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Revolución en Rodelfia

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Re: Revolución en Rodelfia

Mensaje por Strindgaard el Lun Nov 14, 2016 7:57 pm


Y yo pensaba que eras un naharí, Niño, pero resultó que solo era mugre.
¿Qué es un najarí?
Luego de treinta minutos de fiera lucha contra una esponja, agua y jabón el niño que me acompañaba había logrado salir limpio e indemne. Su cabello rojizo ahora brillaba y había perdido aquel toque seboso, incluso había aumentado unos centímetros luego de desenredarse. Dejé la copa de vino sobre la mesilla y le hice una seña.
Se dice Na-ha-rí. Ven aquí... ¿Qué rayos se supone que traes puesto? Parece un maldito saco de arpillera.
Ehh… Creo que justamente es eso.

Una semana de extraña quietud abrazó la ciudad después de que el rey hubiera decidido lanzar su corona al aire y ver cuál de sus hijos la cogía primero. Sin que siquiera hubiera pasado una semana fui espectador de diversas conversaciones y altercados que veían afectada la imagen de los tipos adinerados de la ciudad, así como rumores de fuerzas antimonárquicas que se hacían más fuerte con el pasar de los días. En las calles se podía sentir una tensión en el ambiente que amenazaba con rasgarse en cualquier momento, y en los mercados y negocios locales palpitaba un descontento que no era fácil de descifrar. Si bien es cierto que los cambios en la monarquía trascienden en su pueblo, Rodelfia estaba atada al futuro de su regente, la primorosa Cassandra Von Schuyler, y aunque mi pequeño informante no conocía todos los detalles, se suponía que todos los príncipes estaban en igualdad de condiciones de llegar al trono, pero algo hacía que la gente en la calle estuviera de malas, ¿desesperanza quizá, o la incertidumbre les estaba royendo?  
Lo bueno era que por suerte yo no vivía allí, y si lo decidía podría partir como muchas personas que tomaron sus barcos y se marcharon. De pronto hubo menos gente en las calles y el comercio comenzó a escasear de manera sutil y las calles se llenaron de hojas muertas barridas por el viento frío del otoño de Geanostrum, si hasta me costó encontrar buen vino en las tabernas.
Luego de pasar por una sastrería, zapatería y con tres comidas diarias, el huérfano que contraté para guiarme por Rodelfia parecía estar un paso más cerca de la civilización. Pero los viejos hábitos nunca mueren, y no podía evitar caminar como si tuviera hormigas en los pies.
Ya te acostumbrarás. —Le mostré mis viejas y gastadas botas—. Es cosa de que se amolden un poco a tu pie.
Parece que llevara ataúdes en vez de zapatos. Son durísimos.
No te quejes crío, algunos huérfanos matarían por tener un par de esos.
Entonces tendré que cuidarme bien la espalda.
Mira, algo sucede allí.

Al llegar a una esquina frente a los dos se abrió una plaza de tamaño asombroso, con un bonito sitio para ejecutar en medio, pero en ese momento en vez de un verdugo una figura andrógina leía un pergamino, la gente se mostraba totalmente expectante, como si lo que dijese fuera a cambiar el destino de la ciudad. Pero yo no pude poner atención ni un instante pues fijé mi vista en el carruaje a los pies del patíbulo. Era una majestuosa pieza de madera negra como mi capa y tan cargada en oro que hubiera sido la delicia de cualquier demonio de Yigionath.
Bien niño, has sido una gran inversión, espero que esos cobres hayan valido la pena. Ahora quiero que corras hasta allá y escuches todo lo que dice esa elegante figura del pergamino.

El crío corrió hacia el centro conmigo a su zaga, el gentío se mantenía en silencio, y casi pude oír mis pasos por debajo de la estridente voz que anunciaba todos los títulos del rey que había adjudicado.
Cuando llegué hasta el carruaje me decepcioné profundamente al notar que el oro no era más que volutas y arreglos barrocos de pintura dorada. Entonces me sacudió el grito de un hombre que salió de entre el muro de gente.
¡¿Habéis pensado en lo que nos cuesta manteneros y aun así, en el único momento que sois de utilidad, os negáis a realizar vuestras labores?! —Gritó el hombre hacia el patíbulo, al parecer nadie le mencionó que el andrógino solo transmitía el mensaje. Aun así, todas las miradas se volcaron sobre el tipo de la gabardina, como apoyando sus palabras—. ¡¿Abandonáis a aquellos que nos han dado tanto?!

El reclamo se llenó de murmullos y asentimientos silenciosos, y para demostrar que las palabras iban en serio el hombre se separó de la multitud y se acercó peligrosamente hasta el andrógino, entonces, sobresaltado me tuve que alejar del carruaje al oír como la ventanilla se abría y una mano bañada en sangre salía de esta. A pesar de lo cercano, me tomó un segundo notar que no era sangre, sino un guante liso y de tela granate, la mano se movió en un gesto desdeñoso y sutil que mandó a morder tierra al atípico revolucionario.
Si bien era la primera vez que veía a alguien interponerse abiertamente a la burguesía, esa no era la manera más adecuada, girando por el suelo una y otra vez por la fuerza de lo que me pareció ser una tipo de conjuro psiomántico.
Cuando ya la mayoría en la plaza había perdido la cuenta de cuantas veces había rodado por el suelo aquel hombre, se puso de pie por enésima vez, con su rostros congestionado y salpicado de arañazos y golpes, pero con una mirada determinada y caldeada de un extraño fuego.

¡Por Lord Alexander! ¡Por Lady Casandra! —Aulló, y la bola de nieve comenzó a girar.
El cuerpo del revolucionario fue lanzado por última vez por los aires, pero había logrado encender a los presentes, de pronto una piedra cayó, y otra, y luego los gritos fieros de la gente llenaron la plaza, Los muertos vivientes comenzaron a tirar del carruaje y tuve que hacerme a un lado para no ser arrollado por esa carne muerta.

El dichoso caos vibró en el aire y en la boca de todos en la plaza, los gritos resonaban como campanadas de guerra y sonreí abiertamente por encontrarme en buen sitio. Grité junto con ellos por los lores y alcé el puño en señal de protesta. Me apachurré con la gente y fui parte de la masa de energía que estallaba en el centro de la ciudad. Con toda esa fuerza hubiéramos podido iniciar una revuelta, erigir una nueva constitución, una república independiente, estaba deseoso de destruir con palos y piedras las casas de los adinerados. Pero lamentablemente aquello no cuajó. Tan rápido como llegaron, los gritos se fueron apagando, y la gente en la plaza se fue diluyendo para esconderse nuevamente en sus casas para esperar lo peor. ¿O no? Algo nuevo había sucedido allí, y solo necesitaba un pequeño empujón para que sucediera de nuevo. De pronto Rodelfia no parecía un sitio tan aburrido después de todo. Además, en mi bolsillo encontré una carta sellada, la tinta aún estaba fresca, y me fue imposible encontrar al remitente entre tanta gente.

Mierda, necesito encontrar al muchacho.
Caminé hacia la calle, moviendo la cabeza de un lado a otro para encontrar al crío, de pronto una mano del tamaño y dureza de un brazo de catapulta me detuvo el paso. Era  para mi sorpresa, Duneyrr.
¿Eztrindgård, eres tú?
Vaya sorpresa Dun. Ha pasado mucho tiempo —Dije con una sonrisa. Maldito orco había logrado sobrevivir a los guardias de Esmeralda—. ¿Qué te ha traído hasta aquí?
Traba-jo —Me contestó. Apuntó a su gigantesco mandoble atado a su espalda como una de esas largas vigas de los trenes que había visto en el sector sur de la ciudad—. Mercenario. ¿Y tú?
Vacaciones. ¿Aún sigue contigo aquel pajarr…?
¡Kraa-Kraa Kraa-Kraa! —La maldita bestia de plumas negras llegó aleteando como una piedra y se posó en su hombro.
Tiene algo en la pata —El orco cogió a su bestia entre sus gruesos dedos y se lo acercó a la cara para mirar mejor—. Es una carta enrollada.

Con un increíble cariño y destreza inusitada le retiró el papel y lo abrió. Giró el trocito de papel entre sus dedos y se lo acercó y retiró de la cara.
No entiendo estos sím-bolos.
Dame. —Cogí el papel, también tenía la tinta fresca. Me quedé en silencio un momento. Miré al orco.
Proteger al Rebelde. —dije en voz baja.
¿Ké es Re-belde?
Pues… —Sabía perfectamente que estaba engañando al pobre orco, pero si le decía la verdad iba a tener serios problemas para mantener vivo a aquel idiota, en especial conociendo su manera de relacionarse con la gente—… El rebelde es el tipo que hizo el espectáculo frente al patíbulo hace poco. Dice que lo tienes que cuidar. ¿De casualidad conoces a tu jefe?

El orco me miró girando levemente la cabeza.
No comento sobre mi tra-bajo.
Bien —Me encogí de hombros—. Entonces seguiré con mi visita a la ciudad.
Le hice una seña en señal de despedida y me alejé.

¡Geralt! —Gritaba por sobre el gentío de la plaza, nunca podía contar con ese niño—. ¡Geralt!
¡Señor! —Apareció corriendo y sin aliento—. Lo llevaba buscando un rato…
¡Bastante mal! ¿Dónde están tus malditos zapatos?
Lo siento, me los tuve que sacar para correr, no soportaba el do....
¿Oíste lo que dijo el pregonero?
Sí, dijo que…
Bien, recuérdalo. Ahora necesito que encontremos una persona, es el tipo loco de la gabardina negra, ¿viste hacia donde se fue?
.

Mierda, si el orco estaba implicado en esto, y con una orden diferente a la mía, significaba que había más gente dentro del juego. Ahora no podría confiar en nadie. Corría por la calle, siguiendo al niño, los minutos contaban, si alguien ya lo hubiera hallado y estaba muerto significaría muchas monedas de oro tiradas a la basura.

¿Estás seguro que se fue por aquí?
Sí, se fue con un grupo de gente por la calle de los talabarteros.
Luego de buscarlo un rato por las tabernas lo encontré. El maldito hasta seguía con la misma ropa algo sucia y desgarrada, pero al menos se había lavado la cara.
¿Y ahora qué?
Entremos y bebamos algo.



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Re: Revolución en Rodelfia

Mensaje por Duneyrr el Jue Nov 17, 2016 4:19 pm

Rodelfia se había vuelto caldo de cultivo para múltiples altercados en la vía pública. La semilla de la violencia, la ira y el hambre de guerra estaban arraigados en los corazones tanto de los humanos como en el de los orcos, cualquier excusa servía para destruir, violar y matar; una revolución, por ejemplo.

No era de extrañar que las circunstancias adversas sacaran a rebosar lo peor de la gente, y en aquel momento, con el cambio de regente a la vuelta de la esquina y la ausencia del apoyo de quienes parecían una carta segura para elevar a la regente de Rodelfia al poder, cualquier cosa podría pasar.

Y aunque nada comenzaba todavía, era cosa de tiempo, el orco lo sabía, lo había visto en otros sitios, en otros ojos, si bien el contexto era diferente, los humanos siempre seguían el mismo camino surcado por sus deseos, y en aquellos días se estaba sembrando una semilla que pronto germinaría, para bien o para mal de los cosechadores.

Para Duneyrr aquellos días resultaron bastante cómodos. Por las mañanas comía a destajo por un par de cobres gracias a la incertidumbre que había generado la abdicación sobre la moneda local, por la tarde se paseaba por las calles oyendo el descontento y viendo como saltaban las primeras chispas del fuego que iba a ser la ascensión de un nuevo rey. Oía varias veces la frase Duelo de Príncipes, lo cual era una farsa en sus oídos, si no resultaba nadie muerto en el proceso no se le puede llamar Duelo, pensaba. Y las noches las pasaba practicando su esgrima o meditando. Desde su visita a las celdas de Ciudad Esmeralda meditaba, sobre la vida, la violencia y la existencia. A pesar de ser mercenario, si uno no se cuestiona nada termina por convertirse en demonio, y lo último que deseaba en la vida Duneyrr era ver siquiera asomar el destello de los ojos de un demonio cerca de él.

Aquel día en la plaza, el orco se asomaba como un obelisco por sobre la multitud, y vio en primera línea cuando aquel extraño personaje sacado de algún teatro kabuki de Taomoshi Ki Nao leyó su pergamino, el orco presintió que se trataba de algo malo. No entendía a qué se referían todas esas extrañas palabras que empleaba, pero estaba claro por el silencio de la gente que no era lo que esperaban oír.

Cuando el humano de negro comenzó a reclamar, Dun notó que tenía la misma mirada que la mayoría de quienes estaban ahí, pero fue el único deseoso de reclamar. Se mantuvo en silencio mientras todo sucedía, y cuando estalló la furia en la plaza se decepcionó en ver que nadie siguiera la carroza negra y dorada para hacerla leña.

Entonces se encontró con Strindgaard, aquel hombre de capa negra y rostro cansino.

¿Eztrindgård, eres tú?

Vaya sorpresa Dun. Ha pasado mucho tiempo —Dijo sonriente, aunque hacia mucho que se habían separado aún recordaba esa extraña sonrisa del humano—. ¿Qué te ha traído hasta aquí?

Traba-jo —Contestó Duneyrr, y con su pulgar apuntó a su mandoble que asomaba por sobre su hombro como una flor cortada—. Mercenario. —Como si hubiera existido otro oficio en el que hubiera podido trabajar—. ¿Y tú?

Vacaciones. ¿Aún sigue contigo aquel pajarr…?

¡Kraa-Kraa Kraa-Kraa! —Cuervo aleteó por sobre el orco, regresaba después de haber huido asustado por todas las piedras y otras cosas que había lanzado la gente contra el carruaje.

Tiene algo en la pata —El orco cogió a su bestia entre sus gruesos dedos y se lo acercó a la cara para mirar mejor—. Es una carta enrollada.

Con un increíble cariño y destreza inusitada le retiró el papel y lo abrió. Giró el trocito de papel entre sus dedos y se lo acercó y retiró de la cara.

No entiendo estos sím-bolos.

Dame. —Para su pesar, Duneyrr no sabía leer el idiona común, y solo conocía el sistema de símbolos cuneiformes de su raza—Proteger al Rebelde. —Leyó el humano.

¿Ké es Re-belde?

Pues… —Strindgaard tamborileó con sus dedos su mentón buscando las palabras, Duneyrr acariciaba la cabeza de Cuervo con tranquilidad, hace días que esperaba nuevas instrucciones y sonreía internamente—… El rebelde es el tipo que hizo el espectáculo frente al patíbulo hace poco. Dice que lo tienes que cuidar. ¿De casualidad conoces a tu jefe?

El orco lo miró girando levemente la cabeza.
No comento sobre mi tra-bajo. —Tuvo que responder. Lamentable para el humano los mercenarios no deben hablar nunca ni de dinero ni de oficio.

Bien —Dijo indiferente el humano—. Entonces seguiré con mi visita a la ciudad.

El orco asintió y se despidió de una cabezada, miró por la plaza tratando de hallar esa gabardina negra. Pero la disolución de la multitud se había llevado consigo todo rastro del hombre.
Cuervo, vuela. Encuentra al re-belde, al hombre de negro.
¿Maiz?
No. Primero encuentra al hombre.
Maíz, maíz, maíz, maíz.
El orco, un tanto fastidiado, sacó de la alforja que colgaba de su cinturón el saquito con maíz seco y le ofreció unos cuantos granos a su cuervo que emitía un ruido parecido a un ronroneo junto a la cabeza de su dueño.
Ten, zampate eso y vuela pajarraco.
Las alas negras se precipitaron al cielo y planearon por sobre la plaza, Dun mientras se paseaba por el lugar tranquilo, pero listo para actuar en cualquier momento. Si debía proteger al hombre esta vez no dejaría que la persona dentro del carruaje le hiciera daño.
¡Ahí, ahí!
Cuervo pasó por sobre la cabeza de su dueño chillando, y se metió aleteó por una calle, era un ave inteligente y eficaz.
El orco debía mantener las apariencias y caminó tranquilo siguiendo a su cuervo que lo esperaba posado en las farolas o las estatuas, esperando a que apareciera su amo. Finalmente Cuervo se posó sobre el cartel de una taberna, Duneyrr llegó hasta la puerta y entró con dificultad pasando por el marco con su cuervo posado en su hombro.
Dentro había mucho movimiento, el orco se acercó a la barra y se tuvo que mantener de pie para no estropear las butacas.
Cerve-za Negra.
Maíz, maíz, maíz.
Paseó la mirada por la estancia, y en la primera figura negra en la que reparó fue en Strindgaard.
Pajarraco inútil —Farfulló aireado—. Te has equivocado de hombre de negro.
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Re: Revolución en Rodelfia

Mensaje por Gerarld Amattore el Vie Nov 25, 2016 11:43 am

Iba de puesto en puesto, la ciudad tenía su encanto, y me refería a que parecía un lugar prospero, se puede sacar una buena tajada haciendo un bloqueo en una ruta comercial cercana y pillar algún que otro barco lleno de dinero o mercancías.
También había que aceptar que alguna joya había entre las muchachas del lugar, pero la mayoría eran feas, comerciantes gordas, grasientas, o desaliñadas. Así que mi interés paso de mujeres a materiales, igual me compraba algo.

Pero las cosas no saldrían así, un gentío se movía en una misma dirección, mi naturaleza no podía dejarme en ignorancia frente a ese hecho, pues con tanto movimiento, seguro era interesante, pero demasiada gente. Así que me aparte un poco, estire mis alas y de un par de aleteos, despegue para avanzar calle arriba sin la molestia de la muchedumbre.

El flujo me llevo a una amplia plaza, con un patíbulo, curioso escenario para tantos espectadores. No quería llamar más la atención de la necesaria así que aterrice en un buen sitio donde tendría una buena visión de lo que ocurría, la gente se molestó un poco al verme aterrizar casi encima de ellos, pero necesitaba un hueco y no se quitaban.

Hice bien en venir, a medida que transcurrían los hechos, una horda de asquerosos cadáveres empujaron un carruaje, un mensaje ciertamente desconcertante para la población local llego a oídos de todos. Vaya mierda de dirigentes que tenían, esos nobles no valían nada, por eso estoy mejor en la mar. No hay estas estupideces diplomáticas. Cada uno tiene lo que se merece, lo que consigue, lo que gana, y si no gana nada siempre tiene su libertad.
Pero la cosa no acababa ahí, claramente eso ponía en descontento a la población, y un joven se alzó entre la muchedumbre. Un joven alzaba la voz y llevando los pensamientos del pueblo a los nobles, y un joven que también se alzó en el aire empujado por fuerzas misteriosas provenientes del carro.

Claramente había bastante conflicto en esa zona, supongo que por eso he sido llamado aquí. He de decir que el joven ese era muy valiente después de la tremenda paliza que se llevó.

La cosa se revolucionó como esperado, la gente descontenta, ya no había nada que hacer aquí, estaba dispuesto a irme cuando sentí una mano resbaladiza tocándome el culo, apretando mi nalga y soltándome de golpe. Miro hacia atrás y noto como algo desaparece entre la multitud agachado, y no logro saber quién era… ya podía haberse presentado después de tamaña hazaña.

Entonces noto que tengo una carga dentro de los pantalones, la saco intrigado… entiendo.. Leo la carta, estaba bastante claro, le prendo fuego, miro a los lados, esto necesitaba que volviera a volar. Así que despego del suelo y miro en un par de direcciones, consigo ver a lo lejos a aquel joven de pelo negro, caminando entre la multitud, vuelo en esa dirección mientras observo que entra en una taberna… Vale ya sabía dónde estaba así que aterrice e hice los últimos metros caminando. Espere un poco por fuera, estaba viendo a la gente que entraba. A ver si veía a gente potencialmente interesante, o sospechosa… no sabía decir, pero estaba claro que cuando un orco enorme llego y entro, encajaba de lleno en la descripción.
No convenía esperar más así que entre en aquel antro, pero tampoco entrar justo después del orco, espere un minuto y entre. Una vez dentro, la mala ventilación, la clase de gente dentro, las bebidas derrumbadas, y los sudores evaporados, casi olía como a casa para mí, así olían la mayoría de las tabernas de los puertos, así que más que acostumbrado me hallaba en esos antros. Inspeccioné a los ahí presentes, sobre todo al orco, que hablaba con su pájaro por alguna razón, pero fui directo a sentarme cerca del chico de antes, me senté a su lado, bueno, en realidad a dos taburetes de él, pedí una cerveza, que cuando me llego le di un sorbo de campeonato.

Aporreo la jarra en la barra con la mitad del líquido dentro, y le sonrió al camarero. –Por los dioses, tabernero, la que se ha liado en la plaza, no sé si ya se ha enterado, pero de no ser por la estúpida magia de los nobles, se los habría cargado, te has enterado ya de lo que pasó no?- Le vuelve a dar otro sorbo, contaba con haber llamado la atención del tabernero, y la del chico que estaba aún lado.

-Resulta que no dan su apoyo… a nadie, pasan de todo, estos nobles no tienen remedio, mira que soy de fuera, pero vengo de vez en cuando por negocios, y no me gusta nada este asunto- Me montaba mi historia, era una plausible, una ciudad así vive mayormente del comercio, y había muchos diviums comerciantes. No quería abordar aun directamente a nadie, lo importante era unirme al grupo descontento, y así poder estar cerca.
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Re: Revolución en Rodelfia

Mensaje por Niris el Vie Dic 16, 2016 11:28 pm

No entendía que estaba esperando, me encontraba algo preocupada de encontrarme en aquel lugar extraño, pensando que quizás hacer este largo viaje a ciegas había sido un error. ¿Pero tenía otras opciones? No podía pensar en nada más que buscar un agujero y quedarme hay, pero también tenía miedo de que algo malo me pasara si no venía aquí, después de todo era obvio que alguien me había estado vigilando, que sabía cosas de mi que quizás yo no sabía ... y que estaba indefensa ante lo que quisieran hacerme. Ya había trabajado con humanos antes, solo tenía que averiguar lo que hacía aquí y todo estaría bien.

Un golpe fuerte de campanas hizo que me sobresaltando con espanto por la sorpresa mientras que mis manos cubrían mis orejas. Aquel sonido seguro podía ser oído desde muy lejos, pero mis sensibles orejas no podían manejarlo al punto de tirarme en el suelo con dolor hasta que aquello se detuviera. Las campanadas se detuvieron tan pronto como iniciaron, me quede en el suelo un momento como si esperaba que fueran a sonar de nuevo, al menos hasta que entendí que no pasaría pronto.

Una vez que me levante, una multitud se había congregado cercas de "algo", no lograba apreciarlo bien. Me puse de pie sobre la banca para luego dar pequeños saltos para ver bien lo que sucedía. Parecía que había una especie de carroza arrastrada gente, una figura salió de la misma para hablar acerca de "cosas" de nobles y príncipes. Aún estaba algo aturdida por las campanadas y el bullicio alrededor no me dejaba escuchar claramente el mensaje, pero sin duda a la gente no le gusto. Un sujeto intento atacar el carruaje para luego ser lanzado con magia como una muñeca de trapo por todo el lugar, la gente se enojó y empezaron atacarlos para luego emprender la huida.

No tenía ni la menor idea de lo que acababa de pasar, la verdad tampoco me importaba demasiado. Me volví a sentar en aquella banca sin saber que tenía que hacer y recuperarme del dolor de cabeza que aún tenía por las campanadas. Una vez que me sentí mejor note una pequeña bolsa de caramelos y una carta. Rápidamente voltee a todas direcciones tratando de saber quién la había puesto a mi lado sin darme cuenta. Aquello me asusto un poco pero procedí a leerla...una vez que la leí, me di cuenta a donde tenía que ir y dirigirme en dirección del extraño carruaje negro.

Tome los caramelos y decidí seguir el rastro del carruaje, no sabía a donde me llevaría. Algo se sentía muy mal en todo esto, pero no tenía ninguna otra pista de que hacer. Iría en la dirección donde había escapado el carruaje, me sentía observada pero tenía miedo de que si me metía entre callejones fuera a encontrarme con algo que no quisiera encontrar, por lo que trate de mezclarme con el bullicio y cuando perdiera el rastro, tratar de encontrar a alguien que les haya visto.
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Re: Revolución en Rodelfia

Mensaje por Casandra Von Schuyler el Vie Dic 23, 2016 1:21 am

La plaza pronto fue abandonada por la multitud, manteniéndose la tensión solo unos segundos, ya que decidió perseguir a a turba hasta las puertas de la zona alta. En ese silencio, vació de sensaciones tras la tormenta de emociones, solo quedaron dos figuras de importancia. La dama de rojo, imponente y fría, oculta aun por su disfraz e inteligencia, se había quedado paralizada por los hechos. Una carta misteriosa, una extraña situación y un contratista lleno de misterio la habían dejado en el sitio, inconsciente de que sus competidores y aliados se habían abalanzado y en dirección a su presa ya, más rápidos que esta en sus acciones. Mientras tanto, la bestia de las monedas e hija de los gigantes del comercio, Erin Rosein, observaba con duda y curiosidad los hechos, pero con sus manos ocupadas en reactivar con premura la actividad de su puesto, como buen comerciante. Esa pregunta fugaz y rápida fue escuchada por su prima, quien simplemente se encogió de hombros.

- Dios sabe, el demonio lo sospecha y, sinceramente, yo creo que puede ser dos personas...-dijo la prima, colocando los productos a la vista de los compradores rezagados, aun en shock por la noticia y con un agujero en el alma que se pudiese llenar con el consumismo y malgasto, preferiblemente en sus productos.- Ese carruaje tan jodidamente feo es, si no me equivoco, obra de Estavuco Geraldino, un orfebre y artesano que vive dos calles abajo de aquí, en un caserón...Suele hacer trabajos para la nobleza, por que trabaja el polvo de oro y el cobro de una manera magistral. Hace que la madera parezca hecha de puro oro, no te digo más. Hace tres meses, nos sobrecargo de pedido de pintura dorada a nosotros y a todos los proveedores del lugar...-dijo, pues como comerciante del lugar y miembro de la familia Rosein estaba al tanto del movimiento del dinero y de los materiales comprados con él- Eso se debía a que un aristócrata le había pagado para crear una obra extremadamente increíble y por lo que he oído fue Lord Einberg Rox, el hombre que domina la ciudad, aunque desde que llego Lady Cassandra se encuentra en declive...

"Sin embargo, aunque este en clara decadencia, ese caballero no es estúpido y probablemente le haya pedido a alguien que le haga el favor de anunciar las intenciones del consejo al pueblo. Nadie se le ocurre ir, en persona, a lo que puede ser un fusilamiento público. De toda la lista de gente que se me puede venir a la mente, solamente hay dos personas que cumplan los requisitos para ello; Lady Rose o Lord Menfis. Lady Rose es la actual directora del Banco de Rodelfia, una organización prestamista para navegantes y similares. Aunque se podría decir que es meramente una herramienta de Lady Rosselia y por consiguiente de Lady Cassandra. Es una mujer con fama de manipuladora y peligrosa, pero se ha ganado a su público, pues sus fiestas son legendarias e increíbles. Dicen que la última vez, sirvieron cien clases de postre, hubo bestias enjauladas de todos los rincones del mundo y en su laberinto se realizaron al menos 10 bastardos de las mejores familias de la ciudad. Lo único que encuentro difícil es que le haya hecho un favor al propio Rox, no es una mujer benevolente y con sus lazos con la señora Schuyler resultaría extraño que le hiciese un favor a uno de sus claros enemigos. Mientras tanto, Lord Menfis es un enviado por la Real Universidad de San Rhael, un especialista en runas y documentos antiguos, con su área de especialización en los antiguos maestros desconocidos de Zhalmia. Es un caballero poderoso y con reputación, aunque muy severo en su actitud, por lo que eso de lanzar a alguien en el aire para que aprenda la lección claramente entra en sus características. Sin embargo, dicen que ha encontrado algo de interés y se ha encerrado en la mansión de un barón, estudiando sus hallazgos...Así que dudo entre esos dos."

La mujer se calló tras eso y continuó con su trabajo. La joven ya había descubierto dos posibles individuos tras los cuales podía alzarse el dueño de la misteriosa mano de la carroza. Ambos poderosos y ambos peligrosos.

Mientras tanto, una chiquilla observaba nerviosa el lugar en el que había acabado, agarrando con fuerza su caja de dulces. Tras abandonar la turba y cruzar un arco de piedra, elegantemente decorado, había terminado en lugar desconcertante. El olor a mar se olía con claridad y no arrastraba el pérfido olor a pescado podrido y deshechos que solían plagar los puertos. No, la calle olía a magnolias y flores, aroma que provenía de los jardines de las casas. Eso era otra cosa. Allí los edificios no estaban pegados los unos y otros, combinando sus piedras y diseños en la armónica manera de los barrios bajos, por la que no se sabía donde empezaba una casa y acababa otra. Allí, todas estaban diseñadas a medidas y separadas por jardines, de pequeño a mediano tamaño, donde florecían árboles y enormes enredaderas. Por una esquina, la chica observó el carruaje, que había aminorado el paso y ahora marchaba con lentitud a su destino.

Cuando el carruaje paró, centelleando brevemente, la muchacha se dió cuenta que estaba en otra plaza. Esta era elegante y pequeña, casi parecía que tenías que entrar en habitación. El dorado vehículo se había parado en el edificio que dominaba el lugar. Era una estructura cuadrada, cuyo arquitecto había diseñado de manera que pudiese atraer a una arquitectura, la que fuese, y esta se posase de manera pesada sobre la fachada y tejado. Por eso mismo, cientos de musas, dioses, caballeros con caballos y luchadores de sumo se arremolinaban en cada rescoldo, sirviendo como marco para unas pesadas puertas de maderas, por las que parejas y solitarios individuos entraban y salían bien vestidos. Finalmente, las dos figuras bajaron del vehículo. El ser vestido de manera excéntrica bajo primero, saliendo a toda velocidad al interior del lugar, seguida después por una mujer. La mujer vestía de negro, completamente. Sin embargo, no era solo negro, si no que era El negro. Un color tan oscuro que parecía devorar el resto de colores. Sin embargo, pequeñas líneas de dorado se podían distinguir por su vestido, creando patrones elegantes que resaltaban ante esa oscura tonalidad. Si el ser que había salido primero brillaba como el sol, esa mujer brillaba como una daga sorprendiéndote en medio de la noche. La muchacha no le podía ver el rostro, solo un delicado moño, en redado en agarres y lo que parecían monedas que brillaban con un fulgor metálico. Con un gesto despectivo, la mujer movió la mano, haciendo que los cadáveres se volvieran a mover, marchándose en otra dirección. Con lentitud, la señora ascendió las escaleras de mármol y entro en el edificio. Tras hacerlo, dos guardias con enormes hachas cerraron el paso tras ellas, observando la nada que era la plaza. Cuando la muchacha se giró para escapar de allí, choco con las piernas de alguien, quien la esperaba con una enorme sonrisa. Era una mujer que tenía la palabra señora, de manera metafórica, escrita en la frente.

- Vaya, vaya...¿que tenemos aquí? -dijo la señora, con una sonrisa que brillaba como los problemas lo hacían en medio de la noche y alzando las cejas con suspicacia.

Mientras la muchacha había realizado esta persecución y delicada investigación, un grupo de hombres se había lanzado en cuerpo y alma a su tarea de seguir sus órdenes. Persiguiendo sin descanso al individuo que había levantado los ánimos en medio del anuncio llegaron a un local de poca monta.

La puerta del mismo se enterraba en la tierra, mostrando lo que era la entrada en un sótano. Al abrir la puerta, el olor a masculinidad rebosante, cerveza, aperitivos salados y sueños rotos se alzó en las narices de los perseguidores. El entorno era cálido y agradable, en contraste con el fresco que inundaba la calle. Cuando los ojos se acostumbran a las leves llamas de los múltiples candiles que colgaban del techo y las paredes, observaron el local. Lo más destacable eran la red de tuberías y tubos que se alzaban del suelo y recorrían las paredes, creando casi murales de acero. En algunos puntos, pequeños glifos brillaban en un candente rojo y el sonido del agua moviéndose podía escucharse en su interior. El espacio se había aprovechado por completo, convirtiendo la parte baja de las paredes en bancos de madera y colocando las mesas delante. Al otro extremo de la habitación, en diagonal a la puerta, se encontraba la barra, con un hombre enjuto, delgado y con cara de simpático, sirviendo bebidas de los barriles que había tras él. Al lado de la barra, había una escalera que daba al piso superior, pero estaba guardada por lo que parecía un orco femenino de gran tamaño. Sin embargo, las coletas doradas y su blancura de piel la delataban como humana, aunque sus enormes puños gritasen lo contrario. El resto del cuarto estaba atiborrado por mesas y clientes que reían y cantaban suaves melodías. El objetivo de las ambiciones de los perseguidores se había sentado en la mesa más cercana a la escalera y le lanzaba miradas nerviosas, mientras jugueteaba con sus dedos y recibía los cumplidos de sus amigos.

El orco y el pirata alado despertaron no solo las suspicacias, si no el malestar de los allí presentes nada más entrar, pero el flujo del delicioso alcohol, la llegada de comida y las risas del local hicieron desaparecer la tensión al momento. Los hombres que disfrutaban sus ratos libres allí eran marineros y comerciantes, habían vistos cosas más raras. El demonio no despertó ninguna preocupación, al contrario, parecía no haber sido notado.

Pronto, en la barra se posó una enorme jarra de cerveza, lo suficientemente grande como para que el orco pudiese cogerla como un humano cogería la suya. El tabernero le dedico una sonrisa al orco y se puso a trabajar, al parecer, le había caído bien por una razón desconocida. A esto, el Divium había decidido lanzar una conversación al aire, como un experimentado pescador cazando una presa. Pronto, un grupo de ancianos y jóvenes pillaron el anzuelo, desplumando toda la información que tenían en un combate dialéctico de taberna. En otras palabras, decían lo que habían escuchado a otras personas decir que a su vez estas habían escuchado al párroco/dueño del local de enfrente/magistrado/secretaria/anciana del quinto decir. El combate entre los príncipes estaba reñido. El primer príncipe y la segunda princesa tenían fama de personas hechas a si misma, por lo que se habían ganado el apoyo de la burocracia y la aristocracia más dedicada a los negocios. La tercera princesa se había metido en el bote a todo el ejército, aunque lo había hecho con quejas de este y apuntando una espada muy afilada a las partes privadas de muchos generales. El cuarto príncipe era un individuo de mala reputación y de extraño comportamiento, un ricachón excéntrico, en palabras de una anciano. Era hijo de una de las familias lugartenientes más ricas y extensas del país, por lo que tenia gran parte del territorio apoyándolo. De esta manera, el despiadado pirata se vio rodeado por una creciente multitud que no paraba de discutir quien iba o debía ser el nuevo rey. Por fortuna o desgracia, esa multitud había atraído al joven de la plaza y a sus amigos, quienes le rodeaban como espíritus acechadores. El demonio también se había visto arrastrado por la conversación y turba, acercándolo cada vez en más en dirección del muchacho. Cuando estaba a pocas pulgadas, el lugar se silencio considerablemente, lo suficiente como para escuchar como alguien bajaba por la escalera.

Era un enano contable. Era la única manera de denominarlo. Era un enano, pero su anatomía no había desarrollado la musculatura y envergadura propia de uno y se había quedado como un individuo delgado y cabezón. Encima, para aumentar el tamaño de su cabeza, vestía un traje negro, carcomido por el tiempo y las moscas, pero de buen corte, estilizando su cuerpo y aumentando, por defecto el gigantesco tamaño de su rostro. El individuo se acercó al rebelde juvenil y, colocándole la mano en la base de la espalda, lo llevó en dirección a la escalera, subiendo con él, a pesar del nerviosismo del muchacho.
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Re: Revolución en Rodelfia

Mensaje por Niris el Mar Dic 27, 2016 4:45 am

No tarde mucho en pasar los barrios pobres para llegar a una zona bastante más elegante, la cantidad de gente en las calles había disminuido y el aroma en el aire dejaba atrás el olor a pescado cambiando a sal y arena. Los jardines que adornaban esta sección de la ciudad se veían bonitos, tuve que controlarme un momento para no saltar a las plantas y ponerme a jugar, tenía algo que hacer y probablemente alguien se molestaría conmigo al notarme. Entonces me pareció ver algo negro a la distancia avanzando lentamente, había poco lugar donde ocultarse, por lo que buscaba cualquier arbusto, esquina u otras estructuras para ocultarme cuando nadie estuviera observando y tratando de actuar como una simple caminante en el caso contrario.

Sin duda el carruaje había avanzado mucho más lento una vez que la gente con piedras les había dejado de perseguir, pronto este se detuvo enfrente del edificio más grande del lugar. Una vez más cercas y menos mareada pude notar cosas extrañas, la gente que movía el vehículo parecía gravemente enferma, no lograba entender como gente tan débil había movido algo tan grande. Rápidamente la persona que atacaron en la calle fue a la casa seguida de una mujer que de solo mirarla hacia que se me pusiera la piel de gallina, si alguien me quitara la túnica que tenía podría notar erizado el pelaje en min orejas y el rabo. Aquella mujer de negro pronto entro a la casa, guardias se pusieron a proteger la entrada.

Creo que por el momento no había nada más que pudiera hacer hasta que salieran de nuevo. Quizás podría ocultarme en el jardín entre las plantas, quizás probarlas hasta que algo sucediera. Me di la vuelta para irme cuando choque con alguien mientras lanzaba un pequeño chillido por el susto y me alejaba un poco. Vi una señora que me miraba de forma inquietante, quizás pensaba que era alguna clase de ladrona, supongo que no le culparía por mi actitud sospechosa, pero tenía miedo de que tuviera malas intenciones. Aun así tenía que asegurarme, me levante poco a poco mientras sacaba algunos de mis caramelos para ofrecérselos mientras ponía mi rostro más adorable, aunque era un poco notorio que estaba un poco asustada y confundida.

Estaba tan nerviosa que tenía miedo de hablar como cuando era una mascota, aun no sabía que pensaba la gente de este lugar de seres como yo. Empecé a imaginarme que haría dependiendo de su reacción, si se compadecía de mí quizás podría armarme de valor y preguntar un poco sobre la casa de enfrente, si actuaba de forma agresiva intentaría correr y si tomaba mi brazo cuando intentara ofrecerle los caramelos, le mordería el brazo. Como me asustaba estar rodeada de extraños.
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Re: Revolución en Rodelfia

Mensaje por Vanidad el Dom Ene 01, 2017 11:57 pm

No había demasiado que hacer ya en esa plaza, que se iba vaciando progresivamente de gente, por lo que la diablesa se fue poniendo en marcha, desperezándose como un gato, lo que arranco unas cuantas miradas de curiosidad a su alrededor. –Hora de ponerse a trabajar.- Puede que fuese un trozo de roca insensible a los ojos de la inmensa mayoría de los mortales, carente de la inmensa mayoría de las emociones que gobernaban el ser humano, pero eso no se notaba, en absoluto, porque fingía muy, muy bien.

“Oh, que valiente fue ese hombre, estudie un poco de medicina, ¿sabría dónde puedo encontrarle para atenderlo?” le dijo a un hombre de aspecto humilde con cara de absoluta preocupación y en voz baja, fingiendo secretismo. “Admiro tanto a ese valiente, me gustaría agradecerle que se atreviera a hablar por todos nosotros.” Le dijo un poco más allá a otro, con los brazos cruzados de tal manera que sus pechos resaltaran y una mirada que dejaba entrever que tipo de agradecimiento estaba ofreciendo. “Ese trato hacia un ciudadano es intolerable, deberíamos hacer algo al respecto.” Acabo diciendo con tono beligerante a un tipo de aspecto aguerrido, de los que muy posiblemente te robaba en los callejones, antes de que le fuese indicada la puerta de una taberna. Soltó un bufido divertido antes de abrir la puerta. –Mortales… tse.-

Era un sótano, lo que le daba cierto aire de clandestinidad totalmente inmerecido, porque era una taberna normal y corriente, sudor, cerveza, comida no especialmente apetecible… todo lo que uno podía esperarse de una taberna no demasiado buena. Pero al menos se estaba caliente, y no estaba allí para pasar el rato sino por trabajo, por lo que en realidad no iba a pedir más. La diablesa examino la habitación nada más entrar, buscando entradas, salidas, posibles peligros, y por supuesto al tipo ese. Puede, solo puede, que hubiera juzgado mal el local solo por el aroma, no creía que las tabernas tuvieran tantos tubos y grifos, pero daba igual, le traía sin cuidado si se había metido en unos baños, una taberna o un burdel.

La peliblanca ando tranquilamente hacia la barra, con un paso claramente femenino, poniendo un pie delante del otro de manera que su cadera se balanceara de un lado a otro mucho más de lo necesario. No hacía falta pasar desapercibida, no cuando podía transformarse, y aún menos cuando podía destripar al 90% del local, aunque esa tipa que guardaba las escaleras podría suponer un desafío. –Algo dulce por favor y… ¿tenéis galletas?- ya se había sentado en la barra, en el primer lugar que encontró, sin mirar realmente al lado de quien se había colocado y miro fugazmente al hombre, que se encontraba en la mesa más cercana a la escalera, por lo que se encontraba lo más cerca posible de el salvo que se sentara en la mesa con él. Cosa que se estaba planteando muy seriamente. Estaba rodeado de conocidos, que lo elogiaban y le hinchaban el ego, si una mujer atractiva se presentaba… Se bebió de un trago lo que le pusieron y se alzó, mordisqueando su galleta. Iba a ir allí, saludarlo y…ver como se iba con un enano gordo por las escaleras… genial. Ahora tenía que pensar en un plan B.

Luzbel se volvió a sentar en su sitio, escaneando a los integrantes de la turba local, que parecía haber adquirido un tono… de chismorreo por algún motivo. Ella habría esperado algo más…revolucionario dado los eventos que acababa de presenciar en la plaza pero...daba igual. La diablesa se arregló un poco el pelo, volvió a mordisquear su galleta por última vez y se mezcló entre la turba. Había visto alas de murciélago, lo que seguramente implicaba un divium, ya que en ese plano eran un poco… discriminatorios con los de su tipo. Y un divium serviría.


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Re: Revolución en Rodelfia

Mensaje por Strindgaard el Lun Ene 02, 2017 7:47 pm


«¡Por Lord Alexander! ¡Por Lady Casandra! —El grito del idiota sentado a un par de metros más allá resonaba en mi cabeza—. ¡Por Lord Alexander! ¡Por Lady Casandra!»
Si su primer movimiento después de haberse declarado la voz del pueblo en ese acto de tremenda audacia lanzándose al suelo frente a toda la plaza, y declararle la guerra a los nobles, fue entrar en aquella taberna, eso solo significaba que en entre esas cuatro paredes tapizadas en tuberías encontraría el resguardo necesario para que nadie le separara la cabeza de los hombros.
Y algo me decía, por la carta que había recibido, que había más de una persona queriendo dejar fiambre a ese pobre humano.

Buenas tardes. ¿Desean algo de comer, de beber? —La camarera parecía bordear la veintena, con buen porte, ojos claros, cabello negro. Y unos pechos que podrían alimentar medio puerto. ¿Por qué Noreth siempre me tiene que poner a prueba?
Dame lo que sea que hay en la olla, tiene buen olor. —Le dije con una sonrisa, pero sus ojos cansados no reflejaron sentimiento alguno.
¿Bromeas? Aquí huele a sobacos.
Es guiso de bacalao con patatas. —Resopló la camarera—. También tenemos pastel de carne en el horno y queda un poco de cerdo al espetón de ayer.
¡Me pido un pastel de carne!
Están muy bien aprovisionados. —Dije para tratar de entrar en conversación. Las camareras suelen oír de todo—. El comercio de la ciudad ha favorecido a todos, ¿No crees? ¿O quizá haya algunos más favorecidos que otros?
La muchacha se encogió de hombros.
¿Desean algo de beber?
¡Una jarra de cerveza!
¿Tienes edad para beber?
¿Qué eres? ¿Mi madre?
¿Ha venido mucha gente desde que cerraron los otros puertos?
Tanta como puede, ver. —Dijo con un tono monocorde—. Estoy muy atareada, por favor. —Puso dos bonitos vasos de cerámica y un trozo de hogaza de pan sobre la mesa—. ¿Desean algo más?
Me resigné, era un hueso duro de roer.

Tráeme también algo de licor. El mejor que tengas. Y no vayas a engañarme con cualquier meado. Tengo un doctorado como catador.
Tenemos Metheglin.
¿Qué rayos es eso?
Te gustará. —Me dijo, y soltó la primera sonrisa del día.
Vale.

Estaba claro que el dinero en Rodelfia había llegado a todos por igual. Cassandra había hecho un muy buen trabajo. Pero si no existían rencillas entre los líderes y los nobles, entonces ¿por qué no apoyarlos? Acaso Rodelfia estaba comandada por una red de mafias nobles que no pretendían ser cuestionadas por nadie. Y mucho menos dejar que el pueblo opinara. A lo mejor el indicio de una democracia no les resultaría nada agradable, pero ¿qué les importaba a ellos? Los nobles se enriquecían del pueblo como en cualquier otro sitio, pero la monarquía vitalicia (que me parecía ser lo que regía a Zhalmia) se enriquecía de ellos a costa del pago de tributos. ¿No les resultaría mejor un régimen en donde ellos pudieran participar de las políticas e incluso poder aspirar a mejores puestos, sin pagar un carajo a nadie y en consecuencia aumentar su capital?

Algo se me escapaba.

Sirvieron nuestros platos. Demonios, el guiso estaba delicioso. Luego de haber comido por semanas galletas duras y pescado en salazón de camino a Zhalmia una buena comida te ayudaba a pensar. Geralt, que ya se había comido la mitad de la hogaza, devoró con la precisión de un dragón su plato, y dejó su jarra hasta la mitad de cerveza de un solo trago.
¿Puedo pedir otro pastel?
¿No almorzaste hace un rato?
De pronto un cuervo se posó en nuestra mesa.
¿Maíz?
Me giré hacia la barra y ahí estaba, era Duneyrr que bebía de una jarra enorme. ¿Cómo había llegado hasta aquí?
¡Shu-Shu, pajarraco!

El cuervo del orco aleteó lanzando graznidos al aire, se posó en una viga y me quedó mirando desde allí. Yo miré al orco, que parecía observar al hombre de la gabardina, y solo esperé porque nadie más le hubiera leído aquella carta.
Barrí con la mirada  tratando de parecer normal, me llevé la jarra a la boca y… ¿qué demonios tenía en la boca? Era una especie de vino espumante, con toques de miel, mejorana, borraja y clavo de olor, quizá manzana (solo esos sabores logré sonsacar). Parecía que el metheglin le hacía el amor a mis sentidos. Le di otro sorbo y esta vez lo saboreé por más rato.

¿Estás bien?
Si los nobles no pensaban apoyar a la Cassandra Von Schuyler (Vaya nombre. Nota mental: Averiguar su árbol genealógico a ver si encuentro algo interesante entre ella y sus hermanos), era simplemente porque no les generaría ganancia hacerlo. Pero, ¿por qué, si ella misma había sido quien había puesto a girar la rueda del dinero en Rodelfia? ¿Quién o qué les estaba obligando a tomar aquella decisión tan radical, la cual pondría a el pueblo en su contra? Quizá le temieran al ejército de la pequeña Victoria Hogenstheim, aunque se encontraba muy lejos… O anhelaran el dinero de Reginald Oxford, pues, ¿quién podría comprar a toda la nobleza de Rodelfia si no era él?

Mugrosos hermanos y sus problemas políticos. Me apenaba un poco saber que cuatro hermanos se pealaran como buitres sobre el cadáver de su padre por unos atajos de tierras y oro. Tontos de ellos, terminarían partiendo en dos su pequeño país. Pero qué puedo hacer yo para solucionarlo, solo soy un pequeño demonio con pequeñas ambiciones.

Por los dioses, tabernero, la que se ha liado en la plaza, no sé si ya se ha enterado, pero de no ser por la estúpida magia de los nobles, se los habría cargado, te has enterado ya de lo que pasó no?
Miré a la barra, un divium petizo y pelirrojo hablaba en voz bastante alta, y llamó la atención de más de alguno.
Resulta que no dan su apoyo… a nadie, pasan de todo, estos nobles no tienen remedio, mira que soy de fuera, pero vengo de vez en cuando por negocios, y no me gusta nada este asunto.

Varios marineros y grumetes picaron, y entre algunos comerciantes comenzaron a coser una historia que se fue armando con comentarios de todos. Lo que había sucedido en la plaza no había pasado desapercibido en lo absoluto, y me pareció que había marcado el inicio de algo. Nunca nadie le había plantado cara a los nobles, y sobre todo del tamaño de quien iba en la carroza. Aunque los comensales no se ponían de acuerdo, varios eran los postulantes al guante rojo, pero el nombre de Lady Rose, la directora del Banco de Rodelfia que se encargaba de desplumar a los pobres marineros a cambio de unos kull, y Lord Menfis, quien tenía fama de ser un tipo muy severo y encajaban mejor con el perfil.

Dime, Geralt, ¿qué sabes sobre Lord Menfis?
Mñom-ñomNo mucho —El huérfano soltó el tenedor y caviló un segundo—. Tengo entendido que viene de una Inversidad desde San Rhael.
¿Universidad?
Eso. Y que sabe mucho, mucho. Se dedica a desentrañar cosas de los papeles, los libros y, también que sabe talla runas, ñom-ñom-mñomo las de los enanos.
Me quedó bastante clara el enigma si la opción estaba entre ellos dos, pues, ¿cómo no iba a diferenciar entre la mano dura de un hombre que se dedica a tallar runas y la delicada mano de una mujer que solo se dedica a firmar papeles?
¿Y sobre Lady Rose?

De pronto, la turba de gente se comenzó a agolpar a mí alrededor, discutiendo y hablando sobre lo ocurrido y lo que ocurriría.
¡Hey, cuidado con mi plato, aún no termino!
Antes de que pudiera reclamar, un silencio cayó sobre la taberna como una manta gruesa. Las conversaciones murieron en la boca de los comensales, y varios miraron hacia la escalera, donde una figura igual de mediana que el divium, pero sin alas, bajaba.
Era evidente lo que provocaba esa figura entre los demás. Y sobre todo en el revolucionario, quien después de un leve toque en la espalda, acompañó al mediano escaleras arriba.

Solté un suspiro, todo auguraba que cuidar del trasero de ese humano se me pondría cada vez más difícil.
Aprovechando el alboroto, dejé casi al borde del llanto lo que me quedaba de metheglin, y me dirigí a la escalera junto con mi pequeño compañero. Pero al borde me esperaba una mujer que distaba bastante de la feminidad de las demás trabajadoras.

¿Puedo subir?
¿Quién es blanco, quién azul, quién rojo y quién amarillo?
¿Disculpa?
Hay tres ratones viejos en el pajar, ¿cuáles están ciegos?
Vale, lo entiendo.
Tenemos dos monedas, ¿qué cara salen en ellas?
Me alejé de ella y salí de la taberna. No sin antes pagar. Claro… ¿Qué clase de demonios creen que soy?

¿Qué haremos?
Buscar otra entrada, por supuesto.
Me di unas vueltas por el perímetro de la taberna. Había algunas ventanas, pero ninguna puerta además de la que daba hacia la taberna subterránea. Mierda. ¿Y si volaba hasta el techo?
¡Don Strind, mirad!
A través de un cristal me encontré con el tipo de la gabardina… No, este no tenía el cabello azabache. Era otro que vestía similar, como si fuera parte de una, ¿secta? Tendría que poner más atención en sus vestimentas, pues ahora que lo pensaba el enano vestía de manera parecida.

El hombre de negro habló con la mujer, quien al parecer le hizo las mismas preguntas.
Geralt, ¿puedes oír algo?
No, pero si quieres puedo leer sus labios.
Mierda, ¿puedes hacer eso?
¿… quién rojo y quien amarillo?
¡Lee los labios del hombre, del hombre!
Cassandra. Alexander. Victoria. Reginald. Aquellos que no comen la paja. El pasado y el futuro.
Excelente mocoso. Te acabas de ganar la cena.

Cuando regresamos abajo, la mujer me dirigió una mirada poco amistosa y puso su mano derecha sobre la baranda de la escalera para impedirme el paso. Aquella mano parecía estar hecha para romper nueces entre el índice y el pulgar. Y no me refiero a las que crecen en los árboles.
Me volvió a realizar las preguntas de rigor. Esta vez, para su sorpresa, las respondí bien.
A regañadientes bajó la mano y nos permitió subir. Arriba, o más bien en el primer piso de la estancia no parecía que me estuvieran esperando.



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Re: Revolución en Rodelfia

Mensaje por Duneyrr el Vie Ene 13, 2017 6:03 am

La taberna en el subsuelo de pronto pareció demasiado pequeña una vez el orco estuvo dentro. Las mesas parecían más apretujadas entre sí, la gente más pequeña, sus conversaciones, risas y cotilleos parecían chillidos de ratones agolpándose en la barra.
Las vigas del techo, demasiado bajas, le dieron una cálida bienvenida al gran orco, quien se sentó en una esquina de la barra, cerca de las tuberías, que a su lado eran casi como hilos metálicos cubriendo las paredes.
La taberna estaba llena de gente, Duneyrr barrió con la mirada y le costó un poco reconocer al encapuchado Strindgaard. Pero lo que lo asombró fue dar con el tipo de la gabardina negra, de cabello desordenado y mirada penetrante, conversaba con sus amigos a unos metros de él.

El orco puso sus manazas sobre la barra y pidió una cerveza. Cuervo aleteó hasta al lado de su mano y picoteó las migajas de pan del tipo que cuchareaba un plato de estofado a su izquierda.
¿Maíz?
El hombre del plato miró de soslayo el cuervo, preguntándose si de verdad había sido el ave quien había hablado.
¿Tiene algo de maíz? Con un puñao estará bien.
Sale un pedido de cerveza y maíz.
Maíz, maíz, maíz.

El tabernero dejó una alta jarra de madera sobre la barra junto con un pequeño cuenco de maíz seco.
Duneyrr probó la cerveza, y luego del primer saboreo, siguió dándole a la bebida hasta vaciar el contenido. Dejó caer pesadamente la gran jarra de abeto sobre la barra, era la manera de que los orcos solían dar a entender que apreciaban la buena bebida, y aquella cerveza era en efecto, una muy buena cerveza de miel.
Algunas personas alrededor del orco lo miraron raro luego de esto, otros, los más suspicaces, se asustaron con la muestra de fuerza, como si temieran que la verde mole se pusiera camorrera. Pero el tabernero entendió bien la indirecta y se acercó sonriendo.
El secreto es la miel —Fanfarroneó atusándose el bigote tras la barra—. Es de unos monjes sanctrinos que viven adentrados en el Bosque de Silvide —El tabernero soltó una sonrisa de autosuficiencia —. La mejor miel de todo el norte.
El orco asintió y le devolvió la sonrisa.

Es lo mejor que he probado desde la cerveza verde de los manantiales en Ak-dar.
Akhdar. —El hombre soltó un quedo silbido—. Largo viaje.
Desierto. Desierto. Desierto.
El tabernero puso la gran jarra en pendiente y comenzó a llenarla manteniendo la espuma a raya. Era bastante diestro tomando en cuenta el tamaño del vaso, había que dar merito a eso.
El verano pasado llegó un bergantín con un barril de cerveza verde. Buena calidad. Pero yo me quedo con la cerveza negra de las Cordilleras de Daulin. Hecha por las manos de los mismísimos enanos. Solo la comercian a cambio de gemas u oro.
El tabernero puso la jarra sobre la barra, justo al lado de la redonda marca que había dejado el orco en la madera hace un instante.
Dunyerr se empinó la jarra, bebió un largo sorbo y soltó un cavernario eructo.
Esa lamentable-mente nunca la he probado.

El barbudo parecía ser buena persona. Amable. Pocos son así con los orcos. Duneyrr se pasó la palma por la barbilla y se preguntó si podría confiar en él. Miró por sobre su hombro y observó al hombre de la gabardina negra.
Buenhombre…
No alcanzó a decir ni una palabra más cuando un diminuto hombrecillo alado comenzó una perorata que llevó a media taberna a debatir. En medio de todo ello, la voz de trueno del orco bien se hubiera podido escuchar por sobre la tormenta de conversaciones, pero decidió callar y observar.
No faltó mucho tiempo para que todos se agolparan en la barra, Cuervo voló hasta el hombro del mercenario, quien le acarició con el índice las plumas para que se calmase. Entonces, todo quedó sumido en un silencio fino y liso, como el que solía haber por las noches en el desierto. Duneyrr siguió con la vista a su protegido, y lo vio caminar escaleras arriba junto con lo que parecía ser un niño humano de cabeza más grande de lo habitual.

Las conversaciones regresaron, más calmadas, y todo pareció volver a la normalidad. El orco miró hacia la escalera, a la mujer que la protegía y vio como hablaba Strind con ella. El humano parecía algo preocupado por pasar, pero ella no cedió. Luego de cruzar un par de palabras el muchacho de la capa negra cogió al pequeño humano que lo acompañaba y salieron apresurados.
¿Era algo que debía tener en cuenta?
Miró nuevamente a la escalera, la mujer tenía toda la pinta de ser una amazona, y por la manera en que había mirado al humano cuando este le habló, al orco le pareció entender bastante claro el mensaje aun sin haberlo oído: Solo personal autorizado puede subir.
Duneyrr se pasó la mano por el mentón y trató de pensar, no era algo que soliera hacer muy seguido, así que le costó un poco:
«Strindgaard llegó hasta la misma taberna que el hombre chillón del mercado —Se dijo—, y ahora trató de subir al mismo lugar a donde él se dirigió. ¿Será aquello una coincidencia?»

Cuervo picoteaba el maíz del cuenco, el tabernero se acercó para llenar la jarra. Duneyrr tenía entre sus manos la carta, ¿sería posible que Strindgaard también hubiera llegado allí por el mismo motivo?
¿Más cerveza?
Por favor.
El tabernero se llevó la jarra, y cuando volvió el orco le mostró el papel.
Buenhombre. ¿Me podría leer lo que dice aquí?
El tabernero cogió la carta, antes de leerlo pasó el pulgar por el papel para sentir su textura, se lo acercó un poco a la cara y leyó:
Eliminar al rebelde.
Rebelde, rebelde, rebelde.

El orco se quedó algo rígido. El tabernero alzó la vista de la carta y lo miró por un segundo, algo extrañado.
¿Qué significa?
Duneyrr estiró la mano y el hombre le devolvió la carta.
Es una vieja carta, de un antiguo trabajo que realicé.
El tabernero miró la carta que rápidamente desapareció entre los pertrechos del orco, el papel era bastante nuevo, y la tinta se había secado hace poco. El tabernero alzó una ceja y miró la empuñadura de la espada que sobresalía por el hombro izquierdo del verde mercenario.
Un antiguo trabajo. Ya veo. Me imagino que lo llevaste a cabo de muy buena manera —Dijo el bigotudo encogiéndose de hombros—. No preguntaré qué clase de trabajo, supongo que no eres contador. Te daré la cuenta.

Luego de pagar, el orco se preguntó si el tabernero sospechaba algo. Salió de la atestada taberna a la superficie, el aire de la ciudad olía a mar y mariscos. Caminó hasta estar a una buena distancia de la entrada y se sentó bajo el toldo de una tienda.
Desde su nueva posición observó a Strindgaard revolotear por las ventanas y luego entrar.
Era momento de que él también actuara.
Cuervo —Le dijo a su ave—. Necesito que vueles hasta esos cuadrados de vidrio y que regreses y me digas si ves al hombre de negro.
¿Maíz?
Ya te he alimentado —Rugió—. Ahora vuela pa-jarraco. Y no se te ocurra volver a confundirte.

Cuervo voló y se posó en cada una de las ventanas, miró por unos instantes y luego repitió el proceso hasta haber dado la vuelta completa a la taberna.
Cuando regresó se posó en su hombro y comenzó a gorjear.
Aquí, aquí, aquí.
Emprendió el vuelo y fue hasta una de las ventanas.
«Eliminar —Se dijo esbozando una ligera sonrisa—, es mucho más fácil que proteger
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Duneyrr

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Re: Revolución en Rodelfia

Mensaje por Casandra Von Schuyler el Sáb Abr 22, 2017 12:11 am

El tiempo continuaba para todos, aunque los momentos que cada uno de nuestros protagonsitas variaban profundamente.

En una plaza soleada, la coneja había planteado una cuestión a una desconocida señora, quien ante la pregunta, mantuvo la compostura, alzando una ceja mientras cogía un bombón, guardándolo en un bolsillo en la falda. Al poco, alza la mano, ante los temerosos ojos de la híbrida roedora y le acaricia la cabeza en un gesto tranquilizador. Una pequeña sonrisa se dibujo en el rostro de la mujer, quien miraba a la doncella con un gesto casi maternal. La señora no podía superar más de los 30 años, pues su cara aun estaba tersa y solamente se observaba en su rostro arrugas y marcas de cansancio normal. Sin embargo, su aspecto era demasiado sobrio y formal como para tratarse de una mujer normal. Su cabello estaba recogido en un moño negro, tensado con fuerza, sin más decoraciones que una pequeña aguja de madera que servía para mantener la forma de ese peinado. Su vestimenta era toda en tonos neutros u oscuros; una falda gris oscura, acompañada por una chaqueta marrón oscura que tapaba la única prenda de color, una camisa blanca, en cuyo cuello se mostraba una cinta negra, típica del servicio de categoría. La mirada de la mujer era suave.

-Ciertamente, eres una chica muy bien educada...-dice, sin mencionar como su mano había rozado por accidente los dos bultos que la cabeza de la muchacha ocultaba bajo la capucha. La mujer le tendió la mano, en un gesto conciliador, pero en sus ojos se le notaba la alarma. Parecía que había notado algo que la otra no.- Pero es mejor que nos marchemos de...

Sin embargo, las palabras de la mujer se quedaron en nada, mientras dos sombras os eclipsaban, cortando los cálidos rayos de sol que caían sobre vosotros. Las dos figuras eran los soldados que habían cerrado la puerta tras la desconocida mujer. Su vestuario no era el típico de unos guardias normales. Para empezar, sus hachas eran demasiado grandes para que nadie las pudiera usar en batalla sin arriesgarse a ser atacado, casi de manera excesiva, pero ,como si alguien se hubiese dado cuenta de ese fallo del sistema, dos pares de armas colgaban de sus cintos, una espada y una daga. Su cuerpo no estaba cubierto por una armadura completa, pero si que exhibían una placa de metal ornamentada y gruesa en el pecho, con una cota que descendía hasta sus caderas, que, a su vez, eran cubiertas por unos gruesos cinturones de cueros, que mediante enganches y tiras del mismo material conectaban piezas de metal que cubrían posiciones claves como las rodillas o el interior de los muslos. Era un armadura para alguien que tenía que entrar en combate rapidamente y sin aviso.

-Señorita...-avisaron, mirando directamente a la híbrida- Lady Rose ha pedido que su presencia se haga inmediata...en su despacho-dijeron con un tono serio y profundo, sin emociones. Las palabras eran educadas, pero tras los ojos de los hombres que seguían mirándolas se podía ver la sorna y diversión de los secuaces de mala muerte que tenían algunos jefes criminales.

Antes de que pudieras hacer algo, la mujer se colocó delante de la híbrida, sonriendo con elegancia, mientras miraba a ambos soldados. Estos parecían reducir la presión repulsiva y auto-congratulatoria que parecían exhibir en contra la coneja. ¿Quien era esa mujer?

-Me temo que mi sobrina no tiene asunto alguno con Lady Rose...así que, si no les importa, caballeros, me temo que tenemos prisa...-dice, dándoles las espaldas, colocando su mano en la parte baja de tu espalda, indicándote que debías seguirle el juego. Sin embargo, cuando os dais la vuelta, os encontráis cara a cara con otro guardia. Este era más alto y musculoso, casi una pared hecha de carne. Su armadura no era tan poco elaborado como los otros, siendo esta una armadura completa en la parte de arriba, con unos pantalones cubiertos de tela, pero bajo los cuales se podía ver la parte metálica de la armadura. La sonrisa que el hombre exhibía era extrañamente atrayente, pues el hombre tenía cierto atractivo, sin embargo el sentimiento general de las dos mujeres fue de completo rechazo.

-Y yo me temo que las normas de Lady Rose son inquebrantable en este lugar...asi que...-dice, indicando con la cabeza en dirección de las puertas del edificio, que ahora estaban abiertas de par en par- Por favor...acompáñenos...-dijo, esgrimiendo de nuevo esa repulsiva sonrisa, causando un escalofrió en la menor.

Tras ese intercambio de palabras, ambas mujeres se encontraron caminando en dirección a las escaleras, subiéndolas al ritmo que les marcaban los dos soldados que las seguían detrás. Tras las puertas, se alzaba un recibidor, cuyas paredes estaban cubiertas de lo que parecía seda, en intrincados diseños, y los suelo de mármol rosa, creando un entorno cálido y extraño. Cada cierto tiempo y dividió por bambalinas de madera oscura, parecidas a las que utilizaban las actrices de teatro para dividir su espacio, se localizaban pequeños despachos con asistentes hablando con diferentes personas o escribiendo meramente. Al entrar en el recibidor, los zapatos de las sirvienta empezó a sonar con fuerza, demostrando el desagrado de la mujer, quien pisaba con potencia el suelo, haciendo que todo el mundo se girase cuando pasaba. Sin embargo, esos golpes pararon cuando os llevaron a la siguiente habitación.

El único pensamiento que podía tener una persona al ver la sala era la de una gran araña.

https://www.youtube.com/watch?v=2-5JlUoVuYc

Era un espacio tremendamente amplio, probablemente habría sido un mercado interior, previamente, pero habían cubierto el espacio que daba al cielo con una bóveda sin decoraciones, solamente abierta por un pequeño tragaluz que iluminaba la amplia habitación. Tambien. habían cubierto el suelo, que antes habría sido tierra, con madera de mala calidad, hueca y que sonaba con cada paso. Sin embargo, lo escalofriante era lo que contenía.

Mesas...Se habian colocado decenas de mesas formando un circulo, de mayor a menor, concentrándose en un único escritorio en el centro. Todas ellas estaban ocupadas por personas distintas, desde jovenes a ancianos, pero que vestían una túnica completamente negra y sin decoraciones. Sus rostros se veían cansados y agotados, con enormes bolsas y ojeras. En las mesas solamente se veía tinteros con plumas, papeles y pequeñas pizarras negras con números escritos en ellas, que se borraban y se escribían, una y otra vez. Las plumas, tizas y papeles eran movidos, golpeados y usados sin parar, llenando la habitación de una extraña y constante melodía, que inevitablemente parecía resonar en la cabeza de cualquiera que entrase.

En el centro de todo, la mujer que Niris había visto se encontraba sentada, haciendo las mismas acciones que los demás dándoos la espalda, solamente que ella lo veía todo desde la luz que la pequeña abertura del tragaluz daba, bañada en un hálito de luz.

Cuando disteis un paso y la madera gruño, todos los lapices y tabletas se pararon durante un segundo, volviendo al momento a repetirse. Los ojos de todos esos hombres con túnica se habían clavado en ambas, con expresiones diferentes. Algunos os miraron con compasión, otros con pena, otros con sádica diversión y otros meramente con indiferencia. Pronto, la espalda de la mujer se alzó, como si de un mecanismo de relojería se tratase, y su cuello giró muy lentamente.

Finalmente, podías observar a la mujer de cerca...y no era un espectáculo. Bajo esa apariencia noble, sentías...que algo no encajaba. Su rostro era el de una mujer de treinta pocos, pero marcadas arrugas se podían ver en su piel, blanca y desgastada como los libros viejos. Su cabello, su ropa y sus guantes parecían estar mantenidos y ajustados a medida exacta, impidiendo que ni un pelo o rostro de piel más allá del cuello fuera visible fuera de su sitio. Los ojos de la mujer se fijaron en Niris y luego en su acompañante.

-Vaya...que inesperado...-Esas tres palabras pusieron la piel de gallina a la recién llegada y a todos los presentes. No parecía como si las pronunciase, si no como si el aire escapase de los pulmones y regresara, obligados por una malvada fuerza, para conformar palabras. De nuevo, los movimientos de los presentes se pararon, pero basto una mirada de la mujer para que volviesen a ponerse a trabajar.- Es realmente...un placer verla por aquí...-profirió, dudando de las palabras, al referirse a la acompañante de la coneja.- Pero mi asunto es con chica...-dijo, sin mover la cabeza, simplemente los ojos, observando a Niris directamente.

La señora parecía querer interponerse entre Niris y la otra mujer, pero cualquier acto habría sido demasiado lento. Lady Rose se inclinó en tu dirección, como si un marioneta a la que le habian cortado los hilos se tratase,inclinándose brutalmente y quedándose a centímetros de su rostro. Desde ese espacio, la nariz de la coneja captó su aroma. Era el aroma del óxido, metal y perfume...Era el aroma de una moneda que se habia rescatado de un pozo y el de los salones que frecuentaban los hombres de negocio...Era el aroma de los tratos y de las mentiras. Sin embargo, el terror no acababa.

Como si hiciera un gesto tranquilizador, la mujer elevó los pómulos y subió las comisuras de los labios, dibujando una sonrisa, pero parecía antinatural, como si un niño hubiese extendido la sonrisa de un monigote. Los ojos estaban completamente enrojecidos, probablemente por el trabajo, pero, como agujas de alfiler, observaban directamente a los de Niris. Finalmente, habló.

¿Quién eres...y por que me seguías?

Mientras tanto, en otro entorno más lejano, un joven demonio había pasado las tres preguntas de una anciana, para poder atravesar sin miedo la escalera donde el objetivo de su misión se encontraba reunido. El sonido de las escaleras parecían advertir de tu presencia, pero no parecía haber ningún tipo de repercusión.

https://www.youtube.com/watch?v=zjhbLDJzXAs

Cuando Strindgard llegó al segundo piso, se encontró un largo pasillo, completamente cubierto de maderas, las cuales habían visto mejores días. En el suelo, una larga alfombra roja y comida por las polillas, indicaba el camino a una puerta entreabierta, por la que la luz de varias velas encendidas se colaba. Al acercarse, el joven demonio consiguió escuchar lo que parecía ser música...

“I hate a moral coward, one who lacks a manly spark
I just detest a man afraid to go home in the dark
I always spend my evenings where there's women wine and song
but like a man, I always bring my little wife along!”

La musica estaba cantada enteramente por hombres, pues si habia alguna mujer en el grupo que cantaba entonces debía de tener un tono muy grave. Finalmente, el hombre abrió la puerta con lentitud y sutileza, sin saber que esperarse.

“I'm a member of the Midnight Crew
I'm a night owl, and a wise bird too
Home with the milk in the morning
Singing the same old song!”

La habitación estaba en mejor estado y era mas grande que las anteriores. El suelo estaba cubierto de enormes y caras alfombras, mientras que las paredes estaban cubiertas por una densa cantidad de madera o cuadros de mujeres bailando, con poca ropa, en las praderas florecientes. Las ventanas estaban tapadas por las cortinas, que estaban corridas, y cuya densidad impedía el paso de cualquier rayo de luz. A lo largo de la estancia, cuatro o cinco mesas se encontraban dispersas, todas rodeadas por hombres, cantando y en variados estados de ebriedad. En las mesas podían verse desde juegos de cartas, a ruletas hasta una carrera de caracoles, siendo esta última la más vitoreada. Sin embargo, los ojos del demonio se centraron en la parte final de la habitación. Esta estaba cubierta por telas, impidiendo ver lo que pasaba, sin embargo, frente a esta acumulación de cortinas se podían ver al enano, con el rebelde y un enorme guardaespaldas, quien estaba hablando en susurro con el enano, completamente inclinado para dejar que este le dijese algo al oído. Finalmente, el mastodonte dejo entrar a ambas figuras, abriendo la cortina, mostrando otra mesa con cuatro figuras a su alrededor, durante unos segundos. Ambos entraron y pronto se volvió a cerrar la cortina.

Un asiento se quedo libre cerca de tan extraño y misterioso entorno, dejando al demonio via libre para poder sentarse e intentar escuchar la conversación. Cuando se sentó, el crupier repartió rapidamente cartas, dejando a los participantes apostar y manejar sus cartas a gusto.

Leves susurros se escucharon salir de las cortinas.

Fuiste extremadamente valiente” dijo una voz, delicada y azucarada, pero claramente masculina, aunque el tono que usaba parecía darle una extravagancia rara a sus palabras. A estas palabras le siguieron una risa ahora femenina y unas palabras llenas de miel para la mujer que la había proferido, por parte del hombre que había hablado.

Ciertamente necesitamos gente asi en nuestras filas...” dijo una voz aguda y molesta al oido, mientras varias expresiones de afirmación y acuerdo resonaban ante su afirmación.

Por eso...queremos hacerte un ofrecimiento de unirte a nuestras filas...pero primero, nos deberas de ayudar a cierta misión...Verás...la revolución no se puede hacer solo con personas, necesitamos capital, y por mucho que tengamos independientemente...Necesitamos más para comprar armas a ciertas potencias interesantes...por ello

Cuando la conversación empezaba a tornarse interesante, pudiste escuchar como en tu mesa los invitados empezaban a revolucionarse ellos mismos. Alguien afirmo, sutilmente, que uno de los presentes hacia trampa. Otro respondió que un sucio extranjero no debía de hablar de lo que no sabía. Asi se mantuvo la conversación hasta que muy pronto todos empezaban a gritar y proferir insultos, dejando que solo unos cuantos susurros llegaran a los oidos del demonio.

Lingotes

Tunel subterráneo

Un pequeño grupo

Ideas empezaban a recorrer la cabeza de ese demonio, pensando en que podían estar hablando, sin embargo, un grito desesperado rompió el hilo de la música y de las conversaciones...permitiendo escuchar como alguien o algo se movía violentamente en el piso de abajo.

Varios minutos antes...

De nuevo, en la taberna subterránea todo el mundo parecía estar entretenido, sobretodo cierto Divium, sobre quien recaían todas las miradas. Sin embargo, el Divium notó como alguien le agarraba la nalga duramente, pero al girarse lo único que pudo ver fue como le habían metido una carta dentro de los pantalones de manera sigilosa. El alado abrió la carta y se marchó rapidamente del local, rompiendo por completo los planes de la atractiva diablesa, que veía su método de ascensión al segundo piso, desbaratado.
Ya con el hartazgo de esperar a un milagro, la demonio salió del local, chocando su hombro con dos figuras, ambas encapuchadas. Un escalofrió recorrió su espalda, lo que la hizo girarse hacia las dos figuras. Una tenía una túnica negra, de seda, llamativa por lo lujoso del material, mientras la otra figura llevaba una capucha y capa devorada por la edad y los insectos, dejando amplios agujeros. Sin tiempo de perder, la peliblanca salió del local, buscando un callejón discreto donde dar inicio su plan.

Cuando lo encontró y sin miedo, su cuerpo cambió de forma. Su carne y huesos se retorcieron, de manera indolora, dejando tras de si un mero murciélago de largas orejas y para algunos locos, adorable. Esa pequeña figura se elevo en medio de la tarde de Rodelfia, moviéndose por los tejados y esquivando hambrientos gatos, hasta que llegó a la única ventana y terraza del edificio en cuestión. Cuando la pequeña figura toco el suelo de madera de la terraza, su cuerpo volvió a distorsionarse, dejando tras de si a su sensual y corriente forma de peliblanca.

Vanidad podía ser un demonio infernal cuasitodopoderoso, sin embargo sabía que la sutileza era importante en ocasiones como esta. Lentamente, abrió una ventana y miró dentro. El escenario que vio frente a ella era un trasero embistiendo a dos piernas abiertas sin parar, creando un chasquido con cada embestida. El hombre estaba completamente desnudo, quitando un par de tacones que llevaba. Eran de color rosa. Rosa Fucsia.

El demonio aprovechó que los cuerpos estaban chocando los unos contra los otros para entrar sigilosamente, pero nada más dio un paso, los amantes se movieron. La mujer, cual molinillo, se dio la vuelta, sacandole al hombre una serie de hipidos y gemidos de placer, forzandolo a taconear hacia atrás, haciendo que ambos le diesen la espalda a la puerta y mirasen para las ventanas, donde Vani habia estado antes. Ante ese sustó, la demonio intentó acercarse a la puerta, pero cuando estaba justo a punto de coger el pomo, la pareja volvió a cambiar de posición.

Durante unos minutos, Vanidad, uno de los pecados capitales y demonios más poderosos, miró a los ojos a un hombre y a una mujer, ambos con máscara de caballo y pelucas rubias. En ese espacio de tiempo, ese poderoso ser observó como el dosel de la cama...tenía varias protuberancias extendidas hacia fuera que funcionaban como...como sustentadores del placer femenino...Además de que, en varios escritorios se podían observar desde fustas, hasta plumas y lo que parecía ser...una zanahoria muy bien cultivada.

-¿Te unes? -pregunta la voz bajo la mascara.

Entonces, el grito desgarrador llegó al cuarto, avisandoles de que algo pasaba abajo.

Varios minutos antes...de nuevo.

El musculoso orco había conseguido empezar una amistosa conversación con el tabernero. ¿El motivo? Nada más y nada menos que...el alcohol. Habian empezado a discutir los distintos tipos de cerveza, algo que el tabernero, por su oficio, parecía saber muy bien. Pronto, el hombre le reveló al no humano que había viajado en su juventud por el mundo, en busca de la sagrada cerveza de los enanos profundos, sin exito, pero que había conseguido una exquisita colección de licores, la cual guardaba con mimo en el sotano.

Pasó el tiempo y el humor mejoraba en la taberna, con la gente riendose. El tabernero parecía disfrutar de la conversación y, finalmente, invitó al orco a bajar al sotano para que viese su colección. Ambos os levantasteís y fuisteis a la cocina, donde el pequeño hombre abrió una compuerta secreta, que daba a unas escaleras que descendian. Sin miedo, el hombre encedió una antorcha y empezo a caminar delante tuya hacia el interior.
Las escaleras descendieron unos cuantos metros y revelaban un espacio subterráneo pequeño, el cual parecia funcionar como almacén para la comida, bebidas y similares...

El tabernero dio unos pasos y saco varias cajas, revelando botellas según lo hacia. Una era una exquisita botella hecha de cristal, con el perfil de un elfo creado sobre el material, que contenía un líquido verde. Otra era un mero contenedor de madera, con un tapón de corcho enorme, que se adaptaba bien a tu mano. Cuando el orco lo abrio, un fuerte olor alcoholico golpeo directamente su napia. Cuando el hombre iba a darle el tercer contenedor, un grito sonó en el bar.

https://www.youtube.com/watch?v=-gjn6XQnlNk

Ambos os girasteis ante el grito, pero cuando lo hicisteis, la puerta que daba al bar se cerró. El oroco se giró en dirección al dueño del local, pero, en los pocos segundos, el hombre había fallecido. Su cabeza se encontraba completamente girada sobre sus hombros, mirando hacia atrás, con su cuello roto en varias partes. El cadaver cayó pesadamente, sobre la antorcha, empezando a arder y revelando a la figura que lo habia provocado.

Tenia el aspecto de una mujer o, al menos, su vestido lo tenia. Manos, cara y cualquier parte de piel expuesta parecía más una especie de mancha blanca distorsionada. Su rostro se distorisonaba, como la cera al derretirse, revelando una boca.

"¿Quien eres tú?"

En el mismo espacio de tiempo, pero en los pisos superiores....

Los hombres y Strind habían bajado rapidamente en dirección a la taberna, para ver lo que pasaba. En las escaleras, la mujer que servía de vigilante, había sido asesinada. Su rostro parecía haber sido arrancado de manera brutal, pero había vivido lo suficiente como para arrastrarse hasta la mitad de la escalera. El rastro de sangre apuntaba hacia el piso inferior...

Finalmente, varios hombres abrieron la puerta...incapaces de contener las nauseas y el vómito al notar como una nube de olor a oxido y heces invadía sus narices. Cada individuo que había estado en el bar se encontraba muerto. Miembros, cabezas y troncos se encontraban dispersos por el suelo, las paredes e incluso el techo, clavados por lanzas de hielo.

-¡Ayuda! -Grito una voz infantil que le demonio conocia bien. Cuando se abrio camino entre los hombres, pudo ver la escena en la que el joven se encontraba. Su pequeño cuerpo estaba arrastrandose por debajo de unas mesas, escapando de algo, pero incapaz de levantarse por unas heridas profundas en una pierna.

Tras el grito de auxilio, un chillido resonó en el aire. La criatura culpable salió de las sombras, dando pasos en dirección al niño. Sus extremidades eran largas y su piel era de un color ceniciento, recorrido por negras venas. Sin embargo, solamente sus largas piernas y brazos, cubiertas de vendas, eran visibles desde la perspectiva del demonio, pues el resto del cuerpo se encontraba cubierto por una capa y capucha que llevaba.

El frió cubria el local.
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Casandra Von Schuyler

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