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Piedra, papel y martillo

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Re: Piedra, papel y martillo

Mensaje por Aulenor el Lun Dic 26, 2016 5:34 am

__Tal y como habia prometido el día anterior, Reginn dejó que Aulenor utilizará parte de su taller mientras él aprovechaba para montar las piezas de armaduras que ya tenia forjadas. El escamado trataba de crear el sustituto para su Lanula siguiendo los consejos y las amables indicaciones del herrero.
__-¿¡Pero qué diantres estas haciendo, pequeño idiota!?
__-Estoy tratando de crear el molde para la hoja de la espada- respondió Aulenor algo asustando ante el grito del anciano, sin saber exactamente qué es lo que había hecho para provocar tal alarido.
__-¿Con qué te crees que estas trabajando? ¿Con bronce? ¡El acero se moldea a base de usar el martillo, en el yunque! Lo que has echo es destrozar una barra de hierro entera ¡Vuelve a empezar!
__Dejó el metal a un lado tal y como le indicó Reginn <<Trataré de retrabajarlo más tarde, a ver si se puede recuperar>>. Cogió otro lingote, lo puso al fuego y volvió a empezar. Por desgracia, Aulenor sólo había visto cómo se hacía una vez, y de eso había pasado más de un año y medio, por lo que, a decir verdad no recordaba bien cómo se hacía, pero tenía la idea general.
__En cuanto el hierro estuvo al rojo comenzó a martillear, moldeando la forma plana de la hoja y volviendo a caldear cada vez que el brillo desaparecía. Así estuvo un rato hasta que el lingote quedó completamente plano y dando por echo que había acabado un primer paso, lo metió al agua.
__-¿¡Pero qué diantres has hecho ahora!?
__-Eh... Acabé de... y lo he...
__-¡No puedes templar el acero hasta que no hayas acabado de darle a forma por completo! Y ¿se puede saber cómo lo vas a unir al mango? ¡No le has echo unión!
__-¿Unión?
__-¡Lo que meterás en el mango!
__-Pero eso se clava.
__-¿¡Cómo que...!?-el herrero consiguió contener su ira dando un gran resoplido-Se acabó. No puedo permitirlo. ¡Ésto!-recogió el trabajo de Aulenor con las pinzas-¡Ésto es un destrozo de material! Lo has dejado completamente inutilizable. No pienso dejar que alguien vaya por ahí diciendo que es "aprendiz de herrero" cuando comete errores tan garrafales con algo tan simple como es forjar una espada.-le arrancó el martillo de las manos al nagar-¿Decías que buscabas un sitio donde pasar el invierno? ¡No busques más! ¡Te quedarás aquí en Ryssan y serás mi aprendiz hasta que yo lo diga! ¿¡Ha quedado claro!?
__-Eeeh...-balbuceó el joven escamado
__-¡¿Qué si ha quedado claro!?
__-S-sh... ¡Si!
__-Bien. Ahora, ¡largo del taller! Voy a arreglar este estropicio y no quiero tener que ver al responsable al hacerlo. Mañana a primera hora quiero verte aquí de nuevo y empezaremos tu aprendizaje. De cero.
__No hizo falta que el herrero preguntará de nuevo, a Aulenor le había quedado claro. Salió tan aprisa cómo pudo de la herrería, e incluso del pueblo, llegando hasta la playa de nuevo. Allí tuvo tiempo para calmarse finalmente tras la reprimenda que le habían dado, y asimilar todo.
__Le acababan de dar cobijo y trabajo; le iban a enseñar herrería. Esas pequeñas cosas que parecían que faltaban en su viaje, se estaban cumpliendo a la vez.
__Se quedó allí en la playa un buen rato, observó como el mar ganaba terreno, ola tras ola mientras la fría brisa anunciaba la llegada del invierno. Tal y cómo había hecho no hacía ni una semana. Pensaba en las mismas cosas que en aquél entonces, pero ahora lo hacía con una sonrisa en la cara.


Última edición por Aulenor el Jue Dic 29, 2016 9:07 pm, editado 1 vez
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Re: Piedra, papel y martillo

Mensaje por Aulenor el Miér Dic 28, 2016 6:06 am

__-Muy bien, vamos a dejar un par de cosas claras antes de comenzar. Te acabo de aceptar como aprendiz y no pienso dejar que ningún aprendiz mio tenga tales lagunas como las tuyas. No quiero faltarle al respeto a ese tal Endrin, pero quiero que te olvides de todo lo que te enseño, empezaras desde lo más básico, observar. ¿A quedado claro?
__-Si
__-Otra cosa, como aprendiz, debes dirigirte a mi como "Maestro" ¿Entendido?
__-Si
__-¿Siiii...?
__-Si, maestro
__-¡Formidable!
__Reginn pareció darse por conforme y finalmente abrió la puerta hacia el taller. Estaba amaneciendo, el gallo no hacía ni media hora que había cantado y solo unos pocos rayos de sol conseguían colarse por encima de la empalizada para iluminar las casas del pueblo. De ellos, el único que se había conseguido color en la herrería iluminaba la forja de una forma casi teatral. El herrero entró seguido del escamado, dirigiéndose directamente hacia la zona iluminada para comenzar a encender las llamas.
__-Ahora escucha, los dos últimos días he perdido bastante tiempo a cuenta tuya y voy atrasado con el siguiente pedido. Aun no te has ganado el derecho a volver a usar un martillo o la forja, aun tienes que observar mucho antes de poder siquiera acercarte a eso. Así pues, empezaremos con algo que hasta un niño podría manejar.-habiendo prendido ya el fuego, y mientras éste comenzaba a consumir el carbón, le hizo un gesto al nagar para que le siguiera hasta una mesa de madera colocada frente a la otra pared. Sobre la mesa había varios hilos de acero.
__-Muy bien, atiende. Ayer estuve forjando estos alambres, hoy tú iras conformando una cota de malla con ellos mientras observas como yo continuó con el resto del encargo. Tú trabajo es simple. Primero coges esta barra de hierro y enrollas los alambres sobre ella, así, formando una bobina.-hizo una pausa hasta acabar de enrollar el primer cable-Una vez los tengas todos enrollados, coges estas tijeras y...-cortó una anilla-¿Simple verdad? Una vez tengas unos cuantos...-siguió cortando hasta acabar con toda el rollo que había formado-Coges las tenazas, y vas encadenando unos a otros, formando una cadena, de esta forma. Luego es cuestión de seguir tejiendo la malla uniendo más anillas. ¿Lo has entendido?
__-Eeeh... Creo que sí.
__-No tengas miedo de preguntar, Abe, la cuestión no es que lo entiendas rápido, sino que que te quede claro y que lo sepas hacer bien. ¿De verdad lo has entendido?
__-Si, seguro.-tardó un poco agregar-Maestro.
__-Formidable. Muy bien, pues haz eso con todo los alambres. Te iré echando un ojo de vez en cuando para enseñarte ha hacer la forma de la cota. No dudes en avisarme si tienes cualquier problema, y una vez que le hayas pillado el tranquilo, intenta observar mi trabajo mientras sigues con lo tuyo. Así no te aburrirás.


Última edición por Aulenor el Mar Abr 18, 2017 2:29 pm, editado 2 veces
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¡El Nacimiento de un Geomante!

Mensaje por Aulenor el Jue Dic 29, 2016 7:28 am

__Ésa fue la primera experiencia de Aulenor en el mundo laboral, y así pasó la primera semana del joven nagar como aprendiz de Reginn; tejiendo cotas de mallas mientras observaba el trabajo diario del herrero.
__Todos los días se levantaban con el canto del gallo, tomaban algo de desayuno y se ponían a trabajar hasta la hora del almuerzo. Tras este descanso para cocinar y almorzar volvían al taller y continuaban trabajando hasta que el sol comenzaba a ponerse, entonces daban por terminada la jornada y Reginn dejaba la herrería para ir a comprar comida para el día siguiente y otras cuestiones domésticas.
__Aulenor encontró éste rato libre el momento perfecto para seguir con su entrenamiento mágico, y todos los días recogía su pergamino y un par de piedras, y se dirigía de nuevo a la playa para seguir practicando hasta que oscureciera.
__El primer día tuvo que volver a repetir el proceso de la sesión anterior. Percibir la esencia de uno mismo no era fácil, aun sabiendo cómo se hace, y requiere cierta concentración. Le consumió toda la hora volver a ser capaz, por lo que aún después de retirarse de nuevo la cabaña de Reginn, siguió tratando de ser consciente de ella; mientras cenaba, mientras conciliaba el sueño; incluso (y no se lo digáis al herrero) al día siguiente en el taller, mientras seguía trabajando en la cota de malla, mientras hacia cómo que observaba a su maestro. La idea era tratar de sentirla aunque no estuviera quieto. Por desgracia, no se puede decir que lo consiguiera realmente, pero, al menos tras un día entero practicando, cuando llegó la hora de volver a la playa consiguió estar a tono en menos de un minuto.
__Ese segundo día estuvo tratando de enfocar su esencia para poder levantar una piedra, pero por mucho que lo intentaba, no conseguía ningún resultado. Así que por la noche, estuvo revisando el pergamino de nuevo a la luz de una vela. Había un dibujo de un movimiento que, aunque no era en realidad necesario, en teoría debería ayudarle a canalizar la esencia de forma adecuada, marcando con su cuerpo el movimiento que ésta debía seguir para levantar y lanzar una roca, de forma que fuera más fácil visualizarlo. Decidió probarlo al día siguiente.
__No se podía decir que aquel movimiento resultará natural en absoluto. Requería de cierta coordinación de brazos, torso y piernas que al escamado le resultaba ciertamente extraña. Debía colocar el brazo derecho hacía atrás y, balanceándose con el izquierdo, llevarlo hacia delante haciendo un arco hacía abajo a la altura del estómago mientras daba un paso con el pie derecho, para acabar dando un puñetazo al aire con la mano izquierda. Acabó consumiendo la hora libre del tercer día solo en repetir ese extraño movimiento, pero por lo menos aprendió a realizarlo fluidamente de la forma que él consideraba era la correcta.
__El cuarto día no pudo ir a entrenar a la playa, no solo estaba la marea alta, sino que también llovía tanto cómo aquel día que llegó a la aldea. Acabó revisando de nuevo el pergamino a la luz de una vela, mientras retomaba el intentó de captar su esencia aun realizando otras actividades. Aquel día, Reginn le encontró leyendo el pergamino por primera vez.
__-Veo que hoy no has salido. No me extraña con el diluvio que ésta cayendo. ¿Qué es eso?-exclamó al ver cómo el nagar recogía el manuscrito de la mesa.
__-No es nada, maestro.
__-Abe, entre maestro y pupilo no debe haber nunca secretos. Como tu maestro, mi deber es enseñarte todo lo que sé, no solo del oficio, también de la vida. Deberías tratarme con la misma moneda, y sobre todo, con el respeto apropiado.
__Las palabras del herrero apabullaron al escamado, quién le entregó el tomo de magia.
__-Es un pergamino que e'plica cómo levantar una roca. Cómo usar la magia para hacerlo. Me lo regalo el mago con el que llegué al pueblo.-explicó Aulenor.
__Reginn no respondió nada. Había extendido el rollo y ahora lo estudiaba minuciosamente. El papiro tapaba por completo la cara al anciano, y no permitía a Aulenor ver la expresión del herrero.
__-Llevó practicándolo unos días. Sé que puedo hacerlo, pero por ahora no he conseguido nada.-siguió explicándose.
__-¿Tú puedes leer esto?-preguntó finalmente Reginn.
__-Eeeh... ¡Si!
__-No esperaba que supieras leer.-dijo devolviéndole el rollo con normalidad y volviendo a ponerse en camino hacía la cocina-Bueno saberlo. Eso te vendrá muy bien de cara al negocio.
__Aulenor se quedó observándole sorprendido. No esperaba tal parsimonia por parte del herrero. Éste pudo notar como la amarilla mirada se clavaba en su nuca.
__-¿Qué?-preguntó girándose de nuevo-¿Sobre la magia? ¡Aprende si quieres! ¡Bien por ti! Yo pensaba que habías encontrado algún amigo en el pueblo y por eso desaparecías todas las tardes. Ahora si esto te divierte, sigue, no tiene nada de malo. Ahora sí, eres un nagar, yo que tú no me ilusionaría demasiado con esas cosas, es probable que no lo consigas. Si quieres mi consejo, yo que tú me enfocaría en la herrería. ¡Ahora deja de mirarme así y ayúdame a hacer la cena!
__El quinto día volvía a hacer un tiempo aceptable para seguir practicando. Volvió a dirigirse a la playa en su hora libre y trató de coordinar su movimiento según localizaba la acumulación de esencia en su estómago para dirigirla hacía su frente. Desde luego no era fácil, hizo bien en tratar de concentrarse aun haciendo otras cosas, ya que eso ayudó. Sin embargo, ese día se puso el sol y no había conseguido ningún resultado. Sin embargo, antes de regresar a la aldea, trató de hacerlo una última vez. Y debió de conseguirlo, ya según hacía el arco con el brazo, una ráfaga de lo que solo podría llamar como "energia" salió despedida de éste y lanzó tanto a la arena de la playa hacía el cielo, cómo al pobre escamado varios metros hacia atrás.
__Había conseguía canalizar la esencia de la forma correcta, pero por desgracia lo había hecho con toda la que tenía. Ahora se encontraba allí tirado en la fría arena, en medio de la oscuridad, completamente extenuado y sin fuerzas para siquiera levantarse. Aunque si para reír.
__Debió de estar allí tirado, incapaz de moverse, por más de una hora, hasta que Reginn, preocupado por la desaparición de su aprendiz, se presentó en la playa a la luz de una antorcha y acompañado por uno de los pocos guardias del pueblo. Cuando encontraron al joven, éste se encontraba en un estado lamentable, cubierto casi por completo de la arena que él mismo había levantado, moqueando y sin parar de tiritar. Lo llevaron entre ambos hasta la casa del herrero donde pasó la noche todo lo abrigado que pudo.
__Al día siguiente Reginn le llamó para despertarse de nuevo, a la misma hora de siempre, para trabajar en el taller. Parecía que con la noche de sueño el joven había recuperado las fuerzas, y aunque sí que había cogido un buen catarro que le mantuvo tosiendo el resto del día y de la semana, no parecía que hubiera habido ninguna consecuencia grave del infortunio del día anterior.
__Reginn no pregunto ni dijo nada sobre lo que había ocurrido, solo le explicó en lo que debía de trabajar ese día como todos los anteriores y luego siguió con su el propio, dando algún consejo de vez en cuando. No, no fue hasta pasado el almuerzo, cuando llegó la hora de dar por finalizada la jornada laboral y ambos se disponían a  dejar el taller, cuando hizo un comentario sobre el asunto.
__-¿No pensarás volver a la playa de nuevo, verdad?
__Aulenor tosió un par de veces antes de contestar.
__-Si. Ayer casi lo consigo. ¡Estoy demasia' cerca para dejar... *cof* *cof*! Para dejarlo.-replicó.
__-Aulenor. Ayer cuando te encontré... Podrías haber muerto. No sé qué es lo que pasó anoche, no necesito saberlo.-Reginn hablado de una forma mucho más calmada y amable de lo normal, se le notaba la preocupación en el rostro-Tampoco quiero meterme, pareces muy contento con eso. Pero no creo que debieses seguir con ello.
__-¡Fue un fallo! No volverá a pasar. *cof* Además, eso significa que voy por buen camino. ¡Ya lo verás! Tranquilo maestro, estaré b'en.-respondió Aulenor con entusiasmo. Salió de la cabaña en dirección a la playa.
__Volvió al mismo sitio de siempre, más decidido que nunca. Colocó una piedra, de unas pocas libras de peso, enfrente suyo, a poco más de una vara de distancia. Se colocó en posición, se limpió los mocos con el brazo, tosió un par más de veces, se concentró para sentir la esencia, realizó con soltura el movimiento, y no pasó nada.
__No se deprimió, siguió intentándolo una y otra vez. A pesar de que la congestión y el catarro le dificultaban el concentrarse; a pesar de que la tos le interrumpiera constantemente mientras realizaba el movimiento; a pesar de que la piedra no se movía un solo ápice, él seguía intentándolo. Y así siguió hasta que oyó unos pasos en la arena. Al volverse hacia ellos, se encontró a Reginn observándole.
__-¿Consigues mover la roca ya?-preguntó el herrero.
__-No.-contestó cabizbajo Aulenor-No lo 'tiendo. Ayer lo hice b'en, se me escapo demasia' esencia, pero lo hice b'en. ¿Por qué no me sale? *cof* *cof*
__-Creo que te acabas de contestar tú mismo, Abe.-hizo una pausa y se acercó al muchacho-Escucha, forzar las cosas no va a ayudar. Me gusta tu entusiasmo, está claro que quieres aprender magia, no te voy a detener. Pero ayer pillaste un buen resfriado. Vuelve a casa, descansa, recupérate... Luego seguirás intentándolo. Ahora mismo lo único que vas a conseguir si sigues aquí es empeorar. ¿Está claro?
__-Si maestro. Gracias
__-Venga, vamos dentro.
__-Solo... déjeme intentarlo un par de veces más.
__El herrero se llevó una mano a la cabeza y bufó una sonrisa.
__-Vale, haz lo que quieras. Pero más vale que no tenga que volver a recogerte en la arena. Venga, te observo.
__Aulenor sonrió. Volvió a toser, se limpió de nuevo los mocos, se pusó en posición, se concentró, hizo el movimiento y volvió a fallar.
__-¡Una vez más!-dijo inmediatamente despues, casi como una petición hacia el herrero.
__-Vale, te espero en la casa-respondió este comenzando la marcha de vuelta.
__El escamado volvió a intentarlo una y otra vez mientras la silueta de Reginn se perdió tras la hierba. Tras realizar cuatro intentos más, Aulenor pateó la arena rugiendo de frustración. Tras otro ataque de tos y resoplar un rato, se sentó en la arena tratando de calmarse. Ayer le había salido, ¿qué es lo que había hecho bien?
__Trató de recordar el momento. La playa estaba oscura, él se encontraba en posición, con los brazos extendidos y concentrado en la bola de esencia de su estómago. Según comenzaba a moverse había sentido como si ésta girase y saliera despedida hacía su brazo, y luego, la explosión.
__Se levantó decidido, miró la piedra, colocó las piernas en posición y se concentró. Podía sentir la bolsa en su estómago, esta vez más pequeña que el día anterior. Podría intuir cómo se ramificaba hacía sus brazos mientras comenzaba a extender estos. Cerró los ojos, lo último que había visto era la piedra. Comenzó el movimiento, en su cabeza hizo a la bolsa rodar, entonces, cuando el brazo derecho llevaba a la parte más baja de su recorrido, sintió cómo la esencia recorria el camino del estómago hacía el brazo. Abrió los ojos rápidamente, mirando de nuevo la piedra y tratando de detener los giros en su barriga para no acabar como la última vez. Según el brazo derecho terminó su movimiento ascendente, pudo sentir cómo una pequeña ráfaga de esencia se desprendía desde su puño y levantaba la piedra. ¡Ahí estaba! ¡Se mantenía en el aire! ¡No podía creerlo!
__La visión duró un momento. Un momento de asombro y felicidad. Pero, de pronto, vio cómo al instante siguiente la roca comenzaba a caerse. Se había distraído en su entusiasmo, ¡se iba a caer! Aulenor soltó instintivamente un grito, más bien un rugido, mientras terminaba el movimiento del dibujo dando un puñetazo ascendente con el brazo izquierdo. Pudo notar cómo de nuevo la esencia fluía por él, cómo desde su estómago se dirigía hacia su brazo, entero, de nuevo. Asustado por la rapidez con que lo hacía, tembló tratando de cortar el flujo, y lo consiguió, aunque ésto le produjo, un mareo.
__Cayó de rodillas mientras veía cómo la piedra salía volando empujado por su segundo movimiento, aterrizando a unas siete varas de distancia. ¡Lo había conseguido! Con una sonrisa en la cara, trató de recobrar el aliento para luego perderlo de nuevo soltando un alarido de alegría y dejarse caer en la arena. Puedo que todo le diera vueltas, pero no recordaba sentirse tan satisfecho en toda su vida.
__Reginn, que se había quedado esperándole a la entrada de la aldea, acudió a la playa de nuevo turbado por el grito de Aulenor. Al encontrarlo de nuevo tirado en el suelo, se temió lo peor y salió corriendo hacia él. Sin embargo, el nagar al oír sus pasos comenzó a levantarse, y el anciano pudo ver la sonrisa en el rostro del muchacho.
__-Lo he conseguido-dijo entre respiraciones pesadas, sin dejar en ningún momento de sonreír, eufórico-¡Lo he conseguido Reginn! ¡He levantado una roca! ¡Soy un mago!

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Última edición por Aulenor el Sáb Mayo 06, 2017 6:22 pm, editado 1 vez


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Re: Piedra, papel y martillo

Mensaje por Aulenor el Vie Abr 14, 2017 9:57 pm

__El tiempo fue pasando. Aulenor siguió practicando su nuevo oficio como aprendiz de Reginn, observando al herrero día a día mientras atendía cada uno de sus mandatos con diligencia. Aprendiendo cosas cómo que la cota de malla que hizo su primer día era solo decorativa y que una que de verdad sirviera de defensa era mucho más intrincada y llevaba más trabajo; o que dependiendo del uso que se le fuera a dar una espada debía tener una forma u otro. Y así, poco a poco, fue aprendiendo y adaptándose a su nueva vida.
__Por supuesto, siguió aprovechando sus ratos libres para retirarse a la playa y seguir entrenando sus recién descubiertas actitudes mágicas, consiguiendo no solo replicar el éxito de aquella primera vez, si no seguir mejorando día a día en el uso de la geomancia. Intentó a veces incluso, ya una vez "dominado" el primer hechizo, crear nuevas formas de ejecutarlo. Intentos infructuosos la mayoría de las veces, pero que de vez en vez, alguno resultaba tal y cómo el escamado lo había planteado, cómo aquella vez que probó a levantar un montón de granos de arena a la vez, en vez de una única piedra, levantando una pequeña ola cegadora.

__Sin embargo, Aulenor no pudo ir a la practicar a la playa todo lo que hubiera querido, ya que el invierno es muy mala epoca, sobretodo tan cerca de Geanostrum y esas zonas heladas del Norte. Así pues, más de una vez Reginn se lo llevó a la taberna o a pasear por le pueblo, para conocer a la gente y esas cosas.
__<< Después de más de 50 años tengo un aprendiz, tendré que tener derecho a presumir de él para cuando llegues a ser alguien decente en el oficio. Además si ahora vives en Ryssan tendrás que conocer el pueblo >>.
__Y así pues fue conociendo Ryssan y sus gentes: a Adaro, el jefe del pueblo; a Fredo Larbeigh, el bardo que vivía en aquella casa árbol que según decía le ayudaba a inspirarse y componer; a Xiteras, el mejor guerrero del pueblo y su gran héroe... incluso Reginn consiguió que Shelby, el posadero le dejase entrar a la posada. Los esfuerzos del maestro herrero realmente consiguieron que el pueblo aceptase al joven nagar como un nuevo miembro de su comunidad, aunque éste no fuera muy activo en ella.

__Y así poco a poco, Reginn también fue dejando que su aprendiz comenzase a realizar algunas pequeñas pero verdaderas tareas de herrero, obviamente no las complicadas, ninguna que ser realizadas de formar incorrecta pusieran en duda la marca de calidad de la tienda, sino aquella sencillas tales como forjar clavos, bisagras, guarniciones o herraduras incluso en alguna ocasión, el aprendizaje pasó a temas más inusuales pero que un buen herrero debe saber manejar, como aquella vez que llego Marko, el guarda, al taller quejumbroso y entonces:

__-¡Hey! ¡Abe! ¡Deja lo que estas haciendo y ven aquí! Más vale que veas esto y te quedes con cómo se hace viéndolo solo una vez, porque la próxima vez que alguien venga con este problema serás tú quién le atienda.
__Aulenor arrojó dos troncos más al fuego y acudió al taller para encontrarse a herrero y guardian, uno con las pinzas y el otro con la mano en la mejilla. nagar y guarda se saludaron levantando la mano.
__-¿Qué pasa?
__-Aquí el señor Zotov tiene un problema de muelas, y necesita que se la saquemos. Atento, necesito que pongas un hierro al fuego y luego vayas a por un cubo de agua directamente del pozo. ¿Entendido?
__El chico cogió el cubo, puso una vara al fuego y se marchó hacía la fuente tal y cómo le habían indicado. Para cuando volvió, la barra ya comenzaba a irradiar luz y el maestro parecía tener la nariz metida hasta la garganta del guardia.
__-Bien, primero mira, es esa negra de la izquierda. ¿Ves?-le indicó Reginn mientras lavaba sus manos y las pinzas en el cubo de agua que sujetaba el escamado.
__Aulenor echó un vistazo, efectivamente había un agujero negro en uno de los dientes, pero se alejo rápido. Marko le miraba de una forma extraña, entre tratando de aguantar el dolor, ser amable y cansado de estar cerca del fuego para que la gente mirase dentro de su boca. Cada vez agarraba más fuerte la escoba que el herrero le había dado.
__-Entonces, la técnica es esta, echa un trago Marko-comenzó a explicar Reginn pasandole una bota de licor al guardia-Te aseguras de tener todo limpio para no procarle una infección, y luego es solo cuestión de...-no terminó la frase.
__Metió las pinzas en la boca del guardia, agarró la muela y tiró de ella de un solo golpe, sacándola de cuajo. El grito y la blasfemia que soltó Marko en ese instante debieron de poder oirse hasta en Mirrizback, por lo menos. Partió la escoba del dolor.
__-Y listo. ¿Ves? Es simple, Abe. Anda Zotov, da otro trago para enjugarte y luego puedes quedarte con la bota, ya me la devolverás.
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Re: Piedra, papel y martillo

Mensaje por Aulenor el Mar Abr 18, 2017 12:41 am



__-Lo he estado pensado y quiero que hoy mismo saques tus cosas de la cochera.-dijo entre mordisco y mordisco Reginn a Aulenor un día-El invierno ya casi ha acabado, dentro de poco habrá que sacar el carro para volver a hacer las entregas y que vivas en él no es lo más conveniente. Habrá que buscarte otro sitio... ¿Qué te parece si limpiamos el altillo ese de porquería vieja y te instalas allí? Aunque puede que hubiera que buscarte una cama.
__Se quedó entonces mirando al joven, que durante toda la charla había estado rebañando los restos de carne que quedaban los huesos de lo que había sido su almuerzo.
__-¡Hey! ¿Me estas escuchando, Abe?
__Aulenor arrancó otro trozo de carne de la pata y asintió en respuesta. Reginn no pareció satisfecho con la respuesta, así que el nagar se vio obligado a tragar rápidamente para poder contestar.
__-Si maestro.
__-¿Y bien?
__-Yo hago lo que te parezca mejor, estoy bien de cualquiera de las formas.
__-Urg... Podrías dar algo más de opinión. Da igual, pues esta tarde nos la tomamos de descanso en la herrería. Recoge todas tus cosas del carro mientras yo voy vaciando el fárrago ese. Una vez que hayas acabado me vienes a ayudar y cuando ya éste todo recogido te instalas tú solo. ¿Entendido?
__-Uhum-respondió tragando otro trozo-Como digas, maestro.
__-Formidable.

__En estos meses como aprendiz, las pertenencias del escamado no había aumentado mucho, algo de ropa nueva "más civilizada" y poco más. Con lo ocupados que eran sus días, la mayoría de sus cosas aún estaban en la misma posición y lugar que cuando se instaló en ese carro. Las ropas de Canto del Ruiseñor dobladas encima del pantalón de Leif, y éste encima de las pieles con las que se abrigaba ese lluvioso día en que llego a Ryssan. Al lado estaba su katana junto a todo lo que en su momento llevaba a la espalda. Primero el pergamino sobre geomancia, la cantimplora, su martillo y el mapa, las ultimas cosas que había usado; luego su flauta y el yunque de Leif, lo cierto es que con lo de la magia y le herrería no se había puesto a tocar la flauta desde que llego, y el yunque lo tenía ya más por recuerdo que por esperar volver a usarlo.
__Debajo de todo, casi oculto ya entre la paja que se había extendido de la cama improvisada, estaba aquella botella que encontró en la playa días antes de llegar. Ya ni se acordaba de ella. Seguía teniendo el pergamino en el interior, nunca había llegado a abrirla y ahora parecía un buen momento. Se fue a la cocina y con un cuchillo la descorcho y extrajo el mensaje de su interior.

____
__A quién lo lea :

___Hola. Sé que esta carta parecerá rara, que dará mala espina... Normalmente yo no haría nada como ésto, pero supongo que no se pierde nada por probar.
_Hace un tiempo oí una historia dónde dos personas se hacían amigos sin conocerse, mandándose simplemente cartas.
__Acabó de iniciar un viaje, no sé me da nada bien hablar con la gente que no conozco, mucho menos hacer amigos. Supongo que por eso estoy haciendo esto.
_Me gustaría encontrar un amigo con al que poder escribir, al que pudiera contarle cualquier cosa que me atribulará durante el viaje. Sé que suena infantil, pero confió en que las mareas y los dioses hagan llegar este mensaje hasta una persona así.
_Si quién lea ésto esta interesado, puede contactarme dejando una carta en la posada "El Paso" de Gorwell, en Keyback. Tan solo decidle al posadero que es para .̴̢͡҉/͝҉͏̵̸A "Garra", él entenderá. En algún momento volveré a pasar por allí, la recogeré y podré responderla.

¡Espero que lleguemos a conocernos!



Garra __





Supongo que esto no tiene ningún sentido
__

__Aulenor leyó la carta un par de veces, no esperaba que el escrito se refiriera a él, ni se había planteado que pudieran existir escritos así, y menos que le pidiera que respondiera. No estaba nada seguro de qué hacer al respecto pero la daba mucha curiosidad. Decidió preguntarle a Reginn sobre el asunto, así que fue hacia la estancia principal y le entrego.
__-¿Qué es esto, Abe?
__-Unos días antes de llegar encontré en la playa una botella con este mensaje dentro.
No lo había abierto hasta ahora y no acabo de entender qué hacer al respecto.

__-¿Quieres mi opinión? Está bien, leémelo.-respondió devolviéndole la carta al escamado, quién le miró extrañado-¡Puede que a ti te llegará el enano que enseña a leer hasta tu casa, pero por aquí no pasó! ¡Anda léemelo!
__-Si, maestro

__-Puff... esta juventud de hoy en día...-bufó el herrero cuando el nagar acabó de leer.
__-¿Maestro?-preguntó extrañado Aulenor.
__-Alguna cría que se ha escuchado demasiados cuentos de hadas y quiere usar el correo para tener el suyo. Lo mejor es que lo olvides, Abe. ¡Anda tira el papelajo ese y trae tus cosas de una vez! Ya tengo esto casi limpio.
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Re: Piedra, papel y martillo

Mensaje por Aulenor el Sáb Abr 22, 2017 4:32 am

__El valle estaba nevado. Desde los enormes picos de las montañas hasta el el rió congelado del fondo, incluso las copas de los altos picos se encontraban recubiertas por un precioso y gélido manto blanco que cubría todo Rukyn. Aulenor como todos los días, subía desde el rico revisando todas las trampas, en busca de algún pájaro rezagado o algún valiente conejillo que hubiera tenido la mala suerte de caer en los cepos del escamado. El invierno era duro para todos, no había nada que hacer.
__El viento sopló y una brisa helada hizo estremecerse al nagar, quién se arropó con la manta y enrolló la cola. Aún quedaba medio ladera hasta la cueva y aún no había encontrado un solo animalejo. Suspiro con resignación, se arrimó el macuto al hombro y siguió caminando.
__De pronto, un terrible gruñido resonó por toda la montaña. Sonaba a oso, siempre en invierno alguno bajaba de las cumbres buscando alimento. Los muy mamones eran peligrosos, había que estar alerta. Volvió a resonar por la montaña, esta vez más cerca y mucho más fuerte. Era cierto que sonaba a oso, pero ese tono tan aterrador... La posibilidad de que  fuera el bereskarn le pasó por la mente al escamado, llenando de temor y furia a partes iguales. ¿No estaba muerto? Si de verdad no lo estaba, si no había aprendido la última vez le enseñaría la lección de nuevo, esta vez para siempre.
__Se llevó la mano a la cintura buscando la empuñadura de Lanula, pero lo que encontró en su lugar fue su martillo. Era cierto. Reginn se la había roto. Ya no tenía arma. Pero tenía algo mejor. Dejo el martillo en su sitio y alzó una piedra por encima de su cabeza. Si ese mugriento oso rojo aparecía se llevaría una buena pedrada en la cabeza.
__El gruñido se repitió de nuevo, esta vez mucho más fuerte. Era el bereskarn, no había duda y estaba realmente cerca. Su respiración se agitó, sintió otra ráfaga de frío, volvió a cubrirse aún más con la manta. ¿Por dónde aparecería? ¿Por dónde?
__Un sonido pesado de aterrizaje sonó a su espalda. Aulenor giró sobre sí mismo rápidamente, tratando de impulsar la piedra... ¡Pum! Y recibió un bolazo de nieve en la cara. Allí estaba su hermano Daargo, burlándose de él rugiendo mientras movía la cola por encima de su cabeza. ¿Cómo había conseguido sonar igual que un bereskarn?
__¡Daargo idiota!-grito Aulenor con una sonrisa en la cara mientras se agachaba poniéndose en posición de combate. Su propia voz le sonaba algo rara, pero supuso que era por no haberse oido desde hacía tanto tiempo-Me has dado un susto de muerte. Vas a pagar por ello.
__El wyvern respondió gruñendo con picardía. Un momento después ya se habían lanzado uno contra el otro convirtiéndose en una ruidosa bola de mordiscos, patadas, cabezazos, empujones, cosquillas, coletazos y agarres. Como siempre el negro ganó, quedando tumbado encima del de color pardo. No se podía comparar la fuerza de un wyvern con la de un nagar, ni siquiera cuando éste último es el hermano mayor.
__De acuerdo... Tú ganas... Déjame respirar
__El wyvern resopló haciéndose el dormido.
__¡He dicho...!-Aulenor golpeó la tierra con ambas manos haciendo que ésta se levantará bajo la parte trasera de su hermano, haciendo dar una voltereta en el aire y cayendo delante suyo-¡...que me dejes respirar! ¡Ja! ¿Eso no te lo esperabas eh?
__Daargo se dio la vuelta y le miró sin sorpresa alguna, decepcionando bastante al escamado. Le hizo un gesto con la cabeza y se dirigió ladera arriba, hacía la cueva. Aulenor recogió el cubo de agua y le siguió. El sol se colaba entre las verdes ramas de los árboles y al salir del bosque se veía aquel maravilloso paisaje de arbustos verdes y pedruscos caídos hasta la pared de la montaña donde esta salía como arrancada de la tierra por el mismo Kharzûn. Puede que esa frase se la hubiera dicho Leif.
__Ambos hermanos continuaron escalando en dirección a aquel saliendo dónde se encontraba su refugio. Aulenor no comprendía del todo por qué, pero cuando lo vio a la distancia sintió nostalgia, un enorme deseo de llegar y contemplar el interior se apoderó de él, y aligeró la marcha. Al ver correr al nagar, Daargo salió corriendo tras su hermano, probablemente tomándoselo como alguna especie de carrera. Aulenor saltó una piedra y de nuevo una brisa de aire frío le obligo a cubrirse con la manta. Cierto, ¿no era invierno hace un momento? Pero si era primaveras... No importaba, tenía que llegar hasta la cueva, ya estaba allí, solo unas peñas más.
__Aquel lugar donde había vivido tantos años, donde Aria le abrazaba por las noches, donde jugaba con Daargo y donde Leif le leía historias. De repente tenía tantas ganas de verlo otra vez. Y cuando por fin llego, todo estaba oscuro, los rayos del sol eran bloqueados por la pared de la montaña y no le dejaban distinguir el interior. No pasaba nada, solo tenía que esperar a que sus ojos se adaptaran, solo tenía que abrirlos más. Abrirlo. ¿Los tenia abiertos siquiera? Le costaba ver. Tenía que abrirlo, que conseguir verlo, solo un momento al menos.
__-¡Abe! ¡Despierta!-exclamó Reginn con su poderosa voz dándole un meneo-Estamos llegando. ¡Ve despejándote!
__Estaba en la parte delante de la carreta que tantas noches le había servido de cama, se encontraban en medio de un oscuro camino entre las colinas. Hacía frio, y Aulenor se encontraba recostado contra las cajas de armas y armaduras que llevaban para vender en el mercado, cubierto con una manta de lana.
__-¿Qué hora es?-pregunto el escamado bostezando-No se ve el sol... Y las lunas aún están altas... ¡Es completamente de noche, maestro!
__-¡Como debe ser! Eso significa que llegamos bien. Hay que tener montado el tenderete cuando salga el sol, y aunque seas mago no se va a colocar solo.
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Re: Piedra, papel y martillo

Mensaje por Aulenor el Dom Mayo 07, 2017 5:39 pm

__La luz de las lunas acabó revelando cómo tras los robles que crecían a ambos lados del camino se erguía una estructura pétrea y vertical, una muralla. Estaban rodeando una ciudad. Una pequeña sonrisa de satisfacción se dibujó en la cara de Reginn cuando Aulenor se dio cuenta, y al poco ya estaban frente al portón y un guardia malhumorado les estaba preguntando que qué les traía a Mir a aquellas horas.
__-Reginn Solberg y aprendiz, herreros. Venimos a la feria-contesto el herrero con tono monótono.
__El portón de la muralla comenzó a abrirse lentamente, y Reginn aprovecho el momento de espera para lanzare una mirada a Aulenor, esa que venía a decir: "No es muy glamuroso, pero así es como se hace recuérdalo". Y aunque el escamado sí que le devolvió la mirada a su maestro, no sé entero del sentido de esta, aún estaba demasiado dormido para poder discernir las intenciones de la gente.
__Al cruzar la muralla avanzaron por una calle relativamente amplia que parecía ir estrechándose según ascendían los pisos de las casas de piedra de los laterales, de forma que cuando había una casa de tres pisos, ésta se conectaba con su pareja del otro lado de la calle formando una pequeña pasarela que solía estar adornada con enredaderas y otras plantas de pared.
__Eventualmente acabaron cruzando un arco que dio paso a la plaza mayor del pueblo, un cuadrilátero algo irregular bordeada todo soportales y galerías de la misma piedra gris que la calle anterior. Debido a la feria del día siguiente, aun a esas horas de la noche, la plaza se encontraba completamente iluminada por antorchas y llena de mercaderes y carpinteros montando los puestos. Mientras Reginn dirigía los bueyes hacía el lugar dónde colocaba cada año su puesto, a Aulenor lo que se le pasaba por la cabeza era lo incomodo que debía de ser para las personas que vivieran en aquellas casas el potente repiqueteo de los martillos durante toda la noche.

__Invirtieron el resto de la noche en armar el tenderete de madera, descargar la mercancía y colocarla de la forma más vistosa posible, con tres panoplias en la zona central repletas de lanzas, hachas y espadas; un gran mesa en el fondo con objetos de uso cotidiano como herraduras, clavos, cubiertos, martillos, cuchillos, cerrojos, atizadores, broches, etc; y unas cruces exponiendo cuatro armaduras de distinta calidad y preció abriendo el puesto.
__Para cuando los primeros rayos de sol comenzaron a intuirse por encima de los tejados, todos los tenderetes estaban ya montados formando calles con coloridos tejados de tela en función del trabajo de sus propietarios. Reginn y otros tantos se apresuraron a sacar los carros de la plaza antes de comenzará a venir la gente.
__-Aún tengo que llevar el resto al patrón de Cantera Plata, quedé con él en la puerta oeste, luego buscaré donde dejar los bueyes.-indicó el herrero mientras subía al carro-Quedas encargado de la tienda hasta entonces. ¿Entendido?
__-Si, maestro.
__-¿Cuánto valen las espadas?-preguntó repentinamente, como si fuera un examen sorpresa.
__-No menos de dos platas y media.-repitió de forma cada automática el escamado.
__-¿Las tijeras?
__-Treinta y cinco de bronce.
__-¿Y las armaduras?
__-Oro y medio, oro, siete platas y la de adorno dos de plata-respondió señalando cada una de ellas, de izquierda a derecha.
__-Formidable.-azuzó a los bueyes y se despidió-Volveré antes de dos horas.




__Con las primeras luces, el mercado se fue llenando poco a poco gente, y con ella de bullicio y gritos cada vez más altos que retumbaban contra las paredes de la plaza dónde se proyectaba tanto que probablemente si un halcón volará por encima de ella podría quedarse sordo.
__Todo este alboroto acabó por despertar hasta a la última alma que rondaba la ciudad. Y esta última alma resultó ser un viajero, un tipo de mediana edad, con una espesa pero corta barba castaña que se unía como si fuera parte de una misma masa a su desordenado cabello. Éste hombre, tras ser despertado contra su voluntad para descubrir que no había a quién culpar por ello porque absolutamente todo el mundo era culpable, acabo vistiéndose con esos ropajes de color marrón oscuro y naranja con una salo manga que le hacían bastante identificable, y saliendo a la calle, a pasear por el mercado.
__-Pufff.... Si no *bostezo* Si no puedes con tu enemigo, únete a él... Supongo.
__Ya solo con salir de la posada en la que se hospedaba pudo percibir los mil y un olores que emanaban desde la plaza, inundando las calles y fusionándose todos ellos en uno solo del que el viajero estaba seguro que no había una sola palabra que lo definiera mejor que "hediondo".
__Avanzó por la calle en dirección a la plaza. Cosa aparentemente bastante difícil, ya que ésta rodaban aparatosamente los carros; los caballos y bueyes arrastraban sus pezuñas; los toneleros hacían rodar sus barriles, y el ruido y la prisa reinaban por doquier. Sin embargo, nuestro viajero pareció mimetizarse con el ritmo de la calle, avanzando por ella como si fuera una hoja llevada por el viento. No rozó siquiera a ningún otro ser vivo en todo el recorrido. Por lo menos no lo hizo hasta llegar al arco que daba paso a la plaza, la cual estaba tan llena de gente que continuar con tal hazaña, no es que fuera difícil de realizar, era directamente imposible.
__Probablemente fuera mucho más fácil atravesar el foso ileso que la plaza mayor de Mir en aquél momento, ya que si se veía algún minúsculo espació vació entre la multitud del interior del mercado, probablemente fuera porque debajo había doce patos siguiendo a su nuevo dueño. Nuestro viajero decidió tratar de bordear los puestos por debajo de los soportales, por dónde había poca gente. Relativamente.
__Se alejó de los fuertes olores de la zona de los curtidores por la que había entrado saltando por encima de la tienda de una pareja de hörigues, quienes se encontraban produciendo a los ojos del publico unas botas de piel de cabra. Cayó frente una pequeña parcela vallada llena de vacas, ovejas, gansos y gallinas; todos bramando, balando, parpando y cacareando, en total desincronía con la orquesta de flautines, cascabeles y laudes que parecía provenir desde alguna zona del centro de la plaza. Abandonó la zona del ganando tratando sin éxito de esquivar los excrementos y acabó a la espalda de lo que parecía un cadalso, dónde, junto a un colgado de probablemente el día anterior, el pregonero andaba dando las noticias.
__-¡¡Y de ésta forma se avisa de que cualquiera que se atreva a alzarse en armas contra Thardorn o cualquier otro señor del territorio de las Keyback acabará como Rock Bellstrocker, aquí presente!!-terminó la noticia señalando al muerto-¡¡En otro orden de cosas, han llegado noticias de que el rey Gerónimo II, del reino de Zhalmia, al norte de Geanostrum, ha abdicado!! ¡¡También se han oído rumores sobre que los elfos de Erinimar se encuentran actualmente batallando contra bestias del foso negro, allá en la ciénaga de Thurk!! ¡¡Allí, el rey Mir-Eärendil ha convoc...
__El viajero se alejó del lugar turbado, las ultimas noticias que tenía de un buen amigo suyo era que se encontraba no muy lejos de aquella ciénaga, de verdad esperaba que se encontrase bien. Sin embargo no siguió turbado demasiado tiempo ya que dulzón olor que emanaba de un puesto de pastelería cercano sedujo a sus fosas, dándole justo en su punto débil. Acabó comprando más de dos docenas de dulces entre mantecados, perrunillas, buñuelos y lenguas de gato que devoró como un acólito de Inari luego de años de abstinencia. Tuvo la suerte de encontrar un pequeño reducto de tranquilidad donde comer: una columna de un soportal camuflada entre dos tiendas que tuvo que compartir con un galgo que la estaba usando para aliviar su entrepierna.
__Al continuar su paseó, el agradable olor a azúcar y harina de las pastelerías fue reemplazado por otra horrenda conjunción de olores provenientes de la zona de inciensos. Puede que por separado pudieran oler bien... Algunas... Pero todas juntas eran capaces de marear hasta a aun demonio de Ghadrakha.
__En la esquina de la plaza había un grupo de casetas y carpas bastante concurridas, incluso en comparación al resto de la plaza. A la única a la que consiguió acercarse estaba rodeada de hombres de diferentes razas y edades que se agitaban de la excitación. Del interior provenía una música con instrumentos típicos de Akhdar, y en un cartelón encima de la entrada ponía: "Brauste, la exótica leona del sur, muestra todos sus secretos mediante el baile". Se alejó de la zona, no sin antes chocar contra un pobre ciego que pedía limosna entre el gentío, y pagarle generosamente por el despiste.
__Acabó curioseando una tienda de artículos mágicos. No era nada del otro mundo, algunos collares guardapieles; distintos animaterios; reactivos y mejunjes  alquímicos; cajas de música; gemas luminosas y otras linternas mágicas; algún grimorio básico o recetas alquímicas; etc. Todo demasiado simple y fácil de encontrar, sorprendente para un jornalero cualquiera, pero aquel hechicero que llegará a aquel puesto con esperanzas de encontrar algo útil, interesante o que no hubiera visto ya cien veces antes saldría sin duda decepcionado del lugar. Y exactamente ese fue el caso de nuestro viajero, que acabó huyendo en dirección a la zona de los herreros, la salida más cercana de la plaza.

__Fue en una tienda de ésta zona, la menos concurrida del mercado sin duda por alguna extraña razón, dónde divisó algo que no esperaba. En un pequeño tenderete al que daban la bienvenida cuatro armaduras, cada una más gruesa que la anterior, un joven nagar de piel escamosa se encontraba sentado al otro lado del mostrador, aburrido antes la falta de clientes , se entretenía jugando con dos cantos del suelo; haciéndolos girar diez centímetros por encima de su mano derecha; sin tocarlas.
__Según se acercó hacía el chico, el viajero cayó en la cuenta de que no era la primera vez que se encontraba con él y una sonrisa se sumó a su cara de asombro.
__-¡Vaya! He de disculparme, chico, realmente no mentías cuando decías que realmente podías.
__El que alguien le hablase de improvisto hizo perder la concentración al nagar, provocando que se le cayeran las dos piedras y que pegase un respingo antes de mirar a su interlocutor. Y al ver a éste, pareció reconocerlo enseguida, ya que sus ojos se abrieron como platos y se quedó sin palabras.
__-Realmente me alegra saber que ayude a formar a un nuevo geomante, y  solo con pergamino que te di has conseguido, no solo dominar el hechizo sino mover piedras a voluntad tal y como estabas haciendo, he de informarte de que al menos tienes talento.-siguió diciendo el viajero.
__Aulenor no esperaba encontrarse de nuevo con la persona que le había abierto la puerta hacía la magia. No sabía cuántas veces había pensado en cuánto le gustaría agradecerle haberle dado aquél pergamino, así como pedirle que le enseñara más. Y ahora que lo tenía delante, ni siquiera le salían las palabras, solo lograba mascullar palabras inconexas mientras el mago le miraba sonriente.
__-Por cierto, puedes llamarme Tarot. Creo que no lo había dicho antes.
__-A-Aulenor-respondió al fin el escamado-Gra... ¡Muchísimas gracias! ¡De verdad, Tarot! ¡No sabes cuánto te agradezco que me dieras el pergamino! Y... esto... Me-me gustaría pedirte que me enseñarás más... ¡Por favor!
__-Oh. Lo siento chico, y de verdad me alegro que hagas podido aprender, pero no acepto pupilos actualmente.
__-¡Abe! ¿Qué está pasando aquí?-exclamó Reginn, que acababa de llegar y solo había llegado a oír la última frase de la conversación entre todo el ruido del mercado.
__-¡Maestro! Le presento a Tarot. Es el mago con el que llegué a Ryssan, el que me dio el pergamino de magia.
__-¡Oh! Ya veo. Encantado, mi nombre es Reginn Solberg, herrero.
__-Encantado señor Solberg. Soy Tarot, tal y como ha dicho su ¿aprendiz?
__-Si...-respondió el herrero lanzando una mirada mortal hacía el escamado-Aunque parece que me traicionaría con gusto para irse con usted.
__-¿Qué? ¡No Maestro! Me refería a si me podría enseñar algún otro hechizo, no ser su pupilo-explicó Aulenor rápidamente, sin saber muy bien a quién de los dos mirar-Jamás le abandonaría, me gusta ser herrero. Pero... también me gusta mucho aprender sobre magia.
__Tarot comenzó a reírse estridentemente.
__-Parece que hemos un buen lio.-dijo entre carcajadas-De acuerdo. Señor Solberg, ¿dónde dice que tiene el local?
__-En Ryssan, un pequeño pueblo costero al este de...
__-Lo conozco, he pasado un par de veces.-cortó el mago-Muy bien Aulenor, me has caído bien. Ahora mismo tengo un asunto de crucial importancia entre manos, pero pongamos que lo acabo y salgo con vida. Podríamos decir que me habría ganado unas buenas vacaciones. Vacaciones que podría pasar en cierto pueblo con vistas al mar. Y mientras estoy allí, nada impediría poder dar uno u otro consejo sobre cómo mejorar en el uso de la magia a cierto conocido cuando éste no esté trabajando.
__La cara de Aulenor se ilumino mientras la de Reginn negaba con la cabeza, aunque no se sabía si el herrero estaba molesto o sonriendo. El mago comenzó a alejarse del puesto del mercado.
__-¡Jo... Ya estoy deseando llegar a esas vacaciones con residencia gratuita! Entonces quedamos en eso. Me alegra ver que ya has aprendido a hablar, por cierto.-se despidió el mago justo antes de desaparecer, momento en el cuál el herrero se dio cuenta de lo que acababa de insinuar y levantó la cabeza para responder, pero ya era demasiado tarde. Un rio de gente se movió por dónde hacia un instante se encontraba el viajero.
__-Si de verdad quieres que eso pasé, ya puedes hacer que tenerte de aprendiz compensé el tener a gente gorroneando en casa. ¿¡Cuánto has vendido!?
__-No mucho la verdad. Una espada, un par de tijeras y martillos, algunas bisagras y herraduras, un candado con su llave y poco más. La gente no se acerca.
__-¡Eso es porque no sabes vender, Abe! ¡¡Observa y aprende!!


Última edición por Aulenor el Lun Mayo 08, 2017 6:09 pm, editado 2 veces
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Re: Piedra, papel y martillo

Mensaje por Aulenor el Lun Mayo 08, 2017 1:07 am

__-¿Sabes Abe? Ahora que ya hemos acabado con los encargos por un tiempo, creo que es el momento perfecto para ver si has aprendido algo.-exclamó Reginn durante el desayuno.
__Habían vuelto ayer mismo del viaje a Mir, el cuál englobaba no solo el mercado, sino varias paradas y rodeos más para entregar distintos paquetes de mercancía a distintos clientes de Reginn, así como recoger los nuevos encargos para el año entrante. El almacén de la casa había quedado vació casi por completo, solo los lingotes de metal y la comida quedaban en él. Reginn se había pasado todo el viaje dando sermones a Aulenor sobre la importancia de los contactos, lo vital que era saber vender tus productos a la gente, el cómo su tallercillo ubicado en un pueblo olvidado de la mano de los dioses sobrevivía gracias a estas mega entregas anuales. Y obviamente, le había obligado a observar muy de cerca y muy atento cada transacción
__En resumen, salvo por un encuentro inesperado, el viaje había sido algo bastante desmotivador para el joven nagar, a quién la dependencia del dinero aún se le hacía extraña. Si él mismo había sobrevivido tantos años sin saber siquiera sobre la existencia de esas fichas metálicas brillantes, ¿por qué todo el mundo hablaba de ellas como si fueran a morir solo por el hecho de tener pocas? A él lo que le gustaba era el crear, el dar forma al metal y ver como se convierte en algo al útil de una manera tan fascinante como era moldearlo mientras reluce al fuego con ese brillo naranja.
__Reginn lo sabía. Había visto como día a día, durante la semana y media que había durado el viaje, el rostro de Aulenor iba decayendo cada vez más y más. Obviamente no le había hecho mucho caso, era parte del negocio era imprescindible, le gustase o no al chico. Pero ahora que habían vuelto, la preocupante posibilidad de perder al aprendiz al que poco a poco había ido cogiendo tanto cariño le turbaba profundamente, y se veía en la obligación de hacer algo para reconquistar la atención del chico. Aunque claro, el que lo estaba haciendo por este motivo no lo hubiera admitido ni aunque le torturasen demonios de Lluuhgua.
__-¿Lo qué, maestro?-contestó Aulenor justo antes de pegar otro mordisco de su pata de conejo.
__-Estaba pensado que quizá era el momento perfecto de dejarte intentar forjar tu espada de nuevo.-explicó dándole otro muerdo al pan. La cara del nagar se iluminó-Dependiendo de cómo te saliera podría dejarte echarle mano a la forja de una vez.
__-¿De verdad?
__-Si. Tenemos tiempo, no habrá ningún daño irreparable en perder un día, y si te sale bien, podremos incluso avanzar más rápido.




__-Esta vez tengo tiempo realmente-dijo Reginn una vez pasaron al taller-Por lo tanto, te estaré observando durante todo el proceso. Quiero comprobar que realmente has aprendido algo aquí y no has estado solo pasando el tiempo hasta que pudieras salir a levantar piedras en la playa.
__Aulenor sabía que a Reginn no le hacía ninguna gracia la magia, que le daba cierto miedo, es más. Desde aquél primer día que le encontró en la playa y le miró medio asustado. También se había dado cuenta de que no le había sentado bien el haberle encontrado hablando con Tarot en el mercado. No había dicho nada, pero se le notaba. Además, durante el viaje él mismo no había estado demasiado interesado. Esta última frase acabó por confirmarle lo que se estaba temiendo: Reginn estaba considerando el dejar de tenerlo como aprendiz, y esta era la prueba de fuego. Debía crear la mejor espada que el herrero hubiera visto nunca si no quería tener que marcharse del pueblo.
__-¿Y bien? ¿Por dónde vas a empezar?-preguntó el herrero insistente al ver que su aprendiz se había quedado parado.
__-Tengo que pensar qué tipo de espada hacer-respondió Aulenor.
__No estaba pensando en eso, pero obviamente era la respuesta correcta, el hombre incluso levantó una ceja con asombro ante la respuesta y asintió, dejando al chico tiempo para pensar. Consideró su propio estilo de combate, a la cabeza le venían solo los últimos: la batalla contra los yokais de Canto del Ruiseñor; además de obviamente su lucha contra el bereskand en Rukyn, aunque hiciera años de ella, nunca olvidaría cuando mató al asesino de su madre. Visualizó sus movimientos; la mayoría eran considerablemente amplios, buscando el corte y más que el clavar, debía tener eso en consideración.
__Se movió hacia aquella mesa que hasta hacía muy poco había estado llena con las últimas espadas, recordando el día que Reginn le explicó los tipos de espadas.
<<Las rectas están hechas para encontrar un hueco en la armadura y clavar, deben ser firmes y resistentes, dependiendo de si quieres alcancé o manejó las harás más largas o más cortas. ¿Ves? Las espadas curvas por el contrario se enfocan en facilitar que la hoja siga el movimiento y sea más fácil cortar y desmembrar. Hay distintos tipos las que giran hacía atrás suelen ser buenas para la caballería, y las que giran hacía delante y son gordas desmiembran mejor. Y los estoques... Bueno, como puedes ver esos solo pinchan, no cortan. Luego hay algunas como muchas armas orcas que tienen forma de sierra, esas son para desgarrar, pero en combate se atoran fácilmente.>>
<<¿Y las otras? Como la mía de madera, ¿para qué son?>>
<<¿Las katanas? Esas son herramientas marhe. Viene a ser curva, enfocada en cortar. Es como los sables es más ligera que las otras para dar mejor manejo y más o menos recta pero se enfocada el potenciar el corte para hacer heridas profundas. El resumen viene a ser: si enfrentas enemigos con armadura quieres una espada dura y recta. Si enfrentas a alguien sin ella quieres una curva y manejable.>>

__-Haré una curvada hacia delante.-dijo finalmente Aulenor.
__Se dirigía hacia los lingotes de acero y tras dudar un momento y mirar hacía Reginn, cogió uno de los que sabía que usaba cuando quería hacer un arma o una armadura de las buenas, de las que costaban el doble que las demás. Más le valía no estropearla esta vez.
__Comenzó como bien se había asegurado de saber que debía empezar, podía el lingote al fuego hasta que estuviera incandescente, luego lo martilleaba un par de veces y lo volvía a ponerla al fuego. Así se tiró horas y así debía seguir hasta conseguir una fina plancha de metal. Sin embargo, no eran tan sencillo como parecía, tenía que asegurarse de distribuir el metal de forma que luego quedará balanceado y no hubiera destrozado de otra forma distinta un buen lingote.
__Una vez tuvo lo hubo alisado, la inspeccionó con cuidado, tanto a la pieza de metal como a la mirada de Reginn y ante ésta última decidió martillearla un poco más. Solo por si acaso, para acabar de distribuir el peso y eso. De todas formas, estaba haciendo trampa. Aulenor sabía que no sabía bien cómo unir la empuñadura al arma, cómo hacer las piezas encajar y demás. El día que Reginn se lo explico había empezado a experimentar nuevas formas de usar su único hechizo y no había prestado la suficiente atención, pero no podía pedirle que se lo repitiera, porque el herrero lo sabría y se enfadaría. Ahora, su plan era forjar empuñadura y arma todo en una sola pieza y por ello hacía dejado una zona bastante más gorda. Sabía que era mucho más complicado sin duda, pero posible de realizar.
__Luego llegó la hora de cortarlo, debía martillear con una cuña de acero encima de la plancha caliente para ir creando una separación, como si fuera una guillotina. Aquí ya iba cobrando forma la espada, con una zona de cortes rectos para la guardia y la empuñadura, y otra más curvada para la hoja, con un bulto tras la parte intermedia. Según martilleaba se había decantado por hacerla tipo machete, como una kopis o una falcata.
__Ahora tocaba volver a martillear, esta vez para darle la forma definitiva a la hoja, debía quedar perfectamente curvada para siguiera el camino del corte, a la vez que debía de tener cuidado de doblarla lo más mínimo y tener la masa siempre distribuida de la forma apropiada, adelgazándola según se acerca hacía el filo y la punta. Ayudándose siempre de las terminaciones del yunque y con bastante menos tiempo en el fuego que la vez anterior.
__Una vez dejó el filo con la forma afalcatada, confirmó que no estaba doblado y trató de asegurarse de que el peso estaba bien distribuido (aunque no pudiera comprobarlo hasta estar terminada) pasó al mango. Más o menos y dado que lo estaba haciendo en una sola pieza, venía a ser la misma operación que antes, dando la forma deseada al metal y dirigiendo el peso, pero esta precisaba más de cortar con precisión y se manejaban una zona mucho más gruesa y por tanto más difícil de moldear.
__Ya había conseguido curvar la punta de la empuñadura tal y como quería y estaba dándole forma a la guardia cuando se pasó de largo con el corte de la guillotina. Una mueca de horror se dibujó en la cara del escamado que la puso rápidamente al fuego y comenzó a martillear tratando de unirla de nuevo, aunque supiera que aunque lo consiguiera ya no serviría de mucho porque ya era un punto débil de la estructura.
__-¡Abe! ¡Para! ¡¡Para!!!-le frenó Reginn.
__-¡Lo siento mucho, maestro! ¡Lo he estropeado! ¡Ha sido un desliz! No era mi intención, le juro que sé cómo se hace es solo que me ha fal...
__-¡Hey! ¡Tranquilo! No pasa nada, un falló lo tiene cualquiera. Hasta ahora lo has estado haciendo formidablemente. Tranquilo, no es para ponerse así.
__-Yo...
__-A ver, déjame.
__Reginn se colocó el guante, fue a echar mano al martillo de Aulenor, pero lo reconsideró y cogió el suyo, finalmente la cuya, acabó de cortar la guardia, martilló un rato por toda la espada hasta que consideró que la unión y la distribución de masas habían quedado decentemente y se le devolvió la pieza a Aulenor.
__-Queda sin guardia. Es bastante más arriesgado usarla para parar otras espadas pero sigue siendo utilizable. Incluso se le podría añadir luego una pieza de guardia aparte, pero eso requería re balancearla. Pero tranquilo,  sigue.
__-Gracias... Maestro.
__Reginn asintió y Aulenor siguió con su obra. Ya casi era la hora de cerrar, pero ambos querían ver la espada acabada. El nagar inspeccionó minuciosamente la espada una vez más, asegurando de que estuviera recta y perfilada, de que el equilibrio estaba bien. No quedó del todo contento, la calentó un par de veces más dando un martillazo aquí y allá para darle los últimos toques. Luego se acercó a la rueda de afilar, se sentó a pedalear y comenzó a puliría y afilarla.
__Para cuando acabó, ya había anochecido. Decidieron dejarla temblando esa noche y darle los últimos reposos por la mañana. Así pues, avivaron de nuevo la forja, colocaron toda la espada dentro, tratando de que quedase sujetada de canto por los trozos de carbón, para que así se desviase lo menos posible y cuando Aulenor consideró que estaba lo suficientemente incandescente la saco. Hecho un rápido vistazo de que no se hubiera doblado, la calentó unos segundos más y luego la sumergió de lleno al agua que comenzó a bullir exageradamente.
__-Creo que ha quedado bien.-exclamó Aulenor cuando la examino al sacarla del agua.-¿Maestro?
__-Ya está algo oscuro para decirlo con certeza. Pero si, Abe, te ha quedado bien. Vayamos a cenar, déjala que se seque.
__A la mañana siguiente, Reginn le volvió a dar el visto bueno, para regocijo de Aulenor. Incluso accedió a la petición de éste de trenzar el mango con cuero, aunque esté debía observar atentó para hacerlo él mismo la próxima vez. Por último el herrero invitó a su aprendiz a que la probase, cosa que solo se atrevió a hacer cortando el aire, por miedo a mellar la hoja. Del corte no sabría, pero quedó satisfecho con el equilibrio.
__-Me contaste que tu otra espada tenía un nombre.
__-Lanula, si.
__-Si... eso. ¿Le darás uno a esta?
__-Si, todas las espadas que se aprecien deben de tener un nombre, eso me dijo Leif.
__Reginn asintió, y Aulenor se quedó observando su obra.
__-Krabato. Ese será su nombre.
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Las Andanzas de Aulenor

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Re: Piedra, papel y martillo

Mensaje por Aulenor el Mar Mayo 09, 2017 7:09 pm



__-He estado pensando, Abe-indicó Reginn durante la cena-Si te enseño a manejar el carro podrías realizar los encargos tú solo y así me ahorrarías tiempo, o incluso podría aumentar la producción. ¿Qué te parece la idea?
__-Pues... La verdad maestro, preferiría ser yo quién se quedase en la herrería y que usted realizará los encargos.-contestó Aulenor.
__-Buen intentó, lagartija-respondió en risas el herrero-Pero no, aun estas verdes para dejarte la herrería a ti solo. Muy verde.
__Aulenor bajó la cabeza e intentó camuflar su decepción dando otro mordisco a la carne. Desde que creó a Krabato, Reginn le había ido dejando usar cada vez más y más la forja, con encargos cada vez más delicados. Era verdad que hasta ahora lo único que le había dejado hacer que requiriera un mínimo de calidad eran puntas de flechas, pero siempre había conseguido cumplir las expectativas de su maestro, bien se esforzaba para ello.
__-La cosa es,-siguió el herrero tras dar otro sorbo a su sopa-que esta tarde ha pasado por aquí Mishka, el mensajero. Me ha hecho el favor de leerme un mensaje de un socio de geanostrum. Me ha conseguido el lote de varas de hierro negro que le pedí, pero tengo que mandar a alguien a que lo recoja en Gorwell...
__-¿¡Gorwell!?
__Reginn tuvo que ocultar su cara con su cuenco para que Aulenor no le viera, no conseguía evitar que una sonrisa maliciosa se dibujase en su cara al ver cómo el escamado reaccionaba tal y como esperaba ante el nombre del lugar. Había visto al chico leer a escondidas más de una vez aquella carta que encontró y sabía que algo le había cautivado en ella, no rechazaría la oportunidad de viajar a Gorwell y así él podría evitar un viaje de una semana que bien poco le apetecía efectuar.
__-Si, Gorwell.-dijo finalmente el herrero tras fingir dar otro trago a su sopa-No sé si lo conoces, es una pequeña ciudad que hace de frontera y aduana entre Keyback y Geanostrum; al este de aquí. Muy pintoresca. ¿Entonces, quieres ir?
__-Bueno... aprender a conducir no suena mal.-admitió el nagar.
__-Formidable.




__Ya habían pasado dos días desde que Aulenor partió rumbo a Gorwell. Se encontraba en una arboleda cerca del camino, era mediodía y acababa de terminar de comerse una pequeña lechuza que había tenido la mala suerte de caer en la trampa que preparó la noche anterior. El escamado descansaba bajo la sombra de un árbol, dejando pastar al buey un rato, mientras repasaba una y otra vez un pergamino en plan que había comprado el día anterior junto con un carboncillo negro. Reginn le había dado bastante dinero para las posadas del viaje y dado que a él no le importaba dormir a la intemperie, considero que no importaría demasiado que usará el dinero de otra forma.
__Quería escribir. Si Kharzûn, Delia, Inari y todos los demás dioses le mandaban hacía Gorwell entonces sentía que era su obligación responder a aquella carta embotellada. Si, era eso. Pero el problema es que no sabía cómo hacerlo. Había repasado la otra carta decenas de veces, suponía que debía copiar la forma; no sé parecía al pergamino de magia o a los libros de Leif o a ninguna otra cosa que hubiera leído antes; quién lo hubiera escrito lo había hecho tal y como si estuviera hablando. Además estaba lo de poner "Garra" al final. Reginn le había dicho que por lo que él sabía ahí debía de ir el nombre, pero que "Garra" sonaba más a un mote o un sobrenombre.
__Viendo que si seguía así mucho tiempo más se retrasaría demasiado, decidió comenzar a escribir y confiar en hacerlo bien. Malo sería lo contrario.

__
__A Garra:

___Hola. Encontre tu carta en la playa, en una boteya. Nunca me abia encontrado con una cosa asi i nose mui bien como responder, espero estar aziendolo bien.
_Yo tambien estoi en un biaje, o lo estaba, encontre una nueba casa aze poco. I tanpoco tengo muchos amigos, asique supongo que me gustaria intentar ser el tuyo.
_Dejare esta carta en la posada de Gorwell tal i como abias dicho, puedes responderme enbiando otra a la herreria de Ryssan. No aze falta que digas para quien es. Te respondere en cuanto me llegue.

¡Espero que lleguemos a conocernos!



Abe __




__
__
__Leyó un par de veces lo que acababa de escribir sin estar del todo convencido con ello, pero no podía borrarlo, tendría que confiar en que estuviera decente. También tardó un rato en decidirse con el nombre. Si quién lo había escrito había usado un sobrenombre, él también debería usar uno, pero "Abe" era lo más cercano que tenía. "Abe" y "lagartija" y no estaba demasiado convencido de usar el segundo, lo relacionaba demasiado con Ingus llamándole así de pequeño.
__Como fuera, guardó el papel, apago el fuego, volvió a ponerle el yugo al buey y reanudó la marcha. Aun le quedaba día y medio de camino.




__La mejor definición para Gorwell era sin duda: Un montón de casas de madera que surgían rodeando un atasco de carretera perpetuo. No había una sola calle en la ciudad en la que no hubiera siempre carros, carretas o carruajes, y  no había momento alguno en el que sus desesperados cocheros no estuvieran gritando. Era tal el tiempo que se tardaba en atravesar la escasa milla que ocupaba el pueblo, que mucho mercaderes decidían abandonar su carro en medio del atasco y esperar en alguna de las posadas y tabernas de la ciudad a que les dieran paso; cosa que obviamente beneficiaba a los hosteleros de la zona pero agraviaba aún más el problema de circulación.
__Reginn había prevenido a Aulenor sobre este problema, pero dado que tenía que llegar hasta el paso fronterizo con el carro para cargar la mercancía, poco podía hacer al respecto. Tuvo que estar más cuatro horas sentado en el carro para conseguir atravesar los quinientos pasos de la calle principal hasta la aduana misma. Durante el largo trayecto, decenas de pueblerinos se le acercaron tanto a él como a los demás viajeros para tratar de venderles distintos productos, desde pañuelos hasta comida pasando por distintos souvenirs y yerbas. Uno de ellos incluso convenció a Aulenor de comprar un trozo indeterminado de carne pinchado en un palo al que llamaba "khlav kalash", algo que aunque no tenía mala pinta resulto saber horrible.
__La transacción no fue nada del otro mundo, un chico de más o menos la misma edad que Aulenor, le llamó la atención y le llevó junto a su carro, y una vez conseguidos juntas ambos carros, solo fue pasar el material de uno a otro, dar el dinero pactado y despedirse. Tras lo cual tocaron otras cuatro horas hasta lograr sacarlo hasta la cuadra que daba la bienvenida al pueblo, dónde lo aparcó a buen precio considerando el poder huir de allí rápido una vez hubiera acabado sus asuntos en la ciudad.

__Ahora debía encontrar la posada que se mencionaba en la carta. Esa llamaba "El Paso". No fue demasiado difícil de encontrar, solo fue cuestión de preguntar a uno o dos de los vendedores ambulantes y le indicaron la dirección. La venta era un edificio grande, como tres veces más grande que las casas adyacentes, y con tres pisos. Estaba hecha por entero de madera, salvo por el picudo tejado de pizarra y unos grandes ventanales que cubrían la fachada del primer piso, dejando ver el ambiente del bar del interior.
__Al entrar en el establecimiento, la puerta tocó contra una campana que anunció su llegada y un tipo intimidantemente fornido y con bigote le recibió con una sonrisa.
__-¡Bienvenido a El Paso, viajero! Me llamó Dominic Velkan. ¿En qué puedo ayudarle?
__-Eh... Hola... Soy Aulenor. Venía a... esto... A entregar una carta. Me dijeron que debía entregarla aquí.
__-¿Una carta?
__-Si. Es para alguien llamado "Garra"
__-¿Garra...?-exclamó el posadero llevándose la mano a la barbilla y pensando. Tras unos instantes sus se abrieron de par en par y comenzó a reír de una forma que casi hacía temblar el suelo-¡Oh! ¡Ya ni me acordaba de eso! Gracias chico, le haré llegar la carta Garra
__-Muchas gracias. Bueno... me voy.
__-¿En puedo ayudarle en nada más? ¿Alguna bebida o alojamiento? Ya casi está anocheciendo.
__Aulenor meditó la propuesto, no había caído en lo tarde que se le había hecho tras atravesar dos veces la ciudad y tenía dinero de sobra para descansar una noche en una cama tras no haber hecho uso de ninguna durante todo el viaje.
__-¿Sabe qué? No es mala idea en absoluto. ¿Cuánto cuesta una habitación?
__-Cincuenta kulls de bronce la noche. Ochenta si quiere cena y desayuno.
__-Me quedaré con la habitación sola, gracias.-respondió el escamado poniendo una moneda de plata sobre la barra.
__-Por supuesto.-el posadero recogió la moneda y le devolvió el cambio, luego le hizo un gesto hacía las escaleras con el brazo.-Sígame.


__Los gritos de los cocheros despertaron a Aulenor mucho antes de que cantará el gallo. La vida en Gorwell comenzaba mucho más temprano que en otros sitios debió a la costumbre de madrugar para evitar atascos. A pesar de todo había dormido bien. La habitación, aunque pequeña, contaba con una cama con un verdadero colchón, y sabanas de piel que se sentían realmente bien al tacto. Contaba además con una cómoda para dejar las pertenencias, un balde de agua para lavarse y un orinal. Nada más levantarse Aulenor hizo uso de estos dos últimos, y mientras hacia sus necesidades descubrió que el suelo de madera daba demasiada privacidad, ya que podía oír perfectamente al posadero que le había atendido hablar con alguna chica en la planta baja.
__No prestó ningún tipo de atención a dicha conversación hasta que entendió la siguiente parte:
__-Por cierto, ayer mismo llegó correo para usted, "señorita Garra"-se escuchó decir al posadero con un tono burlón.
__-¿Correo? ¡¡¿En serio?!!
__-Si, un mensajero llegó ayer con él. Un mutante de esos, no sé de dónde vendría. ¿La quieres?
__Aulenor casi tira todo el contenido del orinal al levantarse corriendo para tratar de llegar hasta la puerta y bajar la escalera. No pudo escuchar más de la conversación, pero cuando llego a las escaleras su corresponsal ya estaba saliendo por la puerta. No la vio, o no del todo, juraría que había conseguido ver la mitad de su espalda un momento, así como el pie. Llevaba botas seguro, y puede que el pelo fuera rubio o blanco, con la piel morena, no demasiado alta, pero más que él. O podía no ser ella o haberlo imaginado, ¿quién sabía?
__-¡Eh chico!-le llamó la atención el posadero, haciendo crujir sus puños-No tengo ni idea de cómo será en tu tierra, pero agradecería enormemente que no rondaras por mi establecimiento desnudo.


Fin del comunicado
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