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Hermana del Viento, Voluntad de Acero: La Prueba de Adultez

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Hermana del Viento, Voluntad de Acero: La Prueba de Adultez

Mensaje por Auga'Zajar el Miér Ago 31, 2016 3:50 am

NOTA: El Hijra se divide en 4 partes, en cada una adjunto un link de música si quieren agregarlo a la lectura, al llegar al siguiente la idea es que detengan el anterior.


Hermana del Viento, Voluntad de Acero:
La prueba de Adultez




El silencio ruidoso del bosque reinaba en todo el lugar.

Mientras meditaba, las astillas de la madera crujían en la hoguera, cuando el fuego las resecaba y quemaba cruelmente, como la fuerza imparable de la muerte contra la vida. A su costado, el espíritu oso yacía en paz y distante, observando el horizonte más allá de donde se veía con la mera vista. En su pecho el corazón palpitaba tranquilo, pero potente, su resonar se sentía en las inmediaciones de aquel silencio ruidoso, fundiéndose con los sonidos naturales del criar de los grillos, el caminar de las hormigas, el aleteo de las polillas y el crujir de las hojas. Abrió los ojos y se puso de pié, el Oso espiritual se levantó también comprendiendo aquel solemne momento, el llamado de Negen, su alma sentía el llamado a aquella prueba definitiva, cuando los espíritus te juzgan y desnudan el alma. Para ser un chaman~druida, no sólo debes ser sabio y conocedor del mundo que te rodea, también es necesario que los espíritus te acepten como su hermano, guía y guardián… y con cada palpitar de su sereno corazón, sentía en lo más profundo de su ser que aquel día había llegado, el día en que su Negen despertase al mundo espiritual a cabalidad. Era el momento de su prueba de adultez.

Comenzó a recoger su campamento y apagó el fuego, su guardián la miraba expectante, mientras preparaba sus pocas cosas para el viaje. Cerró sus pieles y las enrolló junto a su petate, rellenó su pellejo de agua, comenzó a revisar si tenía sus pertenencias, pedernal y acero, su botiquín de caoba y hojas de uso veterinario, sus armas, su bastón y su capa mal cosida, guardó todo lo que correspondía en su mochila, acomodó sus ropajes, revisó que todo estuviera en su lugar, sus amuletos, sus recuerdos y su voluntad y por último apagó la fogata dándole gracias al espíritu fuego por mantenerla tibia aquella jornada.

Luego de poner todo en su lugar, emprendió el viaje sin decir una sola palabra, tan sólo comunicándose con una sutil mirada con el antiguo totema de su abuelo, ambos comenzaron el viaje a donde sus  almas los guiasen. Viajaron juntos pero en solitario, cada uno en su propio reino, por días y días, el paisaje iba cambiando a medida que el viaje proseguía, de una Jungla húmeda con paisajes oscuros y tropicales, a un bosque fresco de coníferas altas donde los rayos del sol jugaban entre el forraje de los árboles, montañas escarpadas con rocas segregadas por toda su extensión caminos peligrosos que podian hacerla dan un paso en falso a los abismos, estepas de pastos escasos y arbustos frondosos que servirían de cubiles para protegerse del frío y del sol y finalmente una sabana amplia de pastizales dorados y fresca brisa con extensos prados de pasto bajo y escasos árboles salpicados muy distantes unos de los otros. Sus pasos eran tranquilos y nada les apremiaba, cada huella que iba dejando en el camino se disolvía con el pasar del tiempo y las suaves brizas que en algún momento del día se elevaban en los territorios por allá por donde caminaba.

Su viaje la llevó al mítico territorio conocido como Mashamba Milele, un lugar agreste de extensas planicies y sabanas, con escasa vegetación, en comparación a su jungla, y formaciones rocosas extrañas que Auga no alcanzaba a distinguir, ni comprender, en su totalidad.
Su primera noche en este territorio fue un poco dura, casi no había madera para procurarse un buen fuego, como tampoco era una muy buena idea por los pastos que habían en los suelos, algunos lados del terreno podrían ser grandes fogatas incontrolables, que dañarían a la tierra y los animales de aquel lugar. Sentía como su piel se enfriaba, al igual que sus articulaciones. No era excesivo, pero no estaba acostumbrada a ello. Por la noche los lobos esteparios aullaban a sus ancestros y las serpientes sigilosas se escabullían entre las piedras, no durmió del todo tranquila, era un lugar que no conocía. Estuvo atenta media noche a saltos descansando, aún serena aunque no del todo, su prueba podría venir de cualquier situación y ser tan peligrosa como extraña.  En medio de la noche, una Lechuza blanca cruzó el cielo en dirección suroeste, Auga quedó maravillada al observar aquella ave que pocas veces había visto surcar como una estrella blanca el cielo nocturno, se quedó pensando en aquello, ¿sería una señal?, tal vez un espíritu guardián del territorio ¿o sería un guía?, las interrogantes dieron vueltas en su cabeza una y otra vez hasta que se durmió.

Al amanecer los cálidos rayos del sol de la mañana fueron como un baño revitalizante para su despertar, para su piel y cansado cuerpo, mientras se levantaba con pesar y con el cabello algo húmedo por el sereno y escasa neblina de los amaneceres de aquel misterioso territorio, pensó para sí misma que debía buscar una guarida si es que pretendía seguir buscando el foco de su llamada en aquel lugar. Una vez desayunado su charqui de conejo a la sal y bebido un poco de su agua emprendió nuevamente su viaje, en dirección suroeste siguiendo la senda de la Lechuza.

Mashamba Milele de día, por el contrario, era caluroso y seco obligándola a andar ligera y bajo el sol casi sin cobertura. Su cuerpo perdía agua, si bien no tan rápidamente como un humano o un elfo, también sabía que se deshidrataría si no encontraba un lugar del cual apertrecharse de líquido. En su jornada logró ubicar un par de riachuelos con agua algo turbia por los suelos del lugar, nada que no pudiera ser bebido por un orco promedio.
La noche se acercaba nuevamente y para su fortuna, en la ladera de un pequeño monte, había una formación rocosa que podía distinguir como una cueva, esperaba que los ancestros estuviesen de su parte, por aquella noche al menos.

Sus cabellos flotaron en el viento y luego de observar detenidamente el lugar por unos instantes se aventuró al mismo. Acercándose a la cueva el terreno se iba haciendo más duro y pedregoso, era oscura  no se podía ven en su interior…tendría que explorarla con cuidado.




Decidió entonces averiguar si aquella cueva era residencia de algún hermano animal, para no irrumpir en su hogar irrespetuosamente. Se acercó con cautela a la entrada, pero antes de poder examinarla con detenimiento un par de ojos, uno carmesí y otro de color sol, se abalanzaron en su contra, Auga instintivamente saltó hacia atrás y se puso en cuatro patas, con sus garras preparadas para defenderse de su enemigo, su yesquero cayó a un costado, haciendo un ruido metálico que puso en alerta a la criatura que se había lanzado en su contra, era un tigre, con los ojos como los de ella. Se detuvo a penas a un par de metros de la chamán, pero ella no retrocedió ni un solo centímetro más, allí y como estaban se examinaron en silencio sin mover ni un solo músculo, fue entonces cuando Auga pudo percatarse de que el tigre estaba herido a un costado de su vientre, parecía no sangrar pero su herida estaba evidentemente sin cuidado alguno.

Retrocedió lentamente y dejó su mochila en el suelo, mientras el vaho de la jadeante y cansada respiración del tigre empezaba a cubrir el aire frente a sus fauces, empezaba a oscurecer y la anaranjada luz del sol, mientras comenzaba a entrar en zenit, se filtraba entre las siluetas del tigre y Auga en aquel agreste lugar.
Sacó de sus pertenencias su botiquín veterinario y lentamente comenzó a acercarse, siempre agazapada a ras de suelo, al animal el cual algo desconfiado retrocedió un poco, la chamán comenzó a contornearse un poco a su costado demostrando que se acercaría con lentitud lo cual sorprendentemente pareció entender el tigre. El felino olió el suelo, y miró a un costado, comenzó a hacerse a un lado, mientras muy lentamente Auga comenzaba a entrar en su terreno personal, el tigre parecía comprender que sólo quería ayudarlo con su herida, y le permitió entrar a la cueva, el gran tigre se recostó de costado y esperó.
Auga entonces trató de enfocarse en el negen del hermano animal, con lo cual se percató de que su aura estaba algo extraña, parecía que fuesen dos negen distintas una en paz y otra en furia.

Con un poco más de confianza, pero aun cautelosa, se acercó y examinó al gran felino, si bien su herida era bastante importante, no sería de riesgo vital si se trataba adecuadamente. Lo miró seriamente y comenzó a tratar su herida, con ungüentos y tranquilizantes, mientras molía un poco de hongos que ayudarían a bajar la hinchazón y evitar que se infectara la herida. El Tigre permaneció inmóvil en todo el proceso, cansado jadeaba, hasta que finalmente cuando Auga terminó su trabajo y retrocedió el gran hermano se incorporó y lentamente comenzó a tomar, para la sorpresa de la chamán, la forma de un ser humano de rasgos afelinados, nunca antes había visto a alguien así, reverenció el espíritu de aquel ser mientras éste la invitó, así mismo y desnudo como estaba, a quedarse en un rincón de su caverna.

Auga’Zajar, fue por sus pertenencias fuera de la cueva, era una oportunidad única el poder ayudar y hablar con un espíritu ancestro de otras tierras, un raro privilegio, volvió a acercarse a la entrada. Antes de entrar a la cueva preguntó con voz suave, bueno, suave para estándares orcos.
-Yo ser Auga’Zajar, de la tribu de los Corazones Sangrantes, nieta de Mikar’Kartart de Uzuri, ¿Quién ser tu misterioso espíritu tigre~hombre?
El misterioso anfitrión la observó con algo de melancolía se sentó y comenzó a reunir un poco de leña para hacer un fuego, de su mano una llama carmesí brotó, encendiendo la fogata en el acto. Volvió a invitarla a pasar a medida que respondía su interrogante.
-Soy Prission, un espíritu guardián de Mashamba Milele, ayudo a los viajeros perdidos cuando se han extraviado o cuando comienzan a entrar en lugares prohibidos y sagrados del gran Rey León.
Su voz era serena, pero cargada de pesar.
-Pero ya no puedo hacer mi labor, he sucumbido en mi tarea.
Auga se acercó y se sentó al otro lado de la hoguera, sacó de entre sus cosas su conejo salado y le ofreció al desconocido, parecía con hambre, heridos los animales no son buenos cazando, también le ofreció agua para saciar su sed, el anfitrión al ver a Auga supo que no tenía ni la más mínima intención de hacerle daño por lo que aceptó la comida y bebida en el acto.
-Auga’Zajar sentir llamada de Negen, venir a Mashamba Milele buscando quien ser realmente, pero no poder negar ayuda a espíritu tigre, si Auga poder hacer algo, por favor confiar en Auga, ser chamán bastante joven pero espíritus acompañar donde quiera que ir por que reconocer valor del corazón.
El hombre sonrió, a las honestas e inocentes palabras de la orco, la miró a los ojos y sus fugases miradas rojizas se encontraron.
La tensión brotó en el lugar y el guardián decidió contarle realmente su historia.
El espíritu atrapado en forma humana la miro fijamente a los ojos y uno de ellos centelló con un brillante fulgor carmesí.

-Reconozco el valor de tu corazón, te contaré mi historia…
Auga se dispuso muy atenta al relato que comenzaría el guardián.
-Cuando cumplía con mi labor de proteger los lugares sagrados de Mashamba Milele, un demonio fue capaz de abatirme y en un intento desesperado de evitar que fuese capaz de lograr su objetivo de profanar un santuario sagrado, logre encerrarlo en mi propio cuerpo.

La voz del espíritu guerrero resonaba potente y con pesar en la profundidad de la cueva mientras sus palabras quedaban plasmadas en la mente de Auga y la armonía de su habla se perdía en el viento.

-A veces logra tomar control de mi cuerpo, o alguna parte del mismo, y logra hacer que me infrinja daño con mis propias manos, no sé si al morir lo llevare conmigo o quedara libre por eso aun no he acabado con mi vida.

Auga lo miraba con pesar y preocupación, ella misma no sabía si sería capaz de poder enfrentarse a un demonio tan poderoso, capaz de vencer a un guardián.
El silencio reino por unos instantes en el lugar, solo se podían oír el crujir de las astillas y el pasto seco en la hoguera, mientras con el paso del tiempo, la llama iba disminuyendo y la luz menguando.

-¿Tu poder vencer si enfrentar de nuevo? - Pregunto la Orco decidida, mirando fijamente a los ojos del espíritu en penitencia auto impuesta.

-Estoy débil no sé si seré capaz de vencerle sin embargo, ahora que está conmigo, he logrado conocer su punto débil, si puedo alcanzarlo podría vencerlo.

La voz grave, profunda y cansada del Tigre~hombre hacia que algo se agitara en el interior de Auga, no era un sentimiento de amor, tampoco lástima... era algo como admiración, tal vez envidia al ver semejante voluntad y fuerza espiritual para lograr encerrar a un demonio pero no, la envidia era algo que Auga no conocía.

-Intentar- Dijo la chamán, -Intentar vencer, si no hacerlo un día tu morir y esfuerzo quedar en cenizas al viento. - Fuera de todo la Druida tenía algo de razón, tarde o temprano su cuerpo se  cansaría y el demonio de todas formas se liberaría, o moriría, nadie podía asegurarlo.
-Auga'Zajar dar tiempo suficiente, no preocupar - La honesta y sencilla voz de la Druida hizo pensar al espíritu que aun había alguna oportunidad de poder cumplir con su cometido.

Asintió con la cabeza y comenzó a relajarse, esta noche podría dormir por fin tranquilo después de mucho tiempo.
Las tres almas siguieron haciéndose compañía en silencio hasta que la fogata se consumió por completo.

Por un par de días, ambos se hicieron compañía, hablando del mundo natural, los espíritus y la naturaleza.
Prission le relató la historia del Gran Rey León, y de las tribus de tigres y cheetas que dominaban en la sabana de Mashamba Milele, lugar sagrado para druidas, chamanes y espiritistas. Como también de las leyendas de La Espada del Rey León, perdida en los laberintos de la historia, el tiempo y los falsos rumores.

Auga hacía de matriarca recolectora, mientras que el espíritu tigre cuidaba la guarida, su herida estaba casi sana por completo, las medicinas y ungüentos de la druida le habían ayudado a recuperarse con mayor rapidez, había tenido suerte de que Auga fuese tan desinteresada y conocedora de los cuidados veterinarios heredados de su abuelo.




Al atardecer de la tercera noche, Auga encontró sangrando nuevamente del costado al tigre guardián, el demonio había logrado manipularlo y había hecho que se hiriese a sí mismo.
Todo pasó muy rápido, la oscuridad comenzó a brotar del guardián.. él demonio intentaba salir, y él mismo ya no podía detenerlo.

La oscuridad candente en forma de brea salía por las fauces y nariz del guardián, la sangre y bilis, rojiza y amarillenta, se mezclaban saliendo de su vientre mientras lentamente un rostro infestado de dientes y colmillos comenzaba a formarse bajo unos inmensos cuernos de oscuridad, mediría algo así como tres metros y medio, su figura imponente y flameante ejercía respeto y dejaba perpleja a la novel chamán, mientras entre todo ese humo negruzco comenzaba a asomarse una sonrisa retorcida de la cual salían ascuas, humo y cenizas. Su complexión fibrosa con músculos incandescentes y cuernos tanto como huesos grises y negros comenzaron a formarse definidamente de aquella masa de oscuridad pura, mientras Auga, perpleja,  dejaba caer las provisiones que había logrado recolectar para aquella velada.
De su espalda, salían dos alas fibrosas como las de los murciélagos, una de ellas en muy mal estado, y una cola cubierta por ascuas anaranjadas. Desde sus costados, las costillas se giraban hacia afuera, haciéndolo ver aún más grande y ancho de lo que realmente era, entre sus cuernos comenzó a formarse un fuego espectral entre naranjo y purpúreo, el cual comenzó a bajar desde su frente hacia sus pies por sobre casi la totalidad de su formidable complexión, mientras ganzúas y verrugas óseas comenzaban a poblar la totalidad de sus fibras musculares, haciendo de este imponente rival no solo un oponente grande y formidable en aspecto, sino que además también estaba blindado.

El demonio estaba libre, apretó sus puños y sus huesos y nudillos crujieron, mientras el humo y las cenizas se escapaban entre sus dedos, estaba prácticamente listo, inspiró y se giró al abatido guardián, iba a acabarlo, mientras el espíritu felino no podía hacer más que mirarle con odio e impotencia, aún estaba débil y falto de movimiento como para reaccionar. El poderoso demonio alzó su brazo por completo y entonces la gigantesca garra se precipitó sobre su recientemente abatido captor, ahora completamente indefenso,  pero una ráfaga entre verdosa y violeta pasó tan sagaz y veloz como le dieron las piernas y se interpuso entre el ataque y su objetivo. El aura espiritual azul-celeste se alzó violenta y con fuerza, dando forma a un ancestro oso que a duras penas pudo detener el ataque del demonio, la fuerza del impacto fue tal que Auga, a pesar de estar protegida, cayó con una de sus rodillas al piso y el polvo a su alrededor se levantó hacia los costados.
La mueca de sonrisa se transformó en una de desaprobación, mientras levantaba su brazo y no sólo encontraba al guardián aún con vida, sino también a la joven druida con ojos desafiantes cruzando directamente su mirada a sus resplandecientes pupilas color lava.

- ¡Huye, es muy fuerte para ti! - Le gritó el Espíritu Prission.
- ¡No!, ¡Auga proteger, prometerlo! – Respondió la Orco decididamente

Se alzó con energía, lanzando un gancho alto con su derecha, pero las garras sólo encontraron las verrugas óseas y las chispas se dispararon en todas direcciones sin causarle daño alguno al inmenso avatar del mal que tenía frente a sí. Dentro de su verdosidad, palideció, no había logrado hacerle mella alguna al enemigo, a pesar de usar todas sus fuerzas tanto en brazos y piernas. El Demonio sonrió alzó su brazo izquierdo y se dispuso a abofetearla. La druida usó sus dos brazos para protegerse, puesto que detenerlo sería prácticamente imposible. El manotazo barrió con Auga como si fuese un pedazo de papel y un grito potente de intenso dolor se difuminó en el viento. Voló por lo menos tres metros dando vueltas y maromas en el aire, el impacto había sido formidable y su brazo derecho estaba hecho pedazos, cayó pesadamente y giró un par de veces quedando llena de arena, su antebrazo derecho estaba partido por lo menos en tres partes y su izquierda algo entumecida por el impacto. Se levantó lentamente, mientras su brazo colgaba inservible a su costado, sus piernas flaqueaban y temblaban, las lágrimas salían de sus ojos y corrían por sus mejillas, el dolor era intenso, apretó los dientes y se dispuso a seguir cumpliendo con lo que había prometido.

Por su lado el demonio se detuvo un momento a ver como Auga quedaba tirada en el piso y mientras ella a duras penas comenzaba a ponerse de pié el terrible engendro del averno se giraba y disponía nuevamente a dirigir su ataque contra el aún abatido guardián, el cual había comenzado a recuperarse y regenerarse con sus poderes espirituales, provechando el escaso tiempo que Auga había sido capaz de otorgarle.

- ¡Yo ser tu enemigo! - Gritó Auga con fuerza, pero el demonio siquiera pareció escucharla, de hecho no le prestaba atención en absoluto después de ver lo frágil que era.

- El mensaje del viento, poder de ancestro, convocar hermanos alados ¡ayudar a Auga en su promesa! - Del aire, comenzaron a formarse plumas resplandecientes de color purpúreo para cuervos, azules para halcones y blancas para lechuzas. Comenzaron a manifestarse desde su brazo y mano izquierdas esta serie de plumas que daban paso a la invocación de sus hermanos alados a su alrededor, mientras el demonio nuevamente alzaba su brazo para acabar con su enemigo. Apretó los dientes con fuerza, y dirigió su siniestra hacia el demonio. Sus invocaciones volaron raudas hacia la cabeza del demonio girando y abofeteándole en repetidas ocasiones, de sorpresa el demonio comenzó a lanzar golpes al aire, estaba aturdido y algo ciego, se enfureció y largó manotazos a diestra y siniestra tratando de alejar a los aliados animales de Auga, después de unos instantes logró recuperar la vista. Mientras lentamente recuperaba la visión, comenzó a girarse y ver como Auga seguía entorpeciendo su labor de acabar con el guardián.

Estaba exahusta, había usado gran parte de su energía espiritual y ya casi no le quedaba nada de esencia a la cual recurrir.
Enfadado el engendro del averno se giró hacia la druida y comenzó a avanzar con paso firme y decidido, cada vez que pisaba el suelo la tierra se ennegrecían y moría, se le había agotado la paciencia, como era posible que un insecto verde como Auga le causase tantos problemas. Preparó su diestra y lanzó un golpe que la chamán a duras penas y alcanzó a esquivar, era muy rápido para su tamaño, gritó de dolor, al girar a su derecha había apoyado su brazo roto en el suelo, con su izquierda tomó su hombro, de rodillas en el piso estaba indefensa, reunió toda la fuerza espiritual que le iba quedando y se dispuso a recibir nuevamente el impacto, el segundo golpe nuevamente la había alcanzado, pero el escudo de ancestro oso una vez más la había mantenido a salvo, aunque su espíritu guardián, antiguo totema de su abuelo, también estaba más que cansado y el aparecer del mundo espiritual al terrenal lo desgastaba aún más.
El demonio aburrido de las huidas y paradas de la Orco usó sus dos gigantescas garras para apresarla, de lo cual Auga no pudo siquiera intentar escapar, estaba hecha un harapo, tal vez no había sido tan buena idea enfrentársele, sólo esperaba que su sacrificio no hubiese sido en vano, muchos druidas no sobrevivían a su prueba de adultez… y al parecer ella misma entraría a esas filas de druidas olvidados.

- ¡Luchar! - resonó la voz de su abuelo en su mente - ¡luchar con todas tus fuerzas, aunque la batalla esté perdida!, ¡Hija del Negen, vivir, siempre luchar por la vida y el bien de los espíritus!, Wenkunegen siempre llevar fuerza a justos y valientes.. - Lentamente el severo rostro de su abuelo fué difumiándose en su mente y volvió a abrir los ojos.
No, no podía acabar así…mientras el demonio la levantaba y comenzaba a apretar, Auga entrecerró los ojos y aún y estando apresada se agazapó y mordió con todas sus fuerzas las manos verrugosas del demonio. A medida que la iba apretando y su cuerpo estrujándose, gemía de dolor, pero intensificaba sus deseos de seguir con vida, el rechinar de sus dientes sin hacerle daño alguno era lo único que alcanzó a distinguir en su momento, comenzaba a perder el conocimiento.

Un gran flujo de energía espiritual comenzó a concentrarse a las espaldas del demonio, el espíritu tigre se levantaba casi recuperado, estaba en condiciones de atacarlo, aunque fuese una única vez, pero sería más que suficiente.
Sus garras comenzaron a emitir luz y comenzó a correr en dirección a su enemigo, tan rápido como el rayo, desapareció del mundo terrenal y corrió a velocidad de relámpago por el mundo espiritual. Un fulgor resplandeciente se materializó a las espaldas del demonio que abrió sus ojos de par en par y giró levemente su cabeza sólo para ver el rayo de luz que se precipitaba hacia él…
La garra resplandeciente entró por el costado derecho de su baja espalda, donde las verrugas eran más finas, un bramido de ultratumba remeció las copas de los árboles y retumbó con eco en la cueva al momento que la garra de luz resplandeciente salía por la parte anterior del engendro, atravesándolo por completo. Se derrumbó en su miseria y lentamente el fuego purpúreo comenzó a tornarse verdoso, mientras su cuerpo comenzaba a consumirse en las flamas espirituales que lo calcinaban desde adentro.

La Chamán casi sin percepción de lo que ocurría se precipitó al piso sin siquiera poder reaccionar para evitar su seca caída al suelo.




Lentamente, comenzaba a abrir sus ojos, una luz brillante y cálida a la vez la hacía sentirse muy confortable, allí donde quiera que estuviese, miró hacia su derecha, estaba recostada en algo blando y tibio, entre neblinas iluminadas pudo ver como comenzaba a tomar forma un rostro a medida que el vaho se iba condensando pudo interpretar el esbozo de una sonrisa, su pecho se contrajo y sintió su respirar pesado, un profundo sentimiento de tristeza fue lo primero que la hizo sentir aquella visión, entre los labios curvados de aquella cálida sonrisa salían dos colmillos, de los cuales uno de ellos estaba perforado con una argolla de metal, sus ojos grandes y cálida mirada, sus pobladas cejas, las arrugas de sus facciones, tanto por la vejez como las expresiones…era el viejo Mikar, su abuelo.
No pudo pronunciar ninguna palabra, sintió que se le iba el aliento, de sus ojos comenzaron a caer lágrimas, pero ninguno de los dos pudo decirse lo mucho que se extrañaban.
Lentamente aquel cálido rostro de Orco comenzó a difuminarse en el aire, a medida que iba desapareciendo otro rostro familiar comenzó a aparecer, las facciones del viejo Mikar comenzaron a cambiar lentamente a unas preocupadas facciones de rostro de Oso, su espíritu guardián.
-Grrnuu..
A su alrededor la luz seguía manifestándose, el dolor había disminuido bastante, sentía su pecho apretado, extrañaba a su abuelo, respiró hondo y aquella sensación de ahogo se fue tan fácilmente como dejar escapar un suspiro. Lentamente la energía curativa se desprendía de las garras de aquel ancestro protector de Mashamba Milele, sus heridas no curaban en su totalidad, pero el flujo de energía espiritual mantenía su cuerpo tibio y hacía que todo fuese quedando en su lugar, su brazo.
Era de noche, y las luciérnagas adornaban la escena revoloteando lentamente y proporcionando una luz espectral que se reflejaba en los contornos de las briznas de pasto, el rostro y los cabellos de Auga y la forma semi humana del espíritu tigre, lentamente comenzaba a recuperar sus fuerzas. Se sentía segura.

- Auga’Zajar, hija del Negen - Escuchó a una voz decir, una voz que no había escuchado antes
- Haz arriesgado tu vida y sacrificado todo por proteger, ser fiel a tu palabra y honrar a los espíritus.

La voz profunda y solemne se evidenciaba mucho más veterana que la del tigre, resonaba en su cabeza y en su corazón, Auga entendió que aquella voz hablaba directamente a su alma y no a sus orejas.
- Los caminos del chamanismo no siempre tienen salida, los enemigos son fuertes, y los protectores pocos, cuando sientas que no puedes seguir, ¡jamás te rindas!, la derrota no se conoce hasta el último suspiro.

Un espíritu Cheeta era ahora el que estaba frente a ella se veía más grande a imponente y el brillo de su pelaje espiritual y el de sus ojos le hacían saber a Auga que era de mucho más rango que el guardián al que acababa de ayudar. El espíritu tigre comenzó a alejarse de su lado, después de haber hecho todo lo que había podido para ayudarla en su recuperación.

- Algunas veces los druidas no buscan sus pruebas, sino que las pruebas buscan a los druidas.
~Aquellas palabras quedaron grabadas en su mente~
- No estabas preparada para esta prueba, sin embargo y a pesar de tu debilidad, fuiste capaz de mantenerte firme en tus decisiones, palabras y convicciones  y aquello es una virtud muy importante para un chamán, los espíritus ancestrales no valoran la mentira, el miedo ni la resignación, por el contrario, la templanza, el tesón y el esfuerzo son virtudes que deben poseerse para recorrer tan difícil camino de rectitud y protección de las tradiciones y los ancestros.

El espíritu comenzó a tomar forma de animal, de un cheeta normal, mientras Auga lentamente comenzaba a sentarse allí donde se encontraba aún siendo adornada por la luz intermitente de las luciérnagas. Su brazo seguía roto, pero ya no le dolía como debería hacerlo. Una suave brisa hizo que los pastos, tanto como su cabello, flamearan libres en el viento, su mirada se cruzó con la del espíritu mayor.

- Aún no estás lista para recibir mi bendición, pero cuando lo estés, ten por seguro que no dudaré en otorgarte El Don del Viajero Incansable, haz demostrado tu valía y valentía, sigue siempre la senda de la verdad.
Ambos espíritus se levantaron de su posición de observadores y se dispusieron a emprender su camino.
- Buenaventuranzas en tus viajes, Auga’Zajar de los Corazones Sangrientos, última chamán~druida de tu tribu, camina con sabiduría las sendas de los ancestros, que Wenkunegen sea contigo.


Los ancestros felinos comenzaron su marcha, mientras lentamente se desvanecían en el aire, volviendo a sus propios reinos espirituales.
Auga se quedó observándolos, mientras sus siluetas se desdibujaban en el viento, se levantó lentamente y entró a la cueva, las luciérnagas la seguían dándole luz, tomó un poco de tela y se hizo un cabestrillo improvisado que se desarmó a los pocos minutos, realmente no era buena para eso, sólo era veterinaria.
Descansó esa noche allí y a la mañana siguiente dio un paso fuera de aquel cubil, los rayos del sol encontraron su mirada, sonrió y comenzó a caminar, allá donde la llevasen sus pies. El fiel espíritu oso caminó a su lado como siempre, ambos sin destino pero con la misma misión de ayer.

Honrar y proteger a la naturaleza y a los ancestros…



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Re: Hermana del Viento, Voluntad de Acero: La Prueba de Adultez

Mensaje por Señorita X el Miér Ago 31, 2016 8:09 pm

Finalmente me complace aclamar que el Hijra está adecuadamente hecho, y que me ha encantado. Aún tiene algún dedazo por medio del texto, pero eso es normal. Bienvenida sea, por fin, a Noreth, para que lo disfrute y lo goce
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