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Revolución en Rodelfia

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Re: Revolución en Rodelfia

Mensaje por Vanidad el Dom Abr 23, 2017 2:27 pm

Luzbel se acercó sutilmente, incluso se molestó en cambiar su color de pelo a un tono más…fogoso, pasándose la mano por el pelo como si se lo acariciara. El blanco níveo dejo paso al rojo fuego, pero antes de que ese pajarraco la captara con su vista, abrió una carta y se puso a leerla. No pasaba nada, podía esperar a que acabara de leer. Pero luego salió disparado del bar, dejándola allí. Necesito todo su autocontrol para no apuñalarlo en algún callejón oscuro, pero tenía cosas que hacer, realmente quería ver como acababa todo eso más de lo que quería apuñalar a ese murciélago sobrevalorado.

-Oye guapa, te apetec…- la frase de ese borracho barbudo y gordo fue interrumpida por una mirada de la diablesa, una mirada cargada de poder demoniaco que habría hecho estremecer a un maldito dragón. Luzbel no le prestó más atención al aterrorizado borracho y salió del bar, pensando en un plan B. Choco con un par de personas al salir, usualmente se habría girado a increparles por su mala educación, pero había…algo en ellos que la hizo contenerse. Pestañeo unos instantes, hasta que esas dos figuras de capas tan contrarias entraron y salieron de su visión. Pestañeo una última vez, despejando su mente y centrándose en subir. No iba a ingeniar un plan excesivamente complicado. Quería ir un piso más arriba y tenía alas, no hacía falta currarse un plan magistral. En cuando encontró un callejón discreto, simplemente se transformó y subió al segundo piso, a una terraza técnicamente, puesto que no veía más ventanas por ningún lado. El simple cierre interior para evitar que se colaran los gatos callejeros no fue ningún problema para ella, principalmente porque estaba casi segura de que no estaba puesto, pero igualmente, no habría supuesto un impedimento real. –Oh, venga ya…- Al menos estarían demasiado ocupados fornicando como para fijarse demasiado en ella. Podría…podría transformarse en gato y pasar sutilmente por su lado, pero la puerta estaba cerrada, y no llegaría a abrirla ni saltando con sus almohadillas gatunas. Prefería simplemente que la vieran recorrer todo el camino a que la vieran transformarse en toda su cara, dejar pruebas de un poder tan útil solo traería problemas.

Entro dentro, sigilosa como un depredador nocturno, pero de alguna manera, debieron notar su mirada de asco, porque se movieron, lo que no hizo más que forzarla a acelerar el paso, no quería arriesgarse a que la pillaran allí arriba, el revuelo habría sido… problemático. Ya casi estaba en la puerta, acariciando el pomo, cuando la vieron. La diablesa tuvo que contemplar la cara de ese par de mortales, esas horribles mascaras de caballo, con peluca rubia para empeorarlo, tuvo que olfatear el olor a sexo con sus finísimos sentidos, hasta que le pareció que el olor no se le iría nunca de encima. Aceptaba las fustas, las plumas, los arneses, esa cama con una forma tan curiosa, era un demonio, había tratado con súcubos e íncubos y, aunque la asociación de recuerdos producida por el espectáculo hacia que le empezara a hervir la sangre, la toleraba, racionalizaba la situación y calmaba su mente. Pero no perdonaba esos horribles tacones fucsia, esa aberración que requería un hechizo aniquilador del tamaño de un meteorito, para evitar que hasta el más mínimo rastro de esa horrenda prenda sobreviviese.

-Más quisieras…- fue todo lo que dijo la diablesa, pero sus palabras fueron acalladas por el grito procedente del exterior, de abajo. Ninguno de los presentes era el motivo por el que había ido allí, así que dejo atrás las distracciones y siguió el olor hasta otro cuarto, un cuarto que parecía revolotear alrededor de… una partida de caracoles… esos mortales y sus gustos raritos… Pero el tipo se había ido, allí perdía el olor, y ese grito desgarrador de abajo pintaba mal. A falta de pistas, iría a ver qué diablos había pasado allí abajo. Con la suerte que tenía, alguien habría invocado a una hidra y tendría que encargarse…otra vez.


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Re: Revolución en Rodelfia

Mensaje por Strindgaard el Sáb Mayo 13, 2017 5:59 am

Dejé atrás el calor de la caldeada taberna para llegar a un maltratado pasillo superior. Las conversaciones quedaron atrás y a medida que avanzaba por la gastada alfombra comencé a escuchar una canción vitoreada a capela por un grupo de personas. Una luz amarillenta contorneaba una puerta a medio abrir en el fondo del pasillo, llegué hasta allí y empujé lentamente…
Vaya, y yo que pensaba que en Rodelfia no había diversión.
La sala que se extendía ante mí era por mucho la más grande y opulenta que el resto de la taberna. La canción provenía de una de las cinco mesas que poblaban el sitio, donde un atajo de borrachos abrazados entre ellos se movía de un lado a otro mientras salpicaban el alcohol de sus vasos. Las demás estaban llenas de juegos de azar, donde más borrachos apostaban, gritaban y reían.
Una sonrisa llenó mi rostro.

Avancé entre ellos, miré sus rostros, eran como mis hermanos. Palmeé algunos hombros y cogí un vaso de whisky pues su dueño se había dormido sobre la mesa. Avancé en recto hasta el enano y el hombre quienes se encontraban al fondo junto a un alto gorila tras un cortinaje. Uno debe tener prioridades, y la mía era averiguar quién demonios era el idiota de la gabardina negra, y por qué esta gente lo estaba ayudando.
Cuando estaba a unos pasos de ellos, alguien me agarró del hombro.
¡Hey! ¿Quién demonios es este? —Un tipo alto y fornido, con nariz roja y rostro congestionado me hizo girar en redondo hacia su mesa. Abrí la boca para responder algo pero me cortó de lleno—. ¿Qué haces aquí?
Pues yo
Otro hombre en la mesa (que también parecía borracho), le habló al primero con una sonrisa.
Robert, regresa al juego maldito patán. ¿Piensas que te vas a salvar? —Le dijo a mi captor mientras se atusaba el bigote—. Dijiste que apostarías hasta tu último kull. ¿No mantendrás tu palabra?

La mano del tipo no se mantenía en mi hombro, y no quería llamar más la atención de lo que ya lo hacía., por lo que me mantuve ahí. Miré al fondo, el enano se secreteaba con el gorila. Debía acercarme para saber qué hablaban.
Voy a apostar. ¡Yo soy un hombre de palabra! ¡Pero antes quiero saber quién es este!
Este es el hijo de Bob. —Dijo un tercer tipo en la mesa tan redondo como un barril, mirándome con sus pequeños ojos de marrano—. El trovador ese. ¿Cómo se llamaba? ¿Cómo te llamas?
Este muchacho está muy pálido para ser Menphis. —Dijo el tipo alto.
Menphis, joder. Ven, toma asiento. —Me dijo el tipo del bigote—. Acá queda uno libre.
Antes de que me acarrearan al asiento pude ver como más allá del enano las cortinas se abrían para revelar una sexta mesa con cuatro figuras. Pasó tan rápido que me quedé con el regusto amargo de no poder saber siquiera si se trataba de hombres o mujeres.
Tomé asiento, el crupier comenzó a lanzar las cartas. Uno de los tipos comenzó a preguntarme por Bob, y cómo iban mis ensayos. Recibí mis cartas, las ordené. No estaba nada mal.

Fuiste extremadamente valiente… —Alcancé a oír. La voz era bastante particular, masculina, pero delicada. Sin duda podría reconocerla si la volvía a escuchar.
Ciertamente necesitamos más gente así en nuestras filas. —Chilló una voz diferente. Agucé el oído.
¿Apuestas muchacho? —Me preguntó el del bigote. De pronto noté que era mi turno.
Lo Doblo. —Habían apostado fuerte. Disimulé mi sonrisa.
Por eso...queremos hacerte un ofrecimiento de unirte a nuestras filas... —Dijo una tercera voz. Los jugadores voltearon sus cartas—. Pero primero, nos deberás de ayudar a cierta misión...
¡¿Qué?! —Gritó el tipo alto
Verás...la revolución no se puede hacer solo con personas, necesitamos capital, y por mucho que tengamos independientemente...
Vamos, el muchacho tuvo suerte de principiante.
Necesitamos más para comprar armas a ciertas potencias interesantes...por ello
¡Un blanducho músico no se va a llevar todo mi dinero!
Calma Brunt, mierda. Te ganó limpiamente.

Me mantuve estoico, cogí las monedas. El tipo siguió gritando y yo solo quería gritarle con todas mis fuerzas que se callara.
¡Este maldito canalla hizo trampa!
¡No tratarás así al hijo de Bob! Menos tú. Un sucio extranjero.
Luego de eso todo se transformó en una pelea de borrachos. Aunque una mucho más refinada, sin cuchillos ni espadas. Sólo descargas verbales… Rodelfia.
Devolví los ases que me había guardado bajo la manga sin que nadie lo notara, tomé el dinero y me pegué contra la pared, lo más cerca posible de las cortinas.
Lingotes —La tercera voz a penas se escuchaba—… Túnel Subterráneo —Llené mi bolsa. Era imposible oír un carajo—… Un pequeño grupo.
¡Voy a matar a ese maldito músicoooo!
¡¡AAAAAAAHHHH!!
Todo quedó en silencio.

El pasillo de la alfombra roja se volvió mucho más largo ahora que no sabía qué rayos me encontraría abajo. Me mezclé con los demás, caminamos en silencio, sin saber qué esperar. Cuando abrieron la puerta fui uno de los primeros en ver la escena.
Varios pensamientos corrieron por mi cabeza, pero el desconcierto fue uno de los primeros. Uno definitivamente no se encuentra de lleno con una matanza en subsuelo de una taberna (medianamente decente). Lo normal es que los ánimos se caldeen de vez en cuando en estos establecimientos, pero no, para nada, nunca sucede que todos terminan decorando el lugar como carne picada.
Sentí un poco de miedo. Uno suele temerle a lo desconocido.
¡Ayuda! —Salí de entremedio de mis compañeros de juerga. Esa voz sí que la conocía.
En la quieta escena, el pequeño Geralt parecía destacar con su lento movimiento. Cuando llegué abajo, pasé por sobre un par de piernas y el cuerpo sin rostro de la orca que cuidaba la escalera.

¿Crío estás bien? —Se arrastraba fuera de una mesa. Cuando aparecieron sus piernas, noté que una estaba bastante fea, de inmediato mis sentidos médicos se dispararon—. Hay que ejercer presión.
Me agaché para tocar su pierna, y un sonido llamó mi atención. Más allá, tras un pilar, una figura larga y frágil se asomó como una extensión del silencio. Sus finos brazos y piernas estaban cubiertos de vendajes y su torso y cara cubiertas bajo un manto negro. Una de sus manos de dedos alargados como ramas apareció por la orilla del pilar.
Era un demonio.
Me puse de pie lentamente. El miedo fue disipándose poco a poco. Ya sabía de qué se trataba. Como me encontraba de espaldas a los hombres de la taberna en la escalera, desdibujé mi ilusión para que viera que yo era uno de los suyos sin temor a que los demás lo notaran.
Por favor, no vayas a dañar al muchacho, me tomará un tiempo conseguir un nuevo guía en la ciudad, y ya tengo medio entrenado a este.
Noté como mis palabras formaban vaho frente a mi rostro. El demonio se mantenía fijo, mirándome. Me pareció notar que caía algo desde su rostro, me costó creer que fueran lágrimas.
Por favor...quiero volver...quiero volver a casa. Hace frio...quiero...volver...
No sabía a qué carajo se refería. Miré hacia abajo, la herida en la pierna del crío era profunda, si no le ponía presión a esa herida haría falta un necromante para recuperarlo.

Geralt me miró, parecía estar demasiado estupefacto para volver a gritar luego de haber visto a dos demonios.
Aprieta la herida con tus manos —Le dije—. Presiona fuerte.
Miré al demonio. No me había atacado aún, lo cual era bueno.
¿Me dejarías salir de aquí con el niño?



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Re: Revolución en Rodelfia

Mensaje por Niris el Vie Jun 02, 2017 11:32 am

Aquella señora parecía algo curiosa por mi ofrecimiento y termino por aceptar uno de los caramelos, aunque en lugar de comerlo decidió guardarlo en su bolsillo, al menos parecía una buena señal para mí. Pronto acerco su mano para acariciarme y por costumbre simplemente me quede quieta para que pusiera su mano sobre mi cabeza, no podía negar que me gustaba ese tipo de atenciones, era como acostumbraba saber que hacia lo correcto para los humanos. Pero al sentir su mano en donde estaban mis orejas ocultas no pude evitar dar un respingo asustándome un poco, esperaba que pensara que fuera algún adorno para el cabello que se ocultara y no se hiciera ideas raras. -Gracias.- Entonces note que se ponía algo tensa y note que unos pasos se acercaban hasta nosotras para luego rodearnos.

Lance un pequeño grito al notar a aquellas personas, su aspecto era simplemente espeluznante, no sabía describir bien su forma de vestir, pero me recordaban a historias de países barbáricos donde a los criminales les cortaban las cabezas con armas parecidas a las que portaban, sin duda sus sonrisas confiadas y maliciosas no lo hacían mejor. Estaba a punto de salir corriendo, al menos por la gran cantidad de cosas pesadas que tenían no pensaba que se movieran tan rápido, quizás pudiera salir corriendo justo a su lado antes de que pudieran reaccionar, no sería la primera vez que corría de gente mala.

Pero entonces aquella mujer se interpuso entre ellos mientras ponía su mano de forma tranquilizadora. -Hum- Lo pensé un momento y simplemente afirme a las palabras de ella esperando que eso fuera suficiente para que nos dejaran en paz. Pero simplemente llego un tercer sujeto más grande que el anterior, eso reducía mis oportunidades de escapar y aquella persona a mi lado parecía que se acababa de meter en problemas por mí. No debí de haber venido a este lugar, ni si quiera estaba segura de que encontraría en este lugar, quizás simplemente tenía miedo de sentirme observada y deseaba que me dejaran en paz.

Al final nos hicieron entrar al lugar que estaba observando, probablemente no les gustaba que estuviera observando, una parte de mi culpaba a quien estaba a mi lado por distraerme y no escapar a la primera señal de peligro. Pero me era difícil ver mal a alguien que al menos parecía que estaba intentando ayudarme, aunque no hubiera salido bien. El camino que dentro del edificio nos llevaba por escaleras, buscaba con la mirada cada puerta, ventana y mueble por el cual pudiera correr, saltar y esconderme si las cosas se ponían feas.

El lugar por el que pasamos era extraño, lleno de gente pero al mismo tiempo separadas entre sí por cortinas como si de diferentes pacientes se trataran, solo que en lugar de estar postrados en cama estaban en lugares con escritorios y sillas, más parecidos a donde un medico vería a un paciente que donde un paciente herido descansaría. ¿Este lugar era una especie de clínica? Todo era muy confuso y los aromas eran extraños. Al final nos llevaron con la persona encargada, el aroma de aquella habitación era mejor, una débil corriente de aire que venia del exterior movía el aire viciado que parecía tener el edificio, mientras que el aroma de tierra y madera me recordaban a mis primeros hogares, solo interrumpido por un penetrante olor a tinta.

Era un poco sorprendente como parecía gustarles a las personas de este lugar escribir cosas, aunque por la mirada de cansancio y aburrimiento de hacer aquella cosa. Pero al dar el primer paso un chirriante sonido indico nuestra presencia haciendo que todo se detuviera por un instante, odiaba que todas esas miradas se clavaran en mí, me hacían sentir una mercancía o un juguete, toda aquella atención me aterraba. La figura al centro entonces se puso de pie y su cuello empezó a girar  lentamente como si fuera independiente de su cuerpo, no sabía si era mi imaginación pero aquel movimiento no era natural.

Pronto el resto del cuerpo le siguió, algo estaba mal, debía ser una persona pero algo en mi mente me decía que parecía una aterradora muñeca, no de las que hechas tejiendo ramas o con trapos, si no como aquellas muñecas que a veces veía que tenían las niñas ricas, de porcelana con una mirada perdida. Me quede en silencio mientras le escuchaba hablar y bajaba la vista tratando de evitar que su mirada se encontrara con la mía. De un movimiento que no podía describir la señora se acercó hasta mí haciéndome dar un pequeño salto hacia atrás para chocar con la dama del callejón.

Su aroma era extraño, eran aromas que conocía pero no podía identificar. Su mano entonces se acercó a mi rostro con el dedo índice apuntando a mi mentón, cada vez más cercas forzándome a subir la mirada para evitar su toque, pero como una emboscada llevo mi mirada a encontrarse con la propia con una sonrisa que parecía tan fingida como la de un espantapájaros.

Me sentía como si un gato estuviera jugando con un ratón antes de darle la mordida fatal. -¿Quién eres...y por qué me seguías?- Me quede quieta por un segundo, ¿Era ella la que lanzo al hombre solo con un movimiento de su mano? -No soy nadie y... solo tenía curiosidad.- No parecía creerme, otros le habían seguido mientras atacaban al carruaje con piedras. -¿Nadie? Que nombre tan curioso...Tan curioso como que una niña siga un carromato llevado por cadáveres a la zona más rica. Curioso, curioso, curioso....- Me quede en silencio un momento nerviosa, ¿Esa gente que llevaba el carruaje estaba muerta? ¡¿Cómo es que las otras personas no reaccionaron?! -Nunca había visto algo así, llegue hoy a conocer a mi tía.- Desvié la mirada de la suya evitando volver a cruzar la vista.

No comprendía que apetecía de mí, repetir una y otra vez aquella palabra como si hubiera nadie pudiera mostrar curiosidad. Lo único que me tranquilizaba era el sentir en el hombro la mano de la otra mujer que empezó a apretarme más fuerte mientras la espeluznante señora hablaba dirigiéndose a mi compañía. -Curioso, curioso... Que chica...más curiosa. Considerando que no tienes hermanos...- Una escalofrió recorrió toda mi espalda como si alguien me hubiera lanzado agua helada, no sabía que hacer o decir y solo pude buscar con mi mano la mano de ella, tomándola con fuerza y temblando de miedo. -Es una sobrina segunda... ¿Pasa algo?- ¿En qué me había metido? -Vaya, vaya...incluso sin ser humana...tu familia sí que le gusta meter las cosas donde e no se debe.- Solo quería irme.

Todo esto era ridículo, ¿Que no querían llamar la atención con lo que gritaba su amigo? No asimilar nada. -¿Podemos irnos?- Pero antes de hacer cualquier movimiento los guardias cerraron el paso. -No, no, no... Imposible... para verificar los hechos...lo mejor es un interrogatorio por separado... ¿No creen?- Yo no había hecho nada malo, pero lo único que podía hacer para tener consuelo era el apretar aquella mano amiga fuertemente.

Pero el ambiente de pronto se cortó por la entrada de otro sujeto hablando con un tono de completa autoridad y confianza con la señora aterradora. -¿Que se supone que haces, Lady Rose?- Entonces por primera vez vi a la señora mostrar algo de humildad y hacer una reverencia. -Es un placer verlo... Príncipe Alexander.- Solo esperaba que fuera más razonable y me dejara marchar, estaba más que dispuesta de marcharme de este lugar y no volver nunca si eso les dejaba contentos. Di una pequeña reverencia mientras se acercaba a nosotras y centro su mirada en mi, había algo en él que me ponía nerviosa. -Lo siento por molestarlo, esto ha sido un mal entendido, yo solo quiero irme a casa.- El príncipe dio una pequeña sonrisa y con un lento pero firme movimiento removió mi capucha revelando el par de nerviosas y largas orejas de conejo. -Como jurista es mi deber hacer que todo el mundo este consciente de sus derechos y obligaciones... suponiendo que los tuvieras.- Escuche la penetrante risa de Lady Rose seguido de dos guardias que me derribaban...

...Al suelo, termine de arrastrar mi cuerpo fuera de la cama mientras me sobaba la cabeza en donde me había golpeado. Por eso no me gustaban las camas altas y no era la primera vez que un mal sueño terminaba tirándome. Me quede en el suelo un largo rato mientras perezosamente contemplada el levantarme, había tenido un sueño muy extraño, no recordaba del todo de que había sido del sueño, pero al final algo me decía que estaba mejor despierta que en ese lugar. Últimamente había tenido mas sueños raros, probablemente no era nada y mi imaginación solo me pasaba una mala jugada... pero si me concentraba, casi juraría que podía escuchar a lo lejos el golpear de las campanas.

OFF: Me retiro de la campaña, espero que la salida sea lo suficientemente holgada para minimizar el posible desacomodo de la trama. Si la idea del párrafo no quedo claro, todo hasta este post que había visto fue un sueño y acabo de despertar, por lo que nunca fui a Zhalmia (igual se me olvido que mi personaje no sabe leer).
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Re: Revolución en Rodelfia

Mensaje por Casandra Von Schuyler el Vie Abr 20, 2018 6:20 pm

El ambiente en la taberna era axfisiante. El aroma metálico de la sangre derramada inundaba el lugar, con toques de alcohol y excrementos sacados de entrañas, y los suaves jadeos del demonio inundaba la habitación. La tensión era evidente, incluso tras la petición del demonio y la intromisión de la diablesa. Los ojos del ser no se alejaban de los del hombre, hasta que, de repente, saltó. Como si de un susurro se tratase, atravesó la distancia entre ambos en un instante, golpeando el cuerpo del demonio, tirándose con el contra una de las paredes.

La figura oculta en harapos era mucho mayor de lo que parecía a simple vista. Cuando golpeo a Strind con su cuerpo, pudo sentir como su figura en realidad había estado agazapada todo este tiempo. Las garras del ser se clavaron en los antebrazos del demonio, mientras el ser producía una extraña marabunta de gemidos y gruñidos dispersos. El agarre era fuerte y todas tus sensaciones se centraron en como sus largas uñas se clavaban en tu piel. Tus venas lentamente se llenaron de puro hielo, una sensación agonizante y cruel, en la que notabas como algo era extraído lentamente de tu pecho. Toda calidez se desvanecía en el ciclón que era la presencia ajena, mientras el ser simplemente miraba y jadeaba, expulsando un leve torrente de puro frío de sus fauces.

Los ojos del ser brillaban con fuerza, como si dos chispas se hubieran encendido en lo que antes eran cuencas vacías. Pura desesperación bañaba su mirada, como si se tratase de un animal salvaje, hambriento y herido. Algo primigenio se removía en tu interior y podías notar como las garras del ser eran la causante, como si quisieran remover una pieza de ti, perfectamente adherida a la silueta de tu cuerpo.

Sin embargo, tu anillo te salvó. Tu cuerpo y todo lo que contenia se desplazó en el espacio, colocándose a pocos metros del ser y aun menos distancia de la diablesa, cayendo directamente sobre su cuerpo. El ser se giró hacia vosotros. Lagrimas salían constantementes de sus ojos, sangrientas como el suelo y las paredes. De nuevo, el demonio salvaje pareció abrazarse a si mismo, para después catapultarse en tu dirección una vez más.

En el salto, pudisteis ver su cuerpo. Se podía apreciar perfectamente cada hueso y ligamento, casi parecía estar conformado solo de eso, aunque se podían ver como pedazos de una armadura se habían clavado en su piel hace tiempo y una masa de piel y musculó había conseguido cubrirlas parcialmente. La piel de sus brazos estaba mordisqueada y arañada, con rojizas marcas que fácilmente podían provenir de la amplia colección de diente que os mostraba con las fauces abiertas. Pero lo mas importante era que una cadena parecía estar enganchada a una de sus piernas, como si de una correa se tratase.

Pero la observación fue cortada rápidamente. Algo se alzó entre los espacios de la madera que formaba el suelo. Como si de una serpiente se tratase, algo lo atravesó directamente por el pecho y, segundos antes de que la criatura cayese al suelo, el mismo movimiento se repitió por ciento, con lo que parecía ser un filo saliendo una y otra vez del suelo. El cuerpo del ser pronto fue rápidamente destrozado, como si de papel se tratase, quedándose solo pequeños trozos del ser en el suelo.

El chico que habias protegido empezó a gritar al momento, con algo removiéndose detrás de vosotros al mismo tiempo. Con el joven, la misma cosa lo estaba envolviendo, cubriéndolo en una extraña sustancia, similar a la cera de una vela, formando una perfecta pelota, que fue directamente lanzada contra la puerta. Durante unos segundos, viste como el niño era propulsado fuera de la taberna y la sustancia recubría la puerta abierta. Ahora, detrás de vosotros, en la segunda salida, se repetía el proceso, con una gran cantidad de esa blanquecina sustancia cayendo entre los espacios del techo, cubriendo la puerta. Las ventanas sufrieron el mismo proceso. El líquido empezó a latir unos segundos, para, poco después, empezar a mostrar pequeños y palpitantes puntos de metal, como si granos en la piel se tratasen. En unos pocos segundos, notasteis como vuestra piel se ponía de punta y algo os pellizcase cada centímetro, agobiándoos e irritando vuestra piel. Podíais ver cómo, en ese extraño metal, diferentes figuras en posiciones de rezo se habían grabado y las reconocíais. Santos, diosas, espíritus menores…cualquier representación de una entidad denominada como divina estaba en cada una de esos grabados.

El suelo de la taberna también empezó a cambiar…Como geiseres, las tablas empezaron a inundarse lentamente de la misma sustancia que había cubierto cada salida, moviéndose como si de un mar se tratase. Vuestros olfatos notaban el suave olor a margaritas, piedra y lluvia. En esa superficie, pequeñas ondas empezaron a recorrerla hasta que pararon de manera repentina. En el medio de esa sustancia, visteis una mano alzarse. Apoyandose en la sustancia, empezó alzarse un nuevo ser. Formada de la misma sustancia que envolvía el lugar, una criatura se alzó. Su silueta era femenina, pero no tenía rasgos y lo que parecía ser su pelo se encontraba moviéndose y cambiando de forma de manera constante. Su cuerpo había adoptado la silueto de un vestido, con su falda siendo un torbellino angustioso que la mantenía adherida al suelo, mientras su pecho y abdomen se formaban en una parodia de un corsé. La entidad temblaba, mientras se formaba, hasta que se quedo innerte, casi observándoos. De su pecho, tres tentáculos salieron directamente en vuestra dirección.
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Re: Revolución en Rodelfia

Mensaje por Strindgaard el Sáb Abr 28, 2018 11:06 pm



El techo estaba a mis pies, todo giró, caí.

Me puse de pie con la taberna aun dando vuelta en mi cabeza. Por mucho que usara ese anillo el efecto siempre resultaba impredecible. Me apoyé en la barra para no perder el equilibrio, mis ojos buscaban a ese retorcido cabrón. Todavía sentía sus frías garras apresando mis brazos, buscando algo dentro de mí, pero lo único que había drenado era mi paciencia. Un movimiento a un costado llamó mi atención, al parecer una mujer se había atravesado en mi trayecto al suelo. La albina se levantó mientras me soltaba un taco, la obvié, había cosas más importantes que pedir una disculpa en ese momento.
A unos tres metros, lo vi girar hacia mí, un gemido de tedio se me escapó. Mi mente se comenzó a separar, y un torrente de ideas de un torrente de yoes comenzó a hablar en mi cabeza, Gritos, susurros, decenas musitaban como matar a ese demonio. El pobre seguía llorando, al parecer trabajaba su magia de manera involuntaria, como un aura maldita que expelía por causa de alguna maldición. ¿Era un demonio? ¿Era un humano?

Únete a mí. Únete a mí, portador. Escucha.
Mi vieja y torpe sombra. Sostuve la daga con el filo apuntando hacia abajo.
A mi lado, la albina había desenvainado. En medio de todo eso, sostuvo su acero sin miedo. Sin miedo. La observé allí de pie entre cuerpos empapados de sangre fría y cuerpos de ojos vidriosos. Al lado de un demonio, y a punto de enfrentarse a otro.
Hazte a un lado —Le dije colocándome entre ella y el demonio—. Estos humanos sí que tienen agallas.
El alma enferma saltó impulsado por sus largas extremidades y pude notar su intrincada fisionomía mientras acortaba el espacio entre nosotros. Preparé en mi mente una ilusión de mí que se quedase en donde estaba para poder esquivar sin que lo notase, y así tener una ventaja ante su fuerza y rapidez.
Tensé mi cuerpo como un muelle. El aire se empapó de un aire reseco y frío. En medio de su viaje, una parte de mí, esa que tiene especial fijación en las joyas, notó la cadena amarrada a una de las piernas de la criatura. Entonces, en menos de un parpadeo, algo atravesó el suelo con una rapidez salvaje y se clavó en el demonio. Nada más al caer, el proceso se repitió, como si una tribu de Uzuri usara blancas lanzas de hueso justo bajo mis pies, reduciendo a la criatura helada a poco más que trozos.
No tuve tiempo para asimilar nada, estupefacto oí un grito lejano y al volver la vista noté como Geralt era sacado a toda velocidad por la puerta principal gracias a la misma sustancia blanca que había hecho picadillo al demonio. Quizá le molestase el ruido, o tuviera algo de consideración, el hecho es que ese líquido cubrió las salidas con calculada rapidez, y pronto se hizo un espacio entre las tablas de la taberna, cubriendo con su monótono tono marfil todo el lugar.

El silencio se cruzó de brazos, la albina y yo éramos los únicos en el primer piso con vida, el resto no era más que despojos humanos ahí y allá, repartidos como el escenario de una guerra perdida. El agobiante silencio me abrazó mientras el ambiente se cargaba de una extraña electricidad, la viscosa cera comenzó a tomar forma, hasta que una femenina figura victoriana nos contempló a la albina y a mí con un rostro desprovista de ojos y expresión, como una máscara de porcelana.
Esta mierda escaló demasiado rápido. —Me dije.

Del pecho de la figura surgieron en espiral tres tentáculos que se acercaron con inusitada velocidad, estaba claro que aquella cosa no estaba en la taberna para beber una pinta. La ilusión que había preparado para el demonio se quedó plantada en donde estaba, siendo atravesada por los tentáculos. Esquivé dando un giro por el blanco suelo mientras ponía distancia entre las lanzas blancas y mi pecho. La albina por su parte, no se vino con cuentos y se dispuso a cortar a nuestro nuevo atacante, pero su espada rebotó sacando chispas cuando tocó los talismanes que cubrían la piel de la criatura.
Miré el suelo, los trozos del extraño metal tenían grabados, figuras, imágenes de santos, dioses menores, vírgenes, de un sinfín de religiones. Estaba apoyado en suelo sagrado.
Me puse de pie y observé a la albina cambiar de táctica. Busqué el burón guardado en mi cinturón. Me acerqué a ella, si también estaba dispuesta a luchar, entonces lo mejor sería unir fuerzas.



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Re: Revolución en Rodelfia

Mensaje por Vanidad el Lun Abr 30, 2018 5:02 pm

-Bueno…una hidra no es…- la diablesa pauso un momento, mientras su mente recorría sus vastos conocimientos sobre bestias, monstruos y demonios en general, a la vez que su fino olfato captaba el olor de la sangre derramada, despertando instintos que prefería mantener atados al menos hasta que supiera que diablos era eso. Pero por más que buscaba en su mente, solo llegaba a una conclusión, a una que no le gustaba en absoluto, porque le recordaba a ciertas arañas poseídas. Un intento, con mayor éxito esta vez, de demonio. Burdo, basto, la obra de un carnicero, lo haría trizas y luego encontraría el responsable de tamaña chapuz…

Su hilo de pensamiento fue interrumpido cuando esa cosa se movió, rápido, muy muy rápido, para desgracia de su compañero, y aparentemente no solo lo suficientemente fuerte como para enviarlo a volar, sino que ese frio… realmente esperaba que no estuviera devorando la esencia ambiental, necesitaba eso, más o menos, pero lucia más bien como un aura de condenación. Y entonces fue derribada por ese tipo, que había hecho algún tipo de teletransportación. Curioso, contra natura, pero irrelevante cuando estabas en la misma habitación que algo tan rápido y mortal como esa maldita cosa, así que lo aparto sin demasiados miramientos y se preparó para matar esa cosa… solo para apartarse con una sonrisa burlona cuando ese hombre, un demonio también, técnicamente, pero le traía sin cuidado, le dijo que se apartara. La verdad, se moría de ganas de ver como barrían el suelo con el, otra vez. No dejaría que muriera…seguramente, solo le bajaría un poco los humos.

Y chasqueo la lengua, muy molesta, cuando su plan se fue al traste cuando ALGO apuñalo a su presa hasta que fue solo un montón de carne irreconocible. Un crio que había estado con ellos fue expulsado sin demasiados miramientos y un familiar picor empezó a recorrer su cuerpo mientras el entorno empezaba a cambiar, llenándose de iconografía. Chasqueo la lengua, por segunda vez en segundos. Era simplemente… tan…burdo, meterle un montón de iconografía religiosa, alguna de la cual hacia absolutamente nada, para generar un débil suelo consagrado. O puede que no fuera débil y ella simplemente fuese mucho más fuerte que hacía unos años, estaba segura de que si le ponía ganas, podía profanar todos esos símbolos en segundos, aunque seguramente requeriría más esfuerzo que el beneficio que sacaría de ello. Pero no creía que fuera casualidad… esa cosa destripando un demonio, evacuando a los civiles (de manera algo ruda, eso sí)… los demonios debían ser razonablemente comunes como para tener… esa cosa preparada, algún tipo de fuerza de respuesta rápida.

La pregunta era… ¿la reconocía como un demonio? Poco importaba, pensó la diablesa mientras evitaba los tentáculos. Aunque solo fuera a por ese tipo incapaz de teletransportarse adecuadamente, realmente le había hecho un poco de ilusión luchar con ese demonio, la idea de despeinarse aunque fuera un poco, y esa bola de baba sacrosanto se lo había quitado… así que rompería ese estúpido juguete, y puede que a su dueño si no cumplía sus expectativas. Evitó el tentáculo más cercano a ella con a duras penas un paso, colocando el escudo entre ella y el apéndice y avanzando. Su espada cortó el tentáculo mientras avanzaba, solo para encontrarse una anómala resistencia, a duras penas haciendo una muesca según sus estimaciones. Observo los símbolos, resistiendo la tentación de chasquear la lengua otra vez. Potenciación arcana de algún tipo, para conseguir una dureza similar a la piedra sin perder movilidad… tan burdo. Pero no importaba. Dejo la espada resbalar de su mano, podía rebanarla con ella, sin duda, tenía la fuerza, pero si tardaba demasiado en matarla estaría luchando con un palo romo, y seguro que había un montón de cosas en esa ciudad que podría matar si mantenía su palo afilado. Además, puede que una dureza rocosa protegiera de flechas, espadas y garras…

Pero no protegía de un archidemonio cabreado, y menos uno con guantes adamantinos y mucha, mucha fuerza, como sin duda descubriría esa cosa cuando su puño derecho se estampara contra su torso. Y sino funcionaba, tenía muchas otras sorpresas.


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Re: Revolución en Rodelfia

Mensaje por Casandra Von Schuyler el Lun Abr 30, 2018 11:21 pm

La cabeza de la criatura parecio torcerse, retorciéndose en pequeñas ondas, hasta que solamente quedaron pequeñas arrugas. Arrugas que  mostraban unos pómulos alzados, como la criatura estuviera riéndose a vuestra expensa. Los tentáculos cortados cayeron en el suelo, deshaciéndose en la misma sustancia de la que estaban hechos, volviendo a la masa madre.

Al mismo tiempo, la criatura alzó las manos levemente, en un gesto de revelación, como si os mostrase algo realmente obvio. El suelo empezó a burbujear, removiéndose de manera extraña, creando pequeños huecos imperfectos hasta que ganaron forma. Pocos segundos después, pequeñas bocas se formaron en la superficie del suelo, en siniestras y demasiado extendidas sonrisas. Dientes, lengua, labios…todos estaban formados de esa blanca sustancia, en una parodia de una sonrisa real, dejando poco espacio libre. La criatura dejo caer su cabeza hacia atrás, como si se carcajasease en deleite, mientras esas pequeñas bocas también decoraban su cuerpo.

Tras esto, ambos notasteis un temblor en vuestros cuerpos; hambre y deseo se abrieron en vuestras almas cuando notasteis lo que ascendía de las profundidades de la masa. Bolas de energía, pensamiento y sensaciones se movían bajo vuestros pies…Fuerzas tan primordiales y divinas que habían existido desde siempre. Almas. Almas que se movían bajo la superficie blanquecina, como peces en un manantial decorativo, lenta y elegantemente. Sus movimientos parecían caóticos, hasta que notasteis como su perezoso nado las posicionabas detrás de la boca.

Y, como un torrente de agua, sus voces se alzaron.

“Divina San Olga, otorganos tu divina luz…”
“Grandioso rey de la luz, Olhmias, dame tu espada y tu lanza…déjame probar la gloria”
“Oh, Dianthe, carganos en tu seno, danos tu dulce miel y verdad…”
“Lanza de las Valquirias, muéstrate y dame tus bendiciones”
“Reclamo la luz de mi señor, Elysus, formate en mi escudo”
“Symia, carga mi espíritu con el honorable fuego de tu astro…”
“Oculs, abre mis ojos a la verdad y que mis enemigos teman sus sombras”
“Alzo mi sacrificio ante ti, Lughil, a cambio de la fuerza para acabar con mil bestias…”
“Oh, Selen Sactra, alivia mi alma de sus pesares y dame la fuerza de…”
“Susurro tu nombre en las sombras de final, Kiara, carga mi alma y recuerdo…”

Cada susurro era un lento rezo, una conjuración de cada divinidad mayor y menor, cada creencia olvidada y en alza en el mundo. Y esas palabras, lentamente, fueron formando charcos en las bocas. El liquido que iba formando era de distintos colores, algunos eran rojos, otros celestes…pero todos burbujeaban lenta y maliciosamente, mientras las bocas no paraban de moverse, gesticulando y pronunciando las palabras.

Pronto, una de las bocas detrás de la demonio, se cerro, creando dos bolsas de aire a su alrededor, para dejar escapar el liquido de manera propulsada contra la pierna de la demonio. La poderosa criatura noto un chasquido y una intensa sensación de dolor donde cayo el liquido, notando como su piel parecía deshacerse y quemarla. A su vez, el maestro de las ilusiones se la vio con otro disparo directo a su hombro, causando la misma reacción.

La criatura os miraba deleitados.
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Re: Revolución en Rodelfia

Mensaje por Strindgaard el Lun Mayo 07, 2018 4:10 am

Comencé a sudar. El monótono tono níveo formaba una costra alrededor de la taberna, convirtiéndola en una caja de mármol. Un extraño olor a lluvia sobre margaritas se mezclaba con el frío aroma de la piedra, además del óxido de la sangre. El ambiente estaba cargado, como el aire momentos antes de una tormenta eléctrica. Sentía un hormigueo en la piel, mientras mi capa ondeaba a mi espalda como la cola de un gato cuando está molesto.
Observé nuevamente los grabados religiosos que adornaban mi tumba blanca, y caí en cuenta del hecho de que esa cosa hubo tirado a Geralt fuera de la taberna antes de atacarnos, miré a la albina que también había quedado acorralada. Era evidente. Ella escondía también algo.

Su ataque no había servido de mucho, los tentáculos cayeron al suelo y se mezclaron con éste como lo haría un panadero trabajando con masa madre. Pensé en huir; varios gritos en mi mente me ordenaron lo mismo. Con el burón en la mano y mi daga maldita en la otra, me detuve.
Varias partes de mi mente figuraban una manera de escapar, varias otras trazaban planes para matar aquella estatua, entonces ésta comenzó a mover su cabeza, alertándome. Abrumado, sentí en el pecho como si una mano imprimiera su peso sobre mis pulmones, era el miedo. La figura parecía burlarse de mí. Alzó sus manos al mismo tiempo que el blanco suelo comenzaba a traquetear como un estanque de agua perturbado. Me subí sobre un cuerpo desmadejado para ponerme a salvo, mientras en mi interior el peso en mi pecho se hacía más fuerte, pero me había equivocado, no era temor, sino una extraña sensación de deseo y hambre, un instinto profundo y animal.
Sentí una energía recorrer bajo mis pies como si peces recorrieran ese estanque, y sobre la superficie, bocas se abrieron como flores, llenando de rezos, cada cual a un Dios mayor, a uno menor, o a un santo, o a una virgen. Eran decenas llenando mis oídos, rogando, pidiendo fuerzas, ayuda, amor, confianza. Eran almas clamantes, sonando como campanas sagradas en mi cabeza, evitando que pensara con claridad.
Mi mente se fue uniendo poco a poco, los trozos de mi consciencia se dispusieron en forma defensiva, me llevaron a un sitio tranquilo en algún recuerdo que me causara paz. De pronto noté que me había llevado las manos a los oídos para cubrirlos, y que mi capa se había crispado como un animal acorralado. Vi el escenario con tranquilidad, guardé la daga y el burón mientras me acercaba a una mesa.

Cada líquido que se había formado en los diminutos pozos de rezo tenía un color diferente, cada cual dirigido a un Dios particular. Una de las bocas lanzó su contenido hacia un tobillo de la albina, revelando con claridad lo que temía, al igual que el agua sagrada, ese jugo primordial nos dañaría.
Apreté los dientes. Necesitaría de todo mi ingenio para lograr salir de aquella tumba, necesitaría pensar de manera diferente que la albina. Luchar no serviría, solo retrasaría lo inevitable. Una de las bocas me apuntó a rostro, y apenas esquivé el chorro que saltó como el veneno de una cobra roja de la Tierra Muerta, golpeando mi brazo. Ardiente, el ácido se colmó de mi piel, abrasándola.

«¿Qué haría Marga en una situación como esta?» Pensó algún sitio en mi cabeza, necesitaba reaccionar de manera diferente, sino terminaría como el demonio de la cadena. «La cadena», recordé. Barrí con la mirada el lugar y la reconocí tirada sobre una de las mesas. Salté desde mi lugar a una silla y luego hasta la mesa redonda en donde se encontraba el trozo de metal, lo agarré, y como si una serpiente de memorias me hubiera mordido la mano, un torrente de emociones me recorrió desde los dedos, el brazo y subió reptando hasta mi pecho. Un mar de imágenes me golpeó con sus violentas olas, haciendo que me temblaran las piernas y me martillase el corazón. Respiré profundo.

Parpadeé un par de veces hasta que noté en donde me encontraba, y caí en cuenta que había regresado a la taberna, parecía que hubieran pasado años desde que había saltado a la mesa a recoger la cadena, mi pecho aún no lograba acompasar mis emociones, mi mente se comenzó a fraccionar, buscando contener mi pena, amores y odios detrás de una puerta para que no pudieran afectar mi razón. Entonces noté a mi lado un vaso de madera repleto de vino el cual me dio una idea.
Cogí el vaso y me bebí de un sorbo el purpúreo contenido —las viejas costumbres nunca se pierden—, me dirigí al suelo y llené el vaso con el líquido de una de las bocas, preocupándome de recordar a quien había rezado. En mi cabeza clasifiqué rápidamente cada color con cada Dios y cada grabado en la piel de aquella figura, y con el vaso lleno de esperanzas, lo lancé como una ráfaga contra una de las paredes…

Sonreí como un niño al notar como los talismanes se quemaban con llamas anaranjadas, mientras otros simplemente se resquebrajaban como máscaras rotas y los demás se consumían como papel quemado. El líquido anulaba el poder de los talismanes, siempre y cuando no estuvieran dirigidos al Dios grabado en ellos.
Apreté el vaso en mi mano, miré a la albina, a la demonio.
¡Ayúdame, ya sé qué hacer!



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Re: Revolución en Rodelfia

Mensaje por Vanidad el Vie Mayo 11, 2018 6:51 pm

Sabía lo que se le venía encima en cuando escucho la tercera oración. Cierta bruja le había dado una vez algo muy, muy similar, pero dudaba que esa cosa fuera a ocultar su poder demoniaco, si lo tenía siquiera.

Aun así, no se dio cuenta a tiempo, y un ardor en su pierna a medida que esa baba sagrada consumía su carne era la prueba de ello. Había sido lenta, descuidada. Resistió el impulso de chasquear la lengua hacia ella misma, sonriendo en su lugar. Dejo que el Ansia fuera recorriendo su cuerpo, poco a poco, quería un buen combate, y puede, solo puede, que esa cosa fuera a dárselo.

Lo dudaba, el siguiente ataque la volaría en pedazos, la diablesa estaba segura de ello, a medida que el poder profano se arremolinaba a su alrededor en el conjuro creado por Padre… para desvanecerse en un suspiro en cuando vio la manera tan… anticlimática en la que su acompañante estaba peleando. La poca emoción, la poca esperanza de tener un combate entretenido… tirada contra en el suelo y aplastada por una bota. Suspiró. No iba a agotarse innecesariamente cuando había una manera de ganar alternativa, por más… anticlimática que esta fuera. Y más si entendía el concepto. -¿Sabes? Eres una persona de lo más aburrida…- se limitó a decir con un mohín.

Esa cosa le recordaba a un Gestalt de almas, de rezos, una aglomeración de magia divina muy posiblemente artificial, a duras penas retenida; si apretaban demasiado poco, las almas se irían, demasiado, y las diferentes fuentes de magia divina chocarían y entrarían en conflicto, extinguiéndose entre ellas. La diablesa saltó por encima de la barra, dejándose deslizar hacia el otro lado, lo que fuera para usar el mínimo las piernas, y una vez en el otro lado, simplemente cogió unos vasos, y una botella, medio llena como comprobó cuando volvió a saltar por encima de la barra. Tomo un trago de lo que resulto ser licor de cerezas, tan, tan dulce que podría haber servido para iniciar el servicio religioso de cierto dios suave y esponjoso, pero después del chasco, no iba a quejarse.

Técnicamente, podría haberse molestado en recordar que liquido era de cada dios, pero con tantos dioses y tantos talismanes, sinceramente, no importaba lo más mínimo, así que fue llenando los vasos de uno a uno, arrojando sus contenidos hacia la misma pared, ronroneando como un gato mientras esos símbolos ardían. Se había debatido entre causar el máximo daño posible arrojando el líquido a diferentes paredes, pero finalmente había considerado que tener una ruta de escape, por si acaso, primaba sobre causar el máximo daño posible, no se fiaba de que no tuviera algún otro truco bajo la manga que fuera a usar si recibía demasiados daños. Le dedico una mirada al licor de cereza mientras veía arder la pared con satisfacción, descartando la idea de beber más, quería mantenerse despejada al fin y al cabo, así que la botella acabo en la fea cabeza de esa cosa, seguida de una pequeña lengua de fuego para incendiarla.


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Re: Revolución en Rodelfia

Mensaje por Casandra Von Schuyler el Miér Mayo 16, 2018 1:11 am

Las cadenas pueden significar muchas cosas. Pueden simbolizar un lazo con algo más allá de la comprensión de uno, un deber o una promesa. Pueden representar el sufrimiento de una privación, de libertad o movimiento. Los significados son innumerables, pero cuando el demonio de las ilusiones tocó sus suave y fría superficie…lo entendió.

Su conciencia se partió, rota en mil pedazos durante segundos que duraron eones. Segundos en los que, como un espectro, pudo entrar en los diminutos fragmentos que habían conformado la consciencia del demonio torturado.

Cuando abrió los ojos, su cuerpo ya no se encontraba en la posada ni cerca de la gelatinosa sustancia del monstruo que los atacabas. Sus pies chocaron con arena, húmeda y endurecida por el contacto con el mar, y su nariz olió el aroma del humo. En el momento que su consciencia regresó, los gritos resonaron con fuerza contra sus oídos.

A pocos metros, una aldea ardía. Sus edificios eran primitivos, meros trozos de madera y barro, con herramientas básicas en las puertas y en el suelo. Sus aldeanos huían, entre las llamas, con sus manos llenas de sus posesiones o seres amados. Los gritos de dolor se alzaban en el aire como un torbellino y entre las sombras el demonio distinguió las familiares chispas de la magia. Sombras caían, en formas inhumanas y demoniacas, agarrando a los desprevenidos hombres y mujeres. Algunos tenían la suerte de caer en sus fauces o bajo sus espados, otros sufrían la desesperanza de sus torturas y violaciones…La escena era barbárica y cruel, tan innecesaria y sangrienta que se olía el aroma más puro de los demonios en él.

Y, en el medio de la noche y de las llamas, un ser se elevó. Su armadura era negra como el espacio en el que se ocultaban las estrellas, cubriendo un cuerpo hipertrofiado y marcado de cicatrices, que solo un dios de la guerra podría apreciar. Su cabello rojo como el fuego se movía entre los vientos cargados de ceniza.

Un gruñido de satisfacción salió del ser, que fue seguido por el resto de seres con gozo.

Lo siguiente que Strindgard notó fue como el mar se elevaba y chocaba contra su cuerpo, fragmentándole de nuevo. Cada pieza de su ser, rota y despedazada, en un espació frio y cruel, en que cada milisegundo hacia desvanecer algo. Hasta que algo lo reconstruyó de nuevo, de manera inmisericorde, lanzándolo a un nuevo escenario.

El mar se movía bajo el demonio. Su cuerpo había chocado duramente contra una madera que había visto siglos más limpios y el golpeteo de botas a su alrededor se hizo claro.

“¿Esta seguro de nuestro rumbo, capitán?”

El barco era de un blanco cenizo, cubierto en su superficie por roña, vomito y venas corruptas que difuminaba las partes que lo formaban. Daba la ilusión que era un trozo de algún ser milenario, arrancado por el mismo y modelado de manera infantil. Cuando Strindgard elevó la mirada, las piernas y el cuerpo del demonio que había gruñido en la noche se hizo patente.

Su piel era negra como el alabastro y sus ojos brillaban dorados y feroces. Su vestuario consistía en unas botas y en un pantalón simple, dejando el resto de su cuerpo desnudo, como una parodia de un corsario. A su alrededor, criaturas del abismo que era el foso se movían, atareados y procurando que el barco se moviese.

“Las costas de cada rincón del mundo nos temen…Solo esa escoria llena de hielo nos falta…y los chicos se merecen algo fácil”

Respondió el ser, acomodándose en su postura de piernas abiertas y chulería, sonriendo, mientras la tropa gritaba con alegría. El mar susurraba a su paso, mientras un suave copo de nieve captaba la mirada de Strindgard y cuando pestañeo, todo cambio.

Como un látigo, corrientes de aire y hielo golpearon su cuerpo, levantando su cuerpo, para dejarlo caer de nuevo contra la nieve. El frio era cruel y se colaba en los huesos de manera insidiosa. La tormenta impedía ver nada alrededor, pero aun así podías oír el sonido del acero contra el aire, de movimientos feroces y gritos contra los vientos. Finalmente, centrando su mirada, el demonio pudo alcanzar a ver algo…La figura del campeón demoniaco, sanguinolento, con un hacha en su mano y un escudo en la otra, soportando su peso sobre una rodilla, mientras miraba hacia arriba. Una figura se elevaba en un montículo de nieve, las brisas y el hielo demasiado fuertes como para distinguir cualquier resquicio de su apariencia, exceptuando el elegante vestido morado que se meneaba con los embistes del viento.

“¿Qué…mierda eres?”

Gruño el campeón, con esfuerzo, expulsando de sus labios gotas de sangre, que decoraron el frio tapiz de nieve. El torbellino se hizo más fuerte por el momento, humedeciendo aun más el cuerpo del demonio, mientras las figuras se mantenían erguidas. Sin embargo, al segundo, el torbellino se extendió, liberando la vista del demonio de cualquier limitación.

Ese momento de visión podía ser llamado un castigo. En un valle helado se alzaba una corte de invierno. Decenas de seres como el que ambos demonios enfrentaban en el mundo real, cada uno con diseños diferentes, pero elegantes y femeninos, se alzaban contra las tropas del demonio. En las manos de los demonios, espadas y lanzas, embuidas en algunos casos con la magia corrupta de los demonios, mientras de lado de las abominaciones había objetos religiosos, decorados y elegantes, que iluminaban su paso en la tormenta. Pronto, la batalla se vio decidida.

Los demonios no podían resistir los golpes sagrados, ardientes y ácidos contra su piel, cayendo uno a uno contra el suelo. Uno a uno eran recogidos por los seres, quienes, como una parodia de cariño, los abrazaban. Podías escuchar como sus huesos eran rotos sin mesura, para después ver como sus miembros eran retorcidos y aplastados, volviendo los cadáveres y pronto fallecidos en formas más compactas…Para ser devorados. Sus restos eran elevado, sin sacralidad alguna, sobre las cabezas de los seres, quienes abrían huecos, como bocas, en su superficie, dejando que se deslizaran. Pronto, sus cuellos y barrigas se ensanchaban, dejando entrar en su totalidad los cadáveres, para después recuperar su forma, dejando solo una barriga de embarazada en las figuras. Estas sonreían, marchándose con su carga en una dirección desconocida, acariciando la superficie en la que los cadáveres descansaban, como madres cariñosas.

Y, finalmente, el demonio escuchó la respuesta a la pregunta. Una respuesta formulada en una voz que se sentía como cristales y agujas contra tus oidos, una sensación aguda y dolorosa, que se trasladaba hasta la profundidad de su cerebro y lo removía.

S̳̽̈̎̎ͩ̑͊ơ̒ͬ͋ͫ̓͐ͅm̼̖̹̪͔̣͖̿̓ͦ̓ȍ̉͐̅͞ṣ̛ ̗ͫ̅lͦ͐̚o̥ͧ̾ ̳̦͖̰̌ͮͣ͒q̭̺͍̰͖̯ͣ̌͑͆͗ṷ̮͖̬̜̥̠̏̔͌͒̂̚e̗̗̲̲̟̒ͧͣ̄ͤ̂ͪͅ ̠͎͍̕q̘̇̔̌ͤ̃ͤ͡u̐̈̿͏̗͖̦͎̣̦̘e̺̼̰̣̬̭̳̔͛d̵̪͐̎a̠̬.̰̗͗͐ͬ̋͠.̳̲͔̓͊ͧ̇̒ͮ.̨͙̬̠̈̏ͤ̏̐ͮ


La experiencia finalizó y los ojos del demonio se abrieron, con nuevas ideas y conocimientos, pero con un leve dolor en la parte trasera de la cabeza. El plan que formuló al momento fue exitoso y cada vez que las gotas de esas sustancias tocaban los medallones, estos ardían y se oxidaban, estallando en llamas que dejaban caer pedazos de material de las paredes. Con la unión de la diablesa, el proceso se aceleró, haciendo que, en pocos segundos, un buen trozo de la pared quedase abierto.

Un grito rompió el proceso, sin embargo. La criatura fijo su rostro sin ojos en vosotros, empezándose a mover como una serpiente, en pequeños círculos sobre si mismas. Su mano, o lo que fuera, se extendió, engordándose y retorciéndose, produciendo por su palma un orbe de oro, enlazado a un báculo. Pronto, alzó el mazo contra vosotros y los susurros volvieron.

¿Huir o luchar? La decisión era de los demonios.
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