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¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

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Re: ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

Mensaje por Eudes el Miér Ene 18, 2017 7:17 pm

Y al final, luego de algunas cavilaciones, se decidieron por el río.

El grupo empezó a andar por el angosto y rural camino de tierra que partía el pueblo en dos. Pasando de la plaza, casas, pocas, se extendían un poco mas allá hacia áreas quizá menos densas, mas abiertas incluso, que del lado occidental, aprovechaban para lucir deslumbrantes, pequeñas y bien ordenadas zonas de cosecha. Las construcciones, aunque mas precarias que la gran casa de dos pisos del caballero, parecían conservar cierto aire refinado y simple, menos desordenado o austero que los hogares de la entrada principal al sur. Estas mismas, pequeñas, de tejas rojizas, se adornaban con jardines de flores azuladas y lindos árboles ornamentales, función mas estética que práctica, logrando aires hogareños notables y representado de una forma relativamente buena la idealizada versión de la vida en el campo que los artistas urbanos suelen respirar y representar en sus lienzos.

Saliendo completamente del pueblo, no tomo mucho para que las áreas algo abiertas empezaran a escasear y pasado un rato directamente a desaparecer. El bosque de árboles como columnas, robles fuertes y matorrales densos que intentaban aprovechar cada mínimo rayo de luz solar que les llegaba, engullía sin problemas toda la zona y devolvía el aire místico y natural que en un principio estas regiones mostraban, antes de los asentamientos como este. El camino, cada vez mas angosto y menos trabajado, también era víctima de la salvaje y viva vegetación, que hacía esfuerzos notables por extenderse sobre la tierra limpia, por cubrirla, por devorarla como ya lo hacía con el resto del terreno. Algunos animales pequeños, llámese zorros o ardillas, correteaban estos lugares y ocasionalmente también se cruzaban en el paso, olfateando el aire, mirando con ojos curiosos y frenéticos al grupo que se acercaba y finalmente escapándose hacia la densidad apenas sentían que este se estaba acercando demasiado. Las copas se movían de vez en cuando, y varias aves, algunas sin duda familiares, dejaban escapar canturreos suaves y melodiosos.

Guiados por el mapa dado a Erin, pudieron hallar la no demasiado bien representada en el mapa bifurcación que según la dama daría hacía el río, después del pozo, fuente de agua mas cercana. Esta "saliente del camino", mas bien pedazo de tierra arrancada hacia el bosque en sí, se extendía apenas escasos metros de la vida original, ahora sí completamente devorada por los matorrales, quedando como un muñón a medio terminar que definitivamente necesitaba mas trabajo. Aún así, debido a la baja densidad de plantas en linea recta hacia el occidente, era fácil deducir que se habían dado intentos para limpiar la zona y definitivamente terminar la tan necesitada desviación. Sin necesidad de mucha deducción, se bajo por aquí hasta un desnivel que llevaba hacia el sonido de agua corriendo, el río sin duda.

Al llegar al área objetivo en cuestión, el río, era notable lo relativamente despejada de esta en comparación con el estándar habitual en este mismo bosque. Los arboles no avanzaban mas de lo debido hacia la corriente, y a causa de eso, un barro desordenado y cubierto por alfombra de hojas secas se hacía muy visible en derredor a las aguas cristalinas. Los sonidos de animales eran ahora mas fuertes, notables si se quiere, siempre presentes, tanto en la forma de pájaros cantores o susurros desde la hierva, indicativo de la presencia de pequeñas bestias escurridizas que se habrían paso en su propio entorno. Mirando bien, pequeñas manchas blancas, o quiza rocas, sobresalían del borde del río, apenas distinguibles por lo diferente de su tono con respecto a la cama de hojas o al barro. Un ciervo pequeño, de astas cortas, se servía de agua del otro lado de la orilla, todavía, aparentemente, sin notar la presencia de las mujeres y el hombre.

Eudes estaba perdido en su propia visión. Si se piensa que este escenario usualmente viene acompañado de una sensación idílica o de extraña paz fantástica, a los ojos del caballero tortuga, el bosque en su mismo era un coro de voces cantarinas que entonaban melodías suaves hacia todas direcciones, acicalando sus oídos de tonadas tan antiguas y legendarias como las hazañas de Ulmo Talón de Hierro. Sentía, el fondo de su ser, respeto incomparable y admiración infinita por el entorno en sí, por el bosque, por la naturaleza; por las ninfas y duendecillos traviesos, que, según se dice por algunos cronistas, mantienen la belleza y magnificencia de los dominios que pueblan. Frenéticamente, para sí mismo, daba rezos y oraciones suaves, bastante, dando gloria al cielo optando por dar respeto y buenaventura hacia aquellos que sin duda alguna y por palabra de Irgín el encantador se encargan de dar lo que tiene al místico natural, maravillado en el desbordamiento de canciones por parte de las flores que se hacían parte en la gran espesura. Sin duda, eso era lo que le gustaba; los hombres desafinaban, pero las flores, vivan sin duda alguna pero solo perceptibles por hombres elegidos o abiertos de entendimiento, nunca lo hacían.

El sol caería dentro de algunas horas, aunque, por ahora, todavía tenían tiempo de hacer algún tipo de progreso en su búsqueda.

Rio:
Bien, si alguien desea investigar un área específica, sea el borde del río, sea cualquier otra zona, puede avisarme y le diré que descubre, para aprovechar si se puede y de una vez introducirlo en el post propio.

Originalmente pensaba usar dados, pero no, esta vez no, no por ahora.
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Re: ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

Mensaje por Vanidad el Vie Ene 20, 2017 10:45 pm

El paisaje rural tenía cierto encanto, no iba a negarlo… al principio, pero no tardo en cansarse. La cosecha, de lo que sería trigo (ni idea, nadie le había enseñado que aspecto tenía el trigo en la planta en toda su larga vida) tenía cierto encanto rustico, así como los árboles, perdían su encanto juntamente a la novedad. Pero a medida que salían de ese pueblucho y el bosque se iba espesando a su alrededor, se fue poniendo más en guardia. Era una firme defensora de que ese pardillo se habría caído borracho por algún acantilado o alguna tontería así, pero si se equivocaba, había una posibilidad real de que lo que fuese que lo hubiera atacado siguiera por allí, y desde luego no iba a ser sorprendida por una manticora porque estaba distraído contemplando las ardillas. Pero claro, eso no le impidió contemplarlas, en absoluto, y de vez en cuando se acercaba para acariciar a alguno de los zorros, aunque en una zona tan rural, donde estarían acostumbrados a ser ahuyentados de los gallineros, esas monadas anaranjadas y esponjosas no estaban muy por la labor, así que tuvo que irse con las manos vacías una y otra vez, hasta que al final dejo de intentarlo y se conformó con los cantos de las aves y el aire místico de ese bosque de…¿robles? Ni idea, no era botánica, ni tenía la más mínima intención de volverse una.

Ella no era la que llevaba el mapa, así que por supuesto no iba delante, sino en la retaguardia, lo que sin duda agradeció cuando tuvieron que atravesar los matorrales para llegar al rio. La caminata resultaba más fácil cuando dos personas ya habían pisado las hierbas o recibido los arañazos de los arbustos, especialmente si una de esas personas era un gigante acorazado. Con una pequeña sonrisa maliciosa por parte de la diablesa, no tardaron en llegar al río.

Era… un río, normal y corriente, no estaba segura de que había esperado, un unicornio seguramente. No se había cumplido la casualidad de que se encontraran justamente en la parte en la que ese pobre tipo había muerto, como atestiguaba ese cervatillo que bebía tan tranquilamente, nada inusual, puesto que posiblemente habría hecho falta una triple alineación planetaria para que eso ocurriera. –Voy a empezar a buscar río abajo, vosotros ir río arriba y volvemos en cuando encontremos algo.  ¿De acuerdo?- Realmente no espero una respuesta afirmativa. Iría más rápido, muchísimo más rápido si simplemente desplegaba las alas y recorría el río, podría cubrir horas de caminata en muchísimo menos tiempo, pero tenía reparos en hacerlo con público, además de que tendría que esperar a que la alcanzaran igualmente, haciendo inútil su vuelo. Pero tampoco hizo falta, porque en su paseo río abajo, para mantener las apariencias mientras ese par no salieran de su vista, olio algo, un débil aroma, uno de los dos aromas que había estado esperando encontrar para rastrear a ese pobre caballero. El primero era sangre y el segundo, el que estaba oliendo ahora, era podredumbre. Un ligero y dulzón aroma a podredumbre, inconfundible gracias a los demonios de Ghadrakha, no muy dados a la higiene personal o al perfume. –¿Lo oléis?- dijo alzando la voz para que fuese escuchada. No lo olerían, no desde donde estaba ella, tenía un mejor olfato, por lo que se acercó a la zona, para que les fuese más fácil. Se agachó en la zona de barro que considero la correcta y fue quitando suavemente las hojas acumuladas, para alterar al mínimo el barro, donde se podían ver marcas, muy leves. ¿Habría crecido el rio o algo así? Saco las hojas del barro que había más allá, pero esas marcas no se repetían. No era rastreadora, puede que no fuese nada, pero por otro lado… puede que fuese algo.
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Re: ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

Mensaje por Erin Rosein el Miér Feb 01, 2017 5:09 pm

El camino era bastante llano, los campos cultivados pasaban a ambos lados, aunque sería una zona difícil de cultivar por el tipo de tierra que tenían, bastante seca y asalvajada pero con los años de trabajo y abonos adecuados se podría volver mas rica y prospera.
Eso se notaba porque al poco de pasar esa zona de pequeños huertos la flora empezaba a ser más exuberante y poco a poco se iba humedeciendo el terreno y a tener raíces por el suelo. Así empezaba el frondoso bosque del que hablaba el mapa. No le hacía falta tener el mapa, el suelo mismo y la base de los arboles ya marcaba la dirección del rio y de las corrientes subterráneas. A medida que te ibas adentrando las copas de los arboles eran mas frondosas y cerradas provocando que las plantas fueran altas buscando el sol, las bases de los arboles tuvieran pequeñas setas y las piedras musgo. Si miraba el suelo podías ver el paso de las serpientes y otros animalejos de talla pequeña, así como en los arboles ardillas, ratones y algunos pájaros de varios tipos. El suelo tenia cascaras de diferentes frutos, los arbustos a veces cerraban los pequeños caminos que ya habían abierto anteriormente animales más grandes, supuse que habría lobos y quizás alguna pantera.

Seguimos y llegamos al borde del rio, tenia un caudal bastante elevado y era ancho. Los bordes eran barrosos y había huellas de animales que habían ido por ahí a beber, pero no encontró ninguna huella humana aparte de las suyas.
Escuchó a la mujer y asintió, miraba el suelo mientras caminaban rio arriba, se preocupó un poco de la mujer pero llegó a la conclusión que si lo había propuesto era por algo. Habia algo que la tenía confundida de ese rio, pero no llegaba a saber el que, no es que el barro tuviera pisadas aparte de las huellas típicas de los animales, zorros, serpientes, gatos salvajes pero ni humanas ni de troll o ogro. Aunque si se fijaba que los bordes de algunas hojas estaban de un color marron, como si estuvieran muriendo, aunque lo achacó a alguna enfermedad que tuviera el suelo o alguna parasitación.

Escuchó la voz de la peliblanca y vio como Eudes se organizaba para ir también donde ella estaba, como mucho estaban a cinco de minutos de ella, con lo que tardaron dos zancadas en ponerse a su lado.

-¿Me dejarías?.-preguntó con educación Erin mientras intentaba olfatear lo que hacia varios segundos había exaltado a la joven.- Creo que puedo intentar rastrear algo. ¿Has olido sangre o a otra cosa? Porqué aquí huele mucho a hierro…-Dijo mirando y toqueteando el barro intentando delimitar las marcas del mismo a ver si salía alguna huella u otro rastro. -Tienes un olfato muy fino, es admirable- Sonrió después del halago que le había hecho a Vanidad.- En breves lo sabremos.-Dijo mientras seguía estudiando el terreno para seguir una dirección. Que al fin encontraron.
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Re: ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

Mensaje por Eudes el Miér Feb 08, 2017 6:42 pm

Siguióse en la dirección que el olfato de Erin había señalado, hacia un poco mas allá en el borde del río, avanzando hacia el norte, sobre las camas de hojas muertas y barro oscuro. Según parecía, aquel extraño y aromático rastro avanzaba metros a un lado de la corriente, para, con prontitud, virar hacia una zona de la espesura verde un poco menos densa que las demás.

Avanzando por aquí, en donde el pasto tan abundante y las flores solitarias parecían apartarse para dar lugar a un terreno rocoso, el rastro se intensificaba con una fuerza notable. Impregnando el aire, haciéndose mas fuerte conforma mas innaturalmente escasa se hacía la vegetación, concentrabase en el epicentro del lecho rocoso ya limpio de cualquier rastro de pasto, como una nube, como un punto intenso y palpitante.

El grupo se hallaba de pié sobre las rocas, que habían interrumpido el lecho de bosque con una sorprendente brusquedad. A olfato de Vanidad y Erin, aquel olor a sangre y podredumbre era asfixiante, abrumador, o a lo menos molesto. Para Eudes, era un olor desagradable, aunque apenas identificable y todavía soportable; el caballero parecía mas intrigado por la extraña variación entre las rocas y el pasto, que, a su juicio, había interrumpido la gran presentación bocal de la señora flor silvestre.

El sol todavía se tardaría un tiempo en ponerse. Los animales no parecían demasiado interesados en este lugar.
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Re: ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

Mensaje por Vanidad el Vie Feb 10, 2017 11:59 pm

Avanzaron un poco más ahora que el grupo la había alcanzado, hacia el norte, más allá del borde del río. Sus preciosas botas se estaban ensuciando con el barro negruzco, y las hojas muertas se pegaban a este, arruinando su aspecto, lo que no hacía más que agriar su humor. Realmente esperaba encontrar esos estúpidos goblins invisibles, aunque solo fuese para tener algo que destripar para recuperar el buen humor. De momento no había suerte en su encontronazo con los goblins, puede que porque eran invisibles de verdad, pero el olor iba intensificándose, lo que significaba que se estaban acercando.

Las flores y plantas verdes en general fueron escaseando a medida que el terreno se volvía rocoso, y parecía ser que cuantas menos plantas y flores había, más fuerte era el olor, lo que incentivo a la diablesa a empezar un trote ligero para llegar más rápido al origen del aroma. Puede que al final resultara muy fácil encontrar, resultando en dinero aún más fácil.  Pero claro, no había ningún cadáver a la vista, no todo iba a ser tan fácil. La diablesa no necesito olfatear, puesto que el olor le entro a la nariz como un puñetazo. No tenía la misma sensación de asco y nausea ante la podredumbre que solían tener los mortales, no creía que ningún demonio la tuviera en realidad, pero seguía siendo un fuerte olor, como una noble que usaba media botella de perfume, lo que lo hacía desagradable, casi asfixiante, pero sobreviviría a un poco de tufo.

Seguía sin ver ningún cadáver, por lo que Luzbel se adentró aún más, hacia la grava, hasta que su pie pisó algo un poco más blando, momento en el que paró y dejo de excavar, aunque “excavar” sonaba a mucho esfuerzo, mucho más del que requería quitar las piedrecitas, exactamente lo que estaba haciendo. Finalmente fue recompensada con un brazo medio descompuesto, pequeño y con dedos prensiles, humanoide. Puede que un niño, o un goblin invisible. Realmente quería ver esos estúpidos goblins invisibles, aunque… ¿poder ver el brazo no los volvía técnicamente goblins normales? No debería poder ver el brazo de un goblin naturalmente invisible, estaba casi segura de ello. Era una pregunta demasiado profunda para el momento, puesto que su mente estaba ocupada calculando cuantos cadáveres hacían falta para generar ese olor, puesto que no había manera de que hubiera olido un único brazo desde tan lejos. El dueño no estaría lejos, habría reptado unos pocos metros como mucho antes de desangrarse. Volvió a pisar la zona, después de tirar el brazo a un lado sin demasiados miramientos. Esperaba no mancharles los zapatos al resto del grupo. Ese pensamiento le recordó sus propios zapatos, hechos un desastre, y dio un fuerte pisotón, más fuerte del que pretendía hacer anteriormente. La grava parecía seguir siendo blanda, cediendo ante la fuerza, por lo que siguió escarbando. Había más, muchos más, primero encontró el dueño original del brazo, con los dos pedazos, estaba claro que lo habían cercenado limpiamente, seguía habiendo más cadáveres, que se entreveían entre la graba, pero después de sacar un par más y ver el patrón de las extremidades cercenadas, considero que no valía la el esfuerzo, todos serian iguales, posiblemente habrían muerto de ello. Alguien se habría encontrado una banda de goblins y se lo habría pasado bien con ellos, puede que su querido caballero. Con un poco de suerte, habría resultado herido y sangraría un rastro.
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Re: ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

Mensaje por Erin Rosein el Miér Mar 01, 2017 11:50 am


El hedor era insoportable, a cada paso que daba el olor era más intenso, igual que el terreno iba perdiendo vegetación, las plantas salvajes que normalmente daban verdor estaban mustias, incluso las que estaban en la parte baja de las piedras.
Aquello debía de predecir una desgracia, quizás encontraríamos al caballero muerto o tal vez un montón de goblins o todo junto. Miré las botas de la peli blanca y pude ver una pequeña mano podredumbrosa. Alcé la vista y vi una mueca de enfado en la cara de la misma, supongo que más que él olor les molestaría las dantescas vistas que teníamos bajo nuestros pies, quizás ellos estarían acostumbrados pero yo era la primera vez que salía de mi zona de confort, las ciudades y algunos bosques cercanos.

A medida que me acercaba al lugar de donde pertenecía  ese diminuto brazo ya llevaba un pañuelo con menta en la nariz pegado. La peliblanca seguía avanzando sin importarle nada, como si estuviera acostumbrada a ese olor. Realmente debía de ser una mujer muy poderosa para poder estar tan...¿impasible?. El caballero también avanzaba un poco por detrás de nosotras, parecía nervioso, quizás tenía algún sentido que le permitía saber si estábamos en peligro o por el contrario estaba viendo los famosos "goblins invisibles" y estaba igual de excitado que un niño la noche de los regalos. No parecía un campo de batalla pero tampoco era agradable ver brazos y piernas separados del cuerpo,o de tanto en tanto pisar un cuerpo que se descomponía bajo las botas.

Nose en qué momento pensé o si alguno de mis compañeros lo murmuró pero me puse a fijarme un poco más en la grava a ver si encontraba algún rastro de sangre, claro que olía a sangre pero necesitaba algo más...Concentrado...Quizás mi mitad oso me sirviera de algo para seguir un rastro, si tan solo encontrábamos un rostro de sangre fresca, quizás alguna herida en el caballero nos ayudaría a encontrarlo. La cueva estaba cerca quizás se habría resguardado ahí.
-En el mapa no indica la profundidad de la cueva, pero tal vez deberíamos de entrar...-dije en un tono de voz tranquilo detrás del pañuelo.
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Re: ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

Mensaje por Eudes el Sáb Mar 18, 2017 9:22 pm

Eudes miró los cadáveres; le inundó una ambigüedad entre la mera observación biológica y una alegría originada en el prejuicio y idea que tenía hacia estas criaturas. Una memoria, apropiada aunque quizá algo contaminada por su propia cabeza, por su idea del mundo, vino a su boca en la forma de una cita literaria del manual de criaturas de Tormus Kal, maravilloso aunque algo obsoleto ejemplar de clasificación zoológica de tiempos todavía demasiado atrasados como para considerar a los goblins y a los orcos seres pensantes o si quiera al nivel de animales.

-Diablo inferus, creatura de la noche, habitual de los bosques y las montañas, amiga de demonios y diablos muchos y varios, enemiga de dioses de razón o civilización. Salvaje y peligrosa, sin consciencia, salvaje al nivel de demases dracos-Recitó de forma mecánica, seca y rápida, apenas molestándose en mostrar emoción o si quiera consciencia de lo que decía- Nada fuera del canon salvaje que habita estas tierras, he de decir, y muertas por obvia espada; cortes limpios veo.

Obviedad sin duda fue aquel comentario tranquilo, dicho por alguien que veía aquello como parte de la natural aventura a desarrollarse mas que como una masacre de proporciones a lo mínimo grotescas. No lo disfrutaba, pues varias veces había aprendido que criaturas viles se redimían en buena acción varias veces a lo largo de su vida, pero, ante aquella idea, ante el caballero, ante la imaginación de este venciendo a las criaturas y los goblins como las sombras de los demonios, no podía si no razonar que estos seres habrían muerto por santa espada; no tenía duda en semejante afirmación.

Sin rastros, sin mas sangre que en este lugar maldito, decidiose en silencio que el lugar próximo sería la mina. Volvíose el grupo por el anterior camino según los garabatos en el papel, y llegó con facilidad al camino nuevamente. Por esta ruta, avanzo a paso lento y firme, por el camino rural entre los árboles, todavía activo gracias a la especies, zorros y animales pequeños que ocasionalmente correteaban por estos lugares, aunque ahora mas reservados, percatados sin duda de la presencia de los extraños.  Llegaron demasiado pronto, quizá, a una zona en donde la falda del monte no se hallaba tan lejana como en el área de la aldea, siendo que una pared de tierra grisasea se empezaba a alzar a un lado del camino, como una colina baja que pronto iba ascendiendo a monte mediano, todavía cercano, todavía inferior a las grandes montañas pero sin duda mas desnivelado que el resto del gran bosque. A partir de aquí no hubo mucho tiempo de espacio hasta verse con los primeros signos de un campamento; una pequeña hoguera apagada se hallaba rodeada de bolsas e implementos mineros, como palas, picos, algunos negros trozos minerales y herramientas necesarias para la correcta realización del oficio. A un lado, en el monte, una pequeña entrada enmarcada por vigas de madera; voces procedentes del interior, exaltadas, daban indicaciones y parecían platicar sobre algo relacionado a la montaña.

El día seguía claro, pero quizá pronto cedería. Alguien hubiese podido jurar que las bestias ahora eran todavía mas tímidas, mas reservadas, mas encapsuladas en sus pequeñas madrigueras.

Off:
Se puede usar la habilidad de preferencia en la zona para investigar, o simplemente entrar, si así lo desean.
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Re: ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

Mensaje por Vanidad el Jue Mar 23, 2017 11:36 pm

-¿Uh?- fue todo lo que musitó la diablesa, dedicándole una breve mirada al caballero al sentirse definida, más o menos, pero no se podía ser demasiado exigente con los mortales, su comprensión de lo demoniaco era simplemente… muy aliena, pero luego se dio cuenta de que la estaba recitando para sí mismo, y que no se le había olvidado de esconder un ala o una cola... hacía mucho que no le pasaba eso realmente, pero siempre era una mala experiencia, mala y pringosa, la sangre costaba horrores de quitar del pelo.

Observo otra vez los restos, ciertamente, eran cortes limpios, seguramente ella no habría certificado que eran una espada, pero ciertamente podría haber causado esos cortes. –No recuerdo que preguntáramos, pero una espada es una típica arma de caballero…- simplemente dejo caer el comentario y siguió a lo suyo, observando la zona.

Decidieron ir a la mina, y al no tener más pistas, la diablesa no tuvo ningún problema en absoluto, por lo que siguió al resto en silencio, retrasándose un poco expresamente. Revolvió sus pertenencias hasta encontrar un pedazo de cecina, al cual le dio un mordisco, no solo porque al oler la sangre le había entrado hambre, sino porque ella si podía escuchar los leves gruñiditos que hacia su acompañante. Tenebra trepo por su espalda, destrozando su capa roja con sus garras, sin duda, hasta su hombro, donde froto su escamosa cabeza contra su mejilla antes de empezar a mordisquear la carne seca que la diablesa le estaba ofreciendo. Ahora que estaban tranquilos, sin ningún peligro inminente, era un momento ideal para alimentar a ese wyvern de tamaño gatuno.

Antes de que se diera cuenta, ya estaban ante la mina, por uno de esos caminos que usaban los animales en los bosques. ¿Un camino forestal? Daba igual, no le importaba lo suficiente como para molestarse en averiguarlo. Había un campamento minero, incluso se veían los restos de una hoguera, apagada y seguramente fría, pero le llamaba mucho la atención que una mina abandonada aun tuviera equipamiento desperdigado por allí. Pero claro, no era sorda, rápidamente oyó las voces discutiendo en el interior de la cueva, en común. –Hay sangre en las herramientas.- Ni siquiera se paró a mirarlas, le basto pasar por el lado para oler el tufo a sangre, la diablesa simplemente paso de largo. También olía a goblin, pero era una zona abierta, los goblins simplemente…podían haber pasado por allí, no significaba nada

Entro en la mina, acercándose hacia las voces. No se ocultaba, pero tampoco entraba dando gritos, y finalmente llego al par de hombres que discutían. Uno era Pook, el tipo ese del que nadie se había preocupado, que estaba bastante bien, y el otro era un tipo considerablemente desdentado que no conocía, un minero quizás. Pero a Luzbel le traía bastante sin cuidado, se paró en la entrada, evitando que ese par pudieran escapar y desenfundo su espada. Sin ningún gesto amenazante, de manera sencilla, y dijo una única frase. –Vais a tener que explicarme de manera muy satisfactoria porque apestáis a goblin…- No necesitabas ser invisible si podías adoptar la forma que quisieras... o a lo mejor solo eran colegas de juerga con los pieles-verdes, pero... "cree el ladrón que todos son de su condición.
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Re: ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

Mensaje por Eudes el Mar Abr 18, 2017 8:48 pm

El barbudo rostro de Pook se descompuso en un desconcierto temeroso, que a pesar de la brillante espada en la mano de la diablesa, no duró en su faz más de algunos pocos segundos. Pareció recomponerse rápidamente, sin dar mucho lugar a la sorpresa en un acto muy propio de alguien criado entre mansiones,y  tomando aire mientras su compañero aún parecía estar intentando entender la situación, con voz fuerte, aunque a su vez intentando ser cortes, respondió a la dama.

-¿Disculpe señorita?- Dijo, arqueando una ceja- Creo que no la había visto -Avanzó un par de pasos- ¿Se le ofrece algo, que veo que nos interrumpe?

¿Pero que había pasado? ¿Que acaso los dulces cantos de las flores habían opacado algún hecho silente? Eudes entró en la cueva apenas miró a la dama desenvainar espada en su interior, apresurado, quizá algo desconcertado, mirando con algo de sorpresa la escena e intentando conciliar los puntos en su cabeza, cosa ya bastante difícil si aquellos gnomos seguían gritando en su oído. Recordando la frase que había logrado escuchar mientras aún estaba algo distraído, con cortesía atajó el que el creía podía ser un conflicto, adelantándose a la mujer y mirando al identificado como Pook.

-Buenas- Dijo, interrumpiendo cualquier posible respuesta- Antes que nada, me presento ante vos o contratador- Plantó rodilla en tierra- Mi nombre es Sir Eudes de Loc-Lac, caballero andante, a vuestro servicio. Junto a esta dama y otra señorita, que prefirió permanecer afuera, somos los interesados en hallar al caballero perdido gobernante de este lugar, cosa de la que vos ya estaréis enterado, sabiendo que pusiste la convocatoria- Se levantó cortesmente, mirando a través de su visera al relleno y barbudo hombre, que le mirada con una ceja arqueada- Ahora, mi compañera echaba de ver una observación acerca de vuestras herramientas que consideramos podría ser útil en la misión, y considero yo muy amable si las respondieres.


El hombre los miró a ambos con ambas de sus cejas velludas alzadas por unos segundos, estudiándoles, antes de dar una orden silente al desdentado a su lado con la cabeza y tomar un largo aliente. El otro hombre se retiró hacia más adentro de la cueva, mientras Pook se inclinaba levemente de forma cortes.

-Buenas caballero, es un placer para mí conocerle- Dijo de forma casi mecánica- Y realmente agradezco su cortesía, que hecho de ver en su compañera -Dirigió una mirada de desdén a la diablesa- También me alegro porque la convocatoria haya tenido algún efecto. Este sitio es remoto y pocos son los que suelen hallar valor alguno en venir. Los detalles que necesiten sobre el trabajo y por supuesto la recompensa prometida serán tratado en su momento cuando regresemos al pueblo- Volteó su cuerpo hacia la dama- Ahora, con respecto a la pregunta, informo a la señorita presente que en recientes meses hemos estado teniendo ciertos problemas con criaturas nativas de este territorio, problemas...pues...relacionados propiamente dicho, con los conflictos internos entre estas. Constantemente nos vemos obligados a disponer de los cadáveres que las peleas entre esas criaturas indeseables suelen dejar, por con siguiente, nuestras herramientas algunas ocasiones pueden no estar en los estados más pulcros- Se inclino levemente en su dirección- ¿Eso resuelve vuestra duda?

El hombre se quedo esperando respuesta de Vanidad. El caballero se limitó a permanecer callado, atento, devorando con la vista el espacio a su alrededor en un intento por hallar a los espíritus y valores vivientes que el sabía bien vivían en las cuevas.

<<Vamos- Pensaba- Que podéis decirme de lo que aquí pasa, o espíritus de la naturaleza que tanto pululan en estas cierras>>
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Eudes

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Re: ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

Mensaje por Vanidad el Dom Abr 23, 2017 8:11 pm

La peliblanca mantenía la mano empuñando su espada, con un agarre firme pero ligero, como un pintor con un pincel, escuchando la respuesta de esos tipos. Fue interrumpida por la lata andante que tenia de compañero, pero solo fue una interrupción temporal y la espada de su mano rápidamente los hizo encarrilarse otra vez hacia su tema de conversación.

Mentían, sin duda, los goblins no iban armados con espadas, no espadas largas, de las que cortan, como mucho de las cortas, para apuñalar como su de dagas se trataran, y sino usarían arcos u hachas, esos goblins enterrados no habían sido muertos por un conflicto territorial, sino por alguien muy hábil con la espada. Además, eso no explicaba porque se habían reunido en esa cueva. Pero no tenía pruebas tangibles, no aun, así que se limitó a callarse, andando lentamente hacia ese hombre, hacia Pook. Estaba mintiendo, le estaba mintiendo en toda la cara, pero estaba segura de que sus compañeros no apreciarían que sacara una garra y le rajara la garganta allí mismo por esa insolencia, y por más que se le antojara, no conseguiría respuestas de ese modo. Pero había dos de ellos, y uno se había internado en la mina, donde, hasta donde ella sabía, no había nadie más…salvo posiblemente un montón de goblins invisibles…pero podría encargarse de ello, una vez resolviera eso de la invisibildiad.

No iba a perder al otro, lo alcanzaría rápidamente a su paso, y aunque no fuese a hacerlo, el olor lo delataba. Luzbel siguió impasible, pasando picos, palas y demás utensilios mineros que desde luego no pertenecerían en una mina abandonada. Los túneles serpenteaban un poco, pero no tenía perdida, el rastro desembocaba en una zona abierta, en las que había unas pocas carretas. Allí estaba el hombre, ese minero, buscando algo con la mirada, sin encontrarlo a juzgar por como seguía buscando una y otra vez en los mismos lugares. Finalmente, se dio cuenta de la presencia de Luzbel, cuando esta ya estaba en la sala, avanzando desde la única salida que ella era capaz de ver. Estaban mintiendo, lo sabía, solo necesitaba saber porque, que ocultaban, y tan lejos, no lo escucharían gritar… pero ella creía en las elecciones, así que le dejaría elegir, elegir contarle la verdad antes de que se…emocionara. –Sé que estáis mintiendo… así que te voy a dar la oportunidad de decirme que hacíais aquí, antes de que llegue a ti…- todo en la diablesa cambio. No el aspecto, que seguía en la forma humana, ni un solo pelo fue cambiado en su cuerpo, era algo más primitivo, primario. Su paso se suavizó, como si temiera pisar las flores inexistentes de la mina, como el paso de un depredador, un gran felino al que solo le faltaba la larga cola peluda. Su espada había vuelto al cinto hacia mucho, y sus manos estaban al lado, moviéndose suavemente a cada paso, como movidas por la corriente. Por ultimo estaban sus ojos, que lo miraban con intensidad, una intensidad que ningún mortal era capaz de igualar. Ella se alimentaba de miedo, ERA miedo, ese patético mortal iba a hacérselo encima y decirle lo que quería saber. Si su opresiva aura de terror no bastaba para saber lo que quería… le daría una muestra del porque los suyos la tenían en primer lugar. Estaba a solo unos pocos pasos del hombre cuando volvió a hablar, por última vez. -¿Y bien?-
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Vanidad

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