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¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

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Re: ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

Mensaje por Eudes el Dom Jul 22, 2018 7:14 am

El Sir, o más bien, aquel conjunto de reacciones animalísticas y una que otra regla de cortesía humana vagamente formada en torno a la figura de un caballero armado, miró con curiosidad la púa que ahora atravesaba su metálica mano y, según el plan que la diablesa ya había pensado con diversión no falta de perturbación (y por lo tanto, terriblemente apropiada para su clase) dispuso su esfuerzo a batirla cual niño malcriado.

Reaccionando rápido, el Caballero Rojo tiró de la pierna de la mujer, y la lanzó contra las llamas cercanas y los árboles que estas consumían. Un rugido arrancó de su monstruosa garganta, mientras se disponía a correr hacia el fuego con el ímpetu de un animal hambriento, espada alta y preparada para descargarse.

Y he aquí, para disgusto de ambos, que el caballero tortuga hizo una anticlimática, aunque sin duda esperada intervención.

Recuperado del golpe y los repetidos campanasos que batieron su yelmo por varios segundos, corrió el caballero con una estocada preparada hacia el aparentemente despistado rival. Eudes bufó no sin cierta satisfacción mientras se acercaba, aunque apenas una durisima vibración recorrió toda la extensión de su gruesa arma, y de un instante a otro aquella inspirada (aunque no demasiado rápida) carrera se vio detenida, quedó claro para su dañada cabeza que aquel hombre tenía más reflejos de los que aparentaba.

Había detenido aquel instento de estocada sin apenas mirar, torciendo su cuerpo y brazo de una forma que quizá sin aquella biología alterada hubiese roto un par de huesos y músculos (solo suponiendo que en aquel estado los tales ya no estuviesen desechos). Un aliento caluroso, como el de una bestia molesta, emergió sonoro de las rendijas de su yelmo.

Entonces Eudes, el gran caballero, pensó que, quizá, y solo quizá, había metido la pata.

Recuperándose rápidamente, el Caballero Rojo dio una vuelta y lanzó una estocada directa hacia el cuello de la tortuga metálica. Reaccionando veloz, Eudes giró y esquivo por bastante poco el filo, sin darse tiempo alguno a sentir alivio y elevando su arma para detener precariamente otro tajo lanzado hacia sus piernas. Feroz, los ataques del Caballero Rojo se hallaban dirigidos por la furia y un conocimiento primitivo, aparentemente instintivo, venido seguramente de su anterior forma. No podía hacer mucho Eudes más allá de esquivar y, precariamente, desviar los golpes de apariencia más ligeros.
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Re: ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

Mensaje por Vanidad el Miér Jul 25, 2018 2:58 pm

Su púa no lo mató, cosa que era una pena, pero no inesperado, y el monstruo la arrojó contra las llamas. Otra muestra de que no estaba en sus cabales, ella no habría hecho eso en absoluto. La diablesa no desplego las alas, no quería arriesgarse a que se rompieran cuando impactara, en su lugar, tumbo su cuerpo, impactando contra el árbol llameante con las piernas, que se doblaron tratando de amortiguar el impacto. El árbol crujió y se rompió, pero no antes de darle un impulso en la dirección en la que había venido. Luzbel aterrizó en el suelo, dando palmaditas en las zonas donde su equipo estaba en llamas, con un cuerpo cada vez más cubierto de escamas negras. No dolía, pero era difícil encontrar unas buenas botas, no iba a dejar que se chamuscaran.

Y se lo estaba tomando con calma debido a que su acompañante había intervenido, por supuesto, sino ya haría rato que tendría a ese tipo intentando cortarle la cabeza. Pero estaba teniendo problemas. Su arma era demasiado pesada para mantenerle el ritmo al monstruo, por más que la manejara con sorpréndete finura. La diablesa se planteó por un momento conjurar su mejor hechizo y mandar a ambos caballeros y a buena parte del bosque a volar por los aires, pero… era demasiado rápido como para garantizar que no sería simplemente perder el tiempo, y si esparcía el conjuro, el daño seria patético. Así que usaría una manera ligeramente menos seria. Sus armas resbalaron de sus manos, siendo recogidas en el aire por sus tentáculos en un movimiento tan practicado que ya era natural. Luego, la diablesa, que la lucia completamente como un dragón humanizado, se puso a cuatro patas, desplegando las alas. Finalmente, con un impulso de seis de sus ahora ocho extremidades, una diablesa en forma humana, con muchísimas más escamas y dientes de los normales salió disparada como una bala.

Ambas de sus piernas impactaron de lleno contra el caballero, mandándolo a volar contra unos árboles en llamas. Sus tentáculos se clavaron de inmediato en el suelo, con su espada y escudo frenando su avance y llevándose la mayoría del impacto, antes de desplegar sus alas, evitando que estas se rompieran por el brutal parón. Otra bocanada de fuego siguió a su parada, demasiado lenta, observo. Simplemente lo había mandado a volar con demasiada fuerza, y la llamarada no llegaría a tiempo para aprovechar el impacto contra los árboles.

Deshizo sus alas, que solo estorbarían siendo un blanco demasiado grande para defender, mientras se preparaba para el siguiente ataque. No tuvo que esperar mucho, una sombra se acercó por su derecha, y un mandoblazo fue dirigido hacia su cuello. La diablesa se giró hacia el atacante, estampando el tentáculo con el escudo contra el mandoble. No bastaba para parar el golpe, y su tentáculo retrocedió por el golpe. En retrospectiva, para parar el golpe debería haber apuntado lo más cerca de la empuñadura posible, para minimizar la fuerza. Lástima que no estuviera intentando pararlo.

La diablesa despegó los pies del suelo, pero en vez de ser mandada a volar, rodo sobre su propio escudo, por encima de su escudo. Aunque rodar no era la palabra correcta, puesto que tenía ambos pies sobre el escudo, que se inclinó por encima del golpe. Entonces, sumió a su enemigo en llamas, seguido de una estocada de su otro tentáculo.


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Re: ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

Mensaje por Eudes el Vie Ago 17, 2018 1:28 pm

El otrora caballero se sumió entre las llamas, más el tentáculo no le tomó desprevenido. Desviándolo con el plano de su hoja, se lanzó furioso hacia la diablesa con rápidos tajos largos, dibujando lineas brillantes en el aire, uno tras otro, mientras los rugidos de la bestia se hacían más potentes. El fuego del bosque había empezado a aumentar lentamente, elevando humo y muros de llamas que amenazaban con cerrar el pequeño campo de batalla.

Lentamente, entre aquellos espásmodicos, torpes, más pesados movimientos, sonidos de metal rompiéndose empezaron a destacar, distinguiéndose lenta y dolorosamente de entre los rugidos y el crepitar llameante. Cuernos enormes habían empezado a atravesar más su yelmo, y poco a poco, la carne retorcida bajo la armadura empezaba a hacerla pedazos, destacando sobre una piel rojiza espinas tan negras como obsidiana. Su yelmo, otrora una prisión de hierro, se estaba forzando a si mismo a abrirse, a liberar lo que fuera que emitiera tan guturales sonidos. De su espalda, protuberancias por ahora irreconocibles hicieron su camino hasta el aire humeante.

Veloz, a cada cambio parecía aumentar su salvajismo y velocidad. Varios ataques que la diablesa lanzó los esquivó sin mayor dificultad, con un acopio de destreza que contradecía lo que otrora había manifestado. Su espada, antes tan solo una herramienta, parecía lentamente convertirse en literal extensión de su propio cuerpo, moviendo agraciada y veloz según los dedos del hombre parecían sellarse sobre el mango, cerrarse para jamás abrirse de nuevo. Un olor familiar para la diablesa inundó el aire en aquellos instantes, sugiriendo una realidad que no parecía obvia al principio.

El caballero rojo pronto se entregó a una serie de salvajes estocadas, afincando los pies de largas uñas e impulsándose hacia adelante con fuerza. Parecía querer sacar a Vanidad del campo, aunque su precipitación salvaje también parecía sugerir un instinto puramente dañino, más que pensante. Aquel yelmo forzado poco a poco empezó a desgarrarse, formando la vaga semejanza a mandíbulas abiertas.
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Re: ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

Mensaje por Vanidad el Miér Ago 22, 2018 1:21 pm

Una pequeña risita hizo percatarse a la diablesa de que se lo estaba pasando bien, mientras movía los pies por el suelo del bosque, siguiendo un macabro tempo que le permitía vivir unos segundos más. Era bueno, pero había luchado contra mejores, y por más bueno que fuera, estaba dentro de los límites humanos, y ella hacía tiempo que los había superado. Al fin y al cabo, dudaba que ese tipo pudiera coger un virote de ballesta con la mano. Que su estocada no lo hubiera ensartado y el daño por fuego fuera mínimo era esperable, estaba demasiado ido como para notar el dolor, y no podía mantener un chorro de llamas el tiempo suficiente como para que causara daños reales. Pero poco importaba, sinceramente, solo estaba jugando.

Y entonces, la armadura se rompió. Cuernos, piel rojiza, espinas negras, cosas saliendo de su espalda que se volverían sin duda alas. Y era considerablemente más rápido ahora, obligando a la diablesa a acelerar un poco más su danza, un poquito más tras cada cambio. Manos selladas en el arma, yelmo mutado… Ira, Rhaggorath… tendría que haberlo visto venir. Ese señor tenia un arte para amargarle la diversión con malos recuerdos.

-Patético.- Se había dejado consumir entero, ahora era poco más que un cascaron vacío a rebosar de ira. Evitó un tajo con un paso al lado y le lanzó una patada al pecho, haciéndole derrapar unos cuantos metros. Su hacía meses que su pequeña y frágil forma humana ya no lo era tanto. Esa cosa no era el único que podía arrancar árboles y lanzarlos, simplemente prefería… no hacer esas cosas delante del caballero. –Habría tenido más posibilidades como humano, he matado demonios de tu señor a cientos.- Dejó caer la espada al suelo y su escudo voló hacia el demonio, que lo desvió con la espada. Pero el golpe era fuerte, lo suficiente como para resonar por todo el bosque y, sin duda, agrietar la espada. El escudo se perdió entre las ramas de un árbol, y la diablesa estaba ahora desarmada.

Se lanzó sin dudarlo, y la espada descendió sobre ella sin dudarlo. Muy lenta, la diablesa ya había posado la mano sobre su pierna y la había extendido hasta su brazo, para luego alejarse cuando la patada se acercó. Pero el demonio no avanzó sobre ella –¿Ya te diste cuenta?- pequeños hilos cubrían el demonio, prácticamente invisibles con una luz normal, ahora aún más con la luz cambiante de las llamas. Su pierna izquierda unida al brazo derecho, su espada unida a un árbol cercano, el mismo de su escudo. El demonio alzo el brazo izquierdo intentando cortar los hilos con su espada en un corte de izquierda a derecha. Pero eran tan duros como el acero y más elásticos, no se rompían, sino que cedían, lo que impedía que la espada se moviera libremente y ahora, además, estaba pegada al hilo.

Pero para el momento en el que se dio cuenta de que había metido la pata, la mano de la diablesa ya estaba en su estomago. El brazo en apariencia humana se ondulo de manera imposible, una única vez, y su rival explotó en puro poder demoníaco. No había encontrado aún nada que sobreviviera a un Deus Vult a bocajarro, aún menos uno que explotaba en tu interior. Ante ella solo había una zona humeante y negruzca, que se extendía considerablemente, salvo por un conveniente triangulo de hierba aun verde justo donde ella estaba. El demonio había explotado al morir, era… plausible. Ni siquiera se giró a mirar al caballero mientras escalaba el árbol que contenía su escudo. Seguramente quedaría algún pedazo con el que confirmar su muerte...por algún lado.


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Re: ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)

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