milicia, así como para almacenar y administrar el alimento y materias primas.

El regente de la ciudad, respaldado por su excelente labor a la corona fue otorgado con el título de conde y pasó a habitar el castillo Laos; asegurando para sí y su descendencia el control de la ciudad. Poco después de acabado el castillo, fueron contratados escribientes, quienes se encargarían de la gestión y contabilización de las materias primas y alimentos así como la de llevar un registro de las tropas y recoger sus testimonios.

Pronto la biblioteca del castillo fue llenándose de inmensos libros de contabilidad y entre otros, libros más pequeños con transcripciones de cartas y diarios de los soldados.

Pero los años buenos no fueron eternos y la guerra sin final fue desgastando poco a poco la ciudad. Las interminables levas de hombres, viejos, jóvenes y adultos en situación de combatir fueron provocando que el número de trabajadores efectivos se viera treméndamente disminuido, hasta casi quedar inexistente. Las mujeres, sin importar condición tuvieron que tomar entonces las riendas de todos los campos productivos y de administración.

El descontento social era generalizado. Las mujeres devastadas por la ruptura familiar y la pérdida de padres, hermanos, esposos e hijos no eran capaces de mantener la producción; y aunque eran excelentes administradoras de los bienes, estos nunca eran suficientes. Las exigencias de estas para con el conde de evitar las levas y traer a casa a los hombres llevó a la ciudad a una huelga de trabajo.

La gota que derramó el vaso, fue la llegada de una caja de madera al castillo en la que reposaba el cuerpo frío e inerte del joven hijo del conde. A partir de este punto, el conde trató de negociar sin éxito el cese de tributos a la corona. Finalmente, aun sin el permiso de la corona, la falta de recursos así como de mano de obra provocaron que Puerta Norte dejara de enviar cualquier recurso a la capital.

El reino intentó por sus pocos medios de forzar el trabajo en la ciudad, pero sus efectivos se encontraban en el frente y las pocas tropas militares que podía mandar para hacer orden en Puerta Norte eran abatidos por las mujeres, que armas en mano, defendían las pocas pertenencias que podían manejar, entre ellas, algunas granjas y sus hijos pequeños.

Finalmente Puerta Norte quedó rezagado y casi olvidado, como un problema que no se puede resolver el reino lo hizo a un lado.

Durante este tiempo, Puerta Norte logró recobrar parte de su bienestar y lograr ser al menos productivo para mantener la ciudad; la cual nunca llegaría a ser tan grande como lo fuera, pero al menos, no sufriría por hambre.

La ciudad, finalmente se levantó de nuevo, logrando de nueva cuenta una población importante y una importante producción de recursos, pero sin la obligación de enviar nada a la capital. La corona, no fue ignorante de estos hechos y volvió a atosigar la zona para exigir el pago de tributos y seguir manteniendo el eterno conflicto.





12 de Diciembre.
7 años atrás.

El invierno llegó antes este año. Crudo y blanco. El peor del que tengo memoria. El peor de todos dicen los viejos. El aire helado congela la sangre. Las lágrimas se hacen escarcha y duelen los huesos al caminar, duele cuando trago saliva o respiro profundo. Es cansado correr; apenas podemos mantener la marcha con los escudos en la espalda avanzando a quien sabe dónde, pues la niebla es tan densa que no se ve nada a más de dos metros de distancia.

El invierno es horrible.

Este invierno es peor.

El ejército real está acampando del otro lado del puente. El rio está congelado pero nadie se anima a caminar por encima, menos vistiendo esta pesada ropa. No están asediando. Llegaron al mismo tiempo que el invierno. Con misma fuerza. Con mismo frío.
No sabemos a qué esperan; los viejos dicen que no tardaran en cruzar el puente; yo no entiendo por qué no lo han hecho.
Nuestras flores se congelaron y se partieron en pedazos.

El invierno es terrible. No lo sobreviviremos.

Ellos avanzaron en la noche. La nieve calló el ruido de sus pasos, la niebla se tragó el sonido de sus metales. Bajo sus plantas nuestras flores; hermosas mujeres y niños. Jóvenes soldados y ancianos. La nieve es roja. No sobreviviremos.
El invierno duró tres meses más tres semanas. Se fue tarde. Ya no hay flores en los campos ni risas en los hogares. Ya no hay rincones cálidos. El ejército real se fue con el primer rayo de sol; pero el sol es frío y el suelo pantanoso. Quedamos pocos. Ni las hogueras en las que quemamos los cuerpos de los caídos nos dan un poco de calor. Hoy arrastre el cuerpo de mi amada; su belleza transformada en eterno grito de dolor y sus ojos de angustia congelados para la posteridad. Vi arder su cuerpo. Su cabello rojo se fundía y bailaba con las lenguas del tímido fuego. Ya no hay más lágrimas en mis ojos.

Un nuevo conde habita el castillo Laos. Es primavera, pero en nuestros campos ya no crecen las flores. Estamos obligados a pagar la paz ahora. Paz de guerra y muerte, de frío; pero nunca regresará la paz interior.

Testimonio de un soldado sin nombre.
Parte del libro de “Los Diarios recientes.”
Biblioteca del castillo Laos.
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Cynertryth D. Mosshart

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Re: The Returners

Mensaje por Cynertryth D. Mosshart el Mar Ago 09, 2016 2:07 am

Khiryn

I

Guiada por una inexorable fuerza invisible que la mayoría de los mortales llamaría simplemente voluntad férrea, Khiryn recorrió todo el camino desde Rasg Port hasta Malik Thalish.
Había mandado una carta antes de salir; mucho antes; había encontrado un pequeño monasterio de Luminaris; una pequeña celda en la isla regida por un prior senil y vicioso; ahí, un monje aprendiz le había ayudado a escribir la carta y luego de negociar un precio por el viaje -más comisión- se había comprometido a entregarla, y así lo hizo pues Morgan ya la estaba esperando en Erenmios un día antes de que ella llegara. No era simplemente voluntad o ganas. Algo se había posado sobre ella y anidado en mente, guiando sus pasos; casi arrastrándola sin saber por qué, hacia aquella oscura ciudad.

Era la primera vez que Khiryn ponía sus pies en esa parte de la geografía “Norethiana;” nunca antes tuvo necesidad ni deseos de visitar dicha ciudad, en constante guerra y casi oculta tras un espeso cuerpo boscoso de árboles y pinos que cerraban su paso ante cualquiera; eso sin mencionar las continuas nevadas, neblina y el frío consecuente, regular de las ciudades del norte.

La mayor parte del viaje desde Erenmios lo habían hecho en silencio. Morgan y Khiryn se habían conocido muy bien en el pasado y ambas apreciaban ahora la compañía de la otra, así como de esos largos momentos en la soledad que brinda la confianza mutua y el silencio. Ambas se sorprendieron cuando se reconocieron en “La posada del Mayor;” para Morgan, Khiryn no había cambiado en gran cosa. Si bien tenía un par de rasguños más, no era nada que resaltara de verdad o hiciera contraste con la ya misteriosa y extraña naturaleza de la Horige. Sin embargo, no se acostumbraba al hecho de verla con un brazo metálico y funcional. Como si fuera más bien cosa de otro planeta.

Para Khiryn, Morgan se le presentó un poco más madura. Si bien, conservaba el encanto y gracia de su juventud, con sólo 15 años de edad, en el último año había madurado de modo precipitado. Morgan se había convertido en una excelente aprendiz y escudera. Sus miembros eran más marcados y fornidos. Sus piernas habían dejado de ser el par de huesos con pellejo pegado para ser un par grueso y musculoso. Buenas piernas, confiables. Así pues físicamente el trabajo y el entrenamiento había resultado de maravilla para Morgan. Al menos bajo la cuadrada y militar apreciación de Khiryn. No sólo sus brazos y piernas se veían más fuertes, sino también la espalda, hombros y abdomen; incluso parecía que hasta el mentón se había endurecido; sin duda Morgan mostraba un aspecto mucho más saludable. Aunque ella decía que sentía menos femenina, Khiryn la tachó de ridícula. –Cabe aclarar que para aquellos varones que consideran la belleza femenina como frágil, hubieran encontrado a Morgan poco deseable. Para aquellos que gustan de una mujer con firmeza en la piel y más confianza en ella, con un cuerpo saludablemente curvilíneo, bueno, Morgan hubiera estado a la altura.-

Definitivamente Morgan idolatraba a Khiryn, y tuvo que hacer gran esfuerzo para no saltar de gusto solo al verla en Erenmios; así como para no apretarla en un fuerte abrazo de emoción. Durante el viaje, había pensado en al menos una decena de formas para iniciar una conversación, y entre tanto se había divertido y distraído creando pláticas imaginarias. -¿Qué respondería si le dijera esto…? ¡Sí! ¡Seguro diría esto!-

Más de una vez Khiryn volvió la mirada sobre ella al oírla reír por lo bajo; a lo que Morgan sólo respondía riendo nerviosamente un poco más y ladeando la cabeza. Pero la plática no empezó. Ambas; -sobre todo Morgan- se conformaron con las escasas palabras que surgían de la necesidad del camino y los relatos imaginarios.
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Re: The Returners

Mensaje por Cynertryth D. Mosshart el Mar Ago 09, 2016 2:18 am

II

Las enormes murallas de Erenmios se levantaron frente a ellas, inconmensurables, inexpugnables con sus fieles dragones negros tallados que parecían examinar a las viajeras bajo sus pesados ojos de roca, con sus enormes fauces abismales, capaces de amedrentar a cualquier valiente. No había señal más clara de peligro que esa. Casi nadie se aventuraba a Malik Thalish, a menos que fuera de ahí. Era una ciudad oscura y peligrosa que no daba la bienvenida a los viajeros.

La guerra constante con Erenmios había desgastado no sólo a sus hombres, sino que a su sentir. La gente era ahora más bien desconfiada, fría, seca; con gestos austeros y las arrugas en torno a un ceño siempre fruncido con las cejas juntas y las comisuras de los labios en perpetuo señalamiento hacia el suelo. Hasta los más infantes con los que se habían encontrado en el camino parecían temibles, con sus enormes y preciosos ojos azules y grises de niño, pero con miradas de severas y reprobatorias.

Khiryn se quedó mirando las murallas un rato, acostumbrándose al constante acecho fantasmal de ambos dragones negros. La puerta de la ciudad estaba cerrada. No entraremos a la ciudad. –Dijo finalmente para alivio de Morgan, que no pudo contener un fuerte suspiro aprobatorio.

Y así pues, siguieron el camino a la derecha, caminando en paralelo a la muralla, y al foso de la muralla, bajo la constante vigilancia de los centinelas entre las almenas.

Sólo después de un rato de camino, Morgan se dio cuenta que sobre el mismo camino que ellas andaban se veían tenues las marcas de las ruedas de un gran carro; así como las más ligeras huellas de un par de caballos de tiro. Ha pasado un carro recién por aquí. –Dijo con autosuficiencia y complacida de ser la primera de las dos en hacerlo notar. –Esas huellas están ahí desde hace varios kilómetros. De hecho, se unen en el camino que baja de la montaña, que viene de Tirian. Supongo que debe ser una persona importante o al menos adinerada para atreverse a pasar en carro por la montaña y venir hasta Malik. Lleva dos caballos de tiro, gruesos y fornidos, así como al menos dos lacayos o escoltas. Al menos uno de los escoltas lleva una alabarda… no, una guadaña, y transportan materiales extraños, hierbas, quizás infusiones o mezclas alquímicas. Lo que no alcanzo a comprender es el por qué no ha entrado a la ciudad y venido por este camino…

Morgan ahora con la cabeza baja, se sentía ridícula. Khiryn se había percatado de todo eso desde hacía ya bastante tiempo, y ella apenas lo había notado. No pudo sino sentirse torpe, casi inútil, y cayó en cuenta que aun tenía mucho que aprender y se prometió poner más atención la próxima vez. Khiryn en un extraño gesto, poco propio de ella, posó su mano de carne sobre el hombro de la joven humana. –Te llevo un poco de ventaja; es todo.

Morgan recordó que Khiryn le doblaba la edad, así como que había empezado su entrenamiento casi tan pronto nació, y de repente, pensó que sus habilidades hubieran superado a las de cualquier otro humano del montón; se sintió bien.

De repente ante ellas, apareció un ciervo. Majestuoso animal, con sus astas como corona de rey sobre su cabeza brindándole un aire sofisticado y peligroso. El animal las miró en silencio un momento sin decidirse a escapar o comer la generosa grama que salía de entre la nieve. Una traicionera flecha silbó desde lo alto de la muralla negra, desde detrás de la seguridad de las almenas y se encajó con precisión brutal en el gañote del animal. De inmediato, una segunda en la pata trasera. El animal se desplomó. Una tercera y una cuarta terminaron el trabajo. Morgan y Khiryn no pudieron sino mirar. Era natural que los hombres cazaran, pero eso no sólo había sido trabajo de caza, era una advertencia. Un hombre sobre la muralla, posando los ojos sobre ambas en el camino, levantó un pequeño cuerno y lo hizo sonar. Luego sin hacer ningún gesto, pero sin quitar la mirada de las mujeres guardó el cuerno y vigiló con mala cara su presa. Pocos segundos pasaron antes que un par de cuernos a nivel de tierra respondieran. Uno venía del interior del bosque a la derecha de la mujeres, a no más de quinientos metros. Otro venía de unos doscientos metros delante de ellas sobre el mismo camino que ellas seguían.

Vámonos de aquí, vendrán a recoger la caza.-Finalizó Khiryn sin quitar los ojos de los ojos del hombre. Rodearon al ciervo y siguieron andando por el camino. Una patrulla que salía de una puerta disimulada en la muralla las interceptó en el camino. Era la patrulla que había hecho sonar uno de los cuernos y que iban a recoger el ciervo para meterlo en la ciudad.

¡Nombre y asunto! -Exigió el teniente escoltado por 3 hombres más, todos con armadura de anillos y espadas. Sólo el teniente llevaba una elegante alabarda.

Khiryn dio un paso al frente impidiendo que Morgan hablara pues la notaba nerviosa luego de ver caer al ciervo. Mi nombre es Katrin, y ella es Mary. Venimos del camino del sur, queremos rentar un barco que nos lleve a Zheroker, o lo más cerca que se pueda, señor. Hemos bordeado la ciudad principal para no causarles problemas.

No nos gustan los forasteros, aunque sean mujeres. Además van armadas, ¿Para qué son esas armas?
-No son sino meras herramientas, acostumbramos cazar nuestra comida.
-Está prohibido cazar en este bosque, y en cualquier otro de aquí hasta la montaña al sur, o al oeste hasta Thonomer.
–Entonces es una fortuna que no hayamos cazado nada aun.
-Van a tener que pagar derecho de paso.
–Naturalmente. Y Khiryn vació un pequeño saco de monedas sobre su mano, para luego dárselo como pago, tributo o soborno al teniente.
–Por el camino, llegaran a un pequeño condado. Ahí hay un puerto de pescadores y mercaderes. Ahí podrán rentar un bote. Largo, y caminen por la orilla, no se metan en el bosque, no nos gustan los forasteros que no podemos ver. Dijo llevándose las monedas de Khiryn a un pequeño saco.

Detrás de ellas, la patrulla que había sonado su cuerno desde el interior del bosque ya se estaba haciendo con la presa. Desde la almenas, la vista de águila de los guardias miraba de cerca la escena que ocurría entre las mujeres y el teniente. No hubo nada que ver, afortunadamente para Khiryn que luego de una sumisa reverencia se alejó a paso veloz de la escena, siguiendo su camino, de la forma en que el soldado les había indicado.

Cuando hubieron dejado atrás a la patrulla, y no parecía haber miradas sobre la muralla, Khiryn se dejó caer en el suelo nevado. La tarde se estaba yendo y pronto sería noche. –Eso ha pasado cerca. Me he cansado tratando de mantener calmado al teniente, creo que lo conseguí, pero estoy muy cansada; sentémonos un rato, por favor.

Para Morgan, no era la primera vez que veía así a Khiryn, cansada. Pero era la primera vez que ella parecía de verdad nerviosa o temerosa de la situación, y no es que no la hubiera visto temerosa, pero esto era distinto. Se sentía más, frío, más real.

Las suaves gotas caían provocando sonidos sordos sobre el manto níveo que cubría la grama, provocaba un efecto relajante. No encendieron ningún fuego, y Khiryn se limitó a cubrirse con la capa y pegar la espalda contra un grueso árbol. Dormitaba con los ojos cerrados. Morgan por su parte, vigilaba la muralla y los caminos. Aunque bien trazado y bien cuidado, ese, tenía que ser el camino menos transitado por que el Morgan hubiera caminado jamás. En todo el día no había habido nadie en él, sino ellas dos. Salvo el encuentro con la patrulla, no habían visto a nadie, ni oído nada. Las huellas en la nieve del carro que pasó antes que ellas, podrían llevar un día, quizás más, pero más allá de ellas, no se veía rastro alguno de más gente o animales vagando por el lugar.

Un paisaje extraño, abrumador y desconcertante. Hermoso ciertamente, pues el bosque con su fino manto blanco se le antojaba como de leyenda. Mágico; penetrante, calmo y bello en muchos sentidos, y sin embargo, el terrible negro de la muralla contrastando, antecedido por la gruesa fosa con sus afiladas estacas le daban un aire tétrico al lugar. Aun así, la ausencia de gente, ruidos o luces tanto dentro como fuera de la ciudad, proporcionaban un aire fantasmal. Morgan casi llegó a pensar que sería bueno ver al menos un cuerpo de alguien desmembrándose en las estacas de la fosa de la muralla, al menos, para tener como antecedente de que alguien se atrevió a caminar por ahí alguna vez. Luego se imaginó la escena y se le antojó un poco más espeluznante, así que la desechó de inmediato y regreso a su labor como vigía. Vigía sin nada que vigilar. Cuando salió de sus imaginaciones, Khiryn ya se había puesto en pie y se sacudía la nieve de la capa. El cielo se estaba tornando oscuro, anochecería dentro de muy poco, y quizás no llegarán a rodear la ciudad por completo, lo que las obligaría a dormir en el camino. Cosa que Khiryn quería evitar a toda costa.
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Re: The Returners

Mensaje por Cynertryth D. Mosshart el Mar Ago 09, 2016 2:33 am

III

La noche se apresuró sobre ellas. Y con el manto estrellado en la bóveda celeste, el antes silencioso y desértico bosque, se lleno ahora de vida y sonidos entre dolorosos y fantasmales. Morgan era una joven de ciudad, que poco había experimentado la vida en campo, o de lleno en el bosque, por lo que saltaba o tragaba saliva fuertemente con cada sonido que parecía extraño o fuera de lugar; como el aullido de los gatos monteses que era fácilmente confundido con llanto de bebés. Khiryn había nacido y vivido en un bosque, así que la mayoría de aquellos sonidos no tenía secretos para ella, incluso el siniestro movimiento de las sombras no parecía provocarle el menor temor. Temor sentía de la muralla a su izquierda y el cada vez más frustrante hecho de que por más que caminaran no parecía tener fin.

Tras las almenas, las antorchas se habían encendido, y como fuego fatuo, dos o tres hacían su presencia y desaparecían de inmediato entre la espesura del bosque, más allá de donde la claridad permite distinguir con la mirada.

Morgan miró a Khiryn con temor. –No son fantasmas ni espíritus, es la patrulla del guarda bosques, y no nos están siguiendo, dudo que puedan ver el contraste de nuestras figuras contra esta maldita pared.
-¿Y entonces qué hacen? -Dijo con la voz temblorosa e incrédula.
–Alumbran rápidamente para cegar a los animales nocturnos con la luz. Los ojos de los animales reflejan la luz, y los ojos de los animales nocturnos son particularmente sensibles a cambios bruscos de luz, así que al alumbrar de modo inesperado, los animales sin querer no sólo anuncian su posición, sino que quedan confundidos y ciegos por un tiempo suficiente como para que un cazador dispare un par de flechas.

Por supuesto Morgan no sabía si lo que Khiryn dijo era verdad o no; como sea, se tranquilizó pues hasta donde ella podía entender, aquello tenía mucho sentido. Era una lástima que no pudieran comprobarlo por ellas mismas en ese momento.

Y por fin la muralla se acabó. El lado izquierdo hizo un curva abrupta y cerrada hacía dentro, saliendo del camino y desapareciendo para dar paso a un paisaje abierto, e inmenso. El mar.

Fue como un golpe el recibir la densa bruma marina, con su brisa salada y su penetrante olor. Tenían ahora a su izquierda un acantilado de unos 20 metros de profundidad, y al pie de este una playa que no se extendía por más de un par de centenares de metros. La vasta masa acuática se les presentaba ciertamente liberadora; pues el muro había desaparecido y por fin podían ver el horizonte y el cielo. Ambas aspiraron profundo y llenaron los pulmones con el nuevo aire mucho menos viciado y mucho más frío. Y sin embargo, el confort no duró mucho. El cielo, aunque poco nublado, no presentaba ninguna estrella, salvo la tenue luz de una luna opacada por tenebrosos girones de nube. El mar, calmo, no brindaba tampoco gran consuelo, pues en sus aguas apenas se reflejaba nada, logrando una apariencia siniestra de agua negra y espesa, chapotenate; como un enorme de charco denso de petróleo vivo. Desde ella, parecía que en cualquier momento los largos y húmedos tentáculos de un monstruo marino saldrían para arrastrarlas dentro de ese oscuro mundo.

Ciertamente ambas sentían que eran vigiladas desde el oscuro mar. Como si unos ojos ocultos bajo las aguas las miraran, y no era por nada. Sí estaban siendo observadas impunemente por una criatura desconocida. Un girón de nube se movió por el cielo, despejando por un breve instante la tenue luna dejó entonces caer su luz sobre la playa. Khiryn pudo entonces ver un pequeño reflejo brilloso. Al principio, pensó que se trataría algún objeto de metal o vidrio dejado en la arena, pero desechó de inmediato esa idea cuando reconoció el inconfundible brillo de los ojos animales en la luz; y de repente, estos se movieron corriendo por la playa.

Tres reflejos, dos ojos y un tercero, como una corona sobre su cabeza. Como una piedra presiosa, como un cuerno… era como verse ella misma en la noche, siendo el tercer reflejo, su propio rubí.

Con la pálida y evanescente luz de la luna, Khiryn sólo podía distinguir a medias una silueta de apariencia canina, como si de un gran perro se tratara, o de un lobo corriendo por la playa de manera extraña, como dando largos saltos, más parecido al modo en que brincan los conejos. No podía saber a ciencia cierta el color del pelaje, ni las dimensiones correctas, pero sí podía ver que era muy rápido. Morgan también la vio y juntas, corrieron en paralelo a la criatura que se desplazaba en la dirección en la que ellas iban.

Más allá, el acantilado descendía al nivel del mar junto con el camino, y ambas pensaron que de seguir el paso como iba, estarían a nivel de la criatura como para verla de cerca. Esto era más que curiosidad, para Khiryn se trataba de una necesidad imperante, había empezado a sudar frío tan pronto vio a la criatura, y hasta cierto punto, había perdido la razón al salir corriendo, pues en su mente no había nada más que descubrir de qué se trataba aquello. Morgan, había leído en el rostro de Khiryn esta desesperación y casi sin errar se había hecho a en su cabeza la misma idea que la Horige pensaba.

En la persecución, los pasos de la horige se despegaron de los de la humana, quedando ésta última cada vez más rezagada. Cuando el acantilado a su izquierda se había convertido en una pequeña elevación de unos cuatro metros, Khiryn saltó directamente a la playa. Era extraño que la criatura no hubiera desaparecido ya, dada la velocidad que se podía decir que poseía, era, como si la hubiera estado esperando. Para ninguno la carrera había sido fácil. La capa de nieve, aunque delgada, retrasaban los pasos de todos, haciendo que correr se volviera una tarea más bien complicada, pero al final se encontraron de frente Khriyn y la criatura.

Ambos se miraron fijamente estando de pie, estáticos. La criatura andaba a cuatro patas y no era más grande que un perro ovejero y su pelaje era de color blanco cremoso. Era difícil sin embargo decir que tipo de animal era; tenía marcados rasgos caninos, como el tipo de hocico, la cola y la orejas; así, a primer golpe de vista, parecía un zorro, pero además tenía otros rasgos parecido a los de los conejos, como la forma en que andaba con las saltos y también rasgos felinos, como los ojos, sus dedos y sus uñas retráctiles; y nada de esto era más inquietante como el hecho de que, al centro de la frente, por encima de los ojos tenía un cristal celeste de igual forma y proporción que el que Khiryn tenía en el mismo lugar de su cuerpo.

Ambos se miraron por corto tiempo, reconociéndose. Luego la criatura hizo un breve gesto con la cabeza, como señalando el camino, luego con una pata delantera se tocó un par de veces la piedra que llevaba en la frente para finalizar con una reverencia. Acto seguido, la criatura dio un ágil salto, se acomodó en el aire, juntando las patas delanteras y encorvando la espina, como si de clavarse en un foso de agua se tratara y al caer sobre la nieve del suelo, desapareció. Como sí la tierra se lo hubiera tragado.

Morgan llegó a los pocos segundos ante la mirada de una atónita y confundida Khiryn. El encuentro más extraño de su vida lo había tenido hacía nada, su mente estaba revuelta y tenía una pesada mezcla de sensaciones que no le permitían hacer nada ni pensar con claridad. Por un lado, sentía como si hubiera esperado ese momento toda la vida, aunque nunca había ni soñado con algo así. Por otro lado, nada de lo que había pasado desde que salieran de Erenmios hasta ese momento había tenido sentido para ella. Se encontraba caminando de noche, cerca de la ciudad que mata forasteros como si fuera deporte, en un camino frío oscuro y nevado, no tenía ningún propósito claro para estar ahí o ir a donde se dirigía y por si fuera poco, se había encontrado un ser con un rasgo semejante al de ella, -un rubí en forma de rombo en la frente- y luego de un par de señales confusas, este había desaparecido en una madriguera invisible, impalpable en la tierra, justo a sus pies.

Y sin embargo, todo de alguna manera parecía encajar.
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Re: The Returners

Mensaje por Cynertryth D. Mosshart el Mar Ago 09, 2016 2:56 am

IV

Khiryn cedió a la insistencia de Morgan por seguir el camino a pesar que ella deseaba acampar ahí mismo, donde la criatura desapareciera. También pensó que el caminar le podría traer un poco de lucidez a sus pensamientos. Y vaya que la necesitaba ahora.

Caminaron un par de horas más. Y en sus pies y rostros se había anidado la marca inequívoca del agotamiento más allá del cansancio. Casi ni habían comido o dormido en todo el día, así que, con el condado aun lejos de la vista y las murallas de la ciudad ya muy detrás, por fin decidieron hacerse a un lado del camino, prender un leve fuego, comer y descansar.

Pasaron la noche sin más novedad que un extraño sueño de Khiryn, en donde la extraña criatura la llevaba por el bosque, lejos de la ciudad. En el sueño, veía un castillo, un esqueleto moverse y hablar y muchas visiones demoniacas y perversas. También recordó a Alanain, Redrick y Saeed; así como otras figuras y situaciones que no tenían mayor sentido para ella.

Al despertar. Tomaron un breve desayuno de pan y volvieron al camino. Aun caminarían una jornada entera para llegar a los límites del condado; en donde un desgastado arco de piedra medio caída les daba la bienvenida.

El camino se había alejado un poco de la playa y del mar y éste ya no era visible, pero si se podía sentir aun la salada brisa. Los árboles a ambos lados del camino habían ido desapareciendo y habían cedido su lugar se a los campos de cebollas y zanahorias.

Había poca gente trabajando en el campo, muy dispersa. Toda sumisa y metida en su labor y con disimulo mal encarado, veían por lo bajo el andar de las dos mujeres sin entrometerse. Una granja por aquí, otra más allá, un molino y un granero eran las edificaciones del paisaje, que poco a poco se abrieron para dar paso a una zona densamente habitada, con casas descoloridas y chuecas, chorreantes y con un fuerte aroma a humedad. Un cuadro desesperanzador y miserable.

Un carretero apilando fruta y verdura podrida en una carreta, el olor era insoportable. El tendejón exhibía pieles de conejos y conejos colgados con las vísceras aun goteando sangre al suelo, donde era lamida por un par de perros huesudos y enfermos, de piel encostrada y desnuda.

La pollería no presentaba nada más tranquilizante. Los hombres se sentaban en el suelo, sujetando la comida con los dedos sucios y llagados y relamían los delgados huesos del pollo casi crudo haciendo un sonido salivoso y desagradable; luego remojaban el pollo en un caldo sin color y sin verduras para luego llevarlo a su boca sin dientes y chuparlo con renovada energía.

Niños tuertos jugando en las calles abarrotadas de basura. Una pila de mierda bajo la ventana de una casa era el castigo para quien perdiera el juego, que consistía en esquivar el cadáver de una enorme rata que era lanzada por otro pequeño. Un niño cojo, sin duda el anterior perdedor, aun se debatía sin poder salir bien de la pila. Con las manos llenas de mierda se limpiaba los ojos buscando el pedazo de palo que le servía de bastón.

Khiryn se apiadó de éste, y se volvió hacía él para ayudarlo. Lo tomó por el brazo y con un pequeño jalón lo sacó de la mierda; el niño, enfurecido, recogió el palo que la hacía de bastón y con éste, le dio un golpe en la pierna a Khiryn en recompensa por su ayuda. El chico se alejó tan rápido como su condición se lo permitía con una risa macabra en la boca que dejaba ver tres espacios vacios de dientes. El resto de la gente, testigo, rieron señalando a Khiryn. Las risas se tornaban de burlonas a fantasmales; luego a diabólicas.

Morgan tomó por el hombro a la horige y la animó a seguir caminando. Ancianas sin dientes viendo el tiempo pasar, sentadas fuera de sus casas se reían con maldad, cuchicheaban y carraspeaban palabras obscenas en esa lengua suya que suena más obscena que el resto. Mujeres acosadas por hombres sin escrúpulos, o mujeres sin escrúpulos copulando en un callejón; casi a la vista de todos. Ratas y cucarachas paseándose entre las pilas de zanahorias descompuestas. Cada rostro que Khiryn veía, parecía descomponerse y envejecer rápidamente ante sus ojos. Morir y luego con aspecto tétrico reír. Terribles visiones comenzaron entonces a caer más y más pesadamente sobre la mujer gatuna.

La sensación de desapego y abandono era tan densa que Morgan sentía que estirando la mano era capaz de tocarla. Pero había algo más. Un ambiente más bien siniestro desconcertante. Por el camino que avanzaba recto, flanqueado por las moribundas y húmedas construcciones bajas y alguno que otro huerto, Khiryn tenía la sensación de ser continuamente observada; aun más, sentía que la seguían. Y no se trataba de las miradas de ojos muertos y fríos de las personas, no era, algo que caminaba en paralelo.

La horige volvió la mirada a la derecha, y por un momento, pareció distinguir una enorme silueta medio humana, agazapada de tal forma que parecía un animal acechante. El rojo de sus ojos penetraron a través de la hierba mal crecida y se posaron en los ojos de la horige. De inmediato, ésta tuvo la sensación de que sería atacada, al momento en el que la bestia tras la hierba saltaba con fiereza por encima de una delgada cerca de tablas chuecas, mostrando en su ataque una enorme boca de dientes afilados y disparejos. Sus enormes garras se abalanzaron sobre Khiryn a tal velocidad que la mujer no pudo más que dar un salto atrás y cubrirse con las manos.

Pero el golpe nunca llegó. Khiryn bajó las manos sólo para descubrir una confundida Morgan que la miraba pensativa. La horige no le dio importancia al suceso alegando que se sentía un poco mareada por el viaje y continuó caminado. Las casas no parecían mejorar conforme se acercaban al pueblo, y algunas de ellas, con paredes de piedra desnuda, mostraban huecos que quizá hubieran sido pensados para ventanas pero que en las cuales no se asomaba de ninguna manera un marco de madera, o una cortina. Era fácil perder la mirada en el interior de estas casas en donde las escenas más desconcertantes tenían lugar.

Khiryn vio, en una, una mujer con los párpados cosidos, de rodillas, le hacía una sumisa pero consentida felación a un hombre cuya cabeza era la de un caballo; no; era un hombre normal, y no era una felación, comían. En otra un par de perros sentados en sendas sillas comían del cuerpo abierto en canal de un hombre desnudo sobre la mesa de comer. No; estaban sobre el piso bebiendo agua. En la siguiente, un altar cuya imagen de Luminaris decapitado chorreaba sangre por el cuello; sangre que caía sobre un verdugo que azotaba con látigo en mano a… ¡ELLA! Cerró los ojos al igual que los imágenes anteriores está desapareció y se descubrió viendo esta vez a una niña de tez oscura dibujando en la pared.

La última imagen fue sin duda la más perturbadora. En el interior de la última casa, había una figura demoniaca, yacía de cuclillas sobre el pecho de una mujer que dormía desnuda sobre una tabla de madera sin lijar. El demonio, tenía los ojos clavados en el rostro de ella, y ella, claramente sofocada por el peso, respiraba con dificultad mientras exhalaba espesas bocanadas de aire caliente; cada respiro era entonces succionado por el demonio en su pecho. Un segundo demonio de menor tamaño hacía cortes en talón de la mujer dormida, y bebía la sangre que goteaba de las heridas.

Ambos demonios notaron la mirada de la horige y volvieron la mirada hacía ella. El más grande y que estaba posado sobre la mujer abrió la boca; enorme, mostrando una gran cantidad de espesa saliva; lanzó un grito muy agudo y desapreció. El sólo grito bastó para que a Khiryn se le pusiera la piel de gallina volteara la mirada y un leve hilo de sangre saliera de sus oídos. Cuando regresó a ver por aquella ventana, los demonios habían desaparecido, un fuerte olor a almizcle se había hecho presente junto con una densa nube de humo. El humo se fue disipando dejando ver una silueta femenina detrás.

Cuando el humo fue ya una delgada película, la horige miró con horror el cadavérico cuerpo de la mujer, antes dormida, de pie tras la ventana. Su piel manchada y seca se pegaba como ropa mojada a sus delgados huesos. No tenía ojos, en su lugar dos profundos y negros huecos supurantes, su boca sin dientes y de dimensiones exageradas estaba abierta y parecía que los delgados pellejos de sus mejillas se iban a romper en cualquier momento, dejando caer la parte baja de la mandíbula. Los delgados hilos de cabello color rojo se caían como calcinados y en la frente, un rubí rojo en forma de rombo.

Con una sonrisa macabra la mujer animaba a la horige a que se viera en un espejo.

Khiryn, con lágrimas en los ojos la piel erizada de terror cayó al suelo. Se tapó los ojos como una niña asustada. Cuando Morgan le puso la mano encima la notó helada y húmeda. Sudaba frío, y Khiryn no pudo moverse sino hasta pasados varios segundos.
Cuando por fin pudo levantarse, la visión había terminado. La ventana por la que antes hubiera mirado se encontraba cerrada. Se pudo en pie, disculpándose con Morgan, diciendo que necesitaba dormir. En su mente, no pensaba nada más que huir de ese maldito lugar.
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Cynertryth D. Mosshart

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Re: The Returners

Mensaje por Cynertryth D. Mosshart el Vie Ago 12, 2016 3:36 pm

V

Un rio atravesaba la ciudad separando el primer cuadro de casas del resto de la ciudad. Ambos cuadros eran unidos por un puente de madera de aspecto frágil y abandonado. Sobre el puente una gran horca. En la horca, tres cuerpos desnudos colgados, muertos. Un hombre de aspecto serio, una gran panza y ropas que lo delataban como de baja nobleza los miraba con aire disgustado. Khiryn hubiera preferido nadar para atravesar el rio, en lugar de caminar junto a los cadáveres; pero con Morgan a un lado, se le antojo que ella pensaría que era ridícula, y de hecho, la presencia de una persona de aspecto normal la tranquilizaba.

Al pasar el hombre, con tono respetuoso pero formal las saludo.
-¡Forasteros eh! Es raro ver llegar gente desconocida por el camino. Las mujeres saludaron con un movimiento de cabeza y sólo Morgan fue capaz de hablar regresando amablemente el saludo por las dos. Luego, como para hacer plática, le soltó una pregunta un poco fuera de lugar. -Mira los cuerpos con disgusto, ¿Eran conocidos suyos?-
-Ciertamente los conocía, aunque no eran para nada mis amigos, en esta villa portuaria, todos conocen a todos. Lo que me molesta, es que apenas ayer fueron ejecutados y ya hoy los carroñeros les han quitado toda la ropa. Resulta que los comerciantes se han quejado de éste aspecto y me han pedido ver la manera de solucionarlo. Por cierto, mi nombre es Redrose Goodfield; y resulto ser el líder del gremio de comerciantes. Encantado, señoritas.

La aparición de este hombre de modales tan normales, desconcertó aun más a Khiryn, como si de repente, tan sólo poner las plantas -de los pies- en el puente, las visiones terminaran y hubiera entrado en un mundo normal. Morgan se veía mucho menos contrariada; incluso, aliviada de ver una persona distinta de Khiryn, para variar.

–Yo soy Mary y ella es Katrin. Nuestro paso por aquí ha sido un poco sin planear, entendemos que los forasteros son raros y no muy bien recibidos, dados los problemas que permanecen con Erenmios. No queremos causar problemas, trataremos de quedarnos lo menos posible, comprar algunas cosas y luego alquilar un barco que nos saque de aquí.

-No se preocupen, las escaramuzas rara vez llegan hasta esta villa, así que la gente aquí es menos temerosa y por tanto, menos rígida que la gente de Malik.
Por cierto… ¿Cómo se llama éste lugar? –Preguntó con cierta reserva pues temía verse ignorante del todo. –Puerta Norte. Aunque la gente lo llama comúnmente Norport. –respondió el hombre.

Caminaron por el pueblo en compañía de Redrose, y mientras él les hablaba de las maravillas comerciales que el lugar podía ofrecer, ellas devoraban con la vista las calles y callejones, estructuras que pudieran a la larga resultar familiares. El final del recorrido fue en la barra de una posada donde el posadero, de escaso cabello blanco y entrado en años las recibió y alquiló una recamará con un colchón grande donde pudieran dormir las dos. Por alguna razón que Morgan no pudo descubrir, Khiryn no estaba dispuesta a pagar por habitaciones separadas.

La posada se llamaba “La posada junto al mar,” y no estaba junto al mar, pues el mar resultaba estar a unos cuantos bloques; pero junto, o más bien, a cortos pasos se encontraba la taberna restaurante “Del pescador” donde, luego de haber dormido largo y tendido en la posada, Morgan y Khiryn decidieron ir a comer.

Era pasado el medio día, la luz de la tarde menguaba entre un cielo alborotado y nebuloso. En realidad, desde que entraran en los límites de Malik, no habían visto el sol, y al parecer ese día, no sería el diferente. Khiryn entró antes que Morgan, echó un rápido vistazo a los parroquianos esperando, sin querer, ver en ellos las terribles visiones que antes la atormentaran, pero no; sólo una decena –más o menos- de gente normal, sentada, comiendo, platicando y bebiendo. Salió. Morgan se peinaba con los dedos la larga cabellera castaña y por un momento, a Khiryn le pareció que su color se había hecho más oscuro desde que la conociera.

–Parece que todo está en orden. –Dijo la horige. Morgan asintió y ambas entraron. Las miradas se posaron en ambas de inmediato. Era obvio que algunos hombres echaban ojos a Morgan, pues llevaba la cara descubierta y el cabello suelto. En realidad, no era una belleza destacable; que tuviera todos los dientes era sin duda algo llamativo; pero más allá de eso, su cara lisa de aspecto aun juvenil y saludable podía ciertamente resultar atractivo. Las miradas se movían en tres direcciones, notó Khiryn. Iban de ellas, a una mesa donde una pareja sumida en un rincón miraba también en todas direcciones. Eran una mujer de cabello largo, negro y ensortijado, sus ojos eran extraños, pues abiertos, se veían completamente blancos; al menos con la bailarina luz de la vela en su mesa. El hombre junto a ella tenía mala cara y miraba de mala manera a todos.
La tercer dirección que llamaba las miradas, era en la presencia de una pareja aun más extraña, un enano y un divium que comían y bebían juntos. Desde que Khiryn entrara por primera vez en la taberna, no le habían quitado los ojos de encima, y desde que la horige notara que la veían, ella no les quitó los ojos de encima a ellos.

El cruce de miradas, repercutió en un ligero saludo de cabeza para finalizar en el acercamiento del divium a la mesa de las mujeres
–Disculpe si las he puesto incomoda, pero trataba de ver algún detalle en usted. –Dijo refiriéndose a Khiryn. -¡Creo que es usted la persona que estaba esperando!
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Re: The Returners

Mensaje por Cynertryth D. Mosshart el Vie Ago 12, 2016 4:03 pm



Valerie Maltisse.

VI

La mujer volvía la cabeza en todas direcciones, como si observara con atención. Se quedaba largos periodos mirando a la nada, como si estuviera recordando viejos eventos o quizás imaginado situaciones nuevas. Los cascabeles en el tocado que sujetaba su cabello tintineaban un poco cada vez que se movía; luego, sujetaba la bebida con delicadeza, con suaves tragos la bebía; palpaba la mesa y sujetaba los cubiertos para seguir comiendo. Llevaba un abrigo purpura con plumas y un elegante tocado de plata sobre la cabeza, haciendo evidente que se trataba de alguien adinerado, o quizás de la nobleza. Su acompañante, llevaba una chaqueta marrón, algo descolorida, pero de buena calidad; no se veía parentesco entre ellos ni tenían un lenguaje corporal que los situara en una relación amorosa; así que el hombre, debía ser el sirviente de aquella mujer.

Un día antes, Valerie Maltisse, Rel Arrowny y Khalid habían recorrido el camino desde Tirian hasta Malik Thalish, y luego a Norport. Hubieron dos fuertes obstáculos que pasar: en primer lugar, el camino. La capa de nieve, aunque delgada, había provocado que un viaje en carreta que no debía durar más de medio día fuera una insufrible travesía de dos días. Hubo más de un lugar en el que ambos, Valerie y Khalid tuvieron que bajarse y empujar mientras la pequeña Relm arriaba a los caballos.

El segundo obstáculo, fue la patrulla de Malik, habían tenido que mostrar el interior de la carreta y pagar una fuerte cantidad de dinero para poder seguir con el viaje, y aun así, y muy a disgusto de Valerie, la patrulla se había quedado con algunas de las cosas que Val celosamente guardaba; entre ellas, algunas raíces difíciles de encontrar, drogas y algunos líquidos para conservar cuerpos. Sin embargo, no habían siquiera echado ojo a los instrumentos y cuchillos. A lo que sí echaron ojo, fue a los frascos que exhibían fetos animales y luego de una larga explicación, se tragaron el cuento de que la mujer, se dedicaba a la medicina y no a la brujería. Aun si así fuera, poco le importaba a la patrulla el oficio de la mujer, mientras permanecieran fuera de las murallas, no importaba; el interrogatorio era más bien por molestar.

Por los movimientos seguros de la mujer y su andar, no notaron que Valerie era ciega, aun cuando sus ojos eran fiel evidencia de ésta condición.

Muy a pesar de Relm, los tres tuvieron que pasar dos noches en medio del camino, dentro del carromato. Relm odiaba estar ahí dentro, los vapores exhalados de los líquidos y pociones, así como la visión constante de fetos y pieles le parecía insoportable. Era ciertamente un lugar desconcertante con aire tétrico que se veía fuertemente reforzado por la cabeza de la guadaña de Valerie colgada en el techo.

Luego de tanto, llegaron a Norport, justo al momento en que la procesión regresaba al pueblo luego de haber dejado tres cuerpo colgados de la horca en el puente. Para Relm, la visión de la muerte de esta manera, por mano de personas semejantes no tenía sentido. En su cabeza de 13 años, no veía modo alguno en que nadie tuviera autoridad para matar de esta manera. Se consoló pensando que tal vez sus crímenes lo valieran, pero estaba molesta y esquivó la mirada de todos en todo momento.

Khalid no hizo ningún comentario y para Valerie, más acostumbrada presenciar este tipo de prácticas se le hizo cosa normal. Llegaron a “La posada junto al mar” dejando a los dos caballos frisones a cargo del mozo. Los caballos serían llevados al establo, mientras que el carromato que tiraban sería dejado ahí, en el patio interior. Se alojaron todos en la misma habitación, ocupando la más grande del lugar y se tomaron el tiempo de recorrer a píe un poco la ciudad y los muelles.

Ese día, más temprano, visitaron el castillo del conde; un lugar por supuesto público, dado que ahí se negociaban varios tipos de contratos, tierras y permisos. A pesar de la insistencia, no pudieron sin embargo tener una audiencia con él; siendo rechazados por cada uno de los sirvientes que ahí trabajaban. El castillo, estaba construido de forma poco ortodoxa pero aun así práctica. Una muralla baja con un foso en forma de ocho al pie. En el centro del ocho, se accedía al castillo por un puente levadizo. Al pie de la muralla, por el lado de dentro, un puesto de guardia con un único soldado daba la bienvenida y tomaba notas de cuanto personaje entrase.

Pasando la guardia, se accedía un enorme patio rodeado por las construcciones civiles; un establo, un par de salones, una capilla, la cocina y las habitaciones de la servidumbre. Estas construcciones eran separadas por una especie de zaguán techado en forma de túnel de vastas dimensiones que se conectaba con la casa principal. Éste vestíbulo estaba permanentemente cerrado, a decir de los sirvientes, para el público sin cita. En la casa principal se alojaba por supuesto el conde y otro grupo de sirvientes personales de éste. Desde el enrejado del vestíbulo, apenas se podía ver la silueta de la casa principal escondida tras una espesa arboleda.

Al regresar a la hora de la comida, Relm se fue a sus habitaciones, en realidad, desde el día anterior no sentía apetito ni particularmente ganas de nada; así que Valerie y Khalid se fueron solos a La taberna del pescador; y ahí, en lo suyo, tratando de no parecer incómodos ante las miradas de los comensales frecuentes, se vieron intrigados por el extraño par que cruzó la puerta.
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Re: The Returners

Mensaje por Cynertryth D. Mosshart el Vie Ago 12, 2016 4:26 pm

VII

Khalid le describió brevemente a Valerie el aspecto de las dos mujeres; mientras, Valerie se hacía una imagen mental de las mismas por el por el sonido que resultaba de sus pasos. Con disimulo, ambos siguieron aparentando hablar mientras Valerie sondeaba la conversación de las mujeres. De repente, un divium se levantó y fue hasta la mesa de las mujeres.

El divium entendió que sus palabras habían sido confusas, así que con una reverencia formal y elegante se disculpó y procedió a presentarse. La mujer ciega escuchaba con atención desde su lugar alejado.

–Mi nombre es Alister Héstrian, y el caballero que me acompaña es Kratos Arkh. Somos del reino insular de Alabasta y llegamos aquí por la carta de una amiga nuestra, de nombre Cynertryth… –El hombre hizo una pausa esperando una reacción, como si el sólo nombre de la mujer que él alado había mencionado bastara para que Khiryn entendiera. Sin embargo no fue así, y la mujer gatuna se vio aun más confundida. –No conozco a nadie con ese nombre, señor. Debe usted estar confundido.

El divium, al no recibir la respuesta esperada, rebuscó algo entre sus ropas y luego sacó un papel amarillento en el que se podía ver una impecable caligrafía; aunque escrita en un idioma que para la Khiryn, era imposible de leer. –Miré, –prosiguió –mi amiga se llama Cynertryth D. Mosshart; es una mujer de mi raza y hace cerca de un mes, quizás más, logró enviar esta carta hasta la ínsula de Alabasta en donde la recibí. En ésta, cuenta que ha llegado a esta ciudad, buscando revelar un secreto muy importante, sin embargo, no menciona de qué se trata dicho secreto. En la carta de igual modo, me indica con tristeza que es posible que al llegar yo, ella no pueda recibirme, pero me dice que busque a la mujer con rasgos felinos, o la bruja de sombras; que puedo confiar en ellas… –El hombre hizo una pausa y miro en derredor, se inclinó acercándose a Khiryn y luego bajó la voz. -Entre usted y yo, será difícil encontrar alguien que abiertamente se catalogue como bruja y usted es la primer mujer con rasgos felinos que veo en todo el viaje. Pero eso no es todo… …me ha hablado de un rasgo con el que la identificaría a usted y a la mencionada bruja. Un rasgo único e inequívoco. Con todo respeto, mi señora, ¿Puede usted mostrarme su frente?

Valerie le narraba la conversación a Khalid, pero dejó de hacerlo justo al momento en que el hombre alado mencionara a la bruja de sombras. Siguió escuchando hasta el final, con ansiedad que se notaba. Comenzó a temblar con cierta emoción y nervio, y cerró los ojos. Por alguna razón, pensaba que cerrando los ojos, escuchaba mejor, aun siendo ciega. –Khalid, ¡Pon atención. Quiero que veas bien lo que va a hacer la mujer! -Dijo por lo bajo sin disimular su emoción. Khalid afirmó con la cabeza y miró atentamente pero con disimulo a la horige.

Khiryn se sintió nerviosa, e incluso Morgan parecía sentirse incómoda. Así mismo, notó que la presencia del divium en su mesa estaba causando que las miradas de los comensales frecuentes se posaran en ellos de mala manera y que éstos comenzaran a susurrar. -No tengo por qué mostrarle nada. Y le agradecería que nos dejara comer en paz. –Finalizó.

El enano que acompañaba al divium, se puso de pie entonces y se acercó a su compañero; lo tomó del brazo y con un gesto lo invitó a que se retirara y dejara a las mujeres tranquilas; pero el divium en último esfuerzo se dirigió a Khiryn. –Disculpe si la he molestado, pero quiero explicarle. Ésta carta nos llegó hace cerca de un mes, en ella, Cynertryth me relata además que ha pedido una audiencia con el conde; llevamos aquí una semana y no hemos logrado contactar con ella ni tener audiencia con el conde. Cynertryth, además me ha pedido que no viniera sólo. Como verá, creemos que ella puede estar en peligro. Si usted cambia de opinión, mis amigos y yo estamos durmiendo en nuestro barco, que está anclado en el muelle. Es una chalupa que ondea la bandera con el escudo de Alabasta; que es color azul verdoso claro; algunos dirían “Turquesa.” Por último… el rasgo del que ella me ha hablado… se trata de un rubí en forma de rombo en su frente.

Dicho esto, el divium se dirigió a su mesa, pagó por el alimento de ellos así como por el alimento de Khiryn y Morgan y se retiró del lugar.

La Horige se quedó muda. Un escalofrío le recorrió la columna y la hizo estremecer. Sólo hacía unas horas había llegado a ese cochino pueblo y ahora, parecía que “criaturas” que no había visto en su vida la esperaban; incluso la conocían. Pero ella era un soldado; así que detrás del nervio, supo conservar un talante tan firme y una expresión tan dura, que el divium no pudo adivinar nada claro de la felina.

La que tenía la boca abierta y poco pudo disimular sus nervios fue Valerie; la altísima mujer de espesa cabellera ondulada y negra temblaba. Si bien había llegado a Norport, no tenía una razón clara; no hasta ese momento. Tuvo que beber largo y tendido hasta el final del hondo tarro de barro y luego acabarse otra cerveza igualmente rápido para calmarse lo suficiente. Lamentablemente entre las mujeres en la otra mesa, la conversación no había seguido, pese a la insistencia de Morgan. Pero Khiryn hizo mutis desconcertada y no habló.

A Valerie le hubiera gustado estar ahí hasta que las mujeres se fueran, y esperar. Pero en su cabeza, algo grande se fraguaba. Hasta el momento, sabía de la existencia de una mujer llamada Cynertryth que pudo, o no, lograr una audiencia con el misterioso conde. Sabía que ésta mujer divium la conocía de alguna manera a ella y a la mujer de rasgos felinos y que incluso, sabía que ambas llegaría. Sabía que ninguna de ellas dos conocía a la alada. Sabía además, que los amigos de aquella mujer la buscaban desde hacía una semana sin éxito. – Interesante –pensó.

-Vamonos. Valerie se levantó abruptamente de la silla sorprendiendo a Khalid con el tarro en la boca. El servicio se había pagado con anterioridad así que no hubo que hacer más que salir bajo la mirada escrutante de cuanto comensal se encontraba aun en la merienda o en la sobremesa, incluidas las dos forasteras.

Se dirigieron rápido a la posada; Khalid echó una rápida mirada a los caballos y al carro para ver que todo estuviera en orden mientras Valerie subía las escaleras para ir a la habitación donde los aguardaba Relm. Llevaba un buen pedazo de pan, así como algunas frutas de temporada para que la joven comiera. Al llegar detrás de la puerta, Valerie llamó un par de veces antes de entrar. Tan distraída estaba Relm con los carbones y los papiros que no se dio cuenta que la mujer ciega había entrado a la habitación sino hasta que esta paso por el rabillo de su ojo; provocándole un fuerte susto.

Aun con el susto, la reacción principal de Relm fue esconder el papel en el que trabajaba. Gesto por demás inútil, pues aunque en su tierna faceta de madre adoptiva Valerie se hubiera muerto por ver los dibujos de Relm, no podía. Era ciega. Relm se dio cuenta de su error y se sintió estúpida por un segundo, luego, culpable y finalmente triste. A ella también le hubiera gustado que Valeríe pudiera ver alguno de sus dibujos.

Valerie dibujó una mueca y luego disimuló su frustración con una sonrisa. -Te traje comida. Tengo cosas que hacer; volveré más tarde…. Cuídate; si puedes, no salgas. Dicho esto, la mujer ciega se dio la vuelta, y con la misma soltura con la entró, salió de la habitación; dejado a Relm aturdida.

En el portón de la posada, Valerie se encontró con Khalid, quien ya tenía todo listo para partir. El cielo comenzaba a descomponerse en una noche que amenazaba con lluvia; así que si Valerie no quería contraer gripe en ese frío clima debía ser rápida.

Se dirigieron a la casa de Redrose Goodfield; a la cual llegaron preguntando la dirección a un paseante. Redrose era ampliamente conocido y todo el mundo sabía dónde encontrarlo. Dirigieron el carro tirado por los dos magníficos frisones por el pobre empedrado de la calle principal hacía una zona delimitada y dividida del resto de la ciudad y de la zona portuaria por una muralla baja, de unos 2 metros de alto.

Dentro de la zona amurallada se encontraban las mejores casas. Construcciones que no llegaban nunca a ser ni medianamente exquisitos y bastos como un castillo; pero sí mucho más grandes y lujosos que las casas que se encontraban en el resto de la ciudad. Al menos, las que Relm y Khalid habían visto. En la zona, no sólo vivía Redrose, por supuesto, sino que sus homólogos líderes gremiales. En total, unas 7 casas y dos caballerizas constituían el complejo. A Relm le pareció una manera moderna y lógica de protegerse y compartir recursos, pues por lo que se notaba en las caballerizas, los 7 líderes gremiales compartían la servidumbre. Al menos, en lo referente a jardineros, guardias y palafreneros.

Lo más destacable del lugar, según percibió la mujer, era el agradable y rebosante olor a flores. Podía distinguir al menos 4 tipos distintos de rosas, sólo por su olor entre los más de once tipos de flores que lograba percibir. Khalid no le dio importancia a esto, y sin embargo, no pudo evitar sentirse un poco más tranquilo y medianamente sobrecogido por la belleza de los colores nutridos de las flores.

Un mozo de cuadra los atendió tan pronto avanzaron unos cuantos metros dentro de la muralla y un par de soldados fijaron en ellos su atención. Se presentaron con el mozo, quien llamo un par de palafreneros, quienes guiaron a los caballos junto con el carro una caballeriza. El mozo llevó al trío con los guardias donde se igualmente se presentaron. Luego el mozo regresó a sus actividades y ahora, guiados por el guardia, fueron a la casa del señor Goodfield.
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Re: The Returners

Mensaje por Cynertryth D. Mosshart el Vie Ago 12, 2016 4:56 pm

VIII

-¡Quiero sus muertos! –repitió Valerie con insistencia mientras veía los nubarrones arremolinados en el cielo y los truenos empezaban a sonar. Redrose se notaba molesto, había sido interrumpido justo antes de empezar a cenar, pero luego la petición desconcertante lo puso nervioso y a la defensiva. Valerie por su parte, notablemente apurada y disimulando su condición de ciega, comenzó a explicarse no sin fastidio.

–Mi nombre es Valerie Maltisse; soy de la casa Maltisse de Tirian le Rain. Mi familia es bien conocida en la zona por su trabajo de herrería. A Goodfield este nombre le sonó conocido, y luego de ver el blasón que llevaba Khalid en la empuñadura de su espada no tuvo dudas. La familia Maltisse había trabajado con anterioridad en conjunto con él y Norport. Como líder del gremio de comerciantes, estaba familiarizado con la compra de armas y armaduras, y recordaba que entre las más exquisitas que alguna vez llegaron a entrar a la ciudad se encontraban aquellas que venían de Tirian, directamente de la familia Maltisse. Sin embargo hacía años que Malik Thalish no comerciaba con Tirian, debido problemas políticos; pues Tirian también comerciaba con Erenmios, con quien Malik Thalish tenía una histórica enemistad.

Valerie se presentó a sí misma como Médico, y aseguró que el uso que le daría a los cuerpos era meramente con fines investigativos. -…Además, usted mismo ha dicho que los cadáveres colgados están empezando a ser una molestia para usted y los agremiados. -Finalizó la mujer. No sin molestia, Redrose Goodfield aceptó que era verdad, y aunque tenía serías reservas sobre delegar los cuerpos, la promesa de Valerie de negociar con su padre la reanudación comercial con Norport sirvió para que finalmente Goodfield cediera.

El líder gremial escribió un permiso y lo firmó con su sello, se lo entregó a la mujer y mandó al mozo de cuadra alistara tanto el carro de Valerie como su caballo. Juntos fueron al puente.
Al llegar; los cuerpos cada vez más tiesos y amoratados se mecían a ritmo tétrico en sus sogas al vaivén del viento de lluvia. Estaban desnudos y exhibían sus miserias de forma macabra, con los rostros descompuestos en un gesto de eterna agonía y odio.

Goodfield apenas si podía verlos sin sentir estremecerse en su flácido cuerpo. Se llevó la mano a la boca para evitar respirar el pútrido olor de la muerte e hizo esfuerzos sobrehumanos para no vomitar. Se sorprendió al ver la forma familiar en la que Valerie se acercaba, sin siquiera mostrar el más leve gesto de repugnancia. La mujer los tocaba, les revisaba los dedos y uñas y palpando determinaba su estado de putrefacción. “-Sí; debe ser un médico o una loca.”-Pensó Goodfield al ver tal modo de actuar ante la muerte.

Valerie mandó a Khalid a que cortara las sogas para bajar los cuerpos, quien, por su parte, parecía mucho más respetuoso de los cadáveres y aunque trataba de aguantar, no era capaz de guardar su gesto incómodo al acercarse, verlos y sobre todo, olerlos.
Con cuidado bajaron los cuerpos al puente y los tendieron boca arriba. A estas alturas, era ya algo complicado manipularlos por la “rigidez post-morten,” así que la mujer explicó que para trabajar con ellos y poder desplazarlos, debía cortarlos.

Goodfiel hizo un gesto de incredulidad, que se convirtió en terror cuando Valerie regresó del carro con un enorme cuchillo de hoja ancha y de un solo corte limpio, separó el brazo de uno de los cadáveres del resto del cuerpo. Redrose no pudo sino temblar, volver la mirada y vomitar con la boca cerrada. Tragó el amargo vomito con lágrimas en los ojos y luego de tomar aire detuvo a Valerie, quien ya levantaba el cuchillo para cortar el siguiente brazo.

¡Esto no fue lo que discutimos, no puedes profanar así a los muertos!-Se quejó. A lo que Valerie, levantando los ojos al cielo y luego dedicándole una larga y blanca mirada le dijo: -El sol se fue, y pronto empezará a llover. No puedo poner velas aquí mismo para trabajar, y si alguien pasa, será testigo de un desagradable espectáculo. Debo mover los cuerpos a donde pueda trabajar con ellos de modo privado. Además usted ya dio su permiso. Redrose movió la cabeza negando para sí mismo; como aceptando arrepentido que la mujer tenía razón. -Está bien. ¡Pero termina rápido por Luminaris!

El hombre montó su caballo con dificultad; no se quedaría a ver lo que seguía. Se despidió de Valerie y de Khalid con una bendición. -Espero que su Dios sea piadoso con usted, señora Maltisse. Aunque sea con fines de progreso y ciencia, nadie debería profanar así a la muerte. Valerie sin volver la mirada aceptó las palabras del hombre y luego dejó caer la hoja sobre la pierna del muerto, separándola misma justo por encima de la rodilla. Goodfiel espoleó y se perdió en la ciudad en un segundo.

Luego de un rato; Redrose Goodfield llegaría a su casa, donde una caliente y abundante cena de pavo, tocino y jugosos dátiles lo esperaría. Pero él había perdido el apetito; esa noche no cenaría.

Las primeras gotas de lluvia comenzaron a sonar en el entablado del puente. Eran esporádicas y pequeñas; nada serio que pudiera ser una molestia aun, sin embargo, suficiente como para que Valerie se apurara con la tarea.

Khalid se sorprendía con una mezcla de admiración y miedo cada vez que veía como aquella mujer era capaz de tales acciones. Sin duda, era una mujer grande. La más alta que hubiera visto en su vida; pero tratar cadáveres y cortarlos limpiamente requería más que sólo fuerza física. Para muchos, nada más estar cerca de uno era razón suficiente para sentirse incomodo o atemorizado y sin embargo, ella se desenvolvía con un modo tan eficiente y familiar que resultaba inquietante. Además, Valerie parecía no responder y desechar el viejo estereotipo de la bruja fea encorvada y malvada, que hacía pociones insalubres en un apestoso pantano oculto en el bosque.

No. Valerie no sólo era alta con un porte elegante y dueña de un noble apellido. Era además una mujer de gran belleza, con rasgos finos y delicados, un trato respetuoso y con una excelente educación. Era además atractiva y poseía un carácter que iba de lo dulce y cordial a lo servicial; siempre parecía tener buen humor, aun cuando estaba angustiada; aun cuando sobre todo, era ciega.
Ciertamente escalofriante ver una mujer de tales descripciones separar a tajo limpio la cabeza de un cadáver desnudo.

-Si vas a estar ahí parado sin hacer nada, mejor ve a ver como está Relm; llevamos todo el día fuera y me preocupa, quizás ni ha comido. Anda, ve. Yo termino aquí y los alcanzo. Estaré bien; la amenaza de lluvia me dará privacidad. Khalid se sintió apenado al verse sorprendido en sus pensamientos. Hasta que salió del letargo por las palabras de Valerie se dio cuenta que tenía la boca abierta. Sin decir apenas nada, afirmó con la cabeza y se alejó del lugar caminando velozmente.

-//-


Khalid llegó en pocos minutos a la posada; antes se hizo con un poco de “tocino” y una gran hogaza de pan. Subió las escaleras y llamó la puerta de Relm un par de veces y esperó. Relm no respondió, y luego de llamar un par de veces más sin respuesta, entró violentamente a la habitación, dejando la comida en el suelo y empuñando su sable. Relm asustada ahogó un grito volviéndose hacía Khalid empuñando un pincel como si se tratase de un cuchillo. Había estado tan absorta en su trabajo que otra vez no había escuchado el llamado a la puerta. Esta vez, tenía un lienzo de tela estirado en un bastidor en el que había pintado con acuarelas un hermoso retrato de la ciudad.

Khalid enfundó su arma, molesto pero aliviado. Salió de la habitación y regresó con el pan y la carne; se la ofreció a Relm que en silencio, comenzaba a guardar sus cosas. No lo había notado hasta ese momento, pero le dolía la espalda, los hombros y comenzaba a sentir un hormigueo en la mano derecha. Relm miró la comida que le ofrecía Khalid, y de inmediato volvió la mirada a la mesa, donde la comida que le había traído Valerie horas antes permanecía intacta; fría y poco apetecible.

Relm le dedicó una mirada de complicidad a Khalid antes de tirar la comida vieja y empezar a dar cuenta del pan y la carne. A Khalid le hubiera gustado que Relm le mostrara sus dibujos, pero ella no tenía esa relación él. De hecho, ella parecía tratarlo de modo austero, respetuosa y cordial, pero nunca de manera íntima o personal. Conversaron poco, pero la mayoría del momento pasó en silencio.

La lluvia permaneció suave sobre la cabeza de Valerie quien después de separar las extremidades de los cuerpos, extrajo sus viceras y cerebros con precisión casi quirúrgica y guardó lo que necesito en frascos de cristal con químicos para conservar. Llevaba un registro detallado de cada operación que realizaba y mientras no fuera capaz de escribirlo, lo guardaba celosa y sistemáticamente en la memoria.

Finalmente; Valerie tomó algunos órganos y partes seleccionadas de los cerebros. También escogió algunos tejidos musculares y completando los paquetes con algunos remanentes de cadáveres que ella misma poseía en su carro completó cuatro sacos hechos de piel. Todo el proceso le había tomado alrededor de unas tres horas; y aunque lo había hecho con cuidado, lo había hecho deprisa.

Finalmente, llenó con tierra de alrededor un par de enormes recipientes de barro –como macetas o cántaros de agua- que llevaba en el carro y ahí, plantó los sacos; dos sacos en cada recipiente. Luego, tomó un gran saco tejido y buscando con la palma de la mano, recogió y echó en el saco los restos de cadáver que no había usado y que no necesitaría. Mojada como estaba, caminó por el puente en dirección opuesta a la ciudad, arrastrando la bolsa con restos directo a las ruinas. Encontró una construcción abierta con un pedazo de techo. Vertió sobre el saco un líquido espeso de color verdoso y luego, le lanzó chispas frotando una piedra de pedernal. El líquido comenzó a arder con violencia y muy pronto se hizo una enorme llama. La mujer se alejó un par de metros y espero unos minutos. El fuego crecía favorablemente. Finalment cruzó el puente de regreso se dirigió con el carro de regreso a la posada, sabiendo que ese fuego ardería toda la noche.

Entró rápido a la habitación apenas saludando a Relm. Khalid se había retirado a su propia habitación que era la de al lado. Valerie se aseó y se cambió de ropa. Luego extrajo un pequeño frasco de un bolso pequeño y bebió un par de tragos de su contenido. Adivinando el desagradable gesto de Relm ante eso se explicó diciendo: -¿Qué? No todo es desagradable, deberías probarla, es bueno para la garganta. Es miel y limón. –Relm hizo un gesto de incredulidad; Valerie sonrió y luego siguió. -Ve a buscar a Khalid, y vístete con la capa; vamos a salir.
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Re: The Returners

Mensaje por Cynertryth D. Mosshart el Vie Ago 12, 2016 5:20 pm


IX

Alabasta era un reino insular situado en el mar del este de Noreth; más allá de Taimoshi, Thalis y cualquier isla cartografiada oficialmente por cualquier reino del continente. Era un reino autosuficiente gobernado por un Rey divium cuya ley y voz se extendían por las más de 70 Islas e islotes que lo integraban.

De todas las islas, sólo 22 estaban habitadas de forma permanente y sólo 7 tenían castillos. La sociedad de Alabasta estaba ejemplarmente organizada. Directamente bajo las órdenes del rey y seguido en jerarquía; -Sin mencionar a la familia real- se encontraban los 4 marqueses. Uno por cada punto cardinal, siendo el del Oeste el que gobernara sobre los otros 3. Los marqueses eran dueños de tierras y recibían tributo de los demás lores. Además, eran los capitanes de la milicia del rey repartida en sus sectores. Así mismo eran capitanes de las fuerzas armadas navales.

Luego de los marqueses, venían los duques; quienes también poseían tierras propias, pero su trabajo principal era administrar las tierras del rey y de los marqueses. No poseían milicia propia salvo su escolta personal. Bajo los duques, en la escala más baja de la nobleza real, se encontraban los condes; quienes tenían el derecho a poseer tierras también; su trabajo se trataba de administrar las tierras de los duques y resolver problemas en las poblaciones y condados.

Alabasta había descubierto por diviums y posteriormente conquistado hacía cerca de medio milenio. Cuenta la historia que se ha podido rescatar, de un clan de alados que se aventuró más allá del mar. Habían partido desde lo que ahora es el mashamba milele abandonando sus llanuras en busca de nuevas tierras. Se cuenta, que dicho clan estuvo perdido durante meses; navegando en los retazos de una poderosa embarcación que fue disminuida por accidentes navales provocados por el mal clima. Sin embargo, y cerca de que toda esperanza estuviera perdida, avisaron a lo lejos tierras. En principio pensaron que las mareas los habían arrojado de regreso hacía el continente, pero su sorpresa fue grande cuando constataron que no fue así.

Abandonaron el barco que al poco se hundió y volaron con el resto de sus fuerzas y provisiones hacía la isla. No lo supieron de inmediato, pero habían llegado a lo que luego sería conocido como la isla de la Cruz Nocturna. El clan sobrevivió cerca de un año comiendo vayas, frutas y pescando. Crearon el primer asentamiento y una vez se sintieron seguros exploraron.

La isla a la que llegaron, no estaba habitada, sin embargo, en sus viajes aéreos pudieron reconocer en algunas de las islas más extensas grandes asentamientos humanos; que por su distribución urbana y sociedades organizadas parecían haber estado en las islas durante mucho tiempo, poseyendo pueblos que a los diviums de esa época se les antojaban mágicos y modernos.

Los humanos, en su mayoría, aceptaron bien la llegada de estos nuevos seres, brindándoles un trato respetuoso y servicial. La mayoría se sentía seriamente intrigado y algunos confundieron a los diviums con deidades, pues nunca había presenciado a seres tan hermosos y poseedores de tales dones como alas. Sin embargo, no se sorprenderían por el poder mágico de los diviums, pues si algo tenían los humanos de las islas, era conocimiento mágico.

De hecho, poseían un conocimiento mágico tan avanzado, que los sorprendidos fueron los alados. Sus poderes y hechizos no se correspondían con nada que hubieran visto antes. Intrigados, permanecieron huéspedes de los humanos de las islas para conocer sus secretos.

Vivieron con ellos alrededor de 10 años antes que el primer divium saliera del archipiélago. Él, llevaría la noticia al resto del clan en el continente y los humanos de las islas nunca volverían a ser los mismos.
La traición vino de los alados. Tres años después de que aquel divium se fuera, regresó, acompañado de una poderosa flota naval y al menos 20 mil alados. La masacre fue total; barrieron con todos. Aquella raza de humanos, inocente y bondadosa fue aniquilada.

Los detalles sobre el conocimiento mágico de los isleños, así como su fuente, fue guardada con celo, y aquel divium se proclamó conquistador y emperador del archipiélago al que llamó Alabasta. Pasaría cerca de un siglo más para que otra raza ajena a los alados pisara aquellas islas.
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