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No Todo el que Anda Errante está Perdido [¿Solitaria... Privada?]

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No Todo el que Anda Errante está Perdido [¿Solitaria... Privada?]

Mensaje por Strindgaard el Lun Sep 05, 2016 5:31 pm

Desperté algo mareado y somnoliento, como cuando despiertas de una borrachera de oporto. Me encontraba hecho un ovillo, calentito envuelto en mi capa, me pasé la mano por la cara, me dolían los músculos por haber dormido en aquella posición. Me senté sin entender nada, y restregué mis dos humanos ojos legañosos y solté un largo bostezo. El traqueteo del suelo y el chirrido de una rueda sin aceitar me fueron quitando el sueño poco a poco, la brisa fría de una mañana con un sol resplandeciente abrían sus brazos para recibirme.
Los recuerdos de lo que hacía antes de dormir comenzaron a llegar de uno en uno, encajando como engranajes de un reloj. Mierda. Abrí de golpe los ojos. La luz del día se colaba por entre los barrotes. Estaba encerrado en una gran caja metálica, un carro.

¡¿Qué mierda sucede aquí?! —grité, como un muchacho asustado, había barrotes, barrotes por todos lados. La verdad es que sabía que era lo que estaba ocurriendo, pero aquel conocimiento estaba apartado en un rincón, el pánico me poseía. El pecho me comenzó a doler, me sentía como un ratón en una trampa. Me agarré la cabeza, el mareo no se iba, sentía como si un tigre me mordiera la cabeza. ¿Y Kerem? ¿Dónde estaba ese maldito cocinero? Lo último que recordaba de él fue su baile, luego verlo caer desmayado. Y luego comenzó a sonar aquella música…

Mirad quien ha despertado —dos uniformados me miraron, iban sentados en la banca del conductor delante de mí, el que sujetaba las riendas me regaló un vistazo cargado de odio, el que lo acompañaba, y que había hablado, sonreía—. ¿Dormiste bien?
¿Por qué me han encerrado, a dónde me llevan?
¡guarda silencio, BESTIA! —gritó el de las riendas—.Y ALÉJATE de los barrotes.

Me encontraba consternado, el caballo gris que tiraba el carro piafó. El corazón se me iba a salir del pecho. Traté de levantarme, pero el dolor de cabeza me obligó a quedarme sentado. Necesitaba un trago.
Giré y arrodillado comencé a mirar el exterior. Arriba el sol despuntaba por sobre las nubes y el verdor de las paredes de las casas a mi alrededor brillaba ahí donde la luz las golpeaba. Las tablas del suelo estaban sucias de algo que esperaba fuera barro, y llenas de paja sucia. Me agarré de los barrotes y miré las espaldas de los dos guardias que iban conmigo. El que me había hablado me miraba con una media sonrisa en el rostro, su barba rubia y bien recortada me exasperaba, había muy poca gente en la calle, recién comenzaba el ajetreo en Ciudad Esmeralda.
¿Dónde me llevan?
¡JODER! ¡Que te CALLES!
Te llevaremos de paseo a los calabozos. Espero que no creas que también están hechos de esmeralda.

El mareo me consumía, sentía la cabeza como un melón. Mierda. ¿Qué haría ahora? ¿Quizá si me revelaba como demonio se asustarían y huirían, o quizá me darían un buen tiro en las entrañas y hasta ahí no más llegaría mi historia?



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Re: No Todo el que Anda Errante está Perdido [¿Solitaria... Privada?]

Mensaje por Duneyrr el Miér Sep 07, 2016 2:50 pm

Como una roca sumergida en un río, alisada por el tiempo, la gran figura del orco reposaba de piernas cruzadas en el fondo de la celda. Sus ojos no demostraban sentimiento alguno, vaciados de toda expresión y llenos de silencio.

Mirando algún punto lejano, igual que su mente, se encontraba lejano a la realidad, sumergido en un trance que no lo había dejado dormir en toda la noche; tratando de encontrar una paz que le era tan desconocida como la misma palabra.

La luz que se filtraba por los barrotes le avisaba que había amanecido, estiró su mano y dejó que los rayos le besaran la piel. Aunque el frío de la celda para él no era más que un frescor, era agradable sentir el calor del sol en su palma.

Otro día. —Dijo casi para sí. Su voz cavernosa rebotó por todo el lugar, despertando a más de algún ladrón y mendigo en las celdas lejanas.
Su pequeña ave se desperezó en su hombro, donde solía anidar, y gorjeó batiendo sus alas para estirarlas.
Amanece, amanece, amanece.  —La voz chillante del ave deshilachó los pensamientos del orco, llevándole de vuelta a su pequeño confinamiento.

Como una negra mancha, el ave revoloteó desde el hombro de su palma hasta su mano y se dejó llenar por los haces de luz.

Sol, sol, sol.
Duneyrr asintió con una ligera sonrisa, Cuervo era un cuervo muy inteligente, pero tenía un gusto extraño por señalar lo evidente.

Moviendo lentamente sus brazos, el orco comenzó a estirar sus agarrotados músculos víctimas del reposo constante, Cuervo aleteó hasta la ventana, pasó sin problemas por los barrotes y se perdió.
Ve a des-aiunar, pájaro.

Sus articulaciones sonaban como  martillazos lejanos de algún herrero trabajando sobre el metal, primero las manos, luego los hombros, hasta su cuello. Lo más dificultoso eran las piernas, pues el orco quedaba encorvado si se colocaba de pie en la celda. De hecho, el sitio era tan pequeño para el orco, que si estiraba sus brazos podía tocar a la vez ambas paredes, y rozar el techo combado de piedra con sus uñas, si las levantaba.

Se encontraba estirando una de sus piernas sentado sobre su minúsculo colchón de paja, cuando sonó la lejana puerta de madera chapada en hierro que daba a las celdas. Aunque Duneyrr no la podía ver, sabía que era esa puerta, pues el sonido de esas gastadas bisagras era único: al principio era un gemido quedo, luego pasaba al característico gruñido del metal contra el metal, para luego terminar con un débil suspiro.
Todos los días el orco lo oía, por ya casi un mes, aquel sonido lo iba a volver loco.
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Re: No Todo el que Anda Errante está Perdido [¿Solitaria... Privada?]

Mensaje por Strindgaard el Miér Sep 07, 2016 4:30 pm

Me dejé llevar hasta un edificio donde entraban y salían uniformados. Guardias de la ciudad. Cuatro hombres salieron a nuestro encuentro, era una mañana bonita, un cielo claro sin nubes, aire fresco y gente limpia.
¿Lleva algo bajo la capa?
No, le hemos revisado. Solo cargaba este morral.
Baja.

Abrieron la jaula y me llenaron de cadenas. Comencé a caminar con pasitos cortos, el acero me mordía los talones. Dentro todos me miraban, y no eran miradas buenas. Oí a dos mujeres hablar entre sí, me apuntaban con sus largos dedos y me nombraban asesino. Tengo poco éxito entre las mujeres, no hay duda.
Dos guardias delante, dos atrás, me escoltaron hasta una escalera que bajaba al oscuro calabozo. Traté de recordar cuando había sido la última vez que había bebido algo, al parecer no iba a poder probar alcohol en algún tiempo.
Bajé, avanzamos entre varias celdas, había bastante gente allí, la mayoría igual de sucia y pobre que yo. El frío era espeso y me rasguñaba, me encogí de pronto, la luz de las antorchas revelaba apenas iluminaba el pasillo. Me rasqué la nariz, las cadenas sonaban como cascabeles.
¡LA MANO QUIETA!

Solo las primeras celdas tenían gente, las siguientes estaban todas vacías, aun así me llevaron hasta el final del corredor. Allí solo había más oscuridad y frío, y una enorme figura que revelaba la luz de la última jodida antorcha colgando de un aro de hierro en la pared.
Me quitaron las cadenas, abrieron una reja y entré como un gatito manso allí.
Nos veremos en un rato. Disfruta de la compañía.
Se alejaron, junto con el sonido. Me quedé de pie dentro de un cuadrado de dos por dos, muros de gruesa piedra dividían los bloques, estaba en la última celda y no había nada más a mi izquierda, a la derecha no había nadie por lo menos dos o tres celdas más allá, y al frente… Aquella sombra enorme.



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Re: No Todo el que Anda Errante está Perdido [¿Solitaria... Privada?]

Mensaje por Duneyrr el Jue Sep 08, 2016 2:16 am

Encogió su otra pierna y espero a que Rickard apareciera con su charola con el desayuno, como todos los días, pero el sonido que provenía del pasillo no era el del guardia con el carrito del desayuno, sino el de varios hombres y cadenas traqueteando. Un nuevo preso.
Masajeando los músculos de su pierna, Duneyrr oyó como el sonido de las cadenas y los pasos se acercaban. Nadie hablaba, solo se podía oír el silencio frío de las celdas y el avanzar del penitente. Entonces, aparecieron los guardias.

El humano que habían lanzado frente a su celda no parecía más peligroso que una mujer, o un niño. Su rostro era flaco e imberbe, sus brazos no servían para sostener una espada y sus piernas no aguantarían ni un día de campaña. Su piel blanca como la leche nunca había soportado el lujurioso beso del sol, ni el escarchado soplo del padre invierno.

La capa que lo cubría estaba sucia con polvo y mierda, y la expresión en su rostro no era otra que la del miedo y la desconfianza, la misma que Duneyrr había visto en la infinidad de hombres que lo veían por primera vez.

¿Qué habría hecho aquel hombre, que había sido lanzado en las celdas de los más peligrosos?

Envuelto en la oscuridad de su celda el orco terminó de estirar su cuerpo hasta que ya estuvo descansado, pensando, jugando con la idea de qué pudo haber hecho ese débil intento de ser humano.
Sin dejar por un momento de mirar la capa negra, recordó a los sigilosos asesinos que caían como arañas sobre las tropas desprevenidas, o los elementales que llamaban al viento, la tierra, el fuego y el agua con solo pronunciar una palabra. Quizá aquel hombre era uno de esos, quizá simplemente haya estado en el lugar equivocado en el momento equivocado... Y es que, sin poder mirar otra cosa, y lleno de la curiosidad de quien no ha visto otra cosa más que paredes y barras de hierro por casi un mes, Duneyrr abocó toda su atención al hombre en frente suyo.

Sin ser cura, padre o santo, la voz del orco tenía la fuerza y cualidad de llegar hasta los rincones más recónditos de donde hablaba.
Bienaventurado, huma-no. Mi nombre es Duneyrrrrr. ¿Cuál es el tuyo?
Nunca había sido muy hablador, pues no conocía del todo el idioma humano, además de su extraño acento. Pero había masticando soledad por mucho tiempo, y necesitaba a alguien para conversar.
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Re: No Todo el que Anda Errante está Perdido [¿Solitaria... Privada?]

Mensaje por Strindgaard el Jue Sep 08, 2016 1:34 pm

Tenía las muñecas rojas y doloridas por culpa de las esposas, y solo las había llevado por menos de quince minutos. Miré a mi alrededor, masajendo mi piel y pensando en como todo lo que había sucedido desde que había tomado ese barco había avanzado con vertiginosa velocidad. Tenía ganad de arrancarme la cabeza, me dolía tras los ojos, era como una rata royendo entre mis orejas.

Me habían quitado la libertad, y también mi morral y mi vino. El vino, necesitaba ese trago. Allí no había nada para beber, nada en lo absoluto excepto por el catre y el colchón de paja, y  la ventana, que te recordaba que estabas privado de libertad, que allí afuera era mucho mejor que donde estabas, cuanto envidiaba a las personas que caminaban allá fuera, quería matarlas a todas.

Recordé lo tranquilo que habían sido los días en el Ardent, en como podía dormir en la tarde y mirar el cielo por la noche, aquí no había estrellas, sólo la antorcha en la pared era mi única luz, que iluminaba mi vulgar existencia, además del sol que se colaba por la ventana de enfrente en un enjuto cuadrado que sólo alcanzaba para iluminar aquella mano verde.

Allá, enfrente, la figura que me observaba me daba mala espina. Me senté en mi catre, me quité la capa y decidí limpiarla con lo que tuviera a mano, mientras miraba a mi reflejo, un reo, igual que yo; su única diferencia era que su volumen era tan grande, que ahí encerrado, parecía dentro de una caja de cerillas, mientras que a mí me parecía sobrar mucho espacio sin nada con qué llenar.
Nuestras miradas se cruzaron, y me habló con la voz más gutural y cavernosa que había oído nunca.

Hola. —Respondí automáticamente—. Mi nombre es Strindgaard.
Ambos guardamos silencio, como si no supiéramos qué decir, o esperásemos que el eco de la voz de Duneyrr se disipara.
¿Llevas mucho tiempo aquí?
¿Qué fue lo que hiciste?

No sabía cuanto tiempo iba a estar metido allí, y conversar me mantendría cuerdo.



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Re: No Todo el que Anda Errante está Perdido [¿Solitaria... Privada?]

Mensaje por Duneyrr el Vie Sep 09, 2016 2:55 am

Un gran cuerno de hueso, enchapado en cintas de acero retumbó en su cabeza, y junto con él, los gritos furiosos de cientos de bestias chocando, muriendo y despedazándose. Las lanzas estallando en astillas contra su pecho, las hachas relampagueando frente a sus ojos, su espada, un inmisericorde mandoble, cruzando el campo y partiendo en dos todo lo que se le cruza…
Los recuerdos del orco no eran para nada buenos recuerdos,  y muy pocos no tenían que ver con sangre, sudor y polvo.

Pero había llegado el momento de su escarmiento, en esas celdas, iba a encontrar su paz.

Con las piernas cruzadas, las manos sobre las rodillas y la espalda bien erguida, el orco buscaba un estado de meditación propio de los monjes. Su cuerpo ya estaba relajado. Pero su mente, ávida de distracción, no paraba de formar interrogantes para su nuevo compañero. ¿De dónde vienes? ¿A dónde ibas? ¿Cuál es tu oficio? ¿Por qué has terminado aquí?

Oh, Ez-Trindård, ya son veintisiete días con sus respectivas noches las que yevo bajo tierra. Encerrado bajo este extraño sitio. Kuando en mi horda incumplíamos las ordenanzas nos solían apartar y colocar en sitios parecidos a estos. Pero nunca he estado antes bajo tierra.

El orco habló demasiado, y se sintió a gusto de poder hacerlo. Su voz nunca antes había sonado tanto en aquel calabozo.
Estoy aquí por la misma razón que tú. —Dijo. Duneyrr cerró los ojos, y se preparó para comer, tenía mucha sed y pronto aparecería el guardia con su desayuno—. Las últimas celdas son para los asesinos.

Ahora me toca a mí preguntar: ¿A quién has matado?

Luego de que el humano contestase, la puerta se abrió, esta vez era el guardia. Duneyrr salivó al pensar en la comida. Llevaba casi un mes comiendo mal, pues la comida que le daban al orco no alcanzaba para llenarlo.
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Re: No Todo el que Anda Errante está Perdido [¿Solitaria... Privada?]

Mensaje por Strindgaard el Vie Sep 09, 2016 8:40 pm

La voz del orco retumbó por todo el calabozo y se escapó por las ventanas. Era como oír un trueno lejano, una trompeta de piedra, un rugido bestial de algo salido del Foso. ¿Todos los orcos hablaban igual? Quizá por eso eran razas tan temidas, a mí en ese momento me daba miedo. No quería imaginarme tener que estar ahí metido junto con él en su celda, que por lo demás parecía una caja de cerillas con él ahí dentro. Pobre bestia, pensé, ojalá no sea claustrofóbico.

Su piel verde me parecía de lo más rara; de todo lo que habita Noreth, de los orcos era de quienes menos había leído. Y era justamente por lo poco interesante que eran. No eran hermosos como los elfos, ni guardaban la presteza militar de los Alados, ni mucho menos la variedad de los humanos. Todos eran verdes, con colmillos prominentes y tan fuertes como los hijos de Rhaggorath. Y ahora tenía uno frente a mí. Hablándome.
¿Y cómo no te has vuelto loco? —Le pregunté luego de enterarme de que llevaba casi un mes aquí, prácticamente solo.

Mientras soltaba sus palabras de acento raro, noté como una chinche escalaba por mi dedo meñique hasta el dorso de mi mano.
Yo no he matado a nadie. —Dije con un jirón de voz, al parecer me sentía algo apenado por mi actual estado de libertad. Al menos era cierto, yo nunca había blandido el arma de quienes vi morir—. Solo soy un vagabundo sin suerte.
Maté la chinche aplastándola entre las dos uñas de mis pulgares, pensando en lo jodido que se iba a poner todo. Iba a necesitar escapar.

La puerta del calabozo se abrió, y el chillido de las bisagras me dañó los oídos, luego vino el sonido de unas ruedas sin engrasar. Para ser una ciudad muy rica, Esmeralda al parecer escatimaba en dinero a la hora de engrasar las puertas y las ruedas.
Pasó un rato, podía oír al guardia hablando con los reos, era el desayuno. Al parecer había llegado en buen momento. Cuando apareció el guardia salté a los barrotes.
¡Por favor! ¡Ayúdame, necesito salir de aquí. Yo no he hecho nada!
El guardia soltó una risa y me lanzó la bandeja del desayuno por un espacio debajo de la celda que era un poco más alto que lo normal.
Eso dicen todos.

Agua, algo de pan y una cecina que en la oscuridad parecía una morcilla. Caí de rodillas y comí como si no hubiera probado bocado en semanas. Debía ser sincero, al menos daban buena comida.
Luego del desayuno no pasó mucho. El dolor de cabeza que me rondaba remitió un poco después de comer, pero desafió con controlar mi mente, dando pequeños pasos, haciéndome doler tras los ojos y punzar las sienes. Estaba sentado en mi catre, pensando en las chinches, en el orco, y en esa luz que iluminaba, moviéndose lentamente, su hombro y su brazo. Necesitaba el calor de que despedía la luz, el calor que tanto hacía falta allí abajo.



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Re: No Todo el que Anda Errante está Perdido [¿Solitaria... Privada?]

Mensaje por Duneyrr el Vie Sep 09, 2016 11:00 pm

Bueno, ¿y kómo saber si no me he vuelto loco ya?

Cuando Rickard apareció con la comida el orco se cuestionó la pregunta del humano. Quizá todo lo que estaba haciendo fuera una simple tontería. ¿Por qué un orco estaría buscando la paz? Las enseñanzas de su horda estaban grabadas a fuego en su corazón, y la guerra era más que un estilo de vida, era su esencia. Y la guerra y la paz, simplemente no puede haber la una sin la total ausencia de la otra.

Ten Dun.
La bandeja tenía lo mismo que todas las mañanas: una diminuta hogaza de pan junto con la cecina dura y fría, y la jarra de madera llena de agua. El orco se acarició la barbilla pensando en que moriría de hambre pronto, había bajado unos quince o veinte kilos ahí encerrado.

¿No me puedes dar más?
Rickard le hablaba de vez en cuando, y en el patio era uno de los que solía dejarlo hasta más tarde.
No, ya sabes que las raciones están contadas. Trece reos, trece desayunos.
La bandeja era tan minúscula en las manos del orco, como los alimentos que llevaba. La jarra le quitó la sed, y como llamado por algún reloj preciso, Cuervo apareció por la ventana que daba hacia el patio interior del recinto.
Pan, pan, pan, pan.

El ave voló hasta su hombro y miró curioso a Rickard.

¿Pan?

Rickard sonrió. En el carrito siempre sobraban algunas migajas. Pasó la mano por las barras de hierro y el cuervo voló hasta ella.
En unas pocas mordidas el orco terminó su desayuno, ahora su estómago no reclamaría tanto hasta el almuerzo y él podría concentrarse en su dilema. ¿Valía la pena la paz por la que tanto había estado buscando allí abajo? ¿Cómo podría saberlo si no la conocía? Duneyrr suspiró confundido. Aquel humano lo había confundido.

Kreo que me he vuelto loco, huma-no. —Dijo luego de un rato—. Estoy aquí porque no puedo controlar mi ira. Maté a alguien porque me ganó en los dados. Es tan normal matar a una persona cuando uno se en-cuentra en medio de la bataya, pero aká en la ciudad, todo tiene reglas nuevas. Me sentí muy mal luego de matarlo, no se lo merecía. Zupongo que matar a alguien sin razón trae más culpa que matarla cuando te lo ordenan.

El orco cerró los ojos y regresó a su estado de concentración. Su cuervo se posó en su hombro y se dispuso a descansar junto a él. Debía volver a vaciar su mente, pero quizá no sea paz la que debería buscar, sino una razón para matar. A lo mejor necesitaba regresar con su gente y dejar de vagar entre humanos, o al menos en sus ciudades… Quizá solo hacía falta enrolarse en un buen ejército. Aquello le recordó.

Y tú, vagabundo, antes de ser un viajante, ¿a qué te dedicabas? Pareces mucho uno de esos magos, o asesinos sigilosos.
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Re: No Todo el que Anda Errante está Perdido [¿Solitaria... Privada?]

Mensaje por Strindgaard el Lun Sep 12, 2016 6:37 am

Siempre he sido viajante —Respondí—, pero antes de ser vagabundo fui grumete y carpintero en un galeón. Un hermoso barco al que nunca debí subir, o bajarme. Creo que regresaré si logro conseguir mi libertad.
Y tú, orco. ¿A qué te dedicabas ante de terminar aquí?

Pasaron las horas, la mañana se quedó atrás. Mi mente seguía turbia como el agua de los pozos de Theezeroth. Traté de dormir un poco, esperando a que al despertar mi cabeza estuviera funcional nuevamente, pero soñé, soñé con paredes altas, inalcanzables. Paredes grises que mantienen afuera el mundo, con mis manos rasgándolas, sangrando y rompiendo mis uñas al intentar escalarlas. Desperté al rato, con el mismo punzón clavado tras los ojos, metí la mano bajo mi cama, buscando mi morral y su contenido, pero luego de un par de parpadeos y notar en donde estaba, recordé todo.

Bajo el suelo, escondido en los calabozos, mi mente pronto había comenzado a caer presa de mis temores, pues, debía ser realista, y darme cuenta que con los poderes que en ese momento regentaba, no me sería posible poder escapar. Si iba a hacerlo debía encontrar ayuda, ya fuera interna o externa. Kerem estaba descartado, pues si lo hubieran cogido preso estaría en ese momento conmigo. Debía pensar en algo… Me recosté a pensar, pero en mi estado era imposible.

En ese momento no era mi prioridad el buscar una salida, si no, lograr que el dolor de cabeza remitiera. Como un tambor, mi cerebro parecía ser golpeado con gran estrépito, el cual la comida mantuvo a raya por poco rato.
Recostado sobre el catre, apenas tenía fuerza para levantar una mano y mirar mis dedos, que en ese momento tenían un ligero color más blanquecino que el normal, y el cual me hizo pensar que quizá estaba sufriendo alguna perdida en mis poderes ilusorios.
Todo aquello me estaba sentando demasiado mal. Apenas llevaba algunas horas, pero era imposible acostumbrarme al reducido espacio de mi celda. Y sin saber qué hacer, me cubrí el rostro con las palmas, y elevé una extraña plegaria a quien habitaba la piel de Magnus, el Rojo: Mi Señor Yigionath.

Gran Señor del Caos,  Padre de todos nosotros. Oye mi llamado, acoge mi plegaria. Os necesito.
Soy Strindgaard, un fiel servidor de la magia y de la mentira. Dueño de una mente astuta y una meta clara: ofreceros mis manos y mi mente a vos. Dadme la fuerza para continuar, dadme la claridad para ver. Deseo destruir a tus enemigos, alimentarme de tu magia, ver crecer el caos en el mundo.
Dadme la libertad, oh, Señor. Dadme paz mental, libérame de este tormento. Libérame de mis cadenas.


Mi maestro me había enseñado a crear una plegaria, una petición a mi Señor, pero nunca antes había hecho una. Si iba a regresar al Ardent, al menos iba a tener que rezar un par de veces más. Muchas más, al parecer.

Al menos después de eso pude dormir tranquilamente.



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Re: No Todo el que Anda Errante está Perdido [¿Solitaria... Privada?]

Mensaje por Duneyrr el Miér Sep 14, 2016 11:17 pm

Duneyrr comenzó a hablar, y como gotas que llenan un vaso, los recuerdos de los enfrentamientos en los que el orco había alzado su espada llenaron su mente hasta rebasarla, y sin pretenderlo comenzó a relatar sus andanzas de otrora al blancucho humano: de sus primeros años y como luchó con su horda, y luego de su adolescencia, cuando luchó contra ella; le relató cómo había recorrido el desierto de arriba abajo, luchando por este bando o el otro. El dinero era buena paga, sino, las joyas y lo que fuera que le dieran también, aunque debía ser honesto: solo lo hacía porque le gustaba luchar.

Luego cuando pareció que ya no tenía por quien guerrear, fue a vender su espada a los humanos. Y no le fue para nada mal. El orco era imponente y con solo decir una palabra podía amedrentar a cualquiera. El problema era que pocos eran los enfrentamientos en ese entonces, y su espada pasaba más tiempo envainada que en sus manos. Esos años fueron de una insana tranquilidad. Duneyrr subió algo de peso, y comenzó a interesar su mente con otras cosas, como su afecto por los animales. Fue entonces cuando compró al pequeño cuervo que ocupaba ahora su hombro, hace no muchos meses atrás.

Duneyrr se revolvió en su celda, ya no le parecía un sitio agradable.
Hace más de seis meses ke no estoy en medio de una bata-ya. Kreo que estoy perdiendo la kostumbre de matar Eztrindgård. Y eso no es bueno para un orkho.
Matar, matar, matar, matar.
¿Y por qué sigues aquí? —Strindgaard se puso de pie en su cubículo, y se acercó al borde—. Yo si tuviera tu fuerza y tu tamaño tendría media Esmeralda ardiendo por haberme metido en esta celda.
Ya será un mes que no tengo entre mis manos el pomo de mi espada —Dijo el orco para sí, sin prestar atención a lo que había dicho el humano—. No es tan sencillo, pequeño humano. No me gusta matar a la gente que no se lo merece. Aquel borracho en la taberna no se lo merecía, y es justo que ahora pague.
¿Lo dices en serio? ¿Sabes cuál es la pena por asesinato? —El humano se acercó a los barrotes y se aferró a ellos—. Te colgaran... O bueno, supongo que a ti te decapitarán o algo por el estilo. En fin, amigo. A los dos nos van a matar.
Asesinos, asesinos, asesinos.

Si ese es mi destino, no lo haré esperar. Un orkho debe ser fiel a sus ideales, quizá no muera en batalla, como siempre quise, pero al menos no será deshonrando a mi gente. Pronto llegará el momento en que mi newen se una al de mi padre y mi madre en el Wenkunewen.
¿Qué es negen? —preguntó Strindgaard girando su cabeza, desdes el otro lado del calabozo.
Es lo que todos tenemos dentro, de allí proviene el amor y el odio, la sed de vida y la pasión por la guerra. Sin ella somos como cascarones vacíos. Como muertos vivientes.
Es como el alma —Dijo en voz baja el humano—. El negen es como el alma para los humanos.
Para ustedes. Sí.
Pero los asesinos no se unen al Wenkunegen. —Susurró Strindgaard.

¿Ke quieres decir? —Inquirió el orco. En el silencio de la celda su voz produjo un eco.
Solo quienes se hayan redimido podrán unirse al Wenkunegen, los asesinos como tú están condenados a que su negen vague por siempre en el vacío inconmensurable.
IncomZurablqué… ¿Qué dices? —La voz de Duneyrr sonaba algo estrangulada, no le gustaba la idea de que su alma vagara por ahí lejos—. ¿A qué te refieres humano? Tú no sabes, tú no eres orkho.

Así es. No soy orco, pero he viajado mucho y he conocido a mucha gente. Y he oído que solo hay una manera de que tu negen se una al gran negen: redimiéndola en la batalla.
No te entiendo, humano. —Duneyrr se irguió en su celda, dubitativo.
Los orcos están hechos para la guerra. Es por eso que extrañas tu espada, tú eres uno con ella. En la guerra se gana honor y gloria, solo las almas gloriosas son las que alcanzan al Wenkunegen. Si mueres aquí, lleno de culpa y remordimiento, tu negen estará condenado, nunca volverás a ver a tus padres, y los demonios se lo llevarán, para comérselo.

¡NOOO! —Rugió el orco con todas sus fuerzas. —¡LOS DEMONIOS JAMÁS TENDRÁN MI NEWEN!

Todo en el calabozo tembló con sus palabras. El humano se cubrió los oídos y Cuervo revoloteó hasta la ventana, chillando.
¡Hey calma grandullón! —Gritó Strindgaard, para apaciguar al orco—. ¡Ningún demonio se llevará tu alma!
Demonio, demonio. Demonio, demonio.

Duneyrr se sujetaba la cabeza, no podía siquiera imaginar que eso le fuera a suceder. Su temor primordial lo asechaba como un perro rabioso, y no se podía quitar aquella imagen de los ojos. Hizo falta varias horas para que el orco se calmara.
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Duneyrr

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Re: No Todo el que Anda Errante está Perdido [¿Solitaria... Privada?]

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