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Liello y la Androsfinge

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Liello y la Androsfinge

Mensaje por Liello El mestizo el Mar Oct 11, 2016 1:19 am

Me encuentro solo, y eso lo amo. Me gusta escuchar la soledad, el silencio y la seguridad.

La seguridad de mi refugio, eso es algo que añoraré, pero no tengo más remedio que hacerlo, sólo el amor que proceso a mi Melda, (mi amada) ha sido capaz de hacerme alejar de mi refugio y emprender una aventura que durará muchas más lunas de las que me gustaría, pero no tengo elección, mi mundo se tambalea, no sé dónde está mi Amil (madre), ni mi hermano. El canalla de mi padre sigue desaparecido, pero mis ganas de rebanarle el cuello siguen intactas, pero todo eso puede esperar… mi dulce Aranel, había sido vendida como esclava y según uno de los pocos supervivientes de mi aldea, el comprador fue un general Orco llamado “Galdok el enterrador”, eso me dijo mi compañero antes de desaparecer. Y aquí estoy, andando por el bosque hacia el sur intentando encontrar un camino para llegar a una ciudad y poder empezar así con mi investigación.

Hace rato ya que no me envuelve esa gran cantidad de hojas y ramas pertenecientes al bosque, ese color verde, ese color a vida, cada vez me es más difícil poder vislumbrarlo en el entorno, ese color se va cambiando por un marrón suave y por un amarillo intenso, de repente, sin yo enterarme, dejo atrás el verde bosque para adentrarme en una tierra de cultivos con algún que otro árbol pero ninguna comparación con la inmensidad del bosque dejado atrás.

La noche empieza a caer y puedo ver las tres lunas en el cielo rodeadas de estrellas, cuando  a lo lejos veo unas cuantas casas, colocadas en forma de círculo, y en el medio una gran plaza con un pozo de piedra. Las casa estaban hechas de piedra gris y el tejado estaba compuesto por multitud de tejas y maderas.

Empiezo a recorrer las calles y puedo observar que la aldea carece de vida, como si alguien o algo hubiera absorbido la vitalidad de aquel sitio y lo hubiera dejado huérfano, desolado.

Un gran escalofrío recorre mi columna, eso solo me había pasado en dos ocasiones, antes del ataque a mi aldea cuando no era nada más que un niño y cuando murió mi maestro Hunta. No sé lo que pasa, escondo mi cabeza debajo de la capucha de mi capa para ocultar mis orejas de elfo, no por nada, sino porque sé que era zona de humanos y no quiero llamar mucho la atención.

Cuando llego a la plaza donde se encontraba el pozo, me asomo y veo que la cuerda y el cubo se encuentran en perfecto estado, que el agua no huele a nada e incluso me percato de un pequeño charco al lado de éste que denotaba que se había usado hacía poco. No sé qué pasa, algo me huele mal.

De repente pongo mi vista en un edificio, más alto y más grande que los demás, una puerta de roble oscuro guarda su entrada y solo existe un pequeño letrero que reza: “Taberna la Penúltima.” Sin vacilar ni un momento, empujo la puerta hacia dentro y me dispongo a entrar en la sala.

La sala es más grande de lo que pensaba, es un gran espacio con una barra al fondo, con varias sillas, bancos y mesas, muchas mesas. El techo se sujeta gracias a unas vigas tan grandes como un árbol que van de norte a sur, de este a oeste cruzando todo el techo, y el suelo… el suelo de madera de pino, resplandeciente, ni una pizca de suciedad en él, cosa que me llama profundamente la atención por las experiencias pasadas en otras tabernas.

En el salón se encuentran seis mujeres, todas humanas las dos primeras en una mesa a la izquierda de la entrada, una de ellas de cabello largo y moreno, tez blanca y suave y ojos verdes, no debería tener más de 15 años humanos, la segunda, más mayor que la primera pero igual de parecido, debería ser su madre.  Por otro lado está la mayor del lugar, una mujer de mucha edad con la piel llena de arrugas y el cabello blanco, estaba sentada en otra mesa, sola y a su lado un bastón de madera que necesitaría para andar, supuse. Y al final de la estancia, detrás de la barra, otras tres mujeres, una mujer alta de pelo negro y arrugas marcadas en la piel, supuse que no tendría más de 35 años humanos, a su lado una niña de unos 7 años de edad de pelo negro y corto y en su otro costado una mujer joven, unos 17, pelo negro y ojos llenos de vida porque en su vientre se hallaba una nueva vida deseando salir, estaba en cinta, y por lo que pude observar poco le faltaba ya para romper aguas.

Noto una presión incomparable en cualquier otra situación, fue en el momento de entrar en la taberna cuando las seis mujeres me miran, se hace el silencio más profundo del mundo, y me recorre el cuerpo una sensación de vergüenza enorme. Me sobrepongo a las circunstancias y me acerco hasta la barra, donde me siento en el primer taburete que veo. La mujer de detrás de la barra, se acerca a mí y me pregunta por lo que quiero tomar.

Un vaso de agua- respondo, intentando quitarme el acento para que mis palabras suenen como los de un humano corriente.

Le puedo ayudar en algo más- pregunta la señora mientras me sirve el vaso de agua.

¿Tiene una habitación libre? – Pregunto- Estoy de paso y necesito descansar antes de reemprender mi camino

Si, serán 50 kulls la noche y 30 más por la comida- dice con un tono cercano pero con respeto.

Está bien- digo yo y abro mi bolsa del dinero y pongo encima de la mesa 80 kulls

Me da una llave con un llavero de madera y me indica que mi habitación está arriba, subiendo las escaleras a la derecha. Me levanto de mi taburete pero noto como una presencia en mi nuca, me doy la vuelta y veo a todas las mujeres de la sala mirándome como si hubieran visto un fantasma.

¿Será por mí? ¿Habrán descubierto lo que soy, un mestizo y no me querrán aquí?, creo que quiero marcharme de ese lugar pero no puedo, tengo cosas más importante que hacer y mi único fin es encontrar a mi amada, cueste lo que cueste y esta aldea es el único sitio que he encontrado para poder descansar. Así que cojo la llave y subo esas escaleras, giro a la derecha y me encuentro una puerta de madera oscura con un cerrojo de metal, meto la llave y abro la puerta.
La habitación no es ni grande ni pequeña, ni fea ni bonita, una habitación normal con las paredes de piedra y una ventana, el suelo de madera y en el techo una viga cruza de un extremo a otro. Hay una cama con sabanas limpias y una mesilla con un candil encendido y en el otro extremo un escritorio con una lámpara de aceite, unas cuantas hojas y una pluma pera escribir.

Me tumbo en la cama llevado por el cansancio de varios días caminando por el bosque, es la primera vez que duermo fuera de mi refugio desde hacía muchas lunas y la verdad es que me siento bien.

Suena la puerta, Toc Toc y entra la mujer embarazada con mi cena, la verdad es que la pobre no puede ni moverse dado su avanzado estado de gestación, pero aun así insiste en que no la ayude, deja la bandeja con mi cena en la mesa y se dispone a irse cuando la interrumpo.

Perdone el atrevimiento pero ¿cuándo sale de cuentas?- le pregunto

Salí hace ya una semana, pero parece ser que no quiere salir- y se ríe

Tiene muy buena pinta- digo mientras señalo a la bandeja de la comida que tenía una copa, un muslo de pollo, un cuenco con sopa y un trozo grande de pan.

Espero que le guste, lo he cocinado yo- me dice mientras una sonrisa se posa en su cara- que aproveche- y cierra la puerta.

Me termino toda la comida, la verdad es que tenía mucha hambre y estaba ya un poco harto de tener que cazar para conseguir un bocado que llevarme a la boca, comer algo caliente y elaborado de vez en cuando no viene nada mal y sobre todo descansar.

Cuando termino la cena, cojo la bandeja y la bajo a la sala, para así evitar que esa chica embarazada tenga que hacer más esfuerzo que el necesario, mientras estoy bajando, veo como la taberna se ha llenado, pero algo me llama la atención de manera sobrevenida, solo hay mujeres, mujeres humanas de muchas razas, de muchos tipos de piel, altas bajas, gordas flacas, jóvenes ancianas pero solo mujeres, algo no va bien me repito constantemente hasta bajar del todo esas escaleras y dejar la bandeja en la barra.

Muchas gracias, no hacía falta que la bajaras, podía haber subido yo a por ella- dice la chica embarazada

No te preocupes, tú debes hacer lo menos posible y reposar para que todo vaya bien cuando des a luz- le digo yo.

Quien es este machote tan gallardo- dice una voz detrás de mí, me doy la vuelta y veo a tres mujeres de 17 a 25 años, rubias con la tez blanca que se acercan a mí

Hola guapo cómo te llamas- dice la que aparentaba más años

Liello- digo yo con un poco de sonrojo

Valla que bonito nombre, casi tanto como tú- dice otra de las mujeres

Liello te puedo contar un secreto- dijo la más joven mientras acercaba su boca a mi cara- hace muchas lunas que no compartimos el lecho con un hombre, y menos con un elfo, y si es verdad todo lo que dicen de los elfos, esta noche nos lo vamos a pasar muy bien los cuatro.

Me quedo petrificado, es imposible ¿cómo me han reconocido?, ¿cómo han sabido que soy un elfo?, al parecer mis rasgos no son del todo humanos y si alguien se acerca lo suficiente puede ver mis orejas abultadas en la capucha. ¿Y ahora qué hago?, de momento solo lo saben tres mujeres, si les diera por contarlo, me descubriría todo el pueblo y tendría que huir otra vez, y no puedo, necesito descansar, solo me queda una opción.

Subo las escaleras directo hacia mi habitación, abro el candado de la puerta y la empujo para que se habrá del todo paso y… espero a que esas tres mujeres, rubias, guapas y jóvenes pasen, cierro la puerta. Ellas con un movimiento de manos se quitan toda la ropa quedando al descubierto sus hermosos cuerpos y con una vocecilla dulce dicen “Ven a la cama”, miro por la venta la luz de las tres lunas ilumina mi alcoba e ilumina el cuerpo de esas tres musas, suspiro y pienso “Va a ser una noche muy larga.”

Por la mañana me despierto extenuado, no pude dormir hasta casi el amanecer, me encuentro sólo en la habitación, al parecer mis acompañantes habían madrugado más que yo y ya se habían ido, intento levantarme pero me tiemblan las piernas, estoy cansadísimo pero el esfuerzo había merecido la pena, no creo que hubieran descubierto mi tapadera tal y como les pedí.

Me visto en la habitación y cuando voy a bajar a desayunar, al abrir la puerta observo que hay una bandeja con el desayuno y una nota que dice: “Desayuno pagado por tres jóvenes para que recupere fuerzas. Firmado la casera”

Termino de desayuna y bajo al salón pero no hay nadie, ni un alma, parecía desierto, salgo a la calle pero no veo a nadie igual, recorro las calles en busca de un alma viva que me explique qué está pasando, cuando de repente  un grito ensordecedor llega a mí, un alarido de dolor que recorre las calles de la aldea desierta y me lleva hasta una casa, no muy grande con la puerta entre abierta, me acerco y puedo ver a todas las mujeres que habían estado la noche anterior en la posada, incluso a mis tres compañeras de cama, estaban ahora rodeando a la muchacha embarazada, que estaba dando a luz a un bebé regordete y sonrojado lleno de sangre. La mujer vieja que había visto la otra noche en la posada hace a su vez de comadrona, cortando el cordón que unía al niño a su madre y envolviéndole en unas sábanas para limpiarle después con agua, en el ambiente se respiraba una alegría contenida hasta que la comadrona dijo: “Es un varón” y las caras de las demás mujeres se tornaron oscuras y con miedo como si una cosa terrible estuviera a punto de pasar.

La mujer mayor coge al niño recién nacido y sale de la casa, yo ya me había movido momentos antes y ocultado en las sombras, las demás mujeres le siguen menos algunas, las más jóvenes que se quedan cuidando de la parturienta y llorando, lloraban mucho.

Me dispongo a seguir a la multitud, me voy escondiendo entre las sombras que me proporcionan los techos de las casas y los árboles, hasta salir de la aldea, la multitud sigue andando por un camino que conduce a las montañas, yo las sigo hasta que de repente veo como se paran en frente de una cueva de más de diez metros de alto, me quedo a una distancia prudencial para que nadie me vea y escucho atentamente los acontecimientos que se desarrollan.

La mujer mayor deja al recién nacido unos metros antes de la entrada de la gruta y acto seguido grita “Aquí tienes oh Esfinge poderosa, otro hijo varón del fruto de nuestro vientre, te lo damos en sacrificio, para que nos protejas oh poderosa reina” y acto seguido de la gruta sale un ser que nunca antes había visto en mi corta pero ajetreada vida.

Mide más de ocho metros, su cuerpo parece el de un león, sus garras son afiladas como cuchillos de acero, su cola como si de un látigo se tratara, se mueve de un lado para el otro desafiante, sus alas, son bellísimas, blancas inmaculadas, las abate con una fuerza demoledora dando una presencia regia que no todas las criaturas aladas poseían y su cuerpo, es como el de un león gigante pero al llegar a su pecho se entremezclaba con el de una mujer hasta abordar sus grandiosos senos, y sigue hasta coronarlo con su cabeza humana, su cara como el de una mujer tiene la tez perfecta, no tiene arrugas y sus ojos verdes esmeralda dan una sensación de vacío y terror al mismo tiempo.

La mujer mayor se arrodilla ante la esfinge y le ofrece al bebé, esta avanza hasta él pero de repente se para, husmea el ambiente y dice: “hay un hombre aquí”, “¡No quiero a ningún varón en mis dominios, os exijo que deis la cara y os larguéis!

Instintivamente salgo de mi escondite y doy la cara “Soy yo al que esperas”, digo mientras me acerco a la esfinge y me pongo delante del bebé.

¿Qué haces aquí? ¿Por qué interrumpes nuestro ritual sagrado? – dice la esfinge mirándome con desagrado

¿Ritual sagrado? ¿Arrancar a un recién nacido de los brazos de su madre y dártelo a ti? ¿Eso es un ritual sagrado?- digo con un tono algo sorprendido a la par que heroico no dejándome amedrentar del volumen del rival que tenía enfrente.

Sí, yo soy Kalaska la Androsfinge, y en mi reino no habrá maldad, por eso no puedo permitir que los hombres vaguen por esta tierra, pues ellos son los responsables de toda la maldad del mundo, solo los entes femeninos podemos traer la paz y la bondad de nuevo a estas tierras- dice la esfinge.

No puedo permitir que te lleves a este bebé y que su madre no lo vuelva a ver, ¿Qué mal ha podido hacer si es un recién nacido?- digo incrédulo ante tal razonamiento

Es un varón, y todos los varones ya sean recién nacidos o ancianos tienen la maldad en el cuerpo y hay que erradicarla, por eso maté a todos los hombres de la aldea y me llevo a todos los hijos varones, para que la maldad no se expanda por mis dominios- dice ella.

Pues este niño va a volver con su madre aunque sea lo último que haga- digo yo

Me gusta tu valor y hay algo en ti que no sé lo que es que me tiene desconcertada, igual no eres tan tonto como creo, te propongo un trato, yo libero al niño y a los demás niños que tengo y me vuelvo a mi tierra si o bien me vences en un duelo, cosa que no creo que suceda, mírame a mí y mírate a ti, o bien, resuelves un acertijo, el acertijo que me enseñó mi madre el día de su muerte y que ninguna criatura de este mundo ha podido resolver, si eres capaz de resolverlo me iré para siempre y dejare que esta aldea sea corrompida de nuevo por los varones- dice la esfinge.

Prefiero el acertijo- digo, ya que soy perfectamente consciente de que me puede matar con un golpe.

Perfecto este es: “No pesa, lo puedes ver y si lo pones en un barril lo haces más ligero”, si descubres de quien se trata dejaré libre a los niños, sino, te mataré. Por cierto tienes un día de plazo, buena suerte- y dicho esto, coge al recién nacido con la boca y se lo lleva a la cueva.

Vuelvo a la aldea, en el camino resuenan en mi cabeza sus palabras... “no pesa”, “lo puedes ver”, “lo hace más ligero”. ¿Qué será?, no me sale nada, me frustro y prefiero despejar la cabeza para poder pensar con claridad. Llego a la posada donde me espera la madre del recién nacido y con mis tres amigas, otra niña pequeña y la dueña del establecimiento, que deduje que era su madre.

¿Puedes salvarle? ¿Por favor? Necesitamos ayuda, si no nos ayudas nunca más volveré a ver a mi hijo y es lo único que tengo desde que ese monstruo mató a mi marido y a mi padre solo por el hecho de ser hombres- dice la muchacha llorando

Haré lo que pueda, no suelo involucrarme en los asuntos de los demás, pero por vosotras sin duda lo haré, pero necesito tiempo y espacio para pensar- dije yo y acto seguido subo la escalera y me voy a mi habitación.

El sueño me vence, después de pasarme muchas horas dándole vueltas a mi cabeza a ese enigma, no pude aguantar más y me venció el sueño, hasta que una patada me despierta de mi letargo.

Ehh, “salvador”, espero que tengas ya la respuesta porque toda la aldea te está esperando y quedan dos horas para que se cumpla el tiempo pactado- dijo la madre de las chicas mientras me tiraba de la cama.

Bajo las escaleras y veo a todas las mujeres de la aldea, mirándome, esperando como si de un héroe se tratara, yo que no soy más que un renegado sin tierra, aclamado como si fuera el campeón de una batalla, no puedo ni pensar la decepción que se van a llevar cuando les diga que no tengo la respuesta, que no voy a poder salvarlos.

Dime que tienes la respuesta- dice la muchacha- dime que salvarás a mi hijo

No puedo… No puedo, no sé lo que es, no he podido resolverlo y el cansancio me ha vencido, toda la noche reflexionando para llegar a este punto, no puedo resolverlo, lo siento, soy un fraude, no soy el héroe que estabais esperando- y me doy la vuelta y subo las escaleras cojo todas mis pertenencias y vuelvo a bajar
Lo siento, de veras pero no puedo enfrentarme a ella, me mataría y no puedo, lo siento, y con estas palabras salgo del salón dejando a todas las mujeres de la aldea con la cara desencajada y lágrimas en los ojos.

Recorro los últimos metros de la calle principal de la aldea y salgo de ella con la intención de no volver nunca. Un sentimiento muy duro me embargaba todo el cuerpo, como una espada atravesándome la columna que no me dejaba respirar, ¿Dolor? ¿Remordimiento?, ¿Sentía todo eso por aquellas mujeres que no significaban nada para mí? No lo sé, lo único que sé es que tengo un trayecto que hacer.

De nuevo en camino, llego a un río, me dispongo a pescar un rato, ya que todo este revuelo de la aldea me había dado mucho hambre, cojo una vara larga, cojo mi sedal y un anzuelo de mi cinturón y busco una lombriz para hacer de cebo, tiro el hilo al agua y espero a que pesque algo.

¡Se mueve! El sedal, ha cogido un pez, tiro de el con mucho cuidado para que no se escape y lo saco fuera del agua, pero cuando voy a cogerlo, mi ilusión desaparece, había cogido unos calzones mohosos que alguien había tirado al río.

Esto no se puede comer y ni siquiera vestir míralos llenos de agujeros sí parece como si no pesaran nada- digo mientras en mi mente algo conecta con este momento, las palabras de la esfinge vuelven a rebotar en mi cabeza “no pesa” “lo puedes ver” y “si lo pones en un barril lo haces más ligero”.

¡Agujeros! ¡La respuesta son los malditos agujeros!, dios como no me he dado cuenta antes, valla chorrada, hasta un niño lo podría haber adivinado… ¡Niño! Tengo que ir a salvarlo, salgo corriendo en dirección a la aldea, tarde unos cuantos minutos pues me había alejado pero no mucho pero cuando llego todas las mujeres se habían ido.

Seguro que están en la cueva de la esfinge- miro al cielo- todavía no es la hora, puede que llegue a tiempo y dicho esto salgo corriendo dirección a la cueva.

Llego pasadas unas horas, extenuado por la carrera, casi no puedo ni hablar, pero ya las veo, hay están todas las mujeres y ahí está la esfinge- espera que llego- digo gritando. La esfinge me mira asombrada, ella y las demás mujeres.

Anda, pensaba que te habías ido, como el cobarde que sé que eres, dice la esfinge riéndose de mí- ¿vienes a pedir clemencia?

Vengo a que cumplas tu trato y me des a todos los niños que has raptado y a que te largues de aquí- digo mientras me pongo delante de ella.

Bueno y ¿cuál es la respuesta de mi acertijo?- dice la esfinge

Era muy fácil, los agujeros, los agujeros no pesan, se pueden ver y si los pones en cualquier cosa incluyendo un barril lo haces mas ligero, agujeros esa es tu respuesta- digo mientras con un tono gallardo me recupero de mi fatiga.

Muy bien, pero esto no implica nada, no has llegado a tiempo y el trato está roto, me quedaré con todos los niños- dice ella mientras me enseña los dientes.

¡Alto!, te propongo otro trato- digo mientras saco de mi petate una hoja rugosa- te propongo que resuelvas este acertijo, tienes una oportunidad, si no lo resuelves, te irás y no volverás nunca.

Me parece justo, adelante- dice ella mientras me mira

Cinco hombres iban juntos por un camino cuando comenzó a llover. Cuatro de ellos apuran el paso pero el quinto no hace ningún esfuerzo por darse prisa, sin embargo se mantiene seco mientras los otros se mojan, los cinco llegan su destino juntos, se trasladaban a pie y ninguno llevaba capucha ni sombrilla que le protegiera de la lluvia ¿cómo pudo ser?

La esfinge se queda mirándome pensativa durante unos minutos y de repente dice- ¡Aja!, ya lo tengo, ha sido demasiado fácil, uno de los hombres es un enano y se cubre con los otros.

No es correcto, has fallado y como tal debes seguir lo pactado e irte a buscar la respuesta a tu tierra- digo mientras señalo al horizonte con el dedo

No puede ser- no sé cuál es la respuesta- dice la esfinge poniéndose muy nerviosa exijo que me la des, no puede haber nada que no sepa la gran androsfinge
La respuesta te la mandaré por cuervo a tu ciudad natal, en la tierra de las esfinges solo si juras ante los dioses que nunca más volverás por estos lares y que no volverás a esclavizar a ningún ser de este mundo- digo mientras la miro fijamente

La esfinge no tiene más salida que irse volando, ya que aunque no tenía ninguna obligación su sed de conocimientos es tan grande que nunca podrá parar de buscar la respuesta al enigma.

En la aldea es todo alegría, todos los niños vuelven con sus madres, esos niños contaron como la esfinge les utilizaba como peones en una mina secreta que se encontraba en un camino que se adentraba en la montaña, que estaba buscando una joya especial, pero no sabían mucho del tema.

La aldea está en deuda conmigo y me dejan quedarme en la posada para pasar varios días, esa noche como y bebo todo lo que quise y cuando ya estoy rendido por el cansancio de un día agotador ,lleno de altos y bajos, me dispongo a subir de nuevo esas escaleras, abro la puerta de mi habitación y en la cama me encuentro a mis tres compañeras de la noche anterior, bebiendo vino y riéndose, me miran y supe que esa noche tampoco podría descansar, suspiro y digo “va a ser una noche muy larga” . Cierro la puerta.


FICHA DE PERSONAJE: LIELLO


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Re: Liello y la Androsfinge

Mensaje por Mister Orange el Mar Oct 11, 2016 4:47 pm

La respuesta es simple, el quinto estaba frio y muerto, durmiendo en su acogedor ataud, mientras criaba gusanos en sus tripas. Por lo que los otros cuatro, aguantando las nauseas por el insoportable olor, llevaban el feretro a su lugar de descanso, esperando que el aroma a descomposicion y putrefaccion, pudiera salir de sus ropas y narices.

Bueno, tras un buen hijra, solo em queda felicitarle, aunuqe nos acata un pequeño problema, su nombre, por favor, indiqueme cual sera el nombre de su cuenta, para modificarlo y poderle darle color.
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Re: Liello y la Androsfinge

Mensaje por Mister Orange el Mar Oct 11, 2016 5:19 pm

Todo modificado, procedo a cerrar.
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Re: Liello y la Androsfinge

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