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The Shining of a Thousand Suns (Privada)

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The Shining of a Thousand Suns (Privada)

Mensaje por Vanidad el Jue Ago 25, 2016 8:25 pm

Su nave salió de la disformidad con una suave sacudida, según sus cálculos, llegaban un poco tarde, lo suficiente como para no ser el centro de atención, pero no tanto como para no poder participar en ese pequeño juego. Había nacido hacia… ya ni se acordaba, eones, cuando esos patéticos humanos aun luchaban prácticamente con palos y piedras, lo que le había permitido ver de primera mano su progreso, como habían empezado a buscar igualdad y progreso, con cosas en la actualidad tan ridículas como la democracia o los sindicatos, pero que tuvieron un fuerte impacto en su momento, como habían intentado surcar los cielos, torpemente al principio, pero poco a poco de manera más refinada hasta poder hacerlo de manera segura, repitiendo el mismo proceso con las estrellas y los cohetes, aparatos tan burdos que nadie consideraría seguros ni siquiera para un torpedo, mucho menos para transportar personas, había visto como sistemas enteros eran tragados por el caos cuando empezaron a tantear con sus poderes en busca de métodos de viaje más rápidos y como finalmente se habían impuesto para conseguir el motor disforme, que los catapultó a una era de exploración y colonización sin precedentes, pero había visto el evento más importante, mucho más que cualquier contacto alienígena o descubrimiento científico, mucho más que el del astro rey extinguiéndose, lo que provocó el abandono inevitable de la cuna de la especie, eliminando cualquier vana esperanza de un refugio seguro, un último bastión al que regresar si las cosas iban mal, no, lo más importante que  había visto era como los desorbitados costes para las naves y colonias iban desplazando poco a poco los gobiernos, hasta que dejaron de tener la más mínima relevancia, quedando relegados a meros títeres para que las corporaciones pudiesen expandirse a sus anchas. Y no se quejaba, en absoluto, incluso había ayudado aquí y allá a acelerar el proceso, participando en la infinidad de guerras corporativas que habían resultado en la instauración de las cinco reinantes, y todo por un simple motivo, el caos la beneficiaba, podía matar y saquear más fácilmente sin una humanidad unificada, crecer en poder era mucho más sencillo, así que aunque decir que todo eso era obra suya era exagerar, puede que incluso mentir exageradamente, era cierto que había… acelerado el proceso aquí y allá.

Abaddon el destructor, el azote de los dioses, el devorador de…bla bla bla, el siervo favorito de Rhaggorath había sido emboscado por E. Corp cuando volvía de saquear un mundo colmena. Según sus fuentes, habían necesitado prácticamente toda la flota de la corporación, incluso el uso de armas experimentales, y habían sufrido numerosas bajas antes de que la flota del señor de la guerra se retirara, pero habían conseguido derribar su nave antes de que saltara a la disformidad, donde los engendros demoniacos como el, o ella misma, tenían toda la ventaja para desaparecer y regresar cuando la ocasión fuese más idónea, fuese a os tres días o a los tres milenios. Y la verdad, solo por eso se habían ganado su respeto, ya no era como antes, cuando los demonios eran apenas un peligro real, recluidos en el foso salvo por unos pocos valientes y alguna incursión ocasional, los demonios habían imitado el crecimiento exponencial de la humanidad, alimentándose de lujuria, sed de sangre, miedo a la muerte y toda una amalgama de sentimientos, lo que combinado con el motor de distorsión, no había hecho más que reducir la barrera entre dos mundos, ahora cualquier señor demoniaco podía abrir un camino para que sus naves entraran a este plano si realmente lo quería, puede que solo tuviese poder para que pasara una o dos veces por década, pero poco importaba, porque había tantísimos… Pero todo eso no era lo importante, era solo el preludio que los mortales les explicarían a sus nietos antes de la historia de verdad, era… la puesta en situación.

Con la nave de Abaddon abatida, solo fue cuestión de tiempo que el también muriera, seguía vivo en realidad, su alma había vuelto con su dios y eventualmente se reencarnaría otra vez, pero el motivo por el que las cinco corporaciones estaban allí, por el que ella estaba allí. Abaddon había matado a incontables víctimas, quemado mundos hasta las cenizas… y eso dejaba una marca, se decía que su espada, eternamente llameante, era tana filada que podía desgarrar la realidad y traer las hordas de Rhaggorath a este plano, pero eso a las corporaciones les traía sin cuidado, lo que les interesaba era la energía que desprendía, recolectar el poder demoniaco para conseguir energía ilimitada, un sueño lejano debido a la falta de especímenes con un poder lo suficientemente alto como para ser medido, para los humanos, era como intentar estudiar la luz siendo ciegos, necesitaban una luz con el fulgor de mil soles como para darse cuenta de que existía siquiera.

-Capitana, Ferrous por el comunicador-

-Ponmelos…- la imagen de una mujer apareció en pantalla, una mujer muy enfadada. –Buenos días Natasha-

-Luzbel… ¿Qué cojones haces aquí? Dependiendo de tu respuesta voy a…-

-Aniquilarme con tus destructores, si si, claro, como si pudieras permitirte hacerlos girar para encararme y gastar unos preciosos minutos de tu completa potencia de fuego para destruirme…- Habían aparecido justo detrás de su flota, y no era una aparición casual, simplemente era la corporación con la que mejor se llevaba… con la que se llevaba menos mal, técnicamente. –Por cierto, para la próxima nave capital… ponedle sabanas de seda en el camerino del capitán, las estándar me irritan la piel…- Su interlocutora estaba roja de ira, Ferrous había sido el hazmerreír de la galaxia cuando su nave capital había sido robada en sus narices, el mismo día que salía de los astilleros, cortesía de cierta peliblanca.

-¿Qué quieres?-

-Ayudaros, por supuesto… ¿medio millón de créditos? Me parece un precio razonable para contar con un destructor extra, mi acelerador de masa es bastante potente…-


-Se perfectamente lo potente que es tu… ugh, un cuarto.-

-Trescientos. Cien ahora, doscientos más tarde, y una amnistía para todos a bordo de esta nave, con efecto inmediato.-

-Jamás me dejarían hacer algo así…-

-Me confundes con alguien, alguien que le importa, Raven, ponme con E. Corp-

-ESTA BIEN- cerró la comunicación y empezó a impartir órdenes a diestro y siniestro.

-¿De verdad vamos a hacerlo?- Black, su teniente, estaba meneando su cola felina molesta, su relación con Ferrous había sido… turbulenta, habrían hecho estallar su sede central tiempo atrás si de ella dependiera.

-Por supuesto que no, vamos a quedarnos con la espada, pero los ayudaremos en la batalla…- Se hizo el silencio, nadie preguntó qué haría su capitana, una simple humana, con una espada que haría enloquecer a cualquier mortal que la empuñase. Aunque solo sus oficiales más cercanos lo sabían a ciencia cierta, el resto de la tripulación era lo suficientemente competente como para unir los hilos. Viajar por la disformidad sin ser asaltados, ni siquiera molestados por demonios ni siquiera una vez, una técnica y estrategia militar que superaba a cualquier almirante de las corporaciones con lo que no podía ser sino siglos de experiencia, la capacidad de describir hechos históricos que habían ocurrido milenios atrás con absoluta precisión, defendiendo su versión como real a capa y espada aunque la historia oficial fuese diferente, luchando de igual a igual con rivales mejorados robótica o genéticamente y lo más destacable, una capitana que seguía aparentando veinte años a pesar de haber estado al mando de esa tripulación por casi una década y cuya recompensa por su cabeza se remontaba a prácticamente dos siglos atrás, y solo porque los datos más antiguos se habían perdido de manera misteriosa. Nadie lo decía, pero todos sus hombres lo sabían, lo sospechaban al menos, de una forma u otra, su capitana era especial.

–Blacky, muéstrame la situación- La mujer gato pulso un par de teclas y una pantalla apareció ante Luzbel. Quince destructores por corporación, lo que hacía un total de 75, 60 enemigos, el doble de fragatas y más cazas de los que pensaba o podía contar, pero E Corp parecía estar llevándose la peor parte, uno de sus destructores estaba como un colador, y ese debía ser el que llevaba la espada a juzgar por cómo estaban plantando batalla. Solo hacían tiempo hasta que sus motores se recuperaran para así poder saltar a la disformidad y, con suerte, no ser tragados por ella, alguien lo suficientemente valiente como para intentar robarles la espada debía atravesar el fuego de todas esas naves y conseguir enviar hombres a ese destructor, ya fuese con naves de transporte, torpedos o simplemente acoplándose, recuperar la espada y saltar antes de que sus motores quedaran inutilizados por el fuego enemigo y alguien pudiese hacer exactamente lo mismo con ellos.


Última edición por Vanidad el Mar Ago 30, 2016 5:12 pm, editado 2 veces
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Re: The Shining of a Thousand Suns (Privada)

Mensaje por Lia Redbart el Jue Ago 25, 2016 9:34 pm

Frunzo el ceño mientras maniobro para esquivar unos láseres, la fragata es rápida, pero me gustaría que lo fuera más. Sin embargo, no he podido encontrar otra nave mejor, así que esta ya me gusta. Disparo hacia los cazas y los acierto a casi todos a la primera. Debo llegar pronto a la batalla, o me quedaré sin diversión. Los que estamos fuera de las corporaciones también tenemos derecho a batallar, ¿no? Ahora mismo estoy con un grupo que planta cara a esas corporaciones, y eso es bastante divertido. No sé si hay más personas de ese grupo en la batalla, puede que no. En general, los mejores pilotos no están con nosotros, sino con ellos. En general, porque más de cinco y diez personas me han dicho que soy una de las mejores pilotos que han visto nunca.

Esbozo una media sonrisa, seguro que a mi padre le gustaría verme aquí. Pero no está, atacaron su nave a traición... y murió. No sé quién lo hizo, sólo sé que fue una de las corporaciones, pero como los encuentre no descansaré hasta aniquilarlos a todos. Absolutamente a todos los que hayan tenido algo que ver con su asesinato. Ah, ya me acerco, la batalla está cerca. Disparo de nuevo hacia un grupo de cazas, no me arrepiento de haberme tomado la molestia de mejorar los dos láseres. Como antes, los puedo destruir con pocos disparos.

Lo que es la mejor parte de la batlla se está acercando, ahí tendré que demostrar mis habilidades. Puede que sea joven, pero no sé si el hecho de ser buen piloto se hereda o es aleatorio. Me contaron que mi padre era un fuera de serie y dicen que, si no me matan, podré llegar a su nivel e incluso superarlo. De repente, oigo correteos detrás de mí y giro parcialmente la cabeza, sin dejar de estar atenta a lo que sucede ahí fuera.

-¿Qué ocurre, Drew? -pregunto.

-Tiene una llamada en el comunicador, capitana.

-Bien, pásamela.

Sonrío socarronamente. Creo que ya sé de quién puede ser y, francamente, me da igual lo que piense esa persona. Yo haré lo que me dé la gana, como he hecho siempre. Si no está contento con ello, que se aguante.

-Lia, ¿qué carambas estás haciendo? -parece que está furioso.

-¿Qué ocurre ahora, Larry? ¿No puedo ir a la batalla? Oh, vamos. Te recuerdo que si estoy aquí es por las ganas que tienes de conseguir esa espada. Ahora estoy cerca, más que nunca.

-No es eso y lo sabes. Eres con diferencia la mejor piloto que tenemos, si te perdemos, costará mucho que este grupo no se vaya al traste.

-Vale, papá -digo irónicamente mientras ruedo los ojos-. ¿Quieres la espada o no? Si la quieres, deja que tome mis riesgos. Ya soy mayorcita para hacerlo, ¿no?

-Lia, menos tonterías, ¿vale? Anda, sal ahí y demuéstrales que la mejor piloto no está con ellos.

No puedo responder, ya que un torpedo de iones se dirige hacia la nave. Está muy bien apuntado, será difícil evitarlo. Hago un rizo a la vez que disparo uno de los láseres contra él y consigo eliminarlo por los pelos. Sonrío, aliviada, y vuelvo a estar pendiente de Larry, que ha notado que algo pasaba.

-¿Qué ha pasado?

-Un torpedo. Ya sabes lo molestos que son, siempre los apuntan muy bien, esos malnacidos. Bueno, cuelgo. La batalla está cerca y tengo que concentrarme en conseguir esa espada que tanto quieres.

Sin darle tiempo a responder, cuelgo. Ese tipo no me cae nada bien, más de una vez ha intentado tocar... lo que no debía. Pero qué carambas, es un buen estratega y eso siempre se agradece. Intento tener el mínimo contacto posible con él, pero hablar de vez en cuando es inevitable por el hecho de que soy una piloto del grupo al que él comanda. Y no pienso unirme a ninguna de las corporaciones, como tampoco quiero quedarme sin la diversión de las batallas.


Última edición por Lia Redbart el Sáb Oct 15, 2016 11:17 am, editado 1 vez
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Re: The Shining of a Thousand Suns (Privada)

Mensaje por Vanidad el Mar Ago 30, 2016 6:12 pm

La peliblanca espero pacientemente la notificación del pago y la amnistía, haciendo tamborilear los dedos sobre su asiento hasta que finalmente le llego la notificación. No hubo problemas, nadie en su sano juicio, absolutamente nadie, se atrevería a provocar un destructor que básicamente estaba inmóvil, sin atacar a nadie. Cuando finalmente se escuchó el “ping”, toda la tripulación se puso en marcha. El motor de la nave empezó a ronronear como un gatito a medida que adquiría impulso y Natasha volvió a abrir el canal de comunicación.

-Ya tienes lo tuyo, demuéstrame que ha valido la pena, mueve tu Raza y ataca a ese destructor.- una señal de motor fue enviada, una de un destructor enemigo, aparentemente el que estaba causando más problemas.

-Se pronuncia “Rasa”, con s sonora, tarde demasiado en encontrar un buen nombre como para que ahora lo apuñales de esta forma.-

-No podría importarme menos Bel…- la peliblanca suspiro por lo bajo y corto la comunicación, cualquier posible rastro de culpabilidad que pudiese haber tenido por robarle la espada en sus narices se había esfumado, aunque sinceramente dudaba que hubiese estado allí en primer lugar.

-Blacky…- Señaló a la nave que ocupaba sus pantallas, el destructor que Natasha había mostrado antes. Su cañón principal empezó a cargarse, provocando que las luces no esenciales empezaran a parpadear a medida que el trozo de hierro adquiría una pequeña fracción de la velocidad de la luz. Era un incordio disparar ese tipo de armas, no solo consumían una cantidad prohibitiva de energía a ratos, lo que en general destrozaba la red eléctrica, sino que requería un montón de refrigeración y lo peor de todo, requería un sistema puntero de apuntado, aunque realmente entendía que no podía quejarse, sin fricción en el espacio, el proyectil viajaba indefinidamente, por lo que si fallaba, algún día, en algún lugar, haría a alguien muy infeliz en cuando fuese impactado por un proyectil que muy posiblemente nada tenía que envidiar a las primeras bombas nucleares.El hierro salió de su nave suavemente, sin ningún sonido más allá del de los sistemas de refrigeración activándose y viajo a espeluznante velocidad contra el destructor, estrellándose contra el escudo y generando una bonita onda azul que cubrió prácticamente la mitad de la nave. Aguanto, por supuesto, pero no aguantaría demasiado, puede que cuatro o cinco más si no contaba con ninguna ayuda.

Extendió la mano al lado y luego la atrajo hacia delante, como si abofeteara a alguien, haciendo que surgieran varias pantallas con los datos del radar, así como lecturas de energía y comunicaciones. Salvo por esos pobres desgraciados de E. Corp, que parecían estar peor debido a tener un destructor hecho un colador, el resto estaban más o menos igualados, lo que era extremadamente peligroso, no se fiaba un pelo de las corporaciones, bien podían atacar como lobos ante el menor signo de debilidad y destrozar a E Corp, bien podían formar complejas alianzas y hacer su pequeña travesura aún más complicada. –Menudo marrón…-
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Re: The Shining of a Thousand Suns (Privada)

Mensaje por Lia Redbart el Lun Oct 17, 2016 9:56 am

Una vez cortada la comunicación, me centro en la batalla. Como que soy alguien independiente de toda corporación y pertenezco a un grupo rebelde que lucha en su contra, tengo que ir con más tiento que nadie, pues las cuatro corporaciones podrían atacarme en cualquier momento. Por ahora, E. Corp es la que va peor, tienen un destructor que está hecho un colador. Debe de ser el que lleva la espada...

Hay otro destructor atacándolo, no sé si trabaja para alguien o qué, pero creo que por ahora no voy a atacar a ese segundo destructor. Me acerco tanto como puedo al de E. Corp y lo ataco con mi torpedo de iones. Su escudo es cada vez más débil, no aguantará muchos más impactos. Hago un tirabuzón para esquivar unos láseres de una nube de cazas, y les disparo con los míos. Cada vez quedan menos, no sé yo si ser buena piloto es sólo entrenamiento o es también genético, pero tampoco es algo que me quite el sueño. Por ahora me quito esos pensamientos de la cabeza, voy a centrarme en la batalla y en atacar a ese destructor. Tengo que conseguir la espada como sea, Larry va a sentirse muy satisfecho. Y mira, si se siente satisfecho me cobraré cierta recompensa, que no suele ser poca.

Un mísil se dirige hacia mi fragata, llamada Harmony II, y debo disparar muy rápidamente los láseres para evitarlo. ¡De qué poco! Harmony era la fragata de mi padre. Hace pocos meses la derribaron, fue en una batalla similar a esta. Yo también estaba ahí, y no pude hacer nada. Pero ahora voy a centrarme en esta batalla, tengo que conseguir la espada. Dicen que contiene una energía infinita y que, al tocarla, cualquier mortal enloquecería. Paso por encima de ese destructor, vuelvo a disparar un torpedo de iones que impacta contra él. Hago tirabuzones, esquivo unos láseres que se dirigen hacia mí. Son poco potentes, pero tampoco tengo que dejar que me den todos. Evito todos los proyectiles enemigos, sea lo que sea.

-¡Capitana!

-¿Qué ocurre, Shaw?

-Ese destructor no va a aguantar mucho. ¿Qué hacemos cuando caiga?

-Nos acercaremos. Pero empezad a prepararos cuando os avise, no antes. ¿De acuerdo?

-Sí, capitana.

Asiento con la cabeza y la chica se va otra vez a su puesto. Es una de las mejores tiradoras que tengo, los Divium tienen una vista mucho mejor que la de los humanos, y hace una tarea realmente estupenda. Empiezo a preparar el acelerador de masa, no acostumbro a usarlo, pero ahora va a hacer  falta, creo. Mientrastanto, tengo que esquivar otra nube de cazas, ¿es que no se van a cansar nunca? Bueno...

Ah, ¡preparado! Lo disparo contra el destructor, e impacta de lleno. No creo que vaya a aguantar más disparos... Hay otro destructor atacándolo, de momento a ese lo dejo en paz. No me ataca, no le ataco. Me dedico a dar vueltas y destruir a los cazas que hay por ahí, son realmente unos plastas y no dejan hacer nada. Se meten por medio de todo y no dejan atacar, son como moscas. Me los voy cargando con el láser. Caen uno tras otro, también como moscas.
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Re: The Shining of a Thousand Suns (Privada)

Mensaje por Vanidad el Mar Oct 18, 2016 5:00 pm

Había cierta majestuosidad en las batallas humanas, cierta ansia destructiva recorría sus venas, sin duda gracias a su panteón de violentos héroes y dioses, pero también había que otorgarles cierto merito a los humanos mismos, les encantaba hacer explotar cosas. Allí donde los alienígenas diseñaban un torpedo extremadamente computarizado que se fragmentara e impactara con absoluta precisión contra diez cazas para, por ejemplo, no molestar a las ardillas, los humanos y las razas con las que habían crecido lo hinchaban a explosivos y los reventaban todos a la vez, cazas, ardillas e incluso el bosque si hacía falta, con un gran kaboom. Cuando los xialuritas les dieron dos núcleos warp para que los estudiaran, ¿se guardaron uno por si el otro se dañaba? No, los juntaron ambos para ver si sus naves iban el doble de rápido. Esos mortales que prácticamente luchaban con palos y piedras cuando ella era joven se habían abierto paso en la galaxia a base de sangre, fuego, apaños chapuceros y una inventiva y pensamiento de “¿Qué pasaría si…?” que en otras razas era más bien asociado con la selección natural o la mortalidad juvenil. Eso hacia las batallas humanas muy vistosas, llenas de lucecitas, explosiones y armas experimentales montadas en naves aún más experimentales que no explotaban por algún motivo desconocido para la mayoría de la galaxia, lo que les había dado una fama de valientes, locos y genios totalmente merecida.

Les tenía cariño, a su retorcido modo, como quien le coge cariño a un cerdo pero lo llama Beicon porque sabe que eventualmente acabara frito, por eso quería la espada para ella, para evitar la marea de caos y sangre que desataría. Y para joder a cierto señor demoniaco, sobretodo por eso, pero no quedaba tan bien de cara al público.

La diablesa se encontraba tranquilamente en su silla, sutilmente diseñada como un trono giratorio, incluso se había permitido el lujo de tomarse una copa de vino, la mitad de la cual aún estaba en el cristal cuando el proyectil de su nave arranco la última ondulación del destructor enemigo. Y entonces no hizo nada, limitándose a cambiar de objetivo. Por lo general, un destructor sin escudos era un caramelo esperando a ser tomado, en el mejor de los casos, una nave de tecnología puntera experimental humana, en el peor, una nave absurdamente fiable, reparable y en general dura de roer, que tardaba años en ser construida, cualquier nave lo suficientemente grande intentaría tomarlo, normalmente…

Pero esa vez el botín era más grande que una navecita, mucho grande que las… ¿cinco? Naves que uno podía tomar si se tenía suerte, en cuando las naves de la zona vieron la caída de los escudos, se giraron al unísono como lobos hambrientos y empezó una carrera frenética, saltar a la disformidad a tiempo o enfrentarse a la aniquilación. El siguiente tiro de Bel fue dirigido a una nave nodriza, pero una nube de cazas lo echo a perder. Cierto que se llevó una docena por delante, pero esas cosas se hacían a millares, y muy posiblemente la propia bala que había usado era más cara, estaba perdiendo el tiempo si no le daba a algo de por lo menos su tamaño, así que dirigió su atención a algo un poco más apetecible.

-Blacky, prepara los torpedos de abordaje, no tardaran en ir a por la nave con la espada.- iba a liderar el asalto, como siempre, dar ejemplo era muy importante en esos casos

-Bel, ¿cómo…? ¿cómo volverás?- Cierto, no había manera que una nave de su tamaño pudiese hacerle de taxi, meter algo que era el equivalente moderno a la artillería en medio de la zona más intensa no solo era un suicidio, sino muy mala idea, no tenía ni de lejos la maniobrabilidad necesaria para salir de allí de una pieza.

-No seremos los primeros, luego… ya cogeremos un taxi.-


Spoiler:


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Re: The Shining of a Thousand Suns (Privada)

Mensaje por Lia Redbart el Sáb Nov 05, 2016 6:23 pm

-¡Ahora, preparad el abordaje! -grito a mis dos tripulantes.

Oigo cómo corren para prepararlo todo. Ah, saben que me gusta que las órdenes que doy se cumplan rápido. Los escudos de ese destructor caen, y preparo mi nave para saltar a la disformidad y acercarme lo más rápido que puedo. Debo ser la primera en llegar, aunque realmente voy a correr más peligro.

-¿Está todo?

-¡Sí, capitana! -dice Drew.

-Muy bien. ¡Shaw! Ponte en el láser, no quiero que los cazas me incordien. Drew, atento para el acople.

Ambos son buenos tripulantes, pero no podría pasar sin uno de ellos. Hacen tareas muy distintas, y uno no puede hacer las del otro, es incapaz. Aún así, me las he tenido que apañar bastante tiempo sólo con Drew, y no me ha ido tan mal. Lo cierto es que son importantes, pero no insustituibles. Si se da el caso, podría reemplazarlos, aunque les haya cogido aprecio.

Salgo de la disformidad, ya tengo el destructor al alcance. Hago una media sonrisa, al fin podré conseguir esa espada que todos quieren tanto. Si se la llevo a Larry me va a pagar tal cantidad que podré equipar mi fragata con las mejores armas, será lo mejor de lo mejor. Más rápida, más potente, más maniobrable, con más escudos y más capacidad de ataque. Todo un sueño por el que no debo dejarme embelesar. Aún recuerdo el antiguo cuento de la lechera, y lo tengo muy presente. Primero lo inmediato, luego a soñar.

El acople sale bien, como esperaba. Me levanto del asiento y, cuando Celeste y Drew hacen ademán de seguirme, me detengo y los encaro.

-No me sigáis. Vosotros os quedaréis cuidando la nave. Quiero que, cuando vuelva, el Harmony II esté enterito, ¿de acuerdo?

-Pero capitana, ¿vais a entrar sola ahí? -pregunta Drew, preocupado.

-Pues claro. ¿Me ves incapaz de sobrevivir, idiota? Shaw y tú vais a encargaros de que no inutilicen los motores. Es una tarea tan importante como la de coger la espada. Si nos quedamos sin nave estamos muertos. Así que estad alerta, ¿de acuerdo?

-Sí -musitan ambos.

No les ha gustado tener que quedarse aquí. Son jóvenes. Bueno, un par de años menores que yo. Pero tienen poca experiencia en batallas de esta magnitud, y quieren estar siempre en el centro de la acción, sin tener en cuenta que a veces lo que ocurre fuera del núcleo de la batalla puede determinar el resultado.

-Eh -les digo-. ¿Creéis que vuestra tarea no es importante?

-¿Quién ha dicho eso? -responde Celeste-. Pero nos gustaría ir al abordaje.

-Mirad, no se puede hacer todo, en esta vida. Es cierto que lo que ocurra ahí dentro va a determinar si ganamos nosotros o ganan las corporaciones. Pero lo que ocurra aquí, afuera, también lo hará. Si nos destruyen la nave, adiós muy buenas, estamos muertos. Así que vigilad la fragata y que no inutilicen los motores, ¿vale?

-Sí, capitana -dice Drew, ya más convencido.

Asiento con la cabeza y, rápidamente, voy hacia la salida de la nave, pero un ruido me sobresalta. Cazas. Malditos sean. Corro de nuevo a mi puesto y los apunto con mi láser.

-¡Shaw! ¡A tu láser! ¡Hay que acabar con estos cazas!

No nos cuesta mucho eliminarlos, apenas un par de minutos, pero pueden ser cruciales. Engancho dos de mis pistolas láser al cinto y cojo las otras dos con las manos, y ahora sí que salgo de la nave. Este destructor parece un poco laberíntico, pero bueno. Supongo que encontraré rápido la espada. Me oculto tras una columna y, cuando pasan un par de guardias, les disparo rápidamente al pecho. No les da tiempo a reaccionar y caen. Entonces corro hacia dentro, hacia el centro de esta nave enemiga.
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Re: The Shining of a Thousand Suns (Privada)

Mensaje por Vanidad el Dom Nov 13, 2016 6:08 pm

Spoiler:
Como te dije al principio, al ser respectivas capitanas de nuestras naves, somos mejores al soldado medio, en lo que seria más o menos un nivel 6. Puedes encargarte de 2-3 enemigos normales por post sin demasiados problemas y con bastante facilidad, aunque contra otros capitanes o bosses lo pasaremos mal.

Una vez hubo dado la orden, su nave se volvió frenética. Los soldados destinados a tareas de abordaje salieron de sus puestos, equipándose hasta los dientes de las mejores armas y armaduras que podía conseguir un grupo ajeno a las confederaciones, y algunas extras, cortesía de sus múltiples saqueos a incontables mundos.

Luzbel no fue una excepción, se dirigió hacia la armería mientras se quitaba las prendas que cubrían su cuerpo una a una, dejándolas caer suavemente al suelo, alguien las recogería más tarde. Una vez se hubo quitado las medias, se quedó solo en ropa interior y paro allí, sus hombres se distraían demasiado si seguía, así que por más cómodo que resultara, necesitaba más el tiempo. Se calzo su armadura, primero el torso, luego los pantalones y finalmente guantes y botas, que se acoplaron todos juntamente soltando un pequeño chorro de aire, prueba de que el aislamiento funcionaba. A diferencia de la mayoría de modelos, el casco no era una pieza extra, sino que estaba acoplado, como una capucha desplegable. De esa manera sus enemigos tenían perfectamente claro quien les había mandado al infierno, aunque tuviese que sacrificar un poco de protección. Desplego el casco y se aseguró de que todos los sistemas funcionaran, incluidas las aperturas por las que usualmente pasaban las alas, que ella solía usar para… bueno, despedazar con serpientes demoniacas. Que usara una armadura para evitar ser horriblemente descomprimida por el vacío no le iba a impedir pasar un buen rato jugando con sus rivales. Por último, se acoplo las armas, un segundo guante en cada mano, uno terminado en garras, para despedazar, y otro que era a grandes rasgos una mano más grande, diseñado para liberar energía al impactar contra algo y destrozarlo, un puño de energía. -¿Todos listos?- recibió una mezcla de gruñidos y afirmaciones que la diablesa tomo con un “si” y paso a la siguiente fase del plan, el torpedo.

A sus hombres no les gustaba, y se aseguraban de repetírselo mientras se metían de dos en dos en el torpedo. No podía culparlos, eso era a grandes rasgos una gran lata de sardinas, sin sensores salvo los más básicos y con prácticamente cero propulsores, para evitar la detección en la medida de lo posible, era un suicidio si no se hacía con cuidado.

-Dale Blacky- sería la última comunicación que recibiría de ella la nave hasta que el torpedo chocara con algo y taladrara un torpedo en el casco, con suerte manteniendo la atmosfera y permitiéndole sacarse ese asfixiante casco. Mientras avanzaban por el vacío del espacio, decidió ser una buena líder y poner algo de música, para animar el sombrio ambiente. Sus hombres eran buenos, puede que incluso los mejores, pero no podían hacer nada si eran derribados en medio del espacio, ella lo sabía, ellos lo sabían, al igual que todas y cada una de las naves militares. La música serviría para relajar el ambiente, asi que la peliblanca hizo un gesto con la mano y un teclado holográfico apareció ante ella, el único tipo que podía utilizar con esas armas. Nunca se había molestado en comprender los gustos musicales, cambiaban demasiado rápido para alguien con prácticamente… ya ni se acordaba de su edad, demasiados cambios de calendario, iba a decir cuarenta mil la próxima vez que le preguntaran –I’m going down in flames – la cancioncilla fue rápidamente acallada por ser totalmente inadecuada y paso a sonar otra que se parecía sospechosamente a un villancico, aunque su pifia no pasó desapercibida y vio unas cuantas sonrisas, demasiado educadas como para reírse abiertamente de su capitana. –Doble botín en el próximo saqueo si esto no sale de aquí.- Hubo un unísono y silencioso pacto cuando sus hombres asintieron con su cabeza al mismo tiempo.

Un ligero bum resonó en el torpedo, aunque con la cantidad de amortiguación que daba el blindaje, debían haber chocado con la fuerza de un camino. El sistema entero del torpedo se encendió y su cabezal empezó a girar a medida que perforaba el blindaje, no tardaron en recibir la luz verde que les indicaba que la puerta ya estaba en la zona interior de la nave. –Vamos a ello.- Salió primera, como siempre, y se quitó el casco nada más asegurarse de que había aire.

El grupo se reunió alrededor del misil, expectantes a que su experto les diera información sobre la nave. Matt se encontraba en uno de los terminales, haciendo cosas tecnológicas que nunca se molestó en entender, pero que eventualmente les darían los planos de la nave. –Busca también lecturas de energía, contener la espada debe requerir una energía considerable…- Nadie preguntó como su capitana sabia eso, primero porque habían aprendido que solo serian respondidos de manera enigmática, y segundo porque el tiempo era crucial, una brecha en el casco de ese tamaño no pasaría desapercibida, puede que camuflada gracias al fuego pesado que había recibido la nave. –Listo.- Nada inusual, el puente de mando y el ordenador central en la parte superior, los motores y reactores de fusión en la posterior, y la sala de control ambiental en el centro de la nave, a no más de cien metros de la sala con mayor consumo energético después del generador de escudos, en la parte delantera. –Vosotros ir a la sala de control ambiental, yo me encargo de la espada.- Había dos formas de llevarse la nave, activar el salto a la disformidad directamente en la sala de motores o tomando el control completo de la nave en el ordenador central, pero con el control ambiental podía despresurizar las partes de la nave que le diera la gana, o aún mejor, aumentar tanto el oxígeno que ciertas partes explotaran, iban a tener que movilizar sus fuerzas para recuperar esa zona, ¿y cuáles eran las tropas más cercanas? Esos protectores de la espada.

Sus hombres recorrieron los pasillos sin oposición, nadie estaba fuera de su lugar durante una batalla, así que ni siquiera las patrullas, sin duda retiradas después de su nada sutil entrada, se interpusieron en su trayecto hacia la zona central. La diablesa no tardo en despedirse de sus hombres y se quedó ante la puerta en la que según sus datos residía la espada, su espada, al menos en un futuro cercano. Pero se oían tiros, no era la primera en llegar.

La puerta era muy mala idea, en cuando se abriera tendría que encararse a la potencia de fuego de los dos bandos, y tampoco era tan buena como para evitar lo que calculaba que serían cuarenta o sesenta hombres. Así que uso el plan B, crearse una puerta. Luzbel se situó ante una pared que le pareció adecuada, giro el cuerpo de manera que su brazo derecho fuese el más alejado de la pared y lo descargo contra el metal con toda su fuerza. El guantelete se activó, liberando un brillo azulado y abollando el metal hasta el punto de desgarrarlo de la pared, haciéndole una puerta. Iba a tardar un poco en recargarse, pero había valido la pena, se había llevado por delante a un par de hombres, que habían estado usando como cobertura una placa de metal un poco más adelante.

Examino la situación cuidadosamente, estaba justo en medio de un pelotón de lo que parecía la corporación Blackwater, eso era malo, muy malo, luego, en el centro de la sala había una barricada de lo que solo podían ser soldados de E. Corp, defendiendo una vitrina en la que descansaba la espada con la punta hacia abajo, como una Excalibur futurista. A juzgar por la falta de agujeros en el cristal, debia estar protegida por algo, un escudo de gravedad seguramente, para evitar algún portal accidental, o que la gravedad y una espada siniestramente afilada hiciese un agujero en la nave hasta salir al espacio por debajo. Justo en dirección contraria a donde estaba ahora mismo, en el otro lado de la sala, estaban los de Ferrous. Esperaba que estuvieran al tanto del plan y no la dispararan, aunque tampoco le importaba tanto, tendrían que morir igualmente cuando consiguiera la espada, no había manera de que se la diera a ninguno de esos mercaderes glorificados. Con veinte hombres por bando, aunque uno ahora tenía 18, era un suicidio simplemente ir a por la espada, y los hombres de Blackwater se estaban ya recuperando de la sorpresa y se estaban girando a encarar a la nueva amenaza, la muchacha de cincuenta quilos que acababa de hacer un boquete en una pared de metal. Echaba de menos esos tiempos donde eso los aterrorizaba, esas estúpidas mejoras genéticas y robóticas lo habían hecho tan común que ya prácticamente no dudaban en acribillarla a balazos. Estúpido progreso.

La peliblanca localizó al hombre de Blackwater más lejano dentro del pelotón y se desplazó hacia el, moviéndose en zigzag entre los hombres que allí habían. Tal como estaba, en medio de ellos, no iban a dispararla salvo que tuviesen un blanco claro o tuvieran MUCHO miedo, por lo que intentarían reducirla cuerpo a cuerpo. Escucho un sonido de motor, que rápidamente identifico con una de esas irritantes bayonetas con una sierra eléctrica, y cambio ligeramente el rumbo para estampar a uno de los soldados que tenía delante con su compañero con ansias homicidas. No hubo una escabechina de puro milagro, gracias a que ese tipo era sorprendentemente competente y alzo el arma muy por encima de la cabeza. Solo era cuestión de tiempo que se cansara de jugar y se transformara, pero quería disfrutar el momento el máximo posible. Ninguno de los presentes se iba a tomar demasiado bien tener un demonio en la sala, justo al lado de la mayor reliquia demoniaca que esos mortales habían visto en su vida. No, iban a tirotearla hasta que se les acabaran las balas o todos murieran, los mortales tenían la irritante costumbre de ayudarse contra los seres salidos de pesadillas.


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Re: The Shining of a Thousand Suns (Privada)

Mensaje por Lia Redbart el Sáb Nov 19, 2016 4:39 pm

Oigo el sonido de los disparos, lo oigo repetidas veces. Parece que haya una batalla, o algo así. Voy hacia el lugar del que proviene ese sonido. Al final, Drew no me ha hecho caso y ha tenido que mandar a la mitad de la tripulación, unas siete u ocho personas. Estaremos en desventaja frente a las corporaciones, pero si juego bien mis cartas aún puedo conseguir esa espada.

Me sorprendo al encontrar un boquete en una pared y, en la sala a la que da el boquete, la espada. Alguien lo ha tenido muy fácil y, a la vez, me lo ha puesto fácil a mí. Entro y me oculto tras una columna, por ahora no creo demasiado prudente atacar. Hago señas a mis hombres para que se oculten, como yo, y observo todo lo que ocurre. No atacaré ahora, ni mucho menos, sino cuando las corporaciones ya se hayan hecho suficiente daño entre ellas y sea seguro para mí meterme. Además, contaré con el factor sorpresa, y eso siempre viene bien.

Sin embargo, parece que hoy la suerte no juega mucho de mi lado, porque disparan hacia aquí. Debo apartarme para no recibir el disparo en el hombro, y entonces varios hombres me ven. Frunzo el ceño y corro, me meto en pleno meollo y vuelvo a salir. Disparo una vez, es un hombre que cae. Me lanzo detrás de una especie de contenedor y, por mucho que disparan en mi dirección, no me aciertan. Eso sí que es ser afortunada, aunque me hayan descubierto.

Disparo un par de veces más y, con esos tiros, me cargo a dos hombres. Asiento con la cabeza y, oculta tras el contenedor, me limito a observar el desarrollo de la batalla que hay en esta sala, esta vez ya sin que me descubran. E. Corp parece que está haciendo una barricada para defender la espada, creo que es un movimiento bastante útil. Puede que logren contener a los de Blackwater, pero si nos sumamos nosotros al pelotón de esa corporación (hasta que E. Corp no pueda defenderse) estarán en desventaja.

Por lo que veo, hay una mujer que se dedica a causar estragos entre los de Blackwater... Hmm, creo que por ahora es mejor no dispararle. Busco la mirada de mis hombres y, cuando he conseguido que al menos dos de ellos me miren, doy la señal a dos de ellos de que empiecen a disparar a los de Blackwater. Otros dos se centran en los de E. Corp. Y los cuatro restantes, disparan indiscriminadamente, dejando en paz a esa enigmática persona. Tendré que descubrir con quién va antes de atacarla, quizá es alguien independiente de toda corporación, como yo. Pero no puedo estar segura, eso está claro.

Por ahora no disparo, sino que me limito a observar y a dirigir a mis hombres para que disparen y se oculten en el momento justo. Sin embargo, pronto me sumo a ellos, concretamente, a los dos que atacan únicamente a E. Corp. Tengo que ser muy prudente, o van a acabar conmigo en un santiamén.
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Re: The Shining of a Thousand Suns (Privada)

Mensaje por Vanidad el Jue Dic 01, 2016 11:04 pm

Finalmente había llegado al hombre más lejano de la compañía de Blackwater, al cual no le hico demasiada gracia que se hubiera reído en la cara de sus compañeros para llegar hasta allí, y la miró a ella y a su afilada garra con una mezcla de terror y… lo que parecía ser aún más terror, que no hacía sino reforzar su instinto de caza, el terror simplemente sabia tan bien. Seguramente ese pobre desgraciado necesitara un cambio de pantalones, pero una vez la garra de su mano hubo atravesado su pecho como un cuchillo caliente en mantequilla, dejo de importar. La diablesa se giró, aun con su mano enguantada en garras sobresaliendo por la espalda del cadáver con un brillo azulado, para bloquear los tiros que fuesen a dirigirse hacia ella. Ahora que estaba en un extremo, sin ningún aliado de Blackwater detrás, era el momento perfecto para tirotearla, pero esa lluvia de balas nunca llegó.

Luzbel saco la cabeza de detrás del cadáver prudentemente, esperando que su flequillo volara de un tiro en cualquier momento, pero esos nuevos soldados se habían distraído con otra persona. Eso creo en la diablesa una curiosa mezcla de rabia y alivio, por una parte, cuantos más enemigos hubiera, más difícil seria que recibiera un balazo bien dado, porque menos balas irían en su dirección en primer lugar, pero por otro, la estaban ignorando, y no soportaba eso. Pero los soldados no tardaron en recuperarse de la sorpresa y dividirse entre ella, la corporación rival y… quienes fueran esos tipejos dirigidos por otra mujer.  Había decidido no quejarse ni estorbar, por lo que dio un toquecito a su visor para que el vidrio dejara de estar fumado y pudiese vérsele la cara, le guiño el ojo a la desconocida y le estampo su puño energético en la cara a un pobre desgraciado, casi de casualidad. -Hey jefa, la sala de control ya está casi pacificada. ¿Quieres que hagamos un “shuf”?- Una voz la interrumpió en medio del combate, procedente de sus hombres, sin duda. Los había enviado a esa sala con el objetivo precisamente de hacer lo que le estaban proponiendo, pero tenía ciertos reparos en despresurizar la sala en la que ella misma estaba. Una herida a cero atmosferas podía volverse muy fea muy rápido. –Ya sabíamos dónde estaba el centro de mando de la nave ¿cierto? Despéjalo- sin lideres no tendrían coordinación, lo que reduciría los refuerzos que esos pobres de E.Corp fuesen a recibir, seguramente solo los pelotones cercanos podrían recibir la señal entre todo el caos que supondría comunicarse por la misma frecuencia sin un centro de comunicación, y aunque recibieran la señal… que decidieran ayudar era cuestionable cuanto menos, estaban perdiendo hombres a diestro y siniestro.

-Eh, esa no es…- el soldado de Blackwater no pudo acabar de reconocerla por su cartel de recompensa, puesto que Luzbel ya había recortado la distancia y le había propinado una patada en el pecho, que lo estampo contra las barricadas de E. Corp. Ahora era un muy buen momento para acercarse a la espada, mientras pegaban un salto por la sorpresa de que les dispararan un cadáver, todo un clásico para ella.


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Re: The Shining of a Thousand Suns (Privada)

Mensaje por Lia Redbart el Mar Dic 13, 2016 8:45 am

A pesar de las instrucciones que doy a mis hombres, no puedo evitar que caigan. No uno tras otro, pero van cayendo. Son solamente siete, somos ocho si se me cuenta a mí. Los otros ocho están en la sala de control. O estaban. Hace ya un rato que he dejado de recibir señales suyas. Agh, seguramente los han liquidado.

La incursión está siendo un completo desastre. Me hago rápidamente una barricada y, entonces, contacto con la fragata. Es Drew quién responde.

-¿Capitana? ¿Ocurre algo?

-Sí. Drew, escucha. Por ahora esto va mal. Si te lo ordeno, no dudes y aléjate con la nave. ¿De acuerdo?

-Pero... ¿y usted, capitana?

-¡No me cuestiones! -veo al último hombre caer-. No voy a abandonar, pero ya no tengo hombres. Si te doy la orden, debes cumplirla inmediatamente. ¿Estamos?

-Sí, capitana. Salga viva de ahí.

-Eso intentaré.

Me guardo el comunicador y asomo la cabeza. Me agacho rápidamente, un disparo viene hacia aquí. Oigo que uno de los de Blackwater está a punto de reconocerme, o quizá a la mujer peliblanca... seguramente sea a ella. No me he dejado ver demasiado.

Sigo disparando, y toco un hombre más, este es de Blackwater. Por lo que veo, están distraídos. Sonrío. Sin embargo, tengo que pensarme bien las cosas. Una maniobra suicida es muy fácil que acabe mal. Aunque la espada ahí sea tan tentadora, antes debería eliminar a casi todos los hombres de las corporaciones.

O no... ahora no quedan ya muchos, y están distraídos con ese cuerpo que les ha caído en la barricada. Respiro hondo y salgo de mi escondite, pistola en mano. Me acerco a la espada, y miro de reojo a la otra mujer. Seguramente esté aquí por lo mismo que yo. Vuelvo a tomar aire profundamente, debo calcular bien mis movimientos. Me voy acercando, sin perder de vista a la otra peliblanca, y tenso bien el cuerpo por si debo esquivar algo.

Me agacho para evitar un disparo. ¡Lo sabía! En cuanto me vieran, irían a por mí. Bueno, tranquilidad. Por suerte, el disparo impacta en uno de los de Blackwater. Me calmo y sigo acercándome a la espada. Sin embargo, el grito de uno me distrae.

-¡Eh! ¡Es esa piloto rebelde!

Lo acallo de un disparo. Si la cosa estaba fea, ahora se pone peor. Me han reconocido. Sin embargo, mantengo la calma y sigo avanzando, sin detenerme, aunque con la pistola a punto para disparar a quién sea que me ataque.
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