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Relaciones tempestuosas

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Relaciones tempestuosas

Mensaje por Celeste Shaw el Vie Sep 09, 2016 10:14 pm

Volando a toda velocidad, Celeste recorría los cielos de los montes Keyback. Las nubes parecían desgarrarse a su paso, hasta que tuvo que frenar cuando encontró una montaña especialmente alta. Tenía la cima frente a ella y, unos kilómetros más abajo, los pueblos y ciudades. Así que empezó a bajar en picado, pasando a ras de la pared de la montaña, y frenó cuando el suelo se acercaba. Pensó en ir a las Minas de Nos para coger una de las vagonetas, era algo que tenía ganas de probar y, al fin, tenía una oportunidad para hacerlo.

Frenó lentamente, reduciendo la velocidad, y se posó en el suelo después de recuperar su posición vertical habitual. Echó a andar, comprobando antes que estaba todo en su sitio, y respiró hondo. Se estremeció, ya que sentía algo de frío, y pensó en comprarse algo de ropa de abrigo. Sin embargo, pronto descartó la idea, ya que no sabía los precios de ese lugar y prefería ir sobrada de dinero que quedarse corta. Así que al final decidió no comprarse esa pieza de ropa que, seguramente, usaría bien poco.

Pronto llegó a una de las entradas de la mina, de las que había bastantes repartidas por ahí. No había nadie. Se subió en una vagoneta. Había oído que esas minas eran como un laberinto, y no precisamente llanas, por lo que sería algo parecido a una montaña rusa. Después de, por si acaso había rocas salientes, comprimir las alas contra su espalda, accionó la vagoneta. Pronto encontró con una bifurcación de cuatro caminos, de los que tomó el de la izquierda. Éste enseguida empezó a empinarse, y se preguntó si había sido una buena idea tomarlo.

Le pareció que la vagoneta iba a pararse y que se quedaría ahí, pero cuando menos lo esperó una bajada muy fuerte le hizo soltar un chillido. El resto del viaje fue similar a aquello y, al no estar acostumbrada, se le quedó el estómago revuelto y un poco de dolor de cabeza por el mareo. Pensó que quizá había sido un poco fuerte para ella, pero igualmente le había gustado. Caminó hacia un pueblo cercano. Ella tenía suerte de poder volar, ya que si un camino estaba cortado o algo así podía simplemente pasar por encima y llegar adónde quería. No podría estar sin volar.

Cuando llegó hasta un pueblo grande, se detuvo. Según creía, Mirrizback no estaba cerca, pero eso le daba un poco igual. Se dio cuenta de que no era vista con muy buenos ojos, en parte por ser una Tenebri y en parte por ir armada, pero no le importaría mientras no la atacaran. Si lo hacían, obviamente, se defendería.

Entró en una posada limpia y cuidada, aunque el piso de abajo no era demasiado espacioso. Esperó que las habitaciones lo fueran más, pero no podía suponer nada. Las mesas estaban enceradas y pulidas, y la luz cálida de un hogar y de lámparas de aceite las hacía relucir. Y, aunque desgastado por el uso, el suelo no estaba menos cuidado. Vio al posadero tras la barra, un hombre rechoncho y con una cara amable que invitaba a pasar, tomar una copa y relajarse; y a una muchacha atendiendo las mesas que había, que no eran demasiadas pero estaban todas llenas.

Se quedó en pie, esperando a que un asiento quedara libre, apoyada en la pared. No había sillas ni taburetes sin ocupar, y simplemente esperó. Odiaba comer y beber en pie, sobre todo comer. Sabía que era una manía un tanto absurda, pero no quería cambiar eso. Simplemente creía que la hora de la comida era una hora para relajarse y simplemente pensar en lo que había en el plato, cosa que en pie no podía hacer. Al mirar a su alrededor, vio que muchos de los clientes eran hombres, como pasaba en muchos lugares. No le importó en lo más mínimo. Sabía hacerse valer.
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Celeste Shaw

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