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Cazando reliquias [Campaña]

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Re: Cazando reliquias [Campaña]

Mensaje por Lynn Kravitz el Dom Abr 23, 2017 3:34 pm

Debería coger algo de agua. Tengo los recipientes casi vacíos, y quién sabe cuando podré volver a recoger agua limpia, sin tener que derretir hielo. Dejo a Furia Negra atado al árbol, y voy hacia allí en un momento. Suena un ruido extraño, y me detengo, totalmente alerta. Trato de aguzar el oído, pero no sé qué es eso que suena. Da un segundo golpe, frunzo el ceño y entonces caigo en lo que es. Parece una campana, el tañido de una campana. Pero una bastante grande, ya que es un sonido grave, aunque también fuerte y, a la vez, musical, armónico.

Cuando acaba, voy en dirección al lago. Me entretengo por el camino, mirando la extraña fauna del lugar, y camino lentamente hacia el agua, sin prestar mucha atención a adónde voy, y acabo por desviarme y caminar por la maleza durante un rato. Me fijo en que cientos de animales salen de entre los matorrales y las ramas con el tañido de la campana, como si fuera una especie de señal. Los hay comunes, pero también veo a algunos que nunca antes había visto.

El más numeroso es una especie de pájaro blanco. No está recubierto por plumas, sino por piel y, ahora que me fijo, tiene pequeños tentáculos que hacen las formas de las alas de un pájaro. A pesar de su forma, no vuela, sino que flota. Es extraño, nunca había visto nada así.

Al final, acabo volviendo junto al árbol. Me quedo mirando hacia la maleza, intentando ver algún tipo de movimiento. Tengo los brazos caídos, ni siquiera he sacado la espada, a pesar de que muchos me han dicho que debería ser algo más cauto en lo que a ese aspecto refiere. Giro la cabeza al oír que se dirigen a mí. ¿Es a mí? Sí, ¿verdad? Creo que no hay nadie más por las cercanías. Ahora giro todo el cuerpo en dirección a esa persona, una de las dos mujeres que iba en el carruaje.

-No he visto nada, lo siento. Pero puedo acompañarlas a echar un vistazo, si quieren.

Lynn Kravitz

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Re: Cazando reliquias [Campaña]

Mensaje por Casandra Von Schuyler el Dom Jul 23, 2017 6:47 pm


El bosque seguía en silencio. No se había escuchado nada desde el momento en el que las campanadas habían alzado un grito metálico contra el mundo, revelando el hueco que se había abierto paso desde las profundidades de la tierra.
La sombras empezaban a crepitar, desesperadas por la falta de luz, convirtiéndose lentamente en una tormentosa capa de negrura. El atardecer caía y con ella el tiempo de decisiones. Elegir quedarse en el exterior, esperando a un investigador que se había adentrado en la siniestra catacumba, acampando en un bosque que os había revelado momentos antes sus horrores o elegir entrar, siguiendo el posiblemente demente juicio del investigador, adentrándose en la boca de lo que llamaba a ser un misterio oculto por el tiempo, que como la nieve del país, se había asentado con pesadez con la esperanza de, quizás, tapar ese horror.
Las escaleras esperaban, hambrientas, a vuestra entrada. Perfectas en tamaño y forma, incluso limpias a pesar de los siglos de desuso, como si el tiempo se hubiera parado en su interior y el mundo hubiera ignorado su interior, demasiados temerosos como para querer abrirlos. El olor a moho, polvo y aguas estancadas golpeaban vuestras napias, pero a vuestras espaldas os empujaban las miradas de animales sedientos de sangre, vísceras y, posiblemente, almas.

De esta manera el primer paso tambaleante resonó contra la piedra del primer escalón con la fuerza liviana de una decisión inconsciente, la falsa asunción de que el interior es seguro, de que había posibilidades de supervivencia. La oscuridad esperaba.
Los siguientes pasos siguieron al primero como una marcha fúnebre, constantes, luchando contra el silencio que se había instaurado. Un, dos, tres… Los escalones se torcían, primero en espiral, como los de una torre, pero pronto, cuando la visión de los ojos despareció, ocupada por el velo de la oscuridad, y solo subsidio la sensación de vuestros cuerpos lo notasteis. Deformes, casi como si estuviera en movimiento bajo las palmas de vuestros pies, cambiando de forma y distorsionándose en figuras imposibles. Cada escalón removiéndose en formas que incitaban a la desconexión de la razón o la mera locura. Izquierda, derecha, izquierda. Pronto el calor os aprisiono. Lo notabais sobre vuestra piel, como el contacto de las manos de hombres indeseables, provocándoos sudor y la sensación de que algo, en alguna parte, os estaba viendo. El humano y la cambiaforma notaban como ese calor se introducía por sus bocas y narices, inundándolos de nuevo con el nauseabundo olor de la decadencia y el olvido, sin embargo, para la demonio era diferente. El calor se volvía mordiscos y toques, como si cientos de insectos se hubieran acumulado sobre su piel, introduciéndose en ella, convirtiéndola en un festín que ni los más desesperados carroñeros querían. En sus sienes, el dolor empezó a crecer, como si una aguja fuese, lentamente y con la piedad de un sádico doctor, introducida entre sus ojos, penetrando y moviéndose primero contra la dermis de la piel, luego contra el frió hueso, rozándolo para abrir un agujero, y finalmente contra la materia gris de vuestros cerebros. La oscuridad se volvía física y sonora, gruñiendo y lamiendo vuestros orejas y bocas, susurrando secretos de vuestro pasado,  besándoos con dulces mentiras o exclamando gritos desesperados, engañando vuestros sentidos.

Sin embargo, como un foco de esperanza, visteis la luz. Un torrente débil y lloroso, que invocaba las llamas de una vela, se filtraba por una grieta. Os acercasteis, como penitentes al perdón divino, para encontraros con una muestra más de los secretos que guardaba el corazón del lugar. La piedra, torcida y arrancada, mostraba las huellas de manos. Como contorsionadas por algún ácido, torrente o magia, las piedras esbozan en la superficie abierta la forma de palmas. Palmas que habían ido arrancando uno a uno los ladrillos de la pesadilla que era la oscuridad, revelando un descanso o, al menos, parada. Era una señal, el eco de una desesperación pasada, pero sin la información importante que debía de mostrar. ¿Lo había hecho hecho para entrar en el resquicio o para salir del él?

Sin tiempo que perder, entrasteis. La sala era monstruosamente grande, más similar a las estancias de palacios que a las de ruina. Tres grandes cúpulas reinaban sobre el lugar, inundando, no de luz, si no de un sustituto de color morado, la estancia. Por las cristaleras que adornaban las decadentes cúpulas, uno podía observar como el exterior parecía un mar, quizás perdido en la historia, en lo que algo, en los bordes de los cristales, parecía moverse. Ese techo fantasmagórico parecía sostenido por una docena de columnas a los bordes, algunas perdidas por el tiempo y la acción del liquido que emanaba de grietas del techo, otras marcadas con vegetación, manchas o las mismas marcas que adornaban el agujero. Mientras tanto, la forma del suelo de la estancia era extraño. Los bordes conformaban pequeños pasillos, algunos rotos y desmoronados por la acción del tiempo, pero en el centro solamente se alzaban tres enormes puentes, que pendían, en una magnificencia monumental, sobre la nada. La leve mirada que le dedicasteis al abismo fue momentánea, no por falta de interés, si no por la sensación. El abismo os había mirado de vuelta. El sonido de un goteo constante era perpetuo.

Pronto, como si alguien hubiese tocado un mecanismo, pequeñas flores de piedra que adornaban los pasamanos y las columnas se iluminaron en un estallido dorado, iluminando la estancia. El sonido de pasos a vuestros pies. Desde el otro borde del pasillo visteis dos figuras. Eran humanas, pues sus cuerpos eran claramente humanoides, mostrando delicadas y ornamentadas decoraciones en uniformes. Sin embargo, según corrian a vuestra dirección, visteis sus rostros. Su piel, como el polvo del camino, parecía moverse y solamente tres huecos oscuros ocupaban su boca y ojos. Según se acercaban, gruñidos y agudos chillidos golpearon vuestros oidos, pero desaparecieron, en un chasquido, junto con las figuras. Esto se repitió con constancia durante los minutos siguiente. En ocasiones en grupos de 15, de 3 o solamente una de esas figuras aparecían por la estancia, desvaneciéndose con ese particular chasquido, que los enviaba a la nada.

Sin embargo, todo se paró en seco, en el momento que una de las puertas, dañadas y casi caídas se abrió, revelando en el otro extremo, al profesor que os había traido allí. En sus manos, dos pequeñas varitas metálicas que brillaban con fuerza, pertenecientes a los grupos de ingeniero que poblaban el país.  

El hombre casi no os veía y cuando le gritasteis, el saludo le hizo levantar la cabeza. No lo suficiente como para ver la amenaza. Vistes, con horror, como algo se deslizaba, como un liquido mohoso, entre las grietas del techo, derramándose con potencia sobre el hombre. El caballero, lastimoso y en pánico, se intentaba zafar de esa criatura, agarrando borbotones de la sustancia con sus puños, pero pronto se volvían a unir con la masa madre. Antes de que pudierais hacer nada, el liquido lo trago entero, volviéndolo una masa uniforme. Pero el horror no había empezado aun. El ser empezó a temblar y su cuerpo a retorcerse, girando en torno a su victima. El sonido de la carne siendo arrancada y de los huesos molidos no eran nada en comparación con el sonido, breve y potente, que había producido el hombre antes de sufrir ese tormento. Pronto, el liquido se fue derramando en el suelo, con inocencia fingida, sin dejar rastro del hombre.
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Casandra Von Schuyler

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Re: Cazando reliquias [Campaña]

Mensaje por Vanidad el Vie Ago 11, 2017 11:45 pm

Todo eso le daba mala espina, por supuesto. Una entrada que se abría espontáneamente, unas escaleras impolutas a pesar de que debían haber pasado al menos décadas desde que se usaron a juzgar por el fuerte olor a moho y polvo y el investigador con nada menos que daño cerebral por bajar hasta allí sin la supervisión de la escolta que había contratado. Y si no tenía daño cerebral, lo tendría para cuando lo arrastrara de vuelta al bosque. Ella bajaba en cabeza, con una antorcha improvisada de la fogata del campamento, con unos pocos malos más por si acaso se acababa la luz. No sabía cómo de profundo seria eso, y no quería quedarse atrapada en la oscuridad, tanteando para salir.

E hizo bien en traer recambios, porque cuando más bajaba, más caótico se volvía todo, las escaleras antaño perfectas se retorcían, aunque la diablesa sospechaba que se trataba más bien de un problema propio, no de las escaleras, le recodaba a casa, formas imposibles, más dimensiones de las que una mente mortal podía comprender, intentando entrar en esa primitiva cabecita. Allí hacia más calor, eso sí. –Parece que no me quiere aquí…- fue todo lo que dijo cuándo empezó a notar los mordisquitos. Se había girado al ver el resto, pero parecían estar razonablemente bien, lo que implicaba que ella se estaba llevando la peor parte. Pero eso solo hizo que su paso apretara. Había pocas cosas que pudieran causar una sensación similar a los confines del foso, pero que rechazara a los demonios. Se rascaba el cuerpo aquí y allá, siendo movida por la curiosidad. ¿Qué se comportaba como una dimensión demoniaca pero no lo era? ¿Y a que sabrían sus habitantes?

-No nos gusta estar aquí…-

-¿No os gusta cuando OTRAS voces me hablan?-

-…No. Además, es peligroso, si no te estas enfrentando a un demonio, pero guarda similitudes…-

-¿Si?-

-¿Hay otras cosas de donde venís los demonios?-


La diablesa paro en seco, solo un instante, entendiendo lo que estaban implicando esas almas mortales. Era razonable que algo que no fuese ni demonio ni norethiano pudiera causar un efecto casi-demoniaco sin serlo. Y las implicaciones no le gustaban, no cuando solo tenía a ese par como apoyo. A ese par y a Tenebra, pero aún era muy pequeña. Pero finalmente llegaron a la luz, una luz que no mostraba nada especialmente bueno, a juzgar por como parecía haber palmas derretidas en la piedra.

Pero a ella le daba un poco igual, una diablesa como ella no se amedrentaba por unas rocas raritas, ni por una luz morada, ni por luz dorada, ni por unos…humanos sin cara. Luzbel ya tenía la mano en la espada, lista para decapitarlos de un solo desenvaine cuando desaparecieron. El proceso se fue repitiendo, lo que implicaba que o bien los estaban cansando como una jauría de lobos o eran inofensivos, pero en ambos casos haría exactamente lo mismo, le encasquetaría la antorcha a la niña y cogería el escudo, protegiendo al menos una de las direcciones. La situación se alargó durante demasiado tiempo, pero por fin paró cuando apareció a ese idiota que la había llevado aquí.

-Maldito idiota, ven aquí antes de que te maten o lo hare yo misma.-
y entonces chof, fue salpicado por algo, cada vez más y más hasta que quedo claro de que eso estaba vivo y que se lo estaba comiendo, retorciéndose como un sacacorchos y disolviéndose. –Y allí va mi paga…genial…- bueno, no parecía amistoso, y casi seguro que tenía hambre, así que lo mataría. Al menos vendería esas varitas raras.

Enfundo la espada, no le serviría de mucho, en su lugar, ato la funda con el cinturón que llevaba alrededor del agarre del escudo, de manera que quedara sujeta, creando un amarre. Ahora era posible llevar su escudo con la punta hacia delante, como un arma. Eso lucia mucho más útil para separar algo tan peligroso, era como un puño, pero más seguro, reduciendo el riesgo de disolverse horriblemente. Luego cargo, mordisqueando su as en la manga. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, saltó por encima de la criatura, soltando un aliento flamígero directamente sobre ella, para aterrizar al otro lado. Con un poco de suerte bastaría con atacarla desde dos direcciones para que pudiera recuperar su botín.


Spoiler:


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Re: Cazando reliquias [Campaña]

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