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Revolución en Rodelfia

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Re: Revolución en Rodelfia

Mensaje por Vanidad el Vie Mayo 18, 2018 10:06 pm

Estaban haciendo progresos, sin dudarlo, pero el proceso era demasiado lento. Habían hecho un hueco, pero aun así tendría que romper la maldita pared a puñetazos si quería escapar porque habían escogido la pared sin una jodida ventana, y a pesar de los daños al bichejo, no podía afirmar que la había herido, como mucho que estaba… molesta. –Detrás mío diablillo.- se limitó a decir a su forzado aliado. Un bicho sagrado…más o menos. Desconocía la epifanía del demonio, y aunque la hubiera compartido, le habría dado completamente igual que hace unos cuantos siglos, unos pringados fueran capturados, por más demonios que fueran, no era una patriota hacia sus congéneres precisamente, seguramente había tantos demonios asesinados en su historial como los mejores paladines. Tampoco le importaba lo que sin duda era una perversión de la voluntad divina, una herejía condenable por todo el panteón, puesto que eso habría indicado la creencia en algo superior. Existían los señores, sin duda, pero eran demonios, alcanzables, y esos eran la cúspide de la existencia, de momento. Ni siquiera era venganza por ese escozor en su pierna.

Simplemente no huiría de un maldito flan glorificado. Su orgullo jamás lo habría permitido.

Extendió la mano concentrándose, simétricamente al pudin con el bastón, a medida que el poder se arremolinaba a su alrededor, su acero vil despertando en lo que percibía como detrás suyo, gruñendo extasiado ante la promesa de sangre mientras su capa y cabello ondeaba en un viento invisible. Algo en su interior se agitó ante el poder recorriendo sus venas, y no pudo evitar esbozar una sonrisa mientras era bañada en energía. –Estate atento para ver alrededor de que se regenera.- Que se estuviera emborrachando de poder no la había vuelto tonta. No podía asegurar, al fin y al cabo, que lo mataría sin saber cuál era su corazón. Pero desde luego sería mucho más fácil hacerlo después de eso.

Su poder se concentró en su mano extendida, acumulándose en una pequeña esfera rojiza. Pura energía a duras penas contenida, hambrienta de destrucción. Anatema de todo lo divino y viceversa. –Lo siento, no es nada personal.- mintió, antes de liberar el conjuro. La técnica de su padre, con un toquecito personal.

Decenas de pequeñas esferas rojizas salieron de la original hacia la criatura, apuntando directamente a los ídolos. Explotarían, haciendo trizas todo en su camino, y una vez lo que tuviera en frente muriera, seguiría con el resto, destruyendo y emponzoñando de energía profana. El lugar donde había surgido y estaba la mujer-flan había sido el objetivo obvio, pero si no tenía éxito, seria puro azar, así que escogió el techo. Era el lugar teóricamente más difícil de alcanzar, al fin y al cabo, así que eso lo volvía el lugar más obvio donde guardar un corazón. Además, no se fiaba de que su compañero no saliera por patas si limpiaba la pared con la puerta a la calle, que había sido su primera idea.


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Re: Revolución en Rodelfia

Mensaje por Strindgaard el Lun Mayo 21, 2018 4:40 am

Sentía los escalofríos subir como ratas por mi espalda. Necesitaba probar algo más de vino, un poco más de alcohol para calmar mis nervios. Mi mente había ocultado tras puertas los sentimientos que habían sido descargados por la cadena en mi cabeza, pero el frío de esa tormenta invernal era demasiado parecido al que sentía en aquel momento, la nieve hasta los tobillos se parecía demasiado al líquido en el que estaba metido. Y esa cosa con la que luchábamos… Los recuerdos pujaban, yo sólo lanzaba el jugo de los pequeños pozos con forma de boca como un poseso, el miedo observaba tras mis ojos, ¿o era acaso ese demonio quien lo hacía?

Los demonios no podían resistir los golpes sagrados, ardientes y ácidos contra su piel, cayendo uno a uno contra el suelo. Uno a uno eran recogidos por los seres, quienes, como una parodia de cariño, los abrazaban. Podías escuchar como sus huesos eran rotos sin mesura, para después ver como sus miembros eran retorcidos y aplastados, volviendo los cadáveres y pronto fallecidos en formas más compactas…Para ser devorados.

Los talismanes se desquebrajaron, consumieron y quemaron, reaccionando frente a nuestro frenético acto, la pared escondida detrás de la capa de cera marmórea apareció de repente dándome un vuelco al corazón. Sonriendo, miré a la mujer, a esa demonio a la que no sabía si confiarle la caja de arena de mi gata, en su mirada había decisión y orgullo.

Detrás mío, diablillo —Se limitó a decirme, sin parecer siquiera interesada en el resultado de nuestro intento de huir. Un sonido llamó mi atención, miré a la golemita victoriana.

Su figura blanquecina empezó a retorcerse con un compás macabro que me trajo recuerdos que no sabía a ciencia cierta si eran míos. Su palma parió una esfera dorada que brillaba como una reliquia arcana, y un asta creció debajo de éste hasta formar un báculo que si no hubiera sido testigo de su origen, a simple vista hubiera creído que estaba hecho de una cenicienta madera blanca.
Tragué saliva ante lo que venía, en mis oídos tenues lenguas comenzaron nuevamente a susurrar.

La cabeza me dolía en cerca de la nuca, Una puerta se abrió en algún sitio de mi mente.
Estate atento para ver alrededor de que se regenera. —Miré a mi forzada compañera, su figura terrenal parecía estar sombreada por energía primitiva, era esencia, fluyendo por su cuerpo.
En la palma de su mano se generó un orbe de brillante color sangre que me hizo salivar. Esencia profana pura, confinada en su mano por gracia de su Señor. Sensaciones extrañas me tensaron el pecho, no estaba seguro si eran mías, un profundo odio, la agonía de la prisión.
Lo siento, no es nada personal —Escuché, para luego quedar cegado por algunos segundos frente a una lluvia roja.

El líquido níveo se endureció a mi alrededor, los disparos se arremolinaron centrándose en la figura del báculo y sobre nuestras cabezas. Una avalancha blanca de escombros llovió, corrí bajo una mesa mientras mi capa se movía para salvarme de los trozos de madera y roca blanca de la que estaba hecha la golemita. Maldiciendo a la demonio mientras el segundo piso se venía abajo, sentí emerger el odio burbujeante de los recuerdos, ese embrión que había sido inseminado en mi cabeza me pedía a gritos que no lo volviera a encerrar. Quería ser liberado.


S̳̽̈̎̎ͩ̑͊ơ̒ͬ͋ͫ̓͐ͅm̼̖̹̪͔̣͖̿̓ͦ̓ȍ̉͐̅͞ṣ̛ ̗ͫ̅lͦ͐̚o̥ͧ̾ ̳̦͖̰̌ͮͣ͒q̭̺͍̰͖̯ͣ̌͑͆͗ṷ̮͖̬̜̥̠̏̔͌͒̂̚e̗̗̲̲̟̒ͧͣ̄ͤ̂ͪͅ ̠͎͍̕q̘̇̔̌ͤ̃ͤ͡u̐̈̿͏̗͖̦͎̣̦̘e̺̼̰̣̬̭̳̔͛d̵̪͐̎a̠̬.̰̗͗͐ͬ̋͠.̳̲͔̓͊ͧ̇̒ͮ.̨͙̬̠̈̏ͤ̏̐ͮ


Uno que no era yo, un campeón de sal y mar, se alzó entre las mesas de apuestas y las sillas vacías. Se acercó con paso firme hacia los restos de la golemita. Allí, donde su pecho se abría como una estatua herrumbrosa y desquebrajada, una pieza que brillaba como un cristal, del tamaño de un joven cráneo humano, blanco un ópalo, se asomaba de entre el pálido mármol. Era su núcleo.
Mire hacia mi interior, dejé que el campeón tomara el burón entre mis manos, su boca se retorció en una sonrisa. Empuñé el arma.
He sufrido una agonía que ha durado cientos de vidas atrapado dentro de vuestras fauces —Dije con una voz cargada de frío—. No pretendo extender vuestra vida por tanto tiempo, pero os haré sufrir lo mismo, se los garantizo.
Con una fuerza impropia de mi cuerpo, con ambas manos el campeón dejó caer el burón con el peso de todo mi cuerpo sobre el núcleo de la golemita.





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Re: Revolución en Rodelfia

Mensaje por Casandra Von Schuyler el Jue Mayo 24, 2018 2:11 am

Hay todo tipo de infiernos, pero el que desató el demonio escarlata era claramente de su propia invención. Las bolas de pura energía, abrazadas por la inconfundible corrupción que recorría las venas de su ser, se estrellaron sin esfuerzo contra la estructura de la casa y la propia criatura.

El techo se hundió de manera irregular, destrozando el cuarto cerrado que el ser había creado con su cuerpo, machacando la superficie de su cuerpo de mala manera. Los dientes de sus diferentes bocas se partían o desaparecían ante las vigas y muebles de maderas que descendían, sino estallaban en chasquido de su propia sustancia. Mientras tanto, el cuerpo principal sufría enormemente. Su rostro parecía moverse, mostrando la expresión de alguien que gritaba, pero sin producir sonido alguno. Su delgado cuello movía su cabeza, observando el desastre de las bolas e intentando reformarse, con sus manos agarrándose a su torso y su base, similar a un vestido. Sin embargo, los proyectiles no tardaron en alcanzarla. Primero su hombro derecho desaparecio, desconectando su brazo de su tronco, el cual cayo con un desagradable chasquido de vuelta a la base. Lo siguiente fue su propio vientre, que dejo un hueco abierto por el que la criatura tuvo que inclinarse para cubrirlo, dejando caer gotas de su propio cuerpo para caer. Conjuro por conjuro, hechizo por hechizo, el ser se fue rompiendo y deshaciendo…Hasta que solo quedo una cosa…

Tras la tormenta de magia corrupta, en medio de la habitación, rodeado por lo que parecía una jaula de mármol, había un ladrillo. O, al menos, algo similar. Su forma rectangular parecía estar hecha de la misma sustancia que el ser, pero en su superficie podían adivinarse runas y simbolos, que se deslizaban de manera rápida, ocupando el mismo espacio que otros, en un movimiento casi similar al de serpientes. El objeto latía, mostrando un  foco de luz en el interior del objeto. El latido aumento en lo que el demonio, poseído por recuerdos que no eran suyos se acercó y lo golpeó. El objeto entonces se partió en dos, liberando una chispa de pura luz en el aire, un pequeño cristal envuelto en luz dorada.

(https://www.youtube.com/watch?v=2-5JlUoVuYc)

Pero por unos segundos no paso nada, quedándose todo estático. El tiempo pareció extenderse, evitando que la caída golpease el icono blanquecino contra el suelo, mientras que el espacio pareció romperse alrededor del cristal. Como si un perezoso dios levantara una brisa, el espacio entre las cosas -entre cada momento, entre cada pequeño fragmento de “ser” y concepto- se abrió como una cortina. Para los ojos de los demonios, solo duro un segundo eterno, en el que la oscuridad que veían detrás de lo que había en la realidad se movía. La demonio notó como algo rozaba su nuca, claramente era una mano, pero su contacto era puro hielo, lo suficiente como que en vez de producir escalofrió diese la sensación de que su cuello empezaba a arder. A su vez, el demonio ilusorio vió como una mano salía del extraño espacio. Una mano enguantada en la esencia de la que estaban hechas las sombras, la cual se deslizo hasta rozar su frente con un dedo. Los recuerdos del ser que habían dominado el cuerpo ajeno se desvanecieron, en charcos de puro vacío, como un escudo que estallaba ante el embiste enemigo y, finalmente, pudieron obtener paz…Sin embargo, los hijos del foso no tuvieron tanta suerte.

Los pulmones del demonio perdieron todo oxígeno que mantenía en su cuerpo y el vello de la demonesa empezó a erizarse, en una reacción instintiva de luchar o escapar. La sensación era reconocible, una sensación que ambos, como demonios, conocían de primera mano. Era una sensación primitiva, que invitaba al caos y al dolor…Era la sensación de volver a casa.

Ambos seres notaron lo mismo durante ese momento. Como algo, desconocido y extraño, una sensación de puro escozor y frio, se extendía por sus mentes y cuerpos, como tinta en el agua, llenando cada espacio disponible, a partir de los roces en sus cuerpos. Notabas como os miraba, como despedazaba vuestros recuerdos y experiencias, como lamia cada recodo de vuestras personalidades…hasta que no quedo nada. Solo frío y gritos que juraríais que no eran vuestros, susurros que nadie pronunciaba y terribles maldiciones.

Hasta que, finalmente, el toque cedió y vuestros cuerpos cayeron al suelo, como si el marionetista encargado de vuestro espectáculo cortase al fin las cuerdas. A vuestro alrededor, la sustancia se empezó a endurecer, y notasteis como apretaba vuestras piernas y manos, ahora en el suelo, durante el proceso. La incomodidad duró poco, porque nada más se endureció, perdió el color blanco puro y se empezó a deslizar.

Sin embargo, aun no acababa. Podíais notarlo, no verlo ni oírlo, pero sentirlo cuando cerrabais los ojos. Como algo os miraba detrás de los parpados cerrados, tan cerca de vuestros cuerpos que la diferencia entre su carne y la vuestra era imposible de diferenciar. Y, en ese espacio carente de sonidos y vida, habló.

S̛̜͓̭o͏͏̣͎̠͈̦̖m̯̟͍͉o̟̱̰͞s͔͔̬̜͎̯̙̦ ̛̘̺͜l̥͔̼͍̫̪͝ọ̡̧̦̹̮̗͉̟̟ş̩̯̥͖̦̮̖̱ ̢̺͖q̨̟̳̩̫ù̠̞̠̳̟e̢̻̙̼ ̘̯̺̼͎̘̤͢q̴̺̞̝̞͙͉̬͖̗ư̲͔e̢̢̫̭̟̗̬͟d͕̞͖͍̝͚̣̳͞à̴̜͞n̗̳̕̕.̸͙̦͟͜.̴̡̩͢.̥̹̪̥͔
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̠̤̲͎̙͕̤͜͢͢ͅS̵̥̳̙̹̦̳̭͘͞o҉͈̻̠͉̯̗͈̜ͅm̛̗̥̹̩̲̫̺o̲̞s̛̖̤̮̙̩̤̫̮͡ ̠̺̯̖̥́l̞̗o͕̝ș͎̱͇̗̣̮͕ ͈̹̜͜͜ͅq͏̶̩̲̜̯̙͖̠͠ù̴̷̪͎̟̻̝̟̱è̫̲͎̩̲͈̰͢ ̟̝ǫ͙̟͖̹̼̱͖͕̼ḅ͔͓̕s̖̺̯͙̝͔̻̦̱͘͞e̶͞͏̮̩r͔͕͈̬̹̼̱͎v̡͈̼̤͢͟a͏͉͔̼̼̫n̡̹̼̺̙̜̲̹̜͠ ̛̮̰͜͠ļ͇̘̺͚̯͟a̡̮̠̦͕͟ ̷̝̦c͕̝̩̙̖̥͢o̷̬̦̟͖͙͔̭̹ͅn̵̤̰͠s̸͇̪̲̫̦̙̣͉̟͢͠t̷̲̰̘̜̥a͚͎n̜͕̣̲͢͠t͖̠͝e͔̬͍̜̪̤͎ ͏̝̹̰t̡̠r̴̴̘̮͇̣̦̪̗͞a͔̻̭͙͍g̨͢҉̘̺e͜͏̡̦d̵͎̺͇̜̬͎̼̤́ͅi̶̭̭̖̣̮̝a̗̲͙̼̜̩̯͇͈͡.҉҉̭̖.̳̻̘͍̗̫͝.̝̬
̘
̵̧̦̻̜͔̠͈͖̦S̶̤̺͙̼̼̻̰o̮̪ḿ̹͖̳͔̫̥o͎͖͝s̜̜̲̹͔͈͍ͅ ̶̡̯̣̰̟͉̠͖̹l̛̜͈͉̰̭̹̬̞͍͟͝ơ͖̫͙͓̝̗ş͓͇̣͠ ̵̼̤̰g͇̭̱̼͖̯u̢҉̡̥á̴̴̰͕͕̟͇̻r̸̥̬̞̺d͚͉͠͠ì̝̺͎̪a̬̣͙̖͚̜͕̫̩͘n̘̩͔̪̹̘̘̱ͅe̸̢̲̪̙͎̜͙ş͖͚̞̹͎̮͠͞ ̶̡̙͈̞̖̳̙͇͎͠q̛͎̣̭̤͚͡͠u͔͍̺͈e҉͈̻̝̬̪̫̭ ͇͠s̹͔̠͚̖̼̫̲͞ͅe̶͜҉͙͖̮̤̖͎̺̣ ҉͇͙̘̱̼̼͕̼͡a̷̞͖̭͟l͏̶̮̟͈͉̩z̙̼̮̯a̢͙̱̼͠n͓͎̬̙͢ ̼̗̘̺̫s̷̵͎̝̺̙͡ò̩̬̱̹͔̪͡b̴͡ͅr̷̝̱̫̯e̙̻͓͡ ҉̠̦͖̘͇̝͟e̹̲͙̭̭̗̞̣l͏͈̜̰̘̬͉̙̱͎́ ̖͙͚̪͇̘͓̩͠͡á͔͕̱͎̫b̞͡͝i̶̱̻̦̦̬͈s̰͟͜m͏̪̮͟ợ̴͈̯͓̺.̺͍͍̦̲̮.̞̩̘̱͕̺͡.̦͔́͘͢ͅ


El sonido solo se podía identificar como el que haría algo arañando vuestras tumbas. Tan desagradable y doloroso que uno solo podía rogar por dejar de oírlo.

Y̷̩͙̗͇̞̜̦̤̱̬̜̻ͅ ̧͚͙̤̼͈̜̗͙̫̩͈̗̬ͅv̨͓͍͓̤̲̗̮̫̻̪͚̳͎͙̜̯͖͢͡u̷̶̝͇̖̳̠̤̣͇͚̩̠̥̜̖͓͢͝͞é̶̛̛͈̘̝̝̖̯̤̠͇̩̹͍͉͉̦͕͖͢s҉̡́͘͏̫̥̦̹̳̟͈̩͇̠̩̜̦t̥͙̖̳͕͎͙̞̹̰͚̣̜̠͕̫̺͇̀͝r̡̯͉̪̤̠̯̖̺̩̻͔̹a̡̠̜̹͇̤̲͉̟͡ ̶̡̹̰̯͍̬͙͈͕̦̦̫̝͉̜͝͠͝ͅe̝̲̮̟̺̦̻͈͍̟̞̮̼̼̥̲͖̯̤͢͞s̨̙̠͓̜̟̤͓͓̰̮͉̘̪̱͓̫̯͎͡͠p̶̡̢̙͓͔̲͉͎͙̯͓̪̝͎͖̹̫̪͉͝ę̱̱͔̣̯̗̜̻͎̱̦͍̗̬͟c̢̨̢̛̟̟͓̬̙͢i҉͏̯̠͈͖̼̱̰̦̟͞e̷͠͡͏͓̘̹̝̝̗̬̭ ̸̶́͏͙̮̯̼͎n̶̠̪̝̞͟͟͞ǫ̨̯͍͖̤̹̪̱͓̞̬̟͝ ̴̵̵̝͇̞̘̼͖̰͜͞e̷҉͏̛̟̭̝̦͓̦͜s̡̖̭̭̯̦͔͈͚̹̟͍͕̗͕͢͝͠ ̷̧̡̡̧͓̫̟̠̗b̩̺̠̪͙̘͚̭͉̺̯͇̞̜̖̭͘͢͞i̵̷̯̰̬̫͜ḛ̙͇͍̰̗͈̫͓̩̖͔͠n̵̸̸̥̱̹̖̹̠̬͡ͅv̢̼̫̙̗̭̦̻̦͚̮͓̼̦̹̤̙͙͕͡ͅe̸̵̴̡̩̗͉̫̱͓n̴̛͈̝̜̪̼̭̬̘̺͔̲͖͈͔̖̮̮͚͙į̛̰̠͚͔̥̜͚͈͉̱d̵̸̮̲̟̜̗̥̮̲̲͍̀͡á̶̷̹̱̖͖̥̱̥̱͓̫̝͞ͅ


Y este fue el final. Las cortinas abiertas entre lo mortal, lo profano y lo divino se cerraron, expulsando a esa criatura- El tiempo pareció regresar con ello y, con este, los sonidos y la propia capacidad de respirar. Notabais el lento movimiento de la materia, sobretodo el de la sustancia que habían conformado al golem, que se iba volviendo lentamente polvo, desapareciendo en el aire. La luz que había pulsado en el interior del objeto había desaparecido, sin embargo los trozos del nucleo, con sus zigzagueantes símbolos, estaba en el suelo, partido a la mitad. El material parecía latir y…para bien o para mal…vuestros corazones sentían que habían obtenido una segunda oportunidad.
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Re: Revolución en Rodelfia

Mensaje por Vanidad el Sáb Jun 16, 2018 1:35 pm

Puede que se hubiera pasado un poco. Eso fue exactamente lo que se le paso por la cabeza a la diablesa al ver el resultado, mientras un único y súbito pulso de sudor la inundaba y su respiración la agitaba súbitamente. Dicho eso, la criatura estaba tiesa, supertiesa, especialmente después de que su acompañante moviera el culo y la finiquitara, así que realmente no podía quejarse. Al igual que tampoco podía quedarse cuando las autoridades vinieran a ver qué diablos había derrumbado e incinerado una taberna y matado a… esa cosa. Cierto que no estaba en llamas, aun, pero eso cambiaria en breve.

La diablesa empezó a buscar material inflamable, rehacía a simplemente transformarse en dragón en plena ciudad, mientras por su mente pasaba la imagen de una pequeña nutria con una libretita de multas que, por alguna bizarra razón, tenía todo el sentido en ese frio y raro país.

Y lo que había allí, donde antes había estado el bicho era… un ladrillo, ni siquiera demasiado bonito, aunque si rúnico, que no tardo en partirse, sin duda por el duro trato recibido. No lucia muy bonito precisamente, pero más tarde, cuando su acompañante fuese a buscar un joyero, lo acompañaría, en secreto, para asegurarse de que no le robaba el botín. No había nada como una desconocida escolta gatuna para proteger y evitar que tu compañero de dudosa fiabilidad no te robaran. Bueno, técnicamente para saber si te robaba, ya que el tampoco sabría que tenía acompañante, pero dudaba que se atreviera después del espectáculo, y podría usar un colgante nuevo.

No estuvo impresionada en lo más mínimo por las sensaciones que provoco matar a ese bicho. ¿Una gota helada glorificada en la nuca y un poco de miedo? ¿A ella, un demonio del terror? Prácticamente ronroneo mientras su reserva de botellas aumentaba, y empezó a preguntarse si encontraría maldita comida. Lástima que esa cosa siguiera molestando. Su mente se revolvió ante la intrusión, ignorando completamente el moco que la rodeaba. –Si bueno, a mí me invitaron, así que ya os podríais comportar y traerme una copa de vino, en vez de gelatina glorificada, esperaba después de ver la ciudad que fuerais un poco más civilizados.- dijo a las voces que se desvanecían. El riesgo de sumir la ciudad en llamas accidentalmente empezaba a sonar menos como un riesgo y más como una ventaja.

Siguió a lo suyo, intentando encubrir el delito mientras buscaba algo inflamable entre todos esos escombros, cogiendo botellas de aguardiente aquí y allá cuando vio una trampilla al sótano, lo que le provoco un fugaz pensamiento. –Esto… ¿crees que queda alguien vivo? Porque puede que quieras sacarlo antes de que incendie todo esto.- por su experiencia, sabía que la gente no solía apreciar que condenaras a sus seres queridos a un infierno abrasador, la mayoría de las veces, al menos, así que era mejor asegurarse. Con su alijo ya preparado, miro al demonio, lista para incendiar toda prueba de su presencia…probablemente. Al menos les daría suficiente tiempo como para decidir qué diablos iban a hacer ahora.


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