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¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

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Re: ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

Mensaje por Eudes el Lun Mayo 08, 2017 9:43 pm

El minero Peet era un hombre simple.

El minero Peet sentía miedo.

Algo se rompió en el interior del minero Peet en ese instante.

Aquellos ojos ancianos se humedecieron apenas contactaron con la fogosa mirada de la diablesa. Sus piernas, incapaces de mantenerse quietas, chocaban las rodillas una con otra, una y otra vez, de una forma tan patética que a duras penas costaba pensar que el hombre hubiese tenido valor para no salir corriendo en el mismo segundo. Algo anhelaba salir de su garganta, era obvio, e irónicamente, el miedo mismo parecía contenerlo en su interior, acumunlándolo, preparándose para soltarlo cuando contenerlo ya no fuese una opción. Estaba aterrado y eso era evidente, quizá demasiado, y no fue capaz de mantener la compostura por más de unos segundos.

-Ah...ah...-Gimió con voz entrecortada y terror en su mirada- E-el señor...el señor quería recoger los cadáveres, el señor quería y me ordenó que lo hiciera, el señor Pook- Confesó, intentando arrimarse aún más en la pared, buscando en vano esconderse- Y-yo no se nada mi señora, se lo juro, solo me dijo que lo hiciera y yo obedecí- Una sonrisa nerviosa se dibujo en su boca desdentada- P-pero, creo que el sabe más, creo que el los mató, o alguien más, pero eso es todo, lo juro- Su rostro volvió a cambiar, ahora siendo una mezcla de terror y remordimiento- Yo haría lo mismo sabiendo que esos malditos enanos verdes tienen tan buenas minas.

Casi incapaz de contenerse más, dos tímidas lágrimas corrieron por las mejillas del hombre. Totalmente vencido, se deslizó hasta el suelo, dejándose caer, y se recostó acurrucado en la base de la roca, mirando con un miedo patético y nervioso a la mujer que le interrogaba. Temblaba, incapaz de despegar la vista de aquellos ojos inhumanos, tan abundantes en pesadillas.

Un grupo de pasos resonaron tras la diablesa. El ahora familiar rostro de Pook apareció iluminado por la luz de las antorchas, impasible y severo, de gesto marcial y corte un tanto imponente aún a pesar de no ser demasiado musculoso más que rechoncho. Observando con ojos de desdén a la diablesa, y con un desprecio absoluto al minero, que yacía en el suelo meciéndose a si mismo, abrió su boca con notable molestia.

-No sabía, señorita, que era hábito moderno corretear en donde no le ha sido permitido- Dijo, avanzando unos pasos con las manos en la espalda, y posicionándose en el centro de la habitación- Así que pido, por favor, que se retire inmediatamente de la sala y regrese al pueblo, si es que no desea perder la poca paga que pensaba darle por sus servicios- Amenazó, un poco descompuesto ya, incapaz de disimular el enojo tras esos gestos tan nobles.

Mas atrás llegó Eudes. Jadeaba, dando a entender lo obviamente difícil que era para sí mismo poder mantener el paso en aquel laberinto de túneles. Había conseguido seguir al hombre hasta esa posición no sin mucho esfuerzo y sudor, apenas logrando mantenerse lo suficientemente cerca como para poder verle en la distancia. Si la visera hubiese estado arriba los presentes se habría encontrado con un gesto de confusión casi absoluta, culpa del gnomo bajo la roca de la entrada, que habíale mantenido entretenido un buen rato, mientras todo se desenvolvía. ¿Quien iba a pensar que un gnomo se llamaría Tony? Curioso nombre, considerando que según las memorias de Abéd tercero, dichas criaturas se nombran según las características dominantes que los padres consideren correctas al momento de abandonar al bebé bajo un arbol...tendría que estudiar el tema luego.

Obligándose a volver en sí, avanzó algunos pasos, casi a la misma posición de Pook.

-¿Qué?- Preguntó, intentando recuperar el aliento- ¿Que acontece?
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Re: ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

Mensaje por Vanidad el Sáb Mayo 13, 2017 12:01 am

El minero se derrumbó. No físicamente, porque seguía de pie, más o menos, sino mentalmente, algo se rompió en ese hombre, estaba clavado en el sitio, tiritando de puro terror, un miedo tan profundo que le paralizaba los músculos, incluida la garganta que tanto necesitaba en ese momento. Esa visión le habría partido el corazón a cualquiera, pero Luzbel no era cualquiera, le traía sin cuidado los sentimientos, intenciones o secuelas que pudiera sufrir ese patético mortal, para los estándares humanos, no tenía corazón, figurada y literalmente, los suyos simplemente no necesitaban ese tipo de sentimientos, cosas como la compasión o la pena eran inútiles para la guerra, no podía asegurar que no estuvieran allí, pero desde luego estaban enterradas bajo una capa de sangre y muerte.

Pook quería recoger los cadáveres de los goblins… el no había sido, ese inútil era completamente incapaz de hacer heridas tan limpias y matar a tantos, así que parecía estar… ¿aprovechándose de la situación? ¿De las acciones de un tercero? ¿Estaba ese caballero al que buscaban dándoles candela a los goblins? Sin ayuda y sin avisar a nadie… se le hacía muy raro, necesitaba más información, pero ese tipo no sabía más. Pero se le escapo un pequeño detalle, un detallito que usaría de inmediato en cuando viera a Pook, cosa que no tardo demasiado en ocurrir.

Ni un atisbo de compasión se vislumbró en el rostro de la diablesa cuando el minero se acurrucó entre lágrimas en el suelo. Había presionado demasiado y lo había roto, lo sabía, no era su intención, pero tampoco tenía remordimientos al respecto. Poco importaba ahora que su nueva víctima había aparecido, dejo de desprender miedo por cara poro y se encaró a Pook, que le echaba la bronca… como si le importara.

-La mina no solo no es tuya, sino que ha sido abandonada, y estamos buscando a tu señor, voy a ir donde quiera, cuando quiera.- luego le clavo una larga mirada, mientras pasaba por delante suyo. –Pero no importa, ya me voy, ni siquiera necesitare la paga en realidad…- y entonces le sonrió, una sonrisa maligna. –Estoy seguro de que a la gente del pueblo le encantara saber quién se ha callado la localización del oro. ¿Sabes, tuve que evitar que un par de plebeyos se apuñalaran por un pedazo de terreno que podría o podría no tener oro…dime, ¿Qué crees que pasara cuando se enteren que has sido tú el que se lo ha callado?- entonces empezó a salir por el túnel, dejando que el tipo se lo pensara un poco, que contemplara su muerte inminente. –Ya podemos irnos señor acorazado, este hombre no parece estar dispuesto a dejar de mentir, no hay nada que hacer aquí.- Y siguió su camino. Obviamente esperaba que el tipo fuera a buscarla, que le dijera un “no, espera, te lo contare todo” pero en el fondo, le daba un poco igual, ya había clasificado la mina y a ese par de pringados como casos perdidos, si no colaba se limitaría a buscar y seguir otra pista, no podía haberse desvanecido sin que nadie se enterara, seguro que esos goblins sabían algo.
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Re: ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

Mensaje por Eudes el Jue Jun 08, 2017 10:49 pm

-¿Q-que? ¿Pero que ha pasado?- Masculló el caballero, viendo a la mujer de cabellos blancos pasar frente a sí.

Pook no estaba bien, se veía en su mirada de toro furioso. Aquellas facciones suyas- que cada vez que podían jugaban a la arrogancia- Se desplomaban ante el peso de la ira y el miedo, de la decepción y la pura rabia. Sus manos, todavía sobre la baja espalda, temblaban en vibraciones constantes que apenas podía disimular irguiéndose con innatural firmeza, y en su interior, un escalofrío contradictorio y caótico le debatía entre implorar piedad a la mujer o lanzarse sobre esta con el objeto contundente que tuviese mas cerca. Lo cierto era que esa pequeña capa de orgullo, que estaba delante de un miedo plantado en su interior por las propias enseñanzas de su cuna, le impidieron cualquier acción precipitada aún en aquel deplorable estado emocional. En cambio, intentando caminar sin temblar demasiado, avanzó hacia el desplomado minero que todavía se acurrucaba en su pequeño rincón, ojos abiertos, mandíbula a inquieta.

-Me la pagaras Terom- Susurro, al inclinarse justo al lado de este- Me la vas a pagar después.

El caballero observó aquella escena, apenas percatándose de la voz de la diablesa. Pensando, abstraído ya en las consideraciones y los elementos que acababa de escuchar, su mente entró nuevamente en aquel estado curioso, cuando parecía toparse con elementos relatadores de villanía o posible heroicidad. Quedándose paralizado pocos segundos, atravesó una eternidad de conclusiones vagas e imposibles como un río desbordado, mientras se hallaba de pié, firme, sosteniendo su mandoble y apoyándola en un hombro. Entre las olas de libros, y leyendas, y arquetipos místicos grabados a fuego en su mente afectada por el continuo estudio, las figuras vagas de dos palabras, dos seres, dos representaciones parecían tomar forma en el mar luminoso de información en su cabeza. Estos seres, tomando forma según los hechos se repetían como una grabación cada vez mas borrosa, pronto empezaron a definir facciones, a invocar representaciones, a arrastrar consigo el sentido y finalmente a manifestarse frente a sus ojos congelados en aquellos segundos.

La conclusión fue sencilla, pero una revelación.

Quizá la diablesa había descubierto algo, y pensaba que Pook era un pícaro, quizá controlado por algún ente maligno por supuesto.

El hombre rápidamente avanzó hacia el escudero, agitando furioso su dedo en dirección a aquel hombre barbudo y rechoncho. Volteó rápido a encarar al caballero, todavía irascible y de rostro enrojecido.

-Ajam...¡AJAM!- Gritó, posándose frente al hombre- Trampa escucho en este nudo, señor contratador. Dígame, ¿Son ciertas acaso las palabras de mi compañera? ¿O semejante conclusión, que veo, os ha puesto tan mal, es únicamente una invención de su blanca testa?


-N-no me moleste, impertinente- Respondió bufando- Y llame a esa compañera suya, o no, iré yo mismo pedazo de tortuga.

El hombre pasó completamente de las palabras del caballero, mas no de su presencia, puesto que este, inspirado, hacía afirmaciones de justicia y rectitud y culpa siguiéndole, sin perderle mucho paso. Pook, dirigiéndose a la salida de la cueva, abordó rápido a la diablesa, todavía con aquel infierno de sentimientos coléricos en su interior, apenas capaz de hablar sin que aquella ira no le hiciese parecer peligrosamente hostil.

-B-bien- Dijo, ignorando el arranque del caballero a sus espaldas que movía como loco sus brazos mientras hablaba sin sentidos- ¿Que desea? Dígalo rápido que no tengo tiempo
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Re: ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

Mensaje por Vanidad el Vie Jun 09, 2017 6:06 pm

-¿Quién está matando a todos esos goblins?- se limitó a preguntar la diablesa. No tenía sentido andarse con rodeos, lo tenía ya bien cogido.

-No tengo idea- respondió Pook -A-antes éramos nosotros, por las minas, pero estas muertes, no lo sé…- menudo inútil. ¿Para qué se tomaba tantas molestias? Todos los mortales en kilómetros a la redonda eran completamente inútiles, zoquetes o un poco idos de la cabeza, debería imitar a su padre y arrasar la zona entera con una horda de demonios. –Pero… pero él solía matar goblins…- estaba añadiendo información desesperadamente, puesto que Luzbel no había sido demasiado sutil con su cara de frustración, y acababa de revelar una pequeña perla. Una pequeña idea empezaba a formarse en la mente de la diablesa.

-¿Dónde puedo encontrar más goblins?-

-En…en la montaña, puede que lo hayan secuestrado o matado como venganza…-

-No.-

-¿No?- pero la diablesa ya se estaba yendo, montaña arriba. Había habido algo que la había estado molestando desde hacía horas. Habían estado buscando, muy posiblemente, al tipo más capaz de la zona, a un auténtico veterano, capaz de hacer una autentica escabechina de goblins. No iban a capturarlo, no sin dejar un reguero de cadáveres. Puede que lo hubieran capturado y ese idiota hubiera cubierto el rastro, pero simplemente se le hacia difícil pensar que unos goblins pudieran capturar con vida a su archienemigo, en vez de matarlo allí mismo, no eran muy achispados precisamente. Así que tenía una segunda teoría. Estaba por allí, libre, pero no quería volver. ¿Y porque un caballero, agotado y hambriento, no quería volver al pueblo, con sus queridos ciudadanos? No era como si temiera por su vida, era el cacique del lugar, podría tomar medidas si alguien de los locales lo amenazaba, así que tenía que ser algo más, algo tan grave como para que no se atreviese a volver. Y claro, ella se transformaba, así que su mente inevitablemente se decantó por eso, algún tipo de horrible maldición que lo había vuelto un monstruo, aun capaz de empuñar la espada. Eso le dejaba dos opciones, la primera era preguntar a los goblins, puede que exterminarlos a todos y sentarse sobre su pila de cadáveres, esperándolo, la otra…era un poco menos sutil, era colocar en ese perdido rincón del mundo una amenaza mucho mayor que unos goblins…seguro que vendría si un gigantesco y terrible demonio atacaba el pueblo, ¿cierto?

Pero no veía a ningún goblin. Árboles, zorros, olía a algún ciervo incluso, pero lo más parecido que veía a actividad goblin eran algunas herramientas desperdigadas por el suelo aquí y allá, y seguramente serian humanas, a saber, no era una experta ni tenía ganas de serlo. Pero también veía cruces entre los árboles, que muy posiblemente señalaban tumbas, se le hacía raro, pero no pensó demasiado en ello, estaba demasiado ocupada olfateando ese olor, ese aroma que suponía que venía de los goblins….un olor que ahora estaba por todos lados. ¿La habían rodeado? Unos goblins? Estaba perdiendo facultades.
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Re: ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

Mensaje por Eudes el Mar Jun 13, 2017 10:46 pm

La diablesa no dio lugar a explicación para el escudero, que confundido, gritó exigiendo mas información a sus espaldas, mientras la mujer iba ascendiendo por la ladera de la montaña. El caballero, también confundido por la aparente conducta de la otra mercenaria, siguiola a paso tan apresurado como su armadura le permitía, siendo igualmente incapaz de obtener respuesta debido a lo tremendamente centrada que se encontraba esta en su trabajo.

La subida era cosa común, apenas mas densa que el resto de la foresta. Una pendiente que se iba agudizando conforme más se avanzaba, pasando de un leve desnivel a directamente una cuesta arriba que requería un esfuerzo mínimo para poder dar otro paso. Arboles, zorros, pequeñas criaturas desconocidas que correteaban entre los hierbajos apenas dejando escuchar el leve susurro de sus pisadas. Conforma más se adentraban ambos en la montaña, mas se hacían notar los pequeños elementos fuera de lugar en el gran paisaje salvaje, echando de ver picos, palas, y demáses herramientas difíciles de describir que desperdigadas en la zona intentaban pasar desapercibidas a los ojos de los desconocidos. Cruces de madera, toscas hasta la saciedad, empezaron también a hacerse evidente conforme se adentraban los hombres en el sector, dando lugar a una escena que, al menos a ojos del caballero, parecía la pura imagen de un encantado cementerio típico de leyendas y crónicas. Para la diablesa, debía ser ya evidente la presencia de pequeños visitantes, aquellos susurros animales y aromas curiosos ya presentes desde el principio de la cuesta pero ahora intensificados y transformados en cosas mas extrañas, mas grandes, mas...sapientes.

El caballero avanzó hacia la mujer, aferrado fuerte a la mandoble, mirando a su alrededor como si en efecto fuese capaz de sentir las misteriosas sombras de percepción que el demonio si era capaz por su naturaleza de detectar. Obviamente, esto no se debía si no a la natural paranoia del hombre, buscando enemigos, amenazas y bosques encantados en donde no había mas que un trozo de tierra abandonada por dios con algunos árboles místicos. Cercano, voz baja, habló a esta.

-Señorita, no pretendo insultar vuestro porte o valía, pero me es necesario señalar la atmósfera de maldad obvia que entre estos robles milenarios habita- Señaló, casi susurrando, mirando a su alrededor.

Si la diablesa respondió algo el hombre no escuchó. Se hallaba ya sumido en sus fantasías, mirando a su alrededor como bien le permitía la visera, intentando detectar cualquier posible fantasma o presencia misteriosa habitante de aquel sitio. Paranoide, a sus ojos cada sombra que el árbol proyectaba era el escondrijo de un pequeño diablillo feroz, y las hojas danzantes por el viento, el susurro de un guiverno que movía las alas en las alturas forestales. Por supuesto, todo aquello habría quedado en no más que meras suposisiones tontas del hombre, de no ser porque, en aquel instante, a los oídos de ambos, se escuchó un silbido.

Una flecha aterrizó a los pies del caballero. Otra se clavó en un árbol tras la diablesa, peligrosamente cerca de su cabeza. Eudes dio un grito de alarma.

Una serie de toscas flechas salieron disparadas desde la literal nada mientras el sol se ponía en el bosque de montaña, y empezaron a caer lentamente sobre ambos, cada vez acercándose más a su peligroso objetivo. El caballero, tomando su espada se lanzó al piso, aferrado a esta, observando hacia la espesura e intentando divisar a los arqueros para un contraataque. Fue una lástima...

Para los ojos de ambos, debía ser obvio que a su alrededor no había nada.
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Re: ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

Mensaje por Vanidad el Sáb Jun 17, 2017 10:05 pm

-¿Tu también lo notas? Estoy sorprendida…- Puede que lo hubiese subestimado, ¿estaba ante un paladín algo ido de olla por leer más pergaminos prohibidos de los que debía?.

Su corazón a duras penas se había acelerado con la subida, con su forma mortal entrenada y preparada para mucho más que un poco de suave ejercicio, pero sin embargo, su impío corazón sí que se aceleró cuando una flecha le recortó un mechón de pelo, clavándoselo en un árbol cercano. No era por la flecha, no era la primera vez que una casi le volaba la cara en pedazos, ni era la primera vez que casi moría, llevaba décadas disfrutando del placer. No.

Era porque estaba mirando directamente en la dirección de la que procedía la flecha… y allí no había nada. –Esto va a ser interesante.- Una segunda y tercera flecha se acercaron, fallando miserablemente. Veía las flechas, pero no los arqueros, invisibilidad de contacto seguramente, como un aura que cubría cierto rango, o solo el cuerpo. Un silbido la distrajo de sus pensamientos y movió su escudo, haciendo revotar la flecha con un suave tañido, como una campana. Solo entonces se fijó en el caballero, allí en el suelo. –Llevas una armadura de placas, esas flechas tan pobres no te harán nada, solo mátalos a todos.- Hablando de eso… los olía, sin duda, tampoco tenía unas capacidades tan buenas como para localizarlos con tanta precisión como para basarse solo en el olfato.

Miro al caballero, luego a los goblins… más o menos. Y suspiró. –Qué remedio…- movió su cuello, soltando un crujido, preparándose. –Estáis muertos, no es nada personal.- Se levantó un poco la armadura de cuero, dejando sus caderas a la vista, de las cuales salieron un par de tentáculos, uno a cada lado. Solo entonces desenfundó la espada. Una triste y solitaria flecha salió a su paso, pero fue evitada a duras penas con su escudo. –En fin…- y entonces cargó. Tenía una idea aproximada de a que distancia estaban, gracias a las flechas y el olor, y una vez estuvo cerca, empezó a dar brazadas con sus tentáculos. La primera no agarró nada más que aire, pero siguió, dando una zancada más y haciendo un segundo barrido con sus tentáculos. Esta vez sí se cerraron sobre algo, sobre lo que debía ser un cuello a juzgar por el tamaño. Estaba haciendo todo este espectáculo por un motivo, así que no dudo lo más mínimo en alzarlo a pulso ligeramente y empalarlo con su espada, para luego desecharlo tirándolo a un lado. Sin embargo tomo nota mental de cómo no se había vuelto visible al agarrarlo/tocarlo, como había pensado, sino que había estado completamente fuera de su visión hasta que le había clavado su espada en esa fea cara, matándolo. Y aun así, no veía ningún motivo por el cual eso pasara, era un maldito goblin normal, verde, con capucha y ropajes de piel, ningún tono de piel purpura ni nada que pudiera justificar esa invisibilidad. Una tercera brazada a duras penas rozó al siguiente goblin, lo que provocó una cuarta con ambos tentáculos y un desenlace igual de fatídico que el del anterior. Su corazón estaba acelerado de la emoción, y la diablesa reía mientras los empalaba. Eran goblins invisibles de verdad, curiosos, exóticos y raros goblins invisibles, como había dicho ese tipo… ¿Cómo sabrían?
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Re: ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

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