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Una sorpresa (in)esperada [Solitaria]

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Re: Una sorpresa (in)esperada [Solitaria]

Mensaje por Celeste Shaw el Sáb Mayo 06, 2017 6:21 am

Unas profundas ojeras adornan mi rostro, resultado del sueño interrumpido de cada noche. Adrien me despierta siempre, ya sea porque tiene hambre, porque tiene dolor de estómago o porque tiene los pañales sucios. Más de una noche me ha despertado cuatro y hasta cinco veces. Aún así, lo quiero mucho. Adrien es lo más importante que hay, para mí.

Tiene ya tres meses, y crece de forma increíble. ¡La ropa se le queda pequeña enseguida! Suerte que puedo conseguir más ropa de forma rápida y, además, me resulta barata. De vez en cuando, además, le hago algún jersey o algo así, que ya no parecen sacos informes, y hasta he aprendido a hacer cenefas con lana de distintos colores. Aún así, me preocupa que no pueda pagar la estancia aquí por mucho más tiempo. Gerarld pagó la habitación y la comida por dos meses, que pasan de una forma lenta pero inexorable, y yo no tengo demasiado dinero. Me llegaría para un par de semanas si no tuviera que comprarle ropa cada poco tiempo, pero creo que no voy a tener ni para tres noches. Suspiro, preocupada, y lo miro dormir en su cuna.

Sonrío, cada día está más grande. Está de lado, ya que si se tumba boca arriba nunca duerme. Le palpo suavemente la espalda, y noto dos pequeñas protuberancias, que es de donde más tarde, cuando crezca un poco más, saldrán las alas. Al sentir mis dedos, se remueve un poco, pero no se despierta. Me levanto y miro la ropa que tiene, ya le queda poca que le vaya bien. Maldita sea... ¡Qué rápido crece! Miro el jersey que estaba haciendo, ¿no le irá enorme? Bueno... así le dura más tiempo, supongo.

Unos golpes en la puerta me sobresaltan. Frunzo el ceño, ¿quién llama? Miro por la ventana y veo que ya es de noche, ¿tan rápido se pasa el tiempo? Respiro hondo y me palpo la cintura, en busca del cinturón que, efectivamente, está ahí. Con una mano cojo el mango de la daga y la saco, a la vez que abro la puerta. La persona que había llamado se asusta y da unos pasos atrás.

-¡Me he equivocado! ¡Era la puerta de enfrente! Lo siento.

Es un niño de unos ocho o nueve años. Le hago un gesto diciendo que no se preocupe, y cierro la puerta. Ya me había asustado, ¿y si alguien me ha encontrado? Si Gerarld lo hizo, ¿quién garantiza que no lo haga alguien hostil? Respiro hondo, ¿irá diciendo el niño ese que se ha encontrado con una mujer pelirroja y con alas de murciélago? Si lo hace, deberé irme pronto de esta taberna, porque no será seguro que me quede. Cualquiera podría encontrarme, ya que no paso precisamente desapercibida, así que a partir de ahora tendré que ir con mucho más cuidado. Suspiro, este encuentro no ha sido precisamente inesperado, pero realmente me ha abierto basante los ojos respecto al peligro que corro quedándome siempre en el mismo sitio.

Debería encontrar una posada más barata, aunque tendré que ir de nuevo a la zona más conflictiva de la ciudad. No suele haber lugares muy buenos, además de que se junta gente de la peor calaña. No es un sitio en el que un bebé vaya a estar muy segura. O... quizá tenga otra posibilidad. ¿Si le digo al posadero si necesita una camarera o algo así? A lo mejor, en ese caso, me dé la habitación en cambio de ayudarlo a hacer ciertas cosas como comidas, o llevar los platos a las mesas. Está solo, seguro que está algo desbordado porque esta posada es un lugar con bastante éxito. Miro por la ventana, ahora hace poco que se ha hecho de noche. Seguro que el posadero aún está ahí. Es más, los viernes suele quedarse hasta tarde, ya que hay clientes tardíos. Aunque alguna vez ha debido echar a alguno que provocaba altercados, no suele haber mucha gente conflictiva.

Dejo a Adrien en la cuna, bien dormido, y le doy un beso en la frente antes de bajar. No sé si debería dejarlo aquí solo, pero confío en que será sólo un momento. Si es más rato, subiré antes y lo cogeré en brazos, no me fío demasiado de dejarlo por mucho rato. Tiene solamente tres meses, si le pasa cualquier cosa no me enteraría hasta que subiera. Veo que justamente ahora hay un momento tranquilo, así que me acerco a la barra con decisión. Él enseguida me ve y se me acerca.

-Buenas noches, señorita. Es raro verla a estas horas, ¿dónde dejó al pequeño?

-Está en la habitación, durmiendo. Verá, quería comentarle una cosa... pronto terminan los dos meses, ¿no?

-En efecto, este lunes se acaba el plazo.

-Yo... Bueno, no tengo demasiado dinero para pagar... Me preguntaba si podría trabajar como camarera a cambio de comida y alojamiento -alzó una ceja cuando me oyó.

-¿Has trabajado alguna vez como camarera? -preguntó escépticamente-. ¿De verdad lo harías?

-Pues... no he hecho esto nunca, y sí... sí que aceptaría el trabajo -digo con el ceño fruncido.

Sonríe y exclama:

-¡Hecho!

Asiento con la cabeza y voy hacia la habitación, pero dudo un momento y le pregunto cuando empezaré. Me dice que el lunes, el primer día que no está pagado, y asiento con la cabeza, sonriendo. Tendré que tener a Adrien aquí abajo, pero no importa. Supongo que podré ir con él cuando llore, o al poco rato, por lo que esto no me afectará mucho a la hora de cuidar de él. No podré sacarlo tanto a pasear, ni jugar tanto, pero al menos podremos quedarnos en este sitio, que es muy acogedor y bastante seguro.

Subo de nuevo y, cuando cierro la puerta, Adrien se despierta y empieza a hacer algunos ruidos. Lo cojo en brazos, sonriendo, y lo alzo. Suspiro y lo miro, con una gran sonrisa en los labios, y lo dejo en su cuna. Entonces empiezo a hacerle cosquillas, a lo que se ríe, y cuando lo mezo un poco ya se duerme. Vuelvo a suspirar y esbozo una sonrisa apacible. Al fin tengo un lugar en el que quedarme hasta que vuelva.
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Re: Una sorpresa (in)esperada [Solitaria]

Mensaje por Celeste Shaw el Jue Jun 15, 2017 4:49 pm

El tiempo pasa muy rápido, demasiado. Todavía me acuerdo muy vívidamente, como si fuera ayer, de cuando Adrien era un retoño de apenas un mes de vida y se pasaba el día llorando y berreando. ¡Ahora ya empieza a hablar! Además gatea… y se lo mete todo en la boca. No puedo dejar a su alcance mis armas, o haría un auténtico desastre. Lo veo gatear por la habitación y no logro evitar una sonrisa tierna. Se me agarra a las piernas para aguantarse y ponerse en pie, y entonces ríe y agita un brazo.

-¡Mama! -exclama. Ya sabe hablar, y río cuando me llama de ese modo, casi como exigiendo algo. Tiene cerca de un año. Ya es invierno, casi, así que no tardará mucho en cumplirlo. Pero qué rápido crece, es increíble el cambio que ha ido haciendo a lo largo de este año. Ya puedo ver que tendrá el pelo rizado y, como no, del mismo color que Gerarld y yo: pelirrojo. Falta ver cómo serán sus alas. ¿Negras, rojas? ¿Grandes, pequeñas? Aún no empiezan a salir, pero casi. Tiene como dos pequeños bultos en la espalda, que cada vez se han ido haciendo algo más grandes, y ya no queda mucho para que dejen de ser bultos y sean alas-. ¡Mama! ¡Mia! -lo miro, sonriendo, y da un pequeño paso. Enseguida se cae de culo, y no puedo evitar reír.

Lo cojo en brazos y le doy de comer, con una sonrisa. Justo empieza a hablar y dice palabras sueltas, pero es capaz de decir si tiene hambre o sed, o si bien tiene los pañales sucios. Cuando termina, como cuando era más pequeño, lo hago eructar, y se ríe. Siempre se ríe cuando eructa, ese sonido le hace gracia. Me río con él y lo miro a los ojos, que tiene azules igual que yo. Me pongo seria y, cuando ladea la cabeza e hincha los mofletes, se los aprieto con suavidad, haciendo que suelte el aire, y me río. Le doy un pequeño beso en la punta de la nariz, y justo después bosteza.

-Mama, momir.

Asiento y lo acuesto en su cama, y le doy un beso en la frente. Canto hasta que se duerme, y entonces me quedo pensando en que he tenido suerte de tener a Adrien, de que esté a mi lado. Hacía mucho tiempo que no había nadie que me importara tanto como él, como Zelycan en su momento, y es una verdadera suerte que alguien ocupe mi corazón y, así, aparte los malos recuerdos y los malos sentimientos de él. Cuando hay una persona así, el odio, la rabia, la tristeza y el miedo, que son una amalgama de sufrimientos varios, quedan desplazados y no puedo pensar en ellos, sólo en la sensación cálida que me inunda el pecho.

Lo miro, una vez se duerme. Sus puños están cerrados, uno de ellos agarrando la sábana que lo cubre, y su rostro es prácticamente angelical. Los rizos hacen que su piel blanca lo parezca aún más, y sus ojos azules, que ahora no están abiertos, destacan. Aprovecho este momento para tenderme en la cama y darme una buena siesta, lo necesito. Hace tiempo que no duermo del todo bien, y tengo que aprovechar cualquier oportunidad que se me dé para echarme un sueñecito. No tardo en dormirme y, como hace tiempo que no pasa, caigo en un sopor pesado y sin sueños, producto del cansancio que hace tiempo que llevo encima.

Despierto cuando Adrien me llama. Me he acostumbrado a despertar automáticamente al oírlo, y mi cuerpo ya responde a ese estímulo de la forma en la que quiero. Me froto un ojo y miro a Adrien, a ver qué quiere ahora. Bostezo, y eso me pilla a media frase, preguntándole qué ocurre. No puede evitar reírse.

-Mama, sed.

Le revuelvo el pelo y le pongo un poco de agua. Se la doy, con cuidado para no derramársela por encima, y lo siento en mi regazo, de cara a mí. Le cojo las manos y muevo las piernas, al ritmo de una canción de la que vagamente me acuerdo de cuando era muy pequeña, y que he oído a algunas madres por aquí.

Aserrín aserrán
los maderos de San Juan
piden queso piden pan
y a los niños no les dan.

Aserrín aserrán
los maderos de San Juan
los de roque alfandoque
los de rique alfeñique.

Aserrín aserrán
los maderos de San Juan
piden pan no les dan
piden queso les dan hueso
piden vino sí les dan
se marean y se van.


Cuando termino la última frase lo inclino hacia atrás, inclinándome yo a mi vez hacia delante, quedando encima de él, y pongo una mueca que lo hace reír, cada vez una distinta. Termino riendo a carcajadas, y lo abrazo, a lo que él me rodea con los brazos, aún sin entender bien qué significa ese gesto. Le acaricio el pelo y lo acuno hasta que se duerme de nuevo, pero no tarda en despertarse otra vez, ya que ha dormido bastante antes.
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Re: Una sorpresa (in)esperada [Solitaria]

Mensaje por Gerarld Amattore el Vie Ene 26, 2018 5:13 pm

Muchos meses despues, un ser alado esta de vuelta en el poblado.

Aquí me encuentro, bebiendo un buen ron en una taberna cualquiera… ignorando a la gente a mi alrededor, meditando.
Fue un año de lo más curioso y extraño para mí, si bien mis actividades de piratería no cesaron, había algo extraño, algo diferente… llevaba ya un tiempo pensándolo y definitivamente mi actitud con este negocio ha cambiado, llevo todo el año hablando con antiguos camaradas, y consolidando fuerzas, ya llevaba años pensando en conformar mi propia banda, mi propio grupo, pero este año me había movido más en serio.

Y para más colmo, solo he despilfarrado la mitad del dinero, he ahorrado dinero tanto para el barco, como futura tripulación y sobre todo… para Adrien…
Y aquí estoy, en el poblado donde Adrien está, me cuesta un poco respirar, estoy inusualmente nervioso… no es que me ponga nervioso el crio, ni su madre, me pone nervioso no entender del todo que pasa por mi cabeza.  

“Mas está claro que tengo que hacer” pienso levantándome del taburete, bebiendo lo que queda de la copa y dejando el dinero al tabernero.
Salgo para observar las lunas

-Adrien…- susurro al cielo. Es un nombre que no he olvidado ni un solo día en todo este año. Quien iba a decir que sería tan sentimental… aborrezco a toda mi familia, no esperaba esta reacción con mi descendencia.

Estiro las alas y comienzo a volar hacía aquella taberna. Ya había hecho mis averiguaciones, ya sabía que Celeste seguía ahí y que estaba trabajando para mantener la estadía. Aun estaría de servicio así que me acerque volando por encima de los tejados, y me escabullí entre la ventana que se había dejado un poco abierta…
“esta mujer no aprende a cerrar las malditas habitaciones, la última vez también estaba abierta”


No podía evitar preocuparme… si ella tuviera la mitad de los enemigos que tengo yo, ya estaría muerta por imprudencias como esas… precisamente por ello tenía la decisión y convicción de no hacer saber a nadie sobre ellos, nadie sabría jamás que tengo un hijo, o podrían correr peligro.

Como aún quedaba un poco de tiempo, encendí un par de velas y me puse a curiosear por la habitación… no había gran cosa, aunque sus armas estaban aquí, supongo que es normal trabajar desarmada. Después me senté en la cama y me quedé mirando por la ventana, ya solo quedaba esperar.

Al rato escucho unos ligeros pasos justo en la puerta, un silencio y luego entran de golpe casi abalanzándose sobre mí, yo estoy sonriendo con la mano levantada
-Hola! - en mitad de su trayectoria se detiene al reconocerme -Donde dejaste a Adrien- le digo un poco burlón, viendo que había entrado a la defensiva sin el niño.
-Está aquí mismo- me corta secamente, sale y recoge al niño para volver a entrar y cerrar la puerta.
-no te veo muy contenta de verme- le digo manteniendo la sonrisa, y mirando sus preciosos ojos, pero luego paso mi vista al bebe, era ya un poco más grande, tenía más pelo, era un poco rizado, y por supuesto rojo.

En ese momento su cara dejo de estar tan seria y sonrió. – Claro que me alegro de verte, tonto- sentía como toda la inseguridad que tenía antes se esfumaba por completo.
-Estas preciosa como siempre- digo sinceramente y me levanto de la cama. me acerco un poco a ella, sonriente.
-y tu sigues igual de guapo y desvergonzado- me dice, pero también se acerca a mí.

-oooh, ahora si me creo que te alegras de verme-
le acaricio el rostro y aparto unos cabellos que caían despeinados -mira que llamarme desvergonzado enfrente de mi hijo- Después de la caricia me centro en el pequeñín, esta callado, mirando toda la escena.

Ella se ríe por lo bajo y mirándome a los ojos habla enérgicamente – Vamos a ver, ¿Cómo no me alegraré? - - Y no me digas que no eres un desvergonzado-
Yo sonrío ignorando sus últimas palabras y acaricio suavemente el pelo de Adrien -Confieso que aún me cuesta creerlo-
Ella también se pone a mirar al niño -A veces, a mí también-
-Podría… cargarlo? –

Ella accedió sin problemas y me paso al niño con delicadeza…  Entonces en un acto algo embarazoso, intente sujetar al pequeño ser entre mis brazos, no estaba seguro de como agarrarlo bien al principio, pero acabó fluyendo con naturalidad, el niño me miraba curioso, pero miraba más a su mama, no tengo ni idea de cómo podrían ser los pensamientos de un niño, pero imagino que se siente algo incomodo… si no ¿por qué miraría tanto a su madre?
-hola pequeñín, soy tu papa-

-mamnma –

-no, mama no papa, pero bueno no espero que aprendas eso tan rápido-

Me senté en la cama y lo tenía en mis brazos, era de mi sangre, hijo mío… y parecía tan frágil…
-Mas te vale crecer sano y fuerte, tus papis son fuertes… sobre todo tu papi, tu papi es muy muy fuerte y ha tenido muchísimas aventuras… ya te las contaré cuando puedas entenderme-
Miro a Celeste, que está mirándome, o admirándome, o analizándome junto al niño, no sé bien que estará pensando, pero esta sonriente.
-Me gustaría poder pasar la noche aquí- le digo con decisión, esperando que a ella le parezca bien, respetaré sus deseos sean cuales sean.

En ese momento Adrien empezó a poner caras extrañas, hace ruidos extraños con la boca y mira a su madre…
-oh, creo que Adrien quiere algo… - digo mientras alargo los brazos para pasarle el niño a su madre.
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Re: Una sorpresa (in)esperada [Solitaria]

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