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Maleza, cenizas y encuentros inesperados.

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Maleza, cenizas y encuentros inesperados.

Mensaje por Saxghar el Vie Sep 30, 2016 1:28 am


Nunca se sabe lo que vas a encontrar hasta que lo encuentras.

El cielo se tornaba entre tonos anaranjados y rosáceos a mi alrededor. La única palabra que me venía a la mente era “inmensidad”, la cual me rodeaba abruptamente y sin consuelo.

Volar es uno de mis pasatiempos favoritos. Aquí arriba sientes la libertad en estado puro, lo cual es fantástico, pero pasado un tiempo esa sensación va en declive y empieza a dar paso a la soledad. Uno no es realmente libre si no está realmente solo, y eso me entristece porque no tengo con quien compartir mi fascinación por las blancas nubes que se dispersan en el inmenso azul, la belleza de los colores crepusculares al mezclarse en el horizonte o la sensación de la brisa fresca sobre mi oscuro plumaje.

Lo inmenso a veces me entristece. Por eso desciendo a la frondosidad del bosque a buscar cobijo entre su verdor y espesura.

Al descender noto el aire chocando contra mi cuerpo  con mayor intensidad, a más velocidad más fuerte es, hasta que estiro mis alas y las meneo de forma abrupta para, acto seguido, planear suavemente y aterrizar  sobre el  terreno húmero del bosque. Hundo mis garras en el suelo revuelto y siento la húmeda tierra granulada en mis patas. Es una sensación que me encanta y no sé todavía el motivo de su encanto, pero es así. Seguidamente me estiro para desperezar mi cuerpo algo entumecido, haciendo que mis plumas se ericen, y a su vez que algunas se desprendan de mi cuerpo para flotar en el aire.

Antes de que la última pluma tocase la gravilla en la tierra, ya el cuervo desaparecía para dejar paso al hombre.

Al abrir los ojos y tomar consciencia de mi forma humanoide me invade una sensación de extrañeza. No me había dado cuenta, pero llevaba semanas sin tomar esta forma, por lo que mi cuerpo añoraba de un modo singular el tacto de las plumas, el peso de mi pico y las alas, sobre todo las alas. Lo que si no añoraba eran mis prendas de vestir o el peso de mis armas. Me eran tan ajenas que me costó refrenar un impulso inconsciente de quitármelas, pero ya pasado un rato, me volví a acostumbrar mientras daba pasos cortos hasta poder caminar con normalidad.

Me llevo una mano al colgante y pienso “la verdad es que funciona…”.

Mientras camino por el bosque la noche empieza a hacer acto de presencia. No me importa caminar en la oscuridad, tengo buen sentido de la orientación y puedo distinguir medianamente bien las sombras cercanas; aunque la luz de las lunas crecientes y las estrellas ayudan en su propósito de alumbrar el camino.

Los sonidos de la noche son encantadores; el búho que sale de su hogar a buscar alimento en el mismo momento que la alondra regresa al nido con sus pequeños, el movimiento vivaz de los ratones de campo que campan a sus anchas entre las raíces retorcidas de los árboles, o la bandada de murciélagos que sale disparada de una cueva cercana… Un momento, eso no está dentro de la normalidad serena del bosque. Normalmente  estas criaturas no salen en bandada si no perturban su tranquilidad. Me acerco al lugar de donde salieron estas y me doy cuenta de que no es una caverna, sino una grieta en la roca que al parecer forma  un pequeño paso rocoso hacia otra parte del bosque. No es muy extenso, más o menos media milla, pudiendo distinguir con mediana claridad el final.

Me adentro por aquel sendero de musgo y roca y noto una sensación extraña. El aire se empieza a viciar un poco, y antes de estar fuera del paso, noto como un olor acre invade mi olfato. Esto me alerta, por lo que empiezo a aligerar a mi paso con algo de exaltación en el cuerpo.

“Esto no puede ser bueno…”
Pienso.

Al salir por el otro lado del desfiladero y mirar a mi derecha, pude confirmar mis sospechas; un incendio. El fuego había asolado lo que parecía ser una aldea, ahora ruinas carbonizadas cuya columna de humo gris se dispersaba en el ambiente. Ya no había casi fuego, pero sus rescoldos se hacían visibles incluso desde mi posición.

Me hago cargo de la situación y voy a investigar. Bajo por la colina a mi lado en dirección a la aldea destruida. Paso por un puentecito de piedra que atraviesa un rio y me adentro en la aldea. A cada paso que doy el hedor es más fuerte, por lo que me tapo parte de mi rostro con la manga del brazo, pero sobre todo hay un olor a carne quemada, por lo que no se me puede quitar de la cabeza la gente que ha muerto por culpa del desastre.

Esto lo confirma mi vista viendo algunos cadáveres al llegar al centro del poblado, pero algunos de ellos no estaban quemados, sino apuñalados o con flechas en su torso o en su lomo, por lo que puedo deducir que se trató de un sabotaje, y el fuego causa de este.

Una rabia algo contenida me invade; esto es una masacre, y no puedo dejar de pensar en aquel día, aquel día en el que te perdí, el día en el que arrebataron tu vida, el día en el que arrebataron parte de la mía…

Mientras estaba sumido en estos pensamientos del pasado y similares, escucho un pequeño quejido, algo sutil, pero con una buena carga de dolor y amargura. Miro a mi alrededor, y en lo que parece ser los restos de una casa, ya que el tejado había cedido y se encontraba en ruinas en el suelo, a sus pies pude ver como una figura humanoide se movía con dificultad.

Me acerco rápidamente a esta, y puedo ver que se trata de una Felíade, hecha un ovillo y con graves quemaduras en su cuerpo. Al darse cuenta de mi presencia, esta alza su vista y  extiende con torpeza su cuerpo antes encorvado en las cenizas, dejando ver un pequeño ser de su misma especie, una pequeña felino de ojos dorados y rostro aterrorizado. Su madre la estaba protegiendo con todas sus fuerzas, aferrándose a su vida para no dejar sola a la pequeña. En un acto desesperado, agarra con debilidad al felino y hace amago de entregármela, no dejo que la levante, por lo que me agacho y agarro yo a la pequeña, tocando sutilmente las garras de su madre. En ese preciso momento, pude ver como se atisbaba lo que parecía ser una leve sonrisa en el rostro de la Felíade, quedando su semblante tranquilo y en paz, para, seguidamente, abandonar el mundo de los vivos mientras caía suavemente al suelo, dejando en el aire algo de ceniza carbonizada.

No soy consciente de lo que acababa de ocurrir, pero ahora tengo entre mis brazos a una pequeña Feliade, de la cual me tendré que hacer cargo, pero ¿Cómo puedo hacerme cargo de una vida si ni siquiera soy capaz de hacerme cargo de la mía?, pero eso no importa ahora, lo importante es mirar a la pequeña y ver si está herida. La examino con cuidado, y  no encuentro más que algún corte superficial, pero su rostro triste y abatido rompe algo dentro de mí. Parte de mi ser siente su pérdida. Sé lo que se siente perder a tu única protección que a la vez es la persona que más quieres en el mundo.

La cachorro no dice una palabra, parece inerte, en shock, por lo que decido auparla y llevarla en brazos para después salir de aquel lugar nefasto y sin vida, en busca de una solución, o por lo menos buscar algo con que alimentarla.

Camino durante largo tiempo por el bosque hasta llegar a un claro algo extenso, se podría decir que se trataba de una llanura. Intenté darle agua del rio a la pequeña, pero fue inútil, como también sonsacarle alguna que otra palabra de su boca. Ya no estaba asustada, simplemente parecía no estar.

Cuando analizaba el entorno para ver si podíamos descansar en aquel lugar, de repente  un ruido de maleza me alertó. Agarro a la pequeña con fuerza con una mano e instintivamente me llevo la otra a mi cinturón, donde llevo mis armas. Acto seguido pude ver como unas sombras salían de entre la espesura y me rodeaban rápidamente.

Eran cinco figuras, todas ellas de rasgo felino aunque con pelajes distintos. Llevaban taparrabos o atuendos de cuero, y todas me apuntaban fieramente con sus afiladas lanzas de madera y piedra. De pronto noto como la pequeña se remueve en mi brazo, intentando zafarse de mi protección, por lo que lo aflojo un poco y la felino salta de mi brazo al suelo y corre en dirección a uno de los Felinos, el cual la acaricia con su cabeza, pero sin quitarme la vista ni su posición de ataque hacia mí con su arma.

Parece que se conocen. Entonces empiezo a entender la situación, deben de ser familia o del mismo clan, por lo que cambio mi actitud defensiva y adopto una sumisa, levantando los brazos para que sepan que no quiero hacerles daño.

Este félido se acerca con desconfianza hacia mí sin dejar de apuntarme con su arma y me olisquea, pasando a mi alrededor y analizándome con sus fieros ojos dorados. Se pone en frente de mi y me mira fijamente para decir:

-Tú no eres un humano…-


Gruñe como con insatisfacción, para después ir donde la niña, ponerla en su lomo y adentrarse de nuevo en el bosque junto con sus compañeros, los cuales le siguen sin rechistar.

Todo pasó muy rápido, y no puedo decir que no me asustase tal encuentro, pero esto me hacía pensar que el fuego, la gran y terrorífica masacre anterior fue obra de un grupo de humanos. Los Feliades los estaban buscando para masacrarlos como ellos hicieron con la aldea, aunque pensándolo bien, todos los cuerpos que me encontré eran humanos, la  madre de la pequeña era la única felino…

Bueno, no vale de nada indagar más en el asunto, ya que todo está resulto, aunque de una forma un poco abrupta… Ya no tenía a la pequeña, no me pertenecía, pero no podía dejar de pensar si sería una buena opción haberla dejado con ellos…

Sacudo mi cabeza de forma rápida como para sacarme esos pensamientos de esta, tomando una posición algo fría. Ya tengo suficiente con lo mío como para estar preocupándome de otros.

Me acomodo un poco el abrigo y el cinturón y me dispongo a buscar un recoveco entre los arboles donde descansar un poco antes de seguir mi viaje hacia quien sabe dónde.




[b]Silencio, Exilio y Astucia.[/b]


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Re: Maleza, cenizas y encuentros inesperados.

Mensaje por Señorita X el Sáb Oct 01, 2016 11:52 am

Es un hijra correcto y muy bien redactado. Aunque le mentiría si le dijera que no me esperaba un poco más después de recoger a la niña.


Aun así, este hijra satisface el propuesto, por lo que le voy a dar color. Bienvenido sea
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