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¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

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¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

Mensaje por Eudes el Miér Ago 10, 2016 7:44 pm

El sol se levantó temprano esa mañana. Su luz, potente, imperiosa, refulgente, surgió de entre las arboledas a la derecha como una gloriosa aparición divina. Todo el bosque aledaño al camino, al verse tocado por su luz, se tiñó de tonos dorados, y la vegetación, no fea, pero si mundana hasta ese instante, lentamente se empezó a asemejar al jardín de una tierra mágica, viva hasta un punto que podríamos comparar con lo místico, consiguiendo que flores de colores claros literalmente brillasen tanto como un girasol en el epítome de su gloria.

Era una zona bastante baja de la cordillera. Aunque podía verse una lejana pared de tierra que, se suponía, era la primera elevación hacia la cumbre de la montaña, a primera vista el camino era bastante llano, y unos cuantos habrían jurado que si quitábamos los poderosos robles, aquel lugar fácilmente parecería un conjunto de colinas. Claro, la elección del lugar era algo mas que natural y comprensivo; los mitos y leyendas que hablaban de bestias feroces, lobos y ogros, tenían mucha parte de veracidad en los sitios mas altos. Lo que menos querían los pueblerinos al fundar su hogar allí, era que algún goblin viniese y les robase la comida.

-Ah- Suspiró el conductor de la carreta, mientras señalaba hacia la lejana elevación, que a veces se perdía entre la espesura- Allá, allá aunque ahora no se vean, unos goblins hicieron sus abominables madrigueras. Bien que debimos haberlos quemado hace tiempo.

Realmente señalar era inútil: Si a duras penas se podía notar una pequeña elevación, difícilmente los pasajeros se darían cuenta de hoyos en la tierra o detalles de urbanismo. Era bastante probable que el conductor solo quisiese romper un poco el tenso ambiente, y que quizá no esperase respuesta alguna departe de sus acompañantes.

Tres pasajeros. Un hombre, dos mujeres. Todos sentados en la parte de atrás, cada uno absorto en sus asuntos.

No era un misterio para el conductor la razón por la cual se habían aventurado hasta este punto tan aislado. La desaparición de Ilius había resonado en la mayor parte de la cordillera, y además, la cuantiosa recompensa ya había conseguido abrirse paso hasta zonas mas pobladas. Sin duda, como bien decían sus abuelos, "Si ofreces una recompensa, fácilmente tendrás a un ejercito en la puerta de casa". Por supuesto, estos no eran un ejercito y apenas si podían considerarse grupo, pero, siendo francos, era mas de lo que habían esperado, mucho más.

La primera mujer era una joven de cabellos negros. Se la podía considerar notablemente bonita, de rasgos suaves, ojos expresivos y tes inmaculada y clara. En su mano, a modo de curiosidad, se veía una vistosa joya de oro, extraña, por lo menos para estos lares, con relieves de hojas y osos. Portaba un vestido azul, y a su lado podía observarse una espada corta dentro de la funda. El conductor pensaba que era un milagro que, de andar en estos lugares, ya no la hubiesen matado para robar su prenda.

La segunda era bastante distinta: De cabellos blancos, de piel bastante blanca, mas fuerte en apariencia que la anterior. Bestia una brillante armadura ligera que cubría algunas zonas de su cuerpo, sin necesidad, claro, de cortar movilidad o asemejar a la de un típico caballero; también una fina capa roja que caía hasta quedar a un palmo del suelo, y un vestido blanco y negro de seda, relativamente revelador para algunos. Portaba una espada de acero larga, amenazante, y un escudo en forma de lágrima del mismo material.

El conductor siempre había sentido cierto prejuicio hacia las mujeres guerreras, mas por tradición que por experiencia, claro, pero eligió tragarse sus palabras y continuar en el trayecto. Al final y al cabo, si estas llevaban armas, quizá el quejarse no saldría tan bien como el desearía. Aún así, en su cabeza lanzaba hacia ellas todo un discurso de porque una dama nunca debía portar espada, y de hecho, el imaginarlo le ayudó a lidiar un poco con la tensión del momento.

Sobre el hombre...bueno...sobre este no hay demasiado que decir. Nunca había mostrado su rostro, ni si quiera una parte de su cuerpo. Lo único visible en el era su arma, y, lo mas resaltante, una armadura de acero que parecía pertenecer a un gigante. Esta gran pieza, que no parecía poder ser portada por un humano normal, daba al sujeto un aire mas caricaturesco que aterrador, con grandes y exageradas proporciones en diversas zonas que bien pudieron haber tenido menos protección. De forma divertida, el conductor había gustado el imaginarle con el nombre de "la armadura", que aunque sonaba mundano, le recordaba bastante a cierta leyenda de su hogar natal que trataba acerca de una armadura que cobraba vida.

Lentamente se fueron acercando. Con prontitud, y mientras el sol se abría paso en el cielo, pequeñas casuchas de barro y tejas empezaron a aparecer a los lados del camino. Demacradas, aunque curiosamente bonitas en algunos sentidos, con marcos de madera local algo brillantes y puertas entre abiertas que permitían divisar una pequeña franja de madera en el piso interior. Sin duda, eran típicas casas de pueblo pequeño, que recordaban a eras pasadas cuando las ciudades no eran tan masivas y los ladrones no te quitaban la vida solo por dejar la puerta abierta.

El conductor bajó la velocidad, dirigió una rápida mirada a los pasajeros, volteó a ver las casas y azotó rápidamente a uno de los caballos.

-Ya estamos llegando- Afirmó- Les sugiero que recojan sus pertenencias y se preparen a bajar.
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Re: ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

Mensaje por Vanidad el Miér Ago 10, 2016 9:09 pm

La diablesa bostezó sin cortarse, abriendo ampliamente la boca, adormilada por el traqueteo de la carreta, mientras observaba tranquilamente el paisaje. Había oído que era una zona de minotauros, enanos y goblins, cosa que en un principio le pareció interesante, los minotauros eran criaturas fuertes, poderosas, devorar a uno solo traía ventajas, motivo por el que había ido a esa zona sin dudarlo, en lo que podía considerarse una ruta gastronómica, pero acabo tremendamente decepcionada, esos estúpidos toros bípedos le costaban horrores de encontrar, y cuando finalmente se comió uno con una artimaña vil y rastrera, el cansancio que le supuso matarlo apenas quedo compensado por su alma, por lo que no quería ni imaginarse cuantos necesitaría si luchaba justamente, no, hasta que no pudiese derrotarlos limpiamente en unos pocos golpes, los minotauros eran simplemente un plato demasiado caro, uno que ni siquiera sabia especialmente bien.

Así que se encontraba en una zona que había perdido su principal interés, cierto que tenía cierto encanto salvaje, pero también lo tenía el resto del maldito continente, pero por suerte, los dioses en los que no creía vinieron a socorrerla cuando oyó en una taberna que se ofrecía una cuantiosa recompensa para encontrar a un caballero, al parecer un tipo importante, algo así como el señor de la zona, un tipejo importante, pero eso el traía sin cuidado, lo que importaba era la cantidad, no solo suficiente como para despertar su interés, sino como para que levantara una ceja y se preguntara que clase de contrabando producían en la zona como para poder permitirse pagar todo eso. Una diablesa que podía transformarse y alimentarse sola no necesitaba dinero, no mientras hubiese un banco, pero estaba en medio de la nada, así que el efectivo le iría bien.

Así que se había apuntado, sin dudarlo y de alguna forma había acabado en una carreta con ese conductor parlanchín obsesionado con los goblins, un hombre y una mujer, muy humanos al parecer, pero ella sabía mejor que nadie lo engañosas que podían ser las apariencias, y ya que al parecer se dirigían a hacer exactamente lo mismo, lo vigilaría de cerca.

Pero seguramente estaría todo arreglado en unas pocas horas, se pasarían un par de días acampados, para disimular, pero no tardarían nada en arreglar el asunto, no tenía la más mínima duda de que el muy idiota había sido devorado por lobos, o caído en algún agujero de esos supuestos, hipotéticos y sospechaba que imaginarios “goblins” y se había partido un tobillo, pero esos pueblerinos tenían tanto miedo a salir más de diez metros fuera del pueblo que ese pobre desgraciado nunca sería encontrado sin ayuda externa, ¿Cuándo pasaba algo realmente interesante en un pueblucho como ese? Jamás. Así que Luzbel se bajó de la carreta con un aspecto relajado y sonriente, del que sabe que esta haciendo una ganga. Lo primero sería ir a ver al tipo que les pagaba, para hacerle saber que habían aceptado, y puede que conseguir indicaciones o una dirección general. Y un mapa de la zona tampoco iría mal, sinceramente, tener que transformarse para algo tan trivial como volar para saber dónde diablos estaban le parecía inadecuado para alguien de su clase y posición.
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Re: ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

Mensaje por Erin Rosein el Vie Ago 12, 2016 7:47 pm

Era el primer viaje sin sus padres, estaba bastante nerviosa, había acabado en la cordillera de Daulin en busca de nuevas plantas medicinales para seguir probando y mejorando sus aptitudes además de por ser una zona muy bonita, era increible la cantidad de colores que había en esa tierra. Es cierto que se conocía esas zonas gracias a su familia pues un poco más alejada se encontraba la mayor zona de caza de todo Noreth y su caravana solía hacer cada cierto tiempo una parada para reabastecerse de cecina de ciervo y de la exótica cecina de puma.

Tenía planeado ir a Dhuneden para vender sus últimas pociones y ungüentos, pese a que los elfos eran bastante espacialitos y no sabría si tendría suerte, quizás por eso necesitaba más ahorros, por si no le salía bien la jugada.
Ya llevaba un par de días por esa zona recolectando plantas y flores que normalmente no veía por Phonterek, y había probado de infusionar alguna pero no acababan de coger suficiente cuerpo ni le olían demasiado bien con lo cual tendría que seguir probrando y contratar algún herbologo de la zona que la guiara.

En la posada vio su oportunidad, estaban reclutando gente para encontrar a un importante y famoso caballero en esas tierras, “dos pájaros de un tiró” pensó “así conseguiré fama y mejorar mis aptitudes en el campo de batalla, y conseguiré dinero para pagar las enseñanzas”.
Y allí estaban dentro de un carruaje mediano, eran un grupo ante todo eclético pero eran aventureros al fin y al cabo, aunque más bien parecían mercenarios por eso de solo estar allí por el dinero. “Estos vienen a por el dinero, o quien sabe quizas realmente quieren ayudar al caballero. Estoy siendo muy cruell. Piensa con claridad Erin y no empieces a juzgar el tiempo dirá”. Me presenté ante lo que serían mis compañeros, no estaba acostumbrada a que fueran tan fríos ni secos conmigo, también intenté entablar conversación con el conductor de la carreta pero también tenía que reconocer que era bastante pesado, una vez la historia de los globins es aceptable pero al cuarto comentario sobre lo mismo acabas aburrido. Y así fue pasando el viaje, entre silencios y comentarios del cochero.

Con disimulo iba mirando a mis compañeros: “Genial…una armadura hablante” pensó mientras observaba los rasgos y detalles de la misma, la verdad que el que  fuera dentro debía de ser muy corpulento para llevar una armadura tan pesada. Por otra parte estaba la chica esbelta pero lo que más llamaba su atención era el níveo cabello y esos ojos esmeraldas, notaba un olor extraño de ella aunque aún no sabía a qué.

-¡Por fin!- Pronuncié mientras estirazaba las piernas, me consoló que el resto del grupo opinara similar.- ¿Hacia dónde nos dirigimos? ¿Norte?¿Sur? -Comenté mientras observaba la zona en que nos encontrábamos a ver si veía algo interesante.
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Re: ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

Mensaje por Eudes el Lun Ago 15, 2016 7:11 pm

Uno, dos, tres, cuatro. Movio un pie. Llevó el ritmo con los dedos sobre el muslo. El camino irregular provocaba pequeños sacudones en su cuerpo.

Créanlo o no, para Eudes era una cuestión de honor. ¿Cuantas veces no había leido los famosos rescates del Caballero del Abismo Negro, o escuchado la valerosa hazaña que llevo a cabo Cébel el Sinescudo para salvar Smugh el perdido? Se suponía que eso hacían los caballeros de brillante armadura y valiente talante, aquellos que engalanaban las galerías de los héroes.

El sol emergía como un fantasma brillante, las flores se encendían en luces, los olores del campo se hacían cada vez mas fuertes. El conductor charlaba, y Eudes prestaba estática atención. No respondía; se suponía que los caballeros no hacían eso antes de una misión.

¡OH! Cuanta exitación recorría su cuerpo, tal y como lo hacía siempre de hecho, cuando se encontraba a las puertas de una gran prueba, aventura o hazaña. Bien que debía contar bien sus dedos, llevar constante los ritmos sobre el metal protegía sus muslos; si no lo hacía, podía ser que algo terribles le aconteciese a él y a sus acompañantes, y no quería que eso pasara.

Dos mujeres, ambas hermosas, aparentemente jóvenes, una en apariencia mas fuerte que la otra. No podía afirmar que se sentía demasiado cómodo, y es que poco o nada había pasado por su cabeza la idea de tener a damas de compañeras o competencia en su aventura. No parecía que alguna de las grandes leyendas de caballeros las tuviesen, así que, le parecía, su precensía podía ser un gran detalle al contar su gloriosa crónica futura...a no ser...a no ser...

Sí, quizá fuese como aquella vieja historia del rey Tarrmandur, en donde dos fieras guerreras Vikhar le ayudaron en su aventura para recuperar a la señora del castillo de oro, acompañándole en batallas, luchando contra rivales, y curando las graves heridas que el rey sufrió en su combate contra el terrible orco de masa de piedra. Tenía precedente aquello; no era, necesariamente, un obstáculo o mancha en su crónica.

El conductor hablaba de goblins, señalando hacia una borrosa elevación hacia el sol naciente. Eudes no veía nada....y se esforazaba...pero seguía sin ver nada...¡QUE ANIMALES!. Era imposible que el conductor mintiera, porque los pueblerinos asustadizos no lo hacían a menudo; ¡ESTABA CLARO! los goblins habrían de ser invisibles, sí, como alimañas ocultas por abominables artes. Seguramente, luego de encontrar a su colega caballero y obtener la recompensa, le encomendaría terminar con aquella plaga.

-Mi espada verán, bestias terribles- Decía en sus adentros, imaginandose a si mismo enfrentándose con pequeñas y fieras criaturas de piel verde y narices agudas.

Al fin se acercaban, y pequeñas casuchas de tejas rojas emergían de entre la espesura. Cuanto recordaban ellas a los cuentos de hadas, o mas bien, a las crónicas antiguas que tanto tiempo había dedicado Eudes a leer, y a defender, además, de los ataques de insensatos eruditos, que creyendo tener conocimiento semejante al divino, cuestionaban la veracidad de las crónicas viejos que se encontraban en libros tan viejos como el tiempo mismo. Sus argumentos caerían por si mismos, en todo caso, pero aún así, hubiese sido error suyo no defender las claras verdades y datos históricos habitantes de estos manuscritos.

-Ya estamos llegando- Dijo el conductor, ya parando la velocidad- Les sugiero que recojan sus pertenencias y se preparen a bajar.

Eudes tomó su bolsa, apoyo la mandoble que portaba sobre su hombro derecho, y procedió a bajar cuando la carreta se detuvo completamente. Sus compañeras hicieron lo mismo.

-¡Por fin!- Comento una de ellas, la de aspecto mas frágil siendo específicos-  ¿Hacia dónde nos dirigimos? ¿Norte?¿Sur?

-Seguidme- Respondió él conductor, mientras ataba al caballo en un árbol cercano a las casas de tejas- Les llevaré a la plaza.

Y así lo hicieron.

Se internaron en el pequeño pueblo, mientras las casas y los rastros de urbanismo de iban tornando cada vez mas comunes. Ahora aparecían pequeños corrales de gallinas, cerdos, y en general, animales domésticos. Un pozo se posaba en el centro de la calle, y algunas mujeres notablemente ancianas, de frágil aspecto, arrugadas, sacaban con dificultád agua. Mas adelante, no demasiado lejos, el piso de tierra se iba lentamente transformado en un polvoriento piso de losa de piedra, sobre el cual, ya tan temprano, algunos niños corretaban jugando con una vara y un perro.

Aquí, a la derecha, se observaban casas ya mucho mas grandes, algunas con cerca, otras con patio, y la mas notable de ellas, con dos pisos, no tan demacrada, de tejas limpias y brillantes, con puertas adornadas con picaportes de temas naturales. Dos hombres peleaban cerca, gritándose acerca de un terreno. Ambos tenían cuchillos ocultos en sus espaldas, y ninguno parecía notar el del otro.

-A esta hora Pook ha de estar haciendo el recurrido de guardia matutino- Comentó el conductor, mientras se disponía a quitarse el abrigo- Iré a buscar a la esposa de Ilius; ella seguramente les de información pertinente. Esperen unos minutos.

Y así, el hombre se alejó hacia la casa de dos plantas, ya mas calmado, tambaleándose un poco por el sueño y rascándose la escasa cabellera negra.

Por fin, habían llegado. Eudes se fijó en las ancianas en el pozo.
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Re: ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

Mensaje por Vanidad el Lun Ago 15, 2016 9:34 pm

Sus compañeros eran cuanto menos curiosos, un tipo revestido de armadura, que le provocaba unas insanas ganas de empujarlo por una pendiente, solo para ver cómo se levantaba, tanta armadura debía pesar un montón, algo muy engorroso en los bosques de la zona. Aunque iban en una misión de rescate, no a cazar conejos, así que realmente suponía que no importaría demasiado, y si lo hacía, realmente no era su problema. La otra era una chica de pelo oscuro (aunque la verdad, absolutamente todos los tonos de color eran “oscuros” salvo el blanco más puro si los comparaba con el suyo) que parecía un poco perdida nada más llegar, aunque el conductor rápidamente se ofreció al rescate como guía.

No había mucho que hacer ni que ver en ese pueblo por lo que podía observar la diablesa, así que realmente, la guía del conductor se le antojaba innecesaria, pero seguramente le habrían pagado para hacerlo, o incluso aún más probable, ellos tres era lo más interesante que había pasado en el pueblo en años y quería tener una historia que contar “como ayude a rescatar a… como-se-llamara-ese-tipo”, si se lo montaba bien, seguro que le estarían invitando a cervezas en la taberna local durante meses, sobretodo si añadía un “e incluso mate a un par de esos goblins imaginarios”, así que no dijo nada, sino que fue buena niña y siguió al hombre hacia esa plaza que había mencionado, al fin y al cabo, ser lo más interesante en la vida de alguien no era algo que le resultase desconocido, además de ser una sensación bastante agradable.

No era una persona de campo, no tenía ningún problema en estar en un bosque, dormir en el si hacía falta, o en una gran ciudad, pero odiaba los pueblos, las grandes ciudades tenían cloacas, lo que otorgaba cierto grado de civilización y muchísimo menos olor que esos corrales de cerdos, gallinas y lo que fuese esa cosa que acababa de ver, y esas cloacas que tanto deseaba estaban a siglos de construirse, lo más parecido a una obra arquitectónica decente que veía era ese pozo muy posiblemente centenario y ese camino de piedra, aunque fue avanzando y tuvo que reconocer que el diseño de las casas se habían vuelto más elaboradas, como si hubiesen encontrado a alguien competente para hacerlas, puesto que conseguir hacer una casa de dos pisos a ojo sin que se te cayera encima sonaba bastante peliagudo.

Luzbel despidió al conductor con un gesto de la mano, sin prácticamente darse cuenta de lo que había dicho, le traía sin cuidado que trajera a la esposa, el jefe de la guardia o a un goblin capturado en combate mientras les diese algo de información, no, ella estaba centrada en esos dos hombres que discutían acaloradamente, por tierras aparentemente. Parecía como si ninguno se atreviese a dar el paso, como si buscaran que el otro les golpease primero, aunque, sinceramente, debía ser solo la simple cobardía de los humanos, demasiado cobardes para dar el primer paso, a veces echaba de menos estar en casa, los demonios no solían necesitar un empujoncito… Desenfundo su espada y la lanzó, clavándola hábilmente entre ambos mientras se acercaba tranquilamente. -Venga… ¿A qué esperáis? Podéis solucionarlo en un instante.- No estaba segura del efecto que eso causaría, por una parte, había interrumpido la retahíla de insultos, lo que provocaría que una brizna de pensamiento se metiese entre la sed de sangre, pero por otra, les acababa de dar un arma con la que matarse a dos hombres muy cabreados, si no eran de los que dudasen en matar… en fin… Realmente, si las cosas se desmadraban muy posiblemente podría noquear al primero que cogiese la espada, era mucho más fuerte de lo que ese frágil cuerpo aparentaba, y sus puños iban cubiertos de acero, ¿pero se molestaría en hacerlo? Seguramente no.
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Re: ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

Mensaje por Erin Rosein el Mar Ago 16, 2016 11:06 pm

Llegamos al pueblo, o pueblucho más bien, era bastante pequeño. La verdad es que el cochero había ido ganando simpatía durante el viaje y ahora iba a buscar a la mujer de Ilius, debía de estar destrozada esa mujer, aunque se dice que las mujeres de los caballeros tienen estos…imprevistos… asumidos, ya se sabe que quien juega con espadas afiladas se corta. Son cosas que pasan como que las hojas se caigan o que cada noche salga la luna.

Mientras esperaba observé el pueblo con atención, las casas más alejadas al centro eran comunes, había visto muchas así, blancas y con el tejado de paja y una pequeña parcelita para los animales de granja pero a medida que nos adentramos hacia la plaza central las casas iban mejorando exponencialmente, así como el intento de baldosas en el suelo, pasando a tener tejados de tejas e incluso dos pisos. Hacia una casa de dos pisos enfiló el cochero, le seguí con la mirada hasta perderlo de vista. Me fijé en mis compañeros, estaban igual que yo, estudiando el terreno, mientras que la armadura andante miraba fijamente un soso y viejo pozo donde había dos señoras bastante mayores pero que se conservaban muy bien hablando en él. La chica de pelo níveo miraba curiosa una situación un par de metros más alejada.

Enfrente de una caserona bastante grande y bien cuidada, con unas tejas perfectamente colocadas y unas ventanas amplias, en lo que sería la entrada al jardín que la coronaba había dos hombres discutiendo entre ellos. Los improperios que soltaban eran bastante soeces inclusive se podría decir que alguno inventado de la zona. Estaban en ese momento de la discusión en que el primero que avanzara provocaría la pelea, estaban vigilando el movimiento del otro, como dos ciervos luchando por su dama. Enseñaba cada cual su mejor aspecto, puños, hombros erguidos, si hubieran tenido cuernos seguro los hubieran chocado.
Algo brillante salió por los aires desde la zona donde estaba la joven con armadura para clavarse con un sonido metálico en el suelo de tierra y hierba. Me acerqué instinvamente quedandome detrás de la joven pero a suficiente distancia para ver la situación con claridad. “¿Había lanzado su espada? Menos mal que había una pacifista en el equipo, hará de mediadora entre los dos hombres supongo, es una forma peculiar pero no hay nada que sorprenda más a un animal que ser cazado por algo que no sabía que lo perseguía. Observa Erin, estas situaciones dicen mucho de la persona”

Vi cómo la joven se posicionaba delante de los dos señores, mirándolos fijamente y habló, era la primera vez que la oía hablar, su voz era potente y clara, firme. De seguro cualquier persona cumpliria cualquier cosa que dijera con esa voz, y si fuera un hombre con ese cuerpo.
-Venga… ¿A qué esperáis? Podéis solucionarlo en un instante.-


“Demasiado su forma tan curiosa de mediar, quedrá que se maten entre ellos en un duelo, la verdad es la forma mas….honorable de morir...pero en un pueblo así no creo que sea como se hacen las cosas. Quizás quiere forzarlos a su límite para ver quien realmente es capaz de matar al otro...me resulta ante todo sorprendente esa forma. Sigue observando y en silencio Erin.”


Solo se oía el sonido de los animales, las gallinas estaban nerviosas, los perros ladraban y algún relinche del caballo se escuchaba a lo lejos en algún establo. Se podía cortar la tensión en el ambiente...oía la respiración de los dos hombres, era tensa y nerviosa. Eran como dos perros asustados, y los perros asustados solo saben actuar de dos maneras, atacarse entre ellos o unirse para atacar al origen de su miedo.
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Re: ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

Mensaje por Eudes el Lun Ago 22, 2016 9:19 pm

El resonar se hizo mas fuerte. Eudes dio caso omiso a este hecho, estaba ocupado planeando.

Dos ancianas. Pozo. Agua. Peso. Héroe. Hazaña. Fama. Caballero. Ritmo. Pulgares. Pierna. Carne de Jabalí rosa para la cena. Goblins invisibles.

A veces se metían ideas de más, aunque era algo que no le molestaba demasiado.

Dentro de su cabeza, las dañadas conexiones neuronales de su cerebro parecían encontrarse en una eterna hora pico, o por lo menos aparentaba estarlo. Normalmente su cerebro funcionaría de forma normal, digo, idealista y algo fantasiosa, pero normal. Es difícil planear este tipo de cosas cuando tu cabeza no esta en un estado optimo. Las implicaciones emocionales de los hechos caballerosos provocaban que al intentar ejecutarlos cada nervio de su cuerpo se detuviese por varios microsegundos, tan rígidos como la piedra. Obviamente, pronto acababa, pero dentro de su cabeza, eso era largo, era hermoso, era indescriptible. Era la eternidad.

Pozo. Agua. Héroe. Hazaña. Ancianas. Peso. Ayuda.

Las ideas se hacían mas concisas.

Ancianas. Peso. Ayuda. Héroe. Hazaña.

Ya casi...

Ayudas a las ancianas con el peso. Eso es una hazaña de héroe. Eso me dará fama. Eso es bueno...Carne de Jábali rosa luego de acabar con goblins.

Listo...

Los nervios se desbloquearon rápidamente. Las ordenes fluyeron. Todo volvió a la frenética normalidad.

Hincó el pie en la tierra, tomando impulso. Inclinó un poco su torso, tanto como la pesada coraza le permitía. La espada al hombro. Las piernas algo flexionadas, que ya no era algo tan doloroso si te habías acostumbrado al peso de la armadura. Un segundo, dos. Poco a poco liberabas la fuerza y...¡SALTO!

Su cuerpo saltó por el aire a baja altura, en toda la plaza, impulsándose en dirección al pozo con el poder de un bólido, irrefrenable, peligroso, apenas capaz de no rosar tierra, pero definitivamente funcional a la hora de moverse en el umbral de lo que los fierros protectores permitían. Tocó el suelo una vez, pero colocó el pie derecho, impulsándose levemente por segunda vez. Ahora estaba mas cerca del pozo. Las ancianas charlaban, mientras intentaban con notable dificultad extraer un poco de agua con un balde. Eran ajenas a lo que se venía, por lo menos los primeros segundos, completamente absortas en la vanal charla acerca de la aptitud o forma de vestir de la hija de yonosequien herrero. No se preocupen, pronto se dieron cuenta.

Algo cayó a su lado, reclinado, apoyado sobre sus pies y las yemas de los dedos, con la fuerza de un meteoro, o una estrella ardiente que con poder puro se precipitaba a tierra. Sintieron el duro golpe, que atravesó como rayo sus ya débiles cuerpos, las desequilibró, y fácilmente resquebrajó el enlosado de abajo. Temiendo, voltearon con lentitud la cabeza, para toparse con aquello, con la sombra, con la tortuga antropoforme, con el hombre de hierro, o con la silueta oscura de una mole que les observaba fijamente, mientras se erguía, revelando con lentitud su tamaño. Ellas gritaron, casi cayeron, apoyadas en el pozo, dejando ir hacia el fondo el balde que tanto esfuerzo les estaba costando subir. Sus largas vidas pasaron por sus ojos, pero a la velocidad en que un fantasma se esfumaba de la vista. No se arrepentían de mucho, pero aún así, no pensaban que era hora de irse. Definitivamente no estaban listas para morir en manos de semejante monstruo.

-¡POR EL CIELO!- Dijo una, mientras lentamente descendía con temor al suelo, aún apoyada en la pared de rocas del pozo- ¡NO NOS MATE, LE DAREMOS LO QUE USTÉD DESEA! ¡SOLO NO NOS MATE!.

-Pero mis damas, sepa vuestra merced que intención oscura no haya lugar en mi alma- Dijo la figura, que lentamente absorbía luz solar, tornándose mas clara.

Entonces todo cambió: Aquella monstruosidad de metal, aquella bestia, la tortuga antropoforme asesina, se transformó. Con naturalidad, la luz cambio de aquello, a un hombre o armado caballero de armadura pesada, ya no intimidante, ya no aterrador, si no benevolente, caricaturesco, ridículo en algunas áreas, con exageradas proporciones que costaban concebir sobre el cuerpo de un humano, pesado, algo torpe, no demasiado apto para correr o moverse con velocidad. La vergüenza recorría lentamente los rostros de las ancianas, que se sentían tontas al verse aterradas por semejante individuo, seguramente loco, o tonto, o ambas. ¿Pero que había pasado?.

-Concédanme ahora ayudarlas en vuestra labor diaria, aliviando en peso insignificante la carga que seguramente lleváis desde los anales de vuestra historia- Dijo Eudes, señalando al pozo.

-¿E-el agua?- Preguntó la otra, levantándose con velocidad, mas de la esperada para alguien de su edad- No necesitamos su ayuda, así que no se preocupe, seguramente noso-

Pero no importó ya. El armado caballero, con pesadez, reclinó su cuerpo hacia el pozo, y sin autorización alguna, empezó a acarrear agua hacia arriba, casi sin dificultad, no dando chance a las mujeres para reaccionar y detenerle. Pronto, ya el balde se encontraba arriba, y él, victorioso, alzole en el aire celebrando, y púsole en el suelo con fuerza, tanta, que parte del agua se derramó y le mojo tanto a él como a las viejas.

-¡AJA! ¡TOMAD AGUA!- Gritó, mientras alzaba su espada en victoria, y se proponía a retirarse con gran escándalo.

Las viejas simplemente se quedaron atónitas. Parecía como si ni si quiera hubiesen sentido el agua. Él simplemente se retiró.

Mientras tanto, algo curioso pasaba en esa misma plaza. Dos hombres, dos mujeres, una espada fina y reluciente en el suelo.

Vanidád miraba, expectante ante la decisión de los luchadores. Erin también observaba, sorprendida por el comportamiento de Vani, y esperando reacción también de los ya mencionados hombres. Ellos solo titubeaban.

-E-esto- Dijo un con dificultad, mientras miraba la espada, volteaba, se ruborizaba al ver a la mujer que se la ofrecía, y volvía a observar a su contrincante- Pero para que es esto...

El otro había reaccionado mas rápido. Sí sabía a lo que la hermosa mujer de cabellos nevados se refería. Entendía, había captado la idea, y como no, de motivación tenía impresinar a las dos bellas féminas a su lado. La verdád no sabía de donde habían salido, pero no se preocupaba demasiado por eso, además, era su oportunidád de ganar el conflicto. Sí, iba a hacerlo.

-¿Pero para que mas crees idiota?- Dijo, insultante hacia el otro, mientras tomaba en sus manos la fina espada, y con torpeza, amenazaba con el filo alzado- Pero ahora yo tengo ventaja; me vas a dar mis tierras, o te hago colador aquí mismo.

-Jamás- Pronunció oscuramente el otro, llevándose la mano a la espalda, inspirado por la compañía, infundido de valor.

No hubo mas palabras. El de la espada, la alzó, pensó, tomo aire, y se lanzó. El otro extrajo el cuchillo en su espalda.

Cinco microsegundos. Un destello en el aire. Dos gemidos.

Ambos individuos forcejeaban, intentando hacer avanzar sus armas a través del metal de la rival. El hombre de la espada estaba incrédulo, pensando que la habilidad del otro no sería suficiente como para detener el terrible ataque. Como si un arma diera habilidad o fuerza a su portados sin estar este entrando.

Ambos de vez en cuando volteaban a ver a las mujeres, como expectantes ante alguna reacción de asombro de parte de estas. Vaya que esto había pasado rápido de ser un conflicto por tierras, a un duelo por las manos de dos damas, aunque ninguno lo admitiera.

A Eudes le llamó la atención el conflicto.





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Re: ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

Mensaje por Vanidad el Mar Ago 23, 2016 11:54 pm

Mientras ella y la otra mujer del grupo se dedicaban a arbitrar esa discusión con métodos cuanto menos poco ortodoxos, el caballero de pesada armadura que los acompañaba cargo contra el pozo y, aunque en el primer vistazo que Luzbel le echo estaba segura de que se llevaría ese pozo y a las viejas por delante, le falto escuchar ese estruendoso golpe, así que se obligó a mirar otra vez, solo para verlo siendo implorado por las ancianas. ¿Pero luego empezó a sacar agua del pozo? La diablesa tenía la sensación de estar perdiendo algún tipo de información vital para entender qué diablos estaba pasando, seguramente el sonido, ya que estaba contemplando esa escena en versión muda por culpa de ese par de tipos discutiendo… uno de los cuales acababa de agarrar su espada e intentaba matar al otro…genial.

La peliblanca se puso la mano frente a la cara, prácticamente dándose un manotazo.-Zoquetes…- No era lo que esperaba, no había habido ningún cruce de miradas seguido de una carrera de puros reflejos, porque uno de ellos era un idiota que no había entendido nada. El otro si lo había hecho, pero así no servía de nada, no quería un asesinato unidireccional, sino un duelo a muerte, y lo que era peor, el zoquete número uno era lo suficientemente competente como para defenderse de la espada con un pequeño cuchillo, por lo que no podía simplemente dejar que la selección natural hiciese su trabajo, ya que el futuro asesinado debía ser incluso más competente que el otro, era muy molesto. Estaba a un tris de transformarse, sacarles los intestinos y ahogarles con ellos como hacia su no demasiado querido padre, si a él le funcionaba, también serviría para ella, seguramente, pero adiós a la recompensa por encontrar a ese caballero, que follón. –Selene ayúdame…- La frase, dicha sin pensar después de décadas en ese plano, le arrancó una fuerte punzada en el cerebro, cortesía de esa perra con aires de diosa seguramente. Tomó nota de ese efecto nuevo e inesperado y siguió como si nada, pensando que hacer con ese par y apuntando “acólito se Selene” a la lista mental de cosas que tenía que comerse antes de volver al foso.

Usualmente, no habría considerado que le importaba lo suficiente como para intervenir, pero no paraban de mirarla, como esperando que ondeara un pañuelo rosa al viento y escogiese un campeón para defender su honor mientras los animaba con una voz aguda y ridícula, pero lo único que estaban consiguiendo era que a cada mirada expectante se irritaba más y más. Pueblerinos… humanos…mortales…ugh ¿Por qué seguía en ese estúpido plano? Cierto, por las almas y la comida, si no fuese por la comida ese plano habría ardido hace décadas, no tenía la más mínima duda... Al final acabó por hartarse, dejo su escudo suavemente en el suelo para aligerar su peso y se abalanzó sobre ambos, un puñetazo a cada cara, simétricamente, para que uno no aprovechase el momento para apuñalar el otro, eran como bebes con ballestas, no podía darles ni el más mínimo atisbo de confianza o dejar de mirarlos un solo instante o se matarían de alguna manera triste y humillante, y que se matara estaba bien, pero era su espada, y jamás se la relacionaría con las palabras triste y humillante, así que un puñetazo cada uno, que seguro que bastaba para tumbarlos, puede que incluso noquearlos.
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Re: ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

Mensaje por Erin Rosein el Vie Ago 26, 2016 8:16 am

Estaba anonada mirando la actuación de la joven que tenía enfrente cuando un estruendo y unos gritos me sacaron de mi ensimismamiento, al girarme en el pozo vi a las mujeres en el suelo y masa de hierro levantando cubos de agua o más bien haciendo aspavientos con ellos, todo era muy esperpéntico. Me quedé bastante sorprendida, pero por suerte no había pasado nada grave, así que volví a prestar atención a la discusión delante de mis narices, seguían esperando y mirándose hasta que el más avispado cogió la espada amenazando al otro y ese a su vez poniéndose más gallito. Al final uno de ellos se lanzó hacia el otro asestando un magistral golpe de espada contra un diminuto cuchillo que parecía defenderse bien del golpe. No era mi problema pero tampoco me gustaban ver esas cosas, igualmente tampoco podía meterme en medio, a mi no me gustaría que se metieran en medio de una transacción, aparte es por todos sabido que los campesinos y pueblerinos solucionaran las cosas así, con la ley del más fuerte o del más despierto.

Mientras tanto el metal seguía chirriando al choque de la espada y el cuchillo mientras Vanidad tenía cara de incredulidad, la escuché decir un “Zoquetes” y no pude evitar dibujar una sonrisa, por las ropas y el acero que llevaba aparte de su porte era de una familia noble, los nobles funcionan diferente y son inclusive más viles que los campesinos. Para los nobles las cosas van de duelos y lenguas viperinas que causan la desconfianza en uno de los francos para debilitarlo y después aplastarlo cual hormiga. Y después estamos los comerciantes, nosotros arreglamos las cosas con dinero y palabras.
Vi como la cara de mi compañera iba cambiando desde la incredulidad, hasta la desesperación incluso podríamos decir que pude leer hasta ira en ella, pronunció algo así como “dame fuerzas Selene”, lo único que pude pensar fue que sería su diosa, sabía que en algunas tierras se adoraba a dioses diferentes o incluso a ninguno, o incluso a varios, había tantos...Tampoco tenía que aprenderlos todos, en una comida de negocios se habla más de reinos, conquistas y ciudades. Y de la calidad de las ropas, perfumes y enseres varios. Entre mis pensamientos y echarle un ojo al ahora silencioso caballero para saber qué estaba haciendo que cuando quise darme cuenta Vanidad estaba dejando su escudo en el suelo. Me ofrecí a aguantarselo pero ni me escuchó, seguí sus pasos con curiosidad y ya incluso morbo de saber que se estaba pasando por su mente y que iba a hacer ahora con los campesinos. Había oído y visto muchas actuaciones de nobles para que algo me sorprendiera.
Una vez cerca de una ciudad fronteriza un noble se encargó de provisionar de armas a una serie de pueblerinos y que se mataran entre ellos para su gusto y disfrute, u otra vez, precisamente cerca de la cordillera de Daulin un excéntrico noble cambiaba zanahorias por joyas, y el que le trajera la zanahoria más grande se llevaría un caballo con un collar de oro. Poco depues fue acusado de nigromancia, nunca supe relacionarlos.

Mientras recuerdos pasaban por mi mente permanecía atenta hasta que vi levantar el puño hacia los campesinos, pese a lo pequeña que era tenía mucha fuerza ya que de un solo puñetazo los sentó en el suelo medio noqueados. Sonreí, dentro de lo malo malo, esperaba algo peor.
Entonces escuché el inconfundible ruido metálico detrás mío, iba cogiendo fuerza poco a poco hasta plantarse donde estábamos nosotras. Ahora si que esto se ponía interesante, si acabara en sangre podría curarlos así que simplemente me puse a disfrutar de la escena.
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Re: ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

Mensaje por Eudes el Vie Sep 02, 2016 9:10 pm

Y los cuerpos cayeron al suelo.

Dos secos impactos en la tierra seca, que levantaron una apenas imperceptible nube de polvo que no se alzó a más de 15 centímetros del suelo. Les costó entenderlo al principio; una tormenta de luces azarosas desfilaron por sus cabezas, mientras sus cuerpos parecían volverse mantequilla que se derrite sobre un sartén, regándose en el piso enlosado. Los brazos extendidos, piernas igual, gemidos de dolor que ni ellos mismos notaban al pronunciar, y esa sensación de extraña de no tener consciencia de en donde se encuentra tu cuerpo. Obviamente se movían un poco, pero no lo notaban tampoco; era casi un estado trascendente, como un sueño, o una visión incorpórea proporcionada por deidades extrañas de tiempos perdidos en la lejanía de las eras...Luego volvieron a la realidad; el rostro volvió a existir, y en escasos segundos, que parecieron horas, o una eternidad, dolió como si todo su sistema nervioso se encontrase únicamente allí. Ahora los gemidos tenían sentido, y los pronunciaban con razón y beheméncia, incapaces de incorporarse, no porque siguieran sin tener sentido de en donde estaban las piernas, si no porque parecía que la inmensa agonía en sus caras les quitaba toda la fuerza. Lentamente el mundo empezó a cobrar sentido; se vieron a si mismos tirados, rodeando como cadáveres a la mujer de cabellos nieve, que se alzaba imponente, derecha, con los puños aún extendidos en posición de combate.

Sintieron miedo; apenas las piernas obtuvieron un mínimo de energía, se agazaparon como pequeños animales, ambos, arrastrándose con velocidad hacia la pared mas cercana, observando con ojos mas incrédulos que atemorizados a su atacante, que, en realidad, para nada esperaban contara con esas características. Eran hombres de pueblo al fin al cabo; en lo que a ellos concernía, las espadas o armas en una mujer no eran mas que adornos de moda. También posaron la vista sobre la otra muchacha, que hasta ahora no habían notado; les miraba sonriente, definitivamente divirtiéndose con aquel momento a su juicio, aumentando su vergüenza al constatar que de hecho alguien más si se había dado cuenta de su terrible derrota de un golpe, y alguien con no menos belleza que la atacante. Ahora la pena se transformo en una ira breve, pequeña, pero existente, que se tradujo en una rápida mirada de desprecio y poca cosa a la mujer que les atacó.

Eudes observó incrédulo todo aquello; comprendía bastante poco, y las descabelladas conclusiones a las que solía llegar se vieron ahogadas por esa ignorancia. Como pocas veces en realidad, actuó como alguien con sentido común, y acercándose más a la mujer de blanca cabellera, pasando de largo a la de vestido azul, miró a los hombres aún algo aturdidos y dijo:

-¿En el nombre de todo lo divino, que a acontecido aquí?.

Y una respuesta no se hizo esperar, pero no de las mujeres, o de los hombres, no, lo hizo otra voz, mas familiar, que se acercaba al mismo sitio con pasos apresurados, entrando al campo de visión como un lobo cazador y aproximándose a los hombres tumbados.

-Una pelea, claramente- Dijo el conductor- Pero la pregunta correcta sería; ¿Que la provocó, señorita?- Preguntó, dirigiéndose a la mujer de cabellos blancos.

No había venido solo; le acompañaba una mujer, casi muchacha, que seguramente no superaría los veinti tantos. Le engalanaba un vestido largo, blanco, con bordados floreados rojos, verdes y hasta amarillos. De porte esbelto, joven, cabello corto hasta el cuello, de color rubio dorado. Observaba con igual curiosidad la situación, enfocada casi totalmente en los hombres, razonando para su adentros en pequeños susurro prácticamente inaudibles para cualquiera. Su mirada se denotaba, aunque pensativa, jovial, poco preocupada, como si aquellos fuese una curiosidad o rareza simplemente.

El conductor esperaba respuesta todavía.
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